EL CURIOSO PASAJE PARTICULAR DE LINIERS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Esta angosta calle sin salida surge como un espacio extraño. Parece haber sobrevivido a los tiempos donde Liniers era parte del Partido de Flores, las reses pasaban guiadas por sus arrieros camino a los mataderos y bravos cuchilleros se batían en cualquier esquina.

Confluyen en él dos paradojas: aunque se accede exclusivamente desde la avenida Rivadavia, pasa inadvertido y pese a llamarse Pasaje Particular es un pasaje público. Nace en Rivadavia 11080 y su única cuadra tiene 5 metros de ancho por 80 metros de largo[1].

Es tan estrecho que cuando un auto estaciona, no hay paso para otro, a menos que ambos ocupen las diminutas aceras.

La mayoría de las catorce casas, siete de cada lado, son de una sola planta y lucen como si para ellas se hubieran detenido las agujas del reloj.

Su numeración va del 0 al 82

El cul-de-sac en el que termina el pasaje muestra un macetero ancho, rodeado de algunas otras macetas y el único arbolito de la cuadra.

Su atmósfera nos hace sentir como en una isla dentro de Liniers, pero con aroma a barrio. El viejo pavimento y las veredas angostas sugieren que no nació planificadamente pero no pudimos obtener datos de su origen o creación.

EL CASTILLITO

La casa más llamativa es la que se encuentra en su inicio, justo en la esquina oeste. Es una casa de dos plantas con aire de castillito. Las altas paredes son blancas, con base, motivos de ladrillos y celosías de color rojo.

Tal como indican los nombres grabados en la fachada, el diseño fue realizado de los arquitectos Zapiola Acosta y Froio mientras que la construcción estuvo a cargo de Pedro Lupardo. Aunque no sabemos la fecha exacta, creemos que la casa fue levantada alrededor de 1930. La obra se realizó por encargo del propietario, el Dr. Miguel Echechiquía. Este cirujano era hijo de un pionero del barrio que a finales del siglo XIX dirigió una famosa pulpería llamada La Blanqueada, que estaba ubicada en la actual esquina de la avenida Rivadavia y José León Suárez. Sin embargo, hasta donde sabemos, el castillito nunca alojó a la numerosa familia del médico sino al hijo de su casero[2].

Nicanor Zapiola Acosta, quien fue yerno de José Guerrico, Intendente de Buenos Aires entre septiembre de 1930 y febrero de 1932, había hecho el bachillerato en Suiza y cursado algunos años de Ingeniería en la UBA[3]. Junto a José Froio fue pionero en la construcción de viviendas en el flamante Parque Chas: en enero de 1925 terminaron las primeras 20 casas que hubo en ese barrio, levantadas sobre la recién nacida avenida La Pampa, entre la avenida Triunvirato y la calle Andonaegui[4].

ALGUNAS CURIOSIDADES

 El historiador y vecino del barrio de Liniers Ignacio Messina[5] entrevistó vecinos y obtuvo datos muy interesantes del barrio. Por ejemplo, en 1948 el cineasta Leopoldo Torre Nilsson filmó allí escenas de la película “Pelota de trapo” protagonizada por Armando Bó.

En la esquina este del Pasaje Particular y Rivadavia, frente al Castillito, hubo una fonda que cerró en 1957. En su lugar se improvisó una canchita de fútbol hasta que en la década del ’60 se levantó la sucursal del Banco Nación que ocupa el lugar actualmente. La medianera de este edificio, que da al pasaje, no posee atractivo alguno.

En el Pasaje Particular vivió el delantero de Vélez Sarsfield, Colón y Platense, Néstor Subiat, que luego emigró a Colombia y terminó su dilatada carrera deportiva en Francia.

UNA HISTORIA

Fue muy difícil obtener una historia de este pasaje cuyo nacimiento nos es desconocido. No sabemos si es cierta o pura leyenda el trágico relato que el dueño de un viejo bar de la zona nos compartió.

Ocurrió en el Pasaje Particular cuando aún era un callejón de tierra. Una noche sin estrellas dos jóvenes se batieron a duelo, el matarife Dalmacio Arenas y un compadrito apodado El Oreja; se disputaban una adolescente que vivía por la zona. Bajo la luz de un farol a querosén se trenzaron a chuchillo. La pelea fue corta. El matarife, diestro en el manejo de armas blancas, hundió la hoja en el vientre del compadrito que cayó sin emitir sonido.

“Es mía” se le oyó decir a vencedor que escapó a la carrera.

Al Oreja lo encontraron muerto a la mañana siguiente con la ropa cubierta de sangre coagulada. Pero también a la misma hora fue descubierto el cadáver de Dalmacio Arenas.

Después de la riña el ganador fue a buscar a la quinceañera. Cuando intentó escaparse con ella (al parecer la jovencita había jurado huir con el que ganara), el desesperado padre de la chica que no empuñaba un acero sino un revólver, disparó acertándole en la espalda. Calló el llanto de su hija de un sopapo, tiró el cuerpo del infortunado muchacho en un baldío y horas después metió a su hija en un convento. Años después, convertida en monja, se dedicó a asistir a los necesitados en San Cayetano, la iglesia que está en las inmediaciones; la imagen del santo había llegado en 1875 a Liniers, gracias a la Sociedad Hijas del divino Salvador, que fundó una capilla y un colegio dedicados al patrono de la Providencia.

UNA CURIOSIDAD

Algunos consideran que el barrio de Liniers nació el 18 de diciembre de 1872, cuando se inauguró la estación del ferrocarril. Era una zona muy poco poblada, más rural que urbana; formaba parte, como dijimos, del Partido de San José de Flores, que recién en 1887 sería incorporado a la Ciudad de Buenos Aires, por aquel entonces Capital Federal.

Uno de los pioneros, Salvador Cánepa, vivía con su familia enfrente del pasaje. Según Gabriel Turone “la familia Cánepa provenía de Génova, Italia. Se instalaron en 1865, siete años antes de la creación de Liniers, en una casa que hasta el 2004 estaba ubicada sobre la avenida Rivadavia 11065, entre Martiniano Leguizamón y el Pasaje Particular. Hoy existe allí un insulso Adidas Outlet Store”[6].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.91. El historiador de Liniers Ignacio Messina dice 75 m.

[2] Messina, Ignacio, “Una cortada exclusiva en el centro de Liniers”, Cosas de Barrio, 20/05/2014, http://www.cosasdebarrioweb.com.ar/edi_anterior/noticia.php?not=5&ed=139

[3] Berjman, Sonia, sección “Notas y referencias” en “Historia de Parque Chas”, sin número de página, https://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/notas.htm

[4] Berjman, Sonia, “Historia de Parque Chas”, sin número de página, https://www.parquechasweb.com.ar/parquechas/historia/histo.htm

[5] Messina, Ignacio, Op. cit., sin número.

