A mi queridísimo hermano Alejandro, arquitecto, músico, escritor y profesor de literatura, un espíritu curioso e inquieto quien siempre descubre algo nuevo.
A fines de 2001, cuando aún vivíamos en Buenos Aires, nos tocaba dar un curso en un hotel de la zona de Palermo. La recepción era muy luminosa, bonita y moderna; sin embargo, nos llamaron la atención dos columnas internas, solo cubiertas por una capa de revoque. Nos acercamos a la recepción y consultamos:
– El hotel es precioso, pero ¿por qué dejaron esas dos columnas sin terminar?
Como si estuviéramos cometiendo una ofensa, el conserje nos respondió:
– ¡Señor, no están si terminar: es brutalismo!
El término brutalismo, no viene bruto o brutal, como podría suponerse, sino de la expresión francesa béton brut (en español hormigón crudo), utilizada desde mediados del siglo XX por Le Corbusier para describir el hormigón acabado sin revestir. Hasta ese momento el hormigón era simplemente un material para la construcción. El famoso arquitecto suizo-francés introdujo una innovación al dejarlo a la vista y otorgarle un valor estético.

Para muchos es un estilo burdo, oscuro y de mal gusto que produce la sensación de obra inconclusa. Sin embargo, hay quienes rescatan su propósito: priorizar la funcionalidad sobre la estética y proveer una atmósfera de solidez y austeridad.

Lo de aquellas columnas del hotel es extraño, pues el brutalismo se suele utilizar para grandes construcciones; además, posee otras características, como las fachadas sin ornamentos y el uso de formas geométricas de ángulos muy pronunciados.

Con el paso del tiempo su identidad se ha ampliado: no solo se incluyen dentro de este estilo edificios de hormigón a la vista, sino también aquellos que, levantados con otros materiales, como el acero o el vidrio, dejan al desnudo su estructura. Tal es el caso del Centro Pompidou de París, diseñado por arquitectos Richard Rogers y Renzo Piano[1],[2].

BRUTALISMO EN BUENOS AIRES
En 2022 se publicó una guía titulada “Mapa Brutalista de Buenos Aires”, fruto del trabajo conjunto de la investigadora inglesa Vanessa Bell, el arquitecto y fotógrafo argentino Javier Agustín Rojas[3] y la editorial inglesa de mapas urbanos Blue Crow Media[4].De nuestra parte, presentamos brevemente algunos ejemplos emblemáticos del brutalismo porteño. Aclaramos que no es un estilo que nos cautive, sin embargo, admiramos estas obras.
BIBLIOTECA NACIONAL
La Biblioteca Nacional «Mariano Moreno», tal su nombre oficial, es la creación más conocida del gran arquitecto Clorindo Testa, quien la diseñó en colaboración con los arquitectos Francisco Bullrich y Alicia Cazzaniga.

En 1961 su proyecto ganó el concurso para trasladar la antigua sede de la Biblioteca Nacional, ubicada en México 564, San Telmo, a un terreno de unas tres manzanas frente a La Isla, probablemente el barrio más chic de Buenos Aires, donde estuvo emplazada la residencia presidencial hasta 1955.

El gran desafío era crear un edificio que pudiera albergar un número creciente de libros en un espacio limitado. Con ese propósito invirtió la planimetría tradicional que ubicaba las salas de lectura debajo y a los libros a los costados o arriba: instaló depósitos subterráneos y desarrolló para los lectores áreas elevadas y llenas de luz.

La imagen que surgió en la mente el propio arquitecto fue la de un mastodonte donde los pilares de hormigón fueran las patas que sostendrían el cuerpo, una idea audaz e provocativa para la época. Algunos aún llaman a la Biblioteca Nacional “el mastodonte de Testa”.

Propio de las políticas públicas del país, la obra se empezó en 1971 y se terminó recién en 1992.
BANCO DE LONDRES (ACTUAL BANCO HIPOTECARIO)
Para la sede del Banco de Londres en Buenos Aires, se realizó un concurso que fue ganado por Clorindo Testa y su equipo en alianza con S. E. P. R. A, sociedad de los arquitectos Sanchez Elía, Peralta Ramos y Agostini, con su sorprendente propuesta brutalista.

