“THE SINNER” TEMPORADAS 2 Y 3, LA PROCESIÓN VA POR DENTRO (por Pablo R. Bedrossian)

La explosión de nuevas series ha hecho cada vez más difícil crear un guion original. En géneros como el de intriga o el policial pareciera que el molde está tan extendido que todo se vuelve predecible. Quizás por eso se viene produciendo un giro que pone en el centro no a la historia sino al personaje. Tal es el caso de series en Netflix como “Marcella”, “Karppi” y “Sorjonen” que llevan el nombre de sus protagonistas. Otro ejemplo es “The Sinner”, que trata sobre el detective Harry Ambrose, interpretado por Bill Pullman. Nuestro comentario de la Temporada 1 se puede leer en https://pablobedrossian.com/2018/06/09/sinner-pecadoraotra-nueva-miniserie-de-netflix-por-pablo-r-bedrossian/.

Las Temporadas 2 y 3 siguen la misma línea: son thrillers psicológicos donde el protagonista intenta seguir lo que llama “su método”: en apariencia trata de crear empatía -incluso de un modo compulsivo- con los sospechosos para encontrar la verdad. Sin embargo, en lo profundo es difícil saber hasta que punto está viendo en ellos sus propios pecados; de allí el título.  

La segunda temporada ocurre en su pueblo natal, donde un niño de 13 años es sospechoso de haber envenenado a sus presuntos padres. La investigación lo lleva a una secta establecida en las afueras del pueblo donde víctimas y victimarios eran parte de la comunidad.

La tercera es más elaborada donde a partir de un accidente en Dorchester, un suburbio de Nueva York, establece una relación compleja con un docente y futuro padre de familia, Jamie Burns, magníficamente interpretado por Matt Bomer, cuyo comportamiento criminal es indescifrable e impredecible. La pregunta que subyace en la trama no es quién cometió el crimen sino por qué lo hizo. El personaje de Burns es presentado como una persona impenetrable, de aquellos que, se haga lo que se haga, se diga lo que se diga, son dirigidos por sus propios impulsos y no dudan en manipular a quién sea para lograr sus propósitos, aunque por momentos parezcan dignos de lástima.

El detective Harry Ambrose nos hace recordar en sus gestos a Robin Williams. Es un personaje que lleva una vida solitaria y angustiosa, cuya raíz es atribuida a la enfermedad mental de su madre y los hechos que desencadenaron.

Quizás sea una serie demasiado lenta o complicada para algunos, sobre todo para los amantes del cine de acción, pero puede resultar atractiva para aquellos que buscan desentrañar la trama, descubrir que hay debajo de lo que se muestra y ver que el mundo no está pintado de blanco y negro sino lleno de grises.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

“SORJONEN” (EN INGLÉS “BORDERTOWN”) – UN DRAMA POLICIAL A LA FINLANDESA (por Pablo R. Bedrossian)

“Sorjonen”, que en inglés ha sido titulada “Bordertown”, es una serie policial finlandesa que lleva tres temporadas de 10 capítulos cada una. Trata sobre Kari Sorjonen (interpretado por Ville Virtanen), un policía altamente intuitivo, cuyo método de trabajo se basa en la famosa técnica del “palacio de la memoria”. Su forma de razonar e interactuar, no solo con colegas y sospechosos sino con su propia familia, lo hacen una persona distinta, dueña de un extraordinario pensamiento lateral pero, a la vez, incapaz de adaptarse a convenciones sociales y a expectativas ajenas, requeridas para una sana convivencia.

Podría decirse que la serie no trata sobre los casos sino sobre el personaje. Kari Sorjonen es un experto en lo que llamaríamos “crímenes mayores”. Se traslada desde Helsinki, la capital de Finlandia, a Lappeenranta, una pequeña ciudad cercana a la frontera con Rusia, con el propósito de pasar más tiempo con su familia; sin embargo, su adicción al trabajo y su obsesión por resolver enigmas le generan conflictos lo impiden. En cada temporada los casos que enfrentan son cada vez más complejos por lo que aquella declarada intención hogareña siempre está en jaque y con frecuencia tambalea.

