EL CÓNDOR ANDINO, UN AVE EXTRAORDINARIA (por Pablo R. Bedrossian)

A Carlos Lavezzari, mi cuñado y querido amigo, apasionado observador de aves de Argentina

El cóndor andino (nombre científico es Vultur gryphus, en inglés, Andean condor) se considera una de las aves más extraordinarias de Sudamérica. Es de color negro con plumas blancas alrededor del cuello. El macho tiene en su cabeza desnuda una cresta o carúncula.

Es el ave no marina de mayor envergadura del planeta. Posee una altura de 100 a 120 cm, peso promedio de 11kg, una envergadura de hasta 330 cm[1], y puede volar en alturas que superan los 5,000 metros. El macho es más grande que la hembra.

Compartimos aquí el video de la liberación de un cóndor realizada en el cerro Ancasti, cima de la Cuesta del Portezuelo, provincia de Catamarca, Argentina. Es espectacular.

Se distribuye Venezuela hasta la Patagonia argentina con preferencia en la Cordillera de los Andes. Se cree que las mayores poblaciones se encuentran en Argentina y Chile. En Venezuela ha sido declarado extinto y solo se han realizado observaciones esporádicas (al momento de escribir este artículo, eBird[2] solo hay 22 registros de los cuales solo 3 con fotos) mientras que en Colombia y Ecuador hay poblaciones muy reducidas y la especie se encuentra en peligro de extinción. Se han mencionado observaciones esporádicas en Brasil, pero en eBird no aparece documentada ninguna.

El cóndor andino se reproduce lentamente, dando una cría cada 2 o 3 años. El huevo es incubado por la hembra y el macho durante unos 60 días. El pichón puede tardar seis meses en comenzar a volar, permanecer hasta ocho meses en el nido y depender de los padres por más de un año.

Es una ave que tiende a ser longeva iniciando su etapa reproductiva a los 8 años[3]. En cautiverio se han documentado ejemplares que han llegado a los 65 y 75 años. Se supone que los de vida silvestre tienen una expectativa de vida menor.

Estudios realizados en la Patagonia mediante transmisores satelitales con cinco individuos demostraron que tienen un amplio desplazamiento: unos 600 km de sur a norte y unos 100 km de oeste a este[4].

Entre sus hábitos se encuentra el pernoctar gregariamente en rocas de acantilados, mientras que anidan en solitario, previo cortejo, en cuevas o en repisas de acantilados no utilizados como dormideros[5].

ACERCA DE LA FAMILIA DEL CÓNDOR, LLAMADA CATHARTIDAE

Pertenece a la familia Cathartidae que incluye siete especies americanas: el cóndor andino (Vultur gryphus) y el cóndor californiano (Gymnogyps californianus) y cinco jotes, cutes o zopilotes, sinónimos para describir buitres (en inglés vultures), un grupo de aves carroñeras entre las que se destaca el rey zope, jote real o cóndor de la selva (Sarcoramphus papa, en inglés King Vulture). A las demás especies, debido a la diversidad de nombres que se les da en español, las vamos a mencionar en inglés: Black Vulture (Coragyps atratus), Turkey Vulture (Cathartes aura), Lesser yellow-headed Vulture (Cathartes burrovianus) y Greater yellow-headed Vulture (Cathartes melambrotus).

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


NOTA

Aunque incluímos la nota sobre el cóndo andino en el menú “Aves de Centroamérica”, esta ave no se encuentra en esta región sino solo en Sudamérica, tal como explica el artículo.


REFERENCIAS

[1] Ospina Salinas, Pedro A., “Situación del cóndor andino (Vultur gryphus) en Latinoamérica”, SIRIUS, Sistema de Revisiones en Investigación Veterinaria de San Marcos, Facultad de Veterinaria, Universidad Nacional Mayor de San Marcos, Perú, diciembre 2013, p.4, basado en Schulenberg et al., 2010

[2] http://www.ebird.org, © Audubon and Cornell Lab of Ornithology

[3] Ospina Salinas, Pedro A., O. cit., p.2

[4] Lambertucci, Sergio A., “Biología y conservación del Cóndor Andino (Vultur gryphus) en Argentina”, Hornero 022 (02), 2007, p. 151

[5] Lambertucci, Sergio A., Op. cit., p.151


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías tomadas por Carlos Lavezzari y es el dueño de todos sus derechos. Se utilizan aquí con su autorización.

El video de la liberación del cóndor Sayani se trata de un link al sitio de Youtube de El Esquiú. De acuerdo a las reglas de uso público, solo compartimos el link que dirige a los lectores al mencionado sitio web (https://www.youtube.com/watch?v=kqvO3zzCxEg).

LA ESTATUA DE LA LIBERTAD EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

La Estatua de la Libertad, uno de los monumentos más famosos del mundo, fue un regalo del gobierno francés al pueblo de los Estados Unidos para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia. Recién pudo ser inaugurada diez años después, el 28 de octubre de 1886. 

Emplazada en la Liberty Island, al sur de Manhattan, Nueva York, la imponente escultura tiene 46 metros de alto, y alcanza los 93 metros desde el suelo hasta la antorcha, si incluimos su base. Fue diseñada por el francés Frédéric Auguste Bartholdi y para su construcción requirió una solución estructural en hierro y acero desarrollada por el famoso ingeniero Gustav Eiffel.

Si Ud. desea saber más sobre la escultura original, puede leer nuestro artículo “La Estatua de la Libertad” en https://pablobedrossian.com/2020/03/30/la-estatua-de-la-libertad-por-pablo-r-bedrossian/

DEL TALLER DE BARTHOLDI A BUENOS AIRES

Del taller del escultor salieron varios modelos, obviamente a menor escala. Quizás el más importante haya sido uno en bronce que utilizó Bartholdi para hacer la enorme escultura enviada a Nueva York. De casi tres metros, hoy se encuentra ubicado en el salón principal del Musée d’Orsay de París.

Además otra copia fiel de ese mismo modelo se puede admirar en los Jardines de Luxemburgo de la misma ciudad.

LA ESTATUA ANTES EN BUENOS AIRES QUE NUEVA YORK

Más interesante aún es un modeloen hierro rojo pintada color bronce, también surgido de los moldes del artista, ubicada en las Barrancas de Belgrano, en Buenos Aires.

La he visto con dos tonalidades: intensamente roja (seguramente luego de una limpieza) y verde, a causa de la oxidación. Tiene grabada la firma de Bartholdi en la base de uno de sus lados. Además una inscripción indica que la fundición fue realizada por la empresa Val d´Osne de París.

Para sorpresa de muchos, la Estatua de la Libertad de Buenos Aires fue inaugurada antes que la de Nueva York. Sin embargo, hay discusiones acerca de la fecha exacta: se dice que fue en 1886, casi un mes antes que su gigantesca hermana; sin embargo, Nicolás Gabriel Gutiérrez, autor de “Mármol y Bronce”, afirma que, según Alberto Octavio Córdoba en su libro “El Barrio de Belgrano, Hombre y Cosas de su Pasado”, la Estatua de la Libertad porteña fue inaugurada 11 años antes, en 1875[1]. Según una nota del diario La Nación, el Ministerio de Cultura se basó en la misma obra de A. O. Córdoba para presentar también esa fecha como correcta ante la consulta de un miembro del Club de los Amigos de la Estatua de La Libertad[2].

Entonces, buscamos en aquel libro y encontramos dos datos interesantes en su página 59. El primero es que José Saborido, quien había sido Juez de Paz, al presentar su renuncia al cargo, elevó una Memoria donde describía sus labores: “en la Casa Municipal y Comisaría se han introducido algunas mejoras compatibles con el estado precario de su caja, tales como la colocación de gas interior y la cañería para la iluminación exterior, la colocación de la estatua de la Libertad, el empedrado y los faroles en las entradas, las pinturas en el salón y de las rejas exteriores”[3]. El segundo es que “Don José G. Saborido ocupó el cargo de Juez de Paz solo por el término de cuatro meses; desde el 3 de enero hasta el 11 de abril de 1875”[4].

Esta información genera algunos interrogantes, algunos aún sin respuesta. ¿Cuál fue el emplazamiento original?; ¿fue realmente en las Barrancas de Belgrano? El texto sugiere que la primitiva ubicación pudo haber sido la Casa Municipal. Si fuera así, ¿cuándo fue trasladada a su locación actual? Una segunda cuestión es quién la adquirió. Se dice que la escultura fue comprada por la Municipalidad de Buenos Aires. Sin embargo, los actuales barrios de Belgrano y Flores por aquel entonces eran municipios y fueron incorporados a la ciudad de Buenos Aires recién en 1887, por tanto, sea en 1875 como propone Alberto Octavio Córdoba o en 1886 como se sostiene habitualmente, Belgrano no pertenecía a la Municipalidad de Buenos Aires.

Finalmente, surge una incógnita más ¿la Estatua de la libertad de la que habla la Memoria de Saborido es la misma que la que hoy admiramos? Suponemos que sí, pues el escultor estaba muy activo y ya había imaginado esta estatua como un inmenso faro en 1866 para colocar en el Canal de Suez[5].

EL TEMA Y OTRA ESTATUA DE LA LIBERTAD EN BUENOS AIRES

La Estatua de la Libertad, de inspiración clásica, recuerda a la diosa griega Hécate, tanto por su corona de siete rayos -en lugar del tradicional gorro frigio– como por la antorcha ardiente. La tea encendida se ha utilizado en el arte desde la antigüedad y el autor se ha servido de ella para representar la llama de la libertad. El brazo izquierdo sostiene una tabla donde está grabada en números romanos la fecha de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos.

No es esta la única Estatua de la Libertad en Buenos Aires; hay otra con un aspecto levemente diferente coronando el frontón de la Escuela Normal Superior Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicada sobre la avenida Callao entre la avenida Corrientes y la calle Lavalle.

