LA MANSIÓN DE FLORES: UNA JOYA OCULTA DE LA ARQUITECTURA PORTEÑA

Muy cerca de Plaza Flores, sobrevive una de las obras más singulares de la arquitectura porteña: la Mansión de Flores. A simple vista puede pasar inadvertida, oculta entre los árboles, el tránsito y el trajín cotidiano; sin embargo, conserva un concepto diferente de comunidad, entre jardines, patios compartidos y espacios de encuentro. En esta nota recorremos su historia, su diseño y el legado de Fermín Bereterbide, un arquitecto que imaginó una forma más humana de habitar Buenos Aires.

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Buenos Aires es una ciudad infinita, no por su superficie, que, desde luego, puede ser medida, sino por la inagotable cantidad de detalles y curiosidades que ofrece. Calles, parques, esculturas, cafés, casas y edificios conforman un collar de piedras preciosas cuyo brillo seduce y sorprende.

El barrio de Flores también posee sus esmeraldas, sus zafiros y sus diamantes. Uno de ellos es un conjunto de edificios que ocupa media manzana y suele pasar inadvertido entre los árboles de la cuadra y el tránsito incesante. Nos referimos a la Mansión Popular de Flores o, sencillamente, Mansión de Flores, ubicada en el sector delimitado por las calles Yerbal, Caracas y Gavilán y por las vías del Ferrocarril Sarmiento, muy cerca de Plaza Flores[1].

Al contemplarlo, la primera impresión nos recordó al Barrio Los Andes, de Chacarita y, más lejanamente, a los nueve monoblocks del Barrio Rawson, en la zona de Agronomía. No fue resultado de la casualidad: los tres proyectos fueron creaciones del arquitecto Fermín Bereterbide[2]. De hecho, la Mansión de Flores es anterior y puede entenderse como un antecedente directo de las otras dos.  

LA HISTORIA

El proyecto nació en 1921 cuando la Unión Popular Católica Argentina organizó un concurso para construir un edificio de departamentos en Flores. La propuesta ganadora fue la de Bereterbide, quien planteó una vivienda colectiva organizada en bloques, con espacios verdes y patios comunes, bajo el lema de “luz y aire”.

El terreno provenía de antiguas propiedades de la familia Dorrego. Una parte fue adquirida en 1921 y otra fue donada en 1923, lo que permitió contar con la totalidad del solar donde hoy se levanta la Mansión de Flores[3].

Aunque impulsado originalmente por una entidad con finalidad social, el valor de los alquileres era inaccesible para familias de bajos recursos. A fines de la década de 1950, muchos inquilinos pudieron comprar sus unidades[4].

EL DISEÑO

Bereterbide innovó al crear un amplio espacio interior comunitario, con patios, jardines y áreas de encuentro. El conjunto reúne 86 departamentos[5] de 3, 4 y 5 ambientes, distribuidos en cinco cuerpos de planta baja y tres pisos, de unos 17 metros de altura, rematados por tejados y articulados en torno a cuatro patios internos abiertos. Tras las rejas de hierro forjado se ingresa a jardines con plátanos, gomeros, palmeras y tipas.

El proyecto no se limitaba a construir viviendas: proponía una pequeña comunidad organizada en torno a servicios compartidos. Incluía administración, atención médica -pensada también para servir al barrio -, gran lavadero, talleres internos y un asilo maternal para los hijos pequeños de las mujeres que trabajaban fuera del hogar. Sumaba además una cocina económica para obreros que no podían regresar a almorzar a sus casas, un salón de reuniones y un pabellón destinado a cooperativas de consumo. Ejecutada por el constructor Sabaté[6], la obra fue concluida en diciembre de 1923 e inaugurada el 12 de enero de 1924[7].

Antiguos vecinos recordaban las fuentes con peces y el clima sereno de aquellos espacios compartidos. Bereterbide buscó recrear allí la sociabilidad de la vereda, integrando arquitectura, naturaleza y comunidad, aunque los portones resultaron demasiado angostos para el uso vehicular cotidiano[8]. Sobre la calle Yerbal se dispusieron locales para atender las necesidades de sus numerosos habitantes: panadería, carnicería, lechería y almacén, pequeños servicios de proximidad que reforzaban la idea del conjunto como una comunidad autosuficiente. Aún hoy funcionan allí pequeños comercios.

