EL PASAJE MARCOARTÚ, UNO DE LOS PASAJES MÁS PEQUEÑOS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Este curioso y pequeño pasaje peatonal sobrevive escondido detrás de la Estación Flores. Con una única entrada por la calle Bolivia, corre paralelo a las vías del del Ferrocarril Sarmiento, de las cuales está separado solo por una reja metálica.

Es corto y angosto. Su breve trayecto sirve de frente a una antigua construcción de dos plantas de color gris y reminiscencias art nouveau.

Este edificio de viviendas posee seis puertas en la planta baja, numeradas del 1 al 6, y cuatro balcones en la planta alta.

Además, las bases de los tres últimos balcones se apoyan sobre columnas, formando pórticos que lejanamente nos recuerdan a los del barrio londinense de South Kensington. Nótese el parecido.

El acceso al pasaje se encuentra en Bolivia 202. En la entrada hay dos puertas enrejadas tras las cuales se abre un piso de baldosas. Los pórticos reducen el ancho del pasaje que, más que una calzada, parece una vereda. Se recorre en segundos, terminando contra una pared, por lo que no tiene salida a la calle Condarco.

LA FECHA Y EL CREADOR

Aunque varias fuentes sostienen que “son casas que datan de 1914, construidas por el arquitecto e ingeniero J. Arnaut para ser utilizadas por personal ferroviario”[1], [2], según una inscripción en el propio edificio, el proyecto fue realizado por el ingeniero catalán José Arnavat[3], quien se había radicado en Argentina desde hacía varias décadas.

Foto por Alejandro Machado, utilizada con su permiso

De acuerdo a lo conversado con el Dr. Eduardo Balbachan, la fecha debe ubicarse alrededor de 1908, año del fallecimiento del Ing. Arnavat. Además, nos ratificó que el edificio de viviendas del pasaje Marcoartú fue construido por el Ferrocarril Sarmiento para sus obreros.

EL NOMBRE Y EL ORIGEN

El nombre recuerda a Daniel E. Marcoartú[4], el donante del predio. Una resolución municipal del 24 de diciembre de 1906 habla de la cesión que este vecino hizo en favor de la Municipalidad “de la superficie de terreno compuesta de 449 metros 4 decímetros cuadrados con destino a la regularización de las calles Avellaneda y Bolivia”[5] que sirvió para el edificio y el pasaje.

Aparentemente siempre mantuvo el mismo nombre. Dice Alberto Gabriel Piñeiro: “esta denominación, cuya presencia ya puede corroborarse en el Plano Bemporat de la Capital Federal, Índice General de las calles del Municipio, Edición 1931/1932, aún subsiste, conservando su carácter no oficial”[6]. Tal como afirma, aunque formalmente no es un pasaje público ni posee un nombre oficial, se lo conoce y reconoce como Pasaje Marcoartú. Se lo encuentra en Google Maps y las entradas al edificio tienen su propio código postal, C1406GGB. Como ya hemos mencionado, las casas están numeradas de 1 al 6 sin seguir la altura de las calles paralelas.

ACERCA DEL INGENIERO JOSÉ ARNAVAT

José Arnavat se había graduado en la Escuela de Ingenieros de Barcelona, llegando a la Argentina en 1872. En Buenos Aires realizó varias obras, como la Capilla y Colegio de las Hermanas Adoratrices en la calle Paraguay 1419, un petit hotel en la avenida Córdoba 1739[7] y el ex Gran Hotel España en la Avenida de Mayo 930.

En el excelente trabajo de investigación de Alejandro Machado para el Catálogo General del Modernismo Catalán, aparece otra obra suya muy cerca del pasaje Marcoartú, un pequeño hotel familiar en la calle Bogotá 2527[8]. Arnavat, además, fue secretario de la SCA (Sociedad Central de Arquitectos) de la Argentina[9].

UNA HISTORIA QUE PARECE UNA HISTORIETA

Resultó muy difícil recabar anécdotas ocurridas en el pasaje Marcoartú. Solo obtuve una cuya veracidad es dudosa. El relato vino de una anciana que vivió sobre la calle Condarco, del otro lado del pasaje. Según ella ocurrió hace más de sesenta años.

Había un ladronzuelo que vivía del arrebato. Al parecer, tomaba el tren bien temprano en Moreno y cuando se detenía arrancaba carteras o maletines huyendo a la carrera. En la Estación Flores sus robos ocurrían al menos dos veces por semana. Cuando el policía asignado a la estación lo perseguía, el adolescente trepaba la verja del pasaje Marcoartú con una velocidad felina y saltaba la tapia que daba hacia Condarco.

El agente pasaba vergüenza porque el comisario se había hartado de las denuncias, pero él, que lo había pasado mal de chico, no quería usar violencia innecesaria para atrapar el delincuente. Entonces resolvió hacer algo extraño. Durante toda una semana, con las primeras luces de cada día, se dirigió al pasaje a untar de grasa el paredón por el cual trepaba el ratero.

El jueves temprano se escuchó el grito de una mujer a quien le habían robado la cartera. El agente amagó correr y vio una figura escapar y saltar las rejas. En lugar de seguirlo por el andén salió disparado hacia al pasaje donde vio que el muchacho luchaba por encaramarse a la pared, pero resbalaba. Lo detuvo por detrás, lo tiró al piso y le puso las esposas. Cuando lo dio vuelta se dio cuenta que no era el mismo muchacho sino un hombre mayor con un par de cicatrices en la rostro. En la comisaría se enteró que era un ladrón muy buscado cuyo prontuario incluía un homicidio. Según la viejita, el comisario lo felicitó por la detención y nunca de enteró de la treta. En cuanto al jovencito, siguió robando y no hubo grasa que lo detuviera. Tristemente, semanas después apareció muerto en una zanja por la zona de Padua.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS 1: OTRA EVIDENCIA DEL PARECIDO DEL EDIFICIO DEL PASAJE MARCOARTÚ CON LAS CONSTRUCCIONES DE SOUTH KENSINGTON LONDRES

En su trabajo final “Evolución de la Vivienda en París, Buenos Aires y La Plata inserción del Petit-hotel” la Arq. Julieta Derdoy, bajo la dirección del Arq. Fernando Aliata, escribe en la página 71: “Las series de casas estilo cottages típicamente británicas no fueron frecuentes en distintos barrios de Buenos Aires, se pueden ver especialmente en Belgrano. Un pequeño conjunto de casas de sectores medios destacables son el sobrio pasaje Marcoartu en Flores, 1914 y el complejo proyectado por Lorenzo Siegrist, 1913, en Carbajal y Conde en Belgrano”. Los covered back porch son típicos del estilo victoriano.


BONUS 2: UN TANGO QUE MENCIONA A MARCOARTÚ

Hay un tango que menciona al pasaje Marcoartú y hace referencia también a Alejandro Dolina y a su famoso Ángel Gris. Este tango en 1997 recibió una mención especial en un concurso titulado “Un tango a mi barrio”.

(Letra de Daniel Parisi)

Burlona y artera, la noche se anida
malandras y santos pierden la razón
suena la chicharra, señal de suicidas
revientan los tacos en el Odeón.
Turbios claroscuros donde sin cautela
dibujé la estela de mi juventud.
Plátanos heridos ocultan, desvelan
dolinescos ángeles sobre el Marcoartú.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad.
Ronca la avenida, lucís como el centro de
[una gran ciudad
Casitas baratas como almidonadas
de eternos eneros quietos como el sol
rebotan las huellas de mil afiebradas
pelotas que nunca se van al “augolî.
La vida y la muerte huelen a lavanda
contra la muralla de piedra y verdín
vamos Baldomero, levántate y anda
que hoy dan dos de cowboys en el San Martín.
Flores, tus calles prohibidas me vieron crecer
anhelando el fuego de rojas mujeres de lento vaivén.
Flores, brilla la indecencia de tu soledad
Ronca la avenida, lucís como el centro de
una gran ciudad.


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

Agradezco al Dr. Eduardo Balbachan por su asesoramiento. Fue el primero en presentarnos esos mágicos callejones a través de su obra “Los ignorados Pasajes de Buenos Aires”, publicada por la Editorial Rodolfo Alonso en 1982 y luego en una versión ampliada y mejorada por Corregidor en 2010. El trabajo del Dr. Balbachan es imprescindible para cualquier publicación sobre el tema y espero que reciba el merecido reconocimiento público por su enorme contribución al conocimiento de la Reina del Plata.

Agradezco también a Alejandro Machado, gran experto en edificios porteños, por siempre compartirme generosamente la información que le solicito El relevamiento que ha hecho de esas obras y sus creadores es extraordinario, reflejando su admirable pasión por la Ciudad de Buenos Aires. Recomiendo su página en Facebook “Cronista de tu Ciudad”, https://www.facebook.com/groups/cronistadetuciudad/ y todos sus blogs, entre ellos, “Red de Blogs de Arquitectura Argentina”  http://blogs-patrimoniales.blogspot.com/ junto al recordado Fabio Perlin o el mencionado en este artículo, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/ en colaboración con el catalán Valentí Pons Toujouse.


REFERENCIAS

[1] Sin firma, “Pasaje Marcoartú”, B.A.C.N. (Buenos Aires Ciudad de Noticias, 1/1/2018. http://bacn.com.ar/pasaje-marcoartu/

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.87,88

[3] Machado, Alejandro, “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/

[4] Apellido de origen vasco

[5] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p..78

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.162

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.70

[8] Machado, Alejandro, “Ingeniero José Arnavat”, link de “Arquitectos Españoles en Argentina y España”, http://arquitectos-argentina-espania.blogspot.com/search/label/Ing.%20Jos%C3%A9%20Arnavat

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.71


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen con el nombre grabado del Ing. Arnavat en el edificio del pasaje Marcoartú que pertenece a Alejandro Machado y es utilizada con su permiso.

LOS PASAJES DE SAN JOSÉ DE FLORES: PESCADORES, SALALA Y GENERAL ESPEJO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Los pasajes Salala y Pescadores corren a los lados de la Iglesia de San José de Flores. Son públicos, peatonales y tienen una sola cuadra que se extiende entre la avenida Rivadavia y la calle Ramón L. Falcón.

Del lado este de la iglesia corre el pasaje Pescadores; nace en Rivadavia 6950 y termina en Falcón 2431.

Del lado oeste corre el pasaje Salala; nace en Rivadavia 6970 y termina en Falcón 2471.

A mitad del pasaje, a la altura de Salala 49, se abre un tercer pasaje llamado General Gerónimo Espejo. Esta corta y ancha vía, también peatonal, se extiende unos pocos metros, desde la pared de la iglesia hasta la calle Pedernera 48, formando una T con el pasaje Salala.

Son callejones oscuros debido a las altas paredes del templo. La última vez que los visité, a fines de 2019, tenían portones con rejas que se cerraban por las noches para evitar rateros, linyeras y cirujas.

EL PASAJE SALALA

Podemos dividir el pasaje Salala en dos partes. La primera entre Ramón L Falcón y el pasaje General Gerónimo Espejo; la segunda, entre el mismo pasaje y la avenida Rivadavia.

En la primera sección las casas están bien cuidadas y muestran toques de color; exhalan aroma a barrio pese a la ausencia de árboles.

Del lado de la iglesia hay una puerta de hierro con una placa que dice Oratorio de la Adoración Perpetua, espacio que forma parte del complejo de la basílica.

