PARA LOS AMANTES DE LA PINTURA Y LA ESCULTURA, LECTURA IMPERDIBLE: “HISTORIA DEL ARTE” DE E. H. GOMBRICH (por Pablo R. Bedrossian)

Serie LECTURA RECOMENDADA

8 millones de ejemplares vendidos y 16 ediciones revisadas, ampliadas y rediseñadas a lo largo de 45 años hablan por sí mismos. “Historia del Arte” de E. H. Gombrich es el libro de historia del arte más leído en el mundo. Cuenta con casi 700 páginas, pero es de fácil lectura debido a sus cientos de ilustraciones.

Enfocado en tres ramas -la arquitectura, la pintura y la escultura- presenta una cronología de obras de arte, no una antología. El autor aclara que evita mostrar sus pinturas predilectas y que, en favor de sus lectores, presenta las más conocidas para que la información y el respectivo aprendizaje fluyan de un modo natural.

Comienza con una breve exposición introductoria sobre el arte y los artistas; afirma que no puede definir qué es el arte y que para él lo que cuenta son los artistas y sus creaciones. Sigue por la prehistoria, las manos que pintaron bisontes en las cuevas de Altamira, crearon máscaras rituales en Nueva Guinea o cabezas de bronce en el reino de Oni, en la actual Nigeria. De allí pasa al arte egipcio mostrando el significado religioso de las figuras que nosotros hoy concebimos como arte, pero también sus reglas que desde nuestra cultura llamamos estilo; por ejemplo, las cabeza y las piernas de costado mientras el torso parece el de una persona que mira de frente, el significado de los colores, la ubicación de las manos, las representaciones de los dioses con cabeza de diferentes animales. También presenta el arte mesopotámico y cretense, hasta dar un lugar al arte griego para mostrarnos por qué lo denominamos clásico, basado en dos hechos: el descubrimiento de las formas naturales y la invención del escorzo.

Cuando habla del arte romano de los siglos I al IV incluye también el arte cristiano; además, sucintamente pasa revista al arte budista del mismo periodo. Luego, en un solo capítulo muestra el arte occidental del siglo V al XIII y también presenta algo del arte chino e islámico en los tiempos medievales. Luego se centra en Europa y va describiendo los estilos de acuerdo a las épocas: el románico, el gótico, el renacentista, el barroco; también separa las geografías mostrando por un lado el arte italiano y por el otro el flamenco. El recorrido pasa al rococó, y de allí a las diversas corrientes que lo sucedieron; finalmente vuelve a concentrarse en una hilera de estilos: el impresionismo, el cubismo, el surrealismo, el arte abstracto y otros “ismos” hasta fines del siglo XX, aclarando que desde el presente es muy difícil diferenciar las modas del arte, pues las modas pasan y el arte perdura.

Es una obra extraordinaria, con ilustraciones muy bien presentadas y una excelente encuadernación, muy necesaria para un ejercicio que el autor propone con frecuencia: comparar imágenes con las de páginas anteriores. Además, la prosa de E. H. Gombrich, incluso en su traducción en español, produce tanto placer que lamentamos que no nos siga hablando porque el libro ha llegado su fin.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

CLAUDE LORRAIN, EL ARTISTA QUE PINTÓ AL REVÉS (por Pablo R. Bedrossian)

Para los expertos en arte el nombre de Claude Lorrain resulta familiar; en cambio, puede ser desconocido para el resto, pues no goza del prestigio de los grandes maestros del Renacimiento o de los impresionistas cuyas obras se han hecho populares. Sin embargo, fue un innovador y, para muchos, el primer pintor paisajista.

Con maestros de la talla de Leonardo, Miguel Ángel y Rafael en el cinquecento (el siglo que comenzó en 1501) se creyó que la pintura había alcanzado su máxima expresión. El peso de su rico legado produjo una crisis, pues la generación siguiente no tenía claro hacia dónde dirigirse. Las formas clásicas del Renacimiento comenzaron a exagerarse (el manierismo) y solo el talento de artistas como Tintoretto (1518-1594) o El Greco (1541-1614) evitaron que las comparaciones se vuelvan odiosas y destructivas. La posterior aparición de Caravaggio (1573-1600) con su naturalismo fue una bocanada de aire fresco al pasar de una tradición pictórica cuyas figuras remedaban esculturas a representaciones que parecían de carne y hueso. En ese entorno, donde el barroco también se abría paso, aparece Lorrain.

Claude Lorrain (1600-1682) nació en Francia un siglo después de aquella época dorada. Desde muy joven se trasladó a Italia donde desarrolló su carrera artística. Aunque su estilo nunca nos atrajo, reconocemos en él un extraordinario innovador: fue el primero en colocar el paisaje como el gran protagonista de un cuadro en lugar de emplearlo como el fondo de una escena. Se trata de vistas campestres, a veces con alguna construcción clásica o un lejano grupo de personas, pero donde la naturaleza ocupa el primer lugar.

PINTANDO AL REVÉS.

Cuando hablamos de pintar al revés no hacemos alusión a un aspecto técnico, como en el caso de Leonardo Da Vinci que era zurdo, escribía de derecha a izquierda y colocaba las letras en posición inversa, obligando a la lectura con un espejo[1]. Hablamos de algo totalmente diferente.

Imaginamos que un pintor recrea el paisaje que se extiende delante de él. Cuando observamos “Vista de Toledo” de El Greco entendemos que, más allá de algunas libertades, el artista representó con su peculiar estilo la ciudad en donde vivía. Lo mismo pasa cuando observamos “Amapolas” de Claude Monet: suponemos que ha sido fruto del artista contemplando la naturaleza.

Por el contrario, Lorrain no pintó lo que veía, sino lo que imaginaba. A pesar que utilizó elementos realistas, producto de su estudio de la campiña romana y las colinas aledañas, idealizó la naturaleza creando paisajes de ensueño bañados de sol. Volcó en sus telas imágenes de lugares que no existían.

Décadas después de su muerte los viajeros juzgaban un paisaje de acuerdo al ideal de belleza propuesto en los cuadros del Lorrain. E. H. Gombrich escribe “acaudalados ingleses fueron aún más allá y decidieron modelar el trozo de naturaleza que les pertenecía, en sus parques o haciendas, según los sueños de belleza de Claude Lorrain”[2]. Esos idílicos entornos naturales con castillos en ruinas impulsaron a los admiradores de Lorrain en la Gran Bretaña a transformar sus jardines para imitar aquellas creaciones[3]. Como en un cuento borgeano, todo sucedía a la inversa: en lugar que un paisaje inspirara una pintura, una pintura inspiraba un paisaje.

Incluso la palabra pintoresco se popularizó cuando comenzó a aplicarse específicamente a paisajes o jardines que recordaran a las pinturas de Lorrain. Luego, y como consecuencia de su uso primitivo, ese adjetivo –pittoresco en italiano, picturesque en inglés, pittoresque en francés- se extendió para describir objetos y lugares que nos parecen propios de una obra de arte.

