LA CASA DE SUIPACHA 936 – 940, OTRA JOYA ART NOUVEAU DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Riga, capital de Letonia, es considerada la ciudad con mayor número de construcciones art nouveau del mundo (unos 700 edificios). Sin embargo, Buenos Aires no se encuentra muy lejos si incluimos todas las variantes de ese amplio movimiento que a fines del siglo XIX sacudió Europa y más oportunamente llamamos modernismo.

El modernismo surgió a finales del siglo XIX; le dio preponderancia a la decoración, a la elegancia, a las ondulaciones, a la naturaleza, relegando la técnica y la simetría a un segundo plano. Recibió distintos nombres: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, modernismo en Cataluña, Liberty o Floreale en el norte de Italia. En Buenos Aires, construcciones como la Casa Calise, El Palacio de los Lirios o la Casa de los Azulejos testifican hasta el día de hoy de ese innovador ideal de belleza.

LA CASA DE SUIPACHA 936/40

La casa de Suipacha 936/40 es una verdadera joya modernista. Fue construida en 1913[1] por el arquitecto Bernardo Milli, cuyo nombre está grabado en la fachada.

Consta de cuatro plantas. Según Iuri Izrastzoff, su diseño sigue las lineamientos de la vertiente italiana, el Liberty milanés con algunos elementos típicamente franceses, “especialmente en el coronamiento de la cúpula, estilo Segundo Imperio, con una maravillosa aplicación o remate de hierro forjado”[2].

En nuestra opinión, los elementos decorativos, que incluyen guirnaldas, mascarones femeninos, angelitos regordetes, elementos florales y una magnífica balconería en hierro negro, convierten a la fachada en una auténtica una obra de arte, embellecida aún más por el granito rosa de su base.

Hemos leído que la casa tiene seis habitaciones y cinco baños. Como no hemos podido visitarla por dentro es hemos podido confirmarlo, pero, de ser así, entendemos que su diseño interior corresponde a un petit-hotel. En cuanto a su estatus, está catalogado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como singular, con nivel de protección cautelar[3].

ACERCA DEL ARQUTECTO

Alejandro Machado, incansable investigador y experto en arquitectura urbana, ya ha identificado 19 obras del arquitecto Bernardo Milli en Buenos Aires, incluyendo viviendas y casas de renta. Se destacan los edificios de Av. Rivadavia 4070/4, Av. Belgrano 2046 y Palos 312[4]. Anat Meidan agrega una vivienda ubicada en Quesada 2568 que, si la dirección es correcta, fue demolida[5]. De las que conocemos la que más se acerca al diseño de la casa de Suipacha 936/40 es la ubicada en la calle Santiago del Estero 137 pero ninguna se encuentra a su altura.

No hemos encontrado datos sobre la biografía del arquitecto. Solamente, una mención muy interesante. Al hablar de Virginio Colombo (creador de la Casa Calise y la Casa de los Pavos) se habla de los “arquitectos italianos no reconocidos por la Sociedad Central de Arquitectos (entre los más meritorios, Francisco Gianotti, Mario Palanti y Bernardo Milli)”[6]. Pensando que Gianotti erigió nada menos que la Galería Güemes y Palanti el Palacio Barolo, es obvio que esta omisión institucional no impidió que el talento se impusiera. En el caso de Bernardo Milli su obra habla por sí mismo.

CONSEGUIMOS UNA ÚNICA HISTORIA Y, A LA VEZ, UNA HISTORIA ÚNICA

Luego de buscar en el barrio anécdotas ocurridas en esta bella casa con aire de petit-hotel encontré una, acaso la única, digna de ser relatada.

Iuri Izrastzoff cuenta en “Fervor por Buenos Aires” que “hasta no hace mucho, en lo que fueron las dependencias domésticas de la residencia, funcionó un lugar nocturno”[7]. La historia tiene que ver con lo que podríamos llamar ese “lugar de citas”.

Cierta noche un incauto caballero que recién había llegado de una provincia del norte argentino – la persona que me refirió la historia no pudo darme más precisiones- vio a una dama muy vistosa junto a la puerta. Impactado por su porte, se acercó a ella y la saludó con el propósito de entablar un diálogo.

– ¡Buenas noches! ¡Qué hermosa es Ud.!

La mujer lo miró y no dijo nada.

– Su belleza me cautiva. No puedo resistirme.

La mujer continuó en silencio, aunque lo miró con desdén y esbozó una leve sonrisa.

– Nunca en la vida me ha sucedido algo así; solo verla y quedar enamorado.

– ¿Quiere pasar?

– ¡Por supuesto!

Parece ser que la mujer lo llevó a una habitación donde ejercía la profesión más vieja del mundo. El hombre, fascinado, tuvo con ella su momento de gloria. Luego la mujer le dijo:

– Son cinco mil pesos

Vaya a saber uno cuánto valía la moneda en aquel momento, pero no era poca cosa. El hombre quedó pasmado, no por el precio sino porque no había advertido que el lugar tenía un uso específico y que la mujer no había sucumbido a sus encantos sino a su dinero. Para complicarlo todo, solo tenía unos magros cientos de pesos en la billetera.

Cuando la mujer lo supo se puso roja porque se dio cuenta de su error: había violado uno de los principios sagrados del gremio: cobrar por adelantado. Sin embargo, al ver al hombre tan avergonzado e ingenuo, lo amenazó con denunciarlo en la comisaría. Sumiso e ignorante de las costumbres de las grandes urbes, atinó a preguntarle:

– ¿Cómo puedo pagarle?

Lo puso a limpiar el cuarto, el pasillo y la vereda. Recién lo dejó ir cerca de las cuatro de la mañana luego de hacerle encerar el piso y sacarle lustre a mano con una franela. El hombre prometió regresar para saldar la deuda y volver a limpiar la casa.

Quien me relató lo sucedido me aseguró ignorar si aquel caballero cumplió o no su palabra, pero agregó:

– De lo que estoy seguro es que antes de volver a dirigir la palabra a una mujer el tipo va a revisar su billetera

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Savlov, Judith, “Frente a frente con el arte: cinco fachadas porteñas de exhibición”, Diario Clarín, 22/02/2018, https://www.clarin.com/ciudades/frente-frente-arte-fachadas-portenas-exhibicion_0_SkEFpvswM.html

[2] Izrastzoff, Iuri“Fervor por Buenos Aires”, 2019, Izrastzoff, https://www.fervorxbuenosaires.com/suipacha-936/

[3] Base de Datos de Áreas de Protección Histórica, http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=SUIPACHA+936%2F40&SearchOption=Contains&SearchField=

[4] Machado, Alejandro Daniel, “Arquitectos italianos de Buenos Aires”, http://arquitectos-italianos-buenos-aires.blogspot.com/search/label/-MILLI%20BERNARDO%20-%20ARQUITECTO  

[5] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.

[6] Chinellato, Mariela; Rebaque de Caboteau Julio; “El antiacademicismo italiano como lenguaje identitario para la burguesía migrante industrial y comercial”, “Buenos Aires italiana”, “Temas de Patrimonio Cultural 25”, Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2009, p.237

[7] Izrastzoff, Iuri, Op. cit.


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LA “CASA DE LOS AZULEJOS” DE LA CALLE PARAGUAY 1330 (por Pablo R. Bedrossian)

Una de las construcciones más curiosas de Buenos Aires se encuentra en la calle Paraguay 1330. Se la conoce como la Casa de los Azulejos debido a los bellos murales de su fachada.

Es un edificio de tres plantas diseñado en estilo Liberty milanés. Esta variante del modernismo, también llamada Floreale, que surgió en el norte de Italia, se caracteriza por fachadas con pinturas o murales de azulejos con temas inspirados en la naturaleza, tanto florales como animales, el uso de cemento decorativo, la ornamentación con cariátides y atlantes y la presencia de hierro forjado en los balcones y puertas. En la “Casa de los Azulejos” encontramos dos de estos elementos: el uso de azulejos decorativos y la balconería de hierro forjado.

LOS AZULEJOS

El mural de azulejos titulado “Escenas pastoriles” fue creado el artista italiano Pio Pinzauti. Muestra a una mujer preparando atados de heno y a un hombre tomando un toro por las astas en el campo. Ambas figuras se encuentran en la segunda planta mientras que en la tercera solo se observa una vegetación decorativa.

Es poco lo que se sabe de Pinzauti. Se lo menciona como ceramista, con actividad entre 1898 y 1930[1]. Su taller se encontraba en la calle Gustavo Módena 56 de Milán. Algunos trabajos suyos que hemos podido encontrar son la fachada de azulejos decorados de la Casa Galimberti en Milán, de 1902, fruto de su colaboración con Ferdinando Brambilla, el retablo para la capilla Borghi del cementerio de Varano, Italia, y una loza esmaltada titulada “Mascotas”, que forma parte de las colecciones del Castillo de Milán. Hasta donde sabemos, el de la Casa de los Azulejos es su única obra en Buenos Aires.


Anuncio de Pio Pinzauti en el Corriere dei Piccoli, Supplemento illustrato del Corriere della Sera

EL ARQUITECTO

Podemos pensar que la Casa de los Azulejos perdería mucho de su encanto sin la decoración de su fachada; sin embargo, el diseño modernista como los trabajos de herrería del frente le dan realce suficiente como para tener méritos por sí misma.

