USHUAHIA, EL PASAJE DE LAS SIETE CASAS Y LAS SIETE PUERTAS (por Pablo R. Bedrossian)

Escondido y como una incisión en el corazón de la manzana, el pasaje Ushuaia es una de las curiosidades ocultas del barrio de Núñez. Nace al 2856 de la calle Tres de Febrero, entre la Avenida Congreso y la calle Quesada y termina en las vías del Ferrocarril Mitre, ramal Tigre.

Este pasaje a cielo abierto tiene una entrada que se divide en dos accesos: uno para los automóviles, que apenas permite el paso de un coche, y otro más angosto, peatonal. El vehicular al principio es empedrado, luego tiene una pequeña sección de concreto y finalmente un pavimento rudimentario.

El lado que da a la Avenida Congreso desde hace tiempo luce en su inicio unas planchas metálicas típicas de una obra en construcción, seguido de una tupida enredadera que cubre una pared de ladrillos rojos que correspondiera a la antigua fábrica de corchos Cardillac. Del lado de la calle Quesada otra enredadera se extiende desde la calle Tres de Febrero. Hacia el fondo, las siete casas levantadas en el pasaje aparecen alejadas del trajín urbano.

El pasaje termina en un cul-de-sac cerrado por una malla de gruesos alambres también cubierta por plantas que lo separa de las vías del tren.

LA HISTORIA

No fue fácil reconstruir la historia, ni tampoco podemos brindarla con exactitud. Las dos fuentes principales han sido el libro “El Barrio de Belgrano” de Alberto Octavio Córdoba y un artículo de alto valor testimonial, “Un pasaje privado pero sin dueño”, escrito nada menos que por un vecino del pasaje Ushuaia, Ricardo García Blaya, publicado en 2011 en la extraordinaria newsletter Fervor x Buenos Aires, editada por Izrastzof.

Hacia 1853 la zona de Belgrano era un modesto caserío; contaba con una pulpería y un grupo de casitas pintadas de blanco en donde hoy se encuentra el cruce de las calles La Pampa y Cabildo[1]. El 23 de noviembre de 1855 el gobierno de la Provincia de Buenos Aires dispuso allí creación de un pueblo cuyos límites lo constituían las actuales calles Monroe, Crámer, Pampa y 11 de Septiembre. Días después, el 6 de diciembre le asignaron el nombre de Belgrano[2].

En 1869 se realizó un censo. La zona se hallaba dividida en seis “cuarteles”. El 1°, el 2° y el 6º eran urbanos; los restan­tes eran rurales. El predio que ocupa el pasaje Ushuaia se encontraba en el 5º cuartel, cuyos límites eran la actual avenida General Paz, la calle Monroe, el partido de San Martín y el Río de la Plata. Leemos “La parte más poblada y a su vez centro comercial era el cruce de las actuales Cabildo y Republiquetas y sus alrededores. Aquella zona tomó verdadero incremento después del año 1873, luego de establecerse en ella don Florencio E. Núñez”[3].

Cuenta el Arq. Rolando Schere que “En 1873 Florencio Núñez, dueño de 100 hectáreas al norte del pueblo de Belgrano, forma la Sociedad Núñez y Cía., contrata a los arquitectos Laurentino Sierra Carranza y Juan A. Buschiazzo para ejecutar el loteo y parificación del predio. Se pone en venta el día 27 de abril, en el que se inaugura la estación Núñez del Ferrocarril del Norte[4]. Se fundan dos pueblos: el de Núñez, alrededor de la Estación, y el de Saavedra”[5]. Aquí hallamos el límite posterior del pasaje: las vías del tren que llegan hasta la flamante Estación Núñez que recibió su nombre por don Florencio.

En la zona se encontraba la chacra de don José María Castillo; su casa se ubicaba en el cruce de las actuales avenidas Cabildo y Congreso. Su ayudante y pariente Luis Duarte, alcalde del 5º cuartel en 1883, poseyó luego una extensa quinta delimitada por las calles Cabildo, Congreso, Iberá y Blandengues (La calle Blandengues abarcaba el tramo de la Avenida de Libertador comprendido entre las actuales Avenidas General Paz y Virrey del Pino[6]). Él fue quien donó a la Municipalidad el terreno correspondiente a las calles paralelas a Cabildo hasta la antigua Blandengues[7]. Dentro del sector se encontraba el actual pasaje Ushuaia.