Hacia el final de la sección se ha terminado luego de largos años un moderno edificio.

Tras cruzar el pasaje Espejo, ingresamos a la otra mitad, ocupada en su totalidad por el edificio del Banco Nación, cuya alta pared conforma junto con la de la iglesia un espacio frío e impersonal.

EL PASAJE PESCADORES

Es un largo pasaje sin callejones a los costados. Aunque de algún modo parecido, es mucho más rústico y rudimentario que el Salala.

Las casas son más antiguas y bajas; el escaso colorido proviene de algunos murales.

En ocasiones he visto personas haciendo fila para ser atendidos por colaboradores de la iglesia. La elevada pared de la basílica y el matiz opaco de las casas le dan una atmósfera algo lúgubre.

Sin embargo, el tramo más cercano a la avenida Rivadavia posee más colorido y regala a la vista las mejores casas.

EL PASAJE GENERAL GERÓNIMO ESPEJO

Este breve pasaje nace en la calle Pedernera y termina en Salala, contra la pared de la basílica. De un lado tiene al Banco Nación; del otro, un edificio que tardó muchos años en ser construido.

Por esa demora y el aspecto de obra abandonada, el pasaje fue un lugar predilecto para indigentes y homeless y se caracterizaba por su suciedad.

Además, y a pesar que se habían colocado canteros, siempre había más de un avivado que estacionaba allí su automóvil, aunque estaba totalmente prohibido.

EL ORIGEN

Hemos dicho que los pasajes están íntimamente ligados a la iglesia de San José de Flores. El nombre Flores proviene de don Juan Diego Flores, cuya chacra ocupaba el barrio hoy que lleva su apellido. Este emprendedor lotificó parte de su propiedad y vendió algunos de esos terrenos. A su muerte en 1801 la finca pasó a manos de la viuda, Antonia Fuentes, y de su hijo adoptivo, Ramón Francisco Flores, quien decidió expandir la venta de tierras y fundar un pueblo que llevara el nombre de su padre. El trazado estuvo a cargo de Antonio Millán quien fuera administrador de Juan Diego Flores y era propietario de algunas de las tierras. En 1804 ya se lo conocía como el pueblo de Flores, que servía “como una parada casi obligatoria entre el pueblo de Luján y la ciudad de Buenos Aires”[1].

Sus límites iniciales quedaron establecidos por las actuales calles Aranguren (norte), Lautaro – Fray Luis Beltrán (este), Directorio (sur) y San Pedrito – Nazca (oeste). “Dentro de ese perímetro destinó una manzana para iglesia, otra para plaza principal (lo que hoy es la Plaza Pueyrredón y que en su origen fue tan solo una simple parada de carretas) y una tercera para corrales de abasto y matadero”[2]. La plaza Pueyrredón es más conocida como plaza Flores.

Con la autorización del virrey Sobremonte, se creó la parroquia o curato de “San José de Flores”, de límites más amplios. En 1806 se levantó la primera capilla vecinal sobre la calle Rivera Indarte, en la misma manzana de la actual iglesia. Sin embargo, el párroco Martín Boneo en 1830 se propuso levantar un templo más grande, de 36 metros de largo por 15 de ancho y ocho metros de alto, con frente a la Avenida Rivadavia.

Cuenta el Dr. Eduardo Balbachan, pionero y maestro en el estudio de los pasajes porteños, que la curia vendió terrenos en esa manzana para financiar la construcción. Entonces, entre 1930 y 1931, Pedro Pablo Roberts impulsó la creación del actual callejón Salala para valorizar las casas vecinas[3]. Posteriormente por una disposición municipal se creó un pasaje paralelo, hoy conocido como Pescadores.

EL CREADOR

Se sabe muy poco del creador del pasaje Salala, Pedro Pablo Roberts. Gabriel Turone sostiene que era oriundo de Gales, vecino de Flores y poseedor de una gran cultura. Dice además que se casó con doña Josefa Silveyra con quien procreó a Pedro Florencio Roberts, médico y benefactor, nacido en 1844[4]. Además, aunque no he podido conseguir el libro original, Turone no es el único que cita al primer texto sobre la historia barrial, “San José de Flores: Bosquejo histórico” del Rómulo Carbia, publicado en 1906, para comentar que Pedro Pablo Roberts había sido testigo de un fusilamiento múltiple ordenado por don Juan Manuel de Rosas en 1832: “Don Pedro Pablo Roberts, cuyas canas ostentan el rigor de 94 inviernos, recuerda perfectamente este hecho”[5]; este dato sugiere que haba nacido en 1812 y realizado aquel negocio inmobiliario con solo 18 o 19 años.

EL PASO DE LOS AÑOS

Recién en 1870 las calles de San José de Flores recibieron nombres. En 1878 se hizo cargo de la parroquia el padre Feliciano de Vita quien impulsó la creación la actual Basílica de San José de Flores, de dimensiones muy superiores a la iglesia anterior (65 metros de largo por 22 de frente). Los planos fueron elaborados por los arquitectos italianos Benito Panunzi y Emilio Lombardo y la obra fue dirigida por los arquitectos Andrés Simonazzi y Tomás Allegrini[6].

El templo católico fue inaugurado en 1883. El Banco Nación, diseñado por el arquitecto Carlos Nordmann, que está separado de la iglesia por el pasaje Salala y limita con el pasaje Espejo, es de 1910.

En 1913, detrás de la basílica se levantó el Círculo de Obreros Católicos proyectado por el ingeniero Agustín Carbone[7]. Desde luego todas estas obras hicieron que estos callejones cambiaran su fisonomía.  

Es muy poca la información adicional sobre estos pasajes y su evolución a lo largo del tiempo, así como del origen del pasaje Espejo. Por un plano de 1882 sabemos que ya existían los tres pasajes[8].

LOS NOMBRES

Ni Salala ni Pescadores, ni Espejo eran los nombres originales. Lo sabemos por una ordenanza del 27 de noviembre de 1893 que impuso estas nuevas denominaciones: Salala era anteriormente conocido como Brandsen[9]; Pescadores era conocido como Brown[10]. El mismo documento indicaba que el tercer pasaje pasaba a llamarse simplemente Espejo, reemplazando el nombre de Zapiola. Recién en 1984 por la Ordenanza N° 40.107 (Boletín Municipal Nº 17.427) adquiere su nombre completo: General Gerónimo Espejo[11]. Nótese que antiguamente la avenida Lastra de Villa Devoto se llamaba General Espejo.

Los tres nombres están vinculados al Ejército de Los Andes conducido por el General José de San Martín. Salala fue una victoria obtenida en Chile por Patricio Cevallos, oficial que reportaba al comandante Juan Manuel Cabot, en 1817[12]. Sus tropas estaban conformadas por fuerzas del Ejército de los Andes y del Ejército de Chile.

Pescadores fue otro un combate, librado en 1820 durante la Campaña al Perú. Hay una anécdota sabrosa sobre esa batalla. Juan Pascual Pringles -por aquel tiempo teniente, luego conocido como el coronel Pringles– fue sorprendido por las tropas realistas de Gerónimo Valdez. Al verse derrotado se arrojó al mar, pero el general español le ayudó a salvarse y le perdonó la vida[13].

El General Gerónimo Espejo también formó parte del Ejército de los Andes. Mendocino, acompañó al General José de Sa Martín en toda la campaña libertadora. Luego participó en la Guerra con el Brasil y en las luchas internas argentinas colaboró con los generales Lavalle y Paz. Además de militar fue un notable cronista[14].

UNA BREVE ANÉCDOTA

Siempre que puedo trato de recoger alguna anécdota sabrosa. En esta ocasión debo la historia a un mendigo que había fijado en el pasaje Espejo su residencia, al aire libre, por supuesto. Su nivel educativo me sorprendió (“a mí me quebró la bebida” confesó). Resumo el relato que hizo:

Una anciana que iba a misa todos los domingos se encontró con un joven seminarista muy pintón en el pasaje Salala. Luego de saludarlo le dijo:

– A vos te gustan las mujeres, ¿no?

– Sí, pero mayor es mi vocación

– Pero si Dios no te mandara una mujer, ¿no te casarías?

– Solo si me la manda Dios, pero ¿cómo podría saberlo?

– Muy fácil: ponelo a prueba.

El joven se quedó pensando. Después de unos segundos respondió.

– Si mañana apareciese una chica con pollera roja, blusa blanca y un moño azul en el cabello y me dijera… no sé… ‘¡qué bello es este cielo!’… creería que viene de Dios.

El día siguiente llovió torrencialmente. El seminarista caminaba protegido por un paraguas por el pasaje Salala cuando por el pasaje Espejo apareció una joven completamente empapada con una enorme sonrisa, pollera roja, blusa blanca y un moño azul. Fue directamente hacia él y obviamente le dijo:

– ¡Qué bello este cielo!

El seminarista recordó en ese instante lo que había dicho del día anterior. La cubrió con el paraguas, comenzaron a conversar y pocas semanas después el aspirante a cura abandonó los hábitos para comenzar el noviazgo.

La viejita nunca más volvió a aparecer por la iglesia. Se tejieron todo tipo de conjeturas: que había muerto, que se había mudado, hasta que era un ángel que había visitado la iglesia. Le pregunté al mendigo que suponía él que había pasado:

– Contra lo que Ud. piensa, no era una tía de la chica. Creo que la muchacha estaba enamorada del seminarista desde siempre y no sabía como abordarlo. Cada misa para ella era una tortura hasta que se le ocurrió hablar con la viejita. Le dio un buen dinero para que encarara al seminarista y ejecutara el plan. La doña no era tonta y lo llevó a donde quería. Si aún vive, la vieja debe estar yendo a una iglesia en Liniers o Caballito…

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, “Flores 200 años. Barrio y Cementerio”, Ministerio de Cultura – Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, 1ª Edición, 2006, p.16

[2] Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Op. cit., p.27

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.44

[4] Turone, Gabriel, “Salala: Un pasaje de San Jose De Flores con historia”, Jóvenes Revisionistas Sitio Oficial, http://jovenesrevisionistas.org/salala-un-pasaje-de-san-jose-de-flores-con-historia/. No pude validar estos datos pues no tengo en mi poder la bibliografía citada por el autor.

[5] Carbia, Rómulo D. “San José de Flores, Bosquejo histórico”, Arnoldo Mobn y Hno., 1906, p.49. de acuerdo a Turone, Gabriel O., “Un día como hoy” del 28 de abril de 2019, https://www.facebook.com/2312748222384950/

[6] Gómez Aquino, Rosa, “Iglesias en Buenos Aires”, Del Nuevo Extremo, 2012, p.125. La autora al arquitecto Lombardo lo llama Lombardi.

[7] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.78

[8] “Plano de la Ciudad de Buenos – Aires Capital de la República Argentina de los suburbios Boca y Barracas al Norte y de los Pueblos limítrofes Belgrano y S. José de Flores…por J.B.A. BIANCHI. Publicación hecha expresamente para la Exposición Continental de 1882…”, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/ La flecha fue agregada por nosotros.

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.473

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.447

[11] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.355

[12] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.161

[13] Iusem, Miguel, Op. cit., p.141

[14] Iusem, Miguel, Op. cit., p.67


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos a excepción de la imagen parcial del mapa de Buenos Aires de 1882, tomado de https://www.geografiainfinita.com/2018/06/la-evolucion-de-buenos-aires-a-traves-de-los-mapas/. La flecha fue agregada por nosotros.

