LA ESTATUA DE LA LIBERTAD EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

La Estatua de la Libertad, uno de los monumentos más famosos del mundo, fue un regalo del gobierno francés al pueblo de los Estados Unidos para celebrar el centenario de su Declaración de la Independencia. Recién pudo ser inaugurada diez años después, el 28 de octubre de 1886. 

Emplazada en la Liberty Island, al sur de Manhattan, Nueva York, la imponente escultura tiene 46 metros de alto, y alcanza los 93 metros desde el suelo hasta la antorcha, si incluimos su base. Fue diseñada por el francés Frédéric Auguste Bartholdi y para su construcción requirió una solución estructural en hierro y acero desarrollada por el famoso ingeniero Gustav Eiffel.

Si Ud. desea saber más sobre la escultura original, puede leer nuestro artículo “La Estatua de la Libertad” en https://pablobedrossian.com/2020/03/30/la-estatua-de-la-libertad-por-pablo-r-bedrossian/

DEL TALLER DE BARTHOLDI A BUENOS AIRES

Del taller del escultor salieron varios modelos, obviamente a menor escala. Quizás el más importante haya sido uno en bronce que utilizó Bartholdi para hacer la enorme escultura enviada a Nueva York. De casi tres metros, hoy se encuentra ubicado en el salón principal del Musée d’Orsay de París.

Además otra copia fiel de ese mismo modelo se puede admirar en los Jardines de Luxemburgo de la misma ciudad.

LA ESTATUA ANTES EN BUENOS AIRES QUE NUEVA YORK

Más interesante aún es un modeloen hierro rojo pintada color bronce, también surgido de los moldes del artista, ubicada en las Barrancas de Belgrano, en Buenos Aires.

La he visto con dos tonalidades: intensamente roja (seguramente luego de una limpieza) y verde, a causa de la oxidación. Tiene grabada la firma de Bartholdi en la base de uno de sus lados. Además una inscripción indica que la fundición fue realizada por la empresa Val d´Osne de París.

Para sorpresa de muchos, la Estatua de la Libertad de Buenos Aires fue inaugurada antes que la de Nueva York. Sin embargo, hay discusiones acerca de la fecha exacta: se dice que fue en 1886, casi un mes antes que su gigantesca hermana; sin embargo, Nicolás Gabriel Gutiérrez, autor de “Mármol y Bronce”, afirma que, según Alberto Octavio Córdoba en su libro “El Barrio de Belgrano, Hombre y Cosas de su Pasado”, la Estatua de la Libertad porteña fue inaugurada 11 años antes, en 1875[1]. Según una nota del diario La Nación, el Ministerio de Cultura se basó en la misma obra de A. O. Córdoba para presentar también esa fecha como correcta ante la consulta de un miembro del Club de los Amigos de la Estatua de La Libertad[2].

Entonces, buscamos en aquel libro y encontramos dos datos interesantes en su página 59. El primero es que José Saborido, quien había sido Juez de Paz, al presentar su renuncia al cargo, elevó una Memoria donde describía sus labores: “en la Casa Municipal y Comisaría se han introducido algunas mejoras compatibles con el estado precario de su caja, tales como la colocación de gas interior y la cañería para la iluminación exterior, la colocación de la estatua de la Libertad, el empedrado y los faroles en las entradas, las pinturas en el salón y de las rejas exteriores”[3]. El segundo es que “Don José G. Saborido ocupó el cargo de Juez de Paz solo por el término de cuatro meses; desde el 3 de enero hasta el 11 de abril de 1875”[4].

Esta información genera algunos interrogantes, algunos aún sin respuesta. ¿Cuál fue el emplazamiento original?; ¿fue realmente en las Barrancas de Belgrano? El texto sugiere que la primitiva ubicación pudo haber sido la Casa Municipal. Si fuera así, ¿cuándo fue trasladada a su locación actual? Una segunda cuestión es quién la adquirió. Se dice que la escultura fue comprada por la Municipalidad de Buenos Aires. Sin embargo, los actuales barrios de Belgrano y Flores por aquel entonces eran municipios y fueron incorporados a la ciudad de Buenos Aires recién en 1887, por tanto, sea en 1875 como propone Alberto Octavio Córdoba o en 1886 como se sostiene habitualmente, Belgrano no pertenecía a la Municipalidad de Buenos Aires.

Finalmente, surge una incógnita más ¿la Estatua de la libertad de la que habla la Memoria de Saborido es la misma que la que hoy admiramos? Suponemos que sí, pues el escultor estaba muy activo y ya había imaginado esta estatua como un inmenso faro en 1866 para colocar en el Canal de Suez[5].

EL TEMA Y OTRA ESTATUA DE LA LIBERTAD EN BUENOS AIRES

La Estatua de la Libertad, de inspiración clásica, recuerda a la diosa griega Hécate, tanto por su corona de siete rayos -en lugar del tradicional gorro frigio– como por la antorcha ardiente. La tea encendida se ha utilizado en el arte desde la antigüedad y el autor se ha servido de ella para representar la llama de la libertad. El brazo izquierdo sostiene una tabla donde está grabada en números romanos la fecha de la Declaración de la Independencia de los Estados Unidos.

No es esta la única Estatua de la Libertad en Buenos Aires; hay otra con un aspecto levemente diferente coronando el frontón de la Escuela Normal Superior Nº 9 “Domingo Faustino Sarmiento”, ubicada sobre la avenida Callao entre la avenida Corrientes y la calle Lavalle.

Buenos Aires, capital del arte de Sudamérica, pone al alcance de todos sus maravillosos tesoros.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados


BONUS: ACERCA DE LA FONDERIE D’ART DU VAL D’OSNE

Tras la publicación de la nota, algunos lectores comentaron acerca de la empresa de fundición de arte Val d’Osne. Por ello, y para proveer mayor información sobre esta histórica empresa de arte en metal, transcribimos un extracto de un artículo del sitio web de la Marc Maison Gallery, que hemos incluido en nuestra nota “La vieja casona de Basavilbaso 1233” publicada en https://pablobedrossian.com/2015/06/20/la-vieja-casona-de-basavilbaso-1233-por-pablo-r-bedrossian/:

“Gracias a la invención del hierro fundido artístico, se produjo un gran número de esculturas resistentes de alta calidad y a menudo de dimensiones monumentales. El hierro fundido era más asequible que el bronce, y el siglo XIX experimentó una locura por este material, por lo que este siglo también fue llamado ‘el siglo de hierro’. Los artistas pronto se aprovecharon de las posibilidades que este nuevo ornamento de metal les dio.  

‘Arte de fundición’ se refiere a varios tipos de objetos: un solo carácter, busto o grupo, piezas monumentales, relieves bajos y altos, esculturas incorporadas en un conjunto arquitectónico (normalmente un proyecto monumental como fuentes, estatuas ecuestres y monumentos conmemorativos). Los temas de estas obras de arte son seculares y religiosos.

La empresa Val d’Osne fue una fundición de arte fundada en 1835 por Jean Pierre André Victor, inventor de la técnica ornamental de hierro fundido. Su objetivo original era la fabricación de mobiliario urbano y hierro fundido decorativo, la empresa rápidamente se convirtió en el mayor fabricante de hierro fundido de arte en Francia bajo el nombre de “Val d’Osne fundición de arte”. Después de su muerte, su sobrino, André Hippolyte (1826-1891), estuvo a cargo de la compañía. Los talleres se ubicaron en Val d’Osne (Haute Marne, Francia) y su sede y galería en el nº 58 del Boulevard Voltaire en París”.

Nosotros agregamos que Val d‘Osne fue comprada en 1931 por un competidor; sin embargo, hasta el día de hoy no solo en Buenos Aires sino tembién en otros lugares de Sudamérica y Europa se mantienen intactos maravillosos testimonios de su arte.


REFERENCIAS

[1] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, Esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.70

[2] Costa, Federico, “De Nueva York a Belgrano: “La Libertad escondida en Buenos Aires”, Diario La Nación, Buenos Aires, 11 de marzo de 2019. La nota se puede leer en https://www.lanacion.com.ar/sociedad/de-nueva-york-belgrano-la-libertad-escondida-nid2222286

[3] Córdoba, Alberto Octavio, “El Barrio de Belgrano, Hombre y Cosas de su Pasado”, Cuadernos de Buenos Aires XXVII, Secretaría de Cultura y Acción Social, Municipalidad de Buenos Aires, 1968, p.59. La negrita sobre la frase la colocación de la estatúa de la Libertad es nuestra.

[4] Córdoba, Alberto Octavio, Op. cit., p.59

[5] Ceysson, Bernard; Bresc-Bautier, Geneviève; Fagiolo dell’Arco, Maurizio; Souchal, François, “Sculpture”, Vol. 2: “From the Renaissance to the Present Day”, Taschen, 1999, p.373


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CEMENTERIOS EXTRAORDINARIOS (por Pablo R. Bedrossian)

La palabra cementerio tiene su origen en el término griego koimêtêrion (“dormitorio”) que a su vez deriva de la expresión koimáõ que significa “me acuesto”[1]. Se atribuye a los cristianos el primitivo uso de la palabra cementerio con ese significado: “lugar de los que duermen”. De hecho, el apóstol Pablo llama así a los cristianos que ya han muerto cuando él escribe a mediados del siglo I: “Tampoco, hermanos, queremos que ignoréis acerca de los que duermen, que no os entristezcáis como los otros que no tienen esperanza. Porque si creemos que Jesús murió y resucitó, así también traerá Dios con él a los que durmieron en Jesús”[2].

Para muchas personas el cementerio es un lugar de honda tristeza pues yacen allí los restos de sus seres queridos. Ha sido el lugar de dolorosas despedidas y momentos de profundo recogimiento. En un diálogo que tuve con el escritor argentino Jorge Luis Borges, hablando de la Recoleta comentó:

– El otro día fui a caminar por el cementerio. Allí descansan los restos de mis padres. En ese momento pensé: si mis padres están en algún lugar seguro que no es en este sitio donde todo es polvo y corrupción[3].