[6] Turone, Gabriel O., “Liniers en la época de Rosas”, Revisionistas, sin fecha, http://www.revisionistas.com.ar/?p=17408


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EL OLVIDADO PASAJE VERDIER (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado sobre la calle Dean Funes 583 entre las calles Venezuela y México, este pasaje conserva aún el aroma a barrio. No es glamoroso, sino que nos transporta a un pasado que se ha perdido.

Durante largo tiempo estuvo abandonado. Hemos visto fotografías que lo mostraban en estado lamentable. Sin embargo, cuando lo visitamos había recuperado su dignidad y su encanto. El triste portón de chapa herrumbrada había sido reemplazado por uno moderno de hierro con una suerte de filigrana negra que permitía ver el interior del pasaje y con lanzas en su parte superior.

Aunque las paredes color ocre lucían gastadas, su espacio, que parece más bien un ancho pasillo, lucía limpio y cuidado. Faltaban las clásicas macetas, pero nos imaginamos que en cualquier momento estarán de regreso.

El Pasaje Verdier nació como un espacio de tránsito peatonal privado entre los dos cuerpos de un edificio; cada cuerpo tiene tres plantas y en sus fachadas lucen pequeños detalles art nouveau. El pasaje está iluminado por faroles sobre arcadas metálicas de color negro que conectan ambas construcciones.

Una curiosa estructuras al fondo cierra el pasaje, formando un cul-de-sac. Es de color gris tiza cuyo cuerpo principal está coronado por una bóveda semicircular. En su frente posee dos puertas, una en el centro y otra más pequeña a la izquierda.

Desconocemos si se trata la portería o está destinada a algún otro uso. En su parte superior un pequeño cartel rojo dice “lugar de paso – prohibido jugar”.

ACERCA DEL NOMBRE

Poco se sabe del nacimiento de este pasaje. Según cuenta el arquitecto Rolando Schere, fue construido en 1911 a pedido de Celestino Verdier[1], basado en los planos encontrados en el Archivo de Aguas Argentinas. El Dr. Eduardo Balbachan, decano en la historia de los pasajes porteños, lo llama Pasaje José Verdier, debido a una placa de bronce que había en el lugar, luego desaparecida, y sospecha que el nombre provenga de su primitivo dueño[2].  

ALGO QUE SUCEDIÓ EN EL PASAJE

El Dr. Balbachán cuenta además que en un conventillo cercano, ubicado en Castro Barros 433, vivía la famosa “rubia Mireya”, cuyo verdadero nombre era Margarita Verdier. Esta mujer de origen francés y nacida en el Uruguay supo despertar pasiones durante su juventud. El tango “Tiempos viejos”, de Francisco Canaro y Manuel Romero (1926), la recuerda, cuando dice:

¿Te acordás, hermano, la rubia Mireya, que quité en lo de Hansen al loco Cepeda?

Casi me suicido una noche por ella y hoy es una pobre mendiga harapienta.

¿Te acordás, hermano, lo linda que era? Se formaba rueda pa’ verla bailar…

Cuando por la calle la veo tan vieja doy vuelta la cara y me pongo a llorar.

Una historia la liga al pasaje. No sabemos si tuvo algún parentesco con los Verdier del edificio pero sí que, sin pretenderlo, se sirvió de ello. Una noche, cuando tenía unos 60 años, la Rubia Mireya caminaba por la calle Deán Funes. Estaba enferma y desnutrida. Al ver el pasaje, que por aquel entonces no tenía portón, decidió descansar unos minutos allí. Exhausta, se sentó en el piso. De inmediato se acercó un hombre quien, pensando que era una mendiga, le pidió que se retirara.  

– ¿Sabe quién soy yo?

– No tengo idea

– La Rubia Mireya

– Jajaja y yo, Carlos Gardel

– ¿No me cree? Mire mi documento

Cuando el hombre leyó “Margarita Verdier” cambió su actitud radicalmente. Le pidió disculpas y la hizo pasar a su casa, le ofreció una sopa y le dio algo de ropa de abrigo. No sabía que Margarita Verdier era la Rubia Mireya; simplemente lo conmovió el apellido, que era el de su propia familia, fundadora del pasaje. Se dice que la mujer murió de tuberculosis a los 85 años en el Hospital Muñiz.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.68-69

[2] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.75


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LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

EL PASAJE SANTAMARINA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”  

Esta nota está dedicada a la memoria de Fabio Perlin, incansable investigador de Buenos Aires, sus detalles y arquitectura (1966-2018).

Ubicado en el barrio Monserrat, a pocas cuadras de la Casa Rosada y de San Telmo, el Pasaje Santamarina es uno de los más interesantes de Buenos Aires. Es una ancha vía peatonal privada que transcurre a cielo abierto durante la mayor parte de su trazado.

Sirve como pasillo central de un edificio en forma de L con salida a dos calles. El pasaje – al que se accede desde México 750 y Chacabuco 641– corre por dentro del cuadrante noreste de la manzana formada por las calles México, Chacabuco, Chile y Piedras.

Dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

La fachada sobre la calle México es más ancha que la que la ubicada sobre la calle Chacabuco. La construcción fue levantada entre 1914 y 1915 por el arquitecto alemán Carlos Nordmann. Posee tres plantas, ofreciendo 35 viviendas de alquiler, 17 en la planta baja y 18 en primer y segundo piso.

Un grupo de expertas explica que “el pasaje Santamarina responde a la tipología de casa de pasillo en planta baja y dos pisos altos, con viviendas en frente que alternan con patios abiertos. Su fachada afrancesada marca un eje central con la puerta de doble acceso al pasaje y dos ventanas apareadas en las plantas superiores”[1]. El arquitecto Rolando Schere agrega algo que comprobamos personalmente: “a algunas viviendas se accede directamente desde las calles exteriores, mientras que al resto se ingresa desde el pasaje, o bien a través del patio que posee cada una, o bien desde los núcleos de escaleras que llevan hasta las unidades de los pisos altos”[2]. La entrada por la calle México es la más suntuosa. Detrás del portón de hierro negro, aparecen intercalados sobre el camino al aire libre una serie de arcos en línea recta con finas molduras sobre los cuales asientan secciones del edificio.

Una palmera inclinada se ubica justo donde el pasaje gira 90º y comienza el tramo hacia la calle Chacabuco. Este brazo es más angosto, sin embargo, es un excelente espacio donde admirar las puertas y las ventanas con persianas pintadas de verde, incluyendo los balconcitos de los pisos superiores.

