LIBRERÍA “EL TÚNEL DE BUENOS AIRES”, UN JARDÍN ENCANTADO PARA LOS BIBLIÓFILOS (por Pablo R. Bedrossian)

Las librerías de Buenos Aires siguen siendo una referencia obligatoria para todos los lectores. A pesar de las innovaciones tecnológicas, los kíndles y los e-books, nada reemplaza la experiencia de visitarlas y pasar en ellas un tiempo placentero. ¿Quién no ha llegado tarde a una cita por andar mirando libros?

Si alguno duda de la importancia de las librerías porteñas, Umberto Eco (devenido a personaje narrador) en la introducción de “El Nombre de la Rosa” encuentra en una de ellas el manuscrito que le sirve como fuente: “curioseando las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del famoso Patio del Tango de esa gran arteria, tropecé con la versión castellana de un librito…”[1].

Uno de mis mayores placeres de adolescente era visitar a la salida del Colegio las librerías de usados de la Avenida de Mayo. Allí con algunos compañeros del Nacional Buenos Aires pasábamos horas buscando gangas. Pasó el tiempo, vinieron las crisis y también un cambio de concepto: del libro usado se pasó al libro antiguo. El valor de una primera edición incluso en estado regular puede costar una pequeña fortuna, cuando antes quizás se conseguían a bajo precio.

El amor por los libros que compartimos con mi hermano Alejandro, heredado sin duda de nuestro padre, me impulsó a armar una pequeña colección de manuscritos y libros antiguos. Cada vez que viajo inevitablemente recorro librerías para coleccionistas; entre ellas, hay una que trato de visitar en cada viaje a la Argentina, mi país de origen: La librería El Túnel de Buenos Aires.

LA LIBRERÍA EL TÚNEL DEL BUENOS AIRES

Ubicada muy cerca del histórico Café Tortoni, ocupa un local en la Avenida de Mayo 767, en la planta baja del Palacio Vera. Fue creada hace más de 30 años por Carlos Noli y está especializada en primeras ediciones, libros antiguos (anteriores a 1850) y de colección.

Al entrar uno se sumerge en un mundo de libros. Basta bajar unos pocos escalones para encontrar a la izquierda obras antiguas y ediciones especiales mientras que al fondo la variedad se multiplica. Allí hay un pequeño espacio con fotografías en las paredes y mesas, anaqueles y vitrinas pobladas de libros llenos de historia y de historias. Si tiene suerte y nadie se los ha llevado aún, puede encontrar libros de los siglos XVI y XVII.

En una entrevista realizada por el diario colombiano Vanguardia en 2014, Noli explicó “Mi oficio como librero data de hace unos treinta y cinco años, y la librería lleva veinticuatro años en este local. Fue declarada patrimonio cultural, y pertenece a un edificio que es patrimonio histórico” [2].

En el mismo reportaje, Noli afirmó sobre Borges “es nuestra especialidad, nuestra debilidad. Es una cosa muy rara, pero se dio con el tiempo, al conseguir primeras ediciones, entrevistas y cosas así”. Nosotros podemos confirmarlo. En nuestra última visita adquirimos una primera edición de “Atlas” firmada por el gran escritor argentino.

La librería sirve a dos mercados: el de la gente común, que va y compra ocasionalmente y el de los coleccionistas que son los clientes frecuentes. En aquella entrevista de 2014 la periodista le pidió que contara de alguna búsqueda por encargo que haya sido un desafío, a lo que Noli respondió: “Una guía de la empresa Varig[3] de aviación, hecha por Borges y Bioy Casares. Algo muy difícil de hallar, porque entra a formar parte del coleccionismo. Después de muchos años conseguí una; carísima”. Es más conocido que estos grandes autores coescribieron un folleto para la recordada empresa láctea “La Martona”, con la historia y las propiedades de la leche cuajada, pero solo los expertos conocen de aquel opúsculo que promocionaba el turismo en la Argentina, hecho para la desaparecida aerolínea brasilera en 1965.

ACERCA DEL PALACIO VERA DONDE SE ENCUENTRA LA LIBRERÍA

El Palacio Vera fue construido en 1910 por los arquitectos. Arturo Prins y Oscar Ranzenhöffer[4]. Fue levantado en el terreno que da a la Avenida de Mayo Av. de Mayo 769/77 cuyo contrafrente se encuentra sobre la calle Rivadavia. Se lo considera una de las expresiones más importantes del Jugendstil, variante austriaca del modernismo.

Cuenta planta baja y cinco pisos Desde la calle, al contemplar su espléndido portón de herrería negra y la escalinata de mármol se puede intuir su refinado interior. La librería El Túnel de Buenos Aires ha hecho del Palacio Vera su casa.

Si busca libros que parecen difíciles de encontrar visite esta librería. Si no lo halla seguramente se topará con otro que le parecía imposible de conseguir.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Edición argentina, 1987, p.11

[2] Mantilla Durán, Claudia P., “Un paseo por El Túnel”,  Diario Vanguardia,  Bucaramanga, Colombia, 1/2/2014, https://www.vanguardia.com/entretenimiento/cultura/un-paseo-por-el-tunel-EDVL244642

[3] En la entrevista original, la periodista escribe Bari, pero se trata de la aerolínea brasilera Varig.

[4] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.222


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CHACABUCO 855: UNA PERLA DEL MODERNISMO CATALÁN EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todas las personas el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Emblemático edificio art nouveau de Jules Lavirotte, en la 29, avenue Rapp, París

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surgió Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolló su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de todos los cánones conocidos hasta ese momento.

Casa Milà de Antoni Gaudí, Barcelona, España

EL EDIFICIO ANEXO AL CASAL DE CATALUNYA

Tiempo atrás publicamos en nuestro artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” presentando dos obras de inspiración gaudiana de Eduardo S. Rodríguez Ortega.

Palacio de Los Lirios, avenida Rivadavia 2031, Buenos Aires, por el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega

Ahora presentamos otro edificio, cuya fachada también se encuentra influida por el modernismo catalán. Nos referimos al edificio anexo al Casal de Catalunya en Buenos Aires.

Casal de Cataluña en Buenos Aires, fachada neogótica catalana de 1936
El artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” puede leerse haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/11/21/gaudi-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

Los Casals son asociaciones comunitarias que congregan a los catalanes que residen fuera de Cataluña. Reciben apoyo oficial de la Generalitat de Cataluña desde su Secretaría de Asuntos Exteriores. El de Buenos Aires es el más antiguo en el mundo.

