LIBRERÍA ACQUA ALTA Y SUS GÓNDOLAS CARGADAS DE LIBROS (por Pablo R. Bedrossian)

Considerada por algunos como la más bella del mundo, la Librería Acqua Alta es una de las perlas ocultas de Venecia y un lugar obligado para bibliófilos y amantes de las curiosidades.

Ubicada en el sestieri de San Marco, el mismo barrio de la basílica y la plaza homónimas, es famosa por las góndolas que en su interior sirven de exhibidores de libros.

Su nombre proviene de las inundaciones (“acqua alta”) que con frecuencia ocurren en esa bella ciudad italiana debido a la conexión que la laguna que la rodea tiene con el Mar Adriático[1]. Aunque la mayoría de las veces son breves y duran unas pocas horas – momentos donde la gente se ve forzada a transitar sobre pasarelas-, la librería sufre las consecuencias a causa de un canal que corre por su parte trasera.

Por eso su dueño decidió usar góndolas en lugar de anaqueles, algo que provee inusual belleza al lugar y a la vez lo convierte en librería flotante cuando sube la marea. Digamos que no solo hay góndolas, sino cajas, estanterías, carretillas e incluso una bañera y varios gatos.

Los libros se encuentran por doquier siguiendo una distribución caótica que le confiere un aspecto bohemio y divertido. Además, cuenta con una amplísima variedad de usados y una excelente selección de textos de arte.

La venta no es solo literaria; también ofrece tarjetas y souvenirs desde misma entrada, conformada por un ancho y corto acceso denominado Campiello del Tintor.

Al fondo a la derecha hay una puerta abierta que da a un canal donde suele haber una góndola. Si el nivel del agua lo permite puede subirse y tomarse una foto allí sin costo alguno. También en la parte posterior hay una escenografía de libros para selfies de recuerdo.

Para llegar desde San Marco hay que dirigirse al Campo Santa Maria Formosa, una amplia plaza de piedra donde se encuentra una iglesia del siglo XVI, y tomar allí la Calle Lunga Santa Maria Formosa. Son solo dos minutos a pie; se encuentra a mano izquierda, antes de un puente.

Por calle no imagine un camino ancho; para los venecianos significa una vía, generalmente estrecha, encajonada entre antiguos edificios con comercios en la planta baja.

Si va a Venecia, por favor, aunque no le guste la lectura, no se la pierda.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] La conexión entre laguna y mar es tan estrecha que de Venecia salen cruceros que se dirigen a las islas griegas.


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LA BIENAL DE VENECIA 2019: EL ARTE COMO ESPEJO DE LA REALIDAD (por Pablo R. Bedrossian)

La Bienal de Venecia es la exposición internacional de arte más grande del mundo. Cada dos años se expone una selección de obras creadas por artistas de diversos continentes. Recorrerla toma mínimamente seis horas. Se distribuye en dos grandes áreas: el Arsenale, que fueron los enormes astilleros de la antigua república veneciana, y los Giardini, bellísimos jardines en el extremo oriental de la ciudad, ambos en el sestieri (barrio) de Castello. Allí, en pabellones por país, los visitantes pueden observar las piezas expuestas.

En 2019 la Bienal se desarrolló bajo el lema en inglés “May you live in interesting times”, que traducido significa “Que vivas en tiempos interesantes”, una forma de replantear o, como se dice ahora, resignificar la época que nos toca vivir.

Desde el punto de vista estético, la expo mostró una asombrosa pobreza. Leonardo y Miguel Ángel se revolcarían en sus tumbas si supieran que estas obras supuestamente constituyen la vanguardia creativa del siglo XXI. Pero no nos vayamos tan lejos, creo que Picasso o Dalí vomitarían si -reitero- usáramos como referencia la belleza.

Sin embargo, hace tiempo que el arte se desprendió de ese canon. En realidad, la Bienal de Venecia 2019 es un espejo del mundo en que vivimos, esos interesting times. En nuestra opinión, la exposición refleja el sufrimiento, la vanidad y la decepción que muchas personas sienten ante la existencia; un mundo donde necesidades básicas como el amor y la paz interior quieren resolverse mediante la tecnología y en el que las celebridades se proponen como los modelos a seguir. En ese sentido, la sofisticación termina siendo pura banalidad, tanto en las obras expuestas como en los seres humanos, quizás como resultado de una búsqueda infructuosa de diferenciarse y encontrar una identidad propia.

