8 ESCULTURAS BIZARRAS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Aunque en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra bizarro se asocia valentía y esplendor, el uso corriente lo asocia a rareza o extravagancia. Siguiendo la acepción popular definimos como bizarras a aquellas esculturas que despiertan nuestra curiosidad por su forma extraña o su tema inusual. Presentamos aquí una breve selección. Además, lo invitamos a proponer otras obras que puedan ser incluidas en un próximo artículo.

MONUMENTO A LA COIMA

El Monumento a la Coima hace alusión al pago que se realiza bajo la mesa con el objetivo de obtener un favor de parte de un funcionario o de una autoridad. En otros países se lo llama “mordida” y es una de las modalidades más conocidas del soborno.

Poco se sabe de su historia pues no aparece en el proyecto original del edificio del Ministerio de Obras Públicas, en uno de cuyos ángulos se encuentra, ni en los planos, ni en los archivos. Tampoco se sabe a ciencia cierta quien fue su creador. Sin embargo, corre una leyenda cuya veracidad aún nadie ha podido corroborar[1].

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. Con diseño del arquitecto Alberto Belgrano Blanco[2], las obras se iniciaron en 1934 en una manzana lindante con la Avenida 9 de Julio, bajo la dirección del ingeniero Marcelo Martínez. El edificio fue terminado recién en 1936.

Se dice que el propio arquitecto Hortal, cansado de los atrasos en la construcción y de los “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó a Troiano Troiani, un artista italiano radicado en la Argentina, la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, una figura con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende su enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva. Aunque ambas aluden a los pagos informales, la segunda es conocida como el “Monumento a la Coima”.

EL MONUMENTO AL PERRO ABANDONADO

Ubicado dentro del predio del Instituto Bernasconi, el Monumento al Perro Abandonado es un canto a la desdicha del “mejor amigo del hombre” abandonado por sus dueños. Fue creado por la artista plástica Susana Casanovas en granito.

En su base hay una placa colocada por el M.A.P.A. (Movimiento Argentino de Protección al Animal) que dice 1997-29-4-1999 en recuerdo del Día del Animal que se celebra los 19 de abril. 1997 refiere al año de su emplazamiento y 1999 al año de colocación de la placa. Dice su autora “Cuando en el acto fue destapado, los chicos lanzaron una expresión que me emocionó. Me costó dejarlo, pero me tuve que despedir. Mi perrito iba a estar rodeado de chicos, y eso me gustó”[3].

Nos apena que esta obra se encuentre escondida. No conocemos otros monumentos similares, aunque sabemos que en la ciudad de México existe el Monumento al Perro Callejero desde 2008. En Argentina, hemos conocido personas dedicadas a rescatar perros abandonados y darlos en adopción.

EL CRISTO ANCIANO DE LA RECOLETA

La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Cristo. El Nuevo Testamento cuenta que Jesús, tras resucitar, pasó unos cuarenta días con sus discípulos tras los cuales ascendió a los cielos[4] prometiendo regresar. ¿Qué edad tendría? Dice el evangelio de Lucas que al empezar su actividad pública “era como de treinta años”[5]. Si, como según se cree, participó de tres pascuas, entonces, tendría unos 32 o 33 años cuando fue crucificado. De allí viene la famosa frase “Treinta y tres. La edad de Cristo”. Este apacible Cristo anciano rompe con la perspectiva tradicional: presenta a un Jesús resucitado prolongando su vida terrenal.

Su nombre original es “Redentor” y ocupa en el corazón del cementerio de la Recoleta, por eso se lo llama también “el Cristo Central”. Posee una larga barba, una gran entrada en la frente y una larga cabellera por detrás.  

Hecha en bronce e inaugurada en 1914, es obra del escultor argentino Pedro Zonza Briano[6], formado en Europa, cuya obra tuvo alcance internacional. Buenos Aires luce otras esculturas suyas como “Flor de juventud” en el Rosedal, el Monumento a Leandro N. Alem y un busto a Lucio Correa Morales[7].

EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Cuenta Nicolás Gutiérrez que “en 2010 se llevó a cabo el Proyectos Mamas, que procuró por medio del arte escultórico concientizar a la población sobre la necesidad de adoptar todas las medidas preventivas en pro de la lucha del cáncer de mama[8]. 30 torsos femeninos fueron intervenidos artísticamente y vendidos para recaudar fondos para la lucha contra este doloroso mal. Una de las piezas, decorada por el famoso artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, fue adquirida por la firma Vopak junto a la Embajada de los Países Bajos y colocada en su actual ubicación, la plaza Reina de Holanda.

Este tipo de intervenciones se han realizado en otras partes del mundo con distinto propósito. Nosotros hemos escrito acerca de una de estas iniciativas, Las Meninas en las calles de Madrid, impulsada por Antonio Azzato[9].

Paradójicamente lo que nos atrajo de esta obra es la sensación de desagrado al contemplarla. Como obviamente la lucha contra el cáncer de mama demanda prevención, quizás el artista se propuso alertarnos, aplicando pinturas colorinches sobre formas exageradas sobre la mitad superior del cuerpo. Si ese fue el caso, es probable que haya logrado su propósito. Los choques nos sacuden y nos enseñan.

GARDEL ALIENÍGENA

Muchos turistas al visitar San Telmo no resisten la tentación de tomarse una foto con esta estatua de Gardel color verde marciano con unas antenas rematadas por un par extra de ojos saltones sobre la cabeza.

El zorzal criollo extraterrestre en tamaño real se apoya sobre un buzón en la calle Defensa y Cochabamba, dando la bienvenida a la Galería del Asombro. Es obra del artista plástico Gerardo Bernstein, quien además maneja aquella galería. El creador del Gardelalien afirmó “puse a Gardel allí porque es un cantante de otro mundo”[10].

EL MONUMENTO AL TAXISTA

En Buenos Aires, hasta donde conocemos, no existe un Monumento al Ingeniero, al Científico o al Médico, pero curiosamente en Puerto Madero sí se encuentra el Monumento al Taxista, un infaltable personaje porteño que ahora se ve amenazado por los Uber. Está ubicado en la calle Macacha Güemes entre la Avenida de los Italianos y la Costanera, cuyo nombre oficial es Avenida Intendente Hernán M. Giralt.

Apoyado sobre un viejo Siam Di Tella un chófer luce canchero, orgulloso de su máquina en tamaño real. Aunque por su color cobrizo parece metálico, la obra (vehículo, conductor y piso) es de cemento patinado[11]. Al costado, en la base, hay una placa que explica que es una donación del Sindicato de Peones de Taxi a la Ciudad de Buenos Aires. Este original homenaje a sus afiliados fue inaugurado en 2012.

El Monumento al Taxista es obra del artista plástico y abogado Fernando Pugliese, quien ha recreado varios personajes de historietas y artistas populares en esculturas emplazadas en distintos sitios del Centro, incluyendo la de Minguito sobre la avenida Corrientes, la de Sandro en el Gran Rex y la de Don Nicola en Puerto Madero.

ESCULTURA EN 11 DE SEPTIEMBRE Y JOSÉ HERNÁNDEZ

Una escultura de gran tamaño sin nombre que la identifique (al menos, nosotros no lo encontramos) se encuentra frente a una torre en la esquina de José Hernández y 11 de Septiembre en el barrio de Belgrano. Es la representación de un cuello y la mitad inferior de su cabeza, fragmentada con un toque Minujín; la obra comunica movimiento pues se observa un hombre trajeado y con corbata tratando de ascender por el cuello como si fuera una escalera y a otro, pero sin brazos, sentado en la parte superior.

Cuando publicamos la nota en su versión original no sabíamos quién era su autor. Gracias a Gaby Pereyra nos enteramos que la obra se llama “Amores” y es obra del escultor Carlos Affranchino y el escultor y arquitecto Abel Trybiarz. Por su volumen y la calidad de su terminación vale la pena conocerla. Tal vez, por la expresión del hemirostro, y en particular de su boca, y también por la inclinación que le da el cuello, se trata de alguien que sufre. ¿Por qué sufre? Quizás por una lucha interior. Una parte de él, la figura que está arriba, es su pensamiento establecido, mientras que el hombrecito que sube es un pensamiento nuevo, que quiere desplazar o ayudar al otro. La paradoja es que ambos hombres son muy parecidos.