Debido a la cercanía geográfica, el relato por momentos se traslada a San Petersburgo, la bella ciudad imperial rusa. Desde luego, Sorjonen no está solo: la Unidad de Crímenes Mayores está integrada por otros personajes, entre los que se destaca la exagente rusa Lena Jaakkola (encarnada por Anu Sinisalo) cuya hija Katia es amiga de Janina, la hija de Sorjonen; ambas protagonizan momentos muy importantes de la serie.

Para nuestra cultura latina, entender alguno de los casos no es sencillo. Algunas acciones que son socialmente aceptables para nosotros son inaceptables en Finlandia y viceversa. Sin embargo, más allá de la experiencia transcultural que representa ver cómo piensan y viven en otras latitudes, también surge la universalidad de la experiencia humana: las emociones, los deseos y las contradicciones que se exponen en la serie.

Con sus gestos ampulosos y a veces desconcertantes Sorjonen manifiesta una personalidad diferente, moldeada desde la niñez. Creemos que la creación de este personaje es el principal aporte de esta saga; sin él, los casos no tendrían nada que los diferenciara de otras series.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.

“EL ESPÍA”, UNA MINISERIE BASADA EN UNA INCREÍBLE HISTORIA REAL (por Pablo R. Bedrossian)

“El Espía” es una serie en seis capítulos que novela la historia de Eli Cohen, quien, haciéndose pasar por un poderoso empresario logró infiltrarse en las más altas esferas del gobierno sirio.

Cohen había nacido Egipto en 1924 en el seno de una familia judía que había emigrado de Aleppo, Siria; por eso hablaba árabe a la perfección; además sus rasgos mizrajim[1] hacían pasar inadvertido su origen hebreo.

Para entender la miniserie es importante conocer el contexto. Eli Cohen había abrazado la causa sionista muy tempranamente. La creación del Estado de Israel en 1948 redefinió el mapa político de Medio Oriente, generando grandes hostilidades con grupos que vivían en la zona (los palestinos) y las demás naciones árabes que consideraban al pueblo hebreo su enemigo. El estallido de una guerra siempre estaba latente.  

Entre 1958 y 1961 existió la República Árabe Unida, nacida de la unión entre Egipto y Siria. Un golpe de estado promovido por los militares sirios terminó con esa breve experiencia y sumió a su nación en una grave inestabilidad. Recién en 1963 la llegada al poder del revolucionario Partido Baaz[2] impuso el orden en el país.

En 1960 Eli Cohen se enroló en lo que hoy es la Mossad, el servicio de inteligencia israelí. Le proveyeron una identidad falsa, la de Kamel Amin Tsa’abet, y lo enviaron a la Argentina donde vivió como un exitoso hombre de negocios de origen sirio. Esta pantalla le sirvió para relacionarse con las autoridades sirias y trasladarse a Damasco en 1962. A partir de allí se puede decir que comienza la historia de “El Espía”.

La miniserie tiene como antecedente la película inglesa “El Espía Imposible”, de 1987, dirigida por Jim Goddard y protagonizada por John Shea. Sin embargo, “El Espía” se diferencia por su mayor apego a los hechos, su realismo emotivo y su magnífica ambientación. Además, la extraordinaria interpretación de Sacha Baron Cohen en el rol de Eli Cohen la convierte en una joya. Parece increíble que el protagonista sea el mismo actor de “Borat” o “El Dictador”.

Definitivamente recomiendo esta miniserie que, desde luego, será percibida desde puntos de vista antagónicos: aquel que ame al pueblo de Israel verá en Cohen un patriota; aquel que defienda al pueblo árabe lo verá como un traidor.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Se designa con ese nombre a los judíos de origen oriental, prefiriéndose la palabra sefardí para los que fueron expulsados de España en 1492, también en su mayoría de rasgos moros.

[2] Otros lo escriben Baath.

