GUARA ROJA – NOMBRE CIENTÍFICO ARA MACAO; NOMBRE EN INGLÉS SCARLET MACAW (por Pablo R. Bedrossian)

Serie AVES DE CENTROAMÉRICA (Grupo AVES EXTRAORDINARIAS DE HONDURAS)

La guara roja es el ave nacional de Honduras. Mide alrededor de 90 cm, en un rango que va de los 81 a los 96 cm[1]. Pesa cerca de 1 kg. De un intenso color rojo, tiene plumas amarillas y azules en las alas que le proveen una belleza extraordinaria. La parte superior del pico es color marfil con la punta y la base negras mientras que la parte inferior del pico es totalmente negra. Alrededor de sus ojos -que son color café en los juveniles y amarillos verdosos en los adultos- la piel es rosada y sin plumas.

La subespecie que habita entre el sur de México y Honduras se conoce como Ara macao cyanoptera, y no posee la banda verde en las alas que sí muestra la subespecie que se observa desde Costa Rica hacia el sur, denominada Ara macao macao[2].

En otros países es conocida como guacamaya roja, guacamaya macao, lapa roja, bandera o paraba. Pertenece a la familia Psittacidae, la misma que los loros. Habita en bosques húmedos y de pinos, en alturas que van del nivel del mar a los 1000 metros. Se alimenta de frutos y semillas. Anida en huecos naturales de árboles o en nidos viejos abandonados por pájaros carpinteros. Es gregaria. Aunque no hemos encontrado evidencia científica, se dice que una vez que encuentra su pareja es fiel hasta la muerte. Del mismo modo, se cree que pueden llegar a vivir más de 60 años. Debemos resaltar que se la utiliza como mascota, lo que impulsa la casa furtiva. El experto Robert Gallardo dice “Tristemente, ahora es muy probable que haya más guaras rojas enjauladas en Honduras que las que gozan de libertad en la naturaleza”[3].

Hasta hace poco solo se lo observaba en la región Oriental de Honduras (La Moskitia en Gracias a Dios, Olancho y el extremo este de El Paraíso). Sin embargo, gracias a un proyecto del Parque de Aves y Reserva Natural Macaw Mountain, que ha rehabilitado y liberado aves en el sector de Copán Ruinas, hoy ya pueden verse un buen número de guaras rojas en el sector del parque arqueológico adyacente.

La mayor población de esta ave se encuentra en el norte de América del Sud. Hay registros recientes en Guatemala y Belice, pero en El Salvador no se observa desde 1925[4]. El mayor número de observaciones en Centroamérica proviene de Costa Rica; desde luego hay registros en Nicaragua y Panamá, aunque en mucho menor número.

Finalmente, y vinculando la guara roja con la historia, ha sido un ave importante para los pueblos precolombinos, tal como se observa en las ruinas mayas como de Copán.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


VIDEOS


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


REFERENCIAS

[1] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.337

[2] “Ara macao”, ficha de identificación, Dirección de Especies Prioritarias para la Conservación, Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, Actualización enero 2009.,

[3] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Edición de autor, 2018, p.265

[4] Según www.ebird.org, al momento de publicar este artículo.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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BOTHROPS ASPER – BARBA AMARILLA, FER-DE-LANCE O TERCIOPELO: RESCATANDO UN EJEMPLAR (Por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Muchos han leído nuestro artículo “Bothrops asper – Barba amarilla, la serpiente más temida de Centroamérica”, donde presentamos esta especie con datos, fotos y videos y explicamos detalles de su biología y su comportamiento. Para los que no leyeron, lo pueden encontrar en

https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/

OTRA BARBA AMARILLA ENTRE NOSOTROS

Tiempo después de aquel artículo, un vecino de nuestra comunidad, Residencial Campisa, ubicada en el sector noroeste de San Pedro Sula, Honduras, me pidió ayuda pues había visto una serpiente entre unas maderas frente a su casa. Al llegar, la identifiqué de inmediato: era una Bothrops asper, conocida como barba amarilla, fer-de-lance o terciopelo. Aunque solo se veía una pequeña parte de su grueso cuerpo, los patrones en A de su piel aterciopleada y grisácesa fueron suficientes para comprender que estábamos frente a una de las especies más peligrosas de Centroamérica.

Las maderas se encontraban a pocos metros de un curso de agua. Nos preguntamos cómo retirar el barba amarilla sin correr riesgos, evitando a la vez que huyera al canal desde donde podría regresar. Además no contábamos con pinzas adecuadas para la toma de serpientes. Como no teníamos una mejor opción decidimos quitar con cuidado las maderas que estaban en las partes superiores, hasta que dejamos a la víbora al descubierto.

Desde luego, no fue un proceso fácil y tomó bastante tiempo. La serpiente prácticamente se mantuvo inmóvil, por lo que sospechamos que había elegido ese lugar para reposar tras haber ingerido alguna presa. En una ocasión habíamos observado y filmado a unos 200 metros una Boa constrictor deglutiendo un Ctenosaura similis, una iguana gris o garrobo. La cuestión es que la teníamos al descubierto y había que extraerla.

Este ejemplar medía aproximadamente 1,30 metros. Por el tamaño pensamos que era un juvenil y decidimos tocarla suavemente con un tubo de metal sin agarraderas y una rama seca de aproximadamente un metro para que ingresara por sus propios medios en una bolsa gruesa y resistente para un traslado seguro.

Al mínimo toque la serpiente se movió de inmediato, aunque sin la agresividad que hemos observado en otros adultos de la misma especie.

La fuimos guiando con el tubo y la rama procurando que entrara en la bolsa, cuya ancha boca dejamos abierta frente a ella. Guardamos una buena distancia y no la golpeamos; nuestros movimientos fueron dirigidos a evitar que se desviara. Luego de un par de intentos fallidos, la Botrhops asper ingresó en la bolsa, que cerramos y levantamos de inmediato. Cómo suele suceder, la víbora se quedó tranquila, descansando en la parte de abajo.

La trasladamos en ese mismo momento en una camioneta a una región montañosa cercana donde habíamos visto otros ejemplares de esta especie. Allí la liberamos.

Su comportamiento fue diferente pues rápidamente se movilizó y desapareció entre las piedras y las plantas.

EDUCAR PARA CONSERVAR Y ACTUAR PARA RESCATAR

Desde luego, nuestra actuación es cuestionable; no contar con pinzas entraña siempre peligros. Sin embargo, y luego de trabajar durante mucho tiempo con serpientes, sabemos que no siempre es posible hacer procedimientos de manual. Dejarla allí hubiera sido exponer a la comunidad a su mortal mordedura.

Para nosotros es importante preservar cada animal. Por ello nos ofrecemos a ayudar a nuestros vecinos en caso de visitantes peligrosos como los barba amarillas o las corales. Las rescatamos evitando en lo posible agredirlas y las devolvemos a su hábitat. En 2019 rescatamos una pequeña Bothrops asper (quizás tenía solo un par de semanas de vida) del jardín de una vecina cuyo muro linda con el de nuestra casa.

Invitamos a ver el video de este pequeño pero temible ejemplar:

En 2020, pocos días antes de la publicación de este artículo, también rescatamos una Micrurus nigrocinctus de dos colores.

Esta coral verdadera se hallaba en un terreno baldío, lindante con la vivienda de una familia de nuestra comunidad. Compartimos un video de este ejemplar una vez que fue liberada.

Muchos cuando ven una serpiente, aunque sea inofensiva, la matan de inmediato, actuando por miedo. Ese miedo es producto de la falta de educación ambiental y, en particular, el total desconocimiento de las serpientes. El gran desafío que tenemos todos los que amamos los reptiles es educar para conservar, y solo si es necesario, actuar para rescatar.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


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EL QUETZAL Y SU FAMILIA: LOS TROGONES CENTROAMERICANOS (por Pablo R. Bedrossian)

RESPLENDENT QUETZAL (PHAROMACHRUS MOCCINO; EN ESPAÑOL QUETZAL MESOAMERICANO)

El quetzal, cuyo nombre científico es Pharomachrus moccino y en inglés Resplendent Quetzal, es probablemente el ave más representativa de Centroamérica. Los vistosos colores de esta especie, sobre todo el verde y rojo del macho con sus largas plumas, la han hecho sinónimo de belleza. Su nombre proviene de la voz náhuatl quetzalli, que significa algo así como “ave de cola larga de hermoso plumaje”.

Resplendent Quetzal macho

El macho adulto mide entre 38 y 40.5cm, pero con su cola en serpentina puede llegar a más 61cm[1] e incluso más[2]. La cabeza, de un color intensamente verde, tiene una ligera cresta del mismo color y pico amarillo.

Resplendent Quetzal macho

El color verde a veces puede tornarse azul brillante dependiendo de la incidencia de los rayos de sol; el vientre es intensamente rojo. La hembra es más opaca, con la cabeza grisácea, el pico oscuro, el pecho y las partes superiores verdes y la panza gris. Las plumas cobertoras de la parte superior de la cola son rojas.

