Una derrota no convierte en fracasado a quien llegó más lejos que casi todos. Tampoco la frustración concede derecho a la violencia. La verdadera grandeza se demuestra tanto en las victorias como en las derrotas.
España venció 1 a 0 a la Argentina en la final del Mundial 2026, con un gol de Ferran Torres en el tiempo suplementario. El resultado produjo dolor, frustración y una catarata de opiniones. Algunos analizaron el partido, pero otros buscaron culpables con la urgencia de quien necesita sentar a alguien en el banquillo de los acusados. A nuestro juicio, lo ocurrido deja dos enseñanzas: debemos aprender a valorar lo logrado aun cuando no alcance para volver a ser campeones y, sobre todo, debemos aprender a ser dignos perdedores.
LA OBSESIÓN POR ENCONTRAR CULPABLES
Nos preocupa la búsqueda de responsables. El torneo comenzó con 48 selecciones; 46 regresaron a sus casas antes que España y Argentina. Llegar a la final no garantiza la victoria, pero acredita un mérito que ningún resultado posterior puede borrar. Confundir una derrota con un fracaso es despreciar el recorrido y reducir todo al último partido.
Podemos discutir el planteamiento táctico, los cambios o la escasa capacidad ofensiva. También reconocer que España fue superior. Sin embargo, explicar por qué se perdió es muy diferente a organizar una caza de brujas. El análisis intenta comprender para mejorar; la condena busca personas sobre quienes descargar la frustración.
Hay una tendencia a mirar hacia afuera cuando algo sale mal: el árbitro, el entrenador, un jugador o una conspiración. Quizá antes de juzgar deberíamos mirarnos a nosotros mismos. ¿Con qué facilidad acusamos al que ayer aplaudimos? ¿Por qué exigimos a los demás una perfección que no alcanzamos en nuestra propia vida? Buscar culpables suele aliviar momentáneamente el dolor, pero rara vez ayuda a crecer y, menos aún, a alcanzar la grandeza.

TAMBIÉN HAY QUE SABER PERDER
La segunda reflexión se refiere a los incidentes ocurridos tras el silbato final[1]. Comprendemos que las pulsaciones estén a 160 por minuto y que la impotencia, el dolor y la frustración sean enormes. Comprender, sin embargo, no significa justificar. Ninguna emoción concede el derecho a agredir a un rival.
Nos encanta ser ganadores, pero a veces pareciera que no hemos alcanzado la madurez para ser perdedores. Ganar revela capacidades; perder luchando revela carácter. Cuando todo sale bien, resulta sencillo mostrarse generoso. La verdadera prueba llega cuando el resultado contradice nuestros deseos. Allí se conoce el temple de las personas y de los equipos.
La violencia no corrige una injusticia ni modifica el marcador. Al contrario, desmerece a quien la ejerce y desplaza la atención desde el esfuerzo realizado hacia una conducta reprobable. Lo ocurrido no constituye una tragedia y no debe exagerarse, pero tampoco debemos minimizarlo: no representa la imagen que deseamos ofrecer de nuestro país. Aceptar el error es el primer paso para que no vuelva a repetirse.
¿EXISTE UNA CAMPAÑA CONTRA LA ARGENTINA?
No toda crítica forma parte de una campaña antiargentina. España ganó justamente y cuestionar el desempeño de nuestra selección es legítimo. El problema aparece cuando la crítica abandona los hechos y se transforma en hostilidad sistemática contra Messi, contra el equipo o contra el país: uno odio que se infunde, no por lo que alguien hace, sino por lo que es.
En un artículo anterior describimos el “Club de los Anti Mess”’[2]. Allí identificamos distintos grupos que encuentran satisfacción en cada tropiezo argentino: cierto sector del periodismo mexicano que aún no digiere las eliminaciones de 2006 y 2022[3]; algunos madridistas que convierten la comparación entre Cristiano Ronaldo y Messi en una guerra personal; y personajes políticos argentinos que pretenden apropiarse de la Selección o asociarla al gobierno de turno. Los jugadores están por encima de cualquier partidismo.