Sin embargo, los cementerios no solo producen tristeza sino también nos recuerdan la historia; los epitafios nos acercan a quienes nos precedieron y la arquitectura de muchas tumbas nos hace admirarlas como auténticas obras de arte. Por eso, presentamos aquí cementerios extraordinarios en breves reseñas para que Ud. decida si desea conocerlos.

1. CEMENTERIO DE LA RECOLETA, BUENOS AIRES, ARGENTINA

Aunque el cementerio de la Recoleta fue establecido en 1822, recién en 1881, gracias a una completa remodelación que imitaba el estilo de los cementerios europeos, adquirió su nueva fisonomía[4]. Las décadas siguientes constituyeron la época de oro de la Argentina y las familias adineradas contrataron famosos arquitectos y escultores para adornar las tumbas de sus seres queridos. “Estos príncipes de las pampas copiaron a los burgueses italianos y franceses no solo en sus ropas y en su espíritu, sino también las esculturas que admiraban en los cementerios de Père Lachaise en París y Staglieno en Génova[5].

Contiene 4,970 bóvedas en sus casi cinco manzanas y media. En su mayoría se levantan como pequeños edificios que contienen ataúdes, altares y símbolos religiosos coronados por ángeles y cruces en sus techos.

Confluyen en ellas una gran cantidad de estilos arquitectónicos como el eclecticismo, art nouveau, el art deco o incluso, el arte egipcio.

Una de las mayores curiosidades, tanto por su diseño como por su historia, es la tumba Tomás Guido quien fuera amigo personal y compañero de armas del General José de San Martín. Su tumba fue levantada por su hijo, el poeta Carlos Guido Spano, con piedras traídas de la Cordillera de los Andes.

Algunos sepulcros, como en de la familia Leloir, de la cual Luis Federico es el más conocido por haber recibido el Premio Nobel de Química en 1970, son imponentes. Otros sorprenden por sus historias y su arte, como el de Rufina Cambaceres.

El Cementerio de la Recoleta reúne la mayor concentración de tumbas de celebridades, empresarios y políticos argentinos, como la de Evita y la de Domingo Faustino Sarmiento. Tanto el cementerio en general como muchas de sus tumbas han sido declaradas sido declaradas Monumento Histórico Nacional.

2. CEMENTERIO DE PÈRE LACHAISE, PARÍS, FRANCIA

Este gran cementerio parisino de calles empedradas y jardines ingleses toma su nombre del confesor del Rey Luis XIV, el padre La Chaise.

Es un lugar verde y apacible ubicado sobre una suave loma con unos 70,000 terrenos cedidos en concesión para tumbas y sepulcros. Muchos de ellos son verdaderos monumentos que homenajean a quienes yacen allí. En particular nos llamaron la atención los recuerdos a soldados muertos, muchos de ellos anónimos, que dieron la vida por su patria.

Además, descansan allí grandes protagonistas de la historia y la cultura francesa, como Molière, Balzac, Champollion, Maria Callas, Edith Piaf e Yves Montand, e incluso extranjeros fallecidos en París como Frédéric Chopin, Oscar Wilde y Jim Morrison.

En el centro del cementerio se encuentra el imponente crematorio que constituye por sí mismo una extraordinaria obra de arquitectura diseñada por Jean-Camille Formigé.

Forma un complejo con el columbario anexo y ha sido declarado Monumento Histórico Nacional.

3. CEMENTERIO JUDÍO, PRAGA, REPÚBLICA CHECA

Este cementerio fue utilizado desde principios del siglo XV hasta 1787. Aunque hoy conserva unas 12,000 lápidas, se estima que debajo de ellas descansan los restos de más de 100,000 israelitas.

Durante más de 300 años fue el único lugar de Praga donde se le permitió a la comunidad hebrea enterrar a sus muertos, por lo que debajo de cada tumba visible hay muchas otras de personas desconocidas que vivieron, amaron y sufrieron.

Está ubicado en Josefov, el barrio judío de Praga, que tiene una triste y larga historia, iniciada cuando en 1096, durante la Primera Cruzada, se obligó a los judíos a concentrarse en un barrio amurallado.

Junto a la entrada del cementerio -cuya visita es conmovedora- se encuentra el antiguo edificio de la Jevrá Kadishá, la fraternidad fúnebre, que se ocupaba de los ritos funerarios que son de gran relevancia para la comunidad judía. El edificio, que se puede visitar, parece un pequeño castillo. Su construcción data de 1906 pero la Jevrá Kadishá de Praga fue creada en 1564[6].

Umberto Eco en 2011 publicó una novela que lleva el nombre del sitio, “El Cementerio Judío de Praga”, donde desenmascara la historia de los tristemente célebres “Protocolos de los Sabios de Sion”.

4. CEMENTERIO NACIONAL DE ARLINGTON, VIRGINIA, ESTADOS UNIDOS

Muy cerca de Washington D.C., apenas cruzando el río Potomac, se encuentra el cementerio militar más grande de los Estados Unidos, el Cementerio Nacional de Arlington.

Fue creado durante la Guerra de Secesión y contiene los restos de veteranos de todas las épocas, desde la Guerra de Independencia de los Estados Unidos hasta las invasiones militares en Afganistán e Irak.

Impacta la enorme cantidad de lápidas blancas en fila con los nombres de hombres y mujeres que sirvieron (y murieron) por su país. 

Hay algunas tumbas especiales como la Tumba del Soldado Desconocido o el Memorial a John F. Kennedy que son muy visitadas, pero hay otros sitios importantes de recuerdo como el de las víctimas del fatídico 9-11, el correspondiente a los fallecidos en la explosión del transbordador espacial Challenger y el dedicado a las 259 víctimas del atentado aéreo a un vuelo de Pan Am en Escocia.

El lugar inspira un hondo respeto y mueve a reflexionar sobre la vida, la guerra y la muerte.

5. EL CEMENTERIO O NECRÓPOLIS DE COLÓN EN LA HABANA

Este magnífico cementerio levantado en la segunda mitad del siglo XIX fue creado para albergar la tumba de Cristóbal Colón. Sin embargo, nunca recibió los restos descubridor de América que por aquel entonces yacían en la catedral de La Habana.

Declarado Monumento Nacional, tiene magníficas bóvedas y tumbas anteriores a la revolución castrista, de gran valor histórico, cultural y artístico.

Quizás el sepulcro más visitado sea el panteón de la familia Falla y Bonet; entre otros elementos incluye una pirámide trunca granito gris pulido con un Cristo de bronce sobre ella. Considerada una de las piezas funerarias más bellas del planeta, es creación del escultor español Mariano Benlliure.

Una de las mayores curiosidades es que es el único lugar en la isla -según me explicaron allí- donde existe la propiedad privada. Aunque no hemos podido aún documentarlo, el guía que nos acompañó en la visita contó que por esa razón durante un tiempo una mujer trasladó allí su oficina.

Ángeles, mármoles y cruces en un tono intensamente blanco hacen de este cementerio una extraordinaria galería de escultura al aire libre digna de admirar y visitar.

6. CEMENTERIO GREYFRIARS, EDINBURGO, ESCOCIA

Este cementerio no se destaca como el de la Recoleta, el Père Lachaise o el de Colón en La Habana por su arte, ni tampoco como el Cementerio Judío de Praga o el Nacional de Arlington por el recogimiento, sino por la simpatía y el misterio.

Hablamos de simpatía pues cerca de la entrada se encuentra la famosa estatua de Bobby, el perrito que permaneció durante 14 años -hasta su muerte- junto a la tumba de su dueño. Hay una lápida que recuerda a este Skye Terrier que vivió a mediados del siglo XIX, que, en realidad, se encuentra enterrado en otro lugar del cementerio.

Pero dijimos misterio porque la leyenda cuenta que en el cementerio habita el fantasma de George “Bloody” Mackenzie, un abogado y político que encarceló en una prisión vecina a 1200 covenanters presbiterianos opuestos al gobierno católico que regía el Reino Unido durante la  segunda mitad del siglo XVII. Muchos de los reos fueron ejecutados y otros murieron debido al maltrato. Finalmente el rey Jacobo II fue derrocado en la Revolución Gloriosa en 1688 y tres años después Mackenzie murió y fue enterrado en este cementerio. Incluso hay tours nocturnos por el Greyfriars, considerado uno de los lugares más tenebrosos del planeta.

Al lado de Greyfriars se encuentra nada menos que la Georges Heriot’s School, un antiguo colegio que dicen que inspiró Hogwarts, “el mejor colegio de magia y hechicería del mundo”, según la saga de Harry Potter.

De paso, no hay visita a la ciudad de Edinburgo que no incluya la vista de la cafetería donde, según se cree, J.K. Rowling creó al famoso personaje.

7. CEMENTERIO DE LA SAINT’S PAUL CHAPEL, DE LA TRINITY CHURCH, NEW YORK, ESTADOS UNIDOS

La Capilla de San Pablo (en inglés, St. Paul’s Chapel), ubicada sobre la avenida Broadway en el Bajo Manhattan, forma parte de la famosa Trinity Church vecina a Wall Street. Fue construida en 1766, siguiendo el influyente diseño de la iglesia St Martin-in-the-Fields erigida en Londres por James Gibbs en 1721.

Esta iglesia episcopal que sobrevivió a los atentados de 2001 contra sus vecinas, las Torres Gemelas, cuenta en sus jardines con un antiguo cementerio abierto al público que recibe un millón de visitantes por año.

Están enterrados allí varios héroes de la independencia y otros neoyorquinos ilustres. A diferencia de los grandes cementerios, este pequeño camposanto no muestra panteones o bóvedas, sino simplemente tumbas identificadas por lápidas, la más antigua de 1704[7]. Otra sepultura datada en 1750 tiene una estrella sobre la piedra cincelada por un herrero pues en aquel entonces no había especialistas en la zona. En la segunda mitad del siglo XVIII comenzaron a aparecer otros símbolos de fe en las tumbas y en ocasiones algún epitafio acompañando el nombre de las personas y la fecha de su defunción.