DOS DETALLES MÁS DE CLAUDE LORRAIN

Debido a la fama que Claude Lorrain obtuvo en su tiempo, afloró una multitud de imitadores que vendía sus copias como si fueran originales. Para preservar su obra, el pintor creó el Liber Veritatis, un cuaderno de 195 dibujos con todas sus obras descritas en detalle, incluyendo datos de la venta, como el nombre del cliente y el precio del cuadro.

El espejo de Claude, un pequeño instrumento oscuro utilizado por los paisajistas ingleses de finales del siglo XVIII y principios del XIX, recibió su nombre en homenaje a Claude Lorrain. Gracias a su convexidad permitía ver secciones del paisaje a menor escala en tonalidades sepias, sirviendo como referencia para la creación de bocetos. Para utilizarlo, el artista debía dar la espalda al paisaje y observar el reflejo en el cristal.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Isaacson, Walter, “Leonardo Da Vinci La Biografía”, Debate, Penguin Random House Grupo Editorial, 2018, p.44

[2] Gombrich, E.H., “La Historia del Arte”, Phaidon, 16ª Edición (revisada, ampliada y rediseñada), 1995, p.397

[3]  Gombrich, E.H., Op. cit., p.419


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LA PINTURA DE ANTONIO VINCIGUERRA: ARTE QUE ABRE CAMINOS E INVITA A RECORRERLOS (por Pablo R. Bedrossian)

El arte sucede: nos sorprende al escuchar una sinfonía, al contemplar una escena en el teatro o al admirar una pintura. Es algo que no se piensa: se siente. Por eso, un verdadero artista nos conduce desde donde estábamos a un lugar que no conocíamos. Un cabal ejemplo es el pintor hondureño Antonio Vinciguerra; es difícil observar una obra suya sin conmoverse. Sus pinturas son como un viaje donde se revelan riquísimos elementos, de los que deseo destacar tres.

Sección parcial del mural en el Supermercado La Colonia de El Pedregal, San Pedro Sula

Comienzo por la identidad nacional. En sus obras aparecen representados los aspectos más sobresalientes de la cultura hondureña, pero también detalles poco conocidos. Tal es el caso de una representación de K’inich Yax K’uk’ Mo’, fundador de la dinastía real de Copán. Pocos saben que en el museo de arqueología maya que se encuentra frente al parque central de Copán Ruinas hay una bella pieza de alfarería donde este personaje es representado con aros alrededor de los ojos, como si fueran nuestros modernos anteojos. Esa peculiaridad no pasó inadvertida a los ojos del artista quien fielmente reprodujo la imagen en el mural del nuevo edificio de UNITEC. Ese minucioso interés que lo caracteriza demuestra la importancia que le otorga a la historia de su pueblo.

Sección parcial del mural en UNITEC. Abajo a la izquierda, la representación del Gobernante 1 de Copán, K’inich Yax K’uk’ Mo’

Un segundo aspecto es su preocupación social. No solo ha trabajado para poner las artes plásticas al alcance de todos, sino que también ha plasmado ese mismo propósito en sus pinturas. Los murales con los cuales embellece la Universidad de San Pedro Sula (USAP) o el Supermercado La Colonia de El Pedregal son en sí mismos un mensaje para todas las personas. Sus imponentes dimensiones potencian su contenido, comprensible para un analfabeto como para el hombre más ilustrado. Creo que la elección del muralismo -que desde los mexicanos Diego Rivera, José Clemente Orozco y David Alfaro Siqueiros es entendido como una suerte de tribuna gráfica de alcance popular- no es casual. El arte de Antonio Vinciguerra no es para las élites: es para cada persona sin distinción económica, educativa o religiosa.

Vista del mural en el Supermercado La Colonia de El Pedregal

Aún sabiendo que dejo fuera importantísimos aspectos de su obra, deseo mencionar uno más: el mensaje positivo. Son imágenes que nos transportan en el tiempo y nos hacen creer que una Honduras mejor es posible. No se centra en la crítica o en la denuncia, lo cual sería caer en el oportunismo o el facilismo, sino en los valores que pueden devolver la grandeza a su amada nación. 

Vista parcial del mural en la Universidad de San Pedro Sula (USAP)

No es por casualidad que las obras de Antonio Vinciguerra han traspasado las fronteras y han sido expuestas en países del Primer Mundo, como Italia o los Estados Unidos. Sus creaciones no tienen la impronta light de la posmodernidad, ni sus pinturas pueden verse en un instante: hay que recorrerlas para ir descubriendo lo que hay en ellas. Esto se debe a que el suyo es un arte que abre caminos y a la vez invita a recorrerlos.

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LA DESAPARICIÓN DE “EL MITO DE LA INFANCIA” (por Pablo R. Bedrossian)

EL PREMIO

El 19 de octubre de 1995 la artista plástica Celsa Flores recibió un reconocimiento muy especial: su obra “El Mito de la Infancia” obtuvo el primer lugar en el concurso de pintura conmemorativo del 50º Aniversario de las Naciones Unidas organizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo en Honduras, más conocido como PNUD. El jurado estuvo conformado por representantes de organismos internacionales, diplomáticos y pintores hondureños.

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Nota del Diario La Tribuna del 16 de octubre de 1995 que la artista debió presentar como evidencia de haber sido galardonada

El certamen tenía como propósito reconocer y conservar el patrimonio artístico de Honduras; las pinturas ganadoras pasaron a ser propiedad del PNUD. A pesar del alto valor afectivo que la obra tenía para ella, Celsa Flores se sintió honrada al saber que la pintura sería exhibida en la casa de las Naciones Unidas en su país.

LA OBRA

La obra era un retrato de Mariel Helena, la hija de la pintora, rodeada de pájaros junto a dos personajes de fondo. Mostraba un cuadro cargado de símbolos que refieren a las experiencias de la niñez y, a la vez, representan un diálogo íntimo entre tres generaciones de mujeres de su familia. En el lenguaje artístico de Celsa Flores, los pájaros representan la libertad y son una muestra de su amor por la naturaleza.

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La pintura “El Mito de la Infancia” escaneada de una fotografía

LA DESAPARICIÓN

El 5 de septiembre de 2018, el PNUD y la Secretaría de Relaciones Internacionales y Cooperación Internacional de Honduras invitaron a un evento denominado evento “Donación de Pinturas de la Colección PNUD a la Galería Nacional de Arte”. Sin embargo, ni “El Mito de la Infancia” ni el nombre de la artista aparecían en la lista.

Según nos relató Celsa Flores, sorprendida por la omisión decidió averiguar por qué su obra no estaba incluida, poniéndose en contacto con la Gerente de Operaciones del PNUD. La respuesta fue aún más desconcertante: no poseían registro de la obra, no conocían su paradero y no se hacían responsables por la pérdida de la pintura; aparentemente tampoco llevaban un inventario de las obras en su poder. Además, sin ruborizarse le pidieron que demostrara que su pintura había sido la ganadora del concurso. Afortunadamente, conservaba el diploma, el catálogo y los recortes de diarios que atestiguaban en su favor.

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Otra vista de “El Mito de la Infancia”, escaneado de una fotografía

PATRIMONIO CULTURAL

La custodia del patrimonio cultural requiere dedicación, responsabilidad y profesionalismo. En el caso de las pinturas, existe la figura del curador. Un curador de arte es un experto a cargo de la exposición, valuación, manejo, preservación y administración de bienes artísticos. Pareciera que las autoridades del PNUD no lo saben.