Buenos Aires, capital del arte de Sudamérica, pone al alcance de todos sus maravillosos tesoros.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados


BONUS: ACERCA DE LA FONDERIE D’ART DU VAL D’OSNE

Tras la publicación de la nota, algunos lectores comentaron acerca de la empresa de fundición de arte Val d’Osne. Por ello, y para proveer mayor información sobre esta histórica empresa de arte en metal, transcribimos un extracto de un artículo del sitio web de la Marc Maison Gallery, que hemos incluido en nuestra nota “La vieja casona de Basavilbaso 1233” publicada en https://pablobedrossian.com/2015/06/20/la-vieja-casona-de-basavilbaso-1233-por-pablo-r-bedrossian/:

“Gracias a la invención del hierro fundido artístico, se produjo un gran número de esculturas resistentes de alta calidad y a menudo de dimensiones monumentales. El hierro fundido era más asequible que el bronce, y el siglo XIX experimentó una locura por este material, por lo que este siglo también fue llamado ‘el siglo de hierro’. Los artistas pronto se aprovecharon de las posibilidades que este nuevo ornamento de metal les dio.  

‘Arte de fundición’ se refiere a varios tipos de objetos: un solo carácter, busto o grupo, piezas monumentales, relieves bajos y altos, esculturas incorporadas en un conjunto arquitectónico (normalmente un proyecto monumental como fuentes, estatuas ecuestres y monumentos conmemorativos). Los temas de estas obras de arte son seculares y religiosos.

La empresa Val d’Osne fue una fundición de arte fundada en 1835 por Jean Pierre André Victor, inventor de la técnica ornamental de hierro fundido. Su objetivo original era la fabricación de mobiliario urbano y hierro fundido decorativo, la empresa rápidamente se convirtió en el mayor fabricante de hierro fundido de arte en Francia bajo el nombre de “Val d’Osne fundición de arte”. Después de su muerte, su sobrino, André Hippolyte (1826-1891), estuvo a cargo de la compañía. Los talleres se ubicaron en Val d’Osne (Haute Marne, Francia) y su sede y galería en el nº 58 del Boulevard Voltaire en París”.

Nosotros agregamos que Val d‘Osne fue comprada en 1931 por un competidor; sin embargo, hasta el día de hoy no solo en Buenos Aires sino tembién en otros lugares de Sudamérica y Europa se mantienen intactos maravillosos testimonios de su arte.


REFERENCIAS

[1] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, Esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.70

[2] Costa, Federico, “De Nueva York a Belgrano: “La Libertad escondida en Buenos Aires”, Diario La Nación, Buenos Aires, 11 de marzo de 2019. La nota se puede leer en https://www.lanacion.com.ar/sociedad/de-nueva-york-belgrano-la-libertad-escondida-nid2222286

[3] Córdoba, Alberto Octavio, “El Barrio de Belgrano, Hombre y Cosas de su Pasado”, Cuadernos de Buenos Aires XXVII, Secretaría de Cultura y Acción Social, Municipalidad de Buenos Aires, 1968, p.59. La negrita sobre la frase la colocación de la estatúa de la Libertad es nuestra.

[4] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.59

[5] Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell’Arco, Maurizio; Souchal, François, “Sculpture”, Vol. 2: “From the Renaissance to the Present Day”, Taschen, 1999, p.373


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EL EDIFICIO DE CHACABUCO 78, UNA DE LAS OBRAS MAESTRAS DE JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Uno de los edificios porteños que se mencionan con mayor frecuencia está ubicado en la calle Chacabuco 78. Aunque la estrechez de la calle no permite admirarlo con la debida perspectiva, desde cualquier ángulo se advierte que tiene una belleza diferente. Erigido a pasos de la Avenida de Mayo, es una de las obras maestras del arquitecto Julián García Núñez quien hizo el diseño y dirigió su construcción.

Fue inaugurado en 1911. Era la época donde el modernismo europeo estaba en su apogeo y su influencia se hacía palpable en el Río de la Plata, siguiendo la línea francesa, el art nouveau; sin embargo, García Núñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, y adhería al modernismo catalán preconizado por Antoni Gaudí y Lluís Doménech i Montaner, entre otros. Desde su llegada a la Argentina en 1903 sus obras reflejaron la ideas de sus maestros, incluido el edificio de Chacabuco 78 (ya hemos hablado sobre este tema en nuestra publicación “Chacabuco 855: Una perla del modernismo catalán en Buenos Aires”, que se puede leer en https://pablobedrossian.com/2020/05/05/chacabuco-855-una-perla-del-modernismo-catalan-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/). En la fachada se observan también elementos de la vertiente vienesa del modernismo, la Sezession, estilo que este brillante arquitecto fusionó definitivamente con el modernismo catalán a partir de 1915.

Casa Majolica, edificio emblemático de la Sezession vienesa, de Otto Wagner

Chacabuco 78 es un edificio de oficinas -una novedad para ese tiempo – de cinco plantas rectangulares y simétricas, con amplios y luminosos espacios comunes. La planta baja cuenta con dos locales y una entrada con bello trabajo de herrería, un hall y una escalera. Cada piso superior cuenta con doce oficinas y un baño común.

Al llegar al segundo piso se observan importantes innovaciones pues posee un amplio espacio central alrededor del cual se levantan las plantas restantes; bordeando ese alto patio, que es el corazón inmaterial del edificio, se encuentran los pasillos que unen las oficinas formando balcones perimetrales, bañados de luz a través de una gran claraboya a dos aguas de vidrio y hierro.

Esa generosa fuente de iluminación natural crea una sensación única por las transparencias que proyecta y las interrelaciones que crea con el resto de los materiales, incluida la magnífica herrería, las losetas de vidrio y la madera. El ascensor tiene todo su mecanismo a la vista, lo que ha sido visto como un influjo del industrialismo[1].

La fachada posee una longitud de 21 metros y se encuentra dividida en cinco paños. Está poblada de líneas rectas acompañadas de diseños geométricos en las rejas de los balcones[2]; en los extremos de la última planta se elevan dos torrecillas. El color ha ido variando (incluso tuvo detalles pintados de un verde lamentable) pero preferimos el natural gris tiza.

Los elementos decorativos son interesantes: los balcones al frente cuentan con excelentes diseños metálicos de color negro, lo mismo que la puerta de entrada. Las molduras y texturas muestran el habitual cuidado del detalle por parte de García Núñez.

El edificio fue construido a pedido de Ignacio Atucha. La propiedad estuvo en manos de la familia Atucha Ocampo hasta que sus integrantes decidieron subdividirla en forma horizontal en 1963[3].

El arquitecto Julián Jaime García Núñez, firmó la obra, tal como era su acostumbre, como Julián García.

Oculto entre la calzada angosta y los edificios de la zona, muy cerca de calle Florida, del Palacio de la Legislatura de la Ciudad y del Café Tortoni, esta joya modernista amerita una visita.

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BONUS: PARA LOS INTERESADOS EN EL ARQ. JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ

Para los interesados en conocer la obra y biografía del arquitecto Julián García Núñez comparto algunas de las fuentes bibilográficas:

“Julián García Núñez. Caminos de ida y vuelta” de Julio Cacciatore, Fundación Carolina – Cedodal, 2005 (no poseemos este libro, pero hemos conseguido separatas que han sido de gran utilidad)

“Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras”, blog por Alejandro Machado, http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2008/02/

“Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” de Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109-111

“Introducción a la arquitectura del siglo XX en Buenos Aires” de Guillermo Luis Rodríguez, ediión de autor, 1996, p.26-29


REFERENCIAS

[1] Valentino, Julio, “Edificio Chacabuco 78 (1910)”, en http://arqi.com.ar/edificio/edificio-chacabuco-78/

[2] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.81

[3] Solsona, Justo y Hunter, Carlos, “La Avenida de Mayo Un Proyecto inconcluso”, Nobuko, 1990, p.135


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LIBRERÍA “EL TÚNEL DE BUENOS AIRES”, UN JARDÍN ENCANTADO PARA LOS BIBLIÓFILOS (por Pablo R. Bedrossian)

Las librerías de Buenos Aires siguen siendo una referencia obligatoria para todos los lectores. A pesar de las innovaciones tecnológicas, los kíndles y los e-books, nada reemplaza la experiencia de visitarlas y pasar en ellas un tiempo placentero. ¿Quién no ha llegado tarde a una cita por andar mirando libros?

Si alguno duda de la importancia de las librerías porteñas, Umberto Eco (devenido a personaje narrador) en la introducción de “El Nombre de la Rosa” encuentra en una de ellas el manuscrito que le sirve como fuente: “curioseando las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del famoso Patio del Tango de esa gran arteria, tropecé con la versión castellana de un librito…”[1].

Uno de mis mayores placeres de adolescente era visitar a la salida del Colegio las librerías de usados de la Avenida de Mayo. Allí con algunos compañeros del Nacional Buenos Aires pasábamos horas buscando gangas. Pasó el tiempo, vinieron las crisis y también un cambio de concepto: del libro usado se pasó al libro antiguo. El valor de una primera edición incluso en estado regular puede costar una pequeña fortuna, cuando antes quizás se conseguían a bajo precio.

El amor por los libros que compartimos con mi hermano Alejandro, heredado sin duda de nuestro padre, me impulsó a armar una pequeña colección de manuscritos y libros antiguos. Cada vez que viajo inevitablemente recorro librerías para coleccionistas; entre ellas, hay una que trato de visitar en cada viaje a la Argentina, mi país de origen: La librería El Túnel de Buenos Aires.

LA LIBRERÍA EL TÚNEL DEL BUENOS AIRES

Ubicada muy cerca del histórico Café Tortoni, ocupa un local en la Avenida de Mayo 767, en la planta baja del Palacio Vera. Fue creada hace más de 30 años por Carlos Noli y está especializada en primeras ediciones, libros antiguos (anteriores a 1850) y de colección.

