LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

Jesús cargando la cruz 02

El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

Jesús cargando la cruz 03

Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

La Piedad (Miguel Angel) 03

La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 06

Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

JAN VAN EYCK: PASIÓN POR EL DETALLE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES MAESTROS DE LA PINTURA

Los primitivos pintores flamencos fueron un puente entre la oscuridad medieval y la luminosidad renacentista. A Jan van Eyck (1390 – 1441), uno de ellos, se atribuye la creación de la pintura al óleo[1]. Sin embargo, la trascendencia de este artista no proviene de su invención sino de su arte, reflejado magistralmente en sus obras. Le invito a conocer sus creaciones más importantes.

  1. LOS ARNOLFINI (1434)

Los Arnolfini 02

La primera noticia que tuvimos de este pintor que vivió y murió en Brujas, Bélgica, fue en un libro de viajes. Allí aparecía un cuadro que retrataba al próspero matrimonio Arnolfini, pintado por van Eyck en 1434.

Es una de las primeras pinturas que no abordan un tema religioso o de la antigüedad clásica. A la vez, es un símbolo del cambio sociopolítico que se había puesto en marcha: el paso del feudalismo, basado en el poder de las armas y en la economía agrícola, al predominio de las ciudades, cuya principal fuente de riqueza era el comercio.

Giovanni Arnolfini fue un importante mercader que estableció su base de operaciones en Brujas, ciudad del norte de Europa famosa por sus bellos canales, donde Van Eyck tenía su taller. Desde luego, la pintura fue un encargo del comerciante al artista.

Si bien no podemos detenernos en los numerosos detalles de la obra, vamos a señalar algunos que, para nosotros, revisten la mayor relevancia.

Hablemos primero de los protagonistas. Los magníficos atuendos muestran y representan su poderío económico y la consecuente elevación social. La dama, Giovanna Cenami, no está embarazada, sino que viste de acuerdo con los cánones estéticos de la época. Es admirable el grado de detalle que se observan en su tocado y pulseras, así como en los objetos representados detrás de ella

Los Arnolfini 10Su esposo le toma la mano con delicadeza.

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Simultáneamente hace un gesto con la mano derecha. Algunos piensan que es un juramento o promesa matrimonial. Sin embargo, no hay ninguna expresión de afecto entre los esposos que parecen mirar hacia abajo sin alegría.

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Sería casi un oxímoron decir que el perrito humaniza la imagen, pero tampoco puede afirmarse que rompe el severo momento. Más bien parece que, como mascota de la familia, comparte su misma inexpresividad.

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Pasemos al pintor. Retrata a los personajes posando con solemnidad, carentes de todo movimiento. Sin embargo, no es una escena aburrida. Nótese la magnífica textura y pliegues de las telas, resaltados por el contraste de los colores. La pintura al óleo permitió otorgar una intensa luminosidad a las distintas tonalidades. Esto también fue aprovechado por el pintor para darle más realismo a la obra a través de las sombras. Observe, por ejemplo, los pies del caballero o los zuecos en el piso.

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El espejo detrás, visto en una imagen ampliada, lleva en su marco diez escenas de la pasión mientras que en la superficie se reflejan dos personas y objetos de la sala. La tabla mide 80 cm. por 60 cm. lo que muestra una extraordinaria minuciosidad quirúrgica.

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Arriba del espejo, con bella caligrafía aparece la firma del pintor: dice allí “Johannes de Eyck fuit hic 1434” (“Jan van Eyck estuvo aquí en 1434”).

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  1. HOMBRE CON GORRO AZUL (1430)

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Cuatro años antes, Van Eyck había pintado su “Hombre con gorro azul”, también conocido como “Retrato de un orfebre” por el anillo que el joven sostiene en su mano derecha con el pulgar y el índice.

Hombre con gorro azul 03.jpgEs una obra de pequeño tamaño (22,5 cm. por 16,6 cm. con marco incluido) pero de singular belleza. A diferencia del cuadro anterior, parece una fotografía. Muestra el extraordinario dominio que Van Eyck posee de la técnica hiperrealista, novedosa para su tiempo. Toda la luz en concentra en el rostro y en las manos. El artista retrata cuidadosamente la barba incipiente, prolijas cejas y ojos cuya mirada parece proyectarse más allá del momento.

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El delicado tocado intensamente azul sobre el cabello contrasta con la oscuridad del fondo y del gabán, sirviendo de marco a la adusta cara iluminada. Todo el conjunto indica que se trata de un hombre de alta posición social, quizás un joyero, por el anillo.

Años después Van Eyck pintaría otro cuadro similar hiperrealista, “Hombre con turbante rojo”. Hombre con Gorro Azul, siendo una pintura de casi seiscientos años de antigüedad, se expone protegida de la luz. Un detalle curioso: en el ángulo superior izquierdo lleva la firma AD -agregada en 1493-, por lo que se atribuyó erróneamente a Albert Durero.

  1. RETRATO DE MARGARETA VAN EYCK (1439)

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Nueve años años más tarde de “Hombre con gorro azul”, Van Eyck retrató a su esposa Margareta. Aún en la última etapa de su vida Jan van Eyck se revela como un innovador pues es uno de los primeros casos -quizás el primero- en que un pintor famoso retrata a su propia esposa.

Margareta no es precisamente una mujer bonita. Sin embargo, está representada con mucho amor, algo que se advierte en la dignidad de sus rasgos y en el delicado trabajo de los adornos sobre su cabeza.

Por una convención social las mujeres casadas llevaban la cabeza cubierta[2]. Cuenta Blanche Payne en su “Historia del vestido” que a finales del siglo XIV la crispina, una redecilla de metal para limitar el cabello a ambos lados de la cabeza, se volvió un trabajo de joyería. A medida que las mujeres siguieron la moda de afeitarse frentes y cejas -algo que se observa en el retrato de Margareta- se fue agrandando la crispina -también llamada caul– a la altura de las sienes, tomando formas puntiagudas como cuernos. Nótese que un accesorio similar luce la dama en Los Arnolfini. Sobre este adorno se colocaba un rollo acolchado, a veces en forma de corazón, un velo o ambos, que se apoyaban en los alambres de aquella.

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En esta obra nuevamente la luz se concentra en el rostro enmarcado por la blancura del tocado, resaltado por el fondo oscuro y el saco de lana roja con forro de piel animal. En la base superior e inferior del marco, que es original, hay dos inscripciones “Mi esposo Johannes me lo terminó el 17 junio del 1439; mi edad es de treinta y tres años” y su lema personal “Hago lo mejor que puedo”.

  1. LA ADORACIÓN DEL CORDERO MÍSTICO (1432)

La Adoración del Cordero Místico 02Si usted vio la película “Los Hombres Monumento” (en inglés “The Monuments Men”) recordará la primera escena donde unos sacerdotes guardan apuradamente grandes piezas de madera con bellas pinturas. Ocultan nada menos que diversas partes de esta obra, también conocida como el Políptico de Gante, para evitar que caigan en manos nazis.

La Adoración del Cordero Místico es un retablo conformado por doce paneles de madera. Un retablo es una obra de arte con escenas bíblicas que se coloca detrás de un altar. Este retablo es un políptico: un cuadro compuesto de varias tablas pintadas. Está ubicado en la Catedral de San Bavón en Gante (Gent en flamenco), Bélgica. Mide 340 cm. por 440 cm; es plegable y se abre para mostrarlo en todo su esplendor a ciertas horas del día. Según consta en la propia pintura, esta magnífica obra fue iniciada Hubert van Eyck, hermano mayor del artista, fallecido en 1426, y completada luego por Jan.

Es una obra sumamente compleja, de la cual sólo podemos hacer una descripción somera.

El políptico cerrado tiene tres niveles. En el nivel superior muestra cuatro figuras. Las del centro son las sibilas Cuma y Eritrea. Se creía que estas profetizas a pesar de ser paganas habían anunciado el advenimiento de Cristo. A ambos lados están los profetas Zacarías y Miqueas. Las cuatro figuras observan a la Virgen María, ubicada en el nivel medio; sobre ella se posa el Espíritu Santo en forma de paloma mientras que el arcángel Miguel, en el mismo nivel pero lejano, también dirige su atención hacia ella.

