“EL EXTRANJERO” DE ALBERT CAMUS: ENTRE LA REBELDÍA Y LA INDOLENCIA (por Pablo R. Bedrossian)

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Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Título: “El extranjero” (título original en francés “L’Étranger”)

Autor: Albert Camus

Año: 1942

“El Extranjero” es una novela corta que se puede en unas horas. Sin embargo, sus efectos pueden perdurar por la atmósfera aciaga y fatalista que trasunta. Fue escrita por Albert Camus (1913-1960), Premio Nobel de Literatura 1957.

En realidad, debería titularse “El Extraño”. Meursault, el protagonista, relata en primera persona. Comienza con el anuncio de la muerte de su madre en un asilo ubicado a 80 km de la ciudad de Argel, en el norte de África, donde él reside. Debe viajar para su entierro. Desde el principio nos sorprende su indolencia, más sensible al clima que a la pérdida familiar. Durante toda la historia mantiene esa apatía que los médicos llamamos hipotimia, una baja reacción emotiva a lo que nos acontece[1]. Poco después, en una playa, mata desapasionadamente a un hombre con quien un conocido había tenido un altercado. Lo detienen por el crimen. Llevado a los tribunales, se lo juzga más por las apariencias que por los hechos. Frente a esa parodia legal, sin embargo, permanece impasible; el lector no sabe si no siente, si no entiende o si simplemente acepta sin cuestionamientos los hechos que se le imputan. Las circunstancias extremas suelen afectarnos, Meursault, pase lo que pase, no se inmuta.

El clima opresivo de la obra y la visión fatalista del protagonista nos llevan a pensar primero en una persona con algún rasgo de psicopatía, por la ausencia de sentimiento de culpa o algún remordimiento, o de psicosis, porque uno no sabe hasta que punto es consciente de sus actos o, mejor dicho, de la responsabilidad que conllevan. Parece suponer que viaja por un tubo de un extremo a otro, sin alternativa ni escapatoria.

Sin embargo, también la obra puede verse desde el otro lado: el hombre que se niega ser una pieza más en el tablero de la vida, donde la justicia o la religión no constituyen más que farsas, sistemas que solo sirven para el autoengaño. El diálogo que mantiene con el sacerdote sería una prueba de la resistencia antisistema de este personaje.

Sin embargo, esta última interpretación tiene una honda fisura, no en cuanto a la creencia o la elección ante la vida, que es un derecho inalienable, sino en cuanto a la responsabilidad personal: el personaje admite que ha matado a un hombre y que merece un castigo, pero no que ha pecado. Se niega a comprender que la sanción no restaura el daño. Además, su indiferencia frente su propio crimen no es acto de libertad o de rebeldía, sino de narcisismo y profundo egoísmo. Si el autor quiere reivindicar a Meursault como un héroe, tal como lo ha hecho en un prólogo de una edición en inglés afirmando que “el héroe del libro es condenado porque no juega el juego”[2], se equivoca porque Meursault sigue matando y el árabe sigue muriendo. Hay otras razones que indican que no es un héroe. Basta señalar que acepta tranquilamente que su vecino golpee a su pareja y hasta declara en favor suyo.

El filósofo ateo Karl Popper decía que la historia no tiene ningún significado, pero el ser humano puede darle uno. En “El extranjero” el personaje cree que la vida no tiene ningún sentido, pero no está interesado en proveerle o encontrarle uno. El personaje afirma “pero todo el mundo sabe que la vida no merece ser vivida”. Vive para la nada.

Albert Camus utiliza en esta obra una prosa impecable, compuesta por frases cortas con sustantivos y verbos tan precisos que apenas requieren adjetivos y adverbios. Nos recuerda a un pintor que con pocas pinceladas crea un paisaje oscuro y siniestro. Finalmente, logra interrogarnos: si la obra fuera un espejo, ¿cuánto de nosotros veríamos en ese reflejo?

© Pablo R. Bedrossian, 2021. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Hoy se llama enfermedad bipolar, antes llamada psicosis maníaca-depresiva, a un estado extremo del ánimo, conocido como hipertimia, en el cual el paciente pasa de la euforia a la depresión y de la depresión a la euforia. Lo contrario de la hipertimia es la ausencia de emociones, llamada atimia. Al estado equilibrado se lo conoce como eutimia. La hipotimia es el bajo estado de ánimo sin llegar a la indiferencia afectiva total.

[2] Citado por Lea Simon en “Albert Camus The Stranger day-by-day | Day 1”, The Albert Camus Society, 25/03/2013. La nota complete se puede leer en https://camus-society.com/2017/12/11/albert-camus-stranger/



Categorías:Comentarios de Libros y Escritores, Confieso que he leído

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