CLAUDE LORRAIN, EL ARTISTA QUE PINTÓ AL REVÉS (por Pablo R. Bedrossian)

Para los expertos en arte el nombre de Claude Lorrain resulta familiar; en cambio, puede ser desconocido para el resto, pues no goza del prestigio de los grandes maestros del Renacimiento o de los impresionistas cuyas obras se han hecho populares. Sin embargo, fue un innovador y, para muchos, el primer pintor paisajista.

Con maestros de la talla de Leonardo, Miguel Ángel y Rafael en el cinquecento (el siglo que comenzó en 1501) se creyó que la pintura había alcanzado su máxima expresión. El peso de su rico legado produjo una crisis, pues la generación siguiente no tenía claro hacia dónde dirigirse. Las formas clásicas del Renacimiento comenzaron a exagerarse (el manierismo) y solo el talento de artistas como Tintoretto (1518-1594) o El Greco (1541-1614) evitaron que las comparaciones se vuelvan odiosas y destructivas. La posterior aparición de Caravaggio (1573-1600) con su naturalismo fue una bocanada de aire fresco al pasar de una tradición pictórica cuyas figuras remedaban esculturas a representaciones que parecían de carne y hueso. En ese entorno, donde el barroco también se abría paso, aparece Lorrain.

Claude Lorrain (1600-1682) nació en Francia un siglo después de aquella época dorada. Desde muy joven se trasladó a Italia donde desarrolló su carrera artística. Aunque su estilo nunca nos atrajo, reconocemos en él un extraordinario innovador: fue el primero en colocar el paisaje como el gran protagonista de un cuadro en lugar de emplearlo como el fondo de una escena. Se trata de vistas campestres, a veces con alguna construcción clásica o un lejano grupo de personas, pero donde la naturaleza ocupa el primer lugar.

PINTANDO AL REVÉS.

Cuando hablamos de pintar al revés no hacemos alusión a un aspecto técnico, como en el caso de Leonardo Da Vinci que era zurdo, escribía de derecha a izquierda y colocaba las letras en posición inversa, obligando a la lectura con un espejo[1]. Hablamos de algo totalmente diferente.

Imaginamos que un pintor recrea el paisaje que se extiende delante de él. Cuando observamos “Vista de Toledo” de El Greco entendemos que, más allá de algunas libertades, el artista representó con su peculiar estilo la ciudad en donde vivía. Lo mismo pasa cuando observamos “Amapolas” de Claude Monet: suponemos que ha sido fruto del artista contemplando la naturaleza.

Por el contrario, Lorrain no pintó lo que veía, sino lo que imaginaba. A pesar que utilizó elementos realistas, producto de su estudio de la campiña romana y las colinas aledañas, idealizó la naturaleza creando paisajes de ensueño bañados de sol. Volcó en sus telas imágenes de lugares que no existían.

Décadas después de su muerte los viajeros juzgaban un paisaje de acuerdo al ideal de belleza propuesto en los cuadros del Lorrain. E. H. Gombrich escribe “acaudalados ingleses fueron aún más allá y decidieron modelar el trozo de naturaleza que les pertenecía, en sus parques o haciendas, según los sueños de belleza de Claude Lorrain”[2]. Esos idílicos entornos naturales con castillos en ruinas impulsaron a los admiradores de Lorrain en la Gran Bretaña a transformar sus jardines para imitar aquellas creaciones[3]. Como en un cuento borgeano, todo sucedía a la inversa: en lugar que un paisaje inspirara una pintura, una pintura inspiraba un paisaje.

Incluso la palabra pintoresco se popularizó cuando comenzó a aplicarse específicamente a paisajes o jardines que recordaran a las pinturas de Lorrain. Luego, y como consecuencia de su uso primitivo, ese adjetivo –pittoresco en italiano, picturesque en inglés, pittoresque en francés- se extendió para describir objetos y lugares que nos parecen propios de una obra de arte.

DOS DETALLES MÁS DE CLAUDE LORRAIN

Debido a la fama que Claude Lorrain obtuvo en su tiempo, afloró una multitud de imitadores que vendía sus copias como si fueran originales. Para preservar su obra, el pintor creó el Liber Veritatis, un cuaderno de 195 dibujos con todas sus obras descritas en detalle, incluyendo datos de la venta, como el nombre del cliente y el precio del cuadro.

El espejo de Claude, un pequeño instrumento oscuro utilizado por los paisajistas ingleses de finales del siglo XVIII y principios del XIX, recibió su nombre en homenaje a Claude Lorrain. Gracias a su convexidad permitía ver secciones del paisaje a menor escala en tonalidades sepias, sirviendo como referencia para la creación de bocetos. Para utilizarlo, el artista debía dar la espalda al paisaje y observar el reflejo en el cristal.

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REFERENCIAS

[1] Isaacson, Walter, “Leonardo Da Vinci La Biografía”, Debate, Penguin Random House Grupo Editorial, 2018, p.44

[2] Gombrich, E.H., “La Historia del Arte”, Phaidon, 16ª Edición (revisada, ampliada y rediseñada), 1995, p.397

[3]  Gombrich, E.H., Op. cit., p.419


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LA ESTATUA DE LA LIBERTAD (por Pablo R. Bedrossian)

La Estatua de la Libertad, uno de los monumentos más famosos del mundo, fue un regalo del gobierno francés al pueblo de los Estados Unidos para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia. Recién pudo ser inaugurada diez años después, el 28 de octubre de 1886. La iniciativa de este colosal obsequio surgió del abogado y político Édouard Laboulaye, recordado en Argentina por una localidad que lleva su nombre, y tuvo como propósito fortalecer la amistad entre las dos naciones.

Emplazada en la Liberty Island (en español Isla de la Libertad) al sur de Manhattan, Nueva York, la imponente escultura tiene 46 metros de alto, y alcanza los 93 metros desde el suelo hasta la antorcha, si incluimos su base[1]. La mano derecha mide 5 metros y el dedo índice casi dos metros y medio. Solo el peso del cobre, material del que está hecha la estatua, es de 31 toneladas.

Fue diseñada por el francés Frédéric Auguste Bartholdi. Este escultor la había imaginado originalmente como un inmenso faro para el Canal de Suez[2]. Sin embargo, el proyecto presentado en 1867 a Ismail Pashá fue rechazado. El artista no se dio por vencido y logró que su idea, con cambios en el diseño, distinto nombre y una diferente solución estructural en hierro y acero desarrollada por el famoso ingeniero Gustav Eiffel, llegara a los Estados Unidos.

La imagen de inspiración clásica recuerda a la diosa griega Hécate tanto por su corona de siete rayos -en lugar del tradicional gorro frigio– como por la antorcha ardiente. La tea encendida se ha utilizado en el arte desde la antigüedad y el autor se ha servido de ella para representar la llama de la libertad. El brazo izquierdo sostiene una tabla donde está grabada en números romanos la fecha de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos.

Se discute quién fue la modelo utilizada para el rostro. La mayoría de los expertos piensa en la madre del artista, Charlotte Bartholdi; sin embargo, otros postulan a Isabella Boyer, viuda del millonario inventor Isaac Singer; esta dama contrajo nuevamente nupcias con el músico holandés Victor Reubsaet, por quien obtuvo el título de Duquesa de Camposelice. Conoció a Bartholdi durante su segundo matrimonio, pues la pareja se había radicado en París.

La base fue realizada por el arquitecto y escultor Richard Morris Hunt. El pedestal está conformado por un bloque de hormigón, mientras que la base, que incluye una loggia neoclásica (una galería exterior con arcos sobre columnas, techada pero abierta en uno o más lados) está hecha de granito y hormigón[3].

RÉPLICAS DEL TALLER DE BARTHOLDI

Aunque hay muchas réplicas, queremos presentar algunas cuyo singular valor proviene de su origen. Desde luego, no nos referimos a las reproducciones vendidas como souvenirs, sino a aquellas que proceden del taller del escultor. Comencemos diciendo que la firma Gaget, Gauthier et Cie, donde se hicieron las piezas de cobre, creó un importante número de miniaturas para la inauguración.

Aunque hay otras en París, nos interesa la que está ubicada en los Jardines de Luxemburgo. Nos referimos a un modelo en bronce que utilizó Bartholdi para hacer la enorme escultura enviada a Nueva York. Fue obsequiado por el artista al Museo de Luxemburgo de París en 1900, para la Exposición Universal desarrollada la ciudad. En 1906, a sugerencia de la viuda de su creador[4], se la trasladó a los Jardines. Aunque fue reemplazado por una copia en 2012, hay en su base una conmovedora placa recordando a las víctimas del atentado del 11 de septiembre de 2001, otro símbolo de la amistad franco-norteamericana, tan decisiva durante la 2ª Guerra Mundial.