En planta baja funcionó durante un tiempo un auditorio con escenario y butacas de madera, pensado para uso de los habitantes del complejo. La historiadora Alejandra Lagomarsino señala que se trataría de un caso singular dentro de los edificios de departamentos porteños por haber contado con un cine propio, aunque vecinos antiguos afirmaban no haber visto proyecciones allí[9].

ACERCA DEL NOMBRE Y EL VALOR PATRIMONIAL

Aunque hemos encontrado variantes, hasta donde hemos podido averiguar, el nombre oficial es Casa Colectiva Abel Bazán. Homenajea al abogado riojano, que fue juez, ministro y presidente de la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina.

La Mansión de Flores forma parte del entorno patrimonial del APH 15, Casco Histórico de Flores. En documentos del Gobierno de la Ciudad aparece mencionada entre los componentes relevantes del área histórica, junto con la Plaza Pueyrredón, la Basílica de San José de Flores, los pasajes Pescadores y Salala[10] y otros bienes significativos[11].

Además, en 1988 fue distinguida como “Testimonio Vivo de la Memoria Ciudadana” por el Museo de la Ciudad, por haber preservado su carácter y decoración originales[12].

Se ha dicho que en la Mansión de Flores vivió el escritor Roberto Arlt durante un breve lapso junto a sus padres, pero no encontramos evidencia que lo confirme. Lo que sí hallamos es una placa recordatoria en memoria de Alberto González Soares de parte de sus amigos y vecinos.

Este conjunto edilicio es una de las expresiones más originales de la arquitectura porteña de principios del siglo XX; tiene el mérito de haber sobrevivido en esta selva de torres conservando su diseño original y sus espacios verdes llenos de vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Su numeración sobre la calle Yerbal va del 2217 al 2291

[2] Fermín Beretebide (1899-1979); egresó de la Escuela de Arquitectura de la UBA en 1918. Ganó el concurso de para construir la Mansión de Flores con solo 22 años. Para más datos biográficos ver Liernur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura”, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.148-152

[3] Lagomarsino, Alejandra, “La mansión de Flores”, Historias de la Ciudad, Año III, N.º 16, julio de 2002, s/p. El artículo de esta investigadora de la historia porteña es extraordinario y es prácticamente una monografía dedicada a este conjunto edilicio. Cuenta con notable detalle la historia del terreno y de la construcción

[4] Lagomarsino, Alejandra, obra citada, s/p

[5] Schere, Rolando, “Concursos 1825-2006”, Sociedad Central de Arquitectos – Bisman Ediciones, 2008, p. 118 habla de 88 viviendas

[6] Las fuentes consultadas mencionan al constructor simplemente como Sabaté, sin indicar el nombre de pila, por lo que no es posible confirmar si se trata de Jorge Sabaté, nacido en 1897 y graduado como arquitecto en 1921, de otro miembro de su familia constructora u otro profesional con el mismo apellido.

[7] Schere, Rolando, obra citada, p. 118.

[8] Lagomarsino, Alejandra, obra citada, s/p

[9] Lagomarsino, Alejandra, obra citada, s/p

[10] Sobre estos pasajes, ver nuestro artículo “Los pasajes de San José de Flores: Pescadores, Salala y General Espejo”, 1/4/2020, https://pablobedrossian.com/2020/04/01/los-pasajes-de-san-jose-de-flores-pescadores-salala-y-general-espejo-por-pablo-r-bedrossian/

[11] Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, “Anexo I. Catálogo de Inmuebles Protegidos”, Buenos Aires Ciudad, s/f, p. 45. En el “Listado de Inmuebles – APH15 Casco Histórico de Flores” se incluye la Mansión de Flores, ubicada en Yerbal 2217 al 2291.

[12] Lagomarsino, Alejandra, obra citada, s/p


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