EL DESCRÉDITO COMO OFICIO: UNA MIRADA CRÍTICA AL PERIODISMO DEPORTIVO MEXICANO

Serie MUNDIAL DE FÚTBOL 2026

En este artículo reflexionamos sobre una forma de periodismo deportivo que no busca explicar el juego, sino desmerecer al otro. No nos referimos a la crítica legítima, siempre necesaria, sino al descrédito como método: los prejuicios que reemplazan al análisis, el personaje que devora al periodista y la grandeza ajena que parece incomodar. Lo invitamos a leerlo y a sumar su opinión.

Amamos al pueblo mexicano. Hemos estado en su país más de una docena de veces y guardamos por México un afecto sincero. También disfrutamos su fútbol: la Liga MX suele ofrecer goles, juegos intensos y emotivas narraciones a cargo de grandes relatores. Sin embargo, hay algo que nos llama poderosamente la atención: la paupérrima capacidad analítica de una parte del periodismo deportivo que se sostiene alrededor de la polémica, los señalamientos arteros y la crítica permanente.

No decimos esto para generalizar. En México hay periodistas deportivos serios, preparados y capaces de analizar el juego con respeto. Por ejemplo, aunque no siempre coincidamos, apreciamos la opinión de David Faitelson. Pero también hay comunicadores que parecen haber convertido el descrédito en método, la exageración en marca personal y la provocación en negocio.

CUANDO EL PERSONAJE SE DEVORA AL PERIODISTA

El caso más visible, a nuestro juicio, es el de Álvaro Morales. Sería muy fácil, aun para un niño, descalificarlo, llamándolo bocón y hazmerreír; sin embargo, preferimos no actuar como él y plantear el tema desde otra óptica. No se trata solamente de que defienda a Cristiano Ronaldo o cuestione a Messi; eso entra dentro del debate deportivo y, bien planteado, puede ser legítimo. El problema surge cuando metódicamente culpa a otros, a los árbitros, al técnico o a los rivales por los fracasos de los equipos y jugadores que defiende. Así, el análisis se transforma en show, y el show termina devorando al análisis.

Se cuenta que le preguntaron a Jason Alexander, el actor que interpretaba a George Costanza en Seinfeld, cómo se sentía al encarnar a un personaje que hacía todo aquello que un hombre teme hacer en público. La respuesta, más o menos, fue que gracias a eso pudo pagar la universidad de sus hijos. La anécdota sirve para entender algo: muchos personajes viven de exagerar su propia caricatura. El problema es cuando esa caricatura pretende ocupar el lugar del periodismo.

Álvaro Morales ha entendido muy bien el mecanismo de las redes sociales: indignar, provocar, dividir y lograr que todos hablen de él. Su personaje funciona porque despierta adhesiones y rechazos. Pero la pregunta es otra: ¿eso mejora la conversación deportiva? ¿Ayuda a comprender mejor el fútbol? ¿O simplemente convierte el debate en algo inútil?

Recordamos, por ejemplo, la derrota de México ante Argentina en el Mundial de Qatar 2022. En vez de detenerse en la superioridad técnica o en los aciertos del rival, sus comentarios se dedicaron a asignar culpas al técnico Gerardo Martino y el arquero Guillermo “Memo” Ochoa. Su propósito fue desmerecer el triunfo argentino y el golazo de Messi -un tiro de fuera del área colocado magistralmente en un rincón inalcanzable para el portero-, a quien, no sin placer, llamó “Messicito” tras la derrota argentina frente Arabia Saudita.

CUANDO EL ANÁLISIS ES EXPRESIÓN DE PREJUICIOS

También aparece en la conversación José Ramón Fernández, referente histórico del periodismo deportivo mexicano. Insistió, sin dejar espacio para el debate o la duda, en que Messi debió ser expulsado por una falta en el partido contra Argelia. No discutimos aquí el derecho a opinar sobre una jugada; discutimos la tendencia a convertir cada episodio en una sentencia absoluta.

El fútbol admite discrepancias. Una misma infracción puede dividir opiniones; una amarilla para algunos puede parecer roja para otros. Pero cuando el análisis nace ya decidido por la antipatía, la rivalidad o el personaje, deja de ser análisis y se convierte en manifestación de prejuicios.

Por eso, el tema de fondo no es Messi ni Cristiano Ronaldo. Tampoco es México contra Argentina. El tema es qué clase de periodismo deportivo queremos escuchar: uno que piense, compare, investigue y explique, o uno que necesite hacer ruido para sobrevivir.

UNA CRÍTICA RESPETUOSA

Decimos esto desde el respeto y el cariño por la afición mexicana. Precisamente porque admiramos tantas cosas de su cultura, de su gente y de su fútbol, sorprende que una parte del debate deportivo quede atrapada en la descalificación. México tiene una rica historia, grandes estadios, barras apasionadas, y una liga altamente competitiva. Merece también una conversación deportiva de mayor calidad.

La envidia, se ha dicho muchas veces, es el tributo que la mediocridad rinde al talento. La frase puede sonar dura, pero mueve a pensar lo que ocurre cuando el talento ajeno se vuelve insoportable para algunos. En lugar de analizarlo, se lo minimiza; en lugar de reconocerlo, se lo relativiza; en lugar de aprender de él, se lo ataca.

Quizá allí esté el verdadero desafío: dejar de discutir desde la pequeñez y empezar a mirar el fútbol con más grandeza. Porque la grandeza ajena no debería incomodar al periodismo: debería invitarlo a estar a su altura.

© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.

Un comentario sobre “EL DESCRÉDITO COMO OFICIO: UNA MIRADA CRÍTICA AL PERIODISMO DEPORTIVO MEXICANO

  1. Excelente análisis, claro que es así. Pero estos seudo periodistas logran lo que se proponen, que hablen de ellos.

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