LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LOS PASAJES RUSSEL, SANTA ROSA, SORIA Y CORONEL CABRER DE PALERMO SOHO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Me sorprendieron desde la primera vez. ¿Qué hacían allí unos pasajes abriéndose como espinas de pescado a ambos lados de la calle, que en aquel entonces se llamaba Serrano? Conformaban un espacio de Buenos Aires que, pese a ser único, no lograba distinguirse del resto de Palermo Viejo y parecía haber quedado en el olvido. Afortunadamente, esas estrechas callecitas se han reciclado, fusionando arte, moda y bohemia y son parte esencial de la escenografía del joven Palermo SoHo. Me refiero a los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer.

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ALGO DE SU HISTORIA

Alguna vez leí que estos breves pasajes que daban a la calle Serrano, hoy Borges, habían sido pasos de carruajes. He buscado y rebuscado aquella fuente sin éxito. Me hubiera gustado que estas breves y singulares calles hubieran tenido en su origen ese propósito, pero la historia sugiere que no.

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En 1867 se estableció como límite norte de la Ciudad de Buenos Aires al arroyo Maldonado[1], que hoy corre entubado debajo de la Avenida Juan B. Justo. A partir de ese momento  se produjo un crecimiento vertiginoso, impulsado por un gran flujo inmigratorio, que planteó nuevas necesidades urbanísticas y habitacionales. Juan Antonio Buschiazzo (1846-1917), uno de los patriarcas de la arquitectura argentina, tuvo a su cargo la creación de tres nuevos barrios: Saavedra en 1873, Villa Alvear en 1888 y Villa Devoto en 1899[2]. Villa Alvear, hoy Palermo, fue concebida por el Banco Inmobiliario, cuyo presidente era don Antonio Devoto, quien encargó a Buschiazzo el proyecto.

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En un principio se pensó llamar a la zona Ciudad de los obreros” pero prevaleció el nombre de “Villa Alvear”. Según el investigador histórico Fabio Perlin, el trazado original “era un rectángulo de catorce cuadras de largo y siete de ancho con una superficie aproximada de cien cuadras” entre las actuales avenidas Santa Fe, Scalabrini Ortiz y Cordoba y la calle Godoy Cruz y las vías del Ferrocarril Gral. San Martín (en aquel entonces conocido como Ferrocarril al Pacífico) que corren paralelas a la calle mencionada[3].

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Dentro de Villa Alvear se diseñó un “barrio dentro del barrio”. Cuenta Perlin que “una superficie de ocho manzanas, desde las calles Cabrera a Costa Rica y de Gurruchaga a Thames, fue dividida por pasajes y se trazaron plazoletas, como la de Honduras y Serrano (hoy Plaza Cortázar), que le dieron al lugar una especial fisonomía”[4]. Así surgieron estos cuatro pasajes.

LOS PASAJES RUSSEL, SANTA ROSA, SORIA Y CORONEL CABREREN LOS ‘80

León Tenenbaum hace una magnífica descripción de ese mágico espacio porteño en los ‘80:

“En el cruce de las calles Serrano y Honduras se está gestando un pequeño Montmartre[5] porteño. Hay allí una plaza redonda, no muy grande, que por muchos años acogió una feria y en torno a la cual circulaban los tranvías Lacroze que iban al Balneario Municipal, el del sur, el único por entonces. Cuatro típicos pasajes cruzan o se abren en la vecindad inmediata de este lugar. Son sus nombres: Coronel Cabrer, Soria, Santa Rosa y Russel. Todos ellos estrechísimos, flanqueados todavía por casas humildes, bajas en su mayoría. El curso de estos pasajes no es demasiado recto, tienen como un movimiento compadre de cintura que tan bien va con ese sabor a barrio de tango que lucen y extrañamente conservan algunas zonas de Buenos Aires”[6].

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Hoy, estos pasajes se encuentran en el corazón de Palermo SoHo, rebautizado así por sus innovadoras tiendas, galerías de arte, bares under y restaurantes chic que le dan a la zona una atmósfera posmoderna. Además, la movida cultural simbolizada en los murales que decoran los pequeños PH de los pasajes convoca a multitudes de turistas.

PASAJE RUSSEL

Subiendo desde la Avenida Santa Fe por la calle Jorge Luis Borges, en dirección contraria al tránsito vehicular, el primero en aparecer es el Pasaje Russel. Se extiende dos cuadras: hacia la derecha hasta la calle Thames y hacia la izquierda hasta la calle Gurruchaga. Ambas cuadras son pavimentadas.

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Si recorremos la cuadra que se extiende hasta la calle Thames, cuya numeración va del 5000 al 5100, en la mano izquierda encontramos viviendas de una o dos plantas. En la mano derecha hay unos pocos comercios, varias casas, un gran galpón donde el pasaje hace una leve curva y en su extremo un terreno baldío cercado.

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La magia del pasaje tiene que ver con su estrechez, las fachadas intervenidas y los murales que adornan sus paredes.

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Recorramos la otra cuadra, de Borges a Gurruchaga, donde se respira una curiosa conjunción de aromas: el del barrio con sus casas bajas y sus santa ritas colgantes y el de la constante innovación creativa.

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En la esquina inicial un magnífico mural de Josefina Di Nucci muestra de un lado al genial escritor argentino y del otro a un niño (¿acaso el Borges de la niñez en Palermo?) con un ángel detrás de él.

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El resto son casas de habitación muchas de ellas embellecidas por artistas, y excelentes murales.

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Mi favorito es el que llamo “ciclista en la luna”, de Chispa, un reconocido artista urbano.

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En esa cuadra la numeración va del 4901 al 5000.

PASAJE SANTA ROSA

Siempre avanzando por Borges en dirección hacia la Avenida Córdoba, cruzamos la calle El Salvador y luego, sin desviarnos, aparece unos metros más adelante el Pasaje Santa Rosa.

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Como el anterior, se extiende a ambos lados de Borges, pero con una diferencia: si bien el brazo izquierdo termina en Gurruchaga, el derecho tras chocar con el lado norte de la calle Thames hace un codo y se convierte a partir de allí en una ancha calle que termina unos metros más adelante, en la calle Uriarte. Tanto las dos cuadras de pasaje como la cuadra de la calle son empedradas.

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El Pasaje Santa Rosa tiene su propio microclima. Al inicio de la cuadra hacia Thames, con numeración del 5000 al 5100, a mano izquierda encontramos el mural “Love in the Air hecho con mosaico en un estilo muy setentoso, bien pop-art, inaugurado en 2013 por la Asociación Don’t Smoke. Mi sección favorita es la que dice Love. Pareciera que está aguardando que pose junto a ella alguno de los Beatles.

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Esa estrecha cuadra presenta peculiaridades: del mismo lado hay un enorme galpón que luce una intervención en su fachada, seguido de un edificio de tres pisos, cuya planta baja está totalmente cubierta por una enredadera.

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En la mano derecha  hay una enorme casona con jardín cuyo acceso ha sido decorado también con coloridos mosaicos, que fue la residencia por muchos años de la actriz y cantante Natalia Oreiro y el músico Ricardo Mollo. Luego se levantan unas tapias donde hay murales, un par de casas y un bar en la esquina.

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En la cuadra de otro lado, la que va de Borges a Gurruchaga, con numeración 4900 al 5000, el ambiente es más apacible. Al inicio, en la esquina de Borges, a mano izquierda hay un interesante mural en el frente de un negocio de depilación.

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En la esquina de la misma mano con Gurruchaga hay una curiosa fachada floral. Enfrente está lo mejor de la cuadra: un mural tipo collage variado y divertido.

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PLAZOLETA JULIO CORTÁZAR

Luego viene la Plazoleta Julio Cortázar, sobre la bella calle Honduras, con su feria de artesanos y artistas plásticos y cafecitos al aire libre.

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Si seguimos avanzando en dirección contraria al tránsito vehicular, veremos que la calle Borges recupera a partir de allí el viejo nombre de Serrano.

PASAJE SORIA

El siguiente es el pasaje Soria. Su longitud es diferente: como los anteriores, a la izquierda se extiende una cuadra hacia Gurruchaga, donde termina; pero a la derecha, el brazo que se abre desde Serrano en dirección a Thames termina a unos 40 metros en un paredón, formando un cul-de-sac. Curiosamente, Soria renace del otro lado como una calle a partir de la Thames y se extiende una cuadra muriendo en la calle Uriarte. La cuadra hacia Gurruchaga es empedrada y la media cuadra hacia Thames pavimentada.

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Como en los casos anteriores, giramos primero hacia nuestra derecha para ver ese corto tramo cuya numeración va del 5000 al 5050. De la mano izquierda lo más llamativo es una casa de dos plantas cuya fachada rojiza está cubierta por enormes enredaderas y protegida con estructuras metálicas de colores oscuros.

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En la mano derecha hay alguna vivienda y elegantes comercios. Entre ambos aparece el paredón que pone fin al pasaje. Es un mural con graffiti hecho por Nase Pop, cuyo verdadero nombre es Daniel Stroomer, artista urbano nacido en Amsterdam.

