LA IGLESIA SUECA: UNA JOYA MUY CERCA DEL PUERTO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA SUECA (hoy más conocida como IGLESIA NÓRDICA), Azopardo 1422, Barrio de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Uno de los edificios más originales y hermosos de Buenos Aires se encuentra en el Bajo, en una esquina de San Telmo, en la zona más cercana a La Boca. Libre de muros y con una bella torre recortada sobre el cielo, en la intersección de la Avenida Juan de Garay y la calle Azopardo se levanta la Iglesia Sueca, más conocida como Iglesia Nórdica, un conjunto de construcciones de aroma europeo, con fachadas de ladrillos oscuros que delatan el paso del tiempo.

Nació como la Iglesia Sueca, una congregación luterana, para servir a las necesidades espirituales tanto de los inmigrantes como de los marineros suecos que mayoritariamente adherían a los postulados de la Reforma.  

LOS PRIMEROS SUECOS EN ARGENTINA

Se sabe de la presencia de suecos en la Argentina desde el siglo XVIII. Incluso el único extranjero presente durante la Declaración de la Independencia en el Congreso de Tucumán fue el oficial sueco Johan Adam Graaner[1], autor de un informe que luego fue publicado como libro, titulado “Las Provincias del Río de la Plata en 1816”[2].

Quizás el primer misionero protestante sueco en Argentina fue el científico Enmanuel Endheldjertha, quien leyendo la Biblia en su país sintió la vocación llevar el evangelio a otras naciones. Llegó a Buenos Aires cerca de 1825, luego viajó a Mendoza y de allí a Chile. A lo largo del camino entregaba ejemplares del Nuevo Testamento y leía porciones bíblicas a quienes estuvieran dispuestos a oír[3].

Nuestro recordado amigo, el historiador Arnoldo Canclini, en su libro “400 años de Protestantismo Argentino” relata la historia de un marinero sueco, Emilio Olesson, quien dedicó su vida a Dios como misionero. Arribó a la Argentina en 1885. Trabajó en la Sjömansvärden, más conocidacomo la Misión Sueca a los Marineros, creada en 1886, con presencia en muchos países. Los marinos suecos llegaban al sur generalmente por la caza de ballenas y recibían en esa misión asistencia espiritual durante su estadía en Buenos Aires. Además, Olesson distribuía biblias. En su esfuerzo evangelizador llegó a Tierra del Fuego donde entregó ejemplares de las Sagradas Escrituras a presos de la famosa cárcel[4].

Contra lo que uno puede imaginar, a principios del siglo XX Suecia era uno de los países más pobres de Europa. Era una sociedad agrícola sobre la cual surgía la nueva clase obrera acompañando el naciente proceso de industrialización. Sin embargo, las condiciones laborales eran tan penosas que muchos decidieron emigrar. Algunos de ellos, provenientes de Brasil, se instalaron a principios del siglo XX en Misiones, en particular en Oberá, ciudad fundada mayoritariamente por suecos. Allí, en 1921 el reverendo Rudolf Münter celebró allí el primer culto para los luteranos suecos.

LOS ORÍGENES DE LA IGLESIA SUECA DE BUENOS AIRES

La Iglesia Sueca porteña tiene como principal antecedente la labor pastoral de un norteamericano enviado por el sínodo sueco-norteamericano de Augustana en 1917, llamado Efraim Ceder, quien celebraba servicios religiosos para la comunidad sueca en templos anglicanos. Por su iniciativa se solicitó a la iglesia nacional sueca la incorporación de la naciente congregación porteña como parte suya. La respuesta fue afirmativa a condición de ocuparse de la vivienda del pastor. Cuenta el Dr. Canclini: “la respuesta fue positiva, aunque con la aclaración de que debían ocuparse de los gastos de vivienda del pastor y atender a la numerosa tripulación de naves de su bandera. Sobre esa base llegó el primer pastor llamado Rudolf Münzher, quien dirigió la congregación entre 1919 y 1923 en una vieja casona en la calle Belgrano 426, que según se dice era la misma donde murió el prócer”[5].

En 1927, luego de una crisis, llegó de Suecia un joven pastor, Nils Bååthe, quien durante sus 20 años de ministerio pastoral sirvió a tres iglesias simultáneamente: la de los marineros, la de la colonia residente en Buenos Aires y la de los suecos en la provincia de Misiones[6]. Hizo una labor titánica ayudando a cuantos podía, no solo en los aspectos religiosos.

La periodista e investigadora urbana Karina Bazán Carpintero, quien generosamente ha aportado valiosa información a este artículo, nos cuenta que “entre 1934 y 1943, la congregación adquirió una casa de dos pisos ubicada en Defensa 1155, si bien la casa les era funcional, una enorme palmera ocupaba el centro del patio les incomodaba a la hora de realizar los bailes tradicionales de la fiesta del solsticio de verano”[7].

LA CONSTRUCCIÓN DEL EDIFICIO

La construcción de un templo propio requería fondos que la iglesia no poseía. Los aportes para la compra del terreno llegaron de un modo inesperado: “En 1942, una semana antes del 24 de diciembre, el presidente de la Asociación Sueca y máximo jefe de la empresa SKF, Curt Schenströrn, llamó por teléfono y comunicó que su empresa había resuelto donar 25.000 pesos al fondo para la construcción del edificio de la iglesia. Un par de días después llegó un aporte de igual monto, esta vez enviado por la firma LM Ericsson. Veinticuatro horas antes de la Nochebuena el pastor Bååthe participó de un remate donde compró, en un precio muy razonable, el terreno en el que se erigiría la futura construcción, en la esquina de las calles Azopardo y Garay”[8] .

LA CONSTRUCCIÓN

El diseño del nuevo templo estuvo a cargo del arquitecto suizo-argentino Edmundo Klein, cuyos planos fueron aprobados en Suecia. La construcción fue dirigida por el ingeniero Kjell Henricksen. La piedra fundamental del templo se colocó el 28 de mayo de 1944 y se inauguró en agosto de 1945. En la ceremonia de colocación de la piedra fundamental participaron más de 300 personas, “muchas de ellas eran representantes de la flota mercante sueca. Las tripulaciones también habían aportado lo suyo: los buques habían competido entre sí para lograr la mayor colecta de fondos para el objetivo propuesto. La Dirección Nacional de Asistencia al Personal Marítimo contribuyo también con tan noble propósito”[9].

Buena parte de los gastos fueron sufragados por empresario naviero Axel Ax:son Johnson (1876-1958)[10]. Este destacado hombre de negocios heredó de su padre no solo la dirección de la poderosa compañía Nordstjernan sino también el título de Cónsul General de Siam (hoy Tailandia), por el que se lo reconoce[11]. Cabe agregar que en 1947 este filántropo, decidió donar el 80% del capital de su empresa a una fundación sin fines de lucro, para promover la ciencia, y otra parte más pequeña a una fundación familiar[12].  

Además, Ax:son Johnson donó el dinero para la construcción del Hogar de Marineros denominado Fundación Johnson, que daba a la calle Garay (del cual hoy sobrevive un barco grabado en piedra sobre la puerta de entrada), terminado a mediados de 1946 e inaugurado en enero de 1947 por el príncipe Bertil de Suecia, de visita por la Argentina[13].

EL EDIFICIO

La Iglesia Sueca es un conjunto de edificios, cuyo corazón lo constituyen su pequeña capilla y el salón principal lindante, que sirve como club y lugar de encuentro. Hemos estado allí en dos ocasiones: la primera, hace muchos años en un té con masas suecas organizado por una asociación profesional y la segunda, más recientemente, en una Noche de los Templos organizada por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El salón principal da al jardín que funciona como pulmón de manzana. En la segunda planta se encontraba la vivienda pastoral. El último en ocuparla fue el pastor Sven Vinstertom quien se retiró en 1993. Ante la ausencia de un ministro religioso permanente ese espacio fue alquilado durante muchos años a la Bodega Humberto Canale. Durante los últimos años, hasta la llegada del Covid19, funcionaba allí el ISA (Instituto Sueco Argentino). Dentro del complejo también se encuentran la cocina, un par de oficinas, un departamento para el casero y uno para el ama de llaves. Todas estas secciones tienen entrada por la calle Azopardo.

En L, compartiendo el jardín pero con entrada independiente por la avenida Garay 80, se encuentra lo que fue el Hogar de Marineros, que se cerró cuando se redujo el flujo naviero. Varios de estos espacios fueron ocupados por la empresa sueca Ericsson.

LA CAPILLA Y SUS EXTRAORDINARIOS DETALLES

El pequeño templo tiene techos altos que cubren una sola nave. Sus bancos son de cedro con lustrado mate. En la actualidad la pintura de las paredes es de un color rosa pálido con cielorraso blanco.

La pintura del frente

Durante el primer año en el frente hubo una cruz, luego reemplazada por la colorida pintura en tela con apariencia de mural que se observa en la actualidad.

Esta obra fue pintada en Estocolmo por Gunnar Torhamn. Muestra a Jesús con sus discípulos junto a una barca en el mar de Galilea. La elección de un tema marino no es casual, pues anuncia la presencia de Dios mismo junto a los marineros suecos[14].  La parte inferior de la obra fue completada por otro artista sueco, Kuno Haglund, en la década de 1980[15].

El púlpito

El púlpito está ubicado a la derecha de la capilla; se accede a él subiendo una escalerilla. Fue diseñado y fabricado artesanalmente en madera por el arquitecto sueco Erik Johan Lundberg y donado por su hermano Stan Lundberg, quien era miembro de la comunidad sueca de Buenos Aires. El trabajo de ebanistería fue realizado por el escultor Robert Nilsson, cuñado del arquitecto[16].

El órgano

Al fondo de la capilla, arriba de la entrada, hay un balcón donde se encuentra el órgano construido por el luthier genovés radicado en Argentina Santiago E. Poggi. Luce una espléndida tubería yl fue declarado, “Bien integrante del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires”, por la ley N° 5.808, sancionada por la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 4 de mayo de 2017[17].

Los vitrales

Los vitraux en estilo gótico fueron creación del polifacético artista y espadachín argentino Jorge Berystayn. Se cuenta que al observar desde su auto la iglesia recién construida quedó tan impactado que inmediatamente sintió el deseo elaborarlos y donarlos.

La campana

En 1978 la dama sueca Daisy Melberg, buscando un regalo para su esposo en una tienda de artículos náuticos encontró una campana que había pertenecido a un navío que había sido capitaneado por su marido. Decidió donarla pues nada más oportuno para una iglesia de marineros que la campana de un barco.

