EL OLVIDADO PASAJE VERDIER (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado sobre la calle Dean Funes 583 entre las calles Venezuela y México, este pasaje conserva aún el aroma a barrio. No es glamoroso, sino que nos transporta a un pasado que se ha perdido.

Durante largo tiempo estuvo abandonado. Hemos visto fotografías que lo mostraban en estado lamentable. Sin embargo, cuando lo visitamos había recuperado su dignidad y su encanto. El triste portón de chapa herrumbrada había sido reemplazado por uno moderno de hierro con una suerte de filigrana negra que permitía ver el interior del pasaje y con lanzas en su parte superior.

Aunque las paredes color ocre lucían gastadas, su espacio, que parece más bien un ancho pasillo, lucía limpio y cuidado. Faltaban las clásicas macetas, pero nos imaginamos que en cualquier momento estarán de regreso.

El Pasaje Verdier nació como un espacio de tránsito peatonal privado entre los dos cuerpos de un edificio; cada cuerpo tiene tres plantas y en sus fachadas lucen pequeños detalles art nouveau. El pasaje está iluminado por faroles sobre arcadas metálicas de color negro que conectan ambas construcciones.

Una curiosa estructuras al fondo cierra el pasaje, formando un cul-de-sac. Es de color gris tiza cuyo cuerpo principal está coronado por una bóveda semicircular. En su frente posee dos puertas, una en el centro y otra más pequeña a la izquierda.

Desconocemos si se trata la portería o está destinada a algún otro uso. En su parte superior un pequeño cartel rojo dice “lugar de paso – prohibido jugar”.

ACERCA DEL NOMBRE

Poco se sabe del nacimiento de este pasaje. Según cuenta el arquitecto Rolando Schere, fue construido en 1911 a pedido de Celestino Verdier[1], basado en los planos encontrados en el Archivo de Aguas Argentinas. El Dr. Eduardo Balbachan, decano en la historia de los pasajes porteños, lo llama Pasaje José Verdier, debido a una placa de bronce que había en el lugar, luego desaparecida, y sospecha que el nombre provenga de su primitivo dueño[2].  

ALGO QUE SUCEDIÓ EN EL PASAJE

El Dr. Balbachán cuenta además que en un conventillo cercano, ubicado en Castro Barros 433, vivía la famosa “rubia Mireya”, cuyo verdadero nombre era Margarita Verdier. Esta mujer de origen francés y nacida en el Uruguay supo despertar pasiones durante su juventud. El tango “Tiempos viejos”, de Francisco Canaro y Manuel Romero (1926), la recuerda, cuando dice:

¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?

Casi me suicido una noche por ella y hoy es una pobre mendiga harapienta.

¿Te acordás, hermano, lo linda que era? Se formaba rueda pa’ verla bailar…

Cuando por la calle la veo tan vieja doy vuelta la cara y me pongo a llorar.

Una historia la liga al pasaje. No sabemos si tuvo algún parentesco con los Verdier del edificio pero sí que, sin pretenderlo, se sirvió de ello. Una noche, cuando tenía unos 60 años, la Rubia Mireya caminaba por la calle Deán Funes. Estaba enferma y desnutrida. Al ver el pasaje, que por aquel entonces no tenía portón, decidió descansar unos minutos allí. Exhausta, se sentó en el piso. De inmediato se acercó un hombre quien, pensando que era una mendiga, le pidió que se retirara.  

– ¿Sabe quién soy yo?

– No tengo idea

– La Rubia Mireya

– Jajaja y yo, Carlos Gardel

– ¿No me cree? Mire mi documento

Cuando el hombre leyó “Margarita Verdier” cambió su actitud radicalmente. Le pidió disculpas y la hizo pasar a su casa, le ofreció una sopa y le dio algo de ropa de abrigo. No sabía que Margarita Verdier era la Rubia Mireya; simplemente lo conmovió el apellido, que era el de su propia familia, fundadora del pasaje. Se dice que la mujer murió de tuberculosis a los 85 años en el Hospital Muñiz.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.68-69

[2] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.75


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

LA CALLE DR. MARCELO J. FITTE Y EL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

La calle La Pampa, la calle Dr. Marcelo J. Fitte y el pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez trazan quizás el triángulo más curioso de Buenos Aires. Ubicado en el barrio de Belgrano, parece un mundo aparte. Lo conocí hace muchos años por una invitación de un querido amigo, el periodista César Dergarabedian, quien en aquel entonces vivía en una de las torres que se levantan allí. Ya había oscurecido. Al recorrer el estrecho pasaje Vélez percibí una atmósfera diferente, signada por el perfume que emanaban sus flores y sus plantas bajo la luz tenue de unos faroles. Regresé y comprobé que pesar del paso del tiempo aún conserva ese aroma.