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Volvamos a Borges y caminemos hacia Gurruchaga por la cuadra más larga del pasaje Soria, numerada del 4900 al 5000. Es un pasaje empedrado a cuyos lados se observan viviendas bajas con algunos murales e intervenciones sin estridencias, que proveen un ámbito tranquilo.

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Desde luego, hay algunas fachadas dignas de admirar.

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Rompe la armonía una extensa construcción de ladrillo oscuro, sin afinidad con el resto de las casas, que se observa a mano izquierda del caminante, en la esquina con la calle Gurruchaga.

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PASAJE CORONEL CABRER

Tras cruzar la calle Gorriti aparece la última de las cuatro callejuelas: el pasaje Coronel Cabrer. Es el más corto. Se extiende una sola cuadra hacia la izquierda, con numeración del 4900 al 5000, terminando en la calle Gurruchaga; es el único que no tiene brazo derecho en dirección a la calle Thames.

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Este angosto y apacible pasaje pavimentado se caracteriza por algunos murales de personajes de historietas y dibujos animados, además de fachadas intervenidas artísticamente.

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Pese a los cambios y a la omnipresencia del arte urbano, el pasaje aún retiene algo del sabor a barrio original.

LOS PASAJES DE PALERMO VIEJO Y LA LITERATURA

El 24 de agosto de 1996 Fernando De la Rúa, en aquel entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, le otorgó el nombre de Jorge Luis Borges al tramo de la calle Serrano entre la calle Honduras y la Avenida Santa Fe. Eso permitió que la calle Borges se uniera con la plazoleta Julio Cortázar, creando un nuevo encuentro de estos fantásticos escritores, pues fue Borges quien publicó “Casa Tomada”, el primer cuento del autor de “Rayuela”, en la Revista Sur[7].

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Sobre la vieja calle Serrano -en la extensión que hoy lleva su nombre- estaba la casa donde Borges pasó su niñez. En su poema “Fundación mítica de Buenos Aires” menciona las calles de delimitan ese íntimo espacio que fue su hogar: La manzana pareja que persiste en mi barrio: / Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga[8]. Apenas a pasos de allí comienza la sucesión de pasajes que hemos mencionado. Uno de ellos, el pasaje Russel es mencionado por el venerable escritor en su cuento “Juan Muraña”[9]:

Durante años he repetido que me he criado en Palermo… El azar me enfrentó, poco después, con Emilio Trápani…Tardé en reconocerlo; habían pasado tantos años desde que compartimos el mismo banco en una escuela de la calle Thames… (Trápani cuenta) Por el tiempo del Centenario, vivíamos en el pasaje Russell, en una casa larga y angosta. La puerta del fondo, que siempre estaba cerrada con llave, daba a San Salvador. En la pieza del altillo vivía mi tía, ya entrada en años y algo rara“.

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Además, hay una revista llamada Pasaje Russel, que se define como “una revista de literatura y cultura urbana, un pasaje entre leer y escribir: el encuentro con la ficción que toda ciudad ofrece”. Se puede acceder a sus contenidos en http://pasajerussel.blogspot.com.

LAS VISITAS DE TITANES EN EL RING

La actriz, productora radial y fotógrafa Karina Bazán Carpintero, que nació en el pasaje Coronel Cabrer, cuenta en su blog “En el pasaje hay unas 15 casas, muchas de ellas – la gran mayoría- perdió su fisonomía original, de hecho en lugar de mi casa natal se encuentra un PH con primer piso muy moderno pero que nada tiene de encantador. En la esquina de Gurruchaga… en una vereda la imprenta del Tuerto, así la conocíamos, en ese lugar editaban los periódicos de la comunidad Armenia, era habitual ver entrar o salir a alguno de los Titanes en el Ring que pertenecían a esa comunidad”[10]. Es inevitable no imaginar al gran Martín Karadagian o al gigante Ararat paseando por allí.

EL ORIGEN DE LOS NOMBRES

Russel: Según Miguel Iusem, el nombre completo de la calle es Oliverio Russel, un marino escocés que trabajaba como práctico mayor del Río de la Plata. Fue apresado por los británicos durante la Segunda Invasión Inglesa y permaneció detenido en Inglaterra hasta 1811. En 1814 fue segundo jefe del Almirante Guillermo Brown, irlandés nacionalizado argentino[11]. Alberto Gabriel Piñeiro se limita a mencionar el nombre Russel señalando que fue denominado así por una ordenanza del 28 de octubre de 1904[12], sin haber tenido un nombre anterior.

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Santa Rosa: Para Miguel Iusem, hace referencia a la primera santa americana, Isabel Flores (1586-1617), más conocida como Santa Rosa de Lima, llamada Patrona de América por el Congreso de Tucumán de 1816; sin embargo, el mismo autor hace referencia también a otros orígenes, tales como batallas de la Independencia americana o a la capital de La Pampa que había sido fundada en 1892[13]. Alberto Gabriel Piñeiro menciona que también se llamó Hamilton, pero recibió su nombre actual, como muchas otras calles, por la ordenanza del 28 de octubre de 1904[14].

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Soria: Aunque no lo aclara específicamente, pues menciona otras calles con el apellido Soria, inferimos que para Miguel Iusem el nombre proviene de Pablo Soria, quien exploró el Río Bermejo en 1828[15]. Alberto Gabriel Piñeiro dice que también se llamó Grau y que recibió su nombre en la misma ordenanza que los otros pasajes mencionados[16].

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Coronel Cabrer: Miguel Iusem afirma que el nombre completo de la calle es Coronel José María Cabrer. Fue un ingeniero español que llegó a la Argentina en 1781 como experto para dirimir una disputa de límites con Portugal. Se radicó en el país y luego de la Revolución de Mayo trabajó en el departamento topográfico. Además, sirvió como asesor durante la guerra con el Brasil[17]. Alberto Gabriel Piñeiro se limita a decir que el pasaje se denominó Jefferson, añadiendo que recibió su nombre actual por la misma ordenanza que le dio nombre a los otros pasajes[18].

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CONCLUYENDO

Los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer forman parte del Buenos Aires encantado. El arte urbano los ha convertido en un espacio mítico, donde el arrabal baila un tango electrónico con la posmodernidad.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


GALERÍA MULTIMEDIA: FOTOGRAFÍAS

Pasaje Russel:

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Pasaje Santa Rosa:

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Pasaje Soria:

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Pasaje Coronel Cabrer:

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GALERÍA MULTIMEDIA: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] El límite anterior lo constituía el “Camino del Ministro Inglés”, en referencia a George Canning (1770-1827), que influyó decisivamente en la firma del “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825. Por ello, dicho camino luego pasó a llamarse Avenida Canning (actual Avenida Scalabrini Ortiz). El 30 de octubre de 1867 se sancionó la ley 522 que extendió el límite norte al Arroyo Maldonado.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.216

[3] Perlin, Fabio, http://arquitecto-buschiazzo.blogspot.com/2009/12/caba-trazado-de-villa-alvear-1888.html

[4] Perlin, Fabio, página web citada

[5] Montmartre es un pintoresco barrio bohemio de París, Francia, donde se encuentra la famosa basílica de Sacré-Cœur.

[6] Tenenbaum, León, “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986, Nº 4, p.7

[7] Para los interesados en esa primera publicación de Cortázar impulsada por Borges, que incluyó dos ilustraciones de su hermana Norah, puede leer el prólogo escrito por Borges en “Julio Cortazar Cuentos”, Jorge Luis Borges Biblioteca Personal, Hyspamérica Ediciones Argentinas, Buenos Aires, 1985, p.3. y “Julio Cortázar la Biografía”, Mario Goloboff, Cuadernos de Sudestada #6, Peña Lillo Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011, p.36 (el copyright de Goloboff es de 1998).

[8] Borges, Jorge Luis, poema “Fundación mítica de Buenos Aires”, “Cuaderno San Martín” (1929), “Obras Completas 1923-1972”, Emecé Editores, 1974, 13ª impresión (1983), p.81.

[9] Borges, Jorge Luis, cuento “Juan Muraña”, “El Informe de Brodie” (1970), “Obras Completas 1923-1972”, Emecé Editores, 1974, 13ª impresión (1983), p.1044,1045.

[10] Bazan Carpintero, Karina, “Pasaje en el tiempo”, http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/03/pasaje-en-el-tiempo.html

[11] Iusem, Miguel, “Diccionario de las Calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.160

[12] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las Calles de Buenos Aires, sus Nombres desde su Fundación hasta nuestros Días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.471

[13]  Iusem, Miguel, Op. cit., p.166

[14] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.479

[15] Iusem, Miguel, Op. cit., p.170

[16] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.484

[17] Iusem, Miguel, Op. cit., p.140

[18] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.316


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LOS PASAJES JULIO S. DANTAS Y GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

A fines de 2014 publiqué la nota “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”[1]. Hablaba allí de los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville y de la calle Martín Pescador. A pesar de haber emigrado, deseaba escribir sobre esas perlas ocultas de mi amada Buenos Aires. Durante una visita en 2016, pude regresar al pasaje Julio S. Dantas -en realidad, una calle muy angosta- y al pasaje Guillermo Enrique Granville, una pequeña vía peatonal. Entre ambos conforman una suerte de chata y ancha letra T. Si no lo han hecho aún, los invito a recorrerlos.