De hecho, los cuadros no estaban ubicados en una sala especial sino en varias oficinas de autoridades; para la donación a la Galería Nacional de Arte de Honduras sita en Tegucigalpa se basaron en inscripciones que aparecían junto a las obras.

Ante la falta de respuesta, el diario La Tribuna publicó una nota exponiendo el caso. Tras la noticia las autoridades del PNUD se pusieron en contacto con la pintora y le informaron que iba a estudiar lo ocurrido.

En busca del huevo azul
“Reflejo”, obra de Celsa Flores hecha en 2001

EL VALOR DEL ARTE PARA UNA NACIÓN.

El arte inspira a personas, pueblos y naciones. Si no, no existirían las exposiciones, las galerías y los museos de pintura y escultura. La desaparición de una obra premiada no solo es injusta con sus méritos sino con el público, privado de admirarla, y con el artista que trabajó con ahínco sobre ella. No seríamos tan enfáticos si hubiera habido un robo o un accidente debidamente documentados, porque son riesgos a las que cualquier bien patrimonial está sujeto, pero no podemos aceptar pasivamente el descuido negligente que invierte la carga, obligando a la artista a demostrar la existencia de la obra y el galardón recibido de la propia organización.

Esperamos que el PNUD, una institución respetada en Honduras, realice una investigación exhaustiva sobre este lamentable suceso. A la fecha, Celsa Flores no ha recibido una disculpa formal de las autoridades responsables; tampoco le han informado cómo la institución de las Naciones Unidas en Honduras le restituirá a ella y a su obra el merecido reconocimiento. Una obra que desaparece jamás será sinónimo de una obra que no existe.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


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Todas las imágenes fueron provistas por la artista plástica hondureña Celsa Flores y se publican son su autorización.

EL ARTE DE GUILLERMO MAHCHI: EL DÍA QUE “LAS MALINAS” SE CONVIRTIERON EN “LAS DESCARADAS” (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS

El 16 de Julio de 2015 se inauguró en el MIN (Museo de la Identidad Nacional) de Tegucigalpa una de las exposiciones de pintura más innovadoras de Centroamérica: “Co-Inspiraciones”, del hondureño Guillermo Mahchi. Para generar una mayor expectativa, el evento fue precedido por la presentación en la vía pública de banners con reproducciones de famosas obras del Museo del Prado de Madrid.Crossover Guernica - El Entierro del Duque de Orgaz

La propuesta consistía en presentar en una misma tela dos o más adaptaciones de grandes obras de arte. El público podía reconocer con facilidad las pinturas clásicas que co-inspiraron cada obra y a la vez reconocer el genio creativo del pintor que las había reunido.

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Sin embargo, una de las obras despertó la furia de personalidades políticas del momento. Se trataba de la única pieza que colgaba en una de las paredes del MIN, titulada “Las Malinas”, obviamente inspirada en “Las Meninas” de Diego de Velázquez. La pintura del genial pintor español, muestra en primer plano tres mujeres: La Infanta Margarita en el centro, rodeada de las meninas, sus acompañantes.

Las Meninas 04 (horizontal)El Dr. Guillermo Mahchi decidió tomar la idea e incluso ubicar una cuarta dama en el lugar donde en la pintura original se encuentra autorretratado el propio Velázquez. Desde luego, eso no hubiera causado ningún escándalo si no fuera porque, no sin ironía, a las figuras femeninas les asignó los rostros de conocidas diputadas de su país.  

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Las caras fueron incorporadas a las figuras en Las Malinas como en un collage, mientras un ángel también de rostro femenino las sobrevolaba, portando una bandera de Honduras en su mano izquierda. En la esquina inferior derecha un perro macilento reemplazaba al mastín de Velázquez; debajo del cuadro colgaba un calendario que decía “Honduras está cambiando”.

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Dejemos que el propio creador describa el contenido de la obra: “Se ve a Beatriz Valle de Libre, Waldina Paz de Partido Liberal, Welsy Vasquez del Partido Nacional y a la controversial vicepresidenta del Congreso, Lena Gutierrez, mostrando a la comparsa cuál cartoon… el perro hondureño, flaco como el pueblo; por encima de la escena vuela cuál Cupido la decana de las diputadas nacionales, Dorys Gutiérrez, con su banderita de Honduras, como un recordatorio que Honduras debe de ser primero”.

LA REACCIÓN Y LA CAÍDA

La diputada Valle no demoró en morder el anzuelo. Doce horas después de la inauguración, a las 8 am del 17 de julio, envió un mensaje a la directora del MIN, amenazando con una demanda si su rostro continuaba expuesto. Sin ningún reparo, las caretas hechas con recortes de periódicos que Guillermo Mahchi había utilizado para representar a cada diputada fueron removidas. Entonces, los personajes quedaron expuestos sin rostros, y su autor las renombró “Las Descaradas”.

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BONUS: OTRAS IMÁGENES DE LA EXPOSICIÓN “CO-INSPIRACIONES” DEL DR. GUILLERMO MAHCHI EN EL MIN, TEGUCIGALPA, HONDURAS

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Todas las fotografías fueron utilizadas con permiso del Dr. Guillermo Mahchi.

“LAS MENINAS” EXPLICADA PARA TODOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

No pretendemos analizar en detalle una de las obras cumbres de la historia del arte, sino hacer una sencilla semblanza de esta pintura y de las razones que le han otorgado ese lugar de privilegio.

Las Meninas es una obra de grandes dimensiones; pintada al óleo sobre tres bandas de tela cosidas, sus figuras centrales están retratadas en tamaño real.

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Su autor fue Diego de Velázquez (1599-1660), el artista preferido de la corte española de su época. Compuso esta pintura en 1656, durante lo que se conoce como el Siglo de Oro de las artes en España.

El cuadro, que se expone en el Museo del Prado de Madrid, ha tenido diversos nombres oficiales, tales como “Retrato de la señora emperatriz con sus damas y una enana”, “Familia del Señor rey Phelipe Quarto” o simplemente “La familia”[1] pero se conoce popularmente como “Las Meninas”.

LOS PERSONAJES

En la obra hay doce figuras, todas correspondientes a personajes históricos. Seis de ellas están en primer plano. Veamos de quiénes se trata[2]:

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Al centro abajo, la luz recae sobre una niña vestida con un sayo y una falda sobre guardainfante, armazón de aros de metal o mimbre ajustado a la cintura, que se usaba debajo de la falda acampanada; es la Infanta Margarita, de unos cinco años de edad.

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A su lado están las meninas, de donde proviene el nombre la obra, que eran sus jóvenes asistentes: a nuestra izquierda, María Agustina Sarmiento de Sotomayor, y a nuestra derecha, Isabel de Velasco, ambas pertenecientes a la nobleza. Con su postura contribuyen a resaltar la imagen de la Infanta.

