CHACABUCO 855: UNA PERLA DEL MODERNISMO CATALÁN EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todas las personas el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Emblemático edificio art nouveau de Jules Lavirotte, en la 29, avenue Rapp, París

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surgió Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolló su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de todos los cánones conocidos hasta ese momento.

Casa Milà de Antoni Gaudí, Barcelona, España

EL EDIFICIO ANEXO AL CASAL DE CATALUNYA

Tiempo atrás publicamos en nuestro artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” presentando dos obras de inspiración gaudiana de Eduardo S. Rodríguez Ortega.

Palacio de Los Lirios, avenida Rivadavia 2031, Buenos Aires, por el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega

Ahora presentamos otro edificio, cuya fachada también se encuentra influida por el modernismo catalán. Nos referimos al edificio anexo al Casal de Catalunya en Buenos Aires.

Casal de Cataluña en Buenos Aires, fachada neogótica catalana de 1936
El artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” puede leerse haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/11/21/gaudi-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

Los Casals son asociaciones comunitarias que congregan a los catalanes que residen fuera de Cataluña. Reciben apoyo oficial de la Generalitat de Cataluña desde su Secretaría de Asuntos Exteriores. El de Buenos Aires es el más antiguo en el mundo.

El 12 de junio de 1886 se fundó el Centre Català en Buenos Aires que posteriormente se convirtió en el Casal de Catalunya de Buenos Aires[1]. Su actual emplazamiento, en la calle Chacabuco 875/863 entre la avenida Independencia y la calle Estados Unidos, se debe a la generosidad de don Lluís Castells y su esposa Elisa Uriburu, quienes en 1889 compraron el terreno y lo cedieron por tiempo indefinido para que se construyera allí el edificio primitivo, donde comenzaron a funcionar instituciones comunitarias[2].

UN EDIFICIO DE DOS FACHADAS

En 1909 el matrimonio Castells adquirió un terreno lindante, de siete metros de frente y sesenta y tres metros de fondo, correspondiente a Chacabuco 855. Allí decidieron construir un edificio de dos plantas y cederlo a su colectividad. Aunque no nos interesa centrarnos en el primer edificio, que es el más grande y conocido, sino en este edificio anexo, necesitamos continuar la historia para entender las preguntas que nos plantea.

Fachada del edificio de Chacabuco 855

Según el Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo que declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional, un año después, en 1910, se unificaron los dos edificios, tirando abajo medianeras. También de acuerdo con el mencionado decreto, en 1920 se amplió la planta alta quedando la fachada del Casal como en la actualidad[3].

Sin embargo, según un artículo que Sergio Kierman publicó en el suplemento m2 del diario Página12, las reformas no tuvieron lugar en 1910 ni en 1920, como dice el decreto, sino en 1936, coincidiendo con el cincuentenario de la institución[4]. Además, incluyeron la remodelación total de la fachada del edificio principal y de los accesos. Resumiendo, ambos edificios fueron unidos por dentro, formando un único complejo interior con dos fachadas. Por lo que hemos podido averiguar, el proceso de transformación se había iniciado en 1828 y tomó varios años. Las obras pudieron completarse gracias al mecenazgo del Sr. Ferrán Fontana. 1936 es la fecha aceptada y reconocida de la reinauguración del edificio.

Nótese que el Casal cuenta con más de 5,000 m2 donde se distribuyen varias dependencias, como el Teatro Margarita Xirgu, el Salón Blanco, la Sala Gaudí (dedicada a exposiciones, conferencias y juegos de salón), otras salas, oficinas administrativas y hasta un restaurante. La escalera de honor es sencillamente espectacular.

EL EDIFICIO DE CHACABUCO 855: EL MODERNISMO CATALÁN DICE PRESENTE

Mientras el edificio original adoptó el estilo neogótico catalán, la fachada del anexo muestra la belleza propia del modernismo. En ella se percibe la innegable influencia del brillante arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner; sin embargo, numerosos detalles también evocan al genial Antoni Gaudí.

Le pedí al arquitecto catalán Antonio Lora Rubio, profundo estudioso del modernismo, que comentara sucintamente esta fachada: “Evidentemente Gaudí no estuvo en Buenos Aires, pero sí su legado, su estilo mediterráneo, lleno de luz, su geométrica y su religiosidad. En esa fachada el arquitecto remarca el balcón central, acentuando con cerámica de colores en la parte superior, muy típico del carácter religioso de Gaudí, y una simétrica escalonada de su coronación le da la solemnidad con el escudo. Aunque es una construcción pequeña, se ven elementos modernistas simples, pero prácticos y resolutivos, igual que el ideario de Gaudí; cuando le preguntaban por su estilo, él contestaba que sólo se dedicaba a imitar la geometría de la naturaleza: simple, práctica y resolutiva, pero sin perder la belleza”.

Aunque por dentro forma parte del complejo -aloja la Biblioteca Pompeu Fabra-, la fachada del edificio de Chacabuco 855 tiene una identidad propia que lo hace único.

LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA

Un detalle interesante lo extraemos de la misma nota de Sergio Kierman: además de documentar la cuidadosa restauración del edificio en 2005 a cargo de los arquitectos Fernando Mosquera y Pablo Ojeda, detalla en forma específica la de la fachada de Chacabuco 855. Su descripción es muy completa: menciona grietas en su coronamiento, daños en el balcón de tres ventanas y roturas en los ornamentos que obligaron a los restauradores Laura Basterrechea y Alberto González, una vez consolidado el muro con llaves empotradas, “a hacer moldes y reconstruir motivos, a la vez que limpiaban y lavaban”.

La nota también revela sorpresas: “sus muros laterales alguna vez fueron azules, con una base de cobalto que se destiñó con los años hasta desaparecer… sus mosaicos, que vistos desde la calle parecían simples azulejos o mayólicas, resultaron ser vidrios. Las superficies en oro estaban compuestas por teselas que eran un sandwich de vidrios y oro, imposibles de reproducir”. Gracias al minucioso trabajo de los restauradores el anexo recuperó el esplendor original de sus detalles.

ACERCA DE LOS CONSTRUCTORES

Los nombres de sus constructores, R. Pauli y J. Coll, aparecen grabados en el frente del edificio de Chacabuco 855.

Prácticamente no sabemos nada de ellos. Las únicas referencias a “R. Pauli y J. Coll” las encontramos en un Anuario Kraft de 1913 donde son mencionados como “empresa constructora de obras”[5]. Una de las citas se acompaña con la dirección Chacabuco 822, en la misma cuadra del Casal pero de la mano de enfrente. Inmediatamente debajo, se habla de “Paulik y J. Coll”, acaso un error tipográfico pues más adelante se menciona a “Paulik y J. Coll” como “constructor de obras” (sic)[6], junto a la dirección José Mármol 772[7]. Al momento de escribir este artículo hay allí un taller mecánico y la puerta de ingreso a una vivienda muy sencilla que parece construida varias décadas después.

En ningún momento aparece el primer nombre de R. Pauli, pero sí aparece el de Jaime Coll[8], constructor, con la misma dirección de Chacabuco 822[9]. En ese sitio hay actualmente un edificio de departamentos y en el 824/28 una casa antigua sin identificación de sus constructores.

El ENIGMA DE LA FACHADA

Aún más incierto es el nombre del arquitecto que diseñó el bellísimo frente del edificio de Chacabuco 855.

En la fachada del edificio principal remodelado en 1936 aparecen dos inscripciones: una que dice “Carrizo Rueda y Devito Constructores” y otra que indica que Julián García Núñez y Eugenio Campllonch fueron los arquitectos. Esto agrega confusión pues no determina el rol que cumplió cada uno.

La información en los libros suele ser confusa o carece de evidencias que la fundamenten. Por ejemplo, la “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes” atribuye la “remodelación 1928/1936” a Eugenio Campllonch y Julián García Núñez[10] sin establecer la contribución individual de los arquitectos.

Otro ejemplo se encuentra en el magnífico libro visual “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story” de Anat Meidan que adjudica la fachada de Chacabuco 855 a Julián García Nuñez sin ninguna explicación[11].

Uno de los volúmenes del IPU (Inventario de Patrimonio Urbano) dedicado a San Telmo, solo dice “Remodelación: Eugenio Campelonch, arq. Pauli y Coll, empresa constructora”[12] sin mencionar a García Núñez.

Supuestamente El Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo, citado anteriormente, debería ser una fuente fidedigna, pues declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional. Allí se lee: “en el año 1910 se unifican ambos edificios estando la obra a cargo del arquitecto catalán Eugeni Campllonch y del arquitecto argentino Julián García Núñez… “

En vista del caos imperante, decidimos ir a la fuente. Elevamos la consulta al Casal de Catalunya en Buenos Aires cuya lacónica respuesta, enviada por don Javier López Granda a quien mucho agradecemos, comparte nuestra perplejidad “lamentablemente los datos que tenemos son aproximadamente los mismos que usted dispone”[13].

QUÉ PODEMOS SABER

En primer lugar, el arquitecto catalán Eugeni Campllonch i Parés había emigrado a la Argentina en 1910[14], así que definitivamente no podemos atribuirle el diseño sin caer en un anacronismo. Sí le corresponden la espléndida reforma al interior del edificio y la fachada neogótica que adquirió el edificio principal en 1936.

En segundo lugar, el arquitecto modernista argentino Julián García Nuñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona bajo de dirección del arquitecto Lluís Doménech i Montaner quien influyó poderosamente en su estilo. Además, coincidió con el apogeo de Gaudí. García Nuñez regresó a la Argentina en 1903; desde ese año hasta 1915 produjo obras con la impronta del modernismo catalán, entre ellas el viejo edificio del Hospital Español de Buenos Aires (1906) y el famoso edificio de Chacabuco 78 (1910). Luego, la influencia de otra vertiente del modernismo, la Sezession vienesa, impactó en sus diseños[15]. Para nuestros fines, un dato relevante es que abandonó la profesión en 1931[16].

Finalmente, sabemos que Eugeni Campllonch y Julián García Núñez eran amigos. Cuenta Florencia Barcina en un trabajo de investigación dedicado a Eugeni Campllonch: “Sabemos por relatos de Julián Bosch, nieto de García Núñez, que el matrimonio Campllonch siempre estaba presente en las reuniones y fiestas de cumpleaños de su familia y que ambos arquitectos cultivaban una fuerte amistad”[17].