CALLE DR. MARCELO J. FITTE

Curiosamente la calle Dr. Marcelo J. Fitte nace en Pampa y la vía, pues se abre en el cruce del Ferrocarril Mitre (ramales a las estaciones José León Suárez y Bartolomé Mitre) con la calle La Pampa, a pasos de la Estación Belgrano R.

Consta de una única cuadra, de tránsito vehicular, que corre paralela a las vías del tren y forma la hipotenusa de este triángulo que no llega a ser perfecto pues antes de unirse al pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez dibuja una pequeña curva.

Corre entre las numeraciones 1800 y 1701. En su nacimiento hay un interesante edificio antiguo de dos plantas construido por el arquitecto Karl A. Schmitt. El experto Alejandro Machado en el blog Arquitectos Alemanes en Argentina presenta interesantes obras realizadas por él[1].

Sin embargo, metros después emergen como colosos unas enormes torres que terminan con el sabor a barrio de la sección inicial de la calle.

Dr. Marcelo J. Fitte termina detrás de los edificios dando un breve giro para unirse con el pasaje Dr. Bernardo Vélez. Forman un cul-de-sac con un playón pavimentado donde los vecinos estacionan sus vehículos a ambos lados en forma perpendicular a la calle.   

PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ

Allí, delante nuestro, aparece el final del pasaje Vélez. Nos recuerda aquella cueca puntana “Calle angosta” de José A. Zavala y Alfredo Alfonso, cuando dice “la de una vereda sola”. Esta única vereda inicial (orientada hacia la Avenida Kramer) tiene en su extremo una torre y luego una hermosa casa de color ladrillo y herrería negra.

Sin embargo, continuando nuestro recorrido en dirección a la calle La Pampa, enseguida la calle se vuelve completamente peatonal. De un lado, las torres; del otro, casas antiguas. Hay canteros con muchísimas plantas e incluso árboles que hacen de este trayecto un oasis alejado del bullicio callejero.

Esa sección es para nosotros la más bonita y la más reservada del pasaje, donde domina la serenidad, la intimidad y el buen gusto de viviendas de hasta dos plantas.

Si seguimos avanzamos, hacia a mano izquierda aparece una ancha escalera en dos niveles que conducen a los edificios que vimos desde la calle Fitte. Estas torres ocupan una pequeña loma y tienen por delante una amplia explanada que forma un ancho pasaje abierto entre Vélez y Fitte, que, si bien no tiene rejas, es privado y funciona como si fuera el palito de la letra A.

Dejando atrás la escalera, las construcciones a ambos lados se vuelven más modernas, con fachadas cubiertas con cerámica o ladrillo a la vista.

En el extremo izquierdo hay un negocio y al final, al llegar a la calle La Pampa -verdadero inicio del pasaje- tres gruesas vallas de metal oscuro que impiden el ingreso de vehículos.

EL PASAJE VÉLEZ Y LOS PASAJES PEATONALES PÚBLICOS DE BUENOS AIRES

El pasaje peatonal Dr. Bernardo Vélez es uno de los pocos pasajes públicos estrictamente peatonales de Buenos Aires. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero y maestro en la investigación de los pasajes porteños, en la segunda edición de su clásico “Los Ignorados Pasajes de Buenos Aires”[2] lo incluye en esta categoría junto a el pasaje Guillermo Enrique Granville[3], los pasajes que rodean a la Iglesia de San José de Flores, llamados Salala, Pescadores y General Gerónimo Espejo, el Pasaje de la Misericordia[4], el pasaje Famatina y el pasaje Albania[5]. En mi opinión, de todos ellos el Pasaje Vélez es el más bonito. Quizás en la lista podamos agregar el pasaje Enrique Santos Discépolo[6], hoy peatonal, antes calle Rauch.

LOS NOMBRES: QUIÉNES FUERON EL DR. MARCELO J. FITTE Y EL DR. BERNARDO VÉLEZ

El nombre de Dr. Marcelo J. Fitte le fue otorgado a la calle por la Ordenanza N° 16.388 de 1960, publicada en el Boletín Municipal n° 11.425[7]. El Dr. Marcelo J. Fitte fue un médico argentino, formado en Francia. Cirujano general, se especializó en ortopedia. A su regreso de Europa “retomó su carrera docente y su labor hospitalaria como subjefe del Servicio de Ortopedia y Cirugía Infantil del Hospital de Niños y, poco después, como jefe de la sección de Radiología Ósea del Instituto de Radiología y Fisioterapia”[8]. A mediados del siglo XX la poliomielitis hacía estragos, provocando en muchos casos una parálisis permanente en la niñez. Tratar la enfermedad demandaba rehabilitación, cirugías y el uso de aparatos ortopédicos que elevaban los costos hasta hacerlos inaccesibles a muchas familias.