Al entrar uno se sumerge en un mundo de libros. Basta bajar unos pocos escalones para encontrar a la izquierda obras antiguas y ediciones especiales mientras que al fondo la variedad se multiplica. Allí hay un pequeño espacio con fotografías en las paredes y mesas, anaqueles y vitrinas pobladas de libros llenos de historia y de historias. Si tiene suerte y nadie se los ha llevado aún, puede encontrar libros de los siglos XVI y XVII.

En una entrevista realizada por el diario colombiano Vanguardia en 2014, Noli explicó “Mi oficio como librero data de hace unos treinta y cinco años, y la librería lleva veinticuatro años en este local. Fue declarada patrimonio cultural, y pertenece a un edificio que es patrimonio histórico” [2].

En el mismo reportaje, Noli afirmó sobre Borges “es nuestra especialidad, nuestra debilidad. Es una cosa muy rara, pero se dio con el tiempo, al conseguir primeras ediciones, entrevistas y cosas así”. Nosotros podemos confirmarlo. En nuestra última visita adquirimos una primera edición de “Atlas” firmada por el gran escritor argentino.

La librería sirve a dos mercados: el de la gente común, que va y compra ocasionalmente y el de los coleccionistas que son los clientes frecuentes. En aquella entrevista de 2014 la periodista le pidió que contara de alguna búsqueda por encargo que haya sido un desafío, a lo que Noli respondió: “Una guía de la empresa Varig[3] de aviación, hecha por Borges y Bioy Casares. Algo muy difícil de hallar, porque entra a formar parte del coleccionismo. Después de muchos años conseguí una; carísima”. Es más conocido que estos grandes autores coescribieron un folleto para la recordada empresa láctea “La Martona”, con la historia y las propiedades de la leche cuajada, pero solo los expertos conocen de aquel opúsculo que promocionaba el turismo en la Argentina, hecho para la desaparecida aerolínea brasilera en 1965.

ACERCA DEL PALACIO VERA DONDE SE ENCUENTRA LA LIBRERÍA

El Palacio Vera fue construido en 1910 por los arquitectos. Arturo Prins y Oscar Ranzenhöffer[4]. Fue levantado en el terreno que da a la Avenida de Mayo Av. de Mayo 769/77 cuyo contrafrente se encuentra sobre la calle Rivadavia. Se lo considera una de las expresiones más importantes del Jugendstil, variante austriaca del modernismo.

Cuenta planta baja y cinco pisos Desde la calle, al contemplar su espléndido portón de herrería negra y la escalinata de mármol se puede intuir su refinado interior. La librería El Túnel de Buenos Aires ha hecho del Palacio Vera su casa.

Si busca libros que parecen difíciles de encontrar visite esta librería. Si no lo halla seguramente se topará con otro que le parecía imposible de conseguir.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Edición argentina, 1987, p.11

[2] Mantilla Durán, Claudia P., “Un paseo por El Túnel”,  Diario Vanguardia,  Bucaramanga, Colombia, 1/2/2014, https://www.vanguardia.com/entretenimiento/cultura/un-paseo-por-el-tunel-EDVL244642

[3] En la entrevista original, la periodista escribe Bari, pero se trata de la aerolínea brasilera Varig.

[4] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.222


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CHACABUCO 855: UNA PERLA DEL MODERNISMO CATALÁN EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todas las personas el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Emblemático edificio art nouveau de Jules Lavirotte, en la 29, avenue Rapp, París

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surgió Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolló su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de todos los cánones conocidos hasta ese momento.

Casa Milà de Antoni Gaudí, Barcelona, España

EL EDIFICIO ANEXO AL CASAL DE CATALUNYA

Tiempo atrás publicamos en nuestro artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” presentando dos obras de inspiración gaudiana de Eduardo S. Rodríguez Ortega.

Palacio de Los Lirios, avenida Rivadavia 2031, Buenos Aires, por el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega

Ahora presentamos otro edificio, cuya fachada también se encuentra influida por el modernismo catalán. Nos referimos al edificio anexo al Casal de Catalunya en Buenos Aires.

Casal de Cataluña en Buenos Aires, fachada neogótica catalana de 1936
El artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” puede leerse haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/11/21/gaudi-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

Los Casals son asociaciones comunitarias que congregan a los catalanes que residen fuera de Cataluña. Reciben apoyo oficial de la Generalitat de Cataluña desde su Secretaría de Asuntos Exteriores. El de Buenos Aires es el más antiguo en el mundo.

El 12 de junio de 1886 se fundó el Centre Català en Buenos Aires que posteriormente se convirtió en el Casal de Catalunya de Buenos Aires[1]. Su actual emplazamiento, en la calle Chacabuco 875/863 entre la avenida Independencia y la calle Estados Unidos, se debe a la generosidad de don Lluís Castells y su esposa Elisa Uriburu, quienes en 1889 compraron el terreno y lo cedieron por tiempo indefinido para que se construyera allí el edificio primitivo, donde comenzaron a funcionar instituciones comunitarias[2].

UN EDIFICIO DE DOS FACHADAS

En 1909 el matrimonio Castells adquirió un terreno lindante, de siete metros de frente y sesenta y tres metros de fondo, correspondiente a Chacabuco 855. Allí decidieron construir un edificio de dos plantas y cederlo a su colectividad. Aunque no nos interesa centrarnos en el primer edificio, que es el más grande y conocido, sino en este edificio anexo, necesitamos continuar la historia para entender las preguntas que nos plantea.

Fachada del edificio de Chacabuco 855

Según el Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo que declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional, un año después, en 1910, se unificaron los dos edificios, tirando abajo medianeras. También de acuerdo con el mencionado decreto, en 1920 se amplió la planta alta quedando la fachada del Casal como en la actualidad[3].

Sin embargo, según un artículo que Sergio Kierman publicó en el suplemento m2 del diario Página12, las reformas no tuvieron lugar en 1910 ni en 1920, como dice el decreto, sino en 1936, coincidiendo con el cincuentenario de la institución[4]. Además, incluyeron la remodelación total de la fachada del edificio principal y de los accesos. Resumiendo, ambos edificios fueron unidos por dentro, formando un único complejo interior con dos fachadas. Por lo que hemos podido averiguar, el proceso de transformación se había iniciado en 1828 y tomó varios años. Las obras pudieron completarse gracias al mecenazgo del Sr. Ferrán Fontana. 1936 es la fecha aceptada y reconocida de la reinauguración del edificio.

Nótese que el Casal cuenta con más de 5,000 m2 donde se distribuyen varias dependencias, como el Teatro Margarita Xirgu, el Salón Blanco, la Sala Gaudí (dedicada a exposiciones, conferencias y juegos de salón), otras salas, oficinas administrativas y hasta un restaurante. La escalera de honor es sencillamente espectacular.

EL EDIFICIO DE CHACABUCO 855: EL MODERNISMO CATALÁN DICE PRESENTE

Mientras el edificio original adoptó el estilo neogótico catalán, la fachada del anexo muestra la belleza propia del modernismo. En ella se percibe la innegable influencia del brillante arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner; sin embargo, numerosos detalles también evocan al genial Antoni Gaudí.

Le pedí al arquitecto catalán Antonio Lora Rubio, profundo estudioso del modernismo, que comentara sucintamente esta fachada: “Evidentemente Gaudí no estuvo en Buenos Aires, pero sí su legado, su estilo mediterráneo, lleno de luz, su geométrica y su religiosidad. En esa fachada el arquitecto remarca el balcón central, acentuando con cerámica de colores en la parte superior, muy típico del carácter religioso de Gaudí, y una simétrica escalonada de su coronación le da la solemnidad con el escudo. Aunque es una construcción pequeña, se ven elementos modernistas simples, pero prácticos y resolutivos, igual que el ideario de Gaudí; cuando le preguntaban por su estilo, él contestaba que sólo se dedicaba a imitar la geometría de la naturaleza: simple, práctica y resolutiva, pero sin perder la belleza”.

Aunque por dentro forma parte del complejo -aloja la Biblioteca Pompeu Fabra-, la fachada del edificio de Chacabuco 855 tiene una identidad propia que lo hace único.

LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA

Un detalle interesante lo extraemos de la misma nota de Sergio Kierman: además de documentar la cuidadosa restauración del edificio en 2005 a cargo de los arquitectos Fernando Mosquera y Pablo Ojeda, detalla en forma específica la de la fachada de Chacabuco 855. Su descripción es muy completa: menciona grietas en su coronamiento, daños en el balcón de tres ventanas y roturas en los ornamentos que obligaron a los restauradores Laura Basterrechea y Alberto González, una vez consolidado el muro con llaves empotradas, “a hacer moldes y reconstruir motivos, a la vez que limpiaban y lavaban”.

La nota también revela sorpresas: “sus muros laterales alguna vez fueron azules, con una base de cobalto que se destiñó con los años hasta desaparecer… sus mosaicos, que vistos desde la calle parecían simples azulejos o mayólicas, resultaron ser vidrios. Las superficies en oro estaban compuestas por teselas que eran un sandwich de vidrios y oro, imposibles de reproducir”. Gracias al minucioso trabajo de los restauradores el anexo recuperó el esplendor original de sus detalles.

ACERCA DE LOS CONSTRUCTORES

Los nombres de sus constructores, R. Pauli y J. Coll, aparecen grabados en el frente del edificio de Chacabuco 855.

Prácticamente no sabemos nada de ellos. Las únicas referencias a “R. Pauli y J. Coll” las encontramos en un Anuario Kraft de 1913 donde son mencionados como “empresa constructora de obras”[5]. Una de las citas se acompaña con la dirección Chacabuco 822, en la misma cuadra del Casal pero de la mano de enfrente. Inmediatamente debajo, se habla de “Paulik y J. Coll”, acaso un error tipográfico pues más adelante se menciona a “Paulik y J. Coll” como “constructor de obras” (sic)[6], junto a la dirección José Mármol 772[7]. Al momento de escribir este artículo hay allí un taller mecánico y la puerta de ingreso a una vivienda muy sencilla que parece construida varias décadas después.

