INDEPENDIENTE: RECUERDOS AL ROJO VIVO (por Pablo R. Bedrossian)

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Fui a la cancha con mi papá por primera vez a los 8 años. Se jugaba el Nacional del ’67 que Independiente ganó bajo la dirección técnica del brasileño Osvaldo Brandao. A partir de allí, el amor a la camiseta roja que me infundió mi viejo creció y creció, y hoy, que vivo lejos de la Argentina, está más vivo que nunca. A forma de un homenaje para él y como un tributo a esos grandes hombres de fútbol que uno vio dar todo dentro de la cancha, quiero rescatar algunas anécdotas desconocidas y otras poco recordadas.

LA HUMILDAD DE MIGUEL ÁNGEL SANTORO

Miguel Angel Santoro 01 - El GráficoMe gradué de médico a principios de los ‘80 y, para pelearla, tenía que tener cuatro o cinco trabajos. Uno de ellos era la guardia del desaparecido Sanatorio Evangélico, de Medrano 350, en lo que en aquel entonces llamábamos la Capital Federal. Cierto día veo sentado en el hall un hombre de digno porte al que reconocí enseguida.

– ¿Ud. es Pepé Santoro?

– Sí.

El arquero multicampeón de América sonrió y lo invité a charlar en el consultorio, aprovechando que no había pacientes. Le conté que por muchos años tuve un póster suyo en la pieza que compartía con mi hermano Alejandro, y le mencioné una nota que hablaba de una de sus hazañas:

– Una vez El Gráfico le dedicó la última página. Fue un partido con Central que terminó 1 a 1. La nota mostraba en fotos los tres mano a mano que Pepé ganó esa tarde.

Santoro se quedó pensando y dijo sin falsa modestia:

– ¿Gané tres mano a mano? Seguro que se equivocaron los delanteros.

EL ENTRETEJIDO DEL CHIVO PAVONI

Ricardo Elvio Pavoni 01 - El Gráfico.jpg¡Cuántas alegrías no dio este marcador de punta izquierdo! Sabía hacer de todo: marcar, correr, patear. Sus tiros libres eran temibles. Recuerdo uno a Boca desde unos 35 metros. Pocos saben que hizo un gol en un Mundial. Fue en el ’74, jugando para la Selección de su país, Uruguay, contra Bulgaria y, si la memoria no me falla, de cabeza.

A principios de los ’70, El Gráfico lanzó una edición especial titulada “El Libro del Fútbol”. Era un solo volumen. Allí aparecía El Chivo en una secuencia fotográfica que mostraba cómo se deben patear penales: fuerte, arriba y al medio, según explicaba la publicación.

Pavoni perdió el pelo precozmente y en la cancha lucía una incipiente calvicie. Un día nos sorprendió a todos: apareció con una abundante cabellera y muchos supusimos que se había puesto un peluquín. Teníamos miedo que en un centro el gato se fuera al piso, pero nada de eso sucedió. Resulta que se había hecho un entretejido. Desde ese día nadie se atrevió a decirle pelado. Su imagen comenzó a aparecer seguido en una publicidad gráfica de ese curioso sistema de cobertura capilar.

Recuerdo una elogiosa frase de Ricardo Elvio Pavoni sobre Bochini en sus inicios, que definía su forma de entender el fútbol: “Es un jugador que va para adelante”.

EL LIDERAZGO DEL PATO PASTORIZA

José Omar Pastoriza 01 - El Gráfico.jpgInolvidable y eterno en el alma de su pueblo, el Pato fue una de las figuras más emblemáticas de Independiente. Curiosamente provino de Racing, a través de un trueque por Miguel Ángel Mori, un half central, cedido a la Academia.

Fue un líder dentro y fuera de la cancha, un hombre muy querido que ganó todo en Independiente. Tengo muchos recuerdos suyos; por ejemplo, un día de semana, asistí a un partido muy bravo con Boca en Avellaneda, donde, ante un centro rasante, se arrojó en un esfuerzo supremo para empujar la pelota con la suela del botín a la red y definir el partido. Esa imagen, por el tremendo esfuerzo, fue incluida en publicidad televisiva de una pomada para la contractura muscular.

