EN BUSCA DE LA BOTHRIECHIS THALASSINUS, UNA TEMIBLE VÍBORA DE HONDURAS Y GUATEMALA (por Pablo R. Bedrossian)

Cierto día recibo un llamado de Josué Ramos Galdámez, un biólogo amigo, dedicado a la herpetología y apasionado por la naturaleza, con quien he hecho varias caminatas.

– Pablo, arreglé con Alexander Alvarado para ir a buscar en Copán la Bothriechis thalassinus, una de las serpientes más interesantes de Honduras. ¿Le interesa venir con nosotros?

Por supuesto, acepté la invitación. Conozco a Alexander Alvarado desde hace muchísimos años; es un enamorado de la naturaleza y probablemente el guía de aves más reconocido internacionalmente de Honduras. Hacer una visita de campo con él y Josué es garantía de aventura asegurada. Pero el reto no era fácil. La serpiente que nos proponíamos hallar es peligrosa pues tiene hábitos nocturnos y, debido a su coloración verdosa, se mimetiza fácilmente con la vegetación.

Fuimos con Josué en mi vehículo hasta Santa Rita, Copán, Honduras[1], a unas tres horas de nuestra ciudad. Alexander tiene allí su casa en medio de un bosque donde las aves continuamente lo visitan. Compartimos un café y planificamos comenzar esa misma noche.

PRIMERA CAMINATA NOCTURNA

Salimos en una enorme pickup 4 x 4. Nuestro destino era la Reserva Thalassinus, ubicada en una montaña a una hora de Santa Rita en dirección al sur. Nos acompañaban dos colaboradores de Alexander, Gabriel Arita y Erick Espinoza. El camino era de tierra dura y pedregosa; el ascenso en la oscuridad no fue fácil, pero Alexander demostró de ser, además de un guía excepcional, un gran chofer, sobre todo cuando tuvimos que vadear el río Negro. Ya más cerca de la reserva, en San Manuel, municipio de Cabañas, se nos sumó Francisco Cuevas, una experto conocedor de la reserva[2].

Fuimos bien equipados, con linternas potentes y ropa y calzado adecuados. Una mordedura de esta víbora, conocida localmente como tamagás verde, puede constituir un problema serio si no se llega antes de las cuatro horas a un hospital que cuente con suficiente antídoto[3]. En Honduras se llama tamagás a diversas serpientes venenosas de los géneros Porthidium, Cerrophidion y Bothriechis, de cabeza triangular, con veneno hemotóxico (por lo que producen hemorragias internas) y cuerpo no mayor a un metro; también se llama tamagás verde a la Thalassinus marchi o a la Thalassinus guifarroi.

Tamagás café, timbo o chingo (Cerrophidion wilsoni); foto tomada en el Parque Nacional La Tigra

Al llegar, descendimos del vehículo pues debíamos hacer la búsqueda a pie. El clima estaba muy húmedo y por momentos llovía. Tras cruzar una alambrada de púas y hacer un breve trayecto, nos adentramos en el bosque. No había senderos, así que hubo que utilizar machetes para abrirnos camino en la espesura.  

El primer hallazgo fue una salamandra moviéndose entre las hojas mojadas: salamandra de Conant (nombre científico Bolitoglossa conanti).

Luego aparecieron una amplia variedad de insectos y diversos tipos de ranas, tales como la rana de arroyo de Copán (nombre científico: Ptychohyla hypomykter), una especie endémica de Centroamérica. Sonidos propios de la vida nocturna en la naturaleza nos acompañaban en la cerrada oscuridad de la noche.

También pudimos fotografiar una rana perteneciente al género Plectrohyla, (ranas conocidas en inglés como spikethumbs; en español de pulgares puntiagudos), cuya especie no logramos identificar, posando sobre una hoja.