De todos modos, y aunque crisis es una palabra gastada, en las obras hay muy poca reflexión acerca de problemas que hoy están en la vidriera como el cambio climático o la igualdad de género. Las creaciones -mayormente esculturas- son más bien introspectivas y no de dimensión social.

Presentamos aquí algunas de las obras que más atrajeron nuestra atención, obviando compartir algunas que es preferible no recordar.

1. “Pathos and the twilight of the idle” de Michael Armitage (nacido en Kenya en 1984)

2. “Eskalation” de Alexandra Bircken (nacida en Alemania en 1967), una visión distópica de cómo podría ser el fin de la humanidad.

3. “Life after Bob: First Track” de Ian Cheng (nacido en Estados Unidos en 1984), un preámbulo de Bob (Bag of Beliefs), una curiosa obra de naturaleza tecnológica del mismo creador.

“One eye, too many”, de Rosemarie Trockel (nacida en Alemania en 1952)

5. “Corners of TaJama 1#” de Yu Ji, (nacida en la República Popular China en 1985)

6. “Container” de Ulrike Müller (nacida en Austria en 1971)

LA MEJOR OBRA ESTÁ EMPLAZADA EN EL ARSENALE Y, SIN EMBARGO, NO ES PARTE DE LA MUESTRA

Nuestra crítica a la Bienal 2019 como espejo ligth de la realidad no es extensiva a todo el arte actual. Hemos publicado notas sobre Ron Mueck, Stephan Balkenhol, Mauro Corda, Emily Young, Katharina Fristch, Antonio Azzato, entre otros, a quienes admiramos. Uno de estos talentosos artistas contemporáneos, Lorenzo Quinn, cuyas obras fueron rechazadas en la Bienal 2017, ha producido un verdadero impacto con “Construyendo Puentes”. Son seis enormes pares de manos que se cruzan, se unen y se encuentran sobre una piscina rectangular en el mismo sitio donde se desarrolló la Bienal.  “Construyendo Puentes” tiene un mensaje ético centrado, según el autor, en seis valores humanos universales: Amistad, Ayuda, Fe, Sabiduría, Esperanza y reuniendo a todos, Amor. Cuánta falta hace recuperarlos en una humanidad donde la confrontación parece haberse convertido en el estilo de vida.

Puede leer más sobre “Construyendo Puentes” en https://pablobedrossian.com/2019/10/31/construyendo-puentes-las-manos-de-lorenzo-quinn-por-pablo-r-bedrossian/

“EL HOMBRE QUE MIDE LAS NUBES”

Simultáneamente a las obras instaladas en el Arsenale y en los Giardini, hay muestras paralelas que embellecen diversos sitios de la ciudad. Una de ellas corresponde a una obra muy curiosa que durante los meses de la Bienal 2019 pudo observarse desde el Puente de la Academia, uno de los tres que cruzan el Gran Canal. Nos referimos a “El hombre que mide las nubes”, creada por el belga Jan Fabre. Es una pieza en bronce, sílice y pan de oro de 9 metros de altura, si incluimos su base.

Según su creador, la obra puede interpretarse como “metáfora para el artista que intenta capturar lo imposible en su trabajo”. En lo personal, creemos que esa intención vale para todos los seres humanos: trabajar por hacer realidad aquellos sueños que nos emocionan o desafían, pero parecen utópicos o irrealizables.

Puede leer más sobre “El hombre que mide las nubes” en https://pablobedrossian.com/2019/11/25/el-hombre-que-mide-las-nubes-de-jan-fabre-por-pablo-r-bedrossian/

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BONUS: FRAGMENTOS DE DOS DE LAS OBRAS EXPUESTAS EN VIDEO


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“VENECIA, CAPITALES DEL ARTE”, LA SUMMA LITERARIA EN SU GÉNERO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Para los amantes del arte este libro es una joya. Fue editado originalmente en 1999 por Leonardo Arte de Milán y reeditado ese mismo año por Editorial Electa de España, que es la versión en castellano que presentamos. Encuadernado con hojas de papel ilustración de gran tamaño y tapa dura, ofrece un extraordinario contenido visual y magníficos textos bajo la dirección de Stefano Zuffi, un premiado historiador del arte reconocido internacionalmente.