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A continuación, a la derecha, aparece Mari Bárbola, integrante del séquito de la infanta. Sus rasgos muestran un ostensible enanismo acondroplásico[3]. Ella parece mirar al observador. En el extremo derecho se encuentra Nicolasito Pertusato. Contra lo que pueda suponerse, no es un niño; cuando fue pintado el cuadro tenía 21 años. Era un bufón en la corte, nacido en Italia. Su corta estatura se debe a un enanismo hipofisario[4]. Su pie izquierdo se apoya suavemente sobre un mastín, mascota de la corte, que descansa indiferente al movimiento alrededor suyo.

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Pasemos a los personajes que se encuentran detrás. A la derecha, entre la menina Isabel de Velasco y Mari Bárbola, hay una pareja. La mujer es Marcela de Ulloa, responsable de las doncellas que acompañaban a Margarita. Su vestimenta no se debe a que fuera monja sino a su viudez. Se desconoce la identidad del hombre a su lado, pero es descrito como un guardadamas, una suerte de escolta de las niñas de la corte[5].

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Detrás, bajo un fondo intensamente iluminado, sobre una escalinata que aparece detrás de una puerta se ubica José Nieto Velázquez, responsable de los cuartos de la reina.

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Del lado izquierdo, el propio artista se incluye en la obra; se representa a sí mismo ejerciendo su arte.

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¿A quiénes pinta? Se presume que a las figuras que vemos reflejadas en un espejo: Los padres de la Infanta Margarita: el rey Felipe IV y su esposa Mariana de Austria.

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El monarca había estado casado previamente con Isabel de Borbón[6], con quien tuvo ocho hijos. Tras enviudar se casó su sobrina Mariana, con quien engendró cinco hijos, de los cuales la Infanta Margarita, la niña rubia del cuadro, fue la mayor.

¿DE QUÉ TRATA LA OBRA?

A simple vista, el cuadro parece captar un momento. Es la interpretación realista de Las Meninas. Algunos estudiosos han propuesto que Velázquez estaba retratando a la niña, pero tanto la imagen en el espejo como los documentos posteriores sugieren que Velázquez pintaba a los reyes de España que, mientras posaban, se encontraban rodeados de su hija y su séquito.

En el siglo XX surgió otra teoría: la simbólica, según la cual el artista, movido por otros propósitos, comunicó mensajes esotéricos que no eran detectables por el gran público. Esta teoría no nos interesa y fue abandonada.

La tercera, la interpretación filosófica, propuesta por intelectuales de la talla del psicoanalista Jacques Lacan y el pensador francés Michel Foucault, es la que ha impulsado un rico debate acerca de esta pintura.

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En el primer capítulo de su libro “Las Palabras y las Cosas”, dedicado a Las Meninas, Foucault analiza, entre otros elementos, al pintor que nos mira y que -si la imagen tuviera movimiento- desaparecería de nuestra vista si se corriera a nuestra izquierda para trabajar sobre la inmensa tela, de la cual solo vemos la parte posterior sobre el bastidor. El filósofo agrega: “En apariencia, este lugar es simple: vemos un cuadro desde el cual, a su vez, nos contempla un pintor… sin embargo, esta sutil línea de visibilidad implica a su vez toda una compleja red de incertidumbres, de cambios y de esquivos… el contemplador y el contemplado se intercambian sin cesar[7]. Para Foucault los espectadores constituimos un personaje más de la obra de Velázquez y es el propio pintor español quien intencionalmente nos incluye.

El libro prosigue con una serie de inferencias y especulaciones muy interesantes de las que no sabemos cuáles estaban en la mente de Velázquez al crear Las Meninas y cuáles son producto de la reflexión e imaginación de Foucault.

EL CUADRO IMPOSIBLE

Se ha dicho que “Las Meninas” es el cuadro imposible. Esta afirmación se sostiene, entre otras cosas, por el extraordinario manejo que Velázquez hizo de la luz. Para ello se sirvió de varios artificios.

El tercio inferior de la tela, donde se encuentran los personajes, es luminoso, mientras que en los dos tercios superiores domina una suave penumbra. Nos encontramos ante la sensación de un gran espacio, que gana aún más profundidad gracias a las técnicas de perspectiva utilizadas, donde el punto de fuga se encuentra en la figura de José Nieto Velázquez sobre un fondo brillante. Se crea así un ambiente misterioso, donde la oscuridad palaciega contrasta con la luminosa presencia de los protagonistas.

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En la obra hay al menos tres fuentes de luz: la recién mencionada que desde atrás ilumina al responsable de los dormitorios de la reina, la que proviene de la ventana a nuestra derecha que intuimos adelante, y una segunda fuente de luz del mismo lado, más atrás, que ilumina el listón de madera entre Marcela de Ulloa y el guardadamas.

UN DETALLE CURIOSO

La cruz en el pecho del pintor fue añadida posteriormente. Es la insignia de la Orden de Santiago, de la cual fue nombrado Caballero tres años después, poco antes de morir. Se dice que fue agregada por el propio monarca.

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ALGUNAS RAZONES PARA ADMIRAR LAS MENINAS

A primera vista, esta escena de la corte puede parecer trivial, pero incluye varios elementos que la revelan como una obra sorprendente. Nosotros hemos elegido mencionar algunos:

Sobre la técnica, comenzamos afirmando que esta imagen anticipa el futuro al captar un momento al estilo fotográfico. Si el autorretrato fue el pionero de la selfie personal, Las Meninas es la precursora de la selfie grupal. Nótese que, aunque parece una instantánea fotográfica (la captura de un momento en el momento), la imagen comunica movimiento. Como indicaba Foucault, basta que el pintor se mueva a su derecha, delante de la tela, para desaparecer de nuestra vista. Además, sorprende el innovador uso de la luz, que no tiene parangón en la Historia del Arte previa a esta pintura.

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Sobre el tema y su significado, si bien es cierto que la obra presenta una escena de la vida de la corte española, es, a la vez, una pintura acerca de una pintura. Pero avancemos un paso más: A través de su maestría, el pintor ha logrado incluir a los espectadores dentro de su obra. Al representarse el creador como criatura se plantean nuevas perspectivas sobre los roles: ¿es solo el público quien contempla a los personajes o son también los personajes quienes contemplan al público? Más aún, ¿qué vemos y qué no vemos? Quizás Velázquez imaginó que sus personajes más importantes no eran la Infanta o sus acompañantes o, ni siquiera él mismo, sino los espectadores que somos partícipes de ese sorprendente juego de espejos que es Las Meninas.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Calvo Serraller, Francisco, “Las Meninas o la familia de Felipe IV”, Enciclopedia del Museo del Prado, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2006, p.1553

[2] La única fuente de información disponible es un texto del pintor Antonio Palomino, escrito casi 70 años después de concluida Las Meninas.

[3] El enanismo acondroplásico que se produce por una falla genética a nivel óseo que impide el crecimiento de los cartílagos, produciendo cierta deformidad en los rasgos.

[4] El enanismo hipofisario está causado por un déficit de hormona de crecimiento. Quien lo padece es de baja estatura, pero de rasgos armónicos.

[5] El diccionario de la Real Academia Española define como guardadamas a un “empleo de la casa real, cuyo principal ministerio era ir a caballo al estribo del coche de las damas para que nadie llegase a hablarles”.

[6] Hija de Enrique IV de Francia.

