“EL RETRATO DE DORIAN GRAY”: PLACER, CULPA Y CONCIENCIA EN LA OBRA MAESTRA DE OSCAR WILDE

Serie LECTURA RECOMENDADA

Título: “El retrato de Dorian Gray”

Autor: Oscar Wilde

Año: 1891

Descubra esta obra maestra, donde la belleza, el placer y la juventud se enfrentan al implacable espejo de la conciencia, mientras dos fuerzas opuestas combaten por un alma. Además, presentamos algunos detalles poco conocidos sobre su publicación y un curioso prefacio atribuido a uno de sus personajes.

Tal como “El conde de Montecristo” de Alejandro Dumas[1], “El extraño caso del doctor Jekyll y Mr. Hyde” de Robert Louis Stevenson[2] o “La metamorfosis” de Franz Kafka[3], el argumento de “El retrato de Dorian Gray” es archiconocido, a pesar de su escasa lectura. Sin embargo, creemos que esta novela es mucho más profunda que lo que suele suponerse y, por tanto, amerita ser leída.

Basilio Hallward es un destacado pintor que invita a Lord Henry Wotton (llamado simplemente Lord Henry en el resto de la obra) a observar cómo retrata a Dorian Gray, un joven de extraordinaria belleza que ingenuamente expresa un deseo cuando se maravilla ante la obra terminada: “¡Qué triste! Me volveré viejo, horrible, espantoso, pero este retrato permanecerá siempre joven. No será nunca más viejo que en este día de junio… ¡Si ocurriera al contrario, si fuera yo siempre joven y si este retrato envejeciese! ¡Por eso, por eso lo daría todo! ¡Sí, no hay nada en el mundo que no diera yo! ¡Por ello daría hasta mi alma!”[4]. El deseo se cumple, pero el rostro en la pintura no solo muestra el paso del tiempo, sino también la condición moral del protagonista. El cuadro actúa como un espejo de su conciencia, que, sin piedad, delata las consecuencias de sus actos.

En nuestra opinión, Basilio y Lord Henry aparecen como dos fuerzas antagónicas que luchan por imponerse en el alma de Gray. El primero, el creador -porque es el autor del retrato-, representa la voluntad divina; el segundo, el tentador, la voluntad satánica, que mira la vida con cinismo, embellece el mal y convierte el placer en una falsa forma de sabiduría. El joven elige el camino ancho, hedónico y glamoroso, donde lo importante es disfrutar del placer cerrando los ojos ante las consecuencias de sus actos. Si Basilio Hallward no se hubiera estremecido al contemplar la metamorfosis de su obra, habríamos pensado que los cambios en la pintura eran solo fruto de la imaginación de Dorian.

La obra no trata sobre el inevitable paso del tiempo, sino sobre nuestras decisiones, la responsabilidad por nuestros actos y nuestro sentido del bien y del mal, algo que nos distingue notoriamente de los animales. Como ocurre en el mito de Acteón, solemos ser incapaces de percibir los efectos que nuestros actos producen en nosotros, pero nada ni nadie nos libra de sus consecuencias.

Cabe volver a citar una historia cherokee, en la que un abuelo transmitía a su nieto una creencia popular: “Dentro de cada persona existen dos lobos; uno es bondadoso, paciente y honrado; el otro, egoísta, violento y voraz. Ambos están en lucha permanente”. El niño le preguntó: “abuelo, ¿quién gana en esa batalla?”, a lo que el anciano respondió “depende a cuál alimentes”.  

El final es extraordinario, aunque no nos sorprende; como dice Dorian Gray “La oración de un hombre al más justo Dios no debiera ser ‘Perdónanos nuestros pecados’, sino ‘Castíganos por nuestras iniquidades’”[5].

DETALLES POCO CONOCIDOS DE ESTA OBRA

“El retrato de Dorian Gray” fue publicado por primera vez en julio de 1890, en la revista estadounidense Lippincott’s Monthly Magazine. Su contenido provocó escándalo por el cinismo y la ambigüedad moral que muchos lectores consideraron ofensivos. Ante las críticas, Oscar Wilde revisó la obra, eliminó o suavizó algunos pasajes, añadió nuevos capítulos y escribió un célebre prefacio sobre el arte. La versión definitiva apareció como novela en 1891.

