LA IGLESIA SUECA: UNA JOYA MUY CERCA DEL PUERTO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA SUECA (hoy más conocida como IGLESIA NÓRDICA), Azopardo 1422, Barrio de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Uno de los edificios más originales y hermosos de Buenos Aires se encuentra en el Bajo, en una esquina de San Telmo, en la zona más cercana a La Boca. Libre de muros y con una bella torre recortada sobre el cielo, en la intersección de la Avenida Juan de Garay y la calle Azopardo se levanta la Iglesia Sueca, más conocida como Iglesia Nórdica, un conjunto de construcciones de aroma europeo, con fachadas de ladrillos oscuros que delatan el paso del tiempo.

Nació como la Iglesia Sueca, una congregación luterana, para servir a las necesidades espirituales tanto de los inmigrantes como de los marineros suecos que mayoritariamente adherían a los postulados de la Reforma.  

LOS PRIMEROS SUECOS EN ARGENTINA

Se sabe de la presencia de suecos en la Argentina desde el siglo XVIII. Incluso el único extranjero presente durante la Declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán fue el oficial sueco Johan Adam Graaner[1], autor de un informe que luego fue publicado como libro, titulado “Las Provincias del Río de la Plata en 1816”[2].

Quizás el primer misionero protestante sueco en Argentina fue el científico Enmanuel Endheldjertha, quien leyendo la Biblia en su país sintió la vocación llevar el evangelio a otras naciones. Llegó a Buenos Aires cerca de 1825, luego viajó a Mendoza y de allí a Chile. A lo largo del camino entregaba ejemplares del Nuevo Testamento y leía porciones bíblicas a quienes estuvieran dispuestos a oír[3].

Nuestro recordado amigo, el historiador Arnoldo Canclini, en su libro “400 años de Protestantismo Argentino” relata la historia de un marinero sueco, Emilio Olesson, quien dedicó su vida a Dios como misionero. Arribó a la Argentina en 1885. Trabajó en la Sjömansvärden, más conocidacomo la Misión Sueca a los Marineros, creada en 1886, con presencia en muchos países. Los marinos suecos llegaban al sur generalmente por la caza de ballenas y recibían en esa misión asistencia espiritual durante su estadía en Buenos Aires. Además, Olesson distribuía biblias. En su esfuerzo evangelizador llegó a Tierra del Fuego donde entregó ejemplares de las Sagradas Escrituras a presos de la famosa cárcel[4].

Contra lo que uno puede imaginar, a principios del siglo XX Suecia era uno de los países más pobres de Europa. Era una sociedad agrícola sobre la cual surgía la nueva clase obrera acompañando el naciente proceso de industrialización. Sin embargo, las condiciones laborales eran tan penosas que muchos decidieron emigrar. Algunos de ellos, provenientes de Brasil, se instalaron a principios del siglo XX en Misiones, en particular en Oberá, ciudad fundada mayoritariamente por suecos. Allí, en 1921 el reverendo Rudolf Münter celebró allí el primer culto para los luteranos suecos.

LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA SUECA DE BUENOS AIRES

La Iglesia Sueca porteña tiene como principal antecedente la labor pastoral de un norteamericano enviado por el sínodo sueco-norteamericano de Augustana en 1917, llamado Efraim Ceder, quien celebraba servicios religiosos para la comunidad sueca en templos anglicanos. Por su iniciativa se solicitó a la iglesia nacional sueca la incorporación de la naciente congregación porteña como parte suya. La respuesta fue afirmativa a condición de ocuparse de la vivienda del pastor. Cuenta el Dr. Canclini: “la respuesta fue positiva, aunque con la aclaración de que debían ocuparse de los gastos de vivienda del pastor y atender a la numerosa tripulación de naves de su bandera. Sobre esa base llegó el primer pastor llamado Rudolf Münzher, quien dirigió la congregación entre 1919 y 1923 en una vieja casona en la calle Belgrano 426, que según se dice era la misma donde murió el prócer”[5].

En 1927, luego de una crisis, llegó de Suecia un joven pastor, Nils Bååthe, quien durante sus 20 años de ministerio pastoral sirvió a tres iglesias simultáneamente: la de los marineros, la de la colonia residente en Buenos Aires y la de los suecos en la provincia de Misiones[6]. Hizo una labor titánica ayudando a cuantos podía, no solo en los aspectos religiosos.

La periodista e investigadora urbana Karina Bazán Carpintero, quien generosamente ha aportado valiosa información a este artículo, nos cuenta que “entre 1934 y 1943, la congregación adquirió una casa de dos pisos ubicada en Defensa 1155, si bien la casa les era funcional, una enorme palmera ocupaba el centro del patio les incomodaba a la hora de realizar los bailes tradicionales de la fiesta del solsticio de verano”[7].

LA CONSTRUCCIÓN DEL EDIFICIO

La construcción de un templo propio requería fondos que la iglesia no poseía. Los aportes para la compra del terreno llegaron de un modo inesperado: “En 1942, una semana antes del 24 de diciembre, el presidente de la Asociación Sueca y máximo jefe de la empresa SKF, Curt Schenströrn, llamó por teléfono y comunicó que su empresa había resuelto donar 25.000 pesos al fondo para la construcción del edificio de la iglesia. Un par de días después llegó un aporte de igual monto, esta vez enviado por la firma LM Ericsson. Veinticuatro horas antes de la Nochebuena el pastor Bååthe participó de un remate donde compró, en un precio muy razonable, el terreno en el que se erigiría la futura construcción, en la esquina de las calles Azopardo y Garay”[8] .

LA CONSTRUCCIÓN

El diseño del nuevo templo estuvo a cargo del arquitecto suizo-argentino Edmundo Klein, cuyos planos fueron aprobados en Suecia. La construcción fue dirigida por el ingeniero Kjell Henricksen. La piedra fundamental del templo se colocó el 28 de mayo de 1944 y se inauguró en agosto de 1945. En la ceremonia de colocación de la piedra fundamental participaron más de 300 personas, “muchas de ellas eran representantes de la flota mercante sueca. Las tripulaciones también habían aportado lo suyo: los buques habían competido entre sí para lograr la mayor colecta de fondos para el objetivo propuesto. La Dirección Nacional de Asistencia al Personal Marítimo contribuyo también con tan noble propósito”[9].

Buena parte de los gastos fueron sufragados por empresario naviero Axel Ax:son Johnson (1876-1958)[10]. Este destacado hombre de negocios heredó de su padre no solo la dirección de la poderosa compañía Nordstjernan sino también el título de Cónsul General de Siam (hoy Tailandia), por el que se lo reconoce[11]. Cabe agregar que en 1947 este filántropo, decidió donar el 80% del capital de su empresa a una fundación sin fines de lucro, para promover la ciencia, y otra parte más pequeña a una fundación familiar[12].  

Además, Ax:son Johnson donó el dinero para la construcción del Hogar de Marineros denominado Fundación Johnson, que daba a la calle Garay (del cual hoy sobrevive un barco grabado en piedra sobre la puerta de entrada), terminado a mediados de 1946 e inaugurado en enero de 1947 por el príncipe Bertil de Suecia, de visita por la Argentina[13].

EL EDIFICIO

La Iglesia Sueca es un conjunto de edificios, cuyo corazón lo constituyen su pequeña capilla y el salón principal lindante, que sirve como club y lugar de encuentro. Hemos estado allí en dos ocasiones: la primera, hace muchos años en un té con masas suecas organizado por una asociación profesional y la segunda, más recientemente, en una Noche de los Templos organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El salón principal da al jardín que funciona como pulmón de manzana. En la segunda planta se encontraba la vivienda pastoral. El último en ocuparla fue el pastor Sven Vinstertom quien se retiró en 1993. Ante la ausencia de un ministro religioso permanente ese espacio fue alquilado durante muchos años a la Bodega Humberto Canale. Durante los últimos años, hasta la llegada del Covid19, funcionaba allí el ISA (Instituto Sueco Argentino). Dentro del complejo también se encuentran la cocina, un par de oficinas, un departamento para el casero y uno para el ama de llaves. Todas estas secciones tienen entrada por la calle Azopardo.

En L, compartiendo el jardín pero con entrada independiente por la avenida Garay 80, se encuentra lo que fue el Hogar de Marineros, que se cerró cuando se redujo el flujo naviero. Varios de estos espacios fueron ocupados por la empresa sueca Ericsson.

LA CAPILLA Y SUS EXTRAORDINARIOS DETALLES

El pequeño templo tiene techos altos que cubren una sola nave. Sus bancos son de cedro con lustrado mate. En la actualidad la pintura de las paredes es de un color rosa pálido con cielorraso blanco.

La pintura del frente

Durante el primer año en el frente hubo una cruz, luego reemplazada por la colorida pintura en tela con apariencia de mural que se observa en la actualidad.

Esta obra fue pintada en Estocolmo por Gunnar Torhamn. Muestra a Jesús con sus discípulos junto a una barca en el mar de Galilea. La elección de un tema marino no es casual, pues anuncia la presencia de Dios mismo junto a los marineros suecos[14].  La parte inferior de la obra fue completada por otro artista sueco, Kuno Haglund, en la década de 1980[15].

El púlpito

El púlpito está ubicado a la derecha de la capilla; se accede a él subiendo una escalerilla. Fue diseñado y fabricado artesanalmente en madera por el arquitecto sueco Erik Johan Lundberg y donado por su hermano Stan Lundberg, quien era miembro de la comunidad sueca de Buenos Aires. El trabajo de ebanistería fue realizado por el escultor Robert Nilsson, cuñado del arquitecto[16].

