LEPTOPHIS MEXICANUS: LA LORA MEXICANA (por Pablo R. Bedrossian)

Conocida como lora mexicana o perico mexicana, esta culebra se encuentra en elevaciones bajas y moderadas de la vertiente del Atlántico desde la zona sur de Tamaulipas, México, a la región centro norte de Costa Rica y en forma discontinua en la vertiente del Pacífico desde Oaxaca, México hasta el noroeste de Costa Rica.

Está presente en varios cayos de Belice, en la Isla de Utila, Honduras, y en las Islas del Maíz, Nicaragua. Se halla en todo el territorio de Honduras a excepción del extremo sur y algunas zonas al sudoeste[1]. Además en 2014 fue reportada en el Cayo Mayor de los Cayos Cochinos[2], sitio donde nosotros la documentamos fotográficamente ese sitio ese mismo año.

Leptophis mexicanus en el Cayo Mayor de los Cayos Cochinos, Islas de la Bahía, Honduras, fotografía del 30/3/2014

Forma parte del género Leptophis que incluye serpientes conocidas como raneras debido a su dieta en base a pequeños anfibios, aunque también comen lagartijas, pequeñas serpientes, salamandras, renacuajos y huevos de aves[3]. Este género cuenta con 8 especies que habitan bosques, manglares y sábanas de México, Centroamérica y Sudamérica[4].

Su nombre científico es Leptophis mexicanus (en inglés Mexican parrot snake). De actividad diurna, suele moverse entre la vegetación cerca de cursos de agua. Donde vivimos, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, habita en los alrededores de la laguna o del canal de agua.

Un ejemplar juvenil

Lo invitamos a observarla en el siguiente video.


No es difícil reconocerla: el dorso de la cabeza es de un color verde claro intenso y su cuerpo posee por arriba color café o bronce oscuro y por debajo, blanco, con una raya negra en el medio -a veces posee también pequeñas secciones de color verde azulado y anaranjado- que nace en la punta de la cabeza.

El ejemplar más largo conocido alcanza 1.27 metros; el espécimen más grande hallado en Honduras es algo menor, 1,20 metros[5]. La cabeza de distingue del cuello. Tiene hocico alargado, lengua negra y pupilas redondas con iris dorado. El cuerpo es delgado y alargado. La extensión de la cola es de 36% a 40% de la longitud total[6].

Puede observar cómo se moviliza en el siguiente video:

En cuanto a la reproducción es ovípara, poniendo de dos a seis huevos por vez; sus deposiciones ocurren generalmente entre junio y septiembre, durante la temporada húmeda. Los juveniles miden unos 25 cm[7].

Foto de un ejemplar con pocos días de vida, hallado muerto

Un detalle interesante es que las hembras alcanzan su madurez sexual a los 18 meses[8].

Un ejemplar juvenil

Aunque no es venenosa, puede ser agresiva si se sienten amenazadas. En una ocasión, una vecina de nuestra comunidad nos pidió ayuda para retirar un ejemplar juvenil que se escondió dentro de una gaveta. Ante la falta de pinzas y sabiendo que no inocula toxinas, decidimos asumir el riesgo de tomarla con la mano. Nos ocasionó una pequeña mordedura en uno de los dedos lanzándose súbitamente hacia adelante. Tuvimos un leve dolor y un breve sangrado. Luego de retirar la serpiente -que posteriormente reubicamos-, desinfectamos la herida con agua oxigenada, realizamos con agua y jabón y luego la cubrimos. Si bien contábamos con soluciones antisépticas tanto de clorhexidina como de yodopovidona, no fueron necesarias.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: MÁS VIDEOS


REFERENCIAS


[1]
McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.146

[2] McCranie, James R., Valdés Orellana, Leonardo, “New island records and updated nomenclature of amphibians and reptiles from the Islas de la Bahía, Honduras”, Herpetology Notes, volume 7, 2014, p.46

[3] McCranie, James R., Op. cit., p.149

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.228

[5] McCranie, James R., Op. cit., p.147

[6] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.671

[7] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.89

[8] Savage, Jay M., Op. cit., p.671


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LAEMANCTUS LONGIPES: UNA BELLA “IGUANA DE CASCO” COLOR VERDE (por Pablo R. Bedrossian)

Hace poco tuvimos oportunidad de ver en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, el primer ejemplar de Laemanctus longipes, una bella iguana de casco.

Laemanctus longipes

Íbamos en el auto del vecino Fernando Castellon a reubicar una bejuquilla verde (Oxybelis fulgidus) encontrada en el jardín de su casa.

La Oxybelis fulgidus que liberamos

De pronto exclamó:

– ¡Mire esa iguanita verde!

Me imaginé que era uno de los habituales garrobos o iguana gris (Ctenosaura similis) juveniles, intensamente verdes, muy comunes por aquí.

Ctenosaura similis juvenil

También pensé que podía tratarse de alguna pequeña iguana verde (Iguana iguana).

Iguana iguana juvenil

Sin embargo, al observarla me sorprendí: tenía la cabeza triangular y una especie de casquete en la parte superior. Esa peculiaridad me recordó lejanamente a una iguana de casco que algunos llaman turipache (Corytophanes cristatus), aunque es muy diferente: posee otro color y luce una delgada pero enorme cresta de líneas rectas en el centro de la cabeza.

Corytophanes cristatus

(Si Ud. desea conocer más sobre esta otra iguana de casco o turipache (Corytophanes cristatus), puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2018/10/10/corytophanes-cristatus-una-curiosa-iguana-de-casco-por-pablo-r-bedrossian/).

LA IGUANA DE CASCO VERDE

Bajé del auto y comencé a filmar y fotografiar este pequeño reptil tratando de evitar que se sintiera amenazado. Me permitió acercarme a pocos centímetros sin inmutarse.

Cada tanto movía los ojos, como advirtiendo mi presencia. Finalmente, como continuaba sobre el pavimento y corría el riesgo de ser atropellado, tuve que tocarlo suavemente para que huyera hacia el canal de agua que se encontraba a pocos metros.

Enseguida recordé una fotografía de esta especie que había publicado nuestro amigo, el Dr. Juan Ramón Collart en su libro “Honduras Salvaje”[1] y la identifiqué como la iguana de casco color verde (Laemanctus longipes).

ACERCA DE ESTA ESPECIE

Laemanctus longipes pertenece a la familia Corytophanidae[2]. Está integrada por tres géneros: Corytophanes, al que pertenece el turipache mencionado más arriba, el Basiliscus, cuya especie más conocida es el famoso charancaco (Basiliscus vittatus) y el Laemanctus, al que corresponde nuestra especie.

Basiliscus vittatus

Nótese que no es una verdadera iguana. De paso, en algunos lugares lo llaman toloque verde y en otros lemacto coludo. En inglés se lo llama Eastern Casquehead Iguana.

Es difícil de observar porque es una especie arbórea; gracias a su color se mimetiza con el follaje. Solo abandona los árboles para poner huevos, de abril a junio, de 3 a 5 por vez. Las crías nacen tras una incubación a temperatura entre 28º C y 30º C durante casi dos meses[3]. Los recién nacidos tienen una LHC (longitud hocico – cloaca) de 5 cm. con una cola de unos 17 cm. Los adultos pueden alcanzar una LHC de 15 cm y desde la cabeza a la cola hasta unos 45 a 50 cm.

El cuerpo es alargado de un color verde intenso, con franjas suavemente amarillentas a los costados de la cabeza y el cuello y en ocasiones una pequeña franja negra desde la parte posterior de los ojos al cuello. La superficie dorsal de la cabeza (el casquete o yelmo) es plana, sin mostrar crestas y de un color grisáceo más pálido que el resto. Una notable línea blanca interrumpida se extiende de la cabeza a la ingle. Además, presenta pequeñas manchas blancuzcas en el dorso y la cola. Posee cinco dedos en las patas delanteras y traseras. Se conoce muy poco de sus hábitos no reproductivos. Se ha reportado que en cautiverio se alimenta de insectos.

