GUARA ROJA – NOMBRE CIENTÍFICO ARA MACAO; NOMBRE EN INGLÉS SCARLET MACAW (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

La guara roja es el ave nacional de Honduras. Mide alrededor de 90 cm, en un rango que va de los 81 a los 96 cm[1]. Pesa cerca de 1 kg. De un intenso color rojo, tiene plumas amarillas y azules en las alas que le proveen una belleza extraordinaria. La parte superior del pico es color marfil con la punta y la base negras mientras que la parte inferior del pico es totalmente negra. Alrededor de sus ojos -que son color café en los juveniles y amarillos verdosos en los adultos- la piel es rosada y sin plumas.

La subespecie que habita entre el sur de México y Honduras se conoce como Ara macao cyanoptera, y no posee la banda verde en las alas que sí muestra la subespecie que se observa desde Costa Rica hacia el sur, denominada Ara macao macao[2].

En otros países es conocida como guacamaya roja, guacamaya macao, lapa roja, bandera o paraba. Pertenece a la familia Psittacidae, la misma que los loros. Habita en bosques húmedos y de pinos, en alturas que van del nivel del mar a los 1000 metros. Se alimenta de frutos y semillas. Anida en huecos naturales de árboles o en nidos viejos abandonados por pájaros carpinteros. Es gregaria. Aunque no hemos encontrado evidencia científica, se dice que una vez que encuentra su pareja es fiel hasta la muerte. Del mismo modo, se cree que pueden llegar a vivir más de 60 años. Debemos resaltar que se la utiliza como mascota, lo que impulsa la casa furtiva. El experto Robert Gallardo dice “Tristemente, ahora es muy probable que haya más guaras rojas enjauladas en Honduras que las que gozan de libertad en la naturaleza”[3].

Hasta hace poco solo se lo observaba en la región Oriental de Honduras (La Moskitia en Gracias a Dios, Olancho y el extremo este de El Paraíso). Sin embargo, gracias a un proyecto del Parque de Aves y Reserva Natural Macaw Mountain, que ha rehabilitado y liberado aves en el sector de Copán Ruinas, hoy ya pueden verse un buen número de guaras rojas en el sector del parque arqueológico adyacente.

La mayor población de esta ave se encuentra en el norte de América del Sud. Hay registros recientes en Guatemala y Belice, pero en El Salvador no se observa desde 1925[4]. El mayor número de observaciones en Centroamérica proviene de Costa Rica; desde luego hay registros en Nicaragua y Panamá, aunque en mucho menor número.

Finalmente, y vinculando la guara roja con la historia, ha sido un ave importante para los pueblos precolombinos, tal como se observa en las ruinas mayas como de Copán.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


VIDEOS


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


REFERENCIAS

[1] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.337

[2] “Ara macao”, ficha de identificación, Dirección de Especies Prioritarias para la Conservación, Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Actualización enero 2009.,

[3] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.265

[4] Según www.ebird.org, al momento de publicar este artículo.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL RETO DE LOS MOTMOTS O GUARDABARRANCOS (por Pablo R. Bedrossian)

Los motmots son coloridas aves tropicales que solo existen en el continente americano. En cada región reciben un nombre diferente, como torogon, taragon, torogoz, guardabarranco, barranquero, momoto o burgo; pero sin importar el nombre que se les dé, la asombrosa combinación de rojos, azules, verdes, turquesas y naranjas de su plumaje los pone en la lista de los más buscados para fotografiar. Se los reconoce porque la mayoría de ellos tienen gruesos picos largos y curiosas colas en forma de raqueta.

Un motmot con su grueso pico y las puntas de la cola en forma de raqueta

Para describir las diversas especies, además del nombre científico, en Centroamérica suele preferirse el nombre en inglés. Ud. quizás se pregunte por qué. Es para unificar el lenguaje, porque hay un solo nombre en esa lengua para cada especie de ave; en cambio, en español suele diferir de pueblo en pueblo y de país en país.

TURQUOISE-BROWED MOTMOT (EUMOMOTA SUPERCILIOSA)

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa)

En Honduras hay siete especies de motmot, pero en el barrio donde vivo, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, solo una, el Turquoise-browed Motmot (cuyo nombre científico es Eumomota superciliosa). Es llamada así por sus enormes “cejas” color turquesa, Su detalle más notable es la cola formada por plumas con forma triangular de color azul con puntas negras. También conocida como talapo, es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua.