LA IGLESIA HOY

La Iglesia Nórdica no existe como tal. Sigue siendo formalmente la Iglesia Sueca, cuyo nombre jurídico es Congregación Sueca en Buenos Aires. El nombre de Nórdico se le dio porque al haber perdido los noruegos su templo[18], lo mismo que los finlandeses[19], se utiliza la capilla para compartir las celebraciones religiosas de las tres comunidades.

La reducción del tránsito marítimo de Suecia a Buenos Aires como la natural integración de descendientes de suecos a iglesias argentinas menguó la asistencia a la Iglesia Sueca. Si bien no hay en la actualidad un ministro permanente, la capilla se utiliza durante las visitas de una pastora itinerante, y el salón como sede de eventos culturales y sociales.

ALGUNAS CURIOSIDADES

Durante el pastorado de Nils Bååthe pasaron por la Iglesia Sueca ilustres visitantes como Theodor Svedberg (Premio Nobel de Química en 1926) y Ulf von Euler (Premio Nobel de Medicina en 1970)[20].

La elección de azul y oro como representativos del Club Atlético Boca Juniors provino de una curiosa decisión: adoptar los colores de la bandera del primer barco que pasara por un puente del puerto que resultó ser de bandera sueca.

La mismísima Casa Rosada misma fue ideada por dos arquitectos suecos, Henrik Åberg y Carl August Kihlberg.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

A la periodista e investigadora urbana Karina Bazán Carpintero por su generosidad, por la valiosa información brindada y su inagotable pasión por Buenos Aires. Recomendamos su blog “Habitantes de Buenos Aires”, http://www.habitantesdebsas.com.ar, con valiosos artículos originales.

A Eva Jeppsson, de la Iglesia Sueca, a quien contacté a través de Karina Bazán Carpintero, por los datos que me brindó, incluyendo artículos y fotografías. Ha tenido una extraordinaria disposición a colaborar con este artículo.

A Sabina Ruiz Díaz por la excelente tesis titulada “La Religión como Impulsora de Migración y Reafirmadora de Identidad en la Nueva Terra. El Caso de los Misioneros Protestantes Suecos en Argentina”.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Un misterioso sueco en el Congreso del 9 de julio de 1816”, Instituto de Cultura Sueca, https://www.cultura-sueca.com.ar/un-misterioso-sueco-en-el-congreso-del-9-de-julio-de-1816/

[2] Graaner, Jean Adam, “Las Provincias del Río de la Plata en 1816 – Informe dirigido al príncipe Bernadotte”, Librería y Editorial “El Ateneo”, 1949. Nótese que aparece como Jean Graaner y no como Johan

[3] Canclini, Arnoldo, “400 años de Protestantismo Argentino. Historia de la Presencia Evangélica en la Argentina”, Ed. FIET, 2004, p.95

[4] Canclini, Arnoldo,” 400 años de Protestantismo Argentino. Historia de la Presencia Evangélica en la Argentina”, Ed. FIET, 2004, p.230, 231

[5] Canclini, Arnoldo, Op. cit., p.305

[6] Canclini, Arnoldo, Op. cit., p.368

[7] Bazán Carpintero, Karina, “Una perla cerca del puerto”, Habitantes de Buenos Aires, http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/12/una-perla-cerca-del-puerto.html

[8] Dahlstein, Anna, “Azul y Oro en Argentina” (“Blågult I Argentina”), Asociación Sueca (Svenska Föreningen), 1998, p.148,149

[9] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.149

[10] Sin firma, “La Iglesia Nórdica de Buenos Aires”, Iglesias de Buenos Aires, 13/08/2019, https://baiglesias.com/una-iglesia-nordica-en-buenos-aires/; también ver Dahlstein, Anna, Op. cit., p.148. El segundo nombre está bien escrito: Ax:son, con dos puntos luego de la x.

[11] Sin firma, Sitio Oficial de la empresa Nordstjernan, sección Historia: 1890-1930, https://www.nordstjernan.se/historia/1890-1930

[12] Sin firma, Sitio Oficial de la empresa Nordstjernan, sección Historia: 1940-1970, https://www.nordstjernan.se/historia/1940-1970

[13] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.158

[14] La escena reproduce el llamamiento registrado en el Evangelio de Marcos 1:16-20 que Jesús hizo a dos pares de hermanos, todos pescadores: Andrés y Pedro y Jacobo y Juan. Estos dos, apodados boanerges (“hijos del trueno”) aparecen representados junto a su padre Zebedeo. Un séptimo personaje anónimo lleva el rostro del pastor Nils Bååthe, como un homenaje del pintor a ese hombre que sirvió incondicionalmente a Dios sirviendo a los demás fuera de su terruño.

[15] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151

[16] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151

[17] Sin firma, “Órgano de la Iglesia Nórdica de Buenos Aires”, Patrimonio y Arte Urbano de la Ciudad de Buenos Aires, http://patrimonio.com.ar/organos/detalle/organo-de-la-iglesia-nordica-de-buenos-aires/12

[18] La Iglesia de los Marineros Noruegos de Buenos Aires había sido levantada en 1918, con diseño del arquitecto Alejandro Christophersen; fue demolida en 1978 debido a la construcción de la Autopista 25 de Mayo.

[19] La Iglesia Finlandesa se encontraba en la Avenida San Juan 234.

[20] Dahlstein, Anna, Op. cit., p.151


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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LA CASA DE SUIPACHA 936 – 940, OTRA JOYA ART NOUVEAU DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Riga, capital de Letonia, es considerada la ciudad con mayor número de construcciones art nouveau del mundo (unos 700 edificios). Sin embargo, Buenos Aires no se encuentra muy lejos si incluimos todas las variantes de ese amplio movimiento que a fines del siglo XIX sacudió Europa y más oportunamente llamamos modernismo.

El modernismo surgió a finales del siglo XIX; le dio preponderancia a la decoración, a la elegancia, a las ondulaciones, a la naturaleza, relegando la técnica y la simetría a un segundo plano. Recibió distintos nombres: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, modernismo en Cataluña, Liberty o Floreale en el norte de Italia. En Buenos Aires, construcciones como la Casa Calise, El Palacio de los Lirios o la Casa de los Azulejos testifican hasta el día de hoy de ese innovador ideal de belleza.

LA CASA DE SUIPACHA 936/40

La casa de Suipacha 936/40 es una verdadera joya modernista. Fue construida en 1913[1] por el arquitecto Bernardo Milli, cuyo nombre está grabado en la fachada.

Consta de cuatro plantas. Según Iuri Izrastzoff, su diseño sigue las lineamientos de la vertiente italiana, el Liberty milanés con algunos elementos típicamente franceses, “especialmente en el coronamiento de la cúpula, estilo Segundo Imperio, con una maravillosa aplicación o remate de hierro forjado”[2].

En nuestra opinión, los elementos decorativos, que incluyen guirnaldas, mascarones femeninos, angelitos regordetes, elementos florales y una magnífica balconería en hierro negro, convierten a la fachada en una auténtica una obra de arte, embellecida aún más por el granito rosa de su base.

Hemos leído que la casa tiene seis habitaciones y cinco baños. Como no hemos podido visitarla por dentro es hemos podido confirmarlo, pero, de ser así, entendemos que su diseño interior corresponde a un petit-hotel. En cuanto a su estatus, está catalogado por el Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires como singular, con nivel de protección cautelar[3].

ACERCA DEL ARQUTECTO

Alejandro Machado, incansable investigador y experto en arquitectura urbana, ya ha identificado 19 obras del arquitecto Bernardo Milli en Buenos Aires, incluyendo viviendas y casas de renta. Se destacan los edificios de Av. Rivadavia 4070/4, Av. Belgrano 2046 y Palos 312[4]. Anat Meidan agrega una vivienda ubicada en Quesada 2568 que, si la dirección es correcta, fue demolida[5]. De las que conocemos la que más se acerca al diseño de la casa de Suipacha 936/40 es la ubicada en la calle Santiago del Estero 137 pero ninguna se encuentra a su altura.

No hemos encontrado datos sobre la biografía del arquitecto. Solamente, una mención muy interesante. Al hablar de Virginio Colombo (creador de la Casa Calise y la Casa de los Pavos) se habla de los “arquitectos italianos no reconocidos por la Sociedad Central de Arquitectos (entre los más meritorios, Francisco Gianotti, Mario Palanti y Bernardo Milli)”[6]. Pensando que Gianotti erigió nada menos que la Galería Güemes y Palanti el Palacio Barolo, es obvio que esta omisión institucional no impidió que el talento se impusiera. En el caso de Bernardo Milli su obra habla por sí mismo.

CONSEGUIMOS UNA ÚNICA HISTORIA Y, A LA VEZ, UNA HISTORIA ÚNICA

Luego de buscar en el barrio anécdotas ocurridas en esta bella casa con aire de petit-hotel encontré una, acaso la única, digna de ser relatada.

Iuri Izrastzoff cuenta en “Fervor por Buenos Aires” que “hasta no hace mucho, en lo que fueron las dependencias domésticas de la residencia, funcionó un lugar nocturno”[7]. La historia tiene que ver con lo que podríamos llamar ese “lugar de citas”.

Cierta noche un incauto caballero que recién había llegado de una provincia del norte argentino – la persona que me refirió la historia no pudo darme más precisiones- vio a una dama muy vistosa junto a la puerta. Impactado por su porte, se acercó a ella y la saludó con el propósito de entablar un diálogo.

– ¡Buenas noches! ¡Qué hermosa es Ud.!

La mujer lo miró y no dijo nada.

– Su belleza me cautiva. No puedo resistirme.

La mujer continuó en silencio, aunque lo miró con desdén y esbozó una leve sonrisa.

– Nunca en la vida me ha sucedido algo así; solo verla y quedar enamorado.

– ¿Quiere pasar?

– ¡Por supuesto!

Parece ser que la mujer lo llevó a una habitación donde ejercía la profesión más vieja del mundo. El hombre, fascinado, tuvo con ella su momento de gloria. Luego la mujer le dijo:

– Son cinco mil pesos

Vaya a saber uno cuánto valía la moneda en aquel momento, pero no era poca cosa. El hombre quedó pasmado, no por el precio sino porque no había advertido que el lugar tenía un uso específico y que la mujer no había sucumbido a sus encantos sino a su dinero. Para complicarlo todo, solo tenía unos magros cientos de pesos en la billetera.

Cuando la mujer lo supo se puso roja porque se dio cuenta de su error: había violado uno de los principios sagrados del gremio: cobrar por adelantado. Sin embargo, al ver al hombre tan avergonzado e ingenuo, lo amenazó con denunciarlo en la comisaría. Sumiso e ignorante de las costumbres de las grandes urbes, atinó a preguntarle:

– ¿Cómo puedo pagarle?