¿DOS ESPECIES DIFERENTES CON EL MISMO NOMBRE?

Según el experto James McCranie, en Honduras coexisten dos subespecies: Una es Laemanctus longipes waltersi, de los departamentos de Atlántida y Cortés (donde encontramos nuestro ejemplar), con escamas corporales más grandes y ausencia o forma incompleta de abanico gular[4]. La otras es Laemanctus longipes longipes, de los departamentos de Copán y Olancho, que posee escamas corporales más pequeñas y un abanico gular completo[5]. En su opinión constituirían dos especies distintas.

Hay otra especie que solo conocemos por fotografías, llamada Laemanctus serratus, que habita en Tamaulipas y la península de Yucatán, México y en poblaciones aisladas en el noroeste de Honduras[6]. Se diferencia de Laemanctus longipes en que posee escamas espinosas en la parte posterior de la cabeza además de una cresta dorsal evidente[7]. El hábitat de esta especie es bastante reducido, desde el sur de Veracruz en México hasta el occidente de Honduras con una población aparentemente aislada en el centro de Nicaragua[8].

No es fácil encontrar una la iguana de casco color verde como Laemanctus longipes debido a sus hábitos de vida. En más de 12 años de vivir en este lugar y con varios cientos de caminatas realizadas tuvimos el privilegio de verla personalmente por primera vez.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014, p.64

[2] Durante mucho tiempo se la consideró una subfamilia de la familia Iguanidae, pero desde 1989 comenzaron a ser consideradas como familias separadas: D.R. Frost & R. Etheridge (1989) “A phylogenetic analysis and taxonomy of iguanian lizards (Reptilia: Squamata)”, Univ. Kansas Mus. Nat. Hist. Misc. Publ. 81 y D.R. Frost, R. Etheridge, D. Janies & T.A. Titus (2001) “Total evidence, sequence alignment, evolution of polychrotid lizards, and a reclassification of the Iguania (Squamata: Iguania)”, American Museum Novitates 3343: 38 pp.

[3] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, 2003, p. 135

[4] El abanico gular o gula (en inglés dewlap) es una delgada membrana ubicada en el cuello que se despliega y retrae. También la poseen los Anolis.

[5] McCranie, James R., “The Lizards, Crocodiles, and Turtles of Honduras”, “Bulletin of the Museum of Comparative Zoology”, Special Publications Series, No. 2, Harvard University, 2018, p.200.

[6] McCranie, James R., Op. cit., p.213

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.136

[8] McCranie, James R., Op. cit., p.209


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BOTHROPS ASPER – BARBA AMARILLA, FER-DE-LANCE O TERCIOPELO: RESCATANDO UN EJEMPLAR (Por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Muchos han leído nuestro artículo “Bothrops asper – Barba amarilla, la serpiente más temida de Centroamérica”, donde presentamos esta especie con datos, fotos y videos y explicamos detalles de su biología y su comportamiento. Para los que no leyeron, lo pueden encontrar en

https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/

OTRA BARBA AMARILLA ENTRE NOSOTROS

Tiempo después de aquel artículo, un vecino de nuestra comunidad, Residencial Campisa, ubicada en el sector noroeste de San Pedro Sula, Honduras, me pidió ayuda pues había visto una serpiente entre unas maderas frente a su casa. Al llegar, la identifiqué de inmediato: era una Bothrops asper, conocida como barba amarilla, fer-de-lance o terciopelo. Aunque solo se veía una pequeña parte de su grueso cuerpo, los patrones en A de su piel aterciopleada y grisácesa fueron suficientes para comprender que estábamos frente a una de las especies más peligrosas de Centroamérica.

Las maderas se encontraban a pocos metros de un curso de agua. Nos preguntamos cómo retirar el barba amarilla sin correr riesgos, evitando a la vez que huyera al canal desde donde podría regresar. Además no contábamos con pinzas adecuadas para la toma de serpientes. Como no teníamos una mejor opción decidimos quitar con cuidado las maderas que estaban en las partes superiores, hasta que dejamos a la víbora al descubierto.

Desde luego, no fue un proceso fácil y tomó bastante tiempo. La serpiente prácticamente se mantuvo inmóvil, por lo que sospechamos que había elegido ese lugar para reposar tras haber ingerido alguna presa. En una ocasión habíamos observado y filmado a unos 200 metros una Boa constrictor deglutiendo un Ctenosaura similis, una iguana gris o garrobo. La cuestión es que la teníamos al descubierto y había que extraerla.

Este ejemplar medía aproximadamente 1,30 metros. Por el tamaño pensamos que era un juvenil y decidimos tocarla suavemente con un tubo de metal sin agarraderas y una rama seca de aproximadamente un metro para que ingresara por sus propios medios en una bolsa gruesa y resistente para un traslado seguro.

Al mínimo toque la serpiente se movió de inmediato, aunque sin la agresividad que hemos observado en otros adultos de la misma especie.

La fuimos guiando con el tubo y la rama procurando que entrara en la bolsa, cuya ancha boca dejamos abierta frente a ella. Guardamos una buena distancia y no la golpeamos; nuestros movimientos fueron dirigidos a evitar que se desviara. Luego de un par de intentos fallidos, la Botrhops asper ingresó en la bolsa, que cerramos y levantamos de inmediato. Cómo suele suceder, la víbora se quedó tranquila, descansando en la parte de abajo.

La trasladamos en ese mismo momento en una camioneta a una región montañosa cercana donde habíamos visto otros ejemplares de esta especie. Allí la liberamos.

Su comportamiento fue diferente pues rápidamente se movilizó y desapareció entre las piedras y las plantas.

EDUCAR PARA CONSERVAR Y ACTUAR PARA RESCATAR

Desde luego, nuestra actuación es cuestionable; no contar con pinzas entraña siempre peligros. Sin embargo, y luego de trabajar durante mucho tiempo con serpientes, sabemos que no siempre es posible hacer procedimientos de manual. Dejarla allí hubiera sido exponer a la comunidad a su mortal mordedura.

Para nosotros es importante preservar cada animal. Por ello nos ofrecemos a ayudar a nuestros vecinos en caso de visitantes peligrosos como los barba amarillas o las corales. Las rescatamos evitando en lo posible agredirlas y las devolvemos a su hábitat. En 2019 rescatamos una pequeña Bothrops asper (quizás tenía solo un par de semanas de vida) del jardín de una vecina cuyo muro linda con el de nuestra casa.

Invitamos a ver el video de este pequeño pero temible ejemplar:

En 2020, pocos días antes de la publicación de este artículo, también rescatamos una Micrurus nigrocinctus de dos colores.

Esta coral verdadera se hallaba en un terreno baldío, lindante con la vivienda de una familia de nuestra comunidad. Compartimos un video de este ejemplar una vez que fue liberada.

Muchos cuando ven una serpiente, aunque sea inofensiva, la matan de inmediato, actuando por miedo. Ese miedo es producto de la falta de educación ambiental y, en particular, el total desconocimiento de las serpientes. El gran desafío que tenemos todos los que amamos los reptiles es educar para conservar, y solo si es necesario, actuar para rescatar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


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BOTHRIECHIS SCHLEGELII: EL TAMAGÁS DE PESTAÑA O BOCARACÁ Y CÓMO MATAN LAS VÍBORAS DE FOSETA (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Conocida como víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, o bocaracá[1], la Bothriechis schlegelii es una pequeña serpiente venenosa de extraordinaria belleza, pues puede presentar distintos colores, que van de la combinación de verde oliva con manchas rojas o café al amarillo[2]. A pesar de los diferentes patrones cromáticos, aún no se han identificado subespecies. Jay M Savage escribe en 2002 que no hay ejemplos conocidos de tonalidades intermedias, lo que sugiere que los ejemplares amarillos, conocidos como oropel o yema de huevo, se reproducen solo entre ellos[3]. Sin embargo, tras la publicación del artículo un lector observó que de una misma camada pueden nacer oropel, nominales, christmas y rarezas como las rosas o las fire”, variaciones dentro de la misma especie.

