PARA LOS AMANTES DE LA PINTURA Y LA ESCULTURA, LECTURA IMPERDIBLE: “HISTORIA DEL ARTE” DE E. H. GOMBRICH (por Pablo R. Bedrossian)

Serie LECTURA RECOMENDADA

8 millones de ejemplares vendidos y 16 ediciones revisadas, ampliadas y rediseñadas a lo largo de 45 años hablan por sí mismos. “Historia del Arte” de E. H. Gombrich es el libro de historia del arte más leído en el mundo. Cuenta con casi 700 páginas, pero es de fácil lectura debido a sus cientos de ilustraciones.

Enfocado en tres ramas -la arquitectura, la pintura y la escultura- presenta una cronología de obras de arte, no una antología. El autor aclara que evita mostrar sus pinturas predilectas y que, en favor de sus lectores, presenta las más conocidas para que la información y el respectivo aprendizaje fluyan de un modo natural.

Comienza con una breve exposición introductoria sobre el arte y los artistas; afirma que no puede definir qué es el arte y que para él lo que cuenta son los artistas y sus creaciones. Sigue por la prehistoria, las manos que pintaron bisontes en las cuevas de Altamira, crearon máscaras rituales en Nueva Guinea o cabezas de bronce en el reino de Oni, en la actual Nigeria. De allí pasa al arte egipcio mostrando el significado religioso de las figuras que nosotros hoy concebimos como arte, pero también sus reglas que desde nuestra cultura llamamos estilo; por ejemplo, las cabeza y las piernas de costado mientras el torso parece el de una persona que mira de frente, el significado de los colores, la ubicación de las manos, las representaciones de los dioses con cabeza de diferentes animales. También presenta el arte mesopotámico y cretense, hasta dar un lugar al arte griego para mostrarnos por qué lo denominamos clásico, basado en dos hechos: el descubrimiento de las formas naturales y la invención del escorzo.

Cuando habla del arte romano de los siglos I al IV incluye también el arte cristiano; además, sucintamente pasa revista al arte budista del mismo periodo. Luego, en un solo capítulo muestra el arte occidental del siglo V al XIII y también presenta algo del arte chino e islámico en los tiempos medievales. Luego se centra en Europa y va describiendo los estilos de acuerdo a las épocas: el románico, el gótico, el renacentista, el barroco; también separa las geografías mostrando por un lado el arte italiano y por el otro el flamenco. El recorrido pasa al rococó, y de allí a las diversas corrientes que lo sucedieron; finalmente vuelve a concentrarse en una hilera de estilos: el impresionismo, el cubismo, el surrealismo, el arte abstracto y otros “ismos” hasta fines del siglo XX, aclarando que desde el presente es muy difícil diferenciar las modas del arte, pues las modas pasan y el arte perdura.

Es una obra extraordinaria, con ilustraciones muy bien presentadas y una excelente encuadernación, muy necesaria para un ejercicio que el autor propone con frecuencia: comparar imágenes con las de páginas anteriores. Además, la prosa de E. H. Gombrich, incluso en su traducción en español, produce tanto placer que lamentamos que no nos siga hablando porque el libro ha llegado su fin.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA (por Pablo R. Bedrossian)

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

VICTORIA POR TODAS PARTES

La emoción que produce esta figura alada ha hecho que se multipliquen sus réplicas. Hay muchas curiosas, como la Victoria de Samotracia Azul de Yves Klein. Nosotros preferimos compartir algunas más sobrias que ilustran el amor por esta joya.

La primera que presentamos se encuentra en lo alto de una columna de capitel jónico en el famoso cementerio parisino del Père Lachaise.

La segunda la encontramos en la casa y estudio de Frank Lloyd Wright en Oak Park, Chicago, Estados Unidos. El famoso arquitecto que diseñó el Guggenheim Museum de New York, The Rookery Building en Chicago y la Residencia Kaufmann, más conocida como “Fallingwater” o la “Casa de la Cascada”, decoró su oficina con una reproducción a menor escala que la original.

Las últimas dos que vamos a mencionar se encuentran en Buenos Aires, Argentina. La primera se ubica en un patio interior del Palacio Estrugamou, una monumental construcción de departamentos en la zona de Retiro. Aunque está prohibido la acceso del público al edificio, se puede admirar desde una de las entradas que dan a la calle Juncal. El ala izquierda es de menor tamaño que la del Louvre. Para nosotros es la más bella de todas las que hemos visto.

La otra se encuentra en el Museo Ernesto de la Cárcova y es un calco del original, de modo que conserva el tamaño original.

En un interesante trabajo Milena Gallipoli nos cuenta que el Louvre creó su taller de calcos en 1794 y funcionó como una entidad administrativa del museo a partir de 1854, generando grandes ingresos. “Por su parte, al ser propietario del original y poder tomar su molde para realizar vaciados en yeso, el Louvre también logró monopolizar la comercialización de las copias de esta reciente y famosa escultura. El taller de calcos la institución fue creado en 1794 y fue una entidad administrativa de la institución a partir de 1854 con la modificación de su estatuto y reglamentación, de modo que las ganancias representaban un beneficio directo para el museo, llegando a ser una de las entradas de dinero más significativas… De esta forma, el taller del Louvre funcionaba como una marca que le daba legitimidad a la copia adquirida. Esto era explicitado a través de la incorporación de una estampilla y una plaqueta, inclusión obligatoria a partir del Segundo Imperio (1852-1870), como una estrategia de prevención de falsificaciones y copias no autorizadas, siendo a la vez un medio de control de ventas”[1].  