Sin embargo, el original está al alcance de todos. Se puede observar en el salón principal del Musée d’Orsay de París. Mide casi tres metros y conviene apreciarla desde uno de los balcones.

Más interesante aún es una réplica en hierro rojo también surgida de los moldes del artista, ubicada en las Barrancas de Belgrano, en Buenos Aires. Adquirida por la Municipalidad de la ciudad fue inaugurada poco antes que la de Nueva York.

Aunque ha perdido su color original, conserva los detalles de su enorme gemela de Nueva York.

Tiene grabada la firma de Bartholdi en la base de uno de sus lados.

No es esta la única Estatua de la Libertad en Buenos Aires; hay una sin el diseño de Bartholdi coronando el frontón de la Escuela Normal Superior Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicada sobre la avenida Callao entre la avenida Corrientes y la calle Lavalle.

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REFERENCIAS

[1]“Statue of Liberty”, National Park Service, https://www.nps.gov/stli/learn/historyculture/statue-statistics.htm

[2] Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell’Arco, Maurizio; Souchal, François, “Sculpture”, Vol. 2: “From the Renaissance to the Present Day”, Taschen, 1999, p.373

[3] Bartolini, Flaminia, “The Statue of Liberty”, en “Wonders of the World”, editado por Alessandra Capodifierro, Barnes & Noble Books, 2004, p.255

[4] Sin firma, “La Liberté à Orsay”, Musée d’Orsay, 2020, https://www.musee-orsay.fr/fr/collections/bienvenue/actualites/la-liberte-a-orsay.html


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LA VICTORIA DE SAMOTRACIA (por Pablo R. Bedrossian)

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

VICTORIA POR TODAS PARTES

La emoción que produce esta figura alada ha hecho que se multipliquen sus réplicas. Hay muchas curiosas, como la Victoria de Samotracia Azul de Yves Klein. Nosotros preferimos compartir algunas más sobrias que ilustran el amor por esta joya.

La primera que presentamos se encuentra en lo alto de una columna de capitel jónico en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise.

La segunda la encontramos en la casa y estudio de Frank Lloyd Wright en Oak Park, Chicago, Estados Unidos. El famoso arquitecto que diseñó el Guggenheim Museum de New York, The Rookery Building en Chicago y la Residencia Kaufmann, más conocida como “Fallingwater” o la “Casa de la Cascada”, decoró su oficina con una reproducción a menor escala que la original.

Las últimas dos que vamos a mencionar se encuentran en Buenos Aires, Argentina. La primera se ubica en un patio interior del Palacio Estrugamou, una monumental construcción de departamentos en la zona de Retiro. Aunque está prohibido la acceso del público al edificio, se puede admirar desde una de las entradas que dan a la calle Juncal. El ala izquierda es de menor tamaño que la del Louvre. Para nosotros es la más bella de todas las que hemos visto.

La otra se encuentra en el Museo Ernesto de la Cárcova y es un calco del original, de modo que conserva el tamaño original.

En un interesante trabajo Milena Gallipoli nos cuenta que el Louvre creó su taller de calcos en 1794 y funcionó como una entidad administrativa del museo a partir de 1854, generando grandes ingresos. “Por su parte, al ser propietario del original y poder tomar su molde para realizar vaciados en yeso, el Louvre también logró monopolizar la comercialización de las copias de esta reciente y famosa escultura. El taller de calcos la institución fue creado en 1794 y fue una entidad administrativa de la institución a partir de 1854 con la modificación de su estatuto y reglamentación, de modo que las ganancias representaban un beneficio directo para el museo, llegando a ser una de las entradas de dinero más significativas… De esta forma, el taller del Louvre funcionaba como una marca que le daba legitimidad a la copia adquirida. Esto era explicitado a través de la incorporación de una estampilla y una plaqueta, inclusión obligatoria a partir del Segundo Imperio (1852-1870), como una estrategia de prevención de falsificaciones y copias no autorizadas, siendo a la vez un medio de control de ventas”[1].  

No solo la Victoria de Samotracia es tapa de uno de los dos volúmenes de “Sculpture”, el gran libro de escultura de Taschen[2], la editorial de arte más importante del mundo, sino que está reproducida en libros y revistas y en tiendas de arte y tiendas de souvenirs. Su omnipresencia es un tributo, sin duda merecido, a su creador que hasta el día de hoy permanece en el anonimato.

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REFERENCIAS

[1] Gallipoli, M. Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX. MODOS. Revista de História da Arte. Campinas, v. 2, n.2, p.293-309, mai. 2018. Disponível em: ˂http://www.publionline.iar.unicamp.br/index.php/mod/article/ view/1059˃; DOI: https://doi.org/10.24978/mod.v2i2.1059

[2] Bruneau, Philippe; Torelli, Mario; Barral I Altet, Xavier; Guillot de Suduiraut, Sophie, “Sculpture”, Vol. 1: “From Antiquity to the Middle Ages”, Taschen, 1999


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“VENECIA, CAPITALES DEL ARTE”, LA SUMMA LITERARIA EN SU GÉNERO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Para los amantes del arte este libro es una joya. Fue editado originalmente en 1999 por Leonardo Arte de Milán y reeditado ese mismo año por Editorial Electa de España, que es la versión en castellano que presentamos. Encuadernado con hojas de papel ilustración de gran tamaño y tapa dura, ofrece un extraordinario contenido visual y magníficos textos bajo la dirección de Stefano Zuffi, un premiado historiador del arte reconocido internacionalmente.

Contiene la historia del arte que acompañó indisolublemente a La Serenísima República de Venecia, la poderosa ciudad-estado que existió como nación independiente hasta 1797. Hoy Venecia es parte de Italia, pero conserva mucho de su peculiar identidad a través de su arquitectura y de su arte.

La Serenísima fue levantada sobre islas pantanosas en una laguna ubicada frente al mar Adriático. Aunque se cree que fue fundada en el siglo IV, comenzó a ser reconocida a partir del siglo IX. Paulatinamente fue ganando preponderancia hasta convertirse en una de las potencias más grandes y ricas de Europa.

El libro comienza con el estilo románico que los arquitectos venecianos fusionaron con el arte bizantino, debido al poderío naval y comercial de su república y los vínculos establecidos tempranamente con el Imperio Romano de Oriente con sede en Constantinopla (hoy Estambul). Dedica un excelente espacio al símbolo de este periodo, la gloriosa Basílica de San Marcos.

La obra continúa con la Baja Edad Media, el Trecento y la primera mitad del Quattrocento, periodo donde la arquitectura es dominada por un estilo gótico con sabor local. Sin embargo, el foco de la obra es el Cinquecento, donde el Renacimiento todo lo crea, todo lo abarca y todo lo transforma. Hay bellas reproducciones de obras de Giorgione, Tiziano, Lotto, Tintoretto y Veronese e incluso de Leonardo Da Vinci, ilustre visitante de la ciudad, cuyo famoso dibujo “El hombre de Vitrubio” es propiedad de la Gallerie dell’Accademia, el famoso museo de Bellas Artes local.

De allí pasa al barroco del siglo XVI y luego al último siglo de la república veneciana, donde se destacan Tiepolo y Canaleto. En 1797 Venecia sucumbirá como nación ante las fuerzas de Napoleón que la anexará a Austria.

En “Venecia, Capitales de Arte” tampoco falta la narración visual y el análisis de las artes plásticas durante los siglos XIX y XX, antes y después de la integración a la Italia Moderna. Incluso hay un apartado dedicado a la colección Peggy Guggenheim, un museo fundado por la famosa millonaria heredera.

Venecia es una ciudad que ha escrito una historia del arte de valor universal. Este libro es fiel testimonio de ese hecho, presentando sus más preciosas perlas.

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“ARMENIA!”, SU HISTORIA CONTADA A TRAVÉS DEL ARTE EN EL MET DE NEW YORK (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ARMENIOS EN EL MUNDO

El Metropolitan Museum of Art, más conocido como MET, es el museo más importante de Nueva York, y junto a la National Gallery de Washington y Art Institute of Chicago uno de los tres más prestigiosos de los Estados Unidos. Del 22 de septiembre de 2018 al 13 enero de 2019 presentó “Armenia!”, una magnífica exposición de 148 piezas que representan la cultura armenia del siglo IV al siglo XVII.  En su mayoría son esculturas en piedra y manuscritos bíblicos iluminados que muestran la importancia de la fe cristiana para el pueblo armenio.

