LEPTOPHIS MEXICANUS: LA LORA MEXICANA (por Pablo R. Bedrossian)

Conocida como lora mexicana o perico mexicana, esta culebra se encuentra en elevaciones bajas y moderadas de la vertiente del Atlántico desde la zona sur de Tamaulipas, México, a la región centro norte de Costa Rica y en forma discontinua en la vertiente del Pacífico desde Oaxaca, México hasta el noroeste de Costa Rica.

Está presente en varios cayos de Belice, en la Isla de Utila, Honduras, y en las Islas del Maíz, Nicaragua. Se halla en todo el territorio de Honduras a excepción del extremo sur y algunas zonas al sudoeste[1]. Además en 2014 fue reportada en el Cayo Mayor de los Cayos Cochinos[2], sitio donde nosotros la documentamos fotográficamente ese sitio ese mismo año.

Leptophis mexicanus en el Cayo Mayor de los Cayos Cochinos, Islas de la Bahía, Honduras, fotografía del 30/3/2014

Forma parte del género Leptophis que incluye serpientes conocidas como raneras debido a su dieta en base a pequeños anfibios, aunque también comen lagartijas, pequeñas serpientes, salamandras, renacuajos y huevos de aves[3]. Este género cuenta con 8 especies que habitan bosques, manglares y sábanas de México, Centroamérica y Sudamérica[4].

Su nombre científico es Leptophis mexicanus (en inglés Mexican parrot snake). De actividad diurna, suele moverse entre la vegetación cerca de cursos de agua. Donde vivimos, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, habita en los alrededores de la laguna o del canal de agua.

Un ejemplar juvenil

Lo invitamos a observarla en el siguiente video.


No es difícil reconocerla: el dorso de la cabeza es de un color verde claro intenso y su cuerpo posee por arriba color café o bronce oscuro y por debajo, blanco, con una raya negra en el medio -a veces posee también pequeñas secciones de color verde azulado y anaranjado- que nace en la punta de la cabeza.

El ejemplar más largo conocido alcanza 1.27 metros; el espécimen más grande hallado en Honduras es algo menor, 1,20 metros[5]. La cabeza de distingue del cuello. Tiene hocico alargado, lengua negra y pupilas redondas con iris dorado. El cuerpo es delgado y alargado. La extensión de la cola es de 36% a 40% de la longitud total[6].

Puede observar cómo se moviliza en el siguiente video:

En cuanto a la reproducción es ovípara, poniendo de dos a seis huevos por vez; sus deposiciones ocurren generalmente entre junio y septiembre, durante la temporada húmeda. Los juveniles miden unos 25 cm[7].

Foto de un ejemplar con pocos días de vida, hallado muerto

Un detalle interesante es que las hembras alcanzan su madurez sexual a los 18 meses[8].

Un ejemplar juvenil

Aunque no es venenosa, puede ser agresiva si se sienten amenazadas. En una ocasión, una vecina de nuestra comunidad nos pidió ayuda para retirar un ejemplar juvenil que se escondió dentro de una gaveta. Ante la falta de pinzas y sabiendo que no inocula toxinas, decidimos asumir el riesgo de tomarla con la mano. Nos ocasionó una pequeña mordedura en uno de los dedos lanzándose súbitamente hacia adelante. Tuvimos un leve dolor y un breve sangrado. Luego de retirar la serpiente -que posteriormente reubicamos-, desinfectamos la herida con agua oxigenada, realizamos con agua y jabón y luego la cubrimos. Si bien contábamos con soluciones antisépticas tanto de clorhexidina como de yodopovidona, no fueron necesarias.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: MÁS VIDEOS


REFERENCIAS


[1]
McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.146

[2] McCranie, James R., Valdés Orellana, Leonardo, “New island records and updated nomenclature of amphibians and reptiles from the Islas de la Bahía, Honduras”, Herpetology Notes, volume 7, 2014, p.46

[3] McCranie, James R., Op. cit., p.149

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.228

[5] McCranie, James R., Op. cit., p.147

[6] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.671

[7] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.89

[8] Savage, Jay M., Op. cit., p.671


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PUERCOESPÍN CENTROAMERICANO Y EL HALLAZGO DE UN EJEMPLAR JUVENIL (por Pablo R. Bedrossian)

El puercoespín centroamericano o tropical, cuyo nombre científico es Sphiggurus mexicanus (conocido también como Coendou mexicanus), es uno de los mamíferos más curiosos por su sistema de defensa: su cuerpo está cubierto por unas estructuras rígidas, largas y delgadas de tonalidad amarillenta conocidas como espinas o púas. Se trata de pelos envueltos por queratina, una proteína que les provee su dureza. Las bases de estas púas se encuentran insertadas en la piel.

Ejemplar encontrado en nuestro residencial y reubicado en el cerro Campisa

Las espinas se erizan ante situaciones de amenaza mediante a un mecanismo similar al de la piloerección, y pueden despedirlas o liberarlas sacudiendo su cuerpo. Aunque se dice que es falso que disparen estas púas contra sus atacantes, en nuestra comunidad hemos tenido perros que han sufrido sus dolorosas consecuencias.

Puercoespín fotografiado en la montaña

Suelen pesar de 1,4 a 2,6 kg. El cuerpo es alargado y de color café. Se dice que la cabeza no tiene espinas; sin embargo, todos los ejemplares que hemos visto las poseen. La nariz, que no tienen púas, cuenta con pelos a manera de un bigote, es rosada, redondeada y regordeta remedando a la del cerdo, con el que, a pesar del nombre, no tienen ningún parentesco. La boca cuenta con tiene 20 dientes con incisivos muy desarrollados[1], algo propio de los roedores. Los ojos son pequeños y la cola es prensil, gruesa y con espinas en su base. Poseen cuatro dedos en cada extremidad.

Ejemplar fotografiado entre las ramas de un árbol de la Etapa I de Campisa.

La cola suele ser de la mitad del tamaño de la longitud cabeza-cuerpo. Es interesante que en Sudamérica hay también especies de cola corta (en la especie Echinoprocta rufescens mide alrededor del 30% de la longitud cabeza-cuerpo) y de cola larga (en la especie Coendou melanurus de la zona oriental de la Cordillera de los Andes mide el 85% o más de la longitud cabeza-cuerpo)[2].

Este ejemplar descendió de la montaña y se acomodó en una ventana de las oficinas de Promotora del Norte. Como llegó se fue.

Los puercoespines son animales de desplazamiento lento y hábitos preferentemente nocturnos, aunque nosotros hemos visto adultos en pleno día sobre árboles tupidos. Comen ramas tiernas, frutas, semillas y hojas. Viven en huecos de árboles o en cuevas. Las hembras ponen una cría[3]. Una característica propia de todas las especies de puercoespines en su longevidad, que habitualmente supera los 20 años de vida[4].

EL HALLAZGO DE UN JUVENIL

Vivimos en Residencial Campisa, un complejo habitacional que ocupa un terreno de aproximadamente 300 hectáreas, ubicado en el cuadrante noreste de San Pedro Sula, en la región noroccidental del Honduras. Pese a formar parte del casco urbano, hemos documentado la existencia de puercoespines y muy recientemente la observación de un pequeño ejemplar juvenil.