Resplendent Quetzal hembra

Los quetzales son difíciles de ver y prefieren los bosques húmedos de zonas altas, que van desde unos 900 a 2,600 msnm[3]. Hay reportes de su presencia desde Chiapas, en el sur de México, hasta el oeste de Panamá[4]. Suelen preferir las zonas altas; sin embargo, descienden en algunos meses en busca de alimento. Su temporada de cría corresponde generalmente a marzo y abril. Los frutos que consumen se conocen popularmente como aguacatillos.  Se les llama así porque parecen aguacates (en algunos países de Sudamérica denominados paltas) pequeños y pertenecen a su misma familia del aguacate, las lauráceas. En Honduras hay entre 50 y 60 especies diferentes, que corresponden a los géneros Aiouea, Beilschmiedia, Cinnamomum, Licaria, Nectandra, Ocotea, Persea y Pleurothyrium.

Pareja de Resplendent Quetzal

Personalmente los he visto en Honduras en el Parque Nacional La Tigra, dos veces en El Cedral, comunidad dentro del Parque Nacional Santa Bárbara, y en varias ocasiones en la Reserva El Jilguero – Sector Bosque Las Trancas, en Opatoro, muy cerca de Marcala, Departamento de La Paz. Se encuentra en la mayoría de los departamentos de Honduras, aunque no se ha observado ni en la zona sur, ni en la Moskitia.

Resplendent Quetzal pareja (video)

LA FAMILIA DEL QUETZAL: LOS TROGONES

El quetzal forma parte de la familia Trogonidae, que incluye un nutrido grupo de especies, conocidas popularmente en español como “coas” o “trogones” y en inglés como “Trogons”. En América hay 24 de las 39 especies conocidas en el mundo[5]. Se caracterizan por cabezas redondeadas con aros perioculares, picos pequeños, cuellos cortos, cuerpos compactos y coloridos pechos y panzas. Vistos de frente, en su mayoría sus colas combinan los colores blancos y negros en diversos patrones que ayudan a distinguirlos. Comen frutas, insectos e incluso pequeñas lagartijas y ranas. Suelen presentar dimorfismo sexual siendo los machos los que tienen plumajes más brillantes y posan en los árboles, a veces cantando y en otras ocasiones permaneciendo en silencio.

Gartered Trogon macho

Presentamos las especies que tenemos en Centroamérica, aclarando que quedan fuera del alcance de esta presentación Citreoline Trogon (nombre científico Trogon citreolus) que se encuentra en el sur de México, zona que geológicamente integra la región centroamericana, dos especies que se ven en exclusivamente Costa Rica y Panamá, Baird’s Trogon (nombre científico Trogon bairdii) y Lattice-tailed Trogon (nombre científico Trogon clathratus) y dos de las que solo hay registros en Panamá, Black-tailed Trogon (nombre científico Trogon melanurus) y White-tailed Trogon (nombre científico Trogon chionurus).

Collared Trogon macho

Podemos agrupar los trogones fenotípicamente en trogones de vientre amarillo y trogones de vientre rojo.

TROGONES DE VIENTRE AMARILLO

Desde luego, cada uno tiene su propio canto. Los dos primeros, el Black-headed Trogon y el Gartered Trogon son los más fáciles de ver de toda la familia Trogonidae, pues se encuentran prácticamente en todo el territorio centroamericano.

BLACK-HEADED TROGON (TROGON MELANOCEPHALUS; EN ESPAÑOL COA CABEZA NEGRA)

Aún recuerdo la emoción de mi primera observación de esta bella ave, que es el único trogon que hemos documentado en la zona donde vivo. Mide algo menos de 30 cm. Es negro, con el vientre amarillo y el aro periocular celeste. Vista el ave de frente, las plumas de la cola parecen dos columnas de triángulos blancos.

Trogon melanocephalus – Black-headed Trogon

El macho es levemente más azulado. Tiene un vuelo típico que lo hace trasladarse entre árboles vecinos. Su canto suele ser grave y apagado.

Su distribución va del sudeste de México a Costa Rica. En Honduras se encuentra en todo el territorio nacional, en alturas que van de 0 a 1,000 msnm.

GARTERED TROGON (TROGON CALIGATUS; EN ESPAÑOL COA VIOLÁCEA)

Es parecido al Black-headed Trogon (quizás algo más pequeño), con la cabeza y el cuerpo negros con el vientre amarillo. Hay tres marcas de campo muy sencillas para diferenciar ambas especies visualmente: el Gartered Trogon macho posee un anillo periocular de color amarillo.

Gartered Trogon macho

La hembra tiene un anillo periocular blanco, más ancho a los lados.

Gartered Trogon hembra

Vista el ave de frente, la cola muestras finas barras blancas y negras. Además, en el macho la espalda y la parte dorsal de la cola son de color verde intensamente oscuro o, si no, negro. En ambos sexos las alas muestran un patrón empedrado.

Gartered Trogon hembra

Su distribución va del este de México a Sudamérica. En Honduras se encuentra en casi todo el país (solo no ha sido observado en el extremo sudoeste), en alturas que van de 0 a 1,800 msnm.

BLACK-THROATED TROGON (TROGON RUFUS; EN ESPAÑOL COA CUELLO NEGRO)

Este es el único trogon que aún no he podido fotografiar. Lo observé durante una caminata en el Parque Nacional Pico Bonito, en el departamento de Atlántida, cerca de la costa norte de Honduras. Es el más pequeño de los tres, midiendo unos 25 cm. Cito la precisa descripción que hace de él Robert Gallardo: “el macho tiene partes dorsales verdes, máscara negra y anillo periocular azul. Tiene una banda de pecho angosta y blanca y los paneles de las alas son empedrados con blanco y negro”[6]. Mostramos una imagen cedida amablemente por el experto guía de aves Elmer Escoto.

Black-throated Trogon (fotografía por Elmer Escoto)

La hembra tiene las partes dorsales, la cabeza y el pecho color café, separada por una franja blanca del vientre amarillo. El anillo periocular es blanco e incompleto. Su distribución va del norte de México a Sudamérica. En Honduras se observa en la costa norte, incluyendo la Moskitia, y en toda la zona oriental del Departamento de Olancho.

TROGONES DE VIENTRE ROJO

SLATY-TAILED TROGON (TROGON MASSENA; EN ESPAÑOL COA COLA GRIS)

El Slaty-tailed Trogon es la coa de vientre rojo de mayor tamaño (puede medir casi 36 cm). Su nombre proviene del color grisáceo que la cola muestra vista de frente. El macho tiene la cabeza, el pecho y las partes dorsales superiores de tonalidad verde oscura mientras que en la hembra adquieren una tonalidad gris oscura por detrás y un gris claro de frente.

Slaty-tailed Trogon

Ambos sexos tienen un aro periocular rojo rodeado de una mascarita oscura y pico que va del rosa pálido al anaranjado. Su distribución se extiende del sudeste de México a Sudamérica. En Honduras está presente en toda la costa norte y también en la región oriental del departamento de Olancho en alturas que van de 0 a 1,000 msnm.

Slaty-tailed Trogon

Según el experto Robert Gallardo, se ha observado una pequeña población en Río Amarillo, Copán[7], en el occidente del país. Nosotros no encontramos registros en eBird, la base de datos más completa sobre observaciones de aves, ni en los departamentos de Copán, ni de Santa Bárbara.

LOS TRES MÁS PARECIDOS: ELEGANT TROGON (TROGON ELEGANS; EN ESPAÑOL COA ELEGANTE), MOUNTAIN TROGON (TROGON MEXICANUS, EN ESPAÑOL COA DE OCOTAL) Y COLLARED TROGON (TROGON COLLARIS; EN ESPAÑOL COA COLLAREJA).

Por supuesto, estas tres especies son diferentes; cada una posee su propio canto y distinta distribución; sin embargo, comparten características que pueden llevar al observador poco entrenado a confundirlas.

Elegant Trogon macho
Mountain Trogon macho
Collared Trogon macho

Digamos primeramente que todas poseen dimorfismo sexual; es decir que no solo genéticamente sino externamente (lo que en ciencia llama fenotipo) el macho y la hembra son diferentes. Curiosamente, visualmente los machos de estas tres especies tienen más características en común que con sus respectivas hembras.

Observemos estos rasgos en común:

– Tamaño: Los machos de T. elegans y T mexicanus miden alrededor de 30 cm; el macho de T. collaris apenas un par de centímetros menos.

– Aspecto general: Los machos de las tres especies poseen las partes posteriores, cabeza y pecho color verde oscuro; el pecho está separado del vientre rojo por una franja blanca, y alas grisáceas

– Detalles de la cabeza: Los machos de las tres especies poseen cabeza verde con pico amarillo

T. elegans y T mexicanus poseen aro periocular rojo rodeado de una mascarita oscura. Al menos en Centroamérica, T. Collaris posee la mascarita pero el aro periocular puede estar ausente o ser poco visible.

Lo mismo ocurre con las hembras: son más parecidas entre sí que con los machos correspondientes a sus especies. Veamos esas características:

– Tamaño: similar al de los machos en las tres especies.

