“EL MECANISMO”, UN THRILLER POLÍTICO A LA BRASILERA (por Pablo R. Bedrossian)

Las dos primeras temporadas de “El Mecanismo” (en portugués “O Mecanismo”), que puede verse en Netflix, novelan la Operación Lava Jato que cambió la historia del Brasil contemporáneo. Es una versión libre, adaptada a fines dramáticos o, mejor dicho, de entretenimiento, de la investigación realizada por el periodista Vladimir Netto, publicada en su libro “Lava Jato: el juez Sergio Moro y los bastidores de la operación que sacudió a Brasil”.

Con la dirección de José Padilha (“Tropa de Élite”, “Narcos”, entre otras), la serie intenta presentar crudamente la trama de corrupción que infecta a izquierdas y derechas en su país -y en toda Latinoamérica-, donde el discurso es simplemente un instrumento electoral y los políticos se mueven bajo dos únicas consignas: dinero y poder. Policías y fiscales se embarcan en una investigación que, sin proponérselo, pone al desnudo la red de sobornos que financia la política y deja la obra pública en manos de un oligopolio.

La serie cuenta con grandes actuaciones, excelente fotografía y muy buen manejo de la tensión; sin embargo, no queda definido cuál es el foco: si la vida privada de los investigadores o los hechos que denuncia. Algunas trivialidades parecen tener el mismo peso que decisiones que cambiarán el país. Por momentos el guion se asemeja a una novela del corazón, y en otros, a un thriller de suspenso, lo que le quita identidad y fuerza.

Muchos brasileños no le perdonan al director haber puesto en boca del personaje Gino (que representa al expresidente Lula) una frase pronunciada por uno de sus adversarios, el senador Romero Jucá. La propia Dilma Roussef califica a Padilha como “creador de mentiras”. Como observador, me pareció que los “malos” de la primera temporada no son tan “malos” al final de la segunda, porque son tan delincuentes como quienes los reemplazaron, algo que era obvio desde el principio (hoy todos están presos).

El caso Odebrecht es central en la segunda temporada y representa algo que va más allá de los que ven en la película solo propaganda. Dicho en palabras del director de la serie: “En Brasil la corrupción no se da en la política. La corrupción es la política”.

Una serie como “El Mecanismo”, que despierta tantos sentimientos opuestos, merece ser vista para que cada uno forme su propia opinión. La mía es de una serie tres estrellas que pretende ser cinco.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.

“THE CODE”, UN THRILLER CONSPIRATIVO A LA AUSTRALIANA

The Code 01Ya he comentado que una de las cuestiones que menos entiendo de Netflix son las calificaciones. Al menos las iniciales, en su mayoría cinco estrellas, no parecen provistas por el público sino por la propia empresa -por default o no, no lo sabemos- con el propósito de atraerlo. Luego de ver el primer capítulo de una serie, misteriosamente la calificación baja muchas veces a dos o a una estrella. Si ese puntaje es el juicio del público, no siempre estamos de acuerdo. Tal es el caso de la primera temporada de “The Code”, una minserie australiana que arrancó con cinco estrellas y tras la primera entrega apareció con una y media.

“The Code” se encuentra dentro de ese género que podríamos llamar thrillers conspirativos. Es la historia de dos hermanos, uno periodista y otro con rasgos autistas adicto a las computadoras. Obviamente es difícil no evocar a Rainman. La trama en la que se ven envueltos tiene que ver con un video que el periodista publica sobre un supuesto accidente en una zona rural alejada, cuyas imágenes sugieren que fue un incidente que terminó en asesinato. Desde las entrañas del poder político alguien impide la difusión del video y comienza una persecución sobre todos los que se interesan en aquellos hechos, que en otro contexto hubieran quedado en el olvido. La pertinacia con la que el gobierno actúa indica que pretende ocultar algo mucho más grande que aquello que los protagonistas imaginan.

The Code 04Si la memoria no nos juega una mala pasada, es la primera producción australiana que vemos desde la legendaria Cocodrilo Dundee. Creada y escrita por Shelley Birse, esta producción en seis capítulos merece una mayor calificación. Desde luego, no califica para cinco estrellas, pero tampoco menos de tres. Está bien actuada (hay un gran trabajo de Ashley Zukerman, en el rol de Jesse Banks), mantiene la tensión hasta el final y provee una interesante visión, aunque superficial, de los manejos del poder tras bambalinas. Como se estudia en negociación, los intereses generalmente están ocultos debajo de las posiciones que se asumen en público.