Lo puso a limpiar el cuarto, el pasillo y la vereda. Recién lo dejó ir cerca de las cuatro de la mañana luego de hacerle encerar el piso y sacarle lustre a mano con una franela. El hombre prometió regresar para saldar la deuda y volver a limpiar la casa.

Quien me relató lo sucedido me aseguró ignorar si aquel caballero cumplió o no su palabra, pero agregó:

– De lo que estoy seguro es que antes de volver a dirigir la palabra a una mujer el tipo va a revisar su billetera

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Savlov, Judith, “Frente a frente con el arte: cinco fachadas porteñas de exhibición”, Diario Clarín, 22/02/2018, https://www.clarin.com/ciudades/frente-frente-arte-fachadas-portenas-exhibicion_0_SkEFpvswM.html

[2] Izrastzoff, Iuri“Fervor por Buenos Aires”, 2019, Izrastzoff, https://www.fervorxbuenosaires.com/suipacha-936/

[3] Base de Datos de Áreas de Protección Histórica, http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=SUIPACHA+936%2F40&SearchOption=Contains&SearchField=

[4] Machado, Alejandro Daniel, “Arquitectos italianos de Buenos Aires”, http://arquitectos-italianos-buenos-aires.blogspot.com/search/label/-MILLI%20BERNARDO%20-%20ARQUITECTO  

[5] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.

[6] Chinellato, Mariela; Rebaque de Caboteau Julio; “El antiacademicismo italiano como lenguaje identitario para la burguesía migrante industrial y comercial”, “Buenos Aires italiana”, “Temas de Patrimonio Cultural 25”, Comisión para la Preservación del Patrimonio Cultural de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 2009, p.237

[7] Izrastzoff, Iuri, Op. cit.


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LA CATEDRAL ORTODOXA SERBIA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CATEDRAL ORTODOXA SERBIA “NATIVIDAD DE LA VIRGEN”, 15 de Noviembre de 1889 1536, Barrio de Constitución, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Una de las joyas ocultas de Buenos Aires es la Catedral Ortodoxa Serbia “Natividad de la Virgen”. Ubicada en el barrio de Constitución, en la calle 15 de Noviembre de 1889 entre las calles Virrey Ceballos y Luis Sáenz Peña es desconocida para la mayoría, a pesar que en 2019 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires.

LA HISTORIA

El terreno en el que se ubica fue adquirido a fines de 1985 con el propósito de levantar un templo y una escuela. Al año siguiente se colocó la piedra fundamental; sin embargo, el inicio de la construcción se demoró unos años. Finalmente, la iglesia fue consagrada el 12 de noviembre de 1995. Fueron 10 años de esfuerzo y de fe para esta valiente y trabajadora comunidad en Argentina.

Su historia no termina allí. En 2011 el Concilio de Obispos encabezado por Su Santidad, el Patriarca de Serbia Irinej, decidió crear la Diócesis de Buenos Aires, Sud y Centro América designándola entonces su sede central, por lo que su rango fue elevado a Catedral.

EL DISEÑO

Generalmente los inmigrantes que provienen de un mismo país establecen lazos entre ellos para sostenerse y apoyarse ante un entorno desconocido. Simultáneamente crean instituciones tanto para ser representados comunitariamente como para mantener sus tradiciones, su creencias y su idioma. Los serbios en Buenos Aires a través del nuevo templo reafirmaban los vínculos con su nación y con su fe cristiana. Eligieron como modelo la “Iglesia de Santa Ana y San Joaquín”[1] (en serbio Kraljeva Crkva), una joya arquitectónica serbio-bizantina erigida dentro del Monasterio Studenica.

Aquella capilla con planta de cruz comprimida y una cúpula octagonal de color rojo fue levantada en 1314 por orden del rey serbio Milutin (luego canonizado como san Milutin), por lo que se la conoce como la Iglesia del Rey. En 1986 junto al complejo del convento fue declarada Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO[2]. La iglesia de Buenos Aires muestra la misma fachada e idéntica cúpula. Es la única muestra de arquitectura serbio-bizantina en Sudamérica.

Se estima que en Argentina hay unos 5,000 serbios contando sus descendientes. Los gastos de la obra fueron sufragados en su totalidad por la comunidad serbia de Buenos Aires. Uno de los principales donante fue el Dr. Borivoje Abramovic y su familia, mientras que comisión responsable de la construcción fue presidida por el Protodiácono Nicolás M. Radis.

NUESTRA VISITA

Habíamos visto la Catedral Ortodoxa Serbia de Buenos Aires en una guía de lugares de culto publicada por el Gobierno de la Ciudad. Nos sorprendió que, pese a su ubicación en una zona poblada y de alto tránsito, nos fuera totalmente desconocida. En uno de los viajes a Buenos Aires decidimos visitarla.

Nos presentamos sin previo aviso y, con una cordialidad y cortesía encomiables, un diácono nos permitió pasar y tomar fotografías con toda libertad, mostrando un genuino interés en hacer del templo un lugar de puertas abiertas a todas las personas. Apreciamos profundamente ese gesto de confianza en tiempos donde el engaño y el robo no respetan ni siquiera los lugares sagrados.

LOS SERBIOS

Los serbios son un pueblo de origen eslavo que vive en Europa Central que junto a otras naciones vecinas fue integrado en una sola república llamada Yugoslavia luego de la 1ª Guerra Mundial.

Para aquellos que vivimos en países multiétnicos nos cuesta entender la noción de pueblo, una unidad no solo genética sino cultural, histórica, lingüística y religiosa.

La primera mención que se conoce de los serbios o, más bien, de sus antepasados, es del siglo II, y los ubica al norte del Cáucaso, cerca del Mar Negro. En el siglo V emigraron hacia Europa estableciéndose a principios del siglo VII en la zona de los Balcanes. Se considera que su primer gobierno propio surgió en el siglo alrededor siglo XI; sin embargo, debemos recordar que Europa era un conjunto de reinos desperdigados que se aliaban o guerreaban entre sí con frecuencia. Las fronteras eran muy diferentes a la actuales y aún poderosos gobernantes sucumbían ante fuerzas extranjeras.

Como muchos otros, los serbios fueron avasallados por imperios y naciones más fuertes, sin embargo, aunque reiteradamente perdieron la independencia política conservaron su identidad nacional. La Revolución Serbia de principios del siglo XIX logró cierta autonomía del imperio otomano; sin embargo, su territorio continuó siendo disputado tanto por los turcos como por el imperio austrohúngaro. A fines de 1882 se creó un reino serbio, pero muchos compatriotas vivían fuera de sus límites, bajo el yugo extranjero.

La 1ª Guerra Mundial se inició con la declaración de guerra que el Imperio Austrohúngaro realizó a Serbia a causa del asesinato del príncipe heredero Francisco Fernando de Austria en Sarajevo, en la actual República de Bosnia y Herzegovina. Hay una gran discusión sobre lo sucedido, pues si bien los autores materiales fueron serbobosnios (serbios nacionalistas que habitaban en territorio bosnio), hay indicios que sugieren la complicidad de autoridades del Imperio Austro Húngaro: habrían ignorado deliberadamente las advertencias del propio gobierno serbio sobre un posible magnicidio, con el propósito de justificar una guerra que anexaría a Serbia a sus territorios[3].

La nación se vio envuelta en el conflicto bélico y tras la caída de aquel imperio, en 1918 se creó el Reino de los Serbios, Croatas y Eslovenos, que en 1929 pasaría a llamarse Yugoslavia, una monarquía constitucional federada en manos de una dinastía serbia. Luego de la 2ª Guerra Mundial, tras el reparto de Yalta, Yugoslavia pasó a ser un república socialista bajo la férula soviética. Sin embargo, con la caída del comunismo, Yugoslavia se desmembró y en 1992 Serbia y Montenegro se unieron creando una república independiente que perdura hasta la actualidad.

La Iglesia Ortodoxa Serbia es considerada el bastión más occidental de las iglesias orientales. La influencia del Imperio Bizantino es notable en su fe y en su arquitectura. Esta iglesia que reproduce fielmente la Iglesia del Rey es una digna muestra.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Abriani, Alfredo (Dirección), “Guía de Lugares de Culto de la Ciudad de Buenos Aires Tomo 1”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2013. P.19

[2] Sin firma, “Catedral Serbia es Sitio de Interés Cultural”, DG Prensa, Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, 11 de julio de 2019, https://www.legislatura.gov.ar/posts/catedral-serbia-es-sitio-de-interes-cultural546.html

[3] El film austriaco “Sarajevo. El atentado” (2014) dirigido por Andreas Prochaska presenta esta perspectiva.


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LA “CASA DE LOS AZULEJOS” DE LA CALLE PARAGUAY 1330 (por Pablo R. Bedrossian)

Una de las construcciones más curiosas de Buenos Aires se encuentra en la calle Paraguay 1330. Se la conoce como la Casa de los Azulejos debido a los bellos murales de su fachada.

Es un edificio de tres plantas diseñado en estilo Liberty milanés. Esta variante del modernismo, también llamada Floreale, que surgió en el norte de Italia, se caracteriza por fachadas con pinturas o murales de azulejos con temas inspirados en la naturaleza, tanto florales como animales, el uso de cemento decorativo, la ornamentación con cariátides y atlantes y la presencia de hierro forjado en los balcones y puertas. En la “Casa de los Azulejos” encontramos dos de estos elementos: el uso de azulejos decorativos y la balconería de hierro forjado.

LOS AZULEJOS

El mural de azulejos titulado “Escenas pastoriles” fue creado el artista italiano Pio Pinzauti. Muestra a una mujer preparando atados de heno y a un hombre tomando un toro por las astas en el campo. Ambas figuras se encuentran en la segunda planta mientras que en la tercera solo se observa una vegetación decorativa.

Es poco lo que se sabe de Pinzauti. Se lo menciona como ceramista, con actividad entre 1898 y 1930[1]. Su taller se encontraba en la calle Gustavo Módena 56 de Milán. Algunos trabajos suyos que hemos podido encontrar son la fachada de azulejos decorados de la Casa Galimberti en Milán, de 1902, fruto de su colaboración con Ferdinando Brambilla, el retablo para la capilla Borghi del cementerio de Varano, Italia, y una loza esmaltada titulada “Mascotas”, que forma parte de las colecciones del Castillo de Milán. Hasta donde sabemos, el de la Casa de los Azulejos es su única obra en Buenos Aires.