“THE CODE”, UN THRILLER CONSPIRATIVO A LA AUSTRALIANA

The Code 01Ya he comentado que una de las cuestiones que menos entiendo de Netflix son las calificaciones. Al menos las iniciales, en su mayoría cinco estrellas, no parecen provistas por el público sino por la propia empresa -por default o no, no lo sabemos- con el propósito de atraerlo. Luego de ver el primer capítulo de una serie, misteriosamente la calificación baja muchas veces a dos o a una estrella. Si ese puntaje es el juicio del público, no siempre estamos de acuerdo. Tal es el caso de la primera temporada de “The Code”, una minserie australiana que arrancó con cinco estrellas y tras la primera entrega apareció con una y media.

“The Code” se encuentra dentro de ese género que podríamos llamar thrillers conspirativos. Es la historia de dos hermanos, uno periodista y otro con rasgos autistas adicto a las computadoras. Obviamente es difícil no evocar a Rainman. La trama en la que se ven envueltos tiene que ver con un video que el periodista publica sobre un supuesto accidente en una zona rural alejada, cuyas imágenes sugieren que fue un incidente que terminó en asesinato. Desde las entrañas del poder político alguien impide la difusión del video y comienza una persecución sobre todos los que se interesan en aquellos hechos, que en otro contexto hubieran quedado en el olvido. La pertinacia con la que el gobierno actúa indica que pretende ocultar algo mucho más grande que aquello que los protagonistas imaginan.

The Code 04Si la memoria no nos juega una mala pasada, es la primera producción australiana que vemos desde la legendaria Cocodrilo Dundee. Creada y escrita por Shelley Birse, esta producción en seis capítulos merece una mayor calificación. Desde luego, no califica para cinco estrellas, pero tampoco menos de tres. Está bien actuada (hay un gran trabajo de Ashley Zukerman, en el rol de Jesse Banks), mantiene la tensión hasta el final y provee una interesante visión, aunque superficial, de los manejos del poder tras bambalinas. Como se estudia en negociación, los intereses generalmente están ocultos debajo de las posiciones que se asumen en público.

Quizás su mayor debilidad está en la ambientación; repite demasiado los escenarios y a veces uno no entiende del todo bien las distancias.

Resumiendo, si le gustan las tramas donde el individuo o un pequeño grupo pone en el jaque a los corruptos dentro de un gobierno -o al gobierno mismo-, haga la prueba de verla y luego decida las estrellas que le corresponden.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

“SEVEN SECONDS”, UNA CONMOVEDORA MINISERIE DE NETFLIX (por Pablo R. Bedrossian)

Serie COMENTARIOS DE CINE, SERIES Y TV

Seven seconds 03Netflix presentó en 2018 la miniserie “Seven Seconds” (es español “Siete segundos”). La historia está ubicada en New Jersey y comienza con un trágico accidente. Un hombre (que luego sabremos que es un nuevo policía) atropella a un adolescente afroamericano que iba en bicicleta. Aunque el conductor detiene su auto, otros tres policías, que luego entenderemos que son sus nuevos compañeros, le dicen que se vaya y que ellos se harán cargo de la situación.

Más tarde, alguien encuentra al chico en una zanja cubierta de nieve y sangre cercana al choque; rápidamente es llevado de emergencia a cirugía.  A partir de allí se despliega la historia que trata sobre los investigadores (una fiscal afroamericana alcohólica y un policía blanco neoyorquino), sobre la familia del adolescente (padres que asisten a una iglesia y han luchado toda su vida para mantener a su hijo fuera de las pandillas), los policías participantes (el responsable y los encubridores) y alrededor de ellos los intereses políticos y de grupo que se ponen en juego.

Seven secondsMás allá de la trama, la historia plantea tres hechos que siempre inciden ante cualquier investigación: las emociones, los intereses e impacto de los hechos en la vida de todos los participantes.