– Aspecto general: Las hembras de las tres especies poseen las partes posteriores, cabeza y pecho café con alas color café claro o grisáceas. T. elegans y T mexicanus en la parte inferior del pecho presentan una delgada franja blanca, luego una ancha franja café claro que se angosta en el centro y debajo otra franja blanca aún más ancha que se extiende hasta el vientre, que es de un color rojo más pálido que en los machos. T. collaris entre el pecho verde y el vientre rojo solo presenta una franja blanca.

– Detalles de la cabeza: Las hembras de las tres especies poseen cabeza café con pico amarillo. T. elegans posee una suerte de mancha blanca debajo de los ojos.

Mountain Trogon hembra

Las diferencias más notables, además del canto y algunas que hemos marcado al hablar de atributos en común se encuentran en los patrones de las colas.

– Patrones de la cola: Considerando los machos, siempre vistos frente, T. elegans tiene barras finas blancas y negras interrumpidas regularmente por franjas blancas más anchas. T. mexicanus tiene como dos columnas de barras anchas blancas y negras. T. collaris, tiene barras finas blancas y negras.

– Otras diferencias fenotípicas: Nótese que en las hembras T. elegans tiene una suerte de mancha blanca debajo de los ojos y T. collaris tiene aro periocular blanco incompleto. –

– Hábitat: El hábitat de T. elegans es de bosques secos, en alturas de 0 a 1800 msnm. El hábitat de T. mexicanus son bosques latifoliados en alturas que van de los 600 a los 2500 msnm. T. collaris habita bosques húmedos en alturas que van de 0 a 2,400 msnm.

– Distribución: T. elegans, desde el sur de Estados Unidos al noroeste de Costa Rica. En Honduras tiene una amplia distribución, sobre todo en la zona centro sur y occidente. T. mexicanus se encuentra desde el oeste de México a Honduras. En Honduras se encuentra en la zona central y occidental. T. collaris es la de más amplia distribución, desde el sur de México a Sudamérica. En Honduras se encuentra en casi todo el territorio.

RESUMIENDO:

El quetzal y su familia, los trogones, se encuentran de las aves más bellas de Centroamérica, por su bello colorido, poblado de verdes, rojos, amarillos, negros y blancos. Distinguir sus detalles contribuye a una mejor experiencia cuando los observamos. Termino con una tabla comparativa sobre la presencia de trogones o coas en los países de la región armada con datos provistos por eBird a la fecha de publicación de esta nota.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


NOTA

Esta es una contribución del Club de Observación de Aves Los Zorzales, del valle de Sula, a la ASHO (Asociación Hondureña de Ornitología)


AGRADECIMIENTOS ESPECIALES

Quiero agradecer muy especialmente al Ing. Francisco Dubón por la revisión de este artículo y sus valiosas observaciones y sugerencias y al guía y experto Elmer Escoto por la fotografía del Black-throated Trogon que me facilitó.


REFERENCIAS

[1] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia, “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.436

[2] Por ejemplo, Jesse Fagan & Oliver Komar, hablan de 76 cm y Robert J. Gallardo de 66 cm. Ernest Preston Edwards no da la longitud.

[3] Gallardo, Robert J.,”Guía de las Aves de Honduras”, Edición de Autor, 2018, p.223

[4] Datos tomados de eBird, www.ebird.org

[5] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.222

[6] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.225

[7] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.224


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998, 4ta. Reimpresión, 2005

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la del Black-throated Trogon de Elmer Escoto y publicada con su autorización.

AGALYCHNIS CALLIDRYAS, LA RANITA DE OJOS ROJOS MÁS FAMOSA DE CENTROAMÉRICA (por Pablo R. Bedrossian)

El género Agalychnis se distribuye desde México hasta Perú y Brasil. Reúne más de una docena de especies de las cuales la más famosa es la Agalychnis callidryas, una ranita verde de ojos rojos y gruesas pupilas elípticas verticales negras.

Agalychnis callidryas

Esta ranita, también conocida como rana de hoja de ojos rojos, rana verde de ojos rojos o rana calzonuda, se encuentra en la vertiente del Atlántico en zonas bajas y moderadas desde el centro de Veracruz y el norte de Oaxaca en México hasta el norte de Colombia. En la vertiente del Pacífico se encuentra desde el sudoeste de Nicaragua hasta el este de Panamá[1].

Agalychnis callidryas

La hembra es más grande (longitud hocico-cola de 48 a 77mm) que el macho (longitud hocico-cola de 30 a 59mm)[2].

MARCAS DE CAMPO

Además de la localización, hay seis marcas de campo observables a simple vista que facilitan su identificación:

  1. El color rojo de los ojos.
  2. La cabeza y dorso de color verde claro homogéneo e intenso.
  3. El color morado azulado de los flancos con rayas verticales amarillas.
  4. Los puntos blancos en el dorso, algo que comparte con otras especies del género.
  5. Los pliegues interdigitales moderados en manos y pies.
  6. Los dedos anaranjados o amarillentos, salvo el borde exterior de los dedos más externos.

Además, McCranie y Castañeda en “Guía de Campo de los Anfibios de Honduras” mencionan que “los discos (de los dedos) tienen almohadillas muy grandes y cubiertas redondeadas”; luego mencionan que “las superficies dorsales son lisas a levemente granulada”. Finalmente agregan dos peculiaridades: “los especímenes del este de Honduras tienen una raya amarilla blanquecina que separa la coloración dorsal de los flancos, mientras que esta raya está ausente en los especímenes del oeste… el brazo y las superficies posteriores y anteriores de los muslos son de color morado (en el este de Honduras) o anaranjado (en el oeste)” [3].

COMPORTAMIENTO

Agalychnis callidryas es activa durante la noche, en particular, en las estaciones de mayor humedad. Se esconde en los árboles durante el día y en los periodos secos[4].

Agalychnis callidryas

Puede reproducirse en una amplia variedad de hábitats; el macho llama a la hembra que desciende de los árboles; tras el amplexo, la hembra se sumerge e hidrata para luego depositar sus huevos en vegetación que cuelga sobre charcos o humedales -incluso en recipientes con agua-, donde los renacuajos se desarrollan y generalmente nadan con la cabeza hacia arriba.

Agalychnis callidryas

ESPECIES SIMILAES

McCranie y Castañeda mencionan tres para Honduras: Agalychnis moreletii, Agalychnis saltator y Cruziohyla calcarifer. “Agalychnis moreletii tiene los flancos de color anaranjado sin líneas pálidas mientras que Agalychnis saltator tiene flancos de color morado sin líneas pálidas. Cruziohyla calcarifer tiene un calcar en el talón, flancos amarillos con rayas o barras verticales color negro y el iris amarillo a gris”[5]. En ambas Agalychnis, tanto moreletii como saltator, los ojos son más oscuros.

Agalychnis callidryas

Además, en Honduras existe una rana endémica de ojos rojos, la Duellmanohyla salvavida de pupilas negras horizontales, conocida como ranita de arroyo de ojos rojos, mucho más pequeña: longitud hocico-cola de la hembra hasta 34mm y del macho hasta 28mm, que habita en la costa norte del país.

Duellmanohyla salvavida

Para Costa Rica, el Dr. Jay M. Savage en “The amphibians and reptiles of Costa Rica” dice que los adultos de Agalychnis callidryas son inconfundibles, pero menciona que los juveniles deben distinguirse de una “prima” de la anterior, la Duellmanohyla uranochroa, que tiene pupilas negras horizontales y una ancha franja blanca brillante que va desde el labio superior, debajo del tímpano, hasta la ingle[6].

Agalychnis callidryas, nuestra ranita de ojos rojos, es una de las más bellas del continente y es portada de libros y revistas e imagen preferida para pósters y carteles. No se la pierda.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] McCranie, James R., Castañeda, Franklin E., “Guía de Campo de los Anfibios de Honduras“, Bibliomania!, 2007, p.147

[2] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.281

[3] McCranie, James R., Castañeda, Franklin E., Op. cit., p.146

[4] Savage, Jay M., Op. cit., p.282

[5] McCranie, James R., Castañeda, Franklin E., Op. cit., p.147

[6] Savage, Jay M., Op. cit., p.281


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, al igual que de la infografía.

BOTHRIECHIS SCHLEGELII: EL TAMAGÁS DE PESTAÑA O BOCARACÁ Y CÓMO MATAN LAS VÍBORAS DE FOSETA (Por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Conocida como víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, o bocaracá[1], la Bothriechis schlegelii es una pequeña serpiente venenosa de extraordinaria belleza, pues puede presentar distintos colores, que van de la combinación de verde oliva con manchas rojas o café al amarillo[2]. A pesar de los diferentes patrones cromáticos, aún no se han identificado subespecies. Jay M Savage escribe en 2002 que no hay ejemplos conocidos de tonalidades intermedias, lo que sugiere que los ejemplares amarillos, conocidos como oropel o yema de huevo, se reproducen solo entre ellos[3]. Sin embargo, tras la publicación del artículo un lector observó que de una misma camada pueden nacer oropel, nominales, christmas y rarezas como las rosas o las fire”, variaciones dentro de la misma especie.