Quizás su mayor debilidad está en la ambientación; repite demasiado los escenarios y a veces uno no entiende del todo bien las distancias.

Resumiendo, si le gustan las tramas donde el individuo o un pequeño grupo pone en el jaque a los corruptos dentro de un gobierno -o al gobierno mismo-, haga la prueba de verla y luego decida las estrellas que le corresponden.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

UN COMENTARIO A “EL LEGADO DE LA REFORMA”, DE CÉSAR VIDAL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

El legado de la Reforma.jpg

Vivimos tiempos contradictorios, donde muchos supuestos beneficiarios de la Reforma están erigiendo una nueva Contrarreforma. Basta ver el regreso a las jerarquías eclesiásticas, que Lutero tanto combatió al predicar el sacerdocio universal de todos los creyentes, y la consiguiente predilección por títulos pomposos como los apostolados (cargo o función que ni siquiera los primeros seguidores de los apóstoles osaron tomar para sí), a lo que se añade la pretensión de autoridad y poder sobre otros hermanos. Incluso se utiliza la expresión “estar bajo cobertura” como si fuera bíblica, cuando no existe en el Nuevo Testamento. No se sorprenda: hay quienes predican la sujeción a un líder como signo de humildad y obediencia a Dios, cuando no es otra cosa que un intento de justificar el control y la manipulación.

Esta Contrarreforma, a la cual, desde luego, muchos cristianos e iglesias se oponen, también pregona una falsa promesa de prosperidad a cambio de diezmos y ofrendas, e incluso promueve “pactos” económicos vergonzosos. Dentro de este lamentable escenario se ha añadido una suerte de mediación entre Dios y los hombres, donde se “pasa” la “unción” y hasta con “doble porción”, sustituyendo la relación directa entre el hombre con Dios por alguien “ungido” para impartir esos “dones”.

Finalmente, y quizás la prueba más dramática de esta Contrarreforma en marcha, es la sustitución de la Biblia no ya por dogmas -aunque también los hay- sino por experiencias, que llevan a mover a las personas por emociones y no por la Palabra revelada en las Sagradas Escrituras.

Por eso, en tiempos donde los tataranietos de la Reforma se cruzan a la vereda de enfrente, a veces por ignorancia pero otras veces movidos por el poder y el dinero -males contra los cuales Lutero luchó-, “El Legado de la Reforma” del periodista e historiador César Vidal, es mucho más que una bocanada de aire fresco: Es la recuperación de una perspectiva que, al menos en los países latinos, parece olvidada o perdida.

EL LIBRO

Publicado por los 500 años de aquel día donde Lutero clavó sus 95 Tesis en Iglesia del Palacio de Wittenberg, “El Legado de la Reforma” es un estudio del mensaje que puso bajo tela de juicio la religiosidad dominante de su tiempo. Comienza con el análisis de sus causas, presenta los hechos y se concentra en sus consecuencias.

La obra consta de cuatro partes y un apéndice. La primera, titulada “La necesidad de la Reforma”, es un breve recorrido por la historia de la Iglesia Católica Romana donde pone al desnudo sus crisis, divisiones y urgencias hasta la época de Lutero.

La segunda parte, “Los orígenes de la Reforma” es una mirada al viaje espiritual del monje alemán devenido a teólogo. César Vidal reconstruye su biografía llegando hasta inmediatamente después de la famosa Dieta de Worms. En sección no solo incluye la famosa disputa sobre las indulgencias, sino que dedica varias páginas al descubrimiento bíblico que Lutero hizo de la justificación por la fe, de donde se derivan muchos de sus postulados. Allí, en algunos momentos, no se sabe si habla el apóstol Pablo, el reformador alemán o el escritor.

Al final de esta segunda parte, hay una somera descripción de otros movimientos reformadores surgidos en la misma época.

La tercera parte, “El legado espiritual de la Reforma” enfatiza la centralidad de la Biblia en el pensamiento de Lutero. Se ocupa de los principios sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo sobre los cuales el teólogo alemán fundamentó su reclamo de devolver la Biblia, el evangelio y a Cristo al pueblo, con un fuerte acento en la libertad que goza el cristiano cuya medida no es la religiosidad sino las verdades presentadas en el Nuevo Testamento.

