“AMNESIA”, LA NUEVA NOVELA DE FEDERICO AXAT (por Pablo R. Bedrossian)

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Un hombre despierta junto al cadáver de una joven, una pistola en el piso y una botella de vodka. No logra recordar nada de sus últimas horas. Padece un enorme dolor físico y, sobre él, la sensación de haber perdido el control. Intenta inútilmente reanimar a la joven. Se interna en un bosque vecino y arroja el arma al lago. Regresa y el cadáver ha desaparecido, lo mismo que todo rastro de sangre. Así comienza “Amnesia”, la nueva novela de Federico Axat, escrita con el ritmo vertiginoso y cinematográfico que lo caracteriza.

En esos tramos iniciales se encuentran embrionariamente las mayores virtudes literarias de este joven autor: su cautivante manera de contar historias y su elevada capacidad para crear suspenso. La historia, mucho más que los personajes, es la que atrae y crea el misterio. No genera emociones sino sensaciones, sembrando interrogantes sobre quién es quién.

Tal como en su obra anterior, “La Última Salida”, el relato está ambientado en los Estados Unidos y parece una novela norteamericana escrita por un argentino[1]. Quizás porque lo comparo con aquel extraordinario texto, en mi opinión “Amnesia” no logra seducir al lector con la misma fuerza. Padece dos debilidades: en primer lugar, los cabos sueltos que deja el novelista son demasiado obvios para ser considerados simples elementos circunstanciales; el lector intuye inmediatamente que intervendrán en la resolución de la trama. En segundo lugar, algunas situaciones llegan a rozar el absurdo, quitándole credibilidad al momento y, en consecuencia, a la historia.

De todos modos, nos parece interesante el acertijo matemático que el escritor propone al final; además, las últimas dos notas, muy personales y fuera de los relatos, son realmente emotivas. Vamos a seguir a leyendo a Federico Axat, un joven autor cuya mayor muestra de talento creemos que aún está por llegar.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Nuestro comentario a “La Última Salida” puede leerse en https://pablobedrossian.com/2018/10/09/la-ultima-salida-una-fantastica-novela-de-intriga-por-federico-axat-por-pablo-r-bedrossian/ Consideramos esta obra la mejor novela de intriga escrita por un argentino hasta la fecha.

“LA PREGUNTA DE SUS OJOS”, INTRIGA PARA GANAR UN OSCAR (por Pablo R. Bedrossian)

la-pregunta-de-sus-ojosSerie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Muchos recordarán que “El Secreto de sus Ojos” ganó el Oscar a la Mejor Película Extranjera en 2010. El film dirigido por el argentino Juan José Campanella obtuvo merecidamente el preciado galardón al cautivar al público con una inteligente trama de misterio y suspenso. Sin embargo, un ojo experto puede detectar una notable similitud entre su final y el de la producción italiana “Un burgués pequeño pequeño” (“Un Borghese Piccolo Piccolo”), de 1977, protagonizada por el inolvidable Alberto Sordi. Aunque ese hecho mengua los méritos de la película, nos mueve a comentar que “La Pregunta de sus Ojos”, el relato de Eduardo Sacheri que la inspiró, tiene un final diferente. Quienes gozaron del film, van a disfrutar mucho más la novela.

El texto está escrito en dos planos. Uno relata en tercera persona el amor inconfeso de Benjamín Chaparro (en el cine Benjamín Espósito, protagonizado por Ricardo Darín) hacia Irene Hornos (en la película Irene Menéndez-Hastings), una ex compañera de trabajo en Tribunales que ha llegado a jueza. El otro, escrito en primera persona, es de algún modo el motivo y la estrategia con que Chaparro espera algún día conquistar a Irene: su opera prima como escritor, que relata la dilatada investigación del cruel asesinato de Liliana Colotto, y su posterior amistad con Ricardo Morales, esposo de la víctima.

El seguimiento del femicidio va desde 1968 a 1996. En esos 28 años transcurren profundos cambios políticos y sociales que inciden en la búsqueda del asesino; pero durante ese extenso periodo los personajes parecen sostener cada vez con mayor insistencia sus mismas creencias, actitudes y obsesiones. Quizás quepa preguntarse hasta qué punto Chaparro ve en Ricardo Morales a su alter ego en una situación desesperante.

Eduardo Sacheri utiliza el mismo lenguaje coloquial de sus emotivos cuentos futboleros, confirmando su singular capacidad para verbalizar sentimientos. Podríamos decir que es un artista que retrata con asombrosa naturalidad la dura realidad de hombres y mujeres de nuestro tiempo.

