LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


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EL PASAJE ROBERTO ARLT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Muy cerca de los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer de Palermo SoHo se encuentra una pequeña hendidura que al transeúnte puede pasar inadvertida. Se trata de un callejón sin salida ubicado sobre la calle Gurruchaga 1959, entre Soler y Nicaragua, conocido como Pasaje Roberto Arlt.

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Tiene un acceso vehicular que parece el de una casa o un edificio y, más allá de la vereda, un pequeño portón de rejas que de día suele permanecer abierto. Sin embargo, tras cruzar una enorme parra, al caminar sobre su piso empedrado se percibe una atmósfera apacible, alejada del ajetreo callejero, de casas bajas con jardines florecidos.

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Cuenta el arquitecto Rolando Schere que en 1910 un ingeniero ferroviario de apellido Shine compró un terreno donde construyó tres casas con frente a la calle Gurruchaga para renta, el pasaje que llega hasta el centro de la manzana y dentro de él tres casas para su familia[1].

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El pasaje tiene unos tres metros de ancho aunque se ensancha y abre hacia el final . Cada casa tiene un estilo y una orientación geográfica diferente. No todas se encuentran en el mismo estado de conservación, pero se observa cierta unidad en medio de la diversidad.

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Aunque es una suerte de divertículo de la calle Gurruchaga (en una de sus casas se indica que se trata de la calle Gurruchaga sur) es más conocido como Pasaje Roberto Arlt. En nuestras visitas no encontramos ninguna placa con ese nombre.

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En 1965 el tramo de la calle Neuquén que corre desde la Avenida Acoyte hasta la calle Campichuelo pasó a llamarse Roberto Arlt, pero poco después, en 1973, una nueva ordenanza municipal le impuso el nuevo nombre de Doctor Gregorio Aráoz Alfaro que mantiene hasta la fecha[2]. En la actualidad la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no cuenta oficialmente con ninguna calle que recuerde al autor de “El Juguete Rabioso” y “Los Siete Locos”.

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¿De dónde, entonces, surge el nombre del pasaje? Algunos afirman que el escritor vivió allí por algún tiempo. Nosotros creemos que es un malentendido. Ocurre que en 1940 Arlt contrajo su segundo matrimonio con Elisabeth Mary Shine, cuyo apellido es el mismo que el del creador del pasaje[3]. Según Alfredo Jaramillo “el nombre del autor de El Juguete Rabioso tiene mucho que ver con el del empresario inglés: Arlt se casó con su nieta, Elisabeth Shine, y se mudaron a una de las viviendas que dan al frente de la calle Gurruchaga, uno de cuyos muros sirve de entrada al pasaje”[4].

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A pesar de la coincidencia en el apellido y la probable relación familiar, en nuestra búsqueda no hemos encontrado evidencia de un parentesco entre el Ingeniero Shine y la esposa de Arlt. Tampoco hemos encontrado ninguna mención a un Ingeniero Shine fuera de las referidas al pasaje. Solo sabemos por ella que su padre era constructor[5]. Pero más importante para nuestros fines, no hemos hallado ninguna referencia que indique que en su corta convivencia (el escritor murió en 1942) el matrimonio haya vivido en el pasaje o en la calle Gurruchaga.

En una entrevista a Elisabeth Shine publicada en el suplemento Cultura del Diario La Nación aparecen datos muy interesantes sobre los lugares de residencia. Ella vivía con su madre en la calle Iberá de Núñez, pero tras casarse la pareja se alojó en diversas pensiones del barrio de Belgrano, incluyendo una en la calle La Pampa entre Vidal y Moldes. Arlt murió el 26 de julio de 1942 en una pensión de la calle Olazábal cuando su esposa estaba embarazada[6]. La mujer también menciona la convivencia en pensiones en otra entrevista[7].

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Si va por de paseo por Palermo SoHo o vive en las cercanías no deje de observar este curioso espacio porteño que rompe la cuadratura del trazado urbano.

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REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.102

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.291

[3] Su nueva esposa, trece años menor que el escritor, era la secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar donde Arlt colaboraba.

[4] Jaramillo, Alfredo, “Salí a conocer pasajes de Buenos Aires”, Diario Página 12, Buenos Aires, 20/12/2009, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/18-5775-2009-12-20.html

[5] Tcherkaski, José, “Conversaciones con mujeres de escritores”, Editorial Biblos, 2003, p.36

[6] Sin firma, “Mil días con Roberto Arlt”, Diario La Nación, Suplemento de Cultura, Bueno Aires, 19/05/1999, https://www.lanacion.com.ar/214788-mil-dias-con-roberto-arlt

[7] Tcherkaski, José, Op. cit., p.33,39


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EL PASAJE ARRIBEÑOS O “LOS COLONIALES” DEL BAJO BELGRANO, (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Belgrano es uno de los barrios de Buenos Aires que ofrece mayor número de curiosidades. Allí, subiendo desde el Bajo por la Avenida Juramento, que en ese breve tramo es una vía angosta, se encuentra una serie de calles paralelas que llevan el nombre de los primitivos cuerpos del ejército argentino: Dragones, Húsares, Cazadores, Artilleros, Miñones, Migueletes, y del otro lado de la Avenida del Libertador -la única arteria que no sigue la secuencia-, Montañeses y Arribeños.

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Arribeños, la calle más larga de la serie, luego de ser interrumpida por las Barrancas de Belgrano resurge en la unión de Juramento con las vías del Ferrocarril General Mitre; allí, en sus primeros metros, un amplio arco de líneas rectas indica el inicio del China Town porteño. Dos cuadras y media más adelante, en Arribeños 2346/52, entre las calles Olazábal y Blanco Encalada, se encuentra un pasaje que forma parte de uno de los complejos de viviendas más interesantes de la ciudad. Algunos lo llaman Arribeños y otros Los Coloniales.

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Al ser un pasaje privado, se puede admirar desde la acera. Tapizado de baldosas rojas con detalles blancos, corre perpendicular a la calle. Tras ascender un par de pequeños escalones, a ambos lados se observan dos cuerpos de construcciones en estilo neocolonial, formados por viviendas bajas a las que se accede desde el pasaje, a excepción de las dos casas del frente, que tienen entrada por la calle Arribeños.

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LA OBRA

Los Coloniales cuenta con 19 casas de fachadas blancas con detalles ocres y un gran patio trasero ocupando una superficie de 2,260m2. Fue levantado en dos etapas entre 1927 y 1928, por ello predomina más madera en el lado derecho -que es el más antiguo- y el metal en el lado izquierdo[1].

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Quizás su mayor curiosidad es el patio andaluz, oculto a la vista desde la vereda, que se abre del lado izquierdo. Ese luminoso espacio al que dan las casas del fondo cuenta con el mismo tipo de piso del pasaje.

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Además, posee unos pocos canteros con forma de enjuta o albanega (figura geométrica de tres lados: dos líneas rectas y una curva) sobre los cuales crecen árboles, y una banca de cemento revestida con azulejos azules; sin embargo, no posee la típica fuente en el centro, que no sabemos si existió en el proyecto original.

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La parte posterior de Los Coloniales linda con las vías del tren; sin embargo, llama la atención el clima apacible del pasaje, decorado por bellas Santa Rita que cuelgan sobre las paredes, puertas y ventanas pintadas de verde, algunos farolitos y herrería negra.

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LOS CREADORES

El proyecto fue diseñado y construido por el Estudio Birabén – Lacalle Alonso. Los arquitectos porteños Jorge Eduardo Birabén (1895-1954) y Ernesto Lacalle Alonso (1893-1948) se graduaron prácticamente juntos: Lacalle Alonso en 1917 y Birabén en 1918; ambos participaban activamente en la Revista de Arquitectura. Tras graduarse, Birabén hizo un viaje por Europa donde se sintió atraído por la arquitectura hispánica y andaluza[2].