La cuarta parte es “El legado cultural de la Reforma”. Esta extraordinaria sección es una exposición de las contribuciones que la Reforma hizo en campos como el trabajo, las finanzas, la educación, la ciencia, la Ley, la ética, la división de poderes, la libertad de conciencia, la ayuda social, la dignidad de la mujer y el arte. Dentro de esta sección, resulta aleccionador ver que las posiciones antijudías que Lutero mantuvo en la última parte de su vida fueron rechazadas y condenadas por sus seguidores, confirmando que en la nueva concepción de iglesia, ni teólogo alemán ni ningún otro sería un Papa evangélico ni tendría poder supremo. Se terminaba el autoritarismo para abrirse a una libertad que facilitara el diálogo y el debate para encontrar la verdad.

Finalmente, la obra incluye un apéndice con varios textos breves de Lutero y otros documentos de valor histórico.

EPÍLOGO

El “Legado de la Reforma” no es solamente un libro sobre el pasado, sino sobre el presente. En un tiempo donde la fe cristiana no católica se ve amenazada por una Contrarreforma interna que, como la establecida en el Concilio de Trento, se aleja de las Escrituras y construye un sistema de poder vertical al cual el creyente debe someterse, esta obra nos recuerda que el cambio comienza por principios no negociables: sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

EL TRASPASO PRESIDENCIAL EN LA ARGENTINA (por Pablo R. Bedrossian)

Escribo antes del traspaso presidencial en la Argentina. Sería mucho más fácil hacerlo luego del 10 de diciembre, pero me parece mucho más honesto opinar ahora, cuando aún no se sabe lo que va a pasar.

No es Cristina Fernández de Kirchner quien le traspasará el poder a Mauricio Macri: es el pueblo argentino, cuya mayoría lo eligió por voto popular. Por eso resulta absurdo y triste el sainete criollo del cual somos testigos, reflejo de un país profundamente dividido.

A la Argentina no la dividen los logros del gobierno que termina, ni siquiera sus fracasos. Tampoco las promesas del nuevo gobierno, ni los riesgos que la oposición ha advertido. Lo divide la ambición de poder, y más aún, la potestad de mandar.

Perder el poder es tan dramático como pasar de repente a poseerlo. El que hoy lo recibe mañana lo debe entregar, por eso, si se ignora que la voluntad popular es un mandato representativo, terminan prevaleciendo los intereses personales que conducen a una infructuosa lucha de egos. A ninguno, ni al que llega ni a la que se va, le conviene una victoria pírrica. Por eso deseamos una transición que respete y proponga un pueblo unido, donde celebren los que se van y celebren los que llegan, aunque cada uno lo haga en su propio tiempo y lugar. Unos y otros, no unos u otros.

¿No sería mejor que el partido que perdió las elecciones y en particular su máxima autoridad, aceptaran las reglas del ganador mientras no signifiquen una ofensa o humillación? ¿Es necesario decir aquí mando yo y si no se hace lo que yo quiero -porque no queda más remedio-, pego un portazo y me voy? ¿Cuál es el mensaje? Hay quienes cuando ocupan una posición de poder exigen que absoluta obediencia, pero cuando la pierden dicen a mí nadie me manda. Ese patrón de pensamiento revela un problema de entendimiento: el poder no es para someter sino para servir. Desde luego, hay otra mirada: la actitud de Cristina Fernández de Kirchner puede ser el primer acto de campaña para ganar las elecciones del 2019.

El triunfo electoral no significa mandar al que se va. Si la presidente Cristina Fernández de Kirchner no quiere asistir al traspaso, es lamentable, pero está en su derecho. Repetimos, ella no traspasa el poder, sino el pueblo. Desde luego, si la ceremonia contara con los dos mandatarios, sería un mensaje de apoyo a la democracia y a la voluntad popular, pero forzarla sería también negar sus derechos. Ella elige por qué puerta quiere irse. El nuevo presidente no necesita de la presidente saliente para asumir el poder. Entonces, tampoco creo que sirva hacer un escándalo y satanizar una actitud porque no la compartimos. Simplemente Mauricio Macri debe jurar y gobernar para todos los argentinos que necesitan, más allá de sus posturas políticas, que le vaya bien.

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.