El órgano

Al fondo de la capilla, arriba de la entrada, hay un balcón donde se encuentra el órgano construido por el luthier genovés radicado en Argentina Santiago E. Poggi. Luce una espléndida tubería yl fue declarado, “Bien integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, por la ley N° 5.808, sancionada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de mayo de 2017[17].

Los vitrales

Los vitraux en estilo gótico fueron creación del polifacético artista y espadachín argentino Jorge Berystayn. Se cuenta que al observar desde su auto la iglesia recién construida quedó tan impactado que inmediatamente sintió el deseo elaborarlos y donarlos.

La campana

En 1978 la dama sueca Daisy Melberg, buscando un regalo para su esposo en una tienda de artículos náuticos encontró una campana que había pertenecido a un navío que había sido capitaneado por su marido. Decidió donarla pues nada más oportuno para una iglesia de marineros que la campana de un barco.

LA IGLESIA HOY

La Iglesia Nórdica no existe como tal. Sigue siendo formalmente la Iglesia Sueca, cuyo nombre jurídico es Congregación Sueca en Buenos Aires. El nombre de Nórdico se le dio porque al haber perdido los noruegos su templo[18], lo mismo que los finlandeses[19], se utiliza la capilla para compartir las celebraciones religiosas de las tres comunidades.

La reducción del tránsito marítimo de Suecia a Buenos Aires como la natural integración de descendientes de suecos a iglesias argentinas menguó la asistencia a la Iglesia Sueca. Si bien no hay en la actualidad un ministro permanente, la capilla se utiliza durante las visitas de una pastora itinerante, y el salón como sede de eventos culturales y sociales.

ALGUNAS CURIOSIDADES

Durante el pastorado de Nils Bååthe pasaron por la Iglesia Sueca ilustres visitantes como Theodor Svedberg (Premio Nobel de Química en 1926) y Ulf von Euler (Premio Nobel de Medicina en 1970)[20].

La elección de azul y oro como representativos del Club Atlético Boca Juniors provino de una curiosa decisión: adoptar los colores de la bandera del primer barco que pasara por un puente del puerto que resultó ser de bandera sueca.

La mismísima Casa Rosada misma fue ideada por dos arquitectos suecos, Henrik Åberg y Carl August Kihlberg.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

A la periodista e investigadora urbana Karina Bazán Carpintero por su generosidad, por la valiosa información brindada y su inagotable pasión por Buenos Aires. Recomendamos su blog “Habitantes de Buenos Aires”, http://www.habitantesdebsas.com.ar, con valiosos artículos originales.

A Eva Jeppsson, de la Iglesia Sueca, a quien contacté a través de Karina Bazán Carpintero, por los datos que me brindó, incluyendo artículos y fotografías. Ha tenido una extraordinaria disposición a colaborar con este artículo.

A Sabina Ruiz Díaz por la excelente tesis titulada “La Religión como Impulsora de Migración y Reafirmadora de Identidad en la Nueva Terra. El Caso de los Misioneros Protestantes Suecos en Argentina”.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Un misterioso sueco en el Congreso del 9 de julio de 1816”, Instituto de Cultura Sueca, https://www.cultura-sueca.com.ar/un-misterioso-sueco-en-el-congreso-del-9-de-julio-de-1816/

[2] Graaner, Jean Adam, “Las Provincias del Río de la Plata en 1816 – Informe dirigido al príncipe Bernadotte”, Librería y Editorial “El Ateneo”, 1949. Nótese que aparece como Jean Graaner y no como Johan

[3] Canclini, Arnoldo, “400 años de Protestantismo Argentino. Historia de la Presencia Evangélica en la Argentina”, Ed. FIET, 2004, p.95

[4] Canclini, Arnoldo,” 400 años de Protestantismo Argentino. Historia de la Presencia Evangélica en la Argentina”, Ed. FIET, 2004, p.230, 231

[5] Canclini, Arnoldo, Op. cit., p.305

[6] Canclini, Arnoldo, Op. cit., p.368

[7] Bazán Carpintero, Karina, “Una perla cerca del puerto”, Habitantes de Buenos Aires, http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/12/una-perla-cerca-del-puerto.html

[8] Dahlstein, Anna, “Azul y Oro en Argentina” (“Blågult I Argentina”), Asociación Sueca (Svenska Föreningen), 1998, p.148,149

[9] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.149

[10] Sin firma, “La Iglesia Nórdica de Buenos Aires”, Iglesias de Buenos Aires, 13/08/2019, https://baiglesias.com/una-iglesia-nordica-en-buenos-aires/; también ver Dahlstein, Anna, Op. cit., p.148. El segundo nombre está bien escrito: Ax:son, con dos puntos luego de la x.

[11] Sin firma, Sitio Oficial de la empresa Nordstjernan, sección Historia: 1890-1930, https://www.nordstjernan.se/historia/1890-1930

[12] Sin firma, Sitio Oficial de la empresa Nordstjernan, sección Historia: 1940-1970, https://www.nordstjernan.se/historia/1940-1970

[13] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.158

[14] La escena reproduce el llamamiento registrado en el Evangelio de Marcos 1:16-20 que Jesús hizo a dos pares de hermanos, todos pescadores: Andrés y Pedro y Jacobo y Juan. Estos dos, apodados boanerges (“hijos del trueno”) aparecen representados junto a su padre Zebedeo. Un séptimo personaje anónimo lleva el rostro del pastor Nils Bååthe, como un homenaje del pintor a ese hombre que sirvió incondicionalmente a Dios sirviendo a los demás fuera de su terruño.

[15] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151

[16] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151

[17] Sin firma, “Órgano de la Iglesia Nórdica de Buenos Aires”, Patrimonio y Arte Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, http://patrimonio.com.ar/organos/detalle/organo-de-la-iglesia-nordica-de-buenos-aires/12

[18] La Iglesia de los Marineros Noruegos de Buenos Aires había sido levantada en 1918, con diseño del arquitecto Alejandro Christophersen; fue demolida en 1978 debido a la construcción de la Autopista 25 de Mayo.

[19] La Iglesia Finlandesa se encontraba en la Avenida San Juan 234.

[20] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL “DAVID” DE MIGUEL ÁNGEL Y SU APASIONANTE HISTORIA (por Pablo R. Bedrossian)

A pesar de haber pintado el techo de la Capilla Sixtina y “El Juicio Universal” en el frente, Miguel Ángel Buonarroti (1475-1564) no se consideraba pintor sino escultor. Para él, su trabajo consistía en quitarle a los bloques lo que les sobraba: la figura estaba encerrada en la piedra y era labor del artista hacerla emerger[1]. Entre 1501 y 1504, emprendió una de sus obras más ambiciosas: el David. Detrás hay una muy interesante historia teñida de ribetes políticos.

EL CONTEXTO

En el siglo XV Italia era un conjunto de ciudades estado que colaboraban y competían entre sí. Los factores unificadores eran el idioma y la Iglesia, pues el papado poseía una alta influencia política. Desde principios de ese siglo los destinos de Florencia habían sido regidos por los Medicis, una familia de banqueros, mecenas de las ciencias y las artes.

Sin embargo, en 1494 el rey de Francia, Carlos VIII tomó Florencia y al proseguir su camino, la ciudad quedó sin gobierno[2] (los Medicis recién retornarían al poder desde el destierro en 1512). Mientras tanto, el control de la ciudad pasó a manos de la burguesía de la cual formaba parte la familia de Miguel Ángel[3].  

LA HISTORIA DEL DAVID

Miguel Ángel había terminado de tallar La Piedad en Roma en 1499, con solo 24 años. Su vertiginosa carrera, impulsada inicialmente por los Medicis, lo había de llevado desde Florencia hasta Roma. El regreso a su ciudad se debía a un gran desafío: crear una figura monumental, el David.

El encargo formaba parte de un proyecto iniciado en el siglo XIV y reactivado en la segunda mitad del siglo XV que consistía en la creación de esculturas de personajes del Antiguo Testamento para ser colocadas en los pilares de la catedral de Florencia. Tras el fracaso de una pieza en terracota, el escultor Agostino di Duccio entre 1464 y 1466 trabajó en un bloque de mármol blanco de nueve varas de altura -aproximadamente 5,25 metros- a fin de crear una imagen gigantesca para el pilar del ábside norte. Según los documentos, la pieza quedó mal tallada e incompleta. En 1476 otro maestro, Antonio Rossellino, intentó arreglar aquel coloso, pero su esfuerzo fue estéril.

Esta suerte de Hércules, como algunos lo llamaban, quedó unos 25 años en el alpende de la catedral, hasta que en julio de 1501 se inició la búsqueda de un nuevo artista para salvar la obra[4]. A tal fin se realizó un concurso en el cual Miguel Ángel se impuso a otro gran escultor florentino, Andrea Sansovino. Al mes siguiente, como ganador, firmó un acuerdo con el gremio de los canteros de la catedral de Florencia y con los representantes del gremio de los comerciantes de lana, que sufragaría los gastos, para realizar el trabajo en un lapso de dos años[5].  Nótese que el encargo en el contrato se denomina “el Gigante” y “el hombre de mármol”, y no el “David”.

Se sabe que el genial artista comenzó su labor en a mediados de septiembre de 1501, tras eliminar un nudo del pecho en el bloque mal labrado. Este dato hace suponer que la pieza recibida ya tenía algún grado de desarrollo en el torso.