Este cementerio declarado Sitio Histórico Nacional es en sí mismo un valioso documento sobre el pasado de la ciudad y la nación, incluso antes de la declaración de su independencia. Constituye, a la vez, un remanso en medio del ajetreo de la Bolsa de Comercio de New York y las agencias bancarias. Invita a meditar sobre la vida y hacer lo que amamos mientras podamos.

CEMENTERIO GENERAL DE CHICHICASTENANGO, GUATEMALA

Guatemala conserva un alto porcentaje de la población indígena, en su mayoría correspondiente a tribus descendientes de los mayas. Entre ellos todavía se practica lo que se conoce como animismo católico, una fusión entre el cristianismo de los conquistadores y las creencias religiosas prehispánicas que mantiene vivas un conjunto de tradiciones, como las procesiones rituales.

En Chichicastenango, sede de un maravilloso mercado indígena que es también el más grande de Centroamérica, se vive una intensa espiritualidad. Según la tradición maya, honrar a los muertos mueve a los vivos a aceptar la inevitabilidad de la muerte.

Su cementerio, ha considerado por la National Geographic como uno de los más coloridos del mundo[8]. Sin embargo, no es un lugar bullicioso; más bien se impone un reverente respeto por los ancestros.

Los parientes pintan las tumbas de diferentes colores y para integrante hay un color asignado según su rol dentro de la familia. Vale la pena admirar las tumbas y entender que a través de sus colores el pueblo expresa su fe.

RESUMIENDO

Desde luego, los cementerios nos recuerdan la pérdida de los seres amados y la brevedad de nuestro paso por la vida, pero también son silenciosos testigos de la historia; en cada visita pueden revelarnos algunos de los secretos del pasado. Además, constituyen un espacio único de arte y arquitectura que nos conmueve por los sentimientos que comunica.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Corominas, Joan, “Breve Diccionario Etimológico de la Lengua Castellana” de Joan Corominas, Biblioteca Románica Hispánica, Gredós, 1961, tercera edición “muy revisada y corregida”, 2000, p.144

[2] 1ª Epístola a los Tesalonicenses 4:13,14

[3] La entrevista ha sido publicada por primera vez en “El Expositor Bautista”, agosto 1986, y posteriormente reproducida en varios websites. Puede leerse completa en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges” y puede leerse en https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[4] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, 2013, p.28

[5] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.7

[6] Entrevista al director del Museo Judío de Praga, Leo Pavlát, que puede leerse en https://www.radio.cz/es/rubrica/legados/antiguo-cementerio-judio-de-praga-un-lugar-magico-que-inspira

[7] https://www.nps.gov/sapa/learn/historyculture/stpaulschurchcemetery.htm

[8] https://www.nationalgeographic.com/travel/destinations/north-america/guatemala/chichicastenango-maya-cemetery/


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LA VICTORIA DE SAMOTRACIA (por Pablo R. Bedrossian)

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

VICTORIA POR TODAS PARTES

La emoción que produce esta figura alada ha hecho que se multipliquen sus réplicas. Hay muchas curiosas, como la Victoria de Samotracia Azul de Yves Klein. Nosotros preferimos compartir algunas más sobrias que ilustran el amor por esta joya.

La primera que presentamos se encuentra en lo alto de una columna de capitel jónico en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise.

La segunda la encontramos en la casa y estudio de Frank Lloyd Wright en Oak Park, Chicago, Estados Unidos. El famoso arquitecto que diseñó el Guggenheim Museum de New York, The Rookery Building en Chicago y la Residencia Kaufmann, más conocida como “Fallingwater” o la “Casa de la Cascada”, decoró su oficina con una reproducción a menor escala que la original.

Las últimas dos que vamos a mencionar se encuentran en Buenos Aires, Argentina. La primera se ubica en un patio interior del Palacio Estrugamou, una monumental construcción de departamentos en la zona de Retiro. Aunque está prohibido la acceso del público al edificio, se puede admirar desde una de las entradas que dan a la calle Juncal. El ala izquierda es de menor tamaño que la del Louvre. Para nosotros es la más bella de todas las que hemos visto.

La otra se encuentra en el Museo Ernesto de la Cárcova y es un calco del original, de modo que conserva el tamaño original.

En un interesante trabajo Milena Gallipoli nos cuenta que el Louvre creó su taller de calcos en 1794 y funcionó como una entidad administrativa del museo a partir de 1854, generando grandes ingresos. “Por su parte, al ser propietario del original y poder tomar su molde para realizar vaciados en yeso, el Louvre también logró monopolizar la comercialización de las copias de esta reciente y famosa escultura. El taller de calcos la institución fue creado en 1794 y fue una entidad administrativa de la institución a partir de 1854 con la modificación de su estatuto y reglamentación, de modo que las ganancias representaban un beneficio directo para el museo, llegando a ser una de las entradas de dinero más significativas… De esta forma, el taller del Louvre funcionaba como una marca que le daba legitimidad a la copia adquirida. Esto era explicitado a través de la incorporación de una estampilla y una plaqueta, inclusión obligatoria a partir del Segundo Imperio (1852-1870), como una estrategia de prevención de falsificaciones y copias no autorizadas, siendo a la vez un medio de control de ventas”[1].  

No solo la Victoria de Samotracia es tapa de uno de los dos volúmenes de “Sculpture”, el gran libro de escultura de Taschen[2], la editorial de arte más importante del mundo, sino que está reproducida en libros y revistas y en tiendas de arte y tiendas de souvenirs. Su omnipresencia es un tributo, sin duda merecido, a su creador que hasta el día de hoy permanece en el anonimato.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gallipoli, M. Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX. MODOS. Revista de História da Arte. Campinas, v. 2, n.2, p.293-309, mai. 2018. Disponível em: ˂http://www.publionline.iar.unicamp.br/index.php/mod/article/ view/1059˃; DOI: https://doi.org/10.24978/mod.v2i2.1059

[2] Bruneau, Philippe; Torelli, Mario; Barral I Altet, Xavier; Guillot de Suduiraut, Sophie, “Sculpture”, Vol. 1: “From Antiquity to the Middle Ages”, Taschen, 1999


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GRANDES OBRAS DE NORMAN FOSTER, EL GENIAL ARQUITECTO INGLÉS (por Pablo R. Bedrossian)

Norman Foster creó algunos de los edificios más originales e impactantes de fines del siglo XX y principios del siglo XXI. Como Zaha Hadid, César Pelli, Frank Gehry y Santiago Calatrava, logró unir estructura, tecnología y arte rompiendo con los moldes que lo precedían.

The Gherkin, la monumental creación de Norman Foster con forma de misil en Londres, Inglaterra; delante, las torrecillas de la St Andrew Undershaft Church

Nacido en 1935 en Manchester, Inglaterra, estudió arquitectura en su ciudad natal y luego hizo una maestría en la Universidad de Yale en Estados Unidos. Poco después de su regreso se asoció a Richard Rogers, otro extraordinario arquitecto; junto a él, Su Rogers y Wendy Cheesman conformó en Londres el legendario estudio Team 4 en los años ’60. Luego fundó su propio estudio que hoy está presente en más de 20 países y cuenta con unos 1200 empleados. Ha recibido el premio Pritzker, una especie de Premio Nobel de la Arquitectura,​ en 1999 y el Premio Príncipe de Asturias de las Artes en 2009.

EL MOVIMIENTO “HIGH-TECH”

Norman Foster tempranamente adhirió al High-Tech, que consagra los últimos adelantos industriales, tales como el uso del vidrio y del acero, a la arquitectura de su tiempo. Uno de los primeros frutos de este movimiento es el Centro Pompidou de París, del mencionado Richard Rogers, Renzo Piano y Peter Rice.

Centro Pompidou de París, una de las primeras muestras del movimiento High-Tech, creación de Richard Rogers, Renzo Piano y Peter Rice.

A primera vista podría decirse que el High-Tech era un movimiento rebelde e innovador; sin embargo, “exaltaba tecnologías que pasaban rápidamente a la historia. No es difícil ver en los edificios de Rogers y Foster una nostalgia por la maquinaria victoriana y una fría pasión por los últimos adelantos en materiales y métodos estructurales”[1].

LOS APORTES DE NORMAN FOSTER

Jonathan Glancey afirma: “a comienzos del siglo XXI, a Foster se le considera por unanimidad el arquitecto con más éxito del mundo… Esto se debe, por un lado, a su dinamismo y, por el otro, al gran equipo que le rodea… Pero más importante aún ha sido el hecho que su arquitectura ha conectado con su generación…”[2].

Vista interior de la cúpula del Reichstag, en Berlín, Alemania, creación de Foster

En nuestra opinión, Norman Foster es un genio creativo cuya ambición por innovar nunca se detiene. Se ha dicho que “los edificios de Foster realmente son high-tech; no pueden ser superados ni siquiera por algo que un inventor pudiera idear para un servicio de inteligencia”[3].

Los invitamos a conocer algunas de sus obras:

1. THE GHERKIN (“EL PEPINILLO”), EN 30 ST. MARY AXE (LONDRES, INGLATERRA)

Originalmente denominado Swiss Re Building, este edificio se encuentra cerca de la Tower of London (en español, la Torre de Londres). Cuenta con 40 plantas y 180 metros de altura. Parece sacado de una película futurista. Aunque se lo conoce como “El Pepinillo”, su diseño nos recuerda a un cohete, un misil o a una bala.

Construido por la empresa sueca Skanska, fue inaugurado en 2004. Por su sistema de ventilación, su esqueleto de acero y sus paredes de vidrio consume la mitad de la energía de un edificio tradicional del mismo tamaño. El diseño aerodinámico de Foster también busca aprovechar el flujo del viento.

Su peculiar aspecto y su imponente altura lo hacen visible desde largas distancias, habiéndose convertido en una de las construcciones más emblemáticas de la ciudad.