El 12 de junio de 1886 se fundó el Centre Català en Buenos Aires que posteriormente se convirtió en el Casal de Catalunya de Buenos Aires[1]. Su actual emplazamiento, en la calle Chacabuco 875/863 entre la avenida Independencia y la calle Estados Unidos, se debe a la generosidad de don Lluís Castells y su esposa Elisa Uriburu, quienes en 1889 compraron el terreno y lo cedieron por tiempo indefinido para que se construyera allí el edificio primitivo, donde comenzaron a funcionar instituciones comunitarias[2].

UN EDIFICIO DE DOS FACHADAS

En 1909 el matrimonio Castells adquirió un terreno lindante, de siete metros de frente y sesenta y tres metros de fondo, correspondiente a Chacabuco 855. Allí decidieron construir un edificio de dos plantas y cederlo a su colectividad. Aunque no nos interesa centrarnos en el primer edificio, que es el más grande y conocido, sino en este edificio anexo, necesitamos continuar la historia para entender las preguntas que nos plantea.

Fachada del edificio de Chacabuco 855

Según el Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo que declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional, un año después, en 1910, se unificaron los dos edificios, tirando abajo medianeras. También de acuerdo con el mencionado decreto, en 1920 se amplió la planta alta quedando la fachada del Casal como en la actualidad[3].

Sin embargo, según un artículo que Sergio Kierman publicó en el suplemento m2 del diario Página12, las reformas no tuvieron lugar en 1910 ni en 1920, como dice el decreto, sino en 1936, coincidiendo con el cincuentenario de la institución[4]. Además, incluyeron la remodelación total de la fachada del edificio principal y de los accesos. Resumiendo, ambos edificios fueron unidos por dentro, formando un único complejo interior con dos fachadas. Por lo que hemos podido averiguar, el proceso de transformación se había iniciado en 1828 y tomó varios años. Las obras pudieron completarse gracias al mecenazgo del Sr. Ferrán Fontana. 1936 es la fecha aceptada y reconocida de la reinauguración del edificio.

Nótese que el Casal cuenta con más de 5,000 m2 donde se distribuyen varias dependencias, como el Teatro Margarita Xirgu, el Salón Blanco, la Sala Gaudí (dedicada a exposiciones, conferencias y juegos de salón), otras salas, oficinas administrativas y hasta un restaurante. La escalera de honor es sencillamente espectacular.

EL EDIFICIO DE CHACABUCO 855: EL MODERNISMO CATALÁN DICE PRESENTE

Mientras el edificio original adoptó el estilo neogótico catalán, la fachada del anexo muestra la belleza propia del modernismo. En ella se percibe la innegable influencia del brillante arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner; sin embargo, numerosos detalles también evocan al genial Antoni Gaudí.

Le pedí al arquitecto catalán Antonio Lora Rubio, profundo estudioso del modernismo, que comentara sucintamente esta fachada: “Evidentemente Gaudí no estuvo en Buenos Aires, pero sí su legado, su estilo mediterráneo, lleno de luz, su geométrica y su religiosidad. En esa fachada el arquitecto remarca el balcón central, acentuando con cerámica de colores en la parte superior, muy típico del carácter religioso de Gaudí, y una simétrica escalonada de su coronación le da la solemnidad con el escudo. Aunque es una construcción pequeña, se ven elementos modernistas simples, pero prácticos y resolutivos, igual que el ideario de Gaudí; cuando le preguntaban por su estilo, él contestaba que sólo se dedicaba a imitar la geometría de la naturaleza: simple, práctica y resolutiva, pero sin perder la belleza”.

Aunque por dentro forma parte del complejo -aloja la Biblioteca Pompeu Fabra-, la fachada del edificio de Chacabuco 855 tiene una identidad propia que lo hace único.

LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA

Un detalle interesante lo extraemos de la misma nota de Sergio Kierman: además de documentar la cuidadosa restauración del edificio en 2005 a cargo de los arquitectos Fernando Mosquera y Pablo Ojeda, detalla en forma específica la de la fachada de Chacabuco 855. Su descripción es muy completa: menciona grietas en su coronamiento, daños en el balcón de tres ventanas y roturas en los ornamentos que obligaron a los restauradores Laura Basterrechea y Alberto González, una vez consolidado el muro con llaves empotradas, “a hacer moldes y reconstruir motivos, a la vez que limpiaban y lavaban”.

La nota también revela sorpresas: “sus muros laterales alguna vez fueron azules, con una base de cobalto que se destiñó con los años hasta desaparecer… sus mosaicos, que vistos desde la calle parecían simples azulejos o mayólicas, resultaron ser vidrios. Las superficies en oro estaban compuestas por teselas que eran un sandwich de vidrios y oro, imposibles de reproducir”. Gracias al minucioso trabajo de los restauradores el anexo recuperó el esplendor original de sus detalles.

ACERCA DE LOS CONSTRUCTORES

Los nombres de sus constructores, R. Pauli y J. Coll, aparecen grabados en el frente del edificio de Chacabuco 855.

Prácticamente no sabemos nada de ellos. Las únicas referencias a “R. Pauli y J. Coll” las encontramos en un Anuario Kraft de 1913 donde son mencionados como “empresa constructora de obras”[5]. Una de las citas se acompaña con la dirección Chacabuco 822, en la misma cuadra del Casal pero de la mano de enfrente. Inmediatamente debajo, se habla de “Paulik y J. Coll”, acaso un error tipográfico pues más adelante se menciona a “Paulik y J. Coll” como “constructor de obras” (sic)[6], junto a la dirección José Mármol 772[7]. Al momento de escribir este artículo hay allí un taller mecánico y la puerta de ingreso a una vivienda muy sencilla que parece construida varias décadas después.

En ningún momento aparece el primer nombre de R. Pauli, pero sí aparece el de Jaime Coll[8], constructor, con la misma dirección de Chacabuco 822[9]. En ese sitio hay actualmente un edificio de departamentos y en el 824/28 una casa antigua sin identificación de sus constructores.

El ENIGMA DE LA FACHADA

Aún más incierto es el nombre del arquitecto que diseñó el bellísimo frente del edificio de Chacabuco 855.