En ningún momento aparece el primer nombre de R. Pauli, pero sí aparece el de Jaime Coll[8], constructor, con la misma dirección de Chacabuco 822[9]. En ese sitio hay actualmente un edificio de departamentos y en el 824/28 una casa antigua sin identificación de sus constructores.

El ENIGMA DE LA FACHADA

Aún más incierto es el nombre del arquitecto que diseñó el bellísimo frente del edificio de Chacabuco 855.

En la fachada del edificio principal remodelado en 1936 aparecen dos inscripciones: una que dice “Carrizo Rueda y Devito Constructores” y otra que indica que Julián García Núñez y Eugenio Campllonch fueron los arquitectos. Esto agrega confusión pues no determina el rol que cumplió cada uno.

La información en los libros suele ser confusa o carece de evidencias que la fundamenten. Por ejemplo, la “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes” atribuye la “remodelación 1928/1936” a Eugenio Campllonch y Julián García Núñez[10] sin establecer la contribución individual de los arquitectos.

Otro ejemplo se encuentra en el magnífico libro visual “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story” de Anat Meidan que adjudica la fachada de Chacabuco 855 a Julián García Nuñez sin ninguna explicación[11].

Uno de los volúmenes del IPU (Inventario de Patrimonio Urbano) dedicado a San Telmo, solo dice “Remodelación: Eugenio Campelonch, arq. Pauli y Coll, empresa constructora”[12] sin mencionar a García Núñez.

Supuestamente El Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo, citado anteriormente, debería ser una fuente fidedigna, pues declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional. Allí se lee: “en el año 1910 se unifican ambos edificios estando la obra a cargo del arquitecto catalán Eugeni Campllonch y del arquitecto argentino Julián García Núñez… “

En vista del caos imperante, decidimos ir a la fuente. Elevamos la consulta al Casal de Catalunya en Buenos Aires cuya lacónica respuesta, enviada por don Javier López Granda a quien mucho agradecemos, comparte nuestra perplejidad “lamentablemente los datos que tenemos son aproximadamente los mismos que usted dispone”[13].

QUÉ PODEMOS SABER

En primer lugar, el arquitecto catalán Eugeni Campllonch i Parés había emigrado a la Argentina en 1910[14], así que definitivamente no podemos atribuirle el diseño sin caer en un anacronismo. Sí le corresponden la espléndida reforma al interior del edificio y la fachada neogótica que adquirió el edificio principal en 1936.

En segundo lugar, el arquitecto modernista argentino Julián García Nuñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona bajo de dirección del arquitecto Lluís Doménech i Montaner quien influyó poderosamente en su estilo. Además, coincidió con el apogeo de Gaudí. García Nuñez regresó a la Argentina en 1903; desde ese año hasta 1915 produjo obras con la impronta del modernismo catalán, entre ellas el viejo edificio del Hospital Español de Buenos Aires (1906) y el famoso edificio de Chacabuco 78 (1910). Luego, la influencia de otra vertiente del modernismo, la Sezession vienesa, impactó en sus diseños[15]. Para nuestros fines, un dato relevante es que abandonó la profesión en 1931[16].

Finalmente, sabemos que Eugeni Campllonch y Julián García Núñez eran amigos. Cuenta Florencia Barcina en un trabajo de investigación dedicado a Eugeni Campllonch: “Sabemos por relatos de Julián Bosch, nieto de García Núñez, que el matrimonio Campllonch siempre estaba presente en las reuniones y fiestas de cumpleaños de su familia y que ambos arquitectos cultivaban una fuerte amistad”[17].

Por todo lo expuesto, aunque es imposible hacer afirmaciones definitivas, es probable que la fachada de Chacabuco 855 del año 1909 sea creación de Julián García Núñez y queEugenio Campllonch haya sido el responsable de la gran reforma de 1936. Además, es difícil que García Núñez haya participado en ella debido a la fecha de su temprano retiro.

Siempre en el plano de las conjeturas, adhiero a lo expresado por Florencia Barcina en su investigación: “podemos pensar que la firma conjunta fue una elección de los dos amigos para unificar sus obras y unir sus nombres en la fachada de una institución muy especial para ambos. Esta teoría parece estar abonada por el hecho de que la fachada de 1936 tiene muchas coincidencias con la obra de Campllonch de principios de siglo. El neogótico elegido, la composición simétrica con el alero central cubriendo la loggia y las dos torres laterales, recuerdan mucho a una de las fachadas de la Casa Vidal Folquet de Villafranca y a la Casa Franquesa de Girona, si bien con mucha más ornamentación de carácter alegórico y una presencia de mayor seriedad dado su carácter institucional”[18].

Permanece el misterio de la autoría, pero, mucho más importante, aún perdura la belleza de ese pedacito de Cataluña en el corazón de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Alejandro Machado por la valiosa información que me compartió y las acertadas observaciones que, incluso, me llevaron a modificar el título del presente artículo. Recomiendo visitar su blog “Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras” que se encuentra en http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2009/10/indepedencia-2442-50-casa-propia-de.html

También quiero hacer extensiva mi gratitud al joven y brillante arquitecto catalán Antonio Lora Rubio quien ha hecho una exhaustiva investigación de casas modernistas en su país (aún no publicada) y ha dado recientemente conferencias en la Universidad de Oviedo, España y en la Universidad de San Antonio Abad, Cusco, Perú sobre casas de indianos.


REFERENCIAS

[1] “Comunidades Catalanas en América Latina”, Agencia INCAT, 7/11/2013, https://web.archive.org/web/20141019203948/http://www.agenciaincat.la/?page_id=705

[2] “Institucional – Sobre el casal”, Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina http://www.casal.org.ar/es/sobre-el-casal/institucional/

[3] Decreto 1163/2014 “Monumentos Históricos Nacionales y Bienes de Interés Histórico Artístico”, Poder Ejecutivo Nacional, República Argentina, 22/7/2014 https://web.archive.org/web/20141025220404/http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/230000-234999/232823/norma.htm

[4] Kierman, Sergio, “La vuelta del casal”, m2, Diario Página12, 20/08/2005, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-761-2005-08-20.html

[5] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.770, 1667

[6] “Anuario Kraft”, 1913, p.1790

[7] “Anuario Kraft”, p.1137

[8] Hay un Ing. Jaime Coll, recordado por una calle en Bragado, fundador de la empresa Acerbrag, fallecido en 1986. Desconocemos si es descendiente del constructor, 

[9] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.566

[10] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.82

[11] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.8,9,124,125

[12] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.66,67. El apellido Campllonch aparece tal cual transcribimos, Campelonch

[13] Mail recibido el 9 de marzo de 2020.

[14] Barcina, Florencia; Op. cit., p.17

[15] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109,110

[16] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Op. cit., p.112

[17] Barcina, Florencia, “Eugeni Campllonch i Parés: el arquitecto que desaparece”, Cataluña y Argentina, vínculos en el arte y la arquitectura, Documentos de Trabajo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo Grupo de Investigación de Arquitecturas Hispánicas (GIAH), Universidad de Belgrano, Nº 312, mayo 2016, p.19

[18] Barcina, Florencia, Op. cit.,p.19,20


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EL PASAJE HUGO DEL CARRIL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Detrás del flanco sur de la Estación Flores encontramos un colorido pasaje. Tiene una sola cuadra que corre entre las calles Bolivia y Artigas, y aunque hay espacio para que circule un vehículo, funciona como peatonal. De un lado se encuentra el magnífico edificio de la estación, que a la vez sirve de entrada al andén; del otro, sobresalen las medianeras de edificios de departamentos cuyas bases están decoradas con trocitos de cerámica esmaltada. Es el pasaje Hugo del Carril.

SIN TREN NO HAY PASAJE

A principios de 1854 la Sociedad Anónima del Camino de Fierro del Oeste obtuvo la concesión del primer ferrocarril argentino. Fue inaugurado el 29 de agosto de 1857. Partía de la Estación Parque (donde actualmente se encuentra el Teatro Colón) hasta la Estación Floresta[1]. La anteúltima parada era Flores.

No hizo falta expropiar los terrenos donde circulaban los trenes. Respondiendo a una solicitud del gobierno sus legítimos dueños cedieron voluntariamente pequeñas lonjas de tierra casi sin reparos[2]. Tal fue el caso de Inés Indarte de Dorrego, quien entregó un sector de su propiedad para la primera Estación Flores que fue ubicada sobre la calle La Paz (actual Caracas). Sin embargo, en 1863 un estudio determinó que la estación se encontraba en un pronunciado declive y que debía ampliarse para minimizar riesgos. Como Mariano Miró, yerno y heredero de Inés Indarte de Dorrego, se negó a ceder ese espacio, la estación tuvo que ser trasladada[3].

La Municipalidad de Flores[4] compró un terreno con las condiciones requeridas al vecino Ramón Romero. Luego lo ofreció a la Provincia de Buenos Aires quien el 5 de septiembre de 1863 decretó su aceptación y el traslado de la estación[5]. Ubicada en su nuevo emplazamiento en la calle Artigas comenzó a operar en enero de 1864

LOS JARDINES Y EL NACIMIENTO DEL PASAJE

En 1882 una ampliación en el tramo Once – Floresta obligó a hacer un rediseño integral de la estación. La obra fue inaugurada en 1885 proveyéndole su actual fisonomía[6]. Además de las vías férreas y los nuevos andenes se erigió un magnífico edificio del lado sur. Delante suyo se crearon jardines que daban a la calle Yerbal, de la cual estaban separados por una reja con tres accesos.

En 1890 los ferrocarriles pasaron a manos del consorcio británico Buenos Aires Western Railway. En 1923, a causa de la electrificación del servicio, los andenes fueron elevados. Con la nacionalización de los ferrocarriles ocurrida el 1º de marzo de 1948 el Ferrocarril del Oeste pasó a llamarse Domingo Faustino Sarmiento[7].