2. LA NUEVA CÚPULA DEL REICHSTAG Y LA REMODELACIÓN DEL EDIFICIO (BERLÍN, ALEMANIA)

La modernísima y espejada cúpula no es la única intervención de Norman Foster en el Reichstag, sede del Parlamento Alemán; el célebre arquitecto inglés fue el responsable de la remodelación completa del edificio que había sido levantado en el siglo XIX y luego devastado por los bombardeos de la 2ª Guerra Mundial.

La remodelación se realizó entre 1996 y 1999, respetando su fachada neoclásica. Foster comentó al respecto “El enfoque más simple hubiera sido destripar el Reichstag e insertar un edificio moderno en lugar del marco existente. Pero cuanto más nos fijamos en la conciencia del edificio, más nos dimos cuenta de que la historia aún resonaba en su interior y que no podíamos simplemente eliminarla”[4]. Por ello conservó la estructura original, manteniendo y destacando las diversas capas históricas que representa, uniendo pasado y presente.

La cúpula original del edificio hecha en metal y vidrio quedó seriamente dañada en 1933 cuando, un mes después del nombramiento de Adolf Hitler como canciller, un incendio provocado destruyó la sala plenaria del Parlamento Alemán. Luego, hacia el final de la 2ª Guerra Mundial, el Reichstag fue blanco de los soviéticos que erróneamente lo consideraban un emblema del dominio nazi. Durante muchos años aquel glorioso edificio quedó en ruinas. Sin embargo, tras la caída del Muro de Berlín, el gobierno decidió trasladar su sede a Berlín y remodelar el primitivo templo de la democracia alemana.

La actual cúpula vidriada creada por Norman Foster diferencia el viejo Reichstag del nuevo, el pasado del presente. Además su diseño 360º representa a la nueva Alemania surgida tras la caída del muro de Berlín: una nación unida y sin exclusiones.

Parece un enorme jardín de invierno cuya luminosidad representa transparencia. En su centro hay una suerte de embudo formado por 360 espejos.

Además, se puede pasear por las terrazas que la rodean, teniendo bellas vistas de la ciudad que estuvo dividida durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XX.

3. JEFATURA DE GOBIERNO DE LA CIUDAD (BUENOS AIRES, ARGENTINA)

En una decisión estratégica, la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires decidió trasladarse al sector sur de la ciudad. Para la nueva sede ubicada en el barrio de Parque Patricios, Norman Foster y su equipo diseñaron un edificio que ocupa toda la manzana.

La elección del vidrio para las paredes no fue casual: no solo inunda de luz natural las oficinas, sino que representa la transparencia que debe regir en la administración pública, promoviendo, además, la comunicación franca entre los colaboradores.

Este centro cívico de techo ondulado de hormigón a la vista fue inaugurado en abril de 2015. Puede albergar hasta 1,500 empleados. Posee un innovador diseño con un layout adaptable a los cambios de la estructura organizacional. Además, cuenta con terrazas internas donde se encuentran las estaciones de trabajo distribuidas en cuatro niveles y dos grandes patios.

La Casa de la Ciudad se encuentra en armonía con el entorno natural del parque adyacente y con la arquitectura de un barrio que supo tener una fuerte impronta fabril.

4. HEARST TOWER (NEW YORK, ESTADOS UNIDOS)

Subiendo por la 8 Av., muy cerca del Columbus Circle, el Lincoln Center y el Central Park se encuentra la obra más emblemática de Norman Foster erigida en Manhattan. Es la sede central de Hearst Corporation, un holding dedicado a la comunicación.

Inaugurada en 2006, la torre de vidrio y acero se levanta sobre un edificio de seis plantas construido en 1928, cuya fachada original se conserva.

El caminante se sorprende al ver este curioso diseño de 46 plantas y 182 metros de altura, sostenido y a la vez decorado por soportes triangulares que proveen una sensación de movimiento.

El edificio ha recibido varios premios de arquitectura y es el primer rascacielos ecoamigable de New York, con una gran cantidad de avances tecnológicos que reducen el consumo de energía y, a la vez, ofrecen un alto confort. La Hearst Tower es otra prueba de la triada distintiva de Foster: innovación, estética y solidez.

5. QUEEN ELIZABETH II GREAT COURT, MUSEO BRITÁNICO (LONDRES, INGLATERRA)

Se trata del gran salón de ingreso al Museo Británico. Una suerte de cilindro, en cuyo interior hay una magnífica sala de lecturas, ocupa el centro. Alrededor suyo, el techo está cubierto con un diseño teselado hecho en vidrio y acero, los materiales favoritos de Foster. Un teselado es un patrón de figuras que tapiza totalmente una superficie plana sin huecos ni figuras superpuestas.

Por décadas la Great Court estuvo ocupada por estantes de tres pisos de altura correspondientes a la Biblioteca Británica. En 1997, cuando la colección de libros fue trasladada a otro edificio, se abrió la oportunidad de recuperar este magnífico espacio.

Foster y su estudio convirtieron el patio interior del British en la plaza pública cubierta más grande de Europa. Inaugurada en 2000, también presenta restaurada la decoración original de 1846 con su vestíbulo neoclásico de entrada.

6. AYUNTAMIENTO DE LONDRES (LONDRES, INGLATERRA)

El Ayuntamiento de Londres está ubicado en la orilla del río Támesis, muy cerca del famoso Tower Bridge (en español Puente de la Torre). Realizado bajo diseño de Norman Foster, fue inaugurado en 2002. Su peculiar aspecto nos recuerda el caparazón de un caracol, aunque se dice que deriva de una esfera.

Con una superficie vidriada de tonalidades azules y grises ha embellecido la ribera en la zona de Southwark. Por dentro, una larga escalera en espiral llega hasta lo más alto de este llamativo edificio de 10 plantas.

7. MILLENNIUM BRIDGE (LONDRES, INGLATERRA)

Muy cerca de la St. Paul Cathedral (la Catedral de San Pablo) se encuentra el Millenium Bridge, un puente peatonal sobre el río Támesis cuyo original diseño, visto a la distancia, provee una sensación de sinuosidad. El diseño de Norman Foster y su estudio, en conjunto con Sir Anthony Caro y Ove Aru & Partner, cuenta con dos plataformas de soporte y un sistema de cables que lo hace colgante.

Tras ganar el concurso para su construcción en 1996, recién fue inaugurado en 2000; sin embargo, problemas de balanceo al soportar un alto peso durante su inauguración obligó a cerrarlo. Tras reforzar su estructura, fue reabierto en 2002; hoy es muy visitado por locales y turistas que al cruzarlo tienen la sensación de estar muy cerca del agua.

Un detalle curioso es que el film “Harry Potter y el misterio del príncipe” aparece el Millennium Bridge que es destruido por los “malos” de la película.

El genio de Norman Foster brilla a través de sus obras, siempre sorprendentes, consistentes e innovadoras. Nadie sabe aún cómo serán los edificios del futuro, pero estamos seguro que este extraordinario creador británico lo ha anticipado.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS

REFERENCIAS

[1] Glancey, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La Isla, 2001, p.205

[2] Glancey, Jonathan, Op. cit. P.206

[3] Kuhl, Isabel, Lowis, Kristina y Thiel-Siling, Sabine, “50 Architects you should know”, Prestel, 2017, p.114

[4] Capodiferro, Alessandra, “Wonders of the World”, Barnes & Noble Books, 2004, p.128


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LA CURIOSA CALLE CRÉMIEUX QUE ES FUROR EN PARÍS (por Pablo R. Bedrossian)

Una calle de París se ha puesto de moda. No es ninguno de sus magníficos bulevares ni una de sus amplias avenidas. Tampoco imagine glamour o refinamiento: posee una sola cuadra y en su corto trayecto carece de tiendas o bares. Hablamos de la Rue Crémieux, un angosto pasaje empedrado cuyos vecinos se quejan de la inmensa cantidad de turistas que llega a fotografiarlo.

La BBC publicó hace poco una nota, informando que “los residentes solicitaron al ayuntamiento que instale una puerta que pueda cerrarse en las horas pico, en las noches, los fines de semana, al amanecer y al atardecer, y cuando la buena luz atrae a las personas que buscan una foto perfecta de Instagram” [1].

Esta callecita transcurre entre la Rue de Lyon -una diagonal- y la Rue de Bercy, en el barrio Quinze-Vingts, en el Distrito XII de París, cerca del río Sena, a unos 600 metros de la Gare de Lyon, la tercera estación ferroviaria en importancia de la ciudad, y a unos 800 metros de la Plaza de la Bastilla.

¿Por qué tanto furor? A lo largo de sus 144 metros presenta a ambos lados casas de dos plantas pintadas con bellos colores pasteles que la convierten en un remanso para los transeúntes.

La calle Crémieux genera sin proponérselo una llamativa cadena de contrastes: es un espacio lento y silencioso rodeado por un bullicioso tránsito incesante. Además, sus viviendas bajas y sencillas contradicen la magnífica monumentalidad de los edificios parisinos. Finalmente, su curiosa policromía se contrapone a las habituales fachadas gris tiza con techos de pizarra negra.

SUS CASAS

Una francesa llamada Caroline nos cuenta acerca de las casas construidas en la Rue Crémieux: “Originalmente, las 35 casas pequeñas de la ciudad se pensaron como los pabellones ingleses, con cocina en el sótano y dos pisos que comprenden seis habitaciones”[2].

Agrega un detalle menos conocido: “en esta parte de la ciudad, muy afectada por la inundación de 1910, hay placas conmemorativas como la que se encuentra en el número 8, lo que indica que el agua alcanzó el nivel récord de 1.75 metros”.

Las pequeñas aceras están cubiertas de macetas con plantas que sustituyen a los árboles ausentes. Mantiene una anchura de 7,50 metros en todo su recorrido y en 1993 fue convertida en vía peatonal.

SU HISTORIA

En esos terrenos se establecieron en 1851 las Arènes Nationales, una extensión del hipódromo dedicada a grandes espectáculos al aire libre. La experiencia duró muy poco porque en 1855 cesó su actividad. El lugar pasó a manos de la Compagnie Générale Immobilière, empresa de bienes raíces fundada por Moïse Polydore Millaud (1813-1871). En 1865, esta compañía abrió la actual calle Crémieux bajo el nombre de Avenue Millaud, homenajeando a su fundador.