En la fachada del edificio principal remodelado en 1936 aparecen dos inscripciones: una que dice “Carrizo Rueda y Devito Constructores” y otra que indica que Julián García Núñez y Eugenio Campllonch fueron los arquitectos. Esto agrega confusión pues no determina el rol que cumplió cada uno.

La información en los libros suele ser confusa o carece de evidencias que la fundamenten. Por ejemplo, la “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes” atribuye la “remodelación 1928/1936” a Eugenio Campllonch y Julián García Núñez[10] sin establecer la contribución individual de los arquitectos.

Otro ejemplo se encuentra en el magnífico libro visual “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story” de Anat Meidan que adjudica la fachada de Chacabuco 855 a Julián García Nuñez sin ninguna explicación[11].

Uno de los volúmenes del IPU (Inventario de Patrimonio Urbano) dedicado a San Telmo, solo dice “Remodelación: Eugenio Campelonch, arq. Pauli y Coll, empresa constructora”[12] sin mencionar a García Núñez.

Supuestamente El Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo, citado anteriormente, debería ser una fuente fidedigna, pues declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional. Allí se lee: “en el año 1910 se unifican ambos edificios estando la obra a cargo del arquitecto catalán Eugeni Campllonch y del arquitecto argentino Julián García Núñez… “

En vista del caos imperante, decidimos ir a la fuente. Elevamos la consulta al Casal de Catalunya en Buenos Aires cuya lacónica respuesta, enviada por don Javier López Granda a quien mucho agradecemos, comparte nuestra perplejidad “lamentablemente los datos que tenemos son aproximadamente los mismos que usted dispone”[13].

QUÉ PODEMOS SABER

En primer lugar, el arquitecto catalán Eugeni Campllonch i Parés había emigrado a la Argentina en 1910[14], así que definitivamente no podemos atribuirle el diseño sin caer en un anacronismo. Sí le corresponden la espléndida reforma al interior del edificio y la fachada neogótica que adquirió el edificio principal en 1936.

En segundo lugar, el arquitecto modernista argentino Julián García Nuñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona bajo de dirección del arquitecto Lluís Doménech i Montaner quien influyó poderosamente en su estilo. Además, coincidió con el apogeo de Gaudí. García Nuñez regresó a la Argentina en 1903; desde ese año hasta 1915 produjo obras con la impronta del modernismo catalán, entre ellas el viejo edificio del Hospital Español de Buenos Aires (1906) y el famoso edificio de Chacabuco 78 (1910). Luego, la influencia de otra vertiente del modernismo, la Sezession vienesa, impactó en sus diseños[15]. Para nuestros fines, un dato relevante es que abandonó la profesión en 1931[16].

Finalmente, sabemos que Eugeni Campllonch y Julián García Núñez eran amigos. Cuenta Florencia Barcina en un trabajo de investigación dedicado a Eugeni Campllonch: “Sabemos por relatos de Julián Bosch, nieto de García Núñez, que el matrimonio Campllonch siempre estaba presente en las reuniones y fiestas de cumpleaños de su familia y que ambos arquitectos cultivaban una fuerte amistad”[17].

Por todo lo expuesto, aunque es imposible hacer afirmaciones definitivas, es probable que la fachada de Chacabuco 855 del año 1909 sea creación de Julián García Núñez y queEugenio Campllonch haya sido el responsable de la gran reforma de 1936. Además, es difícil que García Núñez haya participado en ella debido a la fecha de su temprano retiro.

Siempre en el plano de las conjeturas, adhiero a lo expresado por Florencia Barcina en su investigación: “podemos pensar que la firma conjunta fue una elección de los dos amigos para unificar sus obras y unir sus nombres en la fachada de una institución muy especial para ambos. Esta teoría parece estar abonada por el hecho de que la fachada de 1936 tiene muchas coincidencias con la obra de Campllonch de principios de siglo. El neogótico elegido, la composición simétrica con el alero central cubriendo la loggia y las dos torres laterales, recuerdan mucho a una de las fachadas de la Casa Vidal Folquet de Villafranca y a la Casa Franquesa de Girona, si bien con mucha más ornamentación de carácter alegórico y una presencia de mayor seriedad dado su carácter institucional”[18].

Permanece el misterio de la autoría, pero, mucho más importante, aún perdura la belleza de ese pedacito de Cataluña en el corazón de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Alejandro Machado por la valiosa información que me compartió y las acertadas observaciones que, incluso, me llevaron a modificar el título del presente artículo. Recomiendo visitar su blog “Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras” que se encuentra en http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2009/10/indepedencia-2442-50-casa-propia-de.html

También quiero hacer extensiva mi gratitud al joven y brillante arquitecto catalán Antonio Lora Rubio quien ha hecho una exhaustiva investigación de casas modernistas en su país (aún no publicada) y ha dado recientemente conferencias en la Universidad de Oviedo, España y en la Universidad de San Antonio Abad, Cusco, Perú sobre casas de indianos.


REFERENCIAS

[1] “Comunidades Catalanas en América Latina”, Agencia INCAT, 7/11/2013, https://web.archive.org/web/20141019203948/http://www.agenciaincat.la/?page_id=705

[2] “Institucional – Sobre el casal”, Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina http://www.casal.org.ar/es/sobre-el-casal/institucional/

[3] Decreto 1163/2014 “Monumentos Históricos Nacionales y Bienes de Interés Histórico Artístico”, Poder Ejecutivo Nacional, República Argentina, 22/7/2014 https://web.archive.org/web/20141025220404/http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/230000-234999/232823/norma.htm

[4] Kierman, Sergio, “La vuelta del casal”, m2, Diario Página12, 20/08/2005, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-761-2005-08-20.html

[5] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.770, 1667

[6] “Anuario Kraft”, 1913, p.1790

[7] “Anuario Kraft”, p.1137

[8] Hay un Ing. Jaime Coll, recordado por una calle en Bragado, fundador de la empresa Acerbrag, fallecido en 1986. Desconocemos si es descendiente del constructor, 

[9] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.566

[10] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.82

[11] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.8,9,124,125

[12] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.66,67. El apellido Campllonch aparece tal cual transcribimos, Campelonch

[13] Mail recibido el 9 de marzo de 2020.

