EL OLVIDADO PASAJE VERDIER (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado sobre la calle Dean Funes 583 entre las calles Venezuela y México, este pasaje conserva aún el aroma a barrio. No es glamoroso, sino que nos transporta a un pasado que se ha perdido.

Durante largo tiempo estuvo abandonado. Hemos visto fotografías que lo mostraban en estado lamentable. Sin embargo, cuando lo visitamos había recuperado su dignidad y su encanto. El triste portón de chapa herrumbrada había sido reemplazado por uno moderno de hierro con una suerte de filigrana negra que permitía ver el interior del pasaje y con lanzas en su parte superior.

Aunque las paredes color ocre lucían gastadas, su espacio, que parece más bien un ancho pasillo, lucía limpio y cuidado. Faltaban las clásicas macetas, pero nos imaginamos que en cualquier momento estarán de regreso.

El Pasaje Verdier nació como un espacio de tránsito peatonal privado entre los dos cuerpos de un edificio; cada cuerpo tiene tres plantas y en sus fachadas lucen pequeños detalles art nouveau. El pasaje está iluminado por faroles sobre arcadas metálicas de color negro que conectan ambas construcciones.

Una curiosa estructuras al fondo cierra el pasaje, formando un cul-de-sac. Es de color gris tiza cuyo cuerpo principal está coronado por una bóveda semicircular. En su frente posee dos puertas, una en el centro y otra más pequeña a la izquierda.

Desconocemos si se trata la portería o está destinada a algún otro uso. En su parte superior un pequeño cartel rojo dice “lugar de paso – prohibido jugar”.

ACERCA DEL NOMBRE

Poco se sabe del nacimiento de este pasaje. Según cuenta el arquitecto Rolando Schere, fue construido en 1911 a pedido de Celestino Verdier[1], basado en los planos encontrados en el Archivo de Aguas Argentinas. El Dr. Eduardo Balbachan, decano en la historia de los pasajes porteños, lo llama Pasaje José Verdier, debido a una placa de bronce que había en el lugar, luego desaparecida, y sospecha que el nombre provenga de su primitivo dueño[2].  

ALGO QUE SUCEDIÓ EN EL PASAJE

El Dr. Balbachán cuenta además que en un conventillo cercano, ubicado en Castro Barros 433, vivía la famosa “rubia Mireya”, cuyo verdadero nombre era Margarita Verdier. Esta mujer de origen francés y nacida en el Uruguay supo despertar pasiones durante su juventud. El tango “Tiempos viejos”, de Francisco Canaro y Manuel Romero (1926), la recuerda, cuando dice:

¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?

Casi me suicido una noche por ella y hoy es una pobre mendiga harapienta.

¿Te acordás, hermano, lo linda que era? Se formaba rueda pa’ verla bailar…

Cuando por la calle la veo tan vieja doy vuelta la cara y me pongo a llorar.

Una historia la liga al pasaje. No sabemos si tuvo algún parentesco con los Verdier del edificio pero sí que, sin pretenderlo, se sirvió de ello. Una noche, cuando tenía unos 60 años, la Rubia Mireya caminaba por la calle Deán Funes. Estaba enferma y desnutrida. Al ver el pasaje, que por aquel entonces no tenía portón, decidió descansar unos minutos allí. Exhausta, se sentó en el piso. De inmediato se acercó un hombre quien, pensando que era una mendiga, le pidió que se retirara.  

– ¿Sabe quién soy yo?

– No tengo idea

– La Rubia Mireya

– Jajaja y yo, Carlos Gardel

– ¿No me cree? Mire mi documento

Cuando el hombre leyó “Margarita Verdier” cambió su actitud radicalmente. Le pidió disculpas y la hizo pasar a su casa, le ofreció una sopa y le dio algo de ropa de abrigo. No sabía que Margarita Verdier era la Rubia Mireya; simplemente lo conmovió el apellido, que era el de su propia familia, fundadora del pasaje. Se dice que la mujer murió de tuberculosis a los 85 años en el Hospital Muñiz.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.68-69

[2] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.75


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


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EL PASAJE ROBERTO ARLT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Muy cerca de los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer de Palermo SoHo se encuentra una pequeña hendidura que al transeúnte puede pasar inadvertida. Se trata de un callejón sin salida ubicado sobre la calle Gurruchaga 1959, entre Soler y Nicaragua, conocido como Pasaje Roberto Arlt.

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Tiene un acceso vehicular que parece el de una casa o un edificio y, más allá de la vereda, un pequeño portón de rejas que de día suele permanecer abierto. Sin embargo, tras cruzar una enorme parra, al caminar sobre su piso empedrado se percibe una atmósfera apacible, alejada del ajetreo callejero, de casas bajas con jardines florecidos.

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Cuenta el arquitecto Rolando Schere que en 1910 un ingeniero ferroviario de apellido Shine compró un terreno donde construyó tres casas con frente a la calle Gurruchaga para renta, el pasaje que llega hasta el centro de la manzana y dentro de él tres casas para su familia[1].

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El pasaje tiene unos tres metros de ancho aunque se ensancha y abre hacia el final . Cada casa tiene un estilo y una orientación geográfica diferente. No todas se encuentran en el mismo estado de conservación, pero se observa cierta unidad en medio de la diversidad.