[7] Foucault, Michel, “Las Palabras y las Cosas”, Siglo Veintiuno Editores Argentina, Buenos Aires, Argentina 1968, p.14 (la edición original en francés es de 1966)


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LA IMPORTANCIA DE DARSE CUENTA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE ARTE Y MANAGEMENT

Según la mitología griega, Acteón, un famoso cazador, accidentalmente observa a Diana, diosa de la caza, bañándose desnuda. Al detectar la presencia masculina, ella se indigna y enfurece. Lanza unas gotas sobre el cazador, mientras le dice “ahora te está permitido contar que me has visto desnuda, si eres capaz de contarlo” [1]. La advertencia presagia el castigo que seguidamente acontece: Acteón se va convirtiendo en un venado al cual finalmente su propia jauría devora.

Tiziano (aprox. 1485-1576), uno de los pintores renacentistas venecianos más reconocidos, ilustra magistralmente esta escena. Representa a Diana disparando su arco, en lugar de retratarla arrojando el agua mortífera. Muestra la cabeza de Acteón transformada en la de un ciervo y sus perros que lo atacan.

Foto National Gallery

Todas las figuras parecen estar en movimiento, inmersas en una atmósfera de intenso dramatismo. El artista se sirve para ello de tonalidades rojas y marrones oscuras, interrumpidas por breves pinceladas de claridad[2].

TRANSFORMACIÓN Y CONSCIENCIA

El mito no se centra en la venganza de la divina cazadora, sino en un hecho menos evidente: el cazador no es consciente de la transformación que está padeciendo; sólo advierte su nuevo estado cuando la muerte es inevitable.

Del mismo modo que Acteón no comprende el poder vengador del agua o de la flecha, en ocasiones no percibimos cómo operan en nosotros las circunstancias adversas; tristemente descubrimos sus efectos demasiado tarde. El hombre positivo y amable que al perder injustamente el trabajo se vuelve un padre amargo y hostil. La joven alegre y hermosa que ante un cruel abuso comienza a compadecerse de sí misma, y cuando es adulta cae en depresión. El adolescente emprendedor y generoso que tras ser víctima de la violencia, con los años se vuelve alcohólico. Es difícil estimar la magnitud de los daños. No cuentan sólo las consecuencias inmediatas de una desgracia imprevista, sino su alcance total.

La única forma de salir indemne es lo que hoy se llama tomar conciencia: sentir, conocer y entender nuestras emociones, para manejarlas mientras están sucediendo; estar atentos y vigilantes, identificando qué sentimientos guían nuestras reacciones y nuestro comportamiento.

POR DÓNDE EMPEZAR

El primer paso para evitar el naufragio es aceptar nuestra vulnerabilidad. Es ingenuo decir a mí no me va a pasar. La autosuficiencia sólo conduce al autoengaño.

El segundo paso es estar alertas a las señales. ¿Sabe cómo lo ven aquellos que lo conocen y aman? Nunca dé la respuesta por sentado. Pregúnteles. Pídales la mayor sinceridad, y escuche para entender, no para responder. Es mejor la verdad dolorosa a las palabras cariñosas que la ocultan.

En tercer lugar, pregúntese si está siendo la persona que desea ser. Recuerde, no se trata de cómo se siente; Acteón no tenía consciencia de lo que le estaba pasando. Revise si está cumpliendo los sueños que se ha fijado, si está obteniendo en la vida lo que se propuso y si está siendo consistente en las acciones para alcanzar sus metas. Pregúntese cómo está con su familia, con su trabajo, con Dios, con sus planes y proyectos. Respuestas a cuestiones como estas pueden ser la brújula que le indiquen el camino.

Finalmente, a pesar de las situaciones que haya vivido o incluso aún esté padeciendo, si toma consciencia que su vida no tiene el rumbo que Ud. desea, ¡cambie! Desde luego, el cambio es algo muy costoso. Su precio es tan elevado que no es exagerado afirmar que solamente hay una sola cosa aún más cara: no cambiar.

Hoy más que nunca el darse cuenta es necesario para poder crecer y madurar. Recuerde que, tal como sugirió un famoso coach hablando del tenis, con frecuencia el peor adversario no es el que está del otro lado de la red.

 

BONUS: SOBRE LA PINTURA DE TIZIANO ‘LA MUERTE DE ACTEÓN”

“La muerte de Acteón” (en inglés “The death of Actaeon”) fue pintada por Tiziano en su última etapa, entre 1559 y 1575, según los datos que aparecen junto a la obra exhibida en la National Gallery de Londres. Pintada al óleo sobre tela, mide 179 x 189 cm. Fue durante mi última visita, en 2017, que llamó mi atención.

No era la primera vez que Tiziano abordaba este mito. “Diana y Acteón” había sido parte de un conjunto de pinturas con escenas mitológicas realizadas para Felipe II, rey de España, entre 1549-62[3].

Diana y Acteon (Titian.org)

Sin embargo, “La muerte de Acteón”, según el propio sitio web oficial de la la National Gallery de Londres, “es probablemente la imagen a la que se refiere Tiziano en una carta de 1559 a Felipe II de España, en la que dice que espera terminar dos pinturas que ya ha comenzado, una de las cuales se describe como ‘Acteón herido por sus perros’. De hecho, la mayor parte del trabajo puede tener fecha a partir de mediados de la década de 1560”[4].

En el mismo sitio hay sabrosos comentarios sobre el mito. Lizzy McInnerny comenta: “El héroe huyó. No podía dejar de admirar su propia velocidad, pero cuando vio sus cuernos en el agua, gruñó y las lágrimas fluyeron por la cara que había tomado el lugar de la suya. Cuando vaciló, los perros lo vieron. Huyó y lo siguieron. Ansiaba gritar, pero las palabras no llegaron”. John Lessore agrega “sigue siendo un hombre excepto su cabeza, pero eso es suficiente para los perros. Ya están empezando a despedazarlo. Ya no es su amo. Él es ahora su víctima”.

En cuanto a la pintura, la restauradora Jill Dunkerton revela algo del proceso creativo: “La radiografía de ‘La muerte de Acteón’ muestra el más extraordinario número de cambios. A veces puedes distinguir a uno de los perros que todavía vemos en la pintura final… pero si miras, hay muchos más perros en la radiografía que los que hay en la pintura misma”.

Se ha dicho que la mayor parte de la obra corresponde a Tiziano, pero que los detalles finales fueron realizados por sus seguidores. Sin embargo, los expertos coinciden en que, a pesar de ese hecho, debe considerarse como una obra completa, nacida del artista veneciano en su ancianidad.

La novela “Riña de gatos. Madrid 1936”, de Eduardo Mendoza, ganadora del Premio Planeta 2010, menciona esta obra -en realidad, una copia de esta obra- la cual analiza a través de uno de sus personajes: “La muerte de Acteón pasa por ser una de las más importantes obras de madurez de Tiziano. El cuadro que ahora contemplaba era una hermosa copia del original… Tiziano representa la escena de un modo incoherente: Diana todavía conserva su ropa y en vez de maldecir a Acteón parece como si se dispusiera a lanzarle una flecha o se la hubiera lanzado ya; la transformación del desdichado cazador no ha hecho más que empezar: todavía conserva su cuerpo de hombre, pero le ha salido una cabeza de ciervo desproporcionadamente pequeña; esto no impide que los perros ya le ataquen con la ferocidad que habrían puesto en una pieza de caza ordinaria, aunque en rigor deberían haber reconocido el olor de su amo. A primera vista, estos fallos podrían atribuirse a la precipitación o la desgana del artista ante una obra de encargo. Tiziano, sin embargo, la pintó al final de su vida y en su ejecución invirtió más de diez años…”[5].