[14] Barcina, Florencia; Op. cit., p.17

[15] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109,110

[16] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Op. cit., p.112

[17] Barcina, Florencia, “Eugeni Campllonch i Parés: el arquitecto que desaparece”, Cataluña y Argentina, vínculos en el arte y la arquitectura, Documentos de Trabajo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo Grupo de Investigación de Arquitecturas Hispánicas (GIAH), Universidad de Belgrano, Nº 312, mayo 2016, p.19

[18] Barcina, Florencia, Op. cit.,p.19,20


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EL PASAJE HUGO DEL CARRIL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Detrás del flanco sur de la Estación Flores encontramos un colorido pasaje. Tiene una sola cuadra que corre entre las calles Bolivia y Artigas, y aunque hay espacio para que circule un vehículo, funciona como peatonal. De un lado se encuentra el magnífico edificio de la estación, que a la vez sirve de entrada al andén; del otro, sobresalen las medianeras de edificios de departamentos cuyas bases están decoradas con trocitos de cerámica esmaltada. Es el pasaje Hugo del Carril.

SIN TREN NO HAY PASAJE

A principios de 1854 la Sociedad Anónima del Camino de Fierro del Oeste obtuvo la concesión del primer ferrocarril argentino. Fue inaugurado el 29 de agosto de 1857. Partía de la Estación Parque (donde actualmente se encuentra el Teatro Colón) hasta la Estación Floresta[1]. La anteúltima parada era Flores.

No hizo falta expropiar los terrenos donde circulaban los trenes. Respondiendo a una solicitud del gobierno sus legítimos dueños cedieron voluntariamente pequeñas lonjas de tierra casi sin reparos[2]. Tal fue el caso de Inés Indarte de Dorrego, quien entregó un sector de su propiedad para la primera Estación Flores que fue ubicada sobre la calle La Paz (actual Caracas). Sin embargo, en 1863 un estudio determinó que la estación se encontraba en un pronunciado declive y que debía ampliarse para minimizar riesgos. Como Mariano Miró, yerno y heredero de Inés Indarte de Dorrego, se negó a ceder ese espacio, la estación tuvo que ser trasladada[3].

La Municipalidad de Flores[4] compró un terreno con las condiciones requeridas al vecino Ramón Romero. Luego lo ofreció a la Provincia de Buenos Aires quien el 5 de septiembre de 1863 decretó su aceptación y el traslado de la estación[5]. Ubicada en su nuevo emplazamiento en la calle Artigas comenzó a operar en enero de 1864

LOS JARDINES Y EL NACIMIENTO DEL PASAJE

En 1882 una ampliación en el tramo Once – Floresta obligó a hacer un rediseño integral de la estación. La obra fue inaugurada en 1885 proveyéndole su actual fisonomía[6]. Además de las vías férreas y los nuevos andenes se erigió un magnífico edificio del lado sur. Delante suyo se crearon jardines que daban a la calle Yerbal, de la cual estaban separados por una reja con tres accesos.

En 1890 los ferrocarriles pasaron a manos del consorcio británico Buenos Aires Western Railway. En 1923, a causa de la electrificación del servicio, los andenes fueron elevados. Con la nacionalización de los ferrocarriles ocurrida el 1º de marzo de 1948 el Ferrocarril del Oeste pasó a llamarse Domingo Faustino Sarmiento[7].

Por razones que desconocemos, entre 1945 y 1947 se loteó y se vendió el área parquizada que daba a la calle Yerbal. Según un trabajo de investigación de Federico Fiorini en el cual nos hemos apoyado, la venta se realizó entre el Ferrocarril del Oeste y propietarios particulares, apareciendo también entre los compradores el Estado argentino, que adquirió en ese momento la parcela más grande, que corresponde al actual pasaje Hugo del Carril[8]. Además, indica que aquella plaza desapareció “en algún momento entre los relevamientos topográficos de 1940 y 1965”[9].

Los edificios que se levantaron sobre el pequeño parque que daba a la calle Yerbal, cuya altura promedio es de cinco pisos, prácticamente crearon el pasaje que del otro lado tiene el magnífico edificio de la estación. Lamentablemente esas mismas construcciones dejaron oculto ingreso al ferrocarril y privaron a los vecinos de un área verde en diagonal a la Plaza Pueyrredón, más conocida como Plaza Flores.

DEL EMPEDRADO Y LA MALA FAMA AL CONJUNTO DE HISTORIA, ARTE Y COLOR

La franja adquirida por el estado argentino se convirtió naturalmente en la calle de acceso a la Estación Flores. El pasaje Hugo del Carril, cuyas entradas se encuentran en Artigas 142 y Bolivia 123, quedó ubicado entre la calle Yerbal y los rieles del Ferrocarril Sarmiento. Pasó a ser el lugar obligado de tránsito para miles de personas. Mostraba un incesante movimiento de día y una alta peligrosidad de noche. Sin embargo, ni siquiera tenía nombre. Lo recuerdo con su viejo adoquinado gris, sucio y a veces maloliente, poblado de vendedores ambulantes y de pasajeros que entraban y salían.

Sin embargo, el siglo XXI trajo cambios inesperados que revitalizaron ese espacio oscuro y despreciado.  El primero de ellos fue otorgarle un nombre. El 12 de julio de 2007 por la ley 2,383, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le asignó el nombre “Hugo del Carril” homenajeando al famoso cantante de tango nacido en el barrio de Flores.

Además, tras años de reclamos por parte de los vecinos, en 2014 el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dispuso la puesta en valor del pasaje. ¿Qué significaba? Realizar un conjunto de acciones que permitiera revalorizar esta vía peatonal, considerándola parte del patrimonio histórico y cultural de Flores.

En 2015 se inició la profunda transformación del pasaje. Se levantó el empedrado, se crearon una acera embaldosada y una calzada revestida de cerámicas separadas mediante monolitos y, sobre los muros posteriores de los edificios vecinos se reemplazaron los graffiti por murales de mosaicos esmaltados.

La renovación del pasaje fue parte de un programa de la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana del Gobierno porteño, de la Dirección de Participación Ciudadana y de la Comuna 7, entre cuyos comuneros de aquel momento se encontraba nuestro primo José Atamian, quien falleció en 2019 y recordamos con mucho cariño.