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Aunque es una suerte de divertículo de la calle Gurruchaga (en una de sus casas se indica que se trata de la calle Gurruchaga sur) es más conocido como Pasaje Roberto Arlt. En nuestras visitas no encontramos ninguna placa con ese nombre.

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En 1965 el tramo de la calle Neuquén que corre desde la Avenida Acoyte hasta la calle Campichuelo pasó a llamarse Roberto Arlt, pero poco después, en 1973, una nueva ordenanza municipal le impuso el nuevo nombre de Doctor Gregorio Aráoz Alfaro que mantiene hasta la fecha[2]. En la actualidad la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no cuenta oficialmente con ninguna calle que recuerde al autor de “El Juguete Rabioso” y “Los Siete Locos”.

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¿De dónde, entonces, surge el nombre del pasaje? Algunos afirman que el escritor vivió allí por algún tiempo. Nosotros creemos que es un malentendido. Ocurre que en 1940 Arlt contrajo su segundo matrimonio con Elisabeth Mary Shine, cuyo apellido es el mismo que el del creador del pasaje[3]. Según Alfredo Jaramillo “el nombre del autor de El Juguete Rabioso tiene mucho que ver con el del empresario inglés: Arlt se casó con su nieta, Elisabeth Shine, y se mudaron a una de las viviendas que dan al frente de la calle Gurruchaga, uno de cuyos muros sirve de entrada al pasaje”[4].

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A pesar de la coincidencia en el apellido y la probable relación familiar, en nuestra búsqueda no hemos encontrado evidencia de un parentesco entre el Ingeniero Shine y la esposa de Arlt. Tampoco hemos encontrado ninguna mención a un Ingeniero Shine fuera de las referidas al pasaje. Solo sabemos por ella que su padre era constructor[5]. Pero más importante para nuestros fines, no hemos hallado ninguna referencia que indique que en su corta convivencia (el escritor murió en 1942) el matrimonio haya vivido en el pasaje o en la calle Gurruchaga.

En una entrevista a Elisabeth Shine publicada en el suplemento Cultura del Diario La Nación aparecen datos muy interesantes sobre los lugares de residencia. Ella vivía con su madre en la calle Iberá de Núñez, pero tras casarse la pareja se alojó en diversas pensiones del barrio de Belgrano, incluyendo una en la calle La Pampa entre Vidal y Moldes. Arlt murió el 26 de julio de 1942 en una pensión de la calle Olazábal cuando su esposa estaba embarazada[6]. La mujer también menciona la convivencia en pensiones en otra entrevista[7].

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Si va por de paseo por Palermo SoHo o vive en las cercanías no deje de observar este curioso espacio porteño que rompe la cuadratura del trazado urbano.

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REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.102

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.291

[3] Su nueva esposa, trece años menor que el escritor, era la secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar donde Arlt colaboraba.

[4] Jaramillo, Alfredo, “Salí a conocer pasajes de Buenos Aires”, Diario Página 12, Buenos Aires, 20/12/2009, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/18-5775-2009-12-20.html

[5] Tcherkaski, José, “Conversaciones con mujeres de escritores”, Editorial Biblos, 2003, p.36

[6] Sin firma, “Mil días con Roberto Arlt”, Diario La Nación, Suplemento de Cultura, Bueno Aires, 19/05/1999, https://www.lanacion.com.ar/214788-mil-dias-con-roberto-arlt

[7] Tcherkaski, José, Op. cit., p.33,39


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EL PASAJE DE LA MISERICORDIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Buenos Aires tiene pocas calles y pasajes peatonales. Esto se hace más notorio en los barrios alejados del Centro. Los pasajes Guillermo Enrique Granville en Villa Santa Rita y Albania en Monte Castro son algunas de esas escasas muestras. Hemos visto la lucha de los vecinos por conservar estos espacios, y su esfuerzo no siempre es en vano. Tal es el caso de Pasaje de la Misericordia declarado Sitio de Interés Cultural y Turístico y Patrimonio Cultural de Mataderos por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires. Lo invitamos a conocerlo y recorrerlo.

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El Pasaje de la Misericordia (en realidad, el nombre correcto sería pasaje De la Misericordia) tiene una sola cuadra. Se ubica en la manzana delimitada por las calles Fonrouge y Pola, por las cuales se accede, y José Enrique Rodó y Chascomús, a la cuales corre paralela.

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DESCRIPCIÓN

Poco se ha escrito sobre los orígenes de este pasaje. En el pasado, por su estrecha cercanía con la calle homónima, se lo llamó pasaje Chascomús. Según Eduardo Luis Balbachán, se lo denominaba así porque originalmente era una de las aceras de la calle mencionada; también se lo llamó Pasaje Vecinal[1],[2]. Un vecino que vive en la casa más antigua de esa estrecha vía me comentó que antes allí había un potrero, y que el pasaje formaba parte de la vía de acceso de los animales. Luego, sobre ese solar se elevaron construcciones, separando el angosto pasaje de la calle Chascomús. Un dato relevante que no pudimos encontrar es el año en que se levantaron dichas edificaciones. El nombre De la Misericordia es muy posterior.

Eduardo Luis Balbachán, en su libro publicado en 1982, agrega que el piso del pasaje era de baldosas y tierra; en el lado norte había casas bien conservadas, y en el lado sur, una tapia descuidada; para demostrarlo ilustra su texto con algunas fotos.