Sin embargo, algunas ediciones -entre ellas, la que leímos- incluyen un curioso “Prefacio del artista”, atribuido ficcionalmente a Basilio Hallward, el pintor de la novela. En él se afirma que Oscar Wilde habría conocido en su estudio a un joven de extraordinaria belleza llamado Dorian Gray, cuyo retrato habría inspirado la historia. No obstante, este texto no pertenece a la publicación original de 1890 ni al prefacio escrito por Wilde para la edición de 1891, sino que constituye un añadido posterior, de carácter apócrifo. Se atribuye al traductor Julio Gómez de la Serna su inclusión en una traducción al español. Según explicó, lo incorporó porque le parecía “gracioso e interesante” y porque representaba una pequeña “ficción superior a la realidad”; añadía, con ironía wildeana, que si Basilio Hallward no escribió ese prefacio, “debió o pudo escribirlo”.

Este tipo de añadido apócrifo, de carácter pseudoepigráfico, es mucho más común de lo que se suele creer. Uno de nuestros favoritos es un supuesto prólogo escrito por Borges: una broma a los lectores a la que el propio escritor argentino, tiempo después, se sumó. Lo conocimos gracias a una nota del gran escritor nicaragüense Sergio Ramírez, en un delicioso artículo titulado “El falso prólogo de Borges que resultó ‘verdadero’”[6].

Nosotros ya hemos comentado en este espacio otra obra de Oscar Wilde, “El crimen de Lord Arthur Savile”[7]. También hemos leído “El fantasma de Canterville”, un relato suyo en tono de humor en el que un aristocrático espectro británico es humillado en su intento de asustar a una familia norteamericana que adquirió el castillo donde él habitaba, y dos obras cortas: el cuento “El príncipe feliz” y un poema en prosa extraordinario, titulado “La casa del juicio”, cuya lectura recomendamos.

© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Ver nuestro comentario a esta obra en “El conde de Montecristo, una obra para sentir, pensar y recordar “, 25/10/2021, https://pablobedrossian.com/2021/10/25/el-conde-de-montecristo-una-obra-extraordinaria-para-sentir-pensar-y-recordar/

[2] Ver nuestro comentario a esta obra en “El extraño caso del Dr. Jekill y Mr. Hyde”, 14/10/2021, https://pablobedrossian.com/2021/10/14/el-extrano-caso-del-dr-jekyll-y-mr-hyde-el-misterio-del-otro-yo/

[3] Ver nuestro artículo “’La metamorfosis’ de Kafka, ¿quién es el que se transforma?”, 08/06/2021, https://pablobedrossian.com/2021/06/08/la-metamorfosis-de-kafka-quien-es-el-que-se-transforma/

[4] Wilde, Oscar, “El retrato de Dorian Gray”, Terramar Ediciones, 2004, 2022, p.37

[5] Wilde, Oscar, obra citada, p.242

[6] Ramírez, Sergio, “El falso prólogo de Borges que resultó ‘verdadero’», 18/6/2016, https://www.infobae.com/cultura/2016/06/18/el-falso-prologo-de-borges-que-resulto-verdadero/; ver también la nota por el mismo escritor publicada por el diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, el 11/7/2011. Nosotros la incluimos en nuestro artículo “12 anécdotas imperdibles de Jorge Luis Borges”,13/3/2015,  https://pablobedrossian.com/2015/03/13/12-anecdotas-imperdibles-de-jorge-luis-borges-por-pablo-r-bedrossian-e-ilustrada-por-luis-chavez/

[7] Ver nuestro artículo “comentario a ‘El crimen de Lord Arthur Savile’ de Oscar Wilde”, 301/10/2018, https://pablobedrossian.com/2018/10/30/un-comentario-a-el-crimen-de-lord-arthur-savile-de-oscar-wilde-por-pablo-r-bedrossian/

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