EL ARTE COMO CORAZÓN DEL PASAJE

Siguiendo el diseño de Marino Santa María, el mismo que realizó la famosa intervención de la calle Lanín en Barracas, se crearon una serie de postales gigantes utilizando trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventada por Antoni Gaudí, y mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Esta técnica, adoptada por el artista en 2005, ha dado identidad a muchas de sus obras.

Bajo la dirección del propio Santa María el trabajo fue realizado en un lapso de tres meses por los mosaichistas (sic) Patricia Veras y Ariel Ferrazzano con la asistencia de Angélica López Alberti, Martín Romuzzi y Walter Corimayo.

Los motivos de los murales de mosaico incluyen a la primera locomotora que operó en la Argentina, “La Porteña”, que pasaba por la Estación Flores, al poeta Baldomero Fernández Moreno, al papa Francisco y naturalmente a Hugo del Carril, todas celebridades nacidas en el barrio.

En la ornamentación del pasaje también colaboraron las autoridades y alumnos del Escuela Técnica Fernando Fader, ubicada en el pasaje vehicular “La Porteña”, vecino a la estación.

Lamentablemente el mural de Hugo del Carril, instalado en la medianera de mayor altura tuvo problemas atribuidos al calor generado por una pizzería lindante[10]. Sin embargo, el pasaje ha mantenido su nueva y luminosa imagen y también ha permitido una mejor vista del edificio de la estación, que luce limpio y bien pintado a la fecha de nuestra última visita.

QUIÉN FUE HUGO DEL CARRIL

Nacido en 1912 en la avenida San Pedrito 256[11] del barrio de Flores, se dedicó a diferentes labores artísticas, descollando como cantante de tango y también como actor. Su consagración llegó con la histórica grabación que realizó en 1949 de la Marcha Peronista, a pedido del propio presidente Perón. En 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Falleció en 1989. Lo escuchamos cantar por televisión en nuestra niñez y lo recordamos como poseedor de una poderosa voz, una gran sonrisa y un impecable cabello corto engominado, muy al estilo de Grandes Valores del Tango. Hugo del Carril fue su seudónimo artístico; su verdadero nombre era Piero Bruno Hugo Fontana Bertani.

ANÉCDOTAS Y LEYENDAS

En una entrevista realizada a Ángel Prignano, vecino de Flores, encontré un sabroso relato que tiene que ver con el cantante y el barrio: “Hay una leyenda de Hugo del Carril que cortejaba a una muchacha que vivía en el Pasaje Renán al 1200, en las llamadas casitas municipales. Se apoyaba en un árbol chiquito para cantarle a la chica su serenata y dicen los vecinos que ese árbol se puede ver hoy que creció inclinado hacia la calle porque Hugo cantaba apoyado en el árbol hacia la ventana de la mujer”[12].

Otro dato que obtuve es que el pasaje de noche era tan peligroso que algunos lo apodaron “Emboscada” y que un grupo delictivo para convocarse allí sin delatarse usaban una expresión sonora parecida, “Nuez Moscada”.

Además, escuché una curiosa anécdota contada por un conocido que vive en la calle Bacacay:

Ya había oscurecido. Una banda de ladrones de poca monta estaba reunida cerca de la salida de la calle Bolivia. Mientras conversaban vieron pasar por el pasaje a un vendedor de golosinas con una carretilla. Entre el jefe de la banda y el trabajador se generó un diálogo que adapto:

– Pasá tranquilo. No te vamos a hacer nada porque nos das lástima.

– Los que dan lástima son Uds…

– ¡Cómo te atrevés! ¿Quién te creés que sos?

– Yo estuve ahí donde están Uds… Me agarró la “yuta” y tuve que pagar dos años. Cuando volví, mi hija me preguntó si iba a volver a lo mismo. Me dijo: “Porque si es así, me voy, no quiero perderte de nuevo”. ¿Uds. tienen hijos?

Se hizo un silencio sepulcral. El vendedor siguió su camino.

Al día siguiente el hombre iba ofreciendo chocolates por el pasaje cuando se le acercó uno de la banda y le rogó:

– Decime cómo hiciste.

Esa noche los vieron entrar a juntos en una iglesia evangélica sobre la calle Alberdi.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.31

[2] Fiorini, Federico, “Estación Flores: El progreso oculto”, HISBA, Lupano, 2013, Grupo 2, p.6 en nuestra separata; en la publicación la página lleva impresa el número 65. Los propietarios no cedieron la tierra por generosidad sino por conveniencia pue la llegada del ferrocarril aumentaba automáticamente el valor de sus terrenos.

[3] Fiorini, Federico, Op. cit., p.6 (65); en el original da como año 1853, pero se trata de un error.

[4] Flores era en aquel entonces un municipio cuya cabecera estaba en el actual barrio. que aún no era parte de la ciudad de Buenos Aires, sino un pueblo independiente. Recién en 1888 el pueblo de Flores fue anexado a la Ciudad de Buenos Aires cuya Provincia ya se había integrado a la Confederación Argentina en 1859.

[5] Fiorini, Federico, Op. cit., p.7 (66)

[6] Fiorini, Federico, Op. cit., p.9 (68)

[7] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[8] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[9] Fiorini, Federico, Op. cit., p.5 (64)

[10] Acta Nº 47, Junta Comunal de la Comuna 7, Apartado F, 21/11/2016

[11] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.203

[12] Kisielewsky, Sergio, “Diálogos, Angel Prignano, nacido en flores, especialista en los barrios porteños”, Página12, Lunes 8 de octubre de 2012, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-205103-2012-10-08.html


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EL PASAJE MARCOARTÚ, UNO DE LOS PASAJES MÁS PEQUEÑOS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Este curioso y pequeño pasaje peatonal sobrevive escondido detrás de la Estación Flores. Con una única entrada por la calle Bolivia, corre paralelo a las vías del del Ferrocarril Sarmiento, de las cuales está separado solo por una reja metálica.

Es corto y angosto. Su breve trayecto sirve de frente a una antigua construcción de dos plantas de color gris y reminiscencias art nouveau.

Este edificio de viviendas posee seis puertas en la planta baja, numeradas del 1 al 6, y cuatro balcones en la planta alta.

Además, las bases de los tres últimos balcones se apoyan sobre columnas, formando pórticos que lejanamente nos recuerdan a los del barrio londinense de South Kensington. Nótese el parecido.