Ejemplar juvenil

El terreno es irregular con elevaciones que van desde los 65 hasta los 267 metros sobre el nivel del mar; cuenta con dos cerros actualmente despoblados cuyo hábitat es el de un bosque seco tropical; entre ellos hay áreas planas urbanizadas con arborización, engramado y jardinería; el residencial cuenta con un canal de agua y una laguna artificial. Todos los puercoespines fueron observados en el cerro más alto o en sus faldas.

Nótese la nariz bulbosa y rosada, los pelos del bigote y las uñas largas en ambas manos

En ese cerro hay una vieja carretera de tierra que se encuentra abandonada. Recientemente, el vecino Gustavo Restrepo, practicando allí ciclismo de montaña, observó un pequeño animalito que fotografió con su celular. Cuando lo compartió, lo reconocimos de inmediato como un puercoespín de pocas semanas de vida. Le pedimos que si lo volvía a encontrar nos avisara. Dos días después, a las 3 de la tarde nos llamó diciéndonos que el pequeño mamífero se hallaba en el mismo lugar. Nos dirigimos allí de inmediato y lo pudimos admirar mientras reposaba en el tronco de un árbol. El color era más rojizo que en los adultos y aún no tenía las espinas plenamente desarrolladas. Se encontraba tranquilo sin signos de alerta por lo que pudimos fotografiar y filmar. No encontramos ningún signo de presencia de la madre en las inmediaciones.

ALGO MÁS SOBRE LOS PUERCOESPINES

Hay dos grandes grupos de puercoespines: la familia Hystricidae, los puercoespines del “Viejo Mundo” y la familia Erethizontidae, los puercoespines del “Nuevo Mundo” o americanos. En Centroamérica, la única especie conocida es Sphiggurus mexicanus, cuya distribución se extiende desde el centro de México hasta el oeste de Panamá, en alturas hasta 3,200m. En Costa Rica se encuentra en las vertientes Caribe y Pacífico (a excepción de Osa y San Vito) en zonas bajas hasta alturas de 3,200 metros sobre el mar[5].

El mismo ejemplar juvenil

Otro animal con púas en la piel es el erizo, famoso por enrollarse sobre sí mismo quedando como si fuera una bola; sin embargo, no está dentro de la familia de los puercoespines.

VIDEOS DEL EJEMPLAR JUVENIL

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AGRADECIMIENTOS

Una de las personas que más me ha enseñado de la biodiversidad centroamericana es Leonel Marineros. Es el autor del único libro de mamíferos que conocemos de Honduras y el primero en publicar un libro sobre las serpientes del país. ¡Gracias, Leonel, por tu amistad y apoyo de siempre!


REFERENCIAS

[1] Marineros, Leonel, Martínez Gallegos, Francisco, “Guía de Campo de los Mamíferos de Honduras”, Instituto Nacional de Ambiente y Desarrollo (INADES), 1998, p.166

[2] Tirira S., Diego, “Mamíferos de Ecuador”, Museo de Zoología, Pontificia Universidad Católica del Ecuador, Quito, Ecuador, 1999, p.207

[3] Carrillo, Eduardo, Wong, Grace y Sáenz, Joel C.; “Mamíferos de Costa Rica Mammals”, INBio, Santo Domingo de Heredia, Costa Rica, 1999, p.154

[4] Gorbunova, Vera, Bozzella, Michael J. y Seluanov, Andrei, “Rodents for comparative aging studies: from mice to beavers”, Age 30, 2008, p.112

[5] Carrillo, Eduardo, Wong, Grace y Sáenz, Joel C., Op. cit., p.153


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LAEMANCTUS LONGIPES: UNA BELLA “IGUANA DE CASCO” COLOR VERDE (por Pablo R. Bedrossian)

Hace poco tuvimos oportunidad de ver en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, el primer ejemplar de Laemanctus longipes, una bella iguana de casco.

Laemanctus longipes

Íbamos en el auto del vecino Fernando Castellon a reubicar una bejuquilla verde (Oxybelis fulgidus) encontrada en el jardín de su casa.

La Oxybelis fulgidus que liberamos

De pronto exclamó:

– ¡Mire esa iguanita verde!

Me imaginé que era uno de los habituales garrobos o iguana gris (Ctenosaura similis) juveniles, intensamente verdes, muy comunes por aquí.

Ctenosaura similis juvenil

También pensé que podía tratarse de alguna pequeña iguana verde (Iguana iguana).

Iguana iguana juvenil

Sin embargo, al observarla me sorprendí: tenía la cabeza triangular y una especie de casquete en la parte superior. Esa peculiaridad me recordó lejanamente a una iguana de casco que algunos llaman turipache (Corytophanes cristatus), aunque es muy diferente: posee otro color y luce una delgada pero enorme cresta de líneas rectas en el centro de la cabeza.

Corytophanes cristatus

(Si Ud. desea conocer más sobre esta otra iguana de casco o turipache (Corytophanes cristatus), puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2018/10/10/corytophanes-cristatus-una-curiosa-iguana-de-casco-por-pablo-r-bedrossian/).

LA IGUANA DE CASCO VERDE

Bajé del auto y comencé a filmar y fotografiar este pequeño reptil tratando de evitar que se sintiera amenazado. Me permitió acercarme a pocos centímetros sin inmutarse.

Cada tanto movía los ojos, como advirtiendo mi presencia. Finalmente, como continuaba sobre el pavimento y corría el riesgo de ser atropellado, tuve que tocarlo suavemente para que huyera hacia el canal de agua que se encontraba a pocos metros.

Enseguida recordé una fotografía de esta especie que había publicado nuestro amigo, el Dr. Juan Ramón Collart en su libro “Honduras Salvaje”[1] y la identifiqué como la iguana de casco color verde (Laemanctus longipes).

ACERCA DE ESTA ESPECIE

Laemanctus longipes pertenece a la familia Corytophanidae[2]. Está integrada por tres géneros: Corytophanes, al que pertenece el turipache mencionado más arriba, el Basiliscus, cuya especie más conocida es el famoso charancaco (Basiliscus vittatus) y el Laemanctus, al que corresponde nuestra especie.

Basiliscus vittatus

Nótese que no es una verdadera iguana. De paso, en algunos lugares lo llaman toloque verde y en otros lemacto coludo. En inglés se lo llama Eastern Casquehead Iguana.

Es difícil de observar porque es una especie arbórea; gracias a su color se mimetiza con el follaje. Solo abandona los árboles para poner huevos, de abril a junio, de 3 a 5 por vez. Las crías nacen tras una incubación a temperatura entre 28º C y 30º C durante casi dos meses[3]. Los recién nacidos tienen una LHC (longitud hocico – cloaca) de 5 cm. con una cola de unos 17 cm. Los adultos pueden alcanzar una LHC de 15 cm y desde la cabeza a la cola hasta unos 45 a 50 cm.

