CEMENTERIOS EXTRAORDINARIOS (por Pablo R. Bedrossian)

La palabra cementerio tiene su origen en el término griego koimêtêrion (“dormitorio”) que a su vez deriva de la expresión koimáõ que significa “me acuesto”[1]. Se atribuye a los cristianos el primitivo uso de la palabra cementerio con ese significado: “lugar de los que duermen”. De hecho, el apóstol Pablo llama así a los cristianos que ya han muerto cuando él escribe a mediados del siglo I: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús”[2].

Para muchas personas el cementerio es un lugar de honda tristeza pues yacen allí los restos de sus seres queridos. Ha sido el lugar de dolorosas despedidas y momentos de profundo recogimiento. En un diálogo que tuve con el escritor argentino Jorge Luis Borges, hablando de la Recoleta comentó:

– El otro día fui a caminar por el cementerio. Allí descansan los restos de mis padres. En ese momento pensé: si mis padres están en algún lugar seguro que no es en este sitio donde todo es polvo y corrupción[3].

Sin embargo, los cementerios no solo producen tristeza sino también nos recuerdan la historia; los epitafios nos acercan a quienes nos precedieron y la arquitectura de muchas tumbas nos hace admirarlas como auténticas obras de arte. Por eso, presentamos aquí cementerios extraordinarios en breves reseñas para que Ud. decida si desea conocerlos.

1. CEMENTERIO DE LA RECOLETA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Aunque el cementerio de la Recoleta fue establecido en 1822, recién en 1881, gracias a una completa remodelación que imitaba el estilo de los cementerios europeos, adquirió su nueva fisonomía[4]. Las décadas siguientes constituyeron la época de oro de la Argentina y las familias adineradas contrataron famosos arquitectos y escultores para adornar las tumbas de sus seres queridos. “Estos príncipes de las pampas copiaron a los burgueses italianos y franceses no solo en sus ropas y en su espíritu, sino también las esculturas que admiraban en los cementerios de Père Lachaise en París y Staglieno en Génova[5].

Contiene 4,970 bóvedas en sus casi cinco manzanas y media. En su mayoría se levantan como pequeños edificios que contienen ataúdes, altares y símbolos religiosos coronados por ángeles y cruces en sus techos.

Confluyen en ellas una gran cantidad de estilos arquitectónicos como el eclecticismo, art nouveau, el art deco o incluso, el arte egipcio.

Una de las mayores curiosidades, tanto por su diseño como por su historia, es la tumba Tomás Guido quien fuera amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín. Su tumba fue levantada por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano, con piedras traídas de la Cordillera de los Andes.

Algunos sepulcros, como en de la familia Leloir, de la cual Luis Federico es el más conocido por haber recibido el Premio Nobel de Química en 1970, son imponentes. Otros sorprenden por sus historias y su arte, como el de Rufina Cambaceres.

El Cementerio de la Recoleta reúne la mayor concentración de tumbas de celebridades, empresarios y políticos argentinos, como la de Evita y la de Domingo Faustino Sarmiento. Tanto el cementerio en general como muchas de sus tumbas han sido declaradas sido declaradas Monumento Histórico Nacional.

2. CEMENTERIO DE PÈRE LACHAISE, PARÍS, FRANCIA

Este gran cementerio parisino de calles empedradas y jardines ingleses toma su nombre del confesor del Rey Luis XIV, el padre La Chaise.

Es un lugar verde y apacible ubicado sobre una suave loma con unos 70,000 terrenos cedidos en concesión para tumbas y sepulcros. Muchos de ellos son verdaderos monumentos que homenajean a quienes yacen allí. En particular nos llamaron la atención los recuerdos a soldados muertos, muchos de ellos anónimos, que dieron la vida por su patria.

Además, descansan allí grandes protagonistas de la historia y la cultura francesa, como Molière, Balzac, Champollion, Maria Callas, Edith Piaf e Yves Montand, e incluso extranjeros fallecidos en París como Frédéric Chopin, Oscar Wilde y Jim Morrison.

En el centro del cementerio se encuentra el imponente crematorio que constituye por sí mismo una extraordinaria obra de arquitectura diseñada por Jean-Camille Formigé.

Forma un complejo con el columbario anexo y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

3. CEMENTERIO JUDÍO, PRAGA, REPÚBLICA CHECA

Este cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que debajo de ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas.

Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas desconocidas que vivieron, amaron y sufrieron.