Anuncio de Pio Pinzauti en el Corriere dei Piccoli, Supplemento illustrato del Corriere della Sera

EL ARQUITECTO

Podemos pensar que la Casa de los Azulejos perdería mucho de su encanto sin la decoración de su fachada; sin embargo, el diseño modernista como los trabajos de herrería del frente le dan realce suficiente como para tener méritos por sí misma.

¿Quién fue su creador? En todas las publicaciones aparece “el arquitecto Benjamin Trivelloni”. Buscamos su nombre y lo hallamos exclusivamente asociado a la “Casa de los Azulejos”, lo que nos hizo desconfiar sobre la autoría. Entonces, fuimos a la fuente más confiable y completa que conocemos, el blog de Alejandro Machado sobre Arquitectos Italianos en Buenos Aires[2], donde encontramos que el malentendido surge de la firma grabada en el edificio de Paraguay 1330 donde aparece como “B. Trivelloni”.

El nombre correcto es Bonaventura Trivelloni, quien realizó otras obras en Buenos Aires, como un petit hotel en la calle Ayacucho 1485, ya demolido, y el edificio de República de Indonesia 77. Machado, además, comparte en el mismo blog un interesante hallazgo: B. Trivelloni aparece como constructor en una bóveda sin nombre en el Cementerio de la Chacarita. No es mucho más lo que sabemos de él. Nació en Italia en 1866. Llegó a la Argentina a 16 años en febrero de 1882 y se radicó en el país donde formó su familia. No conocemos donde cursó sus estudios, pero su talento se revela en sus obras, hermosas y originales.

LA CONSTRUCCIÓN

Iuri Izrastzoff aporta un dato interesante sin citar la fuente: en 1892 había en el lugar una casa chorizo con patio lateral que pertenecía a la Sra. Lucía Argerich[3]. La Casa de los Azulejos fue construida por encargo del Sr. Luis Botta en 1911, por eso también se la conoce como Casa Botta.

En la planta baja hay un local comercial con entrada por Paraguay 1328 y, al lado, la entrada al edificio en Paraguay 1330. En la segunda planta hay un ancho balcón con un bello trabajo en herrería negra rodeado por los azulejos con imágenes de labores campestres que ya mencionamos y a su lado una amplia ventana con celosías. En la última planta hay un balcón más pequeño, a cuyos lados continúa el mural, y también una ventana similar a la del piso anterior.

Los balcones del segundo y tercer piso lucen espléndidas flores y dibujos dorados que embellecen su entramado y están conectados por delgadas columnas de hierro. Desde luego, el color naranja del frente no es el original, que era blanco.

EL MODERNISMO, LA NUEVA ÉPOCA Y EL USO DE LOS AZULEJOS

El modernismo fue un movimiento surgido a finales del siglo XIX que aportó un conjunto de innovadoras propuestas. Recibió distintos nombres: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, modernismo en Cataluña, Liberty o Floreale en el norte de Italia.

Jugendstil en Münich: Edificio de apartamentos en Gedonstraße 4, 6, Schwabing.

Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres.

Art Nouveau en París: Casa de Jules Lavirotte – 29, avenue Rapp

En Argentina el modernismo sirvió como una bisagra entre el pasado y el futuro que acaba de inaugurarse. Fue un proceso que se inició con el abandono a la resistencia a lo hispánico y la elección del modelo cultural europeo latino (con predominio francés), en detrimento de las opciones anglosajona y norteamericanizante.

Art Nouveau en Buenos Aires: Casa Calise – Hipólito Yrigoyen 2562-78

Esa predilección despertó un importante interés en el Río de la Plata de cerámicas, azulejos y mayólicas del Viejo Continente. Era una época aún sin ascensores donde las viviendas para la clase media alcanzaban tres o cuatro plantas y la decoración exterior, sobre todo del primer piso, se había vuelto importante[4]. Aunque los modelos tradicionales fueron rápidamente desplazados por temas abstractos y fitomorfos, el mural de la Casa de los Azulejos es testimonio de esa moda que a principios de siglo reflejaba las aspiraciones de la nueva burguesía.

Ha pasado más de un siglo desde ese momento y, aunque hoy difícilmente se nos ocurra decorar nuestros frentes con azulejos figurativos, seguimos admirando aquella vanguardista creación de Pio Pinzauti.

UNA HISTORIA

En los tiempos que se levantó la Casa de los Azulejos, vivía una familia por planta. Sin proponérmelo, conocí a un nieto o quizás bisnieto de una familia que vivía en el primer piso. Me contó una breve anécdota referida por un pariente suyo. Un hombre que vestía siempre de impecable sombrero, traje y corbata parecía obsesionado con el edificio de Paraguay 1330. Todas las mañanas se quedaba por horas mirando la fachada desde la vereda de enfrente. Durante varias semanas repetía lo que a esa altura parecía una ceremonia laica, incluyendo sábados y domingos. Cierta mañana uno del edificio se acercó y entabló una breve conversación con él, que adapto para esta nota:

– Desde hace semanas lo vemos todo el día frente al edificio, ¿tanto le gusta?

– No, no miro el edificio; espero que salga alguien…

¿Alguna dama de la cual se enamoró?

– No precisamente…

¿Puedo saber a quién espera?

– A un deudor, un tipo que me debe mucha plata.

Temiendo que se tratara de alguien de su familia, el vecino le preguntó.

– ¿Puedo saber el nombre?

– Benjamin Páez Moreno

– ¡Ah! -dijo echando un resoplido-; ese hombre se mudó hace unos meses, justo antes que Ud. viniera. Por eso no lo encuentra.

¿Y sabe para dónde se mudó?

Dijo que se iba a Villa Luro, pero no tengo la dirección

– ¿Y no viene a buscar el correo?

– Nunca vi una carta para él; quizás estaba huyendo de alguien; incluso el propietario comentó que le quedó debiendo dos meses de alquiler.

El hombre agradeció la información, se dio media vuelta y no volvió a aparecer por el lugar. Entre tanto el vecino subió a su departamento y le dijo a su hermano:

– Benjamín, podés salir tranquilo, pero a partir de ahora no se te ocurra andar por Villa Luro.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Bertocco, Mattia Alberto, “Mascotas”, Regione Lombardia, LombardiaBeniCulturali, 2015, que trata sobre un trabajo en loza de Pio Pinzauti, que forma parte de las Colecciones Artísticas del Castillo. Colecciones de Arte Aplicado, Milán, Italia

[2] Machado, Alejandro, “Arquitectos italianos en Buenos Aires”, http://arquitectos-italianos-buenos-aires.blogspot.com/

[3] Izrastzoff, Iuri, “Fervor por Buenos Aires”, https://www.fervorxbuenosaires.com/grandes-casas-paraguay-1330/

[4] Feliu, Joan “Dinero color azul cobalto. El negocio americano de la cerámica de la provincia de Castellón en el siglo XIX”, Biblioteca de les Aules, Universitat Jaume I, 2005, p.189


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LA CASA AMÉRICA, VIVIENDAS AL ALCANCE DE TODOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

En la avenida San Juan entre Balcarce y Paseo Colón, a mano derecha se observa un jardín rodeado de edificios bajos color gris tiza. No se trata de una plaza pública sino del pulmón verde de la Casa América, un innovador proyecto de viviendas inaugurado en 1937.

Es un complejo en U que mira hacia la avenida San Juan. Está diseñado en estilo racionalista, cuyos rasgos más importantes son el uso de las líneas geométricas, la simetría y la funcionalidad.

Con curvas en los extremos y líneas rectas en el centro aparece como un sitio único, tranquilo y apacible, separado del ruidoso tránsito de la zona. El secreto reside en su área verde: “el espacio central presenta un borde de árboles que separa virtualmente el espacio privado, que es de acceso a las viviendas, con el espacio público“[1].

La Casa América está conformada por tres bloques con entradas independientes con un total de 98 departamentos. Un detalle interesante es que la simetría es solo aparente. La cuadra donde se ubica la Casa América tiene una marcada pendiente hacia la avenida Paseo Colón.

Para evitar que el edificio parezca inclinado, su creador incorporó una planta más en el extremo más bajo, por lo que tiene cuatro niveles del lado de la calle Balcarce y cinco del lado de la Avenida Paseo Colón.

LA HISTORIA

A fines del siglo XIX se comenzó a discutir como crear mejores condiciones sanitarias para las personas de menores recursos, específicamente por los que eran identificados como pobres, trabajadores, obreros e inmigrantes en la ciudad de Buenos Aires. Las propuestas incluían viviendas económicas, casas colectivas y barrios obreros.

En 1912 el diputado Juan Félix Cafferata presentó en el Congreso un proyecto para casas para obreros. En 1917 se reglamentó la ley. Manejado por la flamante Comisión Nacional de Casas Baratas (CNCB). Tres años después, en 1920 se inauguró el primer proyecto residencial de gestión pública con finalidad social: un complejo de 160 viviendas económicas dentro del perímetro conformado por las avenidas Asamblea y José María Moreno y las calles Riglos y Estrada, cerca del Parque Chacabuco zona conocida hoy como Barrio Cafferata en honor a su impulsor.

“En más de veinticinco años que transcurrieron desde las primeras gestiones, se llevaron a cabo nueve intervenciones en la Ciudad de Buenos Aires, con un total de 891 viviendas repartidas en viviendas individuales y colectivas casi en igual proporción”[2]. El último de estos proyectos de casas económicas fue la Casa América en de San Telmo.

EL ARQUITECTO

La Casa América se considera la única obra racionalista de Estanislao Pirovano (1890-s/d). Este arquitecto argentino se había formado en Europa, primero en la Escuela de Arte de Glasgow y luego en la Escuela Especial de Arquitectura de París, donde se graduó en 1914. Trabajó estilos revival, tudor y georgiano hasta que adhirió al estilo neocolonial por el que se lo reconoce[3]. Su obra más famosa es el viejo edificio del Diario La Nación de Florida 373 (que últimamente ha sido una de las sucursales de la empresa Falabella).

Finalmente puede decirse que la Casa América es una bisagra entre los antiguos conventillos e inquilinatos signados por la pobreza y las malas condiciones sanitarias y una modernidad donde las personas de menores recursos podían acceder a una vivienda digna y acorde con sus necesidades.

EL PERRO DEL VECINO

Visitando la Casa América le pregunté a un hombre ya jubilado si conocía alguna historia curiosa del lugar. Me contó que en un departamento había un perro cuyos ladridos no dejaban dormir a su esposa. Ella le pidió que hablara con los vecinos porque ya no soportaba la situación. El marido logró hablar con el dueño del perro:

– ¿Sabe? Vivimos dos puertas de por medio y mi esposa no puede dormir a causa de los ladridos de su perro. ¿Cómo hace Ud. para dormir con ese ruido?