Terminamos mencionando una pintura sobre el mismo tema en un estilo totalmente diferente. Se trata de “Mort d’Acteon”, de francés André Masson (1896-1987). Enfocada exclusivamente en la muerte del cazador por sus propios perros, se encuentra expuesta en el Museo Reina Sofía, de Madrid.

Muerte de Acteon (Museo Reina Sofía).jpg

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados, a excepción de las fotografías.


REFERENCIAS

[1] Ovidio, “Metamorfosis”, Biblioteca Virtual Universal, p.44, 2003. Este mito ha sido tema de varios poetas griegos; sin embargo, Ovidio es latino, por lo que llama Diana a la diosa que los griegos conocen como Artemis o Artemisa

[2] El estilo que Tiziano utiliza en esta obra ha influido poderosamente en pintores posteriores, como Rubens.

[3] http://www.titian.org/diana-and-actaeon.jsp

[4] https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/titian-the-death-of-actaeon

[5] Mendoza, Eduardo, “Riña de Gatos. Madrid 1936”, Editorial Planeta, Barcelona, España, 2010, p.25


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La fotografía de “La muerte de Acteón” de Tiziano fue tomada del sitio web oficial de la National Gallery de Londres, (https://www.nationalgallery.org.uk/paintings/titian-the-death-of-actaeon).

La fotografía de “Diana y Acteón” fue tomada del sitio web dedicado a Tiziano (http://www.titian.org/diana-and-actaeon.jsp)

La fotografía de “La muerte de Acteón” de André Masson fue tomada del sitio web oficial del Museo Reina Sofía. (http://www.museoreinasofia.es/coleccion/obra/mort-dacteon-muerte-acteon)

 

 

 

“LA VISITACIÓN”, LENGUAJE NO VERBAL Y CONEXIÓN HUMANA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ARTE Y MANAGEMENT

Piero di Cosimo (1462-1522) fue un pintor renacentista italiano. La única fuente biográfica es el libro “Vidas”, escrito por Giorgio Vasari a mediados del siglo XVI. Allí lo destaca por “la extrañeza de su mente y por su constante búsqueda, a pesar de las dificultades”; sin embargo, también enfatiza sus manías y su notable misantropía, describiéndolo como “más animal que humano”.  A pesar de ello, nosotros vemos a través de esta pintura el espíritu sensible de un artista, capaz de comunicar emociones a través del lenguaje corporal de sus personajes.

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Hace muchos años llegó a mis manos un pequeño librito de Bruce Larson, titulado “Ya no somos extraños”. Sostenía que vivimos en un mundo de relaciones y que la clave del éxito radicaba en aprender a relacionarnos. En el presente esa tesis ha quedado obsoleta.

Hoy vivimos en una época de conectividad. Vivimos conectados a dispositivos, a redes móviles, a redes inalámbricas, a redes sociales, y, sin embargo, tenemos una profunda carencia de conexiones humanas. Dicho de otro modo, las relaciones ofrecen contacto; las conexiones crean confianza. No es lo mismo conocer a alguien que entenderlo, hablar con él que comunicarnos. Para una verdadera conexión es necesario el deseo genuino de establecerla.

Nuestra voluntad se expresa de diversos modos. No sólo hablan las palabras: nuestro cuerpo habla. Los sucesivos experimentos de Albert Mehrabian sobre actitudes y sentimientos, mostraron que sólo el 7% de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etc).

Los recientes estudios de Paul Ekman han contribuido significativamente a la comprensión del lenguaje no verbal a través del análisis de las expresiones faciales de las emociones primarias (alegría, ira, tristeza, miedo, asco, sorpresa y, posteriormente, desprecio). A través de ellos este investigador demostró contundentemente la universalidad de estas microexpresiones.

HABLAR SIN PALABRAS

El primer punto de contacto con otro ser humano suele ser el saludo. Es muy difícil establecer una conexión con el prójimo sin saludarlo. Veamos en un ejemplo cómo el lenguaje corporal construye puentes interpersonales.

El óleo en tabla “Visitación con los santos Nicolás y Antonio” (“Visitazione con i santi Nicola e Antonio”) fue pintado alrededor de 1490 por Piero di Cosimo; se lo puede admirar en la National Gallery of Art, de Washington D.C., Estados Unidos.

La obra representa una escena relatada en el Evangelio según San Lucas, el encuentro entre dos mujeres: María y Elisabet. Elisabet era estéril y de edad avanzada[1], pese a lo cual quedó embarazada; llevaba en su vientre a quien sería conocido como Juan El Bautista. Según el escritor cristiano, seis meses después[2], María, que era su pariente[3] concibió del Espíritu Santo a Jesús, “por lo cual… será llamado Hijo de Dios”[4].

Continúa el relato “En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet”. Ese es el momento que retrata el pintor en esta obra, que completa con las imágenes de san Nicolás y san Antonio (en realidad, el abad Antonio) en los ángulos inferiores, quienes parecen estar ajenos al encuentro.

Piero di Cosimo reinterpreta el texto bíblico. Pone a las mujeres en un entorno medieval y se concentra en la conexión que establecen a través del lenguaje corporal. Observemos la pintura:

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A la izquierda, más joven, vestida de azul y púrpura se encuentra María; a la derecha, mayor, con un vestido oscuro y una mantilla blanca está Elisabet. El artista presenta cuatro elementos no verbales que las vinculan:

Los torsos y cabezas inclinados hacia adelante, que indican proximidad y confianza.

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Desde luego, un acercamiento mayor produce incomodidad; todos necesitamos sentirnos dueños de un espacio alrededor nuestro, generalmente de un metro cuadrado; si alguien ingresa a esa zona sin nuestro consentimiento nos sentiremos invadidos. Pero la inclinación del cuerpo hacia la otra persona muestra interés y deseo de cercanía.

Las miradas: ambas se miran a los ojos.

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Se dice que los ojos son las ventanas del alma. Mirar a los ojos significa prestar y dedicar atención. A través de la maestría del artista, percibimos en las apacibles miradas simpatía, aprecio y consideración mutuas.

Las manos estrechadas: Es la forma más simple y a la vez más simbólica del contacto humano.

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Ofrecer la mano es una muestra de buena disposición hacia la otra persona. En franquearle el acceso a nosotros. Desde luego, importa cómo damos la mano. Un apretón firme comunica de una voluntad favorable, mientras que una mano blanda puede sugerir que se saluda por compromiso o sin interés.

La mano izquierda apoyada sobre el brazo de la otra mujer quien, a su vez, agita la suya con la palma abierta.