Está ubicado en Josefov, el barrio judío de Praga, que tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado.

Junto a la entrada del cementerio -cuya visita es conmovedora- se encuentra el antiguo edificio de la Jevrá Kadishá, la fraternidad fúnebre, que se ocupaba de los ritos funerarios que son de gran relevancia para la comunidad judía. El edificio, que se puede visitar, parece un pequeño castillo. Su construcción data de 1906 pero la Jevrá Kadishá de Praga fue creada en 1564[6].

Umberto Eco en 2011 publicó una novela que lleva el nombre del sitio, “El Cementerio Judío de Praga”, donde desenmascara la historia de los tristemente célebres “Protocolos de los Sabios de Sion”.

4. CEMENTERIO NACIONAL DE ARLINGTON, VIRGINIA, ESTADOS UNIDOS

Muy cerca de Washington D.C., apenas cruzando el río Potomac, se encuentra el cementerio militar más grande de los Estados Unidos, el Cementerio Nacional de Arlington.

Fue creado durante la Guerra de Secesión y contiene los restos de veteranos de todas las épocas, desde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos hasta las invasiones militares en Afganistán e Irak.

Impacta la enorme cantidad de lápidas blancas en fila con los nombres de hombres y mujeres que sirvieron (y murieron) por su país. 

Hay algunas tumbas especiales como la Tumba del Soldado Desconocido o el Memorial a John F. Kennedy que son muy visitadas, pero hay otros sitios importantes de recuerdo como el de las víctimas del fatídico 9-11, el correspondiente a los fallecidos en la explosión del transbordador espacial Challenger y el dedicado a las 259 víctimas del atentado aéreo a un vuelo de Pan Am en Escocia.

El lugar inspira un hondo respeto y mueve a reflexionar sobre la vida, la guerra y la muerte.

5. EL CEMENTERIO O NECRÓPOLIS DE COLÓN EN LA HABANA

Este magnífico cementerio levantado en la segunda mitad del siglo XIX fue creado para albergar la tumba de Cristóbal Colón. Sin embargo, nunca recibió los restos descubridor de América que por aquel entonces yacían en la catedral de La Habana.

Declarado Monumento Nacional, tiene magníficas bóvedas y tumbas anteriores a la revolución castrista, de gran valor histórico, cultural y artístico.

Quizás el sepulcro más visitado sea el panteón de la familia Falla y Bonet; entre otros elementos incluye una pirámide trunca granito gris pulido con un Cristo de bronce sobre ella. Considerada una de las piezas funerarias más bellas del planeta, es creación del escultor español Mariano Benlliure.

Una de las mayores curiosidades es que es el único lugar en la isla -según me explicaron allí- donde existe la propiedad privada. Aunque no hemos podido aún documentarlo, el guía que nos acompañó en la visita contó que por esa razón durante un tiempo una mujer trasladó allí su oficina.

Ángeles, mármoles y cruces en un tono intensamente blanco hacen de este cementerio una extraordinaria galería de escultura al aire libre digna de admirar y visitar.

6. CEMENTERIO GREYFRIARS, EDINBURGO, ESCOCIA

Este cementerio no se destaca como el de la Recoleta, el Père Lachaise o el de Colón en La Habana por su arte, ni tampoco como el Cementerio Judío de Praga o el Nacional de Arlington por el recogimiento, sino por la simpatía y el misterio.

Hablamos de simpatía pues cerca de la entrada se encuentra la famosa estatua de Bobby, el perrito que permaneció durante 14 años -hasta su muerte- junto a la tumba de su dueño. Hay una lápida que recuerda a este Skye Terrier que vivió a mediados del siglo XIX, que, en realidad, se encuentra enterrado en otro lugar del cementerio.

Pero dijimos misterio porque la leyenda cuenta que en el cementerio habita el fantasma de George “Bloody” Mackenzie, un abogado y político que encarceló en una prisión vecina a 1200 covenanters presbiterianos opuestos al gobierno católico que regía el Reino Unido durante la  segunda mitad del siglo XVII. Muchos de los reos fueron ejecutados y otros murieron debido al maltrato. Finalmente el rey Jacobo II fue derrocado en la Revolución Gloriosa en 1688 y tres años después Mackenzie murió y fue enterrado en este cementerio. Incluso hay tours nocturnos por el Greyfriars, considerado uno de los lugares más tenebrosos del planeta.