No solo la Victoria de Samotracia es tapa de uno de los dos volúmenes de “Sculpture”, el gran libro de escultura de Taschen[2], la editorial de arte más importante del mundo, sino que está reproducida en libros y revistas y en tiendas de arte y tiendas de souvenirs. Su omnipresencia es un tributo, sin duda merecido, a su creador que hasta el día de hoy permanece en el anonimato.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Gallipoli, M. Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX. MODOS. Revista de História da Arte. Campinas, v. 2, n.2, p.293-309, mai. 2018. Disponível em: ˂http://www.publionline.iar.unicamp.br/index.php/mod/article/ view/1059˃; DOI: https://doi.org/10.24978/mod.v2i2.1059

[2] Bruneau, Philippe; Torelli, Mario; Barral I Altet, Xavier; Guillot de Suduiraut, Sophie, “Sculpture”, Vol. 1: “From Antiquity to the Middle Ages”, Taschen, 1999


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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“CONSTRUYENDO PUENTES”: LAS MANOS DE LORENZO QUINN (por Pablo R. Bedrossian)

Seis enormes pares de manos se cruzan, se unen y se encuentran sobre una piscina rectangular. Se divisan impactantes desde la lejanía con esa blancura propia de la verdad, la sencillez y la inocencia.

A pesar de su apariencia humana, las gigantescas manos que se tocan conforman una monumental escultura llamada “Construyendo Puentes”. Está emplazada en el Arsenale, el antiguo astillero que a la vez sirve de sede a la Bienal de Venecia 2019; sin embargo, es un proyecto independiente que supera con creces todas las obras expuestas en ella.

Su creador es artista italiano Lorenzo Quinn, hijo del famoso actor Anthony Quinn y su segunda esposa, Iolanda Addolori. Es un artista internacional cuyas obras revelan su pasión por los valores eternos y las emociones auténticas.

Se lo reconoce por sus recreaciones de manos humanas. Para la Bienal de Venecia 2017 había esculpido “Apoyo”, dos manos infantiles de dimensiones monumentales que fueron rechazadas por los jurados. Eso no detuvo al artista que con el respaldo de la municipalidad veneciana la ubicó sobre el Gran Canal como si estuviera sosteniendo un edificio, con el propósito de llamar la atención sobre el cambio climático y la consecuente amenaza de hundimiento que pesa sobre la ciudad.

Foto de apoyo

“Construyendo Puentes” tiene un mensaje ético centrado en valores. En su sitio web, el artista expresó: “me siento a la vez humilde y emocionado al presentarles mi última escultura monumental ‘Construyendo Puentes’. Cada par de manos celebra uno de los seis valores humanos universales: Amistad, Ayuda, Fe, Sabiduría, Esperanza y reuniendo a todos, Amor [1].

Las Manos tienen una altura de 15 metros y en total un ancho de 20 metros. Para la inauguración Andrea Bocelli brindó un concierto. En aquella ocasión, Lorenzo Quinn declaró: “Quería esculpir lo que se considera la parte más difícil y técnicamente más desafiante del cuerpo humano… Las manos tienen tanto poder: el poder de amar, de odiar, de crear, de destruir… “[2].

Sobre esta nueva escultura agregó: “la humanidad nunca ha crecido creando barreras. Siempre crece cuando abre sus fronteras y acoge culturas nuevas. Venecia lo atestigua. Venecia abrió rutas a Asia, el Lejano Oriente con Marco Polo y los mercaderes de Venecia. Siempre ha sido una fuerza motriz del crecimiento europeo”.

Nacido en 1966, Quinn cursó sus estudios en la Academia Americana de Bellas Artes de Nueva York. En 1988 decidió radicarse en España junto a su esposa y tres hijos. Aunque que su idea original era convertirse en un pintor surrealista, descubrió que su verdadera vocación era la escultura. Sus obras estás distribuidas a lo largo y a lo ancho del planeta. Sorprenden e inspiran.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: Video de “Construyendo Puentes” de Lorenzo Quinn


REFERENCIAS

[1] https://www.lorenzoquinn.com/biography/

[2] https://www.metro.pr/pr/entretenimiento/2019/05/04/seis-manos-forman-puente-venecia.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la foto de la escultura “Apoya”, tomada delsitio web de Univisón, https://www.univision.com/noticias/medio-ambiente/en-fotos-el-poderoso-mensaje-que-un-artista-envia-con-esta-escultura-desde-venecia-fotos


“EL ABRAZO” DE ALEJANDRO MARMO (por Pablo R. Bedrossian)

Aunque el nombre de Alejandro Marmo le resulte desconocido, si Ud. vive en Buenos Aires es muy probable haya admirado sus obras: los enormes rostros en acero de Evita del Edificio del Ministerio de Obras Públicas[1] que se observan desde la Avenida 9 de Julio. Sin embargo, quiero compartir otra suya titulada “El Abrazo”. Diseñada con pocos trazos pero profundamente humana, más que una escultura es una propuesta a crear puentes que nos acerquen.

