LA IGLESIA DINAMARQUESA DE BUENOS AIRES (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA DINAMARQUESA, Carlos Calvo 257, Barrio
de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Los primeros daneses llegaron a la Argentina alrededor de 1860, asentándose en la zona de Tandil donde se dedicaron a las actividades rurales. Lo hicieron por sugerencia de su paisano Juan Fugl, quien había vivido en la zona desde 1848 y había ido de visita a su país[1].

De a poco el número de daneses en la Argentina creció, expandiéndose a Tres Arroyos, Necochea y Coronel Dorrego. Se estima que entre 1870 y 1930 arribaron al país unos 13.500[2]. Eran blancos, rubios y, como Dinamarca había abrazado la Reforma, cristianos luteranos. Buscaron ayudarse mutuamente utilizando como amalgama su identidad cultural y étnica.

Los primeros inmigrantes no eran particularmente patriotas ni religiosos; sin embargo, a partir de 1880 llegaron daneses con aires nacionalistas.

LA IGLESIA COMO CORAZÓN COMUNITARIO

En Dinamarca convivían dos formas de luteranismo: la Iglesia Unida, también llamada Pietista o Indre Mission, mantenida por Estado, que adhería al luteranismo tradicional: la autoridad de la Biblia, la necesidad de una conversión personal y la visión misionera. Frente a ella, tras la derrota de Dinamarca ante Prusia en 1864, se levantó la Iglesia Danesa, también luterana pero mantenida por sus propios miembros e inspirada en el pensamiento del teólogo N. F. S. Grundtvig (1783-1872). En ella “la identificación con determinadas creencias religiosas sólo tenía sentido en su relación con los valores culturales del pueblo danés”[3]. Este sentimiento nacionalista caló profundamente en zonas rurales, especialmente en Jutlandia, de donde provenía la segunda ola de entusiastas pioneros daneses en la Argentina.

Sin embargo, no hubo divisiones entre los daneses criollos. La iglesia en Tandil fue fundada en 1877 y su primer pastor fue el pastor Oscar Meulengracht, ministro oficial de la iglesia de Dinamarca[4]. En 1901 se inauguró la Iglesia Danesa de Tres Arroyos (también llamada Sociedad Protestante del Sud[5]) y en 1918 la de Necochea. Las congregaciones danesas en Argentina eran mantenidas por sus propios fieles y se erigieron como la institución preponderante pues servían como eje entre las entidades comunitarias, sobre todo las educativas, a fin de mantener el idioma, la historia y la cultura, incluyendo las sagas nórdicas o la herencia vikinga.

LOS DANESES DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

En la ciudad de Buenos Aires, la presencia de dinamarqueses a mitad del siglo XIX era muy reducida. El censo de 1855 muestra apenas una veintena[6]. Pero años después fue epicentro de otra corriente migratoria, con un perfil diferente. Los daneses instalados en la capital de la naciente República Argentina no se dedicaban a la agricultura sino al comercio. Tal como aquellos “vikingos de las pampas”, se organizaron tanto para mantener su identidad como para actuar solidariamente.

En 1892 se fundó la Sociedad Danesa de Socorros Mutuos; en 1912, la Asociación Cristiana de Jóvenes y en 1919, el Club Danés, sin embargo, no había una Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires. Los luteranos daneses asistían a iglesias protestantes de otras colectividades.

En 1924 un grupo de líderes comunitarios solicitó a la organización Iglesia Dinamarquesa en el Exterior un ministro religioso. El pedido fue respondido con la llegada ese mismo año del pastor Sven Nielsen quien condujo el primer culto en Buenos Aires el 13 de julio en el templo de la Iglesia Noruega. Dos semanas después se realizó la primera reunión de la iglesia en uno de los locales de la mencionada Asociación Cristiana de Jóvenes danesa en la avenida Paseo Colón 1111, convertido en kirkesal (templo)[7].  

En 1925 se planteó contar con un edificio propio, iniciativa que comenzó a materializarse en 1929 con la compra del terreno ubicado en Carlos Calvo 257, San Telmo.  Ese mismo año la pujante congregación creó una subcomisión de edificación que realizó un concurso para elegir el mejor proyecto que debía incluir no solo el templo sino la casa pastoral y salones de uso comunitario. El proyecto ganador fue el denominado “Gotland”, del Estudio Rønnow & Bisgaard.

El 24 de agosto de 1930, tras una misa en la “Kirkesal” de Paseo Colón 1111, los fieles se dirigieron al terreno de Carlos Calvo 257 para la colocación de la piedra fundamental. La construcción se atribuye a la empresa Christiani & Nielsen, una importante empresa danesa fundada en 1904 que realizó varias obras importantes en Buenos Aires y en la actualidad opera en diversas partes del mundo. El flamante templo de la Iglesia Dinamarquesa se inauguró el 10 de mayo de 1931.

Los costos de la edificación fueron sufragados por la congregación más un aporte de la organización Iglesia Dinamarquesa en el Exterior. La inauguración del Salón Subsuelo y la casa de los caseros se realizó el 24 de agosto de 1933.

EL TEMPLO

La fachada de ladrillo rojo en estilo neogótico rematada por una torre le confiere identidad propia. Se accede al edificio subiendo una pequeña escalinata; el templo es pequeño, modesto y apacible, con paredes blancas sin imágenes ni figuras recargadas.

Al frente se encuentra el altar en cuyo centro hay una cruz vacía que simboliza a Cristo resucitado. A los lados hay dos candelabros que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Debajo de la cruz hay un candelabro de siete brazos que recuerda que Jesús era judío y que ambas religiones están entrelazadas inseparablemente.

Por encima del altar hay tres vitraux, que cuentan el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, también conocido como “la alimentación de los cinco mil”. Debajo hay una adaptación libre en danés de palabras de Jesús en aquel relato; traducidas significan: “No dejaré que vuelvan a casa en ayunas; podrían desfallecer en el camino, ya que muchos han venido desde muy lejos”. Es una referencia a los inmigrantes que llegaron a un “desierto” donde no tenían donde saciar su sed espiritual.

No puede pasar desapercibido un barco que cuelga desde el techo. Todas las iglesias danesas lo tienen y es una tradición vikinga preservada a pesar de la cristianización de Dinamarca. La embarcación simboliza la vida de cada creyente que a pesar de las tormentas tiene que llegar a buen puerto, a Dios mismo. No son maquetas sino réplicas de naves históricas de alto significado para cada iglesia. En este caso, rememora al buque escuela København (Copenhague) que, tras dar nueve vueltas al mundo, en 1928 visitó Buenos Aires. De allí zarpó rumbo a Australia y naufragó en algún lugar del camino pues nunca más se supo de él.

Otra placa con un león grabado atrae la atención. Conmemora a los valientes daneses que volvieron a su patria para luchar contra la ocupación nazi durante la 2ª Guerra Mundial.

El púlpito se encuentra a la izquierda, muy cerca de los bancos de madera que se apoyan en un piso de baldosas ajedrezado. Delante del altar se encuentra la pila bautismal.

En la parte posterior del templo hay un amplio balcón con un órgano de tubos.

Quien escribe asistió a la grabación de un disco del bandoneonista Gabriel Rivano junto a una orquesta de cámara realizada en este templo debido a su magnífica acústica.

OTRAS INSTALACIONES

A la derecha de la entrada se encuentra una gran biblioteca con anaqueles poblados de libros, mullidos sillones y piso de parquet.

También cuenta con un amplio salón de usos múltiples en el subsuelo, que pudimos visitar durante una Noche de los Templos.

EL ARQUITECTO RØNNOW

El arquitecto elegido, Morten Fredegod Rønnow era danés y tenía dos valiosísimos antecedentes: en 1914 había construido el Edificio Otto Wulff, famoso por su doble cúpula y sus magníficos atlantes, en Belgrano y Perú, y en 1926, ya asociado con el Arq. Bisgaard, la Casa Schenström, actual Residencia del Embajador de Suiza en Ombú 3002, Barrio Parque.

Rønnow realizó el primer estudio documental de la arquitectura colonial argentina: La Casa de la Virreyna, en 1912. Tras su demolición, dos años después el propio Rønnow levantaría allí el Edificio Otto Wulff. En un excelente artículo del Arq. Francisco Girelli sobre ese estudio encontramos una rica información sobre la vida y la obra de este brillante arquitecto danés. Dice Girelli: “La formación arquitectónica de fue absolutamente académica, de ascendencia en la arquitectura historicista del norte de Europa, pero a su vez influenciada por las corrientes del modernismo y el Art-Nouveau. Su obra es ecléctica y se caracteriza por un lenguaje simbólico con infinidad de detalles y el uso de cubiertas apuntadas de pizarras como remate de sus edificios”[8].

En base a datos provistos por su hija Isabel, que por aquel entonces tenía 90 años, Girelli confeccionó una breve biografía del Arq. Rønnow. Nacido en 1877 en Herning, Jylland, Dinamarca. Se formó inicialmente con su padre, también arquitecto. A los 25 años, como parte del estudio del arquitecto Andreas Clemmensen, diseñó y dirigió grandes obras en Rusia y Ucrania durante casi 10 años, incluyendo la construcción de un castillo en Talnoe, Ucrania.

Ya dueño de una gran fortuna, a los 35 años decidió trasladarse a la Argentina, donde residían dos hermanos suyos[9]. Arribó a Buenos Aires hacia 1908 o 1909 para invertir en una estancia en Lobería. Lamentablemente el negocio fracasó, por lo que regresó a la capital porteña para dedicarse a la arquitectura.

A los 50 años se casó con una danesa 22 años menor que él con quien procreó cinco hijos, tres en Argentina y dos en Dinamarca, pues en 1930 regresó a su país por causas desconocidas, hecho que le impidió asistir a la inauguración de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires en 1931. Rønnow se radicó en Copenhague, trabajó como arquitecto adoptando el racionalismo y visitó a su familia en la Argentina solo en una ocasión, en la década del ’60.  Falleció en 1972 a los 95 años y fue sepultado en su ciudad natal.

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BONUS 1: ¿QUIÉN CONSTRUYÓ REALMENTE LA IGLESIA DINAMARQUESA DE BUENOS AIRES?

La información oficial de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires dice que la construcción de su edificio fue realizada por la empresa Christiani & Nielsen[10], fundada en 1904 y radicada en Buenos Aires desde 1919. Ese mismo año esta constructora levantó la antigua subusina Benito Pérez Galdós de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad[11], hoy convertida en La Usina del Arte. Entre otras obras, también erigió el Edificio IV de estación terminal Plaza Constitución del Antiguo Ferrocarril del Sud (hoy Ferrocarril General Roca)[12] entre 1924 y 1931 y los edificios anexos de la Antigua Fábrica Argentina de Alpargatas[13] entre 1938 y 1942.

Sin embargo, el mayor especialista en el arquitecto Morten F. Rønnow, el Arq. Francisco Girelli, señala que la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires no aparece en ningún catálogo de esta empresa. Por eso, a partir de sus investigaciones podemos inferir una interesante alternativa.

En la Casa Schenström, actual Residencia del Embajador de Suiza, una placa sobre la fachada principal indica “Rønnow y Bisgaard | Arqo – Contor”. Dice Girelli, “no queda claro si ambos fueron responsables del proyecto y construcción, o si Rønnow ofició como arquitecto y Bisgaard como constructor. Los planos existentes en el archivo de Obras Sanitarias (actual AySA) no aportan información sobre este punto, ya que en ninguno de ellos aparece su firma” [14].

Esto nos lleva a preguntarnos quién construyó realmente esta bella iglesia de ladrillo rojo en estilo neogótico. A favor de Christiani & Nielsen hay tres argumentos a favor y uno en contra: era una empresa danesa, operaba en Buenos Aires y es mencionada por la propia iglesia. El dato negativo es que la obra no aparece en sus catálogos. Sin embargo, en vista de la inscripción en la Casa Schenström cabe la posibilidad que el Arq. Bisgaard, solo o asociado con el propio Rønnow, hubiera estado a cargo de la construcción. No hemos podido encontrar datos suyos, ni siquiera su nombre de pila, en ninguna de las publicaciones consultadas durante nuestra búsqueda.