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Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville se ubican en Villa Santa Rita. Aunque muchos lo confunden con Monte Castro, Floresta o Villa del Parque, este barrio tiene identidad propia. Está delimitado al este por la calle Condarco, al norte por la Avenida Álvarez Jonte y la calle Miranda, al oeste por la calle Joaquín V. González, y al sur por la Avenida Gaona. Fue levantado sobre una zona de quintas, lotificada a fines del siglo XIX[2].

EL PASAJE JULIO S. DANTAS

Si uno viene desde las avenidas Gaona o Juan B. Justo, sugerimos iniciar el recorrido por la calle Cuenca, poco antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte. A mano izquierda se abre la estrecha calle empedrada Julio S. Dantas.

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Su acera izquierda es una rampa de acceso, seguramente pensada para niños con capacidades motrices diferentes, porque a mitad de cuadra hay una escuela pública. La rampa tiene a su izquierda una baranda metálica pegada a la pared donde resalta una pintura publicitaria de la empresa Petri y el anuncio del estacionamiento para sus clientes.

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La pintura publicitaria va seguida de un mural infantil.

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A la derecha de la rampa hay un cantero poblado de vegetación.

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El pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, la calle siguiente, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que, aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la curiosa callecita empedrada.

El pasaje Dantas asciende hacia su centro bordeado por casas, en su mayoría de una planta.

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Una excepción la constituye un edificio de ladrillos rojos, amplios ventanales y secciones lisas color amarillo en su fachada.

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Un poco más allá se encuentra a mano izquierda la Escuela Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su altura exacta es 3260); del lado derecho nace el estrecho pasaje peatonal Guillermo Enrique Granville, cuya entrada tiene una pequeña rampa en el centro con sus respectivos apoyamanos, a la izquierda un camino para los transeúntes y a la derecha un alto cantero con plantas y un farol pintado de gris.

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Continuando por Dantas, la calle desciende en suave pendiente hacia la calle Campana.

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Termina también con una rampa a la izquierda y con escalones a la derecha.

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Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca.

¿DE DÓNDE PROVIENE SU NOMBRE?

La altura del pasaje Julio S. Dantas va del 3201 al 3300. De lado sur tiene una cuadra, del norte dos, pues la divide el pasaje Granville. Una placa permite leer allí Julio S. Dantas 3270-3300 marcando el inicio de su segunda cuadra.

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No hay acuerdo en cuanto al origen de su nombre. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Sin embargo, desde 1944 toma su nombre actual honrando la memoria de un héroe de la Guerra con el Paraguay.

Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

PASAJE GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE

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Comienzo diciendo que en mi última visita encontré varias mejoras en el pasaje Guillermo Enrique Granville, que lo han embellecido. Es una de las escasas calles peatonales que perduran en Buenos Aires. Debajo comparto vistas de su entrada, primero iniciando el recorrido desde el pasaje Julio S. Dantas, y luego, girando 180º, como si desembocáramos en él.

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Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. Aunque es un pasaje corto, su numeración va del 2101 al 2200.

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Comienza con una pasarela angosta y la rampa que mencionamos, que a un lado tiene un cantero con plantas, arbustos y algunos árboles, y al otro las edificaciones.

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Luego el sendero empedrado se ensancha, encontrando canteros con plantas y arbustos en su centro, faroles pintados de gris y glorietas.

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Rodeado de viviendas familiares, en su mayoría de una planta, transmite una atmósfera apacible.

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Es un espacio único, una suerte de península urbana, ajena al movimiento de la Avenida Álvarez Jonte.

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Precisamente, al llegar a la avenida mencionada hay una nueva rampa que facilita el paso de personas con capacidades motrices diferentes, con sendos apoyamanos a sus lados; a un lado hay una acera con escalones y al otro más canteros.

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Un colorido mural, firmado “M.A.V. 2015” decora una de sus paredes laterales seguido de otro más pequeño donde se lee “Escuela Nº 18 Pcia. de Tierra del Fuego”.

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Cuenta el arquitecto Rolando H. Schere que antiguamente se lo llamó Normandía y La Puñalada. Hay un website titulado “Vecinos del Pasaje La Puñalada autoconvocados en defensa de Granville y su entorno de pasajes” que contiene información muy rica acerca del pasaje, además de protestar por la construcción de torres vecinas, reclamo que apoyamos en su totalidad.

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Dice allí: “Y hablamos de su belleza, no solamente porque muchos son la cuarta generación de habitantes de estas 14 casas, la mayoría levantadas por inmigrantes italianos… sino por razones objetivas: Granville es un pasaje peatonal de una sola cuadra, atravesado por largos canteros con palmeritas, limoneros, damas de noche o higueras, donde todavía podrá encontrar por las tardes niños corriendo una pelota, o recorriendo sus baldosas en bicicleta, que son nuestros hijos adueñándose de la vereda paradójicamente en uno de los pocos barrios que no cuenta con ningún espacio verde, ni parques ni plazas. Es un rinconcito de Buenos Aires donde todos los 8 de diciembre, cada vecino trae sus adornos navideños y entre todos decoramos un único arbolito en un cantero de nuestra calle. Y a toda esta belleza se suma que en uno de sus extremos Granville linda con otro pasaje angosto y empedrado: Julio Dantas, donde se encuentra la escuela primaria Nro 18 DE 17, cuyos alumnos atraviesan Granville para volver a sus casas” [3]. Magnífico testimonio de los vecinos de esta oculta perla porteña.

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¿POR QUÉ SE LLAMA ASÍ?

Hay dos versiones que explican por qué antiguamente el pasaje era conocido como “La puñalada”: una, por su trazado visto desde arriba, abriendo un corte en la manzana; otra, por una pelea entre compadritos a principios del siglo XX. En 1944, gracias al decreto mencionado arriba recibe la denominación actual.

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Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA

En letra itálica aparece el texto transcrito del primer artículo (ver link arriba en REFERENCIAS) y el aporte de la página vecinal.


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/barrios/villa-santarita

[3] http://vecinosdegranville.blogspot.com/2010/04/la-punalada-milonga-de-juan-darienzo.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

“ESPERÁNDOLO A TITO”, EL FÚTBOL HECHO PURO CUENTO (por Pablo R. Bedrossian)

esperandolo-a-tito-02Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Serie SIMPLEMENTE FÚTBOL

El fútbol nunca fue tema predilecto de la literatura. Más bien, algunos intelectuales que conocimos hablaban de 22 idiotas corriendo detrás de una pelota, como si fuera un absurdo. Ocurre que la razón no entiende la pasión; la contempla con desconcierto, y, en su afán de controlarla, la descalifica.

Quizás por eso el fútbol fue excluido de cuentos y novelas: una banalidad en medio de las grandes preocupaciones de la vida. Sin embargo, es imposible ignorar la pasión, que es como un géiser que lanza imprevistamente su chorro de vapor.

De los que conozco, el primero que se atrevió a cruzar esa frontera literaria fue Agustín Cuzzani, cuando publicó “El centroforward murió al amanecer”, una obra de teatro escrita en 1955, que más que en el juego se centra en un futbolista, vendido como si fuera un objeto coleccionable. La leí cuando tenía apenas 13 años, y aún guardo el sabor amargo de haber descubierto allí otro cruce inevitable: fútbol y negocios.

Pasaron muchos años hasta que llegó el inolvidable Roberto Fontanarrosa y el fútbol volvió a convertirse en tema de escritura. A partir de ese momento surgió una plétora de autores y textos que lo abordan. Uno de los primeros es Eduardo Sacheri, con su colección de cuentos “Esperándolo a Tito”.

Cuenta Sacheri en la nota preliminar, que siendo un desconocido, y a instancias de su esposa y de sus amigos, se atrevió a divulgar sus narraciones: “puse tres cuentos en un sobre de papel madera y lo dejé en la recepción de Radio Continental dirigido a ‘Todo con afecto’, que era el entrañable programa de Alejandro Apo, dedicado a recordar grandes momentos y personalidades del fútbol. Allí disfruté por primera vez “Me van a tener que disculpar”, el relato con el que Sacheri homenajea a Diego Maradona por sus dos famosos goles a los ingleses en el Mundial ’86.

Por eso fue una bendición conseguir “Esperándolo a Tito” y detenerme a recorrer sus páginas. Incluye 14 cuentos y un epílogo. Son relatos sobre el barrio, la niñez, la emoción, la lealtad y el sacrificio. Tal como Armando Bó en aquella película legendaria película “Pelota de Trapo”, el tema central es la épica: hazañas de héroes anónimos donde el deporte, la amistad y el equipo, están por encima de todo. Es, a la vez, una oportunidad para volver a creer que aún hay hombres que respetan códigos, y no venden su dignidad a ningún precio.

Editado por Alfaguara, y escrito en un estilo simple y directo, con mucho sabor local, termino recomendando especialmente algunos de sus cuentos: “La valla invicta”, “De chilena”, “Jugar con una Tango es algo mucho más difícil de lo que a primera vista se podía suponer” y “Último hombre”, aunque todos los cuentos atrapan desde el principio hasta el final.