Un gesto habla mucho más que nuestras palabras; por eso un abrazo se extiende más allá del mero contacto físico: es una expresión visible de amor y cariño que sentimos por otros. Allí radica el valor central de esta obra: invitarnos a conectar con el otro, poniendo nuestros afectos por encima de nuestras ideas, creencias y posiciones.

PROPÓSITOS

“El Abrazo” es un mensaje que puede ser llevado a todos los ámbitos, como el político, el religioso y el social. Mostramos, por ejemplo, su alcance en el fútbol, donde la obra de Marmo llega tanto a los barras de Boca y de River con un mensaje de no más violencia.

Por su naturaleza, no es una obra para un solo lugar; como los panes y los peces, necesita ser multiplicada. Celeste Lafourcade, quien conoce en profundidad al artista, nos explica: “La obra se encuentra tanto en formato pictórico como en murales de hierro de grandes dimensiones, realizados siempre con material de descarte puesto que el arte de Alejandro Marmo propone recuperar aquello que la sociedad desecha: materiales y personas. Entendiendo que siempre –sean cuales fueran las circunstancias- se puede renacer en belleza”.

¿QUÉ VE UD. EN LA OBRA?

Cuando formulé esta pregunta, algunos me dijeron que observaban a una madre abrazando a su hijo. “Hay algo protector en la figura más alta”; hubo incluso quien notó un embarazo. Otros, en cambio, vieron una escena romántica, y no faltó quien mencionara “una pareja bailando un tango”. Sea cual fuera la percepción, todos coincidieron en percibir cercanía, amor e intimidad. ¿Qué le transmite a Ud.?

EMPLAZAMIENTOS

Esta obra ha sido instalada en lugares tan diferentes como Humahuaca, Buenos Aires o Roma. Un detalle no menor, provisto por nuestro amigo Miguel Ángel Kouyumchian[2], es el emplazamiento de “El Abrazo” en el Centro Armenio de Buenos Aires, debido a que el apellido materno de Alejandro Marmo es Minassian.

Además, la obra ilustra la tapa de “La mia Idea di Arte” del Papa Francisco I, a quien en 2015 Marmo obsequió una réplica de la “El Abrazo”.

ABRAZANDO A LOS DEMÁS

Celeste Lafourcade nos cuenta cómo la obra misma abraza a los demás: “Apunta a la participación colectiva de trabajadores desempleados, jóvenes, vecinos del lugar, personas con dificultades de integración, etc., tanto para la realización como para el emplazamiento de la obra, generando así un sentido de pertenencia con la misma”. La tan mentada grieta podría cerrarse si vemos al otro como nuestro prójimo, como nuestro semejante y no como nuestro enemigo.

ACERCA DEL ARTISTA

Alejandro Marmo nació en 1971 en el Partido de Tres de Febrero, Provincia de Buenos Aires. Creció en el seno de un hogar de inmigrantes y conocíó los fundamentos de la herrería en el taller de su padre. Autodidacta, comenzó su carrera artística a los 20 años.

Las gigantografías murales de Evita en el Edificio del MOP o “El Abrazo” revelan un estilo basado en la síntesis: figuras con pocas líneas en un solo plano que comunican un mensaje claro y poderoso. Sin embargo, ha desarrollado otras formas de expresión más complejas, con un profundo sentido metafórico, como el “Cristo Obrero” y la “Virgen de Luján”, realizadas en materiales reciclados, que han sido expuestas en los Museos Vaticanos.

Su arte no se reduce la obra terminada, sino que cobran su verdadero significado en el proceso creativo. Dos ejes por los cuales transita son el uso de desechos y rezagos industriales y la participación colectiva integradora, cuyo punto de partida ha sido su proyecto “Arte en las Fábricas”. Esta intención inclusiva no alcanza solo a obreros sino también a sectores marginados por la sociedad. Con este propósito, sumado a su amistad con el cardenal Jorge Bergoglio, hoy papa Francisco I, desarrolló una segunda idea, “La Simbología de la Iglesia que mira al Sur”, que rescata la fe popular e impulsa la participación de los fieles en la elaboración artística.

UN ABRAZO AQUÍ Y AHORA

Creemos que “El Abrazo” debería estar expuesta en plazas, escuelas y centros comerciales. Vivimos en un mundo donde sutilmente nos manipulan para odiar al que piensa diferente; tristemente nos encaminarnos al pensamiento único, propio de las dictaduras (aunque asuman disfraces de democracia). Frente a ese escenario, la obra de Alejandro Marmo nos invita a crear puentes de respeto, amor y solidaridad; alentar el entendimiento en lugar de resentimiento. Al fin y al cabo, está en nuestras manos decidir si nuestras diferencias nos separan o nos enriquecen.

NOTA 2020

Una prueba del alcance internacional de “El Abrazo” es su inclusión en una toma del Episodio 6 de la miniserie italiana “Il Processo” (en inglés “The Trial”; en castellano, “El Juicio”) que se puede ver en Netflix.. La producción fílmica está ubicada en Mantua (Mantova). Descubrimos “El Abrazo” allí mientras veíamos la miniserie.

© Pablo R. Bedrossian, 2019, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Sobre el Edificio del MOP se puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2019/07/08/el-edificio-del-mop-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Miguel Ángel Kouyumchian es el creador de la Guía Menc, http://guiamenc.blogspot.com/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La primera fotografía fue tomada de http://prensa.jujuy.gob.ar/2018/10/29/artes-visuales-en-jujuy-corazon-andino-festival-internacional-de-arte-sustentable/

La segunda, cuarta, sexta, novena y décima y duodécima foto fueron enviadas por Celeste Lafourcade al autor de esta nota, con permiso del artista.