Bothriechis schlegelii, patrón amarillo. Foto de un ejemplar en cautiverio tomada en La Paz Waterfalls, Alajuela, Costa Rica

Se distinguen por las escamas sobre los ojos que, por su aspecto, se asemejan a pequeños cuernos o pestañas; por esa razón se la llama también crótalo cornudo de Schlegel, homenajeando a la vez al herpetólogo y ornitólogo alemán Hermann Schlegel (1804-1884). El nombre común de esta especie en inglés es Eyelash Viper (en español, víbora de pestaña). Köhler las describe con “agrandadas y elevadas escamas en los párpados, con forma de púas”[4], y McCranie como “escamas superciliares pequeñas, parecidas a espinas, presentes entre el ojo y las escamas supraoculares”[5].  Esta peculiaridad le ha provisto el nombre serpiente de pestaña o pestañuda.

Las hembras son más grandes, alcanzando unos 80 cm., aunque se han documentado excepcionalmente ejemplares de más de 90 cm. La cabeza de distingue claramente del cuello y la cola es prensil. Es arbórea y de hábitos nocturnos. Durante el día se enrolla y duerme. Se alimenta habitualmente de vertebrados: ranas, lagartijas, pequeños roedores, murciélagos y pájaros. No pone huevos: la hembra pare de 12 a 20 juveniles por vez. Es agresiva si se la ataca. Aunque su veneno se considera menos potente que el de la Bothrops asper (el barba amarilla o terciopelo), puede matar al ser humano[6].

Habita desde el norte de Chiapas, en el sur de México, hasta el norte de Sudamérica (incluso se ha encontrado un ejemplar en el extremo noroccidental de Perú[7]). En Centroamérica se la encuentra en bosques húmedos, nubosos y lluviosos hasta una altura de 1400 metros sobre el nivel del mar. En Sudamérica puede hallarse aún a mayor altura[8].

QUÉ SON LAS VÍBORAS DE FOSETAS Y CÓMO MATAN

La Bothriechis schlegelii pertenece a la familia Viperidae (a cuyos miembros se los llama vipéridos), y dentro de ella a la subfamilia Crotalinae, la de los crótalos o víboras de foseta. La palabra foseta deriva de la palabra foso y hace referencia a un orificio característico ubicado a cada lado de la cabeza, entre el ojo y el orificio nasal, siempre por debajo de la línea imaginaria que los une. Las fosetas son órganos con funciones termorreceptoras altamente sensibles que sirven para detectar presas de sangre caliente.

Las víboras atacan a sus víctimas en forma repentina, realizando dos acciones simultáneas: las muerden y les inoculan el veneno a través de sus colmillos. Esto se debe a su dentición solenoglifa: posee colmillos huecos plegables en la parte anterior de la boca. Los huecos en los colmillos tienen forma de cánulas (como caños diminutos), por eso se dice que son acanalados[9].

Salvo que sus víctimas sean pequeñas, luego de atacarlas las sueltan[10]. Las presas caen o mueren en las cercanías en un tiempo corto, debido a que el veneno que fluye por los colmillos produce en forma inmediata una gran destrucción de tejidos (necrosis) con dolor muy intenso en la zona de la mordida. Para hallar sus presas, las víboras vuelven a utilizar sus fosetas que, como brújulas, siguen el rastro de la temperatura corporal. Si las víctimas sobreviven, mueren pocas horas después por sangrado, debido a la hemotoxicidad que el veneno produce a nivel sistémico. La muerte solo puede evitarse mediante el uso de suero antiofídico aplicado en forma intravenosa antes de las cuatro horas de ocurrida la mordida.

En Centroamérica todas las víboras -incluyendo la Bothrops asper, conocida como barba amarilla o terciopelo[11], y las cascabel– pertenecen a la subfamilia Crotalinae. Nótese que las corales (género Micrurus), aunque venenosas no son verdaderas víboras pues pertenecen a la familia Elapidae[12]; no matan por sangrado, sino que debido a su neurotoxicidad producen parálisis respiratoria.

A excepción de la matabuey o matacaballo (Lachesis muta), que es ovípara, todos los vipéridos son vivíparos (paren a sus crías completamente desarrolladas)[13].

PRECAUCIONES

Debido a que reposan durante el día sobre árboles y que los ejemplares con base verde oliva se camuflan perfectamente entre las hojas, conviene evitar apoyarse sobre troncos y ramas en lugares donde esta especie ha sido vista. Por sus hábitos arbóreos, las zonas de mayor riesgo de mordedura son manos, brazos, cuello y cabeza, aunque no existen registros estadísticos formales[14].

NOMBRES POPULARES DE LA BOTHRIECHIS SCHLEGELII

Algunos nombres populares que recibe: víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, bocaracá, toboba de pestaña, cantil de pestañas, chajbolay, víbora del árbol, carretilla, colgado, cucupal. Nombres exclusivos para color amarillo: oropel, yema de huevo, víbora amarilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] En Costa Rica según el Dr. Jay M. Savage, se suele llamar oropel a las color amarillo y bocaracá al resto.

[2] En Honduras el patrón amarillo es poco común, no así, por ejemplo, en Costa Rica

[3] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.725

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.295

[5] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.487

[6] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012, p.26

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.491

[8] Köhler, Gunther, Op. cit., p.296

[9] Marineros, Leonel, Op. cit., p.32

[10] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.31

[11] Ver nuestro artículo “Bothrops asper (barba amarilla), la serpiente más temida de Centroamérica, https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2015

[12] Ver nuestro artículo “Micrurus nigrocinctus, la coral más famosa de Centroamérica”,  https://pablobedrossian.com/2016/12/16/micrurus-nigrocinctus-la-coral-mas-comun-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2016

[13] Köhler, Gunther, Op. cit., p.291

[14] Dugas, Raymond; Vásquez Almazan, Carlos Roberto; Avendaño, Chaquín; Marroquín, Marta Lidia, “Manual para la identificación, prevención y tratamiento de mordeduras de serpientes venenosas en Centro América, Volumen I: Guatemala”, Organización Panamericana de la Salud, p.36


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SPILOTES PULLATUS: LA “MICA”, LA SERPIENTE TIGRE AMERICANA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

La Spilotes pullatus, popularmente conocida como mica, es una de las serpientes de mayor tamaño de Centroamérica, pudiendo alcanzar los 2,65 metros. Pero no solo es de las más grandes sino de las más bellas: su color negro con manchas o bandas amarillas en patrones cambiantes, le da un aspecto atigrado que la hacen fácilmente reconocible.

Es la única especie del género Spilotes. Algunos la llaman también zumbadora, pero es un nombre que en popularmente se asigna a diversas especies. No es venenosa. Se la encuentra de México a la Argentina en zonas que van desde el nivel del mar hasta los 1500 metros sobre el nivel del mar, en bosques tropicales y subtropicales lluviosos, húmedos y secos.

Su cabeza es alargada y se distingue del cuello mientras el cuerpo es relativamente delgado (más delgado que el de una boa, más grueso que el de una oxybelis o bejuquilla) y posee una larga cola. Por debajo, el color es amarillo pálido, a veces con manchas negras.

Sus pupilas son redondas. Para los que aprecias datos más técnicos, poseen escamas dorsales en números pares de filas (de 14 a 20) en la mitad del cuerpo[1].

Suele ser un animal tranquilo, que no agrede y solo se reacciona si de lo ataca, pudiendo dar golpes indoloros con su cola[2]. Puede nadar en ríos. Ante la presencia humana, especímenes que se arrastraban por el suelo o cruzaban carreteras se paralizaron y retorcieron sus cuerpos en lugar de tratar de escapar[3]. Sin embargo, parece ser que su principal defensa consiste en inflar grandemente su cuello[4].