Creada por Veena Sud, la miniserie cuenta con algunas magistrales actuaciones (Clare-Hope Ashitey, Regina King, Russell Hornsby y David Lyons, entre otros), una tensión que no cesa en ningún momento y un desenlace que no se puede prever hasta el final. “Seven Seconds” es una historia en diez capítulos altamente recomendable, para sentir y pensar: sentir cómo reaccionaríamos nosotros ante la tragedia (tanto si somos culpables como si somos víctimas) y pensar cómo actuaríamos: si en base a la justicia, la conciencia, la conveniencia o la reputación.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

SUEÑO, MEMORIA Y MISTERIO (por Pablo R. Bedrossian)

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Emilio Vidal, José “Lamparita” Dell’Arno y Raimundo Soto

Hace dos noches tuve un curioso sueño. Me encontraba en Buenos Aires, conversando con Emilio Vidal, un actor mayor que durante mi niñez formó parte de un programa cómico de TV llamado Telecataplum. Su imagen era la misma que en los ’60. En el sueño Vidal me contaba que tocaba el bandoneón y hablamos de dos tangos: Malena y María. Al despertarme, inmediatamente recordé a Raimundo Soto, otro actor del mismo programa. En esos dos sucesivos momentos aparecieron el par de imágenes de mi infancia, asociadas a sus respectivos nombres y voces. Lo curioso es que ambos actores nunca fueron relevantes para mí, y que hace al menos 30 o 40 años que no tenía memoria de ellos. Además, horas después quise acordarme de sus nombres y no pude. Tuve que asistirme con la ayuda de Google para recordarlos.

Buscando información, Soto murió en 1983; Vidal en 1994. También leí que Vidal participó en varias películas argentinas, algo que no tenía presente, pero seguramente lo vi en algunas de ellas. La cuestión es que, habiéndolos olvidado por tan prolongado tiempo, la memoria recuperó sus recuerdos y los puso de repente en la conciencia.

CEREBRO Y MEMORIA

memoria-humana-01Dicen que los recuerdos se guardan en forma de proteínas. A raíz de ese sueño estuve leyendo sobre el tema. Se dice que la memoria a largo plazo o memoria inactiva almacena recuerdos por un plazo de tiempo mayor a seis meses, sin límite alguno. Borges de algún modo lo contradice en ese ensayo en forma de cuento llamado “Funes el Memorioso” donde sostiene que la memoria está hecha de olvido. Si no, recordar un día entero nos tomaría todo otro día; resumiendo, la memoria es selectiva: recordamos fragmentos, no totalidades. Muy diferente es la memoria a corto plazo y de trabajo, que almacena datos que necesitamos durante un espacio de tiempo breve (de unos 20” a 30”), por ejemplo, un número. Según expertos, la memoria de corto plazo puede convertirse en memoria de largo plazo mediante la repetición y la asociación.

Más allá de eso, pensando en mi sueño, recuerdos que nunca estuvieron concientemente disponibles surgieron sin previo aviso y sin relación alguna con lo vivido el día anterior, la semana previa, ni los meses, años o décadas más recientes. Este hecho me plantea preguntas que para mí son una suerte de misterio: ¿cómo funciona la mente? ¿cómo trabaja la memoria? ¿qué es lo que hace que esos recuerdos olvidados regresen a la conciencia? Finalmente, ¿por qué son precisamente esos recuerdos, en este caso insignificantes, los que vuelven a nosotros y no otros? Si alguno tiene una respuesta, una idea o una hipótesis, por favor, que la plantee. Abrazo para todos.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


BONUS: ACERCA DE TELECATAPLUM

telecataplum-01Para los más jóvenes y para los que no conocen del tema, Telecataplum estaba conformado por actores uruguayos. Nació en Canal 12 de Montevideo; si mal no recuerdo, luego llegó a Canal 11 de la Argentina. Muchos de sus actores son recordados por haber actuado luego en Hupumorpo, en los ’70. Quizás alguno recuerde a Ricardo Espalter protagonizando al incorregible Toto Paniagua frente a su maestro de buenos modales, interpretado por Enrique Almada (cuyo hijo Sebastián luego participó en Videomatch de Marcelo Tinelli), o haciendo una parodia de la serie Kung Fu. Otro actor del grupo -y músico- recordado por muchos es Berugo Carámbula. De los que recuerdo, menciono a Andrés Redondo (a quien alguna vez saludé en el Hospital Zubizarreta donde trabajé en los ’80), Eduardo D’Angelo, y las actrices Henny Trayles y Gabriela Acher. Para muchos, este elenco uruguayo inventó el humor del Río de la Plata.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Foto 1, con Emilio Vidal, Berugo Carámbula y Raimundo Soto, tomada de https://www.taringa.net/post/noticias/18208951/Fallecio-el-actor-Eduardo-D-Angelo-recordado-por-Hip.html