Recuerdo otro partido, contra Rosario Central, que Independiente ganó 2 a 0, con dos goles suyos, ambos de tiro libre. El primero describió una parábola tan impresionante que pasó a formar parte de la presentación de las trasmisiones futboleras en blanco y negro de aquellos tiempos. No puedo olvidar lo que dijo eufórico el inolvidable Gordo Muñoz ante el segundo gol:

“¡Pastoriza! ¡Maestro de maestros para los tiros libres!”

No se equivocaba. Además, El Pato fue un gran técnico. Dirigiendo a Independiente ganó, creo que tres campeonatos, una Copa Libertadores y una Intercontinental. Se lo considera el hombre que puso el fútbol de Venezuela a un nivel competitivo. Hasta su llegada, a la vinotinto siempre la goleaban.

El director técnico Manuel Keosseian, un uruguayo que jugó junto a Bochini en Independiente pero a causa de una fractura de tibia y peroné tuvo un corto paso por el club, me hizo un comentario que agrega valor a la trayectoria del Pato como técnico:

– Pastoriza era una gran persona, ¡un tipo bárbaro! No era que supiera tanto de estrategia; eso se lo dejaba a Ramón Toribio Adorno, ¡pero tenía tanto vestuario…! ¡Era un líder tremendo!

 EL INCANSANBLE MENCHO BALBUENA

Agustín Balbuena.jpgAgustín Balbuena fue un extraordinario wing derecho que integró aquel glorioso equipo que ganó el Metropolitano del ’71, cuatro Libertadores consecutivas entre 1972 y 1975 y la inolvidable Intercontinental de 1973 en el Estadio Olímpico de Roma, donde Bochini y Bertoni construyeron aquella doble pared que los hinchas de Independiente aún hoy seguimos festejando.

Fue parte de la selección argentina que participó del Mundial de Alemania de 1974 (donde René El Loco Houseman fue titular en su posición) y vistió la celeste y blanca en 8 ocasiones. Era rápido y sumamente peligroso en el ataque por la banda derecha. Se destacaba por su gran dinamismo y su temible gambeta.

Con frecuencia recuerdo una sabrosa anécdota del querido Mencho, surgida en la entrevista que le hizo José María Muñoz, luego de un partido:

– Balbuena, ¡cómo corrió esta tarde! ¿Cuántos pulmones tiene?

La respuesta del crack santafesino no se hizo esperar:

– Uno, como todo el mundo.

GRACIAS POR EL FUEGO

Cuánto le debemos a estos héroes que alegraron nuestros días con triunfos, campeonatos y copas. A veces los fanáticos tendemos a ver la gloria e ignoramos el esfuerzo y el sacrificio que hicieron para llegar a donde llegaron. Dejaron todo para darnos muchas alegrías en una época donde el dinero no lo era todo y la camiseta era algo que valía. Son símbolos de la mística copera, próceres en esta gran historia que todavía el Rojo no ha terminado de escribir.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Las imágenes pertenecen a la Revista El Gráfico, Editorial Atlántida

“ESPERÁNDOLO A TITO”, EL FÚTBOL HECHO PURO CUENTO (por Pablo R. Bedrossian)

esperandolo-a-tito-02Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

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El fútbol nunca fue tema predilecto de la literatura. Más bien, algunos intelectuales que conocimos hablaban de 22 idiotas corriendo detrás de una pelota, como si fuera un absurdo. Ocurre que la razón no entiende la pasión; la contempla con desconcierto, y, en su afán de controlarla, la descalifica.

Quizás por eso el fútbol fue excluido de cuentos y novelas: una banalidad en medio de las grandes preocupaciones de la vida. Sin embargo, es imposible ignorar la pasión, que es como un géiser que lanza imprevistamente su chorro de vapor.

De los que conozco, el primero que se atrevió a cruzar esa frontera literaria fue Agustín Cuzzani, cuando publicó “El centroforward murió al amanecer”, una obra de teatro escrita en 1955, que más que en el juego se centra en un futbolista, vendido como si fuera un objeto coleccionable. La leí cuando tenía apenas 13 años, y aún guardo el sabor amargo de haber descubierto allí otro cruce inevitable: fútbol y negocios.