Por todo lo expuesto, aunque es imposible hacer afirmaciones definitivas, es probable que la fachada de Chacabuco 855 del año 1909 sea creación de Julián García Núñez y queEugenio Campllonch haya sido el responsable de la gran reforma de 1936. Además, es difícil que García Núñez haya participado en ella debido a la fecha de su temprano retiro.

Siempre en el plano de las conjeturas, adhiero a lo expresado por Florencia Barcina en su investigación: “podemos pensar que la firma conjunta fue una elección de los dos amigos para unificar sus obras y unir sus nombres en la fachada de una institución muy especial para ambos. Esta teoría parece estar abonada por el hecho de que la fachada de 1936 tiene muchas coincidencias con la obra de Campllonch de principios de siglo. El neogótico elegido, la composición simétrica con el alero central cubriendo la loggia y las dos torres laterales, recuerdan mucho a una de las fachadas de la Casa Vidal Folquet de Villafranca y a la Casa Franquesa de Girona, si bien con mucha más ornamentación de carácter alegórico y una presencia de mayor seriedad dado su carácter institucional”[18].

Permanece el misterio de la autoría, pero, mucho más importante, aún perdura la belleza de ese pedacito de Cataluña en el corazón de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Alejandro Machado por la valiosa información que me compartió y las acertadas observaciones que, incluso, me llevaron a modificar el título del presente artículo. Recomiendo visitar su blog “Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras” que se encuentra en http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2009/10/indepedencia-2442-50-casa-propia-de.html

También quiero hacer extensiva mi gratitud al joven y brillante arquitecto catalán Antonio Lora Rubio quien ha hecho una exhaustiva investigación de casas modernistas en su país (aún no publicada) y ha dado recientemente conferencias en la Universidad de Oviedo, España y en la Universidad de San Antonio Abad, Cusco, Perú sobre casas de indianos.


REFERENCIAS

[1] “Comunidades Catalanas en América Latina”, Agencia INCAT, 7/11/2013, https://web.archive.org/web/20141019203948/http://www.agenciaincat.la/?page_id=705

[2] “Institucional – Sobre el casal”, Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina http://www.casal.org.ar/es/sobre-el-casal/institucional/

[3] Decreto 1163/2014 “Monumentos Históricos Nacionales y Bienes de Interés Histórico Artístico”, Poder Ejecutivo Nacional, República Argentina, 22/7/2014 https://web.archive.org/web/20141025220404/http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/230000-234999/232823/norma.htm

[4] Kierman, Sergio, “La vuelta del casal”, m2, Diario Página12, 20/08/2005, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-761-2005-08-20.html

[5] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.770, 1667

[6] “Anuario Kraft”, 1913, p.1790

[7] “Anuario Kraft”, p.1137

[8] Hay un Ing. Jaime Coll, recordado por una calle en Bragado, fundador de la empresa Acerbrag, fallecido en 1986. Desconocemos si es descendiente del constructor, 

[9] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.566

[10] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.82

[11] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.8,9,124,125

[12] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.66,67. El apellido Campllonch aparece tal cual transcribimos, Campelonch

[13] Mail recibido el 9 de marzo de 2020.

[14] Barcina, Florencia; Op. cit., p.17

[15] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109,110

[16] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Op. cit., p.112

[17] Barcina, Florencia, “Eugeni Campllonch i Parés: el arquitecto que desaparece”, Cataluña y Argentina, vínculos en el arte y la arquitectura, Documentos de Trabajo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo Grupo de Investigación de Arquitecturas Hispánicas (GIAH), Universidad de Belgrano, Nº 312, mayo 2016, p.19

[18] Barcina, Florencia, Op. cit.,p.19,20


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EL PASAJE HUGO DEL CARRIL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Detrás del flanco sur de la Estación Flores encontramos un colorido pasaje. Tiene una sola cuadra que corre entre las calles Bolivia y Artigas, y aunque hay espacio para que circule un vehículo, funciona como peatonal. De un lado se encuentra el magnífico edificio de la estación, que a la vez sirve de entrada al andén; del otro, sobresalen las medianeras de edificios de departamentos cuyas bases están decoradas con trocitos de cerámica esmaltada. Es el pasaje Hugo del Carril.

SIN TREN NO HAY PASAJE

A principios de 1854 la Sociedad Anónima del Camino de Fierro del Oeste obtuvo la concesión del primer ferrocarril argentino. Fue inaugurado el 29 de agosto de 1857. Partía de la Estación Parque (donde actualmente se encuentra el Teatro Colón) hasta la Estación Floresta[1]. La anteúltima parada era Flores.

No hizo falta expropiar los terrenos donde circulaban los trenes. Respondiendo a una solicitud del gobierno sus legítimos dueños cedieron voluntariamente pequeñas lonjas de tierra casi sin reparos[2]. Tal fue el caso de Inés Indarte de Dorrego, quien entregó un sector de su propiedad para la primera Estación Flores que fue ubicada sobre la calle La Paz (actual Caracas). Sin embargo, en 1863 un estudio determinó que la estación se encontraba en un pronunciado declive y que debía ampliarse para minimizar riesgos. Como Mariano Miró, yerno y heredero de Inés Indarte de Dorrego, se negó a ceder ese espacio, la estación tuvo que ser trasladada[3].

La Municipalidad de Flores[4] compró un terreno con las condiciones requeridas al vecino Ramón Romero. Luego lo ofreció a la Provincia de Buenos Aires quien el 5 de septiembre de 1863 decretó su aceptación y el traslado de la estación[5]. Ubicada en su nuevo emplazamiento en la calle Artigas comenzó a operar en enero de 1864

LOS JARDINES Y EL NACIMIENTO DEL PASAJE

En 1882 una ampliación en el tramo Once – Floresta obligó a hacer un rediseño integral de la estación. La obra fue inaugurada en 1885 proveyéndole su actual fisonomía[6]. Además de las vías férreas y los nuevos andenes se erigió un magnífico edificio del lado sur. Delante suyo se crearon jardines que daban a la calle Yerbal, de la cual estaban separados por una reja con tres accesos.

En 1890 los ferrocarriles pasaron a manos del consorcio británico Buenos Aires Western Railway. En 1923, a causa de la electrificación del servicio, los andenes fueron elevados. Con la nacionalización de los ferrocarriles ocurrida el 1º de marzo de 1948 el Ferrocarril del Oeste pasó a llamarse Domingo Faustino Sarmiento[7].

Por razones que desconocemos, entre 1945 y 1947 se loteó y se vendió el área parquizada que daba a la calle Yerbal. Según un trabajo de investigación de Federico Fiorini en el cual nos hemos apoyado, la venta se realizó entre el Ferrocarril del Oeste y propietarios particulares, apareciendo también entre los compradores el Estado argentino, que adquirió en ese momento la parcela más grande, que corresponde al actual pasaje Hugo del Carril[8]. Además, indica que aquella plaza desapareció “en algún momento entre los relevamientos topográficos de 1940 y 1965”[9].

Los edificios que se levantaron sobre el pequeño parque que daba a la calle Yerbal, cuya altura promedio es de cinco pisos, prácticamente crearon el pasaje que del otro lado tiene el magnífico edificio de la estación. Lamentablemente esas mismas construcciones dejaron oculto ingreso al ferrocarril y privaron a los vecinos de un área verde en diagonal a la Plaza Pueyrredón, más conocida como Plaza Flores.

DEL EMPEDRADO Y LA MALA FAMA AL CONJUNTO DE HISTORIA, ARTE Y COLOR

La franja adquirida por el estado argentino se convirtió naturalmente en la calle de acceso a la Estación Flores. El pasaje Hugo del Carril, cuyas entradas se encuentran en Artigas 142 y Bolivia 123, quedó ubicado entre la calle Yerbal y los rieles del Ferrocarril Sarmiento. Pasó a ser el lugar obligado de tránsito para miles de personas. Mostraba un incesante movimiento de día y una alta peligrosidad de noche. Sin embargo, ni siquiera tenía nombre. Lo recuerdo con su viejo adoquinado gris, sucio y a veces maloliente, poblado de vendedores ambulantes y de pasajeros que entraban y salían.

Sin embargo, el siglo XXI trajo cambios inesperados que revitalizaron ese espacio oscuro y despreciado.  El primero de ellos fue otorgarle un nombre. El 12 de julio de 2007 por la ley 2,383, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le asignó el nombre “Hugo del Carril” homenajeando al famoso cantante de tango nacido en el barrio de Flores.

Además, tras años de reclamos por parte de los vecinos, en 2014 el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dispuso la puesta en valor del pasaje. ¿Qué significaba? Realizar un conjunto de acciones que permitiera revalorizar esta vía peatonal, considerándola parte del patrimonio histórico y cultural de Flores.

En 2015 se inició la profunda transformación del pasaje. Se levantó el empedrado, se crearon una acera embaldosada y una calzada revestida de cerámicas separadas mediante monolitos y, sobre los muros posteriores de los edificios vecinos se reemplazaron los graffiti por murales de mosaicos esmaltados.

La renovación del pasaje fue parte de un programa de la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana del Gobierno porteño, de la Dirección de Participación Ciudadana y de la Comuna 7, entre cuyos comuneros de aquel momento se encontraba nuestro primo José Atamian, quien falleció en 2019 y recordamos con mucho cariño.

EL ARTE COMO CORAZÓN DEL PASAJE

Siguiendo el diseño de Marino Santa María, el mismo que realizó la famosa intervención de la calle Lanín en Barracas, se crearon una serie de postales gigantes utilizando trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventada por Antoni Gaudí, y mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Esta técnica, adoptada por el artista en 2005, ha dado identidad a muchas de sus obras.

Bajo la dirección del propio Santa María el trabajo fue realizado en un lapso de tres meses por los mosaichistas (sic) Patricia Veras y Ariel Ferrazzano con la asistencia de Angélica López Alberti, Martín Romuzzi y Walter Corimayo.

Los motivos de los murales de mosaico incluyen a la primera locomotora que operó en la Argentina, “La Porteña”, que pasaba por la Estación Flores, al poeta Baldomero Fernández Moreno, al papa Francisco y naturalmente a Hugo del Carril, todas celebridades nacidas en el barrio.

En la ornamentación del pasaje también colaboraron las autoridades y alumnos del Escuela Técnica Fernando Fader, ubicada en el pasaje vehicular “La Porteña”, vecino a la estación.

