LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

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