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Foto del pasaje del libro “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, de Eduardo Luis Balbachán, de 1982, cuando aún se llamaba Chascomús

En la actualidad el Pasaje de la Misericordia conserva la misma anchura, de unos dos metros, pero ha cambiado su fisonomía. Ya no hay trechos de tierra. Grandes baldosas grises de cemento en un sector y mosaicos del mismo color en otro sirven como piso. Las casas del lado norte lucen muy dignas, y sobre la vieja y herrumbrada pared sur de la que hablaba Balbachán, hoy hay murales creados por diversos artistas de la zona y, en su base, varios canteros.

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Cerca de la entrada del lado este (calle Pola) hay una pequeña escalinata y una rampa para personas con capacidades especiales.

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EL ORIGEN DEL NOMBRE

Como hemos dicho, el pasaje nació siendo una acera de la calle Chascomús, de la cual heredó el nombre al convertirse en pasaje, tras quedar separado de ella por una construcción. La calle mencionada recibió su nombre, según Balbachán, por una ordenanza municipal del 28 de octubre de 1893. El mismo autor agrega -imaginamos que tomándolo de la misma fuente- “Nombre anterior: Número 4 ó 4a. al sudeste de la calle Provincias Unidas[3].

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La denominación Chascomús proviene de la ciudad ubicada en la Provincia de Buenos Aires sobre la actual Ruta 2, famosa por su laguna. Fue fundada en 1779 por Pedro Nolasco Escribano llamándola Juan Bautista Chascomús: combina dos nombres, san Juan Bautista (denominación católica para el predicador judío del siglo I conocido como Juan El Bautista) y la voz indígena Chascomús, que significa siete lagunas[4].

Alberto G. Piñeiro aporta un detalle interesante sobre esta calle, que no conocíamos. Dice que también “la denominación Chascomús abarcaba el tramo de Directorio comprendido entre las actuales Lisandro de la Torre y General Paz[5].

Volviendo al pasaje, pasó de llamarse Chascomús a De la Misericordia por la Ordenanza N° 50.836, publicada en el Boletín Oficial N° 51 de 1996[6]. Aunque desconocemos las razones. es un nombre bellísimo. En latín miser significa desdichado y cordis, de corazón. De allí que misericordia es sentir compasión por los que sufren y ofrecerles ayuda. ¿Puede haber un nombre que comunique un sentimiento más noble?

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Finalmente, tal como anuncian los carteles, su única cuadra existe entre el 5500 y 5600, siendo sus códigos postales C1440APA y C1440APB. Curiosamente existe el código postal para las alturas que van del 5601 al 5700… ¡que no existen!

 RENOVACIÓN

Según una placa que luce el Pasaje de la Misericordia, fue declarado Sitio de Interés Cultural y Turístico y Patrimonio Cultural de Mataderos por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires el 26 de octubre de 2006.

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Una publicación barrial, ubica la reinauguración de esta vía peatonal un año después, el 24 de octubre de 2007. Dice “El Pasaje de la Misericordia, con el impulso de un proyecto de la legisladora socialista de Mataderos, Verónica Gómez, fue declarado por la Legislatura de la Ciudad, de interés cultural y turístico. Su recuperación y remodelación estuvo a cargo del Gobierno de la Ciudad, a través del Ministerio de Gestión Pública y Descentralización. Distintos artistas plásticos de los barrios de Liniers y Mataderos dieron vida a los murales que hoy engalanan el pasaje, que ya forma parte del recorrido del circuito turístico que iniciará el Gobierno de la Ciudad” [7].

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Aprovechamos para recordar con mucho cariño entre aquellos que han contribuido al desarrollo de ese tradicional barrio porteño a nuestro amigo y colega, Dr. Hugo Suárez, quien fuera concejal municipal y presidente de la entidad barrial República de Mataderos[8], siempre reconocido por su incondicional solidaridad y compromiso con su barrio[9].

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La remodelación del pasaje le dio nueva vida. Diversos artistas de la Comuna 9, que abarca los barrios de Mataderos, Liniers, y Parque Avellaneda, decoraron el muro sur con murales, en su mayoría con motivos gauchescos. Christian Heredia tuvo a su cargo los dos más grandes: el primero ingresando desde la calle Fonrouge, titulado “Enero 1959 Toma del Frigorífico Lisandro de la Torre” y, en el extremo opuesto, el primero desde la calle Pola, “Recuerdos del Resero”.

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Vale la pena visitar el Pasaje de la Misericordia; pero si no puede llegar hasta allí, lo invitamos a recorrerlo a través de este video:

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.111

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.260

[3] Balbachán, Eduardo Luis, Op. cit., p.114

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.51

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.81

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Barrios, calles y plazas de la Ciudad de Buenos Aires. Origen y razón de sus nombres”, Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, Buenos Aires, Argentina, 2008, p.283

[7] http://www.villalugano.com.ar/actualidad/2007/jqhiyp_recuperan_un_tradicional_pasaje_barrio_mataderos.html

[8] http://www.cosasdebarrioweb.com.ar/Abril2009/cultura.html

[9] http://rubentzanoff.mst.org.ar/2013/04/13/recorrida-por-mataderos-ante-el-124-o-aniversario-de-mataderos-1889-2013/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto en blanco y negro, tomada del libro “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, de Eduardo Luis Balbachán, de 1982, citado en las referencias.