Está activa durante el día; posee hábitos terrestres y arbóreos. Las dos ocasiones que hemos visto apareamientos ha sido en ramas altas de árboles grandes. Ovípara, coloca de 7 a 25 huevos[5]; las crías nacen casi dos meses después[6].  

La Spilotes pullatus se alimenta de pájaros, huevos de aves y pequeños mamíferos; el Dr. Gunther Köhler ha documentado en el Volcán Mombacho, Nicaragua, un ejemplar comiendo un juvenil de puercoespín[7]; las crías, en cambio, comen principalmente ranas y lagartijas[8].

Personalmente he visto una docena de ejemplares; la mitad muerta por la acción humana que destruye lo que desconoce. Tanto creencias populares como la falta de instrucción llevan a creer a muchos campesinos e incluso a personas en áreas urbanas que las micas son venenosas.

CÓMO DIFERENCIARLAS

Escribe el Dr. Jay M. Savage que algunos pueden confundirla con la Chironius grandisquamis debido a que algunos adultos de Spilotes pullatus son completamente negros (algo que nosotros nunca hemos observado).

Chironius grandisquamis

Para diferenciarlas, sugiere contar y observar las escamas: Spilotes pullatus cuenta con escamas dorsales distribuidas uniformemente en 14 a 20 filas en la mitad del cuerpo, mientras que en la Chironius grandisquamis las escamas dorsales están dispuestas oblicuamente en diez filas en la mitad del cuerpo, y, como máximo, solo las seis a ocho filas superiores se encuentran anilladas[9].

Chironius grandisquamis. La cabeza se encuentra en el cuadrante inferior derecho

Cuidemos nuestra biodiversidad. Recordemos que las micas son totalmente inofensivas.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.686.

[2] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.116

[3] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.204

[4] Savage, Jay M., Op. cit. p.687

[5] El Dr. Jay M. Savage dice ponen de 7 a 10 huevos

[6] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.260

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.260

[8] Marineros, Leonel, Op.cit., p.116, citando a Mehrtens (1987),

[9] Savage, Jay M., Op. cit. p.686


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CORYTOPHANES CRISTATUS, UNA CURIOSA “IGUANA DE CASCO” (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Conocido también como turipache o iguana de casco, Corytophanes cristatus es pariente de los basiliscos. Como ellos, tiene un cuerpo alargado con una extensa cola y se caracteriza por una larga y delgada cresta central, de gran altura en las zonas cefálica y cervical (por eso se llama “iguana de casco” o “de yelmo”) que en el dorso se vuelve mucho más corta y decrece hacia la pelvis.

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Los machos tienen una longitud hocico cloaca habitual de 120 mm, pero con la cola llegan a 360 mm. Se diferencian de las hembras por tener un “casco” más grande, la cabeza algo más voluminosa y la base de la cola más ancha. Además, Las hembras son algo más pequeñas. En ambos sexos la cola representa del 65% al 72% de la longitud total[1].

Una característica peculiar de los turipaches es su capacidad de variar el color según su estado de ánimo, pasando del marrón o café al verde olivo con manchas o bandas transversales oscuras[2].

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Habitan desde México hasta el noroeste de Colombia preferentemente en bosques húmedos tropicales y subtropicales. Se los encuentra desde nivel del mar hasta una altura de 1640 metros. Son arbóreos y se nutren de artrópodos e insectos, aunque aparentemente no se alimentan en forma regular debido a que la ingestión de una presa promedio les aporta más calorías de las necesarias para mantenerse un día[3]. Se ha documentado la ingestión ocasional de pequeñas lagartijas del género Anolis. Su temperatura corporal es de 26º C[4]. Son ovíparos, poniendo de 4 a 11 huevos que pesan de 2 a 4 gramos.  El tiempo de incubación es muy variable -de 60 a 155 días- y depende de la temperatura. Al nacer miden de 57 a 75 mm con una longitud hocico cloaca de 25 a 30 mm[5].

Una conducta curiosa es que se mantienen aferradas en forma vertical a alguna rama, posando con la cabeza hacia arriba durante horas; descienden solo para buscar comida en el suelo. Nosotros hemos podido aproximarnos a pocos centímetros de un ejemplar cuyo único movimiento fue rotar levemente su posición en la rama que le servía como eje. En el piso, tal como sus “primos” los basiliscos, con frecuencia adquieren la posición erecta y caminan en dos patas.

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Ante la amenaza de un depredador su primera defensa es el camuflaje que obtiene al modificar su color; la segunda es una suerte de rigidez cataléptica para pasar inadvertido. Si la amenaza persiste, el Corytophanes cristatus se excita y sacude la cabeza hacia arriba y abajo. Si todas estas tretas fallan, ataca y muerde [6].

Recibe diversos nombres. Por ejemplo, en inglés se lo menciona como Casque-headed Lizard, Helmeted Basilisk, Casque-headed Basilisk, Old Man Lizard, Smooth Helmeted Iguana o directamente Helmeted Iguana. En español también se lo llama camaleón de casco, turipache cabeza lisa​, cutete de montaña, cutete de hacienda e incluso perro zompopo.

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En México y el norte de Centroamérica hay dos especies más: en el extremo sudoccidental de México, en Guatemala y en El Salvador se puede hallar el Corytophanes pericarinatus y en sur de México, Guatemala y Belice el Corytophanes hernandesii, cuyos “cascos” son diferentes. Ell Corytophanes cristatus es, por mucho, el que posee la mayor extensión territorial.

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REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.432

[2] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.124

[3] Andrews, Robin M., “The Lizard Corytophanes cristatus: An Extreme ‘Sit-and-Wait’ Predator”, Biotropica, The Association for Tropical Biology and Conservation, Vol. 11, No. 2, June, 1979, p.137

[4] Andrews, Robin M., Op. cit., p.137

[5] Köhler, Gunther, Op. cit. p.125,126

[6] Savage, Jay M., Op. cit. p.433


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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LAS 7 IGUANAS DE HONDURAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

En Honduras se han descrito siete especies de iguanas; solo una pertenece al género Iguana, la que se conoce popularmente como iguana verde, cuyo nombre científico -y no hay error al repetirlo- es Iguana iguana. Las otras seis corresponden al género Ctenosaura, y son consideradas genéricamente como iguanas negras.

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Las especies más comunes son la mencionada iguana verde y el garrobo gris o café, cuyo nombre científico es Ctenosaura similis. Ambas se encuentran ampliamente distribuidas por todo el país. Las otras parecen tener localizaciones específicas. Los invito a descubrirlas.

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IGUANA IGUANA (IGUANA VERDE, EN INGLÉS GREEN IGUANA)

La iguana verde es un reptil que habita desde México hasta el norte de Argentina, Paraguay y el sur del Brasil. Se caracteriza por su color intensamente verde, que les permite camuflarse, aunque en Honduras los machos adultos pueden tomar un color más pálido, cercano al ocre.

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Su gruesa piel está cubierta por diminutas escamas. Poseen un cuerpo alargado con patas cortas, que terminan en cinco dedos con garras en cada una. Uno de sus rasgos más distintivos es la presencia de una escama grande circular cerca de la boca; Además la cola es más larga y lisa que en los Ctenosaura.

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El macho es más grande que la hembra y tiene una cresta mucho más notoria, al igual que la papada que crece a lo largo de los años. Se dice que de la cabeza a la cola pueden medir cerca de dos metros, pero publicaciones científicas sostienen que su longitud hocico-cloaca llega hasta 550 mm[1]. Si bien son de las iguanas mayor tamaño, la más larga que hemos visto en Honduras medía menos de metro y medio.

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Prefieren las tierras bajas, cerca de cursos de agua. Son arbóreos, aunque también se arrastran por el suelo. Los juveniles suelen encontrarse a baja altura y en arbustos y los adultos en las copas de los árboles. Se alimentan de hojas y son grandes nadadoras. Donde vivimos, Residencial Campisa, en San Pedro Sula, cuando sienten la presencia humana suelen arrojarse desde los árboles a la laguna si sufrir perjuicio alguno.