La tercera fotografía fue tomada de https://www.clarin.com/deportes/superclasico-juega-esculturas-invitan-hinchas-abrazarse_0_r-y0KvAza.html

La quinta fotografía fue tomada de https://www.lujan.gob.ar/?p=13683

La séptima fotografía fue tomada de https://www.argentina.gob.ar/sites/default/files/pluralismo._san_gregorio_1.jpg

La octava fotografía es, en realidad, una captura de pantalla del video ubicado en https://www.youtube.com/watch?v=24V5gQ6iSt4

La undécima fotografía fue tomada de http://infoban.com.ar/despachos.asp?cod_des=60878&ID_Seccion=7

La duodécima foto fue tomada de https://www.lanacion.com.ar/cultura/los-abrazos-en-contra-del-odio-de-alejandro-marmo-el-escultor-del-papa-nid2095145

EMILY YOUNG Y SUS CABEZAS DE PIEDRA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

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Cabeza sobre columna, St. Paul Cathedral, Londres

Tengo dificultad para entender ciertas expresiones del arte contemporáneo. He visitado decenas de museos, galerías y exposiciones, y pocas veces me he sentido atraído o conmovido. Por eso cuando vi por primera vez un par de enormes cabezas que poseían la delicada dignidad de las esculturas clásicas y, a la vez, la expresión contemplativa del hombre moderno, me detuve a fotografiarlas.

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Otra cabeza sobre columna, St. Paul Cathedral, Londres

No fue difícil reconocer al día siguiente la misma mano creadora. En otro sector de la ciudad encontré una cabeza magistralmente tallada, mezcla de ángel y humano. No había en ella ninguna sonrisa o mueca de dolor, miedo o enojo. Más bien parecía meditar con la serena resignación de quien reconoce sus límites.

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Cabeza en los jardines de St Pancras Parish Church, Londres

Así llegué a descubrir a Emily Young, considerada la escultora en piedra contemporánea más importante del Reino Unido. Nacida en Londres, Inglaterra, en 1951, proviene de una familia notable; incluso su abuela, la ceramista Kathleen Scott, trabajó con el genial Auguste Rodin.

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Obra titulada “Blue Purbeck Angel Head”

Esta original artista plástica combinó su formación académica con tempranos viajes a lugares exóticos de Asia y África y visitas a países donde el arte ocupa un lugar privilegiado, como Francia, Italia y Estados Unidos, donde residió. Pero no se trata aquí de hablar de Emily Young sino de su arte.

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Obra titulada “Veltha”

PIEDRAS QUE HABLAN

En nada se parece la piedra a la cerámica. Mientras el alfarero tiene en sus manos un barro que modela a su antojo, el escultor debe imaginar la figura y rescatarla de la piedra. Precisamente, la artista inglesa, trabajando sobre diversos materiales, -variedades de mármol, lapislázuli, alabastro-, cincela rostros dejando el resto de los bloques en su estado natural.

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Obra titulada “Wind Head”

Como si las estuviera viendo en la brutalidad de la piedra, logra con unos pocos golpes que las cabezas emerjan. Su estilo tiene algo de la escultura egipcia: Rostros alargados, sin pliegues ni arrugas, con pocas curvas. Generalmente los arcos superciliares se continúan en narices alargadas, rectas y chatas. En los huecos que se forman debajo de ellos, aparecen los ojos simétricos, cerrados o abiertos sin pupilas. Finalmente, la boca está definida por una línea recta horizontal que separa los labios, perpendicular a la nariz. El resultado transmite una majestuosa calma, como si toda emoción quedara sujeta a una profunda conciencia de sí mismo y de la realidad, reforzada por pómulos en ángulos rectos. Curiosamente, un par de sus obras, concebidas bajo esta misma línea, me recordaron a un moai.

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Obra titulada “Rouge the Vitrolles Head”

Emily Young trabaja en dos estudios, uno en las ruinas de un convento en Santa Croce, en la Toscana italiana, y otro en su Londres natal, ciudad donde se pueden admirar sus creaciones en sitios como la imponente Catedral de St Paul o los estrechos jardines de la St Pancras Parish Church. También tuvimos oportunidad de ver una exposición suya en el Southwood Garden -un pequeño parque interno- de la St James’s Church, el famoso templo anglicano en el corazón de Picadilly, diseñado por Christopher Wren.

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Obra titulada “Face of Stillness I”

PROPÓSITO Y PROYECTOS

En cuanto a los propósitos, su propio sitio web declara: “El objetivo principal de su escultura es resaltar la belleza natural y la energía de la piedra… Su enfoque permite al espectador descubrir una sólida base común a través del tiempo, la tierra y las culturas. Sus técnicas subrayan su profunda preocupación por nuestra problemática relación con el planeta, combinando habilidades tradicionales de tallado con el uso de la tecnología cuando es necesario, para producir un trabajo que es al mismo tiempo contemporáneo y antiguo, y lograr una presencia única, seria y poética”[1].