Lamentablemente el mural de Hugo del Carril, instalado en la medianera de mayor altura tuvo problemas atribuidos al calor generado por una pizzería lindante[10]. Sin embargo, el pasaje ha mantenido su nueva y luminosa imagen y también ha permitido una mejor vista del edificio de la estación, que luce limpio y bien pintado a la fecha de nuestra última visita.

QUIÉN FUE HUGO DEL CARRIL

Nacido en 1912 en la avenida San Pedrito 256[11] del barrio de Flores, se dedicó a diferentes labores artísticas, descollando como cantante de tango y también como actor. Su consagración llegó con la histórica grabación que realizó en 1949 de la Marcha Peronista, a pedido del propio presidente Perón. En 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Falleció en 1989. Lo escuchamos cantar por televisión en nuestra niñez y lo recordamos como poseedor de una poderosa voz, una gran sonrisa y un impecable cabello corto engominado, muy al estilo de Grandes Valores del Tango. Hugo del Carril fue su seudónimo artístico; su verdadero nombre era Piero Bruno Hugo Fontana Bertani.

ANÉCDOTAS Y LEYENDAS

En una entrevista realizada a Ángel Prignano, vecino de Flores, encontré un sabroso relato que tiene que ver con el cantante y el barrio: “Hay una leyenda de Hugo del Carril que cortejaba a una muchacha que vivía en el Pasaje Renán al 1200, en las llamadas casitas municipales. Se apoyaba en un árbol chiquito para cantarle a la chica su serenata y dicen los vecinos que ese árbol se puede ver hoy que creció inclinado hacia la calle porque Hugo cantaba apoyado en el árbol hacia la ventana de la mujer”[12].

Otro dato que obtuve es que el pasaje de noche era tan peligroso que algunos lo apodaron “Emboscada” y que un grupo delictivo para convocarse allí sin delatarse usaban una expresión sonora parecida, “Nuez Moscada”.

Además, escuché una curiosa anécdota contada por un conocido que vive en la calle Bacacay:

Ya había oscurecido. Una banda de ladrones de poca monta estaba reunida cerca de la salida de la calle Bolivia. Mientras conversaban vieron pasar por el pasaje a un vendedor de golosinas con una carretilla. Entre el jefe de la banda y el trabajador se generó un diálogo que adapto:

– Pasá tranquilo. No te vamos a hacer nada porque nos das lástima.

– Los que dan lástima son Uds…

– ¡Cómo te atrevés! ¿Quién te creés que sos?

– Yo estuve ahí donde están Uds… Me agarró la “yuta” y tuve que pagar dos años. Cuando volví, mi hija me preguntó si iba a volver a lo mismo. Me dijo: “Porque si es así, me voy, no quiero perderte de nuevo”. ¿Uds. tienen hijos?

Se hizo un silencio sepulcral. El vendedor siguió su camino.

Al día siguiente el hombre iba ofreciendo chocolates por el pasaje cuando se le acercó uno de la banda y le rogó:

– Decime cómo hiciste.

Esa noche los vieron entrar a juntos en una iglesia evangélica sobre la calle Alberdi.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.31

[2] Fiorini, Federico, “Estación Flores: El progreso oculto”, HISBA, Lupano, 2013, Grupo 2, p.6 en nuestra separata; en la publicación la página lleva impresa el número 65. Los propietarios no cedieron la tierra por generosidad sino por conveniencia pue la llegada del ferrocarril aumentaba automáticamente el valor de sus terrenos.

[3] Fiorini, Federico, Op. cit., p.6 (65); en el original da como año 1853, pero se trata de un error.

[4] Flores era en aquel entonces un municipio cuya cabecera estaba en el actual barrio. que aún no era parte de la ciudad de Buenos Aires, sino un pueblo independiente. Recién en 1888 el pueblo de Flores fue anexado a la Ciudad de Buenos Aires cuya Provincia ya se había integrado a la Confederación Argentina en 1859.

[5] Fiorini, Federico, Op. cit., p.7 (66)

[6] Fiorini, Federico, Op. cit., p.9 (68)

[7] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[8] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[9] Fiorini, Federico, Op. cit., p.5 (64)

[10] Acta Nº 47, Junta Comunal de la Comuna 7, Apartado F, 21/11/2016

[11] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.203

[12] Kisielewsky, Sergio, “Diálogos, Angel Prignano, nacido en flores, especialista en los barrios porteños”, Página12, Lunes 8 de octubre de 2012, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-205103-2012-10-08.html


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LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

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Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


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8 ESCULTURAS BIZARRAS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Aunque en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra bizarro se asocia valentía y esplendor, el uso corriente lo asocia a rareza o extravagancia. Siguiendo la acepción popular definimos como bizarras a aquellas esculturas que despiertan nuestra curiosidad por su forma extraña o su tema inusual. Presentamos aquí una breve selección. Además, lo invitamos a proponer otras obras que puedan ser incluidas en un próximo artículo.

MONUMENTO A LA COIMA

El Monumento a la Coima hace alusión al pago que se realiza bajo la mesa con el objetivo de obtener un favor de parte de un funcionario o de una autoridad. En otros países se lo llama “mordida” y es una de las modalidades más conocidas del soborno.

Poco se sabe de su historia pues no aparece en el proyecto original del edificio del Ministerio de Obras Públicas, en uno de cuyos ángulos se encuentra, ni en los planos, ni en los archivos. Tampoco se sabe a ciencia cierta quien fue su creador. Sin embargo, corre una leyenda cuya veracidad aún nadie ha podido corroborar[1].

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. Con diseño del arquitecto Alberto Belgrano Blanco[2], las obras se iniciaron en 1934 en una manzana lindante con la Avenida 9 de Julio, bajo la dirección del ingeniero Marcelo Martínez. El edificio fue terminado recién en 1936.

Se dice que el propio arquitecto Hortal, cansado de los atrasos en la construcción y de los “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó a Troiano Troiani, un artista italiano radicado en la Argentina, la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, una figura con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende su enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva. Aunque ambas aluden a los pagos informales, la segunda es conocida como el “Monumento a la Coima”.

EL MONUMENTO AL PERRO ABANDONADO

Ubicado dentro del predio del Instituto Bernasconi, el Monumento al Perro Abandonado es un canto a la desdicha del “mejor amigo del hombre” abandonado por sus dueños. Fue creado por la artista plástica Susana Casanovas en granito.

En su base hay una placa colocada por el M.A.P.A. (Movimiento Argentino de Protección al Animal) que dice 1997-29-4-1999 en recuerdo del Día del Animal que se celebra los 19 de abril. 1997 refiere al año de su emplazamiento y 1999 al año de colocación de la placa. Dice su autora “Cuando en el acto fue destapado, los chicos lanzaron una expresión que me emocionó. Me costó dejarlo, pero me tuve que despedir. Mi perrito iba a estar rodeado de chicos, y eso me gustó”[3].

Nos apena que esta obra se encuentre escondida. No conocemos otros monumentos similares, aunque sabemos que en la ciudad de México existe el Monumento al Perro Callejero desde 2008. En Argentina, hemos conocido personas dedicadas a rescatar perros abandonados y darlos en adopción.

EL CRISTO ANCIANO DE LA RECOLETA

La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Cristo. El Nuevo Testamento cuenta que Jesús, tras resucitar, pasó unos cuarenta días con sus discípulos tras los cuales ascendió a los cielos[4] prometiendo regresar. ¿Qué edad tendría? Dice el evangelio de Lucas que al empezar su actividad pública “era como de treinta años”[5]. Si, como según se cree, participó de tres pascuas, entonces, tendría unos 32 o 33 años cuando fue crucificado. De allí viene la famosa frase “Treinta y tres. La edad de Cristo”. Este apacible Cristo anciano rompe con la perspectiva tradicional: presenta a un Jesús resucitado prolongando su vida terrenal.

Su nombre original es “Redentor” y ocupa en el corazón del cementerio de la Recoleta, por eso se lo llama también “el Cristo Central”. Posee una larga barba, una gran entrada en la frente y una larga cabellera por detrás.  

Hecha en bronce e inaugurada en 1914, es obra del escultor argentino Pedro Zonza Briano[6], formado en Europa, cuya obra tuvo alcance internacional. Buenos Aires luce otras esculturas suyas como “Flor de juventud” en el Rosedal, el Monumento a Leandro N. Alem y un busto a Lucio Correa Morales[7].

EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Cuenta Nicolás Gutiérrez que “en 2010 se llevó a cabo el Proyectos Mamas, que procuró por medio del arte escultórico concientizar a la población sobre la necesidad de adoptar todas las medidas preventivas en pro de la lucha del cáncer de mama[8]. 30 torsos femeninos fueron intervenidos artísticamente y vendidos para recaudar fondos para la lucha contra este doloroso mal. Una de las piezas, decorada por el famoso artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, fue adquirida por la firma Vopak junto a la Embajada de los Países Bajos y colocada en su actual ubicación, la plaza Reina de Holanda.

Este tipo de intervenciones se han realizado en otras partes del mundo con distinto propósito. Nosotros hemos escrito acerca de una de estas iniciativas, Las Meninas en las calles de Madrid, impulsada por Antonio Azzato[9].

Paradójicamente lo que nos atrajo de esta obra es la sensación de desagrado al contemplarla. Como obviamente la lucha contra el cáncer de mama demanda prevención, quizás el artista se propuso alertarnos, aplicando pinturas colorinches sobre formas exageradas sobre la mitad superior del cuerpo. Si ese fue el caso, es probable que haya logrado su propósito. Los choques nos sacuden y nos enseñan.

GARDEL ALIENÍGENA

Muchos turistas al visitar San Telmo no resisten la tentación de tomarse una foto con esta estatua de Gardel color verde marciano con unas antenas rematadas por un par extra de ojos saltones sobre la cabeza.

El zorzal criollo extraterrestre en tamaño real se apoya sobre un buzón en la calle Defensa y Cochabamba, dando la bienvenida a la Galería del Asombro. Es obra del artista plástico Gerardo Bernstein, quien además maneja aquella galería. El creador del Gardelalien afirmó “puse a Gardel allí porque es un cantante de otro mundo”[10].