Sin embargo, la apertura de las calles en la zona del pasaje fue lenta y difícil. Doña Matilde Montaner, había heredado de su esposo Laureano J. Oliver, “una ancha lonja que se prolongaba desde lo que hoy es Villa Urquiza, hasta el Río de la Plata, y que limitaba a sus costados por las actuales calles Monroe y Congreso. Esa propiedad impidió durante muchos años el crecimiento del pueblo de Belgrano hacia el Norte, y recién cuando hubo finalizado un largo pleito que la Municipalidad de Belgrano sostuvo con la sucesión de Oliver, que lo fue en marzo de 1886, con un acuerdo entre ambas partes, es, que entonces pudieron prolongarse las calles y urbanizarse aquella zona[8].

El vecino del pasaje Ricardo García Blaya, en su valiosísimo artículo, sostiene que el pasaje Ushuaia nace con la llegada del ferrocarril, que como dijimos se produjo en 1873, pues el nuevo transporte “impidió el acceso a los propietarios cuyos frentes daban a las vías… los dueños de los terrenos de la mitad de la cuadra -vereda oeste-, con frente a 3 de Febrero, cedieron una senda de aproximadamente cinco metros de ancho por cien de largo, con todas las características de una servidumbre de paso pero sin instrumentación documental[9]. Lamentablemente no conocemos sus fuentes. Sin tener plena certeza, pensamos que también podría sugerirse una fecha posterior, luego de 1886, cuando al fin pudieron abrirse las calles en la zona Núñez, al norte del barrio de Belgrano, de acuerdo a lo que hemos expuesto. De todos modos, las nuestras son conjeturas y seguramente el autor de aquella nota o algún historiador del barrio pueda aclararnos el tema de la fecha.

EL NOMBRE

Curiosamente el pasaje Ushuaia es un pasaje privado, pero con nombre oficial, otorgado por la Ordenanza Municipal nº 5360 de 1933, publicada en el Boletín Municipal 3539. Esa ordenanza fue derogada por una resolución del 6 de octubre de 1934 publicada en el Boletín Municipal 3800/1 y repuesta por Ordenanza Municipal nº 6.202 de 1934 y publicada en el Boletín Municipal 3859[10]. Aparentemente la denominación oficial dio formalidad al nombre propuesto por los vecinos, que hacía referencia a la capital de Tierra del Fuego, por décadas la ciudad más austral del mundo

LAS AMENAZAS DEL SIGLO XXI

En el artículo mencionado previamente, el vecino Ricardo García Blaya atestigua algo doloroso sucedido en los primeros años del nuevo milenio: “un par de especuladores inmobiliarios compraron una de las dos propiedades cedentes del paso (la otra es mi casa). La idea era construir, allí, una torre de más de 17 metros de altura con una pared medianera al pasaje. Era la clásica avivada que se aprovechaba de un error formal, de una omisión, para hacer un pingüe negocio en demérito del patrimonio urbano. Comenzaron las tareas preparatorias, derrumbaron la vivienda que había y, si bien los vecinos -conmigo a la cabeza-, impedimos la realización del esperpento a través de una presentación ante las autoridades del Gobierno de la Ciudad; no pudimos, sin embargo, evitar la tala de un pino centenario que había en el terreno[11]. Sin embargo, menciona también una pequeña victoria: “Pero logramos preservar el pasaje en el contexto original, con sus casitas sencillas, el fondo de ladrillos de la vieja fábrica de corchos “Cardillac”, el balcón de mi casa, los malvones y la acequia, que era lo realmente importante”.

UNA ANÉCDOTA GARDELIANA

Cuenta Toribio Achával, famoso por su empresa inmobiliaria, una curiosa anécdota que involucra al Zorzal Criollo. Dice que ‘’una vecina del pasaje recuerda que, cuando era niña, vio llegar al lugar a un señor que llamaban Carlos Gardel, que se reunía con amigos en el fondo del pasaje, junto al paredón del ferrocarril, en la casa de don Antonio. Comían un asado, tomaban buen vino y remataban la noche con guitarreadas y canciones hasta la madrugada”[12].

Al respecto, alguien me refirió una historia gardeliana, que le trasmitió su abuelo, quien residía cerca del pasaje. Debo confesar que me dejó dudas, pero a veces lo improbable se vuelve probable, y lo imposible, posible. Transcribo en mis palabras lo que me compartió.