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Obra titulada “Amiata Warrior Head”

Entre otros proyectos, la artista plástica inglesa ha instalado enormes gigantescas cabezas en el océano para protestar contra la pesca de arrastre en Italia, y también ha diseñado grandes discos para ser expuestos al aire libre. Una de sus ideas más ambiciosas consiste en instalar doce cabezas de más de tres toneladas en diferentes lugares del planeta.

EMILY YOUNG, PINK FLOYD Y LA PENGUIN CAFE ORCHESTRA

Uno de los hechos más curiosos de la vida de Emily Young fue su vinculación con Pink Floyd, la banda de música progresiva que causó furor en los ’70. A sus 15 años conoció en Londres a uno de sus fundadores, Syd Barrett, quien se cree que le dedicó la canción “See Emily Play”. En aquel tiempo de la psicodelia, Barrett era un poeta que experimentaba con LSD para sus creaciones, y la adolescente fue para él una suerte de musa[2]. Poco después la joven artista fue pareja de Simon Jeffes, director de la Penguin Cafe Orchestra, con quien tuvo un hijo. Ella misma realizó algunas de las tapas de los discos de la mencionada agrupación musical.

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Detalle de “Face of Stillness I”

EPÍLOGO

Para terminar, dejemos que otros nos hablen: “Ella martilla, cincela y tritura piezas de roca, creando obras monumentales que celebran el material del que están talladas. Ella se deleita con las fallas, venas y divisiones en su material y saborea el juego del viento, el agua y la temperatura en sus superficies escarpadas” dice una periodista en un artículo sobre Emily Young. De inmediato transcribe palabras de la propia artista: “Hay una historia contada en cada pieza de piedra que es más magnífica que cualquier mito de la creación, así que cuando trabajo en la piedra impongo mi pequeño momento en ella, vuelvo a poner un poco de conciencia moderna en la naturaleza”[3].

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] http://www.emilyyoung.com/Pages/about.html

[2] http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/art/features/emily-young-from-rock-muse-to-stone-sculptor-8822572.html

[3] http://www.houseandgarden.co.uk/interiors/real-homes/emily-young


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MÁS ARTÍCULOS DE LA SERIE “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”:

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MAURO CORDA A TRAVÉS DE LO INSÓLITO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

Nacido en Lourdes, Francia, en 1960, Mauro Corda es uno de los escultores más versátiles de nuestro tiempo. Este extraordinario artista, que se considera a sí mismo heredero de la tradición clásica, utiliza todo tipo de materiales, como bronce, aluminio y hierro, mármol, resina o vidrio policromado. Se ha dicho que es el “escultor del cuerpo” pero coloca al hombre (e incluso a animales) en medio de circunstancias. El cuerpo es el texto y la situación el contexto para interpretarlo.

“CONTORSIONISTA EN JAULA” (bronce niquelado y acero inoxidable)

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Su manejo de la anatomía no admite reglas. Trabaja con toda libertad sin adherir a ningún estilo en particular, construyendo mensajes que reflejan los dolores y sufrimientos del hombre contemporáneo. Los soportes que elige para sus obras -que a veces son jaulas o celdas- sirven para reforzar esa intención.

En las obras de Mauro Corda el cuerpo es el texto y la situación el contexto para interpretarlo.

EL ÁNGEL (resina y neón)

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En uno de mis viajes a Buenos Aires, en enero de 2015, tuve oportunidad de visitar la exposición de sus obras denominada “Insólito” en el Museo Sívori, ubicado en la zona de los lagos de Palermo. Con algunas variantes, ya se había presentado en París, en enero de 2014, y no es aventurado afirmar que reúne varias de sus obras más provocadoras.

HIV (bronce y plexiglás)

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En Corda, el cuerpo en distintas posiciones y formas refleja diversas preocupaciones y estados de ánimo. Detrás de cada escultura se puede intuir una historia, que no siempre es la que parece. Tomemos como ejemplo su obra “Faquir”.

FAQUIR (bronce y acero inoxidable)

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La primera impresión es la de un Cristo, por los brazos en cruz, el cuerpo desnudo colgando y el paño de pureza[1]. Pero una visión más cuidadosa permite otras interpretaciones: la figura de bronce cuelga de ganchos que atraviesan los brazos y las tetillas; el rostro no delata dolor sino concentración. Este manejo de la ambigüedad deja que el observador extraiga sus conclusiones.

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Al observar la diversidad de obras no tuve la idea de un conjunto. Salvo alguna excepción, parecían de diferentes artistas. Pero a medida que fui mirando y admirando, percibí algo en común: el efecto no estaba en los detalles. Las esculturas presentaban y representaban sus temas sin necesidad apelar a barroquismos o sofisticaciones.

IMPULSO DE MUERTE (bronce policromado)

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En las creaciones de Mauro Corda el efecto no está en los detalles. Las esculturas presentan y representan sus temas sin necesidad apelar a barroquismos o sofisticaciones.

En términos similares se expresa Georges Vigarello sobre la obra de Corda: “La forma ‘habla’. Una tensión la habita… Lo anecdótico es borrado, el objeto es ‘resumido’, una fuerza particular y latente domina, reunida en su totalidad para aumentar su potencia”[2].

ANDRÓGINO (resina policromada)

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Una segunda sensación fue ver un extraordinario manejo del volumen en todas las obras. Sea una figura erguida o contorsionada, el manejo de la unidad y las proporciones es perfecto.

LEVITACIÓN (aluminio y acero inoxidable)

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Sea una figura erguida o contorsionada, el manejo de Mauro Corda de la unidad y las proporciones es perfecto.