Para enero de 1504 el David estaba terminado. El asombro que produjo fue tan grande que se designó una comisión de treinta notables integrada, entre otros, por Leonardo da Vinci y Sandro Botticelli, para darle la mejor ubicación. Se eligió la Piazza della Signoria, frente a la sede de gobierno, como simbólico guardián de la flamante administración republicana.

Durante el traslado desde la catedral a la plaza fue apedreado por jóvenes güelfos (simpatizantes de los Medicis y del papado). La colosal estatua estuvo allí hasta 1873 cuando se la movilizó a su ubicación actual, en la Galleria della Accademia. En 1910 se colocó una copia en su antiguo emplazamiento donde ha permanecido hasta la actualidad.

 LA OBRA

Aquellos que recuerdan la historia bíblica saben que David siendo un pastor de ovejas[6] mató al gigante Goliat, incrustándole en su frente una piedra[7], el único lugar descubierto de su armadura[8]. No hace falta ser demasiado imaginativo para advertir la diferencia de tamaño entre el guerrero y el pastor; sin embargo, Miguel Ángel convierte al pequeño luchador en un héroe. No es una cuestión de longitud sino de fe. La certeza expresada por David en el relato del Antiguo Testamento[9] lo convierte en un hombre fuerte y poderoso, todo un mensaje político para inspirar a una ciudad cuyo futuro aún era incierto.

El David no solo trasmite vigor, sino belleza; la obra revela tanto la maestría como el conocimiento anatómico del artista; podría decirse que para Miguel Ángel la conjunción de fortaleza y belleza es sinónimo de perfección.

LOS DETALLES

Hay varios detalles interesantes que los expertos han sabido observar; vamos a mencionar algunos de ellos:

El David de Miguel Ángel es ambidiestro. Lleva la piedra en la mano derecha, cuyo tamaño es mayor al esperado, y la honda en la izquierda. Si fuera exclusivamente diestro, portaría los objetos al revés.

En las representaciones tradicionales, la cabeza de Goliat aparecía a los pies de David, quien llevaba en su mano la espada de su adversario con la cual lo había decapitado[10]. El David de Miguel Ángel omite ambos elementos; no presenta la victoria sino el momento previo, con el joven listo para lanzar la piedra[11].

Además, una nota del propio Miguel Ángel en una página con bocetos de un desaparecido David de bronce y de un brazo de este David, sugiere que él también se vio a sí mismo como alguien que debía enfrentar con una honda y cinco piedras a un poderoso gigante: el enorme bloque de mármol[12].

Los críticos, sin embargo, a veces confunden opinión con mezquindad. Por ejemplo, hay quien ha dicho que la obra es un cliché inexpresivo. Más allá de su monumentalidad, basta ver el rostro del David de Miguel Ángel para percibir su una intensa concentración lista a entrar en acción[13].

Tiene una altura de 5, 17 metros​ de altura y pesa 5572 kilogramos.

EL DAVID EN LA PIAZZA DELLA SIGNORIA

Para terminar, vamos a presentar tres copias extraordinarias de esta obra. Ya hemos mencionado la primera: la emplazada en 1910 en la Piazza della Signoria, sitio donde se expuso la original desde 1504 hasta 1873 (¡más de tres siglos y medio!).

Esta copia es 1:1, lo que significa que es del mismo tamaño que la original. Fue realizada por el escultor Luigi Arrighetti[14], quien ganó el concurso para esculpirla.

EL DAVID DE LA PIAZZALLE MICHELANGELO

La Piazzale Michelangelo es el punto de observación panorámico más famoso de Florencia. Desde allí se contemplan hermosas vistas de la ciudad, sobre todo al atardecer, resaltando los colores que toma el río Arno y los pintorescos puentes que lo cruzan, entre ellos el famoso Ponte Vecchio.

Esta plaza de piedra dedicada a Miguel Ángel fue construida en 1869 con diseño del arquitecto Giuseppe Poggi. Luce un extraordinario David en bronce realizado por Clemente Papi, colocado allí en 1873. La escultura estaba destinada a ser el reemplazo de la original en la Piazza della Signoria, pero debido al rechazo popular hacia la imagen en bronce, se decidió ubicarla en la colina donde se encuentra el mirador. Debido a su peso, para transportarla se requirieron nueve pares de bueyes[15].

La base es diferente, pues hay cuatro estatuas, copias de las alegorías del día y de la noche, que adornan las tumbas de los Medicis en su capilla de la iglesia de San Lorenzo.

 EL DAVID DE BUENOS AIRES

Muy pocos conocen que en Buenos Aires también existe un David; se trata de un calco de tamaño original. Los calcos son réplicas realizadas en moldes obtenidos de las esculturas originales en los cuales luego se vierte yeso y se espera hasta que fragüe.

Lamentablemente se encuentra en un sitio poco visitado: El Museo de Calcos y Escultura Comparada Ernesto de la Cárcova, ubicado en la Costanera Sur.

Aunque está fijado a un modestísimo pedestal su imponente figura es conmovedora.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO

REFERENCIAS

[1] Gombrich, E. H., “La Historia del Arte”, Phaidon, 1950, 16ª Ed. (revisada, ampliada y rediseñada), 1995, p.313

[2] Winspeare, Massimo, “Los Medici”, Sillabe, Firenze Musei, 2000, p.22

[3] Para evitar extendernos demasiado, omitimos mencionar a Girolamo Savonarola quien tuvo una enorme influencia política Fue un reformador católico de la orden de los dominicos opuesto al papado que finalmente terminó en la hoguera antes del encargo del David.

[4] Zöllner, Frank; Thoenes, Christof; Pöpper, Thomas; “Miguel Ángel Obra Completa”, Taschen, 2018, p. 41

[5] Zöllner, Frank; Thoenes, Christof; Pöpper, Thomas; Op. cit., p.42

[6] 1º Libro de Samuel 17:15

[7] 1º Libro de Samuel 17:49

[8] 1º Libro de Samuel 17:5,6

[9] 1º Libro de Samuel 17:34-36,45-47

[10] 1º Libro de Samuel 17:51

[11] Zöllner, Frank; Thoenes, Christof; Pöpper, Thomas; Op. cit., p.46

[12] Zöllner, Frank; Thoenes, Christof; Pöpper, Thomas; Op. cit., p.47

[13] Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell’Arco, Maurizio; Souchal, François, “Sculpture”, Vol. 2: “From the Renaissance to the Present Day”, Taschen, 1999, p.72

[14] Bandelloni, Antonietta, “La storia della copia più fotografata del David”, https://michelangelobuonarrotietornato.com/2017/07/10/la-storia-della-copia-piu-fotografata-del-david/

[15] Bandelloni, Antonietta, “Piazzale Michelangelo: la storia”, https://michelangelobuonarrotietornato.com/2015/06/30/piazzale-michelangelo-e-la-sua-storia/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

CÓMO VISITAR UN MUSEO Y NO MORIR EN EL INTENTO (por Pablo R. Bedrossian)

Es probable que en su primera visita a un museo haya dedicado de 5’ a 10’ a las primeras obras, de 3’ a 5’ a las siguientes y, tras consultar la hora, se haya visto obligado a ver el resto casi sin detenerse, llegando a la salida con sabor a poco. Permítanos brindarle algunos consejos para aprovechar su visita y disfrutarla a pleno, basados en nuestros recorridos por centenares de museos en cuatro continentes.

Museo Guggenheim (Nueva York, Estados Unidos)

LA PREPARACIÓN

1. Sepa qué tipo de museo va a visitar. ¿Es de arte, historia, ciencias naturales, tecnología aeroespacial o deportivo? Elija un museo que ofrezca contenidos de su agrado.

Museo Nacional de Historia Natural (Washington DC, Estados Unidos)

La mayoría de los museos son temáticos; por ejemplo, hay museos de arte clásico y museos de arte moderno. Incluso pueden abordar temas o periodos muy específicos. Por ejemplo, el Musée d’Orsay de París está dedicado a obras de arte creadas entre 1848 y 1914. Recuerde también que hay museos dedicados especialmente a los niños.

Musée d’Orsay (París, Francia)

Excepcionalmente existen museos que por su amplia diversidad se parecen a las enciclopedias. Tal es el caso del Museo Nacional de Escocia en Edimburgo donde se pueden encontrar objetos tan diversos como un auto de Fórmula 1, un faro para orientación marítima, un Buda Amida o la famosa oveja Dolly, primera en el mundo surgida de una clonación.

Museo Nacional de Escocia (Edimburgo, Escocia)

2. Averigüe qué tamaño tiene o la cantidad de piezas exhibidas. Conocer el tamaño le permitirá administrar su tiempo.

Algunos museos, como el Louvre de París, el Museo Británico de Londres, el Museo Egipcio de El Cairo o el Hermitage de San Petersburgo son tan grandes que es imposible visitarlos en un día, aunque sea a paso acelerado. Se distribuyen en “alas”, edificios que generalmente reúnen piezas por temas o épocas; dentro de cada “ala” existe un buen número de salas, donde en se agrupan piezas por periodos, contenidos o creadores.

Museo Hermitage (Moscú, Rusia)

Hay museos que tienen más de una sede, como el Museo Aeroespacial de Washington D.C., uno de cuyos centros se encuentra en The Mall, el área verde más famosa de la ciudad, y el otro se halla camino al aeropuerto.