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Köhler, basado en observaciones de otros investigadores, menciona que al llegar la temporada seca las hembras cavan un agujero en la tierra que puede tener de 30 cm a 2 metros de profundidad, donde desovan entre 20 y 60 huevos. Las crías nacen tres meses después, al inicio de la época lluviosa.

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En Centroamérica hay dos subespecies. En Honduras se encuentra la rhinolopha, mientras que la otra habita desde Costa Rica hacia el sur.

LOS CTENOSAURIOS

Como hemos dicho, las otras seis especies pertenecen al género Ctenosaura, y son agrupadas como iguanas negras, aunque no en todas predomina ese color. Estas especies habitan en tierras bajas de México y Centroamérica hasta Panamá, en algunas islas del Pacífico cercanas a las costas de dichas regiones y también en islas del Mar Caribe.

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Todas son ovíparas. Eligen lugares expuestos donde, utilizando un sistema de hoyos y túneles, desovan de 5 a 15 huevos en las especies pequeñas y de 20 a 88 huevos en el caso de C. similis[2]. El periodo de incubación es de aproximadamente tres meses.

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Todos los Ctenosaura (salvo el bakeri) presentan al nacer un color verde intenso que podría mover a un observador sin experiencia a confundirlos con una iguana verde. Sin embargo, la iguana verde se diferencia por esa gruesa escama redondeada cerca de la boca que mencionamos y porque su cola es lisa.

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Al crecer, los juveniles toman un color marrón grisáceo o café; alcanzan su madurez sexual a los dos o tres años.

CTENOSAURA SIMILIS (GARROBO, EN INGLÉS SPINY-TAILED IGUANA)

Su color es café claro, a veces virando hacia un tono anaranjado, con franjas oscuras en el dorso. Como describe su nombre en inglés poseen una cola con espinas y en anillos. Los machos son más grandes, pudiendo medir del extremo de la cabeza hasta el final de la cola hasta 1,3 metros (longitud hocico-cloaca hasta 489 mm). Además, poseen una cresta muy notable en su dorso con aspecto de espinas pero suaves al tacto, cabeza ancha y mandíbulas fuertes.

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La hembra es más pequeña y de cabeza angosta.

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Es común verlos arrastrarse por el suelo o treparse a un árbol para esconderse en alguno de sus huecos. Pueden desplazarse a gran velocidad. Expresan su sensación de amenaza o enojo con una secuencia de movimientos de ascenso y descenso de la cabeza.

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Hemos filmado dos veces a machos luchando; en uno de los casos una hembra observaba tranquilamente el combate.

CTENOSAURA MELANOSTERNA (JAMO, JAMO NEGRO, EN INGLÉS BLACK-CHESTED SPINY-TAILED IGUANA)

Esta especie tiene una distribución restringida: Es endémica del valle del río Aguán y de los Cayos Cochinos, ubicados en el Caribe hondureño. En la zona de Olanchito, Yoro, se celebra una fiesta que lleva su nombre, “La fiesta del jamo”. Su existencia está amenazada tanto por el consumo de su carne, considerada por algunos un manjar, como de sus huevos.

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Aunque algunos puedan confundirlos con los garrobos, son portadores de algunas marcas de campo particulares: color más oscuro con franjas grises y negruzcas, ojos anaranjados y en los machos una enorme papada.

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Más pequeñas que la I. iguana y el C. similis, su longitud hocico-cloaca alcanza los 310 mm. Aunque solo es producto de observaciones aleatorias y no de una medición rigurosa, todos los ejemplares que hemos visto en los Cayos Cochinos son más grandes que los que vimos en el valle del Aguán.

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Recién en 1997, las investigaciones de Buckley & Axtell demostraron que se trataba de una especie independiente. Hasta esa fecha se pensaba que estos especímenes correspondían a Ctenosaura palearis.

CTENOSAURA OEDIRHINA (IGUANA NEGRA DE ROATÁN, EN INGLÉS ROATAN SPINY-TAILED IGUANA)

Esta especie, que también recibe los nombres en inglés de De Queiroz’s Spiny-tailed Iguana y Wishywilly, vive exclusivamente en la isla de Roatán, la más grande de las tres Islas de la Bahía (Bay Islands en inglés) en el Caribe hondureño. Fue descrita como una especia propia en 1987 por Kevin de Queiroz.

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Estas iguanas se reconocen por su color negro con franjas gris oscuras. Tienen el hocico más redondeado debido a que la cápsula nasal está inflada[3] (su nombre oedirhina traducido del griego al castellano significa nariz hinchada).

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Viven en manglares y bosques secos. Está amenazada por la destrucción de su hábitat, la caza furtiva y el tráfico de mascotas.

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CTENOSAURA BAKERI (IGUANA NEGRA DE UTILA, EN INGLÉS UTILA SPINY-TAILED IGUANA O SWAMPER)

Esta especie es endémica de la isla de Utila, la más pequeña de las tres islas de la Bahía (49 km2) y la más cercana al continente. A estas iguanas también se las conoce como swampers, wishywilly o garrobos de Utila por su coloración oscura. No existen en ninguna otra parte del mundo, salvo que sea como mascotas traficadas ilegalmente.

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C. bakeri fue descrita como una especie hace más de un siglo, en 1901, por el noruego Leonhard Stejneger, que era investigador del Smithsonian Institute. Por ello ha sido mejor estudiada que otras especies de identificación más reciente. Se trata de iguanas pequeñas. Los machos, de la cabeza a la cola pueden alcanzar los 76 cm; las hembras son más pequeñas[4] (Su longitud hocico-cloaca llega hasta 300 mm). Como ya hemos dicha, es la única especie de Ctenosaura en Honduras que al nacer no es de color verde.

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En la misma isla coexiste con I. iguana y C. similis. La competencia con estos, más grandes y agresivos, parece ser la causa por la cual estas iguanas negras viven exclusivamente en una zona pantanosa poblada de manglares, en un área estimada de 8 km2. Son muy territoriales, al extremo que habitan el mismo sitio (un hoyo de un árbol o una depresión de un árbol hueco) durante muchos años[5].

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Las iguanas adultas son estrictamente arbóreas. Sólo durante la temporada reproductiva dejan su “casa” yendo hasta las pocas playas de arena que Utila tiene, donde colocan sus huevos en túneles excavados por ellas mismas. No se sabe cómo estas hembras son capaces de navegar hasta un kilómetro de regreso a “su” árbol después de que los huevos han sido puestos.

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Gracias al esfuerzo del herpetólogo Gunther Köhler, que a principios de los ’90 encontró casi extinta a la C. bakeri, se creó en 1997 Iguana Research & Breeding Station (IRBS), un ente autónomo dedicado a la conservación de esta especie.

CTENOSAURA PRAEOCULARIS (EN INGLÉS SOUTHERN HONDURAN SPINY-TAILED IGUANA O HONDURAN CLUB TAIL IGUANA)

Esta especie fue descrita recientemente, en 2009, por Carlos Roberto Hasbún y Gunther Khöler. Su hábitat se localiza en la vertiente Pacífica del sureste de Honduras (Departamentos de Francisco Morazan y Choluteca). El nombre praeocularis, que combina las palabras latinas prae (antes) y oculus (ojo), se asignó debido a unas escamas preoculares que son exclusivas de la especie.

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En las zonas vecinas se encuentran otras dos especies: Ctenosaura flavidorsalis (suroeste de Honduras, El Salvador y sureste de Guatemala) y Ctenosaura quinquecarinata (Nicaragua y Costa Rica). Difiere de ellas en varias características de escamación, coloración y osteológicas[6].