LESSON’S MOTMOT ( MOMOTUS LESSONII)

En nuestra ciudad hay unos cerros que forman parte de una pequeña cordillera que se conoce como El Merendón, y es un área protegida. Allí también se observa una especie más grande, el Lesson’s Motmot (nombre científico Momotus lessonii), antes conocido como Blue-crowned Motmot.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

Junto con el Turquoise-browed Motmot antes mencionado son los más comunes. Posee una corona o anillo turquesa en la parte superior de la cabeza y las plumas en raqueta de las puntas son muy pequeñas.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

EL RETO

Las demás especies son más difíciles de observar. Un fin de semana me propuse ver dos de ellas: el Keel-billed Motmot y la especie más pequeña y díscola, el Tody Motmot, algo nada fácil, pero, desde luego, tampoco imposible.

KEEL-BILLED MOTMOT (ELECTRON CARINATUM)

Con mi esposa nos dirigimos al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar, más conocido por su acróstico PANACAM. Se encuentra a una hora de viaje de nuestra casa y a escasos 7 kilómetros del Lago de Yojoa, en el centro de Honduras. Se llega ascendiendo por una serpenteante carretera de tierra colorada.

En el Lodge ubicado en su entrada hay senderos que ofrecen una amplia diversidad[1]; también cuenta con torres de avistamiento. En una de ellas, muy próxima a la recepción del hotel, Abiel Martínez, el joven guía que me acompañó en la ocasión, reprodujo el canto del Keel-billed Motmot (Electron carinatum). Lo escuchamos paulatinamente acercarse. Cinco minutos después se mostró cerca nuestro. No era la primera vez que lo veía, pero era la primera vez que lo fotografiaba con claridad.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Abiel me dijo: “Cada vez que lo llamo, siempre responde”. Aprovechamos para ver otras aves. Tras la caminata, almorzamos con Graciela en el bello deck con vista al lago de este hotel de montaña; en el lugar hay además comederos para colibríes que llegan raudamente, se alimentan y se alejan dejando la resonancia de su zumbido.

Uno de los miradores del Panacam lodge

Por la tarde, estaba cerca de las cabañas cuando don Teo, uno de los guías que se hallaba a pocos metros, exclamó: “¡Mire lo que hay delante suyo!”.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Era otro Keel-billed Motmot a unos tres metros, apoyado en la baranda de una escalera, con tonalidad más verdosa, acentuada por la iridiscencia producida por el sol.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

La primera misión estaba doblemente cumplida. Pernoctamos en el lodge y tras otra breve caminata fotográfica emprendimos el camino para encontrar el Tody Motmot (nombre científico Hylomanes momotula).

TODY MOTMOT (HYLOMANES MOMOTULA)

Descendimos en nuestro vehículo el camino de piedra y tierra unos 3 kilómetros hasta la aldea Santa Elena y allí doblamos a la derecha para dirigirnos a la EcoFinca Luna del Puente, ubicada a unos 20’, poco después del pueblo de San Isidro, en el Municipio de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

Flores en la EcoFinca Luna del Puente

La EcoFinca Luna del Puente es un hermoso y amplio terreno que cubre varias hectáreas; allí se cultiva el café y el cacao, y cuenta con una magnífica biodiversidad. Nos recibió nuestro amigo Damián Magario, un cordobés radicado en Centroamérica, quien ofició de guía. Mi esposa prefirió recostarse en una hamaca de tela. En cambio, Diana Rosellón, una querida colega observadora de aves que había acampado allí, decidió sumarse a nosotros para ir en busca del Tody Motmot.

Planta de cacao en EcoFinca Luna del Puente

Nos adentramos en el bosque siguiendo el sendero donde tiempo atrás ocasionalmente se dejaba ver el más pequeño de todos los torogones. Es un angosto camino de tierra rodeado de una vegetación muy tupida. Tras cuatrocientos metros de marcha nos detuvimos donde lo habían observado. Damián reprodujo su canto utilizando la aplicación Merlin, favorita de los birders. Como no obtuvimos respuesta, avanzamos unos doscientos metros más. Intentamos de nuevo y pareció responder muy a lo lejos, pero teníamos dudas. ¿Vamos en su búsqueda? Damián no dudó y pronunció un viejo refrán para dejar en claro que la decisión ya estaba tomada: “El que no arriesga no gana”.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Decidimos penetrar en la espesura. Descendimos lentamente por una barranca, abriéndonos paso trabajosamente entre arbustos con espinos y un grueso zacate, hasta encontrar un pequeño espacio donde agazapados volvimos a reproducir el llamado del Tody Motmot. Para nuestra sorpresa nos respondió. Minutos después se posó por un instante frente a nosotros; sin darnos tiempo para una fotografía partió con la misma velocidad con la que llegó. Esperamos su regreso durante más de media hora. Veíamos y escuchábamos otras aves, pero nuestro pájaro ni siquiera cantaba a la distancia.