El cuerpo es alargado de un color verde intenso, con franjas suavemente amarillentas a los costados de la cabeza y el cuello y en ocasiones una pequeña franja negra desde la parte posterior de los ojos al cuello. La superficie dorsal de la cabeza (el casquete o yelmo) es plana, sin mostrar crestas y de un color grisáceo más pálido que el resto. Una notable línea blanca interrumpida se extiende de la cabeza a la ingle. Además, presenta pequeñas manchas blancuzcas en el dorso y la cola. Posee cinco dedos en las patas delanteras y traseras. Se conoce muy poco de sus hábitos no reproductivos. Se ha reportado que en cautiverio se alimenta de insectos.

¿DOS ESPECIES DIFERENTES CON EL MISMO NOMBRE?

Según el experto James McCranie, en Honduras coexisten dos subespecies: Una es Laemanctus longipes waltersi, de los departamentos de Atlántida y Cortés (donde encontramos nuestro ejemplar), con escamas corporales más grandes y ausencia o forma incompleta de abanico gular[4]. La otras es Laemanctus longipes longipes, de los departamentos de Copán y Olancho, que posee escamas corporales más pequeñas y un abanico gular completo[5]. En su opinión constituirían dos especies distintas.

Hay otra especie que solo conocemos por fotografías, llamada Laemanctus serratus, que habita en Tamaulipas y la península de Yucatán, México y en poblaciones aisladas en el noroeste de Honduras[6]. Se diferencia de Laemanctus longipes en que posee escamas espinosas en la parte posterior de la cabeza además de una cresta dorsal evidente[7]. El hábitat de esta especie es bastante reducido, desde el sur de Veracruz en México hasta el occidente de Honduras con una población aparentemente aislada en el centro de Nicaragua[8].

No es fácil encontrar una la iguana de casco color verde como Laemanctus longipes debido a sus hábitos de vida. En más de 12 años de vivir en este lugar y con varios cientos de caminatas realizadas tuvimos el privilegio de verla personalmente por primera vez.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014, p.64

[2] Durante mucho tiempo se la consideró una subfamilia de la familia Iguanidae, pero desde 1989 comenzaron a ser consideradas como familias separadas: D.R. Frost & R. Etheridge (1989) “A phylogenetic analysis and taxonomy of iguanian lizards (Reptilia: Squamata)”, Univ. Kansas Mus. Nat. Hist. Misc. Publ. 81 y D.R. Frost, R. Etheridge, D. Janies & T.A. Titus (2001) “Total evidence, sequence alignment, evolution of polychrotid lizards, and a reclassification of the Iguania (Squamata: Iguania)”, American Museum Novitates 3343: 38 pp.

[3] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, 2003, p. 135

[4] El abanico gular o gula (en inglés dewlap) es una delgada membrana ubicada en el cuello que se despliega y retrae. También la poseen los Anolis.

[5] McCranie, James R., “The Lizards, Crocodiles, and Turtles of Honduras”, “Bulletin of the Museum of Comparative Zoology”, Special Publications Series, No. 2, Harvard University, 2018, p.200.

[6] McCranie, James R., Op. cit., p.213

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.136

[8] McCranie, James R., Op. cit., p.209


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LOS “PÁJAROS ESTACA” CENTROAMERICANOS: LOS NYCTIBIUS O POTOOS

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

Cierta mañana don Manuel Guillén, un gran amante de la naturaleza, me dijo “encontramos un pájaro que parece un pedazo de madera”. Subimos una empinada cuesta por el cerro Campisa hasta llegar al lugar. Contemplé un alto y angosto tronco seco. “Fíjese: está descansando en la punta”. “No -le dije-; es el extremo del árbol”. Entonces, para mi asombro, sacudió el delgado tronco y el ave movió sus alas. Por algo los llaman “pájaros estaca”. Su inmovilidad y su color los mimetizan para pasar inadvertidos incluso a ojos más entrenados. Se los observa adoptando una posición vertical, con la cabeza hacia arriba y, en general, los ojos cerrados.

El primer Potoo que vimos

LOS PÁJAROS ESTACA EN CENTROAMÉRICA

El pájaro estaca mayor o gran pájaro estaca (nombre científico: Nyctibius grandis; en inglés: Great Potoo) es el “hermano mayor” de esta familia integrada en Centroamérica también por el pájaro estaca jamaicano o norteño[1] (nombre científico Nyctibius jamaicensis; en inglés Northern Potoo) y el pájaro estaca común (nombre científico Nyctibius griseus; en inglés Common Potoo) que se observa en Costa Rica y Panamá[2]. Además, hay otras cuatro especies de pájaros estaca, todos del género Nyctibius, que solo se observan en Sudamérica. En Honduras solamente se observan el Great Potoo y el Northern Potoo.

Los miembros de esta familia llamada Nyctibiidae están emparentados con los pucuyos o chotacabras pertenecientes a la familia Caprimulgidae.

PÁJARO ESTACA MAYOR (NOMBRE CIENTÍFICO: NYCTIBIUS GRANDIS; EN INGLÉS, GREAT POTOO)

El pájaro estaca mayor mide algo menos de 60 cm. Tiene una cabeza grande y boca ancha con la que caza insectos en vuelo. Tiene ojos color café. Es de tonalidad gris rojiza, con barras más oscuras que se observan mejor en su larga cola.

Habita los bosques húmedos y en sus alrededores en áreas bajas. Se distribuye desde el sur de México (en eBird[3] hay escasísimas observaciones en ese país) hasta el centro de Sudamérica. En Honduras se lo ve con mayor facilidad en la costa norte. Un lugar ideal para admirarlo es en la entrada del Pico Bonito Lodge, en las cercanías de La Ceiba.  

PÁJARO ESTACA JAMAICANO O NORTEÑO (NOMBRE CIENTÍFICO: NYCTIBIUS JAMAICENSIS; EN INGLÉS, NORTHERN POTOO)

El pájaro estaca jamaicano o norteño es más pequeño, alcanzando unos 40 cm. Es más delgado y de cuerpo más afinado que el mayor. Su canto es algo así como un cuaajj, cuaajj. Sus ojos son de un amarillo intenso.

Se adapta a distintos ambientes, incluido el suburbano. Se lo encuentra desde el centro de México hasta Costa Rica y también en el Caribe, en particular en República Dominicana. En Honduras se encuentra en casi todo el territorio a excepción de la zona oriental. Además es el único Potoo que se observa en El Salvador.

Nosotros hemos observado tres ejemplares en Residencial Campisa, San Pedro, Honduras. Además del mencionado al principio, uno en un árbol entre dos casas pegadas a la montaña y otro fue encontrado caído, presumiblemente enfermo.

El Northern Potoo encontrado caído por un vecino

Lo llevamos a un veterinario, pero murió al día siguiente. Además, lo hemos observado en la Reserva Natural Luna del Puente, en las cercanías de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

PÁJARO ESTACA COMÚN (NOMBRE CIENTÍFICO: NYCTIBIUS GRISEUS; EN INGLÉS, COMMON POTOO)

El pájaro estaca común o urutaú, como se lo llama en algunos lugares de Sudamérica, es levemente más pequeño, alcanzando unos 35 cm.