HITO DE FRONTERA, ¿UN MONUMENTO ECUESTRE A LA INVERSA?

Ubicado en la Plaza Intendente Seeber, enfrente del viejo Zoológico porteño, se encuentra un enorme mulita de un amarillo rutilante sobre un auto volcado cuyas ventanas están tapiadas con ladrillos. Esta curiosa obra de arte, creación de Carlos Huffman, fue presentada en abril de 2019 en ocasión la Semana del Arte de Buenos Aires.

La idea de un armadillo gigante -que parece más bien un tatú carreta– sobre un auto dado vuelta evoca distintas situaciones. Escuchemos al artista “podría ser una estatua ecuestre invertida, con el animal arriba y el humano abajo, representado en el auto. Hay inversiones de sentido, todo lugar es una frontera si lo podés definir… me interesa mucho la idea de mundos intermedios”[12].

Se ha dicho que el hito de la frontera se encuentra entre el realismo y surrealismo; para nosotros es una suerte de realismo mágico que nos recuerda que Buenos Aires nunca nos deja de sorprender.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[3] “Susana Casanova Arte”, http://susanacasanovas.blogspot.com/2010/06/1997-monumento-al-perro-abandonado_27.html

[4] Evangelio de Lucas 24:50-53; Hechos 1:3,6-11

[5] Evangelio de Lucas 3:23

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.120

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.120, 853

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p..506

[9] “Las Meninas salen a la Calle”, https://pablobedrossian.com/2018/05/13/las-meninas-salen-a-la-calle-por-pablo-r-bedrossian/

[10] https://issuu.com/eltangautatango/docs/eltangauta236/10

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.510

[12] Zacharías, María Paula, “Un circuito en cinco postas: dar la vuelta a la plaza, un paseo cultural con sorpresas”, https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-circuito-en-cinco-postas-dar-la-vuelta-a-la-plaza-un-paseo-cultural-con-sorpresas-nid2236431


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“EL ATENEO GRAND SPLENDID”, QUIZÁS LA LIBRERÍA MÁS BELLA DEL MUNDO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Serie LIBRERÍAS MARAVILLOSAS DEL MUNDO

Solemos admirar los edificios por su fachada; no es común que su interior nos deslumbre más que su aspecto exterior. Sin embargo, la Librería El Ateneo Grand Splendid es uno de esos casos donde las profundidades son más luminosas que las superficies. Los invito a conocer su historia y a recorrerla.

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco al inicio de “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[1].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Grand Splendid[2]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

EL EDIFICIO

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid, inaugurándose en mayo de 1919. Aunque todos los artículos hacen referencia a “los arquitectos Pizoney y Falcope” a cargo de la dirección de obra, creemos que es un errónea referencia a los grandes constructores José Pizone y Luis Falcone. Pizone tuvo a cargo la construcción del Palacio Barolo, diseñado por Mario Palanti, y Falcone la construcción del Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, diseñado por Héctor Ayerza y Edouard Le Monnier.

Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[3].

GRANDES VALORES DEL AYER

Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[4]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

DEL CINE A LA LIBRERÍA

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color.

Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentra literatura, audio y videos especializados.

Para los que amamos la lectura, entrar a la Librería El Ateneo Grand Splendid es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad… tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [5].

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

Casi a totalidad del presente artículo ha sido extraída de nuestro artículo “Librerías Maravillosas”, © Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018. Todos los derechos reservados que puede leerse en https://pablobedrossian.com/2016/03/25/dos-librerias-maravillosas-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[2] El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[3] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004, que puede leerse en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[4] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[5] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.22


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BUTTELER: LA ÚNICA CALLE EN X DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

La primera noticia que tuve de Butteler, la única calle en forma de X de La Reina del Plata, fue a través de unos cuadernillos con textos de León Tenenbaum, titulados “Buenos Aires, un Museo al Aire Libre” que Laboratorios Elea regalaba[1]. Había pasado varias veces por una de sus entradas y no me había percatado que era mucho más que diagonal.

