Famosos por su facilidad para adaptarse a los seres humanos y a los entornos urbanos, las guacamayas, los loros, los pericos, las cotorras y las cacatúas pertenecen al orden Psittaciformes[1], nombre que deriva del griego psittakos, término para denominar a los loros; por eso, alude a aves con forma de loro.

Los integrantes del orden Psittaciformes comparten rasgos distintivos: un pico fuerte, corto y curvado, con la mandíbula superior muy desarrollada, útil para romper semillas y frutos duros. También poseen patas zigodáctilas[2] -dos dedos hacia adelante y dos hacia atrás- rasgo característico de los psittaciformes asociado con su habilidad para trepar, sujetarse a las ramas y manipular alimentos. Además, suelen presentar cabeza relativamente grande, cuello corto, postura erguida, lengua musculosa y gran capacidad de manipulación. Muchas especies son arborícolas y, en general, sociables y longevas.

Estas aves, de amplia distribución, se agrupan en tres superfamilias:
* Psittacoidea: incluye guacamayas, loros típicos, cotorras y pericos. Aquí entran las especies americanas que aparecen en México, Centroamérica y Sudamérica.
* Cacatuoidea: incluye a las cacatúas, propias principalmente de Australasia; no forman parte de la avifauna silvestre de Centroamérica.
* Strigopoidea: incluye a los loros de Nueva Zelanda, como kakapo, kea y kaka; tampoco corresponden a Centroamérica.

Dentro del orden Psittaciformes hay más de 80 géneros, con más de 370 especies, incluidas más de 150 propias del continente americano[3]. Obviamente nos centraremos en las especies de la superfamilia Psittacoidea.

Para México, Centroamérica y Panamá, la base de datos eBird[4] (http://www.ebird.org), la más utilizada por los observadores de aves, registra 37. Si excluimos México, la cifra se reduce a 31. Presentamos una tabla con su distribución por país:

Dentro de este grupo, las más grandes son las guacamayas, reconocibles por sus colores vibrantes y sus picos grandes y claros. La mayoría de los loros de la región son verdes, con manchas de colores brillantes, colas cuadradas y cuerpos robustos. Algunas especies son capaces de imitar voces humanas, razón por la cual muchas personas las adoptan como mascotas. Los términos cotorras y pericos a veces se usan como sinónimos, pero las cotorras suelen tener cuerpos más grandes y sólidos, además de ser más ruidosas, mientras que los pericos, en cambio, tienden a presentar cuerpos delgados y colas largas y puntiagudas.

Sin embargo, guacamayas, loros, cotorras y pericos son denominaciones populares: no les otorgan identidad científica, aunque tampoco surgen caprichosamente, pues se basan en su similitud externa o fenotipo[5]. Para resumir estas diferencias, hemos preparado una tabla:

INTELIGENCIA Y CAPACIDAD VOCAL EN GUACAMAYAS Y LOROS
La inteligencia de los loros y las guacamayas no se reduce a la capacidad de repetir palabras. Un dato ayuda a comprenderlo: Olkowicz y colaboradores observaron que los loros y las aves canoras -aves capaces de aprender cantos, como muchos passeriformes- tienen muchas neuronas en relación con el tamaño de su cerebro, sobre todo en el prosencéfalo[6]. Dentro de este se encuentra el telencéfalo, una región asociada con funciones superiores en las aves y comparable, por su importancia funcional, con áreas vinculadas a la cognición en los mamíferos. Este hallazgo invita a mirar dos capacidades estrechamente relacionadas: el aprendizaje vocal y la resolución de problemas.

Las llamadas de contacto son sonidos que los loros usan para mantenerse comunicados con otros individuos de su propio grupo. En el loro nuca amarilla (Amazona auropalliata), Genes y colaboradores registraron 14 tipos de llamadas en 47 sitios de México, Guatemala, Honduras, Nicaragua y Costa Rica. El estudio no prueba que imiten voces humanas, pero sí muestra el aprendizaje vocal social: las aves aprenden y conservan sonidos propios de cada región[7]. Ese mecanismo ayuda a entender por qué, en cautiverio, algunos loros pueden reproducir palabras humanas y, en ciertos casos, usarlas en contextos adecuados. Un estudio reciente sobre loros mascotas informó casos en los que las aves parecían aplicar nombres para identificar personas o animales concretos, aunque los autores advierten que todavía quedan preguntas abiertas sobre intención, comprensión y contexto[8].