Presentamos aquí diez de las obras de la exposición que testimonian esa milenaria historia a través del arte. Nuestra fuente principal de información es el propio catálogo de la exposición. Procuramos seguir un orden cronológico, agregando también algo de nuestro conocimiento acerca de un pueblo que ha sobrevivido a innumerables tragedias.

1. LA ESTELA DE CUATRO LADOS (SIGLO IV O V)

Esta estela pertenece al Monasterio de Kharaba (Kharabavank‘). Labrada en el siglo IV o V, está hecha en toba, un tipo de roca porosa. Estela (en latín stela, que a su vez proviene del griego stéle) describe una piedra con inscripciones colocada verticalmente sobre el suelo.

El monumento constituye una de las esculturas cristianas de Armenia más tempranas que se conservan. Representa a San Gregorio El Iluminador, quien predicó el evangelio al pueblo, y a un hombre con cabeza de animal, que podría tratarse del rey Tirídates III, que gobernó entre el año 287 y el 330 d.C.  Según la leyenda, este rey se transformó en un jabalí tras torturar y asesinar a una muchacha cristiana llamada Hripsime que se negó a tener contacto con él. Solo San Gregorio, quien estaba encarcelado a causa de su fe, pudo sanarlo. Por ese milagro Tiridates III en el año 301 declaró el cristianismo como religión oficial. Aunque no hay evidencia alguna de la leyenda, sí se sabe que Hripsime fue martirizada en Armenia, aproximadamente en el año 290 junto a otras jóvenes cristianas. Volviendo a la estela, la Virgen y el Niño aparecen entronizados en uno de los lados y en otro hay un hombre desnudo que podría ser el donante.

2. FOLIO DE UN TEXTO DE UNA DE LAS CARTAS DE SAN PABLO A LOS CORINTIOS (SIGLOS V AL X)

En el año 405 el erudito Mesrop Mashtots desarrolló un alfabeto para la traducción de la Biblia al armenio. Su creación impulsó el nacimiento de una literatura nacional. Este trozo de una de las cartas del apóstol Pablo a los Corintios fue realizado en tinta sobre pergamino entre los siglos V al X. El copista utilizó la letra erkat’agir, un tipo de mayúsculas sin espacios entre las palabras (práctica que también se seguía en la primitiva escritura en griego). Nótese que la última letra de cada línea se separa de las demás para crear una columna perfectamente alineada. La hoja sobrevivió de forma azarosa pues fue insertada delante manuscritos posteriores para protegerlos. Con el tiempo, la escritura erkat’agir, se convirtió en la escritura de bolorgir, más redondeada, que fue la habitual entre los siglos XIII y XIV.

3. CAPITEL CON CRUZ (SIGLO V)

El símbolo más popular del arte medieval armenio fue la cruz. Este capitel del siglo V muestra una cruz que se afina hacia el centro y se ensancha hacia los costados, con árboles delgados a sus lados. Se trata de una de las piezas primitivas de la antigua basílica de Yererouk cuyas ruinas aún sobreviven y constituyen uno de los mejores ejemplos de arquitectura paleocristiana armenia.

4. FRAGMENTO DE CAPITEL DE LA CIUDAD DE DVIN (ENTRE LOS SIGLOS V Y VII)

Este fragmento de un capitel que se ha datado entre los siglos V y VII d.C. perteneció a patriarcado de la ciudad de Dvin, una gran urbe comercial en la Alta Edad Media que llegó a albergar 100,000 habitantes. Fue sede de los reyes armenios de la dinastía arsácida. En el siglo IX padeció dos terribles terremotos, de los más conocidos de la antigüedad.

A la izquierda se observa un busto de Cristo con el pelo largo esculpido en la piedra, formando la sección superior de una cruz. Un ángel tallado a la derecha sostiene la cruz.  

5. DOS CUENCOS DE VIDRIO (SIGLO IX)

El bol o cuenco de la izquierda corresponde a mediados del siglo IX y es de mosaico de vidrio, también conocido como millefiori (mil flores), técnica utilizada en la antigüedad, común en Samarra, ciudad a 100km de Bagdag, que fuera capital transitoria del califato abásida. Se supone que este recipiente llegó a Dvin traído por alguno de los príncipes armenios o naxarars (señores feudales) que habían sido tomados como rehenes en Samarra después de que los abasíes capturaron Armenia. Los que sobrevivieron regresaron a Armenia con obsequios y estatus mejorado.

El bol o cuenco de la derecha está datado entre los siglos XI y XII. Su fondo contiene la imagen de un ave heráldica, quizás un águila, con las alas extendidas. La técnica utilizada es una imitación de un lustre cerámico costoso y complejo, popular en el mundo islámico de la época. Se han encontrado piezas semejantes en Dvin y es probable que esta pieza provenga de un taller armenio de esa ciudad.

6. KHACHKAR, EN ARMENIO “CRUZ DE PIEDRA” (SIGLO XII)

Las imponentes cruces de piedra llamadas khatchkars o jachkar son los símbolos más conocidos de la fe cristiana en territorio armenio. Desde 2010 su significado y técnica de esculpido forman parte del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad de la UNESCO.  

Esta cruz de piedra del siglo XII tiene el centro de su base, con un fino y pequeño labrado una representación de los cuatro evangelios: La gran cabeza del ángel de San Mateo preside las cabezas más pequeñas del león de San Marcos, el buey de San Lucas (de lado) y el águila de San Juan (de perfil). Según el catálogo, esta khatchkar provino del norte de Armenia, una región que cayó en manos de los mongoles poco después, a principios del siglo XIII.

7. EVANGELIO DE JUAN (FINALES DEL SIGLO XII)

Este es un manuscrito iluminado del Evangelio de Juan elaborado en el año 1193. Según el catálogo de la exposición, el libro se utilizó en el periodo de los hetumidas, dinastía armenia que gobernó el reino de Cilicia años después. Más allá de las fechas, el libro posee una bellísima ornamentación cuya página izquierda muestra una escena de la crucifixión en dos dimensiones sobre fondo dorado.

8. FRAGMENTO DE OTRA KHACHKAR (SIGLOS XIII AL XIV)

Preferimos mostrar solo una sección de esta otra cruz de piedra para admirar sus espléndidos detalles. Este estilo de talla de encaje es propio de las khatchkars o jachkar de los siglos XIII y XIV, especialmente en el sur de Armenia. El ángel que vemos es uno de los portan la cruz, probablemente aludiendo a la Segunda Venida de Jesucristo, según el evangelio de Mateo 24:30-31.

9. VISTA PARCIAL DE RELICARIO EN FORMA DE BRAZO (PRINCIPIOS DEL SIGLO XIV)

Hecha en plata con lámina de plata dorada, filigrana retorcida y piedras preciosas, este curioso relicario proviene del reino de Cilicia, también conocido como la Pequeña Armenia, un reino cuya capital era la ciudad de Sis y que mantuvo su independencia entre 1078 y 1375

Este antiguo brazo metálico cuenta con elementos agregados en una restauración de 1926. Tanto la imagen en la mano como la inscripción dedicatoria de 1315 del catholicos (máxima autoridad de la Iglesia Apostólica Armenia) Kostandin III lo identifican como el brazo de San Nicolás, el santo patrón de mercaderes y marineros.

10. TABULA CHOROGRAPHICA ARMENICA (FINALES DEL SIGLO XVII)

Este enorme mapa de 1691, del cual solo mostramos un trozo, muestra la expansión de la Iglesia Apostólica Armenia. K‘eomiwrchean, su creador, ilustró casi ochocientos sitios en el mapa, incluidos los principales centros eclesiásticos armenios dentro de su territorio y los patriarcados fuera de él, en Jerusalén y Constantinopla. También muestra la presencia religiosa armenia en el Imperio Otomano incluyendo iglesias y monasterios.  

QUIÉNES SON LOS ARMENIOS

Los armenios se consideran a sí mismos como descendientes de Noé. Según Génesis 10:3, Jafet, uno de los tres hijos de Noé, tuvo un nieto llamado Togarma (Torkom para los armenios). Según antiguas tradiciones “Haik, un legendario hijo de Torkom, se establece con su familia en la planicie más elevada del Ararat a la que llamo Hayastan (‘La tierra de Haik’)”. Haik habría huido del rey Belo, constructor de la torre de Babel (Babilonia) para no someterse a su vasallaje. En cambio, para Heródoto y Estrabón, los armenios eran oriundos de Europa y habían llegado al Asia Menor para radicarse finalmente en la tierra de Urartú (Ararat)[1] .