En 1897 adquirió su presente denominación en honor al abogado y político Isaac Moïse más, conocido como Adolphe Crémieux[3] (1796-1880), quien en 1870 impulsó el decreto que otorgó la nacionalidad francesa a los judíos de Argelia.

Si puede visitar París, no se la pierda, y si no tiene la oportunidad, aproveche para recorrerla a través de las imágenes. Quizá no sea lo mismo, pero valdrá la pena.

SEMEJANZAS

He visto que algunos comparan este bello pasaje con famosos escenarios urbanos como Portobello Road en Londres o la isla de Burano, muy cercana a Venecia. A mí me recuerda más a Cartagena de Indias, Colombia.

Calle de Cartagena de Indias, Colombia

La centenaria Rue Crémieux atrae a infinidad de visitantes. A veces uno piensa que el éxito es sinónimo de grandes emprendimientos; esta callecita adoquinada nos demuestra que también las pequeñas cosas atraen por su propia belleza.

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REFERENCIAS

[1] https://www.bbc.com/mundo/noticias-47492210

[2] https://www.parisladouce.com/2014/05/paris-promenade-printaniere-rue.html

[3] http://www.v2asp.paris.fr/commun/v2asp/v2/nomenclature_voies/Voieactu/2426.nom.htm


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“MEMORIA DEL JARDÍN EN ETTEN”, ¿LA PINTURA MÁS BELLA DE VAN GOGH? (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

Vincent van Gogh (1853-1890) ha suscitado pasiones encontradas. Sin embargo, la mayoría no conoce su historia personal y acepta sin cuestionar el personaje -o mejor dicho la caricatura– que los medios presentan: un artista atormentado que en su locura se cortó una oreja.

Autorretrato de Vincent Van Gogh (1890)

Pocos saben, por ejemplo, que fue pastor protestante y que dedicó casi dos años de su vida a predicar el evangelio a mineros en Bélgica en situación de extrema pobreza. Poseedor de un fuerte temperamento, su vida estuvo signada por frustraciones amorosas y conflictos familiares; no obstante, gracias a la desinteresada generosidad de su hermano Theo logró sobrevivir y desarrollar su vocación artística, por la que lo reconocemos.

Museo Van Gogh de Amsterdam, Países Bajos

Su obra más tardía fue influida por el arte japonés y sus contemporáneos, los impresionistas franceses. La amistad que forjó con algunos de ellos durante su estadía en París fue muy provechosa para su personal estilo. Posteriormente padeció graves trastornos mentales, debiendo ser hospitalizado.

“Almendro en Flor” (1890) por Vincent Van Gogh

Vincent Van Gogh falleció a los 37 años. Aunque se dice que fue un suicidio hay quienes creen que su muerte se debió a un disparo accidental. Cualquiera sea la causa, el mundo perdió un talento único cuyo arte no fue debidamente valorado por su propia generación, pero ha emocionado e inspirado a las que vinieron luego.

MI OBRA FAVORITA

De los cientos de pinturas de Van Gogh hay dos motivos que se repiten y se han hecho muy conocidos: sus girasoles (de los cuales ha pintado siete telas) y los autorretratos (más de 40). Además sus paisajes se reconocen al verlos. Sin embargo, mi obra favorita suya es ignorada por muchos. No se encuentra ni en la extensa colección del Museé d’Orsay de París, ni en el Museo Van Gogh de Amsterdam. Se llama “Memoria del Jardín en Etten (Damas de Arlés)” y se encuentra en el Hermitage de San Petersburgo, exhibida junto a otra colorida obra suya titulada “Arena en Arlés” o “Espectadores en la arena de Arlés”.

Edificio del Estado Mayor; allí se encuentran las obras de Van Gogh en el Hermitage, frente al Palacio de Invierno que alberga la colección de arte clásico

Pintada en 1888, dos años antes de su muerte, “Memoria del Jardín en Etten (Damas de Arlés)” presenta figuras en varios niveles.

“Memoria del Jardín en Etten” (1888) por Vincent Van Gogh

A la izquierda aparecen dos mujeres en primer plano. La primera lleva un chal escocés con pintas verdes y naranjas que parece un kimono y sostiene una sombrilla blanca y roja con su mano derecha. La segunda, una anciana, está cubierta por una manta color azul violáceo con manchas rojizas. Sostiene con su brazo izquierdo un ramo de dalias blancas y amarillas y hojas verdes que haciendo juego con el rostro contrasta con la oscuridad de su atuendo.

En un segundo plano, abajo a la derecha, aparece una campesina anónima cultivando flores de colores rosa, blanco, amarillas y bermellón. La mujer trabaja cerca de un sinuoso camino anaranjado a cuya izquierda aparece el cielo y debajo de él, unos cipreses en curiosa perspectiva.

HISTORIA Y SIGNIFICADO

El reverendo Theodorus Van Gogh, padre del pintor, desarrolló su ministerio pastoral[1] entre 1875 y 1882 en Etten (hoy Etten-Leur), un municipio rural de la provincia de Brabante Septentrional en los Países Bajos. La obra representa el jardín de la casa parroquial del lugar, que habitaba la familia. Vincent se alojó allí en algunas ocasiones, especialmente entre la Pascua y la Navidad de 1881.

La mujer de la izquierda es su hermana Willemien. Lo suponemos por una carta que el pintor le dirigió explicando la pintura[2]. La anciana es su madre, Anna Van Gogh Carbentus. La campesina era una mujer que servía a la familia. En aquella misiva Van Gogh dice que la figura de la hermana recuerda vagamente a personajes de las novelas de Charles Dickens.

Hay quienes afirman también que en ella proyecta la imagen de su prima Cornelia Adriana Vos-Stricker, a quien llamaban Kee, de la cual se enamoró perdidamente. La mujer había enviudado hacía poco y rechazó la propuesta matrimonial del artista. “No, jamás, jamás” es la dolorosa frase que recibió de ella. Además el artista escribió que planeaba colocar el cuadro en su propio cuarto, algo que no se sabe si finalmente concretó.

INFLUENCIAS

Hay sin duda una estrecha relación entre esta pintura y Arlésiennes (“Las damas de Arlés”) del pintor francés Paul Gauguin, que puede admirarse en el Art Institute of Chicago. Los pintores eran amigos. Para dimensionar su estrecha relación basta mencionar que Van Gogh pintó su silla y la de su amigo, y que es el propio Gauguin quien da la versión de la automutilación de la oreja de Van Gogh tras una discusión, supuestamente por una mujer.

“Arlésiennes”, en español “Las damas de Arlés” (1888) por Paul Gauguin

Ambas obras son de 1888, año en el cual Gauguin y Van Gogh vivieron en la Casa Amarilla, el famoso taller del artista holandés en Arlés. El francés tuvo una gran influencia sobre Van Gogh, que se evidencia en la “Memoria del Jardín en Etten”.

SENTIMIENTO

Hallamos algo poético en la pintura que la asemeja más a un sueño que a la realidad. Note el abigarrado bloque de flores que crean las que lleva la anciana con las que cultiva la campesina.

Observe el plano del sendero y el de los árboles… crean una magnífica imagen onírica que combina un intenso colorido con cierta bucólica melancolía.

¿Ve Ud. al jardín como lo más importante del cuadro? Pese al título, lo que parece central en la obra son las dos mujeres situadas adelante. Trasuntan dignidad y resignación mientras abandonan el escenario, ajenas al trabajo de la jardinera que pareciera seguir creyendo que aún hay mucho por hacer.

ETTEN O CUALQUIER LUGAR

Van Gogh en una carta posterior[3] dice que había estropeado esta pintura. Allí habla de ella como del jardín de Nuenen, sitio de su último hogar familiar, y no de Etten. Esto ha hecho pensar a algunos críticos que, en realidad, la pintura no hacía referencia a un lugar en particular.

“Congregación dejando la Iglesia de Nuenen” (1984) por Vincent Van Gogh

Sin embargo, nos parece que la obra captura un momento y una experiencia que tuvieron un significado relevante para el pintor, quien plasmó con una vivacidad sorprendente una escena cargada de lentitud y nostalgia.

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DATOS ADICIONALES

“Memoria del jardín en Etten” está realizada en pintura al óleo sobre tela y mide 73.5 cm x 92.5 cm.


REFERENCIAS

[1] Era ministro ordenado de la Iglesia Reformada Holandesa

[2] Carta de Vincent Van Gogh a su hermana Willemien Van Gogh. Arles, lunes 12 de noviembre de 1888. Le dice allí “imagina que las mujeres que caminan son tú y nuestra madre”. El texto de la carta puede leerse completo en inglés en http://www.vangoghletters.org/vg/letters/let720/letter.html.

[3] Carta de Vincent Van Gogh a su hermano Theo Van Gogh. Arles, sábado 1º de diciembre de 1888. El texto de la carta puede leerse completo en inglés en http://vangoghletters.org/vg/letters/let723/letter.html.


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Todas las imágenes de las pinturas son de dominio público. Las imágenes de los museos fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

NOTRE-DAME TRES DÍAS ANTES DEL INCENDIO (por Pablo R. Bedrossian)

El viernes 12 de abril visitamos con mi esposa la Catedral de Notre-Dame. Tres días después, el lunes 15, mientras caminábamos por la avenida de Champs-Élysées divisamos una enorme nube de humo que venía del sudeste de la ciudad. En ese momento no imaginamos que la histórica iglesia estaba siendo consumida por el fuego.

La catedral de Notre-Dame comenzó a construirse en 1163, cuando el papa Alejandro III colocó su piedra fundamental. Ubicada en el corazón de l’île de la Cité, la isla más importante de París sobre el río Sena, tiene una notable arquitectura gótica. Se la reconoce fácilmente por sus torres simétricas de 69 metros de altura, erigidas a mediados del siglo XIII. El edificio fue terminado hacia 1330, con unos 130 metros de largo con altas paredes sostenidas por arbotantes a fin de reflejar la pequeñez del hombre frente a la majestuosidad divina.