Se podría decir que Eduardo Sacheri, aunque escribe en prosa, es un poeta de la vida, alguien que no escribe sobre fútbol con la neutralidad de un cronista, sino desde el contagioso sentimiento del protagonista.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


¿QUIERE CONTINUAR LEYENDO? LE SUGERIMOS:

Si le interesa Eduardo Sacheri, puede leer:

LA PREGUNTA DE SUS OJOS, INTRIGA PARA GANAR UN OSCAR (por Pablo R. Bedrossian)

Si le interesan libros sobre fútbol, puede leer:

“YO, EL BOCHA”, LA AUTOBIOGRAFÍA DE RICARDO BOCHINI (por Pablo R. Bedrossian)

Si le interesa el fútbol, puede leer:

¿CRISTIANO RONALDO O MESSI? UNA MIRADA DIFERENTE (por Pablo R. Bedrossian)

 

 

CÓMO VISITAR LA BOCA (por Pablo R. Bedrossian)

000-dsc08252La Boca es el barrio italiano de Buenos Aires. Debe su nombre a la entrada del Riachuelo, angosto tramo final del río Matanza, en el Río de la Plata. El colorido de sus casas de metal acanalado, las esculturas que embellecen muchas de sus calles y el famoso estadio de Boca Juniors, la Bombonera, la convierten en una pequeña ciudad dentro de la ciudad.

Además, sus altas veredas contra las inundaciones, sus puentes de hierro, sus viejos edificios color tierra y ese enjambre de depósitos y fábricas abandonados que bordea sus riberas contribuyen a ese crear una atmósfera intensamente popular, propia de las primeras décadas del siglo XX.

  1. ALMUERZO EN “EL OBRERO”

001-dsc05397Empezamos nuestro recorrido almorzando en El Obrero, un bodegón que ha sobrevivido a las tormentas sociales, a la inflación y a los bruscos cambios de gobierno. Mientras espera su orden, pida unas rabas fritas con una tortilla de huevo y papa. No se  va a arrepentir.

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  1. MUSEO DEL CINE PABLO DUCRÓS HICKEN

004-dsc05411Enfrente se encuentra el Museo del Cine Pablo Ducrós Hicken. Su nombre homenajea al investigador cuya colección, donada por su viuda, sirvió de base para iniciar el museo. Está dedicado a la investigación, preservación y difusión el patrimonio cinematográfico argentino. Se recorre muy rápidamente, salvo que Ud. desee detenerse en algo de su interés. Forma parte del histórico complejo edilicio que perteneció a la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad, al que también pertenece la Usina del Arte, pero tiene entrada independiente por la calle Agustín R. Caffarena 51,

http://www.buenosaires.gob.ar/museodelcine

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  1. LA USINA DEL ARTE

En la esquina este se encuentra La Usina del Arte, un espacio recuperado convertido en Centro Cultural. El edificio originalmente fue erigido para alojar turbinas generadoras de energía eléctrica para el polo fabril que se levantaba en la zona a principios del siglo XX. El diseño fue encargado al arquitecto italiano Giovanni Chiogna, quien le dio el aspecto externo de un imponente palacio florentino de ladrillo rojo a la vista. Inaugurado hace un siglo; recomendamos ver la bella torre almenada de una de sus esquinas.

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Se ingresa por la esquina de la Avenida Don Pedro de Mendoza y la calle Agustín R. Caffarena. Sus altos muros contienen un edificio rectangular con basamento de piedra gris, con otras dos torres en extremos opuestos, una de ellas con un bello reloj. Al ingresar, se encuentra un gran patio y una espléndida escalera, que nos recuerda a un castillo medieval. No deje de observar algunos detalles de la construcción, tales como los arcos de medio punto, algunas gárgolas y trabajos de herrería que sobrevivieron a las remodelaciones.

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El interior ha sido acondicionado para espectáculos ofreciendo al visitante una soberbia experiencia.

http://www.usinadelarte.org/

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Tip: Un detalle para los fans de los pasajes urbanos y callecitas empedradas: Por dentro del complejo hay una calle privada empedrada que lo cruza en su totalidad, desde la Avenida Benito Pérez Galdós hasta la calle Agustín R. Caffarena.

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  1. EL GALPÓN DEL GRUPO DE TEATRO CATALINAS SUR

Luego dar la vuelta por la Avenida Pérez Galdós llegamos a una fachada decorada ricamente por inefables personajes, moldeados al estilo típico de la Boca. Es el galpón del Grupo de Teatro Catalinas Sur, integrado por vecinos que ven en el teatro un puente hacia su comunidad.

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El lugar fue un depósito de tintas, hoy recuperado por este movimiento artístico independiente como un espacio cultural. Las divertidas figuras que parecen ser espectadores ubicados sobre una tribuna y varios palcos, son creación de tres brillantes artistas plásticas: Andrea Agüero, Andrea Bustamante y Valeria Vizioli.

http://www.catalinasur.com.ar/

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Tip: Desde la esquina y por cerca de 50 metros en la calle Caboto, que corta la Avenida Benito Pérez Galdós, el maestro Oscar Gasparini montó un mural donde reflejaba la identidad boquense. En nuestra última visita en 2016 estaba parcialmente desmontado, pero es probable que sea renovado.  Sin embargo, recientemente La Boca (que forma parte del “Distrito de las Artes”, que engloba barrios del sur de Buenos Aires), se enriqueció con 21 intervenciones artísticas en forma de murales callejeros. Artistas internacionales como Reka (Australia), Millo (Italia), Telmo Pieper (Holanda), Camille Walala (Francia), Nase Pop (Holanda), y locales, como Felipe Pantone, Parbo, Martín Ron, Pastel, Gordo Pelota, Zumi y P3Dro Perelman, poblaron muros, esquinas, fachadas y medianeras con su arte. Es el primer paso de un ambicioso proyecto, y las obras pueden verse recorriendo las calles Benito Pérez Galdós, Wenceslao Villafañe, Ministro Brin, Caboto y Caffarena, en las inmediaciones de La Usina del Arte.

http://dondebuenosaires.com.ar/murales-callejeros-en-la-boca/

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  1. LA CASA DEL FANTASMA

Avanzando por la Avenida Benito Pérez Galdós por la vereda opuesta al galpón del Grupo de Teatro Catalinas Sur, un llamativo edificio color piedra de forma triangular -o más precisamente, trapezoidal- forma tres esquinas con la calle Wenceslao Villafañe y la Avenida Almirante Brown. Es fácilmente reconocible por su diseño geométrico coronado por una enorme torre cilíndrica con almenas. Se lo conoce como “La Casa del Fantasma” o “El Castillo de La Boca” y se tejen sobre muchas leyendas.

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María Luisa Auvert Arnaud, una rica hacendada de Rauch, una zona rural de la Provincia de Buenos Aires, encargó la obra al arquitecto Guillermo Álvarez. El diseño sigue lineamientos del movimiento modernista europeo que llegó a Bs. As. a principios del siglo XX. La construcción fue inaugurada en 1908 y en 1910, recibió un premio municipal por su arquitectura.

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  1. AVENIDA ALMIRANTE BROWN Y PUENTE TRANSBORDADOR NICOLÁS AVELLANEDA

Allí tomamos la Avenida Almirante Brown hacia la derecha. Cruzamos con cuidado el inicio de la autopista y nos dirigimos a Riachuelo.

Tip:

Si no almorzó en El Obrero, le recomendamos comer una fugazetta en la histórica pizzería Banchero, ubicada en la esquina de la Avenida Almirante Brown y Suárez. Inaugurada en 1932 es en lugar obligado de encuentros de personalidades de la Boca, incluidos los jugadores del famoso Boca Juniors. En 2002 fue declarada Sitio de Interés Cultural por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. No espere lujos ni glamour, sino un sitio y una pizza que han hecho historia.

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Continuando por la avenida,  observamos dos grandes estructuras de hierro que lo cruzan, que remedan oxidados esqueletos prehistóricos.

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El de la izquierda, actualmente pintado de rojo, corresponde a una sección del Puente Nicolás Avellaneda, inaugurad en 1940; el de la derecha, es el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, inaugurado en 1913, dedicado a transportar personas de una orilla a la otra mediante una plataforma. Su imagen es un ícono boquense.

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Transcribimos datos que nos han parecido interesantes de un artículo de la Sociedad Central de Arquitectos: “El Puente Transbordador Nicolás Avellaneda es único en América y uno de los ocho que quedan en pie en el mundo…fue construido en Inglaterra, en hierro, con trazas de cobre para resistir la corrosión; luego se lo armó en Buenos Aires, a la manera de un Mecano. Presenta una plataforma suspendida, tirada por cables, que le permitió cruzar el Riachuelo a coches, camiones, carros con caballos y también al tranvía”[1]. Compartimos aquí una foto tomada por nosotros en los años ’90. A partir de ella se pueden observar las mejoras realizadas.

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  1. PUENTE NICOLÁS AVELLANEDA

Al llegar al Riachuelo se conectan la Avenida Almirante Brown -por dónde veníamos- y la Avenida Don Pedro de Mendoza, que hace una curva que la cruza con la que fuera antes su paralela. Doblamos a la izquierda y tras caminar unos metros, podemos entrar al Puente Nicolás Avellaneda, de diseño art deco.