Bothriechis schlegelii, patrón amarillo. Foto de un ejemplar en cautiverio tomada en La Paz Waterfalls, Alajuela, Costa Rica

Se distinguen por las escamas sobre los ojos que, por su aspecto, se asemejan a pequeños cuernos o pestañas; por esa razón se la llama también crótalo cornudo de Schlegel, homenajeando a la vez al herpetólogo y ornitólogo alemán Hermann Schlegel (1804-1884). El nombre común de esta especie en inglés es Eyelash Viper (en español, víbora de pestaña). Köhler las describe con “agrandadas y elevadas escamas en los párpados, con forma de púas”[4], y McCranie como “escamas superciliares pequeñas, parecidas a espinas, presentes entre el ojo y las escamas supraoculares”[5].  Esta peculiaridad le ha provisto el nombre serpiente de pestaña o pestañuda.

Las hembras son más grandes, alcanzando unos 80 cm., aunque se han documentado excepcionalmente ejemplares de más de 90 cm. La cabeza de distingue claramente del cuello y la cola es prensil. Es arbórea y de hábitos nocturnos. Durante el día se enrolla y duerme. Se alimenta habitualmente de vertebrados: ranas, lagartijas, pequeños roedores, murciélagos y pájaros. No pone huevos: la hembra pare de 12 a 20 juveniles por vez. Es agresiva si se la ataca. Aunque su veneno se considera menos potente que el de la Bothrops asper (el barba amarilla o terciopelo), puede matar al ser humano[6].

Habita desde el norte de Chiapas, en el sur de México, hasta el norte de Sudamérica (incluso se ha encontrado un ejemplar en el extremo noroccidental de Perú[7]). En Centroamérica se la encuentra en bosques húmedos, nubosos y lluviosos hasta una altura de 1400 metros sobre el nivel del mar. En Sudamérica puede hallarse aún a mayor altura[8].

QUÉ SON LAS VÍBORAS DE FOSETAS Y CÓMO MATAN

La Bothriechis schlegelii pertenece a la familia Viperidae (a cuyos miembros se los llama vipéridos), y dentro de ella a la subfamilia Crotalinae, la de los crótalos o víboras de foseta. La palabra foseta deriva de la palabra foso y hace referencia a un orificio característico ubicado a cada lado de la cabeza, entre el ojo y el orificio nasal, siempre por debajo de la línea imaginaria que los une. Las fosetas son órganos con funciones termorreceptoras altamente sensibles que sirven para detectar presas de sangre caliente.

Las víboras atacan a sus víctimas en forma repentina, realizando dos acciones simultáneas: las muerden y les inoculan el veneno a través de sus colmillos. Esto se debe a su dentición solenoglifa: posee colmillos huecos plegables en la parte anterior de la boca. Los huecos en los colmillos tienen forma de cánulas (como caños diminutos), por eso se dice que son acanalados[9].

Salvo que sus víctimas sean pequeñas, luego de atacarlas las sueltan[10]. Las presas caen o mueren en las cercanías en un tiempo corto, debido a que el veneno que fluye por los colmillos produce en forma inmediata una gran destrucción de tejidos (necrosis) con dolor muy intenso en la zona de la mordida. Para hallar sus presas, las víboras vuelven a utilizar sus fosetas que, como brújulas, siguen el rastro de la temperatura corporal. Si las víctimas sobreviven, mueren pocas horas después por sangrado, debido a la hemotoxicidad que el veneno produce a nivel sistémico. La muerte solo puede evitarse mediante el uso de suero antiofídico aplicado en forma intravenosa antes de las cuatro horas de ocurrida la mordida.

En Centroamérica todas las víboras -incluyendo la Bothrops asper, conocida como barba amarilla o terciopelo[11], y las cascabel– pertenecen a la subfamilia Crotalinae. Nótese que las corales (género Micrurus), aunque venenosas no son verdaderas víboras pues pertenecen a la familia Elapidae[12]; no matan por sangrado, sino que debido a su neurotoxicidad producen parálisis respiratoria.

A excepción de la matabuey o matacaballo (Lachesis muta), que es ovípara, todos los vipéridos son vivíparos (paren a sus crías completamente desarrolladas)[13].

PRECAUCIONES

Debido a que reposan durante el día sobre árboles y que los ejemplares con base verde oliva se camuflan perfectamente entre las hojas, conviene evitar apoyarse sobre troncos y ramas en lugares donde esta especie ha sido vista. Por sus hábitos arbóreos, las zonas de mayor riesgo de mordedura son manos, brazos, cuello y cabeza, aunque no existen registros estadísticos formales[14].

NOMBRES POPULARES DE LA BOTHRIECHIS SCHLEGELII

Algunos nombres populares que recibe: víbora de pestaña, tamagás de pestaña, pestañuda, bocaracá, toboba de pestaña, cantil de pestañas, chajbolay, víbora del árbol, carretilla, colgado, cucupal. Nombres exclusivos para color amarillo: oropel, yema de huevo, víbora amarilla.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] En Costa Rica según el Dr. Jay M. Savage, se suele llamar oropel a las color amarillo y bocaracá al resto.

[2] En Honduras el patrón amarillo es poco común, no así, por ejemplo, en Costa Rica

[3] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.725

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.295

[5] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.487

[6] Marineros, Leonel, Porras Orellana, Jorge, Espinal, Mario, Mora, José, Valdés Orellana, Leonardo, “Conociendo las serpientes venenosas de Honduras”, Heliconia Ideas y Publicaciones, Honduras, 2012, p.26

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.491

[8] Köhler, Gunther, Op. cit., p.296

[9] Marineros, Leonel, Op. cit., p.32

[10] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.31

[11] Ver nuestro artículo “Bothrops asper (barba amarilla), la serpiente más temida de Centroamérica, https://pablobedrossian.com/2015/07/02/bothrops-asper-barba-amarilla-la-serpiente-mas-temida-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2015

[12] Ver nuestro artículo “Micrurus nigrocinctus, la coral más famosa de Centroamérica”,  https://pablobedrossian.com/2016/12/16/micrurus-nigrocinctus-la-coral-mas-comun-de-centroamerica-por-pablo-r-bedrossian/, 2016

[13] Köhler, Gunther, Op. cit., p.291

[14] Dugas, Raymond; Vásquez Almazan, Carlos Roberto; Avendaño, Chaquín; Marroquín, Marta Lidia, “Manual para la identificación, prevención y tratamiento de mordeduras de serpientes venenosas en Centro América, Volumen I: Guatemala”, Organización Panamericana de la Salud, p.36


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

EL RETO DE LOS MOTMOTS O GUARDABARRANCOS (por Pablo R. Bedrossian)

Los motmots son coloridas aves tropicales que solo existen en el continente americano. En cada región reciben un nombre diferente, como torogon, taragon, torogoz, guardabarranco, barranquero, momoto o burgo; pero sin importar el nombre que se les dé, la asombrosa combinación de rojos, azules, verdes, turquesas y naranjas de su plumaje los pone en la lista de los más buscados para fotografiar. Se los reconoce porque la mayoría de ellos tienen gruesos picos largos y curiosas colas en forma de raqueta.

Un motmot con su grueso pico y las puntas de la cola en forma de raqueta

Para describir las diversas especies, además del nombre científico, en Centroamérica suele preferirse el nombre en inglés. Ud. quizás se pregunte por qué. Es para unificar el lenguaje, porque hay un solo nombre en esa lengua para cada especie de ave; en cambio, en español suele diferir de pueblo en pueblo y de país en país.

TURQUOISE-BROWED MOTMOT (EUMOMOTA SUPERCILIOSA)

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa)

En Honduras hay siete especies de motmot, pero en el barrio donde vivo, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, solo una, el Turquoise-browed Motmot (cuyo nombre científico es Eumomota superciliosa). Es llamada así por sus enormes “cejas” color turquesa, Su detalle más notable es la cola formada por plumas con forma triangular de color azul con puntas negras. También conocida como talapo, es el ave nacional de El Salvador y Nicaragua.

LESSON’S MOTMOT ( MOMOTUS LESSONII)

En nuestra ciudad hay unos cerros que forman parte de una pequeña cordillera que se conoce como El Merendón, y es un área protegida. Allí también se observa una especie más grande, el Lesson’s Motmot (nombre científico Momotus lessonii), antes conocido como Blue-crowned Motmot.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

Junto con el Turquoise-browed Motmot antes mencionado son los más comunes. Posee una corona o anillo turquesa en la parte superior de la cabeza y las plumas en raqueta de las puntas son muy pequeñas.

Lesson’s Motmot (Momotus lessonii)

EL RETO

Las demás especies son más difíciles de observar. Un fin de semana me propuse ver dos de ellas: el Keel-billed Motmot y la especie más pequeña y díscola, el Tody Motmot, algo nada fácil, pero, desde luego, tampoco imposible.

KEEL-BILLED MOTMOT (ELECTRON CARINATUM)

Con mi esposa nos dirigimos al Parque Nacional Cerro Azul Meámbar, más conocido por su acróstico PANACAM. Se encuentra a una hora de viaje de nuestra casa y a escasos 7 kilómetros del Lago de Yojoa, en el centro de Honduras. Se llega ascendiendo por una serpenteante carretera de tierra colorada.