Durante la visita aproveché para subir a las torres. Era mi tercera vez en Notre-Dame y la segunda en sus terrazas que, además de, ofrecer fantásticas panorámicas de la ciudad, permite observar de cerca las famosas gárgolas o más correctamente quimeras (del francés chimères), pues no son las típicas figuras utilizadas para disfrazar desagües. Se trata de verdaderas esculturas de aspecto monstruoso cuyo propósito primigenio era mantener alejados a los malos espíritus[1].

Subí más de 400 peldaños de una estrecha escalera en espiral. Desde lo alto se veía perfectamente una amplia zona en restauración, cubierta de estructuras metálicas, incluyendo la famosa aguja, una torrecilla en forma de flecha de 90 metros de altura, erigida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX que colapsó durante el incendio.

Al llegar al nivel donde se encuentran las campanas, el guía, un tico llamado Juan Carlos, nos dijo:

“Aquí no hay conexiones eléctricas pues hay materiales altamente combustibles”.

“Pero mire allí -le dijo un turista señalando un tomacorrientes –; hay un enchufe colocado allí”.

Sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, había algo premonitorio en esa conversación.

Tras bajar, admiramos las imágenes labradas en la fachada e ingresamos al interior de la iglesia.

Los techos elevados, las anchas columnas interiores y la delicada luminosidad que se filtra por los vitrales crean una atmósfera de hondo recogimiento. Fiel al estilo medieval, cuenta con tres naves: la central está ocupada por los bancos para la feligresía, el altar y, detrás, el coro de madera, mientras que en las laterales, que se unen al fondo permitiendo rodear toda la iglesia, se abren numerosas capillas.

Hubo dos capillas que atrajeron mi atención. La primera es la dedicada al mártir chino del siglo XIX san Paul Chen. Toda una curiosidad ver en una catedral gótica imágenes con ideogramas.

La otra, la Capilla del Sagrado Sacramento, por sus extraordinarios vitrales.

No sabemos cuán grande ha sido la magnitud de los daños. Pero, más allá de las religiones y las teologías -quien escribe esta nota no es católico-, Notre-Dame es un símbolo de la cristiandad de Occidente, además de un ícono de la nación francesa y parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Por eso presentamos algunos testimonios de lo que quizás se haya perdido para siempre.

LOS BAJORRELIEVES ALREDEDOR DEL CORO

El coro ubicado detrás del altar cuenta con una hermosa sillería. Sin embargo, en su pared exterior, llamada jubé, que mira al amplio pasillo que conforma junto a las capillas, se encuentran unos bajorrelieves de madera tallada que cuentan la historia de Jesús.

Fueron realizados a mitad del siglo XIV y están pintados a mano[2]. Definitivamente son mis favoritos.

LOS VITRALES

Según pudimos constatar al día siguiente, desde el lugar donde la policía nos permitió llegar (estaba acordonada toda la zona), en el incendio se dañaron algunos vitrales e incluso se perdió al menos un rosetón lateral.

Afortunadamente han sobrevivido los tres principales de 13 metros de diámetro. La extraordinaria vidriería es del siglo XIII pero fueron renovada en numerosas ocasiones[3].

LAS QUIMERAS O “GÁRGOLAS”

Como hemos dicho estas figuras que -aunque se atribuyen a
Eugène Viollet-le-Duc, el mismo autor de la aguja que cayó-, parecen surgidas de la imaginería medieval.

Se encuentran en las terrazas exteriores, muy cerca del lugar donde aparentemente se inició el incendio y parecen surgidas de alguna extraña mitología.

Notre-Dame ha sufrido un devastador incendio, pero esperamos que pueda recuperar la belleza perdida, no solo por lo que es sino por lo que representa no solo para el pueblo francés sino para el mundo entero, símbolo de arte, historia y fe.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1

Fotos del 16 de abril, día después del incendio. Como se observa el fuego se extendió en la zona donde se estaba trabajando.


BONUS 2

Fotos del 4 de mayo mostrando las obras en la Iglesia de Notre-Dame.


REFERENCIAS

[1] Según hemos leído las quimeras de Notre Dame no provienen del medioevo, sino que fueron agregadas por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX.

[2] Si desea más Información, puede leerse un interesante artículo con amplia documentación histórica y fotográfica en https://aquicoral.blogspot.com/2017/03/notre-dame-de-paris-escultura-talla.html

[3] Del Ser, Guimar y Romero, Alejandro, Diario El País, Madrid, España, edición del 18/04/2019. Escriben“aunque los tres rosetones principales, de 13 metros de diámetro, no han sido destruidos, el fuego sí ha afectado a los de menor tamaño situados en el nivel de la cubierta calcinada”. La nota completa puede leerse en:
https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555432161_255893.html


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LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

Jesús cargando la cruz 03

Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

8 ESCULTURAS IMPERDIBLES DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS DE BUENOS AIRES

Buenos Aires se ha convertido en la capital del arte latinoamericano. No es sólo por sus numerosos museos o sus variadas actividades culturales, sino por la sinfonía que componen innovadores murales, músicos populares y esculturas clásicas y modernas bajo una glamorosa arquitectura europea. Como decía León Tenenbaum, La Reina del Plata es un museo al aire libre.

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Dentro de ese universo creativo se destacan las esculturas, quizás porque resisten mejor las inclemencias del tiempo o, más probablemente, porque perduran más allá de los cambios que modelan nuestra propia historia.

Actualmente existe un renovado interés en las esculturas de la ciudad. Fruto de ello son publicaciones recientes como “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público” de María del Carmen Magaz (2013), “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires” de Nicolás Gabriel Gutiérrez (2015) y “Monumentos y Esculturas de Buenos Aires” de Martín Comamala (2016). Te invito a descubrir o conocer más de ocho extraordinarias esculturas porteñas.

  1. LA DUDA
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Está ubicada en el sector este de la Plaza San Martín, donde la avenida Santa Fe dibuja una curva, justo antes del nacimiento de la calle Maipú. Es una obra de profundo simbolismo: Un anciano interpela a un hombre joven probablemente abrumado por sus propias preguntas. La mirada abstraída, el torso inclinado, la posición de las rodillas entre los brazos expresan la profunda incertidumbre del joven, mientras la elocuencia del anciano -que lo mira a los ojos- parece agobiarlo. El detalle que da un significado más preciso a la obra es el libro abierto a la izquierda del joven, una Biblia, a la cual ha dejado de prestar atención.

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Hay quienes han visto en la obra un encuentro entre el Antiguo y el Nuevo Testamento[1], pero más bien parece una lucha entre la fe y la razón, entre la vida y la muerte inevitable.

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“La Duda” es creación del artista parisino Louis Henri Cordier (1853-1925), hijo del escultor Charles Henri Joseph Cordier. Está hecha en mármol de Carrara y lleva cincelado su título, el nombre del autor y la fecha. A principios del siglo XX Buenos Aires se estaba convirtiendo en una de las urbes más importantes del mundo y necesitaba embellecer el trazado urbano. Una comisión de la Municipalidad de Buenos Aires viajó especialmente a Europa y adquirió esta bella pieza, que fue emplazada en su actual ubicación en 1906.

  1. FLORALIS GENERICA
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Esta inmensa flor es de acero inoxidable, aluminio y hormigón armado es una escultura dinámica: se abre y se cierra con la luz, mientras adquiere distintas tonalidades. Se encuentra en la esquina de la Avenida Figueroa Alcorta y la calle Facundo Quiroga, sobre la Plaza de las Naciones Unidas, muy cerca de la Facultad de Derecho. Asentada sobre una fuente de agua circular, está formada por seis enormes pétalos con cuatro pistilos en el centro. Mide 23 metros de alto, pesa 18 toneladas[2] y en su mayor extensión alcanza los 32 metros de diámetro[3].

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Fue donada por su creador, Eduardo Fernando Catalano (1917-2010), un arquitecto argentino con una amplia trayectoria profesional en Estados Unidos. El sitio wikiarquitectura.com cuenta cómo surgió la idea: “La idea surgió un atardecer de verano, cuando trabajando en su jardín de invierno, notó que una gran flor roja de la especie Hibiscos comenzaba a cerrarse. Sin saber por qué, dibujó una flor geométrica, Catalano cuenta que hacía tiempo deseaba crear una estructura móvil que se abriera, se cerrara o se expandiera. Floralis generica, es ese proyecto hecho realidad”[4].

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Adoptando la regla para los nombres científicos, cuyo primer término describe el género y el segundo la especie, Floralis generica, es una denominación que homenajea a todas las flores. Lo escribimos sin acento porque es un término en latín.

Lamentablemente el mecanismo ha fallado en varias ocasiones (incluyendo el día de su inauguración). Sin embargo, aún sin el movimiento, es una obra admirable. No sólo constituye probablemente la escultura más grande de la ciudad, sino la más cara: se estima que costó entre 4.5 y 6 millones de dólares.

  1. LA NIÑA DE LA FUENTE
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En la pequeña plaza Reina de Holanda, de Puerto Madero, se aloja una de las esculturas más pequeñas de cuerpo entero de la ciudad. Es una niña que mira hacia arriba con la boca, los brazos y las manos abiertos. Aunque puede interpretarse como un reclamo al cielo, el gesto comunica sorpresa y felicidad. Este parece ser el sentido original, según la copia en Apeldoorn, Países Bajos, donde la muchacha parece alegrarse con un chorro de agua que cruza sobre ella[5]; por esa razón, no hay nada mejor que admirarla un día de lluvia. La obra hecha en bronce es creación de la escultora holandesa Tineke Willemse-Steen (1920-2014). También hay otra copia Lüneburg, Alemania.

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La niña de la fuente luce un vestido con mangas cortas, un collar y los pies descalzos. Se apoya sobre un podio cuadrado que, a su vez, está dentro de otro cuadrado con agua. A la izquierda hay una fuente de agua formada por tres cuadrados superpuestos a modo de pirámide. Detrás hay un pequeño muro curvo color naranja con el nombre de la plaza, que -suponemos- hace alusión a Máxima Zorreguieta, la esposa argentina del actual monarca de los Países Bajos, el Rey Guillermo, con quien contrajo matrimonio en 2002.