Efectivamente, Carlos Gardel visitaba ocasionalmente a don Antonio en su casa del pasaje Ushuaia donde departían hasta altas horas de la noche. Varios vecinos se acercaban para escuchar al Morocho del Abasto, aunque sea al aire libre. Entre ellos había una jovencita que se había enamorado perdidamente del gran cantor. Solo en una ocasión había conversado con él. Era de madrugada, Gardel ya se retiraba rodeado de amigos y ella se había armado de valor para hablarle. Lo saludó, le dijo cuánto lo admiraba y le entregó un obsequio, una cadenita con una imagen religiosa. El cantante le agradeció, agregando que deseaba retribuirle el obsequio; para ello le pidió el nombre y la dirección.

Días después, el cartero llegó al domicilio de la joven con un sobre a su nombre, pero sin remitente. Al abrirlo, había una esquela que decía: “sus ojos me encandilan; Ud. es una estrella que ilumina mi noche”; debajo estaba estampada una firma: Carlos Gardel.

Ella, desbordada por la emoción, buscó con ansiedad contactarlo. Le decía a su familia “el amor nunca se rinde”. Como no se sabía cuándo volvería a lo de don Antonio, decidió iniciar una búsqueda. Cuando supo que el cantante vivía junto a su madre en la calle Bermejo (hoy Jean Jaurés) 735, corrió hasta el lugar, pero el cantante se había ido de gira; era a fines de 1933 y no había fecha probable de su regreso. En realidad, Gardel no retornó a la Argentina. Como es de público conocimiento murió en 1935 en un accidente aéreo en Medellín ocurrido durante el despegue. Mientras tanto, la joven soñaba con el reencuentro. No cabía en su pensamiento la posibilidad que Gardel encargara a algún asistente la redacción de las esquelas o que a todas sus admiradoras les respondiera de un modo tan personal. Ante la imposibilidad de concretar otro encuentro, la joven entró en depresión que se agravó con el fallecimiento del Zorzal Criollo. Sin embargo, en medio de tanta tristeza, sucedió algo que para ella fue un signo secreto de amor correspondido: supo que al morir Gardel llevaba en su cuello la cadenita con la imagen de la Virgen que ella le había regalado.

No sabemos si esta historia es cierta, ni siquiera si la famosa cadenita existió. Quizás la gente de la Fundación Internacional Carlos Gardel, que atesora cerca de 5,000 objetos vinculados al autor de “Mi Buenos Aires querido” y “El día que me queras”, pueda decirnos si hay alguna, pero -nos asegura quien nos relató la historia-, que, tras lo sucedido, la muchacha ingresó a un convento para convertirse en monja por el resto de sus días.

BELGRANO CAPITAL DE LA REPÚBLICA

Un dato curioso es que, por avatares de la política, en 1880 el presidente Nicolás Avellaneda designó por decreto al pueblo de Belgrano como sede de las autoridades nacionales; incluso el Congreso sesionó en lo que hoy es el Museo Sarmiento, ubicado en la calle Cuba 2079. Aunque el traslado fue provisorio y duró pocos meses, muestra el crecimiento que tenía la zona. El 3 de enero de 1883 Belgrano pasaba a ser ciudad. Sin embargo, la vida propia duró poco pues por una ley propuesta en 1881 pero recién sancionada el 28 de septiembre de 1887 se anexaron Belgrano y a Flores a la Capital Federal[13], hoy Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2022. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Córdoba, Alberto Octavio, “El Barrio de Belgrano”, Cuadernos de Buenos Aires XXVII, Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, 1968, p.13

[2] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.9

[3] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.34

[4] Hoy Ferrocarril Mitre

[5] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.118; suponemos que la fuente utilizada por esta obra es Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.72

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.48

[7] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.24

[8] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.48

[9] García Blaya, Ricardo, “Un pasaje privado pero sin dueño”, Fervor x Buenos Aires, Izrastzof, #43, Junio 2011, https://www.fervorxbuenosaires.com/un-pasaje-privado-pero-sin-dueno/

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.258

[11]   García Blaya, Ricardo, Op. cit.

[12] Achával, Toribio, sin título, 10/12/2021 https://www.facebook.com/ToribioAchavalPropiedades/posts/4761815430549636/

[13] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.11


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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