Common Potoo con su cría fotografiada por Gilberto Collazos Bolaños

De ojos amarillos o anaranjados posee un color grisáceo castaño que parece veteado; como los demás Nyctibius centroamericanos se alimenta de insectos.

Common Potoo con su cría fotografiada por Mario Wong

Tiene una extensa distribución territorial pues de observa en zonas boscosas desde Costa Rica hasta el sur de Sudamérica, incluyendo el norte y la mesopotamia argentina.

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BONUS: VIDEOS

PÁJARO ESTACA MAYOR (GREAT POTOO)

PÁJARO ESTACA JAMAICANO O NORTEÑO (NORTHERN POTOO)


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


REFERENCIAS

[1] Robert E. Gallardo en su libro “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.193 llama pájaro estaca común al Northern Potoo; evitamos este nombre porque también, tal como suele pasar con los nombres en español, se aplica a otra especie, el Nyctibius griseus que en inglés se denomina Common Potoo.

[2] También puede estar en el sur de Nicaragua; al publicar esta nota, el último reporte de ese país en  www.ebird.org corresponde al 13 de junio de 2017.

[3] https://ebird.org/species/grepot1/MX


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Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción:

La segunda fotografía del pájaro estaca común (Nyctibius griseus, en inglés Common Potoo) con su cría, tomada por Mario Wong, de Costa Rica, a quien pertenecen los derechos y a quien agradecemos muy especialmente por su generosidad y admiramos por su talento.

La primera fotografía pájaro estaca común con su cría, que fue agregada luego de la publicación inicial del artículo, tomada por Gilberto Collazos Bolaños, de Colombia, a quien también estamos muy agradecidos.

BOTHROPS ASPER – BARBA AMARILLA, FER-DE-LANCE O TERCIOPELO: RESCATANDO UN EJEMPLAR (Por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Muchos han leído nuestro artículo “Bothrops asper – Barba amarilla, la serpiente más temida de Centroamérica”, donde presentamos esta especie con datos, fotos y videos y explicamos detalles de su biología y su comportamiento. Para los que no leyeron, lo pueden encontrar en

https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/

OTRA BARBA AMARILLA ENTRE NOSOTROS

Tiempo después de aquel artículo, un vecino de nuestra comunidad, Residencial Campisa, ubicada en el sector noroeste de San Pedro Sula, Honduras, me pidió ayuda pues había visto una serpiente entre unas maderas frente a su casa. Al llegar, la identifiqué de inmediato: era una Bothrops asper, conocida como barba amarilla, fer-de-lance o terciopelo. Aunque solo se veía una pequeña parte de su grueso cuerpo, los patrones en A de su piel aterciopleada y grisácesa fueron suficientes para comprender que estábamos frente a una de las especies más peligrosas de Centroamérica.

Las maderas se encontraban a pocos metros de un curso de agua. Nos preguntamos cómo retirar el barba amarilla sin correr riesgos, evitando a la vez que huyera al canal desde donde podría regresar. Además no contábamos con pinzas adecuadas para la toma de serpientes. Como no teníamos una mejor opción decidimos quitar con cuidado las maderas que estaban en las partes superiores, hasta que dejamos a la víbora al descubierto.

Desde luego, no fue un proceso fácil y tomó bastante tiempo. La serpiente prácticamente se mantuvo inmóvil, por lo que sospechamos que había elegido ese lugar para reposar tras haber ingerido alguna presa. En una ocasión habíamos observado y filmado a unos 200 metros una Boa constrictor deglutiendo un Ctenosaura similis, una iguana gris o garrobo. La cuestión es que la teníamos al descubierto y había que extraerla.

Este ejemplar medía aproximadamente 1,30 metros. Por el tamaño pensamos que era un juvenil y decidimos tocarla suavemente con un tubo de metal sin agarraderas y una rama seca de aproximadamente un metro para que ingresara por sus propios medios en una bolsa gruesa y resistente para un traslado seguro.

Al mínimo toque la serpiente se movió de inmediato, aunque sin la agresividad que hemos observado en otros adultos de la misma especie.

La fuimos guiando con el tubo y la rama procurando que entrara en la bolsa, cuya ancha boca dejamos abierta frente a ella. Guardamos una buena distancia y no la golpeamos; nuestros movimientos fueron dirigidos a evitar que se desviara. Luego de un par de intentos fallidos, la Botrhops asper ingresó en la bolsa, que cerramos y levantamos de inmediato. Cómo suele suceder, la víbora se quedó tranquila, descansando en la parte de abajo.

La trasladamos en ese mismo momento en una camioneta a una región montañosa cercana donde habíamos visto otros ejemplares de esta especie. Allí la liberamos.

Su comportamiento fue diferente pues rápidamente se movilizó y desapareció entre las piedras y las plantas.

EDUCAR PARA CONSERVAR Y ACTUAR PARA RESCATAR

Desde luego, nuestra actuación es cuestionable; no contar con pinzas entraña siempre peligros. Sin embargo, y luego de trabajar durante mucho tiempo con serpientes, sabemos que no siempre es posible hacer procedimientos de manual. Dejarla allí hubiera sido exponer a la comunidad a su mortal mordedura.

Para nosotros es importante preservar cada animal. Por ello nos ofrecemos a ayudar a nuestros vecinos en caso de visitantes peligrosos como los barba amarillas o las corales. Las rescatamos evitando en lo posible agredirlas y las devolvemos a su hábitat. En 2019 rescatamos una pequeña Bothrops asper (quizás tenía solo un par de semanas de vida) del jardín de una vecina cuyo muro linda con el de nuestra casa.

Invitamos a ver el video de este pequeño pero temible ejemplar:

En 2020, pocos días antes de la publicación de este artículo, también rescatamos una Micrurus nigrocinctus de dos colores.

Esta coral verdadera se hallaba en un terreno baldío, lindante con la vivienda de una familia de nuestra comunidad. Compartimos un video de este ejemplar una vez que fue liberada.

Muchos cuando ven una serpiente, aunque sea inofensiva, la matan de inmediato, actuando por miedo. Ese miedo es producto de la falta de educación ambiental y, en particular, el total desconocimiento de las serpientes. El gran desafío que tenemos todos los que amamos los reptiles es educar para conservar, y solo si es necesario, actuar para rescatar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


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EL RETO DE LOS MOTMOTS O GUARDABARRANCOS (por Pablo R. Bedrossian)

Los motmots son coloridas aves tropicales que solo existen en el continente americano. En cada región reciben un nombre diferente, como torogon, taragon, torogoz, guardabarranco, barranquero, momoto o burgo; pero sin importar el nombre que se les dé, la asombrosa combinación de rojos, azules, verdes, turquesas y naranjas de su plumaje los pone en la lista de los más buscados para fotografiar. Se los reconoce porque la mayoría de ellos tienen gruesos picos largos y curiosas colas en forma de raqueta.

Un motmot con su grueso pico y las puntas de la cola en forma de raqueta

Para describir las diversas especies, además del nombre científico, en Centroamérica suele preferirse el nombre en inglés. Ud. quizás se pregunte por qué. Es para unificar el lenguaje, porque hay un solo nombre en esa lengua para cada especie de ave; en cambio, en español suele diferir de pueblo en pueblo y de país en país.