Foto 2, cerebro con fondo azul, tomada de http://cuadrocomparativo.org/cuadros-sinopticos-sobre-la-memoria-humana/

Foto 3, Telecataplum, tomada de http://www.magicasruinas.com.ar/publicidad/piepubli703.htm

Imagen destacada: “La Décalcomanie”, de René Magritte, tomada del sitio https://www.elespanol.com/cultura/arte/20160920/156984988_0.html

 

 

 

 

 

 

 

DETECTORES DE MENTIRAS: CUATRO EJEMPLOS INGENIOSOS (por Pablo R. Bedrossian)

No se sorprenda si no puede detectar quién dijo la verdad. Es muy difícil descubrir cómo realmente sucedieron los hechos; al intentarlo muchas veces nos internamos en un callejón sin salida. Ante escenarios de tanta incertidumbre, la herramienta más valiosa que tenemos es el pensamiento, porque la deducción y la imaginación trabajando unidas, han logrado en reiteradas ocasiones proveer los medios para explicar lo acontecido.  

Detectores de Mentiras 01Cuando no hay una confesión, un crimen sólo puede establecerse por las evidencias y los testigos. Las ciencias forenses vienen creciendo quizás por la desconfianza natural en muchos testimonios, influenciados por el miedo o el dinero. Por supuesto, la reconstrucción de los hechos es mucho más compleja que lo que muestran las series televisivas de CSI, y los resultados de las pruebas muchas veces son insuficientes. Además, aunque hoy cada vez disponemos de un mayor número de cámaras en lugares públicos, negocios y casas particulares, pareciera que no se utilizan para prevenir o documentar el delito sino para multar al conductor que comete una infracción o descubrir con quien anda el vecino.

Mientras la verdad permanece oculta entre mentiras, intereses y dudas, nos movemos por una cornisa de suposiciones y conjeturas. Pero, veamos cuatro ejemplos, que nos muestran cómo simplemente pensar nos ayuda a revelarla.

El caso de las dos madres que reclamaban el mismo hijo

Todos seguramente conocemos el caso presentado ante el Rey Salomón, considerado el máximo sabio entre los reyes de origen hebreo. Dejemos que el texto hable por sí mismo:

“En aquel tiempo vinieron al rey dos mujeres rameras, y se presentaron delante de él. Y dijo una de ellas: ¡Ah, señor mío! Yo y esta mujer morábamos en una misma casa, y yo di a luz estando con ella en la casa. Aconteció al tercer día después de dar yo a luz, que ésta dio a luz también, y morábamos nosotras juntas; ninguno de fuera estaba en casa, sino nosotras dos en la casa. Y una noche el hijo de esta mujer murió, porque ella se acostó sobre él. Y se levantó a medianoche y tomó a mi hijo de junto a mí, estando yo tu sierva durmiendo, y lo puso a su lado, y puso al lado mío su hijo muerto. Y cuando yo me levanté de madrugada para dar el pecho a mi hijo, he aquí que estaba muerto; pero lo observé por la mañana, y vi que no era mi hijo, el que yo había dado a luz. Entonces la otra mujer dijo: No; mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto. Y la otra volvió a decir: No; tu hijo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Así hablaban delante del rey.  El rey entonces dijo: Esta dice: Mi hijo es el que vive, y tu hijo es el muerto; y la otra dice: No, mas el tuyo es el muerto, y mi hijo es el que vive. Y dijo el rey: Traedme una espada. Y trajeron al rey una espada. En seguida el rey dijo: Partid por medio al niño vivo, y dad la mitad a la una, y la otra mitad a la otra. Entonces la mujer de quien era el hijo vivo, habló al rey (porque sus entrañas se le conmovieron por su hijo), y dijo: ¡Ah, señor mío! dad a ésta el niño vivo, y no lo matéis. Mas la otra dijo: Ni a mí ni a ti; partidlo. Entonces el rey respondió y dijo: Dad a aquélla el hijo vivo, y no lo matéis; ella es su madre. Y todo Israel oyó aquel juicio que había dado el rey; y temieron al rey, porque vieron que había en él sabiduría de Dios para juzgar”[1].