Al lado de Greyfriars se encuentra nada menos que la Georges Heriot’s School, un antiguo colegio que dicen que inspiró Hogwarts, “el mejor colegio de magia y hechicería del mundo”, según la saga de Harry Potter.

De paso, no hay visita a la ciudad de Edinburgo que no incluya la vista de la cafetería donde, según se cree, J.K. Rowling creó al famoso personaje.

7. CEMENTERIO DE LA SAINT’S PAUL CHAPEL, DE LA TRINITY CHURCH, NEW YORK, ESTADOS UNIDOS

La Capilla de San Pablo (en inglés, St. Paul’s Chapel), ubicada sobre la avenida Broadway en el Bajo Manhattan, forma parte de la famosa Trinity Church vecina a Wall Street. Fue construida en 1766, siguiendo el influyente diseño de la iglesia St Martin-in-the-Fields erigida en Londres por James Gibbs en 1721.

Esta iglesia episcopal que sobrevivió a los atentados de 2001 contra sus vecinas, las Torres Gemelas, cuenta en sus jardines con un antiguo cementerio abierto al público que recibe un millón de visitantes por año.

Están enterrados allí varios héroes de la independencia y otros neoyorquinos ilustres. A diferencia de los grandes cementerios, este pequeño camposanto no muestra panteones o bóvedas, sino simplemente tumbas identificadas por lápidas, la más antigua de 1704[7]. Otra sepultura datada en 1750 tiene una estrella sobre la piedra cincelada por un herrero pues en aquel entonces no había especialistas en la zona. En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a aparecer otros símbolos de fe en las tumbas y en ocasiones algún epitafio acompañando el nombre de las personas y la fecha de su defunción.

Este cementerio declarado Sitio Histórico Nacional es en sí mismo un valioso documento sobre el pasado de la ciudad y la nación, incluso antes de la declaración de su independencia. Constituye, a la vez, un remanso en medio del ajetreo de la Bolsa de Comercio de New York y las agencias bancarias. Invita a meditar sobre la vida y hacer lo que amamos mientras podamos.

CEMENTERIO GENERAL DE CHICHICASTENANGO, GUATEMALA

Guatemala conserva un alto porcentaje de la población indígena, en su mayoría correspondiente a tribus descendientes de los mayas. Entre ellos todavía se practica lo que se conoce como animismo católico, una fusión entre el cristianismo de los conquistadores y las creencias religiosas prehispánicas que mantiene vivas un conjunto de tradiciones, como las procesiones rituales.

En Chichicastenango, sede de un maravilloso mercado indígena que es también el más grande de Centroamérica, se vive una intensa espiritualidad. Según la tradición maya, honrar a los muertos mueve a los vivos a aceptar la inevitabilidad de la muerte.

Su cementerio, ha considerado por la National Geographic como uno de los más coloridos del mundo[8]. Sin embargo, no es un lugar bullicioso; más bien se impone un reverente respeto por los ancestros.

Los parientes pintan las tumbas de diferentes colores y para integrante hay un color asignado según su rol dentro de la familia. Vale la pena admirar las tumbas y entender que a través de sus colores el pueblo expresa su fe.

RESUMIENDO

Desde luego, los cementerios nos recuerdan la pérdida de los seres amados y la brevedad de nuestro paso por la vida, pero también son silenciosos testigos de la historia; en cada visita pueden revelarnos algunos de los secretos del pasado. Además, constituyen un espacio único de arte y arquitectura que nos conmueve por los sentimientos que comunica.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Corominas, Joan, “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas, Biblioteca Románica Hispánica, Gredós, 1961, tercera edición “muy revisada y corregida”, 2000, p.144

[2] 1ª Epístola a los Tesalonicenses 4:13,14

[3] La entrevista ha sido publicada por primera vez en “El Expositor Bautista”, agosto 1986, y posteriormente reproducida en varios websites. Puede leerse completa en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges” y puede leerse en https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[4] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, 2013, p.28

[5] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.7

[6] Entrevista al director del Museo Judío de Praga, Leo Pavlát, que puede leerse en https://www.radio.cz/es/rubrica/legados/antiguo-cementerio-judio-de-praga-un-lugar-magico-que-inspira

[7] https://www.nps.gov/sapa/learn/historyculture/stpaulschurchcemetery.htm

[8] https://www.nationalgeographic.com/travel/destinations/north-america/guatemala/chichicastenango-maya-cemetery/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

Jesús cargando la cruz 03

Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

EDINBURGO: LOS MEJORES LUGARES DE LA CIUDAD VIEJA (por Pablo R. Bedrossian)

Hace unos años, durante una excursión, escuché a varias personas asegurar que Edimburgo era la ciudad más linda del mundo. Hablaban con tanta emoción que me propuse conocerla. Hace unos meses tuve la oportunidad. Me pareció una ciudad diferente, de esas que definitivamente vale la pena conocer. Los invito a acompañarme en este recorrido por sus mejores lugares.

Edinburgo es la capital de Escocia. El viaje en tren desde Londres toma cuatro horas y va de sur a norte.

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Recorrer sus lugares más representativos es muy fácil debido a que tiene dos grandes dos grandes ejes: al sur la Royal Mile (en español Milla Real), alrededor de la cual creció el Old Town (la Ciudad Vieja), y al norte George Street, corazón del New Town (la Ciudad Nueva).

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El Old Town y el New Town fueron declarados Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1995; ambos ocupan zonas altas de la ciudad y están separados por una depresión o valle muy angosto donde se encuentran las vías del ferrocarril y los Princes Street Gardens (Los Jardines de la Calle de los Príncipes), un parque público al pie del Castillo de Edinburgo.

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La piedra domina las edificaciones, cuya tonalidad va del ocre al gris tierra. La ciudad pasa buena parte del año cubierta por densas nubes. Para animar la vida, los edificios y comercios se adornan con flores y guirnaldas de colores. Hay numerosas esculturas; una de las representaciones más comunes es el unicornio, que es el animal nacional.

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Le proponemos recorrer los lugares más importantes de la Ciudad Vieja, descubrir su historia y su belleza.

1. EL CASTILLO

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Asentado sobre un enorme peñasco, conforma una pequeña ciudadela amurallada en cuyo interior hay diversos edificios. Ha servido como cuartel, palacio real y cárcel debido su posición privilegiada, que ofrece una visión panorámica y dificultades al acceso enemigo. Las construcciones que han perdurado se levantaron desde el siglo XII hasta el siglo XX. Un detalle poco mencionad es que en el siglo VI Edwin de Northumbria, de quien toma el nombre la ciudad, erigió allí el primer fortín. El único acceso al castillo es a través de una amplia explanada ascendente de piedra, continuación de la vía más importante del Old Town, la Royal Mile; el resto de la fortaleza está rodeada de acantilados.

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Hay mucho para admirar dentro de ella. Por ejemplo, la diminuta la capilla de Santa Margarita, que es el edificio más antiguo de la fortaleza y de la ciudad; también el bello Memorial Nacional de la Guerra de Escocia y el antiguo palacio con su bonita torre medieval.

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Es posible visitarlo por dentro.

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La piedra de Scone, utilizada históricamente para coronar a los reyes de Escocia, estuvo durante varios siglos colocada debajo de la Silla de San Eduardo, trono sobre el que se corona a los monarcas británicos en Inglaterra. Obviamente esa ubicación representaba la subordinación de Escocia a la corona británica. Finalmente, en 1996 fue devuelta y colocada en el Castillo de Edimburgo, aunque debe ser trasladada a Londres cada vez que se proclame un nuevo rey.

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Los muros del castillo están decorados con inscripciones antiguas, imágenes curiosas y espléndidos ornamentos. Además, ofrece excelentes vistas panorámicas hacia el New Town.

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2. THE ROYAL MILE

Esta milla (que en realidad mide 1.8 km) es el corazón de la ciudad. Se extiende siguiendo una pendiente descendente desde el Castillo de Edimburgo hacia el Palacio de Holyroodhouse (en inglés Holyrood Palace). Fue fundada en el siglo XI y originalmente conectaba la fortaleza con una abadía. A lo largo de su trayecto recibe diversos nombres. Sobre ella se encuentran los sitios de mayor interés, tales como la Saint Giles Cathedral o el Parlamento Escocés.

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Podemos dividirla en dos: la parte que va desde el Castillo hasta el cruce con la calle Bridge (que la Royal Mile divide en North Bridge y South Bridge), ancha y con un bello empedrado, y desde Bridge hasta el Palacio de Holyroodhouse más angosta y pavimentada.

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3. SAINT GILES CATHEDRAL

Su nombre verdadero es High Kirk (Iglesia Mayor). Es una bella catedral presbiteriana cuya construcción se inició en el siglo XII; sin embargo, las constantes remodelaciones a lo largo de los siglos han modificado totalmente su fisonomía original.

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Su aspecto exterior es gótico, destacándose su peculiar cúpula, con forma de corona real.

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El interior de la catedral es muy sobrio.

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Secciones de su techo toman un bellísimo color azul que contrasta con la frialdad de la piedra.

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Una de sus joyas es el órgano de tubos.

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Su púlpito fue ocupado por el gran reformador escocés John Knox. Es recordado mediante una estatua de bronce realizada por James Pittendrigh Macgillivray en 1904, que lo muestra sosteniendo y señalando su biblia.

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Algunos de sus vitrales son magníficos; vale la pena detenerse a admirarlos.

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4. CAPILLA DEL CARDO

Dentro de la Saint Giles Cathedral se encuentra la espectacular Capilla del Cardo, con su techo nevado, doseles heráldicos tallados y bancos labrados.

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Quizá el detalle más famoso es el ángel de madera tocando su gaita.

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5. VICTORIA STREET Y GRASSMARKET

Muy cerca del Castillo, y vecina a la Royal Mile,  se encuentra Victoria Street, una calle con lujosas tiendas y una terraza donde se puede comer al aire libre disfrutando de excelentes vistas.

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Pocos metros más abajo, se encuentra la preciosa plaza Grassmarket, con una amplia variedad de restaurantes bajo el entorno medieval de la zona.

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Damos la vuelta por el Grassmarket hacia la derecha y subimos por un paseo de amplias escaleras, el Granny’s Green Steps. La imagen desde allí del castillo sobre la roca es imponente.

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También si miramos hacia el otro lado, tendremos frente a nosotros una magnífica arquitectura.

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Al llegar al final de las escaleras, el Castillo de Edimburgo ha quedado a nuestra izquierda. Hemos dado una vuelta completa, para regresar casi al principio de la Royal Mile.

6. MUSEO NACIONAL DE ESCOCIA

El National Museum of Scotland ocupa dos edificios, uno al lado del otro.

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Recorrerlo por dentro es muy interesante por su armazón de hierro.

Edimburgo 28Es uno de los museos más eclécticos del mundo pues ofrece una enorme variedad de piezas de muy diversas procedencias. Por ejemplo, Dolly, la primera oveja clonada, que se muestra embalsamada, jarrones chinos, bicicletas antiguas y autos de Fórmula 1.

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7. GREYFRIARS KIRK

Famoso por su historia y por su iglesia, hoy es el cementerio más importante de Edimburgo.

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Entre sus muchas curiosidades, hay tres que deseamos destacar. La primera, a pocos metros antes de la entrada hay una estatua en bronce de Bobby, un perrito que vivió junto a la tumba de su amo durante 14 años.

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La segunda es que los escoceses creen en los fantasmas; incluso hay tours nocturnos al cementerio para verlos…

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La tercera es que desde allí se puede observar el George Heriot’s School, una importante escuela privada, que inspiró Hogwarts, el colegio de magia y hechicería donde estudió Harry Potter según la saga. Su autora J. K. Rowling escribió en una cafetería de Edimburgo su primera novela.

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8. LADY STAIR’S HOUSE

Un poco más adelante, del mismo lado, está la Lady Stair’s House, que aloja el Museo de los Escritores. El museo ocupa una casona sobre una pequeña plaza de piedra rodeada de edificios. Para llegar hay que entrar por el Lady Stair’s Close.

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El museo por dentro está lleno de historia e historias.

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Tip: Un poco antes del Lady Stair’s Close se encuentra la Gladstone’s Land, una vivienda de seis plantas del siglo XVII que sirvió de habitación a una familia de comerciantes. Su fachada tiene dos arcadas y una escalera desde la cual se pueden tomar excelentes imágenes de la Royal Mile. Se denominan lands a unos edificios altos construidos en terrenos estrechos.

9. DEACON BRODIE’S TAVERN

El nombre de este colorido pub homenajea a uno de los personajes más famosos de la ciudad, el diácono Brodie. Su título no surgió de una designación religiosa, sino que lo recibió como director del gremio masón de artesanos de la ciudad. Sin embargo, llevaba una doble vida: de día era un respetable empresario dedicado a la fabricación de cajas fuertes y de noche un ladrón que utilizaba sus dotes de cerrajero para vaciar las casas de sus clientes. Terminó colgado en la horca en 1788, y se dice que su historia inspiró a Robert Louis Stevenson a escribir El Extraño Caso del Doctor Jekyll y Mr Hyde.