De repente alguien nos avisó que había encontrado una Bothriechis thalassinus. Dejamos todo y fuimos en su dirección. Era un ejemplar joven de intenso color verde moteado con algunas escamas turquesas, los flancos algo más amarillentos, la cabeza triangular bien distinguida del cuerpo y pupilas elípticas. Permaneció quieta y tranquila, mientras nosotros guardábamos relativo silencio y prudente distancia.

La Bothriechis thalassinus, también conocida como víbora de pestañas del Merendón, pertenece a la familia Viperidae (a cuyos miembros se los llama vipéridos), y dentro de ella a la subfamilia Crotalinae, la de los crótalos o víboras de foseta. La palabra foseta deriva de la palabra foso y hace referencia a un orificio característico ubicado a cada lado de la cabeza, entre el ojo y el orificio nasal, siempre por debajo de la línea imaginaria que los une. Las fosetas son órganos con funciones termorreceptoras altamente sensibles que sirven para detectar presas de sangre caliente.

Parecía posar para nosotros. Tras varios minutos, en los cuales solamente hizo pequeños cambios de posición, decidió desplazarse lentamente para alejarse de la piedra donde se encontraba.

Aunque habíamos cumplido nuestro objetivo, aún faltaban algunas sorpresas. Observamos a nuestro paso nuevamente insectos y arácnidos sorprendentes. Josué nos fascinaba mostrándonos diversos anfibios (por ejemplos dos especies de Craugaster, laticeps y rostralis, una Plectrohyla matudai); sin embargo el hallazgo más interesante fue el de un tlacuache, (nombre científico Marmosa mexicana), la más pequeña de las zarigüeyas que habitan en Honduras, comiendo en un árbol. Fue el broche de oro para una noche fantástica, en lo alto de un cerro, sin otra presencia humana que la nuestra.

LA MAÑANA SIGUIENTE

Aproveché la mañana siguiente para ir a mi lugar favorito en Honduras: el Parque Arqueológico de Copán, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1980. A pesar del paso de los siglos y gracias al abnegado trabajo de numerosos expertos, estas ruinas han recuperado buena parte de su esplendor. Visitarlas es una experiencia extraordinaria pues contienen las esculturas más importantes de la cultura maya[4].

En el parque uno puede admirar un amplio número de aves. Las más notables son las espectaculares guacamayas rojas (nombre científico, Ara macao) que, tras estar extintas en la zona, fueron reinsertadas gracias al trabajo del Macaw Bird Park, ubicado en la zona.

Aunque es común ver allí guatuzas, (nombre científico Dasyprocta punctata), en esta ocasión no hallé ninguna, pero pude fotografiar una lagartija espinosa vientre rosado (nombre científico Sceloporus variabilis), posando sobre una piedra.

Por la tarde, nos encontramos con Josué y Alexander en Santa Rita para compartir un café y alistarnos para la expedición de la noche.

LA SEGUNDA NOCHE

Con un cielo cerrado y amenazante, la segunda noche nos dirigimos a la Montaña de El Rabinal, a una hora veinte minutos de Santa Rita, en dirección sudeste. Si bien El Rabinal aparece en varias publicaciones, no es mencionado a la fecha en Google Maps. En esta ocasión solo fuimos Josué, Alexander, Moisés -quien colabora con Alex- y quien escribe esta nota. Quizás no haga falta decir que el camino, tal como la noche anterior, fue muy difícil, pedregoso y en ascenso.

A diferencia de la caminata del día anterior no fueron ranas y salamandras las que nos recibieron sino insectos y arácnidos sumamente interesantes, como una oruga, cuya especie no pudimos determinar.

Enseguida alguien encontró el primer ejemplar de Bothriechis thalassinus, otro juvenil con manchas más grandes y oscuras sobre el verde de la piel. Dedicamos varios minutos a observarla. Muy lenta en sus movimientos, se encontraba sobre un árbol. Después de fotografiarla con el mayor de los cuidados, continuamos la marcha.