Finalmente, creo que todas las obras tienen en común otro rasgo: su intensidad. Aunque obviamente son obras estáticas, se percibe en ellas intención y movimiento. Hay un drama en el cual se desenvuelven y, jamás testigos, sus figuras son siempre protagonistas.

EL RELICARIO (bronce dorado, jeringa y resina) y FRED (dibujo)

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Aunque obviamente son obras estáticas, se percibe en ellas intención y movimiento. Hay un drama en el cual se desenvuelven y, jamás testigos, sus figuras son siempre protagonistas.

Mauro Corda se atreve a explorar el cuerpo desde muy diversas perspectivas, utilizando una enorme variedad de formas, técnicas y materiales. Nos muestra que los límites para crear y sentir los fijamos nosotros mismos; señala el camino y nos desafía a abrir romper nuestros propios moldes e ir más allá de nuestras propias fronteras.

ASEPSIA (acero inoxidable, resina, vidrio, plexiglás, hierro)

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LA RATA (aluminio)

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YACENTE (bronce pintado)

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PERFORMANCE (bronce, hierro y acero inoxidable)

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HABITACIÓN, vista parcial (resina y plexiglás)

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DATOS DE LAS OBRAS PRESENTADAS EN ESTA NOTA, TODAS DE “INSÓLITO”

Los títulos originales de las obras son en francés, por eso las detallamos:

Tabla 01

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] El paño de pureza, perizonium o perizoma es la tela utilizada en la iconografía tradicional para cubrir el pubis y los genitales del Cristo crucificado. Para los interesados en el tema, recomendamos la tesis doctoral de Carmen Gómez García, “Disposición del Paño de Pureza en la escultura del Cristo crucificado entre los siglos XII y XVII”, que puede descargarse de http://biblioteca.ucm.es/tesis/bba/ucm-t29626.pdf

[2] Vigarello, Georges, citado en “Mauro Corda – Insólito”, Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sivori”, Museos de Buenos Aires, p.7


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

– Savloff, Judith, “Contemporáneo clásico”, Diario Clarín, Revista Ñ, edición del 07/01/2015. Se puede leer en http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Contemporaneo-clasico_0_1278472185.html

– “Mauro Corda – Insólito”, Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sivori”, Museos de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, 2015

– “Les insolites”, Dossier de Presse, l’Université Paris Descartes, París, Francia, 2014


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LA VICTORIA DE SAMOTRACIA EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Junto a la Venus de Milo y la Gioconda, la Victoria de Samotracia conforma la triada de obras maestras más representativas del Museo de Louvre, de París. Sin embargo, pocos saben que existes réplicas en tamaño real en Buenos Aires. Conózcala en esta breve nota.

Visitar el Louvre es una experiencia única. El museo más grande del mundo alberga enormes colecciones de arte e historia de todo el mundo. Recorrer sus salas parece una tarea infinita porque cada una de sus más de 370,000 piezas exige suma atención. Allí la Victoria de Samotracia, ocupa un lugar privilegiado: establecida bajo altos techos y elevadas paredes en forma de nichos, se la admira en lo alto, subiendo una ancha y extensa escalera. Esta majestuosa figura femenina alada se apoya en la proa de un barco, que a su vez descansa en una base de piedra.

Fue esculpida alrededor del año 190 a.C., y pertenece a la Escuela de Rodas, dentro del Periodo Helenístico. Representa a Niké, la diosa griega de la victoria. Probablemente fue erigida tras una victoria naval. Descubierta en 1863 en la isla de Samotracia por el francés Charles Champoiseau, se hallaba enterrada dentro del Santuario de los Grandes Dioses y partida en fragmentos. La cuidadosa reconstrucción estuvo a cargo de los curadores del Louvre, que se basaron en otros modelos de tamaño menor. Incluso se vieron forzados a completar la vigorosa estatua con partes de yeso.

La obra es atribuida a Pythokritos de Rodas, pero, en realidad, no se sabe quién fue su creador. Otro detalle poco conocido es que durante su última restauración los investigadores descubrieron restos de pigmento azul, imperceptibles al ojo humano por el paso de los siglos, que indican la presencia de ese color en la obra original.

Fue emplazada en su actual ubicación, en un descanso de la escalera Daru del Louvre, en 1884. Durante un tiempo se exhibió parte de una mano que podría corresponder a la pieza original. No se han encontrado ni la cabeza, ni los brazos, pero tampoco los necesita; con la pierna derecha extendida, el anónimo escultor le ha dado poder y movimiento, y con los pliegues de su atuendo y la postura del torso, ha sugerido que avanza contra el viento. La ropa, liviana y translúcida en la parte superior y gruesa en la parte inferior, muestra la maestría del artista.

La altura de la estatua, hecha de mármol blanco de la isla de Paros, es de 2,75 metros, y la del pedestal en forma de navío, hecho de mármol gris de la isla de Rodas, 2,01 metros. La altura total es de 5,57 metros, que le provee autoridad y esplendor.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA PORTEÑA

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Ubicado a metros de la Plaza de Retiro, en Buenos Aires, el Palacio Estrugamou es una monumental construcción de departamentos; su diseño es una de las mejores muestras de la influencia europea -y particularmente francesa- en la arquitectura argentina. Inaugurado en 1929, se erige en la esquina formada por las calles Juncal y Esmeralda. Aunque ocupa toda la cuadra norte de Juncal, su entrada principal está sobre Esmeralda, y sirve a la vez de final a la distinguida y serpenteante calle Arroyo.