BONUS: MURALES y MURALISTAS DEL PASAJE DE LA MISERICORDIA

Un poco a la manera de la boquense calle Caminito, el Pasaje de la Misericordia con sus murales podría convertirse en un museo al aire libre. Lamentablemente, en nuestra visita a fines de marzo de 2017, las pinturas lucían algo deterioradas. El talento demostrado allí por sus creadores merece un renovado cuidado. La mayoría de los murales están dedicados a temas gauchescos.

  1. Autor: Christian Heredia (http://www.letrista.com.ar); título: Enero 1959 Toma del Frigorífico Lisandro de la Torre
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  1. Autoras: Gloria Concetti – Alicia Espósito
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  1. Autor: Guillermo Nadal
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  1. Autora:  Nancy Pozzuto https://www.facebook.com/nancypozzuto
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  1. Autoras:  Angélica Barrientos y Alicia Parada https://www.facebook.com/alicia.paradagotz.1?ref=br_rs
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  1. Autores:  Olga Alonso y Norberto Ricco
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  1. Autoras:  Lidia Lanzi (https://www.facebook.com/lidiaelvira.lanzillotta.5) y Alma Knees
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  1. Autoras:   Rosa Pantano (http://mirarte-rosapantano.blogspot.com)  y Beatriz Olivera Querol, fechado 2007
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  1. Autores:   Nogueira y DeFederico
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  1. Autores:   Andrea y R. Cabrera, fechado 2007
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  1. Autores:   Los Pibes

Este gran mural rompe la línea artística y abandona los temas gauchescos. mostrando una alta identificación con el barrio, con inscripciones como “Mataderos está encantador” y “El Pasaje de la Misericordia”, o el escudo del Club Atlético Nueva Chicago. Finalmente, encima de la firma, recuerda una gesta histórica argentina: “2 de abril, Día de las Malvinas”.

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12.   Autor: Christian Heredia, en el 127º aniversario de Mataderos; título: “Recuerdos del Resero”

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“LOS ALPES”, EL PASAJE MÁS ANGOSTO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado en el barrio de Caballito, Los Alpes es el pasaje peatonal más angosto de Buenos Aires. Aunque suele pasar inadvertido, no es difícil llegar hasta él. Basta caminar por la Avenida Rivadavia desde Primera Junta y doblar a la izquierda en la calle Parral. Tras cruzar la calle Yerbal, Parral se interrumpe, obligando a continuar el paso por un estrecho puente peatonal de hierro levantado sobre las vías del tren.

01 DSC00892Justo antes del puente, una placa metálica nos informa que a nuestra derecha, a la altura de Parral 149, se encuentra la única entrada al Pasaje Los Alpes.

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El Pasaje Los Alpes es una suerte de vereda que de un lado tiene un conjunto de casas y del otro una alambrada desde la cual se observan las vías del Ferrocarril Sarmiento.

03 DSC00894Dice el arquitecto Rolando Schere “en su nacimiento un puente metálico que cruza sobre las vías, da continuidad peatonal a la calle Parral. Originalmente existían ocho casas chorizo y remataba en la puerta de entrada a la última casa. En la actualidad varias de estas viviendas han sido remplazadas por edificaciones de gran altura. El pasaje da la sensación de ser un balcón sobre las vías del ferrocarril. El nombre original era Pasaje Beade, apellido del dueño de los terrenos en la década del treinta”[1].

05 DSC00908En realidad, la única casa que ha sido reemplazada por un edificio alto es la de la esquina de Los Alpes y Parral. La numeración del pasaje va del 554 al 598, accediéndose desde este número hasta la entrada de la última casa, cuya puerta de alambre entramado es perpendicular al pasaje y constituye su final.

¿CUÁL ES SU VERDADERO NOMBRE?

Si observamos el mapa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires[2], veremos que al colocar en el buscador Los Alpes de inmediato aparece Beade, en honor de “don Fernando Beade, natural de Galicia y escribano en Buenos Aires, antiguo propietario de las casas que dan al pasaje, por esto llamado Beade[3]. Sin embargo, al revisar en la base de datos de códigos postales del Correo Argentino[4] aparece exclusivamente Los Alpes. Curiosa dicotomía. ¿Cuál es el nombre verdadero del pasaje?  ¿Beade o Los Alpes?

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Miguel Iusem dice que Los Alpes es el “nombre no oficial” pero lo incluye en su Diccionario de la Calles de Buenos Aires “por tratarse de la calle más angosta de Buenos Aires”[5]. Sin embargo, Alberto Piñero, en su obra sobre los nombres de las calles porteñas, corrige ese dato y nos da la respuesta, señalando que, si bien aparece como Beade en el Indicador Urbano de Buenos Aires de 1900, el nombre cambia a Los Alpes debido a la Ordenanza N° 5.361, B.M. N° 3.531, de 1933[6].

06 DSC00912Esto mismo lo confirma el experto Eduardo Balbachán, precisando que dicha Ordenanza fue emitida por Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires del 28 de diciembre de 1933. Para quitar toda duda, añade su transcripción: “Denomínase Los Alpes a la vía pública que va de Hidalgo a Parral, entre Yerbal y Bacacay”[7].