Armenia fue la primera nación en reconocer el cristianismo y adoptarlo como religión oficial, en el 301 d.C., antes incluso que el Imperio Romano. Armenia gozó de algunos periodos de independencia e incluso poderío, conformando la “Gran Armenia” que se observa en los grandes mapas de las salas de cartografía de antiguos palacios y museos. Sin embargo, siendo paso obligado entre Oriente y Occidente por siglos quedó sometida a diversas potencias. Tal como lo explicaba un póster de esta exposición, bizantinos, persas, árabes, selyúcidas, mongoles y otomanos la invadieron y sometieron.

Pese a tanto sufrimiento, mantuvo la identidad nacional a través de su idioma, su iglesia (la gloriosa Iglesia Apostólica Armenia), sus tradiciones y su cultura, incluyendo su música, su literatura y su gastronomía. Luego del genocidio perpetrado por los turcos a principios del siglo XX una pequeña porción oriental logró constituirse como nación independiente en 1918 pero rápidamente quedó bajo el poder soviético. Finalmente, en 1991 alcanzó su plena independencia.

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REFERENCIAS

[1] Bedrossian, Eduardo “Síntesis de la Historia Armenia”, 1998


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LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA NAVIDAD Y LOS REYES MAGOS (por Pablo R. Bedrossian)

Tal como cuando publicamos “Las Mejores Obras de Arte sobre La Crucifixión, Muerte y Resurrección de Jesucristo”[1] esta selección contiene nuestras obras preferidas sobre el nacimiento de Jesús. Las hemos ordenado según la cronología que ofrece el Nuevo Testamento, esperando que la misma luz que brilló en Belén ilumine todos los corazones ahora y siempre.

“LA ANUNCIACIÓN” POR LEONARDO DA VINCI (MUSEO DE LOS UFFIZI, FLORENCIA, ITALIA)

De los cuatro relatos de la vida de Jesús, llamados evangelios, solo dos relatan el nacimiento de Jesús: Mateo y Lucas. Mientras Marcos comienza con el bautismo, Juan lo hace con un prólogo de alto contenido teológico. Lucas es quien ubica los hechos en la Historia y cuenta los pormenores de lo sucedido, incluyendo la anunciación, un motivo preferido en el arte.

“Al sexto mes el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea, llamada Nazaret, a una virgen desposada con un varón que se llamaba José, de la casa de David; y el nombre de la virgen era María. Y entrando el ángel en donde ella estaba, dijo: ¡Salve, muy favorecida! El Señor es contigo; bendita tú entre las mujeres. Mas ella, cuando le vio, se turbó por sus palabras, y pensaba qué salutación sería esta. Entonces el ángel le dijo: María, no temas, porque has hallado gracia delante de Dios. Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS. Este será grande, y será llamado Hijo del Altísimo; y el Señor Dios le dará el trono de David su padre; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin”[2].

Generalmente al representar la anunciación los artistas ubican al ángel y a la virgen en dos planos diferentes, una separación entre lo natural y los sobrenatural. Entre los muchos artistas que han abordado este tema se encuentran Sandro Botticelli, Jan van Eyck[3] y Fra Angélico quien declaró “quien desea pintar la historia de Cristo debe vivir con Cristo”[4]’; nosotros hemos preferido centrarnos en “La Anunciación” de Leonardo Da Vinci.

“La Anunciación” fue pintada, según se cree, entre 1473 y 1475[5] en Florencia. Obviamente es una recreación idealizada del texto. Por ejemplo, en ninguna parte de los evangelios se nos dice que los ángeles eran seres alados, una concepción propia de la época medieval[6]. Lo que nos llama la atención, más allá de la representación de la escena con elementos contemporáneos al artista (las vestimentas, el fondo, la mesita, el atril con el libro delante de la Virgen) y el maravilloso efecto producido por el contraste de colores, es la actitud de María. En la pintura tradicional se la representaba con cierta turbación; Leonardo innova, mostrándola con aceptación y humillación. Los detalles de la obra la convierten en una obra maestra. Contiene el anticipo de “aquel Verbo fue hecho carne, y habitó entre nosotros”[7].

“LA VISITACIÓN” POR JACOPO PONTORMO (IGLESIA DE SAN MICHELE, CARMIGNANO, TOSCANA, ITALIA)

Dice Lucas en su evangelio que primeramente un ángel le hizo una promesa a Zacarías, un sacerdote judío de la orden de Abías, cuando fue su turno de servir en el templo[8]. Este anciano tendría al fin un hijo, Juan El Bautista, profeta que viviría en el desierto llamando al pueblo hebreo al arrepentimiento. El anuncio dejó mudo al padre. Al regresar a su casa, en las montañas de Judea, su esposa Elisabet, que hasta ese momento había sido estéril, quedó embarazada.

María, estando encinta de Jesús, fue a visitar a Elisabet, porque eran parientes. El encuentro se conoce como la visitación. Según el relato bíblico, Juan El Bautista saltó de alegría en el seno de su madre al reconocer que María llevaba en su vientre a Jesús[9].

Los pintores suelen representar a Elisabet como a una anciana y a María como una mujer joven[10]. Para esta selección hemos preferido “La visitación” de Jacopo Pontorno, creada entre 1528-1529. Dos testigos en pose neutra nos mueven a fijar la atención en las protagonistas. Nótese la conexión que establecen las miradas y el delicado abrazo creado por el artista. Los colores de los vestidos con sus delicados pliegues crean una atmósfera luminosa que embellece una íntima escena familiar.

“EL PESEBRE” POR ALFRED0 GRAMAJO GUTIÉRREZ (MUSEO NACIONAL DE BELLAS ARTES, BUENOS AIRES, ARGENTINA)

Jesús nació seis meses después que Juan El Bautista[11]. Como dijimos, Lucas ubica ese momento en la Historia: “Aconteció en aquellos días, que se promulgó un edicto de parte de Augusto César, que todo el mundo fuese empadronado. Este primer censo se hizo siendo Cirenio gobernador de Siria. E iban todos para ser empadronados, cada uno a su ciudad. Y José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David, que se llama Belén, por cuanto era de la casa y familia de David; para ser empadronado con María su mujer, desposada con él, la cual estaba encinta. Y aconteció que estando ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento”[12].

Inmediatamente ofrece un dato sorprendente: el Mesías, descendiente del rey David, no nacía en cuna de oro: “Y dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón”[13]. A diferencia de otros relatos evangélicos, el establo no es atribuido a ninguna profecía, sino a cuestiones circunstanciales. Simplemente el lugar donde lo tocó nacer a Jesús: el mesías naciendo entre el heno y el olor espeso de los animales.

La obra que elegimos para ilustrar ese momento es un tríptico del pintor argentino Alfredo Gramajo Gutiérrez, propiedad del Museo Nacional de Bellas Artes de Buenos Aires, que durante nuestras visitas nunca encontramos expuesto. Se trata de la tradicional representación navideña de aquel pesebre en el norte argentino.  En los paneles externos se encuentran las personas que se acercan al Niño Dios mientras que en el central las figuras de la Sagrada Familia están ubicadas al fondo, enmarcadas por plantas por delante y cerros por detrás. Vale la pena detenerse en la expresión de los paisanos, verdaderos protagonistas de la obra, quienes a pesar de su aspecto respetuoso y reverente revelan una profunda emotividad. Representan la respuesta humana a un hecho inexplicable: la entrada de Dios en la Historia.

“LA ADORACIÓN DE LOS PASTORES” POR JUAN BAUTISTA MAINO (MUSEO HERMITAGE, SAN PETERSBURGO, RUSIA)

El nacimiento de Jesús no fue celebrado ni por la monarquía, ni la jerarquía religiosa. “Había pastores en la misma región, que velaban y guardaban las vigilias de la noche sobre su rebaño.  Y he aquí, se les presentó un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor; y tuvieron gran temor.  Pero el ángel les dijo: No temáis; porque he aquí os doy nuevas de gran gozo, que será para todo el pueblo: que os ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es CRISTO el Señor. Esto os servirá de señal: Hallaréis al niño envuelto en pañales, acostado en un pesebre… Sucedió que cuando los ángeles se fueron de ellos al cielo, los pastores se dijeron unos a otros: Pasemos, pues, hasta Belén, y veamos esto que ha sucedido, y que el Señor nos ha manifestado. Vinieron, pues, apresuradamente, y hallaron a María y a José, y al niño acostado en el pesebre. Y al verlo, dieron a conocer lo que se les había dicho acerca del niño.”[14].