Museo Nacional del Aire y el Espacio (Washington DC, Estados Unidos)

Desde luego, existen también museos que tienen dimensiones humanas. Algunos pueden recorrerse en un día o en pocas horas. Generalmente son museos que se ocupan de temáticas muy específicas, por ejemplo, el Museo de FIFA de Zúrich, el Museo de Escultura Maya de Copán, el MALBA de Buenos Aires, el Museo de Pérgamo de Berlín, el Museo de Cosmonáutica de Moscú o el Museo Nacional de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Museo de la FIFA (Zúrich, Suiza)

3. Establezca el tiempo que va a dedicar al Museo. Si sabe cuánto tiempo dispone podrá distribuir su tiempo en base a sus prioridades.

Recuerde que en un museo se camina lento. Analice cómo se sentirá luego de andar de sala en sala durante cuatro horas. Algunos ofrecen restaurantes o cafeterías donde poder comer algo y descansar, pero tenga en cuenta que no suelen ser económicas.

Galería de los Uffizi (Florencia, Italia)

Además, existen museos que, de acuerdo a su interés personal, quizás le convenga visitar en más de una ocasión para ver lo que desea. Por ejemplo, durante un tiempo -no sabemos ahora- a partir de determinado horario la entrada al MET de Nueva York era gratuita, entonces uno podía elegir si visitarlo durante un día entero pagando entrada, hacer varias visitas más cortas gratuitas o combinar ambas formas.

Metropolitan Museum of Art – MET (Nueva York, Estados Unidos)

4. Consulte el precio de la entrada y la forma de adquirirla. Investigue si puede comprarla anticipadamente por vía online o adquirir pases que incluyan varios museos de su interés.  

Hay museos gratuitos como el Museo Británico de Londres o la National Gallery de Washington D.C.; sin embargo, la entrada a la mayoría de los museos es paga. Los precios pueden variar durante el año (suelen subir en verano donde hay mayor demanda o los fines de semana) y en algunos casos conviene comprar con antelación.

National Gallery (Londres, Inglaterra)

En las ciudades más importantes se ofrecen pases para visitar varios museos con un mismo ticket. En otros casos hay entradas que se adquieren por internet que evitan las largas fila de ingreso.

Museo de Pérgamo (Berlín, Alemania)

5. Infórmese sobre lo que desea ir a ver. No siempre están disponibles todas las obras o abiertas todas las salas, sea por reformas, préstamos o restauraciones.

El Museo Nacional de Taipei en Taiwán posee cerca de 700,000 piezas de arte chino por lo solo puede exponer una pequeña cantidad de ese enorme patrimonio. Por esa razón rotan las pinturas y artesanías ofrecidas al público.

Museum of Modern Art – MoMA (New York, Estados Unidos)

El Museo de Cluny en París, con una de las mejores colecciones de arte medieval del mundo, ha estado largo tiempo en proceso de remodelación y al momento de escribir esta nota solo se puede visitar parcialmente.

Museo de Cluny (París, Francia)

LA VISITA

6. Vaya temprano. Generalmente a primera hora hay menos afluencia de público.

Por ejemplo, La Gioconda, la famosa pintura de Leonardo da Vinci expuesta en el Louvre de París, está separada del público por vallas; sin embargo, casi siempre hay entre 30 y 50 personas intentando verla al mismo tiempo. Algo similar ocurre con el David de Miguel Ángel en la Galleria dell’Accademia de Florencia.

Museo del Louvre (París, Francia)

Los Museos Vaticanos suelen recibir tanta gente que es difícil poder detenerse. Si Ud. es de los primeros, gozará del privilegio de poder realizar su visita con más espacio y menos compañía.

Museos Vaticanos (Ciudad del Vaticano)

7. Identifique la obra que observa. Si a Ud. le gusta tomar fotografías de las piezas expuestas, tome luego una fotografía de la información colocada junto a ella.

Al lado de cada pieza suele haber información sobre el nombre, el autor o protagonista, la nacionalidad y el año. A veces aparece información más detallada. Es esencial saber qué está viendo. Aunque uno reciba la información el momento, puede olvidarla.

“Retrato de una dama con vestido amarillo”, Museo Hermitage (San Petersburgo, Rusia)

Además, es útil conocer previamente el idioma en que se brinda la información de las piezas expuestas; si no están en español suelen estar en el idioma del país y en inglés.

Galería Nacional Praga (Praga, República, Checa)

8. Concéntrese en las obras maestras. Debido a los límites que el tiempo y la extensión de muchos museos imponen, es mejor enfocarse en las obras más reconocidas. Sin embargo, también puede incluir aquellas que sin ser famosas son de su interés.

Hay tres modos que pueden ayudarle para elegir las obras a admirar: consultar previamente en libros o internet, comprar al llegar una guía del museo que es un libro con las piezas más importantes y su explicación o alquilar una audioguía a la entrada del museo. Una audioguía consiste en auriculares conectados a un pequeño equipo donde Ud. coloca el número de la obra que aparece junto a ella para escuchar una grabación acerca de lo que observa. Generalmente las tres alternativas pueden conseguirse en su propio idioma, aunque hay museos cuyas guía de papel o audioguía no están disponibles en español.

“David”, Galería de la Academia (Florencia, Italia)

Se han puesto de moda los tours virtuales por internet. Pueden ser una excelente aproximación para elegir con tiempo las obras a contemplar durante su visita.

Museo Reina Sofía (Madrid, España)

9. Disfrute lo que observa. Antes de cualquier explicación, contemple, sienta, piense.

Contemplar una pintura, la osamenta de un animal prehistórico, el mármol de un templo antiguo o un trasbordador espacial son experiencias extraordinarias. La primera impresión es la que define lo que objeto produce en nosotros.

Museo de Arte Costarricense (San José, Costa Rica)

Aproveche ese momento único para que perdure en su memoria. Es algo que sucede, no algo que uno hace. Luego, piense y trate de entender qué hay en lo que observa, qué puede aprender o conocer de lo que está delante suyo.

Museo de Escultura Maya (Copán Ruinas, Honduras)

10. Aproveche las visitas guiadas. Los museos suelen ofrecer tours grupales gratuitos que duran entre una y dos horas donde expertos le presentan y explican algunas piezas de las más importantes.

Si bien en ese caso Ud. no manejará su tiempo ni las prioridades, la información suministrada por los guías puede mejorar notoriamente la calidad de su visita. Debe averiguar si hay tours en su idioma y en qué días y horarios; algunos museos no realizan visitas guiadas diarias en español.

Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires – MALBA (Buenos Aires – Argentina)

También hay tours pagos, grupales o individuales. En caso que su presupuesto lo permita, un tour individual con un experto es una excelente opción.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

PARA LOS AMANTES DE LA PINTURA Y LA ESCULTURA, LECTURA IMPERDIBLE: “HISTORIA DEL ARTE” DE E. H. GOMBRICH (por Pablo R. Bedrossian)

Serie LECTURA RECOMENDADA

8 millones de ejemplares vendidos y 16 ediciones revisadas, ampliadas y rediseñadas a lo largo de 45 años hablan por sí mismos. “Historia del Arte” de E. H. Gombrich es el libro de historia del arte más leído en el mundo. Cuenta con casi 700 páginas, pero es de fácil lectura debido a sus cientos de ilustraciones.

Enfocado en tres ramas -la arquitectura, la pintura y la escultura- presenta una cronología de obras de arte, no una antología. El autor aclara que evita mostrar sus pinturas predilectas y que, en favor de sus lectores, presenta las más conocidas para que la información y el respectivo aprendizaje fluyan de un modo natural.

Comienza con una breve exposición introductoria sobre el arte y los artistas; afirma que no puede definir qué es el arte y que para él lo que cuenta son los artistas y sus creaciones. Sigue por la prehistoria, las manos que pintaron bisontes en las cuevas de Altamira, crearon máscaras rituales en Nueva Guinea o cabezas de bronce en el reino de Oni, en la actual Nigeria. De allí pasa al arte egipcio mostrando el significado religioso de las figuras que nosotros hoy concebimos como arte, pero también sus reglas que desde nuestra cultura llamamos estilo; por ejemplo, las cabeza y las piernas de costado mientras el torso parece el de una persona que mira de frente, el significado de los colores, la ubicación de las manos, las representaciones de los dioses con cabeza de diferentes animales. También presenta el arte mesopotámico y cretense, hasta dar un lugar al arte griego para mostrarnos por qué lo denominamos clásico, basado en dos hechos: el descubrimiento de las formas naturales y la invención del escorzo.

Cuando habla del arte romano de los siglos I al IV incluye también el arte cristiano; además, sucintamente pasa revista al arte budista del mismo periodo. Luego, en un solo capítulo muestra el arte occidental del siglo V al XIII y también presenta algo del arte chino e islámico en los tiempos medievales. Luego se centra en Europa y va describiendo los estilos de acuerdo a las épocas: el románico, el gótico, el renacentista, el barroco; también separa las geografías mostrando por un lado el arte italiano y por el otro el flamenco. El recorrido pasa al rococó, y de allí a las diversas corrientes que lo sucedieron; finalmente vuelve a concentrarse en una hilera de estilos: el impresionismo, el cubismo, el surrealismo, el arte abstracto y otros “ismos” hasta fines del siglo XX, aclarando que desde el presente es muy difícil diferenciar las modas del arte, pues las modas pasan y el arte perdura.