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La calle Butteler abarca únicamente una manzana que es cruzada por dos angostas callecitas empedradas que forman una equis, con una plazoleta en el centro. Cuenta con unas 70 casas, en su mayoría de una planta, construidas a principios del siglo XX. Sus calzadas tienen un ancho de unos tres metros, por donde puede pasar solo un auto, y las veredas 1,60 metros. Como se imagina, estacionar es un problema.

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Más difícil es aún entender su numeración, que comienza en la cuadra que nace en Avenida La Plata y Zelarrayán. Se ha dicho que va en sentido inverso a las agujas del reloj, pero a mí me sigue resultando indescifrable. Como alguien dijo, el 5 puede quedar frente al 88.

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LA HISTORIA

Corría 1907 cuando doña Azucena Butteler decidió donar a la Municipalidad un terreno que formaba parte de una quinta familiar para construir un barrio obrero. Cercano al Parque Chacabuco, que había sido creado cuatro años antes, ocupaba una superficie de alrededor de una hectárea. Estaba delimitado por las actuales Avenida La Plata al este, la Avenida Cobo al sur, la calle Senillosa al oeste y la calle Zelarrayán al norte y tenía un leve declive hacia el sur.

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Según un sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la piedra fundamental fue colocada el 15 de diciembre de 1907, siendo intendente don Carlos Torcuato de Alvear; ofició como padrino José Figueroa Alcorta, quien había sido elegido como Vicepresidente de la Nación, y ejercía la Presidencia desde enero de 1906 debido a la enfermedad y muerte del presidente Manuel Quintana. A la ceremonia asistieron, entre otros, Carlos Saavedra Lamas, quien casi 30 años después recibió el Premio Nobel de la Paz, el paisajista Carlos Thays, el Jefe de la Policía Ramón L. Falcón y el renombrado político socialista Alfredo Palacios.

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De acuerdo a la misma publicación, “se construyeron 64 casas de manera idéntica: divididas en cuatro secciones, distribuidas en dos ambientes, con un patio interior, paredes de color crema y puertas de madera” [2]. Fueron terminadas e inauguradas en 1910.

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Un siglo después, en 2010 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró la manzana de la calle Butteler “Área de Protección Histórica”, prohibiendo modificaciones a su espacio y a sus casas, y convirtiéndolo en patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

LA PLAZOLETA

La placita ubicada en el centro se llamaba Plaza Escondida; a partir de 1972 recibió el nombre de Plaza Enrique Santos Discépolo en honor al famoso compositor autor de Cambalache, que frecuentaba este diminuto barrio debido a que uno de sus amigos residía en él. De todos modos, para los vecinos sigue siendo la placita Butteler. Ha sido remodelada y cuenta con un espacio para juegos infantiles que ha sido cercado para evitar el vandalismo.

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Por fuera de la cerca hay un busto del popular Discepolín, obra del puntano Jesús Domingo Páez Torres (1920-2001), creador de varias esculturas porteñas. La historia del busto es interesante. Según Nicolás Gabriel Gutiérrez, el original realizado en cemento fue inaugurado el 18 de octubre de 1976 en el desaparecido Teatro Enrique Santos Discépolo. En 1980 se lo trasladó a su actual ubicación donde fue destruido por desconocidos. Por ello se realizó una copia en bronce fundido en la Dirección General de Obras y Monumentos, que fue emplazada el 10 de mayo de 1983 en el corazón de la calle Butteler[3] .

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EL NOMBRE

Según Miguel Iusem el nombre de la calle es “Azucena Butteler”[4]. Sin embargo Alberto Gabriel Piñeiro, indica que la denominación es simplemente “Butteler” y cita la Ordenanza Municipal del 2 de junio de 1911[5].

