LEPTOPHIS MEXICANUS: LA LORA MEXICANA (por Pablo R. Bedrossian)

Conocida como lora mexicana o perico mexicana, esta culebra se encuentra en elevaciones bajas y moderadas de la vertiente del Atlántico desde la zona sur de Tamaulipas, México, a la región centro norte de Costa Rica y en forma discontinua en la vertiente del Pacífico desde Oaxaca, México hasta el noroeste de Costa Rica.

Está presente en varios cayos de Belice, en la Isla de Utila, Honduras, y en las Islas del Maíz, Nicaragua. Se halla en todo el territorio de Honduras a excepción del extremo sur y algunas zonas al sudoeste[1]. Además en 2014 fue reportada en el Cayo Mayor de los Cayos Cochinos[2], sitio donde nosotros la documentamos fotográficamente ese sitio ese mismo año.

Leptophis mexicanus en el Cayo Mayor de los Cayos Cochinos, Islas de la Bahía, Honduras, fotografía del 30/3/2014

Forma parte del género Leptophis que incluye serpientes conocidas como raneras debido a su dieta en base a pequeños anfibios, aunque también comen lagartijas, pequeñas serpientes, salamandras, renacuajos y huevos de aves[3]. Este género cuenta con 8 especies que habitan bosques, manglares y sábanas de México, Centroamérica y Sudamérica[4].

Su nombre científico es Leptophis mexicanus (en inglés Mexican parrot snake). De actividad diurna, suele moverse entre la vegetación cerca de cursos de agua. Donde vivimos, Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, habita en los alrededores de la laguna o del canal de agua.

Un ejemplar juvenil

Lo invitamos a observarla en el siguiente video.


No es difícil reconocerla: el dorso de la cabeza es de un color verde claro intenso y su cuerpo posee por arriba color café o bronce oscuro y por debajo, blanco, con una raya negra en el medio -a veces posee también pequeñas secciones de color verde azulado y anaranjado- que nace en la punta de la cabeza.

El ejemplar más largo conocido alcanza 1.27 metros; el espécimen más grande hallado en Honduras es algo menor, 1,20 metros[5]. La cabeza de distingue del cuello. Tiene hocico alargado, lengua negra y pupilas redondas con iris dorado. El cuerpo es delgado y alargado. La extensión de la cola es de 36% a 40% de la longitud total[6].

Puede observar cómo se moviliza en el siguiente video:

En cuanto a la reproducción es ovípara, poniendo de dos a seis huevos por vez; sus deposiciones ocurren generalmente entre junio y septiembre, durante la temporada húmeda. Los juveniles miden unos 25 cm[7].

Foto de un ejemplar con pocos días de vida, hallado muerto

Un detalle interesante es que las hembras alcanzan su madurez sexual a los 18 meses[8].

Un ejemplar juvenil

Aunque no es venenosa, puede ser agresiva si se sienten amenazadas. En una ocasión, una vecina de nuestra comunidad nos pidió ayuda para retirar un ejemplar juvenil que se escondió dentro de una gaveta. Ante la falta de pinzas y sabiendo que no inocula toxinas, decidimos asumir el riesgo de tomarla con la mano. Nos ocasionó una pequeña mordedura en uno de los dedos lanzándose súbitamente hacia adelante. Tuvimos un leve dolor y un breve sangrado. Luego de retirar la serpiente -que posteriormente reubicamos-, desinfectamos la herida con agua oxigenada, realizamos con agua y jabón y luego la cubrimos. Si bien contábamos con soluciones antisépticas tanto de clorhexidina como de yodopovidona, no fueron necesarias.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: MÁS VIDEOS


REFERENCIAS


[1]
McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.146

[2] McCranie, James R., Valdés Orellana, Leonardo, “New island records and updated nomenclature of amphibians and reptiles from the Islas de la Bahía, Honduras”, Herpetology Notes, volume 7, 2014, p.46

[3] McCranie, James R., Op. cit., p.149

[4] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.228

[5] McCranie, James R., Op. cit., p.147

[6] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.671

[7] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.89

[8] Savage, Jay M., Op. cit., p.671


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LAEMANCTUS LONGIPES: UNA BELLA “IGUANA DE CASCO” COLOR VERDE (por Pablo R. Bedrossian)

Hace poco tuvimos oportunidad de ver en Residencial Campisa, San Pedro Sula, Honduras, el primer ejemplar de Laemanctus longipes, una bella iguana de casco.

Laemanctus longipes

Íbamos en el auto del vecino Fernando Castellon a reubicar una bejuquilla verde (Oxybelis fulgidus) encontrada en el jardín de su casa.

La Oxybelis fulgidus que liberamos

De pronto exclamó:

– ¡Mire esa iguanita verde!

Me imaginé que era uno de los habituales garrobos o iguana gris (Ctenosaura similis) juveniles, intensamente verdes, muy comunes por aquí.

Ctenosaura similis juvenil

También pensé que podía tratarse de alguna pequeña iguana verde (Iguana iguana).

Iguana iguana juvenil

Sin embargo, al observarla me sorprendí: tenía la cabeza triangular y una especie de casquete en la parte superior. Esa peculiaridad me recordó lejanamente a una iguana de casco que algunos llaman turipache (Corytophanes cristatus), aunque es muy diferente: posee otro color y luce una delgada pero enorme cresta de líneas rectas en el centro de la cabeza.

Corytophanes cristatus

(Si Ud. desea conocer más sobre esta otra iguana de casco o turipache (Corytophanes cristatus), puede leer nuestro artículo https://pablobedrossian.com/2018/10/10/corytophanes-cristatus-una-curiosa-iguana-de-casco-por-pablo-r-bedrossian/).