En esa sección hay algunos llamativos muros curvos. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero en el estudio de los pasajes porteños, nos provee un dato histórico: “al pie de la palmera se instalaba el ayudante del portero enfundado en su librea, en la década del ’20 controlando los dos accesos”[3]. El Pasaje Santamarina crea una atmósfera íntima, embellecida por macetas con diversas plantas a ambos lados y, a la vez, blindada por sus altas paredes.

La salida por la calle Chacabuco tiene algunos detalles elegantes en la fachada, como un balcón de doble puerta con persianas cubierto por un solo arco.

Con su piso de pequeñas baldosas rojas, su dulce quietud y su fragancia a barrio, el Pasaje Santamarina es uno de esos rincones de Buenos Aires que lo hacen único.

LOS DUEÑOS

El proyecto lleva el nombre del empresario orensano Ramón Santamarina (1827-1904), dedicado a la ganadería y a la administración de bienes raíces. Desde muy joven, estableció  su centro de operaciones la ciudad de Tandil, donde hoy una plaza, una avenida y un monumento llevan su nombre. En 1890 fundó la empresa “Santamarina e hijos”.

El pasaje era propiedad de la esposa, doña Ana Irazusta, debido a que su esposo se había quitado la vida. Sus hijos ocuparon cargos importantes, como la presidencia del Banco Nación, diputaciones y senadurías nacionales y la presidencia de la Sociedad Rural Argentina[4]. Incluso uno de ellos, Enrique, fue vicepresidente de la Nación en el gobierno de José Félix Uriburu que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930.

EL ARQUITECTO

Carlos Nordmann (1858-1918) nació en Hannover, que en aquel momento era territorio prusiano, donde estudió arquitectura. Llegó a la Argentina en 1883 contratado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para dirigir las obras de palacio legislativo.

Luego trabajó con el reconocido arquitecto Juan A. Buschiazzo, hasta que finalmente puso su propio estudio. Fue un prolífico arquitecto “Entre sus obras se destacan el Hospital y Escuela Ramón Santamarina y la Iglesia Santa Ana de Tandil y varias sucursales del Banco Nación”[5], incluyendo la de San José de Flores[6].

Sucursal del Banco Nación en el barrio de Flores, diseñado por Carlos Nordmann. A la izquierda, la Iglesia de San José de Flores de la cual está separada por el pasaje peatonal Salala.

Además realizó muchos otros proyectos, como el Torreón del Monje de Mar del Plata y varios edificios en la Avenida de Mayo (en su mayoría demolidos). Fue considerado en su época el típico arquitecto de Barrio Norte, donde realizó una amplia variedad de edificios y casas, incluida la suya propia en Juncal 1442. Residió en la Argentina hasta sus últimos días. Hay un blog dedicado a su obra, creado por nuestro recordado amigo Fabio Perlin[7].

CURIOSIDADES

Hay un blog privado que se llama Pasaje Santamarina.

Aún sobrevive dentro del edificio un viejo cartel que habla de escupir en las saliveras.

En una de las puertas que da a la calle México y sirve de acceso directo a una de las viviendas, se encuentra la Casa del Veterano de Guerra.

También en el edificio tuvo su atelier -luego trasladado a Vicente López- el premiado arquitecto Claudio Vekstein, autor del diseño de varios monumentos porteños.  

Sin embargo, creo que la mayor curiosidad la constituye una vecina que vivía sola, doña Sara F., quien hace muy pocos años tuvo la osadía de montar en su departamento un pequeño restaurante. La señora había visitado La Habana y quedó fascinada con los míticos paladares, comedores caseros que permiten a los cubanos ganar buenos dólares con el turismo, en su ingeniosa lucha por la supervivencia.

Como es un pasaje privado, debía mantener el negocio en secreto: no podía poner anuncios ni divulgarlo entre vecinos. Hizo contacto con empleados de una empresa de la zona y comenzó a recibirlos, abriéndoles el portón de la calle México rigurosamente a las 12.10 del mediodía de lunes a viernes. Doña Sara F. cocinaba muy bien, y consecuentemente la clientela comenzó a crecer. Un día llegaron más comensales que espacios disponibles, ocurriendo algo inesperado: dos personas comenzaron a pelear en la puerta, pujando por entrar. Los gritos alertaron a los vecinos que de inmediato tomaron conocimiento de lo que sucedía.

El escándalo obligó a prohibir la entrada a los visitantes del restaurante clandestino. Sin embargo, el negocio no cerró: los mismos vecinos que protestaron, quedaron cautivados por el aroma de los platos de doña Sara F. que, como buena emprendedora, supo adaptar su negocio y comenzó a cocinar para los residentes del pasaje.

Aunque ella adujo el cobro de una herencia, muchos atribuyen a las extraordinarias ganancias generadas por sus comidas la posterior mudanza de la mujer a un edificio de la Avenida Alvear, donde ahora cocina para sus nuevos vecinos.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.38

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.26

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.60

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.200

[6] Schere, Rolando H., Op. cit., p.78

[7] Perlin, Fabio, “Arquitecto Carlos Nordmann: Catálogo on line de su obra y proyectos”, http://arquitecto-nordmann.blogspot.com/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, salvo el dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

EL PASAJE ROBERTO ARLT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Muy cerca de los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer de Palermo SoHo se encuentra una pequeña hendidura que al transeúnte puede pasar inadvertida. Se trata de un callejón sin salida ubicado sobre la calle Gurruchaga 1959, entre Soler y Nicaragua, conocido como Pasaje Roberto Arlt.

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Tiene un acceso vehicular que parece el de una casa o un edificio y, más allá de la vereda, un pequeño portón de rejas que de día suele permanecer abierto. Sin embargo, tras cruzar una enorme parra, al caminar sobre su piso empedrado se percibe una atmósfera apacible, alejada del ajetreo callejero, de casas bajas con jardines florecidos.

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Cuenta el arquitecto Rolando Schere que en 1910 un ingeniero ferroviario de apellido Shine compró un terreno donde construyó tres casas con frente a la calle Gurruchaga para renta, el pasaje que llega hasta el centro de la manzana y dentro de él tres casas para su familia[1].

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El pasaje tiene unos tres metros de ancho aunque se ensancha y abre hacia el final . Cada casa tiene un estilo y una orientación geográfica diferente. No todas se encuentran en el mismo estado de conservación, pero se observa cierta unidad en medio de la diversidad.

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Aunque es una suerte de divertículo de la calle Gurruchaga (en una de sus casas se indica que se trata de la calle Gurruchaga sur) es más conocido como Pasaje Roberto Arlt. En nuestras visitas no encontramos ninguna placa con ese nombre.