La escena de los pastores en el pesebre ha sido otro tema recurrente en la historia del arte. Si bien bajo una visión romántica, estas obras representan la humilde llegada de Jesús al mundo rodeado de personas sencillas, sin pretensiones ni ostentaciones. Para ilustrar el relato hemos elegido una obra del español Juan Bautista Maino. No nos interesa el revoltijo de angelitos infantiles que sobrevuelan la escena, sino la apacible imagen que se encuentra debajo.

La mayoría de los pastores conversa distraídamente. Junto a un José anciano y una María suplicante, solo las bestias y uno de los pastores, con el gesto contrito de sus manos, observan a Jesús convirtiendo convierte en una metáfora: Jesús llega al mundo para salvar a todos los hombres, pero solo unos pocos lo reciben en su corazón mientras el resto permanece indiferente.

“LA ADORACIÓN DE LOS MAGOS” POR LEONARDO DA VINCI (MUSEO DE LOS UFFIZI, FLORENCIA, ITALIA)

Es asombroso que una de las pinturas más admiradas de la historia sea una obra inconclusa. Por supuesto, el mérito corresponde a la suprema maestría de Leonardo Da Vinci.

Solo Mateo relata en su evangelio la misteriosa visita de unos magos de Oriente que siguiendo una estrella buscaban al nuevo rey: “Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle… y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo. Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra”[15].

Nótese que los famosos Reyes Magos no eran ni reyes ni tres, sino probablemente astrónomos que buscaban señales en el cielo. Su presencia junto a Jesús recién nacido ha sido muy retratada a lo largo de los siglos con una reiterada inexactitud histórica: siempre se les ubica en el establo cuando el texto establece que el Niño ya se encontraba en una casa.

Leonardo recibió el encargo de realizar esta pintura en 1481, cuando tenía 29 años. Casi todos los personajes del cuadro se encuentran realizando algún movimiento ligado a una singular emoción por la llegada del Mesías. Aunque aún se desconocen las razones por las que Da Vinci nunca terminó el cuadro se cree que fue a causa de su perfeccionismo: hallaba defectos donde los demás veían prodigios[16].

Pero yendo un poco más allá, hay un acontecimiento en el que texto bíblico y la pintura coinciden: Jesús fue adorado, acto reservado solo a Dios, desde el principio, tal como lo fue al final tras su resurrección[17].

“LA ADORACIÓN DE LOS REYES MAGOS” POR ÁNGEL ZÁRRAGA (MUSEO NACIONAL DE ARTE, MÉXICO D.F., MÉXICO)

Una representación totalmente diferente de esta escena bíblica fue creada en 1911 por el pintor mexicano Ángel Zárraga.

Esta obra poco conocida, cercana al muralismo, fusiona las culturas indígenas americanas con la tradición oriental, dándole un sabor local a una escena universal.

Cuando la vimos nos conmovió pues representa quizás sin proponérselo el artista aquel pasaje de la Epístola del apóstol Pablo a los Filipenses cuando hablando de Jesús dice “siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse,  sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre”[18].

“TONDO DONI” O “SAGRADA FAMILIA” POR MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI (MUSEO DE LOS UFFIZI, FLORENCIA, ITALIA)

Aunque la Biblia habla poco de José, nos provee algunos datos. Era de la tribu de Judá[19], descendiente del rey David[20], de profesión carpintero[21], esposo de María[22], y en su entorno se creía que Jesús era su hijo[23]. El evangelio de Mateo dice también que José “no conoció a su esposa[24] hasta que dio a luz a su hijo primogénito …” con un sentido claramente carnal. Nótese que señala a Jesús como el primogénito[25] de la familia que conformaba con María, no el unigénito, y posteriormente menciona a los hermanos y hermanas de Jesús (incluso a los varones por su nombre: Jacobo, José, Simón y Judas)[26]. Para los evangélicos y reformados Jesús nació de la Virgen María, pero luego ella tuvo otros hijos con José; en cambio, para los católicos, que creen en la perpetua virginidad de María, estos “hermanos del Señor” serían, en realidad, primos, y para los ortodoxos, hijos de un matrimonio previo de José, del cual había enviudado. Sea cual fuere la explicación, José no aparece durante la actividad pública que Jesús inicia cuando tendría unos 30 años[27], y es representado en el arte como un anciano que ocupa un lugar secundario, ocupando el centro la Virgen y el Niño.

Sin embargo, Miguel Ángel recrea una familia donde el padre ocupa un lugar importante. Se trata de una innovadora composición de forma circular realizada en 1506 que muestra un curioso movimiento, donde Jesús parece pasar de los brazos de uno de sus padres al otro. Quizás, debido a la formación de su autor, debemos ver esta figura como una escultura en dos planos. Es una escena de rasgos manieristas donde se observa el profundo cuidado de un hijo. “También sorprenden la posición prominente y la presencia comprometida de san José, que en las representaciones de la Sagrada Familia mantiene habitualmente una actitud pasiva o ausente… por el contrario, en el tondo Doni no solo descuella ampliamente sobre la Virgen, sino que interviene claramente en el acontecimiento representado mediante la entrega del Niño”[28].

La persona de José no debe ser desdeñada. Fue a él quien un ángel le advirtió en sueños de la matanza que Herodes haría los inocentes en Belén y salvó su familia llevándola presurosamente a Egipto[29].

“MADONNA AND CHILD” POR SALVADOR DALÍ (TARJETA DE HALLMARK)

Hallmark, la famosa compañía norteamericana de tarjetas de felicitación, en 1960 encargó a Salvador Dalí la realización de unas postales navideñas. El genial y extravagante artista (en nuestra opinión, el más grande luego de Leonardo y Miguel Ángel) impuso sus condiciones (pago anticipado, libertad absoluta, ninguna fecha de entrega) y se dice que realizó en pocas horas su tarea. De las diez viñetas, solo fueron publicadas dos, entre ellas La Virgen con el Niño, que compartimos.

Aparentemente la obra no fue del gusto del público de los Estados Unidos y fue retirada al poco tiempo. Sin embargo, para nosotros tiene un alto valor por la ternura que transmite y la luz que irradian sus colores.

“LA VIRGEN Y EL NIÑO” O “LA VIRGEN DE BRUJAS” POR MIGUEL ÁNGEL BUONARROTI (IGLESIA DE NUESTRA SEÑORA DE BRUJAS, BRUJAS, BÉLGICA)

¿Qué habrá sentido María al estar a solas con su hijo? Esta es una de las pocas esculturas (acaso la única) de Miguel Ángel fuera de Italia. Se dice que la causa del poco interés en ella se debió a que Jesús aparece con los ojos cerrados; sin embargo, fue hecha por encargo para unos comerciantes belgas[30]. Observamos una Virgen triste y ensimismada, con los hombros caídos y la mirada ausente. Su mano derecha sostiene un libro mientras que la izquierda de entrelaza con la mano derecha del Niño. Si bien mantiene puntos de contacto con La Piedad, una de las obras maestras del artista, la escultura conserva su propia originalidad.

A diferencia de las típicas representaciones medievales y renacentistas, en este mármol esculpido en 1504 Jesús no aparece sentado en el regazo de su madre, sino apoyado en el suelo, con proporciones más grandes que las de su corta edad. Además, su movimiento contrasta con la rigidez de María que parece mantener un diálogo interior sin dedicar su atención al Niño.

Es probable que esa enigmática tristeza represente la plena consciencia del doloroso destino de su hijo. Si bien los evangelios no describen los sentimientos maternos, sí nos cuentan que “María guardaba todas estas cosas, meditándolas en su corazón”[31].

“LA HUIDA A EGIPTO” POR JOSEP CUSACHS (CAPILLA DE LA SAGRADA FAMILIA, BASÍLICA Y CAMARÍN DE LA VIRGEN DE MONTSERRAT, ESPAÑA)

La primera niñez de Jesús, tal como la conocemos, termina con la huida a Egipto y el posterior regreso a la región de Galilea. Volvamos a los Magos. Ellos inicialmente se dirigieron a Jerusalén buscando al nuevo rey de los judíos: “El rey Herodes se turbó… Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea… Entonces Herodes… dijo (a los Magos): Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore”[32]. Tras ver a Jesús “regresaron a su tierra por otro camino… Un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto…  Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores”[33].