– Tomo un sedante

– Y, mejor, ¿por qué en lugar de tomarlo Ud. no se lo da al perro?

El vecino endureció su rostro y con aspereza le respondió:

–  Si a su señora no les gustan los perros, mejor que se muden.

Según me dijo, regresó vencido a su casa y su esposa no tuvo más remedio que resignarse. Luego agregó que se dedicaba a la reparación de relojes antiguos y, según insistió, era considerado por sus pares el mayor experto en relojes de colección en el país. Cierto día recibió un llamado en su taller de un cliente que lucía desesperado.

– Tengo un reloj Louis Moinet del 1878 empotrado en un mueble y ha dejado de funcionar… ¡Necesito que venga a arreglarlo! Es una joya familiar… ¡Por favor, ayúdeme!

– No hago trabajos a domicilio

– No puedo sacar el mueble, ni puedo sacar el reloj… Le pago lo que sea, pero, por favor, ¡venga!

Notó al cliente tan angustiado que al final accedió. Le pidió los datos

– ¿Dónde vive Ud.?

– En Casa América, San Juan entre Balcarce y Defensa

– Justo vivo allí. ¿En qué cuerpo, piso y departamento?

Tras oír la respuesta el relojero exclamó:

– ¡No me diga que Ud. es el del perro!

Tras unos segundos de silencio el hombre le respondió que sí.

– Voy con una condición: que a partir de ahora haga callar a su perro y nos deje dormir.

El famoso reloj empotrado volvió a funcionar y el matrimonio retornó al buen descanso. En cuanto al perrito cada vez que estaba por el jardín se echaba unas largas siestas mientras su dueño leía plácidamente el diario sobre un banco de concreto.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.46

[2] Sánchez, Sandra Inés, “Los caminos de la construcción de una vivienda popular: Caracterizaciones socioculturales en el espacio doméstico en Buenos Aires, hasta la década de 1940”, Revista de Historia Americana y Argentina, Universidad Nacional de Cuyo, Tercera época, Volumen 50, Nº 2, segundo semestre, 2015, p.116

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo o/r, 2004, p.74,75


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EL EDIFICIO DE CHACABUCO 78, UNA DE LAS OBRAS MAESTRAS DE JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Uno de los edificios porteños que se mencionan con mayor frecuencia está ubicado en la calle Chacabuco 78. Aunque la estrechez de la calle no permite admirarlo con la debida perspectiva, desde cualquier ángulo se advierte que tiene una belleza diferente. Erigido a pasos de la Avenida de Mayo, es una de las obras maestras del arquitecto Julián García Núñez quien hizo el diseño y dirigió su construcción.

Fue inaugurado en 1911. Era la época donde el modernismo europeo estaba en su apogeo y su influencia se hacía palpable en el Río de la Plata, siguiendo la línea francesa, el art nouveau; sin embargo, García Núñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, y adhería al modernismo catalán preconizado por Antoni Gaudí y Lluís Doménech i Montaner, entre otros. Desde su llegada a la Argentina en 1903 sus obras reflejaron la ideas de sus maestros, incluido el edificio de Chacabuco 78 (ya hemos hablado sobre este tema en nuestra publicación “Chacabuco 855: Una perla del modernismo catalán en Buenos Aires”, que se puede leer en https://pablobedrossian.com/2020/05/05/chacabuco-855-una-perla-del-modernismo-catalan-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/). En la fachada se observan también elementos de la vertiente vienesa del modernismo, la Sezession, estilo que este brillante arquitecto fusionó definitivamente con el modernismo catalán a partir de 1915.

Casa Majolica, edificio emblemático de la Sezession vienesa, de Otto Wagner

Chacabuco 78 es un edificio de oficinas -una novedad para ese tiempo – de cinco plantas rectangulares y simétricas, con amplios y luminosos espacios comunes. La planta baja cuenta con dos locales y una entrada con bello trabajo de herrería, un hall y una escalera. Cada piso superior cuenta con doce oficinas y un baño común.

Al llegar al segundo piso se observan importantes innovaciones pues posee un amplio espacio central alrededor del cual se levantan las plantas restantes; bordeando ese alto patio, que es el corazón inmaterial del edificio, se encuentran los pasillos que unen las oficinas formando balcones perimetrales, bañados de luz a través de una gran claraboya a dos aguas de vidrio y hierro.

Esa generosa fuente de iluminación natural crea una sensación única por las transparencias que proyecta y las interrelaciones que crea con el resto de los materiales, incluida la magnífica herrería, las losetas de vidrio y la madera. El ascensor tiene todo su mecanismo a la vista, lo que ha sido visto como un influjo del industrialismo[1].

La fachada posee una longitud de 21 metros y se encuentra dividida en cinco paños. Está poblada de líneas rectas acompañadas de diseños geométricos en las rejas de los balcones[2]; en los extremos de la última planta se elevan dos torrecillas. El color ha ido variando (incluso tuvo detalles pintados de un verde lamentable) pero preferimos el natural gris tiza.

Los elementos decorativos son interesantes: los balcones al frente cuentan con excelentes diseños metálicos de color negro, lo mismo que la puerta de entrada. Las molduras y texturas muestran el habitual cuidado del detalle por parte de García Núñez.

El edificio fue construido a pedido de Ignacio Atucha. La propiedad estuvo en manos de la familia Atucha Ocampo hasta que sus integrantes decidieron subdividirla en forma horizontal en 1963[3].

El arquitecto Julián Jaime García Núñez, firmó la obra, tal como era su acostumbre, como Julián García.

Oculto entre la calzada angosta y los edificios de la zona, muy cerca de calle Florida, del Palacio de la Legislatura de la Ciudad y del Café Tortoni, esta joya modernista amerita una visita.

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BONUS: PARA LOS INTERESADOS EN EL ARQ. JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ

Para los interesados en conocer la obra y biografía del arquitecto Julián García Núñez comparto algunas de las fuentes bibilográficas:

“Julián García Núñez. Caminos de ida y vuelta” de Julio Cacciatore, Fundación Carolina – Cedodal, 2005 (no poseemos este libro, pero hemos conseguido separatas que han sido de gran utilidad)

“Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras”, blog por Alejandro Machado, http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2008/02/

“Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” de Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109-111

“Introducción a la arquitectura del siglo XX en Buenos Aires” de Guillermo Luis Rodríguez, ediión de autor, 1996, p.26-29


REFERENCIAS

[1] Valentino, Julio, “Edificio Chacabuco 78 (1910)”, en http://arqi.com.ar/edificio/edificio-chacabuco-78/

[2] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.81

[3] Solsona, Justo y Hunter, Carlos, “La Avenida de Mayo Un Proyecto inconcluso”, Nobuko, 1990, p.135


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CHACABUCO 855: UNA PERLA DEL MODERNISMO CATALÁN EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todas las personas el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Emblemático edificio art nouveau de Jules Lavirotte, en la 29, avenue Rapp, París

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surgió Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolló su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de todos los cánones conocidos hasta ese momento.

Casa Milà de Antoni Gaudí, Barcelona, España

EL EDIFICIO ANEXO AL CASAL DE CATALUNYA

Tiempo atrás publicamos en nuestro artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” presentando dos obras de inspiración gaudiana de Eduardo S. Rodríguez Ortega.

Palacio de Los Lirios, avenida Rivadavia 2031, Buenos Aires, por el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega

Ahora presentamos otro edificio, cuya fachada también se encuentra influida por el modernismo catalán. Nos referimos al edificio anexo al Casal de Catalunya en Buenos Aires.

Casal de Cataluña en Buenos Aires, fachada neogótica catalana de 1936
El artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” puede leerse haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/11/21/gaudi-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

Los Casals son asociaciones comunitarias que congregan a los catalanes que residen fuera de Cataluña. Reciben apoyo oficial de la Generalitat de Cataluña desde su Secretaría de Asuntos Exteriores. El de Buenos Aires es el más antiguo en el mundo.

El 12 de junio de 1886 se fundó el Centre Català en Buenos Aires que posteriormente se convirtió en el Casal de Catalunya de Buenos Aires[1]. Su actual emplazamiento, en la calle Chacabuco 875/863 entre la avenida Independencia y la calle Estados Unidos, se debe a la generosidad de don Lluís Castells y su esposa Elisa Uriburu, quienes en 1889 compraron el terreno y lo cedieron por tiempo indefinido para que se construyera allí el edificio primitivo, donde comenzaron a funcionar instituciones comunitarias[2].

UN EDIFICIO DE DOS FACHADAS

En 1909 el matrimonio Castells adquirió un terreno lindante, de siete metros de frente y sesenta y tres metros de fondo, correspondiente a Chacabuco 855. Allí decidieron construir un edificio de dos plantas y cederlo a su colectividad. Aunque no nos interesa centrarnos en el primer edificio, que es el más grande y conocido, sino en este edificio anexo, necesitamos continuar la historia para entender las preguntas que nos plantea.

Fachada del edificio de Chacabuco 855

Según el Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo que declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional, un año después, en 1910, se unificaron los dos edificios, tirando abajo medianeras. También de acuerdo con el mencionado decreto, en 1920 se amplió la planta alta quedando la fachada del Casal como en la actualidad[3].

Sin embargo, según un artículo que Sergio Kierman publicó en el suplemento m2 del diario Página12, las reformas no tuvieron lugar en 1910 ni en 1920, como dice el decreto, sino en 1936, coincidiendo con el cincuentenario de la institución[4]. Además, incluyeron la remodelación total de la fachada del edificio principal y de los accesos. Resumiendo, ambos edificios fueron unidos por dentro, formando un único complejo interior con dos fachadas. Por lo que hemos podido averiguar, el proceso de transformación se había iniciado en 1828 y tomó varios años. Las obras pudieron completarse gracias al mecenazgo del Sr. Ferrán Fontana. 1936 es la fecha aceptada y reconocida de la reinauguración del edificio.

Nótese que el Casal cuenta con más de 5,000 m2 donde se distribuyen varias dependencias, como el Teatro Margarita Xirgu, el Salón Blanco, la Sala Gaudí (dedicada a exposiciones, conferencias y juegos de salón), otras salas, oficinas administrativas y hasta un restaurante. La escalera de honor es sencillamente espectacular.

EL EDIFICIO DE CHACABUCO 855: EL MODERNISMO CATALÁN DICE PRESENTE

Mientras el edificio original adoptó el estilo neogótico catalán, la fachada del anexo muestra la belleza propia del modernismo. En ella se percibe la innegable influencia del brillante arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner; sin embargo, numerosos detalles también evocan al genial Antoni Gaudí.