Es una obra extraordinaria, con ilustraciones muy bien presentadas y una excelente encuadernación, muy necesaria para un ejercicio que el autor propone con frecuencia: comparar imágenes con las de páginas anteriores. Además, la prosa de E. H. Gombrich, incluso en su traducción en español, produce tanto placer que lamentamos que no nos siga hablando porque el libro ha llegado su fin.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

FRANK O. GEHRY: ARQUITECTURA INNOVADORA CON SELLO PROPIO (por Pablo R. Bedrossian)

Pocos arquitectos dividen las aguas como Frank Gehry: o se lo admira con pasión o produce una terrible urticaria. Sus diseños han roto todos los moldes y han extendido los límites de lo posible, de la estética y de la creatividad. Estemos de un lado o del otro, no cabe duda que Gehry es uno de los arquitectos más originales nacidos en el siglo XX.

Nacido en Toronto, Canadá, en 1929, como Ephraim Owen Goldberg, a los 18 años emigró a Estados Unidos donde estudió arquitectura en la University of Southern California; posteriormente continuó su formación en desarrollo urbano en la Harvard Graduate School of Design. El 1962 fundó en Los Angeles su primer estudio, Gehry Partners LLP, con un equipo de 175 colaboradores. Sin embargo, a pesar de contar con un equipo tan numeroso, practicaba por su cuenta algo que era para él mucho más que un hobby: crear modelos en cartón y papel metalizado, doblados, arrugados, dados vuelta, que abandonaba y retomaba hasta darle la forma perfecta.

Gehry comenzó a volcar en sus obras las ideas resultantes de estos ensayos a principios de la década de 1970. Que estas pequeñas esculturas de papel se pudieran convertir en edificios, museos o salas de conciertos fue posible gracias a un sofisticado programa informático 3D que se fue desarrollado originalmente por la industria aeronáutica[1].

Sus creaciones definen su estilo: cuando uno las contempla, ve unidades desarmadas y fragmentadas, propias de lo que se conoce como deconstructivismo. Esa curiosa geometría, consagrada en 1988 en una exposición en el MoMA de New York donde Gehry participó junto a otros seis arquitectos, produjo una revolución conceptual que unificaba arquitectura y arte.

Para sus obras ha utilizado materiales supuestamente “pobres”, como la madera enchapada y el hierro corrugado; también, desde luego, hormigón y titanio.  

Gehry ha rechazado cualquier intento de clasificación, pero, como alguien ha dicho, con o sin etiqueta pasará a la historia de la arquitectura. En 1989 obtuvo el Pritzker Prize, algo así como el Premio Nobel de la Arquitectura, y en 2014 el Premio Príncipe de Asturias de las Artes. Compartimos aquí algunas de sus obras, quizás no son las más conocidas, pero hablan por sí mismas del “Gehry style”.

LA DANCING HOUSE DE PRAGA

La Dancing House (en español Casa Danzante) fue diseñada por Frank O. Gehry junto al arquitecto croata Vlado Milunić y la arquitecta británica de origen checo Eva Jiřičná. Es una de las primeras obras maestras del deconstructivismo. Fue inaugurada en 1996. Es una estructura de hormigón con vidrios de nueve pisos más dos subterráneos.

La idea original Milunić fue crear un edificio que fuera reflejo de la Revolución de Terciopelo que terminó con la hegemonía soviética sobres los checos. Imaginó un objeto compuesto de dos partes, una estática y otra dinámica, como metáfora de su sociedad donde una parte se separó de la corriente dominante totalitaria y rígida y se lanzó a un mundo de cambios. Gehry le dio la forma. La cooperación entre estos grandes arquitectos de procedencias tan diferentes dotó a Praga de símbolo: un baile para recordar y celebrar el fin del totalitarismo.

EL JAY PRITZKER PAVILION DE CHICAGO

El Jay Pritzker Pavilion (es español Pabellón Jay Pritzker) es un auditorio musical al aire libre para 11,000 personas (4,000 sentados más 7,000 en el césped), ubicado en el Millennium Park de Chicago, Illinois, en los Estados Unidos. Pocos saben que por restricciones legales la ciudad calificó la construcción como obra de arte (¡y lo es!) y no como edificio. Fue terminado en 2004.

Típica obra deconstructivista, cuenta con paneles de acero inoxidable que parecen alejarse del centro y largas prolongaciones que parecen los rayos de una bicicleta. Su color gris metalizado es el preferido de Gehry.

FONDATION LOUIS VUITTON

Ubicado dentro del Bois de Boulogne, una hermosa zona verde de París, equivalente al Central Park de New York, al Tiergarten de Berlín o a los bosques de Palermo de Buenos Aires, este maravilloso complejo es a la vez museo y centro cultural. Por fuera tiene el aspecto de un barco, cuyas doce velas son paneles de vidrio sostenidos por vigas de acero y madera. Por dentro hay un conjunto de bloques blancos (conocidos como “icebergs“) revestidos con paneles de hormigón reforzado con fibras. Da una extraordinaria imagen de transparencia, luminosidad y movimiento.

Se inauguró en 2014, luego de grandes debates por su ubicación; oficialmente costó 143 Millones de dólares, aunque se cree que el presupuesto invertido fue mucho mayor.

LA TORRE BEEKMAN EN 8 SPRUCE STREET, NEW YORK

Ubicado en el sur de Manhattan este edificio de 76 pisos parece retorcerse sobre sí mismo, depende desde donde se lo observe. Con 264 metros de altura y una estructura de hormigón armado, es una de las torres más originales de New York.

No es un rascacielos de oficinas sino de apartamentos de lujo. Cuenta en sus pisos más bajos con una escuela y un hospital. En la base posee 5 plantas revestidas con ladrillos. Fue inaugurado en 2011.

IAC BUILDING, NEW YORK

La primera obra de Gehry en New York es el IAC Building. Aunque nuestra foto no permite observar el edificio en su totalidad, las paredes de vidrio y la cerámica de suaves tonalidades celestes que le dan el aspecto de un gigantesco iceberg. Poseedor de una gran luminosidad, fue inaugurado en 2007.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Khul, Isabel; Lowis, Kristina; Thiel-Siling Sabine, “50 Architects you should know”, Prestel Verlag, 2017, p.104


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

CLAUDE LORRAIN, EL ARTISTA QUE PINTÓ AL REVÉS (por Pablo R. Bedrossian)

Para los expertos en arte el nombre de Claude Lorrain resulta familiar; en cambio, puede ser desconocido para el resto, pues no goza del prestigio de los grandes maestros del Renacimiento o de los impresionistas cuyas obras se han hecho populares. Sin embargo, fue un innovador y, para muchos, el primer pintor paisajista.

Con maestros de la talla de Leonardo, Miguel Ángel y Rafael en el cinquecento (el siglo que comenzó en 1501) se creyó que la pintura había alcanzado su máxima expresión. El peso de su rico legado produjo una crisis, pues la generación siguiente no tenía claro hacia dónde dirigirse. Las formas clásicas del Renacimiento comenzaron a exagerarse (el manierismo) y solo el talento de artistas como Tintoretto (1518-1594) o El Greco (1541-1614) evitaron que las comparaciones se vuelvan odiosas y destructivas. La posterior aparición de Caravaggio (1573-1600) con su naturalismo fue una bocanada de aire fresco al pasar de una tradición pictórica cuyas figuras remedaban esculturas a representaciones que parecían de carne y hueso. En ese entorno, donde el barroco también se abría paso, aparece Lorrain.

Claude Lorrain (1600-1682) nació en Francia un siglo después de aquella época dorada. Desde muy joven se trasladó a Italia donde desarrolló su carrera artística. Aunque su estilo nunca nos atrajo, reconocemos en él un extraordinario innovador: fue el primero en colocar el paisaje como el gran protagonista de un cuadro en lugar de emplearlo como el fondo de una escena. Se trata de vistas campestres, a veces con alguna construcción clásica o un lejano grupo de personas, pero donde la naturaleza ocupa el primer lugar.

PINTANDO AL REVÉS.

Cuando hablamos de pintar al revés no hacemos alusión a un aspecto técnico, como en el caso de Leonardo Da Vinci que era zurdo, escribía de derecha a izquierda y colocaba las letras en posición inversa, obligando a la lectura con un espejo[1]. Hablamos de algo totalmente diferente.

Imaginamos que un pintor recrea el paisaje que se extiende delante de él. Cuando observamos “Vista de Toledo” de El Greco entendemos que, más allá de algunas libertades, el artista representó con su peculiar estilo la ciudad en donde vivía. Lo mismo pasa cuando observamos “Amapolas” de Claude Monet: suponemos que ha sido fruto del artista contemplando la naturaleza.

Por el contrario, Lorrain no pintó lo que veía, sino lo que imaginaba. A pesar que utilizó elementos realistas, producto de su estudio de la campiña romana y las colinas aledañas, idealizó la naturaleza creando paisajes de ensueño bañados de sol. Volcó en sus telas imágenes de lugares que no existían.

Décadas después de su muerte los viajeros juzgaban un paisaje de acuerdo al ideal de belleza propuesto en los cuadros del Lorrain. E. H. Gombrich escribe “acaudalados ingleses fueron aún más allá y decidieron modelar el trozo de naturaleza que les pertenecía, en sus parques o haciendas, según los sueños de belleza de Claude Lorrain”[2]. Esos idílicos entornos naturales con castillos en ruinas impulsaron a los admiradores de Lorrain en la Gran Bretaña a transformar sus jardines para imitar aquellas creaciones[3]. Como en un cuento borgeano, todo sucedía a la inversa: en lugar que un paisaje inspirara una pintura, una pintura inspiraba un paisaje.