La Adoración del Cordero Místico (cerrado) 01

En el nivel inferior se observan en ambos extremos a los donantes, Joos Vyd y su esposa; en el centro, pintadas como si fueran estatuas, Juan el Bautista, y al apóstol san Juan, el discípulo, autor de uno de los evangelios.

La Adoración del Cordero Místico (cerrado) detalle 01Al observarla abierta, en el centro la figura más alta es Cristo pantokrator, triunfante de la muerte que vendrá a juzgar a los vivos y a los muertos[3] y está sentado en el trono a la diestra de Dios[4]. A su derecha aparece la Virgen María con una corona sobre su cabeza, y a su izquierda Juan El Bautista. El color dorado de los nichos resalta las exquisitas figuras cuyos vestidos en azul, rojo y verde, muestran magníficas texturas mientras que los ornamentos, escrupulosamente trabajados, señalan abundancia y autoridad.

La Adoración del Cordero Místico 04

A la izquierda de la triada central hay ocho ángeles cantores, y a la derecha, un grupo de músicos.

La Adoración del Cordero Místico 05.jpgA sus lados aparecen Adán y Eva. Los humanos tienen aspecto realista a diferencia de las figuras celestiales representadas idealmente. Hay una clara separación entre lo divino y lo terrenal, entre la santidad y el pecado.

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Debajo de estos siete paneles hay otros cinco. El central es el más ancho de toda la obra y muestra distintos grupos procedentes de los cuatro puntos cardinales adorando al Cordero místico. Esa figura, que inspira el título de la obra, recuerda las palabras de Juan El Bautista, quien, al ver a Jesús, exclamó: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”[5], en alusión a los animales sacrificados en el Templo de Jerusalén para el perdón de los pecados. Jesús también es presentado como un cordero victorioso en el Apocalipsis: “Después de esto miré, y he aquí una gran multitud, la cual nadie podía contar…y clamaban a gran voz, diciendo: La salvación pertenece a nuestro Dios que está sentado en el trono, y al Cordero[6].

La Adoración del Cordero Místico 08La escena muestra una mesa sobre la cual hay un grial que recibe la sangre del cordero herido, simbolizando la eucaristía o Santa Cena que los cristianos celebran recordando la muerte de Cristo.

La Adoración del Cordero Místico 10 (detalle cordero místico)La mesa está rodeada por ángeles, detrás de los cuales aparecen cuatro grupos: judíos y paganos abajo a la izquierda, los apóstoles seguidos de santos y papas (la iglesia) a la derecha, y probablemente mártires masculinos y mártires femeninos, a ambos lados arriba.

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Todos los personajes están retratados con un extraordinario cuidado.

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Los paneles laterales también tienen trabajadas figuras. A la izquierda se ubican los jueces justos y los caballeros cristianos. A la derecha, los ermitaños y a los peregrinos, entre los que se destaca san Cristóbal, el gigante patrono de los viajeros.

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La escena está bañada por rayos de luz que surgen de un medio sol donde se observa al Espíritu Santo en forma de paloma. Detrás del pasaje campestre hay edificios que representan a la Jerusalén celestial.

Además, sepa que, por su historia, el Políptico de Gante es considerado por algunos la obra más robada del mundo. Incluso el panel de los jueces justos aún sigue desaparecido y hay dos grupos asignados trabajando desde hace años en su recuperación. El expuesto actualmente es una copia, hecha en 1945 por Jef Vanderveken.

  1. VIRGEN DEL CANÓNIGO VAN DER PAELE  (1436)

Virgen del canónigo Van der Paele 01.jpgSegún se desprende de una inscripción en su marco, esta pintura fue encargada a Van Eyck por el canónigo Joris van der Paele, una de las autoridades de la Catedral de San Donaciano en Brujas, probablemente para ser colocada en su tumba y servir como un pedido de oración por el difunto.

La obra es una conversación sacra, donde la Virgen con el Niño Jesús aparecen en el centro flanqueados por dos santos: a la izquierda Donaciano de Reims, patrono de Brujas, y a la derecha san Jorge, que presenta con su mano izquierda a van der Paele.

Virgen del canónigo Van der Paele 02.jpgDesde el punto de vista técnico, la obra es suprema por la asombrosa precisión en los detalles y su riguroso simbolismo. Para comprobarlo, basta observar los acabados del trono de madera, donde el artista simula tallas de Caín asesinando a Abel y de Sansón matando un león.

Virgen del canónigo Van der Paele 03.jpgLa obesa y anciana imagen del canónigo muestra un extraordinario realismo, con anteojos en las manos y un libro, mientras nuevamente la imagen de la Virgen y el Niño aparecen idealizados.

Virgen del canónigo Van der Paele 04.jpgNótese que van der Paele, un humano, no se dirige a la Virgen directamente sino a través de san Jorge, que aparece como intercesor.

OTRAS OBRAS

Estimamos que las cinco obras que hemos presentado muestran el talento de Jan van Eyck en todo su esplendor. Entre sus pinturas, hay otras tres que no debemos mencionar:

a. HOMBRE CON TURBANTE ROJO (1433)

Algunos creen que es un autorretrato del propio Van Eyck

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b. LA VIRGEN Y EL CANCILLER ROLIN (1435)

Nótese la posición de autoridad del canciller Rolin, a la misma altura que la Virgen  el Niño Jesús.

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c. LA ANUNCIACIÓN

Esta obra seguramente constituía el ala izquierda de un tríptico de madera perdido. Posteriormente fue transferida a lienzo.

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Es nuestro deseo que a través de estas imágenes, pueda descubrir a Jan van Eyck y su obra, cuya la pasión por el detalle, el color y las perspectiva nos siguen asombrando casi seis siglos después.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA: SITIOS DÓNDE SE EXHIBEN LAS OBRAS

Si bien, gracias a los avances de la tecnología, hoy no es imprescindible visitar un museo para observar una obra maestra, el autor de este artículo de divulgación ha visto personalmente todas las obras presentadas. Debajo va el lugar donde se expone cada una:

  • Los Arnolfini: National Gallery, Londres, Inglaterra (en nuestra última visita, en 2017, la pintura no estaba disponible al público pues había sido cedida para una exposición temporal).
  • Hombre con gorro azul: Palacio Brukenthal, Sibiu, Rumania
  • Retrato de Margareta van Eyck: Groningen Museum, Brujas, Bélgica
  • Adoración del Cordero místico: Catedral de san Bavón, Gante, Bélgica
  • Virgen del canónigo Van der Paele: Groningen Museum, Brujas, Bélgica
  • Hombre con turbante rojo: National Gallery, Londres, Inglaterra
  • Virgen del canciller Rolin: Museo del Louvre, París, Francia
  • La Anunciación: National Gallery, Washington, Estados Unidos

REFERENCIAS

[1] Vasari, Girogio, “Vida de los más excelentes pintores, escultores y arquitectos”, 1550; utilizamos la edición digital de Leer para Crecer, sin fecha, p.154-155

[2] Desconocemos si se basaban en el mandato bíblico.

[3] 2ª Epístola de san Pablo a Timoteo 4:1 (ver también 1ª Epístola de Pedro 4:5)

[4] Evangelio según san Mateo 26:64 (ver también Evangelio según san Marcos 14:62, Epístola de san Pablo a los Colosenses 3:1, Epístola a los Hebreos 10:12)

[5] Evangelio según san Juan 1:29

[6] Apocalipsis 7:9-10 (Ver también, por ejemplo Apocalipsis 17:14, 21:14, 21:23)

 


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Todas las imágenes utilizadas son de dominio público.