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Quizás por eso, tras fundar junto a Lacalle Alonso en 1920 el Estudio que los asociaba, sus primeras obras fueron de estilo neocolonial. Entre 1922 y 1931 construyeron más de veinte casas y complejos habitacionales cuyo epicentro fue el barrio de Belgrano[3], hasta que abrazaron la arquitectura moderna, donde se destacaron por sus edificios racionalistas.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE “LOS COLONIALES”

– En 1989 obtuvo el Premio “Museo de la Ciudad” por haber conservado inalterable su fisonomía original.

– En ese mismo predio, décadas antes que se levantara Los Coloniales, vivió Marcos Sastre (1808-1887), el valiente educador y escritor argentino nacido en el Uruguay, quien formara parte de la famosa Generación del ’37, integrada, entre otros, por Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Miguel Cané y Vicente Fidel López.

– Actualmente funciona allí el Taller Bon Bua, famoso por su alta calidad en restauración y enmarcado de obras de arte[4].

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UNA ANÉCDOTA CON HISTORIA

Buscando anécdotas y a sus protagonistas, una mujer que vivió en el pasaje me contó una historia acaecida a principios de los ’70. Todas las mañanas, cerca de las 11, un mendigo aparecía por el pasaje. Era un hombre mayor de cabello negro y ojos azules, con la barba tupida y un aspecto sucio y descuidado. Minutos después, ella salía de una de las viviendas del fondo para darle un sándwich. El hombre, que seguramente padecía algún trastorno mental, antes de agradecerle y despedirse, siempre repetía con un marcado acento europeo:

– Señora, Hitler no ha muerto. Vive en la Argentina.

En Los Coloniales también había un vecino famoso por su malhumor. Era un hombre huraño, que vivía solo y se dejaba ver poco; cuando aparecía era para protestar en forma descortés. Delatando que no era criollo, arrastraba las erres, por lo que le dieron el mote de “el Errado”. Nunca faltaba alguien que, queriéndose mofar de él, decía que debían llamarlo “el Herrado”, porque decía que “Errar es humano, pero herrar es equino” y agregaba que el extranjero se comportaba como un animal.

En cierta ocasión, el vecino iracundo observó a la vecina dándole el sándwich al pordiosero. Enfadado, le gritó si estaba loca, que atender a un desconocido ponía en peligro a todos los habitantes del pasaje. Mientras se acercaba fuera de sí hacia ella, dirigió la mirada al mendigo. La mujer insistió que repentinamente aquel hombre enojado se congeló. Quedó rígido y desencajado. Un instante después se dio media vuelta y regresó a su casa de habitación. En tanto, el mendigo tomó el sándwich y sin decir nada se marchó.

Al día siguiente, cerca de las 11, el linyera apareció como siempre en la entrada del pasaje. La vecina aún sorprendida sobre lo qué había pasado el día anterior, fue a darle el sándwich y aprovechó para preguntarle si conocía al vecino agresivo.

– Señora, él era un oficial nazi. Todos le teníamos miedo.

Parece ser que al verse descubierto el intimidador se sintió intimidado. Dos semanas después alguien comentó que en los avisos clasificados había un anuncio ofreciendo su casa en alquiler.

Belgrano es un barrio que sorprende y enamora. El pasaje Arribeños o Los Coloniales es una de sus joyas.

© Pablo R. Bedrossian, 2018, 2020. Todos los derechos reservados


REFERENCIAS

[1] Savloff, Judith, “Cinco pasajes porteños que son máquinas del tiempo”, Diario Clarín 24/08/2017, https://www.clarin.com/ciudades/pasajes-porteno-maquinas-tiempo_0_rJumMrcd-.html

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina”, Tomo a/b, 2004, p.162

[3] Barcina, Florencia, “Trozos de Andalucía en Buenos Aires: patios y jardines en las viviendas de los estudios Birabén-Lacalle Alonso y Peró-Torres Armengol”, en “Documentos de Trabajo”, Facultad de Arquitectura de la Universidad de Belgrano, Departamento de Investigaciones, agosto 2009, p.6-7

[4] Para más información del taller Bon Bua, puede leer la nota de Gonzalo Beccar Varela, “Una visita atemporal al taller Bon Bua, en el Barrio Chino” en su blog B.A.C.A (Blog de Arte Contemporáneo Argentino), http://malevamag.com/una-visita-atemporal-al-taller-bon-bua-en-el-barrio-chino/. El sitio web del taller se encuentra en https://bonbua.allyou.net/4993456


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EL PASAJE PABLO GIORELLO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Uno de los lugares más extraños de Buenos Aires es el Pasaje Pablo Giorello. Caminando desde la Plaza Constitución por la Avenida Brasil hacia el Bajo, al cruzar la calle Bernardo de Yrigoyen aparece a mano derecha, entre dos viejos edificios, una ancha entrada con puerta de rejas.

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Detrás de ella, un patio de baldosas cubierto por barras de hierro inclinadas, que recuerdan una zona de guerra. Es la entrada principal del pasaje Pablo Giorello.

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El acceso a este pasaje privado se encuentra entre los números 970 y 976 de la Avenida Brasil, entre las calles Bernardo de Yrigoyen y Tacuarí.

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Paradójicamente, allí la Avenida Brasil es angosta como una calle, y la calle Bernardo de Yrigoyen ancha como una avenida; poco después se convertirá en el brazo este de la Avenida 9 de Julio.

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A la izquierda, una antigua placa azul anuncia “Pasaje Pablo Giorello” y debajo otra blanca recuerda con tipografías diferentes “Este pasaje es para uso exclusivo de los inquilinos” en referencia al complejo habitacional que lo rodea.

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No se conoce mucho del pasaje Giorello. Originalmente era un pasaje en forma de T. Uno de los trayectos seguía una línea recta con salida a la Avenida Caseros (hoy interrumpido por un paredón).

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La otra vía tenía dirección transversal, con salida a la calle Bernardo de Yrigoyen. Está convertida en un jardín embaldosado; probablemente es el espacio mejor conservado de este breve pasaje.

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Esta salida ha quedado trunca, pues se ha construido sobre ella una suerte de vestíbulo y un local comercial. Sobre la calle Bernardo de Yrigoyen, donde antes estaba el acceso al pasaje, en la actualidad se levanta una fachada que altera la estética original del pasaje. En ella, arriba de la angosta puerta del vestíbulo, se lee “Edificio Pablo Giorello”, indicando la entrada reservada para los residentes y sus visitas.

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A través de los vidrios se puede observar una recepción, el jardín embaldosado y, más atrás, parte del pasaje que comunica la Avenida Brasil con el paredón vecino a la avenida Caseros.

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Dentro del Giorello hay algunos detalles interesantes que suelen pasar inadvertidos: por ejemplo, la existencia de rejas internas que delimitan diversas áreas.

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Incluso, el acceso a los cuerpos delanteros está separado del acceso al cuerpo posterior.

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EL EDIFICIO

A simple vista se advierten tres cuerpos, todos de cuatro plantas. Observado desde la Avenida Brasil, el más grande y antiguo, se extiende a lo largo de todo el lado izquierdo del pasaje, sin solución de continuidad.

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Su fachada está muy deteriorada y ya no quedan vestigios del tono amarillento que conservó por años como testimonio de su color original.

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Su aspecto evoca aquellos viejos edificios italianos ocupados por numerosas familias que luchaban por salir de la pobreza.

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Del lado derecho hay dos cuerpos en mejor estado, separados por la vía transversal del pasaje que conduce al local comercial y al vestíbulo y originalmente llegaba a la calle Bernardo de Yrigoyen.

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Sus paredes y ventanas internas se encuentran en un estado de conservación superior.