El rey Salomón puso a prueba a ambas mujeres. Observó la reacción de cada una. Entendió que aquella que renunciaba a su reclamo lo hacía a favor de un interés superior: prefería perder la maternidad del bebé que a su hijo. Hoy, que se pone tanto énfasis en el móvil de un crimen, la reacción moral de los involucrados ante planteos inesperados pueden señalar o descartar su autoría.

La bebida de la verdad

Detectores de Mentiras 03El “detector de mentiras” o polígrafo es un dispositivo que registra y mide cambios en el organismo -tales como frecuencia cardíaca o la conductancia de la piel por aumento de la sudoración- durante un interrogatorio. Cada pregunta opera como un estímulo que produce una reacción fisiológica automática e inconsciente. Dicho de otro modo, no hace falta que la persona conteste para que la máquina detecte su respuesta, que no es verbal, sino química. A pesar que no ha sido validado científicamente, su funcionamiento tiene cierto rigor lógico, y permite, sea por sugestión o por percepción, inferir datos acerca de la veracidad de ciertas afirmaciones.

El polígrafo es un invento relativamente moderno, nacido poco antes de 1940. ¿Existían detectores previamente? Cierta vez escuché que una tribu sudamericana  contaba con una prueba infalible para determinar si un acusado de homicidio era  el culpable. Para ello le daban a beber un jugo mortífero. Si era inocente, le persona sobrevivía sin problema alguno; si mentía, inexorablemente fallecía. Los indígenas creían en este procedimiento jurídico, pues intuitivamente correlacionaban los resultados de la prueba con los hechos. Como aparentemente el método funcionaba, alguien con conocimiento científico se ocupó de dilucidar lo que ocurría, que en apariencia era pura superstición. Descubrió que, tal como el detector de mentiras moderno, estaba vinculado a la fisiología. El líquido contenía un veneno, un tipo de curare. Cuando la persona era inocente lo bebía sin temor alguno; al llegar el brebaje al estómago, el jugo gástrico de inmediato lo destruía. Pero si la persona era culpable, conociendo las consecuencias, retenía en su boca la bebida, lo que hacía que fuera absorbida por las venas sublinguales (tal como sucede hoy con algunos medicamentos que se administran debajo de la lengua) pasando directamente al torrente sanguíneo. Desde allí el veneno producía su efecto letal al actuar como bloqueante en la unión neuromuscular, llevando al paro respiratorio y a la muerte.

Lenguaje corporal

Detectores de Mentiras 05Aun en silencio nos comunicamos. Si ante una pregunta nos cruzamos de brazos, expresamos incomodidad; si nos tocamos la zona de la boca o nos rascamos la nariz –dicen los especialistas- probablemente estemos afirmando que nuestra respuesta verbal es una mentira. Nuestro cuerpo habla y hay expertos en este tipo de metamensaje, como el Dr.Paul Ekman, cuyos trabajos, que leí hace más de una década, inspiraron el personaje del Dr. Cal Lightman (encarnado por Tim Roth) de la serie de TV “Lie to me”.  Desde luego, los abogados, sagaces en el arte de indagar, siempre observaron el comportamiento no verbal de los testigos para elegir en qué momento intimidarlos. Pero, aun careciendo de esa formación profesional, es posible “leer” un comportamiento, tal el caso que aparece en “El Psicoanálisis”[2], uno de los cuentos de Velmiro Ayala Gauna, que comienza de un modo provocativo y no está exento de buen humor:

“En el amplio rancho donde funcionaba la comisaría de Capibara-Cué, se encontraban, en la mañana de un cálido verano, los más distinguidos representantes de la autoridad policial lugareña, vale decir, don Frutos Gómez, el comisario; Luis Arzásola, el oficial sumariante, y el cabo Leiva, amén de un agente que cebaba mate para los tres primeros. La conversación, aburrida por falta de temas, se arrastraba de silencio en silencio, cuando Arzásola, de pronto, interrogó:

— ¿Conoce usted el psicoanálisis, don Frutos?

