LA CALLE LUIS DELLEPIANE, UN EXTRAÑO CASO EN EL CENTRO PORTEÑO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Para mí el centro de Buenos Aires está delineado por cuatro avenidas: Belgrano el sur, Entre Ríos / Callao al oeste, Santa Fe al norte y Paseo Colón / Leandro N. Alem al este. Es un cuadrilátero mental arbitrario pues, como se sabe, el barrio Centro no existe. En todo caso, incluye los barrios de San Nicolás, Monserrat y parte de Retiro.

En el Centro hay varias callecitas curiosas que son consideradas pasajes o cortadas, tales como Tres Sargentos, Carabelas, Rodolfo Rivarola y Del Carmen. Quizás la menos conocida y, acaso, la más extraña es la calle Luis Dellepiane.

La calle Luis Dellepiane -que la gente llama pasaje– tiene una sola cuadra. Según la dirección del tránsito vehicular se accede exclusivamente desde la calle Tucumán y se sale por la calle Viamonte. Corre paralela a las calles Montevideo y Rodríguez Peña, entre las cuales se encuentra, a escasos pasos de otra calle de una sola cuadra: Del Carmen, que se encuentra un poco más abajo y corre desde la calle Viamonte a la Avenida Córdoba. Sin embargo, en nada se le parece. Mientras Del Carmen es una calle formal, Luis Dellepiane es una calle extravagante por la cual, pese a su ubicación, pasan muy pocos coches.

Si iniciamos el recorrido desde la calle Tucumán, todo parece normal. En la esquina noreste un edificio de estilo academicista emerge con autoridad mientras enfrente un edificio racionalista le hace compañía.

Allí puede observarse una placa conmemorativa que presenta a quien recibe el nombre de la calle: el político y legislador radical Luis Dellepiane, hijo del Gral Luis J. Dellepiane, quien llegara a ser ministro de Guerra durante el segundo mandato de Hipólito Yrigoyen.

A medida que uno avanza las edificaciones son más bajas y las fachadas menos cuidadas; a la vez, empiezan a aparecer ornamentaciones curiosas, varios murales e interesantes trabajos de herrería.

En la media cuadra final aflora una versión (o varias) curiosa de arte urbano, sin un signo definido.

Incluso el empedrado luce allí más antiguo. Los murales van desde uno de aspecto surrealista a otro rayano con la caricatura.

Hay un mural con elementos comunes a uno del pasaje Soria, en Palermo, y a otro de la Boca, frente a la Usina del Arte, pues ha sido creado por las mismas manos, el grupo BA PASTE UP, reconocido por collages colectivos en vía pública mediante la técnica de paste up o pegatina[1].

La cereza del postre lo constituye la Casa David[2], ya en la esquina, con curiosos relieves en su fachada, incluyendo una hamburguesa y un pancho sobre la calle Viamonte y otras que parecen media lunas en la parte superior de la ochava.

En nuestra última visita comprobamos que allí aún perdura una suerte de quiosco o, más bien, despacho de bebidas, atendido a través de una reja.

No hace falta decir que su atmósfera le confiere un aspecto aún más bizarro al lugar, atractivo suficiente para una visita a la calle Luis Dellepiane.

UNA HISTORIA

Un vecino me relató una historia que me pareció muy emotiva. Como siempre digo, no hay forma de comprobar en forma fehaciente su veracidad, pero son tantas las cosas que ocurren en Buenos Aires, que siempre la ficción le gana a la realidad; tal como aquella frase en catalán no hi ha somnis impossibles: no hay sueños imposibles.