Por razones que desconocemos, entre 1945 y 1947 se loteó y se vendió el área parquizada que daba a la calle Yerbal. Según un trabajo de investigación de Federico Fiorini en el cual nos hemos apoyado, la venta se realizó entre el Ferrocarril del Oeste y propietarios particulares, apareciendo también entre los compradores el Estado argentino, que adquirió en ese momento la parcela más grande, que corresponde al actual pasaje Hugo del Carril[8]. Además, indica que aquella plaza desapareció “en algún momento entre los relevamientos topográficos de 1940 y 1965”[9].

Los edificios que se levantaron sobre el pequeño parque que daba a la calle Yerbal, cuya altura promedio es de cinco pisos, prácticamente crearon el pasaje que del otro lado tiene el magnífico edificio de la estación. Lamentablemente esas mismas construcciones dejaron oculto ingreso al ferrocarril y privaron a los vecinos de un área verde en diagonal a la Plaza Pueyrredón, más conocida como Plaza Flores.

DEL EMPEDRADO Y LA MALA FAMA AL CONJUNTO DE HISTORIA, ARTE Y COLOR

La franja adquirida por el estado argentino se convirtió naturalmente en la calle de acceso a la Estación Flores. El pasaje Hugo del Carril, cuyas entradas se encuentran en Artigas 142 y Bolivia 123, quedó ubicado entre la calle Yerbal y los rieles del Ferrocarril Sarmiento. Pasó a ser el lugar obligado de tránsito para miles de personas. Mostraba un incesante movimiento de día y una alta peligrosidad de noche. Sin embargo, ni siquiera tenía nombre. Lo recuerdo con su viejo adoquinado gris, sucio y a veces maloliente, poblado de vendedores ambulantes y de pasajeros que entraban y salían.

Sin embargo, el siglo XXI trajo cambios inesperados que revitalizaron ese espacio oscuro y despreciado.  El primero de ellos fue otorgarle un nombre. El 12 de julio de 2007 por la ley 2,383, la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires le asignó el nombre “Hugo del Carril” homenajeando al famoso cantante de tango nacido en el barrio de Flores.

Además, tras años de reclamos por parte de los vecinos, en 2014 el Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires dispuso la puesta en valor del pasaje. ¿Qué significaba? Realizar un conjunto de acciones que permitiera revalorizar esta vía peatonal, considerándola parte del patrimonio histórico y cultural de Flores.

En 2015 se inició la profunda transformación del pasaje. Se levantó el empedrado, se crearon una acera embaldosada y una calzada revestida de cerámicas separadas mediante monolitos y, sobre los muros posteriores de los edificios vecinos se reemplazaron los graffiti por murales de mosaicos esmaltados.

La renovación del pasaje fue parte de un programa de la Secretaría de Gestión Comunal y Atención Ciudadana del Gobierno porteño, de la Dirección de Participación Ciudadana y de la Comuna 7, entre cuyos comuneros de aquel momento se encontraba nuestro primo José Atamian, quien falleció en 2019 y recordamos con mucho cariño.

EL ARTE COMO CORAZÓN DEL PASAJE

Siguiendo el diseño de Marino Santa María, el mismo que realizó la famosa intervención de la calle Lanín en Barracas, se crearon una serie de postales gigantes utilizando trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventada por Antoni Gaudí, y mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Esta técnica, adoptada por el artista en 2005, ha dado identidad a muchas de sus obras.

Bajo la dirección del propio Santa María el trabajo fue realizado en un lapso de tres meses por los mosaichistas (sic) Patricia Veras y Ariel Ferrazzano con la asistencia de Angélica López Alberti, Martín Romuzzi y Walter Corimayo.

Los motivos de los murales de mosaico incluyen a la primera locomotora que operó en la Argentina, “La Porteña”, que pasaba por la Estación Flores, al poeta Baldomero Fernández Moreno, al papa Francisco y naturalmente a Hugo del Carril, todas celebridades nacidas en el barrio.

En la ornamentación del pasaje también colaboraron las autoridades y alumnos del Escuela Técnica Fernando Fader, ubicada en el pasaje vehicular “La Porteña”, vecino a la estación.

Lamentablemente el mural de Hugo del Carril, instalado en la medianera de mayor altura tuvo problemas atribuidos al calor generado por una pizzería lindante[10]. Sin embargo, el pasaje ha mantenido su nueva y luminosa imagen y también ha permitido una mejor vista del edificio de la estación, que luce limpio y bien pintado a la fecha de nuestra última visita.

QUIÉN FUE HUGO DEL CARRIL

Nacido en 1912 en la avenida San Pedrito 256[11] del barrio de Flores, se dedicó a diferentes labores artísticas, descollando como cantante de tango y también como actor. Su consagración llegó con la histórica grabación que realizó en 1949 de la Marcha Peronista, a pedido del propio presidente Perón. En 1986 fue nombrado Ciudadano Ilustre de Buenos Aires.

Falleció en 1989. Lo escuchamos cantar por televisión en nuestra niñez y lo recordamos como poseedor de una poderosa voz, una gran sonrisa y un impecable cabello corto engominado, muy al estilo de Grandes Valores del Tango. Hugo del Carril fue su seudónimo artístico; su verdadero nombre era Piero Bruno Hugo Fontana Bertani.

ANÉCDOTAS Y LEYENDAS

En una entrevista realizada a Ángel Prignano, vecino de Flores, encontré un sabroso relato que tiene que ver con el cantante y el barrio: “Hay una leyenda de Hugo del Carril que cortejaba a una muchacha que vivía en el Pasaje Renán al 1200, en las llamadas casitas municipales. Se apoyaba en un árbol chiquito para cantarle a la chica su serenata y dicen los vecinos que ese árbol se puede ver hoy que creció inclinado hacia la calle porque Hugo cantaba apoyado en el árbol hacia la ventana de la mujer”[12].

Otro dato que obtuve es que el pasaje de noche era tan peligroso que algunos lo apodaron “Emboscada” y que un grupo delictivo para convocarse allí sin delatarse usaban una expresión sonora parecida, “Nuez Moscada”.

Además, escuché una curiosa anécdota contada por un conocido que vive en la calle Bacacay:

Ya había oscurecido. Una banda de ladrones de poca monta estaba reunida cerca de la salida de la calle Bolivia. Mientras conversaban vieron pasar por el pasaje a un vendedor de golosinas con una carretilla. Entre el jefe de la banda y el trabajador se generó un diálogo que adapto:

– Pasá tranquilo. No te vamos a hacer nada porque nos das lástima.

– Los que dan lástima son Uds…

– ¡Cómo te atrevés! ¿Quién te creés que sos?

– Yo estuve ahí donde están Uds… Me agarró la “yuta” y tuve que pagar dos años. Cuando volví, mi hija me preguntó si iba a volver a lo mismo. Me dijo: “Porque si es así, me voy, no quiero perderte de nuevo”. ¿Uds. tienen hijos?

Se hizo un silencio sepulcral. El vendedor siguió su camino.

Al día siguiente el hombre iba ofreciendo chocolates por el pasaje cuando se le acercó uno de la banda y le rogó:

– Decime cómo hiciste.

Esa noche los vieron entrar a juntos en una iglesia evangélica sobre la calle Alberdi.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.31

[2] Fiorini, Federico, “Estación Flores: El progreso oculto”, HISBA, Lupano, 2013, Grupo 2, p.6 en nuestra separata; en la publicación la página lleva impresa el número 65. Los propietarios no cedieron la tierra por generosidad sino por conveniencia pue la llegada del ferrocarril aumentaba automáticamente el valor de sus terrenos.

[3] Fiorini, Federico, Op. cit., p.6 (65); en el original da como año 1853, pero se trata de un error.

[4] Flores era en aquel entonces un municipio cuya cabecera estaba en el actual barrio. que aún no era parte de la ciudad de Buenos Aires, sino un pueblo independiente. Recién en 1888 el pueblo de Flores fue anexado a la Ciudad de Buenos Aires cuya Provincia ya se había integrado a la Confederación Argentina en 1859.

[5] Fiorini, Federico, Op. cit., p.7 (66)

[6] Fiorini, Federico, Op. cit., p.9 (68)

[7] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[8] Fiorini, Federico, Op. cit., p.10 (69)

[9] Fiorini, Federico, Op. cit., p.5 (64)

[10] Acta Nº 47, Junta Comunal de la Comuna 7, Apartado F, 21/11/2016

[11] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.203

[12] Kisielewsky, Sergio, “Diálogos, Angel Prignano, nacido en flores, especialista en los barrios porteños”, Página12, Lunes 8 de octubre de 2012, https://www.pagina12.com.ar/diario/dialogos/21-205103-2012-10-08.html


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EL PASAJE MARCOARTÚ, UNO DE LOS PASAJES MÁS PEQUEÑOS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Este curioso y pequeño pasaje peatonal sobrevive escondido detrás de la Estación Flores. Con una única entrada por la calle Bolivia, corre paralelo a las vías del del Ferrocarril Sarmiento, de las cuales está separado solo por una reja metálica.

Es corto y angosto. Su breve trayecto sirve de frente a una antigua construcción de dos plantas de color gris y reminiscencias art nouveau.

Este edificio de viviendas posee seis puertas en la planta baja, numeradas del 1 al 6, y cuatro balcones en la planta alta.

Además, las bases de los tres últimos balcones se apoyan sobre columnas, formando pórticos que lejanamente nos recuerdan a los del barrio londinense de South Kensington. Nótese el parecido.

El acceso al pasaje se encuentra en Bolivia 202. En la entrada hay dos puertas enrejadas tras las cuales se abre un piso de baldosas. Los pórticos reducen el ancho del pasaje que, más que una calzada, parece una vereda. Se recorre en segundos, terminando contra una pared, por lo que no tiene salida a la calle Condarco.