Selfie por Diana Rosellón; al lado suyo el autor de esta nota y detrás Damián Magario, todos a la espera del Tody Motmot

Decidimos regresar habiendo obtenido como premio raspones y picaduras. Nos tomó más de veinte minutos la subida sobre ese terreno irregular cubierto de ramas y juncos. Cuando logramos retornar al sendero hicimos una nueva prueba, reproduciendo la llamada, pero el motmot enano no respondía. Era el momento para desistir. “Hagamos un intento más” propuse.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Habiendo insumido cerca de una hora y media, nuestra búsqueda había resultado estéril. Sin embargo, no perdíamos nada con invertir un rato más. Lo habíamos visto por brevísimos segundos, y aunque no cantara sabíamos que debía estar allí. La tarde estaba avanzando, y el resto de sol que quedaba nos permitiría intentar unos minutos más.

Más flores en la Ecofinca Luna del Puente

 Avanzamos unos treinta metros. Sin previo aviso, el Tody Motmot apoyó sus diminutas patas en una rama justo frente a nosotros. La sorpresa del encuentro no impidió que, al fin, pudiéramos fotografiarlo. No fue fácil ni obtuvimos imágenes perfectas, pues comenzaba a oscurecer.

Tody Motmot (Hylomanes momotula), foto por Damián Magario

Pocos segundos después el ave había desaparecido. Con una amplia sonrisa, nos felicitamos mutuamente por el mágico momento. Emocionados, desde luego, emprendimos el regreso.

Imagen tras el encuentro con el motmot enano; de izquierda a derecha Damián Magario, Diana Rosellón y el autor de esta nota

EL MOTMOT GARGANTA AZUL

He podido ver ya en cuatro ocasiones otro torogon, el garganta azul. Blue-throated Motmot (nombre científico Aspatha gularis). Tiene su santuario en Opatoro, una localidad cercana a Marcala, La Paz, en el Occidente de Honduras.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

Muy esquivo, cuesta fotografiarlo pues se esconde entre el follaje con mucha facilidad. Sin embargo, sus colores le dan una belleza única. Se caracteriza por su garganta intensamente azul y la ausencia de raquetas en la cola.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

ACERCA DE LOS TOROGONES

Pertenecen a la familia Momotidae. Se los conoce como guardabarrancos o barranqueros porque crean huecos en los barrancos para utilizar como nidos. Solo existen en el trópico latinoamericano. En total hay 14 especies, de las cuales 10 habitan en Centroamérica, y de ellas 7 se observan en Honduras, donde vivo, que es el país con más especies de motmots en el mundo. Comparto una tabla donde se puede ver la distribución de motmots según eBird.

Solo me faltan ver allí el Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum) y el Rufous Motmot (Baryphthengus martii). Se encuentran en la costa norte de Honduras y en la Mosquitia, al oriente del país, lugar donde no es posible acceder por transporte terrestre.

Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), foto por nuestro amigo y maestro Romel Romero

Compartimos una imagem del Rufous-capped Motmot (Baryphthengus ruficapillus), también con corona rufa, que habita en las selvas tropicales ubicadas al este de Sudamérica (Brasil, Paraguay y Argentina) y es conocido como yeruvá o yeruvá oriental.

Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), foto por Vicente García

ACERCA DE LOS MOTMOTS, TOROGONES O GUARDABARRANCOS

Su colorido plumaje brillante hace a los motmots sumamente vistosos. Una curiosa característica de la mayoría de los miembros de esta familia son sus largas colas en forma de raqueta. Robert Gallardo, citando a Beebe (1910) explica que “las puntas son formadas por la caída de venas que están débilmente pegadas a lo largo del raquis medial de las dos plumas caudales centrales alargadas”[2].

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa) mostrando las puntas de la cola en forma de raqueta

Según el mismo autor, un experto al que admiramos, se alimentan de “artrópodos, pero también de frutos y ocasionalmente de vertebrados pequeños”. No tiene dimorfismo sexual (externamente el macho luce igual que la hembra) y sus sonidos son graves, cortos y poco atractivos al oído humano.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Para conocer más de ese lugar, puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2017/09/13/una-caminata-por-panacam-parque-nacional-cerro-azul-meambar-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018, p.227


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de:

La foto de los tres observadores de aves agazapados esperando al Tody Motmot, tomada por Diana Rosellón.

La última foto del Tody Motmot (Hylomanes momotula), tomada por Damián Magario.