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En nuestra última visita, para garantizar nuestra seguridad, un policía de la guardia que estaba en la planta baja se ofreció a acompañarnos en la visita. Tras subir las escaleras mecánicas de esta monumental obra, podemos cruzar por arriba el Riachuelo hacia el Dock Sud o detenernos para tomar algunas fotos. Del lado izquierdo, se observa el Puente de la Autopista Buenos Aires – La Plata y, tras él, el Río de la Plata.

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  1. AVENIDA PEDRO DE MENDOZA

Bajamos del puente y regresamos hacia la derecha. Cruzamos la Avenida Almirante Brown, que allí termina, y caminamos por una ancha costanera que bordea el Riachuelo y sirve como acera al siguiente tramo de la Avenida Pedro de Mendoza. Las casas y edificios que quedan a nuestra derecha, muchos de ellas abandonados, tienen fachadas muy originales.

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Del otro lado del Riachuelo se observa el tranquilo perfil ribereño del Dock Sud con su aroma a alquitrán, asfalto y vieja industria.

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  1. HOSPITAL DE ODONTOLOGÍA Y LACTARIO MUNICIPAL

Avanzando por la Avenida Pedro de Mendoza, en su esquina con la calle Palos, nos encontramos con un edificio que se levanta como si fuera un cubo. Es el Hospital de Odontología Benito Quinquela Martín, que fue donado por el más famoso pintor de La Boca. Inaugurado en 1959, la cara que da a la serpenteante avenida Pedro de Mendoza es color arena oscuro; poblada de ventanas, en su extremo izquierdo luce el mural “La boca del Riachuelo”, creación de Quinquela. Hecho en cerámica, tiene los motivos que caracterizan la obra de Quinquela: el puerto, los barcos, los trabajadores, las chimeneas, siempre con el fondo del río y del cielo, siempre con un intenso colorido. Se ha dicho que, si bien el artista le dio a sus trazos la percepción lumínica de los impresionistas, su regreso al dibujo, notable en particular en la figura de los estibadores encorvados, revela cierta influencia post impresionista.

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Del otro lado, si uno observa hacia arriba, desde la segunda planta la fachada remeda una pintura cubista: un cuadrado verde pálido atravesado por franjas horizontales de intensos colores, celeste, rojo, amarillo y nuevamente celeste.

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Tip: Si avanza unos metros por la calle Palos, en la terraza del edificio adyacente al Hospital de Odontología, se levanta una bella escultura, réplica del Monumento al Pescador, del famoso escultor Roberto Capurro, erigido en Mar del Plata[2].

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Enfrente del Hospital de Odontología, se encuentra el Lactario Nº 4 de la Ciudad de Buenos Aires, inaugurado en 1947, gracias a otra generosa donación también del gran pintor boquense. En la ochava se abren dos escalinatas -típicas en La Boca en vista de las frecuentes inundaciones- para ascender a las aceras, tanto en la calle Palos como en la Avenida Pedro de Mendoza, por donde seguimos nuestro recorrido, a través de una breve recova. En el ángulo superior que da a la esquina, la imagen de un joven alado con una banda que dice “te guío y amparo” simula el mascarón en la proa de un barco, sobre el cual se proyecta la quilla.

  1. TEATRO DE A RIBERA Y ESCUELA Y DE BELLAS ARTES “BENITO QUINQUELA MARTÍN”

Dejando atrás el Lactario, encontramos un pequeño mural, que dice Paseo de la Ribera, República de la Boca, con un plano del barrio, la descripción de los lugares más conocidas y unas figuras tangueras que bailan sobre una calle empedrada cuyo fondo es parte del camino que venimos recorriendo. La “República de la Boca” -según se cuenta- fue una iniciativa de vecinos genoveses que, durante un conflicto laboral, decidieron autogobernarse, declarando su adhesión al Rey de Italia, Humberto I. Aunque no hay ninguna evidencia documental que la respalde, la versión más difundida dice que estos xeneizes izaron su propia bandera, que tenía los colores argentinos, la cruz blanca de la Casa de Saboya -a la que pertenecía el monarca italiano- y un gorro frigio. El Presiente Roca habría acudido con tropas de su ejército y abortado la intentona. En 1923, Benito Quinquela Martín refundó la República de la Boca, como una organización social y cultural muy original y divertida. Recuerdo haber visto cuando era niño, en “Sábados Circulares”, un famoso programa de TV de aquella época en el Canal 13, al Presidente y al grupo directivo de la original República, cuyos símbolos debieron ser la murga y el fainá.

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Uno pocos metros adelante se encuentra el Teatro de la Ribera, inaugurado en 1971 por otra generosa donación de Quinquela Martín. Su colorida fachada está en la misma línea arquitectónica que la del vecino Hospital de Odontología. Dentro tiene ocho murales realizados por el reconocido artista boquense, y desde 2010 está exclusivamente dedicado al tango.

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El edificio siguiente, muy colorido como los precedentes, pero algo más alto y en estilo art deco, es el Museo de Bellas Artes de la Boca “Benito Quinquela Martín”, más conocido como “La Casa de Quinquela”. Sin embargo, el frente dice “Escuela Pedro de Mendoza”. Ocurre que en 1933 el artista donó una la propiedad para construir una escuela primaria (que se inauguró en 1936 y funciona en la Planta Baja), un Museo de Artistas Argentinos (inaugurado en 1938) y un espacio para su vivienda y taller, que el Museo trata de preservar en su estado original. Lamentablemente en nuestra última visita la fachada estaba muy descuidada.

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Enfrente, del otro lado de la Avenida Pedro de Mendoza, se alza un merecido homenaje al gran artista y filántropo boquense: una estatua suya, cuya base descansa en un colorido empedrado, que lo muestra mirando hacia su casa, .

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En el interior del Museo no está permitido tomar fotos. Recomendamos visitar todas sus salas. La más curiosa es la de mascarones de proa, en su mayoría de finales de siglo XIX. Hay una sala de pintores argentinos cuya colección, formada por el propio Quinquela mediante compras, canjes y donaciones, puede competir con la del Museo Nacional de Bellas Artes. Desde luego, hay que admirar las salas con obras del gran artista boquense. Quizás no están allí sus mejores piezas, pero reflejan el drama del puerto, la incipiente industrialización de la zona y su amor por La Boca. Vale la pena ascender y detenerse en la terraza donde hay interesantes esculturas figurativas de artistas nacionales, a la vez que buenas vistas del barrio.

Entre las obras de la terraza puede admirarse “Herido”, del ceramista y pintor Marino Pérsico (1910 – 1976); su hijo, el artista plástico Marino Santa María, es el que intervino artísticamente la calle Lanín, de la capital argentina.

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Hay varias esculturas, como “El Creador”, de Héctor Rocha (1891 – 1964), hecha en cemento, que transmite un colosal poder.

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El lugar es un remanso de paz, para pensar y meditar.

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Preste atención a los detalles. Todo el edificio, en sus paredes y baldosas lleva el sello del gran pintor de La Boca.

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  1. VUELTA DE ROCHA

Seguimos nuestro camino en la misma dirección. A nuestra izquierda, siempre el Riachuelo, y a la derecha viejas casas. Algunas tienen hoy nuevos colores y otros curiosos detalles, siempre en el intento de atraer a los clientes a los comercios que hay en ellas. Desde luego, allí puede comprarse un mate y su bombilla.

Encontramos una feria artesanal, y a pocos pasos entramos a La Vuelta de Rocha, un recodo del Riachuelo, en cuya frente hay una plazoleta con un mástil, un cañón y un busto del Almirante Guillermo Brown, marino irlandés que en 1810 llegó a Buenos Aires, y decidió sumarse a las fuerzas revolucionarias criollas. Es considerado el padre de la Armada Argentina.

Frente a la plazoleta se encuentra el edificio de la Fundación Proa, que ofrece atractivas propuestas culturales.

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Tip: A la entrada de La Boca, un poco más allá del Parque Lezama, sobre Avenida Almirante Brown,  y muy del Hopsital Argerich se encuentra Casa Amarilla, réplica de la casa que que perteneció al famoso marino que da nombre a la avenida.

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  1. CALLE MUSEO CAMINITO

Pero no sigamos por la Avenida Pedro de Mendoza, sino, en lugar de tomar la curva, avancemos derecho en línea recta. Justo allí nace la calle Magallanes.

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A pocos metros, poco después de cruzar la calle Dr. Enrique del Valle Iberlucea -que recorreremos más tarde-, se encuentra la entrada a la calle más famosa de La Boca, la calle museo Caminito.

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La unión de estas tres calles, Magallanes, Iberlucea y Caminito constituye el corazón de La Boca. Es el lugar favorito y, a la vez, paseo obligado de todo visitante. Siempre hay decenas de turistas admirando su colorido, sus esculturas y sus conventillos.

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Comencemos caminando por Caminito. Una casa de dos plantas de forma triangular es el clásico acceso. Vista desde el frente, a la izquierda continúa la calle Magallanes; la diagonal a la derecha es la calle museo, que vamos a recorrer.

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Aunque el cartel al inicio de la calle dice que el famoso tango “Caminito” de Juan de Dios Filiberto fue inspirado en ese lugar, en realidad es al revés: la calle lleva el nombre por la canción, que además fue presentada en 1926 y no en 1923 como dice erróneamente la placa. Filiberto sólo compuso la música del famoso tango. La letra corresponde al poeta Gabino Coria Peñaloza, que se inspiró en Caminito de Olta, un antiguo sendero rural de La Rioja.