EL BOCHORNOSO BOCA – RIVER Y EL ORIGEN DEL MAL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie SIMPLEMENTE FÚTBOL

Hubo ocasiones peores, como cuando murieron 71 hinchas de Boca en la fatídica puerta 12 del Monumental. Pero el bochorno vivido en el Boca – River del 14 de mayo de 2015, ha tenido también un enorme impacto al revelar contundentemente uno de los problemas sociales más graves de la Argentina.

No me refiero a los barras que atacaron con una sustancia irritante a los jugadores de River, sino a un sistema de conveniencias, connivencias y complicidades que está terminando con lo que queda del deshilachado tejido social.

Observamos por TV cómo una persona con el rostro parcialmente cubierto intentaba abrir el alambrado del La Bombonera que daba a la manga visitante. Vimos en los diarios fotos de personas arrojando objetos. Más triste aún, vimos como los jugadores de Boca demagógicamente saludaban a su hinchada en lugar de acompañar a los de River para evitar que fueran agredidos en la salida del campo de juego. Vimos indecisión en los responsables de la organización del evento, más preocupados en continuar el partido que en la salud de los afectados.

En la Argentina suceden estas cosas porque muchos dirigentes, que con frecuencia son a la vez líderes políticos, empresariales o sindicales tienen acuerdos con barrabravas para servir a sus fines, siempre económicos y de poder. Los barras son su fuerza de choque, que no sólo están a cargo de los bombos, los cantos y los trapos en los actos y partidos, sino que sirven para hacer amenazas y escraches, aprietes y palizas a jugadores, adversarios, funcionarios, periodistas o a quienes esos dirigentes les indiquen. Como pago, les dan entradas gratuitas, viajes a los partidos, dinero y carta libre para que en la semana muchos delincan; incluso nadie se escandaliza cuando los mismos dirigentes pagan abogados para sacarlos de alguna comisaría. Lo más grave no es que la sociedad enfrenta al crimen organizado, una forma de mafia enquistada en su médula, sino que las autoridades no la combaten porque no hay voluntad política. Sería para algunos escupir para el techo. Como decía Leonardo Da Vinci, “quien no castiga la violencia ordena que se haga”.

La frase esgrimida por algunos directivos “por 20 inadaptados no debe pagar toda la gente” debe ser erradicada por dos razones: no son “veinte” (son muchos más) y, más importante aún, porque habla de sus protegidos. El problema comienza por la cabeza, y la dirigencia del fútbol argentino tiene demasiadas cabezas podridas.

Argentina's River Plate footballers react after being pepper sprayed  by Boca Junior supporters before the start of the second half of the Copa Libertadores 2015 second leg football match at the
AFP PHOTO / JUAN MABROMATA

© Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados, a excepción de los derechos de la fotografía.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

AFP PHOTO / JUAN MABROMATA, tomada del sitio http://www.emol.com

EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS, Parte 1 (por Pablo R. Bedrossian)

Monumento a Jan Hus 04Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

El corazón de la Ciudad Vieja de Praga es su Plaza, llamada en checo Staromestské námestí. Es un amplio solar empedrado rodeado de edificios medievales, entre los que se destacan la Torre del Ayuntamiento y las agujas góticas de la Iglesia de Nuestra Señora de Tyn. Desde la Torre del Ayuntamiento se observa en el extremo izquierdo el único monumento que interrumpe la superficie plana de la plaza. Sobre un óvalo de piedra gris oscura se erige el grupo escultórico que tiene el color verde del cobre oxidado; entre todas sus figuras, una se levanta descollante: Es Jan Hus, el gran reformador checo, símbolo de integridad y valentía para su nación. De la Reforma, quizás muchos sólo recuerden los nombres de Lutero y Calvino, pero ante los desvíos de la Iglesia medieval la rebelión teológica tuvo también otros líderes que dieron la vida por lo que creían y predicaban.

Jan Hus nació alrededor de 1370, en Bohemia, hoy República Checa, que formaba parte del Sacro Imperio Romano Germánico. No provenía ni de la nobleza ni de la naciente burguesía, pues su padre era un campesino pobre que murió tempranamente. Sin embargo, pudo estudiar e ingresar a la Universidad de Praga, de la cual llegó a ser rector. En 1398 completó el bachillerato en Teología; dos años después fue ordenado sacerdote, y en 1402 comenzó a predicar en la Capilla de los Santos Inocentes de Belén, en Praga, donde, contraviniendo la tradición latina, predicaba en su lengua natal.