En el Lodge ubicado en su entrada hay senderos que ofrecen una amplia diversidad[1]; también cuenta con torres de avistamiento. En una de ellas, muy próxima a la recepción del hotel, Abiel Martínez, el joven guía que me acompañó en la ocasión, reprodujo el canto del Keel-billed Motmot (Electron carinatum). Lo escuchamos paulatinamente acercarse. Cinco minutos después se mostró cerca nuestro. No era la primera vez que lo veía, pero era la primera vez que lo fotografiaba con claridad.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Abiel me dijo: “Cada vez que lo llamo, siempre responde”. Aprovechamos para ver otras aves. Tras la caminata, almorzamos con Graciela en el bello deck con vista al lago de este hotel de montaña; en el lugar hay además comederos para colibríes que llegan raudamente, se alimentan y se alejan dejando la resonancia de su zumbido.

Uno de los miradores del Panacam lodge

Por la tarde, estaba cerca de las cabañas cuando don Teo, uno de los guías que se hallaba a pocos metros, exclamó: “¡Mire lo que hay delante suyo!”.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

Era otro Keel-billed Motmot a unos tres metros, apoyado en la baranda de una escalera, con tonalidad más verdosa, acentuada por la iridiscencia producida por el sol.

Keel-billed Motmot (Electron carinatum)

La primera misión estaba doblemente cumplida. Pernoctamos en el lodge y tras otra breve caminata fotográfica emprendimos el camino para encontrar el Tody Motmot (nombre científico Hylomanes momotula).

TODY MOTMOT (HYLOMANES MOMOTULA)

Descendimos en nuestro vehículo el camino de piedra y tierra unos 3 kilómetros hasta la aldea Santa Elena y allí doblamos a la derecha para dirigirnos a la EcoFinca Luna del Puente, ubicada a unos 20’, poco después del pueblo de San Isidro, en el Municipio de Santa Cruz de Yojoa, Cortés.

Flores en la EcoFinca Luna del Puente

La EcoFinca Luna del Puente es un hermoso y amplio terreno que cubre varias hectáreas; allí se cultiva el café y el cacao, y cuenta con una magnífica biodiversidad. Nos recibió nuestro amigo Damián Magario, un cordobés radicado en Centroamérica, quien ofició de guía. Mi esposa prefirió recostarse en una hamaca de tela. En cambio, Diana Rosellón, una querida colega observadora de aves que había acampado allí, decidió sumarse a nosotros para ir en busca del Tody Motmot.

Planta de cacao en EcoFinca Luna del Puente

Nos adentramos en el bosque siguiendo el sendero donde tiempo atrás ocasionalmente se dejaba ver el más pequeño de todos los torogones. Es un angosto camino de tierra rodeado de una vegetación muy tupida. Tras cuatrocientos metros de marcha nos detuvimos donde lo habían observado. Damián reprodujo su canto utilizando la aplicación Merlin, favorita de los birders. Como no obtuvimos respuesta, avanzamos unos doscientos metros más. Intentamos de nuevo y pareció responder muy a lo lejos, pero teníamos dudas. ¿Vamos en su búsqueda? Damián no dudó y pronunció un viejo refrán para dejar en claro que la decisión ya estaba tomada: “El que no arriesga no gana”.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Decidimos penetrar en la espesura. Descendimos lentamente por una barranca, abriéndonos paso trabajosamente entre arbustos con espinos y un grueso zacate, hasta encontrar un pequeño espacio donde agazapados volvimos a reproducir el llamado del Tody Motmot. Para nuestra sorpresa nos respondió. Minutos después se posó por un instante frente a nosotros; sin darnos tiempo para una fotografía partió con la misma velocidad con la que llegó. Esperamos su regreso durante más de media hora. Veíamos y escuchábamos otras aves, pero nuestro pájaro ni siquiera cantaba a la distancia.

Selfie por Diana Rosellón; al lado suyo el autor de esta nota y detrás Damián Magario, todos a la espera del Tody Motmot

Decidimos regresar habiendo obtenido como premio raspones y picaduras. Nos tomó más de veinte minutos la subida sobre ese terreno irregular cubierto de ramas y juncos. Cuando logramos retornar al sendero hicimos una nueva prueba, reproduciendo la llamada, pero el motmot enano no respondía. Era el momento para desistir. “Hagamos un intento más” propuse.

Tody Motmot (Hylomanes momotula)

Habiendo insumido cerca de una hora y media, nuestra búsqueda había resultado estéril. Sin embargo, no perdíamos nada con invertir un rato más. Lo habíamos visto por brevísimos segundos, y aunque no cantara sabíamos que debía estar allí. La tarde estaba avanzando, y el resto de sol que quedaba nos permitiría intentar unos minutos más.

Más flores en la Ecofinca Luna del Puente

 Avanzamos unos treinta metros. Sin previo aviso, el Tody Motmot apoyó sus diminutas patas en una rama justo frente a nosotros. La sorpresa del encuentro no impidió que, al fin, pudiéramos fotografiarlo. No fue fácil ni obtuvimos imágenes perfectas, pues comenzaba a oscurecer.

Tody Motmot (Hylomanes momotula), foto por Damián Magario

Pocos segundos después el ave había desaparecido. Con una amplia sonrisa, nos felicitamos mutuamente por el mágico momento. Emocionados, desde luego, emprendimos el regreso.

Imagen tras el encuentro con el motmot enano; de izquierda a derecha Damián Magario, Diana Rosellón y el autor de esta nota

EL MOTMOT GARGANTA AZUL

He podido ver ya en cuatro ocasiones otro torogon, el garganta azul. Blue-throated Motmot (nombre científico Aspatha gularis). Tiene su santuario en Opatoro, una localidad cercana a Marcala, La Paz, en el Occidente de Honduras.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

Muy esquivo, cuesta fotografiarlo pues se esconde entre el follaje con mucha facilidad. Sin embargo, sus colores le dan una belleza única. Se caracteriza por su garganta intensamente azul y la ausencia de raquetas en la cola.

Blue-throated Motmot (Aspatha gularis)

ACERCA DE LOS TOROGONES

Pertenecen a la familia Momotidae. Se los conoce como guardabarrancos o barranqueros porque crean huecos en los barrancos para utilizar como nidos. Solo existen en el trópico latinoamericano. En total hay 14 especies, de las cuales 10 habitan en Centroamérica, y de ellas 7 se observan en Honduras, donde vivo, que es el país con más especies de motmots en el mundo. Comparto una tabla donde se puede ver la distribución de motmots según eBird.

Solo me faltan ver allí el Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum) y el Rufous Motmot (Baryphthengus martii). Se encuentran en la costa norte de Honduras y en la Mosquitia, al oriente del país, lugar donde no es posible acceder por transporte terrestre.

Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), foto por nuestro amigo y maestro Romel Romero

Compartimos una imagem del Rufous-capped Motmot (Baryphthengus ruficapillus), también con corona rufa, que habita en las selvas tropicales ubicadas al este de Sudamérica (Brasil, Paraguay y Argentina) y es conocido como yeruvá o yeruvá oriental.

Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), foto por Vicente García

ACERCA DE LOS MOTMOTS, TOROGONES O GUARDABARRANCOS

Su colorido plumaje brillante hace a los motmots sumamente vistosos. Una curiosa característica de la mayoría de los miembros de esta familia son sus largas colas en forma de raqueta. Robert Gallardo, citando a Beebe (1910) explica que “las puntas son formadas por la caída de venas que están débilmente pegadas a lo largo del raquis medial de las dos plumas caudales centrales alargadas”[2].

Turquoise-browed Motmot (Eumomota superciliosa) mostrando las puntas de la cola en forma de raqueta

Según el mismo autor, un experto al que admiramos, se alimentan de “artrópodos, pero también de frutos y ocasionalmente de vertebrados pequeños”. No tiene dimorfismo sexual (externamente el macho luce igual que la hembra) y sus sonidos son graves, cortos y poco atractivos al oído humano.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Para conocer más de ese lugar, puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2017/09/13/una-caminata-por-panacam-parque-nacional-cerro-azul-meambar-por-pablo-r-bedrossian/

[2] Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018, p.227


BIBLIOGRAFÍA

Edwards, Ernest Preston “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005)

Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016

Gallardo, Robert J., “Guía de las Aves de Honduras”, Mountain Gem Tours, 2018

Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007)


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de:

La foto de los tres observadores de aves agazapados esperando al Tody Motmot, tomada por Diana Rosellón.

La última foto del Tody Motmot (Hylomanes momotula), tomada por Damián Magario.

La foto del Broad-billed Motmot (Electron platyrhynchum), tomada por Romel Romero.

La foto del Russet-crowned Motmot (Momotus mexicanus), tomada por Vicente García

Las cuatro han sido utilizadas con los respectivos permisos de los mencionados fotógrafos, actuales propietarios de sus derechos.

SPILOTES PULLATUS: LA “MICA”, LA SERPIENTE TIGRE AMERICANA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

La Spilotes pullatus, popularmente conocida como mica, es una de las serpientes de mayor tamaño de Centroamérica, pudiendo alcanzar los 2,65 metros. Pero no solo es de las más grandes sino de las más bellas: su color negro con manchas o bandas amarillas en patrones cambiantes, le da un aspecto atigrado que la hacen fácilmente reconocible.