Incluso la palabra pintoresco se popularizó cuando comenzó a aplicarse específicamente a paisajes o jardines que recordaran a las pinturas de Lorrain. Luego, y como consecuencia de su uso primitivo, ese adjetivo –pittoresco en italiano, picturesque en inglés, pittoresque en francés- se extendió para describir objetos y lugares que nos parecen propios de una obra de arte.

DOS DETALLES MÁS DE CLAUDE LORRAIN

Debido a la fama que Claude Lorrain obtuvo en su tiempo, afloró una multitud de imitadores que vendía sus copias como si fueran originales. Para preservar su obra, el pintor creó el Liber Veritatis, un cuaderno de 195 dibujos con todas sus obras descritas en detalle, incluyendo datos de la venta, como el nombre del cliente y el precio del cuadro.

El espejo de Claude, un pequeño instrumento oscuro utilizado por los paisajistas ingleses de finales del siglo XVIII y principios del XIX, recibió su nombre en homenaje a Claude Lorrain. Gracias a su convexidad permitía ver secciones del paisaje a menor escala en tonalidades sepias, sirviendo como referencia para la creación de bocetos. Para utilizarlo, el artista debía dar la espalda al paisaje y observar el reflejo en el cristal.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Isaacson, Walter, “Leonardo Da Vinci La Biografía”, Debate, Penguin Random House Grupo Editorial, 2018, p.44

[2] Gombrich, E.H., “La Historia del Arte”, Phaidon, 16ª Edición (revisada, ampliada y rediseñada), 1995, p.397

[3]  Gombrich, E.H., Op. cit., p.419


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las imágenes utilizadas son de dominio público.

LOS EDIFICIOS DE NORMAN FOSTER EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Norman Foster creó algunos de los edificios más originales e impactantes de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Como Zaha Hadid, César Pelli, Frank Gehry y Santiago Calatrava, logró unir estructura, tecnología y arte rompiendo con los moldes que lo precedían.

The Gherkin, Londres, Inglaterra, 2001

Nacido en 1935 en Manchester, Inglaterra, estudió arquitectura en su ciudad natal y luego hizo una maestría en la Universidad de Yale en Estados Unidos. Poco después de su regreso se asoció a Richard Rogers, otro extraordinario arquitecto; junto a él, Su Rogers y Wendy Cheesman conformó en Londres el legendario estudio Team 4 en los años ’60. Luego fundó su propio estudio que hoy está presente en más de 20 países y cuenta con unos 1200 empleados. Ha recibido el premio Pritzker, una especie de Premio Nobel de la Arquitectura, ​ en 1999 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009.

EL MOVIMIENTO “HIGH-TECH”

Norman Foster tempranamente adhirió al High-Tech, que consagra los últimos adelantos industriales, tales como el uso del vidrio y del acero, a la arquitectura de su tiempo.  

Cúpula del Reichstag, Berlín, Alemania, 1999

A primera vista podría decirse que era un movimiento rebelde e innovador; sin embargo, “exaltaba tecnologías que pasaban rápidamente a la historia. No es difícil ver en los edificios de Rogers y Foster una nostalgia por la maquinaria victoriana y una fría pasión por los últimos adelantos en materiales y métodos estructurales”[1].

LOS APORTES DE NORMAN FOSTER

Jonathan Glancey afirma: “a comienzos del siglo XXI, a Foster se le considera por unanimidad el arquitecto con más éxito del mundo… Esto se debe, por un lado, a su dinamismo y, por el otro, al gran equipo que le rodea… Pero más importante aún ha sido el hecho que su arquitectura ha conectado con su generación…”[2].

Hearst Tower, New York, Estados Unidos (2003)

En nuestra opinión, Norman Foster es un genio creativo cuya ambición por innovar nunca se detiene. Se ha dicho que “sus edificios realmente son high-tech; no pueden ser superados ni siquiera por algo que un inventor pudiera idear para un servicio de inteligencia”[3].

EDIFICIO ALEPH

Ubicado en la calle Petrona Eyle entre la avenida Juana Manso y la calle Olga Cossettini de Puerto Madero se encuentra el Edificio Aleph, o, como dice su letrero, las “Aleph Residences”. Se trata de una inversión realizada por el Faena Group quien encargó al estudio de Norman Foster.

Con sus nueve pisos mantiene la misma altura de los edificios de la zona, que parecen diminutos frente a las torres que se encuentran a pocas cuadras. Con su minimalismo, este edificio de viviendas quizás posea el brillo de otras obras del arquitecto inglés, pero reserva su encanto para su interior.

Inaugurado en 2012, y siempre bajo el concepto high tech, cuenta por fuera con balcones y pantallas móviles color bronce oscuro que permiten regular el paso de la luz y el calor para crear ambientes a la medida.

Dejemos que el propio Estudio Foster + Partners describa su propia creación “El bloque de apartamentos de 9 pisos que encierra un patio ajardinado público. Los materiales son brillantes y cálidos, con acristalamiento de aluminio bronceado y protección solar, suelos de piedra caliza y una paleta de colores orgánicos. Los apartamentos de doble aspecto, llenos de luz y bien ventilados, contienen una combinación de secciones de dos niveles con techos abovedados y salas de estar de doble altura. Las habitaciones externas difuminan los bordes entre la vida exterior e interior”[4].

LA JEFATURA DE GOBIERNO DE LA CIUDAD (BUENOS AIRES, ARGENTINA)

En una decisión estratégica, la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió trasladarse al sector sur de la ciudad. Para la nueva sede ubicada en el barrio de Parque de los Patricios, Norman Foster y su equipo diseñaron un edificio que ocupa toda la manzana.

La elección del vidrio para las paredes no fue casual: no solo inunda de luz natural las oficinas, sino que representa la transparencia que debe regir en la administración pública, promoviendo, además, la comunicación franca entre los colaboradores.

Este centro cívico de techo ondulado de hormigón a la vista fue inaugurado en abril de 2015. Puede albergar hasta 1,500 empleados. Posee un innovador diseño con un layout adaptable a los cambios de la estructura organizacional. Además, cuenta con terrazas internas donde se encuentran las estaciones de trabajo distribuidas en cuatro niveles y dos grandes patios.

La Casa de la Ciudad se encuentra en armonía con el entorno natural del parque adyacente y con la arquitectura de un barrio que supo tener una fuerte impronta fabril.

El genio de Norman Foster brilla a través de sus obras, siempre sorprendentes, consistentes e innovadoras. Nadie sabe aún cómo serán los edificios del futuro, pero estamos seguro que este extraordinario creador británico lo ha anticipado.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados


REFERENCIAS

[1] Glancey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, 2001, p.205

[2] Glancey, Jonathan, Op. cit., p.206

[3] Kuhl, Isabel, Lowis, Kristina y Thiel-Siling, Sabine, “50 Architects you should know”, Prestel, 2017, p.114

[4] https://www.fosterandpartners.com/projects/faena-aleph/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA ESTATUA DE LA LIBERTAD (por Pablo R. Bedrossian)

La Estatua de la Libertad, uno de los monumentos más famosos del mundo, fue un regalo del gobierno francés al pueblo de los Estados Unidos para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia. Recién pudo ser inaugurada diez años después, el 28 de octubre de 1886. La iniciativa de este colosal obsequio surgió del abogado y político Édouard Laboulaye, recordado en Argentina por una localidad que lleva su nombre, y tuvo como propósito fortalecer la amistad entre las dos naciones.

Emplazada en la Liberty Island (en español Isla de la Libertad) al sur de Manhattan, Nueva York, la imponente escultura tiene 46 metros de alto, y alcanza los 93 metros desde el suelo hasta la antorcha, si incluimos su base[1]. La mano derecha mide 5 metros y el dedo índice casi dos metros y medio. Solo el peso del cobre, material del que está hecha la estatua, es de 31 toneladas.

Fue diseñada por el francés Frédéric Auguste Bartholdi. Este escultor la había imaginado originalmente como un inmenso faro para el Canal de Suez[2]. Sin embargo, el proyecto presentado en 1867 a Ismail Pashá fue rechazado. El artista no se dio por vencido y logró que su idea, con cambios en el diseño, distinto nombre y una diferente solución estructural en hierro y acero desarrollada por el famoso ingeniero Gustav Eiffel, llegara a los Estados Unidos.

La imagen de inspiración clásica recuerda a la diosa griega Hécate tanto por su corona de siete rayos -en lugar del tradicional gorro frigio– como por la antorcha ardiente. La tea encendida se ha utilizado en el arte desde la antigüedad y el autor se ha servido de ella para representar la llama de la libertad. El brazo izquierdo sostiene una tabla donde está grabada en números romanos la fecha de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos.

Se discute quién fue la modelo utilizada para el rostro. La mayoría de los expertos piensa en la madre del artista, Charlotte Bartholdi; sin embargo, otros postulan a Isabella Boyer, viuda del millonario inventor Isaac Singer; esta dama contrajo nuevamente nupcias con el músico holandés Victor Reubsaet, por quien obtuvo el título de Duquesa de Camposelice. Conoció a Bartholdi durante su segundo matrimonio, pues la pareja se había radicado en París.

La base fue realizada por el arquitecto y escultor Richard Morris Hunt. El pedestal está conformado por un bloque de hormigón, mientras que la base, que incluye una loggia neoclásica (una galería exterior con arcos sobre columnas, techada pero abierta en uno o más lados) está hecha de granito y hormigón[3].