Contiene la historia del arte que acompañó indisolublemente a La Serenísima República de Venecia, la poderosa ciudad-estado que existió como nación independiente hasta 1797. Hoy Venecia es parte de Italia, pero conserva mucho de su peculiar identidad a través de su arquitectura y de su arte.

La Serenísima fue levantada sobre islas pantanosas en una laguna ubicada frente al mar Adriático. Aunque se cree que fue fundada en el siglo IV, comenzó a ser reconocida a partir del siglo IX. Paulatinamente fue ganando preponderancia hasta convertirse en una de las potencias más grandes y ricas de Europa.

El libro comienza con el estilo románico que los arquitectos venecianos fusionaron con el arte bizantino, debido al poderío naval y comercial de su república y los vínculos establecidos tempranamente con el Imperio Romano de Oriente con sede en Constantinopla (hoy Estambul). Dedica un excelente espacio al símbolo de este periodo, la gloriosa Basílica de San Marcos.

La obra continúa con la Baja Edad Media, el Trecento y la primera mitad del Quattrocento, periodo donde la arquitectura es dominada por un estilo gótico con sabor local. Sin embargo, el foco de la obra es el Cinquecento, donde el Renacimiento todo lo crea, todo lo abarca y todo lo transforma. Hay bellas reproducciones de obras de Giorgione, Tiziano, Lotto, Tintoretto y Veronese e incluso de Leonardo Da Vinci, ilustre visitante de la ciudad, cuyo famoso dibujo “El hombre de Vitrubio” es propiedad de la Gallerie dell’Accademia, el famoso museo de Bellas Artes local.

De allí pasa al barroco del siglo XVI y luego al último siglo de la república veneciana, donde se destacan Tiepolo y Canaleto. En 1797 Venecia sucumbirá como nación ante las fuerzas de Napoleón que la anexará a Austria.

En “Venecia, Capitales de Arte” tampoco falta la narración visual y el análisis de las artes plásticas durante los siglos XIX y XX, antes y después de la integración a la Italia Moderna. Incluso hay un apartado dedicado a la colección Peggy Guggenheim, un museo fundado por la famosa millonaria heredera.

Venecia es una ciudad que ha escrito una historia del arte de valor universal. Este libro es fiel testimonio de ese hecho, presentando sus más preciosas perlas.

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“EL HOMBRE QUE MIDE LAS NUBES” DE JAN FABRE (por Pablo R. Bedrossian)

Considerada como exposición internacional de arte más grande del mundo, la Bienal de Venecia cada dos años reúne una selección de obras de distintas procedencias en dos grandes áreas: el Arsenale, los viejos astilleros de la ciudad, y los Giardini, un bello jardín botánico. Sin embargo, simultáneamente hay muestras paralelas[1] que embellecen diversos sitios de la ciudad.

Uno de estos eventos colaterales corresponde a una obra muy curiosa que durante los meses de la Bienal 2019 pudo observarse desde el Puente de la Academia, uno de los tres que cruzan el Gran Canal. Nos referimos a “El hombre que mide las nubes”, una pieza en bronce, sílice y pan de oro de 9 metros de altura, si incluimos su base.

Creada por el belga Jan Fabre, muestra a un hombre sobre una escalera con los brazos extendidos sosteniendo una regla. El título fue tomado de una frase de Robert Stroud, un famoso preso de Alcatraz, apodado “Birdman” por su afición a la crianza y venta de pájaros. Tras ser excarcelado, le preguntaron a qué iba a dedicarse; simplemente respondió que “a medir las nubes”.

Según su creador, la obra puede interpretarse como “metáfora para el artista que intenta capturar lo imposible en su trabajo”[2]. En lo personal, creo que esa intención debería extrapolarse a todos los seres humanos: trabajar por hacer realidad aquellos sueños que nos emocionan o desafían, pero parecen utópicos o irrealizables. Creo que firmemente en aquella frase que dice: “Todo parece imposible hasta que se hace”.

Un detalle curioso es que la figura de la escultura es muy parecida a Fabre, pero representa en realidad a un hermano menor, llamado Emiel, que murió tempranamente.

A través de su obra, Jan Fabre nos invita a medir lo inconmensurable y a no renunciar jamás a nuestros sueños.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


NOTA

El proyecto fue realizado con la colaboración de Angelos (Amberes, Bélgica), EdM Productions y la Fundación Linda et Guy Pieters (Saint-Tropez, Francia); la curadora fue Joanna De Vos.

