LA CURIOSA CALLE CRÉMIEUX QUE ES FUROR EN PARÍS (por Pablo R. Bedrossian)

Una calle de París se ha puesto de moda. No es ninguno de sus magníficos bulevares ni una de sus amplias avenidas. Tampoco imagine glamour o refinamiento: posee una sola cuadra y en su corto trayecto carece de tiendas o bares. Hablamos de la Rue Crémieux, un angosto pasaje empedrado cuyos vecinos se quejan de la inmensa cantidad de turistas que llega a fotografiarlo.

La BBC publicó hace poco una nota, informando que “los residentes solicitaron al ayuntamiento que instale una puerta que pueda cerrarse en las horas pico, en las noches, los fines de semana, al amanecer y al atardecer, y cuando la buena luz atrae a las personas que buscan una foto perfecta de Instagram” [1].

Esta callecita transcurre entre la Rue de Lyon -una diagonal- y la Rue de Bercy, en el barrio Quinze-Vingts, en el Distrito XII de París, cerca del río Sena, a unos 600 metros de la Gare de Lyon, la tercera estación ferroviaria en importancia de la ciudad, y a unos 800 metros de la Plaza de la Bastilla.

¿Por qué tanto furor? A lo largo de sus 144 metros presenta a ambos lados casas de dos plantas pintadas con bellos colores pasteles que la convierten en un remanso para los transeúntes.

La calle Crémieux genera sin proponérselo una llamativa cadena de contrastes: es un espacio lento y silencioso rodeado por un bullicioso tránsito incesante. Además, sus viviendas bajas y sencillas contradicen la magnífica monumentalidad de los edificios parisinos. Finalmente, su curiosa policromía se contrapone a las habituales fachadas gris tiza con techos de pizarra negra.

SUS CASAS

Una francesa llamada Caroline nos cuenta acerca de las casas construidas en la Rue Crémieux: “Originalmente, las 35 casas pequeñas de la ciudad se pensaron como los pabellones ingleses, con cocina en el sótano y dos pisos que comprenden seis habitaciones”[2].

Agrega un detalle menos conocido: “en esta parte de la ciudad, muy afectada por la inundación de 1910, hay placas conmemorativas como la que se encuentra en el número 8, lo que indica que el agua alcanzó el nivel récord de 1.75 metros”.

Las pequeñas aceras están cubiertas de macetas con plantas que sustituyen a los árboles ausentes. Mantiene una anchura de 7,50 metros en todo su recorrido y en 1993 fue convertida en vía peatonal.

SU HISTORIA

En esos terrenos se establecieron en 1851 las Arènes Nationales, una extensión del hipódromo dedicada a grandes espectáculos al aire libre. La experiencia duró muy poco porque en 1855 cesó su actividad. El lugar pasó a manos de la Compagnie Générale Immobilière, empresa de bienes raíces fundada por Moïse Polydore Millaud (1813-1871). En 1865, esta compañía abrió la actual calle Crémieux bajo el nombre de Avenue Millaud, homenajeando a su fundador.

En 1897 adquirió su presente denominación en honor al abogado y político Isaac Moïse más, conocido como Adolphe Crémieux[3] (1796-1880), quien en 1870 impulsó el decreto que otorgó la nacionalidad francesa a los judíos de Argelia.

Si puede visitar París, no se la pierda, y si no tiene la oportunidad, aproveche para recorrerla a través de las imágenes. Quizá no sea lo mismo, pero valdrá la pena.

SEMEJANZAS

He visto que algunos comparan este bello pasaje con famosos escenarios urbanos como Portobello Road en Londres o la isla de Burano, muy cercana a Venecia. A mí me recuerda más a Cartagena de Indias, Colombia.

Calle de Cartagena de Indias, Colombia

La centenaria Rue Crémieux atrae a infinidad de visitantes. A veces uno piensa que el éxito es sinónimo de grandes emprendimientos; esta callecita adoquinada nos demuestra que también las pequeñas cosas atraen por su propia belleza.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-47492210

[2] https://www.parisladouce.com/2014/05/paris-promenade-printaniere-rue.html

[3] http://www.v2asp.paris.fr/commun/v2asp/v2/nomenclature_voies/Voieactu/2426.nom.htm


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NOTRE-DAME TRES DÍAS ANTES DEL INCENDIO (por Pablo R. Bedrossian)

El viernes 12 de abril visitamos con mi esposa la Catedral de Notre-Dame. Tres días después, el lunes 15, mientras caminábamos por la avenida de Champs-Élysées divisamos una enorme nube de humo que venía del sudeste de la ciudad. En ese momento no imaginamos que la histórica iglesia estaba siendo consumida por el fuego.

La catedral de Notre-Dame comenzó a construirse en 1163, cuando el papa Alejandro III colocó su piedra fundamental. Ubicada en el corazón de l’île de la Cité, la isla más importante de París sobre el río Sena, tiene una notable arquitectura gótica. Se la reconoce fácilmente por sus torres simétricas de 69 metros de altura, erigidas a mediados del siglo XIII. El edificio fue terminado hacia 1330, con unos 130 metros de largo con altas paredes sostenidas por arbotantes a fin de reflejar la pequeñez del hombre frente a la majestuosidad divina.

Durante la visita aproveché para subir a las torres. Era mi tercera vez en Notre-Dame y la segunda en sus terrazas que, además de, ofrecer fantásticas panorámicas de la ciudad, permite observar de cerca las famosas gárgolas o más correctamente quimeras (del francés chimères), pues no son las típicas figuras utilizadas para disfrazar desagües. Se trata de verdaderas esculturas de aspecto monstruoso cuyo propósito primigenio era mantener alejados a los malos espíritus[1].

Subí más de 400 peldaños de una estrecha escalera en espiral. Desde lo alto se veía perfectamente una amplia zona en restauración, cubierta de estructuras metálicas, incluyendo la famosa aguja, una torrecilla en forma de flecha de 90 metros de altura, erigida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX que colapsó durante el incendio.

Al llegar al nivel donde se encuentran las campanas, el guía, un tico llamado Juan Carlos, nos dijo:

“Aquí no hay conexiones eléctricas pues hay materiales altamente combustibles”.

“Pero mire allí -le dijo un turista señalando un tomacorrientes –; hay un enchufe colocado allí”.

Sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, había algo premonitorio en esa conversación.

Tras bajar, admiramos las imágenes labradas en la fachada e ingresamos al interior de la iglesia.

Los techos elevados, las anchas columnas interiores y la delicada luminosidad que se filtra por los vitrales crean una atmósfera de hondo recogimiento. Fiel al estilo medieval, cuenta con tres naves: la central está ocupada por los bancos para la feligresía, el altar y, detrás, el coro de madera, mientras que en las laterales, que se unen al fondo permitiendo rodear toda la iglesia, se abren numerosas capillas.

Hubo dos capillas que atrajeron mi atención. La primera es la dedicada al mártir chino del siglo XIX san Paul Chen. Toda una curiosidad ver en una catedral gótica imágenes con ideogramas.

La otra, la Capilla del Sagrado Sacramento, por sus extraordinarios vitrales.

No sabemos cuán grande ha sido la magnitud de los daños. Pero, más allá de las religiones y las teologías -quien escribe esta nota no es católico-, Notre-Dame es un símbolo de la cristiandad de Occidente, además de un ícono de la nación francesa y parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Por eso presentamos algunos testimonios de lo que quizás se haya perdido para siempre.

LOS BAJORRELIEVES ALREDEDOR DEL CORO

El coro ubicado detrás del altar cuenta con una hermosa sillería. Sin embargo, en su pared exterior, llamada jubé, que mira al amplio pasillo que conforma junto a las capillas, se encuentran unos bajorrelieves de madera tallada que cuentan la historia de Jesús.

Fueron realizados a mitad del siglo XIV y están pintados a mano[2]. Definitivamente son mis favoritos.

LOS VITRALES

Según pudimos constatar al día siguiente, desde el lugar donde la policía nos permitió llegar (estaba acordonada toda la zona), en el incendio se dañaron algunos vitrales e incluso se perdió al menos un rosetón lateral.