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Los especímenes son de tamaño pequeño en comparación con las mencionadas precedentemente. Su longitud hocico-cloaca máxima que se ha encontrado es de 168 mm. La mayoría de los rasgos que permiten diferenciarlas de las iguanas de zonas vecinas son imperceptibles para quien no es especialista, pero hay detalles interesantes; por ejemplo, que no presentan papada y poseen una tonalidad amarillenta, además de una cola espinosa.

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Los ejemplares al momento de ser hallados se encontraban en huecos de árboles a no más de 2 metros del suelo, en un medio dominado por arbustos y árboles.

CTENOSAURA FLAVIDORSALIS (RUMIA, EN INGLÉS YELLOW-BACKED SPINY-TAILED IGUANA)

Esta iguana fue descrita en 1994 por Khöler y Klemmer, en el departamento de La Paz, Honduras. Hoy se sabe que hay poblaciones aisladas de esta especie desde el este de Guatemala hasta el este de El Salvador y al sudoeste de Honduras, en el valle de Comayagua[7].

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Estas pequeñas iguanas miden de la cabeza a la cola 40 cm. (longitud hocico-cloaca llega hasta 170 mm). Tienen la cabeza claramente separada del cuello. En lugar de papada presentan un pliegue transversal hendido[8] y la piel en la región del cuello muy flexible. Además, tienen una extensa cresta y la cola es sumamente espinosa. En cuanto al color, en los machos se mezclan franjas oscuras con amarillo o suave anaranjado, mientras que en los especímenes juveniles y en la mayoría de las hembras son predominan tonalidades grises o cafés brillantes, aunque en ocasiones pueden ser oscuras. Su nombre proviene del latín (flavus significa amarillo y dorsalis, dorso o espalda).

Habitan en bosques tropicales secos y formaciones de bosque seco subtropical. Son principalmente terrestre y su hábitat preferido es el terreno rocoso. Las grietas y los agujeros se usan como refugios.

Se cree que hay unos 2,500 ejemplares maduros, en unas 20 poblaciones aisladas. La deforestación, la quema regular de su hábitat y el uso de su carne localmente como alimento son sus mayores amenazas. Ninguna ley los protege.

CONCLUSIONES

Hasta la fecha se conocen siete especies de iguanas en Honduras. Al conocimiento tradicional de la Iguana iguana y Ctenosaura similis, en 1901 se añadió Ctenosaura bakeri. Pasaron 86 años para que se identificara una nueva especie endémica de Honduras: en 1987 se demostró que la iguana negra que habitaba Roatán era una especie independiente, y fue denominada Ctenosaura oedirhina. A partir de allí se sucedieron tres nuevos hallazgos: Ctenosaura flavidorsalis en 1994, Ctenosaura melanosterna en 1997 (que hasta esa fecha se consideraban C. palearis, una especie que habita en el valle del Río Motagua en Guatemala) y finalmente Ctenosaura praeocularis en 2009. Aunque es difícil que se identifique una nueva especie, no parece imposible. Mientras tanto sigamos protegiendo las siete iguanas de Honduras y disfrutando de su belleza.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


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REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.134

[2] Köhler, Gunther, Op. cit., p.127

[3] De Keiroz, Kevin, “A New Spiny-tailed Iguana from Honduras, with Comments on Relationships within Ctenosaura (Squamata: Iguania)”, Copeia, American Society of Ichthyologists and Herpetologists, December 1987, p.892-893

[4] Sosa, Arturo, “Iguana Station”, http://www.hondurastips.hn/2010/10/04/iguana-station/ Si bien no es un artículo científico contiene información muy útil acerca de la historia natural de esta especie y su conservación.

[5] Goetz, Matthias, “Ctenosaura bakeri, Husbandry Guidelines and Bibliography”, Durrell Wildlife Coservation Trust, Mayo 2006, p.3

[6] Hasbún, Carlos Roberto y Gunther Khöler, “New Species of Ctenosaura (Squamata, Iguanidae) from Southeastern Honduras”, Journal of Herpetology, Society of Amphibians and Reptiles, Vol.43, Nº2, 2009, p.192

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.128

[8] Köhler, Gunther & Konrad Klemmer, “Eine neue Schwarzleguanart der Gattung Ctenosaura aus La Paz, Honduras”, Revista Salamandra, vol. 30, n. 3, 1994, p.201


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de:

1. Las fotos de Ctenosaura praeocularis, compartidas por Carlos Roberto Hasbun y usadas con su permiso.

2. La foto de Ctenosaura flavidorsalis, tomadas por el Dr. Gunther Köhler y descargada del sitio https://www.arkive.org/yellowback-spiny-tailed-iguana/ctenosaura-flavidorsalis/image-G73315.html


AGRADECIMIENTOS

A Leonel Marineros por ser el primero en enseñarme a distinguir las especies de iguanas de Honduras hace muchos años.

Al Dr. Gunther Köhler, a quien conozco solo por correo electrónico, por sus aportes al conocimiento científico de la herpetofauna centroamericana. Hemos tomado una foto suya sin su permiso, confiando en que no se opondrá, pues nuestro propósito exclusivo es poner la biodiversidad hondureña al alcance de todas las personas.

A Carlos Roberto Hasbún, quien junto al ilustre Dr. Gunther Köhler identificó la Ctenosaura praeocularis, por los artículos y fotos que me compartió y permitió publicar.

Al Dr. Juan Ramón Collart, quien gentilmente me compartió y permitió publicar una de sus fotos de Ctenosaura bakeri en la versión original de este artículo, que posteriormente sustituí por fotos que tomé en los pantanos Utila y en Iguana Station.

A Joel Amaya por su experiencias con fauna en las Islas de la Bahía y su disposición a colaborar con este artículo.

LA BOA ROSADA DE LOS CAYOS COCHINOS HONDUREÑOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

La Boa constrictor es una de las serpientes más famosas del mundo, tanto por su amplia distribución, que va desde el norte de México a la Argentina, como por su impactante tamaño, que puede superar los cuatro metros. Sin embargo, sorprende la escasa difusión que ha tenido la boa rosada de los Cayos Cochinos hondureños, una serpiente que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Aún no se sabe si se trata de alguna subespecie, una alteración fenotípica debido a la alimentación o si estamos ante la eventual presencia de una nueva especie.

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Tuvimos oportunidad de visitar los Cayos Cochinos en el Caribe hondureño en dos ocasiones. Son dos pequeñas islas, el Cayo Mayor o Grande y el Cayo Menor, que vistos desde el mar parecen dos tortugas dormidas debido a la forma de sus cerros cubiertos de espesa vegetación. Alrededor de ellos hay 13 pequeños islotes. Su superficie terrestre total es de unos 2 km²; la población total de ambos cayos es menor a 200 habitantes. Para llegar en lancha hay que navegar unos 45’ desde la costa norte hondureña.

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LA BOA ROSADA

No es difícil ver serpientes allí. Durante mi última visita -que insumió dos días enteros- observé seis boas rosadas el primer día y dos el segundo. A simple vista se advierten dos grandes diferencias con la Boa constrictor que habita en el continente. La primera es su tonalidad, sustancialmente más clara: un tono grisáceo rosado por el que recibe su nombre. La segunda es el tamaño, mucho más pequeño. La hembra llega a medir hasta 120 cm. y el macho casi un metro.

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En 1991 Price y Russo sugirieron que las boas de menor tamaño, tanto de Cayos Cochinos como de Islas de la Bahía, podrían ser de una especie diferente a la constrictor. ¿Tenían razón? Es un tema que aún se discute. James McCranie, autor de la obra más actualizada y completa de serpientes de Honduras, menciona que Boback y Carpenter en 2007 demostraron que las notables diferencias de tamaño y la forma de la cabeza entre las poblaciones de Boa constrictor de los cayos de Belice y las continentales eran una adaptación a las fuentes de alimentos disponibles. Concluye que, siendo Belice un país cercano, probablemente el mismo factor influya en las boas de Cayos Cochinos[1]. Aunque no hay evidencia, podemos sospechar que también el color tiene como causa a la misma razón.