EL MONUMENTO AL TAXISTA

En Buenos Aires, hasta donde conocemos, no existe un Monumento al Ingeniero, al Científico o al Médico, pero curiosamente en Puerto Madero sí se encuentra el Monumento al Taxista, un infaltable personaje porteño que ahora se ve amenazado por los Uber. Está ubicado en la calle Macacha Güemes entre la Avenida de los Italianos y la Costanera, cuyo nombre oficial es Avenida Intendente Hernán M. Giralt.

Apoyado sobre un viejo Siam Di Tella un chófer luce canchero, orgulloso de su máquina en tamaño real. Aunque por su color cobrizo parece metálico, la obra (vehículo, conductor y piso) es de cemento patinado[11]. Al costado, en la base, hay una placa que explica que es una donación del Sindicato de Peones de Taxi a la Ciudad de Buenos Aires. Este original homenaje a sus afiliados fue inaugurado en 2012.

El Monumento al Taxista es obra del artista plástico y abogado Fernando Pugliese, quien ha recreado varios personajes de historietas y artistas populares en esculturas emplazadas en distintos sitios del Centro, incluyendo la de Minguito sobre la avenida Corrientes, la de Sandro en el Gran Rex y la de Don Nicola en Puerto Madero.

ESCULTURA EN 11 DE SEPTIEMBRE Y JOSÉ HERNÁNDEZ

Una escultura de gran tamaño sin nombre que la identifique (al menos, nosotros no lo encontramos) se encuentra frente a una torre en la esquina de José Hernández y 11 de Septiembre en el barrio de Belgrano. Es la representación de un cuello y la mitad inferior de su cabeza, fragmentada con un toque Minujín; la obra comunica movimiento pues se observa un hombre trajeado y con corbata tratando de ascender por el cuello como si fuera una escalera y a otro, pero sin brazos, sentado en la parte superior.

Cuando publicamos la nota en su versión original no sabíamos quién era su autor. Gracias a Gaby Pereyra nos enteramos que la obra se llama “Amores” y es obra del escultor Carlos Affranchino y el escultor y arquitecto Abel Trybiarz. Por su volumen y la calidad de su terminación vale la pena conocerla. Tal vez, por la expresión del hemirostro, y en particular de su boca, y también por la inclinación que le da el cuello, se trata de alguien que sufre. ¿Por qué sufre? Quizás por una lucha interior. Una parte de él, la figura que está arriba, es su pensamiento establecido, mientras que el hombrecito que sube es un pensamiento nuevo, que quiere desplazar o ayudar al otro. La paradoja es que ambos hombres son muy parecidos.

HITO DE FRONTERA, ¿UN MONUMENTO ECUESTRE A LA INVERSA?

Ubicado en la Plaza Intendente Seeber, enfrente del viejo Zoológico porteño, se encuentra un enorme mulita de un amarillo rutilante sobre un auto volcado cuyas ventanas están tapiadas con ladrillos. Esta curiosa obra de arte, creación de Carlos Huffman, fue presentada en abril de 2019 en ocasión la Semana del Arte de Buenos Aires.

La idea de un armadillo gigante -que parece más bien un tatú carreta– sobre un auto dado vuelta evoca distintas situaciones. Escuchemos al artista “podría ser una estatua ecuestre invertida, con el animal arriba y el humano abajo, representado en el auto. Hay inversiones de sentido, todo lugar es una frontera si lo podés definir… me interesa mucho la idea de mundos intermedios”[12].

Se ha dicho que el hito de la frontera se encuentra entre el realismo y surrealismo; para nosotros es una suerte de realismo mágico que nos recuerda que Buenos Aires nunca nos deja de sorprender.

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REFERENCIAS

[1] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[3] “Susana Casanova Arte”, http://susanacasanovas.blogspot.com/2010/06/1997-monumento-al-perro-abandonado_27.html

[4] Evangelio de Lucas 24:50-53; Hechos 1:3,6-11

[5] Evangelio de Lucas 3:23

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.120

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.120, 853

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p..506

[9] “Las Meninas salen a la Calle”, https://pablobedrossian.com/2018/05/13/las-meninas-salen-a-la-calle-por-pablo-r-bedrossian/

[10] https://issuu.com/eltangautatango/docs/eltangauta236/10

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.510

[12] Zacharías, María Paula, “Un circuito en cinco postas: dar la vuelta a la plaza, un paseo cultural con sorpresas”, https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-circuito-en-cinco-postas-dar-la-vuelta-a-la-plaza-un-paseo-cultural-con-sorpresas-nid2236431


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LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

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BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


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LA MISTERIOSA CASA DE SANTIAGO DEL ESTERO 679-683 (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Caminando desde la Avenida Independencia por la calle Santiago del Estero, poco antes de llegar a la calle Chile aparece una curiosa construcción de dos plantas con reminiscencias medievales. Pintada de amarillo, llama la atención la fachada con un escudo, dragones, arcos ojivales y un balcón símil piedra. Todo un misterio.

No encontré ninguna descripción o documentación sobre la casa; ni siquiera aparece en el Inventario de Patrimonio Urbano de Monserrat que consulté, aunque allí se mencione la casa de enfrente (Santiago del Estero 674-678) [1]. Tampoco encontré información en “San Telmo & Monserrat”[2], un libro sobre el casco histórico de Buenos Aires, de modo que decidí iniciar mi investigación a través de los nombres de los arquitectos grabados en la fachada: Sabaté y Rubillo. Pienso que la inscripción hace referencia a Jorge Sabaté y Emilio Rubillo.

LOS ARQUITECTOS

Jorge Sabaté (1897-1991), nacido en Buenos Aires, fue una personalidad distinguida. Graduado de arquitecto en 1921 en la UBA, se dedicó a la actividad privada y pública. Entre otros logros, en 1930 ganó la Medalla de Oro en la Exposición Panamericana de Arquitectura y en 1931 el concurso para el edificio del gremio “La Fraternidad”. En 1935 pasó a laborar como Director Escenógrafo de la Compañía Argentina de Alta Comedia del Teatro Moderno. Entre 1938 y 1941 presidió la Sociedad Central de Arquitectos (SCA) y en 1941 obtuvo el Premio Municipal con el edifico de departamentos ubicado en Scalabrini Ortiz (ex Canning) 2910[3].

Posteriormente se dedicó a la función pública, teniendo un rol superlativo durante los primeros gobiernos peronistas, siendo Intendente de la Ciudad de Buenos Aires entre enero de 1952 y octubre de 1954, después de lo cual se dedicó a la actividad privada[4]. Es probable que esta obra corresponda a dicho periodo posterior.

Emilio Rubillo nació en Italia pero llegó muy joven a la Argentina. Obtuvo su título de técnico constructor en la Escuela Industrial Otto Krause y luego el de Arquitecto en la UBA en 1924[5]. Aunque no se conoce mucho de él, se destacan dos de sus obras: el Pabellón Maternidad del Hospital Iturraspe en Santa Fe (1937 – 1940) y el Hospital General de Agudos Dr. Juan A. Fernández (más conocido como Hospital Fernández) de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (1939-1949), esta obra junto a los arquitectos Francisco Achával Rodríguez y Luis E. Bianchetti[6].

No encontramos evidencias documentales que hayan trabajado juntos, pero fueron contemporáneos y no conocemos otros arquitectos con esos apellidos que hayan podido colaborar para ese diseño.

EL ESCUDO

En vista que no pude avanzar más por ese derrotero, consulté a un grupo de personas interesadas en la Heráldica; les compartí la imagen del escudo que se encuentra en la parte superior de la fachada, de forma circular, con un yelmo en el centro sobre una flor de ocho pétalos.

La respuesta fue unánime: no es un escudo de armas; simplemente se trata de un adorno. Sin embargo, también agregaron que el uso del yelmo corresponde a las familias Casco[7], Cascos y Lamich[8], entre otras. No sabemos a ciencia cierta si el escudo ornamental guarda o guardaba alguna relación con la familia que ordenó su construcción.

LA FACHADA

Finalmente, consulté a un arquitecto catalán sobre la fachada; basado en las fotografías que le envié, formuló una serie de hipótesis muy interesantes que deseo compartir:

“Sobre la casa que me envías, no tiene un estilo definido, por los elementos diría que es de origen mediterráneo oriental; sirio, libanés, egipcio, turco o quizás tunecino. La parte superior es un frontón triangular achatado o sobrebajado… esas figuras superiores son minaretes, del arte musulmán -en referencia a las torrecillas a los extremos del frontón-, pero la cruz que corona dice que son coptos, o sea de religión cristiana en territorio musulmán.

Las ventanas góticas venecianas se popularizaron por todo el Mediterráneo, incluidas zonas árabes; el balcón no es ni colonial, ni español, ya que no tiene barandillas; sólo es de decoración. La puerta principal es de medio punto con un aire morisco, igual que los frisos que remarcan los contornos de las puertas y ventanas; el escudo es morisco con un casco militar de un cruzado, y las figuras parecen ser un dragón, que protege la casa, algo muy habitual en los pueblos mediterráneos.

Por todo eso yo creo que podría ser una casa de un pequeño comerciante libanés, parte de una comunidad muy numerosa que llegó a la Argentina, sobre todo a la zona del Río de la Plata, a principio del siglo XX; la casa la dataría en la década de los 30 o 40 del siglo pasado, y el apellido Sabaté es de origen catalán”.

EL MISTERIO

Como se puede observar, son todas conjeturas. Salvo las imágenes, no tenemos aún ningún soporte documental para conocer ni el origen ni la historia de la casa (cuyo color amarillo, además, no parece ser original). Por eso, esta es una nota abierta, un texto que busca ser reescrito a partir de información provista por sus lectores. Su único mérito hasta ahora -me parece- es presentar una casa única en su especie en su barrio y, quizás, en todo Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.38

[2] Schmidt, Claudia (textos) y Pedroza, Gustavo (fotografías), “San Telmo y Monserrat – Casco Histórico de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Secretaria de Cultura, 2003

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, 2004, Tomo s/z, p.9

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., Tomo s/z, p.10

[5] Parera, Cecilia, “Arquitectura Pública: entre la Burocracia y la Disciplina – Intervenciones de Nación y Provincia en territorio santafecino durante la década del 30”, Doctorado en Arquitectura, Facultad de Arquitectura y Urbanismo, Universidad Nacional de La Plata, Octubre 2012, p.263

[6] https://www.modernabuenosaires.org/obras/20s-a-70s/hospital-general-de-agudos-dr-juan-a-fernandez

[7] https://www.heraldrysinstitute.com/lang/es/ricerca/?search=Casco

[8] https://www.armoria.info/libro_de_armoria/LAMICH.html


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL PASAJE SANTAMARINA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”  

Esta nota está dedicada a la memoria de Fabio Perlin, incansable investigador de Buenos Aires, sus detalles y arquitectura (1966-2018).