EL EDIFICIO DEL MOP (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES 

Avanzando por la Avenida 9 de Julio de norte a sur uno encuentra una enorme mole hormigonada de líneas rectas y color blancuzco que obliga a desviar el camino. Los turistas se detienen a fotografiar allí un rostro de Evita a gran escala en acero, que de noche se ilumina; además hay una imagen en el mismo estilo del otro lado. El paso incesante de vehículos delata que es el único edificio sobre la “avenida más ancha del mundo”, ubicado en la manzana donde la Avenida Belgrano y la calle Moreno interceptan a la 9 de Julio y a su colectora oeste, la calle Lima. Fue construido como sede del Ministerio de Obras Públicas, por lo que se lo conoce por sus siglas, el “Edificio del MOP”.

Ubicado en el barrio de Monserrat, fue uno de los primeros rascacielos racionalistas de la ciudad, con 93 metros de altura[1].  

EL RACIONALISMO

Llegando muy poco después del Art Decó, que había nacido en 1925, y conviviendo por un largo tiempo con él, apareció el Racionalismo: una arquitectura basada en la razón, cuyos diseños se basaban en volúmenes geométricos simples despojados de ornamentos. No es aventurado decir que renunciaba a la estética para privilegiar la función; se servía para ello de materiales de última generación, como el hormigón y el acero. 

LA HISTORIA

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. El 26 de noviembre de 1933 se promulgó la ley 11.714 que cedía el terreno ocupado por las calles Moreno, Lima, Aroma y la futura 9 de Julio para la construcción del edificio del Ministerio de Obras Públicas, que el Estado mismo financió[2]. La calle Aroma mencionada allí era un pasaje anteriormente conocido como la Calle del Pecado que corría entre las calles Moreno y Belgrano, que aún no había sido convertida en avenida.

Las obras de iniciaron el 15 de noviembre de 1934, con diseño del Arquitecto Alberto Belgrano Blanco[3] y fueron dirigidas por el ingeniero Marcelo Martínez con la supervisión del propio Arquitecto Hortal. La empresa constructora de José Scarpinelli levantó la estructura de hormigón en solo 138 días hábiles. Sigamos el relato de Leonel Contreras “La idea original de Hortal era levantar en la futura Av. 9 de Julio un centro cívico monumental que comenzaría con el Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, en 1936, en plena construcción del edificio, el Intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que el ancho de la futura avenida debía tener 140 metros, con lo cual debían ser demolidas en su totalidad las manzanas existentes entre Bernardo de Irigoyen – Carlos Pellegrini y Lima – Cerrito. A pesar de que se intentó dar marcha atrás con la construcción, el edificio fue terminado, inaugurándose en septiembre de ese año” [4].

EL EDIFICIO

Articulado en forma de U con el espacio abierto hacia la calle Lima, el Edificio del MOP cuenta con planta baja, 22 pisos, una azotea (donde se construyó la vivienda para el intendente del edificio) y una terraza, además de dos sótanos. Cuando fue inaugurado el acceso principal quedó ubicado frente a la desaparecida plaza Moreno, donde luego pasaría la Avenida 9 de Julio, y se crearon dos entradas auxiliares sobre las calles Aroma y Moreno.

Aquellos que han visitado el edificio seguramente se detuvieron a observar el amplio hall de entrada con su gran escalera, cuya estética se encuentra alterada por los controles y dispositivos de seguridad. En años anteriores pude visitar algunos pisos, todos muy espaciosos, con techos altos y anchos pasillos, algo propio de los gobiernos de aquella época que querían comunicar el poderío y la solidez del Estado.

LA PLAZA MORENO

La plaza Moreno (originalmente llamada Montserrat y luego Belgrano hasta recibir su nombre definitivo) desapareció con la apertura de la Avenida 9 de Julio. Se ubicaba donde hoy se encuentra la entrada principal del Edificio del MOP.

Ocupaba un amplio terreno que en algún momento fue llamado “el hueco de Monserrat”. Allí funcionó la poco conocida Plaza de Toros porteña. A principios del siglo XX el predio había sido propuesto para una “casa modelo para ejercicios físicos” y luego para un “instituto del profesorado secundario y colegio nacional anexo”, iniciativas que, desde luego, no prosperaron.

LA CREACIÓN DE LA AVENIDA 9 DE JULIO

En 1899, cinco años después de la inauguración de la Avenida de Mayo se proyectó una avenida similar que corriera de sur a norte. Recién en la década del ‘30 la idea comenzó a materializarse. Era una excelente oportunidad para contar con una avenida única y distinguida.

Cuenta Leonel Contreras que: “El arquitecto Ernesto Vautier, por ejemplo, estableció los usos y perfiles edificables a ambos lados de la futura arteria, proponiendo incluso una serie rítmica de edificios de 100 metros de altura a cada lado de la misma”[5]. El primer tramo se inauguró en 1937 entre las calles Tucumán y Bartolomé Mitre, sin incluir en ese momento el área donde se había levantado el Edificio del MOP. Aunque originalmente se pensó darle un ancho similar a la Avenida de Mayo (33 metros) poco después terminó ganándose la fama de “la avenida más ancha del mundo” al ampliarse a 140 metros, por la mencionada decisión del Intendente.

Sin embargo, el ensanche tomó su tiempo para llegar al Edificio del MOP, pues la ampliación de la Avenida 9 de Julio entre las calles Bartolomé Mitre y la Avenida Belgrano se realizó recién entre 1944 y 1947 quedando la fachada del edificio frente a la flamante Avenida 9 de Julio.

LA CALLE AROMA

Hoy solo persiste su nombre en una callecita de dos cuadras en el Bajo Flores. Según Diego Zigiotto, el antiguo pasaje tenía forma de L y corría entre la calle Belgrano y la calle Lima[6]. El plano[7]  y las fuentes documentales[8] a los que hemos accedido coinciden en describirlo como un pasaje en línea recta entre la Avenida 9 de Julio y la calle Lima. No tenemos certeza absoluta.

Calle Aroma – Vista aérea de Buenos Aires 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

Su nombre no se debía a ningún olor pestilente sino a una mala ortografía de Arohuma[9], palabra que recuerda la victoria de los patriotas Esteban Arce y Bartolomé Guzmán en Bolivia, el 15 de noviembre de 1810, frente a las tropas realistas[10]. De un modo u otro, la vieja Calle del Pecado, llamada desde 1893 Aroma, fue demolida en la ampliación que convirtió a Belgrano en Avenida en 1950. La manzana que delimitaba junto a la 9 de Julio, la calle Lima y la calle Belgrano también desapareció y en la actualidad su superficie está ocupada por el estacionamiento anexo al Edificio del MOP y una plazoleta.

PROYECTOS ASOMBROSOS

Siendo niño, mi abuelo materno me contó que cuando se inició la ampliación de la Avenida de Mayo hubo una propuesta que en aquel momento no creí pero resultó cierta: Alguien sugirió mover con rodillos el Edificio del MOP y trasladarlo a un terreno cercano. Desconozco que tecnología se hubiera podido utilizar para mover semejante gigante de hormigón, pero tal como me dijo mi querido abuelo Manuel, la idea se descartó porque resultada más caro traer las máquinas para desarraigar el edificio y movilizarlo que derrumbarlo y volverlo a levantar.

Hubo otro proyecto más ambicioso y con mayor sentido, concebido por el Arquitecto José Álvarez; se trataba de construir sobre la 9 de Julio un edificio gemelo al del MOP y luego unirlo al original como una suerte de arco triunfal[11]. También quedó en el olvido.

 NUMERACIÓN

El Edificio del MOP es el único que se mantiene en pie en la Avenida de Julio. Curiosamente se le asignó la numeración 1925, y no algún número entre 301 y 399, como sus paralelas. La razón es sencilla: siendo la única vía vehicular que no cambia de nombre al cruzar la Avenida Rivadavia, la numeración sigue siendo la iniciada en la Avenida del Libertador[12].

CURIOSIDADES:

* EL MONUMENTO A LA COIMA

Se dice que el Arquitecto José Hortal, cansado de los atrasos en la construcción del edificio y de las “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó al artista italiano radicado en la Argentina Troiano Troiani la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, el  “Monumento a la Coima”, con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende una enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva.

Las estatuas no aparecen ni en el proyecto, ni en los planos, ni archivos, así que nadie puede corroborar si esa versión es cierta[13].

* EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA

El hecho histórico de mayor envergadura que tuvo lugar en el Edificio del MOP fue el famoso “discurso del renunciamiento”, dado por Eva Duarte de Perón, Evita, el 31 de agosto de 1951 ante una multitud estimada en dos millones de personas.

Anunció allí su “renuncia indeclinable” a ser compañera de fórmula, en carácter de vicepresidente, de su esposo Juan Domingo Perón. Fallecería al año siguiente, víctima de un cáncer de útero.

* EL ROSTRO DE ACERO

Considerados por algunos murales de acero y por otros gigantografías en el mismo material, dos enormes rostros de Evita se destacan sobre las caras del Edificio del MOP que miran a la calle Moreno y a la Avenida Belgrano.

Esta obra doble del escultor Alejandro Marmo está inspirada en la imagen del Che Guevara en la Plaza de la Revolución de La Habana; para su ejecución se basó en un diseño que él mismo y el artista plástico Daniel Santoro realizaron en forma conjunta.

* LA PRIMERA TRANSMISIÓN DE TV

Desde el Edificio del Ministerio de Obras Públicas (hoy Ministerios de Salud y Ambiente y Desarrollo Social) se realizó el 24 de septiembre de 1951 la primera transmisión televisiva de la Argentina. Para ello se instaló una antena en el techo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Por ejemplo, el Edificio Mihanovich de 20 pisos y 80 metros de altura fue terminado en 1928 (ver nuestro artículo “El Edificio Nicolás Mihanovich”, https://pablobedrossian.com/2017/11/19/el-edificio-nicolas-mihanovich-por-pablo-r-bedrossian/, 2017); el Edificio Comega de 88 metros de altura fue erigido en 1933, con tres sótanos, planta baja, 21 pisos altos y un mirador en la terraza. El Edificio Safico de 92.3 metros de altura fue inaugurado en 1934 con 3 subsuelos, planta baja, 10 pisos en bloque y 15 pisos en torre escalonada. El Edificio Kavanagh fue levantado en 1936 con 120 metros de alto.

[2] Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005, p.109

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[4] Contreras, Leonel, Op. cit., p.109

[5] Contreras, Leonel, Op. cit., p.108

[6] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p. 243,244

[7] Mapa Interactivo de la Ciudad de Buenos Aires, Vista aérea, 1940

[8] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.36

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.19

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit.  p.36

[11] Contreras, Leonel, Op. cit., p.110

[12] Zigiotto, Diego, Op. cit., p.243

[13] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio/†


AGRADECIMIENTO

Gracias a Alejandro Daniel Machado, uno de los grandes especialistas en edificios porteños, por su ayuda en la búsqueda de información.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la fotografía de la vista aérea de la calle Aroma, Buenos Aires, 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


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EL PASAJE ROBERTO ARLT (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Muy cerca de los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer de Palermo SoHo se encuentra una pequeña hendidura que al transeúnte puede pasar inadvertida. Se trata de un callejón sin salida ubicado sobre la calle Gurruchaga 1959, entre Soler y Nicaragua, conocido como Pasaje Roberto Arlt.