— No, m’hijo… Ese circo nunca vino por acá.”

Se enteran que don Casiano, el resero, había quedado malherido durante un asalto. Tras la pesquisa correspondiente detienen a dos sospechosos. Dejemos que el relato nos hable:

“Eran dos peones que habían conducido una tropa de hacienda para el carnicero y luego habían permanecido en el pueblo a la espera de otra ‘changa’. Los dos habían estado en el negocio jugando al monte la noche anterior y salido con intervalos de minutos, un rato antes que don Casiano, y sus explicaciones no eran muy satisfactorias. Uno decía que como había perdido todo lo que llevaba encima había ido hasta donde se alojaba a buscar más dinero y que, al volver, encontró el negocio cerrado por lo cual volvió a dormir. El otro dijo que después que perdió los veinte pesos que se había propuesto arriesgar esa noche y para no caer en la tentación salió a caminar y se estuvo un rato largo sentado sobre una piedra a orillas del río. Ninguno, sin embargo, pudo citar testigos o presentar pruebas en favor de su aserto.”

Finalmente, don Frutos le pregunta al oficial Arzásola, como funciona el psicoanálisis:

“— ¿Y cómo pa trabaja el sircoanálisi ése que decís vos?…

— En lo sustancial no es sino el estudio de las palabras o de los actos que dicen o realizan las personas en forma inconsciente, para relacionarlas con un hecho determinado.

— ¡…Cha que sos difísil. m’hijo! ¿Y qué pa e’inconsciente?…

— Lo que se hace sin pensar, en forma habitual y automática…, casi por costumbre, como usted, por ejemplo, cuando está preocupado, se tira de la barba…

— ¡Ajá!…

— Con esos actos el individuo, sin querer, se traiciona y suelta cosas ocultas.

Don Frutos pensó un rato y dijo:

— ¿Sabés que tenés razón, m’hijo? Mirá, no te preocupés má y dejame a mí que yo le voy a aplicar el sircoanálisi. A mí también me gusta el progreso.

Arzásola suspiró resignado y mansamente aceptó.

— Como usted quiera, don Frutos.

La siesta fue calurosa en extremo y los dos detenidos se desesperaban pidiendo agua al inmutable cabo o a los inconmovibles agentes.

Cuando después de su larga siesta apareció don Frutos en el local, ya lo estaba esperando Leiva.

— Mirá —dijo el viejo al cabo—. Andá a traerme unas naranjas, un plato y un cuchillo.

Cuando tuvo las cosas pedidas en su poder, el comisario acomodó sobre la mesa una naranja en un plato y a su lado colocó el cuchillo.

— Hacé pasar al más flaco —ordenó después.

El detenido vino y se quedó esperando, pensando en la clase de suplicio a que sería sometido.

— Sentate allí —invitó don Frutos— y tomate esa naranja. Dispués vamos a hablar.

Brillaron los ojos del sediento al oírlo y después de sentarse empezó a pelar la dorada esfera con todo cuidado, luego la succionó golosamente hasta la última gota, colocando las semillas en el plato.

— Ponete en el rincón y esperá —le dijo don Frutos enseguida.

Mandó al cabo que limpiase el plato y colocara sobre él una naranja y el cuchillo como antes.

Cuando el otro sospechoso oyó la invitación, se arrojó sobre la fruta, le arrancó un pedazo de cáscara de un mordisco y empezó a chuparla a los estrujones.

— Éste es… —sentenció don Frutos—. Metelo otra vez en el calabozo.

Después, dirigiéndose al del rincón, se disculpó:

— Perdoná, m’hijo, l’encerrona, pero tenía qu’encontrar al culpable y vos no tenías a naides que te hubiera visto junto al río, como dijiste. Andate nomás.

Arzásola, que no salía de su asombro, interrogó atónito:

— Pero, don Frutos, ¿cómo puede resolverlo con tanta seguridad? ¿Y si se equivoca?…

— ¡Qué me voy a enquivocar, m’hijo! El sircoanálisi no engaña…

— No entiendo, comisario.