TURQUOISE-BROWED MOTMOT (EUMOMOTA SUPERCILIOSA)

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa)

En Honduras hay siete especies de motmot, pero en el barrio donde vivo, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, solo una, el Turquoise-browed Motmot (cuyo nombre científico es Eumomota superciliosa). Es llamada así por sus enormes “cejas” color turquesa, Su detalle más notable es la cola formada por plumas con forma triangular de color azul con puntas negras. También conocida como talapo, es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua.

LESSON’S MOTMOT ( MOMOTUS LESSONII)

En nuestra ciudad hay unos cerros que forman parte de una pequeña cordillera que se conoce como El Merendón, y es un área protegida. Allí también se observa una especie más grande, el Lesson’s Motmot (nombre científico Momotus lessonii), antes conocido como Blue-crowned Motmot.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

Junto con el Turquoise-browed Motmot antes mencionado son los más comunes. Posee una corona o anillo turquesa en la parte superior de la cabeza y las plumas en raqueta de las puntas son muy pequeñas.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

EL RETO

Las demás especies son más difíciles de observar. Un fin de semana me propuse ver dos de ellas: el Keel-billed Motmot y la especie más pequeña y díscola, el Tody Motmot, algo nada fácil, pero, desde luego, tampoco imposible.

KEEL-BILLED MOTMOT (ELECTRON CARINATUM)

Con mi esposa nos dirigimos al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar, más conocido por su acróstico PANACAM. Se encuentra a una hora de viaje de nuestra casa y a escasos 7 kilómetros del Lago de Yojoa, en el centro de Honduras. Se llega ascendiendo por una serpenteante carretera de tierra colorada.

En el Lodge ubicado en su entrada hay senderos que ofrecen una amplia diversidad[1]; también cuenta con torres de avistamiento. En una de ellas, muy próxima a la recepción del hotel, Abiel Martínez, el joven guía que me acompañó en la ocasión, reprodujo el canto del Keel-billed Motmot (Electron carinatum). Lo escuchamos paulatinamente acercarse. Cinco minutos después se mostró cerca nuestro. No era la primera vez que lo veía, pero era la primera vez que lo fotografiaba con claridad.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Abiel me dijo: “Cada vez que lo llamo, siempre responde”. Aprovechamos para ver otras aves. Tras la caminata, almorzamos con Graciela en el bello deck con vista al lago de este hotel de montaña; en el lugar hay además comederos para colibríes que llegan raudamente, se alimentan y se alejan dejando la resonancia de su zumbido.

Uno de los miradores del Panacam lodge

Por la tarde, estaba cerca de las cabañas cuando don Teo, uno de los guías que se hallaba a pocos metros, exclamó: “¡Mire lo que hay delante suyo!”.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Era otro Keel-billed Motmot a unos tres metros, apoyado en la baranda de una escalera, con tonalidad más verdosa, acentuada por la iridiscencia producida por el sol.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

La primera misión estaba doblemente cumplida. Pernoctamos en el lodge y tras otra breve caminata fotográfica emprendimos el camino para encontrar el Tody Motmot (nombre científico Hylomanes momotula).

TODY MOTMOT (HYLOMANES MOMOTULA)

Descendimos en nuestro vehículo el camino de piedra y tierra unos 3 kilómetros hasta la aldea Santa Elena y allí doblamos a la derecha para dirigirnos a la EcoFinca Luna del Puente, ubicada a unos 20’, poco después del pueblo de San Isidro, en el Municipio de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

Flores en la EcoFinca Luna del Puente

La EcoFinca Luna del Puente es un hermoso y amplio terreno que cubre varias hectáreas; allí se cultiva el café y el cacao, y cuenta con una magnífica biodiversidad. Nos recibió nuestro amigo Damián Magario, un cordobés radicado en Centroamérica, quien ofició de guía. Mi esposa prefirió recostarse en una hamaca de tela. En cambio, Diana Rosellón, una querida colega observadora de aves que había acampado allí, decidió sumarse a nosotros para ir en busca del Tody Motmot.

Planta de cacao en EcoFinca Luna del Puente

Nos adentramos en el bosque siguiendo el sendero donde tiempo atrás ocasionalmente se dejaba ver el más pequeño de todos los torogones. Es un angosto camino de tierra rodeado de una vegetación muy tupida. Tras cuatrocientos metros de marcha nos detuvimos donde lo habían observado. Damián reprodujo su canto utilizando la aplicación Merlin, favorita de los birders. Como no obtuvimos respuesta, avanzamos unos doscientos metros más. Intentamos de nuevo y pareció responder muy a lo lejos, pero teníamos dudas. ¿Vamos en su búsqueda? Damián no dudó y pronunció un viejo refrán para dejar en claro que la decisión ya estaba tomada: “El que no arriesga no gana”.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Decidimos penetrar en la espesura. Descendimos lentamente por una barranca, abriéndonos paso trabajosamente entre arbustos con espinos y un grueso zacate, hasta encontrar un pequeño espacio donde agazapados volvimos a reproducir el llamado del Tody Motmot. Para nuestra sorpresa nos respondió. Minutos después se posó por un instante frente a nosotros; sin darnos tiempo para una fotografía partió con la misma velocidad con la que llegó. Esperamos su regreso durante más de media hora. Veíamos y escuchábamos otras aves, pero nuestro pájaro ni siquiera cantaba a la distancia.

Selfie por Diana Rosellón; al lado suyo el autor de esta nota y detrás Damián Magario, todos a la espera del Tody Motmot

Decidimos regresar habiendo obtenido como premio raspones y picaduras. Nos tomó más de veinte minutos la subida sobre ese terreno irregular cubierto de ramas y juncos. Cuando logramos retornar al sendero hicimos una nueva prueba, reproduciendo la llamada, pero el motmot enano no respondía. Era el momento para desistir. “Hagamos un intento más” propuse.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Habiendo insumido cerca de una hora y media, nuestra búsqueda había resultado estéril. Sin embargo, no perdíamos nada con invertir un rato más. Lo habíamos visto por brevísimos segundos, y aunque no cantara sabíamos que debía estar allí. La tarde estaba avanzando, y el resto de sol que quedaba nos permitiría intentar unos minutos más.

Más flores en la Ecofinca Luna del Puente

 Avanzamos unos treinta metros. Sin previo aviso, el Tody Motmot apoyó sus diminutas patas en una rama justo frente a nosotros. La sorpresa del encuentro no impidió que, al fin, pudiéramos fotografiarlo. No fue fácil ni obtuvimos imágenes perfectas, pues comenzaba a oscurecer.

Tody Motmot (Hylomanes momotula), foto por Damián Magario

Pocos segundos después el ave había desaparecido. Con una amplia sonrisa, nos felicitamos mutuamente por el mágico momento. Emocionados, desde luego, emprendimos el regreso.