Un nacionalismo bohemio, netamente antigermánico, sirvió de contexto sociopolítico y dio cauce a sus ideas revolucionarias. Influido por las ideas de John Wycliff, el reformador radical inglés que había muerto pocos años antes, pedía someter toda creencia y conducta a la autoridad de la Biblia, las Sagradas Escrituras dadas por Dios a todo el pueblo y no sólo al clero. Juntamente con esta pretensión teológica, denunció la corrupción de Iglesia, su degradación moral y su desmedida ambición económica, cuyo ejemplo más notorio era la venta de indulgencias.

REFORMADOR, NO CISMÁTICO

Vista desde lo alto de la Torre del Ayuntamiento de Praga del monumento a Jan Hus
Vista desde lo alto de la Torre del Ayuntamiento de Praga del monumento a Jan Hus

Como muchos reformadores, Hus no quería cambiar de iglesia, sino que la iglesia cambie. Dice el historiador Justo L. González “Al mismo tiempo que predicaba contra los abusos que existían en la iglesia, Hus seguía sosteniendo las doctrinas generalmente aceptadas, y ni aún sus peores enemigos se atrevían a impugnar su vida o su ortodoxia. A diferencia de Wycliff, era en extremo afable, y grande el apoyo popular con que contaba”[1].  Pero sus críticas eran tan virulentas, que la colisión se hizo inevitable. Sostenía que un Papa indigno no debía ser obedecido, declarando que la autoridad definitiva era la Biblia.

Fue excomulgado dos veces. La primera fue en 1410 para acallarlo. A instancias del arzobispo de Praga, El Papa Alejandro V prohibió predicar fuera de las catedrales, monasterios e iglesias parroquiales; la Capilla de Belén, cuyo púlpito ocupaba Hus, quedaba fuera del ámbito establecido. No se detuvo, por lo que se lo consideró en desobediencia; su negativa a ir a Roma a dar cuenta de sus actos provocó su excomunión. Como si fueran las palabras que el personaje que interpreta Woody Allen pronuncia al final de “El Testaferro”, pareciera oírse a Hus decir “No reconozco la autoridad de este tribunal”.

El rey Wenceslao de Bohemia, para congraciarse con el Papa en la discutida sucesión del trono, prohibió que se siguiera criticando la venta de indulgencias, pero la posición de Hus ya era conocida y contó con la adhesión del pueblo que realizó airadas protestas. Por ello, en Roma lo tomaron por hereje,  y en 1412 fue excomulgado por segunda vez por el Papa Juan XXIII (no confundir con el Papa del mismo nombre que en el siglo XX convocó al Concilio Vaticano II). Hus nuevamente se rehusó a ir a Roma y se refugió en el sur de Bohemia donde continuó su ministerio reformador a través de sus escritos.

EL CONCILIO DE CONSTANZA

La Plaza de la Ciudad Vieja con el monumento de Jan Hus a la izquierda
La Plaza de la Ciudad Vieja con el monumento de Jan Hus a la izquierda

El movimiento conciliar, que había surgido como una reacción a las luchas intestinas por el Papado, era visto como un organismo reformador. Tenía la oportunidad de terminar con la explotación económica, la ostentación y la simonía que dejaban en evidencia la ruina moral en la que se encontraba la Iglesia. Por ello, cuando Hus se enteró que había sido convocado al Concilio de Constanza para exponer su defensa, decidió asistir, obteniendo un salvoconducto que le garantizaba su seguridad personal emitido por el rey Segismundo, que había sucedido a su hermano Wenceslao. No sabía que iba a una emboscada.

El Papa Juan XXIII Primero lo recibió cortésmente, pero días después, cuando Hus no accedió a presentar su alegato ante él, pues sólo reconocía la autoridad  del concilio, lo declaró hereje.  Lo sometió a una suerte de arresto domiciliario, que incluyó la reclusión forzosa en conventos.