Ubicado en el barrio Monserrat, a pocas cuadras de la Casa Rosada y de San Telmo, el Pasaje Santamarina es uno de los más interesantes de Buenos Aires. Es una ancha vía peatonal privada que transcurre a cielo abierto durante la mayor parte de su trazado.

Sirve como pasillo central de un edificio en forma de L con salida a dos calles. El pasaje – al que se accede desde México 750 y Chacabuco 641– corre por dentro del cuadrante noreste de la manzana formada por las calles México, Chacabuco, Chile y Piedras.

Dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

La fachada sobre la calle México es más ancha que la que la ubicada sobre la calle Chacabuco. La construcción fue levantada entre 1914 y 1915 por el arquitecto alemán Carlos Nordmann. Posee tres plantas, ofreciendo 35 viviendas de alquiler, 17 en la planta baja y 18 en primer y segundo piso.

Un grupo de expertas explica que “el pasaje Santamarina responde a la tipología de casa de pasillo en planta baja y dos pisos altos, con viviendas en frente que alternan con patios abiertos. Su fachada afrancesada marca un eje central con la puerta de doble acceso al pasaje y dos ventanas apareadas en las plantas superiores”[1]. El arquitecto Rolando Schere agrega algo que comprobamos personalmente: “a algunas viviendas se accede directamente desde las calles exteriores, mientras que al resto se ingresa desde el pasaje, o bien a través del patio que posee cada una, o bien desde los núcleos de escaleras que llevan hasta las unidades de los pisos altos”[2]. La entrada por la calle México es la más suntuosa. Detrás del portón de hierro negro, aparecen intercalados sobre el camino al aire libre una serie de arcos en línea recta con finas molduras sobre los cuales asientan secciones del edificio.

Una palmera inclinada se ubica justo donde el pasaje gira 90º y comienza el tramo hacia la calle Chacabuco. Este brazo es más angosto, sin embargo, es un excelente espacio donde admirar las puertas y las ventanas con persianas pintadas de verde, incluyendo los balconcitos de los pisos superiores.

En esa sección hay algunos llamativos muros curvos. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero en el estudio de los pasajes porteños, nos provee un dato histórico: “al pie de la palmera se instalaba el ayudante del portero enfundado en su librea, en la década del ’20 controlando los dos accesos”[3]. El Pasaje Santamarina crea una atmósfera íntima, embellecida por macetas con diversas plantas a ambos lados y, a la vez, blindada por sus altas paredes.

La salida por la calle Chacabuco tiene algunos detalles elegantes en la fachada, como un balcón de doble puerta con persianas cubierto por un solo arco.

Con su piso de pequeñas baldosas rojas, su dulce quietud y su fragancia a barrio, el Pasaje Santamarina es uno de esos rincones de Buenos Aires que lo hacen único.

LOS DUEÑOS

El proyecto lleva el nombre del empresario orensano Ramón Santamarina (1827-1904), dedicado a la ganadería y a la administración de bienes raíces. Desde muy joven, estableció  su centro de operaciones la ciudad de Tandil, donde hoy una plaza, una avenida y un monumento llevan su nombre. En 1890 fundó la empresa “Santamarina e hijos”.

El pasaje era propiedad de la esposa, doña Ana Irazusta, debido a que su esposo se había quitado la vida. Sus hijos ocuparon cargos importantes, como la presidencia del Banco Nación, diputaciones y senadurías nacionales y la presidencia de la Sociedad Rural Argentina[4]. Incluso uno de ellos, Enrique, fue vicepresidente de la Nación en el gobierno de José Félix Uriburu que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930.

EL ARQUITECTO

Carlos Nordmann (1858-1918) nació en Hannover, que en aquel momento era territorio prusiano, donde estudió arquitectura. Llegó a la Argentina en 1883 contratado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para dirigir las obras de palacio legislativo.

Luego trabajó con el reconocido arquitecto Juan A. Buschiazzo, hasta que finalmente puso su propio estudio. Fue un prolífico arquitecto “Entre sus obras se destacan el Hospital y Escuela Ramón Santamarina y la Iglesia Santa Ana de Tandil y varias sucursales del Banco Nación”[5], incluyendo la de San José de Flores[6].

Sucursal del Banco Nación en el barrio de Flores, diseñado por Carlos Nordmann. A la izquierda, la Iglesia de San José de Flores de la cual está separada por el pasaje peatonal Salala.

Además realizó muchos otros proyectos, como el Torreón del Monje de Mar del Plata y varios edificios en la Avenida de Mayo (en su mayoría demolidos). Fue considerado en su época el típico arquitecto de Barrio Norte, donde realizó una amplia variedad de edificios y casas, incluida la suya propia en Juncal 1442. Residió en la Argentina hasta sus últimos días. Hay un blog dedicado a su obra, creado por nuestro recordado amigo Fabio Perlin[7].

CURIOSIDADES

Hay un blog privado que se llama Pasaje Santamarina.

Aún sobrevive dentro del edificio un viejo cartel que habla de escupir en las saliveras.

En una de las puertas que da a la calle México y sirve de acceso directo a una de las viviendas, se encuentra la Casa del Veterano de Guerra.

También en el edificio tuvo su atelier -luego trasladado a Vicente López- el premiado arquitecto Claudio Vekstein, autor del diseño de varios monumentos porteños.  

Sin embargo, creo que la mayor curiosidad la constituye una vecina que vivía sola, doña Sara F., quien hace muy pocos años tuvo la osadía de montar en su departamento un pequeño restaurante. La señora había visitado La Habana y quedó fascinada con los míticos paladares, comedores caseros que permiten a los cubanos ganar buenos dólares con el turismo, en su ingeniosa lucha por la supervivencia.

Como es un pasaje privado, debía mantener el negocio en secreto: no podía poner anuncios ni divulgarlo entre vecinos. Hizo contacto con empleados de una empresa de la zona y comenzó a recibirlos, abriéndoles el portón de la calle México rigurosamente a las 12.10 del mediodía de lunes a viernes. Doña Sara F. cocinaba muy bien, y consecuentemente la clientela comenzó a crecer. Un día llegaron más comensales que espacios disponibles, ocurriendo algo inesperado: dos personas comenzaron a pelear en la puerta, pujando por entrar. Los gritos alertaron a los vecinos que de inmediato tomaron conocimiento de lo que sucedía.

El escándalo obligó a prohibir la entrada a los visitantes del restaurante clandestino. Sin embargo, el negocio no cerró: los mismos vecinos que protestaron, quedaron cautivados por el aroma de los platos de doña Sara F. que, como buena emprendedora, supo adaptar su negocio y comenzó a cocinar para los residentes del pasaje.

Aunque ella adujo el cobro de una herencia, muchos atribuyen a las extraordinarias ganancias generadas por sus comidas la posterior mudanza de la mujer a un edificio de la Avenida Alvear, donde ahora cocina para sus nuevos vecinos.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.38

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.26

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.60

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.200

[6] Schere, Rolando H., Op. cit., p.78

[7] Perlin, Fabio, “Arquitecto Carlos Nordmann: Catálogo on line de su obra y proyectos”, http://arquitecto-nordmann.blogspot.com/


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Todas las fotografías fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, salvo el dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

EL PASAJE RODOLFO RIVAROLA, LA ÚNICA CALLE EN ESPEJO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Si desde el Pasaje de la Piedad avanzamos por la calle Bartolomé Mitre, poco antes de la calle Talcahuano a mano izquierda nos sorprenderá el Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola. Este pasaje que es, en realidad, una calle corta -su única cuadra se extiende desde Bartolomé Mitre 1325 hasta la calle Tte. Gral. Juan Domingo Perón 1330- tiene un llamativo mérito que lo vuelve único: su simetría, pues los edificios de un lado son exactamente iguales a los edificios del otro.

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Desde luego, este diseño no es producto ni de la imitación ni de la casualidad. El proyecto fue realizado por Petersen, Thiele y Cruz entre 1924 y 1926. Fue su idea abrir el pasaje “perforando” una típica manzana, que originalmente tomó el nombre de la empresa inversora, la compañía de seguros La Rural. En la actualidad el tránsito vehicular corre de sur a norte.

La construcción estuvo a cargo de la empresa Geopé (Compañía General de Obras Públicas S.A.)[1] , de capital alemán, que levantó magníficos edificios como el Correo Central y el Colegio Nacional de Buenos Aires y concretó obras muy famosas como el Obelisco porteño o “La Bombonera”, el estadio de Boca Juniors.

LOS EDIFICIOS DEL PASAJE

Los edificios del Pasaje Rivarola poseen un inconfundible aroma parisino, debido a su estilo Beaux Arts, también conocido como academicismo francés, que desde finales del siglo XIX embellecía a una Buenos Aires que admiraba a Europa. Fiel a ello, las señoriales fachadas son armónicas y proporcionadas y tienen color gris tiza[2].

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Cada edificio cuenta con planta baja -donde hay locales comerciales- y cinco pisos; los de las cuatro esquinas (dos en el cruce con Bartolomé Mitre y dos en el cruce con Tte. Gral. Juan Domingo Perón, antes llamada Cangallo) tienen cúpulas con mirador.

Cada piso de los ocho edificios tiene tres departamentos; cada departamento “tenía asignado en la terraza un lugar para el lavado y tendido de la ropa, además de un cuarto en el sótano para ser usado como depósito, un émulo de las actuales bauleras”[3]. Los ocho edificios fueron construidos con materiales de altísima calidad: “los pisos en las entradas y los palieres son de mármol y los de los departamentos, de roble de Eslavonia. En el exterior, la buena materia prima tampoco escasea: herrería artística, pizarra importada y marcos de bronce”[4].

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LOS CREADORES

Sobre las fachadas de los edificios se lee “PETERSEN, THIELE y CRUZ”. Esta empresa, que continúa activa y forma parte del poderoso Grupo Petersen, construyó muchísimos edificios en Buenos Aires; por ejemplo -y solo por citar algunos-, el edificio de ATC en Barrio Parque, el edificio IBM en Catalinas Norte, la torre Pirelli en Retiro y los Pabellones 2 y 3 de Ciudad Universitaria. Entre sus obras fuera de la ciudad se encuentran el Estadio Mundialista de Mendoza (hoy “Malvinas Argentinas”) y Central Nuclear Atucha II.