Imagen tras el encuentro con el motmot enano; de izquierda a derecha Damián Magario, Diana Rosellón y el autor de esta nota

EL MOTMOT GARGANTA AZUL

He podido ver ya en cuatro ocasiones otro torogon, el garganta azul. Blue-throated Motmot (nombre científico Aspatha gularis). Tiene su santuario en Opatoro, una localidad cercana a Marcala, La Paz, en el Occidente de Honduras.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

Muy esquivo, cuesta fotografiarlo pues se esconde entre el follaje con mucha facilidad. Sin embargo, sus colores le dan una belleza única. Se caracteriza por su garganta intensamente azul y la ausencia de raquetas en la cola.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

ACERCA DE LOS TOROGONES

Pertenecen a la familia Momotidae. Se los conoce como guardabarrancos o barranqueros porque crean huecos en los barrancos para utilizar como nidos. Solo existen en el trópico latinoamericano. En total hay 14 especies, de las cuales 10 habitan en Centroamérica, y de ellas 7 se observan en Honduras, donde vivo, que es el país con más especies de motmots en el mundo. Comparto una tabla donde se puede ver la distribución de motmots según eBird.

Solo me faltan ver allí el Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum) y el Rufous Motmot (Baryphthengus martii). Se encuentran en la costa norte de Honduras y en la Mosquitia, al oriente del país, lugar donde no es posible acceder por transporte terrestre.

Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), foto por nuestro amigo y maestro Romel Romero

Compartimos una imagem del Rufous-capped Motmot (Baryphthengus ruficapillus), también con corona rufa, que habita en las selvas tropicales ubicadas al este de Sudamérica (Brasil, Paraguay y Argentina) y es conocido como yeruvá o yeruvá oriental.

Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), foto por Vicente García

ACERCA DE LOS MOTMOTS, TOROGONES O GUARDABARRANCOS

Su colorido plumaje brillante hace a los motmots sumamente vistosos. Una curiosa característica de la mayoría de los miembros de esta familia son sus largas colas en forma de raqueta. Robert Gallardo, citando a Beebe (1910) explica que “las puntas son formadas por la caída de venas que están débilmente pegadas a lo largo del raquis medial de las dos plumas caudales centrales alargadas”[2].

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa) mostrando las puntas de la cola en forma de raqueta

Según el mismo autor, un experto al que admiramos, se alimentan de “artrópodos, pero también de frutos y ocasionalmente de vertebrados pequeños”. No tiene dimorfismo sexual (externamente el macho luce igual que la hembra) y sus sonidos son graves, cortos y poco atractivos al oído humano.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Para conocer más de ese lugar, puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2017/09/13/una-caminata-por-panacam-parque-nacional-cerro-azul-meambar-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018, p.227


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de:

La foto de los tres observadores de aves agazapados esperando al Tody Motmot, tomada por Diana Rosellón.

La última foto del Tody Motmot (Hylomanes momotula), tomada por Damián Magario.

La foto del Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), tomada por Romel Romero.

La foto del Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), tomada por Vicente García

Las cuatro han sido utilizadas con los respectivos permisos de los mencionados fotógrafos, actuales propietarios de sus derechos.

LA PINTURA DE ANTONIO VINCIGUERRA: ARTE QUE ABRE CAMINOS E INVITA A RECORRERLOS (por Pablo R. Bedrossian)

El arte sucede: nos sorprende al escuchar una sinfonía, al contemplar una escena en el teatro o al admirar una pintura. Es algo que no se piensa: se siente. Por eso, un verdadero artista nos conduce desde donde estábamos a un lugar que no conocíamos. Un cabal ejemplo es el pintor hondureño Antonio Vinciguerra; es difícil observar una obra suya sin conmoverse. Sus pinturas son como un viaje donde se revelan riquísimos elementos, de los que deseo destacar tres.

Sección parcial del mural en el Supermercado La Colonia de El Pedregal, San Pedro Sula

Comienzo por la identidad nacional. En sus obras aparecen representados los aspectos más sobresalientes de la cultura hondureña, pero también detalles poco conocidos. Tal es el caso de una representación de K’inich Yax K’uk’ Mo’, fundador de la dinastía real de Copán. Pocos saben que en el museo de arqueología maya que se encuentra frente al parque central de Copán Ruinas hay una bella pieza de alfarería donde este personaje es representado con aros alrededor de los ojos, como si fueran nuestros modernos anteojos. Esa peculiaridad no pasó inadvertida a los ojos del artista quien fielmente reprodujo la imagen en el mural del nuevo edificio de UNITEC. Ese minucioso interés que lo caracteriza demuestra la importancia que le otorga a la historia de su pueblo.

Sección parcial del mural en UNITEC. Abajo a la izquierda, la representación del Gobernante 1 de Copán, K’inich Yax K’uk’ Mo’

Un segundo aspecto es su preocupación social. No solo ha trabajado para poner las artes plásticas al alcance de todos, sino que también ha plasmado ese mismo propósito en sus pinturas. Los murales con los cuales embellece la Universidad de San Pedro Sula (USAP) o el Supermercado La Colonia de El Pedregal son en sí mismos un mensaje para todas las personas. Sus imponentes dimensiones potencian su contenido, comprensible para un analfabeto como para el hombre más ilustrado. Creo que la elección del muralismo -que desde los mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros es entendido como una suerte de tribuna gráfica de alcance popular- no es casual. El arte de Antonio Vinciguerra no es para las élites: es para cada persona sin distinción económica, educativa o religiosa.

Vista del mural en el Supermercado La Colonia de El Pedregal

Aún sabiendo que dejo fuera importantísimos aspectos de su obra, deseo mencionar uno más: el mensaje positivo. Son imágenes que nos transportan en el tiempo y nos hacen creer que una Honduras mejor es posible. No se centra en la crítica o en la denuncia, lo cual sería caer en el oportunismo o el facilismo, sino en los valores que pueden devolver la grandeza a su amada nación. 

Vista parcial del mural en la Universidad de San Pedro Sula (USAP)

No es por casualidad que las obras de Antonio Vinciguerra han traspasado las fronteras y han sido expuestas en países del Primer Mundo, como Italia o los Estados Unidos. Sus creaciones no tienen la impronta light de la posmodernidad, ni sus pinturas pueden verse en un instante: hay que recorrerlas para ir descubriendo lo que hay en ellas. Esto se debe a que el suyo es un arte que abre caminos y a la vez invita a recorrerlos.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y no pueden ser utilizadas o reproducidas sin su permiso.

LAMPROPELTIS ABNORMA, LA MÁS BELLA FALSA CORAL DE CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA     

Como argentino llegado a estas tierras morazánicas, debo confesar que una de las serpientes que más me ha impresionado es una de las falsas corales centroamericanas, la Lampropeltis abnorna. Esta culebra suele confundirse con una coral verdadera a causa del intenso color de sus anillos. El género Lampropeltis se encuentra desde el este de Canadá y casi todos los Estados Unidos hasta Venezuela, Colombia y Ecuador en Sudamérica.

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La más conocida es la Lampropeltis triangulum de la que se conocen más de 20 subespecies e incluso hay hermosos casos de albinismo[1]. En inglés se la conoce como milk snake y en español como falso coral[2]. Forma parte de la familia Colubridae, de donde deriva la palabra culebra, que incluye a casi todas las serpientes inofensivas, pues no es venenosa.