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Caminito es una suerte de arco que se abre paso en la manzana formada por las calles Aráoz de Lamadrid, Garibaldi, y las ya mencionadas Magallanes y del Valle Iberlucea. Su curioso trazado se debe a que antiguamente corría por ella un arroyo que abrevaba en el cercano Riachuelo. Luego formó parte del recorrido de un ramal del Ferrocarril Buenos Aires al Puerto de la Ensenada.

A lo largo de sus aproximadamente 150 metros se exhiben numerosas obras de arte, muchas de ellas vinculadas al puerto y a los inmigrantes. La primera es un muro con un medio relieve dedicado al Libertador, el General don José de San Martín, conocido en Argentina como “El Padre de la Patria”. La obra es creación del prestigioso escultor Roberto J. Capurro (1903-1971)

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De Capurro también se destaca “Esperando la barca”, un altorrelieve cuadrado con un motivo típico de la Boca; obsérvense los rostros que reflejan tristeza y la resignación.

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Hay obras sumamente interesantes como “El sembrador espiritual”, de Antonio Sassone (1906-1983), cuyo rostro remeda al Cristo del arte y que puede considerarse una representación de la bíblica Parábola del Sembrador, aludiendo a Cristo como quien esparce la buena semilla.

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“La sirga” de Julio Vergottini (1905 – 1999), un gran bajorrelieve 2.30 metros de ancho por 4 metros de largo. refleja el duro trabajo en el puerto. La sirga es una gruesa soga utilizada para remolcar las embarcaciones desde tierra, generalmente en ríos.

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Del mismo autor también recomendamos ver “La canción”.

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Entre las numerosas obras, en su mayoría esculturas, también recomendamos “La Madre”, de Juan B. Leone.

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Finalmente recomendamos “Clavel del aire”, un homenaje al tango del reconocido escultor Luis Perlotti (1890 – 1969).

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Hay otro detalle que vuelve el paseo por Caminito mucho más interesante: los conventillos que lo bordean. Se trata de viviendas urbanas colectivas donde se ofrecían cuartos en alquiler, que habitualmente eran rentados por inmigrantes.

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Conocidos originalmente como cuarterías, y luego también como inquilinatos, tenían comedores y baños comunes, formando una pequeña comunidad. Actualmente sobreviven algunos, en su mayoría con fines turísticos, que se pueden visitar a la vuelta, por la calle Magallanes.

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Habitualmente de madera o metal (que en Argentina se llama chapa y en otros países lámina), en La Boca tienen colores intensos que los han convertido en símbolos del barrio.

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Al final de la calle, en su cruce con la calle General Gregorio Aráoz de Lamadrid, hay un edificio cuyo extremo triangular remeda la proa de un barco.

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En el lado que da a Caminito hay un enorme mosaico de Ricardo Sánchez que reproduce la obra de Quinquela Martín, “Regreso de la Pesca”.

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Allí, al llegar a Aráoz de Lamadrid, lo mejor es dar la vuelta a la manzana. Para ambos lados hay vistas interesantes. Si uno sigue en la dirección en la que vienen los autos-en dirección contraria, hacia del Valle Iberlucea, hay principalmente comercios-, encontrará un balcón con típicas figuras boquenses de famosos personajes argentinos: Diego Maradona, Evita Perón y Carlos Gardel.

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En seguida se llega a calle Garibaldi, surcada por las vías muertas del ferrocarril. Muchos toman hacia la derecha para ir caminando hasta la Bombonera, el famoso estadio de Boca Juniors. Nosotros no lo recomendamos, salvo que se vaya en grupo, por razones de seguridad. Preferimos doblar hacia la izquierda. Hoy la calle es peatonal. Hay pintorescas fachadas a ambos lados de las vías.

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  1. LA CALLE MAGALLANES

Al terminar la cuadra doblamos a la izquierda, tomando Magallanes. Allí encontramos nuevamente un gran movimiento. Hay mucha gente en las calles, bailarines de tango, comercios con recuerdos porteños, restaurantes con mesas en la calle.

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También hay accesos a los famosos conventillos, hoy convertidos en sitios turísticos, que ofrecen una vista interesante de Caminito, un recorrido por el pasado y una oportunidad de disfrutar del tango.

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  1. LA CALLE DEL VALLE IBERLUCEA

Regresamos hasta Caminito por la calle Magallanes, la cruzamos y a pasos llegamos a nuestra última parada, la calle Dr. Enrique del Valle Iberlucea. También encontramos allí siempre una multitud. Hay negocios y restaurantes callejeros, sabor a tango, a La Boca y, desde luego, a la alegría.

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Se pone el sol. Las sombras cubren La Boca. Terminamos nuestro viaje pensando en aquellos inmigrantes italianos que habrán visto con ojos asombrados a la Argentina como su nuevo país, a Buenos Aires como su nueva ciudad y a La Boca como su nuevo hogar. A ellos les debemos tanto arte, color y alegría con pinceladas de melancolía con la que esta barriada se pinta.

[1] http://www.socearq.org/cms/wp-content/uploads/2009/04/fundacion-x-la-boca-_historia-transbordador_.pdf

[2] Para más datos sobre esta escultura, se puede visitor el blog http://www.pasqualinonet.com.ar/roberto_capurro.htm

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© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.

CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL PASAJE TRIESTE Y LA CALLE JUAN A. BOERI (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Pasaje Trieste 014Hasta la fecha, tanto para el pasaje Trieste como para la calle Juan A. Boeri, ubicados en Montecastro (para otros, la zona forma parte de Floresta), dentro de la Ciudad de Buenos Aires, no he encontrado trabajo alguno que los incluya, estudie o fotografíe. Este texto es un punto de partida para descubrir estas perlas ocultas de la urbe porteña, donde aún perdura el espíritu del barrio.

El pasaje Trieste

Trieste es uno de los pasajes vehiculares más angostos de Buenos Aires, cuya anchura quizás sea similar a los pasajes de carruajes de Palermo.

Vista del pasaje Trieste desde el acceso por la calle Tupac Amaru
Vista del pasaje Trieste desde el acceso por la calle Tupac Amaru

Debe su nombre a la famosa ciudad del norte de Italia ubicada frente al Mar Adriático, que tuvo un gran valor estratégico durante la Guerra Fría. Aunque su extensión aproximada es de una cuadra y media, según el Correo Argentino su numeración va del 4401[1] al 4600[2].

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Casi todas sus casas son de una sola planta y en toda su extensión no hay edificios. Basta un auto estacionado para hacer imposible el tránsito. Tiene aroma a barrio y una atmósfera tranquila: allí casi no se conoce el ruido de motores y bocinas.

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Tupac Amaru hacia la calle Juan A. Boeri
Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Tupac Amaru hacia la calle Juan A. Boeri

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)
Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado sur, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado norte, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)
Pasaje Trieste, vista parcial de la primer cuadra, lado norte, desde la calle Juan A. Boeri hacia la calle Tupac Amaru (ver paredón al fondo)

Nace en la calle Tupac Amaru y forma cuatro esquinas en el cruce con la calle Boeri.

Vista de la esquina del Pasaje Trieste con la calle Juan A. Boeri, visto desde el Pasaje Triste, avanzando desde Tupac Amaru. Al fondo se ve el paredón rojo donde termina la calle.
Vista de la esquina del Pasaje Trieste con la calle Juan A. Boeri desde el Pasaje Triste, avanzando desde Tupac Amaru. Al fondo se ve el paredón rojo donde termina la pasaje.

Termina pocos metros después en un cul-de-sac, aún más angosto que su cuadra anterior.

La que es quizás la fachada más bonita del pasaje Trieste se encuentra en la media cuadra final.
La que es quizás la fachada más bonita del pasaje Trieste se encuentra en la media cuadra final.

El paredón rojo donde termina el estrecho pasaje Trieste.
El paredón rojo donde termina el estrecho pasaje Trieste.

Paradójicamente este final sin salida se ha ganado la única mención literaria del pasaje que ha llegado hasta nosotros: Alejandro Dolina, en su fantástico relato “Los amantes desconocidos”, escribe con su melancólico humor:

“El ingreso a Amantes Desconocidos de un grupo de redactores humorísticos y malévolos provocó una serie de catástrofes que marcaron al decadencia de la Sociedad.

Estos profesionales, que perseguían únicamente la diversión personal, empezaron a enviar cartas a damas casadas y a urdir toda clase de intrigas chuscas.

De este modo consiguieron que la Sra. Aurora B de García Vassari se presentara a las cuatro de la mañana con una vela en la mano en el fondo del pasaje Trieste”[3]. 

La calle Juan A. Boeri

La calle Juan A. Boeri, para muchos un pasaje, se extiende desde la calle Gral. César Díaz en dirección sur hasta la calle Remedios Escalada de San Martín. Su único cruce es con el Pasaje Trieste. Tiene dos cuadras y según el Correo Argentino, la numeración se extiende entre el 1101[4] al 1200[5]; sin embargo, hemos constatado personalmente que llega a 1250.