Como todas las obras publicadas bajo el sello de Alfaguara, “La Pregunta de sus Ojos” es una obra cuya lectura no defrauda. Además, junto a “El Jardín de Bronce” de Gustavo Malajovich, forman parte de una nueva literatura argentina de intriga, donde más que héroes, hay luchadores de carne y hueso.

NOTA:

El film “El secreto de sus ojos” tiene una versión norteamericana titulada “Secret in Their Eyes”, dirigida por Billy Ray e interpretada por Nicole Kidman y Julia Roberts, muy inferior a la original ganadora del Oscar.

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


BONUS:

VEMOS LO QUE LEEMOS – BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA (por Pablo R. Bedrossian)

 

Intriga 01El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia. Las novelas tienen hoy el lenguaje del cine: vemos lo que leemos, reconstruyendo en imágenes mentales lo que el texto presenta. Cuando esas palabras tejen una buena historia, ingresamos a un territorio desconocido donde el autor nos expone a nuevas experiencias, haciéndonos partícipes de las emociones de los protagonistas.

“El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia”.

En el siglo XX, y en especial en su segunda mitad, las novelas se caracterizaron por combinar buenos relatos y diálogos intensos, despojando a los personajes del ejercicio introspectivo al que los sometía el escritor del siglo XIX. Graham Green o Morris West, por mencionar a algunos, hicieron gala de esa técnica, que parece más propia del guión y del cómic.

Además, las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Ningún detalle queda librado a la casualidad. Lo que parece un cabo suelto termina siendo un movimiento calculado del escritor, que lo retoma inesperadamente, procurando la sorpresa del lector. Además va introduciendo repentinos cambios que, como golpes de timón, dan la sensación de dejar a los personajes (y al lector ingenuo) totalmente a la deriva. Desde luego, lo inesperado es lo esperable, ¿o, acaso, no es la lectura de esa prodigiosa mezcla de drama, acción y misterio que es la novela de intriga, la búsqueda de una experiencia inquietante  que desafíe nuestra imaginación?

“Las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde nada sobra y nada falta”.

Intriga 02Un elemento que se agrega a la construcción del relato es la erudición, que incluso llega a desplazar a la imaginación. Ya no estamos en los ’70 donde Irving Wallace tiene grandes inconsistencias frente al saber académico cuando habla del documento Q en “La Palabra”, sino en el tiempo donde el conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción, como es este tipo de novela. “El Nombre de la Rosa” es un clásico ejemplo de novela erudita. Dan Brown, con sus best-sellers “El Código da Vinci” y “Ángeles y demonios”, que hicieron furor a principios del siglo XXI, sumó el vértigo (pues las historias transcurren en un lapso muy corto de tiempo), que impreso a la atractiva idea de la conspiración -subyacente en la mayoría de las novelas de intriga-, produce en el lector el efecto deseado.

“El conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción”.

El resultado de la combinación de estos elementos es mucho más que la suma de ellos. Se fabrica una texto–un caso– que tiene elementos crípticos que mueven al lector a encontrar las claves secretas que develan el misterio. Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad. Al leer una novela policial todos somos detectives, pero no somos nosotros quienes manejan a los personajes, sino el narrador que, como un gran titiritero, maneja también nuestras emociones a través de las palabras.

“Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad”. 

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

 

 

“LA VERDAD SOBRE EL CASO HARRY QUEBERT” (por Pablo R. Bedrossian)

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“No la explicación de lo inexplicable, sino de lo confuso es la tarea que se imponen, por lo común, los novelistas policiales”[1]. Jorge Luis Borges

La verdad sobre el caso Harry QuebertDecía Manfred Schönfeld que lo más difícil en toda investigación es reconstruir el pasado, debido a la manipulación a la que son sometidos los hechos. Más de una vez -me comentó- lo único que nos queda es pensar.

Precisamente la novela de intriga es un desafío al pensamiento, un problema de ingenio o puzzle, en el cual el escritor cuenta una historia donde la autoría de un crimen es incierta. Va dejando cabos sueltos, irrelevantes incluso para el lector atento, que luego retomará como elementos claves para entender los hechos.

“La verdad sobre el caso Harry Quebert”, del joven suizo Joël Dicker, es una excelente muestra del género. Es un relato en dos planos cronológicos (lo sucedido hace más de treinta años y el presente), que trata sobre la desaparición de una joven de 15 años enamorada de un hombre de 34, de la relación entre dos escritores -el mentor y su discípulo- y de lo que podríamos llamar un “pueblo chico, infierno grande”.