El Dr. Fitte junto a un grupo de damas comprometidas en la lucha contra la enfermedad fundaron ALPI (Asociación de Lucha contra la Parálisis Infantil) a fines de 1943, sostenida únicamente con aportes privados y con apoyo científico de prestigiosas fundaciones extranjeras, proveyendo a los pacientes argentinos la oportunidad de una mejor calidad de vida.  

El nombre de Dr. Bernardo Vélez, le fue otorgado por el Decreto-Ordenanza N° 11.611 de1949, (Boletín Oficial n° 8.686); su nombre previo según Plano Peuser de 1935 era Pasaje Particular[9]. La historia del entrerriano Bernardo Vélez (1783-1862) merece no un párrafo sino una novela. Es imposible enumerar en este breve espacio las aventuras y desventuras de este abogado, periodista, traductor, político y militar que vivió los tiempos de la independencia sudamericana en Chile, Argentina y Uruguay. Entre otras curiosidades, firmó al pie del texto del Himno Nacional, autenticando la copia que se había impreso, fue miembro de la Sociedad del Buen Gusto por el Teatro, trabajó como editor de “La Gaceta de Buenos Aires”, se desempeñó como vicepresidente y presidente de la Academia de Jurisprudencia, fundó la revista “El Correo Judicial” y actuó como defensor de Guillermo Reynafé durante el juicio por el asesinato de Facundo Quiroga. Su vida transcurrió entre altos puestos, la cárcel y el exilio, resultado de la firmeza de sus convicciones políticas. Fue federal y a pesar de eso tuvo que escapar de Rosas. Regresó al Buenos Aires a fines de 1852, y fue designado secretario de la Cámara de Representantes[10]. Una vida que, mientras pudo, nunca se detuvo.

UNA ANÉCDOTA DEL BARRIO

Un vecino que me vio tomando fotos del pasaje me preguntó amablemente si buscaba algo en particular. Le dije que sí: una buena historia del lugar. Comparto su relato.

Hace unos años había una parejita de adolescentes, él tenía 15 y ella 13; la relación no era aprobada por los padres de la chica. Ella vivía en una de las casas de la parte posterior del pasaje Vélez. Como le daba miedo salir sola, procuraba encontrarse con su filito en el pasaje en horas de la tarde. Pero había un problema: cada vez que su padre los veía juntos le gritaba al chico y corría furioso en su dirección. Nunca llegaba a agarrarlo porque el adolescente tenía vías de escape: huir hacia el fondo y aprovechar la conexión con la calle Fitte, subir raudamente las escaleras que conducen a las torres o salir disparado hacia la calle La Pampa. Además, obviamente, corría mucho más rápido que el padre de la jovencita.

El hombre jamás cuestionaba a su hija porque la adoraba. A lo sumo, le decía “ese muchacho no te conviene” o “todavía sos muy chica”, pero cada vez que veía al noviecito, se enardecía. Cierta tarde, el padre venía de la estación del ferrocarril y en lugar de entrar como lo hacía habitualmente por Pampa, decidió caminar por Fitte. A mitad de cuadra ascendió por la rampa que lleva a los edificios buscando un atajo hacia su casa cuando vio al chico conversando con un adulto que estaba de espaldas.  Aceleró su paso para encararlo cuando, quizás por la palidez que súbitamente poseyó al adolescente, el adulto se dio vuelta y vio al padre de la chica avanzar a toda marcha.

¡Hola, Giménez! -lo saludó quien hablaba con el chico-. ¿Qué hace por aquí?

La palidez se trasladó al futuro suegro.

Vivo aquí a la vuelta, señor Rodríguez. ¿Y Ud.?

Vine a visitar a mi hermana. Le presento a mi sobrino.

Un forzoso apretón de manos confirmó que estaba sucediendo lo imposible.

Giménez, no se olvide que mañana tenemos que hablar un tema delicado en la oficina. Por favor, sea puntual.

Desde luego, señor Rodríguez. Y Ud., jovencito, mucho gusto de conocerlo.

A partir de allí la relación fluyó sin problemas. El hombre se dio cuenta que si quería conservar el trabajo, tenía que aceptar los sentimientos de su hija. Aunque he cambiado los apellidos por razones obvias, el hombre, que tenía menos de 40 años, no solo me aseguró que la historia era cierta, sino que me dijo.