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No habíamos hallado referencias al edificio Pablo Giorello hasta que, visitando la página de Facebook de nuestros amigos de Patrimonio de Buenos Aires, a la que invitamos a sumarse[1], encontramos una imagen en su álbum de fotos llamado Pasaje Pablo Giorello donde aparecía la firma de sus creadores y la fecha. Aparentemente esta tomada en una de las fachadas (en nuestra visita, nosotros no la vimos) y dice en mayٞúsculas: Candiani y Bahía, ingenieros civiles, arquitectos, 1909. Si la foto fue tomada allí, la fecha contradice una inscripción que el Gobierno de la Ciudad puso en una placa de cerámica sobre la acera que dice “Edificio Pablo Giorello, circa 1890″.

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Prácticamente no encontramos referencias conjuntas a los ingenieros Candiani y Bahía. En la “Introducción a la Arquitectura Contemporánea”, de Luis J. Madia, hallamos una mención. En una cronología ubica en 1902 a los “Ings. Candiani y Bahía” y los vincula al inicio de la Escuela de Arquitectura dependiente de la Facultad de Ingeniería de la UBA[2]. No encontramos datos en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina”, de  Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata; suponemos que esto quizás se deba a que eran ingenieros; sin embargo, debajo la firma incluye expresión “arquitectos”.

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A riesgo de equivocarnos, entendemos que el Candiani del Pasaje Giorello es el ingeniero Emilio Candiani, un precursor de la ingeniería argentina y de los primeros docentes universitarios en su campo. No hemos podido encontrar otros datos del Ingeniero Bahía.

EL NOMBRE

Tanto Eduardo Luis Balbachán como Alberto Gabriel Piñeiro sostienen que el pasaje originalmente se conocía con el nombre de Buenos Aires, al menos en su primitiva salida hacia la calle Bernardo de Yrigoyen. Balbachán comenta que la “Guía Ilustrada de Buenos Aires”[3], publicada del año 1900, localiza el pasaje Buenos Aires a la altura de la calle Buen Orden 1616, siendo este el antiguo nombre de calle Bernardo de Yrigoyen[4]. Piñeiro se fundamenta en el Nuevo Plano Municipal de Buenos Aires de Jacobo Peuser, editado en 1896[5]. Además, da dos datos interesantes: el pasaje Buenos Aires aparece bajo el nombre pasaje Caja Internacional en el Plano de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, de Jacobo Peuser de 1912[6] y que el nombre pasaje Pablo Giorello lo recibió en 1927 (Boletín Municipal N° 1.287/8)[7].

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De paso, el Arq. Rolando H. Schere cuenta que el pasaje permitía la originalmente vehicular[8]. Una imagen del libro de Balbachán confirma la presencia de vehículos en su interior.

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QUIÉN FUE PABLO GIORELLO

Pablo Giorello fue un hacendado nacido en Buenos Aires en 1861; tuvo campos en San Luis y Trenque Lauquen y terrenos que se extendían desde lo que hoy es el barrio porteño de Villa Pueyrredón hasta parte de los actuales partidos bonaerenses de San Martín y 3 de Febrero. Allí, en la zona que hoy se conoce como Santos Lugares, cedió fracciones de tierra para la construcción de una estación ferroviaria y los talleres vecinos, que en aquel entonces pertenecían al Ferrocarril Pacífico[9]. Como benefactor, donó solares para escuelas y plazas, promovió entidades deportivas y fundó la biblioteca de Santos Lugares que lleva el nombre de su esposa, Etelvina Llorente de Giorello. En la actualidad también existe allí la Sociedad de Fomento Pablo Giorello y una calle con su nombre.

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Aunque fue un importante empresario inmobiliario, no hemos podido documentar si los edificios que rodean al pasaje fueron levantados por él. Solo sabemos que el pasaje recibió su nombre cuando aún estaba en vida, en 1827, por lo que presumimos que sí. Pablo Giorello falleció en 1933.

ALGO SOBRE LA ZONA

Recordemos que la fisonomía de la zona en la década de 1920 era muy diferente a la que tenemos casi un siglo después. Además, la llegada de la Autopista 25 de Mayo en 1978 generó cambios aún mayores, tanto edilicios como en la circulación vehicular.

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Sin embargo, hay algunos datos que pueden ayudarnos. El pasaje Giorello se encuentra a pocos pasos de la Estación Constitución, cabecera del Ferrocarril General Roca. Esta estación, una de las más grandes del mundo, había sido inaugurada en 1897 con el propósito de ser el punto de encuentro de todas las líneas férreas que proveían transporte al sur argentino. Obviamente, alrededor de ella se fue gestando una zona comercial, con hoteles de pasajeros, tiendas y restaurantes para acoger a los viajeros. Con el crecimiento del transporte automotor, décadas después, las líneas de microbuses u omnibus, como se los conoce en Argentina, encontraron allí una excelente oportunidad de negocios.

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En la avenida Caseros (a la cual se accedía originalmente por pasaje Buenos Aires, hoy Giorello) se habían instalado varias de estas empresas. A la altura del 1,000 había varios edificios, incluyendo garages desde donde partían algunos de estos micros de larga distancia. En Caseros 1068 se encontraba la empresa Micromar, que viajaba a Mar del Plata y zonas aledañas, y en el 1084, compartían ABLO y General Urquiza, con destino principal a Córdoba[10].

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CÓDIGOS POSTALES

Pese a ser un pasaje privado, el Correo Argentino le ha asignado códigos postales:

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EPÍLOGO

No solo por sus detalles bizarros sino por su estado decadente, donde se cruzan la melancolía y el abandono, recorrer el pasaje Pablo Giorello produce una sensación de misterio y extrañeza. Si le permiten entrar, podrá comprobarlo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://www.facebook.com/PATRIMONIOI/

[2] Madia, Luis J., “Introducción a la Arquitectura Contemporánea”, Nobuko, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.227

[3] Editada por Agustín Etchepareborda, y dirigida por Arturo Pereyra y Fernández Gómez. El nombre completo de la obra es “la “Guía Ilustrada de Buenos Aires para el viajero en la República Argentina”. Año 1900.

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.97

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.53

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.55

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.125

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.22

[9] Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit. p.97

[10] Comentando por Faustino Velasco en http://forotransportes.com/showthread.php?1772-Nombres-de-calles/page14&p=77365&langid=1#post77365


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto con vehículos en el pasaje, tomada de Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.98

 

LA CALLE JUAN DARQUIER Y EL PASAJE SANTA MAGDALENA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

El barrio de Barracas ofrece múltiples curiosidades. Entre ellas se encuentran dos llamativas vías que corren casi paralelas: la calle Juan Darquier y el Pasaje Santa Magdalena, únicas en el trazado porteño. La primera tiene una curiosa forma, parecida a una letra C.

Juan Darquier 01.JPGCuenta con una sola cuadra, que nace en la calle Osvaldo Cruz y termina en la calle Villarino. Tanto donde comienza como donde muere queda separada del Pasaje Santa Magdalena por breves trayectos de las calles recién mencionadas, sobre los cuales hay sendos puentes.

Pasaje Santa Magdalena y Calle Juan Darquier 02.jpgEstas calles delimitan una suerte de isla en la cual se encuentra Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca.

Pasaje Santa Magdalena y Calle Juan Darquier 01.jpgLos trenes a esa altura corren elevados, mientras que las oficinas y boletería de la estación se encuentran a nivel de la calle.

Estación Hipólito Yrigoyen 01.JPG

JUAN DARQUIER

La calle Juan Darquier nace en la calle Osvaldo Cruz al 2320. Como dijimos, tiene una forma parecida a una letra C. Primero se dirige levemente hacia el sudeste, luego al sur y finalmente al sudoeste. Pero esta no es su única peculiaridad: es totalmente empedrada y, además, una de las más anchas de Buenos Aires. Su numeración va del 900 al 1000.

Juan Darquier 02En su mano oeste se encuentra el señorial edificio de la estación de tren, hoy pintado de color ladrillo.