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Tiene un acceso vehicular que parece el de una casa o un edificio y, más allá de la vereda, un pequeño portón de rejas que de día suele permanecer abierto. Sin embargo, tras cruzar una enorme parra, al caminar sobre su piso empedrado se percibe una atmósfera apacible, alejada del ajetreo callejero, de casas bajas con jardines florecidos.

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Cuenta el arquitecto Rolando Schere que en 1910 un ingeniero ferroviario de apellido Shine compró un terreno donde construyó tres casas con frente a la calle Gurruchaga para renta, el pasaje que llega hasta el centro de la manzana y dentro de él tres casas para su familia[1].

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El pasaje tiene unos tres metros de ancho aunque se ensancha y abre hacia el final . Cada casa tiene un estilo y una orientación geográfica diferente. No todas se encuentran en el mismo estado de conservación, pero se observa cierta unidad en medio de la diversidad.

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Aunque es una suerte de divertículo de la calle Gurruchaga (en una de sus casas se indica que se trata de la calle Gurruchaga sur) es más conocido como Pasaje Roberto Arlt. En nuestras visitas no encontramos ninguna placa con ese nombre.

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En 1965 el tramo de la calle Neuquén que corre desde la Avenida Acoyte hasta la calle Campichuelo pasó a llamarse Roberto Arlt, pero poco después, en 1973, una nueva ordenanza municipal le impuso el nuevo nombre de Doctor Gregorio Aráoz Alfaro que mantiene hasta la fecha[2]. En la actualidad la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no cuenta oficialmente con ninguna calle que recuerde al autor de “El Juguete Rabioso” y “Los Siete Locos”.

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¿De dónde, entonces, surge el nombre del pasaje? Algunos afirman que el escritor vivió allí por algún tiempo. Nosotros creemos que es un malentendido. Ocurre que en 1940 Arlt contrajo su segundo matrimonio con Elisabeth Mary Shine, cuyo apellido es el mismo que el del creador del pasaje[3]. Según Alfredo Jaramillo “el nombre del autor de El Juguete Rabioso tiene mucho que ver con el del empresario inglés: Arlt se casó con su nieta, Elisabeth Shine, y se mudaron a una de las viviendas que dan al frente de la calle Gurruchaga, uno de cuyos muros sirve de entrada al pasaje”[4].

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A pesar de la coincidencia en el apellido y la probable relación familiar, en nuestra búsqueda no hemos encontrado evidencia de un parentesco entre el Ingeniero Shine y la esposa de Arlt. Tampoco hemos encontrado ninguna mención a un Ingeniero Shine fuera de las referidas al pasaje. Solo sabemos por ella que su padre era constructor[5]. Pero más importante para nuestros fines, no hemos hallado ninguna referencia que indique que en su corta convivencia (el escritor murió en 1942) el matrimonio haya vivido en el pasaje o en la calle Gurruchaga.

En una entrevista a Elisabeth Shine publicada en el suplemento Cultura del Diario La Nación aparecen datos muy interesantes sobre los lugares de residencia. Ella vivía con su madre en la calle Iberá de Núñez, pero tras casarse la pareja se alojó en diversas pensiones del barrio de Belgrano, incluyendo una en la calle La Pampa entre Vidal y Moldes. Arlt murió el 26 de julio de 1942 en una pensión de la calle Olazábal cuando su esposa estaba embarazada[6]. La mujer también menciona la convivencia en pensiones en otra entrevista[7].

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Si va por de paseo por Palermo SoHo o vive en las cercanías no deje de observar este curioso espacio porteño que rompe la cuadratura del trazado urbano.

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REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.102

[2] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.291

[3] Su nueva esposa, trece años menor que el escritor, era la secretaria de León Bouché, director de la revista El Hogar donde Arlt colaboraba.

[4] Jaramillo, Alfredo, “Salí a conocer pasajes de Buenos Aires”, Diario Página 12, Buenos Aires, 20/12/2009, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/radar/18-5775-2009-12-20.html

[5] Tcherkaski, José, “Conversaciones con mujeres de escritores”, Editorial Biblos, 2003, p.36

[6] Sin firma, “Mil días con Roberto Arlt”, Diario La Nación, Suplemento de Cultura, Bueno Aires, 19/05/1999, https://www.lanacion.com.ar/214788-mil-dias-con-roberto-arlt

[7] Tcherkaski, José, Op. cit., p.33,39


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LOS PASAJES RUSSEL, SANTA ROSA, SORIA Y CORONEL CABRER DE PALERMO SOHO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Me sorprendieron desde la primera vez. ¿Qué hacían allí unos pasajes abriéndose como espinas de pescado a ambos lados de la calle, que en aquel entonces se llamaba Serrano? Conformaban un espacio de Buenos Aires que, pese a ser único, no lograba distinguirse del resto de Palermo Viejo y parecía haber quedado en el olvido. Afortunadamente, esas estrechas callecitas se han reciclado, fusionando arte, moda y bohemia y son parte esencial de la escenografía del joven Palermo SoHo. Me refiero a los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer.

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ALGO DE SU HISTORIA

Alguna vez leí que estos breves pasajes que daban a la calle Serrano, hoy Borges, habían sido pasos de carruajes. He buscado y rebuscado aquella fuente sin éxito. Me hubiera gustado que estas breves y singulares calles hubieran tenido en su origen ese propósito, pero la historia sugiere que no.

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En 1867 se estableció como límite norte de la Ciudad de Buenos Aires al arroyo Maldonado[1], que hoy corre entubado debajo de la Avenida Juan B. Justo. A partir de ese momento  se produjo un crecimiento vertiginoso, impulsado por un gran flujo inmigratorio, que planteó nuevas necesidades urbanísticas y habitacionales. Juan Antonio Buschiazzo (1846-1917), uno de los patriarcas de la arquitectura argentina, tuvo a su cargo la creación de tres nuevos barrios: Saavedra en 1873, Villa Alvear en 1888 y Villa Devoto en 1899[2]. Villa Alvear, hoy Palermo, fue concebida por el Banco Inmobiliario, cuyo presidente era don Antonio Devoto, quien encargó a Buschiazzo el proyecto.

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En un principio se pensó llamar a la zona Ciudad de los obreros” pero prevaleció el nombre de “Villa Alvear”. Según el investigador histórico Fabio Perlin, el trazado original “era un rectángulo de catorce cuadras de largo y siete de ancho con una superficie aproximada de cien cuadras” entre las actuales avenidas Santa Fe, Scalabrini Ortiz y Cordoba y la calle Godoy Cruz y las vías del Ferrocarril Gral. San Martín (en aquel entonces conocido como Ferrocarril al Pacífico) que corren paralelas a la calle mencionada[3].

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Dentro de Villa Alvear se diseñó un “barrio dentro del barrio”. Cuenta Perlin que “una superficie de ocho manzanas, desde las calles Cabrera a Costa Rica y de Gurruchaga a Thames, fue dividida por pasajes y se trazaron plazoletas, como la de Honduras y Serrano (hoy Plaza Cortázar), que le dieron al lugar una especial fisonomía”[4]. Así surgieron estos cuatro pasajes.

LOS PASAJES RUSSEL, SANTA ROSA, SORIA Y CORONEL CABREREN LOS ‘80

León Tenenbaum hace una magnífica descripción de ese mágico espacio porteño en los ‘80:

“En el cruce de las calles Serrano y Honduras se está gestando un pequeño Montmartre[5] porteño. Hay allí una plaza redonda, no muy grande, que por muchos años acogió una feria y en torno a la cual circulaban los tranvías Lacroze que iban al Balneario Municipal, el del sur, el único por entonces. Cuatro típicos pasajes cruzan o se abren en la vecindad inmediata de este lugar. Son sus nombres: Coronel Cabrer, Soria, Santa Rosa y Russel. Todos ellos estrechísimos, flanqueados todavía por casas humildes, bajas en su mayoría. El curso de estos pasajes no es demasiado recto, tienen como un movimiento compadre de cintura que tan bien va con ese sabor a barrio de tango que lucen y extrañamente conservan algunas zonas de Buenos Aires”[6].

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Hoy, estos pasajes se encuentran en el corazón de Palermo SoHo, rebautizado así por sus innovadoras tiendas, galerías de arte, bares under y restaurantes chic que le dan a la zona una atmósfera posmoderna. Además, la movida cultural simbolizada en los murales que decoran los pequeños PH de los pasajes convoca a multitudes de turistas.

PASAJE RUSSEL

Subiendo desde la Avenida Santa Fe por la calle Jorge Luis Borges, en dirección contraria al tránsito vehicular, el primero en aparecer es el Pasaje Russel. Se extiende dos cuadras: hacia la derecha hasta la calle Thames y hacia la izquierda hasta la calle Gurruchaga. Ambas cuadras son pavimentadas.

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Si recorremos la cuadra que se extiende hasta la calle Thames, cuya numeración va del 5000 al 5100, en la mano izquierda encontramos viviendas de una o dos plantas. En la mano derecha hay unos pocos comercios, varias casas, un gran galpón donde el pasaje hace una leve curva y en su extremo un terreno baldío cercado.

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La magia del pasaje tiene que ver con su estrechez, las fachadas intervenidas y los murales que adornan sus paredes.

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Recorramos la otra cuadra, de Borges a Gurruchaga, donde se respira una curiosa conjunción de aromas: el del barrio con sus casas bajas y sus santa ritas colgantes y el de la constante innovación creativa.

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En la esquina inicial un magnífico mural de Josefina Di Nucci muestra de un lado al genial escritor argentino y del otro a un niño (¿acaso el Borges de la niñez en Palermo?) con un ángel detrás de él.

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El resto son casas de habitación muchas de ellas embellecidas por artistas, y excelentes murales.

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Mi favorito es el que llamo “ciclista en la luna”, de Chispa, un reconocido artista urbano.

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En esa cuadra la numeración va del 4901 al 5000.

PASAJE SANTA ROSA

Siempre avanzando por Borges en dirección hacia la Avenida Córdoba, cruzamos la calle El Salvador y luego, sin desviarnos, aparece unos metros más adelante el Pasaje Santa Rosa.

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Como el anterior, se extiende a ambos lados de Borges, pero con una diferencia: si bien el brazo izquierdo termina en Gurruchaga, el derecho tras chocar con el lado norte de la calle Thames hace un codo y se convierte a partir de allí en una ancha calle que termina unos metros más adelante, en la calle Uriarte. Tanto las dos cuadras de pasaje como la cuadra de la calle son empedradas.

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El Pasaje Santa Rosa tiene su propio microclima. Al inicio de la cuadra hacia Thames, con numeración del 5000 al 5100, a mano izquierda encontramos el mural “Love in the Air hecho con mosaico en un estilo muy setentoso, bien pop-art, inaugurado en 2013 por la Asociación Don’t Smoke. Mi sección favorita es la que dice Love. Pareciera que está aguardando que pose junto a ella alguno de los Beatles.

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Esa estrecha cuadra presenta peculiaridades: del mismo lado hay un enorme galpón que luce una intervención en su fachada, seguido de un edificio de tres pisos, cuya planta baja está totalmente cubierta por una enredadera.

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En la mano derecha  hay una enorme casona con jardín cuyo acceso ha sido decorado también con coloridos mosaicos, que fue la residencia por muchos años de la actriz y cantante Natalia Oreiro y el músico Ricardo Mollo. Luego se levantan unas tapias donde hay murales, un par de casas y un bar en la esquina.