BONUS 2: LA GRABACIÓN DEL INFIERNO EN LA IGLESIA DINAMARQUESA

 Entre julio y diciembre de 2002 el bandoneonista argentino Gabriel Rivano grabó el álbum “Infierno Porteño” en la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires, debido a la magnífica acústica del templo.

Este querido ex compañero del Colegio Nacional de Buenos Aires, me invitó un sábado a una de las grabaciones en la Dansk Kirke donde la Orquesta de Cámara de Palermo Viejo, dirigida por él, lo acompañó.

Fue mi segunda visita al interior de esta pequeña y bella capilla luterana que inspira a la meditación y al recogimiento. La primera había sido durante la inauguración de un circuito turístico por San Telmo.

Desde que resido en el exterior regresé dos veces: durante una visita a Buenos Aires donde amablemente una persona que entraba me permitió pasar en 2017 y luego en La Noche de Los Templos en 2018.


REFERENCIAS

[1] Bjerg, María, “Entre Sofie y Toleville. Las escuelas de la comunidad danesa frente al problema de la identidad nacional de las generaciones nacidas en la Argentina (1886-1930)”, Revista de Indias, 1996, Nº 206, p.133,134 y 147

[2] Bjerg, María, Op. cit., p.134

[3] Bjerg, María, Op. cit., p.138-139.

[4] Bjerg, María, Op. cit., p.141

[5] Sin firma, “Sociedad Protestante del Sud – 100 Años Cartas, memorias recuerdos. La Iglesia y su gente (1901-2001)”, Edición de Sociedad Protestante del Sud, 2001, p.2 y siguientes

[6] Sin firma. “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”,

“Población de Buenos Aires”, Vol. 3, Nº 4, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, octubre, 2006, o.102

[7] Esta nota, como la mayoría de las precedentes y las siguientes fueron tomados de https://web.archive.org/web/20110502072950/http://www.iglesiadinamarquesa.com.ar/index.php?modulo=historia. Durante la preparación de este artículo el link a la sección Historia del sitio oficial de la Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires, http://iglesiadanesa.com.ar/,  conducía a una página de error. Sin embargo, se puede encontrar en la página de Facebook de la iglesia, https://www.facebook.com/pg/IglesiaDinamarquesaenBuenosAires/about/?ref=page_internal

[8] Girelli, Francisco, “Morten F. Rønnow, primer estudio material de la arquitectura colonial argentina: La Casa de la Virreyna (1912)”, sin fecha, p.1, se puede leer este magnífico trabajo en http://www.iaa.fadu.uba.ar/?page_id=7138

[9] Girelli, Francisco, Op. cit., p.3

[10] Según la página oficial en Facebook https://www.facebook.com/pg/IglesiaDinamarquesaenBuenosAires/about/?ref=page_internal y https://web.archive.org/web/20110502072950/http://www.iglesiadinamarquesa.com.ar/index.php?modulo=historia.

[11] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), “Patrimonio Arquitectónico Argentino, Memoria del Bicentenario (1810-2010), Tomo II, (1880-1920)”,2010, p.574

[12] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), Op. cit., p.540

[13] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), Op. cit., p.578

[14] Girelli, Francisco, “Morten F. Rønnow”, Anales del IAA, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo; Universidad de Buenos Aires, Vol 49, Nº 1, 2019. La versión digital se encuentra disponible en http://www.iaa.fadu.uba.ar/ojs/index.php/anales/article/view/307/html_233#notas


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8 ESCULTURAS BIZARRAS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Aunque en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra bizarro se asocia valentía y esplendor, el uso corriente lo asocia a rareza o extravagancia. Siguiendo la acepción popular definimos como bizarras a aquellas esculturas que despiertan nuestra curiosidad por su forma extraña o su tema inusual. Presentamos aquí una breve selección. Además, lo invitamos a proponer otras obras que puedan ser incluidas en un próximo artículo.

MONUMENTO A LA COIMA

El Monumento a la Coima hace alusión al pago que se realiza bajo la mesa con el objetivo de obtener un favor de parte de un funcionario o de una autoridad. En otros países se lo llama “mordida” y es una de las modalidades más conocidas del soborno.

Poco se sabe de su historia pues no aparece en el proyecto original del edificio del Ministerio de Obras Públicas, en uno de cuyos ángulos se encuentra, ni en los planos, ni en los archivos. Tampoco se sabe a ciencia cierta quien fue su creador. Sin embargo, corre una leyenda cuya veracidad aún nadie ha podido corroborar[1].

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. Con diseño del arquitecto Alberto Belgrano Blanco[2], las obras se iniciaron en 1934 en una manzana lindante con la Avenida 9 de Julio, bajo la dirección del ingeniero Marcelo Martínez. El edificio fue terminado recién en 1936.

Se dice que el propio arquitecto Hortal, cansado de los atrasos en la construcción y de los “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó a Troiano Troiani, un artista italiano radicado en la Argentina, la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, una figura con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende su enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva. Aunque ambas aluden a los pagos informales, la segunda es conocida como el “Monumento a la Coima”.

EL MONUMENTO AL PERRO ABANDONADO

Ubicado dentro del predio del Instituto Bernasconi, el Monumento al Perro Abandonado es un canto a la desdicha del “mejor amigo del hombre” abandonado por sus dueños. Fue creado por la artista plástica Susana Casanovas en granito.

En su base hay una placa colocada por el M.A.P.A. (Movimiento Argentino de Protección al Animal) que dice 1997-29-4-1999 en recuerdo del Día del Animal que se celebra los 19 de abril. 1997 refiere al año de su emplazamiento y 1999 al año de colocación de la placa. Dice su autora “Cuando en el acto fue destapado, los chicos lanzaron una expresión que me emocionó. Me costó dejarlo, pero me tuve que despedir. Mi perrito iba a estar rodeado de chicos, y eso me gustó”[3].

Nos apena que esta obra se encuentre escondida. No conocemos otros monumentos similares, aunque sabemos que en la ciudad de México existe el Monumento al Perro Callejero desde 2008. En Argentina, hemos conocido personas dedicadas a rescatar perros abandonados y darlos en adopción.

EL CRISTO ANCIANO DE LA RECOLETA

La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Cristo. El Nuevo Testamento cuenta que Jesús, tras resucitar, pasó unos cuarenta días con sus discípulos tras los cuales ascendió a los cielos[4] prometiendo regresar. ¿Qué edad tendría? Dice el evangelio de Lucas que al empezar su actividad pública “era como de treinta años”[5]. Si, como según se cree, participó de tres pascuas, entonces, tendría unos 32 o 33 años cuando fue crucificado. De allí viene la famosa frase “Treinta y tres. La edad de Cristo”. Este apacible Cristo anciano rompe con la perspectiva tradicional: presenta a un Jesús resucitado prolongando su vida terrenal.

Su nombre original es “Redentor” y ocupa en el corazón del cementerio de la Recoleta, por eso se lo llama también “el Cristo Central”. Posee una larga barba, una gran entrada en la frente y una larga cabellera por detrás.  

Hecha en bronce e inaugurada en 1914, es obra del escultor argentino Pedro Zonza Briano[6], formado en Europa, cuya obra tuvo alcance internacional. Buenos Aires luce otras esculturas suyas como “Flor de juventud” en el Rosedal, el Monumento a Leandro N. Alem y un busto a Lucio Correa Morales[7].

EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Cuenta Nicolás Gutiérrez que “en 2010 se llevó a cabo el Proyectos Mamas, que procuró por medio del arte escultórico concientizar a la población sobre la necesidad de adoptar todas las medidas preventivas en pro de la lucha del cáncer de mama[8]. 30 torsos femeninos fueron intervenidos artísticamente y vendidos para recaudar fondos para la lucha contra este doloroso mal. Una de las piezas, decorada por el famoso artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, fue adquirida por la firma Vopak junto a la Embajada de los Países Bajos y colocada en su actual ubicación, la plaza Reina de Holanda.

Este tipo de intervenciones se han realizado en otras partes del mundo con distinto propósito. Nosotros hemos escrito acerca de una de estas iniciativas, Las Meninas en las calles de Madrid, impulsada por Antonio Azzato[9].

Paradójicamente lo que nos atrajo de esta obra es la sensación de desagrado al contemplarla. Como obviamente la lucha contra el cáncer de mama demanda prevención, quizás el artista se propuso alertarnos, aplicando pinturas colorinches sobre formas exageradas sobre la mitad superior del cuerpo. Si ese fue el caso, es probable que haya logrado su propósito. Los choques nos sacuden y nos enseñan.

GARDEL ALIENÍGENA

Muchos turistas al visitar San Telmo no resisten la tentación de tomarse una foto con esta estatua de Gardel color verde marciano con unas antenas rematadas por un par extra de ojos saltones sobre la cabeza.

El zorzal criollo extraterrestre en tamaño real se apoya sobre un buzón en la calle Defensa y Cochabamba, dando la bienvenida a la Galería del Asombro. Es obra del artista plástico Gerardo Bernstein, quien además maneja aquella galería. El creador del Gardelalien afirmó “puse a Gardel allí porque es un cantante de otro mundo”[10].

EL MONUMENTO AL TAXISTA

En Buenos Aires, hasta donde conocemos, no existe un Monumento al Ingeniero, al Científico o al Médico, pero curiosamente en Puerto Madero sí se encuentra el Monumento al Taxista, un infaltable personaje porteño que ahora se ve amenazado por los Uber. Está ubicado en la calle Macacha Güemes entre la Avenida de los Italianos y la Costanera, cuyo nombre oficial es Avenida Intendente Hernán M. Giralt.

Apoyado sobre un viejo Siam Di Tella un chófer luce canchero, orgulloso de su máquina en tamaño real. Aunque por su color cobrizo parece metálico, la obra (vehículo, conductor y piso) es de cemento patinado[11]. Al costado, en la base, hay una placa que explica que es una donación del Sindicato de Peones de Taxi a la Ciudad de Buenos Aires. Este original homenaje a sus afiliados fue inaugurado en 2012.

El Monumento al Taxista es obra del artista plástico y abogado Fernando Pugliese, quien ha recreado varios personajes de historietas y artistas populares en esculturas emplazadas en distintos sitios del Centro, incluyendo la de Minguito sobre la avenida Corrientes, la de Sandro en el Gran Rex y la de Don Nicola en Puerto Madero.

ESCULTURA EN 11 DE SEPTIEMBRE Y JOSÉ HERNÁNDEZ

Una escultura de gran tamaño sin nombre que la identifique (al menos, nosotros no lo encontramos) se encuentra frente a una torre en la esquina de José Hernández y 11 de Septiembre en el barrio de Belgrano. Es la representación de un cuello y la mitad inferior de su cabeza, fragmentada con un toque Minujín; la obra comunica movimiento pues se observa un hombre trajeado y con corbata tratando de ascender por el cuello como si fuera una escalera y a otro, pero sin brazos, sentado en la parte superior.

Cuando publicamos la nota en su versión original no sabíamos quién era su autor. Gracias a Gaby Pereyra nos enteramos que la obra se llama “Amores” y es obra del escultor Carlos Affranchino y el escultor y arquitecto Abel Trybiarz. Por su volumen y la calidad de su terminación vale la pena conocerla. Tal vez, por la expresión del hemirostro, y en particular de su boca, y también por la inclinación que le da el cuello, se trata de alguien que sufre. ¿Por qué sufre? Quizás por una lucha interior. Una parte de él, la figura que está arriba, es su pensamiento establecido, mientras que el hombrecito que sube es un pensamiento nuevo, que quiere desplazar o ayudar al otro. La paradoja es que ambos hombres son muy parecidos.

HITO DE FRONTERA, ¿UN MONUMENTO ECUESTRE A LA INVERSA?

Ubicado en la Plaza Intendente Seeber, enfrente del viejo Zoológico porteño, se encuentra un enorme mulita de un amarillo rutilante sobre un auto volcado cuyas ventanas están tapiadas con ladrillos. Esta curiosa obra de arte, creación de Carlos Huffman, fue presentada en abril de 2019 en ocasión la Semana del Arte de Buenos Aires.

La idea de un armadillo gigante -que parece más bien un tatú carreta– sobre un auto dado vuelta evoca distintas situaciones. Escuchemos al artista “podría ser una estatua ecuestre invertida, con el animal arriba y el humano abajo, representado en el auto. Hay inversiones de sentido, todo lugar es una frontera si lo podés definir… me interesa mucho la idea de mundos intermedios”[12].