Juan Darquier 03.JPGEn la mano este se alternan viviendas y comercios.

Juan Darquier 04.JPGEn algunas paredes lucen murales o mosaicos decorados, con aroma a tango.

Juan Darquier 05.JPGAl llegar a la esquina con Villarino recientemente se ha inaugurado el pintoresco café “Acacia Negra”, una nueva sede de “el café de las abuelas”, famoso por su pan y su repostería.

Juan Darquier 06.JPGCruzando Villarino la calle Darquier continúa unos pocos metros. Ese corto tramo es peatonal y luce un bello mural, firmado por Guache 2015. No pudimos confirmar si el autor es el colombiano Oscar González, famoso artista urbano que firma sus creaciones bajo ese seudónimo.

Juan Darquier 07.JPGLa reja contra la cual termina este mínimo espacio corresponde a Villarino 2378, quizás por estar perpendicular a la calle Juan Darquier.

Juan Darquier 08.JPGSegún Alberto Gabriel Piñeiro, originalmente la calle se llamó Maestro Eduardo Colombo Leoni. Recibió el nombre por la “Ordenanza N° 5877 del 14/8/1934, que no alcanzó carácter oficial ya que fue observada por el Departamento Ejecutivo Municipal por Mensaje del 4 de septiembre del mismo año, B.M. N° 3755”[1]. En 1943 se trasladó aquel nombre a un pasaje de Pompeya, pues Colombo Leoni había sido maestro y director de la primera escuela pública de ese barrio. También de acuerdo a Piñeiro, en un plano de 1941 aparece con el nombre de Barracas, hasta que recibe su nombre actual por “el Decreto N° 981/1945, B.M. N° 7390”.

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Juan Darquier fue un médico que tuvo una activa participación en la epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires en 1871 e impulsó a emigrar a las clases pudientes a la zona norte de la ciudad. Fue un líder político de Balvanera y diputado entre 1880 y 1882[2].

Los códigos postales de esta única cuadra es C1276ABB y C1276ABA

SANTA MAGDALENA

A diferencia de la calle Juan Darquier, el pasaje Santa Magdalena trasunta pobreza, como si fuera la otra cara de la moneda. Sus pocas viviendas son de gente amable y trabajadora.

Santa Magdalena 01.JPGNace en Villarino 2375. La entrada está dividida en dos por un pilar.

Santa Magdalena 02b.JPGA la derecha tenemos las bases de  la Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca y a la izquierda una vieja construcción cuya fachada es de ladrillo a la vista. Enseguida se abre a la izquierda en una amplia plaza en decadente estado, que tiene tres niveles de tribuna (que dan al oeste y al sur) y piso de baldosones ajedrezado. En el lugar se realizan eventos, impulsados por María D’Abate, una admirable luchadora cultural a cargo del Ateneo Cultural Barracas.

Santa Magdalena 04.JPGEn la pared izquierda hay algunos murales.

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Mientras tanto, a la derecha, debajo de la estación del tren, hay un par de humildes viviendas. Al llegar a la calle Osvaldo Cruz hay un enorme mural del lado izquierdo que dice “Paseo Agustín Bardi” haciendo referencia al eximio compositor, pianista y violinista de tango.

Santa Magdalena 06.JPGAl final de la cuadra, del otro lado del pasaje devenido en plaza, hay una escalera de metal que asciende a la Estación Yrigoyen.

Santa Magdalena 07.JPGCruzando la calle Osvaldo Cruz, Santa Magdalena se vuelve a estrechar, continuando su trayecto peatonal. Ni siquiera aparece en Google Maps.

Santa Magdalena 08.JPGDel lado izquierdo hay un alto paredón que es la medianera de las construcciones vecinas pero del lado del tren, debajo de las vías, hay tres viviendas.

Santa Magdalena 09.JPGEstas viviendas son sencillas pero coloridas.

Santa Magdalena 10.JPGAdemás,  hay paredes cubiertas por murales, algunos muy gastados por el paso del tiempo.

Santa Magdalena 11.JPGEs allí un pasaje peatonal angosto cuya numeración va del 900 al 850. La cuadra termina en la calle Jorge al 2350.

Santa Magdalena 12.JPGSanta Magdalena sigue su camino y se vuelve calle vehicular en dirección de la siguiente calle, Santo Domingo; sin embargo, los primeros metros son sumamente angostos y los consideramos parte del pasaje. Aparece en Google Maps sin mostrar la severa estrechez inicial.

Santa Magdalena 13.JPGLuego se ensancha para seguir su camino.

Santa Magdalena 14

LOS CAMBIOS

Eduardo Balbachán, en una suerte de apéndice de “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, llama al pasaje Santa Magdalena “casi una calle”. El autor dice así: “Como colofón presentaremos un minúsculo rincón de Buenos Aires que merece ser conocido. Nos referimos a una calleja que no fue descripta en la primera parte del libro porque en la actualidad ya no existe como tal, dado que una burocrática disposición municipal la ha transformado en la continuación de la calle Santa Magdalena. Así, ha pasado de ser el pasaje peatonal más pequeño y angosto de la capital, a la simple terminación de una larga calle…es un estrecho corredor de no mucho más de un metro de ancho y aproximadamente diez metros de largo” [3].

En términos similares se expresa León Tenenbaun en “A la vera de la desactivada estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca puede verse la calle más estrecha de Buenos Aires. Corrijamos: es el discontinuo tramo final, apéndice un tanto desarticulado de la calle Santa Magdalena que así se muestra al llegar a Villarino… Tiene, y es toda la extensión de esta “cuadra” final unos 15 metros de largo por 1.40 metros de en su parte más ancha. Con su embaldosado de pared a pared podría ser, además, de la más angosta, la primera peatonal de Buenos Aires… Yace semioculto bajo la armazón que sustenta por lo alto la ex estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Gral. Roca”[4].

Pasaje Santa Magdalena Antiguo 01.jpgHoy treinta años después de estas publicaciones el aspecto es muy diferente, aunque conservando el mismo aroma arrabalero. La estación Hipólito Yrigoyen fue reactivada, el pasaje ensanchado, el paredón que lo cerraba derrumbado y paredes laterales demolidas. Como se infiere comparando las viejas y nuevas fotografías, las columnas de acero que sostenían al puente quedaron al descubierto, conservándose un pilar de cemento al ingreso del pasaje. La edificación del lado opuesto a la estación ha sido provista de una fachada con ladrillos a la vista y el pasaje se extiende sin interrupciones hasta que Santa Magdalena se ensancha y deja de ser un pasaje peatonal.

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LA HISTORIA

La Estación Hipólito Yrigoyen se inauguró en 1908, elevada por encima del nivel de la calle. Su nombre original era Barracas al Norte

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Hay confusión en cuanto a la asignación de los nombres : Eduardo Balbachán dice que la Ordenanza municipal 5877 del 14 de agosto de 1934 asignaba el nombre de Maestro Eduardo Colombo Leoni al pequeño pasaje Santa Magdalena. Mientras que Piñeiro dice que otorgaba esa denominación a la actual calle Juan Darquier (ver arriba).

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Por el decreto 1775 del 27 de marzo de 1946 se aprobó extender el trazado de la calle Santa Magdalena entre Santo Domingo y Villarino. Sin embargo, según cuenta Balbachán, el decreto se ejecutó recién 35 años después en 1981.

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El nombre Santa Magdalena aparece ya en un plano de 1867[5]. Honra a Santa Magdalena de Pazzi, una monja carmelita florentina, que vivió a fines del siglo XVI y principios del XVII, reconocida por sus experiencias místicas. El nombre fue puesto por el vecino Fernando Moyano, que era su devoto[6].