04 DSC00906De todos modos, Piñero menciona que en el Plano Municipal de 1968 sigue apareciendo como Beade, un anacronismo que, como vimos, hasta la fecha no ha sido corregido. Al visitar el pasaje el único nombre visible es el oficial: Los Alpes, y el único código postal para todas las casas de su corta cuadra, C1405CEB, está asignado a su nombre.

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Estado actual

Como otros pasajes peatonales de Buenos Aires, necesita recuperar su brillo.

DSC00896Creemos que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debería tener un plan para la conservación de estos espacios únicos, que le dan a la Reina del Plata un toque diferente. Cada barrio tiene sus tesoros, y el Pasaje Los Alpes es una perla oculta de Caballito.

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


FICHA TÉCNICA

Pasaje Los Alpes - Ficha Técnica


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.76

[2] https://mapa.buenosaires.gob.ar

[3] Castro López, Manuel, Almanaque Gallego, Buenos Aires, Argentina, 1927, p.63

[4] http://www.correoargentino.com.ar/formularios/cpa

[5] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.111

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.302

[7] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.47


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LOS PASAJES JULIO S. DANTAS Y GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

A fines de 2014 publiqué la nota “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”[1]. Hablaba allí de los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville y de la calle Martín Pescador. A pesar de haber emigrado, deseaba escribir sobre esas perlas ocultas de mi amada Buenos Aires. Durante una visita en 2016, pude regresar al pasaje Julio S. Dantas -en realidad, una calle muy angosta- y al pasaje Guillermo Enrique Granville, una pequeña vía peatonal. Entre ambos conforman una suerte de chata y ancha letra T. Si no lo han hecho aún, los invito a recorrerlos.

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Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville se ubican en Villa Santa Rita. Aunque muchos lo confunden con Monte Castro, Floresta o Villa del Parque, este barrio tiene identidad propia. Está delimitado al este por la calle Condarco, al norte por la Avenida Álvarez Jonte y la calle Miranda, al oeste por la calle Joaquín V. González, y al sur por la Avenida Gaona. Fue levantado sobre una zona de quintas, lotificada a fines del siglo XIX[2].

EL PASAJE JULIO S. DANTAS

Si uno viene desde las avenidas Gaona o Juan B. Justo, sugerimos iniciar el recorrido por la calle Cuenca, poco antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte. A mano izquierda se abre la estrecha calle empedrada Julio S. Dantas.

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Su acera izquierda es una rampa de acceso, seguramente pensada para niños con capacidades motrices diferentes, porque a mitad de cuadra hay una escuela pública. La rampa tiene a su izquierda una baranda metálica pegada a la pared donde resalta una pintura publicitaria de la empresa Petri y el anuncio del estacionamiento para sus clientes.

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La pintura publicitaria va seguida de un mural infantil.

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A la derecha de la rampa hay un cantero poblado de vegetación.

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El pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, la calle siguiente, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que, aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la curiosa callecita empedrada.

El pasaje Dantas asciende hacia su centro bordeado por casas, en su mayoría de una planta.

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Una excepción la constituye un edificio de ladrillos rojos, amplios ventanales y secciones lisas color amarillo en su fachada.

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Un poco más allá se encuentra a mano izquierda la Escuela Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su altura exacta es 3260); del lado derecho nace el estrecho pasaje peatonal Guillermo Enrique Granville, cuya entrada tiene una pequeña rampa en el centro con sus respectivos apoyamanos, a la izquierda un camino para los transeúntes y a la derecha un alto cantero con plantas y un farol pintado de gris.

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Continuando por Dantas, la calle desciende en suave pendiente hacia la calle Campana.

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Termina también con una rampa a la izquierda y con escalones a la derecha.

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Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca.

¿DE DÓNDE PROVIENE SU NOMBRE?

La altura del pasaje Julio S. Dantas va del 3201 al 3300. De lado sur tiene una cuadra, del norte dos, pues la divide el pasaje Granville. Una placa permite leer allí Julio S. Dantas 3270-3300 marcando el inicio de su segunda cuadra.

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No hay acuerdo en cuanto al origen de su nombre. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Sin embargo, desde 1944 toma su nombre actual honrando la memoria de un héroe de la Guerra con el Paraguay.

Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

PASAJE GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE

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Comienzo diciendo que en mi última visita encontré varias mejoras en el pasaje Guillermo Enrique Granville, que lo han embellecido. Es una de las escasas calles peatonales que perduran en Buenos Aires. Debajo comparto vistas de su entrada, primero iniciando el recorrido desde el pasaje Julio S. Dantas, y luego, girando 180º, como si desembocáramos en él.

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Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. Aunque es un pasaje corto, su numeración va del 2101 al 2200.

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Comienza con una pasarela angosta y la rampa que mencionamos, que a un lado tiene un cantero con plantas, arbustos y algunos árboles, y al otro las edificaciones.

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Luego el sendero empedrado se ensancha, encontrando canteros con plantas y arbustos en su centro, faroles pintados de gris y glorietas.

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Rodeado de viviendas familiares, en su mayoría de una planta, transmite una atmósfera apacible.

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Es un espacio único, una suerte de península urbana, ajena al movimiento de la Avenida Álvarez Jonte.

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Precisamente, al llegar a la avenida mencionada hay una nueva rampa que facilita el paso de personas con capacidades motrices diferentes, con sendos apoyamanos a sus lados; a un lado hay una acera con escalones y al otro más canteros.