¿Quién fue su creador? En todas las publicaciones aparece “el arquitecto Benjamin Trivelloni”. Buscamos su nombre y lo hallamos exclusivamente asociado a la “Casa de los Azulejos”, lo que nos hizo desconfiar sobre la autoría. Entonces, fuimos a la fuente más confiable y completa que conocemos, el blog de Alejandro Machado sobre Arquitectos Italianos en Buenos Aires[2], donde encontramos que el malentendido surge de la firma grabada en el edificio de Paraguay 1330 donde aparece como “B. Trivelloni”.

El nombre correcto es Bonaventura Trivelloni, quien realizó otras obras en Buenos Aires, como un petit hotel en la calle Ayacucho 1485, ya demolido, y el edificio de República de Indonesia 77. Machado, además, comparte en el mismo blog un interesante hallazgo: B. Trivelloni aparece como constructor en una bóveda sin nombre en el Cementerio de la Chacarita. No es mucho más lo que sabemos de él. Nació en Italia en 1866. Llegó a la Argentina a 16 años en febrero de 1882 y se radicó en el país donde formó su familia. No conocemos donde cursó sus estudios, pero su talento se revela en sus obras, hermosas y originales.

LA CONSTRUCCIÓN

Iuri Izrastzoff aporta un dato interesante sin citar la fuente: en 1892 había en el lugar una casa chorizo con patio lateral que pertenecía a la Sra. Lucía Argerich[3]. La Casa de los Azulejos fue construida por encargo del Sr. Luis Botta en 1911, por eso también se la conoce como Casa Botta.

En la planta baja hay un local comercial con entrada por Paraguay 1328 y, al lado, la entrada al edificio en Paraguay 1330. En la segunda planta hay un ancho balcón con un bello trabajo en herrería negra rodeado por los azulejos con imágenes de labores campestres que ya mencionamos y a su lado una amplia ventana con celosías. En la última planta hay un balcón más pequeño, a cuyos lados continúa el mural, y también una ventana similar a la del piso anterior.

Los balcones del segundo y tercer piso lucen espléndidas flores y dibujos dorados que embellecen su entramado y están conectados por delgadas columnas de hierro. Desde luego, el color naranja del frente no es el original, que era blanco.

EL MODERNISMO, LA NUEVA ÉPOCA Y EL USO DE LOS AZULEJOS

El modernismo fue un movimiento surgido a finales del siglo XIX que aportó un conjunto de innovadoras propuestas. Recibió distintos nombres: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, modernismo en Cataluña, Liberty o Floreale en el norte de Italia.

Jugendstil en Münich: Edificio de apartamentos en Gedonstraße 4, 6, Schwabing.

Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres.

Art Nouveau en París: Casa de Jules Lavirotte – 29, avenue Rapp

En Argentina el modernismo sirvió como una bisagra entre el pasado y el futuro que acaba de inaugurarse. Fue un proceso que se inició con el abandono a la resistencia a lo hispánico y la elección del modelo cultural europeo latino (con predominio francés), en detrimento de las opciones anglosajona y norteamericanizante.

Art Nouveau en Buenos Aires: Casa Calise – Hipólito Yrigoyen 2562-78

Esa predilección despertó un importante interés en el Río de la Plata de cerámicas, azulejos y mayólicas del Viejo Continente. Era una época aún sin ascensores donde las viviendas para la clase media alcanzaban tres o cuatro plantas y la decoración exterior, sobre todo del primer piso, se había vuelto importante[4]. Aunque los modelos tradicionales fueron rápidamente desplazados por temas abstractos y fitomorfos, el mural de la Casa de los Azulejos es testimonio de esa moda que a principios de siglo reflejaba las aspiraciones de la nueva burguesía.

Ha pasado más de un siglo desde ese momento y, aunque hoy difícilmente se nos ocurra decorar nuestros frentes con azulejos figurativos, seguimos admirando aquella vanguardista creación de Pio Pinzauti.

UNA HISTORIA

En los tiempos que se levantó la Casa de los Azulejos, vivía una familia por planta. Sin proponérmelo, conocí a un nieto o quizás bisnieto de una familia que vivía en el primer piso. Me contó una breve anécdota referida por un pariente suyo. Un hombre que vestía siempre de impecable sombrero, traje y corbata parecía obsesionado con el edificio de Paraguay 1330. Todas las mañanas se quedaba por horas mirando la fachada desde la vereda de enfrente. Durante varias semanas repetía lo que a esa altura parecía una ceremonia laica, incluyendo sábados y domingos. Cierta mañana uno del edificio se acercó y entabló una breve conversación con él, que adapto para esta nota:

– Desde hace semanas lo vemos todo el día frente al edificio, ¿tanto le gusta?

– No, no miro el edificio; espero que salga alguien…

¿Alguna dama de la cual se enamoró?

– No precisamente…

¿Puedo saber a quién espera?

– A un deudor, un tipo que me debe mucha plata.

Temiendo que se tratara de alguien de su familia, el vecino le preguntó.

– ¿Puedo saber el nombre?

– Benjamin Páez Moreno

– ¡Ah! -dijo echando un resoplido-; ese hombre se mudó hace unos meses, justo antes que Ud. viniera. Por eso no lo encuentra.

¿Y sabe para dónde se mudó?

Dijo que se iba a Villa Luro, pero no tengo la dirección

– ¿Y no viene a buscar el correo?

– Nunca vi una carta para él; quizás estaba huyendo de alguien; incluso el propietario comentó que le quedó debiendo dos meses de alquiler.

El hombre agradeció la información, se dio media vuelta y no volvió a aparecer por el lugar. Entre tanto el vecino subió a su departamento y le dijo a su hermano:

– Benjamín, podés salir tranquilo, pero a partir de ahora no se te ocurra andar por Villa Luro.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Bertocco, Mattia Alberto, “Mascotas”, Regione Lombardia, LombardiaBeniCulturali, 2015, que trata sobre un trabajo en loza de Pio Pinzauti, que forma parte de las Colecciones Artísticas del Castillo. Colecciones de Arte Aplicado, Milán, Italia

[2] Machado, Alejandro, “Arquitectos italianos en Buenos Aires”, http://arquitectos-italianos-buenos-aires.blogspot.com/

[3] Izrastzoff, Iuri, “Fervor por Buenos Aires”, https://www.fervorxbuenosaires.com/grandes-casas-paraguay-1330/

[4] Feliu, Joan “Dinero color azul cobalto. El negocio americano de la cerámica de la provincia de Castellón en el siglo XIX”, Biblioteca de les Aules, Universitat Jaume I, 2005, p.189


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LOS ARMENIOS EN FRANCIA Y UNA VISITA A LA IGLESIA ARMENIA DE PARÍS (por Pablo R. Bedrossian)

París funciona como la capital de los armenios de Francia. Aunque no hay censos precisos, en 2011 se estimaba que unos 600,000 descendientes de armenios vivían en el país galo; de ellos 200,000 en París y sus alrededores; un caso muy especial lo constituye Alfortville, un suburbio parisino apodado “La Pequeña Armenia”, donde los descendientes de armenios suman aproximadamente un 15% de la población[1]. Otros barrios periféricos con alta presencia armenia son en Issy-les-Moulineaux y Arnouville.  

En la Ciudad Luz están presentes las tres iglesias cristianas a las que adhiere la inmensa mayoría del pueblo armenio: La Iglesia Apostólica Armenia bajo la guía espiritual y la jurisdicción del Catholicos[2] de todos los armenios, con sede en Etchmiadzin, la iglesia católica armenia y las iglesias evangélicas, donde se destaca la Unión de Iglesias Evangélicas Armenias de Francia. Se estima que unos 5.000 evangélicos armenios viven en esa nación.

LA VISITA A LA IGLESIA DE SAN JUAN BAUTISTA

La Iglesia de San Juan Bautista es un pedacito de Armenia y, a la vez, un lugar de profundo recogimiento espiritual. Al oír los acordes de la música sacra en su magnífico órgano se abre el corazón para escuchar el mensaje de las Sagradas Escrituras.

Ubicada en Rue Jean-Goujon 15 en el refinado distrito 8 de París, fue una donación del magnate petrolero armenio de Bakú y gran benefactor Alexandre Mantachiants. En el video debajo se puede ver un breve momento de la misa.

Su construcción se inició en 1902 y fue consagrada el 2 de octubre de 1904. El diseño, basado en la Catedral Armenia de la Santa Cruz (Սուրբ Խաչ), en Akdamar, hoy territorio turco, estuvo a cargo de Albert-Désiré Guilbert. Pocos saben que este distinguido arquitecto estuvo activo en Argentina, donde en 1926 erigió el edificio de la Ex Compañía de Seguros Sud-América en Buenos Aires (en Diagonal Norte y Rivadavia), además de otras casas y edificios[3].

El templo mide 25 metros de largo por 13 metros de ancho. En el frontón de la entrada hay un altorrelieve de Jesús rodeado por dos ángeles.

Una khatchkar (cruz de piedra), símbolo de la fe cristiana en Armenia, se encuentra en el frente.

También una estatua y un placa de mármol recuerdan a los armenios que dieron la vida por Francia en la Primera Guerra Mundial.

Por dentro, la típica cúpula octogonal vidriada provee una intensa luz reforzada por una enorme lámpara central en forma de araña, con otras dos lámparas más pequeñas a los lados. Un enorme mosaico de un Cristo reinante (conocido en el arte como pantokrator, que significa Señor de todo) domina el interior.