Se ha dicho que el hito de la frontera se encuentra entre el realismo y surrealismo; para nosotros es una suerte de realismo mágico que nos recuerda que Buenos Aires nunca nos deja de sorprender.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[3] “Susana Casanova Arte”, http://susanacasanovas.blogspot.com/2010/06/1997-monumento-al-perro-abandonado_27.html

[4] Evangelio de Lucas 24:50-53; Hechos 1:3,6-11

[5] Evangelio de Lucas 3:23

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.120

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.120, 853

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p..506

[9] “Las Meninas salen a la Calle”, https://pablobedrossian.com/2018/05/13/las-meninas-salen-a-la-calle-por-pablo-r-bedrossian/

[10] https://issuu.com/eltangautatango/docs/eltangauta236/10

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.510

[12] Zacharías, María Paula, “Un circuito en cinco postas: dar la vuelta a la plaza, un paseo cultural con sorpresas”, https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-circuito-en-cinco-postas-dar-la-vuelta-a-la-plaza-un-paseo-cultural-con-sorpresas-nid2236431


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COMENTARIO A “BUENOS AIRES INSÓLITA Y SECRETA” (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Buenos Aires siempre ha despertado la pasión por explorarla. Su magnífica arquitectura, sus pintorescos barrios y sus recónditos rincones han sido, son y serán campo de estudio de expertos y también de amateurs ávidos por develar misterios y descubrir detalles.

Entre las muchas obras que se han escrito hay algunas que no podemos dejar de mencionar, como “Buenos Aires, un Museo al Aire libre” de León Tenenbaum, “Buenos Aires, Ciudad secreta” de Germinal Nogués y más recientemente “Las Mil y una Curiosidades de Buenos Aires” de Diego Zigiotto, todas ellas enriqueciendo a vecinos y turistas a la caza de maravillas urbanas.

“Buenos Aires Insólita y Secreta” de Valeria Sampedro y Hernán Firpo es un nuevo aporte para un mejor conocimiento de la ciudad. Por ejemplo, indica donde observar una rayuela en el puente de la Avenida San Martín, hoy llamado “Julio Cortázar”, cómo seguir las huellas de Gustave Eiffel en Argentina o dónde hallar la firma de Frédéric A. Bartholdi en la réplica a pequeña escala de la Estatua de Libertad neoyorquina en las Barrancas de Belgrano. No solo he leído el libro: lo he utilizado en mi última visita a Buenos Aires y no tiene desperdicio.

Se trata de una edición pequeña organizada por secciones. La mayoría de los sitios de interés recomendados no ocupan más de una página y están acompañados por fotografías. La obra muestra lo que cuenta y lo hace de un modo entretenido y preciso. Además, ilustra las descripciones con historias que hacen muy fácil la lectura.

Si ama Buenos Aires le recomiendo leerlo. No se va a arrepentir.

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“EL ATENEO GRAND SPLENDID”, QUIZÁS LA LIBRERÍA MÁS BELLA DEL MUNDO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Serie LIBRERÍAS MARAVILLOSAS DEL MUNDO

Solemos admirar los edificios por su fachada; no es común que su interior nos deslumbre más que su aspecto exterior. Sin embargo, la Librería El Ateneo Grand Splendid es uno de esos casos donde las profundidades son más luminosas que las superficies. Los invito a conocer su historia y a recorrerla.

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco al inicio de “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[1].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Grand Splendid[2]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

EL EDIFICIO

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid, inaugurándose en mayo de 1919. Aunque todos los artículos hacen referencia a “los arquitectos Pizoney y Falcope” a cargo de la dirección de obra, creemos que es un errónea referencia a los grandes constructores José Pizone y Luis Falcone. Pizone tuvo a cargo la construcción del Palacio Barolo, diseñado por Mario Palanti, y Falcone la construcción del Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, diseñado por Héctor Ayerza y Edouard Le Monnier.

Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[3].

GRANDES VALORES DEL AYER

Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[4]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

DEL CINE A LA LIBRERÍA

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color.

Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentra literatura, audio y videos especializados.

Para los que amamos la lectura, entrar a la Librería El Ateneo Grand Splendid es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad… tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [5].

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

Casi a totalidad del presente artículo ha sido extraída de nuestro artículo “Librerías Maravillosas”, © Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018. Todos los derechos reservados que puede leerse en https://pablobedrossian.com/2016/03/25/dos-librerias-maravillosas-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[2] El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[3] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004, que puede leerse en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[4] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[5] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.22


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA CATEDRAL ANGLICANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CATEDRAL ANGLICANA SAN JUAN BAUTISTA, 25 de Mayo 276, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Inaugurado en 1831 bajo el nombre de Iglesia Episcopal Británica de San Juan Bautista es considerado el primer templo disidente (no católico) de Sudamérica. Su propósito era proveer servicios religiosos a la comunidad inglesa en la Argentina. El terreno, que fuera parte del vecino convento mercedario de San Román Nonato, fue cedido por el entonces gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas.

UN POCO DE HISTORIA

Durante el periodo colonial, el único culto legalmente permitido en América del Sur era el católico romano. Dice el Dr. Pablo A. Deiros “La penetración del protestantismo en América Latina data de 1820-1850, y coincide con la liberalización subsiguiente a la independencia”[1].

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La llegada a Buenos Aires en 1818 del misionero y educador bautista escocés Diego Thompson fue el primer antecedente importante frente a la hegemonía católica. Thompson fundó numerosas escuelas públicas; el Cabildo de Buenos Aires lo nombró Director General de Escuelas en reconocimiento a esa labor[2]. Este joven maestro promovía el sistema lancasteriano, basado en la formación de los alumnos más avanzados para enseñar a leer y escribir al resto. El uso de la Biblia como libro de texto generó resistencia en el clero, que en aquel tiempo se atribuía el monopolio de su lectura.

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En diciembre de 1824 se reunió un congreso del que participaron representantes de todas las provincias argentinas. Al mes siguiente, tras largas deliberaciones, sancionó leyes que ratificaron la independencia de las Provincias Unidas y, a la vez, garantizaron las autonomías provinciales. Hasta la sanción de una constitución se resolvió que el gobierno de Buenos Aires se hiciera cargo del poder ejecutivo, en particular para el manejo de las relaciones exteriores.

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El Gobernador de Provincia de Buenos Aires quedó facultado para la firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica (S.M.B.) el 2 de febrero de 1825. En su artículo 12, abordaba la cuestión religiosa:

“Los súbditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, celebrando el oficio divino dentro de sus casas, o en sus propias o particulares iglesias o capillas… también será permitido enterrar a los súbditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios”[3].

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EL PRIMER PASTOR ANGLICANO EN ARGENTINA

Luego de la firma Tratado de Amistad, Comercio y Navegación se promulgó en Londres la Ley de Capellanía Consular, que permitió ese mismo año la llegada a la Argentina de John Armstrong, procedente de las Honduras Británicas, enviado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.  Cumplió su ministerio religioso en Buenos Aires durante 20 años, tras los cuales fue sucedido por su hijo. “Los anglicanos gozaron de la simpatía del pueblo y las autoridades en razón de que no propusieron la evangelización de los católicos” [4].

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EL ARQUITECTO

El templo anglicano de la calle 25 de mayo fue construido por el arquitecto escocés Richard Adams, durante el pastorado de John Armstrong. Hasta ese momento, la comunidad anglicana se reunía en la sala de la Sociedad Filarmónica[5] de la calle Alsina, frente al paredón lateral de la Iglesia de San Ignacio.

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Richard Adams, arquitecto y pintor formado en la escuela del neoclacismo británico, había arribado a la Argentina en 1825 como parte de un contingente escocés[6], para participar de un proyecto colonizador acordado por convenio entre el entonces Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, y los hermanos John y William Parish Robertson. Según el historiador Dr. Pablo Deiros, Adams sería presbiteriano[7]. Como la idea no prosperó, los escoceses se establecieron en la zona de Lomas de Zamora y Monte Grande, organizando un establecimiento rural, para el cual, hacia 1828, Adams ya había levantado más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[8].

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En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde se le encargó la construcción de la actual Catedral de San Juan Bautista. La obra se inició el 5 de mayo de 1830 y fue habilitada un año después, el 6 de mayo de 1831.

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Adams también participó en dos obras desaparecidas: en la fase inicial del primer templo presbiteriano de Buenos Aires, inaugurado en 1835 y demolido en 1893 debido a la ampliación de la Avenida de Mayo, y en el proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[9].

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Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. De su obra pictórica, subsisten tres óleos; el resto se ha perdido.

LA CATEDRAL

Se considera el primer edificio porteño integralmente concebido bajo el estilo neoclásico, pues el pórtico de la Catedral Metropolitana, que data de 1823, es un agregado que no responde a su diseño original[10].

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Está retirado de la calle y elevado, de modo que deben ascenderse escaleras. Cuenta con seis imponentes columnas de orden dórico sobre las cuales se apoya un frontón triangular. Las columnas centrales tienen una mayor separación entre sí que el resto. La puerta rectangular de madera es de hoja doble y está labrada con sencillez. La elevada fachada, de color gris tiza, infunde una austera dignidad.

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El interior sigue la tradicional planta de tres naves separadas por columnas que originalmente eran de orden jónico, pero fueron remodeladas y convertidas al orden corintio a fines del siglo XIX.

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La decoración es muy rica sin perder su sencillez. Se destacan los vitrales, dos placas de bronce que recuerdan a los 500 descendientes británicos enviados desde Argentina a pelear por Inglaterra en la Primera Guerra Mundial y a los 50 enviados a la Segunda, y una talla en madera en el altar que representa la resurrección de Jesucristo.

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Cuenta además con un bello órgano de tubos ubicado al frente de la nave derecha. Todos los bancos son de madera. El cielorraso plano presenta finas terminaciones que combina con el color crema y dorado de las columnas.

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LOS CAMBIOS

El edificio fue restaurado y modificado en 1894 y en 1911. Además, en 1919 el arquitecto inglés Walter Bassett-Smith proyectó el altar, el trono episcopal y los asientos para los canónigos[11]. En 1931 se le añadió el revestimiento de fina ebanistería en roble, diseñado por el arquitecto J. B. L. Tolhurst de Beckenham, y realizado por Sidney Follet.

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Nos cuenta Marcos Gabriel Vanzini: “En un principio la nave central terminaba en una pared donde se habían pintado el Credo, el Padrenuestro y los Mandamientos; junto a estos textos se encontraba la pintura que representa la ‘Adoración de los Magos’, que hoy se encuentra en la nave izquierda. En la decoración del templo, a lo largo de los años, participó activamente parte de la comunidad anglicana. Era costumbre que muchos de los elementos que lo adornaban, fueran regalados por los fieles. Como ejemplo, es destacable el caso de los vitrales que embellecen San Juan Bautista. De un modo especial hay que señalar que en los que se encuentran a la derecha de la Catedral, se recuerda a mujeres pertenecientes a tres generaciones del almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina[12].

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DE IGLESIA A CATEDRAL

La actividad pastoral de la Iglesia Anglicana de Buenos Aires dependió económicamente de la corona británica hasta 1869, cuando pasó a pertenecer a la diócesis de las Islas Malvinas que acababa de ser creada.

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Se consagró como primer obispo a Waite Hockin Stirling, quien había realizado labores misioneras en Tierra del Fuego[13]. Escriben, Juan Francisco Lutteral y Nicolás Hilding Ohlsson: “En 1910 la diócesis de las Islas Malvinas, que comprendía toda Sudamérica, se dividió en dos. Por un lado, la Diócesis de la Costa Oriental (Tierra del Fuego, Islas Malvinas, Chile y Perú) y, por el otro, la Diócesis Anglicana en Argentina y Este de Sudamérica (Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia). Pero los problemas financieros que frenaban la expansión de la obra, la construcción de nuevos edificios y el pago de sueldos a ministros laicos, hicieron que las dos diócesis se volvieran a unir y recién en 1963 se hizo una nueva división diferente”. Por ello, recién en 1964 al quedar fija la sede episcopal en Buenos Aires, la Iglesia Anglicana San Juan Bautista fue elevada a Catedral.