LA IGUANA DE CASCO VERDE

Bajé del auto y comencé a filmar y fotografiar este pequeño reptil tratando de evitar que se sintiera amenazado. Me permitió acercarme a pocos centímetros sin inmutarse.

Cada tanto movía los ojos, como advirtiendo mi presencia. Finalmente, como continuaba sobre el pavimento y corría el riesgo de ser atropellado, tuve que tocarlo suavemente para que huyera hacia el canal de agua que se encontraba a pocos metros.

Enseguida recordé una fotografía de esta especie que había publicado nuestro amigo, el Dr. Juan Ramón Collart en su libro “Honduras Salvaje”[1] y la identifiqué como la iguana de casco color verde (Laemanctus longipes).

ACERCA DE ESTA ESPECIE

Laemanctus longipes pertenece a la familia Corytophanidae[2]. Está integrada por tres géneros: Corytophanes, al que pertenece el turipache mencionado más arriba, el Basiliscus, cuya especie más conocida es el famoso charancaco (Basiliscus vittatus) y el Laemanctus, al que corresponde nuestra especie.

Basiliscus vittatus

Nótese que no es una verdadera iguana. De paso, en algunos lugares lo llaman toloque verde y en otros lemacto coludo. En inglés se lo llama Eastern Casquehead Iguana.

Es difícil de observar porque es una especie arbórea; gracias a su color se mimetiza con el follaje. Solo abandona los árboles para poner huevos, de abril a junio, de 3 a 5 por vez. Las crías nacen tras una incubación a temperatura entre 28º C y 30º C durante casi dos meses[3]. Los recién nacidos tienen una LHC (longitud hocico – cloaca) de 5 cm. con una cola de unos 17 cm. Los adultos pueden alcanzar una LHC de 15 cm y desde la cabeza a la cola hasta unos 45 a 50 cm.

El cuerpo es alargado de un color verde intenso, con franjas suavemente amarillentas a los costados de la cabeza y el cuello y en ocasiones una pequeña franja negra desde la parte posterior de los ojos al cuello. La superficie dorsal de la cabeza (el casquete o yelmo) es plana, sin mostrar crestas y de un color grisáceo más pálido que el resto. Una notable línea blanca interrumpida se extiende de la cabeza a la ingle. Además, presenta pequeñas manchas blancuzcas en el dorso y la cola. Posee cinco dedos en las patas delanteras y traseras. Se conoce muy poco de sus hábitos no reproductivos. Se ha reportado que en cautiverio se alimenta de insectos.

¿DOS ESPECIES DIFERENTES CON EL MISMO NOMBRE?

Según el experto James McCranie, en Honduras coexisten dos subespecies: Una es Laemanctus longipes waltersi, de los departamentos de Atlántida y Cortés (donde encontramos nuestro ejemplar), con escamas corporales más grandes y ausencia o forma incompleta de abanico gular[4]. La otras es Laemanctus longipes longipes, de los departamentos de Copán y Olancho, que posee escamas corporales más pequeñas y un abanico gular completo[5]. En su opinión constituirían dos especies distintas.

Hay otra especie que solo conocemos por fotografías, llamada Laemanctus serratus, que habita en Tamaulipas y la península de Yucatán, México y en poblaciones aisladas en el noroeste de Honduras[6]. Se diferencia de Laemanctus longipes en que posee escamas espinosas en la parte posterior de la cabeza además de una cresta dorsal evidente[7]. El hábitat de esta especie es bastante reducido, desde el sur de Veracruz en México hasta el occidente de Honduras con una población aparentemente aislada en el centro de Nicaragua[8].

No es fácil encontrar una la iguana de casco color verde como Laemanctus longipes debido a sus hábitos de vida. En más de 12 años de vivir en este lugar y con varios cientos de caminatas realizadas tuvimos el privilegio de verla personalmente por primera vez.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEOS


REFERENCIAS

[1] Collart, Juan Ramón, “Honduras Salvaje”, edición de autor, 2014, p.64

[2] Durante mucho tiempo se la consideró una subfamilia de la familia Iguanidae, pero desde 1989 comenzaron a ser consideradas como familias separadas: D.R. Frost & R. Etheridge (1989) “A phylogenetic analysis and taxonomy of iguanian lizards (Reptilia: Squamata)”, Univ. Kansas Mus. Nat. Hist. Misc. Publ. 81 y D.R. Frost, R. Etheridge, D. Janies & T.A. Titus (2001) “Total evidence, sequence alignment, evolution of polychrotid lizards, and a reclassification of the Iguania (Squamata: Iguania)”, American Museum Novitates 3343: 38 pp.

[3] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, 2003, p. 135

[4] El abanico gular o gula (en inglés dewlap) es una delgada membrana ubicada en el cuello que se despliega y retrae. También la poseen los Anolis.

[5] McCranie, James R., “The Lizards, Crocodiles, and Turtles of Honduras”, “Bulletin of the Museum of Comparative Zoology”, Special Publications Series, No. 2, Harvard University, 2018, p.200.

[6] McCranie, James R., Op. cit., p.213

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.136

[8] McCranie, James R., Op. cit., p.209


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SPILOTES PULLATUS: LA “MICA”, LA SERPIENTE TIGRE AMERICANA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

La Spilotes pullatus, popularmente conocida como mica, es una de las serpientes de mayor tamaño de Centroamérica, pudiendo alcanzar los 2,65 metros. Pero no solo es de las más grandes sino de las más bellas: su color negro con manchas o bandas amarillas en patrones cambiantes, le da un aspecto atigrado que la hacen fácilmente reconocible.

Es la única especie del género Spilotes. Algunos la llaman también zumbadora, pero es un nombre que en popularmente se asigna a diversas especies. No es venenosa. Se la encuentra de México a la Argentina en zonas que van desde el nivel del mar hasta los 1500 metros sobre el nivel del mar, en bosques tropicales y subtropicales lluviosos, húmedos y secos.