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Un colorido mural, firmado “M.A.V. 2015” decora una de sus paredes laterales seguido de otro más pequeño donde se lee “Escuela Nº 18 Pcia. de Tierra del Fuego”.

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Cuenta el arquitecto Rolando H. Schere que antiguamente se lo llamó Normandía y La Puñalada. Hay un website titulado “Vecinos del Pasaje La Puñalada autoconvocados en defensa de Granville y su entorno de pasajes” que contiene información muy rica acerca del pasaje, además de protestar por la construcción de torres vecinas, reclamo que apoyamos en su totalidad.

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Dice allí: “Y hablamos de su belleza, no solamente porque muchos son la cuarta generación de habitantes de estas 14 casas, la mayoría levantadas por inmigrantes italianos… sino por razones objetivas: Granville es un pasaje peatonal de una sola cuadra, atravesado por largos canteros con palmeritas, limoneros, damas de noche o higueras, donde todavía podrá encontrar por las tardes niños corriendo una pelota, o recorriendo sus baldosas en bicicleta, que son nuestros hijos adueñándose de la vereda paradójicamente en uno de los pocos barrios que no cuenta con ningún espacio verde, ni parques ni plazas. Es un rinconcito de Buenos Aires donde todos los 8 de diciembre, cada vecino trae sus adornos navideños y entre todos decoramos un único arbolito en un cantero de nuestra calle. Y a toda esta belleza se suma que en uno de sus extremos Granville linda con otro pasaje angosto y empedrado: Julio Dantas, donde se encuentra la escuela primaria Nro 18 DE 17, cuyos alumnos atraviesan Granville para volver a sus casas” [3]. Magnífico testimonio de los vecinos de esta oculta perla porteña.

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¿POR QUÉ SE LLAMA ASÍ?

Hay dos versiones que explican por qué antiguamente el pasaje era conocido como “La puñalada”: una, por su trazado visto desde arriba, abriendo un corte en la manzana; otra, por una pelea entre compadritos a principios del siglo XX. En 1944, gracias al decreto mencionado arriba recibe la denominación actual.

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Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA

En letra itálica aparece el texto transcrito del primer artículo (ver link arriba en REFERENCIAS) y el aporte de la página vecinal.


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/barrios/villa-santarita

[3] http://vecinosdegranville.blogspot.com/2010/04/la-punalada-milonga-de-juan-darienzo.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

LA COLONIA OBRERA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Traful al 3600

Muy cerca del Hospital Aeronáutico, y dentro del barrio de Nueva Pompeya (o simplemente Pompeya) se encuentra la Colonia Obrera. Ocupa íntegramente la manzana delimitada por las calles Traful, Cachi, Alfredo Gramajo Gutiérrez y Albert Einstein. Es un complejo de casas de habitación comunicadas entre sí y con el exterior a través de una curiosa red de pasajes peatonales. A pesar que su estado de conservación dista mucho de ser el ideal, es una perla oculta de Buenos Aires. 

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Alfredo Gutiérrez Gramajo al 3600

La Colonia Obrera es una suerte de minibarrio formado por una sola manzana. Paradójicamente, sus pasajes no tienen nombre pero las casas sí tienen numeración.

Las viviendas son bajas (pocas tienen dos plantas) y sólo hay algunas torrecitas con techos a cuatro aguas. Para entender el diseño, hay que comenzar por su plaza central de forma cuadrada, donde se destaca la vieja torre con su reloj y campanario.

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Otra de las entradas a la torre del campanario

En realidad, son cuatro relojes, uno en cada cara de la torre, de los cuales ninguno funciona.

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En la foto se pueden observar dos de los cuatro relojes

Debajo de los relojes hay un amplio mirador. El diseño del herraje de su balcón parece una serie de corazones invertidos. El campanario está oculto por las sombras detrás del arco. Cuando uno contempla el deterioro general del sitio, la falta de mantenimiento y la miríada de cables que lo surcan, aunque percibe el misterioso encanto de la decadencia, espera que algún día recupere la gloria perdida. La Colonia Obrera, y en particular su torre, son dignas de una profunda restauración.

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Detrás de la torre, mirando hacia la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez encontramos un altar dedicado a la Virgen María, cuya imagen se ha instalado en una especie de gruta.

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Al llegar a la plazoleta, el pasaje de ingreso, que comunica la calle Traful con la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez, se divide en dos, uno norte y uno sur, rodeando la torre, para luego volver a unificarse. A pocos metros (y en ambas direcciones) se abren otros pasajes que, en realidad, conforman uno solo, de perímetro cuadrado, que es la vía de acceso al interior de la Colonia Obrera. Para su mejor comprensión, presentamos un croquis.

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Recorrer este circuito es una interesante experiencia. Comenzamos por el pasaje que conduce a la sección este.

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Las casas del lado este, de numeración impar, son las que más demuestran el paso del tiempo. Muchas han levantado muros que ocultan sus fachadas.

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Las casas del lado oeste, de numeración par, se ven mejor cuidadas, están pintadas con colores pasteles, y la mayoría simplemente tiene verjas de hierro delante de sus frentes.

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El piso de los pasajes es de baldosas; en algunos tramos se encuentra muy dañado. Se encuentra interrumpido por algunos árboles y postes metálicos de alumbrado público. Además, por encima hay un abundante cablerío.