 

EMILY YOUNG Y SUS CABEZAS DE PIEDRA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

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Cabeza sobre columna, St. Paul Cathedral, Londres

Tengo dificultad para entender ciertas expresiones del arte contemporáneo. He visitado decenas de museos, galerías y exposiciones, y pocas veces me he sentido atraído o conmovido. Por eso cuando vi por primera vez un par de enormes cabezas que poseían la delicada dignidad de las esculturas clásicas y, a la vez, la expresión contemplativa del hombre moderno, me detuve a fotografiarlas.

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Otra cabeza sobre columna, St. Paul Cathedral, Londres

No fue difícil reconocer al día siguiente la misma mano creadora. En otro sector de la ciudad encontré una cabeza magistralmente tallada, mezcla de ángel y humano. No había en ella ninguna sonrisa o mueca de dolor, miedo o enojo. Más bien parecía meditar con la serena resignación de quien reconoce sus límites.

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Cabeza en los jardines de St Pancras Parish Church, Londres

Así llegué a descubrir a Emily Young, considerada la escultora en piedra contemporánea más importante del Reino Unido. Nacida en Londres, Inglaterra, en 1951, proviene de una familia notable; incluso su abuela, la ceramista Kathleen Scott, trabajó con el genial Auguste Rodin.

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Obra titulada “Blue Purbeck Angel Head”

Esta original artista plástica combinó su formación académica con tempranos viajes a lugares exóticos de Asia y África y visitas a países donde el arte ocupa un lugar privilegiado, como Francia, Italia y Estados Unidos, donde residió. Pero no se trata aquí de hablar de Emily Young sino de su arte.

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Obra titulada “Veltha”

PIEDRAS QUE HABLAN

En nada se parece la piedra a la cerámica. Mientras el alfarero tiene en sus manos un barro que modela a su antojo, el escultor debe imaginar la figura y rescatarla de la piedra. Precisamente, la artista inglesa, trabajando sobre diversos materiales, -variedades de mármol, lapislázuli, alabastro-, cincela rostros dejando el resto de los bloques en su estado natural.

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Obra titulada “Wind Head”

Como si las estuviera viendo en la brutalidad de la piedra, logra con unos pocos golpes que las cabezas emerjan. Su estilo tiene algo de la escultura egipcia: Rostros alargados, sin pliegues ni arrugas, con pocas curvas. Generalmente los arcos superciliares se continúan en narices alargadas, rectas y chatas. En los huecos que se forman debajo de ellos, aparecen los ojos simétricos, cerrados o abiertos sin pupilas. Finalmente, la boca está definida por una línea recta horizontal que separa los labios, perpendicular a la nariz. El resultado transmite una majestuosa calma, como si toda emoción quedara sujeta a una profunda conciencia de sí mismo y de la realidad, reforzada por pómulos en ángulos rectos. Curiosamente, un par de sus obras, concebidas bajo esta misma línea, me recordaron a un moai.

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Obra titulada “Rouge the Vitrolles Head”

Emily Young trabaja en dos estudios, uno en las ruinas de un convento en Santa Croce, en la Toscana italiana, y otro en su Londres natal, ciudad donde se pueden admirar sus creaciones en sitios como la imponente Catedral de St Paul o los estrechos jardines de la St Pancras Parish Church. También tuvimos oportunidad de ver una exposición suya en el Southwood Garden -un pequeño parque interno- de la St James’s Church, el famoso templo anglicano en el corazón de Picadilly, diseñado por Christopher Wren.

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Obra titulada “Face of Stillness I”

PROPÓSITO Y PROYECTOS

En cuanto a los propósitos, su propio sitio web declara: “El objetivo principal de su escultura es resaltar la belleza natural y la energía de la piedra… Su enfoque permite al espectador descubrir una sólida base común a través del tiempo, la tierra y las culturas. Sus técnicas subrayan su profunda preocupación por nuestra problemática relación con el planeta, combinando habilidades tradicionales de tallado con el uso de la tecnología cuando es necesario, para producir un trabajo que es al mismo tiempo contemporáneo y antiguo, y lograr una presencia única, seria y poética”[1].

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Obra titulada “Amiata Warrior Head”

Entre otros proyectos, la artista plástica inglesa ha instalado enormes gigantescas cabezas en el océano para protestar contra la pesca de arrastre en Italia, y también ha diseñado grandes discos para ser expuestos al aire libre. Una de sus ideas más ambiciosas consiste en instalar doce cabezas de más de tres toneladas en diferentes lugares del planeta.

EMILY YOUNG, PINK FLOYD Y LA PENGUIN CAFE ORCHESTRA

Uno de los hechos más curiosos de la vida de Emily Young fue su vinculación con Pink Floyd, la banda de música progresiva que causó furor en los ’70. A sus 15 años conoció en Londres a uno de sus fundadores, Syd Barrett, quien se cree que le dedicó la canción “See Emily Play”. En aquel tiempo de la psicodelia, Barrett era un poeta que experimentaba con LSD para sus creaciones, y la adolescente fue para él una suerte de musa[2]. Poco después la joven artista fue pareja de Simon Jeffes, director de la Penguin Cafe Orchestra, con quien tuvo un hijo. Ella misma realizó algunas de las tapas de los discos de la mencionada agrupación musical.

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Detalle de “Face of Stillness I”

EPÍLOGO

Para terminar, dejemos que otros nos hablen: “Ella martilla, cincela y tritura piezas de roca, creando obras monumentales que celebran el material del que están talladas. Ella se deleita con las fallas, venas y divisiones en su material y saborea el juego del viento, el agua y la temperatura en sus superficies escarpadas” dice una periodista en un artículo sobre Emily Young. De inmediato transcribe palabras de la propia artista: “Hay una historia contada en cada pieza de piedra que es más magnífica que cualquier mito de la creación, así que cuando trabajo en la piedra impongo mi pequeño momento en ella, vuelvo a poner un poco de conciencia moderna en la naturaleza”[3].

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] http://www.emilyyoung.com/Pages/about.html

[2] http://www.independent.co.uk/arts-entertainment/art/features/emily-young-from-rock-muse-to-stone-sculptor-8822572.html

[3] http://www.houseandgarden.co.uk/interiors/real-homes/emily-young


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MÁS ARTÍCULOS DE LA SERIE “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”:

ARTÍCULOS DE LA SERIE “ARTE URBANO”:

“LA VISITACIÓN”, LENGUAJE NO VERBAL Y CONEXIÓN HUMANA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ARTE Y MANAGEMENT

Piero di Cosimo (1462-1522) fue un pintor renacentista italiano. La única fuente biográfica es el libro “Vidas”, escrito por Giorgio Vasari a mediados del siglo XVI. Allí lo destaca por “la extrañeza de su mente y por su constante búsqueda, a pesar de las dificultades”; sin embargo, también enfatiza sus manías y su notable misantropía, describiéndolo como “más animal que humano”.  A pesar de ello, nosotros vemos a través de esta pintura el espíritu sensible de un artista, capaz de comunicar emociones a través del lenguaje corporal de sus personajes.

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Hace muchos años llegó a mis manos un pequeño librito de Bruce Larson, titulado “Ya no somos extraños”. Sostenía que vivimos en un mundo de relaciones y que la clave del éxito radicaba en aprender a relacionarnos. En el presente esa tesis ha quedado obsoleta.

Hoy vivimos en una época de conectividad. Vivimos conectados a dispositivos, a redes móviles, a redes inalámbricas, a redes sociales, y, sin embargo, tenemos una profunda carencia de conexiones humanas. Dicho de otro modo, las relaciones ofrecen contacto; las conexiones crean confianza. No es lo mismo conocer a alguien que entenderlo, hablar con él que comunicarnos. Para una verdadera conexión es necesario el deseo genuino de establecerla.

Nuestra voluntad se expresa de diversos modos. No sólo hablan las palabras: nuestro cuerpo habla. Los sucesivos experimentos de Albert Mehrabian sobre actitudes y sentimientos, mostraron que sólo el 7% de la información se atribuye a las palabras, mientras que el 38% se atribuye a la voz (entonación, proyección, resonancia, tono, etc.) y el 55% al lenguaje corporal (gestos, posturas, movimiento de los ojos, respiración, etc).