En cuanto a la inteligencia, se realizó un experimento con guacamayas verdes mayores (Ara ambiguus) y guacamayas barba azul (Ara glaucogularis) que resulta altamente ilustrativo. Los investigadores colocaron una nuez dentro de un tubo horizontal transparente. Primero, las aves vieron que un palo podía empujar la nuez hasta hacerla salir; luego, el palo fue reemplazado por pequeñas piedras. Para obtener el premio, la guacamaya debía introducir varias piedras por el mismo extremo, una detrás de otra, hasta formar una especie de “empujador” que desplazara la nuez hacia la salida. Una guacamaya barba azul resolvió la tarea después de la experiencia con el palo; otras dos aves lo lograron luego de una prueba más simple con una sola piedra. El hallazgo sugiere innovación y aprendizaje en la manipulación de objetos. Como las aves también cometieron errores -por ejemplo, introducir piedras desde el lado equivocado-, los autores evitaron afirmar que comprendieran plenamente la relación causal entre piedras, tubo y recompensa. Aun así, el experimento muestra una capacidad notable para explorar, aprender y encontrar soluciones, quizá superior a la de muchas otras aves[9].

Aunque el misterio permanece, loros y guacamayas han construido con el ser humano un vínculo singular. Para muchas personas forman parte de sus afectos más queridos; nosotros, sin embargo, creemos que nacieron para vivir en libertad.
PRESENTAMOS ALGUNAS ESPECIES DE MÉXICO, CENTROAMÉRICA Y PANAMÁ:
Guacamayas




Loros









Cotorras

Pericos




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REFERENCIAS
[1] Recordamos que la taxonomía de Linneo clasifica los seres vivos en niveles o categorías descendentes: Reino, Filo o División, Clase, Orden, Familia, Género y Especie. Hay rangos intermedios o complementarios, Como superfamilias, subfamilias, infraórdenes, subórdenes, superórdenes, subespecies.
[2] Cornell Lab of Ornithology, “Bird Academy’s A-to-Z Glossary of Bird Terms”, Cornell University, 2016, voz “zygodactyl feet”. Disponible en: https://academy.allaboutbirds.org/bird-academys-a-to-z-glossary-of-bird-terms/. Si alguno desea conocer más sobre la zigodactilia en estas especies, puede leer un trabajo sobre este tipo de pie en Botelho, João Francisco, Daniel Smith-Paredes, Daniel Nuñez-Leon, Sergio Soto-Acuña y Alexander O. Vargas, “The developmental origin of zygodactyl feet and its possible loss in the evolution of Passeriformes”, Proceedings of the Royal Society B: Biological Sciences, The Royal Society, vol. 281, n.º 1788, 2014, art. 20140765. Disponible en: https://doi.org/10.1098/rspb.2014.0765
[3] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.260.
[4] Plataforma creada y administrada por el Cornell Lab of Ornithology, perteneciente a la Cornell University.
[5] El fenotipo es el conjunto de características visibles o medibles de un organismo
[6] El prosencéfalo es la parte anterior o frontal del cerebro
[7] Genes, Molly K., Marcelo Araya-Salas, Christine R. Dahlin y Timothy F. Wright, “A cultural atlas of vocal variation: yellow-naped amazons exhibit contact call dialects throughout their Mesoamerican range”, Frontiers in Bird Science, vol. 2, 2023, art. 1266420. Disponible en: https://doi.org/10.3389/fbirs.2023.1266420
[8] Benedict, Lauryn, Veronika Groiss, Marisa Hoeschele, Eva Reinisch y Christine R. Dahlin, “Name use by companion parrots”, PLOS ONE, vol. 21, n.º 4, 2026, art. e0346830. Disponible en: https://doi.org/10.1371/journal.pone.0346830
[9] O’Neill, Laurie, Rahman Rasyidi, Ronan Hastings y Auguste M. P. von Bayern, “Innovative problem solving in macaws”, Learning & Behavior, Springer, vol. 49, 2021, pp. 106-123. Disponible en: https://doi.org/10.3758/s13420-020-00449-y
