“TENGO QUE CONTARTE”, EL RELATO A CORAZÓN ABIERTO DE NANCY V. MARIÑO (por Pablo R. Bedrossian)

Te tengo que contar 01 (Nancy Mariño)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Cuando conocí a Nancy Mariño no imaginé la dura historia personal que le precedía. Como en un viaje alucinante, tempranamente perdió todo control de sus emociones. Expuesta en un corto lapso a experiencias que la mayoría de las personas no vivimos en toda una vida, se vio envuelta en una carrera sin meta, como si su destino consistiera en cruzar todos los límites sin importar las consecuencias. Ese doloroso viaje está plasmado en este libro.

Sin embargo, y al mismo tiempo, hay en cada una de sus páginas un canto a la esperanza y una invitación a la fe. La autora cuenta cómo rompió ese círculo vicioso que la dominaba, y escribe pensando en todos aquellos que sienten encadenados a sus impulsos. Escrito con pasión y compasión, este relato a corazón abierto conmoverá tu vida.

Hay un notable contraste entre la falta de amor padecida por la autora y el amor que ella nos contagia. La clave parece estar en un encuentro, un encuentro de amor inesperado, que fue rompiendo cada una de sus ataduras. Cada capítulo insiste en proponer ese cambio, que sana y libera.

“Te tengo que contar” es mucho más que un relato testimonial en el cual muchos pueden verse reflejados. Es un retrato de un alma que cae y cae, pero que a pesar de tantas caídas y tanto dolor, se levanta.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

“EL JARDÍN DE BRONCE”, LA OPERA PRIMA DE GUSTAVO MALAJOVICH (por Pablo R. Bedrossian)

El Jardin de Bronce 01

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

“El jardín de bronce” es la primera novela de Gustavo Malajovich, un joven arquitecto, guionista de la exitosa serie televisiva “Los simuladores”. A medio camino entre un policial negro y una obra de suspenso, atrapa desde el principio hasta el final. Es un texto adictivo, en el que la tensión nunca cae y que, a diferencia de otros buenos relatos que pierden fuerza en el último tramo, tiene un extraordinario desenlace.

“El jardín de bronce” es una historia que se lee desde dos lados, dos perspectivas complementarias e iluminadoras, que no son simultáneas. Son las dos caras de una misma moneda, que la revelan en su totalidad.

Situada en Buenos Aires, comienza con la desaparición de Moira, la única hija de Lila Lestelle y Fabián Danubio, un típico hogar porteño de clase media. A partir de allí comienza la búsqueda donde intervienen desde la policía hasta personajes entrañables como Doberti. Es una historia poblada de misterio, donde uno debe poner en duda todo lo que parece cierto, y cada hecho en apariencia casual puede resultar un movimiento planificado.

Malajovich administra magistralmente los tiempos. No se apresura ni se demora para presentar los hechos. Lo hace como si una silenciosa cámara siguiera a Fabián Danubio, el gran protagonista, describiendo las situaciones con un lenguaje preciso, sin barroquismos ni vulgaridades. Tiene el estilo de un cronista, o, mejor, el de un dibujante que a veces opera a grandes trazos y otras con precisión quirúrgica. Chesterton estaría feliz de leer una novela como esta, aunque no persiga el propósito moral que lo guiaba.  Ocurre que cada hilo suelto termina enhebrado en esa red narrativa que proyecta vívidas imágenes en la mente del lector.

Dice la solapa del libro que “El jardín de bronce” es el comienzo de una saga protagonizada por Fabián Danubio. Nos resulta muy atractiva la idea pero nos preguntamos –y, sin duda, ese será el mayor desafío de Gustavo Malajovich- cómo hará para superar su extraordinaria opera prima.

 © Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA: VEMOS LO QUE LEEMOS

Intriga 01El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia. Las novelas tienen hoy el lenguaje del cine: vemos lo que leemos, reconstruyendo en imágenes mentales lo que el texto presenta. Cuando esas palabras tejen una buena historia, ingresamos a un territorio desconocido donde el autor nos expone a nuevas experiencias, haciéndonos partícipes de las emociones de los protagonistas.

En el siglo XX, y en especial en su segunda mitad, las novelas se caracterizaron por combinar buenos relatos y diálogos intensos, despojando a los personajes del ejercicio introspectivo al que los sometía el escritor del siglo XIX. Graham Green o Morris West, por mencionar a algunos, hicieron gala de esa técnica, que parece más propia del guión y del cómic.

Además, las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Nada queda librado a la casualidad. Lo que parece un cabo suelto termina siendo un movimiento calculado del escritor, que lo retoma inesperadamente, procurando la sorpresa del lector. Además va introduciendo repentinos cambios que, como golpes de timón, dan la sensación de dejar a los personajes (y al lector ingenuo) totalmente a la deriva. Desde luego, lo inesperado es lo esperable, ¿o, acaso, no es la lectura de esa prodigiosa mezcla de drama, acción y misterio que es la novela de intriga, la búsqueda de una experiencia inquietante  que desafíe nuestra imaginación?

Intriga 02Un elemento que se agrega a la construcción del relato es la erudición, que incluso llega a desplazar a la imaginación. Ya no estamos en los ’60 donde Irving Wallace tiene grandes inconsistencias frente al saber académico cuando habla del documento Q en “La Palabra”, sino en el tiempo donde el conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción, como es este tipo de novela. “El Nombre de la Rosa” es un clásico ejemplo de novela erudita. Dan Brown, con sus best-seller “El Código da Vinci” y “Ángeles y demonios”, que hicieron furor a principios del siglo XXI, sumó el vértigo (pues las historias transcurren en un lapso muy corto de tiempo), que impreso a la atractiva idea de la conspiración, subyacente en la mayoría de las novelas de intriga, produce en el lector el efecto deseado.