— Sos lerdo, muchacho. ¿No les viste tomar naranjas a esos dos?

— Sí…

— Y güeno, el primero, a pesar de haber pasado desde ayer a la tarde sin probar agua, no se impacientó, peló la fruta con calma y puso las semillas en el plato; el otro, en cambio, anduvo a los empujones, se atropelló todo y tiró las cáscaras y semillas donde cayeran.

— ¿Y eso qué tiene que ver con don Casiano?…

— Que el que lo golpeó fue un atropellado que de puro nervioso le erró el garrotazo a la cabeza y le pegó solamente de refilón; dispués, de apurao, apenas si lo revisó por arribita y se jué… Perdé cuidado que si el culpable hubiera sido el primero no le fallaba ni un negro’e uña y luego le hubiera sacao hasta las medias pa ver si no tenía escondido algo. Estos tipos sin yel, tranquilos como agua’e tanque, son una cosa seria cuando les da por hacerse los malandras.

La torpeza hija del miedo

Detectores de Mentiras 06Nuestras actitudes muchas veces nos delatan. No me refiero ahora al lenguaje corporal sino a esas acciones conscientes y voluntarias por las que pretendemos mitigar las consecuencias de nuestros actos, y que por ingenuidad, premura o estupidez, revelan nuestra culpabilidad. Hace poco tiempo, mi hermano Alejandro rescató un magistral ejemplo que Domingo Faustino Sarmiento incluyó en “Facundo”, aquella obra cuyo personaje excluyente es el “Tigre de los Llanos”:

“Es inagotable el repertorio de anécdotas de que está llena la memoria de los pueblos con respecto a Quiroga; sus dichos, sus expedientes, tienen un sello de originalidad que le daban ciertos visos orientales, cierta tintura de sabiduría salomónica en el concepto de la plebe… Entre los individuos que formaban una compañía (de soldados), habíase robado un objeto, y todas las diligencias practicadas para descubrir el ladrón habían sido infructuosas. Quiroga forma la tropa, hace cortar tantas varitas de igual tamaño cuantos soldados había; hace enseguida que se distribuyan a cada uno; y luego, con voz segura, dice: ‘Aquél cuya varita amanezca mañana más grande que las demás, ése es el ladrón’. Al día siguiente fórmase de nuevo la tropa, y Quiroga procede a la verificación y comparación de las varitas. Un soldado hay, empero, cuya vara aparece más corta que las otras. ‘¡Miserable!’, le grita Facundo con voz aterrante, ‘¡tú eres!…’ y en efecto él era; su turbación lo dejaba conocer demasiado. El expediente es sencillo; el crédulo gaucho, temiendo que efectivamente creciese su varita, le había cortado un pedazo”[3].

Detectores de Mentiras 04Un viejo proverbio que dice ““Huye el impío sin que nadie lo persiga; mas el justo está confiado como un león”[4].

Estas son historias que iluminan nuestro camino. El ingenio, maravillosa facultad del pensamiento, es una herramienta con frecuencia más poderosa que cualquier testimonio o hallazgo forense, si aprendemos a utilizarlo sin dejarnos llevar por las primeras impresiones.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


NOTA: ACERCA DE LOS TEXTOS

Tres relatos fueron copiados textualmente: el de Salomón, el Ayala Gauna y el de Sarmiento, conservando errores ortográficos o gramaticales, modismos populares y expresiones locales. La única cita que no encontré es el de “suero de la verdad”. Creo que es un hecho verdadero y debe estar documentado por algún investigador o viajero.


REFERENCIAS

1] 1º Libro de los Reyes 3:16-28, Santa Biblia, RVA (revisión 1960), Sociedades Bíblicas Unidas

[2] No tengo una edición impresa; tomé el texto del sitio web http://alejandriabibliotecadigital.blogspot.com/2009/08/el-psicoanalisis.html

[3] Sarmiento, Domingo F., “Facundo”, 1845, editado por ElAleph.com, ©1999, descargado de http://www.educ.ar

[4] Proverbios 28:1, Santa Biblia, RVA (revisión 1960), Sociedades Bíblicas Unidas

 


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