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MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL

El 29 de diciembre de 2000 fue declarada monumento histórico nacional. El decreto del Poder Ejecutivo Nacional dice: “…por su trascendencia histórica y religiosa, la Catedral Anglicana de San Juan Bautista constituye un testimonio temprano y valioso tanto de la arquitectura neoclásica, como de la apertura del país a diferentes pueblos y confesiones religiosas”[14].

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CURIOSIDADES

Vitrales de la familia Brown: En la pared derecha de la Catedral, hay vitrales en honor a tres generaciones de mujeres de la familia del  almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina.

Educadora: Una calle de Puerto Madero recuerda a Juana Manso, “la mujer que más luchó en la Argentina del siglo XIX para promover la educación popular y la emancipación de la mujer. Se destacó como una gran educadora que combatió la instrucción verbalista y dogmática que dominaba en su época, y fomentó una enseñanza integral y mixta”[15]. A los 46 años en este templo decidió seguir la fe cristiana protestante. Trabajó junto a Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda para transformar la educación argentina, fundando y dirigiendo escuelas públicas.

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Visitante ilustre: Para el primer centenario de la Iglesia Anglicana en Argentina se realizó en 1925 un culto al que asistió el Príncipe de Gales.

Mármol: En el exterior hay un mármol conmemorativo dedicado a Caesar Augustus. Rodney fue ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica en Argentina, título que de hecho lo convirtió en el primer embajador norteamericano en el país. Fallecido en 1824, la piedra recordatoria fue colocada, según se lee en ella, el 28 de febrero de 1832. Esto obviamente sugiere que Rodney era anglicano. Su hija se casó en 1926 con un pastor presbiteriano, sirviendo como misioneros en a Argentina[16].

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Túnel: Existe un pasillo interno que conecta la Catedral Anglicana con la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, indudable símbolo de confraternidad[17].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Deiros, Pablo Alberto, “Historia del Cristianismo en América Latina”, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992, p.111

[2] Rodríguez E., Wilson en https://web.archive.org/web/20100721051634/http://diegothomson.edu.pe/mod/resource/view.php?id=29 , basado en “Diego Thompson”, libro escrito por nuestro querido y recordado amigo, el Dr. Arnoldo Canclini.  El nombre del educador en inglés era James Thompson. El autor agrega que Thompson extendió su labor misionera y educativa al Uruguay, Chile, Perú, Colombia y posteriormente hasta México, siendo recibido personalmente por los próceres Bernardo O’Higgins, José de San Martín y Simón Bolívar.

[3] Diario “El Nacional”, Nº 12. del 10 de marzo de 1825. El Diario El nacional circuló entre 1824 y 1826. El texto es reproducido parcialmente por Vanzini, Marcos Gabriel en “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires” y otros.

[4] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.625

[5] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.141

[6] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[7] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.628

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[10] Giménez, Carlos, en http://arqi.com.ar/edificio/catedral-anglicana/

[11] Autores varios, “Patrimonio Arquitectónico Argentino”, Tomo I (capítulo Culto), Ministerio de Cultura de la Nación Argentina, 2011, p.104

[12] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.141

[13] Lutteral, Juan Francisco y Nicolás Hilding Ohlsson, monografía sin fecha, p.3-4

[14] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.143

[15] Deiros, Pablo A., “Juana Paula Manso”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.136

[16] Scharenberg, Martín, “Pioneros presbiterianos”, Rama del Almendro, Buenos Aires, 2017, p.34

[17] Dergarabedian, César, en Catedral Anglicana San Juan Bautista, Templo no Católico más antiguo de América Latina, 2017, https://bahiacesar.com/2017/07/17/catedral-anglicana-san-juan-bautista-templo-no-catolico-mas-antiguo-de-america-latina/ 


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8 ESCULTURAS IMPERDIBLES DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS DE BUENOS AIRES

Buenos Aires se ha convertido en la capital del arte latinoamericano. No es sólo por sus numerosos museos o sus variadas actividades culturales, sino por la sinfonía que componen innovadores murales, músicos populares y esculturas clásicas y modernas bajo una glamorosa arquitectura europea. Como decía León Tenenbaum, La Reina del Plata es un museo al aire libre.

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Dentro de ese universo creativo se destacan las esculturas, quizás porque resisten mejor las inclemencias del tiempo o, más probablemente, porque perduran más allá de los cambios que modelan nuestra propia historia.

Actualmente existe un renovado interés en las esculturas de la ciudad. Fruto de ello son publicaciones recientes como “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público” de María del Carmen Magaz (2013), “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires” de Nicolás Gabriel Gutiérrez (2015) y “Monumentos y Esculturas de Buenos Aires” de Martín Comamala (2016). Te invito a descubrir o conocer más de ocho extraordinarias esculturas porteñas.

  1. LA DUDA
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Está ubicada en el sector este de la Plaza San Martín, donde la avenida Santa Fe dibuja una curva, justo antes del nacimiento de la calle Maipú. Es una obra de profundo simbolismo: Un anciano interpela a un hombre joven probablemente abrumado por sus propias preguntas. La mirada abstraída, el torso inclinado, la posición de las rodillas entre los brazos expresan la profunda incertidumbre del joven, mientras la elocuencia del anciano -que lo mira a los ojos- parece agobiarlo. El detalle que da un significado más preciso a la obra es el libro abierto a la izquierda del joven, una Biblia, a la cual ha dejado de prestar atención.

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Hay quienes han visto en la obra un encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento[1], pero más bien parece una lucha entre la fe y la razón, entre la vida y la muerte inevitable.

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“La Duda” es creación del artista parisino Louis Henri Cordier (1853-1925), hijo del escultor Charles Henri Joseph Cordier. Está hecha en mármol de Carrara y lleva cincelado su título, el nombre del autor y la fecha. A principios del siglo XX Buenos Aires se estaba convirtiendo en una de las urbes más importantes del mundo y necesitaba embellecer el trazado urbano. Una comisión de la Municipalidad de Buenos Aires viajó especialmente a Europa y adquirió esta bella pieza, que fue emplazada en su actual ubicación en 1906.

  1. FLORALIS GENERICA
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Esta inmensa flor es de acero inoxidable, aluminio y hormigón armado es una escultura dinámica: se abre y se cierra con la luz, mientras adquiere distintas tonalidades. Se encuentra en la esquina de la Avenida Figueroa Alcorta y la calle Facundo Quiroga, sobre la Plaza de las Naciones Unidas, muy cerca de la Facultad de Derecho. Asentada sobre una fuente de agua circular, está formada por seis enormes pétalos con cuatro pistilos en el centro. Mide 23 metros de alto, pesa 18 toneladas[2] y en su mayor extensión alcanza los 32 metros de diámetro[3].

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Fue donada por su creador, Eduardo Fernando Catalano (1917-2010), un arquitecto argentino con una amplia trayectoria profesional en Estados Unidos. El sitio wikiarquitectura.com cuenta cómo surgió la idea: “La idea surgió un atardecer de verano, cuando trabajando en su jardín de invierno, notó que una gran flor roja de la especie Hibiscos comenzaba a cerrarse. Sin saber por qué, dibujó una flor geométrica, Catalano cuenta que hacía tiempo deseaba crear una estructura móvil que se abriera, se cerrara o se expandiera. Floralis generica, es ese proyecto hecho realidad”[4].

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Adoptando la regla para los nombres científicos, cuyo primer término describe el género y el segundo la especie, Floralis generica, es una denominación que homenajea a todas las flores. Lo escribimos sin acento porque es un término en latín.

Lamentablemente el mecanismo ha fallado en varias ocasiones (incluyendo el día de su inauguración). Sin embargo, aún sin el movimiento, es una obra admirable. No sólo constituye probablemente la escultura más grande de la ciudad, sino la más cara: se estima que costó entre 4.5 y 6 millones de dólares.

  1. LA NIÑA DE LA FUENTE
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En la pequeña plaza Reina de Holanda, de Puerto Madero, se aloja una de las esculturas más pequeñas de cuerpo entero de la ciudad. Es una niña que mira hacia arriba con la boca, los brazos y las manos abiertos. Aunque puede interpretarse como un reclamo al cielo, el gesto comunica sorpresa y felicidad. Este parece ser el sentido original, según la copia en Apeldoorn, Países Bajos, donde la muchacha parece alegrarse con un chorro de agua que cruza sobre ella[5]; por esa razón, no hay nada mejor que admirarla un día de lluvia. La obra hecha en bronce es creación de la escultora holandesa Tineke Willemse-Steen (1920-2014). También hay otra copia Lüneburg, Alemania.

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La niña de la fuente luce un vestido con mangas cortas, un collar y los pies descalzos. Se apoya sobre un podio cuadrado que, a su vez, está dentro de otro cuadrado con agua. A la izquierda hay una fuente de agua formada por tres cuadrados superpuestos a modo de pirámide. Detrás hay un pequeño muro curvo color naranja con el nombre de la plaza, que -suponemos- hace alusión a Máxima Zorreguieta, la esposa argentina del actual monarca de los Países Bajos, el Rey Guillermo, con quien contrajo matrimonio en 2002.

  1. LA JOVEN CON SU MASCOTA
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Una de las esculturas más emotivas de Buenos Aires se encuentra en el Cementerio de la Recoleta. Representa a la joven Liliana Crociati y a su perro Sabú, al que acaricia tiernamente con su mano derecha.

La joven se había casado a los 23 años con el húngaro Juan Szaszak. En 1970, dos años después de la boda, viajaron a Austria, donde un alud los sorprendió en el hotel de montaña donde se hospedaban. El marido pudo ser rescatado a los pocos minutos, pero Liliana fue encontrada una hora después y no logró sobrevivir. Se dice que Sabú, su mascota, murió el mismo día que ella[6], como si los hubiera habido entre ellos una conexión invisible.

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El escultor Wilfredo Viladrich retrató en bronce a Liliana lánguida y esbelta, con un vestido largo con motivos que se repiten en los bordes de las mangas, debajo del pecho y en el ruedo. El largo pelo lacio cae a ambos lados dejando una raya al medio. Las manos ocupan un lugar central en la obra: son finas y delicadas pero muy alargadas. El dedo anular de la mano izquierda lleva el anillo de bodas.

Según Omar López Mato, el artista, cuyo nombre está grabado en una placa, utilizó como modelos fotos de Liliana con Sabú que, en realidad, había muerto diez años antes[7]. Junto a la sepultura, un escrito en italiano redactado por el padre de Liliana expresa su profundo dolor y se pregunta por qué ha perdido a su amada hija.

Un detalle adicional es que la escultura ha tomado un color verdoso pero la nariz del perrito conserva el color dorado del bronce debido a que muchos la tocan creyendo que da buena suerte.

  1. LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA
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Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existe una réplica en tamaño real en Buenos Aires.

La escultura es del año 190 a.C.. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia se hallaba partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

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La Victoria de Samotracia porteña se encuentra dentro del Palacio Estrugamou, un monumental edificio de departamentos de lujo muy cerca de la Plaza de Retiro, cuya mejor vista es la esquina formada por Juncal y Esmeralda, calle en la que se encuentra su entrada principal. Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Esta réplica en tamaño real hecha en bronce tiene alas algo más cortas. Corona el patio que sirve de espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. No se sabe quién es su autor, que copió cuidadosamente los detalles de la original: la pierna derecha hacia adelante mostrando poder y movimiento y los pliegues del atuendo y la postura del torso, sugiriendo que avanza contra el viento. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Está esperando por usted.

  1. MAFALDA
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Uno de los personajes más entrañables, la inefable Mafalda, tiene su propia escultura en Buenos Aires. Ubicada en la esquina de Chile y Defensa, en el barrio de San Telmo, se encuentra sentada sobre un banco blanco para que cualquier visitante pueda tomarse una foto con ella.

La tira de humor de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, vio la luz oficialmente el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana y hoy es conocida en todo el mundo.

La “Mafalda 3D” mide 80 centímetros y luce vestido y moño verdes. El cuello del vestido y las medias son blancas, contrastando con los respectivos botones y zapatos negros. Las manos se apoyan en el vestido a la altura de las rodillas y tiene su eterna sonrisa enmarcada bajo la tupida cabellera negra. La expresión es la del dibujo: una mirada de esperanza a pesar del mundo y sus calamidades.