Finalmente en 1415 Hus compareció en Constanza. El Papa Juan XXIII había sido arrestado, lo que suponía una ventaja para él. Sin embargo, lo que prometía ser un nuevo día de la Iglesia terminó siendo una caza de brujas. Lo llevaron a la asamblea encadenado. Se le acusó de hereje. Durante el “proceso”, cada vez que le señalaron sus supuestas herejías, Hus demostró ser perfectamente ortodoxo. Se le exigió retractarse y él insistía en que no podía retractarse de una doctrina en la cual nunca había creído. Incluso indicó que Juan XXIII, el Papa que lo había acusado de hereje, había sido condenado por el mismo Concilio que ahora lo juzgaba a él.

El rey Segismundo (en ese entonces, emperador) le retiró el salvoconducto. La tensión llego a su punto máximo cuando Hus declaró que, de no haber querido ir al Concilio, ni el Emperador lo hubiera podido obligar. Los acusadores se sirvieron de esa afirmación para ver en él la terquedad y la soberbia de un hereje. Le exigieron retractarse nuevamente de sus supuestas herejías a lo que respondió: “Apelo a Jesucristo, el único juez todopoderoso y totalmente justo. En sus manos pongo mi causa, puesto que Él ha de juzgar a cada cual, no en base a testigos falsos y concilios errados, sino a la justicia y la verdad”[2].

EL FINAL

Fue encarcelado. Días después fue llevado a la hoguera no sin ser sometido antes a una humillante parodia de su ministerio. En el camino, le mostraron cómo quemaban sus libros. Se le pidió por última vez que se retractara, a lo que volvió a negarse. Antes de morir oro diciendo “Señor Jesús, por ti sufro con paciencia esta muerte cruel. Te ruego que tengas misericordia de mis enemigos”.

Se cuenta que le dijo a su verdugo: “Vas a asar un ganso, pero dentro de un siglo te encontrarás con un cisne que no podrás asar”. Hus en checo significa ganso, y se les adjudicó valor profético a estas palabras cuando apareció en escena Martín Lutero, cuyo escudo de armas familiar tiene un cisne. Al enterarse el pueblo bohemio de su brutal asesinato, Hus se volvió un símbolo patrio, representando coraje e integridad. Murió cantando salmos.

En Praga me comentaron que Juan Pablo II pidió perdón por este infame homicidio perpetrado por la Iglesia Católica en el siglo XV. Sin embargo, las citas que he encontrado no son ni un pedido de perdón ni un signo de arrepentimiento, sino el reconocimiento de una injusticia, que se define como tal no por su naturaleza sino por la brutalidad del castigo: “Hus es una figura memorable por muchas razones, pero sobre todo su valentía moral ante las adversidades y la muerte… Siento el deber de expresar mi profunda pena por la cruel muerte infligida a Jan Hus y por la consiguiente herida, fuente de conflictos y divisiones, que se abrió de ese modo en la mente y en el corazón del pueblo bohemio”. Estas palabras, vertidas en 1999 durante un simposio dedicado en Roma a la memoria de este gran reformador, no dejan de ser un avance, pero creo que hubiera sido mucho más loable y, desde luego, más justo pedir perdón.

ACERCA DEL MONUMENTO A JAN HUS

Jan Hus, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, principal iglesia husita entre 1419 y 1421
Jan Hus, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, principal iglesia husita entre 1419 y 1421

El monumento a Jan Hus en la Plaza de la Ciudad Vieja fue diseñado por Ladislav Saloun. La primera fundamental se colocó en 1903. La magnífica obra se inauguró en 1915 para los 500 años de la muerte del héroe nacional. Las celebraciones fueron prohibidas pues las autoridades del Imperio Austro-Húngaro temían que exacerbaran el sentimiento nacionalista checo.

El monumento muestra a Jan Hus de pie, mirando hacia la Iglesia Nuestra Señora de Tyn, que fuera la principal iglesia husita entre 1419 y 1421. Hay dos grupos de figuras que lo acompañan. Vistos desde la Torre del Ayuntamiento, los guerreros husitas están a la izquierda y, recostados a la derecha, el pueblo husita forzado al exilio en 1620. Las inscripciones fueron agregadas en 1918, tras la creación de la Primera República de Checoslovaca y tienen palabras de Hus. Una de ellas, que se hace eco de textos bíblicos, dice “Ámense los unos a los otros y deseen la verdad para todos”

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] González, Justo L., “Historia del Cristianismo”, Ed.Unilit, 1994 Tomo I, p.512

[2] González, Justo L., Op. cit. p.516


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y a él pertenecen todos los derechos.