Las redes sociales y ciertos programas deportivos amplifican esas voces porque el resentimiento genera audiencia. La indignación retiene al espectador; el insulto circula más rápido que la reflexión; la provocación produce clics. Por eso conviene distinguir entre la crítica honesta, que puede enseñarnos, y el descrédito como oficio, cuyo único propósito es rebajar al otro.
Siempre hemos dicho que la envidia es el tributo que la mediocridad le rinde al talento. Quien no puede elevarse intenta bajar a quien llegó más alto. Sin embargo, tampoco deberíamos utilizar la existencia de esos detractores para negar nuestros errores. La madurez consiste en sostener simultáneamente dos verdades: hubo críticas malintencionadas y, al mismo tiempo, hubo conductas nuestras que merecen ser cuestionadas.
LA OPORTUNIDAD DE APRENDER
El subcampeonato no invalida lo construido por Lionel Scaloni ni disminuye la grandeza de Lionel Messi. Este ciclo devolvió a la Selección una identidad, reunió a los argentinos alrededor de una esperanza común y la condujo nuevamente hasta el último partido de un Mundial. El desenlace fue doloroso, pero esta final nos ofrece oportunidades. Primero, dejar de buscar culpables y comenzar a buscar aprendizajes. Segundo, aceptar que el rival fue superior sin convertir ese reconocimiento en una descalificación de nuestro equipo. Tercero, ser buenos perdedores: felicitar al vencedor, controlar las emociones y preservar la dignidad aun en el momento más doloroso. Finalmente, no confundir a un puñado de detractores con naciones enteras.
Perder una final duele. Pero mucho peor sería perder la capacidad de aprender. Los resultados pasan; el carácter permanece. Si sabemos extraer una lección de lo ocurrido, la derrota no habrá sido inútil.
© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.
REFERENCIAS
[1] Reuters, “FIFA to investigate World Cup final post-match brawl”, 20/7/2026, https://www.reuters.com/sports/soccer/fifa-investigate-world-cup-final-post-match-brawl-2026-07-20/
consultado el 22 de julio de 2026.
[2] Bedrossian, Pablo R., “El Club de los Anti Messi”, 10/7/2026, https://pablobedrossian.com/2026/07/10/el-club-de-los-anti-messi/ consultado el 22 de julio de 2026.
[3] Bedrossian, Pablo R., “El descrédito como oficio: una mirada crítica al periodismo deportivo mexicano”, ,26/6/2026, https://pablobedrossian.com/2026/06/26/el-descredito-como-oficio-periodismo-deportivo-mexicano/ consultado el 22 de julio de 2026.

Realmente es una buena opción que Ud plantea aprender a perder … y su país que se auto valora de élite … le es doloroso no obtener la copa … pero es un juego … y en un juego unos ganan y otros pierden y allí se desata todo un descontrol de epitetos que no conducen a nada pero si retratan una descalificación innecesaria … que no ayuda … a nadie … es una lástima que estamos en el año 2026 y no hemos aprendido a empatizar …
Me gustó mucho su reflexión la compartiré con personan que no se quedan en nimiedades …
Un saludo desde Chiguayante una comuna del Gran Concepción , región del Biobío , Chile
Muchas gracias. Abrazo a los hermanos chilenos. Estuve dos veces en su país y me encantó.
Muy sensato tu abordaje analítico Pablo. La derrota no humilla al fuerte; simplemente le recuerda la distancia entre lo que es y lo que aún puede ser.
España venció, sí, pero lo que importa es que Argentina descubrió cuánta fuerza dormida todavía no ha reclamado.
Friehdric Nietzsche habría dicho que la caída es un llamado a la voluntad de superación, no un juicio final. JAM