Los códigos postales del pasaje son C1277ACN y C1277ACL

Barracas, aquel barrio olvidado y hoy recuperado, está lleno de sorpresas.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS 

[1] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.344

[2] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.52

[3] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.127

[4] Tenenbaum, León, “Buenos Aires un museo al aire libre”, Cuadenillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986, Nº 4, p.10

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.478

[6] Iusem, Miguel, Op. cit., p.166


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos,  a excepción del plano, tomado de Google Maps y editado por el autor, y la imagen que incluye la mencionada como Foto de Eduardo Balbachán (cerca de 1982), tomada de su libro “Los ignorados pasajes de Buenos Aires” y la mencionada como Foto de León Tenenbaum (cerca de 1986), tomada de su obra “Buenos Aires un museo al aire libre”.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Lupano, María Marta, “Ruptura de la trama urbana: Los pasajes y las calles cortadas”, Seminario de Crítica, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, nº93, octubre 1998

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Tenenbaum, León, “Buenos Aires un museo al aire libre”, Cuadenillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986

 

LOS PASAJES JULIO S. DANTAS Y GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

A fines de 2014 publiqué la nota “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”[1]. Hablaba allí de los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville y de la calle Martín Pescador. A pesar de haber emigrado, deseaba escribir sobre esas perlas ocultas de mi amada Buenos Aires. Durante una visita en 2016, pude regresar al pasaje Julio S. Dantas -en realidad, una calle muy angosta- y al pasaje Guillermo Enrique Granville, una pequeña vía peatonal. Entre ambos conforman una suerte de chata y ancha letra T. Si no lo han hecho aún, los invito a recorrerlos.

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Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville se ubican en Villa Santa Rita. Aunque muchos lo confunden con Monte Castro, Floresta o Villa del Parque, este barrio tiene identidad propia. Está delimitado al este por la calle Condarco, al norte por la Avenida Álvarez Jonte y la calle Miranda, al oeste por la calle Joaquín V. González, y al sur por la Avenida Gaona. Fue levantado sobre una zona de quintas, lotificada a fines del siglo XIX[2].

EL PASAJE JULIO S. DANTAS

Si uno viene desde las avenidas Gaona o Juan B. Justo, sugerimos iniciar el recorrido por la calle Cuenca, poco antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte. A mano izquierda se abre la estrecha calle empedrada Julio S. Dantas.

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Su acera izquierda es una rampa de acceso, seguramente pensada para niños con capacidades motrices diferentes, porque a mitad de cuadra hay una escuela pública. La rampa tiene a su izquierda una baranda metálica pegada a la pared donde resalta una pintura publicitaria de la empresa Petri y el anuncio del estacionamiento para sus clientes.

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La pintura publicitaria va seguida de un mural infantil.

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A la derecha de la rampa hay un cantero poblado de vegetación.

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El pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, la calle siguiente, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que, aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la curiosa callecita empedrada.

El pasaje Dantas asciende hacia su centro bordeado por casas, en su mayoría de una planta.

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Una excepción la constituye un edificio de ladrillos rojos, amplios ventanales y secciones lisas color amarillo en su fachada.

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Un poco más allá se encuentra a mano izquierda la Escuela Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su altura exacta es 3260); del lado derecho nace el estrecho pasaje peatonal Guillermo Enrique Granville, cuya entrada tiene una pequeña rampa en el centro con sus respectivos apoyamanos, a la izquierda un camino para los transeúntes y a la derecha un alto cantero con plantas y un farol pintado de gris.

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Continuando por Dantas, la calle desciende en suave pendiente hacia la calle Campana.

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Termina también con una rampa a la izquierda y con escalones a la derecha.

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Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca.

¿DE DÓNDE PROVIENE SU NOMBRE?

La altura del pasaje Julio S. Dantas va del 3201 al 3300. De lado sur tiene una cuadra, del norte dos, pues la divide el pasaje Granville. Una placa permite leer allí Julio S. Dantas 3270-3300 marcando el inicio de su segunda cuadra.

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No hay acuerdo en cuanto al origen de su nombre. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Sin embargo, desde 1944 toma su nombre actual honrando la memoria de un héroe de la Guerra con el Paraguay.

Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

PASAJE GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE

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Comienzo diciendo que en mi última visita encontré varias mejoras en el pasaje Guillermo Enrique Granville, que lo han embellecido. Es una de las escasas calles peatonales que perduran en Buenos Aires. Debajo comparto vistas de su entrada, primero iniciando el recorrido desde el pasaje Julio S. Dantas, y luego, girando 180º, como si desembocáramos en él.

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Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. Aunque es un pasaje corto, su numeración va del 2101 al 2200.

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Comienza con una pasarela angosta y la rampa que mencionamos, que a un lado tiene un cantero con plantas, arbustos y algunos árboles, y al otro las edificaciones.

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Luego el sendero empedrado se ensancha, encontrando canteros con plantas y arbustos en su centro, faroles pintados de gris y glorietas.

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Rodeado de viviendas familiares, en su mayoría de una planta, transmite una atmósfera apacible.

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Es un espacio único, una suerte de península urbana, ajena al movimiento de la Avenida Álvarez Jonte.

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Precisamente, al llegar a la avenida mencionada hay una nueva rampa que facilita el paso de personas con capacidades motrices diferentes, con sendos apoyamanos a sus lados; a un lado hay una acera con escalones y al otro más canteros.

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Un colorido mural, firmado “M.A.V. 2015” decora una de sus paredes laterales seguido de otro más pequeño donde se lee “Escuela Nº 18 Pcia. de Tierra del Fuego”.

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Cuenta el arquitecto Rolando H. Schere que antiguamente se lo llamó Normandía y La Puñalada. Hay un website titulado “Vecinos del Pasaje La Puñalada autoconvocados en defensa de Granville y su entorno de pasajes” que contiene información muy rica acerca del pasaje, además de protestar por la construcción de torres vecinas, reclamo que apoyamos en su totalidad.

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Dice allí: “Y hablamos de su belleza, no solamente porque muchos son la cuarta generación de habitantes de estas 14 casas, la mayoría levantadas por inmigrantes italianos… sino por razones objetivas: Granville es un pasaje peatonal de una sola cuadra, atravesado por largos canteros con palmeritas, limoneros, damas de noche o higueras, donde todavía podrá encontrar por las tardes niños corriendo una pelota, o recorriendo sus baldosas en bicicleta, que son nuestros hijos adueñándose de la vereda paradójicamente en uno de los pocos barrios que no cuenta con ningún espacio verde, ni parques ni plazas. Es un rinconcito de Buenos Aires donde todos los 8 de diciembre, cada vecino trae sus adornos navideños y entre todos decoramos un único arbolito en un cantero de nuestra calle. Y a toda esta belleza se suma que en uno de sus extremos Granville linda con otro pasaje angosto y empedrado: Julio Dantas, donde se encuentra la escuela primaria Nro 18 DE 17, cuyos alumnos atraviesan Granville para volver a sus casas” [3]. Magnífico testimonio de los vecinos de esta oculta perla porteña.

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¿POR QUÉ SE LLAMA ASÍ?

Hay dos versiones que explican por qué antiguamente el pasaje era conocido como “La puñalada”: una, por su trazado visto desde arriba, abriendo un corte en la manzana; otra, por una pelea entre compadritos a principios del siglo XX. En 1944, gracias al decreto mencionado arriba recibe la denominación actual.

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Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA

En letra itálica aparece el texto transcrito del primer artículo (ver link arriba en REFERENCIAS) y el aporte de la página vecinal.


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/barrios/villa-santarita

[3] http://vecinosdegranville.blogspot.com/2010/04/la-punalada-milonga-de-juan-darienzo.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

EL PASAJE ALBANIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

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La calle Albania tiene solamente dos cuadras. La primera nace en la avenida Segurola, a un costado del Hospital Rocca, paralela a la Avenida Álvarez Jonte y a la calle Alcaraz; es de tránsito vehicular, y termina en la calle Marcos Paz.