Los recientes estudios de Paul Ekman han contribuido significativamente a la comprensión del lenguaje no verbal a través del análisis de las expresiones faciales de las emociones primarias (alegría, ira, tristeza, miedo, asco, sorpresa y, posteriormente, desprecio). A través de ellos este investigador demostró contundentemente la universalidad de estas microexpresiones.

HABLAR SIN PALABRAS

El primer punto de contacto con otro ser humano suele ser el saludo. Es muy difícil establecer una conexión con el prójimo sin saludarlo. Veamos en un ejemplo cómo el lenguaje corporal construye puentes interpersonales.

El óleo en tabla “Visitación con los santos Nicolás y Antonio” (“Visitazione con i santi Nicola e Antonio”) fue pintado alrededor de 1490 por Piero di Cosimo; se lo puede admirar en la National Gallery of Art, de Washington D.C., Estados Unidos.

La obra representa una escena relatada en el Evangelio según San Lucas, el encuentro entre dos mujeres: María y Elisabet. Elisabet era estéril y de edad avanzada[1], pese a lo cual quedó embarazada; llevaba en su vientre a quien sería conocido como Juan El Bautista. Según el escritor cristiano, seis meses después[2], María, que era su pariente[3] concibió del Espíritu Santo a Jesús, “por lo cual… será llamado Hijo de Dios”[4].

Continúa el relato “En aquellos días, levantándose María, fue de prisa a la montaña, a una ciudad de Judá; y entró en casa de Zacarías, y saludó a Elisabet”. Ese es el momento que retrata el pintor en esta obra, que completa con las imágenes de san Nicolás y san Antonio (en realidad, el abad Antonio) en los ángulos inferiores, quienes parecen estar ajenos al encuentro.

Piero di Cosimo reinterpreta el texto bíblico. Pone a las mujeres en un entorno medieval y se concentra en la conexión que establecen a través del lenguaje corporal. Observemos la pintura:

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A la izquierda, más joven, vestida de azul y púrpura se encuentra María; a la derecha, mayor, con un vestido oscuro y una mantilla blanca está Elisabet. El artista presenta cuatro elementos no verbales que las vinculan:

Los torsos y cabezas inclinados hacia adelante, que indican proximidad y confianza.

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Desde luego, un acercamiento mayor produce incomodidad; todos necesitamos sentirnos dueños de un espacio alrededor nuestro, generalmente de un metro cuadrado; si alguien ingresa a esa zona sin nuestro consentimiento nos sentiremos invadidos. Pero la inclinación del cuerpo hacia la otra persona muestra interés y deseo de cercanía.

Las miradas: ambas se miran a los ojos.

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Se dice que los ojos son las ventanas del alma. Mirar a los ojos significa prestar y dedicar atención. A través de la maestría del artista, percibimos en las apacibles miradas simpatía, aprecio y consideración mutuas.

Las manos estrechadas: Es la forma más simple y a la vez más simbólica del contacto humano.

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Ofrecer la mano es una muestra de buena disposición hacia la otra persona. En franquearle el acceso a nosotros. Desde luego, importa cómo damos la mano. Un apretón firme comunica de una voluntad favorable, mientras que una mano blanda puede sugerir que se saluda por compromiso o sin interés.

La mano izquierda apoyada sobre el brazo de la otra mujer quien, a su vez, agita la suya con la palma abierta.

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La mano de María conecta con Elisabet a modo de un puente tendido entre ambas. El gesto sugiere que la pariente más joven es la que toma la iniciativa. La mano abierta de la anciana parece una respuesta al contacto, y expresa satisfacción y bienvenida. Cada una a su manera manifiesta el interés de conectarse con la otra.

Si bien la forma difiere según la cultura, en todas las sociedades el saludo es el punto de partida para toda conexión humana. La pintura de Piero di Cosimo nos propone cómo dar los primeros pasos para una comunicación interpersonal franca y sincera a través de los gestos. A pesar del paso de los siglos, en el contexto de la cultura occidental su significado sigue siendo el mismo: un lenguaje corporal que nos acerca y nos conecta.

Finalmente, pensemos en nosotros mismos y en el mundo que nos rodea. ¿Nos hemos preguntado alguna vez qué comunica nuestro saludo?  Si nos interesa conectarnos con los demás debemos tomar la iniciativa y expresar no sólo con nuestras palabras el auténtico interés por nuestros semejantes.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados, a excepción de las fotografías.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según San Lucas 1:7, La Biblia

[2] Evangelio según San Lucas 1:24-26,36, La Biblia

[3] Evangelio según San Lucas 1:36, La Biblia

[4] Evangelio según San Lucas 1:35, La Biblia

 

HUNDERTWASSERHAUS, CREATIVIDAD PARA TODOS (por Pablo R.Bedrossian)

Si piensa viajar a Viena, no puede dejar de ver la Hundertwasserhaus (en español, la Casa Hundertwasser). Es un caso curioso, pues concebida como un edificio de vivienda popular, se transformó en una atracción turística. Alejado del glamour imperial, este complejo habitacional es fácilmente reconocible por su fachada asimétrica, dividida en ondulantes secciones de colores intensos.

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Su construcción se inició en 1983 pero su historia comenzó mucho antes, en 1977, cuando Leopold Gratz, alcalde de Viena encargó el proyecto al artista Friedensreich Hundertwasser, quien desarrolló la idea. El diseño técnico corrió por cuenta del arquitecto Joseph Krawina, quien luego fue sucedido por el arquitecto Peter Pelikan. Quizás exagerando, puede decirse que es una suerte de expresión gaudiana tardía en tono menor, menos bella pero más divertida.

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Si desea visitarla, se encuentra en Kegelgasse 34-38 en el distrito 3 de Viena. El edificio cuenta con 52 viviendas, 4 locales comerciales, 16 terrazas privadas, un jardín de invierno, 3 azoteas comunitarias y 2 áreas de juegos infantiles. En frente hay un pequeño centro comercial, el Hundertwasser Village, que incluye una tienda de regalos, con recuerdos alegóricos.

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SU HISTORIA

Friedensreich Hundertwasser (1928 – 2000) fue un original artista, interesado en la naturaleza. Pintor en sus inicios, y luego de haber publicado varios manifiestos estéticos, en 1972 presentó un conjunto de maquetas en el programa Wünsch dir was, emitido por Eurovision, que testimoniaban su preocupación por una arquitectura en armonía con el hombre y el medio ambiente. A partir de allí ganó notoriedad.

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A fines de noviembre de 1977, Bruno Kreisky, Canciller de Austria -máxima autoridad del Poder Ejecutivo- le escribió una carta al influyente alcalde de Viena, Leopold Gratz, sugiriendo que Hundertwasser debería tener la posibilidad de materializar sus ideas en el campo de la vivienda. 15 días después, Gratz invitó a Hundertwasser a crear un edificio de apartamentos de acuerdo a sus propios criterios, que abarcaban lo estético, lo social y lo ambiental.

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Encontrar un terreno donde hacer realidad su sueño tomó algunos años. La propuesta de Hundertwasser era construir “un edificio para humanos y árboles”. Como era artista, y no arquitecto, se escogió un experto convirtiera esas ideas en un proyecto formal. Primero fue el arquitecto Joseph Krawina, pero posteriormente fue reemplazado por Peter Pelikan, quien terminó siendo socio de Hundertwasser en otros proyectos.

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Hundertwasser acudía diariamente a la obra para constatar los avances. Cuando se hizo el Open House se recibieron 70,000 visitantes. El edificio fue concluido en 1985, durante el mandato del alcalde Helmut Zilk, e inaugurada el 17 de febrero de 1986.

