¿Y AHORA CÓMO SIGO? (por Pablo R. Bedrossian)

Hace unos días conversé con un conocido que había perdido a su hija a causa del Covid. La joven padecía un trastorno neurológico severo desde la niñez por lo que era una paciente de alto riesgo. El hombre me compartió del dolor tremendo que tanto él como su esposa sintieron a causa de su partida. Tal como él, muchas personas al sufrir grandes pérdidas se enfrentan a situaciones límite. En ese momento se preguntan “¿y ahora cómo sigo?”.

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Lo mismo acontece con aquellos que han cometido grandes errores: personas que han traicionado sus principios o que han caído en situaciones dolorosas por su propia decisión. Puede ser el caso de alguien que al perpetrar un ilícito o incurrir en una grave falta moral queda expuesto no solo a problemas legales sino al juicio social e incluso a la condena de su propia familia. Pareciera que el piso se derrumba y que nada ni nadie pueden frenar la caída. También esa persona frente a las consecuencias de sus actos puede preguntarse “¿y ahora cómo sigo?”.

Puede ocurrir algo semejante cuando una persona es víctima de una injusticia; el chisme, la calumnia, la difamación, el bullying o el ajusticiamiento en redes sociales pueden conducir a la desesperación. Peor aún la situación del que fue privado de la libertad siendo inocente, de la persona que ha sido abusada o ha padecido torturas u otras formas de violencia, amenazas o extorsión. También se plantea “¿y ahora cómo sigo?”.

Algo similar sucede ante la aparición de una enfermedad inesperada o un accidente que invalida. La persona se cuestiona “¿y ahora cómo sigo?”.

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Una vieja canción de Paul Simon dice “ahora debo poner en duda todo lo que creía cierto”. Más de una vez, sea por voluntad propia, ajena o por simple conjunción de las circunstancias, la vida nos expone a dramáticos cambios de rumbo de nuestra vida.

Hay una inspiradora historia que nos dice que, aunque no lo veamos, hay un camino. Es la historia de Pedro, el discípulo de Jesús. Cuando detienen a su maestro se arriesga a seguirlo hasta donde lo han llevado. Es una noche gélida, y decide calentarse frente a una fogata que han armado los alguaciles. Una criada, al verle, dice “este estaba con él”. Pedro responde “no lo conozco”. Minutos después otro lo señala: “tú también eres de ellos”. Él se defiende: “No es cierto”. Una hora después alguien más lo acusa: “estabas con él; tú también eres galileo”. Pedro se molesta: “no sabes lo que dices”. Enseguida se oye un gallo cantar. Pedro descubre que Jesús, desde lejos y atado, lo mira. En ese momento recuerda suadvertencia: “antes que el gallo cante me negarás tres veces”. Sale y llora amargamente[1]. Ha fallado a su promesa: “estoy dispuesto a ir contigo no solo a la cárcel, sino también a la muerte[2]. Se da cuenta que ha traicionado a su maestro.  

Jesús es enjuiciado y condenado a muerte. El sueño de Pedro se acaba. Había dejado todo por seguirlo y ahora se queda con las manos vacías. ¿Y ahora cómo sigo?

Decide volver a su mundo de anzuelos y redes[3]. La gran aventura había terminado. Pero en ese momento ocurre lo inesperado. Ve a su maestro resucitado. Come con él y, aunque percibe cierta reserva, comprende que lo ha perdonado[4]. Jesús se va, pero algo sucede: llega el día de Pentecostés, el Espíritu Santo viene sobre él y de pronto el pescador se convierte en un fogoso predicador, en un líder inmenso y en padre de la fe.

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Si la vida es lo que nos pasa, la actitud es lo que hacemos con lo que nos pasa. Nuestra existencia es como una partida de naipes: uno no elige la mano que le toca, pero sí cómo la juega. Hay gente que ha recibido malas cartas y, sin embargo, han ganado grandes partidas. Otros, en cambio, han dilapidado cartas ganadoras. ¿Dónde está la diferencia? No en la baraja, sino en uno mismo. La fe es una actitud. Sin fe, cualquier iniciativa fracasa.

Cuando Jesús murió Pedro no pudo imaginar el futuro y se rindió ante su propio fracaso. Sin embargo, tras haberlo perdido todo, Dios le dio una aventura aún mayor, más vibrante e intensa. Quizás puedas sentirte como Pedro en aquel momento de humillación y desconsuelo. Tal vez pienses que has perdido lo mejor de tu vida y que ya no hay remedio, pero Dios, como a aquel pescador galileo, hoy te dice que en sus manos todo es posible[5]. Jesús lo afirmó de una manera contundente: “No os dejaré huérfanos; vendré a vosotros”[6]. Si te preguntas “¿Y ahora cómo sigo?” comienza a caminar con la mirada puesta en Dios.

© Pablo R. Bedrossian, 2022. Todos los derechos reservados.


BONUS: Te comparto una canción titulada «Un nuevo comienzo» para animarte a salir del dolor y la desesperanza, en la voz de Julio Guez


REFERENCIAS

[1] Lucas 22:56-61

[2] Lucas 22:33

[3] Juan 21:3

[4] Juan 21:13

[5] Mateo 19:26

[6] Juan 14:18

5 comentarios en “¿Y AHORA CÓMO SIGO? (por Pablo R. Bedrossian)

  1. Excelente Pablo. Felicitaciones! Práctico de entender, validando que somos tanto observadores de lo que nos acontece, como forjadores de nuestro destino mediante la acción. Muchas gracias por compartir esta gran reflexión. ~ JAM

  2. Pablo querido. Gracias por tus perlas. Me son de mucha bendición. Lo puedo pegar en mi Facebook? Te envié un audio hoy… no se porqué estás instrusiones no me caen bien hoy. Me gustaría oír tu opinión. Un abrazo Guillermo Ezequiel Sedaca

  3. Gracias Pablo , en la incansable tarea de seguir adelante …, donde no hay varitas mágicas , sino la voluntad y la acción de poder mejorar día a día !!!!! Abrazooooo!!
    PD: muy buena versión!!!!!

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