Pasaron muchos años hasta que llegó el inolvidable Roberto Fontanarrosa y el fútbol volvió a convertirse en tema de escritura. A partir de ese momento surgió una plétora de autores y textos que lo abordan. Uno de los primeros es Eduardo Sacheri, con su colección de cuentos “Esperándolo a Tito”.

Cuenta Sacheri en la nota preliminar, que siendo un desconocido, y a instancias de su esposa y de sus amigos, se atrevió a divulgar sus narraciones: “puse tres cuentos en un sobre de papel madera y lo dejé en la recepción de Radio Continental dirigido a ‘Todo con afecto’, que era el entrañable programa de Alejandro Apo, dedicado a recordar grandes momentos y personalidades del fútbol. Allí disfruté por primera vez “Me van a tener que disculpar”, el relato con el que Sacheri homenajea a Diego Maradona por sus dos famosos goles a los ingleses en el Mundial ’86.

Por eso fue una bendición conseguir “Esperándolo a Tito” y detenerme a recorrer sus páginas. Incluye 14 cuentos y un epílogo. Son relatos sobre el barrio, la niñez, la emoción, la lealtad y el sacrificio. Tal como Armando Bó en aquella película legendaria película “Pelota de Trapo”, el tema central es la épica: hazañas de héroes anónimos donde el deporte, la amistad y el equipo, están por encima de todo. Es, a la vez, una oportunidad para volver a creer que aún hay hombres que respetan códigos, y no venden su dignidad a ningún precio.

Editado por Alfaguara, y escrito en un estilo simple y directo, con mucho sabor local, termino recomendando especialmente algunos de sus cuentos: “La valla invicta”, “De chilena”, “Jugar con una Tango es algo mucho más difícil de lo que a primera vista se podía suponer” y “Último hombre”, aunque todos los cuentos atrapan desde el principio hasta el final.

Se podría decir que Eduardo Sacheri, aunque escribe en prosa, es un poeta de la vida, alguien que no escribe sobre fútbol con la neutralidad de un cronista, sino desde el contagioso sentimiento del protagonista.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


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yo-el-bochaSerie CONFIESO QUE HE LEÍDO

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Hay libros que se leen con el corazón. Por supuesto, para el hincha de Independiente este es uno de ellos. Para quienes lo vimos jugar será revivir emociones; para las nuevas generaciones, la puerta de acceso a un pasado glorioso que invita a creer en el futuro.

“Yo, el Bocha – mi autobiografía” es un relato en primera persona de Ricardo Enrique Bochini, el ídolo máximo de los Diablos Rojos de Avellaneda. Comienza contando sus humildes comienzos en Zárate y su llegada a Independiente, donde su extraordinario talento lo catapultó rápidamente a la Primera División, y también a la inolvidable selección juvenil argentina que integró, entre otros, con El Conejo Tarantini, Marcelo Trobbiani, Mario Alberto Kempes y su gran amigo, Daniel Bertoni.

Cada capítulo del libro está dedicado a un tema que es, a la vez, un conjunto de historias, vivencias y opiniones cuya tensión mantiene atrapado al lector. El 10 va recordando en forma ordenada a sus Directores Técnicos, sus títulos (4 veces campeón del Torneo Argentino -campeonatos Nacional y Metropolitano-, 4 Copas Libertadores, 3 Copas Interamericanas, 2 Copas Intercontinentales y 1 Copa del Mundo con la Selección Argentina), sus goles históricos, su participación en la Selección Argentina (vistió 28 veces la celeste y blanca), el juego, su equipo ideal, el retiro y la idolatría, entendida como el enorme cariño y la ferviente admiración que la gente le rinde hasta hoy. Hay una excelente sección de fotos a todo color, y al final aparecen sus impresionantes estadísticas, siendo uno de los pocos jugadores en la historia del fútbol argentino que jugó 20 años con una misma camiseta.

Hay tres cosas que quisiera subrayar de la lectura. En primer lugar, la forma de entender el fútbol según Bochini, resumida en tres palabras: “ir para adelante”. Critica duramente a la táctica que hace un culto a la posesión permitiendo que el equipo rival juegue casi en su totalidad detrás de la línea de la pelota. Un segundo aspecto es que el crack del Rojo opina con libertad y contundencia. Es respetuoso, pero no dice cosas para quedar bien. Cuenta los conflictos y frustraciones, y se juega cuando tiene que expresar su punto de vista, tal como lo hacía en la cancha. En ese sentido, podemos decir que es un libro honesto y valiente. Finalmente, impresiona su memoria para recodar hechos y, sobre todo, personas, sean compañeros o adversarios, amigos, vecinos, periodistas o dirigentes; la mayoría de las veces son recuerdos para expresar gratitud.

Con prólogos de Diego Maradona y Daniel Bertoni, incluye notas sobre el máximo astro del Rey de Copas, entro otros, por Jorge Valdano y el escritor Eduardo Sacheri. El libro fue realizado por Jorge Barraza que puso por escrito la voz de El Bocha. Es un texto que se disfruta a tal extremo que uno no se da cuenta que ha leído 250 páginas de un tirón.

Si Ud. es hincha del Rojo, “Yo, El Bocha” es de lectura obligatoria; y si no lo es, lo disfrutará también.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

EL BOCHORNOSO BOCA – RIVER Y EL ORIGEN DEL MAL (por Pablo R. Bedrossian)

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Hubo ocasiones peores, como cuando murieron 71 hinchas de Boca en la fatídica puerta 12 del Monumental. Pero el bochorno vivido en el Boca – River del 14 de mayo de 2015, ha tenido también un enorme impacto al revelar contundentemente uno de los problemas sociales más graves de la Argentina.

No me refiero a los barras que atacaron con una sustancia irritante a los jugadores de River, sino a un sistema de conveniencias, connivencias y complicidades que está terminando con lo que queda del deshilachado tejido social.

Observamos por TV cómo una persona con el rostro parcialmente cubierto intentaba abrir el alambrado del La Bombonera que daba a la manga visitante. Vimos en los diarios fotos de personas arrojando objetos. Más triste aún, vimos como los jugadores de Boca demagógicamente saludaban a su hinchada en lugar de acompañar a los de River para evitar que fueran agredidos en la salida del campo de juego. Vimos indecisión en los responsables de la organización del evento, más preocupados en continuar el partido que en la salud de los afectados.

En la Argentina suceden estas cosas porque muchos dirigentes, que con frecuencia son a la vez líderes políticos, empresariales o sindicales tienen acuerdos con barrabravas para servir a sus fines, siempre económicos y de poder. Los barras son su fuerza de choque, que no sólo están a cargo de los bombos, los cantos y los trapos en los actos y partidos, sino que sirven para hacer amenazas y escraches, aprietes y palizas a jugadores, adversarios, funcionarios, periodistas o a quienes esos dirigentes les indiquen. Como pago, les dan entradas gratuitas, viajes a los partidos, dinero y carta libre para que en la semana muchos delincan; incluso nadie se escandaliza cuando los mismos dirigentes pagan abogados para sacarlos de alguna comisaría. Lo más grave no es que la sociedad enfrenta al crimen organizado, una forma de mafia enquistada en su médula, sino que las autoridades no la combaten porque no hay voluntad política. Sería para algunos escupir para el techo. Como decía Leonardo Da Vinci, “quien no castiga la violencia ordena que se haga”.

La frase esgrimida por algunos directivos “por 20 inadaptados no debe pagar toda la gente” debe ser erradicada por dos razones: no son “veinte” (son muchos más) y, más importante aún, porque habla de sus protegidos. El problema comienza por la cabeza, y la dirigencia del fútbol argentino tiene demasiadas cabezas podridas.

Argentina's River Plate footballers react after being pepper sprayed  by Boca Junior supporters before the start of the second half of the Copa Libertadores 2015 second leg football match at the
AFP PHOTO / JUAN MABROMATA

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados, a excepción de los derechos de la fotografía.