El proyecto va acompañado de una publicación con un ensayo de la curadora Joanna De Vos, en una edición limitada de 300 copias, 200 de ellas numeradas y firmadas por Jan Fabre y Joanna De Vos.


REFERENCIAS

[1] Por ejemplo, la magnífica obra “Cruzando Puentes” de Lorenzo Quinn, de la cual puede leerse en https://pablobedrossian.com/2019/11/15/venecia-bajo-el-agua-por-pablo-r-bedrossian/

[2] http://www.edmproductions.org/projects/the-man-who-measures-the-clouds-monument-to-the-measure-of-the-immeasurable/


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BAGNOREGIO, LA CIUDAD QUE MUERE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PUEBLOS PINTORESCOS DE EUROPA

En el centro de Italia y a solo 110 km de Roma, se encuentra Bagnoregio, la ciudad que muere. Ubicada sobre un monte, fue en la antigüedad un asentamiento etrusco[1] establecido probablemente en el siglo V a.C., que pasó a manos de los romanos poco tiempo antes de la conformación del imperio.

Su superficie en aquel entonces era mucho más extensa pero debido a la débil estructura geológica de la zona, constituida por un tipo de piedra muy friable llamada toba, a sucesivos terremotos[2] y a la erosión continua, ya en la Edad Media había quedado reducida a sus actuales dimensiones.

El valle de Calanchi, en el cual Bagnoregio se eleva sobre lo que parecen acantilados, es único en el mundo por su combinación de piedra toba, arcilla y arena que le brindan su singular fisonomía con curiosos manchones blancuzcos.

Para llegar a este pequeño poblado el único acceso es un estrecho puente peatonal ascendente de 300 metros, aunque también circulan por allí mototaxis. La ciudad parece asentada sobre un trono de rocas que se levantan en el centro del valle, adquiriendo un aspecto digno de un cuento.

Bagnoregio es muy pequeño; se recorre en una hora debido a su pequeña superficie de forma oblonga; vista desde arriba se asemeja lejanamente a una lagartija.

La vista a la llegada es conmovedora, ingresando a una silenciosa atmósfera fuera del tiempo.

Para ingresar uno debe cruzar el arco gótico de la Porta de Santa María o Porta Cava.

Luce a sus lados sendos leones sosteniendo con sus garras una cabeza humana; simbolizan la victoria del pueblo sobre los tiranos de la poderosa familia Monaldeschi de la vecina ciudad de Orvieto en 1457. Además, se cree que había otra entrada que conducía a unas termas que fueron utilizadas por el rey Desiderio durante el breve tiempo de la ocupación lombarda (año 756 al 774 d.C.); recibiendo por esa razón el nombre Bagnoregio que significa baño del rey.

Avanzando por la calle que nace de la puerta llegamos a la plaza central, de polvo gris y carente de árboles, que está rodeada de antiguos edificios de ladrillo. Allí podemos admirar la Iglesia de San Donato. Construida en estilo románico, fue restaurada en el siglo XVI; cuenta con un interesante órgano de tubos.

Al lado izquierdo de la iglesia se levanta una torre que es la construcción más alta de Bagnoregio.

Los edificios más distinguidos fueron erigidos durante el Renacimiento o en fecha posterior; corresponden a las familias más importantes de la ciudad.

Alternan con casas bajas, arcos, escaleras, balcones y pequeños jardines poblados de flores distribuidos a los lados de angostas callejuelas empedradas que suben y bajan que nos transportan a un burgo medieval.

En Bagnoregio se han filmado algunas películas y se celebra anualmente un festival de cine. Incluso allí tiene casa el director de cine Giuseppe Tornatore, ganador del Oscar a la Mejor Película Extranjera en 1989 por “Cinema Paradiso”.

En su pequeña superficie la ciudadela alberga varios hotelitos, restaurantes, museos y tiendas de artesanía, incluyendo una en la plaza principal que ofrece jabones y perfumes locales, como el Aqua de Civita. El asno es uno de los símbolos de la ciudad, pues allí se celebraba antiguamente una carrera de burros.

Una pequeña gruta recuerda a san Bonaventura, nativo de la ciudad, de quien se dice que de niño fue sanado por san Francisco de Asís durante una visita que hizo a Bagnoregio.  Posteriormente se convirtió en fraile y fue biógrafo del santo.

Se la conoce como “la ciudad que muere” porque año a año pierde terreno y altura debido a la fragilidad del material donde se asienta.