Durante un viaje a América, le encomendaron al artista español Josep Cusachs, la realización de esta obra que pudo plasmar en 1904. María y el Niño Jesús van en un borrico mientras José marcha de pie por el desierto. Del otro lado, un ángel avanza junto a ellos mientras arriba otro grupo de emisarios divinos los acompañan. El artista le puso su propio rostro a José y el de su esposa a María otorgándole una cuota extra de realismo. Aunque hemos abordado la temática de Jesús como inmigrante[34], esta pintura nos mueve a pensar en José y María como padres cuidadosos y diligentes, y, por lo tanto, nos invita a ver en ese espejo a nosotros mismos.

La Navidad no es solo una fiesta familiar con deliciosas comidas e intercambio de regalos. Es una asombrosa historia que nos muestra el infinito amor de Dios para con la humanidad.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de tres, que conoce a través de libros y artículos de Historia del Arte: “La Visitación” por Jacomo Pontorno, “El Pesebre” por Alfredo Gramajo Gutiérrez y “La Huida a Egipto” por Josep Cusachs, además de la tarjeta de Hallmark por Salvador Dalí.


REFERENCIAS

[1] Ver https://pablobedrossian.com/2018/03/31/las-8-mejores-obras-de-arte-sobre-la-crucifixion-muerte-y-resurreccion-de-jesucristo-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Evangelio de Lucas 1:26-33

[3] Ver nuestro artículo  https://pablobedrossian.com/2017/11/25/jan-van-eyck-pasion-por-el-detalle-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Beckett, Hermana Wendy, “1000 Obras Maestras”, Editorial El Ateneo, 1999, p.12

[5] Zöllner, Frank, “Leonardo Da Vinci Obra pictórica completa”, Taschen, Edición revisada 2018, p.30 y 216

[6] Hay referencias a querubines, serafines y seres alados en muy contados casos en las Escrituras. Comparto los más importantes: Éxodo 25:19-20 y 1º Libro de Reyes 6:24-27, con su relato paralelo de 1º Libro de Crónicas 3, en ambos casos representaciones artísticas; 2º Libro de Samuel 22:11 y Salmos 18:10 que son expresiones poéticas; Isaías 6 y Ezequiel 10 y en el Nuevo Testamento algunos pasajes del Apocalipsis, todas visiones proféticas.,

[7] Evangelio de Juan 1:14

[8] Evangelio de Lucas 1:5-25

[9] Evangelio de Lucas 1:39-45

[10] Ver, por ejemplo, nuestro artículo sobre la pintura “Visitación con los santos Nicolás y Antonio”, de Piero di Cosimo https://pablobedrossian.com/2017/02/25/la-visitacion-lenguaje-no-verbal-y-conexion-humana-por-pablo-r-bedrossian/

[11] Evangelio de Lucas 1:24,26,36

[12] Evangelio de Lucas 2:1-6

[13] Evangelio de Lucas 2:7

[14] Evangelio de Lucas 2:8-12,15-17

[15] Evangelio de Mateo 2:1-2,9b-11

[16] Isaacson, Walter, “Leonardo Da Vinci La Biografía”, Debate, 2017, p.88

[17] Evangelio de Mateo 28:17a

[18] Epístola a los Filipenses 2:6-11

[19] Evangelio de Mateo 1:2,3; Evangelio de Lucas 3:33

[20] Evangelio de Mateo 1:6; Evangelio de Lucas 3:32

[21] Evangelio de Mateo 13:55 (el término corresponde más bien a artesano)

[22] Evangelio de Mateo 1:16

[23] Evangelio de Lucas 3:23,4:22

[24] Evangelio de Mateo 1:25. Entiendo que esto molesta a nuestros hermanos católicos que creen en la perpetua virginidad de María, algo que no aparece en las Escrituras. Es interesante la sincera afirmación que el erudito católico Mariano Erranz Marcó hace en “Huellas del Arameo en los Evangelios”, Studia Semitica Novi Testamenti, Editorial Ciudad Nueva, 1997, p.243, cuando dice que actúa “no solo movido por un deseo desesperado de defender la doctrina de la perpetua virginidad de María sino partiendo de un hecho lingüístico innegable: el texto de Mateo 1:25 contiene una construcción  que traducida literalmente e interpretada desde el griego no solo da una afirmación que contradice un dogma sino también a nivel de gramática y redacción, un resultado muy sospechoso”.

[25] Evangelio de Mateo 1:25; Evangelio de Lucas 2:7

[26] Evangelio de Mateo 13:55; el nombre Jacobo también se traduce como Santiago.

[27] Evangelio de Lucas 3:23

[28] Zöllner, Frank, “Miguel Ángel Obra Completa”, Taschen, 2018, p.53

[29] Evangelio de Mateo 2:13-14

[30] Zöllner, Frank, “Miguel Ángel Obra Completa”, Taschen, 2018, p.49

[31] Evangelio de Lucas 2:19.

[32] Evangelio de Mateo 2:3-8

[33] Evangelio de Mateo 2:12-16

[34] Ver https://pablobedrossian.com/2018/12/21/jesus-el-inmigrante-por-pablo-r-bedrossian/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público. Algunas de ellas han sido tomadas por el autor de la nota.

“LEONARDO DA VINCI LA BIOGRAFÍA”, DE WALTER ISAACSON (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Siempre tuve especial interés por el Renacimiento; fue un cambio de paradigma que rompió con la oscuridad medieval para abrirse a la aventura del pensamiento. Mis artistas plásticos más admirados son precisamente Leonardo y Miguel Ángel.

Por eso, cuando vi la biografía de Da Vinci por Walter Isaacson no dudé un solo momento en adquirirla. Confluían una vida extraordinaria con un autor de quien había leído “Steve Jobs”[1], un relato extraordinario de la vida del creador de Apple.

 “Leonardo da Vinci La Biografía” no resultó ser lo que imaginaba, quizás porque cuando pienso en biografía, imagino una narración cronológica sobre la vida y obra de una persona, y el libro de Isaacson se aparta de ese modelo.

Más bien la exposición de la vida de Leonardo es interrumpida por extensas secciones para describir su pensamiento. Estas interpolaciones probablemente toman la mitad de la obra. Pareciera que para el biógrafo las ideas de Leonardo, aunque ocupen largos periodos de tiempo, son Leonardo. Quizás se apoye en Emerson: “un hombre es lo que piensa a lo largo del día”; es probable que el día de da Vinci sea toda su vida[2].

El punto de partida para el libro no fueron las grandes pinturas del gran artista sino sus cuadernos; en total se conservan unas 7,200 páginas con notas, esquemas, dibujos y garabatos que revelan su curiosidad insaciable, su capacidad de observación, su deseo de validar sus observaciones mediante experimentos -en ese sentido es un precursor del método inductivo- y su increíble imaginación.

Además de su pensamiento, el texto relata la historia personal de Leonardo. Muestra las distintas facetas de un creador fuera de todo límite: artista, físico, productor de teatro, anatomista, ingeniero hidráulico y militar, por mencionar algunos de los campos que abordó con enorme entusiasmo. El texto no está exento de sabrosos detalles, como su incapacidad de cumplir lo pactado (dejó la mayoría de sus obras inacabadas), la disección anatómica de un hombre centenario o su interés en la lengua del pájaro carpintero, pero son anécdotas. Lo que nos queda es la búsqueda inclaudicable del conocimiento y la innovación como estilo de vida que hicieron de da Vinci el hombre del Renacimiento.

Para una mejor comprensión del texto, “Leonardo da Vinci La Biografía” cuenta con más de 100 ilustraciones muy útiles a pesar de su pequeño tamaño. Además, termina con una desconcertante moraleja. El autor escribe “aunque nunca consigamos igualar su talento, sí podemos aprender de él e intentarnos parecernos más”. Más que de Leonardo parece estar hablando de Jesucristo. No conozco a nadie que quiera ser como da Vinci, pero sé de millones que a pesar del paso del tiempo jamás dejan de admirar su obra.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] La crítica que realicé de esa obra puede leerse en https://pablobedrossian.com/2017/03/11/steve-jobs-su-biografia-segun-walter-isaacson-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Como lector, espero que una biografía me cuente una historia y solo se dedique a exponer el pensamiento del protagonista en la medida que sirva para entender sus decisiones y conductas. Quizás una analogía de mi preferencia pueda proveerla el gran historiador cubano-norteamericano Justo L. González, quien por un lado escribió su magnífica “Historia del Cristianismo” y, por el otro, una extensa “Historia del Pensamiento Cristiano”.

“MEMORIA DEL JARDÍN EN ETTEN”, ¿LA PINTURA MÁS BELLA DE VAN GOGH? (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

Vincent van Gogh (1853-1890) ha suscitado pasiones encontradas. Sin embargo, la mayoría no conoce su historia personal y acepta sin cuestionar el personaje -o mejor dicho la caricatura– que los medios presentan: un artista atormentado que en su locura se cortó una oreja.