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EL EDIFICIO

La Casa Hundertwasser es una construcción de bloques de ladrillo cuyo diseño se aleja de los patrones reconocidos. Posee apartamentos de una y dos plantas. En algunos sobresalen balcones, pérgolas o terrazas. Se utilizó tierra negra para la forestación de sus numerosas áreas verdes internas. Durante nuestra visita no pudimos ingresar a las viviendas, pero sí a las áreas comunes, donde sobresalen los mosaicos en las paredes, en las escaleras y en los pasillos, creados por los trabajadores.

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Hundertwasser demostró que una arquitectura más humana y en armonía con la naturaleza es posible sin tomar más tiempo que otras obras, y que es posible realizarlo bajo los límites que impone el presupuesto de un proyecto público y sujeto a las leyes vigentes en su país, sin ningún tipo de permisos especiales.

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Para más información puede visitar: http://www.hundertwasser-haus.info

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BONUS: LE PALAIS DES BEAUX ARTS

A una cuadra, exactamente en Löwengasse 47, se encuentra el Palais des Beaux Arts  (en español, Palacio de Bellas Artes); como se observa, se prefiere denominarlo en francés pese a la que la lengua de Austria es el alemán.

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Desde 1994 alberga las embajadas de Lituania y Moldavia. Fue construido entre 1908 y 1909, por Anton Drexler (1858-1940) y Josef Drexler (1850-1922).

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Diseñado originalmente para ser un centro de la moda parisina, combina de manera original elementos del historicismo tardío con motivos art nouveau. En la esquina posee una torre coronada por una cúpula de tres niveles, flanqueada por un globo que sostiene personajes femeninos.

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Para más información puede visitar: http://www.palaisdesbeauxarts.at

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© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


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“LA ADIVINA” DE GEORGES DE LA TOUR Y EL TRABAJO EN EQUIPO (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE ARTE Y MANAGEMENT

Georges de La Tour (1593-1650) fue un pintor francés de quien poco se supo hasta el redescubrimiento de varias obras suyas en el siglo XX. Es famoso por sus intensos claroscuros que denotan la influencia de Caravaggio. Sin embargo, no todas sus obras adhieren al tenebrismo. En una visita al Metropolitan Museum of Arte (el MET) de New York, tuve oportunidad de admirar su pintura conocida en inglés como “The Fortune Teller”, que me atrajo inmediatamente.

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Llamada en español “La Adivinadora de la Fortuna”, “La Buena Ventura” o simplemente “La Adivina”, se aparta de los típicos motivos religiosos. Plantea una situación plenamente humana, la de un joven timado por un grupo de mujeres. Propongo dejar por un rato la cuestión moral (supongo que la mayoría detesta el engaño y el hurto), y abordar esta obra desde la perspectiva del trabajo en equipo.

Cuatro mujeres rodean al elegante joven que parece expectante. Basta ver su mirada y sus manos. Las tres mujeres de piel trigueña que lo rodean son supuestamente gitanas, reputadas en aquella época como adivinas. A nuestra derecha, la más anciana le lee la suerte con una moneda.

Mano mostrando moneda

Mientras tanto, la del extremo derecho, levantando disimuladamente el borde del jubón, mete su mano en el costado del muchacho, probablemente en un bolsillo.

Mano vaciando bolsillo

Una tercera mujer, detrás a la izquierda, parece mirar con atención a la mujer blanca que completa el cuarteto femenino.

Miradas cruzadas

Sobre esta mujer blanca leí alguna vez que probablemente era la esposa del joven y que veía a la primera gitana a nuestra izquierda con desconfianza, a pesar que desde su posición no podía observar la mano ajena sobre su ingenua pareja. Quien formuló ese comentario seguramente terminaría siendo otra víctima, pues la mujer de tez blanca trabaja con las gitanas: en silencio, por debajo está cortando con sus manos la cadena de oro del joven. Su mirada no es desconfianza sino de complicidad.

Mano cortando cadena

 LECCIONES DE TRABAJO EN EQUIPO

Mujer mano bolsilloLa obra ilustra magistralmente principios del trabajo en equipo. Veamos brevemente alguno de ellos:

1) Los equipos tienen un objetivo o misión compartida; en este caso, tristemente, robar al joven.

2) Los equipos definen una estrategia: en la pintura, la distracción que permite el ataque simultáneo.

3) Los equipos siguen un plan. La estrategia no se ejecuta improvisadamente. En esa planificación, los equipos asignan tareas y roles. La gitana a nuestra derecha distrae, la primera gitana a nuestra izquierda usa delicadamente la mano intentando apropiarse de una cadena, la mujer blanca corta la cadena de oro del otro lado, mientras la Mujer corta cadenasegunda gitana a nuestra izquierda controla las acciones. La planificación también incluye disponer los recursos necesarios alcanzar el objetivo: en la obra, la gitana a la derecha tiene una moneda y la mujer de tez blanca lleva una tijera o alicate.

4) Los equipos establecen canales y momentos de comunicación. En nuestro ejemplo, notamos la comunicación visual entre la gitana vigía y la mujer blanca.

5) Finalmente, los equipos trabajan con sincronización. La estrategia elegida requiere que las cuatro integrantes actúen simultáneamente para generar la oportunidad que les permita cumplir su misión.

No sabemos cuánto previó Georges de La Tour al componer “La adivina” pero sus lecciones están a la vista. Quizás un título más adecuado hubiera sido “Las timadoras” o, aún mejor, “Un gran equipo”.

Nota: La fotografía fue tomada y recortada del sitio del Metropolitan Museum of Art de New York, New York, Estados Unidos:  http://www.metmuseum.org/art/collection/search/436838

© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados, a excepción de la fotografía.

MAURO CORDA A TRAVÉS DE LO INSÓLITO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

Nacido en Lourdes, Francia, en 1960, Mauro Corda es uno de los escultores más versátiles de nuestro tiempo. Este extraordinario artista, que se considera a sí mismo heredero de la tradición clásica, utiliza todo tipo de materiales, como bronce, aluminio y hierro, mármol, resina o vidrio policromado. Se ha dicho que es el “escultor del cuerpo” pero coloca al hombre (e incluso a animales) en medio de circunstancias. El cuerpo es el texto y la situación el contexto para interpretarlo.

“CONTORSIONISTA EN JAULA” (bronce niquelado y acero inoxidable)

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Su manejo de la anatomía no admite reglas. Trabaja con toda libertad sin adherir a ningún estilo en particular, construyendo mensajes que reflejan los dolores y sufrimientos del hombre contemporáneo. Los soportes que elige para sus obras -que a veces son jaulas o celdas- sirven para reforzar esa intención.

En las obras de Mauro Corda el cuerpo es el texto y la situación el contexto para interpretarlo.

EL ÁNGEL (resina y neón)

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En uno de mis viajes a Buenos Aires, en enero de 2015, tuve oportunidad de visitar la exposición de sus obras denominada “Insólito” en el Museo Sívori, ubicado en la zona de los lagos de Palermo. Con algunas variantes, ya se había presentado en París, en enero de 2014, y no es aventurado afirmar que reúne varias de sus obras más provocadoras.

HIV (bronce y plexiglás)

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En Corda, el cuerpo en distintas posiciones y formas refleja diversas preocupaciones y estados de ánimo. Detrás de cada escultura se puede intuir una historia, que no siempre es la que parece. Tomemos como ejemplo su obra “Faquir”.

FAQUIR (bronce y acero inoxidable)

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La primera impresión es la de un Cristo, por los brazos en cruz, el cuerpo desnudo colgando y el paño de pureza[1]. Pero una visión más cuidadosa permite otras interpretaciones: la figura de bronce cuelga de ganchos que atraviesan los brazos y las tetillas; el rostro no delata dolor sino concentración. Este manejo de la ambigüedad deja que el observador extraiga sus conclusiones.

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Al observar la diversidad de obras no tuve la idea de un conjunto. Salvo alguna excepción, parecían de diferentes artistas. Pero a medida que fui mirando y admirando, percibí algo en común: el efecto no estaba en los detalles. Las esculturas presentaban y representaban sus temas sin necesidad apelar a barroquismos o sofisticaciones.