Debajo, un altar en cuyo fondo brilla una imagen de la Virgen con el Niño es el lugar donde los sacerdotes celebran la misa.

La iglesia de San Juan Bautista fue escenario de eventos muy importantes de la comunidad armenia, como el casamiento del general Antranik, héroe nacional, en 1922.

LOS ARMENIOS EN FRANCIA

Desde la edad Media ha habido armenios en territorio francés, llevando consigo su cultura e identidad nacional. Sin embargo, el proceso migratorio se aceleró en las primeras décadas del siglo XX, cuando muchos armenios se vieron forzados de huir de su tierra natal a causa del genocidio perpetrado por los turcos. El puerto de Marsella atrajo a miles de armenios que se establecieron en la ciudad.

Otros continuaron su camino hacia el norte y se radicaron principalmente en París y Lyon. Francia se convirtió en el nuevo hogar de los exiliados armenios, que trabajaron en la agricultura y en la industria; posteriormente se dedicaron a lo que mejor conocían: el comercio. Se crearon organizaciones comunitarias tanto para conservar la identidad nacional como para apoyarse mutuamente en un entorno hostil y desconocido. Como siempre, la Iglesia Apostólica Armenia se convirtió en una referencia obligada para los inmigrantes.

Al principio la situación de los miembros de la joven colectividad armenia fue complicada. Algunos los consideraban “extranjeros sucios” y oficialmente eran reconocidos como “refugiados apátridas”[4]. Según testimonios, esta situación se perpetuó hasta 1940; sin embargo, era más bien el trato corriente y no una política de Estado. Los armenios siempre estarán agradecidos a Francia por haberlos acogido luego de sufrir tantas penurias.

Las raíces armenias no impidieron que los inmigrantes y sus descendientes lucharan por su patria adoptiva. Hubo armenios que pelearon en el ejército francés tanto en Primera[5] como en la Segunda Guerra Mundial. Un silencioso monumento en el Cementerio del Père-Lachaise los recuerda. También valientes jóvenes armenios tuvieron una destacada participación en la resistencia a la ocupación nazi.

Antes y después de la Segunda Guerra Mundial existieron desencuentros entre facciones pro-soviéticas y nacionalistas que generaron grietas en la colectividad. Es interesante que tras la caída del nazismo muchos armenios residentes en Francia, creyeron en la propaganda soviética y decidieron regresar a Armenia; confiaban que Stalin actuaría en su favor recuperando territorios en poder de los turcos. Cuando vieron que tanto su ingenuidad como su imaginación los había colocado en una situación de riesgo, rogaron volver[6].

En la década del ’50 una nueva oleada de miles de armenios llegó a Francia desde Medio Oriente, en su mayoría desde Turquía, Líbano, Siria e Irán. La colectividad crecía y se consolidaba como una minoría importante. En los ’60 los armenios ya eran reconocidos como una minoría étnica digna, respetuosa y activa.

LA INFLUENCIA ARMENIA EN LA CULTURA

En 2001 la Asamblea Nacional francesa aprobó una ley reconociendo el genocidio armenio. Para algunos puede parecer un gesto tardío; sin embargo, los parlamentarios franceses estuvieron dispuestos a pagar el precio de un deterioro en las relaciones con Turquía sin obtener otro premio que la gratitud de los armenios en el mundo.

Muchos dieron testimonio en Francia de su armenidad. Tal es el caso del cineasta Henri Verneuil, creador del famoso film “I como Ícaro”. Con su nombre verdadero, Ashot Malakian, publicó el libro “Mayrig” donde relató la conmovedora historia familiar. Años después llevó la obra al cine, con la actuación, entre otros, de Claudia Cardinale y Omar Sharif. También el inolvidable Charles Aznavour, el descendiente de armenios más famoso del país galo y quizás de todo el mundo, compuso e interpretó el tema “Ils sont tombés” describiendo el terrible y a la vez anónimo sufrimiento de un millón y medio de personas cruelmente asesinadas. No son los únicos descendientes de armenios famosos en Francia: el tetracampeón de Fórmula 1, Alain Prost, la actriz y cantante Sylvie Vartan y el compositor y cantante Michel Legrand también provienen de la tierra del Monte Ararat.

Entre las numerosas instituciones armenias más importantes de Francia se encuentra la AGBU (en español Unión General Armenia de Beneficencia). Hay organizaciones que, sirviendo como un paraguas, reúnen a varias entidades, tales como el Forum de Asociaciones Armenias de Francia[7], creado en 1991, y el Consejo de Coordinación de Organizaciones Armenias de Francia[8]. Entre las decenas de instituciones se encuentran ONG, clubes deportivos, casas de la cultura y asociaciones profesionales armenias.

El medio de comunicación armenio más importante es el periódico Nor Haratch (www.norharatch.com), una publicación independiente que en 2009 reemplazó al diario a Haratch (Յառաջ), fundado en 1925. Desde luego la comunidad armenia de Francia cuenta con también radios y revistas.

También hay instituciones educativas. Un caso digno de resaltar es la Escuela Tebrotzassere, fundada en 1879 en Estambul, reubicada en Marsella en 1918 y luego trasladada a Le Raincy, en los alrededores de París, donde brinda sus servicios educativos.

Quisiéramos quedarnos; quisiéramos volver, pero, aunque hoy no podamos, nos inspira la historia de los armenios de Francia que, como en otros lugares del planeta, formaron familias honradas y trabajadoras, sirvieron a la patria que los recibió y aún hoy honran la memoria de su pueblo.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Les Arméniens en France”, Le Point, 22/12/2011, https://www.lepoint.fr/societe/les-armeniens-en-france-22-12-2011-1411512_23.php

[2] Catholicós es el título que recibe la máxima autoridad de Iglesia Apostólica Armenia. Recordamos que Armenia fue la primera nación en reconocer el cristianismo como religión oficial, en 301, incluso antes que el Imperio Romano y que a lo largo de dieciocho siclos ha luchado por su supervivencia.

[3] Machado, Alejandro, “Arquitectos franceses en Argentina. Catálogo online de sus obras”, http://arquitectos-franceses-argentina.blogspot.com/

[4] Zenian, David, “The Armenians of France”, AGBU (Armenian General Benevolent Union), News Magazine, 1/3/1995

[5] Para más información sobre la Legión de Oriente, luego conocida como Légion arménienne, una unidad de la Legión Extranjera dentro del Ejército francés se puede leer a Mathosian, Mark, “Grandfather’s Story–The Armenian Legion and the Battle of Arara”, The Armenian online Weekly, mayo 2003

[6] Minassian, Anahide Ter. “Les Arméniens de Paris depuis 1945” en: “Le Paris des étrangers depuis 1945”, Éditions de la Sorbonne, 1995. Dice: “En el aeropuerto de Ereván, Christian Pineau (Ministro de Relaciones Exteriores francés) es literalmente asaltado por un grupo de madres y niños armenios rogando que sean ‘repatriados’ a Francia”.

[7] Su nombre en francés es Forum des Association Arménienne

[8] Su nombre en francés es Conseil de Coordination des Organisations Arméniennes de France y es conocido por su sigla CCAF


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EL EDIFICIO DE CHACABUCO 78, UNA DE LAS OBRAS MAESTRAS DE JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Uno de los edificios porteños que se mencionan con mayor frecuencia está ubicado en la calle Chacabuco 78. Aunque la estrechez de la calle no permite admirarlo con la debida perspectiva, desde cualquier ángulo se advierte que tiene una belleza diferente. Erigido a pasos de la Avenida de Mayo, es una de las obras maestras del arquitecto Julián García Núñez quien hizo el diseño y dirigió su construcción.

Fue inaugurado en 1911. Era la época donde el modernismo europeo estaba en su apogeo y su influencia se hacía palpable en el Río de la Plata, siguiendo la línea francesa, el art nouveau; sin embargo, García Núñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, y adhería al modernismo catalán preconizado por Antoni Gaudí y Lluís Doménech i Montaner, entre otros. Desde su llegada a la Argentina en 1903 sus obras reflejaron la ideas de sus maestros, incluido el edificio de Chacabuco 78 (ya hemos hablado sobre este tema en nuestra publicación “Chacabuco 855: Una perla del modernismo catalán en Buenos Aires”, que se puede leer en https://pablobedrossian.com/2020/05/05/chacabuco-855-una-perla-del-modernismo-catalan-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/). En la fachada se observan también elementos de la vertiente vienesa del modernismo, la Sezession, estilo que este brillante arquitecto fusionó definitivamente con el modernismo catalán a partir de 1915.

Casa Majolica, edificio emblemático de la Sezession vienesa, de Otto Wagner

Chacabuco 78 es un edificio de oficinas -una novedad para ese tiempo – de cinco plantas rectangulares y simétricas, con amplios y luminosos espacios comunes. La planta baja cuenta con dos locales y una entrada con bello trabajo de herrería, un hall y una escalera. Cada piso superior cuenta con doce oficinas y un baño común.

Al llegar al segundo piso se observan importantes innovaciones pues posee un amplio espacio central alrededor del cual se levantan las plantas restantes; bordeando ese alto patio, que es el corazón inmaterial del edificio, se encuentran los pasillos que unen las oficinas formando balcones perimetrales, bañados de luz a través de una gran claraboya a dos aguas de vidrio y hierro.

Esa generosa fuente de iluminación natural crea una sensación única por las transparencias que proyecta y las interrelaciones que crea con el resto de los materiales, incluida la magnífica herrería, las losetas de vidrio y la madera. El ascensor tiene todo su mecanismo a la vista, lo que ha sido visto como un influjo del industrialismo[1].

La fachada posee una longitud de 21 metros y se encuentra dividida en cinco paños. Está poblada de líneas rectas acompañadas de diseños geométricos en las rejas de los balcones[2]; en los extremos de la última planta se elevan dos torrecillas. El color ha ido variando (incluso tuvo detalles pintados de un verde lamentable) pero preferimos el natural gris tiza.

Los elementos decorativos son interesantes: los balcones al frente cuentan con excelentes diseños metálicos de color negro, lo mismo que la puerta de entrada. Las molduras y texturas muestran el habitual cuidado del detalle por parte de García Núñez.

El edificio fue construido a pedido de Ignacio Atucha. La propiedad estuvo en manos de la familia Atucha Ocampo hasta que sus integrantes decidieron subdividirla en forma horizontal en 1963[3].

El arquitecto Julián Jaime García Núñez, firmó la obra, tal como era su acostumbre, como Julián García.

Oculto entre la calzada angosta y los edificios de la zona, muy cerca de calle Florida, del Palacio de la Legislatura de la Ciudad y del Café Tortoni, esta joya modernista amerita una visita.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: PARA LOS INTERESADOS EN EL ARQ. JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ

Para los interesados en conocer la obra y biografía del arquitecto Julián García Núñez comparto algunas de las fuentes bibilográficas:

“Julián García Núñez. Caminos de ida y vuelta” de Julio Cacciatore, Fundación Carolina – Cedodal, 2005 (no poseemos este libro, pero hemos conseguido separatas que han sido de gran utilidad)

“Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras”, blog por Alejandro Machado, http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2008/02/

“Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” de Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109-111

“Introducción a la arquitectura del siglo XX en Buenos Aires” de Guillermo Luis Rodríguez, ediión de autor, 1996, p.26-29


REFERENCIAS

[1] Valentino, Julio, “Edificio Chacabuco 78 (1910)”, en http://arqi.com.ar/edificio/edificio-chacabuco-78/

[2] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.81

[3] Solsona, Justo y Hunter, Carlos, “La Avenida de Mayo Un Proyecto inconcluso”, Nobuko, 1990, p.135


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CHACABUCO 855: UNA PERLA DEL MODERNISMO CATALÁN EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todas las personas el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Emblemático edificio art nouveau de Jules Lavirotte, en la 29, avenue Rapp, París

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surgió Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolló su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de todos los cánones conocidos hasta ese momento.

Casa Milà de Antoni Gaudí, Barcelona, España

EL EDIFICIO ANEXO AL CASAL DE CATALUNYA

Tiempo atrás publicamos en nuestro artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” presentando dos obras de inspiración gaudiana de Eduardo S. Rodríguez Ortega.

Palacio de Los Lirios, avenida Rivadavia 2031, Buenos Aires, por el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega

Ahora presentamos otro edificio, cuya fachada también se encuentra influida por el modernismo catalán. Nos referimos al edificio anexo al Casal de Catalunya en Buenos Aires.

Casal de Cataluña en Buenos Aires, fachada neogótica catalana de 1936
El artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” puede leerse haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/11/21/gaudi-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

Los Casals son asociaciones comunitarias que congregan a los catalanes que residen fuera de Cataluña. Reciben apoyo oficial de la Generalitat de Cataluña desde su Secretaría de Asuntos Exteriores. El de Buenos Aires es el más antiguo en el mundo.

El 12 de junio de 1886 se fundó el Centre Català en Buenos Aires que posteriormente se convirtió en el Casal de Catalunya de Buenos Aires[1]. Su actual emplazamiento, en la calle Chacabuco 875/863 entre la avenida Independencia y la calle Estados Unidos, se debe a la generosidad de don Lluís Castells y su esposa Elisa Uriburu, quienes en 1889 compraron el terreno y lo cedieron por tiempo indefinido para que se construyera allí el edificio primitivo, donde comenzaron a funcionar instituciones comunitarias[2].

UN EDIFICIO DE DOS FACHADAS

En 1909 el matrimonio Castells adquirió un terreno lindante, de siete metros de frente y sesenta y tres metros de fondo, correspondiente a Chacabuco 855. Allí decidieron construir un edificio de dos plantas y cederlo a su colectividad. Aunque no nos interesa centrarnos en el primer edificio, que es el más grande y conocido, sino en este edificio anexo, necesitamos continuar la historia para entender las preguntas que nos plantea.

Fachada del edificio de Chacabuco 855

Según el Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo que declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional, un año después, en 1910, se unificaron los dos edificios, tirando abajo medianeras. También de acuerdo con el mencionado decreto, en 1920 se amplió la planta alta quedando la fachada del Casal como en la actualidad[3].

Sin embargo, según un artículo que Sergio Kierman publicó en el suplemento m2 del diario Página12, las reformas no tuvieron lugar en 1910 ni en 1920, como dice el decreto, sino en 1936, coincidiendo con el cincuentenario de la institución[4]. Además, incluyeron la remodelación total de la fachada del edificio principal y de los accesos. Resumiendo, ambos edificios fueron unidos por dentro, formando un único complejo interior con dos fachadas. Por lo que hemos podido averiguar, el proceso de transformación se había iniciado en 1828 y tomó varios años. Las obras pudieron completarse gracias al mecenazgo del Sr. Ferrán Fontana. 1936 es la fecha aceptada y reconocida de la reinauguración del edificio.

Nótese que el Casal cuenta con más de 5,000 m2 donde se distribuyen varias dependencias, como el Teatro Margarita Xirgu, el Salón Blanco, la Sala Gaudí (dedicada a exposiciones, conferencias y juegos de salón), otras salas, oficinas administrativas y hasta un restaurante. La escalera de honor es sencillamente espectacular.

EL EDIFICIO DE CHACABUCO 855: EL MODERNISMO CATALÁN DICE PRESENTE

Mientras el edificio original adoptó el estilo neogótico catalán, la fachada del anexo muestra la belleza propia del modernismo. En ella se percibe la innegable influencia del brillante arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner; sin embargo, numerosos detalles también evocan al genial Antoni Gaudí.

Le pedí al arquitecto catalán Antonio Lora Rubio, profundo estudioso del modernismo, que comentara sucintamente esta fachada: “Evidentemente Gaudí no estuvo en Buenos Aires, pero sí su legado, su estilo mediterráneo, lleno de luz, su geométrica y su religiosidad. En esa fachada el arquitecto remarca el balcón central, acentuando con cerámica de colores en la parte superior, muy típico del carácter religioso de Gaudí, y una simétrica escalonada de su coronación le da la solemnidad con el escudo. Aunque es una construcción pequeña, se ven elementos modernistas simples, pero prácticos y resolutivos, igual que el ideario de Gaudí; cuando le preguntaban por su estilo, él contestaba que sólo se dedicaba a imitar la geometría de la naturaleza: simple, práctica y resolutiva, pero sin perder la belleza”.

Aunque por dentro forma parte del complejo -aloja la Biblioteca Pompeu Fabra-, la fachada del edificio de Chacabuco 855 tiene una identidad propia que lo hace único.

LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA

Un detalle interesante lo extraemos de la misma nota de Sergio Kierman: además de documentar la cuidadosa restauración del edificio en 2005 a cargo de los arquitectos Fernando Mosquera y Pablo Ojeda, detalla en forma específica la de la fachada de Chacabuco 855. Su descripción es muy completa: menciona grietas en su coronamiento, daños en el balcón de tres ventanas y roturas en los ornamentos que obligaron a los restauradores Laura Basterrechea y Alberto González, una vez consolidado el muro con llaves empotradas, “a hacer moldes y reconstruir motivos, a la vez que limpiaban y lavaban”.

La nota también revela sorpresas: “sus muros laterales alguna vez fueron azules, con una base de cobalto que se destiñó con los años hasta desaparecer… sus mosaicos, que vistos desde la calle parecían simples azulejos o mayólicas, resultaron ser vidrios. Las superficies en oro estaban compuestas por teselas que eran un sandwich de vidrios y oro, imposibles de reproducir”. Gracias al minucioso trabajo de los restauradores el anexo recuperó el esplendor original de sus detalles.

ACERCA DE LOS CONSTRUCTORES

Los nombres de sus constructores, R. Pauli y J. Coll, aparecen grabados en el frente del edificio de Chacabuco 855.

Prácticamente no sabemos nada de ellos. Las únicas referencias a “R. Pauli y J. Coll” las encontramos en un Anuario Kraft de 1913 donde son mencionados como “empresa constructora de obras”[5]. Una de las citas se acompaña con la dirección Chacabuco 822, en la misma cuadra del Casal pero de la mano de enfrente. Inmediatamente debajo, se habla de “Paulik y J. Coll”, acaso un error tipográfico pues más adelante se menciona a “Paulik y J. Coll” como “constructor de obras” (sic)[6], junto a la dirección José Mármol 772[7]. Al momento de escribir este artículo hay allí un taller mecánico y la puerta de ingreso a una vivienda muy sencilla que parece construida varias décadas después.

En ningún momento aparece el primer nombre de R. Pauli, pero sí aparece el de Jaime Coll[8], constructor, con la misma dirección de Chacabuco 822[9]. En ese sitio hay actualmente un edificio de departamentos y en el 824/28 una casa antigua sin identificación de sus constructores.

El ENIGMA DE LA FACHADA

Aún más incierto es el nombre del arquitecto que diseñó el bellísimo frente del edificio de Chacabuco 855.

En la fachada del edificio principal remodelado en 1936 aparecen dos inscripciones: una que dice “Carrizo Rueda y Devito Constructores” y otra que indica que Julián García Núñez y Eugenio Campllonch fueron los arquitectos. Esto agrega confusión pues no determina el rol que cumplió cada uno.

La información en los libros suele ser confusa o carece de evidencias que la fundamenten. Por ejemplo, la “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes” atribuye la “remodelación 1928/1936” a Eugenio Campllonch y Julián García Núñez[10] sin establecer la contribución individual de los arquitectos.

Otro ejemplo se encuentra en el magnífico libro visual “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story” de Anat Meidan que adjudica la fachada de Chacabuco 855 a Julián García Nuñez sin ninguna explicación[11].

Uno de los volúmenes del IPU (Inventario de Patrimonio Urbano) dedicado a San Telmo, solo dice “Remodelación: Eugenio Campelonch, arq. Pauli y Coll, empresa constructora”[12] sin mencionar a García Núñez.

Supuestamente El Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo, citado anteriormente, debería ser una fuente fidedigna, pues declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional. Allí se lee: “en el año 1910 se unifican ambos edificios estando la obra a cargo del arquitecto catalán Eugeni Campllonch y del arquitecto argentino Julián García Núñez… “

En vista del caos imperante, decidimos ir a la fuente. Elevamos la consulta al Casal de Catalunya en Buenos Aires cuya lacónica respuesta, enviada por don Javier López Granda a quien mucho agradecemos, comparte nuestra perplejidad “lamentablemente los datos que tenemos son aproximadamente los mismos que usted dispone”[13].

QUÉ PODEMOS SABER

En primer lugar, el arquitecto catalán Eugeni Campllonch i Parés había emigrado a la Argentina en 1910[14], así que definitivamente no podemos atribuirle el diseño sin caer en un anacronismo. Sí le corresponden la espléndida reforma al interior del edificio y la fachada neogótica que adquirió el edificio principal en 1936.

En segundo lugar, el arquitecto modernista argentino Julián García Nuñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona bajo de dirección del arquitecto Lluís Doménech i Montaner quien influyó poderosamente en su estilo. Además, coincidió con el apogeo de Gaudí. García Nuñez regresó a la Argentina en 1903; desde ese año hasta 1915 produjo obras con la impronta del modernismo catalán, entre ellas el viejo edificio del Hospital Español de Buenos Aires (1906) y el famoso edificio de Chacabuco 78 (1910). Luego, la influencia de otra vertiente del modernismo, la Sezession vienesa, impactó en sus diseños[15]. Para nuestros fines, un dato relevante es que abandonó la profesión en 1931[16].

Finalmente, sabemos que Eugeni Campllonch y Julián García Núñez eran amigos. Cuenta Florencia Barcina en un trabajo de investigación dedicado a Eugeni Campllonch: “Sabemos por relatos de Julián Bosch, nieto de García Núñez, que el matrimonio Campllonch siempre estaba presente en las reuniones y fiestas de cumpleaños de su familia y que ambos arquitectos cultivaban una fuerte amistad”[17].

Por todo lo expuesto, aunque es imposible hacer afirmaciones definitivas, es probable que la fachada de Chacabuco 855 del año 1909 sea creación de Julián García Núñez y queEugenio Campllonch haya sido el responsable de la gran reforma de 1936. Además, es difícil que García Núñez haya participado en ella debido a la fecha de su temprano retiro.

Siempre en el plano de las conjeturas, adhiero a lo expresado por Florencia Barcina en su investigación: “podemos pensar que la firma conjunta fue una elección de los dos amigos para unificar sus obras y unir sus nombres en la fachada de una institución muy especial para ambos. Esta teoría parece estar abonada por el hecho de que la fachada de 1936 tiene muchas coincidencias con la obra de Campllonch de principios de siglo. El neogótico elegido, la composición simétrica con el alero central cubriendo la loggia y las dos torres laterales, recuerdan mucho a una de las fachadas de la Casa Vidal Folquet de Villafranca y a la Casa Franquesa de Girona, si bien con mucha más ornamentación de carácter alegórico y una presencia de mayor seriedad dado su carácter institucional”[18].

Permanece el misterio de la autoría, pero, mucho más importante, aún perdura la belleza de ese pedacito de Cataluña en el corazón de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Alejandro Machado por la valiosa información que me compartió y las acertadas observaciones que, incluso, me llevaron a modificar el título del presente artículo. Recomiendo visitar su blog “Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras” que se encuentra en http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2009/10/indepedencia-2442-50-casa-propia-de.html

También quiero hacer extensiva mi gratitud al joven y brillante arquitecto catalán Antonio Lora Rubio quien ha hecho una exhaustiva investigación de casas modernistas en su país (aún no publicada) y ha dado recientemente conferencias en la Universidad de Oviedo, España y en la Universidad de San Antonio Abad, Cusco, Perú sobre casas de indianos.


REFERENCIAS

[1] “Comunidades Catalanas en América Latina”, Agencia INCAT, 7/11/2013, https://web.archive.org/web/20141019203948/http://www.agenciaincat.la/?page_id=705

[2] “Institucional – Sobre el casal”, Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina http://www.casal.org.ar/es/sobre-el-casal/institucional/

[3] Decreto 1163/2014 “Monumentos Históricos Nacionales y Bienes de Interés Histórico Artístico”, Poder Ejecutivo Nacional, República Argentina, 22/7/2014 https://web.archive.org/web/20141025220404/http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/230000-234999/232823/norma.htm

[4] Kierman, Sergio, “La vuelta del casal”, m2, Diario Página12, 20/08/2005, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-761-2005-08-20.html

[5] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.770, 1667

[6] “Anuario Kraft”, 1913, p.1790

[7] “Anuario Kraft”, p.1137

[8] Hay un Ing. Jaime Coll, recordado por una calle en Bragado, fundador de la empresa Acerbrag, fallecido en 1986. Desconocemos si es descendiente del constructor, 

[9] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.566

[10] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.82

[11] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.8,9,124,125

[12] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.66,67. El apellido Campllonch aparece tal cual transcribimos, Campelonch

[13] Mail recibido el 9 de marzo de 2020.

[14] Barcina, Florencia; Op. cit., p.17

[15] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109,110

[16] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Op. cit., p.112

[17] Barcina, Florencia, “Eugeni Campllonch i Parés: el arquitecto que desaparece”, Cataluña y Argentina, vínculos en el arte y la arquitectura, Documentos de Trabajo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo Grupo de Investigación de Arquitecturas Hispánicas (GIAH), Universidad de Belgrano, Nº 312, mayo 2016, p.19

[18] Barcina, Florencia, Op. cit.,p.19,20


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos

EL PASAJE MARCOARTÚ, UNO DE LOS PASAJES MÁS PEQUEÑOS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Este curioso y pequeño pasaje peatonal sobrevive escondido detrás de la Estación Flores. Con una única entrada por la calle Bolivia, corre paralelo a las vías del del Ferrocarril Sarmiento, de las cuales está separado solo por una reja metálica.

Es corto y angosto. Su breve trayecto sirve de frente a una antigua construcción de dos plantas de color gris y reminiscencias art nouveau.

Este edificio de viviendas posee seis puertas en la planta baja, numeradas del 1 al 6, y cuatro balcones en la planta alta.

Además, las bases de los tres últimos balcones se apoyan sobre columnas, formando pórticos que lejanamente nos recuerdan a los del barrio londinense de South Kensington. Nótese el parecido.

El acceso al pasaje se encuentra en Bolivia 202. En la entrada hay dos puertas enrejadas tras las cuales se abre un piso de baldosas. Los pórticos reducen el ancho del pasaje que, más que una calzada, parece una vereda. Se recorre en segundos, terminando contra una pared, por lo que no tiene salida a la calle Condarco.

LA FECHA Y EL CREADOR

Aunque varias fuentes sostienen que “son casas que datan de 1914, construidas por el arquitecto e ingeniero J. Arnaut para ser utilizadas por personal ferroviario”[1], [2], según una inscripción en el propio edificio, el proyecto fue realizado por el ingeniero catalán José Arnavat[3], quien se había radicado en Argentina desde hacía varias décadas.

Foto por Alejandro Machado, utilizada con su permiso

De acuerdo a lo conversado con el Dr. Eduardo Balbachan, la fecha debe ubicarse alrededor de 1908, año del fallecimiento del Ing. Arnavat. Además, nos ratificó que el edificio de viviendas del pasaje Marcoartú fue construido por el Ferrocarril Sarmiento para sus obreros.

EL NOMBRE Y EL ORIGEN

El nombre recuerda a Daniel E. Marcoartú[4], el donante del predio. Una resolución municipal del 24 de diciembre de 1906 habla de la cesión que este vecino hizo en favor de la Municipalidad “de la superficie de terreno compuesta de 449 metros 4 decímetros cuadrados con destino a la regularización de las calles Avellaneda y Bolivia”[5] que sirvió para el edificio y el pasaje.

Aparentemente siempre mantuvo el mismo nombre. Dice Alberto Gabriel Piñeiro: “esta denominación, cuya presencia ya puede corroborarse en el Plano Bemporat de la Capital Federal, Índice General de las calles del Municipio, Edición 1931/1932, aún subsiste, conservando su carácter no oficial”[6]. Tal como afirma, aunque formalmente no es un pasaje público ni posee un nombre oficial, se lo conoce y reconoce como Pasaje Marcoartú. Se lo encuentra en Google Maps y las entradas al edificio tienen su propio código postal, C1406GGB. Como ya hemos mencionado, las casas están numeradas de 1 al 6 sin seguir la altura de las calles paralelas.

ACERCA DEL INGENIERO JOSÉ ARNAVAT

José Arnavat se había graduado en la Escuela de Ingenieros de Barcelona, llegando a la Argentina en 1872. En Buenos Aires realizó varias obras, como la Capilla y Colegio de las Hermanas Adoratrices en la calle Paraguay 1419, un petit hotel en la avenida Córdoba 1739[7] y el ex Gran Hotel España en la Avenida de Mayo 930.

En el excelente trabajo de investigación de Alejandro Machado para el Catálogo General del Modernismo Catalán, aparece otra obra suya muy cerca del pasaje Marcoartú, un pequeño hotel familiar en la calle Bogotá 2527[8]. Arnavat, además, fue secretario de la SCA (Sociedad Central de Arquitectos) de la Argentina[9].

UNA HISTORIA QUE PARECE UNA HISTORIETA

Resultó muy difícil recabar anécdotas ocurridas en el pasaje Marcoartú. Solo obtuve una cuya veracidad es dudosa. El relato vino de una anciana que vivió sobre la calle Condarco, del otro lado del pasaje. Según ella ocurrió hace más de sesenta años.

Había un ladronzuelo que vivía del arrebato. Al parecer, tomaba el tren bien temprano en Moreno y cuando se detenía arrancaba carteras o maletines huyendo a la carrera. En la Estación Flores sus robos ocurrían al menos dos veces por semana. Cuando el policía asignado a la estación lo perseguía, el adolescente trepaba la verja del pasaje Marcoartú con una velocidad felina y saltaba la tapia que daba hacia Condarco.

El agente pasaba vergüenza porque el comisario se había hartado de las denuncias, pero él, que lo había pasado mal de chico, no quería usar violencia innecesaria para atrapar el delincuente. Entonces resolvió hacer algo extraño. Durante toda una semana, con las primeras luces de cada día, se dirigió al pasaje a untar de grasa el paredón por el cual trepaba el ratero.

El jueves temprano se escuchó el grito de una mujer a quien le habían robado la cartera. El agente amagó correr y vio una figura escapar y saltar las rejas. En lugar de seguirlo por el andén salió disparado hacia al pasaje donde vio que el muchacho luchaba por encaramarse a la pared, pero resbalaba. Lo detuvo por detrás, lo tiró al piso y le puso las esposas. Cuando lo dio vuelta se dio cuenta que no era el mismo muchacho sino un hombre mayor con un par de cicatrices en la rostro. En la comisaría se enteró que era un ladrón muy buscado cuyo prontuario incluía un homicidio. Según la viejita, el comisario lo felicitó por la detención y nunca de enteró de la treta. En cuanto al jovencito, siguió robando y no hubo grasa que lo detuviera. Tristemente, semanas después apareció muerto en una zanja por la zona de Padua.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: OTRA EVIDENCIA DEL PARECIDO DEL EDIFICIO DEL PASAJE MARCOARTÚ CON LAS CONSTRUCCIONES DE SOUTH KENSINGTON LONDRES

En su trabajo final “Evolución de la Vivienda en París, Buenos Aires y La Plata inserción del Petit-hotel” la Arq. Julieta Derdoy, bajo la dirección del Arq. Fernando Aliata, escribe en la página 71: “Las series de casas estilo cottages típicamente británicas no fueron frecuentes en distintos barrios de Buenos Aires, se pueden ver especialmente en Belgrano. Un pequeño conjunto de casas de sectores medios destacables son el sobrio pasaje Marcoartu en Flores, 1914 y el complejo proyectado por Lorenzo Siegrist, 1913, en Carbajal y Conde en Belgrano”. Los covered back porch son típicos del estilo victoriano.


BONUS 2: UN TANGO QUE MENCIONA A MARCOARTÚ

Hay un tango que menciona al pasaje Marcoartú y hace referencia también a Alejandro Dolina y a su famoso Ángel Gris. Este tango en 1997 recibió una mención especial en un concurso titulado “Un tango a mi barrio”.

(Letra de Daniel Parisi)

Burlona y artera, la noche se anida
malandras y santos pierden la razón
suena la chicharra, señal de suicidas
revientan los tacos en el Odeón.
Turbios claroscuros donde sin cautela
dibujé la estela de mi juventud.
Plátanos heridos ocultan, desvelan
dolinescos ángeles sobre el Marcoartú.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad.
Ronca la avenida, lucís como el centro de
[una gran ciudad
Casitas baratas como almidonadas
de eternos eneros quietos como el sol
rebotan las huellas de mil afiebradas
pelotas que nunca se van al “augolî.
La vida y la muerte huelen a lavanda
contra la muralla de piedra y verdín
vamos Baldomero, levántate y anda
que hoy dan dos de cowboys en el San Martín.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad
Ronca la avenida, lucís como el centro de
una gran ciudad.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

Agradezco al Dr. Eduardo Balbachan por su asesoramiento. Fue el primero en presentarnos esos mágicos callejones a través de su obra “Los ignorados Pasajes de Buenos Aires”, publicada por la Editorial Rodolfo Alonso en 1982 y luego en una versión ampliada y mejorada por Corregidor en 2010. El trabajo del Dr. Balbachan es imprescindible para cualquier publicación sobre el tema y espero que reciba el merecido reconocimiento público por su enorme contribución al conocimiento de la Reina del Plata.

Agradezco también a Alejandro Machado, gran experto en edificios porteños, por siempre compartirme generosamente la información que le solicito El relevamiento que ha hecho de esas obras y sus creadores es extraordinario, reflejando su admirable pasión por la Ciudad de Buenos Aires. Recomiendo su página en Facebook “Cronista de tu Ciudad”, https://www.facebook.com/groups/cronistadetuciudad/ y todos sus blogs, entre ellos, “Red de Blogs de Arquitectura Argentina”  http://blogs-patrimoniales.blogspot.com/ junto al recordado Fabio Perlin o el mencionado en este artículo, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/ en colaboración con el catalán Valentí Pons Toujouse.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Pasaje Marcoartú”, B.A.C.N. (Buenos Aires Ciudad de Noticias, 1/1/2018. http://bacn.com.ar/pasaje-marcoartu/

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.87,88

[3] Machado, Alejandro, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/

[4] Apellido de origen vasco

[5] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p..78

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.162

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.70

[8] Machado, Alejandro, “Ingeniero José Arnavat”, link de “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/search/label/Ing.%20Jos%C3%A9%20Arnavat

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.71


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen con el nombre grabado del Ing. Arnavat en el edificio del pasaje Marcoartú que pertenece a Alejandro Machado y es utilizada con su permiso.

LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


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EL EDIFICIO DEL MOP (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES 

Avanzando por la Avenida 9 de Julio de norte a sur uno encuentra una enorme mole hormigonada de líneas rectas y color blancuzco que obliga a desviar el camino. Los turistas se detienen a fotografiar allí un rostro de Evita a gran escala en acero, que de noche se ilumina; además hay una imagen en el mismo estilo del otro lado. El paso incesante de vehículos delata que es el único edificio sobre la “avenida más ancha del mundo”, ubicado en la manzana donde la Avenida Belgrano y la calle Moreno interceptan a la 9 de Julio y a su colectora oeste, la calle Lima. Fue construido como sede del Ministerio de Obras Públicas, por lo que se lo conoce por sus siglas, el “Edificio del MOP”.

Ubicado en el barrio de Monserrat, fue uno de los primeros rascacielos racionalistas de la ciudad, con 93 metros de altura[1].  

EL RACIONALISMO

Llegando muy poco después del Art Decó, que había nacido en 1925, y conviviendo por un largo tiempo con él, apareció el Racionalismo: una arquitectura basada en la razón, cuyos diseños se basaban en volúmenes geométricos simples despojados de ornamentos. No es aventurado decir que renunciaba a la estética para privilegiar la función; se servía para ello de materiales de última generación, como el hormigón y el acero. 

LA HISTORIA

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. El 26 de noviembre de 1933 se promulgó la ley 11.714 que cedía el terreno ocupado por las calles Moreno, Lima, Aroma y la futura 9 de Julio para la construcción del edificio del Ministerio de Obras Públicas, que el Estado mismo financió[2]. La calle Aroma mencionada allí era un pasaje anteriormente conocido como la Calle del Pecado que corría entre las calles Moreno y Belgrano, que aún no había sido convertida en avenida.

Las obras de iniciaron el 15 de noviembre de 1934, con diseño del Arquitecto Alberto Belgrano Blanco[3] y fueron dirigidas por el ingeniero Marcelo Martínez con la supervisión del propio Arquitecto Hortal. La empresa constructora de José Scarpinelli levantó la estructura de hormigón en solo 138 días hábiles. Sigamos el relato de Leonel Contreras “La idea original de Hortal era levantar en la futura Av. 9 de Julio un centro cívico monumental que comenzaría con el Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, en 1936, en plena construcción del edificio, el Intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que el ancho de la futura avenida debía tener 140 metros, con lo cual debían ser demolidas en su totalidad las manzanas existentes entre Bernardo de Irigoyen – Carlos Pellegrini y Lima – Cerrito. A pesar de que se intentó dar marcha atrás con la construcción, el edificio fue terminado, inaugurándose en septiembre de ese año” [4].

EL EDIFICIO

Articulado en forma de U con el espacio abierto hacia la calle Lima, el Edificio del MOP cuenta con planta baja, 22 pisos, una azotea (donde se construyó la vivienda para el intendente del edificio) y una terraza, además de dos sótanos. Cuando fue inaugurado el acceso principal quedó ubicado frente a la desaparecida plaza Moreno, donde luego pasaría la Avenida 9 de Julio, y se crearon dos entradas auxiliares sobre las calles Aroma y Moreno.

Aquellos que han visitado el edificio seguramente se detuvieron a observar el amplio hall de entrada con su gran escalera, cuya estética se encuentra alterada por los controles y dispositivos de seguridad. En años anteriores pude visitar algunos pisos, todos muy espaciosos, con techos altos y anchos pasillos, algo propio de los gobiernos de aquella época que querían comunicar el poderío y la solidez del Estado.

LA PLAZA MORENO

La plaza Moreno (originalmente llamada Montserrat y luego Belgrano hasta recibir su nombre definitivo) desapareció con la apertura de la Avenida 9 de Julio. Se ubicaba donde hoy se encuentra la entrada principal del Edificio del MOP.

Ocupaba un amplio terreno que en algún momento fue llamado “el hueco de Monserrat”. Allí funcionó la poco conocida Plaza de Toros porteña. A principios del siglo XX el predio había sido propuesto para una “casa modelo para ejercicios físicos” y luego para un “instituto del profesorado secundario y colegio nacional anexo”, iniciativas que, desde luego, no prosperaron.

LA CREACIÓN DE LA AVENIDA 9 DE JULIO

En 1899, cinco años después de la inauguración de la Avenida de Mayo se proyectó una avenida similar que corriera de sur a norte. Recién en la década del ‘30 la idea comenzó a materializarse. Era una excelente oportunidad para contar con una avenida única y distinguida.

Cuenta Leonel Contreras que: “El arquitecto Ernesto Vautier, por ejemplo, estableció los usos y perfiles edificables a ambos lados de la futura arteria, proponiendo incluso una serie rítmica de edificios de 100 metros de altura a cada lado de la misma”[5]. El primer tramo se inauguró en 1937 entre las calles Tucumán y Bartolomé Mitre, sin incluir en ese momento el área donde se había levantado el Edificio del MOP. Aunque originalmente se pensó darle un ancho similar a la Avenida de Mayo (33 metros) poco después terminó ganándose la fama de “la avenida más ancha del mundo” al ampliarse a 140 metros, por la mencionada decisión del Intendente.

Sin embargo, el ensanche tomó su tiempo para llegar al Edificio del MOP, pues la ampliación de la Avenida 9 de Julio entre las calles Bartolomé Mitre y la Avenida Belgrano se realizó recién entre 1944 y 1947 quedando la fachada del edificio frente a la flamante Avenida 9 de Julio.

LA CALLE AROMA

Hoy solo persiste su nombre en una callecita de dos cuadras en el Bajo Flores. Según Diego Zigiotto, el antiguo pasaje tenía forma de L y corría entre la calle Belgrano y la calle Lima[6]. El plano[7]  y las fuentes documentales[8] a los que hemos accedido coinciden en describirlo como un pasaje en línea recta entre la Avenida 9 de Julio y la calle Lima. No tenemos certeza absoluta.

Calle Aroma – Vista aérea de Buenos Aires 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

Su nombre no se debía a ningún olor pestilente sino a una mala ortografía de Arohuma[9], palabra que recuerda la victoria de los patriotas Esteban Arce y Bartolomé Guzmán en Bolivia, el 15 de noviembre de 1810, frente a las tropas realistas[10]. De un modo u otro, la vieja Calle del Pecado, llamada desde 1893 Aroma, fue demolida en la ampliación que convirtió a Belgrano en Avenida en 1950. La manzana que delimitaba junto a la 9 de Julio, la calle Lima y la calle Belgrano también desapareció y en la actualidad su superficie está ocupada por el estacionamiento anexo al Edificio del MOP y una plazoleta.

PROYECTOS ASOMBROSOS

Siendo niño, mi abuelo materno me contó que cuando se inició la ampliación de la Avenida de Mayo hubo una propuesta que en aquel momento no creí pero resultó cierta: Alguien sugirió mover con rodillos el Edificio del MOP y trasladarlo a un terreno cercano. Desconozco que tecnología se hubiera podido utilizar para mover semejante gigante de hormigón, pero tal como me dijo mi querido abuelo Manuel, la idea se descartó porque resultada más caro traer las máquinas para desarraigar el edificio y movilizarlo que derrumbarlo y volverlo a levantar.

Hubo otro proyecto más ambicioso y con mayor sentido, concebido por el Arquitecto José Álvarez; se trataba de construir sobre la 9 de Julio un edificio gemelo al del MOP y luego unirlo al original como una suerte de arco triunfal[11]. También quedó en el olvido.

 NUMERACIÓN

El Edificio del MOP es el único que se mantiene en pie en la Avenida de Julio. Curiosamente se le asignó la numeración 1925, y no algún número entre 301 y 399, como sus paralelas. La razón es sencilla: siendo la única vía vehicular que no cambia de nombre al cruzar la Avenida Rivadavia, la numeración sigue siendo la iniciada en la Avenida del Libertador[12].

CURIOSIDADES:

* EL MONUMENTO A LA COIMA

Se dice que el Arquitecto José Hortal, cansado de los atrasos en la construcción del edificio y de las “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó al artista italiano radicado en la Argentina Troiano Troiani la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, el  “Monumento a la Coima”, con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende una enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva.

Las estatuas no aparecen ni en el proyecto, ni en los planos, ni archivos, así que nadie puede corroborar si esa versión es cierta[13].

* EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA

El hecho histórico de mayor envergadura que tuvo lugar en el Edificio del MOP fue el famoso “discurso del renunciamiento”, dado por Eva Duarte de Perón, Evita, el 31 de agosto de 1951 ante una multitud estimada en dos millones de personas.

Anunció allí su “renuncia indeclinable” a ser compañera de fórmula, en carácter de vicepresidente, de su esposo Juan Domingo Perón. Fallecería al año siguiente, víctima de un cáncer de útero.

* EL ROSTRO DE ACERO

Considerados por algunos murales de acero y por otros gigantografías en el mismo material, dos enormes rostros de Evita se destacan sobre las caras del Edificio del MOP que miran a la calle Moreno y a la Avenida Belgrano.

Esta obra doble del escultor Alejandro Marmo está inspirada en la imagen del Che Guevara en la Plaza de la Revolución de La Habana; para su ejecución se basó en un diseño que él mismo y el artista plástico Daniel Santoro realizaron en forma conjunta.

* LA PRIMERA TRANSMISIÓN DE TV

Desde el Edificio del Ministerio de Obras Públicas (hoy Ministerios de Salud y Ambiente y Desarrollo Social) se realizó el 24 de septiembre de 1951 la primera transmisión televisiva de la Argentina. Para ello se instaló una antena en el techo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Por ejemplo, el Edificio Mihanovich de 20 pisos y 80 metros de altura fue terminado en 1928 (ver nuestro artículo “El Edificio Nicolás Mihanovich”, https://pablobedrossian.com/2017/11/19/el-edificio-nicolas-mihanovich-por-pablo-r-bedrossian/, 2017); el Edificio Comega de 88 metros de altura fue erigido en 1933, con tres sótanos, planta baja, 21 pisos altos y un mirador en la terraza. El Edificio Safico de 92.3 metros de altura fue inaugurado en 1934 con 3 subsuelos, planta baja, 10 pisos en bloque y 15 pisos en torre escalonada. El Edificio Kavanagh fue levantado en 1936 con 120 metros de alto.

[2] Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005, p.109

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[4] Contreras, Leonel, Op. cit., p.109

[5] Contreras, Leonel, Op. cit., p.108

[6] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p. 243,244

[7] Mapa Interactivo de la Ciudad de Buenos Aires, Vista aérea, 1940

[8] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.36

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.19

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit.  p.36

[11] Contreras, Leonel, Op. cit., p.110

[12] Zigiotto, Diego, Op. cit., p.243

[13] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio/†


AGRADECIMIENTO

Gracias a Alejandro Daniel Machado, uno de los grandes especialistas en edificios porteños, por su ayuda en la búsqueda de información.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la fotografía de la vista aérea de la calle Aroma, Buenos Aires, 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

EL EDIFICIO ART DECO DE JOSÉ M. MORENO 122 Y OTRAS OBRAS DE ALEJANDRO J. VARANGOT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

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La Argentina siempre consideró a Europa como un espejo en el cual reflejarse. Entonces, así como a principios de siglo dio una ferviente bienvenida al Art Nouveau, tres décadas después recibió con sumo beneplácito al Art Déco, cuyo alcance se había extendido también a las grandes urbes de Estados Unidos.