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En 1965 el tramo de la calle Neuquén que corre desde la Avenida Acoyte hasta la calle Campichuelo pasó a llamarse Roberto Arlt, pero poco después, en 1973, una nueva ordenanza municipal le impuso el nuevo nombre de Doctor Gregorio Aráoz Alfaro que mantiene hasta la fecha[2]. En la actualidad la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no cuenta oficialmente con ninguna calle que recuerde al autor de “El Juguete Rabioso” y “Los Siete Locos”.

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¿De dónde, entonces, surge el nombre del pasaje? Algunos afirman que el escritor vivió allí por algún tiempo. Nosotros creemos que es un malentendido. Ocurre que en 1940 Arlt contrajo su segundo matrimonio con Elisabeth Mary Shine, cuyo apellido es el mismo que el del creador del pasaje[3]. Según Alfredo Jaramillo “el nombre del autor de El Juguete Rabioso tiene mucho que ver con el del empresario inglés: Arlt se casó con su nieta, Elisabeth Shine, y se mudaron a una de las viviendas que dan al frente de la calle Gurruchaga, uno de cuyos muros sirve de entrada al pasaje”[4].

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A pesar de la coincidencia en el apellido y la probable relación familiar, en nuestra búsqueda no hemos encontrado evidencia de un parentesco entre el Ingeniero Shine y la esposa de Arlt. Tampoco hemos encontrado ninguna mención a un Ingeniero Shine fuera de las referidas al pasaje. Solo sabemos por ella que su padre era constructor[5]. Pero más importante para nuestros fines, no hemos hallado ninguna referencia que indique que en su corta convivencia (el escritor murió en 1942) el matrimonio haya vivido en el pasaje o en la calle Gurruchaga.

En una entrevista a Elisabeth Shine publicada en el suplemento Cultura del Diario La Nación aparecen datos muy interesantes sobre los lugares de residencia. Ella vivía con su madre en la calle Iberá de Núñez, pero tras casarse la pareja se alojó en diversas pensiones del barrio de Belgrano, incluyendo una en la calle La Pampa entre Vidal y Moldes. Arlt murió el 26 de julio de 1942 en una pensión de la calle Olazábal cuando su esposa estaba embarazada[6]. La mujer también menciona la convivencia en pensiones en otra entrevista[7].

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Si va por de paseo por Palermo SoHo o vive en las cercanías no deje de observar este curioso espacio porteño que rompe la cuadratura del trazado urbano.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.102

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.291

[3] Su nueva esposa, trece años menor que el escritor, era la secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar donde Arlt colaboraba.

[4] Jaramillo, Alfredo, “Salí a conocer pasajes de Buenos Aires”, Diario Página 12, Buenos Aires, 20/12/2009, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/18-5775-2009-12-20.html

[5] Tcherkaski, José, “Conversaciones con mujeres de escritores”, Editorial Biblos, 2003, p.36

[6] Sin firma, “Mil días con Roberto Arlt”, Diario La Nación, Suplemento de Cultura, Bueno Aires, 19/05/1999, https://www.lanacion.com.ar/214788-mil-dias-con-roberto-arlt

[7] Tcherkaski, José, Op. cit., p.33,39


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EL PASAJE CARLOS COLOMBO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Uno de los pasajes privados más bellos de Buenos Aires es el Pasaje Colombo. Nace en la Avenida Rivadavia 2431 (entre Larrea y Azcuénaga).

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Tras unos treinta metros de recorrido y antes de terminar en una torreta de seguridad de dos pisos, se abre a la derecha su único brazo, que le da salida por Azcuénaga 34 (entre Bartolomé Mitre y Avenida Rivadavia). Por lo tanto, su trayecto es parecido a una L.

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Aunque está preparado para el tránsito vehicular, por Azcuénaga no puede ingresar ningún automóvil pues se ha levantado un muro. Además, detrás de esa entrada hay un cantero con una palmera.

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El pasaje es la calle interior de un complejo conformado por edificios de cinco plantas, que ocupa la porción sudeste de la manzana.

DSC02277.JPGSu piso es baldosas calcáreas típicas para uso peatonal; además tiene aceras y está iluminado con faroles de hierro adosados a las fachadas. A propósito, las construcciones circundantes creadas por Carlos Heynemann, aunque tienen diferentes tamaños, comparten el diseño, el color gris tiza y las puertas internas de acceso numeradas.

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Según el arquitecto Rolando Schere “consta de un subsuelo, planta baja destinada a vivienda en las unidades interiores del pasaje y 10 locales comerciales sobre Rivadavia y Azcuénaga, y 4 plantas altas con unidades de 3, 4, 5, 6, 7 y 8 habitaciones”[1]. Lamentablemente, como suele suceder, los locales comerciales rompen la armonía del diseño original con colores intensos, carteles, marquesinas y modificaciones en la mampostería a fin de atraer clientes.

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LA HISTORIA

Una placa en la entrada colocada en 2003 por la Junta de Estudios Históricos de Balvanera recuerda que el terreno formó parte principal de la quinta de Antonio González Varela, apodado Miserere, pionero del barrio.

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La Edificadora S.A. compró el solar y desarrolló el proyecto. Había sido fundada en 1875 y tenía por objeto adquirir terrenos y edificar viviendas para venderlas a sus socios[2]. Debido a ello originalmente se lo denominó Pasaje Edificadora. Posteriormente el complejo edilicio con el pasaje incluido fue adquirido por Carlos Ambrosio Colombo, quien vivía a tres cuadras, en la Avenida Rivadavia 2731. Su hijo Aquilino C. Colombo tuvo su inmobiliaria en la entrada de la calle Azcuénaga.

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Descubrimos el Pasaje Colombo cuando éramos adolescentes, y tenía las entradas cerradas con gruesas cadenas que pendían de dos pequeños monolitos. La delincuencia urbana obligó a reemplazarlos con portones de rejas negras que afortunadamente fueron elegidos con buen gusto y permiten ver desde afuera el pasaje en profundidad.

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Merecidamente, en 1997 fue declarado Área de Protección Histórica (APH) por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

EL DISEÑO

El complejo fue creado por Carlos Heynemann, quien colaboró con el arquitecto sueco Enrique Aberg en la construcción del Museo de La Plata. Heynemann era alemán; hasta donde hemos podido investigar, no era arquitecto como se menciona en algunas publicaciones, sino ingeniero[3]. Si bien en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” no hay ningún apartado para él, aparece mencionado en la biografía de Aberg como “el arquitecto alemán Federico Heynemann”[4].