Créase o no, seguimos juntos hasta el día de hoy.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE DR. BERNARDO VÉLEZ


REFERENCIAS

[1] Machado, Alejandro, http://arquitectos-alemanes-argentina.blogspot.com/

[2] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.31-56

[3] Sobre este pasaje ver nuestros artículos “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”, https://pablobedrossian.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/ y “Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville”, https://pablobedrossian.com/2017/03/03/los-pasajes-julio-s-dantas-y-guillermo-enrique-granville-por-pablo-r-bedrossian/

[4] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje de la Misericordia”, https://pablobedrossian.com/2017/10/21/el-pasaje-de-la-misericordia-por-pablo-r-bedrossian/

[5] Sobre este pasaje ver nuestro artículo “El Pasaje Albania”, https://pablobedrossian.com/2017/01/23/el-pasaje-albania-por-pablo-r-bedrossian/

[6] Sobre este pasaje ver nuestro artículo Enrique Santos Discépolo: El Único Pasaje en S de Buenos Aires

https://pablobedrossian.com/2019/01/18/enrique-santos-discepolo-el-unico-pasaje-en-s-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.362

[8] http://alpi.org.ar/es/ sección Historia.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.500

[10]  Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit., p.31-32


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“LOS ALPES”, EL PASAJE MÁS ANGOSTO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado en el barrio de Caballito, Los Alpes es el pasaje peatonal más angosto de Buenos Aires. Aunque suele pasar inadvertido, no es difícil llegar hasta él. Basta caminar por la Avenida Rivadavia desde Primera Junta y doblar a la izquierda en la calle Parral. Tras cruzar la calle Yerbal, Parral se interrumpe, obligando a continuar el paso por un estrecho puente peatonal de hierro levantado sobre las vías del tren.

01 DSC00892Justo antes del puente, una placa metálica nos informa que a nuestra derecha, a la altura de Parral 149, se encuentra la única entrada al Pasaje Los Alpes.

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El Pasaje Los Alpes es una suerte de vereda que de un lado tiene un conjunto de casas y del otro una alambrada desde la cual se observan las vías del Ferrocarril Sarmiento.

03 DSC00894Dice el arquitecto Rolando Schere “en su nacimiento un puente metálico que cruza sobre las vías, da continuidad peatonal a la calle Parral. Originalmente existían ocho casas chorizo y remataba en la puerta de entrada a la última casa. En la actualidad varias de estas viviendas han sido remplazadas por edificaciones de gran altura. El pasaje da la sensación de ser un balcón sobre las vías del ferrocarril. El nombre original era Pasaje Beade, apellido del dueño de los terrenos en la década del treinta”[1].

05 DSC00908En realidad, la única casa que ha sido reemplazada por un edificio alto es la de la esquina de Los Alpes y Parral. La numeración del pasaje va del 554 al 598, accediéndose desde este número hasta la entrada de la última casa, cuya puerta de alambre entramado es perpendicular al pasaje y constituye su final.

¿CUÁL ES SU VERDADERO NOMBRE?

Si observamos el mapa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires[2], veremos que al colocar en el buscador Los Alpes de inmediato aparece Beade, en honor de “don Fernando Beade, natural de Galicia y escribano en Buenos Aires, antiguo propietario de las casas que dan al pasaje, por esto llamado Beade[3]. Sin embargo, al revisar en la base de datos de códigos postales del Correo Argentino[4] aparece exclusivamente Los Alpes. Curiosa dicotomía. ¿Cuál es el nombre verdadero del pasaje?  ¿Beade o Los Alpes?

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Miguel Iusem dice que Los Alpes es el “nombre no oficial” pero lo incluye en su Diccionario de la Calles de Buenos Aires “por tratarse de la calle más angosta de Buenos Aires”[5]. Sin embargo, Alberto Piñero, en su obra sobre los nombres de las calles porteñas, corrige ese dato y nos da la respuesta, señalando que, si bien aparece como Beade en el Indicador Urbano de Buenos Aires de 1900, el nombre cambia a Los Alpes debido a la Ordenanza N° 5.361, B.M. N° 3.531, de 1933[6].

06 DSC00912Esto mismo lo confirma el experto Eduardo Balbachán, precisando que dicha Ordenanza fue emitida por Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires del 28 de diciembre de 1933. Para quitar toda duda, añade su transcripción: “Denomínase Los Alpes a la vía pública que va de Hidalgo a Parral, entre Yerbal y Bacacay”[7].

04 DSC00906De todos modos, Piñero menciona que en el Plano Municipal de 1968 sigue apareciendo como Beade, un anacronismo que, como vimos, hasta la fecha no ha sido corregido. Al visitar el pasaje el único nombre visible es el oficial: Los Alpes, y el único código postal para todas las casas de su corta cuadra, C1405CEB, está asignado a su nombre.