Paralelamente, al estilo del film Murder 101, expone cómo se escribe una novela policial, presentando una serie de sorpresas en las últimas cincuenta páginas que mantendrán al lector en una tensión mucho más elevada que lo que sugerían las páginas previas.

Finalmente, no es un thriller psicológico. Más bien, es una novela visual, al estilo de El Código Da Vinci. Sucesos y diálogos convergen para convertirla en una suerte de película leída.

Diría que, tal como “El Jardín de Bronce”, de Gustavo Malajovich, “La verdad sobre el caso Harry Quebert”, escrita por Joël Dicker y editada por Alfaguara, es una excelente muestra de cómo contar historias en los albores del siglo XXI.

Calificación:

5 Estrellas

 

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Borges, Jorge Luis, en su ensayo “El Espejo de los Enigmas” de su libro “Otras Inquisiciones”, tomado de “Jorge Luis Borges – Obras Completas (1923-1972)”, Emecé Editores, Buenos Aires, 1974, 13ª impresión


SUGERENCIAS

Para más detalles te invito a leer:

  • “BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA”, que se encuentra en el link: https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/03/21/vemos-lo-que-leemos-breve-ensayo-acerca-de-la-novela-de-intriga-por-pablo-r-bedrossian/

Si te interesa la novela de intriga, te recomiendo

  • “EL JARDÍN DE BRONCE”, LA OPERA PRIMA DE GUSTAVO MALAJOVICH

https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/02/19/el-jardin-de-bronce-la-opera-prima-de-gustavo-malajovich-por-pablo-r-bedrossian/

  • “ABRIL ROJO”, UN THRILLER CON SABOR A PERÚ

https://pablobedrossian.wordpress.com/2016/01/02/abril-rojo-un-thriller-con-sabor-a-peru-por-pablo-r-bedrossian/

 

 

VEMOS LO QUE LEEMOS – BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA (por Pablo R. Bedrossian)

Intriga 01El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia. Las novelas tienen hoy el lenguaje del cine: vemos lo que leemos, reconstruyendo en imágenes mentales lo que el texto presenta. Cuando esas palabras tejen una buena historia, ingresamos a un territorio desconocido donde el autor nos expone a nuevas experiencias, haciéndonos partícipes de las emociones de los protagonistas.

“El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia”.

En el siglo XX, y en especial en su segunda mitad, las novelas se caracterizaron por combinar buenos relatos y diálogos intensos, despojando a los personajes del ejercicio introspectivo al que los sometía el escritor del siglo XIX. Graham Green o Morris West, por mencionar a algunos, hicieron gala de esa técnica, que parece más propia del guión y del cómic.

Además, las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Ningún detalle queda librado a la casualidad. Lo que parece un cabo suelto termina siendo un movimiento calculado del escritor, que lo retoma inesperadamente, procurando la sorpresa del lector. Además va introduciendo repentinos cambios que, como golpes de timón, dan la sensación de dejar a los personajes (y al lector ingenuo) totalmente a la deriva. Desde luego, lo inesperado es lo esperable, ¿o, acaso, no es la lectura de esa prodigiosa mezcla de drama, acción y misterio que es la novela de intriga, la búsqueda de una experiencia inquietante  que desafíe nuestra imaginación?

“Las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”.

Intriga 02Un elemento que se agrega a la construcción del relato es la erudición, que incluso llega a desplazar a la imaginación. Ya no estamos en los ’70 donde Irving Wallace tiene grandes inconsistencias frente al saber académico cuando habla del documento Q en “La Palabra”, sino en el tiempo donde el conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción, como es este tipo de novela. “El Nombre de la Rosa” es un clásico ejemplo de novela erudita. Dan Brown, con sus best-sellers “El Código da Vinci” y “Ángeles y demonios”, que hicieron furor a principios del siglo XXI, sumó el vértigo (pues las historias transcurren en un lapso muy corto de tiempo), que impreso a la atractiva idea de la conspiración -subyacente en la mayoría de las novelas de intriga-, produce en el lector el efecto deseado.

“El conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción”.

El resultado de la combinación de estos elementos es mucho más que la suma de ellos. Se fabrica una texto–un caso– que tiene elementos crípticos que mueven al lector a encontrar las claves secretas que develan el misterio. Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad. Al leer una novela policial todos somos detectives, pero no somos nosotros quienes manejan a los personajes, sino el narrador que, como un gran titiritero, maneja también nuestras emociones a través de las palabras.

“Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad”. 