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Calle Albania, cuadra de tránsito vehicular

A unos metros, avanzando por Marcos Paz hacia el sur, se abre un estrecho paso que inaugura la segunda cuadra, que llega hasta la calle Benito Juárez. Ese tramo peatonal no aparece en los libros más importantes de pasajes de Buenos Aires, ni se caracteriza por algún detalle o belleza particular; sin embargo, tiene la peculiar virtud de ser uno de los pocos que perduran en Buenos Aires.

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Vista del Pasaje Albania desde la calle Marcos Paz

El Pasaje Albania es de casas bajas y sencillas, con muros y paredones que delatan el paso del tiempo. Su senda está cubierta por baldosas, en algunos lugares maltrechas, y largas rejillas de desagüe metálicas que la surcan en una amplia porción de su trayecto. Tiene aroma a barrio, a mate, a vecino y a trabajo.

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La Lic. Leticia Maronese, fundadora de la Junta de Estudios Históricos de Monte Castro, el barrio donde está el pasaje, cuenta que allí se construyeron cuarenta y cuatro casas para familias de inmigrantes italianos que habían combatido en la Primera Guerra Mundial. El proyecto, levantado por iniciativa del gobierno italiano bajo la dirección de Antonio Carozzi, estaba compuesto por viviendas que seguían el modelo popularmente conocido como “casa chorizo”: habitaciones contiguas que dan a un patio o galería. Con el paso del tiempo algunas han sido recicladas o quedado ocultas tras los muros que dan al pasaje[1].

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dsc05720Aunque se ha escrito que este compacto bloque de casas fue construido en 1915[2], las fechas de la guerra sugieren que la obra fue posterior. Incluso, es sabido que los ex soldados cuyas familias se habían instalado allí ya recibían una pensión. Independientemente de cuál haya sido el año, la angosta calle peatonal fue denominada Pasaje Carozzi debido a su constructor, nombre que conservó hasta 1927, cuando fue reemplazado por su actual denominación[3] en honor al país balcánico.

La Lic. Leticia Maronese también refiere que en 1942 había maestras que ejercían la docencia en forma privada en el Pasaje Albania, labor que posteriormente dio a luz al vecino Colegio San Rafael ubicado en la calle Benito Juárez.

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Vista del Pasaje Albania desde la calle Benito Juárez

Volviendo al presente, una de las notas curiosas son los viejos carteles que indican su exclusivo uso peatonal.

En nuestra última visita, a fines de octubre de 2016, al acceder desde la calle Marcos Paz encontramos dos murales: al sur, uno llamado “Pintura Geométrica” realizado por alumnos de la Escuela Monte Castro, fechado 14-5-06, y otro poético, en el lado norte, realizado con pintura negra sobre un paredón blanco.

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En cuanto a los códigos postales, calle Albania, altura 4501-4599 (cuadra vehicular) son C1407FEC y 4600 es C1407FED, y Albania, altura 4601-4699 (cuadra peatonal) es C1407FEE.

COSAS QUE PASAN

Un vecino, que pertenece a una familia que lleva cuatro generaciones viviendo allí, me relató una anécdota que pinta el espíritu antiguo del Pasaje Albania. Su abuelo, hijo de un ex soldado italiano, siendo muy joven decidió iniciar un negocio. Chicho -así era su sobrenombre- no tuvo mejor idea que comenzar a fabricar lavandina en el fondo de su casa. Era un adolescente emprendedor pero inexperto en cuestiones de fórmulas. Al segundo o tercer día varios vecinos sintieron un fuerte olor. La mayoría pensó en un derrame de una sustancia química, pero un incauto mencionó que el padre de Chicho estaba gravemente enfermo; dijo que una úlcera infectada era la causante de un aroma tan repugnante. Los vecinos comenzaron a discutir. No existían los antibióticos, no había educación sanitaria y sobraban las supersticiones, así que algunos propusieron marcharse de inmediato antes que se produjera una epidemia; otros más solidarios propusieron hacer una colecta para pagar un doctor. Finalmente, un vecino se acercó a la casa de Chicho; el adolescente con los ojos llorosos le abrió. El hombre le consultó si estaba muriendo su padre, a lo que el jovencito, no sin preocupación, le dijo que esperaba que no, que el hombre había ido a trabajar a una construcción y que no se había enterado de ningún accidente hasta ese momento. Entonces, el vecino le preguntó por qué lloraba y el chico le explicó que era producto de lo que estaba fabricando. Obviamente, fue el final de su naciente empresa, pero los vecinos que habían pensado estar viviendo el preámbulo de una tragedia, se abrazaron aliviados, y a partir de allí mejoró la relación entre ellos.

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Maronese, Leticia, Barrio Monte Castro – Un barrio de Buenos Aires

http://www.barriomontecastro.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=15&Itemid=66

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.74, quién a su vez cita como fuente a “Historias de Buenos Aires Nº 9, Floresta”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 1988, p.2.

[3] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.390.


Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

 

 

LA CALLE ARJONILLA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicada en uno de los barrios más exclusivos de Buenos Aires, la calle Arjonilla –para algunos, un pasaje- tiene características únicas: es una de las calles más cortas de la ciudad, y su tramo principal es nada menos que una escalera. Los invito a conocerla y recorrerla.

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Vista de la calle Arjonilla desde su intersección con la calle Agüero

El sector que tiene como centro una plazoleta ovalada con el busto de militar argentino Gelly y Obes, se conoce como La Isla. Ocupa una suerte de loma o pequeña colina que se eleva desde la Avenida Las Heras hasta el monumento al General Bartolomé Mitre, y está bordeada por las calles Agüero y Dr. Luis Agote, a las que se desciende a través de sendas escaleras de glamour parisino.

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Vista de la plazoleta con el busto del Gral. Gelly y Obes, corazón de La Isla

Allí se encuentran la Embajada de Inglaterra y la sede del Ministerio de Seguridad. Como si fuera un mirador, junto al monumento a Mitre, se observan una loma verde y la bella y ancha Avenida del Libertador. Precisamente allí, al terminar la avenida Gelly y Obes, nace a la izquierda la calle Arjonilla.

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Monumento al General Bartolomé Mitre, creación de los escultores italianos David Calandra y Edoardo Rubino inaugurada en 1927

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La calle Arjonilla tiene una única cuadra, que puede dividirse en dos partes. La primera -la más pequeña-, en declive, tiene una plazoleta ovalada en su centro, cuyo césped está rodeado de un cordón de granito. Su único detalle es un alto y refinado farol dorado de una sola lámpara.

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La calle Arjonilla vista desde el monumento al General Bartolomé Mitre

A los lados de la plazoleta, la calle recién nacida se abre en dos estrechas vías de asfalto con sus respectivas aceras, que vuelven a reunirse enseguida, al inicio de la ancha y vistosa escalera. Podría decirse que es un diminuto boulevard, no apto para automóviles.

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Vista del la sección boulevard de la calle Arjonilla con su farol

Detrás se observa el monumento a Mitre. Del lado noroeste hay unas rejas verdes de hierro seguidas del nacimiento de un muro símil bloques, que separan la calle del jardín de un edificio vecino; del lado noreste, se observa la loma cubierta de grama en la cual La Isla va descendiendo hacia la Avenida del Libertador.

La segunda sección de esta breve calle es una espléndida escalera. Si no conté mal, son tres grupos de once escalones cada uno, con anchas explanadas entre ellos.

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Inicio de la sección escaleras

Del lado derecho cuenta con una hermosa balaustrada que, en su final sobre la calle Agüero, presenta un farol dorado, similares a los dos que tiene a su inicio, donde termina el boulevard. Todos los faroles de la balaustrada, aunque más pequeños, son del mismo estilo del que alumbra la plazoleta.