LA FECHA Y EL CREADOR

Aunque varias fuentes sostienen que “son casas que datan de 1914, construidas por el arquitecto e ingeniero J. Arnaut para ser utilizadas por personal ferroviario”[1], [2], según una inscripción en el propio edificio, el proyecto fue realizado por el ingeniero catalán José Arnavat[3], quien se había radicado en Argentina desde hacía varias décadas.

Foto por Alejandro Machado, utilizada con su permiso

De acuerdo a lo conversado con el Dr. Eduardo Balbachan, la fecha debe ubicarse alrededor de 1908, año del fallecimiento del Ing. Arnavat. Además, nos ratificó que el edificio de viviendas del pasaje Marcoartú fue construido por el Ferrocarril Sarmiento para sus obreros.

EL NOMBRE Y EL ORIGEN

El nombre recuerda a Daniel E. Marcoartú[4], el donante del predio. Una resolución municipal del 24 de diciembre de 1906 habla de la cesión que este vecino hizo en favor de la Municipalidad “de la superficie de terreno compuesta de 449 metros 4 decímetros cuadrados con destino a la regularización de las calles Avellaneda y Bolivia”[5] que sirvió para el edificio y el pasaje.

Aparentemente siempre mantuvo el mismo nombre. Dice Alberto Gabriel Piñeiro: “esta denominación, cuya presencia ya puede corroborarse en el Plano Bemporat de la Capital Federal, Índice General de las calles del Municipio, Edición 1931/1932, aún subsiste, conservando su carácter no oficial”[6]. Tal como afirma, aunque formalmente no es un pasaje público ni posee un nombre oficial, se lo conoce y reconoce como Pasaje Marcoartú. Se lo encuentra en Google Maps y las entradas al edificio tienen su propio código postal, C1406GGB. Como ya hemos mencionado, las casas están numeradas de 1 al 6 sin seguir la altura de las calles paralelas.

ACERCA DEL INGENIERO JOSÉ ARNAVAT

José Arnavat se había graduado en la Escuela de Ingenieros de Barcelona, llegando a la Argentina en 1872. En Buenos Aires realizó varias obras, como la Capilla y Colegio de las Hermanas Adoratrices en la calle Paraguay 1419, un petit hotel en la avenida Córdoba 1739[7] y el ex Gran Hotel España en la Avenida de Mayo 930.

En el excelente trabajo de investigación de Alejandro Machado para el Catálogo General del Modernismo Catalán, aparece otra obra suya muy cerca del pasaje Marcoartú, un pequeño hotel familiar en la calle Bogotá 2527[8]. Arnavat, además, fue secretario de la SCA (Sociedad Central de Arquitectos) de la Argentina[9].

UNA HISTORIA QUE PARECE UNA HISTORIETA

Resultó muy difícil recabar anécdotas ocurridas en el pasaje Marcoartú. Solo obtuve una cuya veracidad es dudosa. El relato vino de una anciana que vivió sobre la calle Condarco, del otro lado del pasaje. Según ella ocurrió hace más de sesenta años.

Había un ladronzuelo que vivía del arrebato. Al parecer, tomaba el tren bien temprano en Moreno y cuando se detenía arrancaba carteras o maletines huyendo a la carrera. En la Estación Flores sus robos ocurrían al menos dos veces por semana. Cuando el policía asignado a la estación lo perseguía, el adolescente trepaba la verja del pasaje Marcoartú con una velocidad felina y saltaba la tapia que daba hacia Condarco.

El agente pasaba vergüenza porque el comisario se había hartado de las denuncias, pero él, que lo había pasado mal de chico, no quería usar violencia innecesaria para atrapar el delincuente. Entonces resolvió hacer algo extraño. Durante toda una semana, con las primeras luces de cada día, se dirigió al pasaje a untar de grasa el paredón por el cual trepaba el ratero.

El jueves temprano se escuchó el grito de una mujer a quien le habían robado la cartera. El agente amagó correr y vio una figura escapar y saltar las rejas. En lugar de seguirlo por el andén salió disparado hacia al pasaje donde vio que el muchacho luchaba por encaramarse a la pared, pero resbalaba. Lo detuvo por detrás, lo tiró al piso y le puso las esposas. Cuando lo dio vuelta se dio cuenta que no era el mismo muchacho sino un hombre mayor con un par de cicatrices en la rostro. En la comisaría se enteró que era un ladrón muy buscado cuyo prontuario incluía un homicidio. Según la viejita, el comisario lo felicitó por la detención y nunca de enteró de la treta. En cuanto al jovencito, siguió robando y no hubo grasa que lo detuviera. Tristemente, semanas después apareció muerto en una zanja por la zona de Padua.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: OTRA EVIDENCIA DEL PARECIDO DEL EDIFICIO DEL PASAJE MARCOARTÚ CON LAS CONSTRUCCIONES DE SOUTH KENSINGTON LONDRES

En su trabajo final “Evolución de la Vivienda en París, Buenos Aires y La Plata inserción del Petit-hotel” la Arq. Julieta Derdoy, bajo la dirección del Arq. Fernando Aliata, escribe en la página 71: “Las series de casas estilo cottages típicamente británicas no fueron frecuentes en distintos barrios de Buenos Aires, se pueden ver especialmente en Belgrano. Un pequeño conjunto de casas de sectores medios destacables son el sobrio pasaje Marcoartu en Flores, 1914 y el complejo proyectado por Lorenzo Siegrist, 1913, en Carbajal y Conde en Belgrano”. Los covered back porch son típicos del estilo victoriano.


BONUS 2: UN TANGO QUE MENCIONA A MARCOARTÚ

Hay un tango que menciona al pasaje Marcoartú y hace referencia también a Alejandro Dolina y a su famoso Ángel Gris. Este tango en 1997 recibió una mención especial en un concurso titulado “Un tango a mi barrio”.

(Letra de Daniel Parisi)

Burlona y artera, la noche se anida
malandras y santos pierden la razón
suena la chicharra, señal de suicidas
revientan los tacos en el Odeón.
Turbios claroscuros donde sin cautela
dibujé la estela de mi juventud.
Plátanos heridos ocultan, desvelan
dolinescos ángeles sobre el Marcoartú.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad.
Ronca la avenida, lucís como el centro de
[una gran ciudad
Casitas baratas como almidonadas
de eternos eneros quietos como el sol
rebotan las huellas de mil afiebradas
pelotas que nunca se van al “augolî.
La vida y la muerte huelen a lavanda
contra la muralla de piedra y verdín
vamos Baldomero, levántate y anda
que hoy dan dos de cowboys en el San Martín.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad
Ronca la avenida, lucís como el centro de
una gran ciudad.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

Agradezco al Dr. Eduardo Balbachan por su asesoramiento. Fue el primero en presentarnos esos mágicos callejones a través de su obra “Los ignorados Pasajes de Buenos Aires”, publicada por la Editorial Rodolfo Alonso en 1982 y luego en una versión ampliada y mejorada por Corregidor en 2010. El trabajo del Dr. Balbachan es imprescindible para cualquier publicación sobre el tema y espero que reciba el merecido reconocimiento público por su enorme contribución al conocimiento de la Reina del Plata.

Agradezco también a Alejandro Machado, gran experto en edificios porteños, por siempre compartirme generosamente la información que le solicito El relevamiento que ha hecho de esas obras y sus creadores es extraordinario, reflejando su admirable pasión por la Ciudad de Buenos Aires. Recomiendo su página en Facebook “Cronista de tu Ciudad”, https://www.facebook.com/groups/cronistadetuciudad/ y todos sus blogs, entre ellos, “Red de Blogs de Arquitectura Argentina”  http://blogs-patrimoniales.blogspot.com/ junto al recordado Fabio Perlin o el mencionado en este artículo, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/ en colaboración con el catalán Valentí Pons Toujouse.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Pasaje Marcoartú”, B.A.C.N. (Buenos Aires Ciudad de Noticias, 1/1/2018. http://bacn.com.ar/pasaje-marcoartu/

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.87,88

[3] Machado, Alejandro, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/

[4] Apellido de origen vasco

[5] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p..78

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.162

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.70

[8] Machado, Alejandro, “Ingeniero José Arnavat”, link de “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/search/label/Ing.%20Jos%C3%A9%20Arnavat

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.71


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen con el nombre grabado del Ing. Arnavat en el edificio del pasaje Marcoartú que pertenece a Alejandro Machado y es utilizada con su permiso.

CÓMO MANEJAR NUESTRAS EMOCIONES EN TIEMPO DE CORONAVIRUS (por Pablo R. Bedrossian)

“El Eternauta” es probablemente el cómic más famoso de la Argentina. Fue escrito en 1957 por H. G. Oesterheld y comienza cuando unos amigos observan que una lluvia de copos fosforescentes cae sobre Buenos Aires. El simple contacto con los copos produce la muerte. Pronto se enterarán que la misma lluvia cae sobre todo el planeta. La gente busca cubrirse de cualquier modo para evitar el contacto con la sustancia asesina, procurando salvarse. No comprende que el principal peligro no son los copos, sino los mismos humanos que en su desesperación pierden todos sus límites morales.

El parecido con estos tiempos es notable. El coronavirus es visto por muchos como si fuera los copos mortales. Por eso quiero describir algunas de las reacciones más comunes ante este mal desconocido.

Están los temerosos, los dominados por el miedo y la ansiedad. Aunque solo haya unos pocos casos en su ciudad, piensan en el riesgo de una muerte inminente. Creen todo lo que se publica. Usan guantes y barbijo desde el primer día, algunos incluso escafandra.

En el otro extremo están los negadores, esos que no aceptan recomendaciones. Actúan como si fueran intocables por esta mortal enfermedad desconocida y confían tanto en su propia opinión, que no toman ningún recaudo.

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Se han puesto de moda los informantes. Postean en redes sociales continuamente noticias alarmantes sin verificar las fuentes pues creen estar protegiendo a los demás.