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CURIOSIDADES

La placita Butteler en la primera mitad del siglo XX fue sitio de celebración de concursos de disfraces y de las populares fogatas de San Pedro y San Pablo.

En aquel tiempo la calle Butteler era frecuentada por integrantes de la farándula, en particular por glorias del tango, como Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril, quien dirigió y protagonizó en esta curiosa callecita el film “Culpable”.

Aunque algunos lo desmienten, la placita era un punto de reunión antes de los partidos de la barra brava de San Lorenzo, el equipo de fútbol cuyo antiguo estadio, el Viejo Gasómetro, se ubicaba a pocas cuadras sobre la Avenida La Plata. Por eso a la hinchada azulgrana se la conoce como La Gloriosa Butteler.

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Finalmente, así como hemos señalado que Alejandro Dolina menciona el Pasaje Trieste en su relato fantástico “Los amantes desconocidos”[6] o que la novelista colombiana Laura Restrepo ubica momentos de su novela “Demasiados héroes” en el Pasaje Coronda[7], en 2016 Néstor Darío Figueiras publicó una colección de cuentos titulada “El cerrojo del mundo está en Butteler”, cuyo título proviene del cuento homónimo, inspirado -en sus propias palabras- en este mágico pasaje. El personaje principal del cuento, el Dr.Beltrán, es un fan declarado de Discépolo.

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No podemos cerrar esta nota sin citar el tango Calle Butteler, con música de Saúl Cosentino y letra de Ernesto Pierro, compuesto en 1999, que evoca con nostalgia el pasado perdido, en el que inevitablemente incluye con pasión recuerdos del equipo del barrio, San Lorenzo de Almagro.

EPÍLOGO

Nos despedimos citando las palabras del Arq. Rolando Schere: “A nuestro juicio el pasaje Butteler es de las manzanas más lúcidas proyectadas en la ciudad de Buenos Aires… Constituye toda una lección de arquitectura, de conocimiento de la ciudad, de aprovechamiento de la manzana, de uso de espacios comunes significativos, apropiables, de sabiduría en la elección de la medida y en el empleo de elementos tipológicos que pertenecen largamente a la memoria ciudadana: la casa chorizo, la ochava, el retiro con verja y la fachada continua, reunidos en una propuesta absolutamente novedosa”[8].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: EL TANGO “CALLE BUTTELER”

Aquí se puede escuchar el tango “Calle Butteler” (S. Cosentino – E. Pierro) , en la voz de Carlos Varela, con imágenes de esta curiosa callecita porteña.


BONUS 2: VIDEO TRAILER DE ““EL CERROJO DEL MUNDO ESTÁ EN BUTTELER”

Aquí Néstor Darío Figueiras presenta su libro en la propia calle Butteler y cuenta su amor por ella.


REFERENCIAS

[1] Tenembaun, león “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillo nº 4 “Pasajes, cortadas y callejones”, Laboratorios Elea, Buenos Aires, Argentina, sin fecha pero alrededor de 1985, p.8. Su libro homónimo, que no tenemos ni hemos leído, es de 1987. No sabemos si estos textos sirvieron de insumos para el libro o, al revés, son separatas de él.

[2] Autor no identificado, “Historias de mi Comuna: Barrio Butteler y Plaza Enrique Santos Discépolo”, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-barrio-butteler-y-plaza-enrique-santos-discepolo

[3] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.475

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.32

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.314

[6] https://pablobedrossian.com/2015/06/21/el-pasaje-trieste-y-la-calle-juan-a-boeri-por-pablo-r-bedrossian

[7] https://pablobedrossian.com/2017/06/17/los-pasajes-coronda-y-burgos-y-el-mercado-del-progreso-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.128


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción del plano, que fue tomado de Google Maps y editado a fines informativos para esta nota.

El video del tango “Calle Butteler” fue tomado del canal de Youtube de su intérprete, Carlos Varela.

El video ““El cerrojo del mundo está en Butteler – Book trailer” fue tomado del canal de Youtube de su autor, Néstor Darío Figueiras.