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Vista desde el inicio de las escaleras; debajo a la izquierda personas sin techo y trapitos que usan la fuente para higienizarse

Del lado izquierdo, el muro símil bloque se va mostrando imponente al descender las gradas. En su elevado borde superior horizontal, que se mantiene a la altura de la planta baja del edificio vecino, hay otra balaustrada con el mismo estilo.

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Vista desde la acera de la calle Agüero

En su final sobre la calle Agüero se levanta una enorme columna de capitel dórico, sobre el cual sólo quedan los restos de lo que fue una escultura.

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Vista de la columna gemela que está del otro lado de la Fuente de la Poesía, similar a la de la calle Arjonilla

Antes de llegar al capitel hay un bello aplique art nouveau, en hierro pintado de verde, del cual pende otro farol, siempre fiel al estilo de la calle, iluminando la escalera.

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La elegancia en primer lugar, aunque se ven signos de abandono… y el delicado encanto de la decadencia

LA FUENTE DE LA POESÍA

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¡Gracias a estos talentosos artistas que han difundido su arte por el mundo!

Al final de Arjonilla, sobre la calle Agüero, se encuentra la “Fuente de la Poesía”, una bella fuente circular, hoy ocupada por personas que viven en la calle y los llamados trapitos, como popularmente se conoce a los cuidacoches informales argentinos.

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La fuente parece un cenotafio

En 1997, los artistas plásticos Enrique Banfi y Silvana Perl tuvieron la idea de crear allí un espacio de inspiración. Al caer la noche automáticamente se encendía un proyector que, cada 45 segundos, emitía versos de autores como Borges, Neruda, Machado, Guillén o Girondo, en forma continua. Judith Gociol en una nota escrita el mismo año de la instalación, comparte su experiencia: “La obra tiene forma especular. Como si se tratara de un espejo, arriba -sobre la piedra- el poema está quieto mientras que abajo, sobre la superficie de agua de la fuente, las palabras se mueven. De un lado se balancean las ramas, del otro las sombras. Las letras se achican o se agrandan con los cambios de tipografía, pero también con el movimiento del viento en esta noche algo fría y destemplada” [1].

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La Fuente de la Poesía entre las columnas gemelas

La serie poética cesaba cada amanecer. Estas intervenciones urbanas de Banfi y Perl fueron de alguna manera predecesoras del video mapping.

EL DISEÑO DE LA CALLE EN ESCALERA

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Otra vista de Arjonilla con los infaltables trapitos abajo a la derecha

La Isla, con sus aproximadamente 82,000 metros cuadrados, era la quinta de la familia Hale-Pearson. En 1906, la Municipalidad de Buenos Aires decidió comprar los terrenos con el propósito de construir un barrio parque con un belvedere que diera al Río de la Plata. Para ello se contrató “al ingeniero y urbanista francés Joseph Bouvard, Director de Obras Públicas de París, quién se encargó del trazado de calles, terrazas, escalinatas y del diseño de ‘Plaza Mitre’”[2] que es el otro nombre que recibe La Isla. De modo que podemos, en principio, señalar a Bouvard, quien había sido director administrativo en el área de Arquitectura, Paseos y Forestación de París[3], como el creador de la bella y breve Arjonilla.

 

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Arjonilla, con sus amplias escaleras, se cree que fue parte del diseño original de Joseph Bouvard para La Isla

Cabe agregar que en La Isla hay además otras tres calles con escaleras: dos sirven como descenso peatonal a la calle Guido (una hacia Agüero, la otra hacia Dr. Luis Agote); la tercera se encuentra al final de la calle Copérnico.

ACERCA DEL NOMBRE DE LA CALLE

Según el historiador Miguel Iusem, el nombre Arjonilla proviene de una villa de España, en Jaén, Andalucía. En ese lugar, el 23 de junio de 1808 se libró una batalla donde se destacó por su coraje José de San Martín, el futuro Libertador de América, que en aquel entonces estaba al servicio de la Madre Patria. Durante el combate, tal como sucedería después en San Lorenzo, San Martín fue salvado de morir, esta vez por un soldado llamado Juan de Dios[4].

DATO FINAL

La numeración de la calle se extiende del 2300 al 2400, pero no se le ha asignado código postal pues obviamente no existe ninguna propiedad cuyo frente se encuentre en la calle Arjonilla.

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Indicador de la calle con su altura y su uso exclusivo peatonal

ALGUNAS FOTOS MÁS

La mayoría de las fotos fueron tomadas durante una a visita a Buenos Aires a principios del 2015, en un día muy nublado y oscuro. Tomé otras en 2014 durante un día de sol. Recorrí por primera vez el pasaje Arjonilla antes de tener 20 años. Siempre me cautivó.

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© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gociol, Judith en http://edant.clarin.com/diario/1997/10/04/e-07201d.htm

[2] DG en http://diager-arte.blogspot.com/2008/10/una-isla-en-recoleta.html

[3] Parise, Eduardo en http://www.diasdehistoria.com.ar/content/la-isla-acento-franc%C3%A9s-en-recoleta

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

 

EL PASAJE TRIESTE Y LA CALLE JUAN A. BOERI (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Pasaje Trieste 014Hasta la fecha, tanto para el pasaje Trieste como para la calle Juan A. Boeri, ubicados en Montecastro (para otros, la zona forma parte de Floresta), dentro de la Ciudad de Buenos Aires, no he encontrado trabajo alguno que los incluya, estudie o fotografíe. Este texto es un punto de partida para descubrir estas perlas ocultas de la urbe porteña, donde aún perdura el espíritu del barrio.

El pasaje Trieste

Trieste es uno de los pasajes vehiculares más angostos de Buenos Aires, cuya anchura quizás sea similar a los pasajes de carruajes de Palermo.

Vista del pasaje Trieste desde el acceso por la calle Tupac Amaru
Vista del pasaje Trieste desde el acceso por la calle Tupac Amaru

Debe su nombre a la famosa ciudad del norte de Italia ubicada frente al Mar Adriático, que tuvo un gran valor estratégico durante la Guerra Fría. Aunque su extensión aproximada es de una cuadra y media, según el Correo Argentino su numeración va del 4401[1] al 4600[2].

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Casi todas sus casas son de una sola planta y en toda su extensión no hay edificios. Basta un auto estacionado para hacer imposible el tránsito. Tiene aroma a barrio y una atmósfera tranquila: allí casi no se conoce el ruido de motores y bocinas.

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Tupac Amaru hacia la calle Juan A. Boeri
Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Tupac Amaru hacia la calle Juan A. Boeri

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)
Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado norte, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)
Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado norte, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Nace en la calle Tupac Amaru y forma cuatro esquinas en el cruce con la calle Boeri.

Vista de la esquina del Pasaje Trieste con la calle Juan A. Boeri, visto desde el Pasaje Triste, avanzando desde Tupac Amaru. Al fondo se ve el paredón rojo donde termina la calle.
Vista de la esquina del Pasaje Trieste con la calle Juan A. Boeri desde el Pasaje Triste, avanzando desde Tupac Amaru. Al fondo se ve el paredón rojo donde termina la pasaje.

Termina pocos metros después en un cul-de-sac, aún más angosto que su cuadra anterior.

La que es quizás la fachada más bonita del pasaje Trieste se encuentra en la media cuadra final.
La que es quizás la fachada más bonita del pasaje Trieste se encuentra en la media cuadra final.

El paredón rojo donde termina el estrecho pasaje Trieste.
El paredón rojo donde termina el estrecho pasaje Trieste.

Paradójicamente este final sin salida se ha ganado la única mención literaria del pasaje que ha llegado hasta nosotros: Alejandro Dolina, en su fantástico relato “Los amantes desconocidos”, escribe con su melancólico humor:

“El ingreso a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humorísticos y malévolos provocó una serie de catástrofes que marcaron al decadencia de la Sociedad.

Estos profesionales, que perseguían únicamente la diversión personal, empezaron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas chuscas.

De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de García Vassari se presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo del pasaje Trieste”[3]. 