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Estado actual

Como otros pasajes peatonales de Buenos Aires, necesita recuperar su brillo.

DSC00896Creemos que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debería tener un plan para la conservación de estos espacios únicos, que le dan a la Reina del Plata un toque diferente. Cada barrio tiene sus tesoros, y el Pasaje Los Alpes es una perla oculta de Caballito.

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


FICHA TÉCNICA

Pasaje Los Alpes - Ficha Técnica


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.76

[2] https://mapa.buenosaires.gob.ar

[3] Castro López, Manuel, Almanaque Gallego, Buenos Aires, Argentina, 1927, p.63

[4] http://www.correoargentino.com.ar/formularios/cpa

[5] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.111

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.302

[7] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.47


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

LOS PASAJES JULIO S. DANTAS Y GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

A fines de 2014 publiqué la nota “Tres curiosas calles de mi Buenos Aires querido”[1]. Hablaba allí de los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville y de la calle Martín Pescador. A pesar de haber emigrado, deseaba escribir sobre esas perlas ocultas de mi amada Buenos Aires. Durante una visita en 2016, pude regresar al pasaje Julio S. Dantas -en realidad, una calle muy angosta- y al pasaje Guillermo Enrique Granville, una pequeña vía peatonal. Entre ambos conforman una suerte de chata y ancha letra T. Si no lo han hecho aún, los invito a recorrerlos.

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Los pasajes Julio S. Dantas y Guillermo Enrique Granville se ubican en Villa Santa Rita. Aunque muchos lo confunden con Monte Castro, Floresta o Villa del Parque, este barrio tiene identidad propia. Está delimitado al este por la calle Condarco, al norte por la Avenida Álvarez Jonte y la calle Miranda, al oeste por la calle Joaquín V. González, y al sur por la Avenida Gaona. Fue levantado sobre una zona de quintas, lotificada a fines del siglo XIX[2].

EL PASAJE JULIO S. DANTAS

Si uno viene desde las avenidas Gaona o Juan B. Justo, sugerimos iniciar el recorrido por la calle Cuenca, poco antes de llegar a la Avenida Álvarez Jonte. A mano izquierda se abre la estrecha calle empedrada Julio S. Dantas.

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Su acera izquierda es una rampa de acceso, seguramente pensada para niños con capacidades motrices diferentes, porque a mitad de cuadra hay una escuela pública. La rampa tiene a su izquierda una baranda metálica pegada a la pared donde resalta una pintura publicitaria de la empresa Petri y el anuncio del estacionamiento para sus clientes.

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La pintura publicitaria va seguida de un mural infantil.

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A la derecha de la rampa hay un cantero poblado de vegetación.

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El pasaje Dantas nace en Cuenca 2102 y técnicamente se extiende en dirección oeste hasta Llavallol 2055, entre Elpidio González y Álvarez Jonte. Sin embargo, el pasaje realmente termina en la calle Campana, la calle siguiente, porque al llegar a ella y doblar a la izquierda, a pocos metros se abre otro pasaje, más ancho y pavimentado, que, aunque recibe el mismo nombre, no continúa ni el eje ni el diseño de la curiosa callecita empedrada.

El pasaje Dantas asciende hacia su centro bordeado por casas, en su mayoría de una planta.

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Una excepción la constituye un edificio de ladrillos rojos, amplios ventanales y secciones lisas color amarillo en su fachada.

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Un poco más allá se encuentra a mano izquierda la Escuela Provincia de Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur (su altura exacta es 3260); del lado derecho nace el estrecho pasaje peatonal Guillermo Enrique Granville, cuya entrada tiene una pequeña rampa en el centro con sus respectivos apoyamanos, a la izquierda un camino para los transeúntes y a la derecha un alto cantero con plantas y un farol pintado de gris.

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Continuando por Dantas, la calle desciende en suave pendiente hacia la calle Campana.

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Termina también con una rampa a la izquierda y con escalones a la derecha.

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Por el pasaje Julio S. Dantas puede pasar sólo un auto por vez y no hay espacio para que lo recorra un camión. Sus aceras están elevadas, remedando las veredas de La Boca.

¿DE DÓNDE PROVIENE SU NOMBRE?

La altura del pasaje Julio S. Dantas va del 3201 al 3300. De lado sur tiene una cuadra, del norte dos, pues la divide el pasaje Granville. Una placa permite leer allí Julio S. Dantas 3270-3300 marcando el inicio de su segunda cuadra.