Le pedí al arquitecto catalán Antonio Lora Rubio, profundo estudioso del modernismo, que comentara sucintamente esta fachada: “Evidentemente Gaudí no estuvo en Buenos Aires, pero sí su legado, su estilo mediterráneo, lleno de luz, su geométrica y su religiosidad. En esa fachada el arquitecto remarca el balcón central, acentuando con cerámica de colores en la parte superior, muy típico del carácter religioso de Gaudí, y una simétrica escalonada de su coronación le da la solemnidad con el escudo. Aunque es una construcción pequeña, se ven elementos modernistas simples, pero prácticos y resolutivos, igual que el ideario de Gaudí; cuando le preguntaban por su estilo, él contestaba que sólo se dedicaba a imitar la geometría de la naturaleza: simple, práctica y resolutiva, pero sin perder la belleza”.

Aunque por dentro forma parte del complejo -aloja la Biblioteca Pompeu Fabra-, la fachada del edificio de Chacabuco 855 tiene una identidad propia que lo hace único.

LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA

Un detalle interesante lo extraemos de la misma nota de Sergio Kierman: además de documentar la cuidadosa restauración del edificio en 2005 a cargo de los arquitectos Fernando Mosquera y Pablo Ojeda, detalla en forma específica la de la fachada de Chacabuco 855. Su descripción es muy completa: menciona grietas en su coronamiento, daños en el balcón de tres ventanas y roturas en los ornamentos que obligaron a los restauradores Laura Basterrechea y Alberto González, una vez consolidado el muro con llaves empotradas, “a hacer moldes y reconstruir motivos, a la vez que limpiaban y lavaban”.

La nota también revela sorpresas: “sus muros laterales alguna vez fueron azules, con una base de cobalto que se destiñó con los años hasta desaparecer… sus mosaicos, que vistos desde la calle parecían simples azulejos o mayólicas, resultaron ser vidrios. Las superficies en oro estaban compuestas por teselas que eran un sandwich de vidrios y oro, imposibles de reproducir”. Gracias al minucioso trabajo de los restauradores el anexo recuperó el esplendor original de sus detalles.

ACERCA DE LOS CONSTRUCTORES

Los nombres de sus constructores, R. Pauli y J. Coll, aparecen grabados en el frente del edificio de Chacabuco 855.

Prácticamente no sabemos nada de ellos. Las únicas referencias a “R. Pauli y J. Coll” las encontramos en un Anuario Kraft de 1913 donde son mencionados como “empresa constructora de obras”[5]. Una de las citas se acompaña con la dirección Chacabuco 822, en la misma cuadra del Casal pero de la mano de enfrente. Inmediatamente debajo, se habla de “Paulik y J. Coll”, acaso un error tipográfico pues más adelante se menciona a “Paulik y J. Coll” como “constructor de obras” (sic)[6], junto a la dirección José Mármol 772[7]. Al momento de escribir este artículo hay allí un taller mecánico y la puerta de ingreso a una vivienda muy sencilla que parece construida varias décadas después.

En ningún momento aparece el primer nombre de R. Pauli, pero sí aparece el de Jaime Coll[8], constructor, con la misma dirección de Chacabuco 822[9]. En ese sitio hay actualmente un edificio de departamentos y en el 824/28 una casa antigua sin identificación de sus constructores.

El ENIGMA DE LA FACHADA

Aún más incierto es el nombre del arquitecto que diseñó el bellísimo frente del edificio de Chacabuco 855.

En la fachada del edificio principal remodelado en 1936 aparecen dos inscripciones: una que dice “Carrizo Rueda y Devito Constructores” y otra que indica que Julián García Núñez y Eugenio Campllonch fueron los arquitectos. Esto agrega confusión pues no determina el rol que cumplió cada uno.

La información en los libros suele ser confusa o carece de evidencias que la fundamenten. Por ejemplo, la “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes” atribuye la “remodelación 1928/1936” a Eugenio Campllonch y Julián García Núñez[10] sin establecer la contribución individual de los arquitectos.

Otro ejemplo se encuentra en el magnífico libro visual “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story” de Anat Meidan que adjudica la fachada de Chacabuco 855 a Julián García Nuñez sin ninguna explicación[11].

Uno de los volúmenes del IPU (Inventario de Patrimonio Urbano) dedicado a San Telmo, solo dice “Remodelación: Eugenio Campelonch, arq. Pauli y Coll, empresa constructora”[12] sin mencionar a García Núñez.

Supuestamente El Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo, citado anteriormente, debería ser una fuente fidedigna, pues declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional. Allí se lee: “en el año 1910 se unifican ambos edificios estando la obra a cargo del arquitecto catalán Eugeni Campllonch y del arquitecto argentino Julián García Núñez… “

En vista del caos imperante, decidimos ir a la fuente. Elevamos la consulta al Casal de Catalunya en Buenos Aires cuya lacónica respuesta, enviada por don Javier López Granda a quien mucho agradecemos, comparte nuestra perplejidad “lamentablemente los datos que tenemos son aproximadamente los mismos que usted dispone”[13].

QUÉ PODEMOS SABER

En primer lugar, el arquitecto catalán Eugeni Campllonch i Parés había emigrado a la Argentina en 1910[14], así que definitivamente no podemos atribuirle el diseño sin caer en un anacronismo. Sí le corresponden la espléndida reforma al interior del edificio y la fachada neogótica que adquirió el edificio principal en 1936.

En segundo lugar, el arquitecto modernista argentino Julián García Nuñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona bajo de dirección del arquitecto Lluís Doménech i Montaner quien influyó poderosamente en su estilo. Además, coincidió con el apogeo de Gaudí. García Nuñez regresó a la Argentina en 1903; desde ese año hasta 1915 produjo obras con la impronta del modernismo catalán, entre ellas el viejo edificio del Hospital Español de Buenos Aires (1906) y el famoso edificio de Chacabuco 78 (1910). Luego, la influencia de otra vertiente del modernismo, la Sezession vienesa, impactó en sus diseños[15]. Para nuestros fines, un dato relevante es que abandonó la profesión en 1931[16].

Finalmente, sabemos que Eugeni Campllonch y Julián García Núñez eran amigos. Cuenta Florencia Barcina en un trabajo de investigación dedicado a Eugeni Campllonch: “Sabemos por relatos de Julián Bosch, nieto de García Núñez, que el matrimonio Campllonch siempre estaba presente en las reuniones y fiestas de cumpleaños de su familia y que ambos arquitectos cultivaban una fuerte amistad”[17].

Por todo lo expuesto, aunque es imposible hacer afirmaciones definitivas, es probable que la fachada de Chacabuco 855 del año 1909 sea creación de Julián García Núñez y queEugenio Campllonch haya sido el responsable de la gran reforma de 1936. Además, es difícil que García Núñez haya participado en ella debido a la fecha de su temprano retiro.

Siempre en el plano de las conjeturas, adhiero a lo expresado por Florencia Barcina en su investigación: “podemos pensar que la firma conjunta fue una elección de los dos amigos para unificar sus obras y unir sus nombres en la fachada de una institución muy especial para ambos. Esta teoría parece estar abonada por el hecho de que la fachada de 1936 tiene muchas coincidencias con la obra de Campllonch de principios de siglo. El neogótico elegido, la composición simétrica con el alero central cubriendo la loggia y las dos torres laterales, recuerdan mucho a una de las fachadas de la Casa Vidal Folquet de Villafranca y a la Casa Franquesa de Girona, si bien con mucha más ornamentación de carácter alegórico y una presencia de mayor seriedad dado su carácter institucional”[18].

Permanece el misterio de la autoría, pero, mucho más importante, aún perdura la belleza de ese pedacito de Cataluña en el corazón de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Alejandro Machado por la valiosa información que me compartió y las acertadas observaciones que, incluso, me llevaron a modificar el título del presente artículo. Recomiendo visitar su blog “Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras” que se encuentra en http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2009/10/indepedencia-2442-50-casa-propia-de.html

También quiero hacer extensiva mi gratitud al joven y brillante arquitecto catalán Antonio Lora Rubio quien ha hecho una exhaustiva investigación de casas modernistas en su país (aún no publicada) y ha dado recientemente conferencias en la Universidad de Oviedo, España y en la Universidad de San Antonio Abad, Cusco, Perú sobre casas de indianos.


REFERENCIAS

[1] “Comunidades Catalanas en América Latina”, Agencia INCAT, 7/11/2013, https://web.archive.org/web/20141019203948/http://www.agenciaincat.la/?page_id=705

[2] “Institucional – Sobre el casal”, Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina http://www.casal.org.ar/es/sobre-el-casal/institucional/

[3] Decreto 1163/2014 “Monumentos Históricos Nacionales y Bienes de Interés Histórico Artístico”, Poder Ejecutivo Nacional, República Argentina, 22/7/2014 https://web.archive.org/web/20141025220404/http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/230000-234999/232823/norma.htm

[4] Kierman, Sergio, “La vuelta del casal”, m2, Diario Página12, 20/08/2005, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-761-2005-08-20.html

[5] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.770, 1667

[6] “Anuario Kraft”, 1913, p.1790

[7] “Anuario Kraft”, p.1137

[8] Hay un Ing. Jaime Coll, recordado por una calle en Bragado, fundador de la empresa Acerbrag, fallecido en 1986. Desconocemos si es descendiente del constructor, 

[9] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.566

[10] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.82

[11] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.8,9,124,125

[12] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.66,67. El apellido Campllonch aparece tal cual transcribimos, Campelonch

[13] Mail recibido el 9 de marzo de 2020.

[14] Barcina, Florencia; Op. cit., p.17

[15] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109,110

[16] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Op. cit., p.112

[17] Barcina, Florencia, “Eugeni Campllonch i Parés: el arquitecto que desaparece”, Cataluña y Argentina, vínculos en el arte y la arquitectura, Documentos de Trabajo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo Grupo de Investigación de Arquitecturas Hispánicas (GIAH), Universidad de Belgrano, Nº 312, mayo 2016, p.19

[18] Barcina, Florencia, Op. cit.,p.19,20


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LA IGLESIA DINAMARQUESA DE BUENOS AIRES (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

IGLESIA DINAMARQUESA, Carlos Calvo 257, Barrio
de San Telmo, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

Los primeros daneses llegaron a la Argentina alrededor de 1860, asentándose en la zona de Tandil donde se dedicaron a las actividades rurales. Lo hicieron por sugerencia de su paisano Juan Fugl, quien había vivido en la zona desde 1848 y había ido de visita a su país[1].