Su cabeza es alargada y se distingue del cuello mientras el cuerpo es relativamente delgado (más delgado que el de una boa, más grueso que el de una oxybelis o bejuquilla) y posee una larga cola. Por debajo, el color es amarillo pálido, a veces con manchas negras.

Sus pupilas son redondas. Para los que aprecias datos más técnicos, poseen escamas dorsales en números pares de filas (de 14 a 20) en la mitad del cuerpo[1].

Suele ser un animal tranquilo, que no agrede y solo se reacciona si de lo ataca, pudiendo dar golpes indoloros con su cola[2]. Puede nadar en ríos. Ante la presencia humana, especímenes que se arrastraban por el suelo o cruzaban carreteras se paralizaron y retorcieron sus cuerpos en lugar de tratar de escapar[3]. Sin embargo, parece ser que su principal defensa consiste en inflar grandemente su cuello[4].

Está activa durante el día; posee hábitos terrestres y arbóreos. Las dos ocasiones que hemos visto apareamientos ha sido en ramas altas de árboles grandes. Ovípara, coloca de 7 a 25 huevos[5]; las crías nacen casi dos meses después[6].  

La Spilotes pullatus se alimenta de pájaros, huevos de aves y pequeños mamíferos; el Dr. Gunther Köhler ha documentado en el Volcán Mombacho, Nicaragua, un ejemplar comiendo un juvenil de puercoespín[7]; las crías, en cambio, comen principalmente ranas y lagartijas[8].

Personalmente he visto una docena de ejemplares; la mitad muerta por la acción humana que destruye lo que desconoce. Tanto creencias populares como la falta de instrucción llevan a creer a muchos campesinos e incluso a personas en áreas urbanas que las micas son venenosas.

CÓMO DIFERENCIARLAS

Escribe el Dr. Jay M. Savage que algunos pueden confundirla con la Chironius grandisquamis debido a que algunos adultos de Spilotes pullatus son completamente negros (algo que nosotros nunca hemos observado).

Chironius grandisquamis

Para diferenciarlas, sugiere contar y observar las escamas: Spilotes pullatus cuenta con escamas dorsales distribuidas uniformemente en 14 a 20 filas en la mitad del cuerpo, mientras que en la Chironius grandisquamis las escamas dorsales están dispuestas oblicuamente en diez filas en la mitad del cuerpo, y, como máximo, solo las seis a ocho filas superiores se encuentran anilladas[9].

Chironius grandisquamis. La cabeza se encuentra en el cuadrante inferior derecho

Cuidemos nuestra biodiversidad. Recordemos que las micas son totalmente inofensivas.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.686.

[2] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.116

[3] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.204

[4] Savage, Jay M., Op. cit. p.687

[5] El Dr. Jay M. Savage dice ponen de 7 a 10 huevos

[6] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.260

[7] Köhler, Gunther, Op. cit., p.260

[8] Marineros, Leonel, Op.cit., p.116, citando a Mehrtens (1987),

[9] Savage, Jay M., Op. cit. p.686


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LA BOA ROSADA DE LOS CAYOS COCHINOS HONDUREÑOS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

La Boa constrictor es una de las serpientes más famosas del mundo, tanto por su amplia distribución, que va desde el norte de México a la Argentina, como por su impactante tamaño, que puede superar los cuatro metros. Sin embargo, sorprende la escasa difusión que ha tenido la boa rosada de los Cayos Cochinos hondureños, una serpiente que no se encuentra en ningún otro lugar del planeta. Aún no se sabe si se trata de alguna subespecie, una alteración fenotípica debido a la alimentación o si estamos ante la eventual presencia de una nueva especie.

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Tuvimos oportunidad de visitar los Cayos Cochinos en el Caribe hondureño en dos ocasiones. Son dos pequeñas islas, el Cayo Mayor o Grande y el Cayo Menor, que vistos desde el mar parecen dos tortugas dormidas debido a la forma de sus cerros cubiertos de espesa vegetación. Alrededor de ellos hay 13 pequeños islotes. Su superficie terrestre total es de unos 2 km²; la población total de ambos cayos es menor a 200 habitantes. Para llegar en lancha hay que navegar unos 45’ desde la costa norte hondureña.

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LA BOA ROSADA

No es difícil ver serpientes allí. Durante mi última visita -que insumió dos días enteros- observé seis boas rosadas el primer día y dos el segundo. A simple vista se advierten dos grandes diferencias con la Boa constrictor que habita en el continente. La primera es su tonalidad, sustancialmente más clara: un tono grisáceo rosado por el que recibe su nombre. La segunda es el tamaño, mucho más pequeño. La hembra llega a medir hasta 120 cm. y el macho casi un metro.

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En 1991 Price y Russo sugirieron que las boas de menor tamaño, tanto de Cayos Cochinos como de Islas de la Bahía, podrían ser de una especie diferente a la constrictor. ¿Tenían razón? Es un tema que aún se discute. James McCranie, autor de la obra más actualizada y completa de serpientes de Honduras, menciona que Boback y Carpenter en 2007 demostraron que las notables diferencias de tamaño y la forma de la cabeza entre las poblaciones de Boa constrictor de los cayos de Belice y las continentales eran una adaptación a las fuentes de alimentos disponibles. Concluye que, siendo Belice un país cercano, probablemente el mismo factor influya en las boas de Cayos Cochinos[1]. Aunque no hay evidencia, podemos sospechar que también el color tiene como causa a la misma razón.