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En la cuadra de otro lado, la que va de Borges a Gurruchaga, con numeración 4900 al 5000, el ambiente es más apacible. Al inicio, en la esquina de Borges, a mano izquierda hay un interesante mural en el frente de un negocio de depilación.

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En la esquina de la misma mano con Gurruchaga hay una curiosa fachada floral. Enfrente está lo mejor de la cuadra: un mural tipo collage variado y divertido.

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PLAZOLETA JULIO CORTÁZAR

Luego viene la Plazoleta Julio Cortázar, sobre la bella calle Honduras, con su feria de artesanos y artistas plásticos y cafecitos al aire libre.

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Si seguimos avanzando en dirección contraria al tránsito vehicular, veremos que la calle Borges recupera a partir de allí el viejo nombre de Serrano.

PASAJE SORIA

El siguiente es el pasaje Soria. Su longitud es diferente: como los anteriores, a la izquierda se extiende una cuadra hacia Gurruchaga, donde termina; pero a la derecha, el brazo que se abre desde Serrano en dirección a Thames termina a unos 40 metros en un paredón, formando un cul-de-sac. Curiosamente, Soria renace del otro lado como una calle a partir de la Thames y se extiende una cuadra muriendo en la calle Uriarte. La cuadra hacia Gurruchaga es empedrada y la media cuadra hacia Thames pavimentada.

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Como en los casos anteriores, giramos primero hacia nuestra derecha para ver ese corto tramo cuya numeración va del 5000 al 5050. De la mano izquierda lo más llamativo es una casa de dos plantas cuya fachada rojiza está cubierta por enormes enredaderas y protegida con estructuras metálicas de colores oscuros.

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En la mano derecha hay alguna vivienda y elegantes comercios. Entre ambos aparece el paredón que pone fin al pasaje. Es un mural con graffiti hecho por Nase Pop, cuyo verdadero nombre es Daniel Stroomer, artista urbano nacido en Amsterdam.

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Volvamos a Borges y caminemos hacia Gurruchaga por la cuadra más larga del pasaje Soria, numerada del 4900 al 5000. Es un pasaje empedrado a cuyos lados se observan viviendas bajas con algunos murales e intervenciones sin estridencias, que proveen un ámbito tranquilo.

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Desde luego, hay algunas fachadas dignas de admirar.

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Rompe la armonía una extensa construcción de ladrillo oscuro, sin afinidad con el resto de las casas, que se observa a mano izquierda del caminante, en la esquina con la calle Gurruchaga.

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PASAJE CORONEL CABRER

Tras cruzar la calle Gorriti aparece la última de las cuatro callejuelas: el pasaje Coronel Cabrer. Es el más corto. Se extiende una sola cuadra hacia la izquierda, con numeración del 4900 al 5000, terminando en la calle Gurruchaga; es el único que no tiene brazo derecho en dirección a la calle Thames.

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Este angosto y apacible pasaje pavimentado se caracteriza por algunos murales de personajes de historietas y dibujos animados, además de fachadas intervenidas artísticamente.

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Pese a los cambios y a la omnipresencia del arte urbano, el pasaje aún retiene algo del sabor a barrio original.

LOS PASAJES DE PALERMO VIEJO Y LA LITERATURA

El 24 de agosto de 1996 Fernando De la Rúa, en aquel entonces Jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, le otorgó el nombre de Jorge Luis Borges al tramo de la calle Serrano entre la calle Honduras y la Avenida Santa Fe. Eso permitió que la calle Borges se uniera con la plazoleta Julio Cortázar, creando un nuevo encuentro de estos fantásticos escritores, pues fue Borges quien publicó “Casa Tomada”, el primer cuento del autor de “Rayuela”, en la Revista Sur[7].

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Sobre la vieja calle Serrano -en la extensión que hoy lleva su nombre- estaba la casa donde Borges pasó su niñez. En su poema “Fundación mítica de Buenos Aires” menciona las calles de delimitan ese íntimo espacio que fue su hogar: La manzana pareja que persiste en mi barrio: / Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga[8]. Apenas a pasos de allí comienza la sucesión de pasajes que hemos mencionado. Uno de ellos, el pasaje Russel es mencionado por el venerable escritor en su cuento “Juan Muraña”[9]:

Durante años he repetido que me he criado en Palermo… El azar me enfrentó, poco después, con Emilio Trápani…Tardé en reconocerlo; habían pasado tantos años desde que compartimos el mismo banco en una escuela de la calle Thames… (Trápani cuenta) Por el tiempo del Centenario, vivíamos en el pasaje Russell, en una casa larga y angosta. La puerta del fondo, que siempre estaba cerrada con llave, daba a San Salvador. En la pieza del altillo vivía mi tía, ya entrada en años y algo rara“.

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Además, hay una revista llamada Pasaje Russel, que se define como “una revista de literatura y cultura urbana, un pasaje entre leer y escribir: el encuentro con la ficción que toda ciudad ofrece”. Se puede acceder a sus contenidos en http://pasajerussel.blogspot.com.

LAS VISITAS DE TITANES EN EL RING

La actriz, productora radial y fotógrafa Karina Bazán Carpintero, que nació en el pasaje Coronel Cabrer, cuenta en su blog “En el pasaje hay unas 15 casas, muchas de ellas – la gran mayoría- perdió su fisonomía original, de hecho en lugar de mi casa natal se encuentra un PH con primer piso muy moderno pero que nada tiene de encantador. En la esquina de Gurruchaga… en una vereda la imprenta del Tuerto, así la conocíamos, en ese lugar editaban los periódicos de la comunidad Armenia, era habitual ver entrar o salir a alguno de los Titanes en el Ring que pertenecían a esa comunidad”[10]. Es inevitable no imaginar al gran Martín Karadagian o al gigante Ararat paseando por allí.

EL ORIGEN DE LOS NOMBRES

Russel: Según Miguel Iusem, el nombre completo de la calle es Oliverio Russel, un marino escocés que trabajaba como práctico mayor del Río de la Plata. Fue apresado por los británicos durante la Segunda Invasión Inglesa y permaneció detenido en Inglaterra hasta 1811. En 1814 fue segundo jefe del Almirante Guillermo Brown, irlandés nacionalizado argentino[11]. Alberto Gabriel Piñeiro se limita a mencionar el nombre Russel señalando que fue denominado así por una ordenanza del 28 de octubre de 1904[12], sin haber tenido un nombre anterior.

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Santa Rosa: Para Miguel Iusem, hace referencia a la primera santa americana, Isabel Flores (1586-1617), más conocida como Santa Rosa de Lima, llamada Patrona de América por el Congreso de Tucumán de 1816; sin embargo, el mismo autor hace referencia también a otros orígenes, tales como batallas de la Independencia americana o a la capital de La Pampa que había sido fundada en 1892[13]. Alberto Gabriel Piñeiro menciona que también se llamó Hamilton, pero recibió su nombre actual, como muchas otras calles, por la ordenanza del 28 de octubre de 1904[14].

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Soria: Aunque no lo aclara específicamente, pues menciona otras calles con el apellido Soria, inferimos que para Miguel Iusem el nombre proviene de Pablo Soria, quien exploró el Río Bermejo en 1828[15]. Alberto Gabriel Piñeiro dice que también se llamó Grau y que recibió su nombre en la misma ordenanza que los otros pasajes mencionados[16].

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Coronel Cabrer: Miguel Iusem afirma que el nombre completo de la calle es Coronel José María Cabrer. Fue un ingeniero español que llegó a la Argentina en 1781 como experto para dirimir una disputa de límites con Portugal. Se radicó en el país y luego de la Revolución de Mayo trabajó en el departamento topográfico. Además, sirvió como asesor durante la guerra con el Brasil[17]. Alberto Gabriel Piñeiro se limita a decir que el pasaje se denominó Jefferson, añadiendo que recibió su nombre actual por la misma ordenanza que le dio nombre a los otros pasajes[18].

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CONCLUYENDO

Los pasajes Russel, Santa Rosa, Soria y Coronel Cabrer forman parte del Buenos Aires encantado. El arte urbano los ha convertido en un espacio mítico, donde el arrabal baila un tango electrónico con la posmodernidad.

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GALERÍA MULTIMEDIA: FOTOGRAFÍAS

Pasaje Russel:

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Pasaje Santa Rosa:

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Pasaje Soria:

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Pasaje Coronel Cabrer:

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GALERÍA MULTIMEDIA: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] El límite anterior lo constituía el “Camino del Ministro Inglés”, en referencia a George Canning (1770-1827), que influyó decisivamente en la firma del “Tratado de Amistad, Comercio y Navegación”, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica el 2 de febrero de 1825. Por ello, dicho camino luego pasó a llamarse Avenida Canning (actual Avenida Scalabrini Ortiz). El 30 de octubre de 1867 se sancionó la ley 522 que extendió el límite norte al Arroyo Maldonado.

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.216

[3] Perlin, Fabio, http://arquitecto-buschiazzo.blogspot.com/2009/12/caba-trazado-de-villa-alvear-1888.html

[4] Perlin, Fabio, página web citada

[5] Montmartre es un pintoresco barrio bohemio de París, Francia, donde se encuentra la famosa basílica de Sacré-Cœur.

[6] Tenenbaum, León, “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986, Nº 4, p.7

[7] Para los interesados en esa primera publicación de Cortázar impulsada por Borges, que incluyó dos ilustraciones de su hermana Norah, puede leer el prólogo escrito por Borges en “Julio Cortazar Cuentos”, Jorge Luis Borges Biblioteca Personal, Hyspamérica Ediciones Argentinas, Buenos Aires, 1985, p.3. y “Julio Cortázar la Biografía”, Mario Goloboff, Cuadernos de Sudestada #6, Peña Lillo Ediciones Continente, Buenos Aires, 2011, p.36 (el copyright de Goloboff es de 1998).

[8] Borges, Jorge Luis, poema “Fundación mítica de Buenos Aires”, “Cuaderno San Martín” (1929), “Obras Completas 1923-1972”, Emecé Editores, 1974, 13ª impresión (1983), p.81.

[9] Borges, Jorge Luis, cuento “Juan Muraña”, “El Informe de Brodie” (1970), “Obras Completas 1923-1972”, Emecé Editores, 1974, 13ª impresión (1983), p.1044,1045.

[10] Bazan Carpintero, Karina, “Pasaje en el tiempo”, http://www.habitantesdebsas.com.ar/2012/03/pasaje-en-el-tiempo.html

[11] Iusem, Miguel, “Diccionario de las Calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.160

[12] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las Calles de Buenos Aires, sus Nombres desde su Fundación hasta nuestros Días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.471

[13]  Iusem, Miguel, Op. cit., p.166

[14] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.479

[15] Iusem, Miguel, Op. cit., p.170

[16] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.484

[17] Iusem, Miguel, Op. cit., p.140

[18] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.316


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BUTTELER: LA ÚNICA CALLE EN X DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

La primera noticia que tuve de Butteler, la única calle en forma de X de La Reina del Plata, fue a través de unos cuadernillos con textos de León Tenenbaum, titulados “Buenos Aires, un Museo al Aire Libre” que Laboratorios Elea regalaba[1]. Había pasado varias veces por una de sus entradas y no me había percatado que era mucho más que diagonal.

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La calle Butteler abarca únicamente una manzana que es cruzada por dos angostas callecitas empedradas que forman una equis, con una plazoleta en el centro. Cuenta con unas 70 casas, en su mayoría de una planta, construidas a principios del siglo XX. Sus calzadas tienen un ancho de unos tres metros, por donde puede pasar solo un auto, y las veredas 1,60 metros. Como se imagina, estacionar es un problema.