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La mano de María conecta con Elisabet a modo de un puente tendido entre ambas. El gesto sugiere que la pariente más joven es la que toma la iniciativa. La mano abierta de la anciana parece una respuesta al contacto, y expresa satisfacción y bienvenida. Cada una a su manera manifiesta el interés de conectarse con la otra.

Si bien la forma difiere según la cultura, en todas las sociedades el saludo es el punto de partida para toda conexión humana. La pintura de Piero di Cosimo nos propone cómo dar los primeros pasos para una comunicación interpersonal franca y sincera a través de los gestos. A pesar del paso de los siglos, en el contexto de la cultura occidental su significado sigue siendo el mismo: un lenguaje corporal que nos acerca y nos conecta.

Finalmente, pensemos en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea. ¿Nos hemos preguntado alguna vez qué comunica nuestro saludo?  Si nos interesa conectarnos con los demás debemos tomar la iniciativa y expresar no sólo con nuestras palabras el auténtico interés por nuestros semejantes.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados, a excepción de las fotografías.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según San Lucas 1:7, La Biblia

[2] Evangelio según San Lucas 1:24-26,36, La Biblia

[3] Evangelio según San Lucas 1:36, La Biblia

[4] Evangelio según San Lucas 1:35, La Biblia

 

“LA ADIVINA” DE GEORGES DE LA TOUR Y EL TRABAJO EN EQUIPO (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE ARTE Y MANAGEMENT

Georges de La Tour (1593-1650) fue un pintor francés de quien poco se supo hasta el redescubrimiento de varias obras suyas en el siglo XX. Es famoso por sus intensos claroscuros que denotan la influencia de Caravaggio. Sin embargo, no todas sus obras adhieren al tenebrismo. En una visita al Metropolitan Museum of Arte (el MET) de New York, tuve oportunidad de admirar su pintura conocida en inglés como “The Fortune Teller”, que me atrajo inmediatamente.

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Llamada en español “La Adivinadora de la Fortuna”, “La Buena Ventura” o simplemente “La Adivina”, se aparta de los típicos motivos religiosos. Plantea una situación plenamente humana, la de un joven timado por un grupo de mujeres. Propongo dejar por un rato la cuestión moral (supongo que la mayoría detesta el engaño y el hurto), y abordar esta obra desde la perspectiva del trabajo en equipo.

Cuatro mujeres rodean al elegante joven que parece expectante. Basta ver su mirada y sus manos. Las tres mujeres de piel trigueña que lo rodean son supuestamente gitanas, reputadas en aquella época como adivinas. A nuestra derecha, la más anciana le lee la suerte con una moneda.

Mano mostrando moneda

Mientras tanto, la del extremo derecho, levantando disimuladamente el borde del jubón, mete su mano en el costado del muchacho, probablemente en un bolsillo.

Mano vaciando bolsillo

Una tercera mujer, detrás a la izquierda, parece mirar con atención a la mujer blanca que completa el cuarteto femenino.

Miradas cruzadas

Sobre esta mujer blanca leí alguna vez que probablemente era la esposa del joven y que veía a la primera gitana a nuestra izquierda con desconfianza, a pesar que desde su posición no podía observar la mano ajena sobre su ingenua pareja. Quien formuló ese comentario seguramente terminaría siendo otra víctima, pues la mujer de tez blanca trabaja con las gitanas: en silencio, por debajo está cortando con sus manos la cadena de oro del joven. Su mirada no es desconfianza sino de complicidad.

Mano cortando cadena

 LECCIONES DE TRABAJO EN EQUIPO

Mujer mano bolsilloLa obra ilustra magistralmente principios del trabajo en equipo. Veamos brevemente alguno de ellos:

1) Los equipos tienen un objetivo o misión compartida; en este caso, tristemente, robar al joven.

2) Los equipos definen una estrategia: en la pintura, la distracción que permite el ataque simultáneo.

3) Los equipos siguen un plan. La estrategia no se ejecuta improvisadamente. En esa planificación, los equipos asignan tareas y roles. La gitana a nuestra derecha distrae, la primera gitana a nuestra izquierda usa delicadamente la mano intentando apropiarse de una cadena, la mujer blanca corta la cadena de oro del otro lado, mientras la Mujer corta cadenasegunda gitana a nuestra izquierda controla las acciones. La planificación también incluye disponer los recursos necesarios alcanzar el objetivo: en la obra, la gitana a la derecha tiene una moneda y la mujer de tez blanca lleva una tijera o alicate.

4) Los equipos establecen canales y momentos de comunicación. En nuestro ejemplo, notamos la comunicación visual entre la gitana vigía y la mujer blanca.

5) Finalmente, los equipos trabajan con sincronización. La estrategia elegida requiere que las cuatro integrantes actúen simultáneamente para generar la oportunidad que les permita cumplir su misión.

No sabemos cuánto previó Georges de La Tour al componer “La adivina” pero sus lecciones están a la vista. Quizás un título más adecuado hubiera sido “Las timadoras” o, aún mejor, “Un gran equipo”.

Nota: La fotografía fue tomada y recortada del sitio del Metropolitan Museum of Art de New York, New York, Estados Unidos:  http://www.metmuseum.org/art/collection/search/436838

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados, a excepción de la fotografía.

GIUSEPPE ARCIMBOLDO: UN GENIO CON MARCA PROPIA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES MAESTROS DE LA PINTURA

La Gestalt (palabra que en alemán significa conjunto, configuración, totalidad o forma) es una escuela de psicología que interpreta las experiencias humanas como una totalidad y no como el resultado de cada uno de los sentidos. Postula que la conciencia integra nuestras percepciones de un momento determinado en una única estructura. Este enfoque holístico puede resumirse en la frase “el todo es más que la suma de las partes”. Unimos lo que nuestro oído, vista, tacto, gusto y olfato perciben, recreando dentro de nosotros esa realidad.

“Retrato con verduras” (1590) por Giuseppe Arcimboldo, Museo Cívico Ala Ponzone, Cremona

Pero esto vale también para cada uno de los sentidos. Pensemos sólo en el oído. Lo que sentimos al oír una sinfonía no es el producto de escuchar cada uno de los vientos y las cuerdas, sino la percepción de una totalidad construida con todos los instrumentos, que produce en nosotros un efecto muy superior a la suma de sus individualidades. Lo mismo puede decirse de una pintura, donde cada elemento -el cielo, el sol, el campo, las aves- crean la percepción que llamamos paisaje; es esa imagen unificada -no la de cada objeto- la que nos produce una emoción particular.

En los ejemplos mencionados, el todo se construye con elementos afines a él, que la mente automáticamente relaciona. El sonido de los instrumentos permite una música sinfónica; las representaciones de los elementos de la naturaleza componen un paisaje. Sin embargo, siglos antes que la Gestalt, Giuseppe Arcimboldo (1527-1593) entendió estos principios y los extendió más allá de sus límites, pues a diferencia de una orquesta o de una tradicional pintura campestre, obtuvo un resultado asombroso tomando elementos ajenos a lo que se proponía representar. Único y excepcionalmente creativo, Arcimboldo se hizo famoso por sus composiciones de rostros, constituidas con flores, frutas, plantas, animales u objetos. La integración de las partes daba un todo asombrosamente humano.