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10. LA ESTATUA DE DAVID HUME

Enfrente de la Deacon Brodie’s Tavern encontraremos la estatua de David Hume, el famoso filósofo escocés.

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Paradójicamente, la figura en bronce de este pensador es fuente de superstición, pues la gente cree que tocar el dedo gordo de su pie derecho trae buena suerte.

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11. CLOSES, WYNDS Y OTROS CALLEJONES

Mientras admiramos majestuosos edificios de piedra cuyas fachadas delatan el paso de los siglos, observamos una de las mayores curiosidades de Edimburgo: los numerosos pasadizos y callejuelas centenarias que desembocan en la Milla Real, que dan a la ciudad vista desde arriba un patrón similar al conocido como espina de pescado[1].

Edimburgo 66Estos callejones adquieren nombres como close, wynd o court (patio). Hay varios famosos; por ejemplo, el James Court, construido entre 1723 y 1727 o el Advocate’s close (el Callejón del Abogado) que es un pasaje peatonal de 1544, constituido por una serie de escaleras que une la elegante calle Cockburn con la Milla Real. Algunos son simples senderos peatonales, pero otros deparan interesantes sorpresas.

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12. LA CASA DE JOHN KNOX

En esta vivienda ubicada en la Milla Real y construida en 1450 pasó sus últimos años el gran reformador escocés John Knox (1513-1572), padre del presbiterianismo. Era un sacerdote católico que abrazó los vientos renovadores de la iglesia escocesa. Por su participación en una rebelión fue castigado a trabajos forzados durante dos años en una galera de la Armada Francesa. Liberado por gestión de Inglaterra, abrazó la Reforma Protestante, estuvo en Suiza y regresó más tarde a Escocia donde luchó como patriota.

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En 1559 junto a otros líderes estableció las bases de la Iglesia Presbiteriana. En 1567 los escoceses lograron terminar con la dominación francesa; coincidentemente, la reina María I, la católica María Estuardo abdicó. A partir de allí Escocia se convirtió en una nación de fe protestante, de la cual Knox fue el dirigente más notable.

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13. LA IGLESIA DE CANONGATE

Construida a fines del siglo XVII por James Smith, es la iglesia preferida de Isabel II, la reina de Inglaterra, cuando llega a Escocia. Durante nuestra visita a esta famosa pero austera capilla, la anciana que nos recibió comentó que la reina había participado del servicio religioso dos semanas atrás.

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Se ha tratado de conservar el interior lo más fielmente posible a su diseño original.

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El hermoso órgano que se puede observar al fondo de la planta superior fue instalado en 1988.

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En uno de los costados tiene un pequeño cementerio que vale la pena recorrer no sólo por hallarse allí la tumba del padre del capitalismo moderno, Adam Smith, sino, y por sobre todo, para admirar las espectacular vista del Old Royal High School, inaugurado en 1829, ubicado en la ladera sur de Calton Hill, en el lado norte de la ciudad. Este edificio neoclásico también es conocido como New Parliament House por una propuesta que hubo en 1970 de trasladar allí el Parlamento.

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14. MUSEO DE EDIMBURGO

Poniéndole color al gris plomizo del cielo y al color arena oscuro de los edificios, el Museo de Edimburgo se encuentra sobre la Royal Mile, muy cerca de la Iglesia de Canongate y del Parlamento Escocés. Ocupa una vieja casa construida en el siglo XV, la Huntly House.

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El museo se abrió en 1932 y tiene una colección variada e interesante, pero nosotros preferimos admirar el exterior del edificio, que es una de las nueve construcciones más antiguas que sobreviven en la ciudad.

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15. PARLAMENTO ESCOCÉS

Rompiendo la tendencia conservacionista de la Ciudad Vieja, y vecino al Palacio de Holyroodhouse, se encuentra el moderno edificio del Parlamento Escocés. Ocupa el extremo este de la Milla Real. Su construcción se inició en 1999 bajo el diseño y dirección del arquitecto catalán Enric Miralles, que murió durante las obras, y fue finalizada por su esposa y socia, la italiana Benedetta Tagliabue. Su partner en Escocia fue el prestigioso Estudio RMJM. El edificio de cuatro plantas está emplazado en el predio donde funcionó una conocida fábrica de cerveza; ha ganado premios, pero costó diez veces más de lo presupuestado.