De a poco el número de daneses en la Argentina creció, expandiéndose a Tres Arroyos, Necochea y Coronel Dorrego. Se estima que entre 1870 y 1930 arribaron al país unos 13.500[2]. Eran blancos, rubios y, como Dinamarca había abrazado la Reforma, cristianos luteranos. Buscaron ayudarse mutuamente utilizando como amalgama su identidad cultural y étnica.

Los primeros inmigrantes no eran particularmente patriotas ni religiosos; sin embargo, a partir de 1880 llegaron daneses con aires nacionalistas.

LA IGLESIA COMO CORAZÓN COMUNITARIO

En Dinamarca convivían dos formas de luteranismo: la Iglesia Unida, también llamada Pietista o Indre Mission, mantenida por Estado, que adhería al luteranismo tradicional: la autoridad de la Biblia, la necesidad de una conversión personal y la visión misionera. Frente a ella, tras la derrota de Dinamarca ante Prusia en 1864, se levantó la Iglesia Danesa, también luterana pero mantenida por sus propios miembros e inspirada en el pensamiento del teólogo N. F. S. Grundtvig (1783-1872). En ella “la identificación con determinadas creencias religiosas sólo tenía sentido en su relación con los valores culturales del pueblo danés”[3]. Este sentimiento nacionalista caló profundamente en zonas rurales, especialmente en Jutlandia, de donde provenía la segunda ola de entusiastas pioneros daneses en la Argentina.

Sin embargo, no hubo divisiones entre los daneses criollos. La iglesia en Tandil fue fundada en 1877 y su primer pastor fue el pastor Oscar Meulengracht, ministro oficial de la iglesia de Dinamarca[4]. En 1901 se inauguró la Iglesia Danesa de Tres Arroyos (también llamada Sociedad Protestante del Sud[5]) y en 1918 la de Necochea. Las congregaciones danesas en Argentina eran mantenidas por sus propios fieles y se erigieron como la institución preponderante pues servían como eje entre las entidades comunitarias, sobre todo las educativas, a fin de mantener el idioma, la historia y la cultura, incluyendo las sagas nórdicas o la herencia vikinga.

LOS DANESES DE LA CIUDAD DE BUENOS AIRES

En la ciudad de Buenos Aires, la presencia de dinamarqueses a mitad del siglo XIX era muy reducida. El censo de 1855 muestra apenas una veintena[6]. Pero años después fue epicentro de otra corriente migratoria, con un perfil diferente. Los daneses instalados en la capital de la naciente República Argentina no se dedicaban a la agricultura sino al comercio. Tal como aquellos “vikingos de las pampas”, se organizaron tanto para mantener su identidad como para actuar solidariamente.

En 1892 se fundó la Sociedad Danesa de Socorros Mutuos; en 1912, la Asociación Cristiana de Jóvenes y en 1919, el Club Danés, sin embargo, no había una Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires. Los luteranos daneses asistían a iglesias protestantes de otras colectividades.

En 1924 un grupo de líderes comunitarios solicitó a la organización Iglesia Dinamarquesa en el Exterior un ministro religioso. El pedido fue respondido con la llegada ese mismo año del pastor Sven Nielsen quien condujo el primer culto en Buenos Aires el 13 de julio en el templo de la Iglesia Noruega. Dos semanas después se realizó la primera reunión de la iglesia en uno de los locales de la mencionada Asociación Cristiana de Jóvenes danesa en la avenida Paseo Colón 1111, convertido en kirkesal (templo)[7].  

En 1925 se planteó contar con un edificio propio, iniciativa que comenzó a materializarse en 1929 con la compra del terreno ubicado en Carlos Calvo 257, San Telmo.  Ese mismo año la pujante congregación creó una subcomisión de edificación que realizó un concurso para elegir el mejor proyecto que debía incluir no solo el templo sino la casa pastoral y salones de uso comunitario. El proyecto ganador fue el denominado “Gotland”, del Estudio Rønnow & Bisgaard.

El 24 de agosto de 1930, tras una misa en la “Kirkesal” de Paseo Colón 1111, los fieles se dirigieron al terreno de Carlos Calvo 257 para la colocación de la piedra fundamental. La construcción se atribuye a la empresa Christiani & Nielsen, una importante empresa danesa fundada en 1904 que realizó varias obras importantes en Buenos Aires y en la actualidad opera en diversas partes del mundo. El flamante templo de la Iglesia Dinamarquesa se inauguró el 10 de mayo de 1931.

Los costos de la edificación fueron sufragados por la congregación más un aporte de la organización Iglesia Dinamarquesa en el Exterior. La inauguración del Salón Subsuelo y la casa de los caseros se realizó el 24 de agosto de 1933.

EL TEMPLO

La fachada de ladrillo rojo en estilo neogótico rematada por una torre le confiere identidad propia. Se accede al edificio subiendo una pequeña escalinata; el templo es pequeño, modesto y apacible, con paredes blancas sin imágenes ni figuras recargadas.

Al frente se encuentra el altar en cuyo centro hay una cruz vacía que simboliza a Cristo resucitado. A los lados hay dos candelabros que representan el Antiguo y el Nuevo Testamento. Debajo de la cruz hay un candelabro de siete brazos que recuerda que Jesús era judío y que ambas religiones están entrelazadas inseparablemente.

Por encima del altar hay tres vitraux, que cuentan el milagro de la multiplicación de los panes y los peces, también conocido como “la alimentación de los cinco mil”. Debajo hay una adaptación libre en danés de palabras de Jesús en aquel relato; traducidas significan: “No dejaré que vuelvan a casa en ayunas; podrían desfallecer en el camino, ya que muchos han venido desde muy lejos”. Es una referencia a los inmigrantes que llegaron a un “desierto” donde no tenían donde saciar su sed espiritual.

No puede pasar desapercibido un barco que cuelga desde el techo. Todas las iglesias danesas lo tienen y es una tradición vikinga preservada a pesar de la cristianización de Dinamarca. La embarcación simboliza la vida de cada creyente que a pesar de las tormentas tiene que llegar a buen puerto, a Dios mismo. No son maquetas sino réplicas de naves históricas de alto significado para cada iglesia. En este caso, rememora al buque escuela København (Copenhague) que, tras dar nueve vueltas al mundo, en 1928 visitó Buenos Aires. De allí zarpó rumbo a Australia y naufragó en algún lugar del camino pues nunca más se supo de él.

Otra placa con un león grabado atrae la atención. Conmemora a los valientes daneses que volvieron a su patria para luchar contra la ocupación nazi durante la 2ª Guerra Mundial.

El púlpito se encuentra a la izquierda, muy cerca de los bancos de madera que se apoyan en un piso de baldosas ajedrezado. Delante del altar se encuentra la pila bautismal.

En la parte posterior del templo hay un amplio balcón con un órgano de tubos.

Quien escribe asistió a la grabación de un disco del bandoneonista Gabriel Rivano junto a una orquesta de cámara realizada en este templo debido a su magnífica acústica.

OTRAS INSTALACIONES

A la derecha de la entrada se encuentra una gran biblioteca con anaqueles poblados de libros, mullidos sillones y piso de parquet.

También cuenta con un amplio salón de usos múltiples en el subsuelo, que pudimos visitar durante una Noche de los Templos.

EL ARQUITECTO RØNNOW

El arquitecto elegido, Morten Fredegod Rønnow era danés y tenía dos valiosísimos antecedentes: en 1914 había construido el Edificio Otto Wulff, famoso por su doble cúpula y sus magníficos atlantes, en Belgrano y Perú, y en 1926, ya asociado con el Arq. Bisgaard, la Casa Schenström, actual Residencia del Embajador de Suiza en Ombú 3002, Barrio Parque.

Rønnow realizó el primer estudio documental de la arquitectura colonial argentina: La Casa de la Virreyna, en 1912. Tras su demolición, dos años después el propio Rønnow levantaría allí el Edificio Otto Wulff. En un excelente artículo del Arq. Francisco Girelli sobre ese estudio encontramos una rica información sobre la vida y la obra de este brillante arquitecto danés. Dice Girelli: “La formación arquitectónica de fue absolutamente académica, de ascendencia en la arquitectura historicista del norte de Europa, pero a su vez influenciada por las corrientes del modernismo y el Art-Nouveau. Su obra es ecléctica y se caracteriza por un lenguaje simbólico con infinidad de detalles y el uso de cubiertas apuntadas de pizarras como remate de sus edificios”[8].

En base a datos provistos por su hija Isabel, que por aquel entonces tenía 90 años, Girelli confeccionó una breve biografía del Arq. Rønnow. Nacido en 1877 en Herning, Jylland, Dinamarca. Se formó inicialmente con su padre, también arquitecto. A los 25 años, como parte del estudio del arquitecto Andreas Clemmensen, diseñó y dirigió grandes obras en Rusia y Ucrania durante casi 10 años, incluyendo la construcción de un castillo en Talnoe, Ucrania.

Ya dueño de una gran fortuna, a los 35 años decidió trasladarse a la Argentina, donde residían dos hermanos suyos[9]. Arribó a Buenos Aires hacia 1908 o 1909 para invertir en una estancia en Lobería. Lamentablemente el negocio fracasó, por lo que regresó a la capital porteña para dedicarse a la arquitectura.

A los 50 años se casó con una danesa 22 años menor que él con quien procreó cinco hijos, tres en Argentina y dos en Dinamarca, pues en 1930 regresó a su país por causas desconocidas, hecho que le impidió asistir a la inauguración de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires en 1931. Rønnow se radicó en Copenhague, trabajó como arquitecto adoptando el racionalismo y visitó a su familia en la Argentina solo en una ocasión, en la década del ’60.  Falleció en 1972 a los 95 años y fue sepultado en su ciudad natal.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: ¿QUIÉN CONSTRUYÓ REALMENTE LA IGLESIA DINAMARQUESA DE BUENOS AIRES?

La información oficial de la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires dice que la construcción de su edificio fue realizada por la empresa Christiani & Nielsen[10], fundada en 1904 y radicada en Buenos Aires desde 1919. Ese mismo año esta constructora levantó la antigua subusina Benito Pérez Galdós de la Compañía Ítalo Argentina de Electricidad[11], hoy convertida en La Usina del Arte. Entre otras obras, también erigió el Edificio IV de estación terminal Plaza Constitución del Antiguo Ferrocarril del Sud (hoy Ferrocarril General Roca)[12] entre 1924 y 1931 y los edificios anexos de la Antigua Fábrica Argentina de Alpargatas[13] entre 1938 y 1942.