No faltas los quejosos, aquellos que expresan su frecuentemente su frustración, amargados por la pérdida que para ellos representa esta nueva situación.

Existen los místicos, aquellos que pasan versículos, oraciones y cadenas como si tuvieran un poder mágico para hacerlos inmunes, olvidando lo que dijo Jesús, que tanto el sol como la lluvia salen sobre justos e injustos, y que las personas de fe también están expuestas.

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Aparecen los chistosos que siempre comparten memes, videos graciosos y toman con humor las malas noticias, como si una sonrisa hiciera más tolerable la pandemia.

Creo que la mayoría se identifica con alguno de estos comportamientos, que reflejan nuestro temperamento.

OPORTUNIDADES EN MEDIO DE LA CRISIS

Como todos sabemos, mientras las circunstancias no cambien, solo podemos cambiar nosotros. Por eso es importante mirar hacia adentro y encontrar recursos que nos permitan tomar decisiones sabiamente mientras dure esta crisis.

Primero, es importante identificar nuestras emociones; lo que sentimos habla más de nosotros que de la pandemia. Si no entendemos cuáles son nuestras emociones, será difícil mirar la situación con objetividad.

Segundo, necesitamos aceptar la incertidumbre. No hay forma de predecir el futuro, de modo que es inútil lidiar contra lo desconocido. Aceptar la incertidumbre es aceptar las circunstancias de hoy sin saber qué sucederá mañana.

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Tercero, enfocarnos en el presente. No podemos controlar el mañana, pero podemos tener cierto control sobre el hoy. La ansiedad se define como “un miedo sin objeto” y puede consumirnos. Del mismo modo, la preocupación por planes que se ponen en riesgo (viajes, bodas, graduaciones) mientras estén fuera de nuestras manos solo producen dolor y parálisis.

Cuarto, hacer lo que podamos. No nos sirve lamentarnos por lo que no podemos hacer sino trabajar en lo que sí podemos. Por ejemplo, en lo inmediato, decidir cómo aprovisionarnos o evitar riesgos de contagio. Yendo más allá, aquellos que pueden trabajar o estudiar en su casa, cumplir sus responsabilidades lo mejor posible, definiendo rutinas, fijando metas y midiendo su cumplimiento. Esto nos permite desarrollar autodisciplina.

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Finalmente, mantener vivos nuestros sueños. Así como nos ayuda enfocarnos en el presente, tenemos que creer que hay un futuro. Desde luego, ahora no es el momento y no sabemos cuándo; sin embargo, es necesario ejercitar la fe para seguir esperando y luchando por lo que anhelamos. ¿Cuál es tu sueño?

EN QUÉ TERRITORIO CAMINAS

Una manera útil de autoexaminarnos es preguntarnos qué territorio emocional habitamos. Imagine que una raya traza el límite entre dos naciones: uno es el País de las Pérdidas y el otro el País de los Beneficios. El País de las Pérdidas tiene dos provincias. La más cercana a la raya se llama preocupación, la más alejada angustia. El País de los Beneficios también tiene dos provincias: la más cercana a la raya se llama aprendizaje; la más alejada, maduración. ¿En qué provincia habitamos emocionalmente? Una vez que nos hayamos respondido sinceramente, preguntémonos: ¿estamos donde queremos estar? Por favor, desde luego hay muchos motivos para sentirnos alarmados, pero ¿eso nos ayuda a mejorar? La buena noticia es que no hay cuarentena que nos pueda impedir movernos de un territorio emocional a otro y convertir una situación adversa en una experiencia enriquecedora.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

CEMENTERIOS EXTRAORDINARIOS (por Pablo R. Bedrossian)

La palabra cementerio tiene su origen en el término griego koimêtêrion (“dormitorio”) que a su vez deriva de la expresión koimáõ que significa “me acuesto”[1]. Se atribuye a los cristianos el primitivo uso de la palabra cementerio con ese significado: “lugar de los que duermen”. De hecho, el apóstol Pablo llama así a los cristianos que ya han muerto cuando él escribe a mediados del siglo I: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús”[2].

Para muchas personas el cementerio es un lugar de honda tristeza pues yacen allí los restos de sus seres queridos. Ha sido el lugar de dolorosas despedidas y momentos de profundo recogimiento. En un diálogo que tuve con el escritor argentino Jorge Luis Borges, hablando de la Recoleta comentó:

– El otro día fui a caminar por el cementerio. Allí descansan los restos de mis padres. En ese momento pensé: si mis padres están en algún lugar seguro que no es en este sitio donde todo es polvo y corrupción[3].

Sin embargo, los cementerios no solo producen tristeza sino también nos recuerdan la historia; los epitafios nos acercan a quienes nos precedieron y la arquitectura de muchas tumbas nos hace admirarlas como auténticas obras de arte. Por eso, presentamos aquí cementerios extraordinarios en breves reseñas para que Ud. decida si desea conocerlos.

1. CEMENTERIO DE LA RECOLETA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Aunque el cementerio de la Recoleta fue establecido en 1822, recién en 1881, gracias a una completa remodelación que imitaba el estilo de los cementerios europeos, adquirió su nueva fisonomía[4]. Las décadas siguientes constituyeron la época de oro de la Argentina y las familias adineradas contrataron famosos arquitectos y escultores para adornar las tumbas de sus seres queridos. “Estos príncipes de las pampas copiaron a los burgueses italianos y franceses no solo en sus ropas y en su espíritu, sino también las esculturas que admiraban en los cementerios de Père Lachaise en París y Staglieno en Génova[5].

Contiene 4,970 bóvedas en sus casi cinco manzanas y media. En su mayoría se levantan como pequeños edificios que contienen ataúdes, altares y símbolos religiosos coronados por ángeles y cruces en sus techos.

Confluyen en ellas una gran cantidad de estilos arquitectónicos como el eclecticismo, art nouveau, el art deco o incluso, el arte egipcio.

Una de las mayores curiosidades, tanto por su diseño como por su historia, es la tumba Tomás Guido quien fuera amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín. Su tumba fue levantada por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano, con piedras traídas de la Cordillera de los Andes.

Algunos sepulcros, como en de la familia Leloir, de la cual Luis Federico es el más conocido por haber recibido el Premio Nobel de Química en 1970, son imponentes. Otros sorprenden por sus historias y su arte, como el de Rufina Cambaceres.

El Cementerio de la Recoleta reúne la mayor concentración de tumbas de celebridades, empresarios y políticos argentinos, como la de Evita y la de Domingo Faustino Sarmiento. Tanto el cementerio en general como muchas de sus tumbas han sido declaradas sido declaradas Monumento Histórico Nacional.

2. CEMENTERIO DE PÈRE LACHAISE, PARÍS, FRANCIA

Este gran cementerio parisino de calles empedradas y jardines ingleses toma su nombre del confesor del Rey Luis XIV, el padre La Chaise.

Es un lugar verde y apacible ubicado sobre una suave loma con unos 70,000 terrenos cedidos en concesión para tumbas y sepulcros. Muchos de ellos son verdaderos monumentos que homenajean a quienes yacen allí. En particular nos llamaron la atención los recuerdos a soldados muertos, muchos de ellos anónimos, que dieron la vida por su patria.

Además, descansan allí grandes protagonistas de la historia y la cultura francesa, como Molière, Balzac, Champollion, Maria Callas, Edith Piaf e Yves Montand, e incluso extranjeros fallecidos en París como Frédéric Chopin, Oscar Wilde y Jim Morrison.

En el centro del cementerio se encuentra el imponente crematorio que constituye por sí mismo una extraordinaria obra de arquitectura diseñada por Jean-Camille Formigé.

Forma un complejo con el columbario anexo y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

3. CEMENTERIO JUDÍO, PRAGA, REPÚBLICA CHECA

Este cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que debajo de ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas.

Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas desconocidas que vivieron, amaron y sufrieron.

Está ubicado en Josefov, el barrio judío de Praga, que tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado.

Junto a la entrada del cementerio -cuya visita es conmovedora- se encuentra el antiguo edificio de la Jevrá Kadishá, la fraternidad fúnebre, que se ocupaba de los ritos funerarios que son de gran relevancia para la comunidad judía. El edificio, que se puede visitar, parece un pequeño castillo. Su construcción data de 1906 pero la Jevrá Kadishá de Praga fue creada en 1564[6].

Umberto Eco en 2011 publicó una novela que lleva el nombre del sitio, “El Cementerio Judío de Praga”, donde desenmascara la historia de los tristemente célebres “Protocolos de los Sabios de Sion”.

4. CEMENTERIO NACIONAL DE ARLINGTON, VIRGINIA, ESTADOS UNIDOS

Muy cerca de Washington D.C., apenas cruzando el río Potomac, se encuentra el cementerio militar más grande de los Estados Unidos, el Cementerio Nacional de Arlington.

Fue creado durante la Guerra de Secesión y contiene los restos de veteranos de todas las épocas, desde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos hasta las invasiones militares en Afganistán e Irak.

Impacta la enorme cantidad de lápidas blancas en fila con los nombres de hombres y mujeres que sirvieron (y murieron) por su país. 

Hay algunas tumbas especiales como la Tumba del Soldado Desconocido o el Memorial a John F. Kennedy que son muy visitadas, pero hay otros sitios importantes de recuerdo como el de las víctimas del fatídico 9-11, el correspondiente a los fallecidos en la explosión del transbordador espacial Challenger y el dedicado a las 259 víctimas del atentado aéreo a un vuelo de Pan Am en Escocia.

El lugar inspira un hondo respeto y mueve a reflexionar sobre la vida, la guerra y la muerte.

5. EL CEMENTERIO O NECRÓPOLIS DE COLÓN EN LA HABANA

Este magnífico cementerio levantado en la segunda mitad del siglo XIX fue creado para albergar la tumba de Cristóbal Colón. Sin embargo, nunca recibió los restos descubridor de América que por aquel entonces yacían en la catedral de La Habana.