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La escultura de Mafalda fue inaugurada el 30 de agosto de 2009. Al evento asistió el propio Quino, quien fue vecino de la zona. Por ello, se descubrió una placa en el edificio de Chile 371 con un dibujo del personaje y la frase “Aquí vivió Mafalda”.

La obra fue realizada por el artista argentino Pablo Irrgang. Para su creación utilizó resina epoxi reforzada con fibra de vidrio. Los colores están incluidos en el propio material para que resista las no sólo los cambios climáticos sino el vandalismo urbano. Afortunadamente, hasta la fecha la obra ha sobrevivido y luce espléndida. Dice el artista “me resultó interesante la idea de que estuviera solita en un banco, cavilando sobre el mundo. De noche, será otro de los chicos que duermen a la intemperie“.[8]

En 2014, para celebrar el 50º aniversario de su primera publicación, Mafalda quedó acompañada por dos de sus amigos: Manolito y Susanita. Cuenta el escultor “incluso vino Quino al taller y hasta pidió, con toda su humildad, que Manolito llevara su delantal del almacén color ‘marroncito grasa’ y sus zapatos ‘mal lustrados’”[9].

Irrgang es un extraordinario artista contemporáneo. Sus trabajos pueden admirarse en http://www.pabloirrgang.com.

  1. EL PENSADOR
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Ubicado cerca del extremo este de la Plaza del Congreso, la robusta figura de un hombre desnudo sentado en actitud reflexiva nos sorprende. Es una inmensa mole de bronce que comunica una extraordinaria humanidad.

Los clásicos experimentos sobre actitudes y sentimientos de Albert Mehrabian demostraron que  sólo el 7 por ciento de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38 por ciento se atribuye a la voz y el 55 por ciento al lenguaje. Por eso El Pensador nos habla sin decir una sola palabra: la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano derecha, la cabeza inclinada despojada de toda sugestión de movimiento, la mirada abstraída y cavilante.

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El autor de esta magnífica obra es nada menos que Auguste Rodin (1840-1917), el más famoso escultor de los tiempos modernos, así como en la antigüedad lo fue Fidias. El Pensador originalmente fue parte de un frustrado proyecto por encargo llamado La Puerta del Infierno, inspirado en La Divina Comedia y correspondía a la imagen de Dante Alighieri. Admirando una imagen de esta magnífica creación[10] se observa la escultura del escritor a una escala mucho menor. Se halla en el centro del panel superior de La Puerta, en la misma pose que El Pensador, pero con la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano izquierda. Rodin continuó trabajando en sus ideas tratándolas como piezas individuales, y pasó de representar al poeta italiano a simbolizar al hombre reflexivo, cuyas preguntas demandan respuestas[11].

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La Municipalidad de Buenos Aires a través de Eduardo Schiaffino adquirió una de las copias realizadas por el mismo artista en 1906. Aunque se pensó colocarla en las escalinatas del Congreso, desde esa fecha conserva su actual ubicación. Un placa de mármol a los pies de El Pensador informa que el fundidor de la pieza fue Alexis Rudier.

  1. CANTO AL TRABAJO
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Canto al trabajo es un espléndido grupo escultórico ubicado en la plazoleta Eva Perón, en la intersección de las Avenidas Paseo Colón e Independencia, en San Telmo. Está conformado por catorce figuras humanas que representan el valor del esfuerzo como puerta al futuro. Todas las piezas están desnudas o tienen cubiertas sus partes íntimas con un paño.

La obra puede descomponerse en dos grupos. El posterior hace un enorme esfuerzo para mover una roca, mientras el que encabeza el conjunto, compuesto por una familia, parece liberado y mira al porvenir. Podría decirse que el primero representa el sacrificio; el segundo, sus beneficios: el padre, erguido, señala el camino, la madre mira el destino y los niños intentan abrazar lo que creemos que es el futuro.

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Esta monumental composición en bronce fue creada por Rogelio Yrurtia (1879-1950), considerado el escultor argentino más importante del siglo XX. La obra es de un valor artístico extraordinario y constituye una de las más preciadas joyas de la ciudad.

La obra fue terminada en 1908 y adquirida por la Municipalidad de Buenos Aires. Entre 1927 y 1937 fue exhibida en la Plaza Dorrego y desde esa fecha ocupa su actual emplazamiento.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.652

[2] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.272

[3] No todos coinciden con las medidas o pesos de una obra tan enorme. Por ejemplo, Diego Zigiotto dice que mide 25 metros de alto y no 23 como Gutiérrez; una nota de La Nación del 10 de junio de 2015, firmada por Josefina Marcuzzi dice que pesa 24 toneladas y no 18 como Zigiotto,

[4] https://es.wikiarquitectura.com/edificio/floralis-generica/

[5] La imagen se puede ver en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Meisje_in_fontein_-_Tineke_Willemse-Steen_(Apeldoorn).jpg

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.358

[7] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de la Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.53

[8] Reinoso, Susana, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 16/8/2009. La nota completa se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/1163053-mafalda-tendra-su-escultura-en-una-esquina-de-san-telmo

[9] Smith, Romina, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 29/9/2014. La nota completa puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Susanita-Manolito-suman-escultura-Mafalda_0_SJLmFmt5vmx.html

[10] Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”), p.387

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.261


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la correspondiente a La Puerta del Infierno, tomada del libro


BIBLIOGRAFÍA

Magaz, María del Carmen, “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público”, Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, Buenos Aires, Argentina, 2013

Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015

López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de l Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004

Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”)

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2012

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013

LA CALLE GUIDO: SUS ESCALERAS Y OTRAS CURIOSIDADES (por Pablo R. Bedrossian)

La calle Guido es una de las más distinguidas calles de Buenos Aires. Pero, además de su glamour europeo, tiene en su corto trayecto detalles únicos: esculturas, un aljibe e, incluso, dos tramos con escaleras; es la única calle que cambia de nombre al cruzar la calle Juncal. Descubra en esta nota algunas de las perlas más preciadas de esta refinada vía.

La calle Guido homenajea a Tomás Guido (1786-1866), quien fuera secretario de Mariano Moreno en 1811, amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín, Ministro de Guerra del Perú y Embajador argentino en Brasil entre 1840 y 1852[1]. Su tumba se encuentra en el cementerio de la Recoleta. Fue levantada por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano, con piedras traídas de la Cordillera de los Andes. Sin embargo, el cuerpo de Tomás Guido ya no se encuentra allí, pues fue trasladado en 1966 a la Catedral Metropolitana[2].

Si caminamos en dirección inversa al tránsito vehicular, podemos decir que la calle Guido es la continuación de la calle Talcahuano. Esta calle, cuyo nombre proviene de una ciudad fortificada en el sur de Chile atacada sin éxito por el General Las Heras durante la gesta libertadora[3]m tras hacer una curva y cruzar la calle Juncal, recibe el nombre de Guido. Justo allí se encuentra la plazoleta Pedro Miguel Obligado, en honor a un jurisconsulto y escritor argentino nacido en 1982 y fallecido en 1967[4]. En un costado hay un café, que cuando el clima lo permite ofrece algunas mesas al aire libre para disfrutar del ambiente parisino de la zona. También, en un ángulo de la plazoleta se encuentra una bella réplica en mármol de la Venus Citerea o Afrodita de Capua, de autor desconocido. El original, que fue esculpido en tiempos del emperador Adriano (principios del siglo II d.C.) y se encuentra expuesto en el Museo Arqueológico Nacional de Nápoles, Italia, es, a su vez, copia de una figura griega realizada en bronce en el siglo IV a. C.[5].

Continuando nuestra marcha por la calle Guido en la misma dirección, encontramos enseguida que la breve calle Parera termina en la mitad de la cuadra derecha. En la esquina siguiente se entrecruzan tres calles: Guido, Montevideo y Uruguay que nace como una diagonal entre las otras dos. Enseguida, la calle Montevideo, al cruzar la calle Juncal hará una curva y se convertirá en paralela de Uruguay. Pero evitemos confusiones y detengámonos en este cruce de múltiples esquinas para observar un aljibe que nace donde se unen Guido y Uruguay. Está ubicado frente a un edificio de siete pisos terminado en 1935 que parece un triángulo trunco, ubicado a la altura de de Guido 1588-98 / Uruguay 1391, obra del arquitecto Carlos Dumas y del ingeniero Alberto Dumas. Se dice que el aljibe es réplica del que la Sociedad Argentina de Escritores (SADE) colocó frente a su sede, en Mexico 526, pero no hay certeza[6].

Si avanzamos dos cuadras cruzamos la ancha Avenida Callao. Otras dos cuadras más adelante, justo al llegar a Roberto M. Ortiz, la peatonal sobre la cual se ubican los restaurantes de la Recoleta, la calle Guido se vuelve empedrada. A partir de allí luce rodeada de jardines hasta que, unos metros más adelante, choca con el Cementerio.

Sin embargo, Guido no termina en ese paredón. Continúa del otro lado del espectacular cementerio-museo porteño. Renace en la calle Azcuénaga. Una cuadra después cruza la Avenida Pueyrredón, y pocos metros más adelante, empedrada y siguiendo una pendiente ascendente, en su cruce con la calle Luis Agote se levanta sobre ella una de las escasas calles con escaleras de Bs. As.

Se trata de una ancha escalera central, rodeada a ambos lados por miradores que miran al cementerio, a dos niveles. El primero se encuentra a 17 escalones y forma un descanso en el ascenso.

El segundo mirador halla 12 escalones más arriba. Cada mirador presenta anchas balaustradas. Los dos superiores tienen, además, dos enormes jarrones– canteros con altorrelieves alegóricos de niños cargando cestas, a los sendos lados de las escaleras. ‘

La primera escalera de la calle Guido nos permite llegar a una zona elevada, conocida como La Isla. Este sector, cubierto de edificios de muy elevado precio, ocupa una suerte de loma o pequeña colina que se eleva desde la Avenida Las Heras hasta el monumento al General Bartolomé Mitre, y está bordeada por las calles Dr. Luis Agote y Agüero, a las que se desciende a través de las escaleras de la calle Guido.

Teniendo a nuestra espalda la escalera que acabamos de ascender, vemos a nuestra derecha un robusto edificio de líneas rectas que parece tener cinco plantas, separado de la calle por una reja. Forma parte del complejo de la Embajada del Reino Unido (conocida popularmente como “Embajada de Inglaterra”).

Avanzamos hasta la esquina y llegamos a un amplio espacio abierto y apacible, a pesar de ser la confluencia de múltiples esquinas. En su centro se ubica la plazoleta Gelly y Obes, emplazada sobre la avenida General Juan Gelly y Obes, que lleva este nombre desde 1915, en homenaje a quien fuera ministro de Guerra y Jefe del Estado Mayor durante la presidencia de Bartolomé Mitre y continuara sus funciones como general en jefe durante la presidencia de Domingo Faustino Sarmiento[7]. A la plazoleta desembocan no sólo la calle Guido y la avenida General Juan Gelly y Obes, sino también la calle Galileo y la calle Newton que en su corto trayecto bordea el edificio más importante de la Embajada del Reino Unido, que originalmente fuera el Palacio Madero Unzué, que perteneció a la familia homónima, construido entre 1914 y 1917 por los arquitectos ingleses Walter Basseth-Smith y Bertie Collcutt.

Volviendo a la plazoleta, sobre una columna se erige el busto al General Gelly y Obes, realizado por el escultor italiano Camilo Romairone, quien llegó a la Argentina en 1870 y realizó varios mausoleos del Cementerio de La Recoleta. Este busto, que estaba en la respectiva bóveda del militar, fue donado por uno de sus biznietos en 1965 e inaugurado en la plazoleta en 1972[8].

En la esquina norte de Guido y Gelly Obes se observa una de las veredas más anchas de Buenos Aires.

Luego de detenernos a admirar La Isla desde la plazoleta Gelly y Obes, continuamos por la calle Guido para recorrer su última cuadra. En el camino, saturado de autos estacionados, encontramos a mano derecha la Plaza Luis F. Leloir, que recibe su nombre del médico, bioquímico y farmacéutico argentino ganador Premio Nobel de Química en 1970. Tiene senderos de polvo de ladrillo rojo y bellos jardines de grama.

Si Ud. ingresa a la plaza, al fondo encontrará un mirador que da directamente a la curiosa calle Arjonilla, que es una escalera, y también a la Avenida del Libertador General San Martín, que se encuentra más abajo, descendiendo la loma en la que nos encontramos.