Durante un tiempo un mendigo paró en la calle Luis Dellepiane. Debería tener unos 60 o 65 años. Usaba un enorme sobretodo gris, rasgado y deshilachado, que nunca se quitaba. Su vasta cultura era llamativa. Por ejemplo, una vez pasaron unos franceses y logró comunicarse aceptablemente con ellos su lengua. En otra ocasión recitó un largo texto que un profesor de literatura reconoció como parte de un ensayo de Ernesto Sábato. Además, conocía todas las capitales del mundo. Una vez, un vecino para probarlo le preguntó cuál era la capital de Madagascar a lo que inmediatamente respondió Antananarivo. Sin embargo, el hombre de tan prodigiosa memoria no recordaba quién era: no sabía ni su verdadero nombre, ni de dónde provenía. Los vecinos formularon toda clase de conjeturas. Unos decían que era alcohólico, pero nunca se lo vio con una botella; otros, que se había escapado del Hospital Borda. No faltaba quien culpaba la familia por el abandono. Como era inofensivo, nadie lo molestaba, ni siquiera la policía. En esos pocos meses se había vuelto parte del paisaje.

Una viuda que vivía en una de las casas bajas de la calle Dellepiane decidió hacer un experimento: invitó al hombre a su casa, le permitió ducharse, afeitarse, le dio de comer y le regaló ropa de su finado marido. El hombre se comportó como un caballero, haciendo gala de buenos modales. Después de ese día desapareció. Tres meses después alguien muy bien vestido y con un ramo de flores golpeó la puerta de la mujer: era el mismo hombre enfrascado en un impecable traje azul; había ganado peso, se había dejado el bigote y lucía un elegante peinado. La mujer lo invitó a pasar y le ofreció un café. Él le contó que luego del aquel encuentro, esa misma tarde recordó la imagen de una casa y el nombre de la calle donde estaba. Fue en a buscarla y la encontró.

Tocó el timbre y una joven mujer -luego supo que era su hija- comenzó a abrazarlo. Ahora vivía allí, recibiendo amor, pero sin memoria alguna del pasado. La hija le contó que él había desaparecido sin dejar rastro tras el repentino fallecimiento de su mujer a causa de un accidente. El hombre se vio a sí mismo en las fotos, pero era incapaz de reconocer ni a su esposa, ni a la hija ni a ningún otro conocido. No tenía memoria de ningún evento de su pasado. Se enteró que había sido un destacado periodista y que había viajado por el mundo; que se lo conocía como un erudito y un hombre de gustos refinados. Un caso muy raro de amnesia. Sin embargo, sí recordaba -le dijo- la calle Dellepiane, los meses pasados allí y a la vecina que le abrió su casa. Ese día había regresado para agradecerle e invitarla, si ella estaba dispuesta, a seguir conversando en una confitería de la zona. Ella dijo que sí. El resto ya es historia.

© Pablo R. Bedrossian, 2022. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Pegatinas que viven BA PASTE UP: paredes que hablan en Palermo Soho”, Clarín Digital, 17/05/2016; https://www.clarin.com/entremujeres/entretenimientos/arte-y-cultura/ba-paste-up-palermo-soho_0_NJBt2IEMb.html. Para más información sobre estos talentosos artistas, se puede visitar su website en https://linktr.ee/bapasteup

[2] Espina Rawson, Enrique, “Fervor x Buenos Aires”, 2019, Israstzoff, p.87



CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.



Categorías:Pasajes y Calles Curiosas de Buenos Aires

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5 respuestas

  1. El ministro de Guerra de Yrigoyen es el padre del legislador, general Luis J. Dellepiane.

    • ¡Gracias, Hernán! Supongo, a riesgo de equivocarnos, que por tu segundo apellido sos descendiente de los Dellepiane de la calle. Haremos la corrección, entendiendo que Luis Dellepiane es hijo de Luis J. Dellepiane, quien fuera ministro de guerra. Cordiales saludos.

  2. Así es Pablo, el diputado radical del pasaje era primo hermano de mi abuelo materno; aprovecho para felicitarte por tus siempre tan interesantes artículos, a la familia Dellepiane también le gustó el del pasaje, muy buenas las fotos!

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