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Montgomery, Boback y colaboradores consideran a la boa rosada una Boa constrictor de la subespecie imperator, pero enana. Cuentan, además, que debido a su color y docilidad, (son mucho menos agresivas que las boas continentales) el brutal tráfico como mascotas las puso al borde de la extinción. Mencionan que a principios de los ’90 Wilson y CruzDiaz, en un viaje de exploración herpetológica de cinco días, no encontraron un solo ejemplar[2]. La historia cambió con la llegada en 1994 de lo que hoy es la Fundación Cayos Cochinos y la elevación de su estatus como área protegida en 2003 a Monumento Natural Marino del Archipiélago de Cayos Cochinos. Según la misma publicación, en 2015 la población había crecido a cerca de 3,000 boas rosadas, sumados ambos cayos.

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REPRODUCCIÓN

Las Boa constrictor no ponen huevos: son vivíparas, pariendo de 10 a 64 crías cada vez, generalmente en los meses que van de marzo a agosto. El biólogo Leonel Marineros en su libro “Serpientes de Honduras”, cita el testimonio de Adonis Cubas, quien trabajó en la estación científica, que encontró entre marzo y julio boas rosadas recién nacidas refrescándose en riachuelos de ambos cayos[3]. Quizás la coincidencia se deba a que pertenecen a la misma especie.

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En la actualidad hay acuerdo general en que la boa rosada de los Cayos Cochinos forma parte de las Boa constrictor; esperamos que próximamente mediante la identificación de su genotipo esta presunción se valide; en caso de confirmarse, se defina si es o no una subespecie. Mientras tanto, y prescindiendo de su clasificación, seguirá siendo una belleza natural exclusiva de los Cayos Cochinos digna de admirarse.

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BONUS 2: RECOMENDADOS

Si desea conocer más de los Cayos Cochinos lo invitamos a leer nuestro artículo: “Una visita al paraíso: Los Cayos Cochinos” haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/02/22/una-visita-al-paraiso-los-cayos-cochinos-por-pablo-r-bedrossian/

Si desea saber más de los reptiles de los Cayos Cochinos lo invitamos a leer nuestro artículo: “Anolis allisoni: La lagartija de cabeza azul” haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/04/21/anolis-allisoni-la-lagartija-de-cabeza-azul-de-los-cayos-cochinos-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.63

[2] Montgomery, Chad E., Boback, Scott M. y otros colaboradores, “Cayos Cochinos Boa, Boa constrictor imperator”, Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora (CITES), Tel Aviv, Twenty-eighth meeting of the Animals Committee, Tel Aviv (Israel), 30 August-3 September 2015, AC28 Inf. 7, p.1

[3] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.43


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UNA BOA CONSTRICTOR COMIENDO UNA IGUANA GRIS (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Una de las serpientes más famosas del mundo es la Boa constrictor. Esa popularidad quizás se deba a su amplia distribución, que va desde el norte de México a la Argentina, y a su impactante tamaño, que puede alcanzar unos cuatro metros.

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En Campisa, San Pedro Sula, Honduras, donde resido, he visto personalmente más de veinte ejemplares en estado natural, algunos de más de dos metros. No solo sorprenden por su longitud sino por su grosor. Su ancho cuerpo cilíndrico les permite comprimir mortalmente a sus presas gracias a la fuerza provista por robustos anillos musculares. El nombre constrictor precisamente se deriva de su capacidad de matar por estrangulamiento.

UNA BOA COMIENDO UNA IGUANA

En una ocasión, mientras almorzaba sonó el teléfono. Un vecino me sugirió.

– Véngase pronto, hay una boa comiéndose un garrobo.

Tardé cinco minutos en llegar hasta el lugar. Allí encontré una Boa constrictor devorando – en realidad, engullendo, porque no mastican- un Ctenosaura similis, una iguana gris o iguana café de cola espinosa, conocida en inglés como Spiny-tailed Iguana.

Pude registrar el momento en video:

ACERCA DE LA BOA CONSTRICTOR

La Boa constrictor es una serpiente de color marrón o café claro cubierto por 17 a 29 manchas ovaladas color café oscuro. Pese a que la cabeza se destaca claramente del cuerpo y su pupila es elíptica, no es venenosa. Suele presentar un triángulo oscuro (o una franja) con vértice en el ojo que se extiende hacia el ángulo de la boca. La cola es relativamente corta. Las escamas superiores de la cabeza suelen ser más pequeñas o iguales que las del dorso.

No pone huevos: es vivípara, pariendo de 10 a 64 crías por vez, generalmente de marzo a agosto. Las boas recién nacidas miden cerca de medio metro y pesan unos 50 gramos[1].

Copy of P1230755Vive desde el nivel del mar hasta 1370 metros[2], en hábitats boscosos muy diferentes y también en manglares. De hábitos nocturnos, a veces se las observa activas de día. Pueden encontrarse sobre la tierra, en zonas cubiertas por abundante hojarasca o en ramas de árboles grandes, donde suelen esconderse en alguno de sus huecos.

Su dieta es variada: reptiles, aves y mamíferos pequeños. Cuando se sienten amenazadas adoptan una posición defensiva, bufando con el hocico abierto. Pueden morder causando heridas dolorosas y sangrantes debido a sus numerosos y poderosos dientes. Al cazar ratones, arañas y otros animales evitan plagas y contribuyen a preservar el medio ambiente.

OTROS NOMBRES POPULARES

En Centroamérica, según la región, se la llama boa, boba, mazacuate, mazacuata, tragavenados, waula (en lengua miskita) o matacaballos. Algunos de estos nombres se utilizan también en zonas de Sudamérica, donde también hay quienes la conocen como mantona, tragavenao, jiboia y lampalagua.

LA BOA ROSADA

Finalmente, en los Cayos Cochinos, un conjunto de islotes del Caribe hondureño, existe una variedad más pequeña de Boa constrictor de color rosado pálido, conocida como boa rosada. Personalmente he llegado a ver seis en ese lugar en un mismo día. Aún se discute si su coloración se debe a cuestiones genéticas o alimenticias.

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REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.175

[2] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.63


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BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

LAMPROPELTIS ABNORMA, LA MÁS BELLA FALSA CORAL DE CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA     

Como argentino llegado a estas tierras morazánicas, debo confesar que una de las serpientes que más me ha impresionado es una de las falsas corales centroamericanas, la Lampropeltis abnorna. Esta culebra suele confundirse con una coral verdadera a causa del intenso color de sus anillos. El género Lampropeltis se encuentra desde el este de Canadá y casi todos los Estados Unidos hasta Venezuela, Colombia y Ecuador en Sudamérica.

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La más conocida es la Lampropeltis triangulum de la que se conocen más de 20 subespecies e incluso hay hermosos casos de albinismo[1]. En inglés se la conoce como milk snake y en español como falso coral[2]. Forma parte de la familia Colubridae, de donde deriva la palabra culebra, que incluye a casi todas las serpientes inofensivas, pues no es venenosa.

Algunas subespecies propias del sur de México y Centroamérica han sido agrupadas y elevadas recientemente a la categoría de especie[3], bajo el nombre Lampropeltis abnorma[4]. De hecho, la palabra abnorma en latín (que es el idioma de los nombres científicos) hace referencia a una desviación de tipo.

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La Lampropeltis abnorma presenta dos tipos de patrones de colores: uno bicolor, rojo y negro, y otro tricolor, rojo, negro y amarillo[5], que, en realidad, suele ser una tonalidad salmón.

HÁBITOS DE LA LAMPROPELTIS ABNORMA

Se la encuentra desde el nivel del mar hasta una altura de 1600 metros. Aunque tiene hábitos diurnos, es más frecuente encontrarla durante la noche. Se la puede encontrar en hábitats muy variados, tales como bosques, sembradíos, pastizales, cerca de arroyos o sorprendernos cruzando una carretera. McCranie cuenta que Meyer en 1969 reportó una nadando por la noche en un campo inundado. Un ejemplar juvenil que observamos aquí en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, estaba ascendiendo entre los ladrillos de una pequeña construcción cerca del mediodía, mostrando una gran habilidad trepadora pese a ser una especie que vive en el suelo.