Llegamos así al final de la calle Guido, que es otra escalera que tiene sabor parisino. Vista desde arriba, comienza con una explanada de baldosa cuadriculada. A ambos lados se abren dos escaleras que descienden hacia su confluencia y en el centro una pequeña fuente y un monumento dedicado al médico argentino Antonio F. Piñero, realizado por el escultor argentino Eduardo Lagos.

Es interesante notar que Piñero -reconocido psiquiatra, luego diputado nacional- nació en 1855 y murió en 1921. Sin embargo, una placa que lo recuerda, lleva debajo el nombre del escultor del busto en bronce, Alberto Lagos y las fechas 1885-1960. Entonces, no se trata de las fechas de nacimiento y muerte del homenajeado sino del escultor.

El busto fue inaugurado en 1927[9] y muestra al ilustre galeno con una toga al estilo romano. Se apoya sobre una base de mármol con forma de muro, que a sus lados tiene dos bajorrelieves alegóricos con una cabeza de león entre ambos, de donde fluye el agua hacia la pequeña fuente -que en nuestras visitas siempre hemos visto seca-. Detrás, imponente, se erige como un rectángulo elevado el edificio de la Biblioteca Nacional.

A los lados de las escaleras hay balaustradas que sirven de miradores. Vista desde arriba, la de la derecha está cubierta parcialmente por árboles y plantas y la de la izquierda está despejada.

En ambas se levantan columnas de capiteles dóricos, coronados por cóndores de piedra.

Las escaleras, ambas de 12 escalones, confluyen en una suerte de entrepiso. En el centro está la vista posterior del monumento a Piñero con el busto de espaldas y otra fuente, mucho más pequeña, con una base que remeda la mitad de una concha marina y por encima una cabeza de león por cuya boca debería fluir el agua.

A los lados, las barandas de las escaleras terminan con pequeñas pero regordetas columnas coronadas por canteros.

Desde el entrepiso desciende finalmente una amplia escalinata, también de 12 escalones, hasta la calle Agüero, con dos pequeños muros laterales rematados por otros dos canteros.

ACERCA DE LA ISLA Y EL DISEÑO DE LAS ESCALERAS

Como ya hemos escrito en otro artículo[10], La Isla, con sus aproximadamente 82,000 metros cuadrados, era la quinta de la familia Hale-Pearson. En 1906, la Municipalidad de Buenos Aires decidió comprar los terrenos con el propósito de construir un barrio parque con un belvedere que diera al Río de la Plata. Para ello se contrató “al ingeniero y urbanista francés Joseph Bouvard (1840-1920), Director de Obras y Paseos de París, quién se encargó del trazado de calles, terrazas, escalinatas y del diseño de ‘Plaza Mitre’”[11] que es el otro nombre que recibe La Isla. Bouvard visitó varias veces la Argentina entre 1907 y 1910 y realizó diseños para modernizar Buenos Aires e incluso Rosario[12]. En principio, se atribuye a Bouvard, quien había sido director administrativo en el área de Arquitectura, Paseos y Forestación de París[13], la creación de las cuatro calles con escalares de La Isla: las dos de la calle Guido, la de la calle Copérnico y la de la bella y breve calle Arjonilla.

En La Isla se encuentran la Embajada de Inglaterra y la sede del Ministerio de Seguridad. También, al este, se encuentra el complejo monumental dedicado al Presidente Bartolomé Mitre, inaugurado en 1927, creación de los artistas italianos Davide Calandra (1856-1915), quien ganó el concurso para la obra pero murió antes de finalizarla, y Eduardo Rubino (1871-1954) quien la completó[14]. Desde ese elevado punto de la barranca, se puede observar una loma verde y la bella y ancha Avenida del Libertador.  He leído que en el sitio donde está emplazado el Monumento a Bartolomé Mitre anteriormente había una terraza con escalinatas imperiales y un nicho con una estatua, pero no pude corroborar la fidelidad de la fuente.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados. 


BONUS: VIDEO DE LA CALLE GUIDO, SECTOR SOBRE LA ISLA


REFERENCIAS:

[1] Iusem, Miguel, “Diccionario de las Calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.87

[2] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, 2013, p.109-110

[3] IIusem, Miguel, Op. cit., p.173

[4] Piñeiro, Gabriel Alberto, “Barrios, Calles y Plazas de la Ciudad de Buenos Aires”, Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2008, p.306

[5] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, Esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.629.

[6] Corona Martínez, Alfonso, Diario La Nación, Suplemento de Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 23/10/2002, citado en http://www.lanacion.com.ar/443042-selva-en-altura-en-pleno-centro

[7] Iusem, Miguel, Op. cit., p.81

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit. p.590

[9] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit. p.591

[10] Bedrossian, Pablo, “La calle Arjonilla”, https://pablobedrossian.wordpress.com/2015/12/19/la-calle-arjonilla-por-pablo-r-bedrossian/

[11] DG en http://diager-arte.blogspot.com/2008/10/una-isla-en-recoleta.html

[12] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 2004, Tomo a/b, p.180.

[13] Parise, Eduardo en http://www.diasdehistoria.com.ar/content/la-isla-acento-franc%C3%A9s-en-recoleta

[14] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit. p.593,594


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Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

CÓMO VER BUENOS AIRES DESDE EL OBELISCO (por Pablo R.Bedrossian)

Si desea ver Buenos Aires, tal como se ve desde el Obelisco, aquí le explicamos cómo. Verá que no hace falta subir sus 68 metros.

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El 20 de septiembre de 2015 el famoso Obelisco de Buenos Aires amaneció decapitado. Para sorpresa de los porteños, su punta había desaparecido. Explotaron los comentarios. Se postularon todo tipo de hipótesis, desde una imprevista restauración hasta un robo extraterrestre. La sorpresa había producido el impacto deseado.

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El Obelisco, vista con la punta “cortada”

Enseguida se develó el misterio: La incansable imaginación de Leandro Erlich pergeñó un capuchón que cubriera la cúpula simulando un monumento trunco.

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La punta del Obelisco oculta por el capuchón, vista desde arriba

Días después el cobertor fue quitado, recuperando el Obelisco su aspecto habitual. En declaraciones reproducidas por el diario La Nación, el artista explicó esta intervención:

“Toma como eje al Obelisco, un icono que tiene la particularidad de ser muy misterioso en muchos aspectos. Los argentinos no conocemos su interior porque no fue pensado para ser visitado… Es como abrir una ventana donde no la hay. Son situaciones que a mí me generan una cierta ilusión: demuestran que todavía hay cosas por descubrir, por pensar, por inventar. Creo que lo cotidiano y la alienación te llevan del otro lado, a la vereda de enfrente, ahí donde todo está determinado, donde las cosas no van a ser diferentes, y eso es bastante triste”[1].

Al mismo tiempo, Erlich creó una reproducción a escala real de la punta del Obelisco. La expuso primero en el Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires (MALBA) y luego en La Usina del Arte, el espacio cultural en La Boca, donde la visité. Tanto el obelisco sin vértice como esta copia constituyen lo que el artista denominó “La Democracia del Símbolo”

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Copia del extremo superior del Obelisco, expuesto en La Usina del Arte

La pieza ubicada en el patio de entrada de “La Usina del Arte” puede visitarse por dentro, subiendo una pequeña explanada. Al ingresar la sorpresa se multiplica, pues el visitante puede ver imágenes de video tomadas desde el Obelisco, como si estuviera allí. En el lugar tomé las fotos que se observan debajo.

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Es una experiencia única, pues, como se sabe, este símbolo porteño está habitualmente cerrado a los visitantes y sólo se puede acceder a su cúspide a través de una escalera en caracol.

Una observación final: hemos dicho que “La Democracia del Símbolo” es una intervención artística. Se conoce como intervención artística a toda acción sobre una obra de arte, sea para completarla o transformarla, incluso cambiando el sentido original.

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] http://www.lanacion.com.ar/1829672-sorpresa-el-obelisco-se-quedo-sin-su-punta


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de tres fotos: las dos fotos con el Obelisco truncado de frente y desde arriba, y el de la preparación de la copia de la cúpula del Obelisco, tomadas del sitio del MALBA, http://www.malba.org.ar/leandro-erlich-la-democracia-del-simbolo/

 

CÓMO VISITAR LA BOCA (por Pablo R. Bedrossian)

000-dsc08252La Boca es el barrio italiano de Buenos Aires. Debe su nombre a la entrada del Riachuelo, angosto tramo final del río Matanza, en el Río de la Plata. El colorido de sus casas de metal acanalado, las esculturas que embellecen muchas de sus calles y el famoso estadio de Boca Juniors, la Bombonera, la convierten en una pequeña ciudad dentro de la ciudad.

Además, sus altas veredas contra las inundaciones, sus puentes de hierro, sus viejos edificios color tierra y ese enjambre de depósitos y fábricas abandonados que bordea sus riberas contribuyen a ese crear una atmósfera intensamente popular, propia de las primeras décadas del siglo XX.

  1. ALMUERZO EN “EL OBRERO”

001-dsc05397Empezamos nuestro recorrido almorzando en El Obrero, un bodegón que ha sobrevivido a las tormentas sociales, a la inflación y a los bruscos cambios de gobierno. Mientras espera su orden, pida unas rabas fritas con una tortilla de huevo y papa. No se  va a arrepentir.

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  1. MUSEO DEL CINE PABLO DUCRÓS HICKEN

004-dsc05411Enfrente se encuentra el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken. Su nombre homenajea al investigador cuya colección, donada por su viuda, sirvió de base para iniciar el museo. Está dedicado a la investigación, preservación y difusión el patrimonio cinematográfico argentino. Se recorre muy rápidamente, salvo que Ud. desee detenerse en algo de su interés. Forma parte del histórico complejo edilicio que perteneció a la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, al que también pertenece la Usina del Arte, pero tiene entrada independiente por la calle Agustín R. Caffarena 51,

http://www.buenosaires.gob.ar/museodelcine

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  1. LA USINA DEL ARTE

En la esquina este se encuentra La Usina del Arte, un espacio recuperado convertido en Centro Cultural. El edificio originalmente fue erigido para alojar turbinas generadoras de energía eléctrica para el polo fabril que se levantaba en la zona a principios del siglo XX. El diseño fue encargado al arquitecto italiano Giovanni Chiogna, quien le dio el aspecto externo de un imponente palacio florentino de ladrillo rojo a la vista. Inaugurado hace un siglo; recomendamos ver la bella torre almenada de una de sus esquinas.

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Se ingresa por la esquina de la Avenida Don Pedro de Mendoza y la calle Agustín R. Caffarena. Sus altos muros contienen un edificio rectangular con basamento de piedra gris, con otras dos torres en extremos opuestos, una de ellas con un bello reloj. Al ingresar, se encuentra un gran patio y una espléndida escalera, que nos recuerda a un castillo medieval. No deje de observar algunos detalles de la construcción, tales como los arcos de medio punto, algunas gárgolas y trabajos de herrería que sobrevivieron a las remodelaciones.

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El interior ha sido acondicionado para espectáculos ofreciendo al visitante una soberbia experiencia.

http://www.usinadelarte.org/

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Tip: Un detalle para los fans de los pasajes urbanos y callecitas empedradas: Por dentro del complejo hay una calle privada empedrada que lo cruza en su totalidad, desde la Avenida Benito Pérez Galdós hasta la calle Agustín R. Caffarena.

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  1. EL GALPÓN DEL GRUPO DE TEATRO CATALINAS SUR

Luego dar la vuelta por la Avenida Pérez Galdós llegamos a una fachada decorada ricamente por inefables personajes, moldeados al estilo típico de la Boca. Es el galpón del Grupo de Teatro Catalinas Sur, integrado por vecinos que ven en el teatro un puente hacia su comunidad.