Autorretrato de Vincent Van Gogh (1890)

Pocos saben, por ejemplo, que fue pastor protestante y que dedicó casi dos años de su vida a predicar el evangelio a mineros en Bélgica en situación de extrema pobreza. Poseedor de un fuerte temperamento, su vida estuvo signada por frustraciones amorosas y conflictos familiares; no obstante, gracias a la desinteresada generosidad de su hermano Theo logró sobrevivir y desarrollar su vocación artística, por la que lo reconocemos.

Museo Van Gogh de Amsterdam, Países Bajos

Su obra más tardía fue influida por el arte japonés y sus contemporáneos, los impresionistas franceses. La amistad que forjó con algunos de ellos durante su estadía en París fue muy provechosa para su personal estilo. Posteriormente padeció graves trastornos mentales, debiendo ser hospitalizado.

“Almendro en Flor” (1890) por Vincent Van Gogh

Vincent Van Gogh falleció a los 37 años. Aunque se dice que fue un suicidio hay quienes creen que su muerte se debió a un disparo accidental. Cualquiera sea la causa, el mundo perdió un talento único cuyo arte no fue debidamente valorado por su propia generación, pero ha emocionado e inspirado a las que vinieron luego.

MI OBRA FAVORITA

De los cientos de pinturas de Van Gogh hay dos motivos que se repiten y se han hecho muy conocidos: sus girasoles (de los cuales ha pintado siete telas) y los autorretratos (más de 40). Además sus paisajes se reconocen al verlos. Sin embargo, mi obra favorita suya es ignorada por muchos. No se encuentra ni en la extensa colección del Museé d’Orsay de París, ni en el Museo Van Gogh de Amsterdam. Se llama “Memoria del Jardín en Etten (Damas de Arlés)” y se encuentra en el Hermitage de San Petersburgo, exhibida junto a otra colorida obra suya titulada “Arena en Arlés” o “Espectadores en la arena de Arlés”.

Edificio del Estado Mayor; allí se encuentran las obras de Van Gogh en el Hermitage, frente al Palacio de Invierno que alberga la colección de arte clásico

Pintada en 1888, dos años antes de su muerte, “Memoria del Jardín en Etten (Damas de Arlés)” presenta figuras en varios niveles.

“Memoria del Jardín en Etten” (1888) por Vincent Van Gogh

A la izquierda aparecen dos mujeres en primer plano. La primera lleva un chal escocés con pintas verdes y naranjas que parece un kimono y sostiene una sombrilla blanca y roja con su mano derecha. La segunda, una anciana, está cubierta por una manta color azul violáceo con manchas rojizas. Sostiene con su brazo izquierdo un ramo de dalias blancas y amarillas y hojas verdes que haciendo juego con el rostro contrasta con la oscuridad de su atuendo.

En un segundo plano, abajo a la derecha, aparece una campesina anónima cultivando flores de colores rosa, blanco, amarillas y bermellón. La mujer trabaja cerca de un sinuoso camino anaranjado a cuya izquierda aparece el cielo y debajo de él, unos cipreses en curiosa perspectiva.

HISTORIA Y SIGNIFICADO

El reverendo Theodorus Van Gogh, padre del pintor, desarrolló su ministerio pastoral[1] entre 1875 y 1882 en Etten (hoy Etten-Leur), un municipio rural de la provincia de Brabante Septentrional en los Países Bajos. La obra representa el jardín de la casa parroquial del lugar, que habitaba la familia. Vincent se alojó allí en algunas ocasiones, especialmente entre la Pascua y la Navidad de 1881.

La mujer de la izquierda es su hermana Willemien. Lo suponemos por una carta que el pintor le dirigió explicando la pintura[2]. La anciana es su madre, Anna Van Gogh Carbentus. La campesina era una mujer que servía a la familia. En aquella misiva Van Gogh dice que la figura de la hermana recuerda vagamente a personajes de las novelas de Charles Dickens.

Hay quienes afirman también que en ella proyecta la imagen de su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker, a quien llamaban Kee, de la cual se enamoró perdidamente. La mujer había enviudado hacía poco y rechazó la propuesta matrimonial del artista. “No, jamás, jamás” es la dolorosa frase que recibió de ella. Además el artista escribió que planeaba colocar el cuadro en su propio cuarto, algo que no se sabe si finalmente concretó.

INFLUENCIAS

Hay sin duda una estrecha relación entre esta pintura y Arlésiennes (“Las damas de Arlés”) del pintor francés Paul Gauguin, que puede admirarse en el Art Institute of Chicago. Los pintores eran amigos. Para dimensionar su estrecha relación basta mencionar que Van Gogh pintó su silla y la de su amigo, y que es el propio Gauguin quien da la versión de la automutilación de la oreja de Van Gogh tras una discusión, supuestamente por una mujer.

“Arlésiennes”, en español “Las damas de Arlés” (1888) por Paul Gauguin

Ambas obras son de 1888, año en el cual Gauguin y Van Gogh vivieron en la Casa Amarilla, el famoso taller del artista holandés en Arlés. El francés tuvo una gran influencia sobre Van Gogh, que se evidencia en la “Memoria del Jardín en Etten”.

SENTIMIENTO

Hallamos algo poético en la pintura que la asemeja más a un sueño que a la realidad. Note el abigarrado bloque de flores que crean las que lleva la anciana con las que cultiva la campesina.

Observe el plano del sendero y el de los árboles… crean una magnífica imagen onírica que combina un intenso colorido con cierta bucólica melancolía.

¿Ve Ud. al jardín como lo más importante del cuadro? Pese al título, lo que parece central en la obra son las dos mujeres situadas adelante. Trasuntan dignidad y resignación mientras abandonan el escenario, ajenas al trabajo de la jardinera que pareciera seguir creyendo que aún hay mucho por hacer.

ETTEN O CUALQUIER LUGAR

Van Gogh en una carta posterior[3] dice que había estropeado esta pintura. Allí habla de ella como del jardín de Nuenen, sitio de su último hogar familiar, y no de Etten. Esto ha hecho pensar a algunos críticos que, en realidad, la pintura no hacía referencia a un lugar en particular.

“Congregación dejando la Iglesia de Nuenen” (1984) por Vincent Van Gogh

Sin embargo, nos parece que la obra captura un momento y una experiencia que tuvieron un significado relevante para el pintor, quien plasmó con una vivacidad sorprendente una escena cargada de lentitud y nostalgia.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


DATOS ADICIONALES

“Memoria del jardín en Etten” está realizada en pintura al óleo sobre tela y mide 73.5 cm x 92.5 cm.


REFERENCIAS

[1] Era ministro ordenado de la Iglesia Reformada Holandesa

[2] Carta de Vincent Van Gogh a su hermana Willemien Van Gogh. Arles, lunes 12 de noviembre de 1888. Le dice allí “imagina que las mujeres que caminan son tú y nuestra madre”. El texto de la carta puede leerse completo en inglés en http://www.vangoghletters.org/vg/letters/let720/letter.html.

[3] Carta de Vincent Van Gogh a su hermano Theo Van Gogh. Arles, sábado 1º de diciembre de 1888. El texto de la carta puede leerse completo en inglés en http://vangoghletters.org/vg/letters/let723/letter.html.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las imágenes de las pinturas son de dominio público. Las imágenes de los museos fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

“LAS MENINAS” EXPLICADA PARA TODOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

No pretendemos analizar en detalle una de las obras cumbres de la historia del arte, sino hacer una sencilla semblanza de esta pintura y de las razones que le han otorgado ese lugar de privilegio.

Las Meninas es una obra de grandes dimensiones; pintada al óleo sobre tres bandas de tela cosidas, sus figuras centrales están retratadas en tamaño real.

Las Meninas 03.jpg

Su autor fue Diego de Velázquez (1599-1660), el artista preferido de la corte española de su época. Compuso esta pintura en 1656, durante lo que se conoce como el Siglo de Oro de las artes en España.

El cuadro, que se expone en el Museo del Prado de Madrid, ha tenido diversos nombres oficiales, tales como “Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana”, “Familia del Señor rey Phelipe Quarto” o simplemente “La familia”[1] pero se conoce popularmente como “Las Meninas”.