El acceso al pasaje se encuentra en Bolivia 202. En la entrada hay dos puertas enrejadas tras las cuales se abre un piso de baldosas. Los pórticos reducen el ancho del pasaje que, más que una calzada, parece una vereda. Se recorre en segundos, terminando contra una pared, por lo que no tiene salida a la calle Condarco.

LA FECHA Y EL CREADOR

Aunque varias fuentes sostienen que “son casas que datan de 1914, construidas por el arquitecto e ingeniero J. Arnaut para ser utilizadas por personal ferroviario”[1], [2], según una inscripción en el propio edificio, el proyecto fue realizado por el ingeniero catalán José Arnavat[3], quien se había radicado en Argentina desde hacía varias décadas.

Foto por Alejandro Machado, utilizada con su permiso

De acuerdo a lo conversado con el Dr. Eduardo Balbachan, la fecha debe ubicarse alrededor de 1908, año del fallecimiento del Ing. Arnavat. Además, nos ratificó que el edificio de viviendas del pasaje Marcoartú fue construido por el Ferrocarril Sarmiento para sus obreros.

EL NOMBRE Y EL ORIGEN

El nombre recuerda a Daniel E. Marcoartú[4], el donante del predio. Una resolución municipal del 24 de diciembre de 1906 habla de la cesión que este vecino hizo en favor de la Municipalidad “de la superficie de terreno compuesta de 449 metros 4 decímetros cuadrados con destino a la regularización de las calles Avellaneda y Bolivia”[5] que sirvió para el edificio y el pasaje.

Aparentemente siempre mantuvo el mismo nombre. Dice Alberto Gabriel Piñeiro: “esta denominación, cuya presencia ya puede corroborarse en el Plano Bemporat de la Capital Federal, Índice General de las calles del Municipio, Edición 1931/1932, aún subsiste, conservando su carácter no oficial”[6]. Tal como afirma, aunque formalmente no es un pasaje público ni posee un nombre oficial, se lo conoce y reconoce como Pasaje Marcoartú. Se lo encuentra en Google Maps y las entradas al edificio tienen su propio código postal, C1406GGB. Como ya hemos mencionado, las casas están numeradas de 1 al 6 sin seguir la altura de las calles paralelas.

ACERCA DEL INGENIERO JOSÉ ARNAVAT

José Arnavat se había graduado en la Escuela de Ingenieros de Barcelona, llegando a la Argentina en 1872. En Buenos Aires realizó varias obras, como la Capilla y Colegio de las Hermanas Adoratrices en la calle Paraguay 1419, un petit hotel en la avenida Córdoba 1739[7] y el ex Gran Hotel España en la Avenida de Mayo 930.

En el excelente trabajo de investigación de Alejandro Machado para el Catálogo General del Modernismo Catalán, aparece otra obra suya muy cerca del pasaje Marcoartú, un pequeño hotel familiar en la calle Bogotá 2527[8]. Arnavat, además, fue secretario de la SCA (Sociedad Central de Arquitectos) de la Argentina[9].

UNA HISTORIA QUE PARECE UNA HISTORIETA

Resultó muy difícil recabar anécdotas ocurridas en el pasaje Marcoartú. Solo obtuve una cuya veracidad es dudosa. El relato vino de una anciana que vivió sobre la calle Condarco, del otro lado del pasaje. Según ella ocurrió hace más de sesenta años.

Había un ladronzuelo que vivía del arrebato. Al parecer, tomaba el tren bien temprano en Moreno y cuando se detenía arrancaba carteras o maletines huyendo a la carrera. En la Estación Flores sus robos ocurrían al menos dos veces por semana. Cuando el policía asignado a la estación lo perseguía, el adolescente trepaba la verja del pasaje Marcoartú con una velocidad felina y saltaba la tapia que daba hacia Condarco.

El agente pasaba vergüenza porque el comisario se había hartado de las denuncias, pero él, que lo había pasado mal de chico, no quería usar violencia innecesaria para atrapar el delincuente. Entonces resolvió hacer algo extraño. Durante toda una semana, con las primeras luces de cada día, se dirigió al pasaje a untar de grasa el paredón por el cual trepaba el ratero.

El jueves temprano se escuchó el grito de una mujer a quien le habían robado la cartera. El agente amagó correr y vio una figura escapar y saltar las rejas. En lugar de seguirlo por el andén salió disparado hacia al pasaje donde vio que el muchacho luchaba por encaramarse a la pared, pero resbalaba. Lo detuvo por detrás, lo tiró al piso y le puso las esposas. Cuando lo dio vuelta se dio cuenta que no era el mismo muchacho sino un hombre mayor con un par de cicatrices en la rostro. En la comisaría se enteró que era un ladrón muy buscado cuyo prontuario incluía un homicidio. Según la viejita, el comisario lo felicitó por la detención y nunca de enteró de la treta. En cuanto al jovencito, siguió robando y no hubo grasa que lo detuviera. Tristemente, semanas después apareció muerto en una zanja por la zona de Padua.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: OTRA EVIDENCIA DEL PARECIDO DEL EDIFICIO DEL PASAJE MARCOARTÚ CON LAS CONSTRUCCIONES DE SOUTH KENSINGTON LONDRES

En su trabajo final “Evolución de la Vivienda en París, Buenos Aires y La Plata inserción del Petit-hotel” la Arq. Julieta Derdoy, bajo la dirección del Arq. Fernando Aliata, escribe en la página 71: “Las series de casas estilo cottages típicamente británicas no fueron frecuentes en distintos barrios de Buenos Aires, se pueden ver especialmente en Belgrano. Un pequeño conjunto de casas de sectores medios destacables son el sobrio pasaje Marcoartu en Flores, 1914 y el complejo proyectado por Lorenzo Siegrist, 1913, en Carbajal y Conde en Belgrano”. Los covered back porch son típicos del estilo victoriano.


BONUS 2: UN TANGO QUE MENCIONA A MARCOARTÚ

Hay un tango que menciona al pasaje Marcoartú y hace referencia también a Alejandro Dolina y a su famoso Ángel Gris. Este tango en 1997 recibió una mención especial en un concurso titulado “Un tango a mi barrio”.