Sin embargo, el mayor especialista en el arquitecto Morten F. Rønnow, el Arq. Francisco Girelli, señala que la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires no aparece en ningún catálogo de esta empresa. Por eso, a partir de sus investigaciones podemos inferir una interesante alternativa.

En la Casa Schenström, actual Residencia del Embajador de Suiza, una placa sobre la fachada principal indica “Rønnow y Bisgaard | Arqo – Contor”. Dice Girelli, “no queda claro si ambos fueron responsables del proyecto y construcción, o si Rønnow ofició como arquitecto y Bisgaard como constructor. Los planos existentes en el archivo de Obras Sanitarias (actual AySA) no aportan información sobre este punto, ya que en ninguno de ellos aparece su firma” [14].

Esto nos lleva a preguntarnos quién construyó realmente esta bella iglesia de ladrillo rojo en estilo neogótico. A favor de Christiani & Nielsen hay tres argumentos a favor y uno en contra: era una empresa danesa, operaba en Buenos Aires y es mencionada por la propia iglesia. El dato negativo es que la obra no aparece en sus catálogos. Sin embargo, en vista de la inscripción en la Casa Schenström cabe la posibilidad que el Arq. Bisgaard, solo o asociado con el propio Rønnow, hubiera estado a cargo de la construcción. No hemos podido encontrar datos suyos, ni siquiera su nombre de pila, en ninguna de las publicaciones consultadas durante nuestra búsqueda.


BONUS 2: LA GRABACIÓN DEL INFIERNO EN LA IGLESIA DINAMARQUESA

 Entre julio y diciembre de 2002 el bandoneonista argentino Gabriel Rivano grabó el álbum “Infierno Porteño” en la Iglesia Dinamarquesa de Buenos Aires, debido a la magnífica acústica del templo.

Este querido ex compañero del Colegio Nacional de Buenos Aires, me invitó un sábado a una de las grabaciones en la Dansk Kirke donde la Orquesta de Cámara de Palermo Viejo, dirigida por él, lo acompañó.

Fue mi segunda visita al interior de esta pequeña y bella capilla luterana que inspira a la meditación y al recogimiento. La primera había sido durante la inauguración de un circuito turístico por San Telmo.

Desde que resido en el exterior regresé dos veces: durante una visita a Buenos Aires donde amablemente una persona que entraba me permitió pasar en 2017 y luego en La Noche de Los Templos en 2018.


REFERENCIAS

[1] Bjerg, María, “Entre Sofie y Toleville. Las escuelas de la comunidad danesa frente al problema de la identidad nacional de las generaciones nacidas en la Argentina (1886-1930)”, Revista de Indias, 1996, Nº 206, p.133,134 y 147

[2] Bjerg, María, Op. cit., p.134

[3] Bjerg, María, Op. cit., p.138-139.

[4] Bjerg, María, Op. cit., p.141

[5] Sin firma, “Sociedad Protestante del Sud – 100 Años Cartas, memorias recuerdos. La Iglesia y su gente (1901-2001)”, Edición de Sociedad Protestante del Sud, 2001, p.2 y siguientes

[6] Sin firma. “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”,

“Población de Buenos Aires”, Vol. 3, Nº 4, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, octubre, 2006, o.102

[7] Esta nota, como la mayoría de las precedentes y las siguientes fueron tomados de https://web.archive.org/web/20110502072950/http://www.iglesiadinamarquesa.com.ar/index.php?modulo=historia. Durante la preparación de este artículo el link a la sección Historia del sitio oficial de la Iglesia Dinamarquesa en Buenos Aires, http://iglesiadanesa.com.ar/,  conducía a una página de error. Sin embargo, se puede encontrar en la página de Facebook de la iglesia, https://www.facebook.com/pg/IglesiaDinamarquesaenBuenosAires/about/?ref=page_internal

[8] Girelli, Francisco, “Morten F. Rønnow, primer estudio material de la arquitectura colonial argentina: La Casa de la Virreyna (1912)”, sin fecha, p.1, se puede leer este magnífico trabajo en http://www.iaa.fadu.uba.ar/?page_id=7138

[9] Girelli, Francisco, Op. cit., p.3

[10] Según la página oficial en Facebook https://www.facebook.com/pg/IglesiaDinamarquesaenBuenosAires/about/?ref=page_internal y https://web.archive.org/web/20110502072950/http://www.iglesiadinamarquesa.com.ar/index.php?modulo=historia.

[11] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), “Patrimonio Arquitectónico Argentino, Memoria del Bicentenario (1810-2010), Tomo II, (1880-1920)”,2010, p.574

[12] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), Op. cit., p.540

[13] Petrina, Alberto; López Martínez, Sergio (Directores), Op. cit., p.578

[14] Girelli, Francisco, “Morten F. Rønnow”, Anales del IAA, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas “Mario J. Buschiazzo”, Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo; Universidad de Buenos Aires, Vol 49, Nº 1, 2019. La versión digital se encuentra disponible en http://www.iaa.fadu.uba.ar/ojs/index.php/anales/article/view/307/html_233#notas


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LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


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“EL ATENEO GRAND SPLENDID”, QUIZÁS LA LIBRERÍA MÁS BELLA DEL MUNDO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Serie LIBRERÍAS MARAVILLOSAS DEL MUNDO

Solemos admirar los edificios por su fachada; no es común que su interior nos deslumbre más que su aspecto exterior. Sin embargo, la Librería El Ateneo Grand Splendid es uno de esos casos donde las profundidades son más luminosas que las superficies. Los invito a conocer su historia y a recorrerla.

Argentina es un país de ávidos lectores. Quizás por eso ha producido maravillosos escritores como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar y Ernesto Sábato. Buenos Aires, su capital, sigue siendo famosa por sus librerías. Incluso Umberto Eco al inicio de “El Nombre de la Rosa” hace mención de ellas:

“Si nada nuevo hubiese sucedido, todavía seguiría preguntándome por el origen de la historia de Adso de Melk; pero en 1970, en Buenos Aires, curioseando en las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del más famoso Patio del Tango de esa gran arteria tropecé con la versión castellana de un librito de Milo Temesvar…”[1].

La más bella de todas es, sin duda, la librería El Ateneo Grand Splendid[2]. Ubicada en la Avenida Santa Fe 1860, entre la Avenida Callao y la calle Riobamba, fue originalmente un cine y teatro. Ahora, el espectáculo son los libros.

EL EDIFICIO

Por encargo del empresario discográfico Max Glücksman -un inmigrante austriaco que había llegado a los 15 años a la Argentina-, y bajo diseño de los arquitectos Rafael Peró y Manuel Torres Armengol, en 1917 se inició la construcción del Grand Splendid, inaugurándose en mayo de 1919. Aunque todos los artículos hacen referencia a “los arquitectos Pizoney y Falcope” a cargo de la dirección de obra, creemos que es un errónea referencia a los grandes constructores José Pizone y Luis Falcone. Pizone tuvo a cargo la construcción del Palacio Barolo, diseñado por Mario Palanti, y Falcone la construcción del Palacio de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, diseñado por Héctor Ayerza y Edouard Le Monnier.

Esta suerte de Catedral del Teatro contaba con 550 butacas distribuidas en cuatro niveles de palcos y una platea para 500 personas. Quizás el distintivo más importante lo constituya la pintura realizada por Nazareno Orlandi en su enorme cúpula. Es una representación alegórica de la paz que celebra el fin de la 1ª Guerra Mundial[3].

GRANDES VALORES DEL AYER

Por el Grand Splendid pasaron importantes personajes del tango, y a partir de 1920 Carlos Gardel grabó varios de sus discos en un estudio instalado en la parte superior del edificio[4]. En 1923, también en uno de los pisos altos, se instalaron los estudios de Radio Splendid. En su sala se estrenaron películas mudas argentinas y se proyectó la primera película sonora llegada al país, “La divina dama”.

DEL CINE A LA LIBRERÍA

Los tiempos cambiaron. La llegada de los complejos multisalas y los cambios en los hábitos del público en los ’90, inclinado hacia el alquiler de videos, produjeron una crisis en el negocio de los cines.

Procurando una salida, Rabeno Saragusti, responsable del Grand Splendid, el 14 de febrero de 2000 firmó un contrato de alquiler con la cadena Yenny, también propietaria de la Librería El Ateneo de la calle Florida. Cerró así las puertas al cine, pero ensanchó las de la cultura, conservando su belleza original. Las cuidadosas remodelaciones fueron llevadas a cargo del estudio del arquitecto Fernando Manzone.

Hoy el hall de entrada está saturado de mesas y bateas con libros, CDs y DVDs, además de una pequeña sección de coleccionables y regalos. Pero al llegar a la sala de proyecciones uno entra en una atmósfera solemne bañada por una tenue luz. En el centro se abren escaleras mecánicas que conducen al subsuelo (área de CDs, DVDs y sala de lectura para niños); a ambos lados, una multitud de estantes exhiben libros de todo tipo de tamaño y color.

Al fondo, donde estaba el escenario, se encuentra una confitería, donde se puede tomar un café, dialogar con amigos o leer un libro.

Para acceder a los pisos superiores donde están los palcos se debe tomar un elevador. Allí se encuentra literatura, audio y videos especializados.

Para los que amamos la lectura, entrar a la Librería El Ateneo Grand Splendid es hacer realidad aquellas palabras que Borges atribuye a Ralph W. Emerson: “Una biblioteca es una especie de gabinete mágico. En ese gabinete están encantados los mejores espíritus de la humanidad… tenemos que abrir el libro, entonces ellos despiertan” [5].

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

Casi a totalidad del presente artículo ha sido extraída de nuestro artículo “Librerías Maravillosas”, © Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017, 2018. Todos los derechos reservados que puede leerse en https://pablobedrossian.com/2016/03/25/dos-librerias-maravillosas-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto, “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Ed.,p.11

[2] El Ateneo es el nombre de una cadena de librerías argentina de la cual la que presentamos es una sucursal.

[3] Para los que quieran saber más sobre la hermosa pintura en el techo, recomendamos leer el artículo publicado por Hugo Petruschansky en la Revista La Nación, del diario del mismo nombre, el 18 de julio de 2004, que puede leerse en http://www.lanacion.com.ar/618516-cupula-del-grand-splendid-como-ver-la-obra

[4] Sobre Gardel y el sitio de sus grabaciones, hay una breve pero excelente nota de Eduardo Parise en http://www.clarin.com/ciudades/Ecos-Gardel-pieza-vacia_0_456554378.html

[5] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, 1979, 2ª Impresión, p.22


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