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Montgomery, Boback y colaboradores consideran a la boa rosada una Boa constrictor de la subespecie imperator, pero enana. Cuentan, además, que debido a su color y docilidad, (son mucho menos agresivas que las boas continentales) el brutal tráfico como mascotas las puso al borde de la extinción. Mencionan que a principios de los ’90 Wilson y CruzDiaz, en un viaje de exploración herpetológica de cinco días, no encontraron un solo ejemplar[2]. La historia cambió con la llegada en 1994 de lo que hoy es la Fundación Cayos Cochinos y la elevación de su estatus como área protegida en 2003 a Monumento Natural Marino del Archipiélago de Cayos Cochinos. Según la misma publicación, en 2015 la población había crecido a cerca de 3,000 boas rosadas, sumados ambos cayos.

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REPRODUCCIÓN

Las Boa constrictor no ponen huevos: son vivíparas, pariendo de 10 a 64 crías cada vez, generalmente en los meses que van de marzo a agosto. El biólogo Leonel Marineros en su libro “Serpientes de Honduras”, cita el testimonio de Adonis Cubas, quien trabajó en la estación científica, que encontró entre marzo y julio boas rosadas recién nacidas refrescándose en riachuelos de ambos cayos[3]. Quizás la coincidencia se deba a que pertenecen a la misma especie.

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En la actualidad hay acuerdo general en que la boa rosada de los Cayos Cochinos forma parte de las Boa constrictor; esperamos que próximamente mediante la identificación de su genotipo esta presunción se valide; en caso de confirmarse, se defina si es o no una subespecie. Mientras tanto, y prescindiendo de su clasificación, seguirá siendo una belleza natural exclusiva de los Cayos Cochinos digna de admirarse.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


BONUS: 1 VIDEOS


BONUS 2: RECOMENDADOS

Si desea conocer más de los Cayos Cochinos lo invitamos a leer nuestro artículo: “Una visita al paraíso: Los Cayos Cochinos” haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/02/22/una-visita-al-paraiso-los-cayos-cochinos-por-pablo-r-bedrossian/

Si desea saber más de los reptiles de los Cayos Cochinos lo invitamos a leer nuestro artículo: “Anolis allisoni: La lagartija de cabeza azul” haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/04/21/anolis-allisoni-la-lagartija-de-cabeza-azul-de-los-cayos-cochinos-por-pablo-r-bedrossian/


REFERENCIAS

[1] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.63

[2] Montgomery, Chad E., Boback, Scott M. y otros colaboradores, “Cayos Cochinos Boa, Boa constrictor imperator”, Convention on International Trade in Endangered Species of Wild Fauna and Flora (CITES), Tel Aviv, Twenty-eighth meeting of the Animals Committee, Tel Aviv (Israel), 30 August-3 September 2015, AC28 Inf. 7, p.1

[3] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.43


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UN SAURIO AL ATAQUE (por Pablo R. Bedrossian)

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Este viernes 3 de febrero, mi querido sobrino Andrés, que vive en Buenos Aires, Argentina, almorzó en la Reserva Ecológica. Es un terreno ganado al Río de la Plata donde en alguna visita he ido a observar aves y que desde hace muchos años se ha convertido en un santuario de vida silvestre.

Repentinamente vio pasar un saurio. El dueño del restaurante le dijo que había varios en la reserva y que los alimentaba con carne. Asombrado, decidió tomar un video. La primera filmación fue un éxito.

La segunda… para la segunda, mejor vean el video.

Gracias a Dios, no pasó nada; parece que el reptil, siguiendo comportamientos humanos, sólo quiso arrebatar el celular. Bromas aparte, aunque lejanamente parecido, esta especie no tiene una mordida infectante como el dragón de Komodo (Varanus komodoensis), ni levanta la cabeza como el Varano gigante australiano (Varanus giganteus); además es mucho más pequeño. Se trata de un lagarto overo. Su actual nombre científico es Salvator merianae.

salvator-merianae-lagarto-overo-02Este reptil pertenece al orden Squamata, y dentro de él a la familia Teiidae, y alcanza una longitud de 1,40 metros. Durante mucho tiempo se incluyó dentro de la especie Tupinambis teguixin, propia de Venezuela, Colombia y la región amazónica brasilera. Desde hace pocos años se ha reconocido como una especie diferente, debido a razones fenotípicas (por ejemplo, su diferente número de escamas) y genotípicas.

copy-of-copy-of-21360063Hace muchos años en Tandil, Provincia de Buenos Aires tuve en brazos una cría nacida en cautiverio, pero no me imaginaba que podían crecer tanto.

NOMBRES POPULARES:

Lagarto overo, lagarto blanco, iguana overa, tegu argentino o tegu blanquinegro. En inglés Black-and-white Tegu, Argentine Black and White Tegu.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


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Todas las fotografías y videos fueron tomadas por Andrés Bedrossian y a él le pertenecen todos los derechos.

PELEA ENTRE DOS MACHOS DE CTENOSAURA SIMILIS – IGUANA GRIS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Esta mañana, a unos 100 metros de mi casa, contemplé un inusual espectáculo: dos machos de la especie Ctenosaura similis, conocidos como iguanas grises o garrobos, y en inglés, Spiny-tailed Iguana, luchaban encarnizadamente. Filmé brevemente con el celular la pelea, pero decidí buscar la cámara de fotos, sin saber si el combate se extendería hasta mi regreso.

Me imaginé que se trataba de una pelea territorial. Cuando volví los machos se encontraban a unos diez metros uno del otro. Comencé a filmar  y vi como el más pequeño y oscuro se acercaba al más grande, que tenía el típico color naranja con trazas negras que los machos suelen tener por aquí. Enseguida se reinició la lucha que, salvo por algunos movimientos involuntarios al acercarme con la cámara, se puede ver perfectamente.