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El lugar fue un depósito de tintas, hoy recuperado por este movimiento artístico independiente como un espacio cultural. Las divertidas figuras que parecen ser espectadores ubicados sobre una tribuna y varios palcos, son creación de tres brillantes artistas plásticas: Andrea Agüero, Andrea Bustamante y Valeria Vizioli.

http://www.catalinasur.com.ar/

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Tip: Desde la esquina y por cerca de 50 metros en la calle Caboto, que corta la Avenida Benito Pérez Galdós, el maestro Oscar Gasparini montó un mural donde reflejaba la identidad boquense. En nuestra última visita en 2016 estaba parcialmente desmontado, pero es probable que sea renovado.  Sin embargo, recientemente La Boca (que forma parte del “Distrito de las Artes”, que engloba barrios del sur de Buenos Aires), se enriqueció con 21 intervenciones artísticas en forma de murales callejeros. Artistas internacionales como Reka (Australia), Millo (Italia), Telmo Pieper (Holanda), Camille Walala (Francia), Nase Pop (Holanda), y locales, como Felipe Pantone, Parbo, Martín Ron, Pastel, Gordo Pelota, Zumi y P3Dro Perelman, poblaron muros, esquinas, fachadas y medianeras con su arte. Es el primer paso de un ambicioso proyecto, y las obras pueden verse recorriendo las calles Benito Pérez Galdós, Wenceslao Villafañe, Ministro Brin, Caboto y Caffarena, en las inmediaciones de La Usina del Arte.

http://dondebuenosaires.com.ar/murales-callejeros-en-la-boca/

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  1. LA CASA DEL FANTASMA

Avanzando por la Avenida Benito Pérez Galdós por la vereda opuesta al galpón del Grupo de Teatro Catalinas Sur, un llamativo edificio color piedra de forma triangular -o más precisamente, trapezoidal- forma tres esquinas con la calle Wenceslao Villafañe y la Avenida Almirante Brown. Es fácilmente reconocible por su diseño geométrico coronado por una enorme torre cilíndrica con almenas. Se lo conoce como “La Casa del Fantasma” o “El Castillo de La Boca” y se tejen sobre muchas leyendas.

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María Luisa Auvert Arnaud, una rica hacendada de Rauch, una zona rural de la Provincia de Buenos Aires, encargó la obra al arquitecto Guillermo Álvarez. El diseño sigue lineamientos del movimiento modernista europeo que llegó a Bs. As. a principios del siglo XX. La construcción fue inaugurada en 1908 y en 1910, recibió un premio municipal por su arquitectura.

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  1. AVENIDA ALMIRANTE BROWN Y PUENTE TRANSBORDADOR NICOLÁS AVELLANEDA

Allí tomamos la Avenida Almirante Brown hacia la derecha. Cruzamos con cuidado el inicio de la autopista y nos dirigimos a Riachuelo.

Tip:

Si no almorzó en El Obrero, le recomendamos comer una fugazetta en la histórica pizzería Banchero, ubicada en la esquina de la Avenida Almirante Brown y Suárez. Inaugurada en 1932 es en lugar obligado de encuentros de personalidades de la Boca, incluidos los jugadores del famoso Boca Juniors. En 2002 fue declarada Sitio de Interés Cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No espere lujos ni glamour, sino un sitio y una pizza que han hecho historia.

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Continuando por la avenida,  observamos dos grandes estructuras de hierro que lo cruzan, que remedan oxidados esqueletos prehistóricos.

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El de la izquierda, actualmente pintado de rojo, corresponde a una sección del Puente Nicolás Avellaneda, inaugurad en 1940; el de la derecha, es el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, inaugurado en 1913, dedicado a transportar personas de una orilla a la otra mediante una plataforma. Su imagen es un ícono boquense.

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Transcribimos datos que nos han parecido interesantes de un artículo de la Sociedad Central de Arquitectos: “El Puente Transbordador Nicolás Avellaneda es único en América y uno de los ocho que quedan en pie en el mundo…fue construido en Inglaterra, en hierro, con trazas de cobre para resistir la corrosión; luego se lo armó en Buenos Aires, a la manera de un Mecano. Presenta una plataforma suspendida, tirada por cables, que le permitió cruzar el Riachuelo a coches, camiones, carros con caballos y también al tranvía”[1]. Compartimos aquí una foto tomada por nosotros en los años ’90. A partir de ella se pueden observar las mejoras realizadas.

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  1. PUENTE NICOLÁS AVELLANEDA

Al llegar al Riachuelo se conectan la Avenida Almirante Brown -por dónde veníamos- y la Avenida Don Pedro de Mendoza, que hace una curva que la cruza con la que fuera antes su paralela. Doblamos a la izquierda y tras caminar unos metros, podemos entrar al Puente Nicolás Avellaneda, de diseño art deco.

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En nuestra última visita, para garantizar nuestra seguridad, un policía de la guardia que estaba en la planta baja se ofreció a acompañarnos en la visita. Tras subir las escaleras mecánicas de esta monumental obra, podemos cruzar por arriba el Riachuelo hacia el Dock Sud o detenernos para tomar algunas fotos. Del lado izquierdo, se observa el Puente de la Autopista Buenos Aires – La Plata y, tras él, el Río de la Plata.

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  1. AVENIDA PEDRO DE MENDOZA

Bajamos del puente y regresamos hacia la derecha. Cruzamos la Avenida Almirante Brown, que allí termina, y caminamos por una ancha costanera que bordea el Riachuelo y sirve como acera al siguiente tramo de la Avenida Pedro de Mendoza. Las casas y edificios que quedan a nuestra derecha, muchos de ellas abandonados, tienen fachadas muy originales.

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Del otro lado del Riachuelo se observa el tranquilo perfil ribereño del Dock Sud con su aroma a alquitrán, asfalto y vieja industria.

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  1. HOSPITAL DE ODONTOLOGÍA Y LACTARIO MUNICIPAL

Avanzando por la Avenida Pedro de Mendoza, en su esquina con la calle Palos, nos encontramos con un edificio que se levanta como si fuera un cubo. Es el Hospital de Odontología Benito Quinquela Martín, que fue donado por el más famoso pintor de La Boca. Inaugurado en 1959, la cara que da a la serpenteante avenida Pedro de Mendoza es color arena oscuro; poblada de ventanas, en su extremo izquierdo luce el mural “La boca del Riachuelo”, creación de Quinquela. Hecho en cerámica, tiene los motivos que caracterizan la obra de Quinquela: el puerto, los barcos, los trabajadores, las chimeneas, siempre con el fondo del río y del cielo, siempre con un intenso colorido. Se ha dicho que, si bien el artista le dio a sus trazos la percepción lumínica de los impresionistas, su regreso al dibujo, notable en particular en la figura de los estibadores encorvados, revela cierta influencia post impresionista.

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Del otro lado, si uno observa hacia arriba, desde la segunda planta la fachada remeda una pintura cubista: un cuadrado verde pálido atravesado por franjas horizontales de intensos colores, celeste, rojo, amarillo y nuevamente celeste.

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Tip: Si avanza unos metros por la calle Palos, en la terraza del edificio adyacente al Hospital de Odontología, se levanta una bella escultura, réplica del Monumento al Pescador, del famoso escultor Roberto Capurro, erigido en Mar del Plata[2].

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Enfrente del Hospital de Odontología, se encuentra el Lactario Nº 4 de la Ciudad de Buenos Aires, inaugurado en 1947, gracias a otra generosa donación también del gran pintor boquense. En la ochava se abren dos escalinatas -típicas en La Boca en vista de las frecuentes inundaciones- para ascender a las aceras, tanto en la calle Palos como en la Avenida Pedro de Mendoza, por donde seguimos nuestro recorrido, a través de una breve recova. En el ángulo superior que da a la esquina, la imagen de un joven alado con una banda que dice “te guío y amparo” simula el mascarón en la proa de un barco, sobre el cual se proyecta la quilla.

  1. TEATRO DE A RIBERA Y ESCUELA Y DE BELLAS ARTES “BENITO QUINQUELA MARTÍN”

Dejando atrás el Lactario, encontramos un pequeño mural, que dice Paseo de la Ribera, República de la Boca, con un plano del barrio, la descripción de los lugares más conocidas y unas figuras tangueras que bailan sobre una calle empedrada cuyo fondo es parte del camino que venimos recorriendo. La “República de la Boca” -según se cuenta- fue una iniciativa de vecinos genoveses que, durante un conflicto laboral, decidieron autogobernarse, declarando su adhesión al Rey de Italia, Humberto I. Aunque no hay ninguna evidencia documental que la respalde, la versión más difundida dice que estos xeneizes izaron su propia bandera, que tenía los colores argentinos, la cruz blanca de la Casa de Saboya -a la que pertenecía el monarca italiano- y un gorro frigio. El Presiente Roca habría acudido con tropas de su ejército y abortado la intentona. En 1923, Benito Quinquela Martín refundó la República de la Boca, como una organización social y cultural muy original y divertida. Recuerdo haber visto cuando era niño, en “Sábados Circulares”, un famoso programa de TV de aquella época en el Canal 13, al Presidente y al grupo directivo de la original República, cuyos símbolos debieron ser la murga y el fainá.

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Uno pocos metros adelante se encuentra el Teatro de la Ribera, inaugurado en 1971 por otra generosa donación de Quinquela Martín. Su colorida fachada está en la misma línea arquitectónica que la del vecino Hospital de Odontología. Dentro tiene ocho murales realizados por el reconocido artista boquense, y desde 2010 está exclusivamente dedicado al tango.

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El edificio siguiente, muy colorido como los precedentes, pero algo más alto y en estilo art deco, es el Museo de Bellas Artes de la Boca “Benito Quinquela Martín”, más conocido como “La Casa de Quinquela”. Sin embargo, el frente dice “Escuela Pedro de Mendoza”. Ocurre que en 1933 el artista donó una la propiedad para construir una escuela primaria (que se inauguró en 1936 y funciona en la Planta Baja), un Museo de Artistas Argentinos (inaugurado en 1938) y un espacio para su vivienda y taller, que el Museo trata de preservar en su estado original. Lamentablemente en nuestra última visita la fachada estaba muy descuidada.

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Enfrente, del otro lado de la Avenida Pedro de Mendoza, se alza un merecido homenaje al gran artista y filántropo boquense: una estatua suya, cuya base descansa en un colorido empedrado, que lo muestra mirando hacia su casa, .

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En el interior del Museo no está permitido tomar fotos. Recomendamos visitar todas sus salas. La más curiosa es la de mascarones de proa, en su mayoría de finales de siglo XIX. Hay una sala de pintores argentinos cuya colección, formada por el propio Quinquela mediante compras, canjes y donaciones, puede competir con la del Museo Nacional de Bellas Artes. Desde luego, hay que admirar las salas con obras del gran artista boquense. Quizás no están allí sus mejores piezas, pero reflejan el drama del puerto, la incipiente industrialización de la zona y su amor por La Boca. Vale la pena ascender y detenerse en la terraza donde hay interesantes esculturas figurativas de artistas nacionales, a la vez que buenas vistas del barrio.

Entre las obras de la terraza puede admirarse “Herido”, del ceramista y pintor Marino Pérsico (1910 – 1976); su hijo, el artista plástico Marino Santa María, es el que intervino artísticamente la calle Lanín, de la capital argentina.

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Hay varias esculturas, como “El Creador”, de Héctor Rocha (1891 – 1964), hecha en cemento, que transmite un colosal poder.

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El lugar es un remanso de paz, para pensar y meditar.

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Preste atención a los detalles. Todo el edificio, en sus paredes y baldosas lleva el sello del gran pintor de La Boca.

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  1. VUELTA DE ROCHA

Seguimos nuestro camino en la misma dirección. A nuestra izquierda, siempre el Riachuelo, y a la derecha viejas casas. Algunas tienen hoy nuevos colores y otros curiosos detalles, siempre en el intento de atraer a los clientes a los comercios que hay en ellas. Desde luego, allí puede comprarse un mate y su bombilla.

Encontramos una feria artesanal, y a pocos pasos entramos a La Vuelta de Rocha, un recodo del Riachuelo, en cuya frente hay una plazoleta con un mástil, un cañón y un busto del Almirante Guillermo Brown, marino irlandés que en 1810 llegó a Buenos Aires, y decidió sumarse a las fuerzas revolucionarias criollas. Es considerado el padre de la Armada Argentina.

Frente a la plazoleta se encuentra el edificio de la Fundación Proa, que ofrece atractivas propuestas culturales.

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Tip: A la entrada de La Boca, un poco más allá del Parque Lezama, sobre Avenida Almirante Brown,  y muy del Hopsital Argerich se encuentra Casa Amarilla, réplica de la casa que que perteneció al famoso marino que da nombre a la avenida.