El terreno, de forma rectangular, se encontraba encajonado en la esquina de dos calles muy angostas, Reconquista y Bartolomé Mitre. La idea era ampliar los espacios, haciendo que ciudad penetrara dentro del banco, creando una suerte de plaza cubierta.

Grandes orificios simétricos brindan a las fachadas de cemento el aspecto de respiraderos mientras amplios ventanales proveen una generosa luminosidad al interior para mitigar la sombra causada por los edificios vecinos. Es una perla única en el corazón de la City porteña.

Este enorme edificio de paredes rugosas y grises fue levantado entre 1959 y 1966. Cuenta con tres subsuelos y seis plantas superiores. Se ingresa subiendo unas escalinatas ubicadas en la esquina.
EDIFICIO SOMISA
El Edificio SOMISA, cuyo nombre oficial es Edificio Teniente General Castiñeiras, es el único totalmente en acero y vidrio levantado en Buenos Aires y el primero en el mundo en chapa de acero plegada.

Fruto de un concurso realizado por la Sociedad Mixta Siderúrgica Argentina (SOMISA), de capital mayoritario estatal, el diseño fue realizado por el arquitecto Mario Roberto Álvarez y asociados.

La construcción debía realizarse sobre un terreno triangular, cuya punta se encuentra en la avenida Belgrano, la Diagonal Sur Julio A. Roca (que nace en esa esquina) y la calle Piedras.

La obra se inició en 1966 y se completó en 1977. Cuenta con 14 pisos y 7 subsuelos. En la actualidad, el edificio alberga a la Jefatura de Gabinete de Ministros de la Nación.

Además de la estructura de acero, cuenta con paneles térmicos de cristal que no solo regulan el paso del calor, sino también LE proveen una gran luminosidad. Además, un detalle interesante: fue uno de los primeros edificios de la ciudad en contar con un helipuerto en su techo.
TORRE PROURBAN (EDIFICIO “EL RULERO”)
Aunque para nosotros es apenas un apéndice tardío, algunos incluyen la Torre Prourban (más conocida como “El Rulero”) dentro de los edificios brutalistas de Buenos Aires. Ubicada en la esquina de Avenida del Libertador y la calle Carlos Pellegrini y construida entre 1979 y 1983, es famosa por su forma cilíndrica.

El diseño estuvo a cargo del Estudio M|SG|S|S|V integrado por los arquitectos Flora Manteola, Javier Sánchez Gómez, Josefa Santos, Justo Solsona y Rafael Viñoly[5] con Carlos Salaberry como arquitecto asociado.

Su estructura de hormigón opaco le sirve como fachada, sobresaliendo en ella cuadrados con vidrios de dos metros de lado, sin relieves ni aristas.

El edificio cuenta con 29 pisos (27 de oficinas, y los últimos dos para el tanque de agua y la sala de máquinas), tres subsuelos y dos pisos que acompañan al amplio hall de entrada. Los ascensores y escaleras se encuentran en el centro.

Desde luego hay otros ejemplos de brutalismo porteño, pero creemos que estos son los más representativos de una corriente que, aunque ha perdido peso, sigue atrayendo la atención del público.
© Pablo R. Bedrossian, 2024. Todos los derechos reservados.
REFERENCIAS
[1] Hablamos brevemente sobre estos geniales arquitectos y el Centro Pompidou en nuestro artículo “Las esculturas cubistas de Xavier Veilham”, 9/1/2023, https://pablobedrossian.com/2023/01/09/las-esculturas-cubistas-de-xavier-veilhan/
[2] Se discute también si el Lloyd’s Building, un edificio futurista del mismo Richard Rogers puede ser considerado brutalista por dejar al descubierto sus estructuras; sin embargo, parece más lógico considerarlo dentro del estilo High Tech, donde se suele también incluir al Centro Pompidou
[3] Para conocer más de su obra, se puede visitar su sitio web, “Javier Agustín Rojas”, https://javieragustinrojas.com/
[4] “Mapa Brutalista de Buenos Aires”, Blue Crow Media, 2022, https://bluecrowmedia.com/products/brutalist-buenos-aires-map
[5] Para saber más de las obras de Rafael Viñoly, que se ha destacado en New York, ver el apartado “432 Park Avenue (2015)” de nuestro artículo “Las 7 nuevas maravillas de New York”, 16/7/2021, https://pablobedrossian.com/2021/07/16/las-7-nuevas-maravillas-de-new-york/
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