Luego del film, vi que a pocos metros una hembra observaba el combate. Su foto va debajo del video. Vale la pena ver el esfuerzo de estos machos por vencer al otro. Pareciera que el UFC ha crecido tanto que ha llegado a extenderse al reino animal.

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La hembra que a pocos metros observaba la pelea de los machos

Finalmente el más pequeño se retiró, lográndose ocultar en un hueco; el otro no pudo encontrarlo. Aprovechando la distracción del más grande, segundos después la hembra se introdujo en el mismo agujero, siguiendo al macho más pequeño. El más grande continuó infructuosamente su búsqueda durante varios minutos.

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El macho más grande buscando al más pequeño tras la pelea

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.

BONUS: LAS SIETE IGUANAS DE HONDURAS

En Honduras, donde vivimos, hasta donde sabemos hay siete especies de iguanas:

Iguana iguana, la conocida iguana verde.

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Ctenosaura similis, muy extendida en el sur de México y todo Centroamérica.

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Ctenosaura melanosterna, también conocida como jamo o jamo negro, que se observa en los Cayos Cochinos y en el departamento de Yoro.

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Ctenosaura oedirhina, la iguana negra de Roatán, la isla caribeña más grande de Honduras.

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Ctenosaura bakeri, la iguana de la pequeña isla caribeña de Utila.

Ctenosaura flavidorsalis, que se encuentra en Honduras sólo en la zona sudoccidental, que limita con El Salvador.

Ctenosaura praeocularis, una especie descrita en 2009 para la zona de Nueva Armenia, Francisco Morazán, por Carlos Roberto Hasbun y Gunther Köhler.


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DRYMOBIUS MARGARITIFERUS, PETATILLO O FALSO TAMAGÁS VERDE (por Pablo R, Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

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La Drymobius margitiferus es una de las serpientes más bellas de Centroamérica. Además, según Jay M. Savage es la serpiente más común de ver en Costa Rica[1]. También es una de las más frecuentes donde vivimos, que es a la vez nuestro campo de estudio: en más de nueve años de investigación en Campisa, en el noroeste de San Pedro Sula, Honduras, hemos observado 13 ejemplares, 7 vivos y 6 muertos.

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Pertenece a la familia Colubridae. Es una serpiente cuyas escamas dorsales, claramente visibles, lucen un verde amarillento brillante sobre un fondo reticulado romboidal más oscuro. Köhler, más exhaustivo en su descripción, dice que hay “sobre cada escama dorsal una mancha amarilla o verdeamarilla, de manera que la parte superior da la impresión de estar finamente moteada”[2]. De esta trama refulgente de su piel proviene el nombre de la especie, pues la palabra griega µαργαριτάρι, que se lee margaritari, significa perla.

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Alcanza hasta 1,34 m de largo[3]. La cabeza, que se distingue del cuello, posee grandes escamas que toman un color marrón o café claro, más nítido en la parte superior del hocico, mientras que las de la parte inferior son de color blancuzco o amarillo pálido. Tiene ojos oscuros, pupilas redondas y lengua bífida rosada.

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En cuanto a la dentición es aglifa: “presenta de 22 a 34 dientes maxilares, los posteriores considerablemente más grandes que los anteriores; los dientes mandibulares son desiguales”[4]. Su cola es larga. Leonel Marineros se apoya en Mendelson para decir que “pueden recurrir a la autonomía, es decir, pueden sufrir amputación en el extremo de la cola, pero ésta no se regenera”[5] ”. El hemipene es sencillo, no bifurcado.

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Totalmente inofensiva, habita desde el sur de Texas, Estados Unidos hasta Colombia, en diferentes tipos de bosques, en alturas que van desde el nivel del mar a los 1450 m. Es de hábitos diurnos y se alimenta básicamente de ranas. Leonel Marineros, citando a Álvarez del Toro, dice que a estos anfibios los “devora vigorosamente, tragando viva a la víctima”[6]. También se alimenta de lagartijas, huevos de reptiles y pequeños roedores. Se la suele encontrar en el suelo, cerca de pantanos, estanques, arroyos o río. Es ovípara y se ha documentado que colocan de 4 a 8 huevos por vez[7], cuyas crías nacen luego de 64 a 68 días[8]. Podemos decir que los expertos coinciden -con leves diferencias- que las hembras depositan los huevos entre abril y octubre.

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Köhler describe tres subespecies para Centroamérica [9]:

  • Drymobius margaritiferus margaritiferus, localizada desde Texas, Estados Unidos, a lo largo de la costa del Caribe hasta Sudamérica.
  • Drymobius margaritiferus maydis, propia de la Isla del Maíz Grande, en el Caribe, al sur de Nicaragua.
  • Drymobius margaritiferus occidentalis, ubicada desde Chiapas, México, a lo largo de la costa del Pacífico hasta El Salvador.
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Hemos encontrado que se le asignan los siguientes nombres populares: falso tamagás verde, petatilla, petatillo, culebra corredora de petatillos, citalcuate, chaquirilla, corredora pintada, margarita, ranera común; en inglés: Speckled racer.

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Tal como lo indica uno de sus nombres populares, hay quienes la confunden con el tamagás verde, denominación que engloba especies venenosas diversas tales como Bothriechis marchi y Bothriechis bicolor, muy diferentes a la Drymobius margitiferus, pero del mismo color.

Compartimos videos que hemos tomado de Drymobius margitiferus:

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002, p.660.