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Sus hábitos alimentarios son variados, pero como toda serpiente, es una especie carnívora por excelencia. Su dieta varía con su edad y su talla. Se alimenta de lagartijas, serpientes, ranas, huevos de reptiles, roedores así como aves y sus huevos.

Son ovíparas. Fitch en 1985 describió que hacen ovoposiciones de 3 a 9 huevos[6]; Kohler sostiene que la cantidad puede ser mayor, de 4 a 24, agregando que el tiempo de incubación es de dos meses[7]. Savage dice que ponen de 5 a 16 huevos, y que les toma de 35 a 50 días para llegar al nacimiento[8].

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Savage también cita un reporte de Guatemala donde se ha documentado que el Great Black Hawk (Buteogallus urubitinga, ave que en español eBird denomina Aguililla negra mayor), es depredador de este falso coral. También hallamos un artículo que lo incluye entre las presas para su alimentación reportadas en Guatemala del Herpetotheres cachinnans (Laughing falcon, también conocido popularmente como guaco), un pequeño halcón que se alimenta de serpientes[9]. Un biólogo nos comentó que en Honduras observó este mismo guaco levantar una Lampropeltis de aproximadamente un metro para llevarla a un árbol donde comerla.

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Aunque nos oponemos al uso de animales salvajes como mascotas (creemos que deben nacer, crecer, vivir y morir en libertad), mencionamos que La Lampropeltis abnorma se adapta bien al cautiverio, mientras tenga buenas condiciones de cuidado y dieta, un amplio terrario y suficiente agua.

 CÓMO DISTIGUIR ESTA FALSA CORAL DE UN VERDADERA

  1. Patrón de anillos

Comencemos con el patrón de tres colores[10]: mientras que en la Micrurus nigrocinctus, la coral verdadera más común, es el famoso RANA RANA (rojo, amarillo, negro, amarillo, rojo, amarillo, negro, amarillo), en la Lampropeltis abnorma es RNAN RNAN (rojo, negro, amarillo, negro, rojo, negro, amarillo, negro). Con frecuencia en lugar del amarillo la tonalidad es blancuzca. A veces el primer anillo blanco invade parte del negro.

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En el patrón de dos colores, desde luego, no tenemos una diferencia en la secuencia de las tonalidades de los anillos, lo que dificulta la identificación a simple vista. La diferencia que podemos señalar es que los anillos negros en la Lampropeltis abnorma suelen ir en pares y ser más anchos, acercándose más al tamaño de los rojos; en la Micrurus nigrocinctus son angostos, mucho más pequeños que los rojos.

Coral verdadera vs Falso coral 02.jpg

  1. Longitud

La Lampropeltis abonorma es más larga. Mientras que la coral verdadera mide cerca de un metro, esta falsa coral puede alcanzar el metro y medio. McCranie menciona que el ejemplar más grande que halló en Honduras medía 148 centímetros[11].

  1. Grosor y escamas del cuerpo

El cuerpo cilíndrico de la Lampropeltis abonorma es más grueso que el de la Micrurus nigrocinctus. Además, esta falsa coral tiene de 19 a 23 filas de escamas lisas a mitad del cuerpo mientras que la coral verdadera tiene 15.

  1. Anillo claro antes de los ojos

La Lampropeltis abnorma siempre tiene un anillo claro antes del ojo, la Micrurus nugrocinctus, no.

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5. Escamas entre los ojos y las fosas nasales

Hay otras diferencias más sutiles. Por ejemplo, la Micrurus nigrocinctus (coral verdadera) tiene dos escamas entre cada ojo y las fosa nasal respectiva y la Lampropeltis abnorma tres[12].

6. Otras diferencias

Consultamos a nuestro amigo, el biólogo Leonel Marineros, autor del primer libro de serpientes de Honduras. Nos explicó que una Lampropeltis abnorma en comparación con una Micrurus nigrocinctus “tiene una cola bicoloreada, la cabeza se distingue el cuello y el hocico es moderadamente más largo; en una Lampropeltis abnorma de dos colores (rojo y negro), los anillos que deberían ser amarillos se ven anaranjados; pero su mayor distinción, es un anillo amarillo (o naranja) antes del ojo”.

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ESPECIES SIMILARES

Puede confundirse con la Erythrolamprus bizona, otra especie cuya distribución va de Nicaragua a Colombia, que se considera un falso coral cuyo patrón de anillos también es RNAN RNAN. Lo mismo ocurre con la Erythrolamprus mimus, que se encuentra desde Honduras a Ecuador y Brasil.

Otra especie parecida es la Rhinobothryum bovallii, que se habita de Honduras a Colombia, Ecuador y Venezuela. La identificación en este caso es más sencilla debido a las grandes escamas negras que esta especie tiene en la cabeza.

VIDEOS

Presentamos algunos de los videos que hemos tomado de esta bella especie, todos ejemplares salvajes; nos oponemos a los animales en cautiverio.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

 


REFERENCIAS

[1] Obviamente no es un verdadero albinismo  sino más bien un alteración de la pigmentación.

[2] Hemos encontrado que recibe otros nombres populares como coral ratonera, serpiente rey, culebra real coralillo.

[3] Por ejemplo, “The snakes of Honduras”, de James R McCranie, que es la obra más reciente y completa sobre serpientes de Honduras, que es de 2011, sigue llamando a la especie Lampropeltis triangulum; en 2015, el mismo autor ya la denomina Lampropeltis abnorma en “A checklist of the amphibians and reptiles of Honduras, with additions, comments on taxonomy, some recent taxonomic decisions, and areas of further studies needed”. Zootaxa 3931 (3): 352–386

[4] Las subespecies que se incluyeron bajo la especie Lampropeltis abnorma se conocían como Lampropeltis triangulum blanchardi (península de Yucatán, México), Lampropeltis triangulum oligozona (Chiapas, México y sudeste de Guatemala), Lampropeltis triangulum abnorma (centro y norte de Guatemala, sur de Belice), la Lampropeltis triangulum hondurensis (zona norte de Honduras, Nicaragua y noreste de Costa Rica) y Lampropeltis triangulum stuarti, (zona sudoccidental de Guatemala, El Salvador, sur de Honduras y noroeste y centro de Costa Rica), esto según la base de datos: http://reptile-database.reptarium.cz/species?genus=Lampropeltis&species=abnorma&search_param=%28%28genus%3D%27lampropeltis%27%29%29 y “Reptiles de Centroamérica”, de G. Köhler.

[5] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, p.32, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.80-81

[6] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.136

[7] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.222

[8] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.666

[9] Costa Caldeira, Henrique, Lopes, Leonardo Esteves, Marçal, Bráulio de Freitas y Zorzin, Giancarlo, “The reptile hunter’s menu: A review of the prey species of Laughing Falcons, Herpetotheres cachinnans (Aves: Falconiformes)”, North-Western Journal of Zoology 10 (2), 2014 p.448

[10] Todos los ejemplares que ha visto el autor de esta nota son de tres colores.

[11] McCranie, James R., Op. cit., p.132

[12] McCranie, James R., Op. cit., p.36


AGRADECIMIENTOS

Al biólogo Leonel Marineros por su revisión, sugerencias y aportes a este artículo. Leonel Marineros es autor de “Guía de las serpientes de Honduras” y coautor de “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”. Sus contribuciones al cuidado y difusión de la biodiversidad hondureña son ampliamente conocidas y su generosidad en cada ocasión que lo he consultado ha sido extraordinaria. ¡Gracias, Leonel, por tu amistad!

A James Adams, del Pico Bonito Lodge de Honduras, por permitirnos utilizar la fotografía de la Lampropeltis abnorma de patrón bicolor. Sus continuos hallazgos en Pico Bonito son fascinantes.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002