“EL DIARIO DE ANA FRANK” (por Pablo R. Bedrossian)

Serie LECTURA RECOMENDADA

Título: “El Diario de Ana Frank”

Autor: Ana Frank (textos editados por su padre, Otto Frank)

Año: 1947

Pocos libros son tan universalmente conocidos como “El Diario de Ana Frank”, el relato de una niña que a punto de cumplir los 13 años es forzada a ocultarse junto a su familia por su condición de judía. Los Frank se habían trasladado de Alemania a Países Bajos con el propósito de huir de Hitler y sus secuaces, pero todo ese esfuerzo resultó estéril. Solo queda esconderse para evitar ser presa de los nazis.

Los Frank junto a otra familia, los Vaan Dan, y un dentista de apellido Dussell se refugian en un departamento construido especialmente en el edificio de la empresa del papá de Ana cuya entrada queda oculta por un armario.

“El terror reina en la ciudad. Noche y día, transportes incesantes de esas pobres gentes, provistas tan solo de una bolsa que llevan al hombro y un poco de dinero. Estos últimos bienes les son quitados en el trayecto, según dicen. Se separa a las familias, agrupando a hombres, mujeres y niños. Los niños, al volver de la escuela, ya no encuentran a sus padres. Las mujeres, al regresar del mercado, hallan sus puertas selladas; se encuentran con que sus familias han desaparecido. También les toca a los cristianos holandeses: sus hijos son enviados obligatoriamente a Alemania. Todo el mundo tiene miedo” (de la entrada del 13 de enero de 1943).

Durante más de dos años Ana vive y convive encerrada en ese reducto pequeño que la separa del mundo y a la vez la obliga a conectarse consigo misma. Su diario es un espejo de sus sentimientos: su dolor ante la incomprensión y la crítica ajena, el miedo antes el estallido de las bombas, el hambre cuando escasea la comida y el descubrimiento de la atracción por el sexo opuesto forman parte de esa intensa geografía.

“Puede perderse todo, la riqueza, el prestigio; pero esa dicha en tu corazón sólo puede, cuando más, ensombrecerse, y volverá a ti siempre, mientras vivas. Mientras levantes los ojos, sin temor, hacia el cielo, estarás seguro de ser puro y volverás a ser feliz, suceda lo que suceda” (pensamiento en la entrada del 23 de febrero de 1944).

Edificio donde estaba el anexo secreto en el que se refugiaron Ana Frank y su familia, Amsterdam, Países Bajos

A diferencia de otros libros, el lector conoce el final desde el principio. Advierte el enorme esfuerzo que representa vivir un día por vez sin saber si hay un mañana y no puede evitar preguntarse  por todos los sueños truncados a causa de la maldita obsesión racial hitleriana.

“¿Quién nos ha marcado así? ¿Quién ha resuelto la exclusión del pueblo judío de todos los otros pueblos? ¿Quién nos ha hecho sufrir tanto hasta aquí? Es Dios quien nos ha hecho así, pero también será Dios quien nos elevará” (de la larga entrada del 11 de abril de 1944)

Tuvimos la oportunidad de visitar la casa y el anexo secreto que Ana Frank y su familia ocuparon en Amsterdam. Conocer su interior (donde lamentablemente no está permitido tomar fotografías) es una experiencia conmovedora, un testimonio de la lucha por la supervivencia y también un canto a la amistad de aquellos que les llevaron provisiones y los sostuvieron durante todo ese tiempo.

“Aquel que es feliz puede hacer dichosos a los demás. Quien no pierda el valor ni la confianza, jamás perecerá en la calamidad” (de la entrada del 7 de marzo de 1944).

Entrada al edificio

EL MANEJO DE LAS EMOCIONES DURANTE EL ENCIERRO

El neurofarmacólogo francés Henri Laborit llevó a cabo un interesante experimento con dos ratones. Los puso en una misma jaula y electrificó el piso. Al sentir la descarga los ratones comenzaron a pelear. Ninguno había agredido al otro; simplemente habían sido puestos en un entorno hostil. Del mismo modo, el encierro en condiciones tan delicadas lleva inevitablemente a serios conflictos. Sin embargo, el ser humano, a diferencia de otras especies, al tener conciencia de sus sentimientos puede dominar sus reacciones instintivas. Ana Frank lo demuestra pues, a pesar de las peleas y las discusiones, sale indemne: sigue creyendo en ella misma. Aunque sus sueños no se pudieron materializar, ella sobrevive en las páginas de su diario, conmoviéndonos con su propia historia.

