COMENTARIO A “LOS CUARENTA BRAMADORES” DE VITO DUMAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Título: “Los cuarenta bramadores”

Autor: Vito Dumas

Año: 1943 (primera edición 2002)

Cuando era niño nos encantaba coleccionar figuritas. Consistían en fotos o dibujos sobre pequeños cartones redondos que pegábamos en álbumes. Aunque la inmensa mayoría era de fútbol, a veces incluían otros deportes o la carrera espacial. Había una en particular que me llamaba la atención: correspondía al argentino Vito Dumas, nombre al que agregaba la frase el navegante solitario

Vito Dumas realizó dos viajes asombrosos: el primero, desde fines de 1931 a abril de 1932, cruzando el Océano Atlántico en el velero LEHG I. En aquella ocasión unió Arcachon, Francia, con Buenos Aires; el segundo, desde junio de 1942 a septiembre de 1943, sobre el velero LEHG II, para convertirse en el primer hombre en dar la vuelta al mundo en solitario. “Los cuarenta bramadores” es su propio relato de las peripecias vividas en el último viaje. Recibe el nombre de unos vientos tormentoso que tuvo que enfrentar en la ruta elegida, cercana al paralelo de 40º sur.

El autor y protagonista comienza diciendo que jamás se imaginó un destino náutico y que nunca tuvo predilección por el mar. Además, se vio en la obligación de trabajar desde los 14 años, creciendo en un ambiente de penurias económicas, pero con la decisión de hacer de su vida una experiencia que valiera la pena. “¿Cuál es la fuerza que me impulsa a partir, a arrastrarme a un destino que forzosamente me obliga a romper con toda esta normalidad? ¿será que siento la necesidad de demostrar que aún quedan soñadores, románticos, visionarios? La juventud necesita un ejemplo. Sin pretensiones, creo poder constituirme en eso”.

El viaje tuvo innumerables contingencias -alguien nos comentó que los amantes del yacht evitan mencionar a Vito Dumas porque es mufa[1]-, incluyendo un gravísimo absceso en un brazo que pudo llevarlo a la muerte, resuelto -según cuenta- de una manera milagrosa. Enfrentó olas que alcanzaban los 18 metros y montaba el velero sobre ellas para impulsarse en una suerte de montaña rusa náutica que aterrorizaría a cualquiera de los mortales. La primera etapa unió Buenos Aires con Ciudad del Cabo, en África, donde antes de llegar se cruzó con un submarino, pues se libraba la 2ª Guerra Mundial. La segunda etapa, Ciudad del Cabo con Wellington, la capital de Nueva Zelanda. La tercera, Wellington con Valparaíso, Chile. Tres océanos, Atlántico, Índico y Pacífico, surcados en la mayor soledad, con una nave que no era una cáscara de nuez sino un grano de arena en la inmensidad. Pero Chile no era el destino final. Quedaba aún quizás el más difícil de los retos, cruzar el Cabo de Hornos para llegar a Buenos Aires.

En uno de los raros momentos de calma en su diminuta embarcación comenta “La mente, en esta maravillosa quietud sin zozobras, va formando proyectos, gestando futuras rutas, eligiendo amigos con los cuales realizar cruceros, ‘construyendo’ el barco ideal, que será la resultante de la larga experiencia. Piensa también en que otros se sientan estimulados, salgan del reducido cauce en el cual se desenvuelven vidas y logren un concepto más amplio de la verdad. Corren los pensamientos, se deslizan sobre el mar, se van lejos, saltan de un puerto a otro, de una figura a otra”.

Hay dos detalles que deseamos subrayar: la falta de recursos económicos del navegante suplida por sus amigos y el justo reconocimiento que Dumas hace no solo a esos amigos sino a todos los que lo apoyaron. Tiene una memoria prodigiosa para recordar decenas de nombres y de gestos que hicieron posible su hazaña.

Gestas como la de Vito Dumas, como la llegada del hombre a la luna, el rescate de los mineros chilenos o la aparición con vida de los sobrevivientes de la tragedia de Los Andes unen a la humanidad. Tienen un valor extraordinario para deponer esas diferencias que nos confrontan unos con otros. Además, nos inspiran a ir por más. “Los cuarenta bramadores” es un relato de aventuras, un cuaderno de bitácora íntimo y personal, apasionante y emocionante.

© Pablo R. Bedrossian, 2022. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Término popular utilizado en Argentina para indicar mala suerte.



Categorías:Comentarios de Libros y Escritores, Confieso que he leído

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