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En el Palacio Estrugamou se encuentra la Victoria de Samotracia porteña, hecha de bronce; es réplica en tamaño real de la original. Embellece el patio que sirve espacio compartido para los cuatro edificios que conforman el palacio. Vale la pena ver esta joya en Buenos Aires, de singular belleza.

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Aunque ahora por cuestiones de seguridad no se permite el ingreso, la réplica de la Victoria de Samotracia puede admirarse desde uno de los portones de rejas de la calle Juncal. Si pasa por allí, deténgase a observarla. Estar esperando por usted.

Hay preguntas que quizás algunos lectores puedan responder: ¿Quién hizo los moldes de esta réplica? ¿Fue traída de Francia? En caso afirmativo, ¿por quién y cuándo? ¿Cuándo fue colocada allí? Espero que alguno me ayude a terminar este rompecabezas.

LA VICTORIA DE SAMOTRACIA TAMBIÉN EN CALCOS

Entre 1903 y 1905 el artista Eduardo Schiaffino fue designado por el gobierno nacional para negociar en Europa la compra de varios calcos, incluyendo uno de la imponente Victoria de Samotracia, al Louvre. El museo tenía desde 1794 un taller dedicado a la producción de estas réplicas realizadas en moldes obtenidos de las esculturas originales en los cuales luego se vierte yeso y se espera hasta que fragüe. Finalmente, la pieza fue adquirida en 1906 y cuatro años después colocada en el Pabellón Argentino[1] que formaba parte del flamante Museo Nacional de Bellas Artes[2] que se había mudado desde lo que hoy son las Galerías Pacífico a la Plaza San Martín.

Entre 1932 y 1933 el Museo Nacional de Bellas Artes (MNBA) se trasladó a la antigua Casa de Bombas de Recoleta que había sido remodelada por el arquitecto Alejandro Bustillo. La Victoria de Samotracia obtuvo un lugar privilegiado en el hall principal, coronando la escalinata de entrada. En 1945 fue movida a la biblioteca del museo[3]. En nuestras visitas al MNBA no la hemos visto, ni tampoco hallado entre las 2,500 obras que forman la colección digital ofrecida en su sitio web.

Sin embargo, hemos podido admirar otro calco en yeso de la Victoria de Samotracia que, como el anterior, carece de la base del navío. El Museo Ernesto de la Cárcova[4], ubicado en la Costanera Sur, ocupa lo que fueron las caballerizas del Lazareto, un antiguo centro de inspección veterinaria. En 1923 el sitio fue remodelado para que funcionara allí la Escuela Superior de Bellas Artes, institución creada por el propio de la Cárcova. En 1928 se añadió el actual Museo de Calcos[5], tal como se lo conoce popularmente, con un propósito didáctico que mantiene hasta hoy: ofrecer modelos en tamaño real a los futuros artistas.

En 1927 Ernesto de la Cárcova compró una colección de calcos a la cual inicialmente solo los alumnos tuvieron acceso. Entre ellos se encontraba otra Victoria de Samotracia en tamaño real. Recién en 1932 se permitió el ingreso del público general[6]. Desde esa fecha hasta el día de hoy tanto los futuros artistas como las personas corrientes pueden admirar una obra que, si bien no es la original, tiene idéntica fisonomía. Lamentablemente pocas personas conocen del museo y menos aún saben de esta pieza que, junto a las Venus de Milo y el imponente David de Miguel Ángel se encuentran allí esperando por ellas.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Se trata de la misma estructura de hierro y cristal que se había utilizado en la Exposición Universal de París de 1889 para representar a la Argentina.

[2] Gallipoli, Milena, “Las Victorias: de Samotracia a Buenos Aires. Calcos en yeso en el Museo Nacional de Bellas Artes y en la Escuela Superior de Bellas Artes en la primera mitad del siglo XX”. Modos, Revista de História da Arte. Campinas, Vol 2, Nº.2, mayo. 2018, p.297, 298

[3] Gallipoli, Milena, Op. cit., p.302

[4] Su nombre completo es “Museo de Calcos y Escultura comparada Ernesto de la Cárcova”

[5] El nombre proviene de su gran colección de calcos

[6] Gallipoli, Milena, Op. cit., p.303


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

NUNCA ME GUSTÓ EL ROCOCÓ – UNA VISITA A LA ASAMKIRCHE EN MUNICH (por Pablo R. Bedrossian)

A veces, como dice una canción de Paul Simon, repentinamente uno tiene que poner en duda todo lo que creía cierto. Eso me ocurrió al ingresar a la impresionante capilla rococó dedicada San Juan Nepomuceno en Münich, creación de los hermanos Asam.

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El barroco, nacido en Italia durante la primera mitad del siglo XVII, fue un estilo artístico caracterizado por las formas recargadas y el amor a las curvas. Sus numerosos detalles se oponen a la sobriedad clásica, representada por los antiguos edificios griegos y romanos, que Andrea Palladio había recuperado durante el Renacimiento. Digamos que el barroco es un estilo teatral, más bien dramático, que se extendió rápidamente al resto de Europa.