  1. LA JOVEN CON SU MASCOTA
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Una de las esculturas más emotivas de Buenos Aires se encuentra en el Cementerio de la Recoleta. Representa a la joven Liliana Crociati y a su perro Sabú, al que acaricia tiernamente con su mano derecha.

La joven se había casado a los 23 años con el húngaro Juan Szaszak. En 1970, dos años después de la boda, viajaron a Austria, donde un alud los sorprendió en el hotel de montaña donde se hospedaban. El marido pudo ser rescatado a los pocos minutos, pero Liliana fue encontrada una hora después y no logró sobrevivir. Se dice que Sabú, su mascota, murió el mismo día que ella[6], como si los hubiera habido entre ellos una conexión invisible.

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El escultor Wilfredo Viladrich retrató en bronce a Liliana lánguida y esbelta, con un vestido largo con motivos que se repiten en los bordes de las mangas, debajo del pecho y en el ruedo. El largo pelo lacio cae a ambos lados dejando una raya al medio. Las manos ocupan un lugar central en la obra: son finas y delicadas pero muy alargadas. El dedo anular de la mano izquierda lleva el anillo de bodas.

Según Omar López Mato, el artista, cuyo nombre está grabado en una placa, utilizó como modelos fotos de Liliana con Sabú que, en realidad, había muerto diez años antes[7]. Junto a la sepultura, un escrito en italiano redactado por el padre de Liliana expresa su profundo dolor y se pregunta por qué ha perdido a su amada hija.

Un detalle adicional es que la escultura ha tomado un color verdoso pero la nariz del perrito conserva el color dorado del bronce debido a que muchos la tocan creyendo que da buena suerte.

  1. LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA
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Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existe una réplica en tamaño real en Buenos Aires.

La escultura es del año 190 a.C.. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia se hallaba partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

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La Victoria de Samotracia porteña se encuentra dentro del Palacio Estrugamou, un monumental edificio de departamentos de lujo muy cerca de la Plaza de Retiro, cuya mejor vista es la esquina formada por Juncal y Esmeralda, calle en la que se encuentra su entrada principal. Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Esta réplica en tamaño real hecha en bronce tiene alas algo más cortas. Corona el patio que sirve de espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. No se sabe quién es su autor, que copió cuidadosamente los detalles de la original: la pierna derecha hacia adelante mostrando poder y movimiento y los pliegues del atuendo y la postura del torso, sugiriendo que avanza contra el viento. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Está esperando por usted.

  1. MAFALDA
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Uno de los personajes más entrañables, la inefable Mafalda, tiene su propia escultura en Buenos Aires. Ubicada en la esquina de Chile y Defensa, en el barrio de San Telmo, se encuentra sentada sobre un banco blanco para que cualquier visitante pueda tomarse una foto con ella.

La tira de humor de Joaquín Salvador Lavado, más conocido como Quino, vio la luz oficialmente el 29 de septiembre de 1964 en la revista Primera Plana y hoy es conocida en todo el mundo.

La “Mafalda 3D” mide 80 centímetros y luce vestido y moño verdes. El cuello del vestido y las medias son blancas, contrastando con los respectivos botones y zapatos negros. Las manos se apoyan en el vestido a la altura de las rodillas y tiene su eterna sonrisa enmarcada bajo la tupida cabellera negra. La expresión es la del dibujo: una mirada de esperanza a pesar del mundo y sus calamidades.

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La escultura de Mafalda fue inaugurada el 30 de agosto de 2009. Al evento asistió el propio Quino, quien fue vecino de la zona. Por ello, se descubrió una placa en el edificio de Chile 371 con un dibujo del personaje y la frase “Aquí vivió Mafalda”.

La obra fue realizada por el artista argentino Pablo Irrgang. Para su creación utilizó resina epoxi reforzada con fibra de vidrio. Los colores están incluidos en el propio material para que resista las no sólo los cambios climáticos sino el vandalismo urbano. Afortunadamente, hasta la fecha la obra ha sobrevivido y luce espléndida. Dice el artista “me resultó interesante la idea de que estuviera solita en un banco, cavilando sobre el mundo. De noche, será otro de los chicos que duermen a la intemperie“.[8]

En 2014, para celebrar el 50º aniversario de su primera publicación, Mafalda quedó acompañada por dos de sus amigos: Manolito y Susanita. Cuenta el escultor “incluso vino Quino al taller y hasta pidió, con toda su humildad, que Manolito llevara su delantal del almacén color ‘marroncito grasa’ y sus zapatos ‘mal lustrados’”[9].

Irrgang es un extraordinario artista contemporáneo. Sus trabajos pueden admirarse en http://www.pabloirrgang.com.

  1. EL PENSADOR
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Ubicado cerca del extremo este de la Plaza del Congreso, la robusta figura de un hombre desnudo sentado en actitud reflexiva nos sorprende. Es una inmensa mole de bronce que comunica una extraordinaria humanidad.

Los clásicos experimentos sobre actitudes y sentimientos de Albert Mehrabian demostraron que  sólo el 7 por ciento de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38 por ciento se atribuye a la voz y el 55 por ciento al lenguaje. Por eso El Pensador nos habla sin decir una sola palabra: la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano derecha, la cabeza inclinada despojada de toda sugestión de movimiento, la mirada abstraída y cavilante.

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El autor de esta magnífica obra es nada menos que Auguste Rodin (1840-1917), el más famoso escultor de los tiempos modernos, así como en la antigüedad lo fue Fidias. El Pensador originalmente fue parte de un frustrado proyecto por encargo llamado La Puerta del Infierno, inspirado en La Divina Comedia y correspondía a la imagen de Dante Alighieri. Admirando una imagen de esta magnífica creación[10] se observa la escultura del escritor a una escala mucho menor. Se halla en el centro del panel superior de La Puerta, en la misma pose que El Pensador, pero con la barbilla apoyada sobre el dorso de la mano izquierda. Rodin continuó trabajando en sus ideas tratándolas como piezas individuales, y pasó de representar al poeta italiano a simbolizar al hombre reflexivo, cuyas preguntas demandan respuestas[11].

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La Municipalidad de Buenos Aires a través de Eduardo Schiaffino adquirió una de las copias realizadas por el mismo artista en 1906. Aunque se pensó colocarla en las escalinatas del Congreso, desde esa fecha conserva su actual ubicación. Un placa de mármol a los pies de El Pensador informa que el fundidor de la pieza fue Alexis Rudier.

  1. CANTO AL TRABAJO
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Canto al trabajo es un espléndido grupo escultórico ubicado en la plazoleta Eva Perón, en la intersección de las Avenidas Paseo Colón e Independencia, en San Telmo. Está conformado por catorce figuras humanas que representan el valor del esfuerzo como puerta al futuro. Todas las piezas están desnudas o tienen cubiertas sus partes íntimas con un paño.

La obra puede descomponerse en dos grupos. El posterior hace un enorme esfuerzo para mover una roca, mientras el que encabeza el conjunto, compuesto por una familia, parece liberado y mira al porvenir. Podría decirse que el primero representa el sacrificio; el segundo, sus beneficios: el padre, erguido, señala el camino, la madre mira el destino y los niños intentan abrazar lo que creemos que es el futuro.

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Esta monumental composición en bronce fue creada por Rogelio Yrurtia (1879-1950), considerado el escultor argentino más importante del siglo XX. La obra es de un valor artístico extraordinario y constituye una de las más preciadas joyas de la ciudad.

La obra fue terminada en 1908 y adquirida por la Municipalidad de Buenos Aires. Entre 1927 y 1937 fue exhibida en la Plaza Dorrego y desde esa fecha ocupa su actual emplazamiento.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.652

[2] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p.272

[3] No todos coinciden con las medidas o pesos de una obra tan enorme. Por ejemplo, Diego Zigiotto dice que mide 25 metros de alto y no 23 como Gutiérrez; una nota de La Nación del 10 de junio de 2015, firmada por Josefina Marcuzzi dice que pesa 24 toneladas y no 18 como Zigiotto,

[4] https://es.wikiarquitectura.com/edificio/floralis-generica/

[5] La imagen se puede ver en https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Meisje_in_fontein_-_Tineke_Willemse-Steen_(Apeldoorn).jpg

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.358

[7] López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de la Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004, p.53

[8] Reinoso, Susana, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 16/8/2009. La nota completa se puede leer en http://www.lanacion.com.ar/1163053-mafalda-tendra-su-escultura-en-una-esquina-de-san-telmo

[9] Smith, Romina, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 29/9/2014. La nota completa puede leerse en https://www.clarin.com/ciudades/Susanita-Manolito-suman-escultura-Mafalda_0_SJLmFmt5vmx.html

[10] Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”), p.387

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.261


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la correspondiente a La Puerta del Infierno, tomada del libro


BIBLIOGRAFÍA

Magaz, María del Carmen, “Monumentos y esculturas de Buenos Aires. Palermo: espacios simbólicos y arte público”, Dirección General de Patrimonio e Instituto Histórico, Buenos Aires, Argentina, 2013

Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015

López Mato, Omar, “Ciudad de Ángeles – Guía del Cementerio de l Recoleta”, Grijalbo Mondadori, 2004

Varios autores, “Sculpture – From Antiquity to the Present Day”, Taschen, 1987, 1996, Tomo II (“From the Renaissance to the Present Day”)

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades de Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2012

Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013

LUGARES IMPERDIBLES DE PARÍS – Parte 1 (por Pablo R. Bedrossian)

París es una ciudad demasiado bella para ser cierta… Es como un sueño: Creemos visitarla pero, en realidad, es ella quien nos visita, envolviéndonos en una atmósfera única. Te invito a recorrer algunos de sus mágicos lugares.

