EL PASAJE SARMIENTO: LA PERLA OCULTA DEL ONCE

Entre la marea de comercios del Once, existe un pasaje centenario que pocos ven y muchos ignoran. Lo recorrimos, investigamos su historia y rescatamos una anécdota tan increíble como real. Si le interesa la Buenos Aires que se esconde a plena vista, este artículo es para usted.

El Dr. Eduardo Balbachan fue el primero en escribir un libro acerca de los pasajes porteños. En la primera edición de “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”[1] presentó una lista que incluía tres ubicados sobre la Avenida Rivadavia entre el Congreso y la Plaza Miserere, más conocida como Plaza Once: el pasaje Carlos Colombo, sobre el cual ya hemos escrito[2], el hoy desaparecido pasaje Huergo, donde tuvo una sede el Grupo MIA que integraba Lito Vitale, y el pasaje Sarmiento, que nos ocupa. Cuando caminábamos por la zona y recordábamos la existencia de este pasaje, nos costaba encontrarlo. Ocurre que sus dos pequeñas entradas, una sobre la avenida Rivadavia, la otra sobre la calle Bartolomé Mitre, pasan inadvertidas para la inmensa mayoría de los transeúntes entre la maraña de tiendas y puestos de venta callejeros de la zona.

Levantado sobre un terreno con un frente de 25 metros[3], el pasaje Sarmiento atraviesa la manzana en dirección norte-sur. Se accede a él por dos estrechas entradas: una, por Bartolomé Mitre 2660, entre las calles Castelli y Paso; la otra, por la avenida Rivadavia 2659, ambas flanqueadas por locales comerciales. Es una joya del barrio de Balvanera por su estilo neocolonial.

Las viviendas cuentan con dos plantas. En el centro del pasaje, una pared con una ventana doble de medio punto divide en dos el pasaje; luce una fuente -hoy seca- con una cabeza de león en su centro, sobre el cual luce un escudo de armas; a los lados hay dos aberturas para el paso de los vecinos.

El pasaje fue inaugurado en 1893, construido por P. L. Campbell con planos del Ing. Enrique D. Montdor; su propietario inicial fue la Asociación Mutual La Argentina, más conocida como Sociedad La Argentina, fundada en 1890, cuyo edificio actual, emplazado en la calle Rodríguez Peña 433 e inaugurado en 1902, constituye una perla arquitectónica porteña[4].

Según cuenta el Dr. Balbachan, el pasaje Sarmiento adquirió su fisonomía actual en 1944, gracias a sus propietarios de aquel momento, los hermanos Jaime Moisés y Salomón Cotton, quienes lo cerraron y ornamentaron con detalles propios de un jardín andaluz, razón por la cual también se lo conoció como pasaje Andalucía. Sin embargo, este nombre, según Alberto Piñeiro, era anterior, pues cita una mención del pasaje con el nombre de Andalucía en la edición del 2 de junio de 1905 del diario porteño La Protesta[5]. La reforma corrió por cuenta del constructor Juan Lemmi Lenzi.

En cuanto al nombre, creemos que rinde un temprano homenaje al presidente Domingo Faustino Sarmiento, el ilustre sanjuanino fallecido en 1888; en aquel entonces ninguna calle lo recordaba. La calle que hoy se llama Sarmiento tenía por nombre Cuyo y recién en 1911 recibió su denominación actual, por la ordenanza 20/2/1911[6].

UNA ANÉCDOTA

Cada vez que tenemos oportunidad de visitar un pasaje, procuramos rescatar alguna anécdota ocurrida en su interior. La mayoría de los relatos que escuchamos versaban sobre robos en la calle: una viejita que se defendió a paraguazos de un ratero, el predicador de la vecina Plaza Once que trabajaba arreglado con un punguista o el vendedor ambulante que tuvo que defenderse a golpes de los ataques de dos mecheras. Sin embargo, hallamos una surgida en el propio pasaje Sarmiento. La historia provino de alguien que, según nos dijo, fue testigo de los hechos siendo niño. Como la realidad supera a la ficción, decidimos creerle, aunque dejando, como decimos siempre, un espacio para la duda.

Resulta ser que un matrimonio conformado por un portugués y una rusa peleaba constantemente. Como cuando discutían cada uno terminaba hablando en su idioma, era imposible determinar las razones, pero solían volar los platos -y no solo los platos- entre ellos.

Cierta noche, un vecino recibió un llamado urgente: la rusa estaba en la guardia del Hospital Ramos Mejía y pedía por algún alma caritativa que pasara a recogerla. El relator, que por aquel entonces tenía ocho o nueve años, acompañó a su padre al hospital. Entrar a una sala de emergencias le produjo un shock: pacientes con gritos de dolor, un practicante tratando de detener un sangrado, personas con suero, un movimiento incesante, todo en una atmósfera que olía a nervios, pus y desinfectante. Cuando lograron ubicar a la rusa, notaron que tenía una larga sutura en la oreja derecha, pero, sin embargo, sonreía. Entonces se suscitó un diálogo entre el padre del niño y la mujer, que hablaba un español con fuerte acento eslavo.  Lo transcribimos en nuestras palabras:

– ¿Qué pasó?

– Peleamos con mi marido y me mordió la oreja; me dieron seis puntos.

– Pero la veo contenta…

– Es que le di tal paliza que lo tuvieron que internar.

El hombre la llevó hasta su vivienda en el pasaje Sarmiento y no se animó a preguntarle nada más, no sea cosa que la rusa se enojara también con él.

© Pablo R. Bedrossian, 2026. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, 1ª edición, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

[2] Ver nuestro artículo “El pasaje Carlos Colombo”, 17/7/2018, https://pablobedrossian.com/2018/07/17/el-pasaje-carlos-colombo-por-pablo-r-bedrossian

[3] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.62

[4] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, 3ª edición, Diseño, Buenos Aires, Argentina, 2021, p.231; en el libro el se refiere a la Sociedad La Argentina, que, de acuerdo con nuestra investigación, era el nombre popular de la Asociación Mutual La Argentina, que aún existe. Pudimos hablar recientemente con su actual presidenta, quien nos dijo que la entidad llegó a contar con más de 3000 socios, pero en la actualidad menos de 200.

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.31. Escribe Piñeiro: “Este pasaje de carácter particular aún subsiste con el nombre de Sarmiento. Nace en Rivadavia 2659 y termina en Bartolomé Mitre 2660. Se lo menciona con el nombre de Andalucía en el diario La Protesta, Año IX, Nº 539, Buenos Aires, viernes 2/6/1905, p. 3, col. 4”.

[6]   Piñeiro, Alberto Gabriel, obra citada, p.480


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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