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¿Quiénes fueron los fundadores que diseñaron el Pasaje Rivarola y los edificios a sus lados? Todos los artículos mencionan como autores del proyecto a “los arquitectos Petersen, Thiele y Cruz”. Sin embargo, en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” no encontré mención a ninguno de los tres[5]. Sí pude confirmar que los apellidos correspondían a la empresa constructora nacida en 1918[6], que dos años después se constituyó como Sociedad Colectiva “Petersen, Thiele y Cruz Arquitectos e Ingenieros”[7]. A partir de allí inicié una búsqueda cuya propósito fue determinar si eran arquitectos, como decían los artículos, o ingenieros. En el camino surgió una cuestión adicional: en ningún lugar aparecían sus nombres; eran mecánicamente mencionados por sus apellidos, sin siquiera una inicial.

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Finalmente di con la biografía de la actriz Elena Cruz donde ella misma refiere haber sido hija de nuestro Cruz: “Mi padre Horacio Cruz… pintor de cuadros y arquitecto… Papá fundó la empresa ‘Petersen, Thiele y Cruz’ (‘arquitectos, ingenieros, constructores y mandatos’). Thiele, que murió antes, era el ingeniero que trabajaba en el Oeste para el lado de Mendoza y realizó muchos puentes. La empresa constructora nació en 1918, pero se constituyó en 1920 como Sociedad Colectiva. Los primeros trabajos se iniciaron en la Capital Federal o el Gran Buenos Aires y continuaron con obras por el resto del país, participando en la ejecución de importantes proyectos como diques, bodegas y barrios de viviendas… entre otras realizaciones”[8].

Gracias a este relato sabemos que Horacio Cruz era pintor y arquitecto y Thiele ingeniero. Un dato curioso es que el salón de la Presidencia del edificio de YPF sobre la Avenida Diagonal Norte, construido por Petersen, Thiele y Cruz, lucía un cuadro de Horacio Cruz sobre la explotación petrolera[9].

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En cuanto a Thiele descubrimos que se llamaba Ricardo Otto, gracias a un Boletín Oficial[10]. Nació en 1893[11] y falleció en 1971[12]. Una calle de General Gutiérrez, Mendoza, lo recuerda. Su padre, también llamado Ricardo Otto Thiele, nacido en Alemania, trabajó por 50 años en la Cervecería Quilmes -entre 1890 y 1940-, y fue uno de los fundadores de la Iglesia Evangélica y del Colegio Alemán de la zona en 1939[13]. Su madre, Adela Rosa Petersen, había nacido en el Uruguay y, era prima hermana del Petersen de la constructora.

Llegamos así un Boletín Oficial de 1957 que expesa: “don Gustavo Adolfo Petersen, que acostumbra llamarse y firmar ‘Adolfo Petersen’… domiciliado en Pasaje La Rural número ciento setenta y cinco de la Capital Federal…” [14]. Lo llama arquitecto y dice, además, que era presidente de la sociedad Petersen, Thiele y Cruz, Sociedad Anónima de Construcciones y Mandatos. El arquitecto Adolfo Petersen nació en 1895 y falleció en 1981[15].

LOS NOMBRES

En 1957, por el Decreto-Ordenanza n° 13.929, el pasaje dejó de denominarse La Rural, nombre que se le había otorgado por la Ordenanza Municipal del 29/12/1924[16], recibiendo el nombre actual de Dr. Rodolfo Rivarola, para el centenario del nacimiento de quien fuera abogado, docente, pensador y autor del proyecto del Código Penal argentino en 1890[17].

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CURIOSIDADES DEL PASAJE

El Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola sido declarado Área de Protección Histórica[18].

En el nº 115 está La Marca Editora, una innovadora editorial, cuyas vidrieras están cubiertas por fotografías de Marcos López, creador del sub-realismo criollo[19].

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En el nº 134 se encuentra la Casa Raab, conocida como “La Chacarita de los Relojes”, dedicada al arreglo de relojes antiguos. Es un lugar de referencia obligado para anticuarios y coleccionistas.

En el nº 147 está el Museo de la Mujer Argentina, cuyo propósito es “construir un archivo y reservorio museológico específico de la historia cultural, la promoción y producción del arte y la cultura de las mujeres, que hacen historia junto al pueblo”[20].

En el nº 154 funciona el “Centro Cultural Enrique Santos Discépolo”.

En el Pasaje Rivarola se han filmado películas, comerciales y se han realizado propuestas artísticas diversas.

También está presente en la literatura. Por ejemplo, Nicolás Meta en su cuento “El Maquinista” escribe:

“La calle: Pasaje Rivarola. La culpa es en primer lugar del Pasaje. De chico fantaseaba que podía pasar algo así. Al final crecí, me fui para otro barrio, y ahora el destino me trajo de vuelta acá. Se lo decía a mi papá: ¿Por qué todas las casas de esta vereda son iguales a las de enfrente? Esta calle es así, decía. ¿Enfrente hay un chico como yo?, preguntaba. Sí, me decía. Cúpula acá, cúpula exacta al frente, tres pisos acá, tres pisos allá, ventana-puerta-ventana de este lado, y al oro lado: ventana-puerta-ventana, en la misma posición. Un espejo[21]”.

De paso, para los amantes de los viajes y las curiosidades, el blog de Nicolás Meta es https://laolaviajera.com 

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No importa si se lo considera pasaje o calle, Rivarola es un espacio único de Buenos Aires, un reflejo de París por partida doble.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, en https://www.facebook.com/comisionnacionaldemonumentos/posts/1762823827302363

[2] Hay una excelente descripción, más técnica por Valentino, Julio, “Pasaje Dr. Rodolfo Rivarola (ex pasaje La Rural)” en  http://arqi.com.ar/edificio/pasaje-rivarola/

[3] Autor anónimo (¿Parise, Eduardo?), “El Pasaje Rivarola en el Espejo”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 18/06/2012. Puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Pasaje-Rivarola-espejo_0_Hy5-KAfnwXe.html

[4] Autor anónimo (¿Parise, Eduardo?), Op. cit.

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina”, 2004.

[6] http://www.petersenthieleycruz.com.ar/

[7] Conservó dicho nombre hasta 1941, cuando pasó a ser una sociedad anónima denominada Petersen, Thiele y Cruz S.A.C y M., que en la actualidad forma parte del Grupo Petersen.

[8] Gasco, Leandro, “Elena Cruz de Fernando Siro se confiesa con Leandro Gasco – Amor Eterno contra Viento y Marea”, RG Ediciones, Temperley, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.43-44.

[9] Durán, Cecilia, “Arquitectura como Arte Público – Estado, arquitectos y cultura en la Revista de Arquitectura (Argentina, 1925-1943)”, Universidad Torcuato Di Tella, Escuela de Arquitectura y Estudios Urbanos, Maestría en Historia y Cultura de la Arquitectura y la Ciudad, sin fecha, p.57.

[10] Boletín Oficial de la República Argentina, 8 de agosto de 1956, en https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1956-08-08/1956-08-08_djvu.txt. El Boletín dice Ricardo O, pero en nuestra búsqueda dimos con un documento legal que llama Otto a su segundo nombre. http://www2.jus.mendoza.gov.ar/listas/proveidos/vertexto.php?ide=4430547052

[11] http://www.genealogiafamiliar.net/familychart.php?personID=I692234&tree=BVCZ

[12] https://www.genealogiairlandesa.com/genealogia/B/Byrne/edward2.htm

[13] http://armandovidal.com/administracion/index.php?view=article&catid=236%3Aestilo-argentino&id=1962%3Aquilmes-no-sabe-bien-lo-que-se-le-viene&tmpl=component&print=1&page=&option=com_content&Itemid=80

[14] Boletín Oficial de la República Argentina, 17 de diciembre de 1957, en https://archive.org/stream/Boletin_Oficial_Republica_Argentina_2da_seccion_1957-12-17/1957-12-17_djvu.txt

[15] http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I17424&tree=BVCZ

[16] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.466.

[17] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.155.

[18] Código de Planeamiento Urbano de la Ciudad de Buenos Aires (C.P.U.), Sección 10, Protección Patrimonial, p.50-51 en http://ssplan.buenosaires.gob.ar/dmdocuments/CPU_SECCION_10.pdf

[19] http://lamarcaeditora.com/catalogo/portfolio-fotografico-268/pop-latino-plus-1001

[20] http://www.museodelamujer.org.ar/

[21] Ferrero, Jesús, “XXIV Premio De Narración Breve UNED 2013. El Paraiso …Y Otros Relatos …”, eBook.


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EL PASAJE ROBERTO ARLT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Muy cerca de los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer de Palermo SoHo se encuentra una pequeña hendidura que al transeúnte puede pasar inadvertida. Se trata de un callejón sin salida ubicado sobre la calle Gurruchaga 1959, entre Soler y Nicaragua, conocido como Pasaje Roberto Arlt.

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Tiene un acceso vehicular que parece el de una casa o un edificio y, más allá de la vereda, un pequeño portón de rejas que de día suele permanecer abierto. Sin embargo, tras cruzar una enorme parra, al caminar sobre su piso empedrado se percibe una atmósfera apacible, alejada del ajetreo callejero, de casas bajas con jardines florecidos.

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Cuenta el arquitecto Rolando Schere que en 1910 un ingeniero ferroviario de apellido Shine compró un terreno donde construyó tres casas con frente a la calle Gurruchaga para renta, el pasaje que llega hasta el centro de la manzana y dentro de él tres casas para su familia[1].

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El pasaje tiene unos tres metros de ancho aunque se ensancha y abre hacia el final . Cada casa tiene un estilo y una orientación geográfica diferente. No todas se encuentran en el mismo estado de conservación, pero se observa cierta unidad en medio de la diversidad.

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Aunque es una suerte de divertículo de la calle Gurruchaga (en una de sus casas se indica que se trata de la calle Gurruchaga sur) es más conocido como Pasaje Roberto Arlt. En nuestras visitas no encontramos ninguna placa con ese nombre.