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La superficie del terreno es 10,348 m2 y la superficie construida de 4,000 m2. En 1997 fue incluido dentro de las APH (Área de Protección Histórica de la Ciudad de Buenos Aires).

SU HISTORIA

Rolando Schere en su libro “Pasajes” cuenta el origen: proviene de la subdivisión de un lote de tres hectáreas; una de las parcelas resultantes fue cedida a la Sociedad San Vicente de Paul, una entidad de beneficencia de laicos católicos, por una ordenanza del 28 de septiembre de 1909, a fin de construir viviendas para trabajadores[1].  El arquitecto Schere, agrega este microbarrio fue levantado entre 1912 y 1926.

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En una nota el Diario Clarín, Eduardo Parise, Clarín explica que su verdadero nombre es Colonia Obrera de Nueva Pompeya / Pequeño Barrio San Vicente de Paul. Agrega además que “fue inaugurado el 17 de octubre de 1912 con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña y el intendente Joaquín de Anchorena. El complejo, diseñado por el arquitecto Vicente Frigerio Alvarez, tiene 46 casas de un ambiente, 96 de dos y solo tres de tres”[2]. María Pagano, en su artículo en La Nación dice que las viviendas son 92[3].

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Parise añade un interesante detalle: “Además, estaba determinado que todas las viviendas tendrían sus frentes de un mismo color: ‘verde imperio’ o ‘verde inglés’, según la marca de pintura que se usara. Y si se colocaba algún toldo, debía ser siempre anaranjado”[4]. Hoy no queda el menor resabio de esa norma.

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Como las damas vicentinas son las propietarias, todos los habitantes son inquilinos que les pagan una módica cuota o alquiler mensual.

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CURIOSIDADES

María Pagano menciona en su artículo en La Nación que allí se han filmado publicidades y películas y menciona que legendaria diva argentina Isabel Sarli grabó una escena que en la gruta de Virgen. Esto resulta paradójico porque durante muchos años la Administración de la Colonia Obrera impuso un estricto reglamento de conducta que se colgaba en la entrada de las viviendas. Incluso las damas vicentinas tenían autoridad para entrar en las casas para verificar su cumplimiento. No es difícil imaginar que en esa singular comunidad de inmigrantes españoles e italianos existían las excepciones.

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Una señora me contó lo sucedido en una de las casas del lado este. Había una joven y bella vecina que repentinamente quedó viuda. No tenía hijos y vivía sola. Un día llegó un caballero muy bien vestido, portando un paquete. Golpeó a la puerta y doña Julieta -así se llamaba la mujer- lo hizo entrar. Una media hora después el hombre se retiró con una amplia sonrisa, algo que no pasó inadvertido para señoras de la Colonia. Una semana después llegó otro hombre con gran bolso a la puerta de la viuda, quien lo recibió del mismo modo. Un rato después el hombre se marchó tranquilamente. Las visitas comenzaron a ser la comidilla de los inquilinos, siempre atentos a las “novedades” sociales de la cuadra.

028-dsc06427Unos días después ingresó a la casa de doña Julieta un varón de buen aspecto con una caja envuelta en papel madera y pocos días después otro con un enorme maletín. Un grupo de vecinas, aduciendo que no querían ser consideradas cómplices por su silencio, envió una nota a la Junta de la organización católica propietaria. Allí insinuaban que la viuda podría estar ejerciendo la profesión más antigua del mundo, una suprema vergüenza para la comunidad. La Administración decidió montar una discreta guardia sobre la casa. A la llegada de un joven con una gruesa bolsa, una directiva vicentina se apersonó al domicilio de doña Julieta. Llamó a la puerta y ella le abrió de inmediato. La visitante indicó que iba a revisar el lugar. Encontró al joven sentado en la mesa con un conejo entre sus manos. Miró alrededor y encontró jaulas con diversos animalitos que iban desde un gato a un par de ardillas.

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La viuda explicó que ante su soledad decidió buscar mascotas que le hicieran compañía. Como el reglamento era estricto en cuanto a la prohibición de tener animales, le pedía a sus proveedores que ocultaran la fauna del resto del vecindario, porque prefería correr el riesgo a ser descubierta que sentirse sola. La inspectora se sintió conmovida pues ella también era viuda y sin hijos, así que hizo un acuerdo con doña Julieta. No la iba a denunciar ni sancionar si retiraba todos las mascotas, pudiendo conservar solamente los canarios, los únicos admitidos en el reglamento. La joven mujer aceptó; con dolor puso todas las mascotas en una valija , y el joven, involuntario testigo de la escena, en ese mismo momento se las llevó. Doña Julieta, impulsada por la soledad, buscó pareja y la encontró en un polaco que vivía cerca. Se casaron y tuvieron hijos. La señora que me relató la historia resultó ser la nieta de ese matrimonio que se formó gracias o a pesar del reglamento.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.134

[2] Parise, Eduardo, “Marca obrera en Nueva Pompeya”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 30/05/2011, http://www.clarin.com/ciudades/Marca-obrera-Nueva-Pompeya_0_BkGbFnW6PXx.html

[3] Pagano, María, “Un barrio de sólo una manzana en el corazón de Nueva Pompeya”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 19/02/2015, http://www.lanacion.com.ar/1769525-un-barrio-de-solo-una-manzana-en-el-corazon-de-nueva-pompeya

[4] Parise, Eduardo, artículo citado


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

 

 

EL PASAJE ALBANIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

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La calle Albania tiene solamente dos cuadras. La primera nace en la avenida Segurola, a un costado del Hospital Rocca, paralela a la Avenida Álvarez Jonte y a la calle Alcaraz; es de tránsito vehicular, y termina en la calle Marcos Paz.