Afortunadamente han sobrevivido los tres principales de 13 metros de diámetro. La extraordinaria vidriería es del siglo XIII pero fueron renovada en numerosas ocasiones[3].

LAS QUIMERAS O “GÁRGOLAS”

Como hemos dicho estas figuras que -aunque se atribuyen a
Eugène Viollet-le-Duc, el mismo autor de la aguja que cayó-, parecen surgidas de la imaginería medieval.

Se encuentran en las terrazas exteriores, muy cerca del lugar donde aparentemente se inició el incendio y parecen surgidas de alguna extraña mitología.

Notre-Dame ha sufrido un devastador incendio, pero esperamos que pueda recuperar la belleza perdida, no solo por lo que es sino por lo que representa no solo para el pueblo francés sino para el mundo entero, símbolo de arte, historia y fe.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1

Fotos del 16 de abril, día después del incendio. Como se observa el fuego se extendió en la zona donde se estaba trabajando.


BONUS 2

Fotos del 4 de mayo mostrando las obras en la Iglesia de Notre-Dame.


REFERENCIAS

[1] Según hemos leído las quimeras de Notre Dame no provienen del medioevo, sino que fueron agregadas por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX.

[2] Si desea más Información, puede leerse un interesante artículo con amplia documentación histórica y fotográfica en https://aquicoral.blogspot.com/2017/03/notre-dame-de-paris-escultura-talla.html

[3] Del Ser, Guimar y Romero, Alejandro, Diario El País, Madrid, España, edición del 18/04/2019. Escriben“aunque los tres rosetones principales, de 13 metros de diámetro, no han sido destruidos, el fuego sí ha afectado a los de menor tamaño situados en el nivel de la cubierta calcinada”. La nota completa puede leerse en:
https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555432161_255893.html


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LUGARES IMPERDIBLES DE PARÍS – Parte 1 (por Pablo R. Bedrossian)

París es una ciudad demasiado bella para ser cierta… Es como un sueño: Creemos visitarla pero, en realidad, es ella quien nos visita, envolviéndonos en una atmósfera única. Te invito a recorrer algunos de sus mágicos lugares.

1. CHAILLOT

Comenzamos nuestra visita por uno de los barrios más refinados de París. Su corazón es el Palacio Chaillot. Desde su amplia terraza, adornada por bellas esculturas de bronce, se observan los jardines del Trocadero y espectaculares vistas de la Torre Eiffel. En la imagen, la primera escultura dorada es La Jeunesse, de Alexandre Descatoire, la segunda es Flore, de Marcel Gimond; la tercera Le Matin, de Pryas (seundónimo Jean Paris).

Escultura de Apolo ; bronce del artista Henri Bouchard delante del Musée National des Monuments Français , en la terraza del Palais de Chaillot.

2. TERRAZA DE CATEDRAL DE NOTRE DAME

Cuando realizamos la primera publicación de esta nota Notre Dame estaba intacta. Casualmente, cuando ocurrió el trágico incendio nos encontrábamos nuevamente en París; apenas tres días antes habíamos regresado a la Catedral y recorrido nuevamente sus terrazas (nuestra nota sobre el siniestro que arrasó con amplias secciones de la iglesia puede leerse en https://pablobedrossian.com/2019/05/08/notre-dame-tres-dias-antes-del-incendio-por-pablo-r-bedrossian/). Aunque hoy es imposible acceder a este maravilloso lugar, las famosas quimeras o gárgolas pueden admirarse desde abajo.

Ubicada en la Isla de la Ciudad (en francés L’Île de la Cité), en el centro del río Sena que atraviesa París, la Catedral de Notre Dame es una de las joyas góticas que han sobrevivido a los siglos, a las revoluciones y a las guerras. Su construcción se inició en el año 1163 y finalizó casi dos siglos después, en 1345.

A lo largo del tiempo, sufrió algunas modificaciones sin perder su esencia original. Quizás el agregado más importante fueron las gárgolas (en francés gargoyles) de su azotea.