LA PRIMERA SORPRESA: EL RETRATO DE RODOLFO II EN LOS UFFIZI

La primera ocasión donde contemplé una obra de Arcimboldo fue el los Uffizi, el famoso museo de Florencia, uno de los más antiguos del mundo. No conocía nada de este gran pintor y la primera sensación que tuve es estar frente a una caricatura. Delante de mí estaba el “Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno”; con asombro noté que había sido creado con frutas y verduras.

“Retrato de Rodolfo II en traje de Vertumno” (1591)

CUATRO PINTURAS EN EL MUSEO DE HISTORIA DEL ARTE DE VIENA

Años después tuve la oportunidad de visitar el Kunsthistorisches Museum, el Museo de Historia del Arte de Viena, Austria. Admiré allí cuatro de sus obras, dos de las cuales pertenecen a la serie “Las cuatro estaciones”, donde cada rostro representa un periodo del año y, a la vez, una etapa de la vida del hombre.

“Verano” (1563)
Detalle de “Verano” (1563) donde se ve en el cuello la firma del autor y en el hombro derecho la fecha de la obra.
“Invierno” (1566)
“Fuego” (1566)
“Agua” (1566)

LAS CUATRO ESTACIONES EN UNA CABEZA

A fines de octubre de 2016 pude visitar la National Gallery de Washington D.C., Estados Unidos. Encontré allí otra de las originales creaciones de Arcimboldo. Su título en español sería “Las cuatro estaciones en una cabeza”[1]. Esta obra fue exhibida al público por primera vez en 2007.

“Las Cuatro Estaciones en Una Cabeza” (1590). Incluye la firma del autor en la rama a la derecha, justo donde se ha perdido la corteza.

Eligiendo una perspectiva tres cuartos, que se aparta de su habitual predilección por los perfiles, la cabeza parece un conjunto de tubérculos de los cuales se desprenden ramas, que han sido cortadas al ras. Las cuatro estaciones están representadas por cuatro frutas: manzanas, ciruelas, uvas y cerezas. La expresión de la cabeza es sombría y carece de cualquier signo de alegría. Quizás haya algo de autorretrato, pues, pintada en 1590, es una de las últimas obras del autor que se acercaba al final de su vida.

CUATRO POR CUATRO EN EL LOUVRE

En 2019 pude volver admirar en el Museo del Louvre otras cuatro obras suyas que había visto en mis visitas anteriores:  “El Invierno”, “El Verano”, “El Otoño” y “La Primavera”. Todas estas obras son más tardías que las originales, pues fueron pintadas en 1573. La mayor diferencia radica en el encuadramiento floral, ausente en las primeras.

“Verano” (1573)
“Otoño” (1573)
“Invierno” (1573)
“Primavera” (1573)

En todos los casos me ha asombrado el talento del artista para disponer magistralmente objetos sin vínculo alguno con la figura que ellos mismo crean. También me habla de la capacidad del cerebro de integrar elementos en una imagen totalmente ajenos a ellos.

ACERCA DE GIUSEPPE ARCIMBOLDO

Giuseppe Arcimboldo (1526 – 1593) fue un pintor milanés que perteneció a una generación posterior al Alto Renacimiento en la que habían brillado Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel y Rafael. La época que lo precedió había traído un regreso a las formas de la antigüedad, llamadas clásicas, que se asociaban con la perfección, y la imitación de la naturaleza.

Es considerado un pintor manierista. El manierismo corresponde a la última parte del Renacimiento o Bajo Renacimiento y se caracteriza por una exageración de las formas clásicas y sus movimientos, que por momentos llegan a ser extravagantes. Algunos consideran a “El juicio de Dios” de Miguel Ángel, ubicado en el frente interior de la Capilla Sixtina, como una de las primeras obras manieristas, y como ejemplo señalan los gestos del Cristo pantokrator[2] que domina la obra.

Autorretrato de Giuseppe Arcimboldo (anterior a 1593) en la Galería Nacional de Praga

Arcimboldo fue un genial creador que sirvió a varios emperadores europeos. No sólo pintó: diseñó vitrales y gobelinos; inventó juegos, torneos y celebraciones de primera categoría. Incluso se cuenta que “fue admirado por sus dotes científicas y técnicas. Propuso un método colorimétrico de transcripción musical, según el cual una melodía podría representarse por manchitas de color sobre un papel. Partía de las proporciones pitagóricas de tonos y mediotonos. Empleó los colores en la escala: el amarillo al blanco, el verde al amarillo, el azul al verde, pardonegro al azul etc.”[3].

En medio de sus labores dedicó tiempo al estudio de los grabados de Leonardo da Vinci, en particular a los que eran de tendencia caricaturesca, cuya impronta se haría notable en su producción posterior[4]. A ello hay que sumarle otro elemento innovador: el ilusionismo, ese extraordinario atributo que destacamos al principio por el cual logra representar un rostro con elementos completamente ajenos a él. No es exagerado afirmar que es cultor de un arte fantástico, no porque utilice ingredientes irreales y sobrenaturales, sino porque sus invenciones pictóricas producen un fenómeno que Dalí retomará en el siglo XX, la imaginación compartida: la del creador y la del observador.

© Pablo R. Bedrossian, 2014, 2019. Todos los derechos reservados, a excepción de los correspondientes a las fotografías que son de dominio público.


BONUS: ARCIMBOLDO Y DALÍ

Tal como Georg Cantor al crear la Teoría de los Conjuntos, Arcimboldo sabía que la clave para hacer que el todo sea más que la suma de las partes no radica tanto en los elementos de sus pinturas sino en las relaciones entre ellos. El efecto que logró ubicando cada elemento partiendo de su posición frente a otro le otorgó esa unidad única que siglos después lo distingue y genialmente lo diferencia.

Se dice que su obra inspiró “Cabeza paranoica”, el famoso cuadro de Salvador Dalí. Durante una exposición de obras del gran artista catalán en Buenos Aires, me ocurrió algo curioso. Cerca del final mucha gente se aglomeró delante de un cuadro. Me acerqué y observé la pintura: vi una serie de figuras sentadas y recostadas, que me parecían hombrecitos; detrás de ellos, algo así como una choza con forma de iglú, rodeada de árboles, todo bajo un cielo blanco y azul; resumiendo, una imagen que no tenía nada de especial. Entonces le pregunté al que estaba a mi lado:

–         ¿Por qué hay tanta gente? ¿Qué es lo que ven?

–          Gire la cabeza y observe de costado

“Cabeza Paranoica” por Salvador Dalí (1935)

Quedé impresionado.  Al virar noventa grados vi la cabeza paranoica. Un “efecto Arcimboldo”, donde elementos extraños a la representación son dispuestos por el artista de tal modo de mostrarla.

© Pablo R. Bedrossian, 2014, 2019. Todos los derechos reservados


REFERENCIAS

[1] En inglés un pequeño cartel indicaba “Four seasons in one head”

[2] Pantokrator: Señor de todo, un Cristo que viene a juzgar a los hombres

[3] http://www.slideshare.net/kasafia/presentacion-arcimboldo

[4] http://www.biografiasyvidas.com/biografia/a/arcimboldo.htm