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En 1965 el tramo de la calle Neuquén que corre desde la Avenida Acoyte hasta la calle Campichuelo pasó a llamarse Roberto Arlt, pero poco después, en 1973, una nueva ordenanza municipal le impuso el nuevo nombre de Doctor Gregorio Aráoz Alfaro que mantiene hasta la fecha[2]. En la actualidad la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no cuenta oficialmente con ninguna calle que recuerde al autor de “El Juguete Rabioso” y “Los Siete Locos”.

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¿De dónde, entonces, surge el nombre del pasaje? Algunos afirman que el escritor vivió allí por algún tiempo. Nosotros creemos que es un malentendido. Ocurre que en 1940 Arlt contrajo su segundo matrimonio con Elisabeth Mary Shine, cuyo apellido es el mismo que el del creador del pasaje[3]. Según Alfredo Jaramillo “el nombre del autor de El Juguete Rabioso tiene mucho que ver con el del empresario inglés: Arlt se casó con su nieta, Elisabeth Shine, y se mudaron a una de las viviendas que dan al frente de la calle Gurruchaga, uno de cuyos muros sirve de entrada al pasaje”[4].

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A pesar de la coincidencia en el apellido y la probable relación familiar, en nuestra búsqueda no hemos encontrado evidencia de un parentesco entre el Ingeniero Shine y la esposa de Arlt. Tampoco hemos encontrado ninguna mención a un Ingeniero Shine fuera de las referidas al pasaje. Solo sabemos por ella que su padre era constructor[5]. Pero más importante para nuestros fines, no hemos hallado ninguna referencia que indique que en su corta convivencia (el escritor murió en 1942) el matrimonio haya vivido en el pasaje o en la calle Gurruchaga.

En una entrevista a Elisabeth Shine publicada en el suplemento Cultura del Diario La Nación aparecen datos muy interesantes sobre los lugares de residencia. Ella vivía con su madre en la calle Iberá de Núñez, pero tras casarse la pareja se alojó en diversas pensiones del barrio de Belgrano, incluyendo una en la calle La Pampa entre Vidal y Moldes. Arlt murió el 26 de julio de 1942 en una pensión de la calle Olazábal cuando su esposa estaba embarazada[6]. La mujer también menciona la convivencia en pensiones en otra entrevista[7].

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Si va por de paseo por Palermo SoHo o vive en las cercanías no deje de observar este curioso espacio porteño que rompe la cuadratura del trazado urbano.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.102

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.291

[3] Su nueva esposa, trece años menor que el escritor, era la secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar donde Arlt colaboraba.

[4] Jaramillo, Alfredo, “Salí a conocer pasajes de Buenos Aires”, Diario Página 12, Buenos Aires, 20/12/2009, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/18-5775-2009-12-20.html

[5] Tcherkaski, José, “Conversaciones con mujeres de escritores”, Editorial Biblos, 2003, p.36

[6] Sin firma, “Mil días con Roberto Arlt”, Diario La Nación, Suplemento de Cultura, Bueno Aires, 19/05/1999, https://www.lanacion.com.ar/214788-mil-dias-con-roberto-arlt

[7] Tcherkaski, José, Op. cit., p.33,39


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LOS PASAJES RUSSEL, SANTA ROSA, SORIA Y CORONEL CABRER DE PALERMO SOHO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Me sorprendieron desde la primera vez. ¿Qué hacían allí unos pasajes abriéndose como espinas de pescado a ambos lados de la calle, que en aquel entonces se llamaba Serrano? Conformaban un espacio de Buenos Aires que, pese a ser único, no lograba distinguirse del resto de Palermo Viejo y parecía haber quedado en el olvido. Afortunadamente, esas estrechas callecitas se han reciclado, fusionando arte, moda y bohemia y son parte esencial de la escenografía del joven Palermo SoHo. Me refiero a los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer.

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ALGO DE SU HISTORIA

Alguna vez leí que estos breves pasajes que daban a la calle Serrano, hoy Borges, habían sido pasos de carruajes. He buscado y rebuscado aquella fuente sin éxito. Me hubiera gustado que estas breves y singulares calles hubieran tenido en su origen ese propósito, pero la historia sugiere que no.

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En 1867 se estableció como límite norte de la Ciudad de Buenos Aires al arroyo Maldonado[1], que hoy corre entubado debajo de la Avenida Juan B. Justo. A partir de ese momento  se produjo un crecimiento vertiginoso, impulsado por un gran flujo inmigratorio, que planteó nuevas necesidades urbanísticas y habitacionales. Juan Antonio Buschiazzo (1846-1917), uno de los patriarcas de la arquitectura argentina, tuvo a su cargo la creación de tres nuevos barrios: Saavedra en 1873, Villa Alvear en 1888 y Villa Devoto en 1899[2]. Villa Alvear, hoy Palermo, fue concebida por el Banco Inmobiliario, cuyo presidente era don Antonio Devoto, quien encargó a Buschiazzo el proyecto.

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En un principio se pensó llamar a la zona Ciudad de los obreros” pero prevaleció el nombre de “Villa Alvear”. Según el investigador histórico Fabio Perlin, el trazado original “era un rectángulo de catorce cuadras de largo y siete de ancho con una superficie aproximada de cien cuadras” entre las actuales avenidas Santa Fe, Scalabrini Ortiz y Cordoba y la calle Godoy Cruz y las vías del Ferrocarril Gral. San Martín (en aquel entonces conocido como Ferrocarril al Pacífico) que corren paralelas a la calle mencionada[3].

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Dentro de Villa Alvear se diseñó un “barrio dentro del barrio”. Cuenta Perlin que “una superficie de ocho manzanas, desde las calles Cabrera a Costa Rica y de Gurruchaga a Thames, fue dividida por pasajes y se trazaron plazoletas, como la de Honduras y Serrano (hoy Plaza Cortázar), que le dieron al lugar una especial fisonomía”[4]. Así surgieron estos cuatro pasajes.

LOS PASAJES RUSSEL, SANTA ROSA, SORIA Y CORONEL CABREREN LOS ‘80

León Tenenbaum hace una magnífica descripción de ese mágico espacio porteño en los ‘80:

“En el cruce de las calles Serrano y Honduras se está gestando un pequeño Montmartre[5] porteño. Hay allí una plaza redonda, no muy grande, que por muchos años acogió una feria y en torno a la cual circulaban los tranvías Lacroze que iban al Balneario Municipal, el del sur, el único por entonces. Cuatro típicos pasajes cruzan o se abren en la vecindad inmediata de este lugar. Son sus nombres: Coronel Cabrer, Soria, Santa Rosa y Russel. Todos ellos estrechísimos, flanqueados todavía por casas humildes, bajas en su mayoría. El curso de estos pasajes no es demasiado recto, tienen como un movimiento compadre de cintura que tan bien va con ese sabor a barrio de tango que lucen y extrañamente conservan algunas zonas de Buenos Aires”[6].

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Hoy, estos pasajes se encuentran en el corazón de Palermo SoHo, rebautizado así por sus innovadoras tiendas, galerías de arte, bares under y restaurantes chic que le dan a la zona una atmósfera posmoderna. Además, la movida cultural simbolizada en los murales que decoran los pequeños PH de los pasajes convoca a multitudes de turistas.

PASAJE RUSSEL

Subiendo desde la Avenida Santa Fe por la calle Jorge Luis Borges, en dirección contraria al tránsito vehicular, el primero en aparecer es el Pasaje Russel. Se extiende dos cuadras: hacia la derecha hasta la calle Thames y hacia la izquierda hasta la calle Gurruchaga. Ambas cuadras son pavimentadas.

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Si recorremos la cuadra que se extiende hasta la calle Thames, cuya numeración va del 5000 al 5100, en la mano izquierda encontramos viviendas de una o dos plantas. En la mano derecha hay unos pocos comercios, varias casas, un gran galpón donde el pasaje hace una leve curva y en su extremo un terreno baldío cercado.

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La magia del pasaje tiene que ver con su estrechez, las fachadas intervenidas y los murales que adornan sus paredes.

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Recorramos la otra cuadra, de Borges a Gurruchaga, donde se respira una curiosa conjunción de aromas: el del barrio con sus casas bajas y sus santa ritas colgantes y el de la constante innovación creativa.

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En la esquina inicial un magnífico mural de Josefina Di Nucci muestra de un lado al genial escritor argentino y del otro a un niño (¿acaso el Borges de la niñez en Palermo?) con un ángel detrás de él.

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El resto son casas de habitación muchas de ellas embellecidas por artistas, y excelentes murales.

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Mi favorito es el que llamo “ciclista en la luna”, de Chispa, un reconocido artista urbano.

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En esa cuadra la numeración va del 4901 al 5000.

PASAJE SANTA ROSA

Siempre avanzando por Borges en dirección hacia la Avenida Córdoba, cruzamos la calle El Salvador y luego, sin desviarnos, aparece unos metros más adelante el Pasaje Santa Rosa.

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Como el anterior, se extiende a ambos lados de Borges, pero con una diferencia: si bien el brazo izquierdo termina en Gurruchaga, el derecho tras chocar con el lado norte de la calle Thames hace un codo y se convierte a partir de allí en una ancha calle que termina unos metros más adelante, en la calle Uriarte. Tanto las dos cuadras de pasaje como la cuadra de la calle son empedradas.

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El Pasaje Santa Rosa tiene su propio microclima. Al inicio de la cuadra hacia Thames, con numeración del 5000 al 5100, a mano izquierda encontramos el mural “Love in the Air hecho con mosaico en un estilo muy setentoso, bien pop-art, inaugurado en 2013 por la Asociación Don’t Smoke. Mi sección favorita es la que dice Love. Pareciera que está aguardando que pose junto a ella alguno de los Beatles.

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Esa estrecha cuadra presenta peculiaridades: del mismo lado hay un enorme galpón que luce una intervención en su fachada, seguido de un edificio de tres pisos, cuya planta baja está totalmente cubierta por una enredadera.

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En la mano derecha  hay una enorme casona con jardín cuyo acceso ha sido decorado también con coloridos mosaicos, que fue la residencia por muchos años de la actriz y cantante Natalia Oreiro y el músico Ricardo Mollo. Luego se levantan unas tapias donde hay murales, un par de casas y un bar en la esquina.

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En la cuadra de otro lado, la que va de Borges a Gurruchaga, con numeración 4900 al 5000, el ambiente es más apacible. Al inicio, en la esquina de Borges, a mano izquierda hay un interesante mural en el frente de un negocio de depilación.