Es la única especie del género Spilotes. Algunos la llaman también zumbadora, pero es un nombre que en popularmente se asigna a diversas especies. No es venenosa. Se la encuentra de México a la Argentina en zonas que van desde el nivel del mar hasta los 1500 metros sobre el nivel del mar, en bosques tropicales y subtropicales lluviosos, húmedos y secos.

Su cabeza es alargada y se distingue del cuello mientras el cuerpo es relativamente delgado (más delgado que el de una boa, más grueso que el de una oxybelis o bejuquilla) y posee una larga cola. Por debajo, el color es amarillo pálido, a veces con manchas negras.

Sus pupilas son redondas. Para los que aprecias datos más técnicos, poseen escamas dorsales en números pares de filas (de 14 a 20) en la mitad del cuerpo[1].

Suele ser un animal tranquilo, que no agrede y solo se reacciona si de lo ataca, pudiendo dar golpes indoloros con su cola[2]. Puede nadar en ríos. Ante la presencia humana, especímenes que se arrastraban por el suelo o cruzaban carreteras se paralizaron y retorcieron sus cuerpos en lugar de tratar de escapar[3]. Sin embargo, parece ser que su principal defensa consiste en inflar grandemente su cuello[4].

Está activa durante el día; posee hábitos terrestres y arbóreos. Las dos ocasiones que hemos visto apareamientos ha sido en ramas altas de árboles grandes. Ovípara, coloca de 7 a 25 huevos[5]; las crías nacen casi dos meses después[6].  

La Spilotes pullatus se alimenta de pájaros, huevos de aves y pequeños mamíferos; el Dr. Gunther Köhler ha documentado en el Volcán Mombacho, Nicaragua, un ejemplar comiendo un juvenil de puercoespín[7]; las crías, en cambio, comen principalmente ranas y lagartijas[8].

Personalmente he visto una docena de ejemplares; la mitad muerta por la acción humana que destruye lo que desconoce. Tanto creencias populares como la falta de instrucción llevan a creer a muchos campesinos e incluso a personas en áreas urbanas que las micas son venenosas.

CÓMO DIFERENCIARLAS

Escribe el Dr. Jay M. Savage que algunos pueden confundirla con la Chironius grandisquamis debido a que algunos adultos de Spilotes pullatus son completamente negros (algo que nosotros nunca hemos observado).

Chironius grandisquamis

Para diferenciarlas, sugiere contar y observar las escamas: Spilotes pullatus cuenta con escamas dorsales distribuidas uniformemente en 14 a 20 filas en la mitad del cuerpo, mientras que en la Chironius grandisquamis las escamas dorsales están dispuestas oblicuamente en diez filas en la mitad del cuerpo, y, como máximo, solo las seis a ocho filas superiores se encuentran anilladas[9].

Chironius grandisquamis. La cabeza se encuentra en el cuadrante inferior derecho

Cuidemos nuestra biodiversidad. Recordemos que las micas son totalmente inofensivas.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.686.

[2] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.116

[3] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.204

[4] Savage, Jay M., Op. cit. p.687

[5] El Dr. Jay M. Savage dice ponen de 7 a 10 huevos

[6] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.260

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.260

[8] Marineros, Leonel, Op.cit., p.116, citando a Mehrtens (1987),

[9] Savage, Jay M., Op. cit. p.686


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Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

JESÚS, EL INMIGRANTE (por Pablo R. Bedrossian)

Vivo en Honduras, Centroamérica. El principal ingreso del país son las remesas enviadas por los hondureños desde el exterior[1]. Aunque recientemente una nutrida caravana ha atraído la atención de la prensa mundial, desde que llegué hace muchos años a este bello país he conocido personas que, arriesgándolo todo, emprenden un viaje en dirección al sueño americano. Pagan grandes sumas a coyotes que pertenecen a organizaciones criminales dedicadas al tráfico de personas que les prometen -muchas veces falsamente- transportarlos a la Tierra Prometida.

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Desde luego, la emigración no solo ocurre en Centroamérica: los heroicos venezolanos huyen de la sangrienta dictadura de Maduro como lo han hecho por décadas los cubanos que huían de Fidel Castro. Lo hacen habitantes del norte de África viajando a Europa en naves tan primitivas que parecen cáscaras de nueces en medio del mar. Lo hacen los sirios en su lucha por sobrevivir a una guerra de intereses económicos y geopolíticos que ha convertido a su nación en un campo de batalla y los sudaneses de Darfur para no ser una cifra más en el genocidio.

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Lógicamente, un país no puede aceptar a cualquier inmigrante sin verificar quién es, no sea que ladrones, asesinos o terroristas ingresen libremente a su territorio; sin embargo, se levantan otros muros que impiden al extranjero honesto y trabajador lograr su cometido.

En su inmensa mayoría, las personas no emigran porque quieren; escapan de la guerra, la violencia, las extorsiones, las amenazas y la falta de oportunidades que les impiden desarrollarse en el medio que han nacido, donde se encuentran sus afectos. Por favor, no se malentienda: no estoy victimizando al inmigrante. Muchas personas se quedan y luchan por mejorar sus condiciones, demostrando que es posible progresar en su propia tierra, pero eso no nos puede hacer perder de vista que, a medio camino entre la desesperación y la desesperanza, hay quienes asumen el riesgo de perderlo todo con tal de salvar la vida.

JESÚS Y LA HUIDA A EGIPTO

Pocos recuerdan que Jesús fue un inmigrante. No eligió serlo, sino que lo fue por decisión de sus padres, a fin de preservar su vida.

El nacimiento de Jesús es relatado en dos evangelios: el de Lucas y el de Mateo. Mateo es el único que cuenta la famosa historia de los “Reyes Magos”, que no eran ni reyes ni magos, sino sabios que estudiaban los astros. Leamos el relato:

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“Cuando Jesús nació en Belén de Judea en días del rey Herodes, vinieron del oriente a Jerusalén unos magos, diciendo: ¿Dónde está el rey de los judíos, que ha nacido? Porque su estrella hemos visto en el oriente, y venimos a adorarle. Oyendo esto, el rey Herodes se turbó, y toda Jerusalén con él. Y convocados todos los principales sacerdotes, y los escribas del pueblo, les preguntó dónde había de nacer el Cristo. Ellos le dijeron: En Belén de Judea; porque así está escrito por el profeta… Entonces Herodes, llamando en secreto a los magos, indagó de ellos diligentemente el tiempo de la aparición de la estrella; y enviándolos a Belén, dijo: Id allá y averiguad con diligencia acerca del niño; y cuando le halléis, hacédmelo saber, para que yo también vaya y le adore. Ellos, habiendo oído al rey, se fueron; y he aquí la estrella que habían visto en el oriente iba delante de ellos, hasta que llegando, se detuvo sobre donde estaba el niño.  Y al ver la estrella, se regocijaron con muy grande gozo.  Y al entrar en la casa, vieron al niño con su madre María, y postrándose, lo adoraron; y abriendo sus tesoros, le ofrecieron presentes: oro, incienso y mirra. Pero siendo avisados por revelación en sueños que no volviesen a Herodes, regresaron a su tierra por otro camino.

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Después que partieron ellos, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José y dijo: Levántate y toma al niño y a su madre, y huye a Egipto, y permanece allá hasta que yo te diga; porque acontecerá que Herodes buscará al niño para matarlo. Y él, despertando, tomó de noche al niño y a su madre, y se fue a Egipto, y estuvo allá hasta la muerte de Herodes… Herodes entonces, cuando se vio burlado por los magos, se enojó mucho, y mandó matar a todos los niños menores de dos años que había en Belén y en todos sus alrededores, conforme al tiempo que había inquirido de los magos. Pero después de muerto Herodes, he aquí un ángel del Señor apareció en sueños a José en Egipto, diciendo: Levántate, toma al niño y a su madre, y vete a tierra de Israel, porque han muerto los que procuraban la muerte del niño. Entonces él se levantó, y tomó al niño y a su madre, y vino a tierra de Israel”[2].

Hay un notables paralelismos entre este relato de la niñez de Jesús y la historia de algunos migrantes de nuestro tiempo.

El primero es la precariedad. Todas las personas, y en particular los niños, deberían gozar del derecho a vivir en paz y libertad. En algunos países por causa de las dictaduras, en otros por las mafias, narcos, maras y pandillas, y en algunos debido a los fanatismos violentos -todos ellos diferentes formas de terrorismo-, el futuro se presenta peligroso y angustiante.

El segundo es la huida como única opción. Solo una medida desesperada como escapar con lo puesto a veces salva la vida. No tuvieron ese tiempo los judíos durante la Noche de los Cristales Rotos, ni los líderes armenios el fatídico 24 de abril de 1915, ni los hugonotes franceses la aciaga noche de san Bartolomé; tampoco los tutsis y hutus moderados ruandeses aquellos trágicos días a partir del 6 de abril de 1994 donde los hutus radicales salieron en su caza con la bendición oficial.