Cartel indicador de la altura de Juan A. Boeri, del 1200 al 1250.
Cartel indicador de la altura de Juan A. Boeri, del 1200 al 1250.

Según dos publicaciones, recibe su nombre en honor del Dr. Juan A. Boeri, médico y farmacéutico italiano. La primera cuenta que ingresó a la Argentina a los 14 años y da como año de nacimiento 1874, y de fallecimiento, 1924. “Durante más de 30 años fue concejal del barrio de Flores donde se encuentra la calle que lo recuerda. Colaboró durante la epidemia de fiebre amarilla y curó a los heridos de la revolución del ‘80”[6]. La segunda amplía algunos datos “Nacido en Italia, el 19 de agosto de 1889 fue designado catedrático de la asignatura farmacia como profesor titular de Farmacognosia. Antes de fallecer en 1914, es nombrado profesor honorario. Fue figura patriarcal del barrio de Vélez Sarsfield, fundó sociedades italianas, fomentó la educación popular y protegió al desvalido. Lamentablemente la quinta en la que habitaba la familia, rodeada de un frondoso parque, que se llamaba ‘Las golondrinas’ fue demolida en 1950”[7].

Encontramos una medalla alusiva al Dr.Juan A. Boeri en la Biblioteca Digital de la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, emitida en 1924[8]. La pieza circular de bronce, que lleva en el anverso la imagen del Dr.Boeri, confirma en su reverso las fechas del natalicio y muerte de la primera publicación. Las de la de segunda, además, le dan un tiempo muy corto de vida para tan distinguida carrera, apenas 25 años, cuando en realidad vivió unos 75.

Medalla conmemorativa en honor al Dr.Juan A. Boeri
Medalla conmemorativa en honor al Dr.Juan A. Boeri

Por una publicación alusiva al 150º aniversario de la creación de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Buenos Aires sabemos que su nombre completo era José Antonio Boeri. El trabajo cuenta que “en 1889 por jubilación de Martín Spuch se nombró a Juan A. Boeri en Farmacología, italiano de origen, hombre de humilde nacimiento, pero de grandes cualidades e inteligencia. Se recibe de médico y debido a sus esfuerzos y empeño reorganiza e inicia, con el maestro Irízar, la época moderna de la Escuela de Farmacia” [9]. Agrega que se jubiló en 1913.

La calle no es tan estrecha como el Pasaje Trieste pero conserva su misma esencia. Hay muy pocas casas de dos pisos; el resto es de una planta.

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Vista de la calle Juan A. Boeri desde la calle Gral. César Díaz

No se observan negocios; reina una apacible calma.

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Un taxi descansa en la vereda. No hay lugar en la calle para el estacionamiento.

Una ex-vecina, Susana Neve, nos cuenta “viví en el pasaje Boeri, en una pensión familiar llamada El Universo. Allí conocí gente muy original, venida de diferentes horizontes: alemanes, españoles, italianos, etc.”[10].

El Club All Boys es un símbolo de Floresta, y la segunda cuadra de la calle Juan A. Boeri(entre Trieste y Remedios Escalada de San Martín) luce un mural con su escudo.
El Club All Boys es un símbolo de Floresta, y la segunda cuadra de la calle Juan A. Boeri (entre Trieste y Remedios Escalada de San Martín) luce un mural con su escudo.

La leyenda

No sé si la leyenda es cierta pero se cuenta que en la esquina de Boeri y Trieste vivía Pinuccio Minotti, recordado como “el poeta que murió de amor”.

Esquina oeste de Juan A. Boeri y Trieste, vista desde la cuadra norte de Juan A. Boeri
Esquina oeste de Juan A. Boeri y Trieste, vista desde la cuadra norte de Juan A. Boeri

Este inmigrante piamontés estaba enamorado de doña Victorina, una vecina que vivía en “El Universo”. Como en la pensión estaban prohibidas las visitas, él la veía en la pizzería “La Esponja”, de la calle Segurola. Todos los martes Pinuccio se sentaba en la misma mesa, junto a una pared color verde pálido. Allí tomaba una servilleta de papel donde escribía un breve poema de amor para doña Victorina. Ella llegaba, lo miraba, se sentaba y pedía un café. Luego de media hora en silencio, ella se retiraba. Desde luego ocupaban distintas mesas y el jamás se animó a entregarle ninguna de sus poesías. El día que Victorina no apareció más, Pinuccio se enfermó de pena y murió semanas después. Se cuenta que un ángel (quizás un vecino) encontró decenas de servilletas escritas en casa de Pinuccio. Conociendo los sentimientos del poeta italiano, cada semana le daba una propina al encargado de la pensión para que dejara un poema en la mesita de luz de doña Victorina, que murió sola y anciana releyendo durante todos los años siguientes los poemas sin saber quién era el autor.

Algunas imágenes más

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Vista el pasaje Trieste desde el cul-de-sac. Al fondo la calle Tupac Amaru.
Vista el pasaje Trieste desde el cul-de-sac. Al fondo la calle Tupac Amaru.

Muy cerca de donde termina el pasaje Trieste, sobre la calle Tupac Amaru un enorme mural recuerda a los verdaderos héroes de Malvinas, los jóvenes soldados.
Muy cerca de donde termina el pasaje Trieste, sobre la calle Tupac Amaru un enorme mural recuerda a los verdaderos héroes de Malvinas, los jóvenes soldados.

Calle Juan A. Boeri 01Calle Juan A. Boeri 02

Otra vista de la calle Juan A. Boeri, avanzando desde la calle Gral. César Díaz. Como se ve, los autos estacionan en la acera.
Otra vista de la calle Juan A. Boeri, avanzando desde la calle Gral. César Díaz. Como se ve, los autos estacionan en la acera.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

 

 


REFERENCIAS:

[1] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-trieste/00004401-00004499/

[2] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-trieste/00004502-00004600/

[3] Dolina, Alejandro, “Crónicas del ángel gris”, 1ª Ed., 19 reimp., p. 301, Colihue, Buenos Aires, Argentina, 2006

[4] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-juan-a-boeri/00001101-00001199/

[5] http://www.codigopostalde.com.ar/buenos-aires/capital-federal-caba/pasaje-juan-a-boeri/00001102-00001200/

[6] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29,  Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

[7] di Fiori, Jorge, “Historia de los pasajes porteños”, http://www.pasajes-portenios.com.ar/historia6.html, 2008

[8] http://www.bibliomedicinadigital.fmed.uba.ar/medicina/cgi-bin/library.cgi?e=d-00000-00—off-0medallas–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—4——-0-1l–10-es-Zz-1—20-home—00-3-1-00-0–4–0–0-0-01-10-0utfZz-8-00&a=d&c=medallas&cl=CL3.8.17&d=Medalla_0811

[9] Roberto J. GARCÍA, Adriana CARLUCCI & Carlos BREGNI, “150° Aniversario de la Creación de la Carrera de Farmacia en la Facultad de Medicina de la Universidad de Buenos Aires, Argentina”, http://www.latamjpharm.org/trabajos/24/3/LAJOP_24_3_7_1_4M355H9W2J.pdf, 2005

[10] http://www.la-floresta.com.ar/mibarrio/16.htm


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción del mapa, tomado de Google Maps y la fotografía de medalla, tomada del sitio http://www.bibliomedicinadigital.fmed.uba.ar/medicina/cgi-bin/library.cgi?e=d-00000-00—off-0medallas–00-2—-0-10-0—0—0direct-10—4——-0-1l–10-es-Zz-1—20-home—00-3-1-00-0–4–0–0-0-01-10-0utfZz-8-00&a=d&c=medallas&cl=CL3.8.17&d=Medalla_0811


BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde la fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2003

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

EL PASAJE DE LA PIEDAD (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

El Pasaje de la Piedad es probablemente el más emblemático de los pasajes porteños. Escondido en la calle Bartolomé Mitre entre las calles Montevideo y Paraná, parece un pedacito de barrio injertado pleno Centro.

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Lo descubrí cursando el Secundario. Cierta tarde visité a Ernesto Leibovich, un compañero que vivía en la calle Rodolfo Rivarola, otra perla oculta de la Ciudad. Saliendo de allí subí por Bartolomé Mitre hacia la avenida Callao. De pronto me sorprendieron dos anchas bocas en la cuadra norte que franqueaban el acceso al pasaje. No pude resistir la tentación de entrar. Me sorprendió la curiosa escenografía, con plantas, verjas y edificios antiguos que tenían sabor arrabalero, ajenos al molesto ruido de la calle.

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Poco después, en 1980, conocí el Teatro de la Piedad, dentro del propio Pasaje, al asistir a un concierto del bandoneonista Rodolfo Mederos. Aunque no me resultaba fácil pasar por allí, visité el Pasaje de la Piedad todas las veces que pude.

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Cartel que anuncia el Teatro de la Piedad, que se encuentra sobre la entrada oeste, la primera bajando desde la Avenida Callao hacia la Avenida 9 de Julio

En el extranjero se añoran los lugares queridos de otro modo. Uno sabe que siguen allí, pero aun cuando permanezcan inmutables se vuelven inaccesibles. Por eso esperé la ocasión, y, luego de muchos años, volví a visitarlo. Sus entradas hoy están enmarcadas por sendas puertas de rejas.