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En la esquina de la misma mano con Gurruchaga hay una curiosa fachada floral. Enfrente está lo mejor de la cuadra: un mural tipo collage variado y divertido.

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PLAZOLETA JULIO CORTÁZAR

Luego viene la Plazoleta Julio Cortázar, sobre la bella calle Honduras, con su feria de artesanos y artistas plásticos y cafecitos al aire libre.

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Si seguimos avanzando en dirección contraria al tránsito vehicular, veremos que la calle Borges recupera a partir de allí el viejo nombre de Serrano.

PASAJE SORIA

El siguiente es el pasaje Soria. Su longitud es diferente: como los anteriores, a la izquierda se extiende una cuadra hacia Gurruchaga, donde termina; pero a la derecha, el brazo que se abre desde Serrano en dirección a Thames termina a unos 40 metros en un paredón, formando un cul-de-sac. Curiosamente, Soria renace del otro lado como una calle a partir de la Thames y se extiende una cuadra muriendo en la calle Uriarte. La cuadra hacia Gurruchaga es empedrada y la media cuadra hacia Thames pavimentada.

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Como en los casos anteriores, giramos primero hacia nuestra derecha para ver ese corto tramo cuya numeración va del 5000 al 5050. De la mano izquierda lo más llamativo es una casa de dos plantas cuya fachada rojiza está cubierta por enormes enredaderas y protegida con estructuras metálicas de colores oscuros.

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En la mano derecha hay alguna vivienda y elegantes comercios. Entre ambos aparece el paredón que pone fin al pasaje. Es un mural con graffiti hecho por Nase Pop, cuyo verdadero nombre es Daniel Stroomer, artista urbano nacido en Amsterdam.

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Volvamos a Borges y caminemos hacia Gurruchaga por la cuadra más larga del pasaje Soria, numerada del 4900 al 5000. Es un pasaje empedrado a cuyos lados se observan viviendas bajas con algunos murales e intervenciones sin estridencias, que proveen un ámbito tranquilo.

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Desde luego, hay algunas fachadas dignas de admirar.

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Rompe la armonía una extensa construcción de ladrillo oscuro, sin afinidad con el resto de las casas, que se observa a mano izquierda del caminante, en la esquina con la calle Gurruchaga.

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PASAJE CORONEL CABRER

Tras cruzar la calle Gorriti aparece la última de las cuatro callejuelas: el pasaje Coronel Cabrer. Es el más corto. Se extiende una sola cuadra hacia la izquierda, con numeración del 4900 al 5000, terminando en la calle Gurruchaga; es el único que no tiene brazo derecho en dirección a la calle Thames.

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Este angosto y apacible pasaje pavimentado se caracteriza por algunos murales de personajes de historietas y dibujos animados, además de fachadas intervenidas artísticamente.

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Pese a los cambios y a la omnipresencia del arte urbano, el pasaje aún retiene algo del sabor a barrio original.

LOS PASAJES DE PALERMO VIEJO Y LA LITERATURA

El 24 de agosto de 1996 Fernando De la Rúa, en aquel entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, le otorgó el nombre de Jorge Luis Borges al tramo de la calle Serrano entre la calle Honduras y la Avenida Santa Fe. Eso permitió que la calle Borges se uniera con la plazoleta Julio Cortázar, creando un nuevo encuentro de estos fantásticos escritores, pues fue Borges quien publicó “Casa Tomada”, el primer cuento del autor de “Rayuela”, en la Revista Sur[7].

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Sobre la vieja calle Serrano -en la extensión que hoy lleva su nombre- estaba la casa donde Borges pasó su niñez. En su poema “Fundación mítica de Buenos Aires” menciona las calles de delimitan ese íntimo espacio que fue su hogar: La manzana pareja que persiste en mi barrio: / Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga[8]. Apenas a pasos de allí comienza la sucesión de pasajes que hemos mencionado. Uno de ellos, el pasaje Russel es mencionado por el venerable escritor en su cuento “Juan Muraña”[9]:

Durante años he repetido que me he criado en Palermo… El azar me enfrentó, poco después, con Emilio Trápani…Tardé en reconocerlo; habían pasado tantos años desde que compartimos el mismo banco en una escuela de la calle Thames… (Trápani cuenta) Por el tiempo del Centenario, vivíamos en el pasaje Russell, en una casa larga y angosta. La puerta del fondo, que siempre estaba cerrada con llave, daba a San Salvador. En la pieza del altillo vivía mi tía, ya entrada en años y algo rara“.

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Además, hay una revista llamada Pasaje Russel, que se define como “una revista de literatura y cultura urbana, un pasaje entre leer y escribir: el encuentro con la ficción que toda ciudad ofrece”. Se puede acceder a sus contenidos en http://pasajerussel.blogspot.com.

LAS VISITAS DE TITANES EN EL RING

La actriz, productora radial y fotógrafa Karina Bazán Carpintero, que nació en el pasaje Coronel Cabrer, cuenta en su blog “En el pasaje hay unas 15 casas, muchas de ellas – la gran mayoría- perdió su fisonomía original, de hecho en lugar de mi casa natal se encuentra un PH con primer piso muy moderno pero que nada tiene de encantador. En la esquina de Gurruchaga… en una vereda la imprenta del Tuerto, así la conocíamos, en ese lugar editaban los periódicos de la comunidad Armenia, era habitual ver entrar o salir a alguno de los Titanes en el Ring que pertenecían a esa comunidad”[10]. Es inevitable no imaginar al gran Martín Karadagian o al gigante Ararat paseando por allí.

EL ORIGEN DE LOS NOMBRES

Russel: Según Miguel Iusem, el nombre completo de la calle es Oliverio Russel, un marino escocés que trabajaba como práctico mayor del Río de la Plata. Fue apresado por los británicos durante la Segunda Invasión Inglesa y permaneció detenido en Inglaterra hasta 1811. En 1814 fue segundo jefe del Almirante Guillermo Brown, irlandés nacionalizado argentino[11]. Alberto Gabriel Piñeiro se limita a mencionar el nombre Russel señalando que fue denominado así por una ordenanza del 28 de octubre de 1904[12], sin haber tenido un nombre anterior.

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Santa Rosa: Para Miguel Iusem, hace referencia a la primera santa americana, Isabel Flores (1586-1617), más conocida como Santa Rosa de Lima, llamada Patrona de América por el Congreso de Tucumán de 1816; sin embargo, el mismo autor hace referencia también a otros orígenes, tales como batallas de la Independencia americana o a la capital de La Pampa que había sido fundada en 1892[13]. Alberto Gabriel Piñeiro menciona que también se llamó Hamilton, pero recibió su nombre actual, como muchas otras calles, por la ordenanza del 28 de octubre de 1904[14].

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Soria: Aunque no lo aclara específicamente, pues menciona otras calles con el apellido Soria, inferimos que para Miguel Iusem el nombre proviene de Pablo Soria, quien exploró el Río Bermejo en 1828[15]. Alberto Gabriel Piñeiro dice que también se llamó Grau y que recibió su nombre en la misma ordenanza que los otros pasajes mencionados[16].

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Coronel Cabrer: Miguel Iusem afirma que el nombre completo de la calle es Coronel José María Cabrer. Fue un ingeniero español que llegó a la Argentina en 1781 como experto para dirimir una disputa de límites con Portugal. Se radicó en el país y luego de la Revolución de Mayo trabajó en el departamento topográfico. Además, sirvió como asesor durante la guerra con el Brasil[17]. Alberto Gabriel Piñeiro se limita a decir que el pasaje se denominó Jefferson, añadiendo que recibió su nombre actual por la misma ordenanza que le dio nombre a los otros pasajes[18].

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CONCLUYENDO

Los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer forman parte del Buenos Aires encantado. El arte urbano los ha convertido en un espacio mítico, donde el arrabal baila un tango electrónico con la posmodernidad.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


GALERÍA MULTIMEDIA: FOTOGRAFÍAS

Pasaje Russel:

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Pasaje Santa Rosa:

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Pasaje Soria:

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Pasaje Coronel Cabrer:

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REFERENCIAS

[1] El límite anterior lo constituía el “Camino del Ministro Inglés”, en referencia a George Canning (1770-1827), que influyó decisivamente en la firma del “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825. Por ello, dicho camino luego pasó a llamarse Avenida Canning (actual Avenida Scalabrini Ortiz). El 30 de octubre de 1867 se sancionó la ley 522 que extendió el límite norte al Arroyo Maldonado.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.216

[3] Perlin, Fabio, http://arquitecto-buschiazzo.blogspot.com/2009/12/caba-trazado-de-villa-alvear-1888.html

[4] Perlin, Fabio, página web citada

[5] Montmartre es un pintoresco barrio bohemio de París, Francia, donde se encuentra la famosa basílica de Sacré-Cœur.

[6] Tenenbaum, León, “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986, Nº 4, p.7

[7] Para los interesados en esa primera publicación de Cortázar impulsada por Borges, que incluyó dos ilustraciones de su hermana Norah, puede leer el prólogo escrito por Borges en “Julio Cortazar Cuentos”, Jorge Luis Borges Biblioteca Personal, Hyspamérica Ediciones Argentinas, Buenos Aires, 1985, p.3. y “Julio Cortázar la Biografía”, Mario Goloboff, Cuadernos de Sudestada #6, Peña Lillo Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011, p.36 (el copyright de Goloboff es de 1998).

[8] Borges, Jorge Luis, poema “Fundación mítica de Buenos Aires”, “Cuaderno San Martín” (1929), “Obras Completas 1923-1972”, Emecé Editores, 1974, 13ª impresión (1983), p.81.

[9] Borges, Jorge Luis, cuento “Juan Muraña”, “El Informe de Brodie” (1970), “Obras Completas 1923-1972”, Emecé Editores, 1974, 13ª impresión (1983), p.1044,1045.

[10] Bazan Carpintero, Karina, “Pasaje en el tiempo”, http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/03/pasaje-en-el-tiempo.html

[11] Iusem, Miguel, “Diccionario de las Calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.160

[12] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las Calles de Buenos Aires, sus Nombres desde su Fundación hasta nuestros Días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.471

[13]  Iusem, Miguel, Op. cit., p.166

[14] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.479

[15] Iusem, Miguel, Op. cit., p.170

[16] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.484

[17] Iusem, Miguel, Op. cit., p.140

[18] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.316


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