Gracias a las exhaustivas investigaciones de Fabio Perlin publicadas en su blog[5] supimos que el propio Aberg fue el  fundador de La Edificadora (cuyo nombre completo era La Edificadora Buenos Aires S.A.). Al partir a Europa en 1886, dejó la empresa en manos de Heynemann.

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Los edificios de Rivadavia y Azcuénaga inaugurados en 1893, eran de estilo italianizante, lineamiento arquitectónico del siglo XIX que suponía un retorno al Renacimiento italiano pero dotado de elementos más pintorescos. En Argentina esta vertiente estética sirvió de transición entre la vieja arquitectura española colonial y el academicismo francés que se observa en muchos edificios importantes de Buenos Aires.

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En mi opinión, en el Pasaje Carlos Ambrosio Colombo hay tres detalles que merecen ser observados con detenimiento: la primera es la torreta de dos pisos con reloj coronada por una lanza.

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Los otros son los mascarones exteriores y las puertas de madera, en particular las que se observan sobre la calle Azcuénaga. Si pasa por allí, no deje de contemplarlos.

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UNA LEYENDA URBANA

Se sabe que en el Pasaje Colombo se han filmado películas y cortos publicitarios; además, una placa de bronce recuerda que uno de sus vecinos más ilustres fue el escritor Leopoldo Marechal.

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Sin embargo, muy pocos conocen la historia de Felicita Domínguez, una humilde trabajadora doméstica que a principios de 1930 fue atacada al salir de uno de los edificios un domingo de febrero por la noche. Al sentir el cuchillo en su garganta enmudeció; acto seguido, previendo que lo peor podía suceder, escuchó detrás suyo unos pasos. Repentinamente el ladrón soltó el arma y escapó como si hubiera visto un fantasma. Aún con el corazón latiendo como una locomotora giró para ver quien se acercaba… su horror fue aún mayor: contempló una figura negra con un esqueleto brillante.

– No se asuste, señora -le dijo una voz suave y provinciana-; vivo aquí y vengo de una fiesta de disfraces.

La pobre mujer no sabía si reír o llorar. Le dio las gracias y regresó al departamento en el cual trabajaba, pidiendo que la acompañen a tomar el colectivo. Esta historia, que me relató su hija siendo muy anciana, dicen que alimentó la leyenda del fantasma de Balvanera.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p. 57

[2] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.77

[3] Vallejo, Gustavo, “Escenarios de la cultura científica argentina: ciudad y universidad (1882-1955)”, Consejo Superior de Investigaciones Científicas, Madrid, España, 2007, p.143

[4] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.14

[5] Perlin, Fabio, “Homenaje a los Arquitectos e Ingenieros Escandinavos en Argentina”, https://arquitectos-escandinavos-argentina.blogspot.com


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BUTTELER: LA ÚNICA CALLE EN X DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

La primera noticia que tuve de Butteler, la única calle en forma de X de La Reina del Plata, fue a través de unos cuadernillos con textos de León Tenenbaum, titulados “Buenos Aires, un Museo al Aire Libre” que Laboratorios Elea regalaba[1]. Había pasado varias veces por una de sus entradas y no me había percatado que era mucho más que diagonal.

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La calle Butteler abarca únicamente una manzana que es cruzada por dos angostas callecitas empedradas que forman una equis, con una plazoleta en el centro. Cuenta con unas 70 casas, en su mayoría de una planta, construidas a principios del siglo XX. Sus calzadas tienen un ancho de unos tres metros, por donde puede pasar solo un auto, y las veredas 1,60 metros. Como se imagina, estacionar es un problema.

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Más difícil es aún entender su numeración, que comienza en la cuadra que nace en Avenida La Plata y Zelarrayán. Se ha dicho que va en sentido inverso a las agujas del reloj, pero a mí me sigue resultando indescifrable. Como alguien dijo, el 5 puede quedar frente al 88.

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LA HISTORIA

Corría 1907 cuando doña Azucena Butteler decidió donar a la Municipalidad un terreno que formaba parte de una quinta familiar para construir un barrio obrero. Cercano al Parque Chacabuco, que había sido creado cuatro años antes, ocupaba una superficie de alrededor de una hectárea. Estaba delimitado por las actuales Avenida La Plata al este, la Avenida Cobo al sur, la calle Senillosa al oeste y la calle Zelarrayán al norte y tenía un leve declive hacia el sur.

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Según un sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la piedra fundamental fue colocada el 15 de diciembre de 1907, siendo intendente don Carlos Torcuato de Alvear; ofició como padrino José Figueroa Alcorta, quien había sido elegido como Vicepresidente de la Nación, y ejercía la Presidencia desde enero de 1906 debido a la enfermedad y muerte del presidente Manuel Quintana. A la ceremonia asistieron, entre otros, Carlos Saavedra Lamas, quien casi 30 años después recibió el Premio Nobel de la Paz, el paisajista Carlos Thays, el Jefe de la Policía Ramón L. Falcón y el renombrado político socialista Alfredo Palacios.

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De acuerdo a la misma publicación, “se construyeron 64 casas de manera idéntica: divididas en cuatro secciones, distribuidas en dos ambientes, con un patio interior, paredes de color crema y puertas de madera” [2]. Fueron terminadas e inauguradas en 1910.

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Un siglo después, en 2010 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró la manzana de la calle Butteler “Área de Protección Histórica”, prohibiendo modificaciones a su espacio y a sus casas, y convirtiéndolo en patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

LA PLAZOLETA

La placita ubicada en el centro se llamaba Plaza Escondida; a partir de 1972 recibió el nombre de Plaza Enrique Santos Discépolo en honor al famoso compositor autor de Cambalache, que frecuentaba este diminuto barrio debido a que uno de sus amigos residía en él. De todos modos, para los vecinos sigue siendo la placita Butteler. Ha sido remodelada y cuenta con un espacio para juegos infantiles que ha sido cercado para evitar el vandalismo.

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Por fuera de la cerca hay un busto del popular Discepolín, obra del puntano Jesús Domingo Páez Torres (1920-2001), creador de varias esculturas porteñas. La historia del busto es interesante. Según Nicolás Gabriel Gutiérrez, el original realizado en cemento fue inaugurado el 18 de octubre de 1976 en el desaparecido Teatro Enrique Santos Discépolo. En 1980 se lo trasladó a su actual ubicación donde fue destruido por desconocidos. Por ello se realizó una copia en bronce fundido en la Dirección General de Obras y Monumentos, que fue emplazada el 10 de mayo de 1983 en el corazón de la calle Butteler[3] .