Aunque se va yendo de a poco, un día puede desaparecer para siempre.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


BONUS: VIDEOS


AGRADECIMIENTO

Agradezco en forma especial a mi querido concuñado Gianni Palleschi quien en este viaje me hizo conocer Bagnoregio y también Perugia y Assisi. ¡Gracias, Gianni, por tu amistad!


REFERENCIAS

[1] Los etruscos habitaban una serie de ciudades en la zona centro occidental de la actual Italia.

[2] Civita de Bagnoregio, sitio web oficial, https://www.civitadibagnoregio.cloud/la-storia-di-civita-di-bagnoregio/


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PROBADO POR EL FUEGO – UNA ENTREVISTA CON WALTER DOMINI (por Pablo R. Bedrossian)

Walter Domini 01.jpgMuchas personas cuando escuchan hablar de Dios desconfían. Temen que les estén vendiendo espejitos de colores y que detrás de las palabras haya segundas intenciones. Debe ser por esa razón que alguien dijo “predica, y solo si hace falta usa palabras”. Desde luego, esa crítica fácil se desvanece ante personas de fe que, a pesar de padecer las más duras calamidades, continúan sirviendo a Dios y a los demás, con una actitud valiente y decidida.

Tal es el caso de Walter Domini, un cordobés que sintió que Dios lo llamaba a servir en la tierra de sus ancestros, la bella isla de Sicilia, para predicar la Buena Noticia de Jesús. Junto a su familia asumió el desafío de dejar la seguridad de su país natal para servir en un lugar donde la religiosidad popular está impregnada de paganismo.

Allí se encontró con dos situaciones inesperadas: la salud de su hija y la suya propia fueron puestas en jaque mientras cumplía la misión encomendada. Conozca esta extraordinaria historia de fe a través de esta entrevista que pudimos realizar en la distancia gracias a las nuevas tecnologías.

Nota: Al momento de publicar esta nota, Walter Domini está siendo sometido a un autotransplante de células madres, recibiendo previamente una quimioterapia, y estará totalmente aislado cerca de un mes.

¿Cuáles son sus orígenes? ¿Cómo llegó a ser cristiano y cómo decidió dedicar su vida a Dios y a los demás?

Nací en la ciudad de Córdoba, Argentina, en 1965, en el seno de una familia cristiana evangélica. Mi madre murió cuando yo tenía 8 años, y mi padre, que era carpintero y anciano de la iglesia, murió cuando yo tenía 18 años a causa de una devastadora diabetes. Mis tres hermanos viven y son fieles cristianos, lo mismo que la segunda esposa de mi padre, quien nos crió.

Decidí seguir a Cristo con apenas 5 años. A los 10 ya sabía que mi vocación era servir al Señor Jesús en el exterior. A los 16 viví un avivamiento en mi vida espiritual y a los 27 fue renovado el llamado de servir a Dios, dedicado a las misiones, en forma muy específica en Sicilia, Italia. Esta visión fue confirmada por hermanos en la fe, algunos de los cuales ni siquiera me conocían.

¿Por qué eligió Italia? ¿Cómo llegó a Sicilia y cómo se estableció allí?

Walter Domini 02.jpgOramos por 3 años junto a la Iglesia a la que asistía, de la cual seguimos siendo miembros hasta hoy, nuestra Asociación de Iglesias (AICFE), algunas iglesias amigas y el Seminario Bíblico de Fe. Luego de haber conocido la voluntad de Dios respecto a las ciudades donde comenzar el trabajo misionero, llamadas Modica e Ispica , partimos sin más, a través de un contacto que Dios proveyó: un ex profesor del seminario, quien junto a su esposa oraban en Sicilia por familias misioneras para el lugar.

Nuestro llamado siempre fue enseñar la Palabra de Dios y fundar iglesias, y eso hicimos. Además, muchas veces Dios proveyó milagrosamente todo lo necesario para vivir y servirlo como familia, a través de quienes nos enviaron y también mediante el trabajo de nuestras manos. Podríamos contar decenas de veces en las cuales la gloria de Dios se manifestó en estos y otros aspectos.

¿Cómo desarrolló su labor misionera y qué frutos pudo cosechar? ¿Cómo nacieron las iglesias que pastorea?