“Quiero seguir viviendo, aun después de mi muerte. Por eso le estoy agradecida a Dios, que, desde mi nacimiento, me dio una posibilidad: la de desarrollarme y escribir, es decir, la de expresar todo cuanto acontece en mí” (de la entrada del 4 de abril de 1944).

LA HISTORIA DEL DIARIO Y LA CUESTIÓN DE LA AUTORÍA

Los escritos de Ana fueron encontrados por una aseadora que se los entregó a Miep Gies, secretaria que ayudaba a los Frank a aprovisionarse; incluyen el diario, dos cuadernos y más de trescientas hojas manuscritas. Su padre, Otto Frank, único sobreviviente de la familia, realizó una edición en 1947; en ella, según se sabe, excluyó algunas entradas, tales como algunas reflexiones de Ana sobre la sexualidad. La edición sin cortes de unas 700 páginas se lanzó en 1991 y estuvo a cargo de Mirjam Pressler, una escritora de literatura infantil especializada en Ana Frank. Nosotros leímos la versión corta que es la más conocida.

Algunos atribuyen al papá de Ana la redacción del diario. Quizás se deba a párrafos muy elaborados como:

“Sufro y he sufrido siempre de una especie de mal moral; es algo así como si, habiendo mantenido mi cabeza bajo el agua, viera yo las cosas, no tales como son, sino deformadas por una óptica subjetiva; cuando me hallo en ese estado, soy incapaz de reflexionar sobre las palabras de mi adversario, lo que me permitirá obrar en armonía con aquel a quien he ofendido o herido con mi temperamento demasiado colérico. Me repliego entonces en mí misma, sólo veo mi yo, y derramo sobre el papel mis alegrías, mis burlas y mis pesares, sin pensar más que en mi propia persona”. (de la entrada del 2 de enero de 1944).

Quien conjeture que un texto tan reflexivo y literario no pueda provenir de una niña de 14 años está expresando un prejuicio. En todo caso, una edición implica correcciones y mejoras de estilo, pero, más allá de las pericias caligráficas que lo demuestran, creemos que “El diario de Ana Frank” es una prueba de su fina sensibilidad, su exquisito talento y su valiente e inocente corazón.

© Pablo R. Bedrossian, 2021. Todos los derechos reservados.



Categorías:Comentarios de Libros y Escritores, Lectura recomendada

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4 respuestas

  1. Lo he leído varias veces y cada vez entiendo menos el motivo de la maldad de los nazis. Obedecer a Hitler? No había nadie que se pudiera rebelar y apiadarse de esa pobre gente perseguida?

    • Creo que tristemente obedece a encontrar un culpable a quien achacarle los males padecidos por los alemanes tras la Primera Guerra Mundial. Encontrar un chivo expiatorio hace que pongamos nuestra propia responsabilidad sobre otros, de modo que el precio de nuestros errores los paguen ellos. El tema es mucho más complejo (acabo de hacer una simplificación extrema) pero creo que en esencia Hitler supo manipular a buena parte de su pueblo a través del odio. De paso, te recomiendo leer sobre la iglesia confeante que se opuso a Hitler, con figuras, entre otros, como Dietrich Bonhoeffer. Abrazo, Dalia.

  2. Estimado Pablo: sabemos que uno de los motivos de la Shoá fue la falta de memoria y condena del mundo al genocidio armenio, como judío lamento que el Estado de Israel no reconozca ese crimen, más cuando la comunidad armenia de Argentina nos acompaña en cada acto donde se recuerda el Holocausto, sabemos que Hitler se basó en esa matanza al decir “¿quién recuerda el genocidio armenio?”; por estos motivos que es muy importante la literatura referida a estas atrocidades, por más que su lectura por momentos sea muy dura.
    No hay dudas que si en tiempos de entreguerra el mundo hubiese recordado y condenado el genocidio armenio se hubiese evitado el Holocausto; por desgracia no fue el último crimen de lesa humanidad.
    También lamento mucho la vandalización del memorial en Erevan donde se recordaban ambos genocidios.

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