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Entrada oeste, a la altura de Bartolomé Mitre 1525. Bajando desde Avenida Callao es la primera entrada.

A través de ellas podemos leer los inolvidables carteles azules que anuncian la entrada y salida de carruajes, que como diría Borges, tienen “el sabor de lo perdido, de lo perdido y lo recuperado”.

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 LA HISTORIA

La Calle de la Piedad, llamada así por la Iglesia de la Señora de la Piedad del Monte Calvario ubicada en la misma calle, a partir de 1901 se denominó Bartolomé Mitre; el pasaje, como hijo legítimo, heredó su nombre.

Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje
Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje

Ubicado entre los números 1525 y 1563 en el lado norte de la mencionada vía, a diferencia de la mayoría de los pasajes porteños tiene forma de U.

Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.
Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.

Dejemos que los expertos nos cuenten: “Fue construido por Arturo Gramajo, y por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre los años 1888-1900, en tierras heredadas por ella y que habían sido adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones, durante los años 1853, 1854 y 1857. Hubo un largo proceso de construcción, comenzándose de atrás -fondo- hacia adelante -frente-; hasta el momento no se ha resuelto el problema de la autoría de este proyecto por falta de localización de los planos originales. Gramajo había actuado en diplomacia, y durante el gobierno de Victorino de la Plaza, se hizo cargo de la Intendencia de Buenos Aires, desde 1914 a 1916. Fue, además, presidente de la comisión administradora de fondos, constituida en 1893, para la terminación del templo de la Piedad… El Pasaje de la Piedad fue habilitado una parte en 1888 y el resto de la construcción hacia 1900, circunstancia que se nota en los estilos de su arquitectura. En el año 1997 fue incluido dentro de las Áreas de Protección Histórica de la ciudad de Buenos Aires”[1].

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Según Alejandro Grigoric, el autor del proyecto es el arquitecto Edwin Arthur Merry[2] , Rolando H. Schere en su obra “Pasajes” afirma que la obra fue “comenzada en 1866 por los arquitectos Nicolás y José Canales, y terminada en 1909 por el arquitecto Juan A. Buschiazzo”[3]. También dice que don Arturo Gramajo lo hizo construir para viviendas en alquiler y agrega en la misma página “Está conformado por dos familias de prototipos: los que se alinean a la fachada con locales comerciales en la planta baja, sobre la calle Bartolomé Mitre y en ambos accesos, y los que tienen retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana”.

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Vista de algunas de las puertas de madera de las entradas interiores sobre el pasaje que corresponden al bloque de locales comerciales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre.

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Edificio de tres cuerpos con retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana.


ESCENARIO CINEMATOGRÁFICO

En “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Eduardo Luis Balbachan comenta que el Pasaje de la Piedad sirvió de locación para filmar escenas de numerosas películas argentina. En su lista cita “Fiebre de primavera”, “La orquídea”, “Un guapo del 900”, “Pobre mi madre querida”, “Mi noche triste” y “El infierno tan temido”[4], y de mi parte agrego “Assassination Tango”, escrita, dirigida y actuada por Robert Duvall, quien está casado con la argentina Luciana Pedraza que tuvo un papel en ese film.

Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)
Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)

Cuenta también que entre 1924 y 1930 vivió allí el Vivo Caprioli, lugarteniente del legendario delincuente apodado El Pibe Cabezas. Menciona también que ha vivido allí glorias del tango como Juan D’Arienzo y Miguel Caló. A esa lista de famosos habitantes, Tatiana Souza Korolkov, agrega a el bailarín Jorge Donn, el actor Alberto Olmedo y el director cinematógráfico Enrique Carreras [5].

SU ARQUITECTURA

Todos coinciden en señalar las influencias italianas y francesas en el diseño del entorno del pasaje. Esa impronta europeizante, que va del art nouveau al renacentismo florentino, notoria en las arcadas del lado norte de La Piedad y sus amplios balcones, muestra las preferencias de la progresista generación del ’80 que convirtió a la Argentina en un poderoso país agroexportador.

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Frente con influencia de arquitectura italiana

Según Tatiana Souza Korolkov en su mismo artículo “hay 49 viviendas que tienen su frente al pasaje, y el resto, 65 viviendas, da sobre las tres calles que lo circundan”.

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Otra de las serias de tres puertas del cuerpo de locales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre. Se observan escalones, arcos y el porteño farolito de hierro.

Todos los edificios poseen numeración propia.

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 ARTE

En el extremo este de la parte que corre paralela a Bartolomé Mitre hay un enorme mural de arte figurativo contemporáneo que cuelga de una pared cubierta parcialmente por una enredadera. Es un símbolo del arte de este pasaje cuyo encanto no ha menguado. Se organizan allí concursos de manchas y el Teatro de la Piedad sigue vivo.

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El empedrado que luce la calle, las puertas de madera del lado sur, los detalles de las verjas del lado norte, siguen retirando el pasaje de la predecible vorágine urbana y colocándolo en una dimensión única, donde la belleza y la tranquilidad se funden en un abrazo sin apuros ni urgencias.

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 © Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS:

[1] http://www.buenosairesantiguo.com.ar/pasajelapiedad/. Allí se cita como fuente a una obra inédita, “El Pasaje de la Piedad, Buenos Aires”, por arquitecta María Marta Lupano y arquitecta Susana Mesquida,  Consejo de Planificación Urbana y agradecen los aportes del Dr. José María Rodríguez y el Dr. Rogelio Carlos Rodríguez. Al actualizar la nota en 2018 al verificar el link aparece una respuesta automática informando que el dominio está a la venta.

[2] Grigoric, Alejandro, en  https://monumentos.cultura.gob.ar/inventario/pasaje-de-la-piedad/, Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, Secretaría de Cultura de la Nación, República Argentina

[3] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, p. 52, Buenos Aires, Argentina, 1998

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, p. 87, Buenos Aires, Argentina, 1982

[5] Souza Korolkov, Tatiana, “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

BIBLIOGRAFÍA: 

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Souza Korolkov, Tatiana, artículo “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

TRES CURIOSAS CALLES DE MI BUENOS AIRES QUERIDO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Aunque hace 12 años que emigré a Centroamérica, cada vez que regreso a Buenos Aires no puedo sustraerme a la tentación de descubrir detalles que, cuando vivía allí, no había advertido. En la visita de septiembre de 2014, una caminata entre los barrios de Flores y Villa Devoto me llevó a transitar tres curiosas callecitas que habían quedado dormidas en mi memoria: Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville en Villa Santa Rita, y la calle Martín Pescador, en Villa del Parque.

Pasaje Julio S. Dantas

Pasaje Julio S. DantasSi se camina por la calle Cuenca en dirección norte, justo antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte, se abre una de las calles más angostas de Buenos Aires, comparable al pasaje Trieste o a los pasajes borgeanos que cruzan la calle Serrano. Con su viejo empedrado y una curiosa rampa, nos invita a recorrerla. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Precisamente,  el Pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la mágica callecita empedrada.

Julio S. Dantas 02Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca. Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

Pasaje Guillermo Enrique Granville

DSC04742En el centro del pasaje Julio S. Dantas se abre uno de las pocas calles peatonales de Buenos Aires. Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. El Granville es un apacible callejón de baldosas, con canteros cubiertos de plantas y una pequeña glorieta en su centro. Según Rolando H. Schere previamente recibió los nombres de Normandía y La Puñalada.

Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

Calle Martín Pescador

Martín Pescador 01Esta calle tiene la curiosa atribución de nacer y morir en una misma arteria, la calle Teodoro Vilardebó. Según el experto Miguel Iusem recibió su nombre del Chloroceryle americana, una de las especies de Martín Pescador que vive surcando los cursos de agua donde se alimenta, pero es probable la calle se llame así por el nombre popular del ave, que designa a diversas especies de la familia Alcedinidae en Argentina, de la cual la mencionada forma parte.

Martín Pescador 02He buscado infructuosamente sobre su historia. Se dice que se ubica en el apacible barrio Dr.Fernando Ciarlo. En todas las citas en Internet se fijan como límites a este pequeño sector de Villa del Parque las calles “Alvarez Jonte, Teodoro Vilardebó, Santo Tomé, Arregui y Lascano…” Curioso límite pues ¡cuatro de ellas son paralelas! Es un error que, sin análisis alguno, transcriben varios sitios web. El único límite mencionado en el eje norte – sur es precisamente la calle Teodoro Vilardebó.

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La calle tiene dos particularidades: los dos “codos”, curvas que cambian su dirección, y la presencia de algunos jardines en la aceras, remanso en vía de extinción dentro de la ciudad. Además tiene una encantadora placita en su centro, que lamentablemente es difícil de fotografiar por la superpoblación de vehículos estacionados en todo su perímetro. A pesar de ello, a lo largo de todo de la calle Martín Pescador se percibe una enorme tranquilidad. Debido a la dirección del tránsito de la calle Teodoro Vilardebó y de la propia Martín Pescador se produce otra paradoja: la calle muere antes de su nacimiento. En fin, perlas ocultas de la misteriosa Buenos Aires.

Mapa Tres curiosas callecitas  01

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción del mapa, que fue tomado de Google Maps y editado a fines informativos para esta nota.


BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998