[2] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.209

[3] McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011, p.76

[4] Muñoz Chacón, Federico, en

http://www.crbio.cr:8080/neoportal-web/species/Drymobius%20margaritiferus. Última actualización 4/4/2011

[5] Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000, p.67

[6] Marineros, Leonel, Op.cit., p.32

[7] McCranie, James R., Op. cit., p.125

[8] Köhler, Gunther, Op. cit. p.208

[9] Köhler, Gunther, Op. cit. p.209


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

BIBLIOGRAFÍA

Bedrossian, Pablo “Serpientes de Residencial Campisa”, Edición de autor, San Pedro Sula, Honduras, 2012

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Marineros, Leonel, “Guía de las serpientes de Honduras”, Edición de autor auspiciada por la Dirección General de Biodiversidad (DiBio), Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente, SERNA), Tegucigalpa, Honduras, 2000

McCranie, James R., “The snakes of Honduras”, Society for the study of amphibians and reptiles, 2011

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

ANOLIS ALLISONI: LA LAGARTIJA DE CABEZA AZUL (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Anolis allisoni 12Hace un tiempo visité los Cayos Cochinos,  en el Caribe hondureño, donde encontré varios ejemplares de la lagartija de Allison o lagartija cabeza azul, cuyo nombre científico es Anolis allisoni y en inglés Allison’s anole o Blue-headed Anole. Esta lagartija o pichete, se encuentra en Cuba; fuera de ese país sólo habita en las Islas de la Bahía y Cayos Cochinos hondureños, en algunos cayos de Belice y en islas de Quintana Roo, en México.

Anolis allisoni 03De hábitos diurnos y de intenso color verde, salvo la cabeza que toma un color azulado, se lo encuentra en palmas y troncos. Su abanico gular es rosado oscuro. La longitud máxima del hocico a la cloaca es de 87mm. Fuera de Honduras el color azulado puede alcanzar las patas delanteras y la mitad frontal del cuerpo.

Tiene la cabeza más triangular que otros anolis y posee almohadillas subdigitales, que le permiten  trepar con facilidad y aferrarse a superficies verticales. Es insectívoro.

Los invito a admirar este hermoso pequeño reptil:

FOTOGRAFÍAS:

Anolis allisoni 02

Anolis allisoni 08

Anolis allisoni 04

Juvenil de Anolis allisoni
Juvenil de Anolis allisoni

 

Anolis allisoni mostrando su gula; foto por Joel Amaya tomada en Mahogany Bay, Roatán, Honduras (foto usada con permiso)
Anolis allisoni mostrando su gula; foto por Joel Amaya tomada en Mahogany Bay, Roatán, Honduras (foto usada con permiso del autor)

VIDEOS:

Los videos pueden verse en:

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


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Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto Anolis allisoni mostrando su gula de Joel Amaya, utilizada con su permiso.


BONUS:

QUÉ SON LOS ANOLIS

Norops sp.
Norops sp.

Los anolis están dentro de la familia Iguanidae, a la que  obviamente pertenecen las iguanas. Bajo este nombre se agrupan más de 300 especies que corresponden a diversos géneros como Anolis, Norops, Ctenonotus y Dactyloa. Hay mucha discusión sobre estas clasificaciones, si se trata de agrupaciones naturales o artificiales[1], y serán los avances en el conocimiento genético quienes determinen en el futuro la pertenencia de una especie a un determinado género.

La mayoría de estas especies tienen hábitos arbóreos, aunque hay otras que se encuentran en el suelo o entre la hojarasca. En Centroamérica existen también especies semiacuáticas[2].

Son ovíparas y ponen un huevo por vez pero muchas veces a lo largo de un año, con intervalos de una a dos semanas[3].

Norops lemurinus mostrando su gula
Norops lemurinus mostrando su gula

Fenotípicamente los anolis son identificados por el color de su gula o abanico gular (en inglés dewlap) de los machos. Se trata de una delgada solapa de aspecto membranoso que los anolis desde su cuello despliegan y retraen. Aparentemente cumplen dos funciones: establecer su posición de alerta ante otros depredadores y atraer a las hembras durante la época de celo, como una suerte de cortejo.

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS:

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003, p.93

[2] Köhler, Gunther, Op.Cit., p.93

[3] Köhler, Gunther, Op.Cit., p.94

 

 


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MARISORA BRACHYPODA: UN PEQUEÑO LAGARTO, NO UNA SERPIENTE DE CUATRO PATAS (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Mabuya unimarginata 01Una mañana decidí salir a correr. Había dejado el calzado deportivo al aire libre, muy cerca del jardín, y, tal como era mi costumbre, fui a revisarlo. Al colocar la mano en una de las zapatillas sentí algo escamoso que me tocaba. Solté el calzado, y, al caer, salió de él un pequeño reptil que me miraba tan sorprendido como yo lo observaba. Me dio tiempo de tomar la cámara y fotografiarlo desde muy cerca, pero enseguida escapó a gran velocidad. Su aspecto me sugirió a una serpiente con patas pequeñas. Luego descubrí que se trataba de una Mabuya unimarginata, ahora llamada Marisora brachypoda.

Creo que en los casi diez años que vivo en Residencial Campisa, en el noroeste de San Pedro Sula, capital industrial de Honduras lo he visto sólo cinco veces, en cuatro de las cuales pude documentarlo fotográficamente; en todas las ocasiones me fascinaron su piel pulida y brillante, su larga figura y su amigable comportamiento, dejándose admirar desde una distancia corta, pero huyendo al percibir la menor amenaza.

La Marisora brachypoda es un reptil  perteneciente a la Scincidae, la inmensa familia de los esquíncidos o escíncidos, que contiene unas 1,200 especies. Es más bien una familia del Viejo Mundo, pues en Centroamérica sólo existen cinco géneros suyos, con un total de nueve especies. Los esquíncidos se caracterizan por tener la cabeza, el cuerpo y la cola alargados, con patas relativamente cortas y escamas muy lisas[1]. Las escamas son engrosamientos de la capa córnea de la epidermis, que es la parte más externa de la piel. Debajo de las escamas, en la dermis, como en casi todos los reptiles a excepción de las serpientes, se encuentran los osteodermas. Los osteodermas son pequeñas estructuras óseas laminares (sin ninguna relación con el esqueleto) que al crecer son empujadas hacia la superficie. Me olvidaba de algo importante: a  los esquíncidos se los considera pequeños lagartos.