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


BONUS:

PALABRA DE BORGES

(Jorge Luis Borges y la novela de intriga)

“’No la explicación de lo inexplicable, sino de lo confuso es la tarea que se imponen, por lo común, los novelistas policiales’. Con estas palabras tomadas de una nota a su ensayo sobre Chesterton, Borges enuncia la esencia del enigma del género policial. Cuanto mayor sea la confusión del misterio criminal, tanto mayor será la exaltación del intelecto que consiga trocar lo confuso en claridad”[1].

Del diálogo con María Esther Vázquez “La novela policial” (1963)

Jorge Luis Borges (caricatura)Consultado por María Esther Vázquez sobre la novela policial, Borges fijó sus orígenes del género en el famoso cuento “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe, escrito en 1841. Pensamos que sus ideas acerca de la novela policial se hacen extensivas a toda la novela de intriga, de la cual la policial forma parte. Leamos una sabrosa parte del aquel diálogo.

JLB: Estos cuentos han creado un tipo especial de lector. Es decir: cuando leemos un libro cualquiera lo leemos sin la menor suspicacia. No pensamos que al autor está tratando de engañarnos.

MEV: Cuando Cervantes nos dice “En un lugar de la Mancha (…) vivía un hidalgo” creemos que verdaderamente un hidalgo vivía en un lugar de la Mancha.

JLB: Claro. En cambio, si esa observación estuviera al principio de un cuento policial, sería sometida a nuestra desconfianza, a nuestra vigilancia; pensaríamos que quizás el hidalgo no viviría en un lugar de la Mancha o que ese hidalgo no era realmente un hidalgo, sino alguien que se hacía pasar por tal y lo que fuere. De igual manera, los primeros cuentos de Poe fueron leídos con la inocencia y buena voluntad con que se lee cualquier relato, pero ahora esos cuentos han creado una manera especial de leerlos.

MEV: En última instancia nosotros mismos en cuanto lectores de cuentos policiales, somos personajes creados por Poe.

JLB: Claro. Esa es la idea.

….

MEV: ¿Qué influencia ha tenido la novela policial en sus poco más de cien años de vida?

JLB: Hablar de esta influencia es hablar de los defectos y de los méritos del género. Stevenson dijo que las ficciones policiales corrían el albur de ser meros artificios, de tener algo de mecánico. Por ejemplo, si en un libro cualquiera, un personaje sale después de almorzar, da una vuelta y luego vuelve a su casa, esto puede hacerlo simplemente porque tales cosas ocurren en la realidad o porque se nos quiere indicar el estado de ánimo de ese personaje. En cambio, si eso ocurre en una ficción policial, el lector sospecha que ha salido para que alguien pueda entrar en su casa; es decir, que los personajes están supeditados al argumento. Y ahí aparece el artificio ingenioso, pero mecánico, porque tiene que seguir un dibujo, la línea premeditada del argumento. En cuanto a los méritos del género policial, creo que podrían ser estos: en un libro policial pocas cosas pueden estar entregadas al azar: esas ficciones tienen que tener un principio, un medio y un fin… La novela policial tiene unidad, y ello es fundamentalmente importante en nuestro tiempo.

MEV: ¿Por qué?

JLB: Porque en nuestro tiempo la literatura es muchas veces un mro ejercicio de la vanidad de los autores, quienes se proponen sólo sorprender. Los relatos policiales, aunque despreciados por muchos, tienen la virtud de recordar a los autores que la obra de arte debe tener un principio, un medio y un fin… los autores de ficciones policiales, buenas o malas, han recordado a nuestro tiempo la belleza y la necesidad de un orden y de una regularidad en las obras literarias.

MEV: ¿Subsistirá la novela policial?

JLB: la profecía es el más peligroso de los géneros literarios. Sin embargo, me atrevo a profetizar qe cierto género policial clásico -digamos- está a punto de desaparecer. Esto se explica porque en el género policial hay mucho de artificio: interesa saber cómo entró el asesino entre un grupo de personas artificialmente limitado, interesan los medios mecánicos del crimen y estas variaciones pueden ser infinitas. Una vez agotadas todas las posibilidades, la novela policial tiene que volver al seno de todas las novelas. Fuera de lo mecánico, volveríamos a lo psicológico, lo cual no está mal, porque volveríamos a Macbeth, a los admirables asesinatos de las novelas de Dostoievsky, al crimen de Raskolnikoff… Pero aunque la novela policial desapareciera como género -todo género muy legislado tiende a desaparecer- siempre quedaría la saludable influencia que hemos mencionado.


REFERENCIAS

[1] Lema Hincapié, Andrés,  “Sangre y enigmas: Borges y la literatura policial”, ensayo de autor, 1999.