LOS PERSONAJES

En la obra hay doce figuras, todas correspondientes a personajes históricos. Seis de ellas están en primer plano. Veamos de quiénes se trata[2]:

Las Meninas (con identificación de personajes) 02.png

Al centro abajo, la luz recae sobre una niña vestida con un sayo y una falda sobre guardainfante, armazón de aros de metal o mimbre ajustado a la cintura, que se usaba debajo de la falda acampanada; es la Infanta Margarita, de unos cinco años de edad.

Infanta Margarita 01.jpg

A su lado están las meninas, de donde proviene el nombre la obra, que eran sus jóvenes asistentes: a nuestra izquierda, María Agustina Sarmiento de Sotomayor, y a nuestra derecha, Isabel de Velasco, ambas pertenecientes a la nobleza. Con su postura contribuyen a resaltar la imagen de la Infanta.

La Infanta con sus meninas 01.jpg

A continuación, a la derecha, aparece Mari Bárbola, integrante del séquito de la infanta. Sus rasgos muestran un ostensible enanismo acondroplásico[3]. Ella parece mirar al observador. En el extremo derecho se encuentra Nicolasito Pertusato. Contra lo que pueda suponerse, no es un niño; cuando fue pintado el cuadro tenía 21 años. Era un bufón en la corte, nacido en Italia. Su corta estatura se debe a un enanismo hipofisario[4]. Su pie izquierdo se apoya suavemente sobre un mastín, mascota de la corte, que descansa indiferente al movimiento alrededor suyo.

Mari Bábola, Nicolasito Pertusato y el mastín 01.jpg

Pasemos a los personajes que se encuentran detrás. A la derecha, entre la menina Isabel de Velasco y Mari Bárbola, hay una pareja. La mujer es Marcela de Ulloa, responsable de las doncellas que acompañaban a Margarita. Su vestimenta no se debe a que fuera monja sino a su viudez. Se desconoce la identidad del hombre a su lado, pero es descrito como un guardadamas, una suerte de escolta de las niñas de la corte[5].

Marcela de Ulloa y Guardadamas 01.jpg

Detrás, bajo un fondo intensamente iluminado, sobre una escalinata que aparece detrás de una puerta se ubica José Nieto Velázquez, responsable de los cuartos de la reina.

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Del lado izquierdo, el propio artista se incluye en la obra; se representa a sí mismo ejerciendo su arte.

Diego de Velázquez 01.jpg

¿A quiénes pinta? Se presume que a las figuras que vemos reflejadas en un espejo: Los padres de la Infanta Margarita: el rey Felipe IV y su esposa Mariana de Austria.

Felipe IV y Mariana de Austria.jpg

El monarca había estado casado previamente con Isabel de Borbón[6], con quien tuvo ocho hijos. Tras enviudar se casó su sobrina Mariana, con quien engendró cinco hijos, de los cuales la Infanta Margarita, la niña rubia del cuadro, fue la mayor.

¿DE QUÉ TRATA LA OBRA?

A simple vista, el cuadro parece captar un momento. Es la interpretación realista de Las Meninas. Algunos estudiosos han propuesto que Velázquez estaba retratando a la niña, pero tanto la imagen en el espejo como los documentos posteriores sugieren que Velázquez pintaba a los reyes de España que, mientras posaban, se encontraban rodeados de su hija y su séquito.

En el siglo XX surgió otra teoría: la simbólica, según la cual el artista, movido por otros propósitos, comunicó mensajes esotéricos que no eran detectables por el gran público. Esta teoría no nos interesa y fue abandonada.

La tercera, la interpretación filosófica, propuesta por intelectuales de la talla del psicoanalista Jacques Lacan y el pensador francés Michel Foucault, es la que ha impulsado un rico debate acerca de esta pintura.

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En el primer capítulo de su libro “Las Palabras y las Cosas”, dedicado a Las Meninas, Foucault analiza, entre otros elementos, al pintor que nos mira y que -si la imagen tuviera movimiento- desaparecería de nuestra vista si se corriera a nuestra izquierda para trabajar sobre la inmensa tela, de la cual solo vemos la parte posterior sobre el bastidor. El filósofo agrega: “En apariencia, este lugar es simple: vemos un cuadro desde el cual, a su vez, nos contempla un pintor… sin embargo, esta sutil línea de visibilidad implica a su vez toda una compleja red de incertidumbres, de cambios y de esquivos… el contemplador y el contemplado se intercambian sin cesar[7]. Para Foucault los espectadores constituimos un personaje más de la obra de Velázquez y es el propio pintor español quien intencionalmente nos incluye.

El libro prosigue con una serie de inferencias y especulaciones muy interesantes de las que no sabemos cuáles estaban en la mente de Velázquez al crear Las Meninas y cuáles son producto de la reflexión e imaginación de Foucault.

EL CUADRO IMPOSIBLE

Se ha dicho que “Las Meninas” es el cuadro imposible. Esta afirmación se sostiene, entre otras cosas, por el extraordinario manejo que Velázquez hizo de la luz. Para ello se sirvió de varios artificios.

El tercio inferior de la tela, donde se encuentran los personajes, es luminoso, mientras que en los dos tercios superiores domina una suave penumbra. Nos encontramos ante la sensación de un gran espacio, que gana aún más profundidad gracias a las técnicas de perspectiva utilizadas, donde el punto de fuga se encuentra en la figura de José Nieto Velázquez sobre un fondo brillante. Se crea así un ambiente misterioso, donde la oscuridad palaciega contrasta con la luminosa presencia de los protagonistas.

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En la obra hay al menos tres fuentes de luz: la recién mencionada que desde atrás ilumina al responsable de los dormitorios de la reina, la que proviene de la ventana a nuestra derecha que intuimos adelante, y una segunda fuente de luz del mismo lado, más atrás, que ilumina el listón de madera entre Marcela de Ulloa y el guardadamas.

UN DETALLE CURIOSO

La cruz en el pecho del pintor fue añadida posteriormente. Es la insignia de la Orden de Santiago, de la cual fue nombrado Caballero tres años después, poco antes de morir. Se dice que fue agregada por el propio monarca.

Caballero de la la Orden de Santiago 01.jpg

ALGUNAS RAZONES PARA ADMIRAR LAS MENINAS

A primera vista, esta escena de la corte puede parecer trivial, pero incluye varios elementos que la revelan como una obra sorprendente. Nosotros hemos elegido mencionar algunos:

Sobre la técnica, comenzamos afirmando que esta imagen anticipa el futuro al captar un momento al estilo fotográfico. Si el autorretrato fue el pionero de la selfie personal, Las Meninas es la precursora de la selfie grupal. Nótese que, aunque parece una instantánea fotográfica (la captura de un momento en el momento), la imagen comunica movimiento. Como indicaba Foucault, basta que el pintor se mueva a su derecha, delante de la tela, para desaparecer de nuestra vista. Además, sorprende el innovador uso de la luz, que no tiene parangón en la Historia del Arte previa a esta pintura.

Las Meninas 05.jpg

Sobre el tema y su significado, si bien es cierto que la obra presenta una escena de la vida de la corte española, es, a la vez, una pintura acerca de una pintura. Pero avancemos un paso más: A través de su maestría, el pintor ha logrado incluir a los espectadores dentro de su obra. Al representarse el creador como criatura se plantean nuevas perspectivas sobre los roles: ¿es solo el público quien contempla a los personajes o son también los personajes quienes contemplan al público? Más aún, ¿qué vemos y qué no vemos? Quizás Velázquez imaginó que sus personajes más importantes no eran la Infanta o sus acompañantes o, ni siquiera él mismo, sino los espectadores que somos partícipes de ese sorprendente juego de espejos que es Las Meninas.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Calvo Serraller, Francisco, “Las Meninas o la familia de Felipe IV”, Enciclopedia del Museo del Prado, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2006, p.1553

[2] La única fuente de información disponible es un texto del pintor Antonio Palomino, escrito casi 70 años después de concluida Las Meninas.

[3] El enanismo acondroplásico que se produce por una falla genética a nivel óseo que impide el crecimiento de los cartílagos, produciendo cierta deformidad en los rasgos.

[4] El enanismo hipofisario está causado por un déficit de hormona de crecimiento. Quien lo padece es de baja estatura, pero de rasgos armónicos.

[5] El diccionario de la Real Academia Española define como guardadamas a un “empleo de la casa real, cuyo principal ministerio era ir a caballo al estribo del coche de las damas para que nadie llegase a hablarles”.

[6] Hija de Enrique IV de Francia.

[7] Foucault, Michel, “Las Palabras y las Cosas”, Siglo Veintiuno Editores Argentina, Buenos Aires, Argentina 1968, p.14 (la edición original en francés es de 1966)


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LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

Jesús cargando la cruz 03

Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


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