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No hay acuerdo en cuanto al origen de su nombre. Según Eduardo Luis Balbachán antiguamente se llamaba Saragoza, pero Rolando H. Schere dice que su nombre original era El Delta, que es la continuación que tiene el pasaje del otro lado de la calle Cuenca. Sin embargo, desde 1944 toma su nombre actual honrando la memoria de un héroe de la Guerra con el Paraguay.

Recibió su nombre por el Decreto 2279 del 30 de junio de 1944, durante la intendencia del coronel César R. Caccia. Hablando de militares, el nombre lo recibe de un hombre de armas, héroe de la Guerra con el Paraguay. Julio S. Dantas había nacido en 1847 en Buenos Aires. A sus 19 años, en la batalla de Sauce o de Boquerón de Piris, recibió una bala que le destrozó la mandíbula durante el osado intento de colocar la bandera argentina en las trincheras enemigas. A pesar de ello, aferró de tal modo el pabellón celeste y blanco que al subteniente Bosch le costó trabajo arrancárselo. Bosch pensó que estaba muerto, pero su asistente, el soldado Enrique Flores, lo tomó por debajo de sus brazos, lo cargó en su espalda y lo llevó a territorio amigo. Dantas sobrevivió. Tras un año de hospitalización fue dado de alta y ascendido a teniente. Se retiró un año después con el título de capitán. Más tarde ejerció funciones administrativas en el Ministerio de Guerra y en la Policía, donde llegó a ser el Jefe de la Provincia de Buenos Aires. Fue diputado electo en 1882 y reelecto en 1908. Murió en 1922.

PASAJE GUILLERMO ENRIQUE GRANVILLE

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Comienzo diciendo que en mi última visita encontré varias mejoras en el pasaje Guillermo Enrique Granville, que lo han embellecido. Es una de las escasas calles peatonales que perduran en Buenos Aires. Debajo comparto vistas de su entrada, primero iniciando el recorrido desde el pasaje Julio S. Dantas, y luego, girando 180º, como si desembocáramos en él.

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Para ser exactos, el pasaje Guillermo Enrique Granville se extiende entre Julio S. Dantas 3271 y Álvarez Jonte 3270. Adquirió su nombre en el mismo decreto 2279 del 30 de junio de 1944 que le dio su nombre al pasaje Dantas. Aunque es un pasaje corto, su numeración va del 2101 al 2200.

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Comienza con una pasarela angosta y la rampa que mencionamos, que a un lado tiene un cantero con plantas, arbustos y algunos árboles, y al otro las edificaciones.

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Luego el sendero empedrado se ensancha, encontrando canteros con plantas y arbustos en su centro, faroles pintados de gris y glorietas.

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Rodeado de viviendas familiares, en su mayoría de una planta, transmite una atmósfera apacible.

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Es un espacio único, una suerte de península urbana, ajena al movimiento de la Avenida Álvarez Jonte.

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Precisamente, al llegar a la avenida mencionada hay una nueva rampa que facilita el paso de personas con capacidades motrices diferentes, con sendos apoyamanos a sus lados; a un lado hay una acera con escalones y al otro más canteros.

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Un colorido mural, firmado “M.A.V. 2015” decora una de sus paredes laterales seguido de otro más pequeño donde se lee “Escuela Nº 18 Pcia. de Tierra del Fuego”.

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Cuenta el arquitecto Rolando H. Schere que antiguamente se lo llamó Normandía y La Puñalada. Hay un website titulado “Vecinos del Pasaje La Puñalada autoconvocados en defensa de Granville y su entorno de pasajes” que contiene información muy rica acerca del pasaje, además de protestar por la construcción de torres vecinas, reclamo que apoyamos en su totalidad.

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Dice allí: “Y hablamos de su belleza, no solamente porque muchos son la cuarta generación de habitantes de estas 14 casas, la mayoría levantadas por inmigrantes italianos… sino por razones objetivas: Granville es un pasaje peatonal de una sola cuadra, atravesado por largos canteros con palmeritas, limoneros, damas de noche o higueras, donde todavía podrá encontrar por las tardes niños corriendo una pelota, o recorriendo sus baldosas en bicicleta, que son nuestros hijos adueñándose de la vereda paradójicamente en uno de los pocos barrios que no cuenta con ningún espacio verde, ni parques ni plazas. Es un rinconcito de Buenos Aires donde todos los 8 de diciembre, cada vecino trae sus adornos navideños y entre todos decoramos un único arbolito en un cantero de nuestra calle. Y a toda esta belleza se suma que en uno de sus extremos Granville linda con otro pasaje angosto y empedrado: Julio Dantas, donde se encuentra la escuela primaria Nro 18 DE 17, cuyos alumnos atraviesan Granville para volver a sus casas” [3]. Magnífico testimonio de los vecinos de esta oculta perla porteña.