Tras hallar la misma especie de salamandra que la noche anterior, una Bolitoglossa conanti, Moisés nos pidió que fuéramos con urgencia a dónde él se encontraba. Había nada menos que una Bothriechis thalassinus adulta de inconmensurable belleza. Se destacaban las manchas celestas sobre el cuerpo verde incluyendo la raya que corre del ojo hacia la mandíbula. Quedamos fascinados en su contemplación, sin dejar de tomar fotos y videos.

La Bothriechis thalassinus es de cuerpo delgado y cola prensil; viven sobre ramas o plantas pues son de hábitos arbóreos y pueden medir hasta casi un metro. Como ya hemos dicho, el cuerpo es verdoso con manchas turquesas, se vuelve más amarillento hacia los flancos y el vientre es de color cremoso. Muestra usualmente escamas dorsales en 21 hileras (raramente 19 o 23) en el medio cuerpo y toda la cabeza se encuentra cubierta de escamas pequeñas[5].

Habita en alturas que van de los 1130 metros a los 1750 metros de altura sobre el nivel del mar, en bosques húmedos montanos bajos de Honduras y Guatemala. Como ya dijimos es de hábitos nocturnos, se ha documentado que comen ranas y nada se sabe sobre su reproducción[6].

Este ejemplar adulto, aunque estuvo quieto la mayoría del tiempo, parecía en estado de alerta y minutos después trepó a un árbol y se alejó.

Emprendimos el retorno, sin embargo, aún quedaban especies interesantes para admirar. Primero, en un árbol, un pequeño roedor nos sorprendió moviéndose entre las ramas: un tipo de rata de monte conocido como rata verpertina (nombre científico Nyctomys sumichrasti). Nos costó mucho fotografiarlo debido a su comportamiento escurridizo.

Finalmente unos ruidos nos llevaron al último encuentro de la noche. Alexander, con su extraordinario oído para las aves, identificó el canto de una pareja de búho blanco y negro (Nombre científico: Strix nigrolineata), otra verdadera joya para el recuerdo.

Josué encontró varias ranas y nosotros algunos insectos curiosos (como el del género Autolyca que va debajo) ya muy cerca del vehículo, con que le dijimos adiós a nuestra exploración por los cerros copanecos.

LA DESPEDIDA

Al día siguiente nos despedimos de Alexander. Antes de partir realizamos con Josué una caminata fotográfica dentro de la Hacienda San Lucas de Copán Ruinas. El ave más interesante que hallamos fue la urraca copetona (nombre científico Calocitta Formosa).

Finalmente llegamos a pie a la aldea La Pintada, famosa por sus coloridas muñecas de tuza. Hubiéramos querido almorzar allí, pero el reloj nos indicó que era hora de retornar a San Pedro Sula.

© Pablo R. Bedrossian, 2024. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Para los que no conocen, Santa Rita, queda en el occidente del país, a pocos kilómetros de Copán Ruinas y la frontera con Guatemala (cruce por El Florido).

[2] Hay muy pocos datos sobre la Reserva Thalassinus; según una fuente cuya información no pudimos verificar, fue declarada Área Protegida en el año 2001 por el ICF, Instituto Nacional de Conservación y Desarrollo Forestal, Áreas Protegidas y Vida Silvestre

[3] Hasta donde sabemos, hay muy pocas mordeduras de Bothriechis thalassinus reportadas y ninguna mortal; sin embargo, poco se conoce del potencial de su veneno

[4] Para los que deseen conocer más de este parque arqueológico, ver nuestro artículo “Cómo visitar las ruinas mayas de Copán”, 2/11/2017,  https://pablobedrossian.com/2017/02/11/como-visitar-las-ruinas-mayas-de-copan-por-pablo-r-bedrossian/

[5] McCranie, James R., “The Snakes of Honduras”, Society for the Study of Amphibians and Reptiles, 2011, p.487

[6] McCranie, James R., Op. cit., p.497,498



CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos. 

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