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AFP PHOTO / JUAN MABROMATA, tomada del sitio http://www.emol.com

¿CRISTIANO RONALDO O MESSI? UNA MIRADA DIFERENTE (por Pablo R. Bedrossian)

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Según el mito griego, Narciso, un joven muy bello, al ver su imagen en el agua se enamoró de ella. De allí que el diccionario de la Real Academia Española define como narciso a “aquel hombre que cuida demasiado de su adorno y compostura, o se precia de galán y hermoso, como enamorado de sí mismo”. Todos tenemos algún grado de narcisismo. Pero cuando la propia imagen se vuelve una obsesión, los problemas son inevitables.

Cristiano Ronaldo recortado 02Cristiano Ronaldo es uno de los grandes del fútbol de todos los tiempos. En su contra se ha dicho que tuvo la desgracia de jugar en la misma época que Lionel Messi. Creo que la observación es injusta: Para ser el mejor jugador del mundo, esa loable aspiración que CR7 tiene, hay que serlo independientemente de contra quien se compita; ser el mejor es un estatus comparativo, que implica superar al resto.

Comencemos diciendo que el delantero portugués es uno de los más grandes atletas en el fútbol actual. Su velocidad es sorprendente. Además posee de una técnica extraordinaria que se manifiesta, por ejemplo, en sus gambetas, en la “doble bicicleta” con que amaga para luego sorprender al rival en un pique corto, en su forma de cabecear (tal como Pelé, lo hace con los ojos abiertos, eligiendo donde colocar el balón) o en su exquisita técnica para disparar tiros libres, imprimiendo al remate una comba tan impredecible como perfecta. Sin embargo, hay una piedra que le impide ser el mejor: no es jugador de equipo.

Quizás el mejor retrato de su narcisismo no es el glamour de sus encuentros con celebridades, ni el cutis envidiable que, según mi esposa, el luso posee. Creo que es el enojo manifestado cuando su compañero Arbeloa marcó un gol para el Real Madrid contra el Almería, y en lugar de sumarse a sus compañeros para felicitarlo, se disgustó con él. Ocurrió que, frente al arco vacío, el defensa madridista llegó antes a la pelota y le quitó a CR7 la posibilidad de convertir. Ya dentro del arco, El portugués pateó con furia la pelota contra la red y luego se dirigió al centro de la cancha rezongando, pese al gol marcado por su equipo.

Video de la reacción de Cristiano Ronaldo (tomado del canal LaLiga Santander en Youtube)

Con su actitud demostró que su deseo de convertirse en pichichi, como le dicen en España al máximo goleador de un torneo, está por delante de su interés en el equipo: el yo por encima del nosotros. El narcisismo inevitablemente conduce al egoísmo, y en el fútbol ocurre como en la música: no se puede tocar una sinfonía con un solo instrumento.

Lionel Messi recortadoEl caso de Messi es diferente. Considerado el mejor jugador de su tiempo (incluso, a diferencia de Cristiano Ronaldo, se lo compara con Maradona y Pelé), siempre pone en primer lugar al equipo. La prueba es que es el jugador del Barcelona con mayor número de asistencias en 2015. Desde luego, también es su máximo goleador. Convertir para él no es su prioridad sino que gane el Barça. Para él anotar es el efecto del juego colectivo. Nadie imagina a Lio sin Xavi o Iniesta. Messi siempre repite en las entrevistas “lo importante es el equipo”.

Para ser el mejor jugador del mundo no basta ser el futbolista de mayor técnica o ser el mejor atleta. Se trata de ser quien más contribuye al triunfo de su club. Puede ser la figura descollante, pero siempre necesita socios para lograrlo. Los jugadores se recuerdan por los títulos obtenidos con los colores que representan. Si Lionel Messi es superior a Cristiano Ronaldo, no lo es por ser mejor futbolísticamente -ambos son maravillosos pero diferentes- sino porque el argentino es jugador de equipo y el portugués, en cambio, juega primero para sí mismo.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.