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¿POR QUÉ SE LLAMA ASÍ?

Hay dos versiones que explican por qué antiguamente el pasaje era conocido como “La puñalada”: una, por su trazado visto desde arriba, abriendo un corte en la manzana; otra, por una pelea entre compadritos a principios del siglo XX. En 1944, gracias al decreto mencionado arriba recibe la denominación actual.

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Su nombre proviene de un marino inglés, nacido en 1793, que había estado al servicio del almirante Thomas Cochrane, un estratega naval británico que peleó por la independencia americana en el Pacífico chileno. Granville llegó de Chile a Buenos Aires cuando se iniciaba la guerra con el Brasil imperial por el dominio de la Banda Oriental. En 1826 fue nombrado capitán y estuvo a cargo de la goleta Guanaco. A fines de ese año se sumó con su nave a la flota dirigida por el almirante Guillermo Brown que ascendió por el río Uruguay, y que tuvo su día glorioso en la batalla de Juncal. Durante el 8 y 9 de febrero la escuadra de las Provincias Unidas del Sur combatió a sangre y fuego con la brasileña. tomando finalmente ventaja a través de su inteligencia militar. Sin perder navío alguno, logró apresar doce buques e incendiar otros tres. Por su participación en esta extraordinaria victoria Granville fue ascendido a sargento mayor. Dos meses después tuvo una heroica participación el combate de Monte Santiago, que fue la mayor derrota naval argentina en aquella contienda. A cargo del bergantín República, sufrió una grave herida en el brazo izquierdo que le fue amputado a la altura del codo. En ese estado tuvo que trasladarse a la goleta Sarandí, desde donde hizo volar al República, ya abandonado, para que no cayera en manos enemigas. Murió en 1836.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA

En letra itálica aparece el texto transcrito del primer artículo (ver link arriba en REFERENCIAS) y el aporte de la página vecinal.


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/11/08/tres-curiosas-calles-de-mi-buenos-aires-querido-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.buenosaires.gob.ar/laciudad/barrios/villa-santarita

[3] http://vecinosdegranville.blogspot.com/2010/04/la-punalada-milonga-de-juan-darienzo.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

GUANAJUATO, COLORES Y CALLEJONES (por Pablo R. Bedrossian)

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Visité dos veces Guanajuato, capital del estado del mismo nombre. La primera vez fue en 1985 durante un viaje de un mes que hicimos por México con Jorge González. Allí me impresionaron sus túneles, su museo de momias, su arquitectura colonial y su mirador. La segunda fue en la Semana Santa de 2010, luego de haber hecho un curso en el D.F. y haber visitado Taxco con Walter Larralde. En ambas ocasiones percibí lo mismo: la sensación de estar en un lugar diferente, con un majestuoso colorido de día y una misteriosa atmósfera de noche. Los invito a recorrer esta bella ciudad. 

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Guanajuato 002aUno de los lugares para iniciar la visita es la Iglesia de San Diego. Este templo franciscano debió ser reconstruido varias veces a causa de de grandes inundaciones que lo dañaron gravemente. El actual edificio data de 1784.

En la fachada pueden verse estípites, columnas invertidas, propias del barroco mexicano, conocido como churriguresco, del cual hablaremos un poco más adelante.

El punto de reunión obligado es el Teatro Juárez, una joya arquitectónica inaugurada por Porfirio Díaz en 1903. A pesar de su manifiesto eclecticismo, propio de fines del siglo XIX, se destaca su peristilo de influencia griega en estilo dórico.

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En lo alto de la fachada hay ocho magníficas esculturas de bronce que representan a musas de las ciencias y las artes.

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En sus bellas escalinatas los turistas suelen sentarse para observar espectáculos callejeros.

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En sus alrededores se ven decenas de jóvenes vestidos como juglares medievales. Conforman diferentes estudiantinas que por las noches, animadas con guitarras y canciones, guían a los visitantes por los callejones más importantes de la ciudad.

Aquí un video, de una estudiantina animando al público a participar de una callejoneada.

Guanajuato cuenta con más de 3,000 callejones. Son pequeños pasillos peatonales con y sin escaleras que suben y bajan, y funcionan como conductos que unen casas, comercios y personas.