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El diseño se basa en el simbolismo. Por dentro parece una pequeña ciudad que representa la tierra escocesa, su gente y su cultura.

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El Parlamento sesionó por primera vez en su nueva casa en 2004. Escocia cuenta con una asamblea legislativa desde 1235, que en aquel entonces estaba conformada por nobles y eclesiásticos, sesionando bajo el nombre de Gran Consejo del Rey.

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16. PALACIO DE HOLYROODHOUSE

El Holyrood Palace se ubica en el extremo oeste de la Royal Mile, donde la famosa calle termina. Es la residencia de la monarquía inglesa en Escocia.

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La construcción se inició en el siglo XV y, como en muchas grandes obras en Europa, avanzó por etapas, sufrió diferentes remodelaciones y tuvo diferentes influencias arquitectónicas.

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En el siglo XVII padeció un gran incendio, pero fue reconstruida respetando el diseño original.

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A diferencia de otros palacios su interior es sobrio, sin las habituales demostraciones de ostentación de la realeza. Cuenta con hermosos jardines y la visita guiada toma poco tiempo.

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De todos modos, si no desea visitarla, puede tomar excelentes fotos de su fachada desde la verja principal.

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Tip: Algo que no debe perderse durante la visita al palacio son las ruinas de la Abadía de Holyrood, levantada en 1128, que perteneció a la orden agustina. Fue sede de coronaciones y bodas reales.Edimburgo 88.JPG

A fines del siglo XVII el rey Jacobo II de Inglaterra tomó una medida que indignó al pueblo de Escocia: estableció un colegio jesuita en Holyrood y convirtió la iglesia en una capilla católica, que cedió a la Orden del Cardo, una antigua hermandad de caballería escocesa. La feligresía protestante fue trasladada a la Iglesia de Canongate.

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El cambio duró poco, pues meses después, tras cambios en el trono de Inglaterra, el pueblo de Edimburgo saqueó el templo. La abadía fue restaurada en 1758 pero diez años después el techo se desplomó, siendo hoy un conjunto de ruinas que vale admirar por la majestuosidad de sus muros.

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17. LAS VISTAS DE CALTON HILL

Desde el Old Town, se observan magníficas vistas de Calton Hill, que está del otro lado. Ubicada al final de Princes Street, en el New Town, esta colina posee varios monumentos que le dan un aura antiguo y misterioso.

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Una de las construcciones más llamativas es el Monumento a Nelson (Nelson Monument), de principios del siglo XIX, dedicado al vencedor de la Batalla de Trafalgar.

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18. ESTATUAS Y OTROS MONUMENTOS

La Ciudad Vieja de Edimburgo es como un enorme lienzo sobre el cual se han pintado bellas figuras: esculturas, fuentes, bajorrelieves, inscripciones.  Compartimos brevemente algunas.

Justo frente a la St. Giles Cathedral se encuentran las City Chambers, un edificio erigido a mediados el siglo XVIII, luego restaurado y remodelado, que es cede del Ayuntamiento de Edimburgo. Su detalle más llamativo es la estatua de Alejandro Magno domando su famoso caballo Bucéfalo, hecha en bronce en 1832 por John Steell.

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Volviendo a cruzar la calle, y dejando a nuestras espaldas la St. Giles Cathedral, se encuentran dos famosos monumentos urbanos: la estatua de Adam Smith, el autor de “La riqueza de las naciones”, y muy cerca de ella, la Cruz de Mercat, que no es una cruz sino un palo en cuyo extremo superior hay un pequeño unicornio dorado; el monumento está rodeado de una estructura de piedra octogonal. Originalmente servía para señalar el sitio de los castigos públicos a los criminales.

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Una curiosidad es el águila de bronce atrapando una rata en el frente de la Gladstone’s Land, antigua residencia de comerciantes que ya hemos mencionado.

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La Ciudad Vieja, con sus colores gris y arena, y aún sin el dorado del sol y el azul del cielo, tiene una atmósfera única. Si la visita, no use auto. Vale la pena caminarla hasta que los pies no puedan más.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS DE EDIMBURGO


REFERENCIAS

[1] Se lo debería llamar esqueleto de pescado pues las espinas confluyen en una columna vertebral.


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