“EL JARDÍN DE BRONCE”, LA OPERA PRIMA DE GUSTAVO MALAJOVICH (por Pablo R. Bedrossian)

El Jardin de Bronce 01

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

“El jardín de bronce” es la primera novela de Gustavo Malajovich, un joven arquitecto, guionista de la exitosa serie televisiva “Los simuladores”. A medio camino entre un policial negro y una obra de suspenso, atrapa desde el principio hasta el final. Es un texto adictivo, en el que la tensión nunca cae y que, a diferencia de otros buenos relatos que pierden fuerza en el último tramo, tiene un extraordinario desenlace.

“El jardín de bronce” es una historia que se lee desde dos lados, dos perspectivas complementarias e iluminadoras, que no son simultáneas. Son las dos caras de una misma moneda, que la revelan en su totalidad.

Situada en Buenos Aires, comienza con la desaparición de Moira, la única hija de Lila Lestelle y Fabián Danubio, un típico hogar porteño de clase media. A partir de allí comienza la búsqueda donde intervienen desde la policía hasta personajes entrañables como Doberti. Es una historia poblada de misterio, donde uno debe poner en duda todo lo que parece cierto, y cada hecho en apariencia casual puede resultar un movimiento planificado.

Malajovich administra magistralmente los tiempos. No se apresura ni se demora para presentar los hechos. Lo hace como si una silenciosa cámara siguiera a Fabián Danubio, el gran protagonista, describiendo las situaciones con un lenguaje preciso, sin barroquismos ni vulgaridades. Tiene el estilo de un cronista, o, mejor, el de un dibujante que a veces opera a grandes trazos y otras con precisión quirúrgica. Chesterton estaría feliz de leer una novela como esta, aunque no persiga el propósito moral que lo guiaba.  Ocurre que cada hilo suelto termina enhebrado en esa red narrativa que proyecta vívidas imágenes en la mente del lector.

Dice la solapa del libro que “El jardín de bronce” es el comienzo de una saga protagonizada por Fabián Danubio. Nos resulta muy atractiva la idea pero nos preguntamos –y, sin duda, ese será el mayor desafío de Gustavo Malajovich- cómo hará para superar su extraordinaria opera prima.

 © Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.

BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA: VEMOS LO QUE LEEMOS

Intriga 01El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia. Las novelas tienen hoy el lenguaje del cine: vemos lo que leemos, reconstruyendo en imágenes mentales lo que el texto presenta. Cuando esas palabras tejen una buena historia, ingresamos a un territorio desconocido donde el autor nos expone a nuevas experiencias, haciéndonos partícipes de las emociones de los protagonistas.

En el siglo XX, y en especial en su segunda mitad, las novelas se caracterizaron por combinar buenos relatos y diálogos intensos, despojando a los personajes del ejercicio introspectivo al que los sometía el escritor del siglo XIX. Graham Green o Morris West, por mencionar a algunos, hicieron gala de esa técnica, que parece más propia del guión y del cómic.

Además, las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Nada queda librado a la casualidad. Lo que parece un cabo suelto termina siendo un movimiento calculado del escritor, que lo retoma inesperadamente, procurando la sorpresa del lector. Además va introduciendo repentinos cambios que, como golpes de timón, dan la sensación de dejar a los personajes (y al lector ingenuo) totalmente a la deriva. Desde luego, lo inesperado es lo esperable, ¿o, acaso, no es la lectura de esa prodigiosa mezcla de drama, acción y misterio que es la novela de intriga, la búsqueda de una experiencia inquietante  que desafíe nuestra imaginación?

Intriga 02Un elemento que se agrega a la construcción del relato es la erudición, que incluso llega a desplazar a la imaginación. Ya no estamos en los ’60 donde Irving Wallace tiene grandes inconsistencias frente al saber académico cuando habla del documento Q en “La Palabra”, sino en el tiempo donde el conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción, como es este tipo de novela. “El Nombre de la Rosa” es un clásico ejemplo de novela erudita. Dan Brown, con sus best-seller “El Código da Vinci” y “Ángeles y demonios”, que hicieron furor a principios del siglo XXI, sumó el vértigo (pues las historias transcurren en un lapso muy corto de tiempo), que impreso a la atractiva idea de la conspiración, subyacente en la mayoría de las novelas de intriga, produce en el lector el efecto deseado.

El resultado de la combinación de estos elementos es mucho más que la suma de ellos. Se fabrica una texto–un caso– que tiene elementos crípticos que mueven al lector a encontrar las claves secretas que develan el misterio. Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad. Como alguien dijo, al leer una novela policial todos somos detectives, pero no somos nosotros quienes manejan a los personajes, sino el narrador que, como un gran titiritero, maneja también nuestras emociones a través de las palabras.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.