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EL NOMBRE

Según Miguel Iusem el nombre de la calle es “Azucena Butteler”[4]. Sin embargo Alberto Gabriel Piñeiro, indica que la denominación es simplemente “Butteler” y cita la Ordenanza Municipal del 2 de junio de 1911[5].

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CURIOSIDADES

La placita Butteler en la primera mitad del siglo XX fue sitio de celebración de concursos de disfraces y de las populares fogatas de San Pedro y San Pablo.

En aquel tiempo la calle Butteler era frecuentada por integrantes de la farándula, en particular por glorias del tango, como Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril, quien dirigió y protagonizó en esta curiosa callecita el film “Culpable”.

Aunque algunos lo desmienten, la placita era un punto de reunión antes de los partidos de la barra brava de San Lorenzo, el equipo de fútbol cuyo antiguo estadio, el Viejo Gasómetro, se ubicaba a pocas cuadras sobre la Avenida La Plata. Por eso a la hinchada azulgrana se la conoce como La Gloriosa Butteler.

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Finalmente, así como hemos señalado que Alejandro Dolina menciona el Pasaje Trieste en su relato fantástico “Los amantes desconocidos”[6] o que la novelista colombiana Laura Restrepo ubica momentos de su novela “Demasiados héroes” en el Pasaje Coronda[7], en 2016 Néstor Darío Figueiras publicó una colección de cuentos titulada “El cerrojo del mundo está en Butteler”, cuyo título proviene del cuento homónimo, inspirado -en sus propias palabras- en este mágico pasaje. El personaje principal del cuento, el Dr.Beltrán, es un fan declarado de Discépolo.

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No podemos cerrar esta nota sin citar el tango Calle Butteler, con música de Saúl Cosentino y letra de Ernesto Pierro, compuesto en 1999, que evoca con nostalgia el pasado perdido, en el que inevitablemente incluye con pasión recuerdos del equipo del barrio, San Lorenzo de Almagro.

EPÍLOGO

Nos despedimos citando las palabras del Arq. Rolando Schere: “A nuestro juicio el pasaje Butteler es de las manzanas más lúcidas proyectadas en la ciudad de Buenos Aires… Constituye toda una lección de arquitectura, de conocimiento de la ciudad, de aprovechamiento de la manzana, de uso de espacios comunes significativos, apropiables, de sabiduría en la elección de la medida y en el empleo de elementos tipológicos que pertenecen largamente a la memoria ciudadana: la casa chorizo, la ochava, el retiro con verja y la fachada continua, reunidos en una propuesta absolutamente novedosa”[8].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: EL TANGO “CALLE BUTTELER”

Aquí se puede escuchar el tango “Calle Butteler” (S. Cosentino – E. Pierro) , en la voz de Carlos Varela, con imágenes de esta curiosa callecita porteña.


BONUS 2: VIDEO TRAILER DE ““EL CERROJO DEL MUNDO ESTÁ EN BUTTELER”

Aquí Néstor Darío Figueiras presenta su libro en la propia calle Butteler y cuenta su amor por ella.


REFERENCIAS

[1] Tenembaun, león “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillo nº 4 “Pasajes, cortadas y callejones”, Laboratorios Elea, Buenos Aires, Argentina, sin fecha pero alrededor de 1985, p.8. Su libro homónimo, que no tenemos ni hemos leído, es de 1987. No sabemos si estos textos sirvieron de insumos para el libro o, al revés, son separatas de él.

[2] Autor no identificado, “Historias de mi Comuna: Barrio Butteler y Plaza Enrique Santos Discépolo”, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-barrio-butteler-y-plaza-enrique-santos-discepolo

[3] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.475

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.32

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.314

[6] https://pablobedrossian.com/2015/06/21/el-pasaje-trieste-y-la-calle-juan-a-boeri-por-pablo-r-bedrossian

[7] https://pablobedrossian.com/2017/06/17/los-pasajes-coronda-y-burgos-y-el-mercado-del-progreso-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.128


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción del plano, que fue tomado de Google Maps y editado a fines informativos para esta nota.

El video del tango “Calle Butteler” fue tomado del canal de Youtube de su intérprete, Carlos Varela.

El video ““El cerrojo del mundo está en Butteler – Book trailer” fue tomado del canal de Youtube de su autor, Néstor Darío Figueiras.

 

“LOS ALPES”, EL PASAJE MÁS ANGOSTO DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicado en el barrio de Caballito, Los Alpes es el pasaje peatonal más angosto de Buenos Aires. Aunque suele pasar inadvertido, no es difícil llegar hasta él. Basta caminar por la Avenida Rivadavia desde Primera Junta y doblar a la izquierda en la calle Parral. Tras cruzar la calle Yerbal, Parral se interrumpe, obligando a continuar el paso por un estrecho puente peatonal de hierro levantado sobre las vías del tren.

01 DSC00892Justo antes del puente, una placa metálica nos informa que a nuestra derecha, a la altura de Parral 149, se encuentra la única entrada al Pasaje Los Alpes.

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El Pasaje Los Alpes es una suerte de vereda que de un lado tiene un conjunto de casas y del otro una alambrada desde la cual se observan las vías del Ferrocarril Sarmiento.

03 DSC00894Dice el arquitecto Rolando Schere “en su nacimiento un puente metálico que cruza sobre las vías, da continuidad peatonal a la calle Parral. Originalmente existían ocho casas chorizo y remataba en la puerta de entrada a la última casa. En la actualidad varias de estas viviendas han sido remplazadas por edificaciones de gran altura. El pasaje da la sensación de ser un balcón sobre las vías del ferrocarril. El nombre original era Pasaje Beade, apellido del dueño de los terrenos en la década del treinta”[1].

05 DSC00908En realidad, la única casa que ha sido reemplazada por un edificio alto es la de la esquina de Los Alpes y Parral. La numeración del pasaje va del 554 al 598, accediéndose desde este número hasta la entrada de la última casa, cuya puerta de alambre entramado es perpendicular al pasaje y constituye su final.

¿CUÁL ES SU VERDADERO NOMBRE?

Si observamos el mapa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires[2], veremos que al colocar en el buscador Los Alpes de inmediato aparece Beade, en honor de “don Fernando Beade, natural de Galicia y escribano en Buenos Aires, antiguo propietario de las casas que dan al pasaje, por esto llamado Beade[3]. Sin embargo, al revisar en la base de datos de códigos postales del Correo Argentino[4] aparece exclusivamente Los Alpes. Curiosa dicotomía. ¿Cuál es el nombre verdadero del pasaje?  ¿Beade o Los Alpes?