Algunas subespecies propias del sur de México y Centroamérica han sido agrupadas y elevadas recientemente a la categoría de especie[3], bajo el nombre Lampropeltis abnorma[4]. De hecho, la palabra abnorma en latín (que es el idioma de los nombres científicos) hace referencia a una desviación de tipo.

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La Lampropeltis abnorma presenta dos tipos de patrones de colores: uno bicolor, rojo y negro, y otro tricolor, rojo, negro y amarillo[5], que, en realidad, suele ser una tonalidad salmón.

HÁBITOS DE LA LAMPROPELTIS ABNORMA

Se la encuentra desde el nivel del mar hasta una altura de 1600 metros. Aunque tiene hábitos diurnos, es más frecuente encontrarla durante la noche. Se la puede encontrar en hábitats muy variados, tales como bosques, sembradíos, pastizales, cerca de arroyos o sorprendernos cruzando una carretera. McCranie cuenta que Meyer en 1969 reportó una nadando por la noche en un campo inundado. Un ejemplar juvenil que observamos aquí en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, estaba ascendiendo entre los ladrillos de una pequeña construcción cerca del mediodía, mostrando una gran habilidad trepadora pese a ser una especie que vive en el suelo.

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Sus hábitos alimentarios son variados, pero como toda serpiente, es una especie carnívora por excelencia. Su dieta varía con su edad y su talla. Se alimenta de lagartijas, serpientes, ranas, huevos de reptiles, roedores así como aves y sus huevos.

Son ovíparas. Fitch en 1985 describió que hacen ovoposiciones de 3 a 9 huevos[6]; Kohler sostiene que la cantidad puede ser mayor, de 4 a 24, agregando que el tiempo de incubación es de dos meses[7]. Savage dice que ponen de 5 a 16 huevos, y que les toma de 35 a 50 días para llegar al nacimiento[8].

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Savage también cita un reporte de Guatemala donde se ha documentado que el Great Black Hawk (Buteogallus urubitinga, ave que en español eBird denomina Aguililla negra mayor), es depredador de este falso coral. También hallamos un artículo que lo incluye entre las presas para su alimentación reportadas en Guatemala del Herpetotheres cachinnans (Laughing falcon, también conocido popularmente como guaco), un pequeño halcón que se alimenta de serpientes[9]. Un biólogo nos comentó que en Honduras observó este mismo guaco levantar una Lampropeltis de aproximadamente un metro para llevarla a un árbol donde comerla.

Lampropeltis abnorma - James Adams 01.jpg

Aunque nos oponemos al uso de animales salvajes como mascotas (creemos que deben nacer, crecer, vivir y morir en libertad), mencionamos que La Lampropeltis abnorma se adapta bien al cautiverio, mientras tenga buenas condiciones de cuidado y dieta, un amplio terrario y suficiente agua.

 CÓMO DISTIGUIR ESTA FALSA CORAL DE UN VERDADERA

  1. Patrón de anillos

Comencemos con el patrón de tres colores[10]: mientras que en la Micrurus nigrocinctus, la coral verdadera más común, es el famoso RANA RANA (rojo, amarillo, negro, amarillo, rojo, amarillo, negro, amarillo), en la Lampropeltis abnorma es RNAN RNAN (rojo, negro, amarillo, negro, rojo, negro, amarillo, negro). Con frecuencia en lugar del amarillo la tonalidad es blancuzca. A veces el primer anillo blanco invade parte del negro.

Coral verdadera vs Falso coral 01.jpg

En el patrón de dos colores, desde luego, no tenemos una diferencia en la secuencia de las tonalidades de los anillos, lo que dificulta la identificación a simple vista. La diferencia que podemos señalar es que los anillos negros en la Lampropeltis abnorma suelen ir en pares y ser más anchos, acercándose más al tamaño de los rojos; en la Micrurus nigrocinctus son angostos, mucho más pequeños que los rojos.

Coral verdadera vs Falso coral 02.jpg

  1. Longitud

La Lampropeltis abonorma es más larga. Mientras que la coral verdadera mide cerca de un metro, esta falsa coral puede alcanzar el metro y medio. McCranie menciona que el ejemplar más grande que halló en Honduras medía 148 centímetros[11].

  1. Grosor y escamas del cuerpo

El cuerpo cilíndrico de la Lampropeltis abonorma es más grueso que el de la Micrurus nigrocinctus. Además, esta falsa coral tiene de 19 a 23 filas de escamas lisas a mitad del cuerpo mientras que la coral verdadera tiene 15.

  1. Anillo claro antes de los ojos

La Lampropeltis abnorma siempre tiene un anillo claro antes del ojo, la Micrurus nugrocinctus, no.

Coral verdadera vs Falso coral 03.jpg

5. Escamas entre los ojos y las fosas nasales

Hay otras diferencias más sutiles. Por ejemplo, la Micrurus nigrocinctus (coral verdadera) tiene dos escamas entre cada ojo y las fosa nasal respectiva y la Lampropeltis abnorma tres[12].

6. Otras diferencias

Consultamos a nuestro amigo, el biólogo Leonel Marineros, autor del primer libro de serpientes de Honduras. Nos explicó que una Lampropeltis abnorma en comparación con una Micrurus nigrocinctus “tiene una cola bicoloreada, la cabeza se distingue el cuello y el hocico es moderadamente más largo; en una Lampropeltis abnorma de dos colores (rojo y negro), los anillos que deberían ser amarillos se ven anaranjados; pero su mayor distinción, es un anillo amarillo (o naranja) antes del ojo”.

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ESPECIES SIMILARES

Puede confundirse con la Erythrolamprus bizona, otra especie cuya distribución va de Nicaragua a Colombia, que se considera un falso coral cuyo patrón de anillos también es RNAN RNAN. Lo mismo ocurre con la Erythrolamprus mimus, que se encuentra desde Honduras a Ecuador y Brasil.

Otra especie parecida es la Rhinobothryum bovallii, que se habita de Honduras a Colombia, Ecuador y Venezuela. La identificación en este caso es más sencilla debido a las grandes escamas negras que esta especie tiene en la cabeza.

VIDEOS

Presentamos algunos de los videos que hemos tomado de esta bella especie, todos ejemplares salvajes; nos oponemos a los animales en cautiverio.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

 


REFERENCIAS

[1] Obviamente no es un verdadero albinismo  sino más bien un alteración de la pigmentación.

[2] Hemos encontrado que recibe otros nombres populares como coral ratonera, serpiente rey, culebra real coralillo.