Los cines y teatros porteños fueron los primeros en elegir el Art Déco para vestirse de gala. Luego lo adoptaron bancos, fábricas, mercados y comercios, edificios y viviendas, configurando una nueva metrópolis donde las sensuales curvas del Art Nouveau convivían con las figuras simétricas del Art Déco[1].

Data de 1936 una de las obras Art Déco más curiosas de Buenos Aires, ubicada en José María Moreno 122, barrio de Caballito, frente a lo que hoy es el Instituto Universitario de la Policía Federal Argentina.

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Rodeado de edificios de líneas rectas levantados mucho después, esta construcción de seis pisos emerge con una fachada muy original definida como “puro juego de polleras, collares y tocado hecho de estrías y esferas”[2].

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Vale la pena detenerse a admirarla. En el segundo y tercer piso hay listones verticales de diverso tamaño que producen una sensación de ondulación y, hacia el centro, dos filas de discos que se van reduciendo de tamaño a medida que ascienden. Un diseño parecido se observa en el sexto piso que se continúa en su curiosa torre.

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Precisamente, esa suerte de torre poliédrica es quizás su detalle más llamativo. Se la observa aún desde la concurrida esquina de las avenidas José María Moreno y Rivadavia, ubicada a unos 150 metros. Este curioso remate, al observar el edificio de frente, nos recuerda vagamente las pirámides mayas de Tikal, en Guatemala, que algunos habrán visto en la primera película de la Guerra de las Galaxias.

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El experto Mario Sabugo -cita el historiador Germinal Nogués- afirma que los discos de la fachada “se expanden y multiplican en las ciento sesenta y cuatro esferas de cemento armado que, dispuestas sobre sus diversos diámetros acompañan el carácter ascendente de la composición”[3]. Todos estos detalles Art Déco sugieren poder, elegancia y movimiento.

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 ACERCA DE ALEJANDRO J. VARANGOT, SU CREADOR

Entre los cultores más destacados del Art Déco en Argentina se encuentran los arquitectos Alejandro Virasoro y los hermanos Andrés y Jorge Kálnay.  Sin embargo, el edificio de José M. Moreno 122 proviene de un ingeniero, Alejandro J. Varangot, quien es conocido por algunas de sus obras.

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Su edificio más importante es el Edificio Antonio Pini, ubicado en Diagonal Norte Roque Sáenz Peña 875/99, esquina Sarmiento, ubicado en el barrio porteño de San Nicolás, que es lo mismo que decir pleno Centro.

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La entrada se ubica en una esquina triangular en la cual Varangot ubicó dos enormes águilas, que sirven de ménsulas. En el blog del historiador Alejandro Machado, Laura Varangot, nieta del creador del edificio, dejó un comentario con un detalle muy interesante: “Si se observa sobre las figuras de las dos águilas, en el centro, hay un relieve de una cara con melena de león. Esa era la cara de mi abuelo, o sea, la firma de su magnífica obra”[4]. Este detalle se ve en el balcón del segundo piso.

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De paso, todos los artículos de Alejandro Machado son excelentes y a los amantes de Buenos Aires recomiendo seguir su blog.

Otra curiosa obra de Varangot es el Mausoleo Social del Centro Gallego[5], hoy conocido como Panteón Social, de estilo románico, ubicado en el Cementerio de la Chacarita, calle Nº 33 y 50. Hay datos interesantes de esta obra, proporcionados por Hernán Vizzari, quien se ha dedicado a estudiar el patrimonio funerario porteño, que Miguel Jurado ha recogido en una nota periodística: “Este edificio es de 1929 y está inspirado en la Colegiata de Santa María del Sar de Santiago de Compostela. Tiene gárgolas con los escudos de las provincias gallegas. Además, cuando se puso la piedra fundamental, enterraron cuatro cofres con tierras de Pontevedra, La Coruña, Lugo y Orense”[6].

En la Plaza Almagro, ubicada en el corazón del barrio homónimo, frente al bajorrelieve de El Fauno[7], creado por César Sforza y adquirido e inaugurado por la desaparecida Municipalidad de Buenos Aires, se encuentra “Monumento a la Bandera de la Plaza Almagro”, diseñado por Varangot. Consiste en un alto mástil sobre cuya base se apoyan dos águilas de bronce de grandes alas. La forma geométrica de las aves es propia del Art Déco. La obra fue inaugurada el 18 de noviembre de 1938 y las águilas fueron realizadas gracias a una colecta vecinal[8].

Finalmente, identificamos una obra más suya, el edificio de Guido 1725, en Barrio Norte. Estas obras nos recuerdan que los porteños somos deudores creadores como el Ingeniero Alejandro J. Varangot, que han hecho de Buenos Aires, una de las ciudades más lindas y diversas del mundo.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


ALGUNAS IMÁGENES ADICIONALES DEL EDIFICIO DE JOSÉ MARÍA MORENO 122

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BONUS: QUÉ ES EL ART DÉCO

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Con el Art Déco sucede algo curioso: se lo reconoce a simple vista, pero cuesta definirlo. Por ejemplo, Jonathan Glacey en su “Historia de la Arquitectura”, prologada nada menos que por Norman Foster, dice que “se caracteriza por la utilización de materiales lujosos, motivos estilizados y formas modernas”[1]. Podríamos decir que ofrece una definición indefinida

La mayoría de los expertos fija como punto de inicio del Art Déco a la Exposición Universal de las Artes, celebrada en París en 1925. Se manifestó allí en diferentes expresiones artísticas, tales como el diseño gráfico y textil, los objetos decorativos, la pintura, la escultura y la arquitectura.

Para entender su nacimiento corramos las agujas un poco más atrás. A fines del siglo XIX impactó en Europa un innovador movimiento artístico que recibió nombres diversos según la forma y el país donde se desarrollara: Art Nouveau (Francia), Jugendstil (Alemania), Sezession (Austria), Modernismo (España), Liberty (Italia). Este movimiento rompiendo con el academicismo dominante, intentaba llevar el arte a todas las cosas y personas.  De todos ellos, el más extendido fue el Art Nouveau. Se caracterizaba por el uso profuso (a veces también confuso y difuso) de un elevado número de elementos naturales, generalmente florales, delgados, alargados y entrelazados mediante líneas curvas, junto a la inclusión de imágenes femeninas etéreas con abundantes pliegues en sus ropas y ondas en sus cabellos. Pura sensualidad y sensualidad pura.

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El Art Déco llegó para superar el Art Nouveau, reduciendo la cantidad de detalles y simplificando el trazo de las líneas. Sus diseños eran mucho más geométricos. Sin prescindir de la belleza, se podría decir que aplicó la fórmula “menos es más” sobre el estilo anterior. Se extendió más allá de Europa, apoyado en la idea de la simetría y proponiendo diseños más anchos y menos abigarrados, que comunicaban al mismo tiempo elegancia y solidez. Un buen ejemplo serían los rascacielos de New York, como el Edificio Chrysler y el Empire State.

Más allá de nuestras especulaciones, todos los expertos están de acuerdo en aceptar que el Art Déco fue el puente entre el academicismo y el eclecticismo dominantes en la Vieja Europa y el racionalismo que cobraría auge a mediados del siglo XX.

Entre las características fácilmente observables de Art Déco, encontramos:

  • Preferencia por las formas piramidales (evidenciado, por ejemplo, en los rascacielos neoyorquinos o en los detalles ornamentales de muchos edificios)
  • La geometrización de las formas, incluyendo zigzags, espirales, rectas, guirnaldas, líneas onduladas.
  • Relieves en las superficies planas, creando texturas y juegos de luces y sombras

Resumiendo, la estética de cualquier diseño Art Déco comparado con uno Art Nouveau, no importa el campo en el que se realice, es más sencilla, geométrica, simétrica, sólida y “limpia”. Fue un avance de la razón frente a la sensualidad del fin de siglo europeo, sirviendo de precedente al racionalismo que lo sucedió.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Años después se renunciaría a la ostentación y al refinamiento para dar lugar a la sobriedad del racionalismo.

[2] Böhm, Mimi, Grementieri, Fabio (texto) y Verstraeten, Xavier (fotografía), “Buenos Aires, Art Déco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, Buenos Aires, Argentina, 2008, p.192.

[3] Nogués, Germinal, “Buenos Aires Ciudad Secreta”, Editorial Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

[4] Machado, Alejandro, http://fotosbaires.blogspot.com/2011/10/una-de-las-maravillas-arquitectonicas.html

[5] Galicia, Revista del Centro Gallego, Año XVII, nº198, junio 1929, p.7

[6] Jurado, Miguel, “En la ciudad de los muertos”, Clarín Digital, https://www.clarin.com/ciudades/Ciudad-Muertos_0_B1kb6POpwXg.html

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.24

[8] Ierardo, Esteban y Navarro, Laura, “Buenos Aires Desconocida” https://www.facebook.com/buenosairesdesconocida/photos/a.118050948343486.23666.117908258357755/403049713176940


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REFERENCIAS

[1] Glacey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, Buenos Aires y Barcelona, 2001, p.160


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