IMPULSO DE MUERTE (bronce policromado)

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En las creaciones de Mauro Corda el efecto no está en los detalles. Las esculturas presentan y representan sus temas sin necesidad apelar a barroquismos o sofisticaciones.

En términos similares se expresa Georges Vigarello sobre la obra de Corda: “La forma ‘habla’. Una tensión la habita… Lo anecdótico es borrado, el objeto es ‘resumido’, una fuerza particular y latente domina, reunida en su totalidad para aumentar su potencia”[2].

ANDRÓGINO (resina policromada)

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Una segunda sensación fue ver un extraordinario manejo del volumen en todas las obras. Sea una figura erguida o contorsionada, el manejo de la unidad y las proporciones es perfecto.

LEVITACIÓN (aluminio y acero inoxidable)

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Sea una figura erguida o contorsionada, el manejo de Mauro Corda de la unidad y las proporciones es perfecto.

Finalmente, creo que todas las obras tienen en común otro rasgo: su intensidad. Aunque obviamente son obras estáticas, se percibe en ellas intención y movimiento. Hay un drama en el cual se desenvuelven y, jamás testigos, sus figuras son siempre protagonistas.

EL RELICARIO (bronce dorado, jeringa y resina) y FRED (dibujo)

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Aunque obviamente son obras estáticas, se percibe en ellas intención y movimiento. Hay un drama en el cual se desenvuelven y, jamás testigos, sus figuras son siempre protagonistas.

Mauro Corda se atreve a explorar el cuerpo desde muy diversas perspectivas, utilizando una enorme variedad de formas, técnicas y materiales. Nos muestra que los límites para crear y sentir los fijamos nosotros mismos; señala el camino y nos desafía a abrir romper nuestros propios moldes e ir más allá de nuestras propias fronteras.

ASEPSIA (acero inoxidable, resina, vidrio, plexiglás, hierro)

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LA RATA (aluminio)

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YACENTE (bronce pintado)

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Yacente DSC083343

PERFORMANCE (bronce, hierro y acero inoxidable)

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HABITACIÓN, vista parcial (resina y plexiglás)

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DATOS DE LAS OBRAS PRESENTADAS EN ESTA NOTA, TODAS DE “INSÓLITO”

Los títulos originales de las obras son en francés, por eso las detallamos:

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© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] El paño de pureza, perizonium o perizoma es la tela utilizada en la iconografía tradicional para cubrir el pubis y los genitales del Cristo crucificado. Para los interesados en el tema, recomendamos la tesis doctoral de Carmen Gómez García, “Disposición del Paño de Pureza en la escultura del Cristo crucificado entre los siglos XII y XVII”, que puede descargarse de http://biblioteca.ucm.es/tesis/bba/ucm-t29626.pdf

[2] Vigarello, Georges, citado en “Mauro Corda – Insólito”, Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sivori”, Museos de Buenos Aires, p.7


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BIBLIOGRAFÍA

– Savloff, Judith, “Contemporáneo clásico”, Diario Clarín, Revista Ñ, edición del 07/01/2015. Se puede leer en http://www.revistaenie.clarin.com/arte/Contemporaneo-clasico_0_1278472185.html

– “Mauro Corda – Insólito”, Museo de Artes Plásticas “Eduardo Sivori”, Museos de Buenos Aires, Buenos Aires, Argentina, 2015

– “Les insolites”, Dossier de Presse, l’Université Paris Descartes, París, Francia, 2014


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LAS ESCULTURAS DE STEPHAN BALKENHOL: HOMENAJE AL HOMBRE COMÚN (por Pablo R.Bedrossian)

Serie “GRANDES ARTISTAS CONTEMPORÁNEOS”

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Hombre con Pez (2001), Grant Park, Shedd Aquarium, Chicago, Illinois, Estados Unidos; foto de 2009 tomada por nuestra querida amiga, la actriz Margo Wickesser

El arte es representación.

Bajo esa perspectiva, se observa desde los albores de una suerte de obsesión por representar la figura humana. Las esculturas del antiguo mundo grecorromano representan a los hombres delgados y musculosos y a las mujeres delicadas y esbeltas. Esta particular forma de recrear la figura humana, que se conoce como ideal clásico, unifica dos conceptos que para el hombre moderno son independientes: perfección y belleza.

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Akenathon con su visible pancita, Museo Egipcio, El Cairo, Egipto, foto tomada en 2000

Con diversos matices, este mismo arquetipo de armonía y simetría dominó la escultura del Oriente Medio y del norte de África. Ignorarlo generaba rechazo. Por ejemplo, la representación del famoso faraón egipcio monoteísta Amenofis IV, luego llamado Akenathon, panzón, como era, produjo un escándalo.

El Renacimiento retomó el ideal del arte clásico. Basta ver el David de Miguel Ángel para comprobarlo.

Sin embargo, dejando de lado el arte abstracto (una invención del siglo XX), una de las principales innovaciones de los escultores en las últimas décadas ha sido representar al hombre tal cual es: sustituir la perfección del ideal clásico (el “deber ser”) por la naturalidad (el “ser”).

El uso de nuevas tecnologías y, desde luego, la genialidad de los artistas han impulsado esa recreación que nos sirve de espejo. Ya no se trata de admirar la perfección sino de contemplar nuestra propia humanidad en las rutinas de la vida. Un excelente ejemplo es Ron Mueck a través de sus obras hiperrealistas. Hoy nos ocupa otro ejemplo extraordinario, Stephan Balkenhol.

STEPHAN BALKENHOL

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“Hombre grande con hombre pequeño” (en alemán “Grosser Mann und kleiner Mann”), en el patio del Palais am Pariser Platz, Berlín, Alemania

Descubrí a Stephan Balkenhol de casualidad. En 2009, visitando el famoso acuario de Chicago, posé junto a una gigantesca figura de un hombre con un pez. El 2013, en Berlín, hice lo mismo, con un hombre enorme que cobijaba a un hombre pequeño entre sus piernas. En 2016, vi la foto de 2009 y recordé de inmediato la de 2013. Era obvio que provenían de un mismo autor. Me interesó saber quién era y conocer su obra.

En 2015, en otro artículo sobre escultura urbana y cuerpos colgantes, ya había mencionado a Balkenhol al presentar su “Hombre con los brazos abiertos” (en alemán “Mann mit ausgebreiteten Armen”) de Münich.

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“Hombre con los brazos abiertos” (1997), al frente de la galería pasaje Kaufinger Tor, Münich, Alemania; foto de 2013

Stephan Balkenhol es un artista alemán nacido en 1957. Formado en la Escuela de Bellas Artes de Hamburgo, se dedica a la escultura en madera. Podríamos decir que su especialidad es lo cotidiano, el hombre común que hace cosas corrientes, pero abordado desde una concepción minimalista, donde se simplifica al máximo, dejando que nada sobre y todo se concentre en lo esencial. En una entrevista publicada en España este magnífico artista afirma:

“Me gusta el enfoque minimalista. No deseo contar muchas historias sino lograr transmitir esa ‘historia oculta’, ésa que tienes que concebir o ingeniar en tu mente; es más interesante. La escultura figurativa en los últimos siglos se utilizó, sobre todo, para ilustrar ideas políticas o religiosas, ideas alejadas del arte en sí. En el siglo XX esta tradición se ha roto, lo que significa una oportunidad para partir de cero” [1]Las obras de Stephan Balkenhol son esculturas de hombres y mujeres corrientes, indefinidos, impersonales, pertenecientes al presente, espejos de todos y cada uno de nosotros”[2].

Se observa en sus obras un interés por la figura humana y su relación con el espacio, trabajadas sin barroquismos ni exageraciones. Curiosamente su mentor fue un artista especializado en escultura abstracta, el alemán Ulrich Rückriem. Tomándolo como referencia, continúa Balkenhol en la misma entrevista:

“Sin duda, Rückriem ejerció una gran influencia sobre mí; con toda seguridad yo habría realizado un trabajo completamente diferente de no haberlo conocido. Quizá, porque con él me vi forzado a preguntarme muchas cuestiones fundamentales: ¿qué significa el trabajar con la figuración?, ¿qué significa crear una figura de un hombre o una mujer?… Toda una serie de cuestiones que no habrían surgido si yo hubiera estudiado con un artista figurativo”.