La calle Juan A. Boeri

La calle Juan A. Boeri, para muchos un pasaje, se extiende desde la calle Gral. César Díaz en dirección sur hasta la calle Remedios Escalada de San Martín. Su único cruce es con el Pasaje Trieste. Tiene dos cuadras y según el Correo Argentino, la numeración se extiende entre el 1101[4] al 1200[5]; sin embargo, hemos constatado personalmente que llega a 1250.

Cartel indicador de la altura de Juan A. Boeri, del 1200 al 1250.
Cartel indicador de la altura de Juan A. Boeri, del 1200 al 1250.

Según dos publicaciones, recibe su nombre en honor del Dr. Juan A. Boeri, médico y farmacéutico italiano. La primera cuenta que ingresó a la Argentina a los 14 años y da como año de nacimiento 1874, y de fallecimiento, 1924. “Durante más de 30 años fue concejal del barrio de Flores donde se encuentra la calle que lo recuerda. Colaboró durante la epidemia de fiebre amarilla y curó a los heridos de la revolución del ‘80”[6]. La segunda amplía algunos datos “Nacido en Italia, el 19 de agosto de 1889 fue designado catedrático de la asignatura farmacia como profesor titular de Farmacognosia. Antes de fallecer en 1914, es nombrado profesor honorario. Fue figura patriarcal del barrio de Vélez Sarsfield, fundó sociedades italianas, fomentó la educación popular y protegió al desvalido. Lamentablemente la quinta en la que habitaba la familia, rodeada de un frondoso parque, que se llamaba ‘Las golondrinas’ fue demolida en 1950”[7].

Encontramos una medalla alusiva al Dr.Juan A. Boeri en la Biblioteca Digital de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, emitida en 1924[8]. La pieza circular de bronce, que lleva en el anverso la imagen del Dr.Boeri, confirma en su reverso las fechas del natalicio y muerte de la primera publicación. Las de la de segunda, además, le dan un tiempo muy corto de vida para tan distinguida carrera, apenas 25 años, cuando en realidad vivió unos 75.

Medalla conmemorativa en honor al Dr.Juan A. Boeri
Medalla conmemorativa en honor al Dr.Juan A. Boeri

Por una publicación alusiva al 150º aniversario de la creación de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Buenos Aires sabemos que su nombre completo era José Antonio Boeri. El trabajo cuenta que “en 1889 por jubilación de Martín Spuch se nombró a Juan A. Boeri en Farmacología, italiano de origen, hombre de humilde nacimiento, pero de grandes cualidades e inteligencia. Se recibe de médico y debido a sus esfuerzos y empeño reorganiza e inicia, con el maestro Irízar, la época moderna de la Escuela de Farmacia” [9]. Agrega que se jubiló en 1913.

La calle no es tan estrecha como el Pasaje Trieste pero conserva su misma esencia. Hay muy pocas casas de dos pisos; el resto es de una planta.

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Vista de la calle Juan A. Boeri desde la calle Gral. César Díaz

No se observan negocios; reina una apacible calma.

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Un taxi descansa en la vereda. No hay lugar en la calle para el estacionamiento.

Una ex-vecina, Susana Neve, nos cuenta “viví en el pasaje Boeri, en una pensión familiar llamada El Universo. Allí conocí gente muy original, venida de diferentes horizontes: alemanes, españoles, italianos, etc.”[10].

El Club All Boys es un símbolo de Floresta, y la segunda cuadra de la calle Juan A. Boeri(entre Trieste y Remedios Escalada de San Martín) luce un mural con su escudo.
El Club All Boys es un símbolo de Floresta, y la segunda cuadra de la calle Juan A. Boeri (entre Trieste y Remedios Escalada de San Martín) luce un mural con su escudo.

La leyenda

No sé si la leyenda es cierta pero se cuenta que en la esquina de Boeri y Trieste vivía Pinuccio Minotti, recordado como “el poeta que murió de amor”.

Esquina oeste de Juan A. Boeri y Trieste, vista desde la cuadra norte de Juan A. Boeri
Esquina oeste de Juan A. Boeri y Trieste, vista desde la cuadra norte de Juan A. Boeri

Este inmigrante piamontés estaba enamorado de doña Victorina, una vecina que vivía en “El Universo”. Como en la pensión estaban prohibidas las visitas, él la veía en la pizzería “La Esponja”, de la calle Segurola. Todos los martes Pinuccio se sentaba en la misma mesa, junto a una pared color verde pálido. Allí tomaba una servilleta de papel donde escribía un breve poema de amor para doña Victorina. Ella llegaba, lo miraba, se sentaba y pedía un café. Luego de media hora en silencio, ella se retiraba. Desde luego ocupaban distintas mesas y el jamás se animó a entregarle ninguna de sus poesías. El día que Victorina no apareció más, Pinuccio se enfermó de pena y murió semanas después. Se cuenta que un ángel (quizás un vecino) encontró decenas de servilletas escritas en casa de Pinuccio. Conociendo los sentimientos del poeta italiano, cada semana le daba una propina al encargado de la pensión para que dejara un poema en la mesita de luz de doña Victorina, que murió sola y anciana releyendo durante todos los años siguientes los poemas sin saber quién era el autor.

Algunas imágenes más

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Vista el pasaje Trieste desde el cul-de-sac. Al fondo la calle Tupac Amaru.
Vista el pasaje Trieste desde el cul-de-sac. Al fondo la calle Tupac Amaru.

Muy cerca de donde termina el pasaje Trieste, sobre la calle Tupac Amaru un enorme mural recuerda a los verdaderos héroes de Malvinas, los jóvenes soldados.
Muy cerca de donde termina el pasaje Trieste, sobre la calle Tupac Amaru un enorme mural recuerda a los verdaderos héroes de Malvinas, los jóvenes soldados.

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Otra vista de la calle Juan A. Boeri, avanzando desde la calle Gral. César Díaz. Como se ve, los autos estacionan en la acera.
Otra vista de la calle Juan A. Boeri, avanzando desde la calle Gral. César Díaz. Como se ve, los autos estacionan en la acera.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

 

 


REFERENCIAS:

[1] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-trieste/00004401-00004499/

[2] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-trieste/00004502-00004600/

[3] Dolina, Alejandro, “Crónicas del ángel gris”, 1ª Ed., 19 reimp., p. 301, Colihue, Buenos Aires, Argentina, 2006

[4] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-juan-a-boeri/00001101-00001199/

[5] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-juan-a-boeri/00001102-00001200/

[6] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29,  Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

[7] di Fiori, Jorge, “Historia de los pasajes porteños”, http://www.pasajes-portenios.com.ar/historia6.html, 2008

[8] http://www.bibliomedicinadigital.fmed.uba.ar/medicina/cgi-bin/library.cgi?e=d-00000-00—off-0medallas–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—4——-0-1l–10-es-Zz-1—20-home—00-3-1-00-0–4–0–0-0-01-10-0utfZz-8-00&a=d&c=medallas&cl=CL3.8.17&d=Medalla_0811

[9] Roberto J. GARCÍA, Adriana CARLUCCI & Carlos BREGNI, “150° Aniversario de la Creación de la Carrera de Farmacia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Argentina”, http://www.latamjpharm.org/trabajos/24/3/LAJOP_24_3_7_1_4M355H9W2J.pdf, 2005

[10] http://www.la-floresta.com.ar/mibarrio/16.htm


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción del mapa, tomado de Google Maps y la fotografía de medalla, tomada del sitio http://www.bibliomedicinadigital.fmed.uba.ar/medicina/cgi-bin/library.cgi?e=d-00000-00—off-0medallas–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—4——-0-1l–10-es-Zz-1—20-home—00-3-1-00-0–4–0–0-0-01-10-0utfZz-8-00&a=d&c=medallas&cl=CL3.8.17&d=Medalla_0811


BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde la fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2003

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998