RÉPLICAS DEL TALLER DE BARTHOLDI

Aunque hay muchas réplicas, queremos presentar algunas cuyo singular valor proviene de su origen. Desde luego, no nos referimos a las reproducciones vendidas como souvenirs, sino a aquellas que proceden del taller del escultor. Comencemos diciendo que la firma Gaget, Gauthier et Cie, donde se hicieron las piezas de cobre, creó un importante número de miniaturas para la inauguración.

Aunque hay otras en París, nos interesa la que está ubicada en los Jardines de Luxemburgo. Nos referimos a un modelo en bronce que utilizó Bartholdi para hacer la enorme escultura enviada a Nueva York. Fue obsequiado por el artista al Museo de Luxemburgo de París en 1900, para la Exposición Universal desarrollada la ciudad. En 1906, a sugerencia de la viuda de su creador[4], se la trasladó a los Jardines. Aunque fue reemplazado por una copia en 2012, hay en su base una conmovedora placa recordando a las víctimas del atentado del 11 de septiembre de 2001, otro símbolo de la amistad franco-norteamericana, tan decisiva durante la 2ª Guerra Mundial.

Sin embargo, el original está al alcance de todos. Se puede observar en el salón principal del Musée d’Orsay de París. Mide casi tres metros y conviene apreciarla desde uno de los balcones.

Más interesante aún es una réplica en hierro rojo también surgida de los moldes del artista, ubicada en las Barrancas de Belgrano, en Buenos Aires. Adquirida por la Municipalidad de la ciudad fue inaugurada poco antes que la de Nueva York.

Aunque ha perdido su color original, conserva los detalles de su enorme gemela de Nueva York.

Tiene grabada la firma de Bartholdi en la base de uno de sus lados.

No es esta la única Estatua de la Libertad en Buenos Aires; hay una sin el diseño de Bartholdi coronando el frontón de la Escuela Normal Superior Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicada sobre la avenida Callao entre la avenida Corrientes y la calle Lavalle.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1]“Statue of Liberty”, National Park Service, https://www.nps.gov/stli/learn/historyculture/statue-statistics.htm

[2] Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell’Arco, Maurizio; Souchal, François, “Sculpture”, Vol. 2: “From the Renaissance to the Present Day”, Taschen, 1999, p.373

[3] Bartolini, Flaminia, “The Statue of Liberty”, en “Wonders of the World”, editado por Alessandra Capodifierro, Barnes & Noble Books, 2004, p.255

[4] Sin firma, “La Liberté à Orsay”, Musée d’Orsay, 2020, https://www.musee-orsay.fr/fr/collections/bienvenue/actualites/la-liberte-a-orsay.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

CEMENTERIOS EXTRAORDINARIOS (por Pablo R. Bedrossian)

La palabra cementerio tiene su origen en el término griego koimêtêrion (“dormitorio”) que a su vez deriva de la expresión koimáõ que significa “me acuesto”[1]. Se atribuye a los cristianos el primitivo uso de la palabra cementerio con ese significado: “lugar de los que duermen”. De hecho, el apóstol Pablo llama así a los cristianos que ya han muerto cuando él escribe a mediados del siglo I: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús”[2].

Para muchas personas el cementerio es un lugar de honda tristeza pues yacen allí los restos de sus seres queridos. Ha sido el lugar de dolorosas despedidas y momentos de profundo recogimiento. En un diálogo que tuve con el escritor argentino Jorge Luis Borges, hablando de la Recoleta comentó:

– El otro día fui a caminar por el cementerio. Allí descansan los restos de mis padres. En ese momento pensé: si mis padres están en algún lugar seguro que no es en este sitio donde todo es polvo y corrupción[3].

Sin embargo, los cementerios no solo producen tristeza sino también nos recuerdan la historia; los epitafios nos acercan a quienes nos precedieron y la arquitectura de muchas tumbas nos hace admirarlas como auténticas obras de arte. Por eso, presentamos aquí cementerios extraordinarios en breves reseñas para que Ud. decida si desea conocerlos.

1. CEMENTERIO DE LA RECOLETA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Aunque el cementerio de la Recoleta fue establecido en 1822, recién en 1881, gracias a una completa remodelación que imitaba el estilo de los cementerios europeos, adquirió su nueva fisonomía[4]. Las décadas siguientes constituyeron la época de oro de la Argentina y las familias adineradas contrataron famosos arquitectos y escultores para adornar las tumbas de sus seres queridos. “Estos príncipes de las pampas copiaron a los burgueses italianos y franceses no solo en sus ropas y en su espíritu, sino también las esculturas que admiraban en los cementerios de Père Lachaise en París y Staglieno en Génova[5].

Contiene 4,970 bóvedas en sus casi cinco manzanas y media. En su mayoría se levantan como pequeños edificios que contienen ataúdes, altares y símbolos religiosos coronados por ángeles y cruces en sus techos.

Confluyen en ellas una gran cantidad de estilos arquitectónicos como el eclecticismo, art nouveau, el art deco o incluso, el arte egipcio.

Una de las mayores curiosidades, tanto por su diseño como por su historia, es la tumba Tomás Guido quien fuera amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín. Su tumba fue levantada por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano, con piedras traídas de la Cordillera de los Andes.

Algunos sepulcros, como en de la familia Leloir, de la cual Luis Federico es el más conocido por haber recibido el Premio Nobel de Química en 1970, son imponentes. Otros sorprenden por sus historias y su arte, como el de Rufina Cambaceres.

El Cementerio de la Recoleta reúne la mayor concentración de tumbas de celebridades, empresarios y políticos argentinos, como la de Evita y la de Domingo Faustino Sarmiento. Tanto el cementerio en general como muchas de sus tumbas han sido declaradas sido declaradas Monumento Histórico Nacional.

2. CEMENTERIO DE PÈRE LACHAISE, PARÍS, FRANCIA

Este gran cementerio parisino de calles empedradas y jardines ingleses toma su nombre del confesor del Rey Luis XIV, el padre La Chaise.

Es un lugar verde y apacible ubicado sobre una suave loma con unos 70,000 terrenos cedidos en concesión para tumbas y sepulcros. Muchos de ellos son verdaderos monumentos que homenajean a quienes yacen allí. En particular nos llamaron la atención los recuerdos a soldados muertos, muchos de ellos anónimos, que dieron la vida por su patria.

Además, descansan allí grandes protagonistas de la historia y la cultura francesa, como Molière, Balzac, Champollion, Maria Callas, Edith Piaf e Yves Montand, e incluso extranjeros fallecidos en París como Frédéric Chopin, Oscar Wilde y Jim Morrison.

En el centro del cementerio se encuentra el imponente crematorio que constituye por sí mismo una extraordinaria obra de arquitectura diseñada por Jean-Camille Formigé.

Forma un complejo con el columbario anexo y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

3. CEMENTERIO JUDÍO, PRAGA, REPÚBLICA CHECA

Este cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que debajo de ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas.

Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas desconocidas que vivieron, amaron y sufrieron.

Está ubicado en Josefov, el barrio judío de Praga, que tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado.

Junto a la entrada del cementerio -cuya visita es conmovedora- se encuentra el antiguo edificio de la Jevrá Kadishá, la fraternidad fúnebre, que se ocupaba de los ritos funerarios que son de gran relevancia para la comunidad judía. El edificio, que se puede visitar, parece un pequeño castillo. Su construcción data de 1906 pero la Jevrá Kadishá de Praga fue creada en 1564[6].

Umberto Eco en 2011 publicó una novela que lleva el nombre del sitio, “El Cementerio Judío de Praga”, donde desenmascara la historia de los tristemente célebres “Protocolos de los Sabios de Sion”.

4. CEMENTERIO NACIONAL DE ARLINGTON, VIRGINIA, ESTADOS UNIDOS

Muy cerca de Washington D.C., apenas cruzando el río Potomac, se encuentra el cementerio militar más grande de los Estados Unidos, el Cementerio Nacional de Arlington.

Fue creado durante la Guerra de Secesión y contiene los restos de veteranos de todas las épocas, desde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos hasta las invasiones militares en Afganistán e Irak.

Impacta la enorme cantidad de lápidas blancas en fila con los nombres de hombres y mujeres que sirvieron (y murieron) por su país. 

Hay algunas tumbas especiales como la Tumba del Soldado Desconocido o el Memorial a John F. Kennedy que son muy visitadas, pero hay otros sitios importantes de recuerdo como el de las víctimas del fatídico 9-11, el correspondiente a los fallecidos en la explosión del transbordador espacial Challenger y el dedicado a las 259 víctimas del atentado aéreo a un vuelo de Pan Am en Escocia.

El lugar inspira un hondo respeto y mueve a reflexionar sobre la vida, la guerra y la muerte.

5. EL CEMENTERIO O NECRÓPOLIS DE COLÓN EN LA HABANA

Este magnífico cementerio levantado en la segunda mitad del siglo XIX fue creado para albergar la tumba de Cristóbal Colón. Sin embargo, nunca recibió los restos descubridor de América que por aquel entonces yacían en la catedral de La Habana.

Declarado Monumento Nacional, tiene magníficas bóvedas y tumbas anteriores a la revolución castrista, de gran valor histórico, cultural y artístico.

Quizás el sepulcro más visitado sea el panteón de la familia Falla y Bonet; entre otros elementos incluye una pirámide trunca granito gris pulido con un Cristo de bronce sobre ella. Considerada una de las piezas funerarias más bellas del planeta, es creación del escultor español Mariano Benlliure.