Su forma de trabajo comienza con las fotografías, a partir de ellas crea sus esculturas, dándoles un volumen que revela su singular manera de percibir el mundo e interpretar la realidad, modo que nos hace también mirarnos a nosotros mismos.

Sus obras están dispersas en todo el mundo. Si viaja, esté atento; puede encontrar alguna de ellas en cualquier momento.


ACTUALIZACIÓN 2017:

Las obras de Balkenhol tienen identidad propia; se reconocen a simple vista. Este año, caminando en los alrededores del Tower Bridge, el famoso puente levadizo de Londres, divisé en lo alto una figura femenina con el indudable sello personal de su creador.

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Forma parte de una obra llamada Couple, (en español Pareja) y data de 2003. Al varón sólo lo descubrí después y por foto. Sin embargo, bastó en el encuentro con Woman, la dama de la pareja, para percibir ese tributo al ser humano corriente que Balkenhol rinde a través de sus creaciones.

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La mujer luce un vestido corto, como su cabello, con los hombros al descubierto. Los brazos descansan a los lados. Su mirada, como toda su expresión corporal,  muestra a la vez confianza y expectación.

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Quizás esté aguardando a su ser amado, ese que no vimos y del que nos enteramos después.

© Pablo R. Bedrossian, 2016, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Barro, David “Primera retrospectiva del escultor Stephan Balkenhol en España” en “El Cultural”, edición impresa del 10/01/2001, que puede leerse también en http://www.elcultural.com/revista/arte/Primera-retrospectiva-del-escultor-Stephan-Balkenhol-en-Espana/1776

[2] Jitsag, en https://munichparallevar.wordpress.com/2016/02/01/la-escultura-de-balkenhol/

[3] Stephen Friedman Gallery, http://www.stephenfriedman.com/artists/stephan-balkenhol/


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MURALES CALLEJEROS DE SAN PEDRO SULA: DEJEMOS QUE LAS PAREDES HABLEN (por Pablo R.Bedrossian)

SERIE ARTE URBANO                              PROYECTO SAN PEDRO SULA, CIUDAD DE PAZ

“Te pido la paz para mi ciudad” (de una canción del panameño Jaime Murrel)

Cuando hace dos semanas publicamos la propuesta SAN PEDRO SULA, CIUDAD DE PAZ[1], dijimos: “nos basamos en tres pilares: rescatar lo bueno, señalar lo malo y crear oportunidades sin exclusiones. Este reto es una oportunidad para todos”.

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Desde diversos sectores se realizan contribuciones por una ciudad mejor. Hoy queremos presentar el arte urbano expresado en pinturas callejeras, pues muchas de ellas no sólo embellecen la ciudad, sino que llevan un mensaje de paz.

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Su insigne precursor es nuestro amigo, el gran muralista hondureño Antonio Vinciguerra[2]. Ahora, a la vanguardia está una nueva generación que desborda de talento. Cada vez nos resultan más familiares los nombres de sus creadores, como Rei Blinky[3], Alejandro Discua Meléndez, Darwing Roke, Solis, Andrea o Baruc, por citar algunos. En la zona de Chamelecón, liderados por Kelvin Enamorado, también crean murales los Warriors Zulú Nation, quienes además comparten el hip-hop como lenguaje de paz universal.  Además, grandes caricaturistas, como Luis Chávez, se han sumado a esta idea.

No se trata de esfuerzos individuales, sino la expresión de un trabajo colectivo. Por ejemplo, el movimiento JardínHN mereció en 2015 una nota del Diario La Prensa[4]; también el sitio web Hundart[5] ha contribuido a la difusión de esta expresión del street art. Pero dejemos que las paredes hablen..

PAREDES QUE HABLAN

Murales frente a la Escuela Episcopal “El Buen Pastor”

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Murales sobre Avenida de Circunvalación, desvío al Hospital Mario Catarino Rivas y alrededores

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Murales en los alrededores de la Fuente Luminosa (Boulevard de los Próceres y Avenida de Circunvalación)

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ALGUNAS FIRMAS DE LOS CREADORES

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© Pablo R. Bedrossian, 2016. Todos los derechos reservados.

 


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.wordpress.com/2016/01/23/san-pedro-sula-ciudad-de-paz-por-pablo-r-bedrossian

[2] Otros muralistas importantes en la historia de la ciudad han sido Álvaro Canales (Hotel Sula), Arturo López Rodezno (Alcaldía) y Miguel Ángel Ruiz Matute (Upnfm de San Pedro Sula).

[3] Seudónimo del artista urbano Jorge Pineda Maradiaga

[4] http://www.laprensa.hn/cultura/878530-410/arte-urbano-invade-de-color-las-calles-de-san-pedro-sula

[5] http://www.hundart.com


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LA DAMA DEL ARMIÑO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES OBRAS DE ARTE

Esta maravillosa obra pertenece a la colección que se exhibe en el Museo Czartoryski, en el casco histórico de Cracovia, la bellísima ciudad polaca que fue declarada Capital Europea de la Cultura en el año 2000. Sin embargo, por trabajos de remodelación del museo, fue trasladada transitoriamente al Castillo de Wawel, ex residencia de la monarquía de ese país, ubicada en una suave colina, en la misma ciudad. Fue allí donde pude contemplar personalmente este magnífico retrato que sigue despertando al mismo tiempo admiración y discusión.

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La dama del Armiño

La Dama del Armiño fue adquirida por el príncipe polaco Adam Jerzy Czartoryski alrededor del año 1800. Rápidamente la cedió a su madre, la princesa Izabela Fleming Czartoryska, quien había fundado el primer museo público de arte en Polonia en 1801 y colocó la obra allí.

IDENTIFICACIÓN EQUIVOCADA

El cuadro comenzó a exhibirse en 1809 como el retrato de una mujer desconocida, pero posteriormente se la identificó como la misma modelo de otra obra de Leonardo Da Vinci conocida como La Belle Ferronière, que se exhibe en el Louvre de París [1].

Esto generó un gran malentendido sobre la protagonista de la pintura; como suele ocurrir, un error inicial se multiplica por simple repetición.

LA BELLE FERRONIÈRE

Debido al apellido de su legítimo esposo (Ferron o Le Féron), o a la profesión que el hombre tenía (ferronnière, en español ferretero), se llamó La Belle Ferronnière a una burguesa parisina, amante de Francisco I de Francia. El esposo despechado fingió tolerar la infidelidad, pero se vengó secretamente: contrajo sífilis, contagio a su mujer, y la mujer a su amante. Ella murió tempranamente y el rey nunca se curó.

Se cree que por ella recibió el nombre ferronnière un tipo de diadema en forma de cinta o cadena ceñida a la frente con una pequeña piedra preciosa suspendida en su centro, de moda en el siglo XV.

Como la modelo de la obra del Louvre luce esta joya, a finales del siglo XVIII erróneamente se creyó que era la amante de Francisco I, pero hoy la mayoría de los expertos consideran mucho más probable que represente a la modelo de La Dama del Armiño, a mayor edad. De todos modos, aquel cuadro del Louvre conserva su nombre primitivo.

OTRO MALENTENDIDO

Seguramente debido a este error de catalogación, a La Dama del Armiño un antiguo restaurador le agregó en el extremo superior izquierdo las palabras LA BELE FERONIERE / LEONARD D’AWINCI. El uso de la w, que no existe en italiano, en lugar de la v sugiere que se trata de un intento de adaptar el nombre del artista al idioma polaco. Es también probable que en ese momento el fondo original de la obra (gris y celeste) fuera sobrepintado de negro, tal como algunos detalles de la vestimenta.