Las gárgolas son seres monstruosos imaginarios asociados a la concepción medieval del infierno, caracterizado como un lugar de horrendos tormentos. Sin embargo, su uso en la arquitectura tenía otros significados: decorar los desagües, expulsando agua por la boca, y, siguiendo una tradición popular, ahuyentar los malos espíritus. Agregadas a mediados del siglo XIX por Eugène Viollet-le-Duc, las espectaculares figuras de piedra de la terraza de Notre Dame, no son específicamente gárgolas, sino quimeras (en francés chimères), pues su función es exclusivamente estética. De todos modos, alguien dijo que perseguían un doble propósito: proteger el edificio y asustar a los pecadores.

Para llegar hasta la Galería de las Gárgolas (en francés, Galerie des Chimères) se debe ingresar desde uno de los costados de la catedral. Tras un largo ascenso por una estrecha escalera entramos al estrecho pasillo al aire libre que une las dos torres (cuya altura es de 69 metros). Desde allí se pueden observar estas grotescas pero veneradas tallas de color gris, algunas de dimensiones humanas. En total conforman un bestiario de 54 piezas, todas relacionadas entre sí. Además, desde allí se obtienen maravillosas vistas panorámicas de París.

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3. EL PUENTE ALEJANDRO III

El puente Alejandro III (en francés Le Pont Alexandre III) es un puente que cruza el río Sena. Fue inaugurado en el año 1900 y recibe el nombre del zar ruso (1845-1994) a quien fue dedicado. De paso, en 1887 este monarca sobrevivió a un atentado, tras el cual hizo fusilar a los presuntos conspiradores, entre quienes se encontraba Aleksandr Ulyánov, el hermano mayor de quien conocemos como Vladimir Lenin, líder de la Revolución Rusa de 1917.

Fue construido para la Exposición Universal de 1900, dando acceso desde la explanada de Les Invalides a los dos extraordinarios edificios conocidos como Le Grand Palais y Le Petit Palais. Diseñado por los arquitectos fueron Joseph Marie Cassien-Bernard y Gaston Cousin y bajo la dirección de los ingenieros Amédée Alby y Jean Résal, fue una de las primeras estructuras metálicas prefabricadas en el mundo, pues sus partes fueron fundidas y forjadas en las famosas acerías de Le Creusot, en la Borgogne francesa, transportadas hasta París e instalada por una inmensa grúa.

Su estilo Beaux Arts es fácilmente reconocible. Su generosa ornamentación cumple funciones de sobrepeso. Tiene un largo de 160 metros y un ancho de 40 metros; posee un solo arco de 6 metros de alto y 109 metros de longitud. Se destacan las lámparas montadas sobre candelabros de bronce oscuro, sus ninfas y sus cuatro columnas, de 17 metros de altura, coronadas cada una con Pegasos, mitológicos caballos alados, de bronce dorado.

4. LA ÓPERA

La Ópera de París (L’Opéra) se ubica en un bellísimo edificio, conocido como Palacio Garnier (en francés, Palais Garnier), en honor al arquitecto que lo diseñó, Charles Garnier. Una plaza y una explanada permiten admirar toda su belleza. Bajo la dirección del Barón Haussmann, buena parte de la ciudad medieval fue destruida a mediados del siglo XIX para dar a luz a la París moderna.

Así surgieron, entre otras obras, las amplias avenidas que surgen del Arco del Triunfo y este maravilloso edificio neobarroco, inaugurado en 1875. Muy cerca está el Boulevard des Capucines que la conecta con otra excelsa construcción: la iglesia conocida como La Madeleine.

5. EL MUSEO DEL LOUVRE

El Louvre es probablemente el museo más famoso del mundo. Entre sus obras maestras se encuentran La Gioconda, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia. Abrió sus puertas en 1793. Sin embargo, el edificio originalmente fue una fortaleza medieval, luego convertido en palacio real, de modo que no sólo las piezas expuestas tienen una rica historia.

Un inusitado hecho estético modificó sustancialmente su aspecto: En 1989 se construyó una pirámide de cristal en el frente, desde donde hoy acceden sus casi ocho millones de visitantes anuales. Al principio rechazada, esta curiosa creación del arquitecto chino Ieoh Ming Pei hoy forma parte inseparable del Louvre.