El resultado de la combinación de estos elementos es mucho más que la suma de ellos. Se fabrica una texto–un caso– que tiene elementos crípticos que mueven al lector a encontrar las claves secretas que develan el misterio. Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad. Como alguien dijo, al leer una novela policial todos somos detectives, pero no somos nosotros quienes manejan a los personajes, sino el narrador que, como un gran titiritero, maneja también nuestras emociones a través de las palabras.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

UN COMENTARIO A “ANAQUELES EN SU TINTA” DE JUAN MANUEL TASADA (por Pablo R. Bedrossian)

Juan Manuel Tasada junto a su esposa

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Todas las semanas Juan Manuel Tasada teje complejas tramas de ideas. Muchos participamos de la ceremonia: la lectura digital de esos tapices literarios denominados “Anaqueles en su tinta”. Son botellas lanzadas a ese mar de arena que llamamos sociedad.

Su estilo barroco es inconfundible. Cada relato está cargado de imágenes asombrosas. Sienta en una misma mesa a Sócrates y a Obama, a Confucio y a Perón. Juega con el tiempo y el espacio, revelándolos como verdadera ilusión. Pero no se limita a la ficción, pues es hondamente humano.  Sus relatos encienden inesperadas emociones. Es arte provocativo, donde el lector deja de ser testigo y se vuelve protagonista.

Los “Anaqueles en su tinta”, esos “que cargan en sus lomos los misterios de los libros”, se dirigen a la razón pero también al corazón. La atmósfera nostálgica de sus escritos embellece las ideas y las humaniza, despojándolas de su naturaleza abstracta. Son textos breves pletóricos de melancolía.

Acerca de Juan Manuel Tasada

Este joven escritor rosarino ha publicado doce libros bajo el nombre de “Confesiones de un viajero”, a los que se suma “Mandrágoras”, su último libro, de poesía en prosa y ensayos sociales. Además ha escrito guiones de varios cortometrajes. “Siempre me ha cautivado el momento y la decisión de trascender y de plasmar para el mañana las concepciones de la vida –dice Juan Manuel-. Lamentablemente veo las acciones de la sociedad actual muy lejos de los valores”. Con precisión quirúrgica, valores como la memoria, el perdón y la cooperación emergen en sus textos como línea divisoria entre el bien y el mal. No se trata de condenar al otro sino de rescatarlo, pero estableciendo claramente la previa necesidad de justicia.  Tras leer sus relatos uno se confronta con sí mismo y se pregunta de qué lado está.

Sus hilos son las palabras que enhebra cuidadosamente en la aguja plateada de su pluma. Los dilemas frente a los cuales el lector debe tomar posición son los nudos. Allí, donde el espectador se vuelve actor, la lectura provee el desenlace imprevisto en el que se conjugan sorpresa y belleza. La ceremonia continúa. “Anaqueles en su tinta” se ha vuelto un clásico en Facebook y vale la pena participar para ser parte de la historia y no sólo un observador.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.

UN COMENTARIO AL LIBRO “PROHIBIDO PISAR EL CÉSPED Y OTROS CUENTOS”, DE ALEJANDRO KALFAYAN (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Alejandro W. Kalfayan es un talentoso joven de ascendencia armenia, nacido en Quilmes, Argentina. En su adolescencia empezó a escribir monólogos y cuentos fantásticos para todas las edades. En su opera prima “Prohibido pisar el césped y otros cuentos” nos presenta una colección de relatos cortos que nos transportan a un mundo íntimo, el de las percepciones, donde las cosas sólo suceden en tanto y en cuanto suceden para uno: Lo fantástico no está en las circunstancias sino en el protagonista.

De los diez cuentos que conforman la obra quiero detenerme brevemente en cinco de ellos. “Prohibido pisar el césped” es un juego con el tiempo y el espacio cuyo final es sorprendente. Tiene alguna reminiscencia borgeana, pero la resolución en absolutamente original. “Vida líquida” es un viaje que no es comprendido sino hasta el final. Lo releí por la excelente construcción de un mundo confuso y cambiante, que puede ser una metáfora de aquel al que pertenecemos. “Visiones” es un cuento desconcertante porque la dimensión tiempo no está trazada como una línea continua. Creo que “En el camino” contiene muchos elementos autobiográficos; siendo el cuento más largo de la obra, ofrece diversos matices a lo largo de la historia de modo que el final no requiere un desenlace sorpresivo. Finalmente “Un sutil cambio de vías” es un texto mágico con una historia de amor que es al mismo tiempo posible y milagrosa.

El lenguaje de los cuentos es simple, y la extensión de los relatos, corta. Esa sencillez, que no le quita de ningún modo belleza, hace que la obra sea fácil de leer para todos. “Prohibido pisar el césped y otros cuentos” puede ser leído por un niño y por un anciano, y ambos disfrutarlo. Como edición de autor tiene un formato pequeño y transportable (podría decirse que es un libro de bolsillo) con ilustraciones de Claudia Casquero, y diseño y producción gráfica de Lidia Peraggini. Lo leí prácticamente sin interrupciones del principio hasta el final.

Alejandro W. Kalfayan es un escritor talentoso cuya obra recomendamos. Es original sin sofisticaciones, y trasmite emociones intensas con pocas palabras.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.