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El más famoso es el Callejón del Beso, uno de los más angostos del mundo. (Para los interesados conocer las calles más estrechas conocidas pueden leer el artículo “Las calles más angostas del mundo” en https://pablobedrossian.wordpress.com/2015/01/17/las-calles-mas-angostas-del-mundo-por-pablo-r-bedrossian )

El autor de esta nota en el Callejón del Beso
El autor de esta nota en el Callejón del Beso

El Centro Histórico, gracias a la red de túneles, no tiene tránsito vehicular. Uno comienza la caminata desde el Teatro Juárez, frente al cual se encuentra el Jardín de la Unión, una bella plaza arbolada. Caminando por la calle Obregón, a mano derecha enseguida aparece la Basílica de Nuestra Señora de Guanajuato.

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Frente a ella se abre la Plaza de la Paz, uno de los espacios más bellos de la ciudad.

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A ambos lados se levantan construcciones coloniales mientras la calle desciende una suave pendiente.

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Si uno quiere dar una vuelta pequeña, al llegar a la esquina de la calle Juan Valle debe doblar a la derecha y subir en la calle Pocitos. A pocos metros uno se encuentra con uno de los escenarios más típicos de la ciudad: la Universidad de Guanajuato,que fue reformada en estilo arabizante en 1955 (originalmente un seminario jesuita del siglo XVIII) con sus amplias escaleras asimétricas.

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Un poco más allá, el Templo de la Compañía de Jesús, cuya fachada es un ejemplo del churrigueresco temprano. El churrigueresco es una rama del barroco arquitectónico español que llegó a la América colonial. Su nombre proviene de los Churriguera, una familia de arquitectos cuyos diseños se caracterizaban por sus recargados detalles y la sensación de movimiento que proveían.

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No es exagerado decir que en esa reducida área recorrida se encuentran las construcciones más monumentales de la bella Guanajuato.

UN POCO MÁS ALLÁ DE LA PLAZA DE LA PAZ

Bajando un poco más se ingresa a un espacio colonial más popular, poblado de color y movimiento, con patios y pequeñas plazas donde hay cafés, restaurantes y vendedores ambulantes.

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LA ALHÓNDIGA DE GRANADITAS

Más adelante nos encontramos con la Alhóndiga de Granaditas, hoy Museo Regional de Guanajuato. Es un enorme edificio de tiempos del virreinato que reúne una interesante colección de piezas coloniales y de la lucha por la independencia de México.

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Desde la Alhóndiga se obtienen magníficas vistas de la ciudad.

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Poco después, llegamos al bullicioso mercado, en cuyo frente hay un incesante tránsito vehicular.

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LA IGLESIA DE LA VALENCIANA

El lo alto de una colina frente a la ciudad de Guanajuato se erige la Iglesia de San Cayetano, conocida popularmente como la Valenciana, por el nombre de una famosa mina de plata que había en sus cercanías.

De estilo churrigueresco, y construido con una piedra rosada llamada cantera rosa, su interior está ricamente ornamentado, con altar y retablos cubiertos de oro laminado.

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EL MIRADOR

La ciudad tiene un magnífico mirador, con una enorme estatua a El Pípila, apodo de Juan José de los Reyes Martínez, símbolo de los mineros guanajuatenses que se sumaron a las huestes de Hidalgo en su lucha por la independencia de México.

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Las vistas desde el mirador son espectaculares.

El autor de esta nota en el mirador
El autor de esta nota en el mirador

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Desde el mirador se desciende al centro histórico a través de las estrechas escalinatas de coloridos callejones. Una experiencia imperdible.

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EL MUSEO DE MOMIAS

Otra de las joyas de Guanajuato es su museo de momias. Debido a la extrema sequedad del suelo, las tumbas conservan en excelente estado a los cuerpos enterrados allí. Su presentación, elegante y cuidadosa, evitan el horror que para algunas personas presupone contemplar a los muertos.

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LAS CALLEJONEADAS

Los callejones le dan a Guanajuato una atmósfera única, la de un submundo escondido del cual uno emerge al descender las escaleras e ingresar al resto de la ciudad. Tanto de día como de noche vale la pena recorrer los que están cerca del centro histórico.

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Entre otros, se encuentra el legendario “Callejón del Beso”, a dónde las parejas acuden a sellar su amor.

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Por las noches, las estudiantinas o tunas, pequeños grupos de jóvenes vestidos con sus típicos trajes medievales guían a los turistas por diferentes callejones, mientras cuentan historias o cantan acompañados de sus instrumentos.

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Aquí dos videos de las famosas callejoneadas nocturnas organizadas y conducidas por las estudiantinas.

SEDE DEL FESTIVAL CERVANTINO

Guanajuato es la Capital Cervantina de América, título otorgado por la UNESCO. Allí se realiza anualmente el Festival Cervantino, obviamente en honor al creador de El Quijote de la Mancha.

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ALGUNAS IMÁGENES MÁS PARA VIAJAR CON LA MIRADA

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 © Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


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