En Modica milagrosamente Dios nos proveyó una casa en alquiler, con amplios lugares para la familia, pero sobre todo con un garage doble, donde comenzamos al año siguiente los cultos.

10171653_10203850638490260_3177098970673369297_nEl evangelio es novedad de vida eterna si hay arrepentimiento, confesión, conversión de parte del hombre y fe en que Jesucristo es el Hijo de Dios y que murió por nuestros pecados, resucitó y retornará para la resurrección a vida eterna de sus hijos. Los italianos reaccionan con sorpresa ante el anuncio del evangelio bíblico porque efectivamente la religión tradicional no enseña este mensaje liberador sino un evangelio paganizado. También se maravillan viendo a Dios sanar, proveer, liberar, reconstruir familias desechas, etc. Muchos se han desengañado de las enseñanzas que han recibido, cuando leyendo la Biblia encuentran verdades incluso contrarias a la que les han enseñado. Comienzan a leer la Biblia por su cuenta. La mayor necesidad espiritual de los italianos es justamente leer la Biblia, la cual ignoran casi por completo.

Por este motivo nos organizamos desde el principio con reuniones en las casas de familia, donde leemos la Biblia abiertamente mientras nos tomamos un café juntos y oramos por las necesidades de las personas presentes y de otros que piden oración (otra gran necesidad espiritual de los italianos). Puedo asegurar que el 85 % de los miembros de nuestras Iglesias (entendiendo como miembro a personas que se han bautizado, que asisten a la Iglesia y que sirven al Dios en algún área de la Iglesia) son ex-catolicos que se han convertido y que han llegado al conocimiento del evangelio y de la persona de Jesucristo a través de estas actividades.

¿Cómo fue su proceso de adaptación a otra cultura? ¿Cómo qué contexto se encontró? ¿Cuáles fueron las reacciones que despertó su acción misionera entendiendo que es una sociedad donde los evangélicos son una minoría?

27540064_1876562125687913_475638177014542228_nPara nuestra familia la adaptación cultural no fue un gran problema debido a que tanto mi esposa Susy como yo somos descendientes de sicilianos. El dialecto fue, en cambio, una verdadera dificultad al principio. Nuestros hijos eran pequeños cuando llegamos e hicieron todo el ciclo escolar aquí en Sicilia.

El mayor desafío sigue siendo lograr que la gente participe de los encuentros en casa de familia. Los sicilianos vienen, pero con una preocupación: No quieren que los vean sus amigos. Por ese mismo motivo les resulta también muy difícil asistir a una Iglesia evangélica. El ojo social pesa y los condena. “Te hiciste evangélico y abandonaste la religión de tus padres” y otras frases similares los destruye y la idolatría los ciega. Este es el grave problema espiritual en Italia: la idolatría y el ocultismo, que actúan como verdaderas ataduras diabólicas.

¿Cuáles fueron los momentos más difíciles que tuvo que enfrentar? Sabemos que su hija sufrió serios problemas de salud. ¿Esas dolorosas situaciones pusieron en algún momento en duda su fe o su llamado misionero?

Hemos enfrentado tantos problemas difíciles que no sabríamos decir cuántos han sido en total, ni cuál ha sido el más difícil. Sin duda, uno de los más duros ocurrió recién llegados a Italia: a nuestra hija menor se le diagnosticó autismo y poco después epilepsia. De esto ultimo hace 16 años. En el 2006 se agregó además una diabetes infantil insulinodependiente. Por más que explique, no hay palabras para expresar lo que hemos vivido cada día. El dolor ha sido inmenso, pero Dios es más grande y ha sanado gradualmente Evelyn y continúa haciéndolo y lo hará hasta su completa restauración, aunque humanamente sea imposible.

11954582_514498468713568_355030374576615360_n.jpgNunca dejamos de servir a Dios, aunque fue humillante a los ojos del mundo que el pastor tenga “una hija con estos problemas”. Por un breve periodo dejamos la responsabilidad pastoral a otra persona para dedicarnos temporalmente a nuestra hija, pero jamás dejamos el ministerio, ni tuvimos intención de hacerlo. Por el contrario, siempre vimos que la Iglesia creció más y más cuando nosotros estábamos completamente vencidos, pero todos los hermanos continuaban unidos sosteniéndonos y alentándonos con su presencia y oración en Italia y desde Argentina.

Sabemos que desde mediados de 2017 está padeciendo una grave enfermedad. ¿Cómo ha sido es duro proceso y qué dificultades ha enfrentado? ¿Cuáles han sido sus sentimientos y reacción a esta situación?