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Más difícil es aún entender su numeración, que comienza en la cuadra que nace en Avenida La Plata y Zelarrayán. Se ha dicho que va en sentido inverso a las agujas del reloj, pero a mí me sigue resultando indescifrable. Como alguien dijo, el 5 puede quedar frente al 88.

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LA HISTORIA

Corría 1907 cuando doña Azucena Butteler decidió donar a la Municipalidad un terreno que formaba parte de una quinta familiar para construir un barrio obrero. Cercano al Parque Chacabuco, que había sido creado cuatro años antes, ocupaba una superficie de alrededor de una hectárea. Estaba delimitado por las actuales Avenida La Plata al este, la Avenida Cobo al sur, la calle Senillosa al oeste y la calle Zelarrayán al norte y tenía un leve declive hacia el sur.

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Según un sitio del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, la piedra fundamental fue colocada el 15 de diciembre de 1907, siendo intendente don Carlos Torcuato de Alvear; ofició como padrino José Figueroa Alcorta, quien había sido elegido como Vicepresidente de la Nación, y ejercía la Presidencia desde enero de 1906 debido a la enfermedad y muerte del presidente Manuel Quintana. A la ceremonia asistieron, entre otros, Carlos Saavedra Lamas, quien casi 30 años después recibió el Premio Nobel de la Paz, el paisajista Carlos Thays, el Jefe de la Policía Ramón L. Falcón y el renombrado político socialista Alfredo Palacios.

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De acuerdo a la misma publicación, “se construyeron 64 casas de manera idéntica: divididas en cuatro secciones, distribuidas en dos ambientes, con un patio interior, paredes de color crema y puertas de madera” [2]. Fueron terminadas e inauguradas en 1910.

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Un siglo después, en 2010 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires declaró la manzana de la calle Butteler “Área de Protección Histórica”, prohibiendo modificaciones a su espacio y a sus casas, y convirtiéndolo en patrimonio arquitectónico e histórico de la ciudad.

LA PLAZOLETA

La placita ubicada en el centro se llamaba Plaza Escondida; a partir de 1972 recibió el nombre de Plaza Enrique Santos Discépolo en honor al famoso compositor autor de Cambalache, que frecuentaba este diminuto barrio debido a que uno de sus amigos residía en él. De todos modos, para los vecinos sigue siendo la placita Butteler. Ha sido remodelada y cuenta con un espacio para juegos infantiles que ha sido cercado para evitar el vandalismo.

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Por fuera de la cerca hay un busto del popular Discepolín, obra del puntano Jesús Domingo Páez Torres (1920-2001), creador de varias esculturas porteñas. La historia del busto es interesante. Según Nicolás Gabriel Gutiérrez, el original realizado en cemento fue inaugurado el 18 de octubre de 1976 en el desaparecido Teatro Enrique Santos Discépolo. En 1980 se lo trasladó a su actual ubicación donde fue destruido por desconocidos. Por ello se realizó una copia en bronce fundido en la Dirección General de Obras y Monumentos, que fue emplazada el 10 de mayo de 1983 en el corazón de la calle Butteler[3] .

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EL NOMBRE

Según Miguel Iusem el nombre de la calle es “Azucena Butteler”[4]. Sin embargo Alberto Gabriel Piñeiro, indica que la denominación es simplemente “Butteler” y cita la Ordenanza Municipal del 2 de junio de 1911[5].

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CURIOSIDADES

La placita Butteler en la primera mitad del siglo XX fue sitio de celebración de concursos de disfraces y de las populares fogatas de San Pedro y San Pablo.

En aquel tiempo la calle Butteler era frecuentada por integrantes de la farándula, en particular por glorias del tango, como Carlos Gardel, Enrique Santos Discépolo y Hugo del Carril, quien dirigió y protagonizó en esta curiosa callecita el film “Culpable”.

Aunque algunos lo desmienten, la placita era un punto de reunión antes de los partidos de la barra brava de San Lorenzo, el equipo de fútbol cuyo antiguo estadio, el Viejo Gasómetro, se ubicaba a pocas cuadras sobre la Avenida La Plata. Por eso a la hinchada azulgrana se la conoce como La Gloriosa Butteler.

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Finalmente, así como hemos señalado que Alejandro Dolina menciona el Pasaje Trieste en su relato fantástico “Los amantes desconocidos”[6] o que la novelista colombiana Laura Restrepo ubica momentos de su novela “Demasiados héroes” en el Pasaje Coronda[7], en 2016 Néstor Darío Figueiras publicó una colección de cuentos titulada “El cerrojo del mundo está en Butteler”, cuyo título proviene del cuento homónimo, inspirado -en sus propias palabras- en este mágico pasaje. El personaje principal del cuento, el Dr.Beltrán, es un fan declarado de Discépolo.

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No podemos cerrar esta nota sin citar el tango Calle Butteler, con música de Saúl Cosentino y letra de Ernesto Pierro, compuesto en 1999, que evoca con nostalgia el pasado perdido, en el que inevitablemente incluye con pasión recuerdos del equipo del barrio, San Lorenzo de Almagro.

EPÍLOGO

Nos despedimos citando las palabras del Arq. Rolando Schere: “A nuestro juicio el pasaje Butteler es de las manzanas más lúcidas proyectadas en la ciudad de Buenos Aires… Constituye toda una lección de arquitectura, de conocimiento de la ciudad, de aprovechamiento de la manzana, de uso de espacios comunes significativos, apropiables, de sabiduría en la elección de la medida y en el empleo de elementos tipológicos que pertenecen largamente a la memoria ciudadana: la casa chorizo, la ochava, el retiro con verja y la fachada continua, reunidos en una propuesta absolutamente novedosa”[8].

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BONUS 1: EL TANGO “CALLE BUTTELER”

Aquí se puede escuchar el tango “Calle Butteler” (S. Cosentino – E. Pierro) , en la voz de Carlos Varela, con imágenes de esta curiosa callecita porteña.


BONUS 2: VIDEO TRAILER DE ““EL CERROJO DEL MUNDO ESTÁ EN BUTTELER”

Aquí Néstor Darío Figueiras presenta su libro en la propia calle Butteler y cuenta su amor por ella.


REFERENCIAS

[1] Tenembaun, león “Buenos Aires Un Museo al Aire Libre”, Cuadernillo nº 4 “Pasajes, cortadas y callejones”, Laboratorios Elea, Buenos Aires, Argentina, sin fecha pero alrededor de 1985, p.8. Su libro homónimo, que no tenemos ni hemos leído, es de 1987. No sabemos si estos textos sirvieron de insumos para el libro o, al revés, son separatas de él.

[2] Autor no identificado, “Historias de mi Comuna: Barrio Butteler y Plaza Enrique Santos Discépolo”, http://www.buenosaires.gob.ar/noticias/historias-de-mi-comuna-barrio-butteler-y-plaza-enrique-santos-discepolo

[3] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.475

[4] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.32

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.314

[6] https://pablobedrossian.com/2015/06/21/el-pasaje-trieste-y-la-calle-juan-a-boeri-por-pablo-r-bedrossian

[7] https://pablobedrossian.com/2017/06/17/los-pasajes-coronda-y-burgos-y-el-mercado-del-progreso-por-pablo-r-bedrossian/

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.128


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción del plano, que fue tomado de Google Maps y editado a fines informativos para esta nota.

El video del tango “Calle Butteler” fue tomado del canal de Youtube de su intérprete, Carlos Varela.

El video ““El cerrojo del mundo está en Butteler – Book trailer” fue tomado del canal de Youtube de su autor, Néstor Darío Figueiras.

 

EL PASAJE PABLO GIORELLO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Uno de los lugares más extraños de Buenos Aires es el Pasaje Pablo Giorello. Caminando desde la Plaza Constitución por la Avenida Brasil hacia el Bajo, al cruzar la calle Bernardo de Yrigoyen aparece a mano derecha, entre dos viejos edificios, una ancha entrada con puerta de rejas.

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Detrás de ella, un patio de baldosas cubierto por barras de hierro inclinadas, que recuerdan una zona de guerra. Es la entrada principal del pasaje Pablo Giorello.

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El acceso a este pasaje privado se encuentra entre los números 970 y 976 de la Avenida Brasil, entre las calles Bernardo de Yrigoyen y Tacuarí.

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Paradójicamente, allí la Avenida Brasil es angosta como una calle, y la calle Bernardo de Yrigoyen ancha como una avenida; poco después se convertirá en el brazo este de la Avenida 9 de Julio.

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A la izquierda, una antigua placa azul anuncia “Pasaje Pablo Giorello” y debajo otra blanca recuerda con tipografías diferentes “Este pasaje es para uso exclusivo de los inquilinos” en referencia al complejo habitacional que lo rodea.

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No se conoce mucho del pasaje Giorello. Originalmente era un pasaje en forma de T. Uno de los trayectos seguía una línea recta con salida a la Avenida Caseros (hoy interrumpido por un paredón).

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La otra vía tenía dirección transversal, con salida a la calle Bernardo de Yrigoyen. Está convertida en un jardín embaldosado; probablemente es el espacio mejor conservado de este breve pasaje.

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Esta salida ha quedado trunca, pues se ha construido sobre ella una suerte de vestíbulo y un local comercial. Sobre la calle Bernardo de Yrigoyen, donde antes estaba el acceso al pasaje, en la actualidad se levanta una fachada que altera la estética original del pasaje. En ella, arriba de la angosta puerta del vestíbulo, se lee “Edificio Pablo Giorello”, indicando la entrada reservada para los residentes y sus visitas.

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A través de los vidrios se puede observar una recepción, el jardín embaldosado y, más atrás, parte del pasaje que comunica la Avenida Brasil con el paredón vecino a la avenida Caseros.

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Dentro del Giorello hay algunos detalles interesantes que suelen pasar inadvertidos: por ejemplo, la existencia de rejas internas que delimitan diversas áreas.

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Incluso, el acceso a los cuerpos delanteros está separado del acceso al cuerpo posterior.

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EL EDIFICIO

A simple vista se advierten tres cuerpos, todos de cuatro plantas. Observado desde la Avenida Brasil, el más grande y antiguo, se extiende a lo largo de todo el lado izquierdo del pasaje, sin solución de continuidad.

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Su fachada está muy deteriorada y ya no quedan vestigios del tono amarillento que conservó por años como testimonio de su color original.

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Su aspecto evoca aquellos viejos edificios italianos ocupados por numerosas familias que luchaban por salir de la pobreza.

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Del lado derecho hay dos cuerpos en mejor estado, separados por la vía transversal del pasaje que conduce al local comercial y al vestíbulo y originalmente llegaba a la calle Bernardo de Yrigoyen.

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Sus paredes y ventanas internas se encuentran en un estado de conservación superior.

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No habíamos hallado referencias al edificio Pablo Giorello hasta que, visitando la página de Facebook de nuestros amigos de Patrimonio de Buenos Aires, a la que invitamos a sumarse[1], encontramos una imagen en su álbum de fotos llamado Pasaje Pablo Giorello donde aparecía la firma de sus creadores y la fecha. Aparentemente esta tomada en una de las fachadas (en nuestra visita, nosotros no la vimos) y dice en mayٞúsculas: Candiani y Bahía, ingenieros civiles, arquitectos, 1909. Si la foto fue tomada allí, la fecha contradice una inscripción que el Gobierno de la Ciudad puso en una placa de cerámica sobre la acera que dice “Edificio Pablo Giorello, circa 1890″.