[3] Por ejemplo, “The snakes of Honduras”, de James R McCranie, que es la obra más reciente y completa sobre serpientes de Honduras, que es de 2011, sigue llamando a la especie Lampropeltis triangulum; en 2015, el mismo autor ya la denomina Lampropeltis abnorma en “A checklist of the amphibians and reptiles of Honduras, with additions, comments on taxonomy, some recent taxonomic decisions, and areas of further studies needed”. Zootaxa 3931 (3): 352–386

[4] Las subespecies que se incluyeron bajo la especie Lampropeltis abnorma se conocían como Lampropeltis triangulum blanchardi (península de Yucatán, México), Lampropeltis triangulum oligozona (Chiapas, México y sudeste de Guatemala), Lampropeltis triangulum abnorma (centro y norte de Guatemala, sur de Belice), la Lampropeltis triangulum hondurensis (zona norte de Honduras, Nicaragua y noreste de Costa Rica) y Lampropeltis triangulum stuarti, (zona sudoccidental de Guatemala, El Salvador, sur de Honduras y noroeste y centro de Costa Rica), esto según la base de datos: http://reptile-database.reptarium.cz/species?genus=Lampropeltis&species=abnorma&search_param=%28%28genus%3D%27lampropeltis%27%29%29 y “Reptiles de Centroamérica”, de G. Köhler.

[5] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, p.32, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.80-81

[6] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.136

[7] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.222

[8] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.666

[9] Costa Caldeira, Henrique, Lopes, Leonardo Esteves, Marçal, Bráulio de Freitas y Zorzin, Giancarlo, “The reptile hunter’s menu: A review of the prey species of Laughing Falcons, Herpetotheres cachinnans (Aves: Falconiformes)”, North-Western Journal of Zoology 10 (2), 2014 p.448

[10] Todos los ejemplares que ha visto el autor de esta nota son de tres colores.

[11] McCranie, James R., Op. cit., p.132

[12] McCranie, James R., Op. cit., p.36


AGRADECIMIENTOS

Al biólogo Leonel Marineros por su revisión, sugerencias y aportes a este artículo. Leonel Marineros es autor de “Guía de las serpientes de Honduras” y coautor de “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”. Sus contribuciones al cuidado y difusión de la biodiversidad hondureña son ampliamente conocidas y su generosidad en cada ocasión que lo he consultado ha sido extraordinaria. ¡Gracias, Leonel, por tu amistad!

A James Adams, del Pico Bonito Lodge de Honduras, por permitirnos utilizar la fotografía de la Lampropeltis abnorma de patrón bicolor. Sus continuos hallazgos en Pico Bonito son fascinantes.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

 

“LOS ÚLTIMOS LADRONES”, UNA NOVELA QUE SORPRENDE Y ATRAPA (por Pablo R. Bedrossian)

Los últimos ladrones 01Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

¿Qué ocurriría si un dramático acontecimiento borrara repentinamente todo el pasado? ¿Qué pasaría si a ese primer golpe le sucediera otro, que destruyera todas las barreras que separan al rico del pobre, al erudito del ignorante y al delincuente del honrado? La respuesta de Luis Chávez está en esta novela.

San Pedro Sula, la capital industrial de Honduras, durante cuatro años ostentó el triste récord de ser la ciudad con mayor tasa de homicidios del mundo. En ella se desarrolla la trama donde personajes de diversas raíces se exponen a una situación aún más grave, donde el pensamiento colectivo, como un péndulo, oscila entre la duda y la fe, entre la esperanza y la incertidumbre.

Pero no es un drama; es una novela de acción. Con la claridad de un film cinematográfico, el autor le imprime al relato un ritmo vertiginoso, sólo interrumpido por uno de los capítulos finales, donde un diálogo abierto expone sin medias tintas la perspectiva de cada protagonista, indisolublemente unida a las creencias, los valores y la cultura en los cuales han crecido. Narcos, militares, políticos, empresarios, sicarios, mareros y trabajadores son partícipes de una trama intrigante y despiadada.

Es una novela social; no psicológica. Comparte tres características con “El Eternauta”, aquel extraordinario cómic argentino: un acontecimiento que marca un antes y un después en la vida de una ciudad y una nación, el desconcierto de los personajes que tratan de ubicarse en el nuevo escenario sin poder predecir ni prevenir las consecuencias, y, en especial, la épica lucha de quien podríamos llamar el héroe plural o colectivo.

El texto lo va a atrapar. Hay una breve conversación en el anteúltimo capítulo que es la llave para entender la historia. Además, la novela culmina de un modo inesperado, sin perder la tensión en ningún momento.

“Los últimos ladrones” reúne méritos suficientes para obtener premios literarios; no porque el estilo de Luis Chávez sea glamoroso, sino por la arquitectura de una historia sorprendente que puede ser leída y entendida por todos. Digamos, además, que el autor es un genio creativo: caricaturista durante muchos años del desaparecido Diario Tiempo, su arte incluye el dibujo y la pintura. Ha publicado un libro de relatos cortos titulado “Cuentos paranoides”, es conferencista, docente e inventor. Es padre y esposo. Y, además, es un excelente amigo.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

PELEA ENTRE DOS MACHOS DE CTENOSAURA SIMILIS – IGUANA GRIS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Esta mañana, a unos 100 metros de mi casa, contemplé un inusual espectáculo: dos machos de la especie Ctenosaura similis, conocidos como iguanas grises o garrobos, y en inglés, Spiny-tailed Iguana, luchaban encarnizadamente. Filmé brevemente con el celular la pelea, pero decidí buscar la cámara de fotos, sin saber si el combate se extendería hasta mi regreso.

Me imaginé que se trataba de una pelea territorial. Cuando volví los machos se encontraban a unos diez metros uno del otro. Comencé a filmar  y vi como el más pequeño y oscuro se acercaba al más grande, que tenía el típico color naranja con trazas negras que los machos suelen tener por aquí. Enseguida se reinició la lucha que, salvo por algunos movimientos involuntarios al acercarme con la cámara, se puede ver perfectamente.

Luego del film, vi que a pocos metros una hembra observaba el combate. Su foto va debajo del video. Vale la pena ver el esfuerzo de estos machos por vencer al otro. Pareciera que el UFC ha crecido tanto que ha llegado a extenderse al reino animal.

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La hembra que a pocos metros observaba la pelea de los machos

Finalmente el más pequeño se retiró, lográndose ocultar en un hueco; el otro no pudo encontrarlo. Aprovechando la distracción del más grande, segundos después la hembra se introdujo en el mismo agujero, siguiendo al macho más pequeño. El más grande continuó infructuosamente su búsqueda durante varios minutos.

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El macho más grande buscando al más pequeño tras la pelea

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

BONUS: LAS SIETE IGUANAS DE HONDURAS

En Honduras, donde vivimos, hasta donde sabemos hay siete especies de iguanas:

Iguana iguana, la conocida iguana verde.

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Ctenosaura similis, muy extendida en el sur de México y todo Centroamérica.

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Ctenosaura melanosterna, también conocida como jamo o jamo negro, que se observa en los Cayos Cochinos y en el departamento de Yoro.

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Ctenosaura oedirhina, la iguana negra de Roatán, la isla caribeña más grande de Honduras.

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Ctenosaura bakeri, la iguana de la pequeña isla caribeña de Utila.

Ctenosaura flavidorsalis, que se encuentra en Honduras sólo en la zona sudoccidental, que limita con El Salvador.

Ctenosaura praeocularis, una especie descrita en 2009 para la zona de Nueva Armenia, Francisco Morazán, por Carlos Roberto Hasbun y Gunther Köhler.


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Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.