El tercero son los riesgos asumidos. Muchos migrantes mueren en el camino víctimas de la violencia, las enfermedades y los accidentes. No sabemos cómo fue aquella travesía que José y María emprendieron con el único propósito de salvar a su primogénito, pero estamos seguros que no estuvo exenta de graves sobresaltos. Del mismo modo, para muchos migrantes el riesgo de dejar su tierra es tan alto que hay una sola cosa más riesgosa: no dejarla.

El cuarto, y, sin duda, el más significativo es la esperanza. La fe en un nuevo comienzo es el motor que permite enfrentar los dolores y calamidades que acechan a lo largo del camino. Como José y María, hay padres que hacen lo imposible por proveer a sus hijos un futuro digno. Quiero mencionar a Juan Alberto Matheu, un valiente padre soltero que salió de Honduras rumbo a los Estados Unidos con su hija Lesly, una niña de 7 años con capacidades especiales debido a un severo daño cerebral. Llevó a su hija postrada en silla de ruedas por los medios que pudo hasta la frontera. Cuentan los que lo han visto que con amor limpiaba a su niña con toallas secas, le daba el biberón y le cambiaba los pañales. Por la acción humanitaria de personas que apoyan a los inmigrantes pudo ingresar a los Estados Unidos, una prueba más que los milagros existen y que hay ángeles de carne y hueso. Sin embargo, uno se pregunta cuántos padres desesperados como él habrán quedado en el camino.

Juan Alberto Mathe y su hija 01.jpg

La mayoría de los inmigrantes son personas honradas y luchadoras. Su inmigración no es un delito; es un acto desesperado que requiere comprensión y respeto. No piden otra cosa que una oportunidad de dar lo mejor de sí mismos para encontrar un lugar en el mundo donde sostener a su familia y servir a la sociedad.

En este tiempo de Navidad donde celebramos el nacimiento de Jesús, recordemos que él también tuvo que emigrar. Si no hubiera salido de su tierra, quizás nunca se hubiera encendido esa luz divina que aún veintiún siglos después alumbra a millones de corazones.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Honduras – Informe Económico y Comercial”, Oficina Económica y Comercial de España en Tegucigalpa, actualizado a Junio 2018, p.11

[2] Mateo 2:1-5,7-16


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La foto de la caravana de migrantes fue tomada del sitio https://www.animalpolitico.com/2018/10/caravana-migrantes-tapachula/

La foto de refugiados del norte de África fue tomada del sitio https://www.elestrechodigital.com/2018/05/08/acnur-reclama-una-mayor-coordinacion-ante-el-aumento-de-pateras-en-el-estrecho/

Las pinturas de Jesús camino a Egipto son creaciones de la artista norteamericana de origen filipino Rose Datoc Dall. Para conocer más de las obras de esta brillante artista contemporánea se puede visitar su website, https://www.rosedatocdall.com

La foto de Juan Alberto Matheu y su hija Lesly fue tomada del sitio https://www.elnuevoherald.com/opinion-es/article223263905.html

EN BUSCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA (por Pablo R. Bedrossian)

Hay aves que ya no existen. Por ejemplo, el famoso pájaro dodo (nombre científico Raphus cucullatus), endémico de las Islas Mauricio en el Océano Índico, desapareció a fines del siglo XVII a causa del hombre. Otro caso es el pájaro carpintero real, (nombre científico Campephilus imperialis) que se hizo popular gracias a los dibujos animados de El Pájaro Loco (en inglés Woody Woodpecker). No ha habido reportes confiables de su avistamiento desde 1956.

Otras aves han desaparecido de algunas regiones o países. Por ejemplo, un pequeño halcón, el Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) que el autor de esta nota ha fotografiado en Tikal, Guatemala, hace años que no se observa en Honduras, país de donde se lo considera extirpado.

Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) 01
Orange-breasted Falcon (nombre científico: Falco deiroleucus) en Tikal, Departamento de Petén, Guatemala. Foto tomada en 2009.

Muchas especies se han extinguido, han restringido su hábitat o disminuido sus poblaciones por la acción humana; no solo es debido a la caza sino también a la destrucción de los bosques, la contaminación de los ríos, el uso de plaguicidas y la expansión demográfica, entre otras causas.

El caracara garganta roja (cuyo nombre científico es Ibycter americanus y en inglés Red-throated Caracara) supuestamente tiene una amplia distribución que va de México a Brasil y Bolivia; sin embargo, es una especie cada vez es más difícil de encontrar pues, aunque la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN) lo ha incluido dentro del grupo de “preocupación menor”[1], sus poblaciones vienen reduciéndose dramáticamente[2]. Al momento de escribir este artículo (fines de octubre de 2018), según eBird[3], la base de datos preferida de los observadores de aves, para México, Guatemala, Belice y El Salvador no hay reportes. La última observación en Nicaragua fue el 14 de diciembre del 2015, y en Costa Rica, donde es muy difícil de hallar, el 24 de agosto de este año, documentado por una foto de pésima calidad según el propio usuario que la tomó.

INTENTOS FALLIDOS

Romel Romero, nuestro maestro y amigo, regresando de un viaje de trabajo por una zona rural del centro de Honduras escuchó a estas ruidosas aves. A pesar de la sorpresa, gracias a su extraordinaria memoria auditiva las reconoció de inmediato. Detuvo su vehículo y luego de una exhaustiva búsqueda logró fotografiarlas. Fiel a su estilo, este experto observador de aves hondureño nos compartió la información y nos propuso ir a buscarlas. Seguramente habría más ejemplares por allí.

Pernoctamos en Siguatepeque, una tranquila ciudad en el centro de Honduras, y a la seis de la mañana once personas provenientes de diversos lugares de Honduras nos montamos en dos camionetas con el único propósito de encontrar el Red-throated Caracara[4]. En el grupo había observadores de aves expertos como John Van Dort, Francisco Dubón, Héctor Moncada, Oscar Suazo y Ricardo Aguilar, fotógrafos eximios como Kathy y Alejandro Sikaffy, además de Karina y Ashley, esposa e hija de Romel.

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El día estaba oscuro y lluvioso, tal como indicaba el pronóstico. Nos dirigimos hacia el noreste por un camino que rápidamente se hizo de tierra. Gracias a la tracción 4 x 4 de las pickups pudimos avanzar sobre el barro y vadear algunos pequeños arroyos; ante los signos de una posible tormenta alguno propuso desistir del intento. Sin embargo, primó el deseo de arriesgarnos y continuar el viaje por un camino sinuoso que bajaba y subía.

Tras andar más de una hora, al aproximarnos al punto donde Romel Romero había visto los dos ejemplares, las nubes comenzaron a alejarse, permitiendo que el sol asome sus rayos. Cuando nos detuvimos cerca de las 7.30 de la mañana en el sector Tierras Blancas (14.7092,-87.6973), Municipio de La Trinidad, Departamento de Comayagua, el cielo se había aclarado. Nos encontrábamos en la cresta de una montaña a 630 metros sobre el nivel del mar, que servía de mirador hacia un fértil valle tras el cual se levantaba otro cerro. La vista era imponente.

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Repentinamente apareció un buen número de payasos, un tipo de pájaro carpintero de aspecto colorido (en inglés Acorn Woodpecker, nombre científico Melanerpes formicivorus).

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También contemplamos, entre otros, a un halconcito llamado en español cernícalo americano (en inglés, American Kestrel, nombre científico Falco sparverius[5]) y, apoyado sobre un poste de madera, un pequeño Rusty Sparrow (nombre científico Aimophila rufescens).

DSC05659.JPGRomel reprodujo desde su celular el canto del caracara garganta roja audible a considerable distancia gracias a un parlante con tecnología bluetooth; en algún momento se oyó la respuesta a lo lejos pero no fue posible identificar de dónde provenía el sonido. El aliciente más significativo provino de un agricultor que apareció en el camino con su machete. Al consultarle nos dijo:

Siempre se escucha; es un ave negra de cuello rojo y pico ganchudo. Aquí le decimos “cuentacacao”.

Sentimos que estábamos más cerca.

Luego de casi una hora en nuestra primera parada, avanzamos cerca de un kilómetro más hasta el sector Terreros (14.7104,-87.6857), a 650 metros sobre el nivel del mar.

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Mientras detrás nuestro se alzaba un bosque mixto de pino-encino, seguíamos desde la carretera de tierra pendientes de oír el canto del caracara garganta roja.

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De pronto en el cielo aparecieron numerosos buitres negros, conocidos en Honduras como zopilotes cabeza negra (en inglés, Black Vulture; nombre científico Coragyps atratus) y gavilanes de ala ancha (en inglés, Broad-winged Hawk; nombre científico Buteo platypterus). En esa media hora volvimos a llamar al caracara garganta roja sin éxito. ¿Estaría realmente allí o la observación que Romel había hecho durante la semana fue pura casualidad?

EN BUSCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA

Decidimos seguir avanzando. Llegamos a La Trinidad, un pequeño pueblo, cabecera del municipio del mismo nombre, que vive de la agricultura y la ganadería. Vimos la iglesia, erigida hace justo un siglo, y aprovechamos para hacer consultas. Todos coincidían que el ave estaba en la zona. Nos brindaron la misma descripción que el campesino y el mismo nombre: cuentacacao.