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Prácticamente no encontramos referencias conjuntas a los ingenieros Candiani y Bahía. En la “Introducción a la Arquitectura Contemporánea”, de Luis J. Madia, hallamos una mención. En una cronología ubica en 1902 a los “Ings. Candiani y Bahía” y los vincula al inicio de la Escuela de Arquitectura dependiente de la Facultad de Ingeniería de la UBA[2]. No encontramos datos en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina”, de  Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata; suponemos que esto quizás se deba a que eran ingenieros; sin embargo, debajo la firma incluye expresión “arquitectos”.

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A riesgo de equivocarnos, entendemos que el Candiani del Pasaje Giorello es el ingeniero Emilio Candiani, un precursor de la ingeniería argentina y de los primeros docentes universitarios en su campo. No hemos podido encontrar otros datos del Ingeniero Bahía.

EL NOMBRE

Tanto Eduardo Luis Balbachán como Alberto Gabriel Piñeiro sostienen que el pasaje originalmente se conocía con el nombre de Buenos Aires, al menos en su primitiva salida hacia la calle Bernardo de Yrigoyen. Balbachán comenta que la “Guía Ilustrada de Buenos Aires”[3], publicada del año 1900, localiza el pasaje Buenos Aires a la altura de la calle Buen Orden 1616, siendo este el antiguo nombre de calle Bernardo de Yrigoyen[4]. Piñeiro se fundamenta en el Nuevo Plano Municipal de Buenos Aires de Jacobo Peuser, editado en 1896[5]. Además, da dos datos interesantes: el pasaje Buenos Aires aparece bajo el nombre pasaje Caja Internacional en el Plano de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, de Jacobo Peuser de 1912[6] y que el nombre pasaje Pablo Giorello lo recibió en 1927 (Boletín Municipal N° 1.287/8)[7].

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De paso, el Arq. Rolando H. Schere cuenta que el pasaje permitía la originalmente vehicular[8]. Una imagen del libro de Balbachán confirma la presencia de vehículos en su interior.

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QUIÉN FUE PABLO GIORELLO

Pablo Giorello fue un hacendado nacido en Buenos Aires en 1861; tuvo campos en San Luis y Trenque Lauquen y terrenos que se extendían desde lo que hoy es el barrio porteño de Villa Pueyrredón hasta parte de los actuales partidos bonaerenses de San Martín y 3 de Febrero. Allí, en la zona que hoy se conoce como Santos Lugares, cedió fracciones de tierra para la construcción de una estación ferroviaria y los talleres vecinos, que en aquel entonces pertenecían al Ferrocarril Pacífico[9]. Como benefactor, donó solares para escuelas y plazas, promovió entidades deportivas y fundó la biblioteca de Santos Lugares que lleva el nombre de su esposa, Etelvina Llorente de Giorello. En la actualidad también existe allí la Sociedad de Fomento Pablo Giorello y una calle con su nombre.

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Aunque fue un importante empresario inmobiliario, no hemos podido documentar si los edificios que rodean al pasaje fueron levantados por él. Solo sabemos que el pasaje recibió su nombre cuando aún estaba en vida, en 1827, por lo que presumimos que sí. Pablo Giorello falleció en 1933.

ALGO SOBRE LA ZONA

Recordemos que la fisonomía de la zona en la década de 1920 era muy diferente a la que tenemos casi un siglo después. Además, la llegada de la Autopista 25 de Mayo en 1978 generó cambios aún mayores, tanto edilicios como en la circulación vehicular.

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Sin embargo, hay algunos datos que pueden ayudarnos. El pasaje Giorello se encuentra a pocos pasos de la Estación Constitución, cabecera del Ferrocarril General Roca. Esta estación, una de las más grandes del mundo, había sido inaugurada en 1897 con el propósito de ser el punto de encuentro de todas las líneas férreas que proveían transporte al sur argentino. Obviamente, alrededor de ella se fue gestando una zona comercial, con hoteles de pasajeros, tiendas y restaurantes para acoger a los viajeros. Con el crecimiento del transporte automotor, décadas después, las líneas de microbuses u omnibus, como se los conoce en Argentina, encontraron allí una excelente oportunidad de negocios.

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En la avenida Caseros (a la cual se accedía originalmente por pasaje Buenos Aires, hoy Giorello) se habían instalado varias de estas empresas. A la altura del 1,000 había varios edificios, incluyendo garages desde donde partían algunos de estos micros de larga distancia. En Caseros 1068 se encontraba la empresa Micromar, que viajaba a Mar del Plata y zonas aledañas, y en el 1084, compartían ABLO y General Urquiza, con destino principal a Córdoba[10].

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CÓDIGOS POSTALES

Pese a ser un pasaje privado, el Correo Argentino le ha asignado códigos postales:

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EPÍLOGO

No solo por sus detalles bizarros sino por su estado decadente, donde se cruzan la melancolía y el abandono, recorrer el pasaje Pablo Giorello produce una sensación de misterio y extrañeza. Si le permiten entrar, podrá comprobarlo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://www.facebook.com/PATRIMONIOI/

[2] Madia, Luis J., “Introducción a la Arquitectura Contemporánea”, Nobuko, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.227

[3] Editada por Agustín Etchepareborda, y dirigida por Arturo Pereyra y Fernández Gómez. El nombre completo de la obra es “la “Guía Ilustrada de Buenos Aires para el viajero en la República Argentina”. Año 1900.

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.97

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.53

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.55

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.125

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.22

[9] Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit. p.97

[10] Comentando por Faustino Velasco en http://forotransportes.com/showthread.php?1772-Nombres-de-calles/page14&p=77365&langid=1#post77365


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto con vehículos en el pasaje, tomada de Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.98

 

LA PINTORESCA CALLE LANÍN (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Ubicada en el barrio de Barracas, la calle Lanín es una de las más pintorescas de Buenos Aires. Vista desde arriba parece un arco; además, es muy corta: según de qué mano se cuente, consta solamente de dos o tres cuadras.

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Considerando la dirección vehicular, nace en la Avenida Suárez, en el cruce con la calle José Aarón Salmún Feijóo (que también aparece como Feijoó, con acento en la segunda o) donde forma cinco esquinas, y muere en la calle Brandsen, muy cerca del Hospital Moyano. Su encanto no radica en el curioso trazado ni en la brevedad de su recorrido sino en la sucesión de fachadas que fueron intervenidas artísticamente por Marino Santa María.

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Marino Santa María es hijo del ceramista y pintor Marino Pérsico (1910 – 1976), una de cuyas obras, “Herido”, hemos mencionado al describir el Museo Quinquela Martín[1]. Marino nació en Lanín 33 en 1949 y allí tiene su taller.

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Es un artista plástico sumamente versátil, capaz de combinar técnicas muy diferentes con un mismo fin. Como artista y vecino, decidió transformar la atmósfera gris de su calle. Hizo revivir los frentes con coloridas formas abstractas, inspiradas en sus propias obras. Sobre el trabajo, dice el sitio web del pintor: “Consta de la intervención color de 40 fachadas a lo largo de las tres cuadras de la Calle Lanín y la instalación Huellas del Aire, que se extiende a lo largo del paredón del ferrocarril; es un conjunto de pesados marcos dorados con fotografías de trozos de cielo y otros con espejos, recreando una suerte de mágica sensación de ilusión y realidad”.

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La intervención se inauguró el 19 de abril de 2001, pero a partir de 2005 la propuesta se enriqueció añadiendo trencandís, una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada inventado por Gaudí, y de mosaico veneciano, nacido de una pasta de vidrio fundida a alta temperatura que otorga a cada pieza intensos colores brillantes. Para combinarlos utilizó mezclas adhesivas y pastinas.

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LA VISITA

Iniciamos el recorrido en las 5 esquinas. Allí encontramos a nuestra derecha un magnífico edificio de 1920, que fuera una fábrica textil. Es creación de los arquitectos Donatti y Colomba y ocupa una manzana triangular, con fachadas sobre tres calles, incluyendo Lanín.

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Al iniciar nuestro camino llama la atención su bella cúpula con la inscripción “Barracas Central”.

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Al avanzar por Lanín, que a esa altura tiene la numeración 200, el edificio queda a nuestra derecha y las casas intervenidas quedan a mano izquierda.

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Como muchas casas antiguas de la zona, en la cuadra hay varias viviendas en estilo art nouveau.

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A pocos metros del inicio, a mano izquierda nace una breve calle de una cuadra, llamada Copahue, que muere en la cercana calle Arcamendia. Del lado sur, en esa esquina hay un centro del Ejército de Salvación, cuyo frente, tanto sobre Lanín como sobre Copahue, ha sido intervenido por Santa María.

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Cruzando Copahue, en la mano izquierda de la calle Lanín continúan las casas intervenidas, mientras que en la mano derecha continúa el extenso edificio de Barracas Central. Desde el cruce se ve el giro que la calle dará al llegar a la esquina siguiente.

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El diseño abstracto y la fuerza tonal provista por los materiales le dan vida y movimiento a esta calle empedrada -para algunos un pasaje- de poca circulación vehicular y vida tranquila.

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Al llegar a la altura del 100 encontramos el único cruce donde se forman cuatro esquinas: la calle Icalma, nacida a una cuadra en la calle Arcamendia, cruza Lanín para morir en la cuadra siguiente, al chocar con la calle Salmún Feijóo.

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En el ángulo sudeste se encuentra otro extremo del edificio Barracas Central.

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Ya no hay excusas: en la larguísima cuadra siguiente, que va del 100 al 0, estarán intervenidas las casas a ambos lados. Al final, al lado izquierdo tendremos el paredón que da al Ferrocarril Roca. Las viviendas allí brillan con luz propia.

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Todas son casas bajas. Veamos la sorprendente sucesión de fachadas:

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Una placa de mármol nos recuerda que la calle Lanín, considerado pasaje por las autoridades de la Ciudad de Buenos Aires, fue declarado Sitio de Interés y Patrimonio Cultural de Barracas.

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Completamos el paseo observando en la mano izquierda las últimas casas hasta llegar al muro del ferrocarril.

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Más allá, al fondo está la curva que hace la calle antes de morir en la calle Brandsen, fácilmente observable por la pared que la separa de las vías.

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Emprendemos el regreso para ver la otra mano, que viniendo desde la calle Brandsen hacia la Avenida Suárez, ahora queda a nuestra izquierda. Al caminar en sentido inverso a la dirección vehicular, la numeración de las casas es ascendente.

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Llaman la atención algunas originales puertas, pintadas con tonos intensos.

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Sin duda, el espacio más interesante de esa cuadra, lo constituye el taller de Marino Santa María

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Las sombras de la tarde se proyectan sobre la única cuadra de Lanín del lado este (la otra está ocupada por el enorme y bello edificio que fuera una planta textil, mencionado al principio)

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Nos vamos con la sensación de haber entrado en otra atmósfera, en un lugar de secreto recogimiento, con aroma a barrio y a vecino, lejos de toda la ominosa carga del bullicio. El arte transforma personas y lugares, y Marino Santa María lo ha hecho no sólo con sus creaciones sino con su corazón.