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  1. CALLE MUSEO CAMINITO

Pero no sigamos por la Avenida Pedro de Mendoza, sino, en lugar de tomar la curva, avancemos derecho en línea recta. Justo allí nace la calle Magallanes.

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A pocos metros, poco después de cruzar la calle Dr. Enrique del Valle Iberlucea -que recorreremos más tarde-, se encuentra la entrada a la calle más famosa de La Boca, la calle museo Caminito.

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La unión de estas tres calles, Magallanes, Iberlucea y Caminito constituye el corazón de La Boca. Es el lugar favorito y, a la vez, paseo obligado de todo visitante. Siempre hay decenas de turistas admirando su colorido, sus esculturas y sus conventillos.

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Comencemos caminando por Caminito. Una casa de dos plantas de forma triangular es el clásico acceso. Vista desde el frente, a la izquierda continúa la calle Magallanes; la diagonal a la derecha es la calle museo, que vamos a recorrer.

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Aunque el cartel al inicio de la calle dice que el famoso tango “Caminito” de Juan de Dios Filiberto fue inspirado en ese lugar, en realidad es al revés: la calle lleva el nombre por la canción, que además fue presentada en 1926 y no en 1923 como dice erróneamente la placa. Filiberto sólo compuso la música del famoso tango. La letra corresponde al poeta Gabino Coria Peñaloza, que se inspiró en Caminito de Olta, un antiguo sendero rural de La Rioja.

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Caminito es una suerte de arco que se abre paso en la manzana formada por las calles Aráoz de Lamadrid, Garibaldi, y las ya mencionadas Magallanes y del Valle Iberlucea. Su curioso trazado se debe a que antiguamente corría por ella un arroyo que abrevaba en el cercano Riachuelo. Luego formó parte del recorrido de un ramal del Ferrocarril Buenos Aires al Puerto de la Ensenada.

A lo largo de sus aproximadamente 150 metros se exhiben numerosas obras de arte, muchas de ellas vinculadas al puerto y a los inmigrantes. La primera es un muro con un medio relieve dedicado al Libertador, el General don José de San Martín, conocido en Argentina como “El Padre de la Patria”. La obra es creación del prestigioso escultor Roberto J. Capurro (1903-1971)

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De Capurro también se destaca “Esperando la barca”, un altorrelieve cuadrado con un motivo típico de la Boca; obsérvense los rostros que reflejan tristeza y la resignación.

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Hay obras sumamente interesantes como “El sembrador espiritual”, de Antonio Sassone (1906-1983), cuyo rostro remeda al Cristo del arte y que puede considerarse una representación de la bíblica Parábola del Sembrador, aludiendo a Cristo como quien esparce la buena semilla.

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“La sirga” de Julio Vergottini (1905 – 1999), un gran bajorrelieve 2.30 metros de ancho por 4 metros de largo. refleja el duro trabajo en el puerto. La sirga es una gruesa soga utilizada para remolcar las embarcaciones desde tierra, generalmente en ríos.

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Del mismo autor también recomendamos ver “La canción”.

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Entre las numerosas obras, en su mayoría esculturas, también recomendamos “La Madre”, de Juan B. Leone.

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Finalmente recomendamos “Clavel del aire”, un homenaje al tango del reconocido escultor Luis Perlotti (1890 – 1969).

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Hay otro detalle que vuelve el paseo por Caminito mucho más interesante: los conventillos que lo bordean. Se trata de viviendas urbanas colectivas donde se ofrecían cuartos en alquiler, que habitualmente eran rentados por inmigrantes.

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Conocidos originalmente como cuarterías, y luego también como inquilinatos, tenían comedores y baños comunes, formando una pequeña comunidad. Actualmente sobreviven algunos, en su mayoría con fines turísticos, que se pueden visitar a la vuelta, por la calle Magallanes.

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Habitualmente de madera o metal (que en Argentina se llama chapa y en otros países lámina), en La Boca tienen colores intensos que los han convertido en símbolos del barrio.

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Al final de la calle, en su cruce con la calle General Gregorio Aráoz de Lamadrid, hay un edificio cuyo extremo triangular remeda la proa de un barco.

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En el lado que da a Caminito hay un enorme mosaico de Ricardo Sánchez que reproduce la obra de Quinquela Martín, “Regreso de la Pesca”.

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Allí, al llegar a Aráoz de Lamadrid, lo mejor es dar la vuelta a la manzana. Para ambos lados hay vistas interesantes. Si uno sigue en la dirección en la que vienen los autos-en dirección contraria, hacia del Valle Iberlucea, hay principalmente comercios-, encontrará un balcón con típicas figuras boquenses de famosos personajes argentinos: Diego Maradona, Evita Perón y Carlos Gardel.

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En seguida se llega a calle Garibaldi, surcada por las vías muertas del ferrocarril. Muchos toman hacia la derecha para ir caminando hasta la Bombonera, el famoso estadio de Boca Juniors. Nosotros no lo recomendamos, salvo que se vaya en grupo, por razones de seguridad. Preferimos doblar hacia la izquierda. Hoy la calle es peatonal. Hay pintorescas fachadas a ambos lados de las vías.

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  1. LA CALLE MAGALLANES

Al terminar la cuadra doblamos a la izquierda, tomando Magallanes. Allí encontramos nuevamente un gran movimiento. Hay mucha gente en las calles, bailarines de tango, comercios con recuerdos porteños, restaurantes con mesas en la calle.

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También hay accesos a los famosos conventillos, hoy convertidos en sitios turísticos, que ofrecen una vista interesante de Caminito, un recorrido por el pasado y una oportunidad de disfrutar del tango.

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  1. LA CALLE DEL VALLE IBERLUCEA

Regresamos hasta Caminito por la calle Magallanes, la cruzamos y a pasos llegamos a nuestra última parada, la calle Dr. Enrique del Valle Iberlucea. También encontramos allí siempre una multitud. Hay negocios y restaurantes callejeros, sabor a tango, a La Boca y, desde luego, a la alegría.

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Se pone el sol. Las sombras cubren La Boca. Terminamos nuestro viaje pensando en aquellos inmigrantes italianos que habrán visto con ojos asombrados a la Argentina como su nuevo país, a Buenos Aires como su nueva ciudad y a La Boca como su nuevo hogar. A ellos les debemos tanto arte, color y alegría con pinceladas de melancolía con la que esta barriada se pinta.

[1] http://www.socearq.org/cms/wp-content/uploads/2009/04/fundacion-x-la-boca-_historia-transbordador_.pdf

[2] Para más datos sobre esta escultura, se puede visitor el blog http://www.pasqualinonet.com.ar/roberto_capurro.htm

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

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EL PALACIO DE AGUAS CORRIENTES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

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Palacio de Aguas Corrientes es una de las joyas arquitectónicas más preciadas de Buenos Aires. Ubicado en la manzana de las Avenida Córdoba y las calles Ayacucho, Riobamba y Viamonte, en el barrio de Balvanera, surge como una explosión de amarillos, ocres, naranjas y rojizos en medio del entorno gris de la ciudad.

También conocido como el Palacio de Obras Sanitarias, su nombre oficial es Gran Depósito Ingeniero Guillermo Villanueva[1]. Fue erigido a fines del siglo XIX para ofrecer agua potable a los habitantes de la creciente metrópoli porteña.

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Tras la trágica epidemia de fiebre amarilla de 1870, el gobierno nacional encargó al estudio Bateman, Parsons & Bateman, con base en Londres, Inglaterra, y oficina técnica en Buenos Aires, llevar adelante una serie de obras de saneamiento, que incluía un enorme depósito de agua filtrada y su red de distribución. Originalmente el depósito iba a instalarse en Recoleta, pero por cuestiones de costos se decidió emplazarlo en el sitio actual. En 1883 se aprobó el diseño del arquitecto noruego Olaf Boye, realizado en Londres, sobre el cual trabajó el ingeniero sueco Carlos Nystromer, de la Oficina Técnica de Bateman en Buenos Aires[2].

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En su diseño se percibe la influencia francesa que dominó la arquitectura porteña de fines del siglo XIX y principios del siglo XX. Si bien tiene el típico techo negro en pizarra, se distingue de otros grandes edificios debido a que su fachada no muestra el típico revoque gris de aroma parisino, símil piedra. Es más bien una fiesta del color, poblada de detalles barrocos, que muestra el eclecticismo dominante de la época.

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EL EXTERIOR

Su rica policromía está protegida por rejas bajas de hierro fundido y bordeada por una suave grama. Cada lado de la construcción tiene 90 metros de largo y 20 metros de alto. En el centro de la fachada que da a la Av. Córdoba hay una cúpula rectangular rematada por una torre cuadrada, algo que se repite a menor escala en cada una de las cuatro esquinas.

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Las paredes externas combinan figuras y formas en diversas tonalidades. Para decorarlas, se utilizaron 170,000 cerámicas esmaltadas y 130,000 ladrillos esmaltados de la fábrica Royal Doulton & Co. de Londres y la Burmantofts Company de Leeds.

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Se dice que cada pieza venía numerada, estableciendo la ubicación de cada una. “La forma y color de las cerámicas tienden a acentuar la solidez del edificio: de aspecto más rústico en la parte inferior, se alivianan a medida que ascendemos, con piezas en tonos claros en el segundo nivel y piezas decoradas en el tercer nivel, donde se destacan los escudos de las provincias argentinas, de la Nación y de la ciudad de Buenos Aires” escriben Ramón Gutiérrez e Ignacio Gutiérrez Zaldívar, en “Buenos Aires, Obras Monumentales”, texto que ha servido de guía a este artículo.

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Agregan: “un lugar especial merecen las cariátides de hierro fundido ubicada en las jambas de las ventanas de las cuatro fachadas, que junto con toda la carpintería metálica fueron realizadas en la W. Macfarlane & Co. de Glasgow”[3].

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GRANDE POR DENTRO

La planta baja sigue la línea decorativa, pero al ascender las escaleras uno descubre una enorme estructura metálica donde estaban los 12 tanques que almacenaban nada menos que 72 millones de litros de agua. El exterior, mediante lo estético, servía para ocultar lo funcional.

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La construcción, tal como se lee encima de sus anchas puertas de madera, se inició en 1887. El Palacio de Aguas Corrientes fue oficialmente inaugurado en marzo de 1894, y funcionó a pleno hasta 1915, cuando se inauguró el Depósito de Gravitación de Caballito, en la manzana de las actuales avenidas José María Moreno y Pedro Goyena, y las calles Beauchef y Valle. También tenía doce tanques de acero dispuestos en tres pisos, con una capacidad de almacenamiento de 72.000 litros. De paso, su “gemelo” de Villa Devoto es de la misma época (se construyó entre 1915 y 1917).

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En 1987 el Palacio de Aguas Corrientes fue declarado Monumento Histórico Nacional. Actualmente, junto a la la Escuela Normal Superior Nº 1 “Roque Sáenz Peña” forma parte de un Área de Protección Histórica de la Ciudad de Buenos Aires (Mensaje Nº 38/2013). No sería exagerado solicitar su inclusión en la lista de Patrimonio Cultural de la Humanidad de la UNESCO.

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LEYENDAS E HISTORIAS

Ramón Gutiérrez e Ignacio Gutiérrez Zaldívar cuentan en su libro dos historias fantásticas que circularon sobre el edificio: “Se dijo que era una réplica de un Palacio de Bruselas destruido por un bombardeo durante la Segunda Guerra Mundial. Y no faltaron quienes relacionaron su revestimiento de cerámica con la Madre Patria: De Sevilla habría llegado Casajús, autor de la decoración, que al comprobar que su obra no era apreciada en la medida de sus expectativas, decidió terminar con su vida” [4].

Si vive en Buenos Aires o va de visita, no deje de admirarlo. Encontrará un diamante en medio de la ciudad.

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] http://www.buenosaires.gob.ar/planeamiento/palacio-de-aguas-corrientes

[2] Gutiérrez, Ramón y Gutiérrez Zaldívar, Ignacio, “Buenos Aires, Obras Monumentales”, Zurbarán Ediciones, 1997, p.48

[3] Gutiérrez, Ramón y Gutiérrez Zaldívar, Ignacio, Op. Cit., p.52

[4] Gutiérrez, Ramón y Gutiérrez Zaldívar, Ignacio, Op. Cit., p.59


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