Declarado Monumento Nacional, tiene magníficas bóvedas y tumbas anteriores a la revolución castrista, de gran valor histórico, cultural y artístico.

Quizás el sepulcro más visitado sea el panteón de la familia Falla y Bonet; entre otros elementos incluye una pirámide trunca granito gris pulido con un Cristo de bronce sobre ella. Considerada una de las piezas funerarias más bellas del planeta, es creación del escultor español Mariano Benlliure.

Una de las mayores curiosidades es que es el único lugar en la isla -según me explicaron allí- donde existe la propiedad privada. Aunque no hemos podido aún documentarlo, el guía que nos acompañó en la visita contó que por esa razón durante un tiempo una mujer trasladó allí su oficina.

Ángeles, mármoles y cruces en un tono intensamente blanco hacen de este cementerio una extraordinaria galería de escultura al aire libre digna de admirar y visitar.

6. CEMENTERIO GREYFRIARS, EDINBURGO, ESCOCIA

Este cementerio no se destaca como el de la Recoleta, el Père Lachaise o el de Colón en La Habana por su arte, ni tampoco como el Cementerio Judío de Praga o el Nacional de Arlington por el recogimiento, sino por la simpatía y el misterio.

Hablamos de simpatía pues cerca de la entrada se encuentra la famosa estatua de Bobby, el perrito que permaneció durante 14 años -hasta su muerte- junto a la tumba de su dueño. Hay una lápida que recuerda a este Skye Terrier que vivió a mediados del siglo XIX, que, en realidad, se encuentra enterrado en otro lugar del cementerio.

Pero dijimos misterio porque la leyenda cuenta que en el cementerio habita el fantasma de George “Bloody” Mackenzie, un abogado y político que encarceló en una prisión vecina a 1200 covenanters presbiterianos opuestos al gobierno católico que regía el Reino Unido durante la  segunda mitad del siglo XVII. Muchos de los reos fueron ejecutados y otros murieron debido al maltrato. Finalmente el rey Jacobo II fue derrocado en la Revolución Gloriosa en 1688 y tres años después Mackenzie murió y fue enterrado en este cementerio. Incluso hay tours nocturnos por el Greyfriars, considerado uno de los lugares más tenebrosos del planeta.

Al lado de Greyfriars se encuentra nada menos que la Georges Heriot’s School, un antiguo colegio que dicen que inspiró Hogwarts, “el mejor colegio de magia y hechicería del mundo”, según la saga de Harry Potter.

De paso, no hay visita a la ciudad de Edinburgo que no incluya la vista de la cafetería donde, según se cree, J.K. Rowling creó al famoso personaje.

7. CEMENTERIO DE LA SAINT’S PAUL CHAPEL, DE LA TRINITY CHURCH, NEW YORK, ESTADOS UNIDOS

La Capilla de San Pablo (en inglés, St. Paul’s Chapel), ubicada sobre la avenida Broadway en el Bajo Manhattan, forma parte de la famosa Trinity Church vecina a Wall Street. Fue construida en 1766, siguiendo el influyente diseño de la iglesia St Martin-in-the-Fields erigida en Londres por James Gibbs en 1721.

Esta iglesia episcopal que sobrevivió a los atentados de 2001 contra sus vecinas, las Torres Gemelas, cuenta en sus jardines con un antiguo cementerio abierto al público que recibe un millón de visitantes por año.

Están enterrados allí varios héroes de la independencia y otros neoyorquinos ilustres. A diferencia de los grandes cementerios, este pequeño camposanto no muestra panteones o bóvedas, sino simplemente tumbas identificadas por lápidas, la más antigua de 1704[7]. Otra sepultura datada en 1750 tiene una estrella sobre la piedra cincelada por un herrero pues en aquel entonces no había especialistas en la zona. En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a aparecer otros símbolos de fe en las tumbas y en ocasiones algún epitafio acompañando el nombre de las personas y la fecha de su defunción.

Este cementerio declarado Sitio Histórico Nacional es en sí mismo un valioso documento sobre el pasado de la ciudad y la nación, incluso antes de la declaración de su independencia. Constituye, a la vez, un remanso en medio del ajetreo de la Bolsa de Comercio de New York y las agencias bancarias. Invita a meditar sobre la vida y hacer lo que amamos mientras podamos.

CEMENTERIO GENERAL DE CHICHICASTENANGO, GUATEMALA

Guatemala conserva un alto porcentaje de la población indígena, en su mayoría correspondiente a tribus descendientes de los mayas. Entre ellos todavía se practica lo que se conoce como animismo católico, una fusión entre el cristianismo de los conquistadores y las creencias religiosas prehispánicas que mantiene vivas un conjunto de tradiciones, como las procesiones rituales.

En Chichicastenango, sede de un maravilloso mercado indígena que es también el más grande de Centroamérica, se vive una intensa espiritualidad. Según la tradición maya, honrar a los muertos mueve a los vivos a aceptar la inevitabilidad de la muerte.

Su cementerio, ha considerado por la National Geographic como uno de los más coloridos del mundo[8]. Sin embargo, no es un lugar bullicioso; más bien se impone un reverente respeto por los ancestros.

Los parientes pintan las tumbas de diferentes colores y para integrante hay un color asignado según su rol dentro de la familia. Vale la pena admirar las tumbas y entender que a través de sus colores el pueblo expresa su fe.

RESUMIENDO

Desde luego, los cementerios nos recuerdan la pérdida de los seres amados y la brevedad de nuestro paso por la vida, pero también son silenciosos testigos de la historia; en cada visita pueden revelarnos algunos de los secretos del pasado. Además, constituyen un espacio único de arte y arquitectura que nos conmueve por los sentimientos que comunica.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Corominas, Joan, “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas, Biblioteca Románica Hispánica, Gredós, 1961, tercera edición “muy revisada y corregida”, 2000, p.144

[2] 1ª Epístola a los Tesalonicenses 4:13,14

[3] La entrevista ha sido publicada por primera vez en “El Expositor Bautista”, agosto 1986, y posteriormente reproducida en varios websites. Puede leerse completa en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges” y puede leerse en https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[4] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, 2013, p.28

[5] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.7

[6] Entrevista al director del Museo Judío de Praga, Leo Pavlát, que puede leerse en https://www.radio.cz/es/rubrica/legados/antiguo-cementerio-judio-de-praga-un-lugar-magico-que-inspira

[7] https://www.nps.gov/sapa/learn/historyculture/stpaulschurchcemetery.htm

[8] https://www.nationalgeographic.com/travel/destinations/north-america/guatemala/chichicastenango-maya-cemetery/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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LA VICTORIA DE SAMOTRACIA (por Pablo R. Bedrossian)

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

VICTORIA POR TODAS PARTES

La emoción que produce esta figura alada ha hecho que se multipliquen sus réplicas. Hay muchas curiosas, como la Victoria de Samotracia Azul de Yves Klein. Nosotros preferimos compartir algunas más sobrias que ilustran el amor por esta joya.

La primera que presentamos se encuentra en lo alto de una columna de capitel jónico en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise.

La segunda la encontramos en la casa y estudio de Frank Lloyd Wright en Oak Park, Chicago, Estados Unidos. El famoso arquitecto que diseñó el Guggenheim Museum de New York, The Rookery Building en Chicago y la Residencia Kaufmann, más conocida como “Fallingwater” o la “Casa de la Cascada”, decoró su oficina con una reproducción a menor escala que la original.

Las últimas dos que vamos a mencionar se encuentran en Buenos Aires, Argentina. La primera se ubica en un patio interior del Palacio Estrugamou, una monumental construcción de departamentos en la zona de Retiro. Aunque está prohibido la acceso del público al edificio, se puede admirar desde una de las entradas que dan a la calle Juncal. El ala izquierda es de menor tamaño que la del Louvre. Para nosotros es la más bella de todas las que hemos visto.

La otra se encuentra en el Museo Ernesto de la Cárcova y es un calco del original, de modo que conserva el tamaño original.

En un interesante trabajo Milena Gallipoli nos cuenta que el Louvre creó su taller de calcos en 1794 y funcionó como una entidad administrativa del museo a partir de 1854, generando grandes ingresos. “Por su parte, al ser propietario del original y poder tomar su molde para realizar vaciados en yeso, el Louvre también logró monopolizar la comercialización de las copias de esta reciente y famosa escultura. El taller de calcos la institución fue creado en 1794 y fue una entidad administrativa de la institución a partir de 1854 con la modificación de su estatuto y reglamentación, de modo que las ganancias representaban un beneficio directo para el museo, llegando a ser una de las entradas de dinero más significativas… De esta forma, el taller del Louvre funcionaba como una marca que le daba legitimidad a la copia adquirida. Esto era explicitado a través de la incorporación de una estampilla y una plaqueta, inclusión obligatoria a partir del Segundo Imperio (1852-1870), como una estrategia de prevención de falsificaciones y copias no autorizadas, siendo a la vez un medio de control de ventas”[1].  

No solo la Victoria de Samotracia es tapa de uno de los dos volúmenes de “Sculpture”, el gran libro de escultura de Taschen[2], la editorial de arte más importante del mundo, sino que está reproducida en libros y revistas y en tiendas de arte y tiendas de souvenirs. Su omnipresencia es un tributo, sin duda merecido, a su creador que hasta el día de hoy permanece en el anonimato.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gallipoli, M. Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX. MODOS. Revista de História da Arte. Campinas, v. 2, n.2, p.293-309, mai. 2018. Disponível em: ˂http://www.publionline.iar.unicamp.br/index.php/mod/article/ view/1059˃; DOI: https://doi.org/10.24978/mod.v2i2.1059

[2] Bruneau, Philippe; Torelli, Mario; Barral I Altet, Xavier; Guillot de Suduiraut, Sophie, “Sculpture”, Vol. 1: “From Antiquity to the Middle Ages”, Taschen, 1999


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