Detalle de la inscripción
Vista de la inscripción

EL CAMINO BORGEANO

Los historiadores polacos Jerzy Mycielski, en 1893, y Jan Boloz-Antoniewicz, en 1900, propusieron que La Dama del Armiño podría tratarse del retrato perdido de Cecilia Gallerani, una joven de la corte de Milán que fue amante del duque Ludovico Sforza, El Moro (1452-1508). El retrato había sido documentado en un soneto del poeta Bernardo Bellincioni y también en un intercambio epistolar entre Cecilia e Isabella d’Este en 1498. Mientras Boloz-Antoniewicz no duda que es Cecilia, Mycielski postula que también podría ser Ana de Bretaña (1477-1514), esposa de Luis XII de Francia, cuyo emblema era el armiño.

En 1907 A.E. Hewwett apoyó la teoría de Boloz-Antoniewicz al señalar que la palabra griega para armiño es galée (algo que no hemos podido corroborar), que comparte dos sílabas con el apellido Gallerani. En 1919 Henryk Ochenkowski sostuvo que el armiño podría hacer referencia a Ludovico Sforza, quien en varias ocasiones fue llamado Ermellino, que es la palabra italiana para nombrar al armiño. Muchos años después, en 1990, Carlo Pedretti descubrió otra singular coincidencia: en 1488 el Rey de Nápoles, Fernando I de Aragón le otorgó a Sforza la Orden del Armiño. Por su pelaje blanco, desde la antigüedad el armiño es asociado con la pureza. Aparece en un grabado atribuido a Leonardo (circa 1490), probablemente base del diseño de una medalla para Ludovico.

Se ha establecido en años recientes que Cecilia Gallerani nació en 1473 y tendría unos 17 años cuando el cuadro fue pintado. Pertenecía a una familia originaria de Siena que se había establecido en Milán. Poseía grandes talentos, especialmente para la literatura y la música, al extremo que en la corte se la llamó “mussa” y “donna docta”.

 UNA LOVE STORY

Ludovico Sforza, el duque de Milán, estaba comprometido con Beatrice d’Este, hija del Duque de Ferrara, pero debido a su apasionado amor por Cecilia iba postergando la fecha. De hecho, en 1490 el embajador de Ferrara informó al duque que la Gallerani -de quien dice que era hermosa como una flor– no sólo tenía toda la atención de Ludovico sino que estaba embarazada. Al final Ludovico y Beatrice contrajeron nupcias en enero de 1491, y a principios de mayo de ese año, Cecilia dio a luz a su hijo César. Debido a la presión de su esposa y de su suegro, el duque de Milán hizo casar a su bella amante con Ludovico Carminati de Brambilla, conde de Bergamino. Cecilia se instaló en el bello Palacio de Carmagnola, regalo de Sforza a su hijo César, y murió a los 63 años, en 1536.

LA MODELO Y EL ANIMAL EN LA PINTURA

Artilio Schiaparelli, en 1921, y Zdzislaw Zygulski Jr., en 1969, publicaron minuciosos estudios sobre el corte de cabello y la indumentaria de la modelo. Según estos autores la vestimenta es a la española con toques moriscos.

El pelo lacio con raya al medio reunido atrás en una trenza, está fijado por una vincha de seda oscura. Ese peinado, conocido como tranzado, de moda en España durante el reinado de los Reyes Católicos, es cubierto por un delicado velo transparente cuyo borde de hilo dorado llega justo hasta las cejas.

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Tiene un largo collar de ágatas entalladas que da una vuelta al cuello y otra que cae más allá del escote cuadrado. El canesú y las mangas de su vestido rojo están adornados con bordados que parecen guirnaldas, y su mantilla azul tiene una larga hendidura a través de la cual sobresale el brazo izquierdo con el que sostiene por debajo al pequeño animal.

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No todos coinciden en que el animalito es un armiño, algunos dicen que es una marta, otros una comadreja; hay quienes creen que es un hurón, un zorrillo blanco o, incluso, un pequeño perro. Sea cual sea, es una alusión a su amante, quien probablemente encargó la obra.

LA CREACIÓN DEL ARTISTA

El experto polaco Janusz Walek enfatiza que Leonardo evitó la representación tradicional que le permitía enfatizar las características faciales como el ángulo de la nariz o el mentón, eligiendo una vista de tres cuartos de perfil que exponía mucho más el torso. Girando la cabeza en dirección opuesta al cuerpo, el artista lograr imprimirle a la figura un dinamismo que no encontramos en sus retratos más tempranos. Además ubicó la figura de modo que la luz partiera de un única fuente, ubicada arriba y quizás algo a la izquierda. La luminosidad se concentra en el rostro de la modelo y en el punto de contacto que se produce entre su mano y el animal; a partir de allí se va difuminando, y aparecen sombras, logrando un espléndido efecto de tridimensonalidad.

La imagen es una obra maestra de realismo no sólo por el perfecto trazo de la anatomía (a pesar de cierta desproporción entre el tamaño de la elegantísima mano y la cabeza de la mujer) sino también por ese supremo manejo del claroscuro. Leonardo es un gran ilusionista.

TAMAÑO Y FECHA

Pintura al óleo sobre tabla de madera, cuyas medidas son 55cm de alto y 40 cm de ancho.

La fecha de la obra es discutida. Por ejemplo, la Hermana Wendy Beckett, experta en Historia de la Pintura, la sitúa en 1483, pero si aceptamos a 1473 como año del nacimiento de Cecilia Gallerani, es una datación prematura. Es más probable que haya sido creada alrededor de 1490.

ANÁLISIS MULTIESPECTRAL

En 2007, por iniciativa de Jean Penicaut, de Lumiere Technology, con el obvio acuerdo de la Fundación Princesa Czartoryski, La Dama del Armiño fue sometida a un nuevo método de análisis multiespectral. Los mismos expertos franceses que en 2004 investigaron la Mona Lisa, utilizaron una cámara especial construida por Pascal Cotte, que dirigió el proyecto. Es una suerte de vivisección natural en toda la imagen. La cámara explora la pintura y barnices a diferentes profundidades, facilitando una eliminación virtual de las capas individuales de la imagen. Este método también permite ahondar en la historia de la obra, y llegar al dibujo primitivo que sirvió de base para la composición. Permite identificar correcciones y restauraciones y acercarse al color original. Este análisis ha servido para confirmar la autoría de Leonardo Da Vinci.

EPÍLOGO

Dicen que el arte es el espíritu que se desprende de un hecho; diría que es lo que se percibe de él. Es una experiencia personal e intransferible. A mí me conmovió su humanidad y su belleza a pesar de los 500 años transcurridos.

Tras la muerte de Cecilia se perdió todo rastro de la obra hasta que reapareció alrededor de 1800. El resto es historia que puede leerse en cualquier website.

© Pablo R. Bedrossian, 2015, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] En nuestra última visita al Museo del Louvre de París no vimos esta pieza expuesta. No dijeron que había sido trasladada desde 2014 al Louvre de Abu Dhabi​ , capital de los Emiratos Árabes Unidos.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la correspondiente a La Belle Ferronnière, tomada del sitio del Museo del Louvre.


BIBLIOGRAFÍA

Beckett, Hermana Wendy, “1000 Obras Maestras”, Editorial El Ateneo, Buenos Aires, Argentina, 2000

Glade Reyes, Alejandro, “El arte de la orfebrería y la joyería: El Ferronière y las cadenas de cintura”, http://orfebrealejandroglade.blogspot.com/2014/06/125-el-ferroniere-y-las-cadenas-de.html

Nowicka, Justyna, “’La Dama del Armiño’ revela secretos” (“’Dama z łasiczką’ zdradza sekrety”), http://www.rp.pl/artykul/68741–Dama-z-lasiczka–zdradza-sekrety.html

Walek, Janusz, “La Dama del Armiño”, ensayo mural en el Museo Nacional en Cracovia, Polonia

Walek, Janusz, “La Dama del Armiño – retrato alegórico de Cecilia Gallerani (c.1473-1536)”, en http://muzeum.czartoryskich.pl/es/Dama_z_gronostajem