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Miguel Iusem dice que Los Alpes es el “nombre no oficial” pero lo incluye en su Diccionario de la Calles de Buenos Aires “por tratarse de la calle más angosta de Buenos Aires”[5]. Sin embargo, Alberto Piñero, en su obra sobre los nombres de las calles porteñas, corrige ese dato y nos da la respuesta, señalando que, si bien aparece como Beade en el Indicador Urbano de Buenos Aires de 1900, el nombre cambia a Los Alpes debido a la Ordenanza N° 5.361, B.M. N° 3.531, de 1933[6].

06 DSC00912Esto mismo lo confirma el experto Eduardo Balbachán, precisando que dicha Ordenanza fue emitida por Honorable Consejo Deliberante de la Ciudad de Buenos Aires del 28 de diciembre de 1933. Para quitar toda duda, añade su transcripción: “Denomínase Los Alpes a la vía pública que va de Hidalgo a Parral, entre Yerbal y Bacacay”[7].

04 DSC00906De todos modos, Piñero menciona que en el Plano Municipal de 1968 sigue apareciendo como Beade, un anacronismo que, como vimos, hasta la fecha no ha sido corregido. Al visitar el pasaje el único nombre visible es el oficial: Los Alpes, y el único código postal para todas las casas de su corta cuadra, C1405CEB, está asignado a su nombre.

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Estado actual

Como otros pasajes peatonales de Buenos Aires, necesita recuperar su brillo.

DSC00896Creemos que el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires debería tener un plan para la conservación de estos espacios únicos, que le dan a la Reina del Plata un toque diferente. Cada barrio tiene sus tesoros, y el Pasaje Los Alpes es una perla oculta de Caballito.

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© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


FICHA TÉCNICA

Pasaje Los Alpes - Ficha Técnica


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.76

[2] https://mapa.buenosaires.gob.ar

[3] Castro López, Manuel, Almanaque Gallego, Buenos Aires, Argentina, 1927, p.63

[4] http://www.correoargentino.com.ar/formularios/cpa

[5] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.111

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.302

[7] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.47


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EL PASAJE DE LA PIEDAD (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

El Pasaje de la Piedad es probablemente el más emblemático de los pasajes porteños. Escondido en la calle Bartolomé Mitre entre las calles Montevideo y Paraná, parece un pedacito de barrio injertado pleno Centro.

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Lo descubrí cursando el Secundario. Cierta tarde visité a Ernesto Leibovich, un compañero que vivía en la calle Rodolfo Rivarola, otra perla oculta de la Ciudad. Saliendo de allí subí por Bartolomé Mitre hacia la avenida Callao. De pronto me sorprendieron dos anchas bocas en la cuadra norte que franqueaban el acceso al pasaje. No pude resistir la tentación de entrar. Me sorprendió la curiosa escenografía, con plantas, verjas y edificios antiguos que tenían sabor arrabalero, ajenos al molesto ruido de la calle.

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Poco después, en 1980, conocí el Teatro de la Piedad, dentro del propio Pasaje, al asistir a un concierto del bandoneonista Rodolfo Mederos. Aunque no me resultaba fácil pasar por allí, visité el Pasaje de la Piedad todas las veces que pude.

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Cartel que anuncia el Teatro de la Piedad, que se encuentra sobre la entrada oeste, la primera bajando desde la Avenida Callao hacia la Avenida 9 de Julio

En el extranjero se añoran los lugares queridos de otro modo. Uno sabe que siguen allí, pero aun cuando permanezcan inmutables se vuelven inaccesibles. Por eso esperé la ocasión, y, luego de muchos años, volví a visitarlo. Sus entradas hoy están enmarcadas por sendas puertas de rejas.

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Entrada oeste, a la altura de Bartolomé Mitre 1525. Bajando desde Avenida Callao es la primera entrada.

A través de ellas podemos leer los inolvidables carteles azules que anuncian la entrada y salida de carruajes, que como diría Borges, tienen “el sabor de lo perdido, de lo perdido y lo recuperado”.

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 LA HISTORIA

La Calle de la Piedad, llamada así por la Iglesia de la Señora de la Piedad del Monte Calvario ubicada en la misma calle, a partir de 1901 se denominó Bartolomé Mitre; el pasaje, como hijo legítimo, heredó su nombre.

Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje
Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje

Ubicado entre los números 1525 y 1563 en el lado norte de la mencionada vía, a diferencia de la mayoría de los pasajes porteños tiene forma de U.

Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.
Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.

Dejemos que los expertos nos cuenten: “Fue construido por Arturo Gramajo, y por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre los años 1888-1900, en tierras heredadas por ella y que habían sido adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones, durante los años 1853, 1854 y 1857. Hubo un largo proceso de construcción, comenzándose de atrás -fondo- hacia adelante -frente-; hasta el momento no se ha resuelto el problema de la autoría de este proyecto por falta de localización de los planos originales. Gramajo había actuado en diplomacia, y durante el gobierno de Victorino de la Plaza, se hizo cargo de la Intendencia de Buenos Aires, desde 1914 a 1916. Fue, además, presidente de la comisión administradora de fondos, constituida en 1893, para la terminación del templo de la Piedad… El Pasaje de la Piedad fue habilitado una parte en 1888 y el resto de la construcción hacia 1900, circunstancia que se nota en los estilos de su arquitectura. En el año 1997 fue incluido dentro de las Áreas de Protección Histórica de la ciudad de Buenos Aires”[1].

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Según Alejandro Grigoric, el autor del proyecto es el arquitecto Edwin Arthur Merry[2] , Rolando H. Schere en su obra “Pasajes” afirma que la obra fue “comenzada en 1866 por los arquitectos Nicolás y José Canales, y terminada en 1909 por el arquitecto Juan A. Buschiazzo”[3]. También dice que don Arturo Gramajo lo hizo construir para viviendas en alquiler y agrega en la misma página “Está conformado por dos familias de prototipos: los que se alinean a la fachada con locales comerciales en la planta baja, sobre la calle Bartolomé Mitre y en ambos accesos, y los que tienen retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana”.

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Vista de algunas de las puertas de madera de las entradas interiores sobre el pasaje que corresponden al bloque de locales comerciales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre.

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Edificio de tres cuerpos con retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana.


ESCENARIO CINEMATOGRÁFICO

En “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Eduardo Luis Balbachan comenta que el Pasaje de la Piedad sirvió de locación para filmar escenas de numerosas películas argentina. En su lista cita “Fiebre de primavera”, “La orquídea”, “Un guapo del 900”, “Pobre mi madre querida”, “Mi noche triste” y “El infierno tan temido”[4], y de mi parte agrego “Assassination Tango”, escrita, dirigida y actuada por Robert Duvall, quien está casado con la argentina Luciana Pedraza que tuvo un papel en ese film.

Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)
Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)

Cuenta también que entre 1924 y 1930 vivió allí el Vivo Caprioli, lugarteniente del legendario delincuente apodado El Pibe Cabezas. Menciona también que ha vivido allí glorias del tango como Juan D’Arienzo y Miguel Caló. A esa lista de famosos habitantes, Tatiana Souza Korolkov, agrega a el bailarín Jorge Donn, el actor Alberto Olmedo y el director cinematógráfico Enrique Carreras [5].

SU ARQUITECTURA

Todos coinciden en señalar las influencias italianas y francesas en el diseño del entorno del pasaje. Esa impronta europeizante, que va del art nouveau al renacentismo florentino, notoria en las arcadas del lado norte de La Piedad y sus amplios balcones, muestra las preferencias de la progresista generación del ’80 que convirtió a la Argentina en un poderoso país agroexportador.

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Frente con influencia de arquitectura italiana

Según Tatiana Souza Korolkov en su mismo artículo “hay 49 viviendas que tienen su frente al pasaje, y el resto, 65 viviendas, da sobre las tres calles que lo circundan”.

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Otra de las serias de tres puertas del cuerpo de locales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre. Se observan escalones, arcos y el porteño farolito de hierro.

Todos los edificios poseen numeración propia.

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 ARTE

En el extremo este de la parte que corre paralela a Bartolomé Mitre hay un enorme mural de arte figurativo contemporáneo que cuelga de una pared cubierta parcialmente por una enredadera. Es un símbolo del arte de este pasaje cuyo encanto no ha menguado. Se organizan allí concursos de manchas y el Teatro de la Piedad sigue vivo.

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El empedrado que luce la calle, las puertas de madera del lado sur, los detalles de las verjas del lado norte, siguen retirando el pasaje de la predecible vorágine urbana y colocándolo en una dimensión única, donde la belleza y la tranquilidad se funden en un abrazo sin apuros ni urgencias.

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 © Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS:

[1] http://www.buenosairesantiguo.com.ar/pasajelapiedad/. Allí se cita como fuente a una obra inédita, “El Pasaje de la Piedad, Buenos Aires”, por arquitecta María Marta Lupano y arquitecta Susana Mesquida,  Consejo de Planificación Urbana y agradecen los aportes del Dr. José María Rodríguez y el Dr. Rogelio Carlos Rodríguez. Al actualizar la nota en 2018 al verificar el link aparece una respuesta automática informando que el dominio está a la venta.

[2] Grigoric, Alejandro, en  https://monumentos.cultura.gob.ar/inventario/pasaje-de-la-piedad/, Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, Secretaría de Cultura de la Nación, República Argentina

[3] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, p. 52, Buenos Aires, Argentina, 1998

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, p. 87, Buenos Aires, Argentina, 1982

[5] Souza Korolkov, Tatiana, “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

BIBLIOGRAFÍA: 

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Souza Korolkov, Tatiana, artículo “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

EL PASAJE SAN CARLOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

En la esquina de las calles Hipólito Yrigoyen y Quintino Bocayuva, se encuentra la Basílica María Auxiliadora y San Carlos.

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Perteneciente a los salesianos de Don Bosco en Argentina, posee uno de los interiores más bellos de la ciudad.

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A la vuelta, tomando por Quintino Bocayuva hacia la Avenida Rivadavia, imprevistamente en la acera oeste se abre el pasaje San Carlos, que vamos a visitar. Tiene unas 15 casas y numeración propia, del 1 al 70.

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Su historia

Cuenta Jorge di Fiori es el website “Historia de los Pasajes Porteños” que “en 1865, Juan Francisco Tarragona adquiere un sector de la amplia quinta que perteneciera a Juana Isidora González, que se extendía desde la calle Victoria (hoy Hipólito Yrigoyen) hasta Rivadavia, prolongándose al oeste hasta más allá de la contemporánea José Mármol. El límite éste de la misma formaba un estrecho callejón que recién en 1889 fue ensanchado para dar origen a la calle Estebarena, más tarde Artes y Oficios y finalmente Quintino Bocayuva. Precisamente con la subdivisión de esta quinta nacerá el pasaje San Carlos en el Nro. 151 de aquella arteria, entre Don Bosco e Hipólito Yrigoyen”.

El nombre de San Carlos lo recibe del templo antes mencionado, dedicado a san Carlos Borromeo, cardenal y arzobispo italiano del siglo XVI.  El frente del pasaje da al costado de la iglesia, donde los salesianos instalaron una escuela de artes y oficios. Es por ello que la calle Quintino Bocayuva recibió antiguamente el nombre de Artes y Oficios. Curiosamente, la cercana calle Don Bosco se llamó primitivamente San Carlos.

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El recorrido

El acceso original, marcado por dos pequeñas ochavas, fue alterado al construirse del lado norte una casa de ladrillos rojos sin relación arquitectónica alguna con el entorno. Además, hoy, debido a la delincuencia, una verja de hierro impide la entrada al pasaje.

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Desde el frente no se advierten curiosos detalles que, pese a los cambios padecidos, sobreviven en este pasaje peatonal de piso de baldosas, macetas en las puertas y casas de dos pisos.

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Por ejemplo, las diferentes puertas de madera del lado norte.

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DSC07742Como vemos, su estado demuestra el paso del tiempo: un friso art nouveau pintado por la mitad o una marquesina que requiere mejor conservación. Lo misma sensación produce la base de un balcón de principios del siglo XX.

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También se observan “perlitas” que le dan un toque diferente, como un llamador o un farolito debajo del cual se observa una colorida imagen de la Virgen María con el Niño Jesús.

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DSC07746El pasaje tiene forma de un cul-de-sac, un callejón donde la puerta de entrada es también la de salida. El fondo es un paredón que un vecino se ha ocupado de convertir en una suerte de jardín.

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También el lado sur del pasaje tiene casas cuyos frentes parecen insistir en recordarnos el pasado.

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Aunque podríamos decir todo el pasaje muestra cierto abandono, es ese discreto encanto de la decadencia lo que le da una atmósfera nostálgica. Bastan veinte pasos para encontrarse alejados de la calle y verse sumergidos en un ámbito que tiene pinceladas de arrabal y melancolía.

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Aunque no tiene más de 50 metros de largo, el pasaje San Carlos nos revela a través de sus detalles un espíritu sobrevive a pesar de los cambios, como si fuera una isla de tiempo, un pedacito de barrio en medio de las torres de la modernidad.

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BIBLIOGRAFÍA:

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

di Fiori, Jorge, “Historia de los pasajes porteños”, http://www.pasajes-portenios.com.ar/home2.html

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

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