Mabuya unimarginata 03Uno de los cinco géneros de esquíncidos en Centroamérica es el Marisora (ex Mabuya). Si bien en el pasado se consideraba que sólo en Costa Rica había tres especies, los conocimientos actuales hacen suponer que existe en toda la región centroamericana una sola, la brachypoda (ex unimarginata), que puede presentar variaciones según la zona[2],[3] , aunque el estudio debe profundizarse para ratificar o rectificar esta tesis.

La Marisora brachypoda es insectívora, vive en tierras bajas y aunque comúnmente se mantiene en el suelo, suele  treparse a los árboles para asolearse. Reproductivamente es vivípara[4]. Las crías por camada varían entre dos y siete.  Tiene el dorso color marrón claro, con aspecto metálico, lo que contrasta con los flancos que tienen franjas color chocolate oscuro y blanco. Mide casi 25 cm desde la cabeza al extremo de la cola, siendo la longitud desde el hocico a la cloaca de 6.2 cm a 9.1 cm en las hembras y de 5.6 a 9.1 cm en los machos, que suelen ser más pequeños que las hembras[5]. La cola suele representar dos terceras partes de la longitud total; hemos visto un ejemplar que la perdió completamente, sin alterar en nada su movilidad.

Hemos encontrado la Marisora brachypoda en lugares muy disímiles: adentro de un calzado deportivo, en una toma de agua que estaba seca y con basura, sobre un listón de madera de una cerca, en un hueco en la tierra y adentro de unos bloques de material para la construcción.

A diferencia de las Ameivas, que conviven en el mismo territorio, no son ruidosas, permiten acercarse a menor distancia y, si no se perciben peligro, suelen quedarse más tiempo en la misma posición.

En Honduras se denomina popularmente madreculebra a diversos animales, incluyendo a varios esquíncidos y otras lagartijas de patas cortas. Pero no teman, pese al apodo, la Marisora brachypoda es un pequeño reptil, no una serpiente de cuatro patas.

Comparto aquí algunas imágenes y videos que tomé de Marisora brachypoda:

Aquí la Mabuya unimarginata que salió de mi zapatilla...
Aquí la Marisora brachypoda que salió de mi zapatilla…

  

El ejemplar encontrado en una toma de agua seca y con basura
El ejemplar encontrado en una toma de agua seca y con basura

El ejemplar que encontramos sin la cola
El ejemplar que encontramos sin la cola

El ejemplar encontrado entre unos bloques de construcción
El ejemplar encontrado entre unos bloques de construcción

VIDEOS:

Ejemplar sin cola:

Ejemplar observado entre bloques de construcción:

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, p.147, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

[2] Köhler, Gunther, Op.cit.,p.149

[3] Savage, Jay M., “The Amphibians and Reptiles of Costa Rica”, p.504, The University of Chicago Press, 2002

[4] Muñoz Chacón, Federico, “Especies de Costa Rica”, http://darnis.inbio.ac.cr/ubisen/FMPro?-DB=UBIPUB.fp3&-lay=WebAll&-error=norec.html&-Format=detail.html&-Op=eq&id=4153&-Find INBio (Instituto Nacional de Biodiversidad), Costa Rica, 2000

[5] Savage, Jay M., Op.cit p.503


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías y videos fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.


BIBLIOGRAFÍA:

Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

Savage, Jay M., “The amphibians and reptiles of Costa Rica”, The University of Chicago Press, 2002

 

 

 

 

LOS GECKOS DE CAMPISA: HEMIDACTYLUS FRENATUS Y THECADACTYLUS RAPICAUDA (por Pablo R. Bedrossian)

SERIE REPTILES Y ANFIBIOS DE CENTROAMÉRICA

Los geckos o guecos son pequeños reptiles escamosos comunes en regiones de climas templados y tropicales de todo el mundo, agrupados taxonómicamente en la familia Gekkonidae. En Centroamérica, hay nueve géneros y 24 especies[1]. Popularmente se los incluye dentro las “lagartijas” o “pichetes” pero tienen características que los diferencian. La mayoría de estas especies se caracterizan por poseer laminillas adhesivas ensanchadas debajo de los dedos que les permiten adherirse a paredes y techos y caminar sobre ellos. Además, carecen de párpados móviles. Los ojos están cubiertos por una fina membrana transparente. Los invito a conocer dos guecos que forman parte de la asombrosa fauna que nos rodea.

HEMIDACTYLUS FRENATUS

Hemidactylus frenatus (Bridled Gecko – Gueco casero común o Gueco de frenillo)

Todas las noches, las paredes y los techos de las casas de Residencial Campisa, en el noroeste de San Pedro Sula, Honduras, se pueblan de numerosos Hemidactylus frenatus. Esta especie de gecko o gueco, que se alimenta de insectos y arácnidos, fue introducida por el hombre desde el Viejo Mundo[2], más precisamente del sudeste asiático. Suele ubicarse cerca de los focos de luz y sus sonidos, que parecen besos, se oyen a gran distancia. Siempre ponen dos huevos, de los que nacen crías tras aproximadamente dos meses de incubación. Muchas hembras pueden depositar sus huevos en un mismo nido, por lo que se pueden encontrar huevos en diversos estadios de desarrollo junto a cáscaras en un solo lugar[3]. Fue importado a Centroamérica por las compañías bananeras, para prevenir que el banano fuera dañado por insectos. Ocasionalmente puede verse de día.