(Letra de Daniel Parisi)

Burlona y artera, la noche se anida
malandras y santos pierden la razón
suena la chicharra, señal de suicidas
revientan los tacos en el Odeón.
Turbios claroscuros donde sin cautela
dibujé la estela de mi juventud.
Plátanos heridos ocultan, desvelan
dolinescos ángeles sobre el Marcoartú.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad.
Ronca la avenida, lucís como el centro de
[una gran ciudad
Casitas baratas como almidonadas
de eternos eneros quietos como el sol
rebotan las huellas de mil afiebradas
pelotas que nunca se van al “augolî.
La vida y la muerte huelen a lavanda
contra la muralla de piedra y verdín
vamos Baldomero, levántate y anda
que hoy dan dos de cowboys en el San Martín.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad
Ronca la avenida, lucís como el centro de
una gran ciudad.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

Agradezco al Dr. Eduardo Balbachan por su asesoramiento. Fue el primero en presentarnos esos mágicos callejones a través de su obra “Los ignorados Pasajes de Buenos Aires”, publicada por la Editorial Rodolfo Alonso en 1982 y luego en una versión ampliada y mejorada por Corregidor en 2010. El trabajo del Dr. Balbachan es imprescindible para cualquier publicación sobre el tema y espero que reciba el merecido reconocimiento público por su enorme contribución al conocimiento de la Reina del Plata.

Agradezco también a Alejandro Machado, gran experto en edificios porteños, por siempre compartirme generosamente la información que le solicito El relevamiento que ha hecho de esas obras y sus creadores es extraordinario, reflejando su admirable pasión por la Ciudad de Buenos Aires. Recomiendo su página en Facebook “Cronista de tu Ciudad”, https://www.facebook.com/groups/cronistadetuciudad/ y todos sus blogs, entre ellos, “Red de Blogs de Arquitectura Argentina”  http://blogs-patrimoniales.blogspot.com/ junto al recordado Fabio Perlin o el mencionado en este artículo, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/ en colaboración con el catalán Valentí Pons Toujouse.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Pasaje Marcoartú”, B.A.C.N. (Buenos Aires Ciudad de Noticias, 1/1/2018. http://bacn.com.ar/pasaje-marcoartu/

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.87,88

[3] Machado, Alejandro, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/

[4] Apellido de origen vasco

[5] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p..78

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.162

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.70

[8] Machado, Alejandro, “Ingeniero José Arnavat”, link de “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/search/label/Ing.%20Jos%C3%A9%20Arnavat

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.71


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen con el nombre grabado del Ing. Arnavat en el edificio del pasaje Marcoartú que pertenece a Alejandro Machado y es utilizada con su permiso.

LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

8 ESCULTURAS BIZARRAS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Aunque en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra bizarro se asocia valentía y esplendor, el uso corriente lo asocia a rareza o extravagancia. Siguiendo la acepción popular definimos como bizarras a aquellas esculturas que despiertan nuestra curiosidad por su forma extraña o su tema inusual. Presentamos aquí una breve selección. Además, lo invitamos a proponer otras obras que puedan ser incluidas en un próximo artículo.

MONUMENTO A LA COIMA

El Monumento a la Coima hace alusión al pago que se realiza bajo la mesa con el objetivo de obtener un favor de parte de un funcionario o de una autoridad. En otros países se lo llama “mordida” y es una de las modalidades más conocidas del soborno.

Poco se sabe de su historia pues no aparece en el proyecto original del edificio del Ministerio de Obras Públicas, en uno de cuyos ángulos se encuentra, ni en los planos, ni en los archivos. Tampoco se sabe a ciencia cierta quien fue su creador. Sin embargo, corre una leyenda cuya veracidad aún nadie ha podido corroborar[1].

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. Con diseño del arquitecto Alberto Belgrano Blanco[2], las obras se iniciaron en 1934 en una manzana lindante con la Avenida 9 de Julio, bajo la dirección del ingeniero Marcelo Martínez. El edificio fue terminado recién en 1936.

Se dice que el propio arquitecto Hortal, cansado de los atrasos en la construcción y de los “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó a Troiano Troiani, un artista italiano radicado en la Argentina, la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, una figura con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende su enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva. Aunque ambas aluden a los pagos informales, la segunda es conocida como el “Monumento a la Coima”.

EL MONUMENTO AL PERRO ABANDONADO

Ubicado dentro del predio del Instituto Bernasconi, el Monumento al Perro Abandonado es un canto a la desdicha del “mejor amigo del hombre” abandonado por sus dueños. Fue creado por la artista plástica Susana Casanovas en granito.

En su base hay una placa colocada por el M.A.P.A. (Movimiento Argentino de Protección al Animal) que dice 1997-29-4-1999 en recuerdo del Día del Animal que se celebra los 19 de abril. 1997 refiere al año de su emplazamiento y 1999 al año de colocación de la placa. Dice su autora “Cuando en el acto fue destapado, los chicos lanzaron una expresión que me emocionó. Me costó dejarlo, pero me tuve que despedir. Mi perrito iba a estar rodeado de chicos, y eso me gustó”[3].

Nos apena que esta obra se encuentre escondida. No conocemos otros monumentos similares, aunque sabemos que en la ciudad de México existe el Monumento al Perro Callejero desde 2008. En Argentina, hemos conocido personas dedicadas a rescatar perros abandonados y darlos en adopción.

EL CRISTO ANCIANO DE LA RECOLETA

La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Cristo. El Nuevo Testamento cuenta que Jesús, tras resucitar, pasó unos cuarenta días con sus discípulos tras los cuales ascendió a los cielos[4] prometiendo regresar. ¿Qué edad tendría? Dice el evangelio de Lucas que al empezar su actividad pública “era como de treinta años”[5]. Si, como según se cree, participó de tres pascuas, entonces, tendría unos 32 o 33 años cuando fue crucificado. De allí viene la famosa frase “Treinta y tres. La edad de Cristo”. Este apacible Cristo anciano rompe con la perspectiva tradicional: presenta a un Jesús resucitado prolongando su vida terrenal.

Su nombre original es “Redentor” y ocupa en el corazón del cementerio de la Recoleta, por eso se lo llama también “el Cristo Central”. Posee una larga barba, una gran entrada en la frente y una larga cabellera por detrás.  

Hecha en bronce e inaugurada en 1914, es obra del escultor argentino Pedro Zonza Briano[6], formado en Europa, cuya obra tuvo alcance internacional. Buenos Aires luce otras esculturas suyas como “Flor de juventud” en el Rosedal, el Monumento a Leandro N. Alem y un busto a Lucio Correa Morales[7].

EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Cuenta Nicolás Gutiérrez que “en 2010 se llevó a cabo el Proyectos Mamas, que procuró por medio del arte escultórico concientizar a la población sobre la necesidad de adoptar todas las medidas preventivas en pro de la lucha del cáncer de mama[8]. 30 torsos femeninos fueron intervenidos artísticamente y vendidos para recaudar fondos para la lucha contra este doloroso mal. Una de las piezas, decorada por el famoso artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, fue adquirida por la firma Vopak junto a la Embajada de los Países Bajos y colocada en su actual ubicación, la plaza Reina de Holanda.

Este tipo de intervenciones se han realizado en otras partes del mundo con distinto propósito. Nosotros hemos escrito acerca de una de estas iniciativas, Las Meninas en las calles de Madrid, impulsada por Antonio Azzato[9].

Paradójicamente lo que nos atrajo de esta obra es la sensación de desagrado al contemplarla. Como obviamente la lucha contra el cáncer de mama demanda prevención, quizás el artista se propuso alertarnos, aplicando pinturas colorinches sobre formas exageradas sobre la mitad superior del cuerpo. Si ese fue el caso, es probable que haya logrado su propósito. Los choques nos sacuden y nos enseñan.

GARDEL ALIENÍGENA

Muchos turistas al visitar San Telmo no resisten la tentación de tomarse una foto con esta estatua de Gardel color verde marciano con unas antenas rematadas por un par extra de ojos saltones sobre la cabeza.

El zorzal criollo extraterrestre en tamaño real se apoya sobre un buzón en la calle Defensa y Cochabamba, dando la bienvenida a la Galería del Asombro. Es obra del artista plástico Gerardo Bernstein, quien además maneja aquella galería. El creador del Gardelalien afirmó “puse a Gardel allí porque es un cantante de otro mundo”[10].

EL MONUMENTO AL TAXISTA

En Buenos Aires, hasta donde conocemos, no existe un Monumento al Ingeniero, al Científico o al Médico, pero curiosamente en Puerto Madero sí se encuentra el Monumento al Taxista, un infaltable personaje porteño que ahora se ve amenazado por los Uber. Está ubicado en la calle Macacha Güemes entre la Avenida de los Italianos y la Costanera, cuyo nombre oficial es Avenida Intendente Hernán M. Giralt.

Apoyado sobre un viejo Siam Di Tella un chófer luce canchero, orgulloso de su máquina en tamaño real. Aunque por su color cobrizo parece metálico, la obra (vehículo, conductor y piso) es de cemento patinado[11]. Al costado, en la base, hay una placa que explica que es una donación del Sindicato de Peones de Taxi a la Ciudad de Buenos Aires. Este original homenaje a sus afiliados fue inaugurado en 2012.

El Monumento al Taxista es obra del artista plástico y abogado Fernando Pugliese, quien ha recreado varios personajes de historietas y artistas populares en esculturas emplazadas en distintos sitios del Centro, incluyendo la de Minguito sobre la avenida Corrientes, la de Sandro en el Gran Rex y la de Don Nicola en Puerto Madero.

ESCULTURA EN 11 DE SEPTIEMBRE Y JOSÉ HERNÁNDEZ

Una escultura de gran tamaño sin nombre que la identifique (al menos, nosotros no lo encontramos) se encuentra frente a una torre en la esquina de José Hernández y 11 de Septiembre en el barrio de Belgrano. Es la representación de un cuello y la mitad inferior de su cabeza, fragmentada con un toque Minujín; la obra comunica movimiento pues se observa un hombre trajeado y con corbata tratando de ascender por el cuello como si fuera una escalera y a otro, pero sin brazos, sentado en la parte superior.

Cuando publicamos la nota en su versión original no sabíamos quién era su autor. Gracias a Gaby Pereyra nos enteramos que la obra se llama “Amores” y es obra del escultor Carlos Affranchino y el escultor y arquitecto Abel Trybiarz. Por su volumen y la calidad de su terminación vale la pena conocerla. Tal vez, por la expresión del hemirostro, y en particular de su boca, y también por la inclinación que le da el cuello, se trata de alguien que sufre. ¿Por qué sufre? Quizás por una lucha interior. Una parte de él, la figura que está arriba, es su pensamiento establecido, mientras que el hombrecito que sube es un pensamiento nuevo, que quiere desplazar o ayudar al otro. La paradoja es que ambos hombres son muy parecidos.

HITO DE FRONTERA, ¿UN MONUMENTO ECUESTRE A LA INVERSA?

Ubicado en la Plaza Intendente Seeber, enfrente del viejo Zoológico porteño, se encuentra un enorme mulita de un amarillo rutilante sobre un auto volcado cuyas ventanas están tapiadas con ladrillos. Esta curiosa obra de arte, creación de Carlos Huffman, fue presentada en abril de 2019 en ocasión la Semana del Arte de Buenos Aires.

La idea de un armadillo gigante -que parece más bien un tatú carreta– sobre un auto dado vuelta evoca distintas situaciones. Escuchemos al artista “podría ser una estatua ecuestre invertida, con el animal arriba y el humano abajo, representado en el auto. Hay inversiones de sentido, todo lugar es una frontera si lo podés definir… me interesa mucho la idea de mundos intermedios”[12].

Se ha dicho que el hito de la frontera se encuentra entre el realismo y surrealismo; para nosotros es una suerte de realismo mágico que nos recuerda que Buenos Aires nunca nos deja de sorprender.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[3] “Susana Casanova Arte”, http://susanacasanovas.blogspot.com/2010/06/1997-monumento-al-perro-abandonado_27.html

[4] Evangelio de Lucas 24:50-53; Hechos 1:3,6-11

[5] Evangelio de Lucas 3:23

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.120

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.120, 853

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p..506

[9] “Las Meninas salen a la Calle”, https://pablobedrossian.com/2018/05/13/las-meninas-salen-a-la-calle-por-pablo-r-bedrossian/

[10] https://issuu.com/eltangautatango/docs/eltangauta236/10

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.510

[12] Zacharías, María Paula, “Un circuito en cinco postas: dar la vuelta a la plaza, un paseo cultural con sorpresas”, https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-circuito-en-cinco-postas-dar-la-vuelta-a-la-plaza-un-paseo-cultural-con-sorpresas-nid2236431


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