ACERCA DE OTRAS OBRAS DE MARINO SANTA MARÍA

Este eximio artista plástico fue rector de la Escuela Nacional de Bellas Artes “Prilidiano Pueyrredón” entre 1992 y 1998. Ha hecho numerosas muestras e intervenciones. Entre sus obras más recientes se encuentra un enorme mosaico en la Estación Las Heras.

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Las creaciones de Marino Santa María se reconocen con facilidad pues le imprime a cada una su sello personal. Se puede conocer más de él en su webiste: http://www.marinosantamaria.com

ACERCA DE LA CALLE LANÍN

Su nombre proviene del volcán Lanín, descubierto por Villarino en 1901, en el Parque Nacional Neuquén[2]. Antiguamente se llamaba Silva, pero por Ordenanza Municipal del 28/10/1904 recibió su nombre actual[3]. Su código postal es el 1274, teniendo diferentes sufijos de acuerdo a su numeración.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://pablobedrossian.com/2016/11/27/como-visitar-la-boca-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.102

[3] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2005, p.397


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos

LA CALLE JUAN DARQUIER Y EL PASAJE SANTA MAGDALENA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

El barrio de Barracas ofrece múltiples curiosidades. Entre ellas se encuentran dos llamativas vías que corren casi paralelas: la calle Juan Darquier y el Pasaje Santa Magdalena, únicas en el trazado porteño. La primera tiene una curiosa forma, parecida a una letra C.

Juan Darquier 01.JPGCuenta con una sola cuadra, que nace en la calle Osvaldo Cruz y termina en la calle Villarino. Tanto donde comienza como donde muere queda separada del Pasaje Santa Magdalena por breves trayectos de las calles recién mencionadas, sobre los cuales hay sendos puentes.

Pasaje Santa Magdalena y Calle Juan Darquier 02.jpgEstas calles delimitan una suerte de isla en la cual se encuentra Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca.

Pasaje Santa Magdalena y Calle Juan Darquier 01.jpgLos trenes a esa altura corren elevados, mientras que las oficinas y boletería de la estación se encuentran a nivel de la calle.

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JUAN DARQUIER

La calle Juan Darquier nace en la calle Osvaldo Cruz al 2320. Como dijimos, tiene una forma parecida a una letra C. Primero se dirige levemente hacia el sudeste, luego al sur y finalmente al sudoeste. Pero esta no es su única peculiaridad: es totalmente empedrada y, además, una de las más anchas de Buenos Aires. Su numeración va del 900 al 1000.

Juan Darquier 02En su mano oeste se encuentra el señorial edificio de la estación de tren, hoy pintado de color ladrillo.

Juan Darquier 03.JPGEn la mano este se alternan viviendas y comercios.

Juan Darquier 04.JPGEn algunas paredes lucen murales o mosaicos decorados, con aroma a tango.

Juan Darquier 05.JPGAl llegar a la esquina con Villarino recientemente se ha inaugurado el pintoresco café “Acacia Negra”, una nueva sede de “el café de las abuelas”, famoso por su pan y su repostería.

Juan Darquier 06.JPGCruzando Villarino la calle Darquier continúa unos pocos metros. Ese corto tramo es peatonal y luce un bello mural, firmado por Guache 2015. No pudimos confirmar si el autor es el colombiano Oscar González, famoso artista urbano que firma sus creaciones bajo ese seudónimo.

Juan Darquier 07.JPGLa reja contra la cual termina este mínimo espacio corresponde a Villarino 2378, quizás por estar perpendicular a la calle Juan Darquier.

Juan Darquier 08.JPGSegún Alberto Gabriel Piñeiro, originalmente la calle se llamó Maestro Eduardo Colombo Leoni. Recibió el nombre por la “Ordenanza N° 5877 del 14/8/1934, que no alcanzó carácter oficial ya que fue observada por el Departamento Ejecutivo Municipal por Mensaje del 4 de septiembre del mismo año, B.M. N° 3755”[1]. En 1943 se trasladó aquel nombre a un pasaje de Pompeya, pues Colombo Leoni había sido maestro y director de la primera escuela pública de ese barrio. También de acuerdo a Piñeiro, en un plano de 1941 aparece con el nombre de Barracas, hasta que recibe su nombre actual por “el Decreto N° 981/1945, B.M. N° 7390”.

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Juan Darquier fue un médico que tuvo una activa participación en la epidemia de fiebre amarilla que azotó Buenos Aires en 1871 e impulsó a emigrar a las clases pudientes a la zona norte de la ciudad. Fue un líder político de Balvanera y diputado entre 1880 y 1882[2].

Los códigos postales de esta única cuadra es C1276ABB y C1276ABA

SANTA MAGDALENA

A diferencia de la calle Juan Darquier, el pasaje Santa Magdalena trasunta pobreza, como si fuera la otra cara de la moneda. Sus pocas viviendas son de gente amable y trabajadora.

Santa Magdalena 01.JPGNace en Villarino 2375. La entrada está dividida en dos por un pilar.

Santa Magdalena 02b.JPGA la derecha tenemos las bases de  la Estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca y a la izquierda una vieja construcción cuya fachada es de ladrillo a la vista. Enseguida se abre a la izquierda en una amplia plaza en decadente estado, que tiene tres niveles de tribuna (que dan al oeste y al sur) y piso de baldosones ajedrezado. En el lugar se realizan eventos, impulsados por María D’Abate, una admirable luchadora cultural a cargo del Ateneo Cultural Barracas.

Santa Magdalena 04.JPGEn la pared izquierda hay algunos murales.

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Mientras tanto, a la derecha, debajo de la estación del tren, hay un par de humildes viviendas. Al llegar a la calle Osvaldo Cruz hay un enorme mural del lado izquierdo que dice “Paseo Agustín Bardi” haciendo referencia al eximio compositor, pianista y violinista de tango.

Santa Magdalena 06.JPGAl final de la cuadra, del otro lado del pasaje devenido en plaza, hay una escalera de metal que asciende a la Estación Yrigoyen.

Santa Magdalena 07.JPGCruzando la calle Osvaldo Cruz, Santa Magdalena se vuelve a estrechar, continuando su trayecto peatonal. Ni siquiera aparece en Google Maps.

Santa Magdalena 08.JPGDel lado izquierdo hay un alto paredón que es la medianera de las construcciones vecinas pero del lado del tren, debajo de las vías, hay tres viviendas.

Santa Magdalena 09.JPGEstas viviendas son sencillas pero coloridas.

Santa Magdalena 10.JPGAdemás,  hay paredes cubiertas por murales, algunos muy gastados por el paso del tiempo.

Santa Magdalena 11.JPGEs allí un pasaje peatonal angosto cuya numeración va del 900 al 850. La cuadra termina en la calle Jorge al 2350.

Santa Magdalena 12.JPGSanta Magdalena sigue su camino y se vuelve calle vehicular en dirección de la siguiente calle, Santo Domingo; sin embargo, los primeros metros son sumamente angostos y los consideramos parte del pasaje. Aparece en Google Maps sin mostrar la severa estrechez inicial.

Santa Magdalena 13.JPGLuego se ensancha para seguir su camino.

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LOS CAMBIOS

Eduardo Balbachán, en una suerte de apéndice de “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, llama al pasaje Santa Magdalena “casi una calle”. El autor dice así: “Como colofón presentaremos un minúsculo rincón de Buenos Aires que merece ser conocido. Nos referimos a una calleja que no fue descripta en la primera parte del libro porque en la actualidad ya no existe como tal, dado que una burocrática disposición municipal la ha transformado en la continuación de la calle Santa Magdalena. Así, ha pasado de ser el pasaje peatonal más pequeño y angosto de la capital, a la simple terminación de una larga calle…es un estrecho corredor de no mucho más de un metro de ancho y aproximadamente diez metros de largo” [3].

En términos similares se expresa León Tenenbaun en “A la vera de la desactivada estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Roca puede verse la calle más estrecha de Buenos Aires. Corrijamos: es el discontinuo tramo final, apéndice un tanto desarticulado de la calle Santa Magdalena que así se muestra al llegar a Villarino… Tiene, y es toda la extensión de esta “cuadra” final unos 15 metros de largo por 1.40 metros de en su parte más ancha. Con su embaldosado de pared a pared podría ser, además, de la más angosta, la primera peatonal de Buenos Aires… Yace semioculto bajo la armazón que sustenta por lo alto la ex estación Hipólito Yrigoyen del Ferrocarril Gral. Roca”[4].

Pasaje Santa Magdalena Antiguo 01.jpgHoy treinta años después de estas publicaciones el aspecto es muy diferente, aunque conservando el mismo aroma arrabalero. La estación Hipólito Yrigoyen fue reactivada, el pasaje ensanchado, el paredón que lo cerraba derrumbado y paredes laterales demolidas. Como se infiere comparando las viejas y nuevas fotografías, las columnas de acero que sostenían al puente quedaron al descubierto, conservándose un pilar de cemento al ingreso del pasaje. La edificación del lado opuesto a la estación ha sido provista de una fachada con ladrillos a la vista y el pasaje se extiende sin interrupciones hasta que Santa Magdalena se ensancha y deja de ser un pasaje peatonal.

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LA HISTORIA

La Estación Hipólito Yrigoyen se inauguró en 1908, elevada por encima del nivel de la calle. Su nombre original era Barracas al Norte

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Hay confusión en cuanto a la asignación de los nombres : Eduardo Balbachán dice que la Ordenanza municipal 5877 del 14 de agosto de 1934 asignaba el nombre de Maestro Eduardo Colombo Leoni al pequeño pasaje Santa Magdalena. Mientras que Piñeiro dice que otorgaba esa denominación a la actual calle Juan Darquier (ver arriba).

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Por el decreto 1775 del 27 de marzo de 1946 se aprobó extender el trazado de la calle Santa Magdalena entre Santo Domingo y Villarino. Sin embargo, según cuenta Balbachán, el decreto se ejecutó recién 35 años después en 1981.

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El nombre Santa Magdalena aparece ya en un plano de 1867[5]. Honra a Santa Magdalena de Pazzi, una monja carmelita florentina, que vivió a fines del siglo XVI y principios del XVII, reconocida por sus experiencias místicas. El nombre fue puesto por el vecino Fernando Moyano, que era su devoto[6].

Los códigos postales del pasaje son C1277ACN y C1277ACL

Barracas, aquel barrio olvidado y hoy recuperado, está lleno de sorpresas.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS 

[1] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.344

[2] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, p.29, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971, p.52

[3] Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.127

[4] Tenenbaum, León, “Buenos Aires un museo al aire libre”, Cuadenillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986, Nº 4, p.10

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.478

[6] Iusem, Miguel, Op. cit., p.166


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos,  a excepción del plano, tomado de Google Maps y editado por el autor, y la imagen que incluye la mencionada como Foto de Eduardo Balbachán (cerca de 1982), tomada de su libro “Los ignorados pasajes de Buenos Aires” y la mencionada como Foto de León Tenenbaum (cerca de 1986), tomada de su obra “Buenos Aires un museo al aire libre”.


BIBLIOGRAFÍA

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Lupano, María Marta, “Ruptura de la trama urbana: Los pasajes y las calles cortadas”, Seminario de Crítica, Instituto de Arte Americano e Investigaciones Estéticas, nº93, octubre 1998

Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2003

Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Tenenbaum, León, “Buenos Aires un museo al aire libre”, Cuadenillos de Divulgación Cultural sobre la Ciudad de Buenos Aires, Laboratorios Elea, 1986