Un Hemidactylus frenatus que perdió la cola, caminando de día por una pared.

Se sujeta perfectamente a las paredes gracias a unas almohadillas plantares cubiertas con láminas microscópicas adherentes llamadas lamelas. Como todos los miembros del género Hemidactylus, el frenatus tiene como característica principal las lamelas subdigitales divididas.

La longitud máxima de este gueco de hocico a cloaca es de 60 mm; la cola es más larga que el resto del cuerpo. Sus ojos están cubiertos por una cutícula transparente; las pupilas son verticales y elípticas. Tanto la cabeza, garganta y la superficie dorsal del tronco y cola están cubiertas de escamas granulares pequeñas. Las escamas ventrales son planas, lisas, imbricadas y más grandes que las dorsales. Las superficies dorsales y laterales de la cola están cubiertas de escamas aplanadas y pequeñas que son interrumpidas por grupos de tubérculos agrandados y puntiagudos; cada agrupación aparece entre cada ocho filas de escamas aplanadas[4].

THECADACTYLUS RAPICAUDA

El primer ejemplar de Thecadactylus rapicauda, foto del 20/09/2009
El primer ejemplar de Thecadactylus rapicauda, observado el 20/09/2009

El 20 de septiembre de 2009 por la tarde, Aldo Romero, un querido vecino, me llamó para que admirara algo poco común en la urbanización ecológica donde vivimos. Se trataba de un gueco mucho más grande y con algunas diferencias evidentes con respecto al que recién presentamos. Se trataba de un Thecadactylus rapicauda, otra especie de gueco de hábitos nocturnos, propia de los bosques húmedos tropicales. Se sabe que en la noche se pueden encontrar estos robustos guecos apoyados en troncos, mientras que durante el día se ocultan en las fisuras de la corteza de los árboles o en huecos formados por ramas caídas[5]. También se los encuentra en los nichos triangulares formados por raíces grandes, escondidos entre la hojarasca. Se alimentan de todo tipo de invertebrados (tienen predilección por saltamontes, grillos, polillas y arañas) e incluso lagartijas pequeñas. Las hembras ponen un solo huevo varias veces durante la temporada. En Honduras se encuentra en la zona norte, incluyendo la biósfera del río Plátano.

Imagen del segundo Thecadactylus rapicauda, observado el 07/12/2013
Imagen del segundo Thecadactylus rapicauda, observado el 07/12/2013

No volví a ver ningún ejemplar hasta el 7 de diciembre de 2013.  Se movía dentro de una pequeña construcción rústica con paredes de cemento y mosaicos, puertas de madera y techo cubierto de palmas, que sirve de sanitario para el comedor ubicado en el parque frente a la laguna. Pude fotografiarlo e identificarlo sin dificultad. Era mucho más grande que un Hemidactylus frenatus y mostraba la cola con una tonalidad diferente. Pueden desprenderse de ella en caso de necesidad o ataque.

Este gueco puede ser reconocido rápidamente por la combinación de grandes almohadillas digitales, dedos encerrados en una membrana carnosa bien desarrollada, y garras retráctiles en las puntas de los dedos de manos y pies. Ninguna otra especie de lagartija en la región que carezca de párpados móviles comparte estas características[6].

Vista comparativa de los geckos 01El Thecadactylus rapicauda es autóctono de Centroamérica y uno de los guecos más grandes de la región, alcanzando una longitud del hocico a la cloaca de hasta 126mm. La cola es corta, apenas superior a la mitad del largo del resto del cuerpo, en la base tiene una constricción desde donde se engrosa abruptamente. La cabeza, la garganta, la superficie dorsal del tronco y la cola están cubiertas por escamas granulares pequeñas. Las escamas ventrales son planas, lisas, imbricadas y más grandes que las dorsales. El ojo está cubierto por una cutícula transparente, la pupila es vertical con los bordes ondulantes. Tiene una o dos espinas oculares en el margen superior de la órbita. La coloración varía de café (marrón) o crema a gris como color de fondo, con muchas manchas y bandas irregulares grandes y pequeñas que cubren todo el dorso, incluyendo la cola[7]. Emite sonidos agudos que se escuchan a distancia.

GALERÍA MULTIMEDIA

 HEMIDACTYLUS FRENATUS

Hemidactylus frenatus 01

P1340780

P1350987

VIDEOS:

 

 THECADACTYLUS RAPICAUDA

Thecadactylus rapicauda 01

Thecadactylus rapicauda 02

Thecadactylus rapicauda 03

VIDEOS:

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.

REFERENCIAS:

[1] Köhler, Gunther, “Reptiles de Centroamérica”, p.68, Herpeton, Verlag Elke Köhler, Offenbach, Alemania, 2003

[2] Köhler, Gunther, Op.cit. p.71

[3] Savage, Jay M., “The Amphibians and Reptiles of Costa Rica”, p.484, The University of Chicago Press, 2002

[4] Muñoz Chacón, Federico, “Especies de Costa Rica”, http://darnis.inbio.ac.cr/ubisen/FMPro?-DB=UBIPUB.fp3&-lay=WebAll&-error=norec.html&-Format=detail.html&-Op=eq&id=4146&-Find, INBio (Instituto Nacional de Biodiversidad), Costa Rica, 2000

[5] Köhler, Gunther, Op.cit. p.79

[6] Savage, Jay M., Op.cit. p.486

[7] Muñoz Chacón, Federico, “Especies de Costa Rica”, http://darnis.inbio.ac.cr/ubisen/FMPro?-DB=UBIPUB.fp3&-lay=WebAll&-error=norec.html&-Format=detail.html&-Op=eq&id=4145&-Find, INBio (Instituto Nacional de Biodiversidad), Costa Rica, 2000


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