La colección tiene unas 300,000 obras, de las cuales se exponen algo más de una décima parte, organizadas temáticamente. Nuestras favoritas son las obras del cinquecento, la maravillosa época del renacimiento italiano. Dada su vastedad, recomendamos utilizar una guía del museo (se puede bajar digitalmente o comprar una impresa en el museo) y admirar sólo las obras maestras.

6. BASÍLICA DE SACRÉ-CŒUR

Charles Aznavour en su clásico La Bohème, le pone voz a un pintor que recuerda su juventud en Montmartre, y describe con nostalgia aquel tiempo desaparecido. La razón es sencilla: este barrio ubicado en una colina de unos 130 metros de altura, poseedor de una innegable aura romántica, fue la cuna de los impresionistas y el hogar de grandes artistas, como Picasso y Modigliani.

El corazón de Montmartre es la Basílica del Sacré Cœur. Aunque es un templo católico fue erigida en homenaje a los numerosos franceses muertos en la guerra con franco-prusiana. La piedra fundamental se colocó en 1875 y la obra se terminó en 1914, aunque fue consagrada recién en 1919.

El edificio de color blanquecino es un diseño elementos romanos y bizantinos. Tiene forma de cruz griega y cuatro cúpulas; el domo central tiene 80 metros de altura.

Se puede subir a la basílica en funicular. Muchos eligen sentarse en las gradas que están por delante para observar el atardecer, pero vale la pena dirigirse hacia tras, y caminar por la animada y bulliciosa Plaza de los Pintores (llamada en francés Place du Tertre), donde los retratistas compiten con las ventas de souvenirs. Por su ubicación privilegiada, recomendamos luego cenar en Le Consulat.

7. LA TORRE EIFFEL

La Tour Eiffel, como se le llama en francés, es el símbolo de París. Está situada muy cerca del Sena, en un extremo del Campo de Marte, en Les Invalides. Fue construida para la Exposición Universal de 1889. Diseñada por Maurice Koechlin y Émile Nouguier, la construcción de esta espigada estructura de hierro de 300 metros de altura fue construida por Alexandre Gustave Eiffel, quien además diseñó la estructura interna de la famosa Estatua de la Libertad de New York, en los Estados Unidos. El entramado de hierro, pensando para soportar grandes vientos, hoy es admirado por su perfecta simetría.

La Torre Eiffel está construida sobre una base cuadrada de 125 metros de lado, sobre la que asientan sus cuatro pilares. Los arcos se elevan hasta 39 metros de altura y su diámetro es de 74 metros. Tiene tres niveles a los que se asciende mediante ascensores (disfrute de los ascensores doble cabina).

En los dos primeros pisos hay miradores, negocios y restaurantes. Desde el tercer nivel, se dice que en días despejados se puede ver hasta una distancia de 72 kilómetros. Si uno quisiera subir en escalera hasta la cumbre, debe superar 1665 escalones, pero si cree que su corazón no resistiría, no se preocupe: sólo se pueden utilizar las escaleras hasta el segundo piso.

En el año 2000 se agregó al paisaje el Muro por la Paz, inspirado en el Muro de los Lamentos de Jerusalem. Fue diseñado por la escultora Clara Halter e instalado por el arquitecto Jean-Marie Wilmotte. Parte del monumento son 32 columnas de acero que contienen la palabra Paz.

8. PLACE DES VOSGES

Construida a principios del siglo XVII, esta plaza es la más antigua de las que perduran en París. Aunque está ubicada en Le Marais, un barrio de artistas, museos y restaurantes, es un remanso en medio del bullicio urbano.

Está cercada por 36 edificios de piedra blanca y ladrillo rojo, con ventanas salientes sobre arcadas y techos de tejas negras de pizarra. Sin salidas por las esquinas, la vista transmite una honda simetría, intacta desde hace cuatro siglos, que nos transporta a la época donde sus bancas eran ocupadas por la aristocracia. De paso, el escritor Víctor Hugo vivió varios años en una de sus casas.

París es… París… única, refinada, siempre a la vanguardia de las tendencias. Si va a París, no deje de visitar estos ocho lugares.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2020. Todos los derechos reservados.

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