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Seguimos nuestro viaje cuando alguien señaló la copa de un árbol ubicado a unos 30 metros sobre un montículo . Bajamos de los autos pensando que había visto el ave que buscábamos. Sin embargo, eran dos caracaras comunes o quebrantahuesos, (en inglés Crested Caracara; nombre científico Caracara cheriway), muy parecidos al que conocemos en Argentina como carancho (nombre científico Caracara plancus). No tuvimos tiempo de fotografiarlos pues volaron de inmediato.

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Crested Caracara (nombre científico Caracara cheriway); foto tomada en 2015

Avanzamos unos 150 metros más (ubicación 14.7114,-87.6604) y de repente oímos muy cerca de nosotros su inconfundible canto, que suena parecido a ca-cou, ca-cou, de allí lo del nombre cuentacacao. Una pareja de caracaras garganta roja estaba frente de nosotros. Aunque se movió de inmediato seguimos oyendo las ruidosas voces. Vimos otro ejemplar a nuestra derecha y luego de avanzar unos metros, uno posando directamente frente a nosotros en una rama elevada. Además, se veía la pareja en una zona oscura cubierta por hojas del mismo árbol. En total había cinco.

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Cruzamos un alambre de púas y pudimos observar, fotografiar y filmar desde cerca el ejemplar perchado, quizás un poco más joven que los otros. Se quedó allí largamente, durante más de 15’. Pudimos admirar esta ave de gran porte en toda belleza.

Luego dos ejemplares volaron hasta una rama seca y se dejaron fotografiar allí por unos instantes.

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Misión cumplida. Habíamos podido ver al fin esta peculiar ave cuya supervivencia en México y Centroamérica se encuentra en riesgo.

ACERCA DEL CARACARA GARGANTA ROJA

El caracara garganta roja es altamente territorial y de gran tamaño, pues mide entre 53.3 y 63.5 cm. Su extensión de alas llega a 114.3 cm. No presenta dimorfismo sexual[6].

Su cabeza y cuerpo son de color negro con panza blanca y patas rosadas o rojas; su pico amarillo está rodeado de una cera[7] color celeste; desde luego, su garganta es roja, lo mismo que sus ojos.

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Habita en bosques de hoja ancha y de pino, a una altura que varía de los 500 a 1000 metros sobre el nivel del mar, al menos en Honduras[8]. Anda solo, en pareja o en grupos pequeños; su vuelo es lento.

Contra lo que se cree no es un ave carroñera. Se alimenta principalmente de larvas de abejas y avispas (hurgando en sus nidos) pero también de insectos adultos[9]. Coloca dos a tres huevos blancuzcos con manchas rojizas y amarronadas[10].

Ya los expertos Steve Howell y Sophie Webb al publicar su famoso libro en 1995 sobre aves de México y norte de Centroamérica presumieron que el caracara garganta roja se encontraba extirpado de la región. En aquel entonces utilizaron su anterior nombre científico, Daptrius americanus. Ernest Preston Edwards también en su libro de aves de México y áreas adyacentes, publicado en 1998, los considera extirpados de esas zonas[11]. Por todo ello, haber admirado estas magníficas aves, tan difíciles de hallar, fue uno de esos momentos que recordaremos toda la vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] BirdLife International (2018) Species factsheet: Ibycter americanus. Downloaded from http://www.birdlife.org on 25/10/2018

[2] Davis, C. and S. McCann (2014). Red-throated Caracara (Ibycter americanus), version 1.0. In Neotropical Birds Online (T. S. Schulenberg, Editor). Cornell Lab of Ornithology, Ithaca, NY, USA. https://doi.org/10.2173/nb.retcar2.01

[3] www.ebird.org, © Audubon and Cornell Lab of Ornithology

[4] Los observadores de aves preferimos usar los nombres en inglés pues en todos los países donde se habla esa lengua (de Estados Unidos a Australia, del Reino Unido a Sudáfrica) las aves mantienen el mismo nombre; en cambio, los nombres populares en español suelen cambiar no solo de país en país, sino de pueblo en pueblo.

[5] Aclaramos el uso de las mayúsculas y minúsculas en las especies animales: los nombres populares en español van en minúscula (uno no escribe “una Jirafa” sino “una jirafa”; en inglés se escriben con la letra inicial en mayúscula. Finalmente, los nombres científicos se escriben con dos palabras en latín; la primera, con la letra inicial en mayúscula expresa el género y la segunda, toda en minúsculas, expresa la especie).

[6] Gallardo, Robert J., “Guide to Birds of Honduras”, Edición de autor, 1ª Edición, 2014, p.236.

[7] “Cera” en español (“cere” en inglés) es una membrana que se encuentra en la parte superior del pico de algunas aves

[8] Fagan, Jesse & Komar, Oliver, “Peterson Field Guide to Birds of Northern Central America, Peterson Field Guides, 2016, p.218

[9] Gallardo, Robert J., Op. cit., p.236.

[10] Howell, Steve N.G. and Webb, Sophia “A guide to the birds of Mexico and Northern Central America”, Oxford University Press, 1995 (reimpresión 2007), p.212

[11] Preston Edwards, Ernest “The birds of Mexico and adjacent areas”, University of Texas Press, Austin, 3ra. Edición, 1998 (4ta. Reimpresión, 2005), p.186


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CORYTOPHANES CRISTATUS, UNA CURIOSA “IGUANA DE CASCO” (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Conocido también como turipache o iguana de casco, Corytophanes cristatus es pariente de los basiliscos. Como ellos, tiene un cuerpo alargado con una extensa cola y se caracteriza por una larga y delgada cresta central, de gran altura en las zonas cefálica y cervical (por eso se llama “iguana de casco” o “de yelmo”) que en el dorso se vuelve mucho más corta y decrece hacia la pelvis.

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Los machos tienen una longitud hocico cloaca habitual de 120 mm, pero con la cola llegan a 360 mm. Se diferencian de las hembras por tener un “casco” más grande, la cabeza algo más voluminosa y la base de la cola más ancha. Además, Las hembras son algo más pequeñas. En ambos sexos la cola representa del 65% al 72% de la longitud total[1].

Una característica peculiar de los turipaches es su capacidad de variar el color según su estado de ánimo, pasando del marrón o café al verde olivo con manchas o bandas transversales oscuras[2].

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Habitan desde México hasta el noroeste de Colombia preferentemente en bosques húmedos tropicales y subtropicales. Se los encuentra desde nivel del mar hasta una altura de 1640 metros. Son arbóreos y se nutren de artrópodos e insectos, aunque aparentemente no se alimentan en forma regular debido a que la ingestión de una presa promedio les aporta más calorías de las necesarias para mantenerse un día[3]. Se ha documentado la ingestión ocasional de pequeñas lagartijas del género Anolis. Su temperatura corporal es de 26º C[4]. Son ovíparos, poniendo de 4 a 11 huevos que pesan de 2 a 4 gramos.  El tiempo de incubación es muy variable -de 60 a 155 días- y depende de la temperatura. Al nacer miden de 57 a 75 mm con una longitud hocico cloaca de 25 a 30 mm[5].

Una conducta curiosa es que se mantienen aferradas en forma vertical a alguna rama, posando con la cabeza hacia arriba durante horas; descienden solo para buscar comida en el suelo. Nosotros hemos podido aproximarnos a pocos centímetros de un ejemplar cuyo único movimiento fue rotar levemente su posición en la rama que le servía como eje. En el piso, tal como sus “primos” los basiliscos, con frecuencia adquieren la posición erecta y caminan en dos patas.

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Ante la amenaza de un depredador su primera defensa es el camuflaje que obtiene al modificar su color; la segunda es una suerte de rigidez cataléptica para pasar inadvertido. Si la amenaza persiste, el Corytophanes cristatus se excita y sacude la cabeza hacia arriba y abajo. Si todas estas tretas fallan, ataca y muerde [6].

Recibe diversos nombres. Por ejemplo, en inglés se lo menciona como Casque-headed Lizard, Helmeted Basilisk, Casque-headed Basilisk, Old Man Lizard, Smooth Helmeted Iguana o directamente Helmeted Iguana. En español también se lo llama camaleón de casco, turipache cabeza lisa​, cutete de montaña, cutete de hacienda e incluso perro zompopo.

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En México y el norte de Centroamérica hay dos especies más: en el extremo sudoccidental de México, en Guatemala y en El Salvador se puede hallar el Corytophanes pericarinatus y en sur de México, Guatemala y Belice el Corytophanes hernandesii, cuyos “cascos” son diferentes. Ell Corytophanes cristatus es, por mucho, el que posee la mayor extensión territorial.

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REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.432

[2] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.124

[3] Andrews, Robin M., “The Lizard Corytophanes cristatus: An Extreme ‘Sit-and-Wait’ Predator”, Biotropica, The Association for Tropical Biology and Conservation, Vol. 11, No. 2, June, 1979, p.137

[4] Andrews, Robin M., Op. cit., p.137

[5] Köhler, Gunther, Op. cit. p.125,126

[6] Savage, Jay M., Op. cit. p.433


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