1. CHAILLOT

Comenzamos nuestra visita por uno de los barrios más refinados de París. Su corazón es el Palacio Chaillot. Desde su amplia terraza, adornada por bellas esculturas de bronce, se observan los jardines del Trocadero y espectaculares vistas de la Torre Eiffel. En la imagen, la primera escultura dorada es La Jeunesse, de Alexandre Descatoire, la segunda es Flore, de Marcel Gimond; la tercera Le Matin, de Pryas (seundónimo Jean Paris).

Escultura de Apolo ; bronce del artista Henri Bouchard delante del Musée National des Monuments Français , en la terraza del Palais de Chaillot.

2. TERRAZA DE CATEDRAL DE NOTRE DAME

Cuando realizamos la primera publicación de esta nota Notre Dame estaba intacta. Casualmente, cuando ocurrió el trágico incendio nos encontrábamos nuevamente en París; apenas tres días antes habíamos regresado a la Catedral y recorrido nuevamente sus terrazas (nuestra nota sobre el siniestro que arrasó con amplias secciones de la iglesia puede leerse en https://pablobedrossian.com/2019/05/08/notre-dame-tres-dias-antes-del-incendio-por-pablo-r-bedrossian/). Aunque hoy es imposible acceder a este maravilloso lugar, las famosas quimeras o gárgolas pueden admirarse desde abajo.

Ubicada en la Isla de la Ciudad (en francés L’Île de la Cité), en el centro del río Sena que atraviesa París, la Catedral de Notre Dame es una de las joyas góticas que han sobrevivido a los siglos, a las revoluciones y a las guerras. Su construcción se inició en el año 1163 y finalizó casi dos siglos después, en 1345.

A lo largo del tiempo, sufrió algunas modificaciones sin perder su esencia original. Quizás el agregado más importante fueron las gárgolas (en francés gargoyles) de su azotea.

Las gárgolas son seres monstruosos imaginarios asociados a la concepción medieval del infierno, caracterizado como un lugar de horrendos tormentos. Sin embargo, su uso en la arquitectura tenía otros significados: decorar los desagües, expulsando agua por la boca, y, siguiendo una tradición popular, ahuyentar los malos espíritus. Agregadas a mediados del siglo XIX por Eugène Viollet-le-Duc, las espectaculares figuras de piedra de la terraza de Notre Dame, no son específicamente gárgolas, sino quimeras (en francés chimères), pues su función es exclusivamente estética. De todos modos, alguien dijo que perseguían un doble propósito: proteger el edificio y asustar a los pecadores.

Para llegar hasta la Galería de las Gárgolas (en francés, Galerie des Chimères) se debe ingresar desde uno de los costados de la catedral. Tras un largo ascenso por una estrecha escalera entramos al estrecho pasillo al aire libre que une las dos torres (cuya altura es de 69 metros). Desde allí se pueden observar estas grotescas pero veneradas tallas de color gris, algunas de dimensiones humanas. En total conforman un bestiario de 54 piezas, todas relacionadas entre sí. Además, desde allí se obtienen maravillosas vistas panorámicas de París.

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3. EL PUENTE ALEJANDRO III

El puente Alejandro III (en francés Le Pont Alexandre III) es un puente que cruza el río Sena. Fue inaugurado en el año 1900 y recibe el nombre del zar ruso (1845-1994) a quien fue dedicado. De paso, en 1887 este monarca sobrevivió a un atentado, tras el cual hizo fusilar a los presuntos conspiradores, entre quienes se encontraba Aleksandr Ulyánov, el hermano mayor de quien conocemos como Vladimir Lenin, líder de la Revolución Rusa de 1917.

Fue construido para la Exposición Universal de 1900, dando acceso desde la explanada de Les Invalides a los dos extraordinarios edificios conocidos como Le Grand Palais y Le Petit Palais. Diseñado por los arquitectos fueron Joseph Marie Cassien-Bernard y Gaston Cousin y bajo la dirección de los ingenieros Amédée Alby y Jean Résal, fue una de las primeras estructuras metálicas prefabricadas en el mundo, pues sus partes fueron fundidas y forjadas en las famosas acerías de Le Creusot, en la Borgogne francesa, transportadas hasta París e instalada por una inmensa grúa.

Su estilo Beaux Arts es fácilmente reconocible. Su generosa ornamentación cumple funciones de sobrepeso. Tiene un largo de 160 metros y un ancho de 40 metros; posee un solo arco de 6 metros de alto y 109 metros de longitud. Se destacan las lámparas montadas sobre candelabros de bronce oscuro, sus ninfas y sus cuatro columnas, de 17 metros de altura, coronadas cada una con Pegasos, mitológicos caballos alados, de bronce dorado.

4. LA ÓPERA

La Ópera de París (L’Opéra) se ubica en un bellísimo edificio, conocido como Palacio Garnier (en francés, Palais Garnier), en honor al arquitecto que lo diseñó, Charles Garnier. Una plaza y una explanada permiten admirar toda su belleza. Bajo la dirección del Barón Haussmann, buena parte de la ciudad medieval fue destruida a mediados del siglo XIX para dar a luz a la París moderna.

Así surgieron, entre otras obras, las amplias avenidas que surgen del Arco del Triunfo y este maravilloso edificio neobarroco, inaugurado en 1875. Muy cerca está el Boulevard des Capucines que la conecta con otra excelsa construcción: la iglesia conocida como La Madeleine.

5. EL MUSEO DEL LOUVRE

El Louvre es probablemente el museo más famoso del mundo. Entre sus obras maestras se encuentran La Gioconda, la Venus de Milo y la Victoria de Samotracia. Abrió sus puertas en 1793. Sin embargo, el edificio originalmente fue una fortaleza medieval, luego convertido en palacio real, de modo que no sólo las piezas expuestas tienen una rica historia.

Un inusitado hecho estético modificó sustancialmente su aspecto: En 1989 se construyó una pirámide de cristal en el frente, desde donde hoy acceden sus casi ocho millones de visitantes anuales. Al principio rechazada, esta curiosa creación del arquitecto chino Ieoh Ming Pei hoy forma parte inseparable del Louvre.

La colección tiene unas 300,000 obras, de las cuales se exponen algo más de una décima parte, organizadas temáticamente. Nuestras favoritas son las obras del cinquecento, la maravillosa época del renacimiento italiano. Dada su vastedad, recomendamos utilizar una guía del museo (se puede bajar digitalmente o comprar una impresa en el museo) y admirar sólo las obras maestras.

6. BASÍLICA DE SACRÉ-CŒUR

Charles Aznavour en su clásico La Bohème, le pone voz a un pintor que recuerda su juventud en Montmartre, y describe con nostalgia aquel tiempo desaparecido. La razón es sencilla: este barrio ubicado en una colina de unos 130 metros de altura, poseedor de una innegable aura romántica, fue la cuna de los impresionistas y el hogar de grandes artistas, como Picasso y Modigliani.

El corazón de Montmartre es la Basílica del Sacré Cœur. Aunque es un templo católico fue erigida en homenaje a los numerosos franceses muertos en la guerra con franco-prusiana. La piedra fundamental se colocó en 1875 y la obra se terminó en 1914, aunque fue consagrada recién en 1919.

El edificio de color blanquecino es un diseño elementos romanos y bizantinos. Tiene forma de cruz griega y cuatro cúpulas; el domo central tiene 80 metros de altura.

Se puede subir a la basílica en funicular. Muchos eligen sentarse en las gradas que están por delante para observar el atardecer, pero vale la pena dirigirse hacia tras, y caminar por la animada y bulliciosa Plaza de los Pintores (llamada en francés Place du Tertre), donde los retratistas compiten con las ventas de souvenirs. Por su ubicación privilegiada, recomendamos luego cenar en Le Consulat.

7. LA TORRE EIFFEL

La Tour Eiffel, como se le llama en francés, es el símbolo de París. Está situada muy cerca del Sena, en un extremo del Campo de Marte, en Les Invalides. Fue construida para la Exposición Universal de 1889. Diseñada por Maurice Koechlin y Émile Nouguier, la construcción de esta espigada estructura de hierro de 300 metros de altura fue construida por Alexandre Gustave Eiffel, quien además diseñó la estructura interna de la famosa Estatua de la Libertad de New York, en los Estados Unidos. El entramado de hierro, pensando para soportar grandes vientos, hoy es admirado por su perfecta simetría.

La Torre Eiffel está construida sobre una base cuadrada de 125 metros de lado, sobre la que asientan sus cuatro pilares. Los arcos se elevan hasta 39 metros de altura y su diámetro es de 74 metros. Tiene tres niveles a los que se asciende mediante ascensores (disfrute de los ascensores doble cabina).

En los dos primeros pisos hay miradores, negocios y restaurantes. Desde el tercer nivel, se dice que en días despejados se puede ver hasta una distancia de 72 kilómetros. Si uno quisiera subir en escalera hasta la cumbre, debe superar 1665 escalones, pero si cree que su corazón no resistiría, no se preocupe: sólo se pueden utilizar las escaleras hasta el segundo piso.

En el año 2000 se agregó al paisaje el Muro por la Paz, inspirado en el Muro de los Lamentos de Jerusalem. Fue diseñado por la escultora Clara Halter e instalado por el arquitecto Jean-Marie Wilmotte. Parte del monumento son 32 columnas de acero que contienen la palabra Paz.

8. PLACE DES VOSGES

Construida a principios del siglo XVII, esta plaza es la más antigua de las que perduran en París. Aunque está ubicada en Le Marais, un barrio de artistas, museos y restaurantes, es un remanso en medio del bullicio urbano.

Está cercada por 36 edificios de piedra blanca y ladrillo rojo, con ventanas salientes sobre arcadas y techos de tejas negras de pizarra. Sin salidas por las esquinas, la vista transmite una honda simetría, intacta desde hace cuatro siglos, que nos transporta a la época donde sus bancas eran ocupadas por la aristocracia. De paso, el escritor Víctor Hugo vivió varios años en una de sus casas.

París es… París… única, refinada, siempre a la vanguardia de las tendencias. Si va a París, no deje de visitar estos ocho lugares.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2020. Todos los derechos reservados.

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