Una de las mayores curiosidades es que es el único lugar en la isla -según me explicaron allí- donde existe la propiedad privada. Aunque no hemos podido aún documentarlo, el guía que nos acompañó en la visita contó que por esa razón durante un tiempo una mujer trasladó allí su oficina.

Ángeles, mármoles y cruces en un tono intensamente blanco hacen de este cementerio una extraordinaria galería de escultura al aire libre digna de admirar y visitar.

6. CEMENTERIO GREYFRIARS, EDINBURGO, ESCOCIA

Este cementerio no se destaca como el de la Recoleta, el Père Lachaise o el de Colón en La Habana por su arte, ni tampoco como el Cementerio Judío de Praga o el Nacional de Arlington por el recogimiento, sino por la simpatía y el misterio.

Hablamos de simpatía pues cerca de la entrada se encuentra la famosa estatua de Bobby, el perrito que permaneció durante 14 años -hasta su muerte- junto a la tumba de su dueño. Hay una lápida que recuerda a este Skye Terrier que vivió a mediados del siglo XIX, que, en realidad, se encuentra enterrado en otro lugar del cementerio.

Pero dijimos misterio porque la leyenda cuenta que en el cementerio habita el fantasma de George “Bloody” Mackenzie, un abogado y político que encarceló en una prisión vecina a 1200 covenanters presbiterianos opuestos al gobierno católico que regía el Reino Unido durante la  segunda mitad del siglo XVII. Muchos de los reos fueron ejecutados y otros murieron debido al maltrato. Finalmente el rey Jacobo II fue derrocado en la Revolución Gloriosa en 1688 y tres años después Mackenzie murió y fue enterrado en este cementerio. Incluso hay tours nocturnos por el Greyfriars, considerado uno de los lugares más tenebrosos del planeta.

Al lado de Greyfriars se encuentra nada menos que la Georges Heriot’s School, un antiguo colegio que dicen que inspiró Hogwarts, “el mejor colegio de magia y hechicería del mundo”, según la saga de Harry Potter.

De paso, no hay visita a la ciudad de Edinburgo que no incluya la vista de la cafetería donde, según se cree, J.K. Rowling creó al famoso personaje.

7. CEMENTERIO DE LA SAINT’S PAUL CHAPEL, DE LA TRINITY CHURCH, NEW YORK, ESTADOS UNIDOS

La Capilla de San Pablo (en inglés, St. Paul’s Chapel), ubicada sobre la avenida Broadway en el Bajo Manhattan, forma parte de la famosa Trinity Church vecina a Wall Street. Fue construida en 1766, siguiendo el influyente diseño de la iglesia St Martin-in-the-Fields erigida en Londres por James Gibbs en 1721.

Esta iglesia episcopal que sobrevivió a los atentados de 2001 contra sus vecinas, las Torres Gemelas, cuenta en sus jardines con un antiguo cementerio abierto al público que recibe un millón de visitantes por año.

Están enterrados allí varios héroes de la independencia y otros neoyorquinos ilustres. A diferencia de los grandes cementerios, este pequeño camposanto no muestra panteones o bóvedas, sino simplemente tumbas identificadas por lápidas, la más antigua de 1704[7]. Otra sepultura datada en 1750 tiene una estrella sobre la piedra cincelada por un herrero pues en aquel entonces no había especialistas en la zona. En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a aparecer otros símbolos de fe en las tumbas y en ocasiones algún epitafio acompañando el nombre de las personas y la fecha de su defunción.

Este cementerio declarado Sitio Histórico Nacional es en sí mismo un valioso documento sobre el pasado de la ciudad y la nación, incluso antes de la declaración de su independencia. Constituye, a la vez, un remanso en medio del ajetreo de la Bolsa de Comercio de New York y las agencias bancarias. Invita a meditar sobre la vida y hacer lo que amamos mientras podamos.

CEMENTERIO GENERAL DE CHICHICASTENANGO, GUATEMALA

Guatemala conserva un alto porcentaje de la población indígena, en su mayoría correspondiente a tribus descendientes de los mayas. Entre ellos todavía se practica lo que se conoce como animismo católico, una fusión entre el cristianismo de los conquistadores y las creencias religiosas prehispánicas que mantiene vivas un conjunto de tradiciones, como las procesiones rituales.

En Chichicastenango, sede de un maravilloso mercado indígena que es también el más grande de Centroamérica, se vive una intensa espiritualidad. Según la tradición maya, honrar a los muertos mueve a los vivos a aceptar la inevitabilidad de la muerte.

Su cementerio, ha considerado por la National Geographic como uno de los más coloridos del mundo[8]. Sin embargo, no es un lugar bullicioso; más bien se impone un reverente respeto por los ancestros.

Los parientes pintan las tumbas de diferentes colores y para integrante hay un color asignado según su rol dentro de la familia. Vale la pena admirar las tumbas y entender que a través de sus colores el pueblo expresa su fe.

RESUMIENDO

Desde luego, los cementerios nos recuerdan la pérdida de los seres amados y la brevedad de nuestro paso por la vida, pero también son silenciosos testigos de la historia; en cada visita pueden revelarnos algunos de los secretos del pasado. Además, constituyen un espacio único de arte y arquitectura que nos conmueve por los sentimientos que comunica.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Corominas, Joan, “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas, Biblioteca Románica Hispánica, Gredós, 1961, tercera edición “muy revisada y corregida”, 2000, p.144

[2] 1ª Epístola a los Tesalonicenses 4:13,14

[3] La entrevista ha sido publicada por primera vez en “El Expositor Bautista”, agosto 1986, y posteriormente reproducida en varios websites. Puede leerse completa en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges” y puede leerse en https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[4] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, 2013, p.28

[5] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.7

[6] Entrevista al director del Museo Judío de Praga, Leo Pavlát, que puede leerse en https://www.radio.cz/es/rubrica/legados/antiguo-cementerio-judio-de-praga-un-lugar-magico-que-inspira

[7] https://www.nps.gov/sapa/learn/historyculture/stpaulschurchcemetery.htm

[8] https://www.nationalgeographic.com/travel/destinations/north-america/guatemala/chichicastenango-maya-cemetery/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA (por Pablo R. Bedrossian)

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

VICTORIA POR TODAS PARTES

La emoción que produce esta figura alada ha hecho que se multipliquen sus réplicas. Hay muchas curiosas, como la Victoria de Samotracia Azul de Yves Klein. Nosotros preferimos compartir algunas más sobrias que ilustran el amor por esta joya.

La primera que presentamos se encuentra en lo alto de una columna de capitel jónico en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise.

La segunda la encontramos en la casa y estudio de Frank Lloyd Wright en Oak Park, Chicago, Estados Unidos. El famoso arquitecto que diseñó el Guggenheim Museum de New York, The Rookery Building en Chicago y la Residencia Kaufmann, más conocida como “Fallingwater” o la “Casa de la Cascada”, decoró su oficina con una reproducción a menor escala que la original.

Las últimas dos que vamos a mencionar se encuentran en Buenos Aires, Argentina. La primera se ubica en un patio interior del Palacio Estrugamou, una monumental construcción de departamentos en la zona de Retiro. Aunque está prohibido la acceso del público al edificio, se puede admirar desde una de las entradas que dan a la calle Juncal. El ala izquierda es de menor tamaño que la del Louvre. Para nosotros es la más bella de todas las que hemos visto.

La otra se encuentra en el Museo Ernesto de la Cárcova y es un calco del original, de modo que conserva el tamaño original.

En un interesante trabajo Milena Gallipoli nos cuenta que el Louvre creó su taller de calcos en 1794 y funcionó como una entidad administrativa del museo a partir de 1854, generando grandes ingresos. “Por su parte, al ser propietario del original y poder tomar su molde para realizar vaciados en yeso, el Louvre también logró monopolizar la comercialización de las copias de esta reciente y famosa escultura. El taller de calcos la institución fue creado en 1794 y fue una entidad administrativa de la institución a partir de 1854 con la modificación de su estatuto y reglamentación, de modo que las ganancias representaban un beneficio directo para el museo, llegando a ser una de las entradas de dinero más significativas… De esta forma, el taller del Louvre funcionaba como una marca que le daba legitimidad a la copia adquirida. Esto era explicitado a través de la incorporación de una estampilla y una plaqueta, inclusión obligatoria a partir del Segundo Imperio (1852-1870), como una estrategia de prevención de falsificaciones y copias no autorizadas, siendo a la vez un medio de control de ventas”[1].  

No solo la Victoria de Samotracia es tapa de uno de los dos volúmenes de “Sculpture”, el gran libro de escultura de Taschen[2], la editorial de arte más importante del mundo, sino que está reproducida en libros y revistas y en tiendas de arte y tiendas de souvenirs. Su omnipresencia es un tributo, sin duda merecido, a su creador que hasta el día de hoy permanece en el anonimato.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gallipoli, M. Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX. MODOS. Revista de História da Arte. Campinas, v. 2, n.2, p.293-309, mai. 2018. Disponível em: ˂http://www.publionline.iar.unicamp.br/index.php/mod/article/ view/1059˃; DOI: https://doi.org/10.24978/mod.v2i2.1059

[2] Bruneau, Philippe; Torelli, Mario; Barral I Altet, Xavier; Guillot de Suduiraut, Sophie, “Sculpture”, Vol. 1: “From Antiquity to the Middle Ages”, Taschen, 1999


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.