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Como bien se ha dicho, el barroco generó una “arquitectura para los sentidos”. La complejidad decorativa de sus interiores manifiesta una intensa sensualidad, casi hedonista. Muchas veces las esculturas barrocas parecen estar en movimiento.

Pero así como el manierismo es la exageración de las figuras clásicas, el rococó es el barroco llevado a un extremo. La palabra rococó provendría de la palabra francesa “rocaille”, que es un tipo de ornamentación que reproduce motivos de caracolas y conchas marinas. Aunque se le dio ese nombre a finales del siglo XVIII, se desarrolló como estilo a partir de 1730. Fue un arte cortesano, aristocrático e incluso burgués, pero no popular, de tendencia más bien mundana, despojado de la impronta religiosa dominante.

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El rococó se caracteriza por la excesiva carga de elementos y, a la vez, la cuidada exuberancia de sus formas. Utiliza motivos que apelan a la naturaleza (plantas, flores, pájaros) pero de un modo empalagoso, poblando todos los espacios y produciendo, en mi opinión, una saturación de los sentidos que puede resultar opresiva. Por supuesto, los modelos de belleza son diferentes para cada época, y aún dentro de una misma época, diferentes para cada persona.

Para muchos el rococó es un giro hacia lo íntimo y personal, a través un obstinado refinamiento delicado y juguetón. Es cierto que las figuras del rococó trasmiten fragilidad y ligereza. Si se me permite un toque de humor, diría que se encuentran en las antípodas de Botero. Pero en lo personal, siempre me parecieron una vanidosa muestra de fastuosidad y ostentación, quizás porque entré en contacto con ellas en Francia, donde me era imposible contemplar su esplendor palaciego sin confrontarlo con la miseria del pueblo.

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Pero a veces, como dice una canción de Paul Simon, repentinamente uno tiene que poner en duda todo lo que creía cierto. Eso me ocurrió al ingresar a la impresionante capilla rococó dedicada San Juan Nepomuceno en Münich, creación de los hermanos Asam.

La Asamkirche

Aunque el apellido suene árabe, los hermanos Asam, Cosme y Egid, eran alemanes bávaros de pura cepa. Durante un tiempo vivieron en Roma donde fueron impactados por el estilo barroco que constituía la vanguardia arquitectónica de la época.  Al regreso construyeron obras de admirable belleza  como la Iglesia de la abadía de Weltenburg, pero sin duda su obra cumbre la constituye la iglesia dedicada a San Juan Nepomuceno, popularmente conocida como La Asamkirche (“Iglesia de los Asam”).

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Cerca de 1730 Egid Asam, escultor y estucador (hoy diríamos “maestro yesero”),  compró en Münich dos parcelas donde construyó su casa. Poco después adquirió un terreno adyacente donde en 1733 comenzó a construir una capilla privada, para lo cual contó con la ayuda de Cosme, su hermano mayor, que era arquitecto y pintor.

La fachada de esta iglesia es angosta y elevada. Sobre una marquesina barroca presenta un grupo escultórico con San Juan Nepomuceno en el centro. Y aunque su frente  complementa la original decoración estucada de la vivienda, es el interior de la  pequeña y estrecha capilla lo que produce un efecto alucinante.

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Al ingresar se siente una explosión de formas muy estilizadas, en aparente movimiento bajo un tenue manto de luz. Esta “cueva mágica”, como la llama Jonathan Glancy[1], parece no tener líneas rectas y es difícil encontrar una superficie sin ornamentar. Querubines y otras figuras fantásticas cubiertas con pan de oro saturan las paredes pero sin generar agobio sino belleza; producen calma en lugar de ansiedad. Varios frescos están rodeados de estuco rojo intenso y de madera dorada. La exquisita combinación de luces y sombras, lograda a través los elementos arquitectónicos, escultóricos y pictóricos, sugiere una aparente desproporción que, en lugar de perturbar, conmueve; y la trama ondulante de las místicas imágenes invitan a meditar sobre la precariedad de la existencia y a buscar allí la presencia misma de Dios.

Interior rococó de la "Amankirche", el nombre popular de la Iglesia de San Juan Nepomuceno

Por supuesto, cada trazo, cada detalle, tiene un significado espiritual. Nada ha sido puesto porque sí. Desde luego, es un interior recargado de imágenes en extremo. Entonces, ¿por qué en contra de toda mi experiencia la Asamkirche me ha atraído tan poderosamente? Obviamente, el arte sucede; es el espíritu que se desprende de un hecho: se siente, no se piensa. Pero más allá de las cuestiones inconscientes relativas a la percepción de la belleza, creo que también existen poderosas razones. Quizás la más importante sea el propósito subyacente: No se trata de hacer alarde de un poder absoluto ni mostrar la pomposa majestuosidad de una corona sino de comunicar al hombre con Dios a través del arte. En la Asamkirche la belleza es un don divino dedicado al Dador para su gloria.

Otra vista del interior rococó de la iglesia

Aunque algunos consideran esta admirable iglesia de una sola nave como una obra del barroco tardío, la mayoría entiende que es una obra rococó, que, como dijimos, es un barroco excesivo. En general los excesos dañan, pero en este caso, quizás en este único caso, bendicen y benefician.

Detalle de la fachada de la casa de Egid Asam, desde la cual se podía acceder a la capilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Glancy, Jonathan, “Historia de la Arquitectura”, Editorial La isla, 1ª Ed. argentina, 2001


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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