Desde que estoy enfermo, he estado internado cuatro veces y he tenido que usar por muchos días la silla de ruedas. He sufrido serios riesgos de parálisis de medio cuerpo y de perdida de todas las funciones vitales desde la cintura hacia abajo. He sufrido una operación a mi columna vertebral, que tenía que ser con placas y tornillos, pero que Dios en su misericordia simplificó y me sano definitivamente de ese problema específico. He atravesado también cinco ciclos de quimioterapia con una terrible neuropatía periférica que, al dañar los nervios de los pies, produce hormigueos y dolor permanente, día y noche, quemazón y deformación de los dedos a causa de los fármaco utilizados. Lucho con estos problemas hace meses y ahora estoy esperando en la inminente gracia de Dios que se me practique este autotransplante de células madres.

DSC02870.JPGA pesar de todo, esta enfermedad es una gran bendición porque Dios bendice mi vida espiritual y sana mi cuerpo. Nuestro matrimonio se ha visto notablemente reforzado; cada uno de los hijos han crecido en manera extraordinaria profesionalmente y en preparación para lo que les toca afrontar próximamente. Nuestra hija Evelyn ha sanado mentalmente, y la iglesia ha crecido en todo sentido. Y también ha surgido, ante la necesidad creada por mi enfermedad y ausencia y por llamado divino, la persona que debe ser el responsable de la obra misionera en la ciudad de Modica.

La visión y el crecimiento dado por el Señor Jesucristo para la Iglesia “Gesù è la Via” es esta: nos ha llamado a fundar cinco iglesias, de las cuales dos ya cuentan con lugares de reunión propios (Modica ya con la sala a mitad construir e Ispica con una sala donde hacemos los cultos cada domingo). En las otras tres ciudades donde estamos comenzando a trabajar (Pozzallo, Scicli y Rosolini) la obra comienza a crecer. Los responsables, los diáconos y los colaboradores de estas obras son todos locales, o sea sicilianos convertidos a través de nuestro ministerio

Ud. nos ha comentado que, a pesar de pruebas tan duras, es posible servir a Dios igualmente viendo su gloria. ¿Por qué puede decir esas palabras de fe?

Servimos a Dios en medio de las más duras pruebas por tres razones: Él está con nosotros, sentimos su guía y vemos su gloria y poder, salvando, sanando y liberando a otros a través nuestro.

Lo más importante es que Dios ha hablado diciendo que me sana y restaura completamente para la gloria de su Nombre y la edificación de la iglesia.

¿Qué es para Ud. lo más importante en la vida del cristiano? ¿Cuáles son los pilares para seguir confiando en Dios en medio de las calamidades de la vida?

IMG-20180322-WA0027.jpgLo más importante en la vida del cristiano es Dios y su Palabra (lo que Dios diga con respecto a nuestras vidas). Dios dio promesas al rey David y cumplió. Dios dijo hace más de 15 años que nuestra hija Evelyn sanaría gradual y totalmente y eso está sucediendo. Dios ha dicho “yo te voy a sanar” y esto ocurrirá a través de este autotransplante y vivimos como si ya hubiera sucedido. Dios dijo que se fundaría la iglesia en Modica y así fue. Dios dijo que se fundaría la iglesia en Ispica y así fue. Dios ha dicho que se fundará la iglesia en Pozzallo, Scicli y Rosolini y así será. Estamos y vivimos en la paz y el amor de Dios.

¿Cómo está actualmente su salud? ¿Cuáles son los próximos pasos? Seguramente hay muchos orando por Ud.

Prácticamente he completado todas las etapas y estoy listo para el trasplante de células madres. Me interno la próxima semana. Es una etapa muy delicada. Estaré aislado en una habitación esterilizada por 21 a 28 días y luego otros 30 días de aislamiento en mi casa. Seré sometido el primer día a una feroz quimioterapia y al día siguiente me devolverán mis células madres las cuales dentro de 10 a 15 días tienen que volver a ocupar su lugar en la médula, para producir correctamente todos los elementos que van a la sangre y así sanar definitivamente. Es nuestra confianza según la Palabra de Dios, porque para los médicos es una remisión temporal. Muchísima gente está orando por nosotros. Por favor, contamos con vuestras oraciones.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

Jesús cargando la cruz 03

Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


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