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Calle Albania, cuadra de tránsito vehicular

A unos metros, avanzando por Marcos Paz hacia el sur, se abre un estrecho paso que inaugura la segunda cuadra, que llega hasta la calle Benito Juárez. Ese tramo peatonal no aparece en los libros más importantes de pasajes de Buenos Aires, ni se caracteriza por algún detalle o belleza particular; sin embargo, tiene la peculiar virtud de ser uno de los pocos que perduran en Buenos Aires.

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Vista del Pasaje Albania desde la calle Marcos Paz

El Pasaje Albania es de casas bajas y sencillas, con muros y paredones que delatan el paso del tiempo. Su senda está cubierta por baldosas, en algunos lugares maltrechas, y largas rejillas de desagüe metálicas que la surcan en una amplia porción de su trayecto. Tiene aroma a barrio, a mate, a vecino y a trabajo.

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La Lic. Leticia Maronese, fundadora de la Junta de Estudios Históricos de Monte Castro, el barrio donde está el pasaje, cuenta que allí se construyeron cuarenta y cuatro casas para familias de inmigrantes italianos que habían combatido en la Primera Guerra Mundial. El proyecto, levantado por iniciativa del gobierno italiano bajo la dirección de Antonio Carozzi, estaba compuesto por viviendas que seguían el modelo popularmente conocido como “casa chorizo”: habitaciones contiguas que dan a un patio o galería. Con el paso del tiempo algunas han sido recicladas o quedado ocultas tras los muros que dan al pasaje[1].

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dsc05720Aunque se ha escrito que este compacto bloque de casas fue construido en 1915[2], las fechas de la guerra sugieren que la obra fue posterior. Incluso, es sabido que los ex soldados cuyas familias se habían instalado allí ya recibían una pensión. Independientemente de cuál haya sido el año, la angosta calle peatonal fue denominada Pasaje Carozzi debido a su constructor, nombre que conservó hasta 1927, cuando fue reemplazado por su actual denominación[3] en honor al país balcánico.

La Lic. Leticia Maronese también refiere que en 1942 había maestras que ejercían la docencia en forma privada en el Pasaje Albania, labor que posteriormente dio a luz al vecino Colegio San Rafael ubicado en la calle Benito Juárez.

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Vista del Pasaje Albania desde la calle Benito Juárez

Volviendo al presente, una de las notas curiosas son los viejos carteles que indican su exclusivo uso peatonal.

En nuestra última visita, a fines de octubre de 2016, al acceder desde la calle Marcos Paz encontramos dos murales: al sur, uno llamado “Pintura Geométrica” realizado por alumnos de la Escuela Monte Castro, fechado 14-5-06, y otro poético, en el lado norte, realizado con pintura negra sobre un paredón blanco.

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En cuanto a los códigos postales, calle Albania, altura 4501-4599 (cuadra vehicular) son C1407FEC y 4600 es C1407FED, y Albania, altura 4601-4699 (cuadra peatonal) es C1407FEE.

COSAS QUE PASAN

Un vecino, que pertenece a una familia que lleva cuatro generaciones viviendo allí, me relató una anécdota que pinta el espíritu antiguo del Pasaje Albania. Su abuelo, hijo de un ex soldado italiano, siendo muy joven decidió iniciar un negocio. Chicho -así era su sobrenombre- no tuvo mejor idea que comenzar a fabricar lavandina en el fondo de su casa. Era un adolescente emprendedor pero inexperto en cuestiones de fórmulas. Al segundo o tercer día varios vecinos sintieron un fuerte olor. La mayoría pensó en un derrame de una sustancia química, pero un incauto mencionó que el padre de Chicho estaba gravemente enfermo; dijo que una úlcera infectada era la causante de un aroma tan repugnante. Los vecinos comenzaron a discutir. No existían los antibióticos, no había educación sanitaria y sobraban las supersticiones, así que algunos propusieron marcharse de inmediato antes que se produjera una epidemia; otros más solidarios propusieron hacer una colecta para pagar un doctor. Finalmente, un vecino se acercó a la casa de Chicho; el adolescente con los ojos llorosos le abrió. El hombre le consultó si estaba muriendo su padre, a lo que el jovencito, no sin preocupación, le dijo que esperaba que no, que el hombre había ido a trabajar a una construcción y que no se había enterado de ningún accidente hasta ese momento. Entonces, el vecino le preguntó por qué lloraba y el chico le explicó que era producto de lo que estaba fabricando. Obviamente, fue el final de su naciente empresa, pero los vecinos que habían pensado estar viviendo el preámbulo de una tragedia, se abrazaron aliviados, y a partir de allí mejoró la relación entre ellos.

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Maronese, Leticia, Barrio Monte Castro – Un barrio de Buenos Aires

http://www.barriomontecastro.com.ar/index.php?option=com_content&view=article&id=15&Itemid=66

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.74, quién a su vez cita como fuente a “Historias de Buenos Aires Nº 9, Floresta”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 1988, p.2.

[3] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.390.


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