La foto del Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), tomada por Romel Romero.

La foto del Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), tomada por Vicente García

Las cuatro han sido utilizadas con los respectivos permisos de los mencionados fotógrafos, actuales propietarios de sus derechos.

COLLARED FOREST-FALCON, (MICRASTUR SEMITORQUATUS), OBSERVACIÓN DE UN EJEMPLAR EN RESIDENCIAL CAMPISA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA

INTRODUCCIÓN

El Collared Forest-Falcon, cuyo nombre científico es Micrastur semitorquatus, es un “halcón de bosque”, un “Forest-Falcon”.

Los halcones verdaderos, los true Falcons, pertenecen al género Falco. Tienen alas angulares y puntiagudas, y largas colas. Las patas suelen ser cortas, los individuos difieren con la edad y no presentan dimorfismo sexual. Se encuentran en áreas abiertas y son temibles cazadores.

En cambio, los halcones de bosque, los Forest-Falcons, pertenecen al género Micrastur. A diferencia de los halcones verdaderos, tienen alas cortas y redondeadas, colas con alas escalonadas y patas más largas. Se los oye más que lo que se los ve. Habitan en el interior de los bosques y hacen sus nidos en huecos de los árboles. Tanto los halcones verdaderos como los de bosque corresponden a la familia Falconidae.

El Collared Forest-Falcon, que en español se conoce como Halcón selvático barrado -según Howell & Webb- o Guaquillo collarejo -según Ernest Preston Edwards- es un ave rapaz grande y alargada. El macho mide 56 cm y la hembra 63 cm. El adulto es negro o café y en la cola tiene varias bandas blancas angostas. El pecho y el vientre son blancuzcos y las patas relativamente largas y de color amarillo. Además tiene un “collar” negruzco. Suele encontrarse en el bosque húmedo tropical, y normalmente los individuos son solitarios, aunque puede vérselos en pareja en tiempo de reproducción. Un detalle interesante es que en la Guía de Campo de Aves de Norteamérica de National Geographic, está incluida entre las especies que se observan accidentalmente o están extintas en esa región del continente (esto implica tres observaciones en las últimas dos décadas o cinco en los últimos cien años), por lo que el hábitat de esta especie se ubica más al sur, de México a Sudamérica.

NUESTRO EJEMPLAR

En 2009 Jorge Arévalo, un vecino de Residencial Campisa, fotografió a larga distancia un ejemplar que estaba de espaldas. Hasta principios de 2011 esa era la única observación documentada de esta especie en nuestra colonia (barrio).

Sin embargo, a partir del 15 de enero en la zona de la laguna y la zona contigua del canal hacia la Primera Etapa de Residencial Campisa observé en tres ocasiones un ejemplar, de gran belleza, que pude filmar y fotografiar. Impresiona por la majestuosidad de su vuelo y se aleja de la cercanía de las personas. Compartimos un video de esta bella ave:

 ACERCA DE RESIDENCIAL CAMPISA

Residencial Campisa (www.campisa.com) es la residencial donde vivo. Ocupa un espacio de aproximadamente 250 hectáreas, ubicado en el cuadrante noreste de la ciudad de San Pedro Sula, Honduras. Comprende la parte oeste del cerro Campisa. El terreno donde se erige es irregular, con elevaciones que van desde los 65 hasta los 267 metros sobre el nivel del mar; cuenta con áreas planas en el sector sur este -mayormente- y norte.

Hay dos zonas o “etapas” con viviendas, sin edificios comerciales. Se ha creado una zona de amortiguamiento entre ambas etapas. Es una extensa área verde que permite la libre circulación de todas las especies, desde las fuentes de agua hasta la zona central del cerro (la más quebrada y densamente poblada por animales) estableciendo así un “corredor biológico“. Residencial Campisa está densamente poblado de árboles de madera dura, arbustos, una gruesa alfombra de gramas y hierbas y una población de varias especies animales características de un bosque tropical seco. Cuanta con un canal de agua y una laguna en el centro del canal de una superficie aproximada a una hectárea y media.

© Pablo R. Bedrossian, 2011. Todos los derechos reservados.


BIBLIOGRAFÍA

Dunn, Jon L. and Alderfer, Jonathan “Field guide to the birds of North America”, National Geographic, Washington D.C., 5ta Edición, 2006 (2da. reimpresión 2008)

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Gallardo, Robert e Irma, “Field guide to the birds of Lake Yojoa”, Edición del Autor, 2008

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)

Kaufman, Kenn “Guía de campo de las aves de Norteamérica”, Hillstar Editions L.C., 2005


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos