NOTRE-DAME TRES DÍAS ANTES DEL INCENDIO (por Pablo R. Bedrossian)

El viernes 12 de abril visitamos con mi esposa la Catedral de Notre-Dame. Tres días después, el lunes 15, mientras caminábamos por la avenida de Champs-Élysées divisamos una enorme nube de humo que venía del sudeste de la ciudad. En ese momento no imaginamos que la histórica iglesia estaba siendo consumida por el fuego.

La catedral de Notre-Dame comenzó a construirse en 1163, cuando el papa Alejandro III colocó su piedra fundamental. Ubicada en el corazón de l’île de la Cité, la isla más importante de París sobre el río Sena, tiene una notable arquitectura gótica. Se la reconoce fácilmente por sus torres simétricas de 69 metros de altura, erigidas a mediados del siglo XIII. El edificio fue terminado hacia 1330, con unos 130 metros de largo con altas paredes sostenidas por arbotantes a fin de reflejar la pequeñez del hombre frente a la majestuosidad divina.

Durante la visita aproveché para subir a las torres. Era mi tercera vez en Notre-Dame y la segunda en sus terrazas que, además de, ofrecer fantásticas panorámicas de la ciudad, permite observar de cerca las famosas gárgolas o más correctamente quimeras (del francés chimères), pues no son las típicas figuras utilizadas para disfrazar desagües. Se trata de verdaderas esculturas de aspecto monstruoso cuyo propósito primigenio era mantener alejados a los malos espíritus[1].

Subí más de 400 peldaños de una estrecha escalera en espiral. Desde lo alto se veía perfectamente una amplia zona en restauración, cubierta de estructuras metálicas, incluyendo la famosa aguja, una torrecilla en forma de flecha de 90 metros de altura, erigida por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX que colapsó durante el incendio.

Al llegar al nivel donde se encuentran las campanas, el guía, un tico llamado Juan Carlos, nos dijo:

“Aquí no hay conexiones eléctricas pues hay materiales altamente combustibles”.

“Pero mire allí -le dijo un turista señalando un tomacorrientes –; hay un enchufe colocado allí”.

Sin que ninguno de los dos se lo haya propuesto, había algo premonitorio en esa conversación.

Tras bajar, admiramos las imágenes labradas en la fachada e ingresamos al interior de la iglesia.

Los techos elevados, las anchas columnas interiores y la delicada luminosidad que se filtra por los vitrales crean una atmósfera de hondo recogimiento. Fiel al estilo medieval, cuenta con tres naves: la central está ocupada por los bancos para la feligresía, el altar y, detrás, el coro de madera, mientras que en las laterales, que se unen al fondo permitiendo rodear toda la iglesia, se abren numerosas capillas.

Hubo dos capillas que atrajeron mi atención. La primera es la dedicada al mártir chino del siglo XIX san Paul Chen. Toda una curiosidad ver en una catedral gótica imágenes con ideogramas.

La otra, la Capilla del Sagrado Sacramento, por sus extraordinarios vitrales.

No sabemos cuán grande ha sido la magnitud de los daños. Pero, más allá de las religiones y las teologías -quien escribe esta nota no es católico-, Notre-Dame es un símbolo de la cristiandad de Occidente, además de un ícono de la nación francesa y parte del Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO. Por eso presentamos algunos testimonios de lo que quizás se haya perdido para siempre.

LOS BAJORRELIEVES ALREDEDOR DEL CORO

El coro ubicado detrás del altar cuenta con una hermosa sillería. Sin embargo, en su pared exterior, llamada jubé, que mira al amplio pasillo que conforma junto a las capillas, se encuentran unos bajorrelieves de madera tallada que cuentan la historia de Jesús.

Fueron realizados a mitad del siglo XIV y están pintados a mano[2]. Definitivamente son mis favoritos.

LOS VITRALES

Según pudimos constatar al día siguiente, desde el lugar donde la policía nos permitió llegar (estaba acordonada toda la zona), en el incendio se dañaron algunos vitrales e incluso se perdió al menos un rosetón lateral.

Afortunadamente han sobrevivido los tres principales de 13 metros de diámetro. La extraordinaria vidriería es del siglo XIII pero fueron renovada en numerosas ocasiones[3].

LAS QUIMERAS O “GÁRGOLAS”

Como hemos dicho estas figuras que -aunque se atribuyen a
Eugène Viollet-le-Duc, el mismo autor de la aguja que cayó-, parecen surgidas de la imaginería medieval.

Se encuentran en las terrazas exteriores, muy cerca del lugar donde aparentemente se inició el incendio y parecen surgidas de alguna extraña mitología.

Notre-Dame ha sufrido un devastador incendio, pero esperamos que pueda recuperar la belleza perdida, no solo por lo que es sino por lo que representa no solo para el pueblo francés sino para el mundo entero, símbolo de arte, historia y fe.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS 1

Fotos del 16 de abril, día después del incendio. Como se observa el fuego se extendió en la zona donde se estaba trabajando.


BONUS 2

Fotos del 4 de mayo mostrando las obras en la Iglesia de Notre-Dame.


REFERENCIAS

[1] Según hemos leído las quimeras de Notre Dame no provienen del medioevo, sino que fueron agregadas por el arquitecto Eugène Viollet-le-Duc a mediados del siglo XIX.

[2] Si desea más Información, puede leerse un interesante artículo con amplia documentación histórica y fotográfica en https://aquicoral.blogspot.com/2017/03/notre-dame-de-paris-escultura-talla.html

[3] Del Ser, Guimar y Romero, Alejandro, Diario El País, Madrid, España, edición del 18/04/2019. Escriben“aunque los tres rosetones principales, de 13 metros de diámetro, no han sido destruidos, el fuego sí ha afectado a los de menor tamaño situados en el nivel de la cubierta calcinada”. La nota completa puede leerse en:
https://elpais.com/cultura/2019/04/16/actualidad/1555432161_255893.html


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

UN COMENTARIO A “EL LEGADO DE LA REFORMA”, DE CÉSAR VIDAL (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “LECTURA RECOMENDADA”

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Vivimos tiempos contradictorios, donde muchos supuestos beneficiarios de la Reforma están erigiendo una nueva Contrarreforma. Basta ver el regreso a las jerarquías eclesiásticas, que Lutero tanto combatió al predicar el sacerdocio universal de todos los creyentes, y la consiguiente predilección por títulos pomposos como los apostolados (cargo o función que ni siquiera los primeros seguidores de los apóstoles osaron tomar para sí), a lo que se añade la pretensión de autoridad y poder sobre otros hermanos. Incluso se utiliza la expresión “estar bajo cobertura” como si fuera bíblica, cuando no existe en el Nuevo Testamento. No se sorprenda: hay quienes predican la sujeción a un líder como signo de humildad y obediencia a Dios, cuando no es otra cosa que un intento de justificar el control y la manipulación.

Esta Contrarreforma, a la cual, desde luego, muchos cristianos e iglesias se oponen, también pregona una falsa promesa de prosperidad a cambio de diezmos y ofrendas, e incluso promueve “pactos” económicos vergonzosos. Dentro de este lamentable escenario se ha añadido una suerte de mediación entre Dios y los hombres, donde se “pasa” la “unción” y hasta con “doble porción”, sustituyendo la relación directa entre el hombre con Dios por alguien “ungido” para impartir esos “dones”.

Finalmente, y quizás la prueba más dramática de esta Contrarreforma en marcha, es la sustitución de la Biblia no ya por dogmas -aunque también los hay- sino por experiencias, que llevan a mover a las personas por emociones y no por la Palabra revelada en las Sagradas Escrituras.

Por eso, en tiempos donde los tataranietos de la Reforma se cruzan a la vereda de enfrente, a veces por ignorancia pero otras veces movidos por el poder y el dinero -males contra los cuales Lutero luchó-, “El Legado de la Reforma” del periodista e historiador César Vidal, es mucho más que una bocanada de aire fresco: Es la recuperación de una perspectiva que, al menos en los países latinos, parece olvidada o perdida.

EL LIBRO

Publicado por los 500 años de aquel día donde Lutero clavó sus 95 Tesis en Iglesia del Palacio de Wittenberg, “El Legado de la Reforma” es un estudio del mensaje que puso bajo tela de juicio la religiosidad dominante de su tiempo. Comienza con el análisis de sus causas, presenta los hechos y se concentra en sus consecuencias.

La obra consta de cuatro partes y un apéndice. La primera, titulada “La necesidad de la Reforma”, es un breve recorrido por la historia de la Iglesia Católica Romana donde pone al desnudo sus crisis, divisiones y urgencias hasta la época de Lutero.

La segunda parte, “Los orígenes de la Reforma” es una mirada al viaje espiritual del monje alemán devenido a teólogo. César Vidal reconstruye su biografía llegando hasta inmediatamente después de la famosa Dieta de Worms. En sección no solo incluye la famosa disputa sobre las indulgencias, sino que dedica varias páginas al descubrimiento bíblico que Lutero hizo de la justificación por la fe, de donde se derivan muchos de sus postulados. Allí, en algunos momentos, no se sabe si habla el apóstol Pablo, el reformador alemán o el escritor.

Al final de esta segunda parte, hay una somera descripción de otros movimientos reformadores surgidos en la misma época.

La tercera parte, “El legado espiritual de la Reforma” enfatiza la centralidad de la Biblia en el pensamiento de Lutero. Se ocupa de los principios sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo sobre los cuales el teólogo alemán fundamentó su reclamo de devolver la Biblia, el evangelio y a Cristo al pueblo, con un fuerte acento en la libertad que goza el cristiano cuya medida no es la religiosidad sino las verdades presentadas en el Nuevo Testamento.

La cuarta parte es “El legado cultural de la Reforma”. Esta extraordinaria sección es una exposición de las contribuciones que la Reforma hizo en campos como el trabajo, las finanzas, la educación, la ciencia, la Ley, la ética, la división de poderes, la libertad de conciencia, la ayuda social, la dignidad de la mujer y el arte. Dentro de esta sección, resulta aleccionador ver que las posiciones antijudías que Lutero mantuvo en la última parte de su vida fueron rechazadas y condenadas por sus seguidores, confirmando que en la nueva concepción de iglesia, ni teólogo alemán ni ningún otro sería un Papa evangélico ni tendría poder supremo. Se terminaba el autoritarismo para abrirse a una libertad que facilitara el diálogo y el debate para encontrar la verdad.

Finalmente, la obra incluye un apéndice con varios textos breves de Lutero y otros documentos de valor histórico.

EPÍLOGO

El “Legado de la Reforma” no es solamente un libro sobre el pasado, sino sobre el presente. En un tiempo donde la fe cristiana no católica se ve amenazada por una Contrarreforma interna que, como la establecida en el Concilio de Trento, se aleja de las Escrituras y construye un sistema de poder vertical al cual el creyente debe someterse, esta obra nos recuerda que el cambio comienza por principios no negociables: sola Escritura, sola gracia, sola fe y solo Cristo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.

LAS MEJORES OBRAS DE ARTE SOBRE LA CRUCIFIXIÓN, MUERTE Y RESURRECCIÓN DE JESUCRISTO (por Pablo R. Bedrossian)

Seguramente el título suena a exageración. Más bien debería hablar de mis obras de arte predilectas sobre el tema o mis recomendaciones, pero decidí dejar ese título no solo por el valor estético de las obras sino por su valor espiritual. Cuentan diferentes momentos de una misma historia desde una perspectiva singular; además, cada una de ellas es portadora de profundos significados. Te invito a descubrirlas.

1. “Jesús cargando la cruz” (entre 1515 y 1520) Maestro del Norte de Holanda, quizás de Leyden (fechas desconocidas), en el Szépművészeti Múzeum , Budapest, Hungría.

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El condenado era obligado a cargar con su cruz. Es muy probable que Jesús, luego de las torturas padecidas la noche previa, no pudiera soportarla. Tres de los evangelios cuentan de la ayuda que recibió: “Y llevándole, tomaron a cierto Simón de Cirene, que venía del campo, y le pusieron encima la cruz para que la llevase tras Jesús”[1]. En la obra vemos a Jesús llevando el travesaño y detrás de él a este Simón de Cirene, que luego probablemente pasó a formar parte de la iglesia primitiva, pues se dice que era “padre de Alejandro y de Rufo”[2], menciones que sugieren que eran reconocidos en el naciente pueblo cristiano.

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Esta obra constituye una novedad en el arte por intenso uso del color blanco con algunas tonalidades sobre un pequeño fondo negro, solo interrumpido por el color piel de cabezas y manos. Además, crea una suerte de trompe l’oeil a través de un marco que da sensación de tridimensionalidad. La ropa y el calzado, como los edificios del fondo, son de la época del artista.

La representación está idealizada. Jesús es castigado y escarnecido. Nos hubiéramos imaginado que para acentuar el contraste entre víctimas y victimarios se hubieran utilizado colores diferentes para unos y otros, pero parece que el autor se negó a ser tan obvio y puso en consideración un elemento diferente: resaltar que unos y otros comparten la misma humanidad; por lo tanto, es doblemente trágico que el hombre mismo destruya a su prójimo, sobre todo cuando ese prójimo es inocente.

2. “Cristo de San Juan de la Cruz” (1951) de Salvador Dalí (1904-1989), en el Museo Kelvingrove, Glasgow, Escocia

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951)

Salvador Dalí pintó repetidas veces la crucifixión desde su óptica surrealista. En este caso se inspiró en un dibujo místico de San Juan de la Cruz y en un sueño que, según él, sirvió de confirmación. Sin embargo, es la singular perspectiva de la obra y su perfecta ejecución lo que nos sorprende: Jesús colgado en la cruz es visto desde arriba, formando un triángulo con el travesaño lleno de luz. Aunque no se observan los ojos, la posición de la cabeza sugiere que el crucificado mira hacia abajo.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 02

Debajo hay un nuboso cielo dorado que refleja el resplandor que proviene de la cruz. Más abajo se observa un lago, una barca en la arena y dos pescadores, uno de ellos con una red.

El Cristo de San Juan de la Cruz - Salvador Dalí (1951) 03.png

La imagen no presenta un Cristo sufriente, sino, más bien, contemplativo. Su panorama no es un mundo en llamas sino una imagen apacible, que nos refiere inmediatamente a los inicios de su actividad pública en el lago de Galilea y a sus primeros discípulos: “Andando junto al mar de Galilea, vio a Simón y a Andrés su hermano, que echaban la red en el mar; porque eran pescadores. Y les dijo Jesús: Venid en pos de mí, y haré que seáis pescadores de hombres. Y dejando luego sus redes, le siguieron. Pasando de allí un poco más adelante, vio a Jacobo hijo de Zebedeo, y a Juan su hermano, también ellos en la barca, que remendaban las redes. Y luego los llamó; y dejando a su padre Zebedeo en la barca con los jornaleros, le siguieron[3].

Hay una invisible mirada de ternura en este Cristo de Dalí. El artista dijo acerca de su obra “Mi ambición estética en ese cuadro era la contraria a la de todos los Cristos pintados por la mayoría de los pintores modernos, que lo interpretaron en el sentido expresionista y contorsionista, provocando la emoción por medio de la fealdad. Mi principal preocupación era pintar a un Cristo bello como el mismo Dios que él encarna”[4].

3. “La crucifixión de Cristo” (cerca del 1500), de Lucas Cranach El Viejo (1472-1553), en el Museo Nacional de Bellas Artes, Buenos Aires, Argentina

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 02

Se ve a Jesús crucificado entre dos ladrones, tal como lo describen los cuatro evangelios. Leamos el que es considerado el más antiguo, el evangelio de Marcos “Era la hora tercera cuando le crucificaron. Y el título escrito de su causa era: El Rey de los Judíos. Crucificaron también con él a dos ladrones, uno a su derecha, y el otro a su izquierda”[5].

En el cuadrante inferior izquierdo se ve un grupo integrado por cinco mujeres y un joven al pie de la cruz.  Sin embargo, los evangelios de Mateo, Marcos y Lucas hablan que las mujeres que lo seguían desde Galilea se encontraban “mirando de lejos”[6]. El pintor las ubica allí basado en el relato del cuarto evangelio, atribuido a Juan: “Estaban junto a la cruz de Jesús su madre, y la hermana de su madre, María mujer de Cleofas, y María Magdalena. Cuando vio Jesús a su madre, y al discípulo a quien él amaba, que estaba presente, dijo a su madre: Mujer, he ahí tu hijo. Después dijo al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió en su casa”[7]. Justamente la tradición reconoce en el apóstol Juan al discípulo designado para cuidar a María.

Sin embargo, el personaje más llamativo de la obra es el jinete con armadura que monta un elegante caballo blanco. Representa al centurión, un extranjero que presenció la muerte de Jesús y que fue el primero en reconocer su divinidad. Escribe Marcos: “Y el centurión que estaba frente a él, viendo que después de clamar había expirado así, dijo: Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios”[8].

La crucifixión de Cristo (Lucas Cranach) 05

El hecho de verlo ataviado como un caballero medieval, tal como las mujeres con sus atuendos de época, no debe ser considerado un anacronismo. Más bien representa el drama de la cruz y su impacto en las personas en el presente del artista. Pareciera que el caballero de sombrero rojo y barba amarilla al levantar su mano derecha sigue declarando, pese al paso de los siglos, que Jesús es el Hijo de Dios, pero también lo muestra indiferente, eligiendo seguir su propio camino.

Lucas Cranach fue un pintor de la Reforma, que hizo otras composiciones sobre la crucifixión, manteniendo la idea original en la mitad superior de la pintura y alternando personajes en la mitad inferior.

4. “La Piedad” (1495), de Miguel Angel Buonarroti (entre 1498 y 1499) en la Basílica de San Pedro, Ciudad del Vaticano.

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La Piedad es una de las esculturas más conocidas y admiradas. Aun si no tocara un tema religioso, hubiera sido reconocida como una joya por su extraordinaria belleza y hondo sentimiento. Representa a María, joven y hermosa, rodeando con sus brazos el cuerpo inerte de su amado hijo Jesús, que yace sobre sus rodillas. A pesar de la dificultad que implica esculpir el mármol, los pliegues de la vestimenta son perfectos aunque el mayor atractivo es la expresión de silencioso dolor en el rostro de María.

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Pese a ser una magnífica composición, presenta una singular inconsistencia: Hasta donde sabemos, la madre de Jesús jamás entró en contacto con el cadáver de su hijo. Según los evangelios, “José de Arimatea, miembro noble del concilio… vino y entró osadamente a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Pilato se sorprendió de que ya hubiese muerto… dio el cuerpo a José, el cual compró una sábana, y quitándolo, lo envolvió en la sábana, y lo puso en un sepulcro que estaba cavado en una peña, e hizo rodar una piedra a la entrada del sepulcro. Y María Magdalena y María madre de José miraban dónde lo ponían” [9]. La representación tan popular de “La Piedad” no tiene asidero histórico. Sin embargo, la imagen revela cabalmente el amor y el dolor infinitos de una madre ante la pérdida de su hijo.

Se trata de la única escultura firmada por el propio Miguel Ángel, cuyo nombre puede leerse en la cinta que cruza el pecho de la Virgen.

5. “Cristo muerto” o “Lamentación sobre Cristo muerto” (realizada, según se estima, entre 1480 y 1490) de Andrea Mantegna, Pinacoteca de Brera, Milán, Italia.

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La escena muestra a Jesús muerto, yaciendo sobre una losa de mármol, con la cabeza inclinada e inmóvil, apoyada sobre un almohadón. Tiene los cabellos largos, bigotes y una barba incipiente. La representación produce un profundo impacto emocional debido en parte a la técnica del escorzo: el uso de una figura situada en forma oblicua o perpendicular al plano sobre el que se pinta. Esta magnífica aplicación de la perspectiva nos acerca a un Cristo, cuya presencia perdura a pesar de su muerte.

Hay un intenso contraste de luces y sombras en el que resalta la blanca palidez de Jesús y el llanto de los presentes a la derecha del muerto: María, su madre, Juan, el discípulo amado, y otra figura que apenas atisba por detrás de María; probablemente se trate María Magdalena. El cuerpo de Jesús de la cintura hacia arriba está desnudo, mientras que de la cintura para abajo está cubierto por una sábana cuyos magníficos pliegues acentúan la sensación de cercanía y realidad.

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La escena es una creación del pintor y no tiene fundamento bíblico. Ya hemos comentado que el cadáver de Jesús fue entregado a un discípulo secreto de Jesús, José de Arimatea, miembro del tribunal supremo de los judíos, el Sanedrín. En los evangelios, las mujeres son descritas como testigos de la sepultura: “Había un varón llamado José, de Arimatea, ciudad de Judea, el cual era miembro del concilio, varón bueno y justo. Este… fue a Pilato, y pidió el cuerpo de Jesús. Y quitándolo, lo envolvió en una sábana, y lo puso en un sepulcro abierto en una peña, en el cual aún no se había puesto a nadie… Y las mujeres que habían venido con él desde Galilea, siguieron también, y vieron el sepulcro, y cómo fue puesto su cuerpo. Y vueltas, prepararon especias aromáticas y ungüentos; y descansaron el día de reposo conforme al mandamiento”[10].

Más allá del efecto visual, quizás el mayor aporte de esta obra sea mostrar la humanidad de Cristo sin simbolismos, representando quizás lo que dice el apóstol Pedro “Porque también Cristo padeció una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, para llevarnos a Dios, siendo a la verdad muerto en la carne, pero vivificado en espíritu”[11].

6. “Cristo descendiendo a los infiernos” (1491), de Giovanni de Benvenuto (1436-1518), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos

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El título original de esta obra es “Cristo en el limbo”. El limbo al que se refiere la pintura no es el lugar a dónde, según la según una creencia popular católica[12], van los niños sin bautizar (una entelequia que contradice la afirmación de Jesús que “de los niños es el reino de los cielos”[13]), sino al “limbo de los justos o de los patriarcas”, un lugar misterioso al que hace referencia la 1ª Carta de san Pedro donde estaban cautivos los patriarcas del Antiguo Testamento, que murieron antes de Jesús. Dice el texto que Cristo muerto en la carne, pero vivificado en espíritu; en el cual también fue y predicó a los espíritus encarcelados, los que en otro tiempo desobedecieron”[14].

Aunque no forma parte del Credo Niceno (año 325) esta idea fue incluso incorporada al Credo de los Apóstoles, formado probablemente en el siglo V en la Galia, cuando dice “Padeció bajo el poder de Poncio Pilato, fue crucificado, muerto y sepultado, descendió a los infiernos, al tercer día resucitó entre los muertos, subió a los cielos y está sentado a la derecha de Dios Padre, Todopoderoso”.

Esta pintura describe el descenso de Cristo al “limbo de los patriarcas” según la imaginería popular. Jesús sostiene a la izquierda la mano de un hombre barbudo que representa a Adán. A su lado está Eva. Detrás de ellos muchos hombres, casi todos con curiosos sombreros y rostros desfallecientes que contemplan a Jesús que acaba de derribar las puertas del infierno aplastando al demonio que se encuentra debajo.

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Además de la originalidad del tema, poco tratado en el arte, hay algunos detalles llamativos en la obra que vale la pena señalar. El primero es el tratamiento de los rostros como caricaturas, en particular los de Adán y Eva, algo ajeno a la época. Obsérvese el rostro de Adán. Podría ser un gnomo o uno de los enanitos de Blancanieves. El artista se anticipa a su época. El segundo es el tratamiento visual de la obra: Jesús aparece de espaldas y apenas se ve el perfil de su rostro. El foco está en las personas necesitadas y vencidas. La fuerza está, sin embargo, en los delgados y alargados brazos salvadores de Jesús, que aferran a los sufrientes a fin de rescatarlos.

7. “Cristo resucitado de la tumba” (cerca del 1490), de Ambrogio  da Fossano, más conocido como Bergognone (1453-1523), en la National Gallery, Washington, Estados Unidos 

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El Jesús resucitado de Bergognone es un Cristo victorioso, cercano al pantokrator (“Señor sobre todo”). Detrás tiene un halo dorado que resalta su gloria y contrasta con la blancura del cuerpo y la ropa, solo interrumpida por la herida en el pecho, mencionada en el evangelio de Juan: “Mas cuando llegaron a Jesús, como le vieron ya muerto, no le quebraron las piernas. Pero uno de los soldados le abrió el costado con una lanza, y al instante salió sangre y agua. Y el que lo vio da testimonio, y su testimonio es verdadero; y él sabe que dice verdad, para que vosotros también creáis”[15].

Tiene su mano derecha abierta, mostrando la marca dejada por un clavo de la cruz; en la izquierda sostiene un mástil rojo coronado por una bandera blanca con una cruz roja que simboliza su triunfo sobre la muerte[16].

Es llamativa la posición del cuerpo, con la pierna flexionada mostrando a Jesús de pie, pero como a punto de dar un salto: verdaderamente ha resucitado[17].

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El rostro de Jesús tiene aspecto europeo, siguiendo el arquetipo elegido por los artistas del medioevo; el pelo cae sobre los hombros, la barba y las cejas están perfectamente recortadas. La mirada de Jesús apunta al cielo, como si esperara que Dios confirmara su aprobación por la obediencia mostrada.

Las Sagradas Escrituras dicen que la sábana mortuoria había quedado en el sepulcro: “Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó”[18]. Sin embargo, Jesús en la Pintura parece salir de la tumba vestido. Esta es una licencia del artista para evitar mostrar a Jesús desnudo.

8. “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección” (1898) de Eugène Burnand, (1850-1921), en el Musée d’Orsay, París, Francia.

Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro ( Eugène Burnand) 01

Esta obra es fascinante porque aunque no muestra ninguna imagen de Jesús, describe el efecto de su resurrección. Recoge el antiguo relato del evangelio de Juan: “El primer día de la semana, María Magdalena fue de mañana, siendo aún oscuro, al sepulcro; y vio quitada la piedra del sepulcro. Entonces corrió, y fue a Simón Pedro y al otro discípulo, aquel al que amaba Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor, y no sabemos dónde le han puesto. Y salieron Pedro y el otro discípulo, y fueron al sepulcro. Corrían los dos juntos; pero el otro discípulo corrió más aprisa que Pedro, y llegó primero al sepulcro. Y bajándose a mirar, vio los lienzos puestos allí, pero no entró. Luego llegó Simón Pedro tras él, y entró en el sepulcro, y vio los lienzos puestos allí, y el sudario, que había estado sobre la cabeza de Jesús, no puesto con los lienzos, sino enrollado en un lugar aparte. Entonces entró también el otro discípulo, que había venido primero al sepulcro; y vio, y creyó.”[19].

El pintor suizo Eugène Burnand era un hombre de profundas convicciones cristianas. De activa fe protestante, se propuso recrear este pasaje bíblico a través de una composición naturalista. El naturalismo era una escuela surgida en Francia durante el siglo XIX que procuraba reflejar la realidad tal como era, renunciando a la perfección y a la exageración dramática. El cuadro retrata el momento en que “Pedro y el otro discípulo”, identificado con Juan, “corrían los dos juntos”. Los rostros de aspecto casi fotográfico transmiten incertidumbre y sorpresa; preocupación, pero también un rayo de esperanza.

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Los cabellos sacudidos por el viento, los cuerpos inclinados hacia adelante y las expresiones de las manos refuerzan esa impresión, bajo un cielo nublado con tonos ocres que resaltan las figuras de los discípulos.

No en vano el artista pinta rostros contemporáneos y los muestra en ansioso movimiento. De algún modo representan al hombre de hoy con sus preguntas, si creer o no creer en alguien superior que no vemos a través de cosas que no entendemos. Nada peor que la resignación o la indiferencia. La búsqueda de un Dios vivo es el principio del encuentro con Él. No hace falta verlo, como a Juan no le fue necesario encontrarse con el Cristo resucitado. El cuadro nos habla de fe. El artista, como nosotros, sabía que la historia terminaba con la frase “y vio, y creyó”.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


NOTA:

El autor de esta nota ha visto personalmente casi todas estas obras a excepción de dos, que conoce a través de libros de Historia del Arte: “Cristo de San Juan de la Cruz” de Salvador Dalí y “Lamentación sobre Cristo muerto” de Andrea Mantegna. De todas, su favorita es “Los discípulos Pedro y Juan corren al sepulcro en la mañana de resurrección”, de Eugène Burnand cuya imagen contempló por primera vez en un libro durante su niñez.


REFERENCIAS

[1] Evangelio según Lucas 23:26

[2] Evangelio según Marcos 15:21

[3] Evangelio según Marcos 1:16-20

[4] The Scottish Art Review, Vol.IV No.2. Summer 1952, “Dali”

[5] Evangelio según san Marcos 15:25-27

[6] Evangelio según san Marcos 15:40-41

[7] Evangelio según san Juan 19:25-27

[8] Evangelio según san Marcos 15:40

[9] Evangelio según Marcos 15:43-47

[10] Evangelio según Lucas 23:50-56

[11] 1ª Carta de Pedro 3:18

[12] Para la Iglesia Católica Apostólica Romana, el limbo no es una verdad dogmática, sino una hipótesis teológica

[13] Evangelio según Mateo 19:14

[14] 1ª Carta de Pedro 3:18b-19

[15] Evangelio según Juan 19:33-35

[16] Letellier, Robert Ignatius y Janet Mellor “The Bible and Art: Exploring the Covenant of God’s Love in Word and Image”, Cambridge Scholars Publishing, Newcastle upon Tyne, Inglaterra, 2016, p.88

[17] Evangelio según Lucas 24:34

[18] Evangelio según Juan 20:6-8

[19] Evangelio de Juan 20:1-8


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos son de dominio público.

CONGREGACIÓN EVANGÉLICA ALEMANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CONGREGACIÓN EVANGÉLICA ALEMANA DE BUENOS AIRES, Esmeralda 162, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Entre los muchos atractivos arquitectónicos, Buenos Aires tiene una multitud de iglesias, cada una con su propia identidad. Desde Retiro hasta San Telmo hay templos cristianos no católicos, en su mayoría de origen étnico, que revisten un interés especial pues conjugan historia, arte y fe. Este artículo habla de uno de ellos, conocido como la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires o simplemente la Iglesia Alemana.

DSC06021Estuve dentro de ese templo por primera vez en 1976. Tenía 17 años. Era una boda a la que estaban invitados mis padres y, sin dudarlo, me colé. Quedé admirado por la belleza de un ambiente luminoso y reverente y por el sonido de su órgano a tubos, que es una joya centenaria. Volví en 2018, de visita por Buenos Aires, en la famosa Noche de los Templos, para sentir esta vez una sensación de recogimiento y calidez.

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LOS PRIMEROS EVANGÉLICOS ALEMANES EN BUENOS AIRES

Los evangélicos alemanes en Buenos Aires son mencionados por primera vez en 1821, debido a la fundación del Primer Cementerio de Disidentes de la ciudad, autorizado por el Gobernador de la Provincia de Buenos Aires, don Martín Rodríguez. Estaba ubicado en un terreno vecino a la Iglesia del Socorro (ubicada en la actual esquina de Juncal y Suipacha), cuyo costo fue pagado por miembros de las comunidades inglesa, norteamericana y alemana. Ante la falta de espacio, en 1833 el gobernador don Juan Manuel de Rosas autorizó la compra de un predio ubicado en Balvanera, sobre la actual plaza 1º de Mayo. Allí la comunidad británica levantó el Segundo Cementerio de Disidentes, y luego vendió una parte a la comunidad norteamericana y otra a la alemana, que tuvo su propio German Ground, que daba a la calle Alsina, en aquel entonces denominada Potosí.

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LA SITUACIÓN EN EUROPA Y EL SURGIMIENTO DE ALEMANIA

En 1806, a raíz de las guerras napoleónicas, se había disuelto el Sacro Imperio Romano Germánico. De los doscientos cincuenta estados que lo habían compuesto, sólo dos se destacaban: la Austria Católica de los Habsburgo -que designaba el emperador- y la Prusia protestante, con amplios territorios en las actuales Polonia y Alemania, donde se encontraban la mayoría de los estados pequeños. Tras la caída de Napoleón, Prusia se convirtió en el más poderoso de los treinta y nueve estados independientes que fundaron la Confederación Alemana. Para ese entonces los Habsburgo habían establecido el Imperio Austro Húngaro y los movimientos nacionales, como el alemán, representaban para ellos una amenaza[1].

LA PRIMERA IGLESIA EVANGÉLICA ALEMANA EN ARGENTINA

Entre los inmigrantes más influyentes que contribuyeron a conformar la Iglesia Evangélica Alemana en Argentina se mencionan a los empresarios J. C. Zimmermann, llegado en 1817 y Friedrich Schmaling, llegado en 1825, provenientes de Hamburgo, y a Claus Stegmann y Franz Halbach, arribados a Buenos Aires en la época de Rosas[2]. Si bien contar con un cementerio había sido un avance, los inmigrantes alemanes -por aquel tiempo unos seiscientos- sufrían por no poder tener su propia iglesia y también por no poderle brindar a sus hijos la formación religiosa que deseaban. Un comerciante de Bremen, G. CH. Deetjen y la Sra. Keppel fundaron una escuela dominical; allí los niños aprendían alemán y recibían clases bíblicas bajo la doctrina evangélica[3].

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A mediados de 1842, a iniciativa de G.CH. Deetjen, una asamblea de alemanes evangélicos de Buenos Aires pidió el envío de un religioso a su país de origen. Un año después la Iglesia Regional de Prusia envió al pastor Ludwig August Siegel para organizar la primera congregación alemana en Argentina.

El 10 de septiembre de 1843 se llevó a cabo el primer culto evangélico en idioma alemán en tierra criolla. El reconocimiento estatal se recibió el 18 de octubre de 1843[4], por lo que, desde entonces, se considera el día de fundación de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires.

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Los cultos inicialmente se llevaron a cabo en el edificio de la hermana Iglesia Anglicana de San Juan de la calle 25 de mayo, y desde septiembre de 1844 en locales alquilados que luego fueron adquiridos por la comunidad. La casa pastoral, ubicada en la calle Perú[5], se convirtió en sede de la Escuela Evangélica Alemana, a donde comenzaron a llegar maestros enviados especialmente desde Alemania.

La congregación sintió la necesidad de contar con su propio templo. Con gran esfuerzo adquirió el terreno de la calle Esmeralda 162. Sin embargo, para construir un edificio religioso era necesario la autorización del Gobernador Juan Manuel de Rosas. Manuelita, la hija del brigadier, intercedió por la congregación alemana. El permiso llegó luego de cinco meses de negociaciones; la única condición impuesta fue que la iglesia no tuviera campanario[6].

EL TEMPLO

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El 13 de octubre de 1851 se colocó la piedra fundamental para la primera Iglesia Evangélica Alemana de Buenos Aires en la calle Esmeralda 162. Fue diseñada en estilo gótico y se inauguró el 11 de febrero de 1853, poco antes de la sanción de la Constitución Nacional argentina. Se trataba de un sobrio templo de una nave con techo a dos aguas. Sin embargo, la fachada, que impacta por su magnífica altura, ofrecía interesantes elementos arquitectónicos, algunos de los cuales se conservan del proyecto original: dos torrecillas góticas a ambos lados, un balcón (que perdió las almenas originales) con dos agujas góticas en sus extremos, un pórtico ojival y otro arco ojival al fondo del balcón que servía de vidriera para iluminar el interior.

Los muros del edificio estaban separados de las medianeras de los edificios vecinos. El esquema preliminar dibujado a mano por Edward Taylor, el arquitecto, no tenía balcón y sólo un rosetón en el frente[7].

Esquema preliminar de Taylor (A. de Paula 1963).jpg

EL ARQUITECTO

Edward Taylor (1801-1868), había nacido en Inglaterra y fallecido en Argentina. Este arquitecto arribó a Buenos Aires en 1824 y desde su misma llegada diseñó y construyó interesantes edificios. Entre sus obras se destacan la Aduana Nueva (demolida en 1894 para levantar el primitivo Puerto Madero) y el Club del Progreso (un palazzo italianizante lamentablemente demolido en 1971). Además de la Iglesia Evangélica Alemana construyó la Iglesia Presbiteriana Escocesa de San Juan en Florencio Varela (1853), la Iglesia Católica parroquial de la ciudad de Tandil y la Iglesia Nuestra Señora del Carmen, de la ciudad de Lobos, en la Provincia de Buenos Aires. Posteriormente hizo importantes obras en Asunción, Paraguay, entre ellas el Palacio de Gobierno y la primera estación de ferrocarril de América del Sur; sin embargo, por razones que desconocemos fue encarcelado. Liberado en 1867, regresó a Buenos Aires donde murió el año siguiente[8] .

Posible proyecto original de Taylor (A. de Paula 1963).jpg

LA INAUGURACIÓN

La ceremonia inaugural comenzó con el ingreso del pastor Siegel y miembros del presbiterio acompañados por acordes del primer órgano. Dos niños llevaron la cruz, los candelabros y el cáliz y plato para la Santa Cena. Según la publicación parroquial “Tu Lámpara”, editada en el 150º aniversario de la fecha, se procedió a la bendición del templo ante “un fervoroso público, entre banderas y flores”.

REMODELACIONES AL EDIFICIO

Entre 1922 y 1923 el edificio fue remodelado bajo la dirección del arquitecto Federico Laas. Al fondo, la vieja casa pastoral, la escuela que allí funcionaba y el aljibe fueron reemplazados por una vivienda, una amplio salón parroquial y oficinas.

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DSC06918.JPGAl año siguiente se amplió el templo, se corrió el muro posterior y se cubrieron los laterales hasta las medianeras vecinas. Por dentro el templo sufrió varias modificaciones. El techo original fue reemplazado y hoy se destacan los bancos, dos palcos laterales al frente y un púlpito todos de madera.

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EL ÓRGANO DE TUBOS 

El órgano actual fue construido en 1911 e instalado en 1912 por la empresa alemana E.F. Walcker de Ludwigsburg, que había construido el órgano de la Catedral Metropolitana en 1871. Su sistema original era tubular-neumático y tenía la consola en el centro.

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Tras 80 años sin reformas, en 1991 el órgano fue restaurado por los técnicos Carlos Amadini y Juan Weinhold, quienes lo convirtieron al sistema electro-neumático actual[9]. Ocupa una suerte gran balcón posterior revestido en madera. Está protegido por la Ley 1227 de 2013 como Patrimonio Cultural de la Ciudad de Buenos Aires.

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LA IGLESIA Y SU FE

En cuanto a la organización de la iglesia como comunidad de fieles, los primeros estatutos fueron aprobados el 5 de septiembre de 1847. A partir de esa fecha han sufrido varias actualizaciones y reformas. Hoy constituye la Parroquia Centro de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires, que engloba también a otras parroquias evangélicas surgidas por llegada de inmigrantes evangélicos protestantes de países europeos de habla alemana (alemanes, suizos, austriacos y rusos) que querían vivir y compartir su fe evangélica “que se nutre de la tradición luterana (herederos de Martín Lutero) y reformada (herederos de Juan Calvino)… Como Iglesia heredera de la Reforma, somos una comunidad centrada en la predicación de La Palabra y en la búsqueda de vivirla efectivamente en la vida cotidiana, con nuestro testimonio de amor, expresado con las manos en obras de servicio cristiano”[10].

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LAZOS CON ALEMANIA

En 1899 conformó en Buenos Aires el Sínodo Evangélico Alemán del Río de la Plata, con la presencia de evangélicos alemanes de Argentina, Uruguay y Paraguay. En 1934 el Sínodo se afilió a la Iglesia Evangélica Alemana, que en 1945 pasó a llamarse Iglesia Evangélica en Alemania, más conocida por su sigla EKD. Después de la 2ª Guerra Mundial las iglesias rioplatenses optaron por una mayor autonomía, preservando los lazos fraternales con la EKD, y adoptando su nombre actual: Iglesia Evangélica del Río de la Plata (IERP).

CURIOSIDADES

Intercesor: Franz Hallbach, que acompañó al pastor Siegel a hablar con Manuelita Rosas para obtener el permiso de construcción del templo, era cuñado de J. C. Zimmermann, el primer evangélico alemán residente en Buenos Aires del que tenemos conocimiento, quien se instaló a la edad de 28 años con la firma Zimmermann, Lynch y Co[11]. J.C. Zimmermann había estado previamente dos veces antes de paso por Buenos Aires.

Cultos en francés: El suizo Pablo Besson, invitado como pastor por un grupo de evangélicos de habla francesa en Buenos Aires, predicaba en esa lengua en el templo de Esmeralda 162, pues allí celebró ese grupo sus primeros cultos. Besson, ardiente defensor de la libertad de conciencia, es considerado el precursor de los bautistas en Argentina.

Donación real: Para la compra del terreno, los alemanes porteños recaudaron fondos organizando actividades en Buenos Aires, tales como conciertos y colectas). Su esfuerzo se vio acompañado de una donación de Federico Guillermo IV, en aquel momento rey de Prusia, nación que años después se convertiría en la Alemania moderna.

Nazis y judíos: Quizás su recuerdo más triste es el bautismo infantil en 1895 de Walther Darré[12] en esta iglesia. Criado en el barrio de Belgrano, en su adolescencia regresó a Europa, donde desempeñó posteriormente como Ministro de Agricultura del autodenominado Tercer Reich; además, fue considerado uno de los dos teóricos más importantes en el adoctrinamiento del nacionalsocialismo[13]. Una extraordinaria paradoja es que la boda por la cual conocí este templo era la de un joven cuyo padre era pastor judío mesiánico. Este sabio hombre de fe, don Víctor Sedaca, eligió para la boda de su hijo la iglesia en la cual se bautizó un genocida de su pueblo, mostrando y demostrando una admirable grandeza de espíritu.

Liderazgo: El pastor Siegel (1812-1883) fue uno de esos hombres que sirvió a su patria, la incipiente Alemania, fuera de ella, pero también sirvió a la Argentina, como ministro religioso, educador y líder comunitario. Tras once años de incansable labor, en 1854 regresó a Alemania a continuar su labor pastoral. Entre los muchos testimonios de gratitud hacia él, hay uno que muestra que su visión del evangelio no admitía fronteras: sirvió entre 1850 y 1851 en la Iglesia Presbiteriana Escocesa, reunida en el templo de la calle Piedras -demolido décadas después para la ampliación de la Avenida de Mayo-, donde recibió antes de su partida una calurosa despedida[14].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schwanitz, Dietrich, “La cultura todo lo que hay que saber”, Eichborn AG, Frankfurt am Main, 1999, Taurus, Buenos Aires, Argentina, 2002, p.159-165

[2] Harteneck, Helga, “La primera inmigración protestante”, Revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina Nº 413, diciembre de 2001, p.20

[3] Harteneck, Helga, Op. cit. p.21

[4] Esta fecha es provista por la propia página De la Congregación Evangélica Alemana de Buenos Aires, http://www.ceaba.org.ar/quienes-somos-historia.php, en cambio Helga Harteneck en la obra citada fija como fecha del reconocimiento oficial el 10 de septiembre de 1843 agregando “por ello se considera esa fecha como el día de la constitución de la Congregación Evangélica Alemana en Buenos Aires”.

[5] Según Marcos Gabriel Vanzini, el lugar quedaba muy cerca, quizás otra entrada de la misma casa (desconocemos el sistema de numeración de calles de aquella época) en la calle Restaurador Rosas 91 (actual calle Moreno).  “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2011, p.192

[6] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.112-113

[7] Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868)”, Olmo Ediciones, 2010, p.65

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo s/z, 2004, p.97

[9] http://pipeorgans.flavam.com/cealehistor.html

[10] http://www.ceaba.org.ar/quienes-somos-presente.php

[11] http://www.genealogiafamiliar.net/getperson.php?personID=I40835&tree=BVCZ

[12] El nombre complete era Ricardo Walther Oscar Darré

[13] Lanata, Jorge, “Argentinos, Tomo 2 Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa”, Ediciones B, Grupo Z., 2003, p.52

[14] Granados, José Jerónimo, “August Ludwig Siegel”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.193


AGRADECIMIENTO

Agradezco muy especialmente a Marta Jaimón Sedaca por la foto de la boda en la cual me colé. Aún me hace sonreír el recuerdo de sus muchas tías saludándome en la fiesta “¿Cómo estás, colado?”. Gracias a vos, Marta, y a Jorge por el cariño de siempre.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotos fueron tomadas por el autor y a él le pertenecen todos sus derechos, a excepción de las correspondientes a:

  • Los dibujos del templo, tomados de Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868)”, Olmo Ediciones, 2010
  • La imagen antigua del órgano, tomada de un viejo folleto de la casa Walcker en http://pipeorgans.flavam.com/cealehistor.html, cuyos autores son Rafael Ferreyra y David Merello.
  • La foto de la boda Sedaca-Jaimón, cedida amablemente por Marta Jaimón Sedaca.

BIBLIOGRAFÍA

Alfonsín, Jorge, “Cementerios de disidentes protestantes en la ciudad de Buenos Aires”, Junta de Estudios Históricos del Barrio de Villa Ortuzar, 1996

Bianchi, Susana, “Historia de las religiones en la Argentina: Las minorías religiosas”, Sudamericana, Buenos Aires, Argentina, 2004

Harteneck, Helga, “La primera inmigración protestante”, Revista Todo es Historia, Buenos Aires, Argentina Nº 413, diciembre de 2001

Lanata, Jorge, “Argentinos, Tomo 2 Siglo XX: desde Yrigoyen hasta la caída de De la Rúa”, Ediciones B, Grupo Z., 2003

Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo s/z, 2004

Russo Bernagozzi, Claudia, “Guía de Lugares de Culto de la Ciudad de Buenos Aires Tomo 1”, Dirección General de Cultos, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 2013

Schávelzon, Daniel, “Haciendo un mundo moderno – La arquitectura de Edward Taylor (1801-1868), Olmo Ediciones, 2010

Schwanitz, Dietrich, “La cultura todo lo que hay que saber”, Eichborn AG, Frankfurt am Main, 1999, Taurus, Buenos Aires, Argentina, 2002

Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Ed., 2011,

Vanzini, Marcos Gabriel y otros, “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012

 

MARTÍN LUTERO Y LA REFORMA – PARTE 3: CAMINO SIN RETORNO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

Luego de su negativa a retractarse en la Dieta de Worms, nada fue fácil para Lutero. A pesar del salvoconducto en su favor emitido por el emperador, su vida corría peligro. Había un famoso precedente: un siglo atrás Jan Hus había pagado con la muerte la defensa de sus ideas, pues el documento imperial que garantizaba su seguridad había sido ignorado.

Confesión de Augsburgo

Inmediatamente terminada la defensa de Lutero en la dieta de Worms, el emperador Carlos V, que presidía la asamblea, formuló una severa declaración:

“Gran vergüenza y afrenta nuestra es que un sólo fraile (Lutero) contra Dios, errado en su opinión contra toda la Cristiandad… nos quiera pervertir y hacer conocer, según su opinión, que toda la dicha Cristiandad habría estado a todas horas en error. Por lo cual, yo estoy determinado de emplear mis reinos y señoríos, mis amigos, mi cuerpo, mi sangre, mi vida y mi alma… Yo os digo, que me arrepiento de haber tanto dilatado de proceder contra el dicho Lutero y su falsa doctrina”[1].

El 8 de mayo de 1521, diecinueve días después de la declaración, el mismo emperador promulgó el Edicto de Worms donde afirmaba que Martín Lutero “no es un hombre sino un demonio en la apariencia de un hombre, vestido con hábitos religiosos para estar en mejores condiciones de engañar a la humanidad”[2].

En el mismo texto, Carlos V describe su proceder contra el alemán:

“Le dimos a Lutero un plazo de tres días para que se arrepintiera. Durante ese tiempo, dos electores, dos obispos, dos príncipes y dos diputados de nuestras ciudades se reunieron aquí en nombre de todos los estados y tuvieron a Lutero presente para ser informado de nuestros remedios y de la manera y el tipo de castigo con que procedería contra él si no se arrepentía”[3].

La intimidación no tuvo ningún efecto en aquel monje agustino devenido en reformador, que temía más a Dios que a los hombres. En efecto, el Edicto de Worms lo declaró hereje, prohibió la difusión de sus libros y de aquellos que, escritos por otros autores, difundieran su doctrina; el texto detallaba los gravísimos castigos para quienes violaran el edicto, y autorizaba el arresto de Lutero y de cualquiera de sus seguidores. En caso de lograrlo, la hoguera sería su previsible destino.

La intimidación del emperador no tuvo ningún efecto sobre Lutero, pues temía más a Dios que a los hombres.

EXILIO FORZOSO

Lutero como Junker-Jörg (1521-22)Sin embargo, la orden de captura imperial llegó tarde. Lutero evitó ser detenido en Worms gracias al salvoconducto emitido antes de la dieta por el propio Carlos V. Su protector, Federico El sabio, urdió una estrategia para resguardarlo: nada menos que el secuestro del teólogo alemán. Fue trasladado al Castillo de Wartburg, donde residió bajo el seudónimo de “caballero Jorge” (Junker Jörg) durante casi un año. Para preservar su identidad se dejó crecer la barba. En ese periodo se dedicó a escribir; pero su labor más importante fue la traducción de la Biblia al alemán, finalizada varios años después de ese exilio forzado. Se dice, no sin razón, que la Biblia de Lutero dio identidad propia a la nación alemana.

Durante sus meses en Wartburg, sus colaboradores continuaron la obra reformadora que adquirió un extraordinario dinamismo. Carlos V estaba ocupado con problemas políticos entre España y Francia, y el Edicto de Worms había pasado a un segundo plano en la agenda imperial. La llegada de tres autodenominados profetas que venían de la vecina ciudad de Zwickau impulsó a Lutero a regresar a Wittenberg para aclarar la situación.

Durante su exilio forzado su labor más importante fue la traducción de la Biblia al alemán. Se sostiene que la Biblia de Lutero dio identidad propia a la nación alemana.

Las consecuencias del movimiento reformador fueron múltiples. Por ejemplo, en las misas el latín fue reemplazado por el alemán, se abolieron las misas por los muertos, muchos monjes y monjas abandonaron los conventos y contrajeron matrimonio. Incluso se permitió a los laicos participar del vino de la eucaristía. Algunos fueron extremistas, destruyendo imágenes de santos; Lutero les pidió moderación.

LUTERO Y SU LIDERAZGO EN ALEMANIA

No es motivo de esta nota analizar la posición de Lutero en cuestiones de política interna de su nación, que aún era un conjunto de reinos dispersos bajo la sombrilla del Sacro Imperio Románico Germánico. Sin embargo, es necesario señalar que se volvió altamente influyente, adquiriendo un grado de exposición pública que lo hacía a la vez poderoso y vulnerable[4]. Al respecto, vale la pena mencionar tres hechos relevantes.

Lutero se volvió altamente influyente, adquiriendo un grado de exposición pública que lo hacía a la vez poderoso y vulnerable.

El primero fue la sublevación de la baja nobleza. Eran caballeros empobrecidos que culpaban a Roma por su situación. Por ello, veían en la doctrina luterana no sólo una verdad religiosa sino la legitimación de sus reclamos. En 1522 y 1523 quisieron imponer sus reivindicaciones por las armas y fueron aplastados por los príncipes quienes se apropiaron de las pocas tierras que les quedaban a los vencidos.

Más trágica aún fue la Rebelión de los Campesinos, de 1525. Nuevamente, la forma violenta para hacer cumplir sus demandas se justificó en base a una doctrina religiosa, en la que -aunque se diferenciaba del pensamiento de Lutero- se veía la influencia de proceso reformador. El predicador Tomás Muntzer, afirmaba que lo que realmente importaba no era el texto bíblico sino la revelación presente del Espíritu Santo. El corolario de su mensaje era eminentemente político. Dejemos que nuevamente el historiador Justo L. González nos presente los hechos a través de su magnífico relato:

“Muntzer creía que quienes eran nacidos de nuevo por obra del Espíritu debían unirse en una comunidad teocrática, para traer el reino de Dios. Lutero había obligado a Muntzer a abandonar la región. Pero el fogoso predicador regresó, y se unió entonces a la rebelión de los campesinos. Aun aparte de Muntzer, esta nueva rebelión tenía un tono religioso. En sus “Doce artículos”, los campesinos presentaban varias demandas económicas, y otras religiosas. Pero trataban de basarlo todo en las Escrituras, y su último artículo declaraba que, si se probaba que alguna de sus demandas era contraria a las Escrituras, sería retirada…Cuando (Lutero) leyó los “Doce artículos”, se dirigió a los príncipes, diciéndoles que lo que se pedía en ellos era justo. Pero cuando la rebelión tomó forma, y los campesinos se alzaron en armas, Lutero trató de disuadirlos, y a la postre instó a los príncipes a que tomaran medidas represivas. Después, cuando la rebelión fue ahogada en sangre, el Reformador conminó a los príncipes para que tuvieran misericordia de los vencidos. Pero sus palabras no fueron escuchadas, y se calcula que más de 100.000 campesinos fueron muertos[5].

Ante el evidente curso que tomaron los hechos, los príncipes católicos del sur de Alemania culparon a los luteranos por la tragedia y les prohibieron predicar en sus territorios.

EL VIAJE PERSONAL

Pero regresemos al Edicto de Worms y a la condena al reformador hereje. En 1523, la dieta reunida en Nuremberg adoptó una política de tolerancia hacia Lutero y sus seguidores, a pesar de la oposición de los delegados del Papa y del Emperador. En 1525 Lutero contrajo matimonio con Catalina de Bora, una ex monja, con la que tuvo seis hijos, tres varones y tres mujeres. Al año siguiente, la dieta reunida en Spira (en alemán, Speyer) declaró la invalidez del Edicto de Worms y permitió la libre elección religiosa. Sin embargo, tres años después la dieta se volvió a reunir en la misma ciudad y revalidó el edicto. Los príncipes que apoyaban a teólogo alemán protestaron formalmente. De allí proviene el término protestantes, asignado a los que adherían al movimiento reformador.

Estatua de Lutero

En 1530, se celebró la dieta en Augsburgo con la presencia del emperador. El temario se centraba en la estrategia hacia los turcos que atacaban Europa y la unidad de la Iglesia como eje para enfrentarlos. Ante Carlos V, Felipe Melanchthon, seguidor de Lutero, presentó el documento conocido como la Confesión de Augsburgo.

Presentado como si fuera un documento en favor de la unidad de la iglesia, basado en una fiel interpretación de la Biblia y la condena de otras herejías, los tres primeros artículos eran de pura ortodoxia, pero de allí en adelante declaraba con claridad y valentía los principios proclamados por Lutero:

“Enseñamos también que no podemos obtener el perdón de los pecados y la justicia delante de Dios por nuestro propio mérito, por nuestras obras o por nuestra propia fuerza, sino que obtenemos el perdón de los pecados y la justificación por pura gracia por medio de Jesucristo y la fe. Pues creemos que Jesucristo ha sufrido por nosotros y que gracias a Él nos son dadas la Justicia y la vida eterna”[6].

Más adelante vuelve a abordar el tema de la fe y las obras:

“Nuestras obras no tienen el poder de reconciliarnos con Dios o merecer el perdón de los pecados, la gracia o la justificación, sino que esto se obra únicamente por la fe… Mas aún, enseñamos que es necesario hacer buenas obras, no porque esperamos merecer la gracia por medio de ellas, sino porque es la voluntad de Dios. Es solamente por medio de la fe que se obtiene el perdón de los pecados, y esto gratuitamente. Y porque por medio de la fe recibimos al Espíritu Santo, los corazones se renuevan y llenan con nuevos sentimientos, de manera que dan lugar a que surjan buenas obras”[7].

Luego, rechazaba el culto a los santos y la prohibición del matrimonio a los sacerdotes, cuestionaba el valor sacramental de las misas y, tras repasar otras cuestiones en disputa, finalmente abordaba el tema del poder eclesial y la autoridad pública.

Carlos V se indignó y emplazó a los protestantes a retractarse. Los príncipes previendo las consecuencias de mantenerse firmes, se aliaron en la Liga de Esmalcalda, luego que Lutero admitiera el derecho a la defensa propia. El emperador finalmente no pudo imponer su voluntad y se firmó la paz de Nuremberg, en 1532 donde se permitía a los luteranos predicar su fe dentro de sus territorios, pero no fuera de ellos. A pesar de ello la fe protestante se extendió tomando diversas formas.

En 1532 se firmó la paz de Nuremberg, que se permitía a los luteranos predicar su fe sólo dentro de sus territorios. A pesar de ello la fe protestante se extendió tomando diversas formas.

Lutero murió en 1546. Había viajado para interceder por sus familiares ante una amenaza de perder su fuente de ingresos. Tras alcanzar un acuerdo con sus adversarios sufrió un fuerte dolor de pecho. Horas después falleció, pero al momento de partir declaró firmemente su fe en Jesucristo, aquel a quien dedicó su vida.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA ACLARATORIA:

Este artículo es el tercero de una serie de tres notas sobre Martín Lutero y la Reforma. Aunque consultamos una vasta bibliografía, mencionamos debajo sólo la más importante. Nuestro relato sigue en buena medida las obras del Dr. Justo L. González, un brillante historiador cubano-norteamericano, a quien tuvimos oportunidad de conocer junto a mi hermano Alejandro en una serie de conferencias que dio en Buenos Aires hace muchos años. Como lectores, siempre vamos a tener con él una enorme deuda de gratitud.


REFERENCIAS:

[1] Declaración del emperador Carlos V en la Dieta de Worms del 19 de abril de 1521, tomado de una transcripción de Sandoval, Prudencio de, “Historia del emperador Carlos V”, Pamplona, 1614-18, lib. 10, cap. 10; ed. 1846, III, p.322-24.

[2] Carlos V, “Edicto de Worms”. No hemos encontrado la versión en español; en inglés puede leerse el texto completo en Brachter, Dennis, “The Edict of Worms (1521)”, Copyright © 2013, Dennis Bratcher, All Rights Reserved, disponible en http://www.crivoice.org/creededictworms.html, © 2013, CRI / Voice, Institute. La traducción es nuestra.

[3] Carlos V, “Edicto de Worms”

[4] Aquellos interesados en abordar estas cuestiones deben realizar un análisis cuidadoso en dos niveles. La cuestión continental, evaluando aspectos como la guerra entre España y Francia, los sucesivos papas y las alianzas que tejieron, el ataque de las tropas imperiales a Roma en 1527 y el sitio de los turcos de Soleimán a Viena en 1529, y la cuestión alemana, como la sublevación de la baja nobleza en 1522 y 1523, la rebelión de los campesinos en 1525 y sus polémicas con Erasmo.

[5] González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, 1994, P.27

[6] Confesión de Augsburgo, 1530, Artículo III. Sobre su autoría, dice su propio texto en el segundo párrafo: “ya que nosotros, el subscrito Elector y Príncipe, con otros que se nos han unido”. Al final lleva la lista de firmantes (ver nuestro apartado al final BIBLIOGRAFÍA) Edición digital en http://escriturayverdad.cl/wp-content/uploads/Librodeconcordia/CONFESIONAUGSBURGO.pdf, digitalizada por Andrés San Martin Arrizaga, Temuco, Chile

[7] Confesión de Augsburgo, Artículo XX


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La primera es una reproducción de un grabado en cobre realizado por Johann Dürr (más conocido como Augustanus) en 1630 de la lectura de la Confesión Augsburgo ante el emperador Carlos V el 25 de junio de 1530, por el canciller Christian Beyer; su uso es de dominio público.

La segunda imagen se conoce como “Retrato de Martín Lutero como Junker Jörg”; fue pintada por Lucas Cranach El Viejo alrededor de 1521 y 1522. Allí se muestra a Martí Lutero con la barba que se dejó crecer para pasar inadvertido en el Castillo de Wartburg durante su exilio forzado. Está expuesta en el Castillo de Wiemar; su uso es de dominio público.

La tercera imagen está tomada en Eisenach, Germany, y es un detalle del memorial a Martín Lutero.  Es utilizada con permiso, como Photo by CEphoto, Uwe Aranas / CC-BY-SA-3.0, tomada de: https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Eisenach_Germany_Lutherdenkmal-Eisenach-01.jpg


BIBLIOGRAFÍA

Deiros, Pablo, “Historia del Cristianismo”, Tomo 3 “Las Reformas de la Iglesia”, Ediciones del Centro, Buenos Aires, Argentina, 2008

González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, 1994

González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo III

Erikson, Erik H., “Young Man Luther, a Study in Psychoanalysis and History”, W. W. Norton & Company, New York – London, 1993

Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, Argentina, 1989

Lutero, Martín, “Obras de Martin Lutero – Tomo I”, Iglesia Evangélica Luterana Unida con el auspicio de la Federación Luterana Mundial, 2016


DOCUMENTOS ANEXOS

“Declaración de Worms” del 19 de abril de 1521, emitida por Carlos V. tomado de una transcripción de Sandoval, Prudencio de, “Historia del emperador Carlos V”, Pamplona, 1614-18, lib. 10, cap. 10; ed. 1846, III, p.322-24.

“Edicto de Worms”, del 8 de mayo de 1521, promulgada por Carlos V. Versión en inglés. Puede leerse el texto completo en Brachter, Dennis, “The Edict of Worms (1521)”, Copyright © 2013, Dennis Bratcher, All Rights Reserved, disponible en http://www.crivoice.org/creededictworms.html, © 2013, CRI / Voice, Institute. La traducción es nuestra.

“Confesión de Augsburgo”, 1530. La redacción se atribuye a Felipe Melanchthon, pero firmada por Juan, Duque de Sajonia, Elector, Jorge, Margave de Brandenburgo, Ernesto, Duque de Luneburgo, Felipe, Langrave de Hesse, Juan Federico, Duque de Sajonia, Francisco, Duque de Luneburgo, Wolfgang, Príncipe de Anhalt, El burgomaestre y el consejo de Nuremberg, El burgomaestre y el el consejo de Reutlingen. Edición digital en http://escriturayverdad.cl/wp-content/uploads/Librodeconcordia/CONFESIONAUGSBURGO.pdf, digitalizada por Andrés San Martin Arrizaga, Temuco, Chile


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MARTÍN LUTERO Y LA REFORMA – PARTE 2: PUNTO DE QUIEBRE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

Lutero ya había formulado otras tesis, cuyo debate quedó reservado al ámbito académico. Incluso, y, basado en el concepto de la justificación por la fe, había predicado en contra de la venta de indulgencias, que se ofrecían como instrumentos para liberar a quienes aún estaban en el purgatorio. Sin embargo, cuando el 31 de octubre de 1517 clavó sus famosas 95 Tesis en la puerta de la Iglesia del Palacio de Wittenberg, invitando a su debate, no intuyó sus extraordinarias repercusiones.

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Escritas en latín, su título original fue “Disputación acerca de la determinación del valor de las indulgencias”. No eran una diatriba contra el Papado sino un ataque virulento a lucrar con la fe. La venta de indulgencias tenía como propósito principal financiar la terminación de la Catedral de San Pedro, en Roma. En sus tesis, Lutero condenaba tanto la mentira como la avaricia, sintiendo repugnancia por las falsas promesas que los vendedores hacían a los ingenuos creyentes.

Las 95 Tesis no eran una diatriba contra el Papado sino un ataque virulento a la venta de indulgencias. Lutero estaba asqueado de tanta la mentira y avaricia.

Muchos coincidían con la indignación del teólogo, creyendo que Roma abusaba del pueblo alemán. Gracias al reciente invento de la imprenta, rápidamente aquel documento de Lutero se difundió por Europa y fue discutido en todo el continente.

REACCIONES

Dicen que el papa León X atribuyó las 95 tesis a un monje borracho que cuando estuviera sobrio cambiaría de opinión. Dispuso que Lutero fuera juzgado por los agustinos, a cuya orden pertenecía. El teólogo pensó que podía ser condenado y quemado en la hoguera, pero, para su sorpresa, muchos monjes lo apoyaron.

Entonces, ante aquel juicio fallido, el paso siguiente del pontífice romano fue aprovechar la próxima dieta de Augsburgo. La dieta era un órgano político deliberativo, equivalente a los actuales congresos o parlamentos. Estaba conformada por tres cámaras o colegios: el de los electores, el de los príncipes y el de las ciudades, que se reunían por separado. Las asambleas, también llamadas dietas e identificadas por el nombre de la ciudad donde se realizaban, eran convocadas por el emperador, quien eran elegido por el colegio de los electores, que contaba desde 1346 con siete integrantes. A la dieta de Augsburgo asistiría el cardenal Cayetano como representante papal. Debía reunirse con Lutero y obligarlo a retractarse; si el alemán se negaba, sería enviado como prisionero a Roma.

Retrato de Martín Lutero (1570)Uno de los electores, Federico el Sabio de Sajonia, obtuvo del emperador Maximiliano, quien iba a presidir la dieta, un salvoconducto para el teólogo. Previsiblemente, la reunión con Cayetano fue infructuosa y, al enterarse que el cardenal podía arrestarlo a pesar del salvoconducto, Lutero huyó a Wittenberg y pidió un concilio general. En el ínterin, se produjo la muerte del Maximiliano. Como necesitaba un emperador de su confianza, León X apoyaba la elección de Federico el Sabio de Sajonia, aquel protector de Lutero, por lo que propuso una tregua. Envío a un representante para dialogar con Lutero quien se comprometió a detener la polémica siempre y cuando sus adversarios también lo hicieran.

El ataque de un profesor conservador a otro que era defensor radical de las doctrinas de Lutero promovió un debate académico en Leipzig del cual Lutero se sintió obligado a participar. Cuenta Justo L. González que cuando, Lutero y Hans Eck, el conservador, se enfrentaron “resultó claro que el primero era mejor conocedor de las Escrituras, mientras el segundo se hallaba más a gusto en el derecho canónico y la teología medieval. Con toda destreza, Eck llevó el debate hacia su propio campo, y por fin obligó a Lutero a declarar que el Concilio de Constanza se equivocó al condenar a Hus[1], y que un cristiano con la Biblia de su parte tiene más autoridad que todos los papas y los concilios contra ella. Esto bastó. Lutero se había declarado defensor de un hereje condenado por un concilio ecuménico. Aunque los argumentos del Reformador resultaron mejores que los de su contrincante en muchos puntos, fue Eck quien ganó el debate, pues en él logró demostrar lo que se había propuesto: que Lutero era hereje, por cuanto defendía las doctrinas de los husitas”[2].

Arriesgando su vida en un debate en Leipzig, Lutero declaró que un cristiano con la Biblia de su parte tenía más autoridad que todos los papas y los concilios.

La precaria paz se había roto. Finalmente se había elegido a Carlos I de España como emperador, por lo que León X ya no tenía motivos para aliarse con el protector de Lutero. La confrontación era inevitable.

LA BULA PAPAL CONTRA LUTERO

El papa emitió la bula Exsurge Domine condenando los errores de Martín Lutero el 15 de junio de 1520. Allí ora a San Pedro diciendo:

“Avisasteis bien de que vendrían falsos maestros en contra de la Iglesia Romana, para introducir sectas ruinosas, atrayendo sobre ellas rápidas condenas. Sus lenguas de fuego son un mal incansable, lleno de veneno mortal. Ellos tienen un celo amargo, la discordia en sus corazones, y se jactan y mienten en contra de la verdad”[3].

Más adelante declaraba:

“Aún más, debido a los precedentes errores y de otros muchos contenidos en los libros escritos y en los sermones de Martín Lutero, del mismo modo, nosotros condenamos, reprobamos y rechazamos completamente todos los libros, escritos y sermones del citado Martín… Prohibimos a todos los fieles de ambos sexos, en nombre de la santa obediencia y bajo las penas mencionadas en los que incurrirán inmediatamente, leerlos, apoyarlos, predicarlos, alabarlos, imprimirlos, publicarlos o defenderlos… De hecho, e inmediatamente después de la publicación de esta carta, todas estas obras deberán ser buscadas cuidadosamente… y deberán ser quemadas pública y solemnemente en presencia de los clérigos y del pueblo bajo todas y cada una de las penas anteriores”[4].

El tono amenazante delataba el grado de frustración de su autor.

Habían pasado menos de tres años desde que Lutero clavara en Wittenberg sus 95 Tesis y ya le habían dedicado una bula papal.

La orden papal fue seguida a medias. El poder de León X había menguado. Al mismo tiempo, las ideas bíblicas del teólogo alemán venían ganando apoyo en amplias regiones de Europa. Cuando Lutero recibió la copia de la bula que lo emplazaba a abjurar de sus principios, la quemó. Había entrado a un camino sin retorno y su suerte dependía de la voluntad de los gobernantes.

Lutero en la Dieta de Worms (1877) Anton von Werner

LA DIETA DE WORMS

Se decidió que Lutero compareciera en la dieta que tendría lugar en Worms, una de las ciudades más antiguas de Alemania, ubicada a unos setenta kilómetros de la actual Frankfurt. Escuchemos nuevamente el relato de Justo L. González:

“Cuando Lutero llegó a Worms, fue llevado ante el Emperador y varios de los principales personajes del Imperio. Quien estaba a cargo de interrogarlo le presentó un montón de libros, y le preguntó si él los había escrito. Tras examinarlos, Lutero contestó que los había escrito todos, y varios otros que no estaban allí. Entonces su interlocutor le preguntó si continuaba sosteniendo todo lo que había dicho en ellos, o si estaba dispuesto a retractarse de algo… Pidió un día para considerar su respuesta.

Al día siguiente… en medio del mayor silencio, se le preguntó a Lutero si se retractaba. El monje contestó diciendo que mucho de lo que había escrito no era más que la doctrina cristiana que tanto él como sus enemigos sostenían, y que por tanto nadie debía pedirle que se retractara de ello. Otra parte trataba acerca de la tiranía y las injusticias a que estaban sometidos los alemanes, y tampoco de esto se retractaba, pues tal no era el propósito de la dieta, y tal abjuración sólo contribuiría a aumentar la injusticia que se cometía. La tercera parte, que consistía en ataques contra ciertos individuos y en puntos de doctrina que sus contrincantes rechazaban, quizá había sido dicha con demasiada aspereza. Pero tampoco de ella se retractaba, de no ser que se le convenciera de que estaba equivocado.

Su interlocutor insistió: “¿Te retractas, o no?” Y a ello respondió Lutero, en alemán y desdeñando por tanto el latín de los teólogos: “No puedo ni quiero retractarme de cosa alguna, pues ir contra la conciencia no es justo ni seguro. Dios me ayude. Amén”. Al quemar la bula papal, Lutero había roto definitivamente con Roma”[5].  

1520 fue un año clave para Lutero. Publicó tres ensayos donde exponía formalmente sus doctrinas: “A la nobleza cristiana de la nación alemana acerca del mejoramiento del estado cristiano”, “La libertad cristiana” y “La cautividad babilónica de la Iglesia”. Revela a sus 37 años la madurez de su pensamiento. Sin embargo, enfrentaría aún una oposición aún mayor en su camino.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


NOTA ACLARATORIA:

Este artículo es el segundo de una serie de tres notas sobre Martín Lutero y la Reforma. Aunque consultamos una vasta bibliografía, mencionamos debajo sólo la más importante. Nuestro relato sigue en buena medida las obras del Dr. Justo L. González, un brillante historiador cubano-norteamericano, a quien tuvimos oportunidad de conocer junto a mi hermano Alejandro en una serie de conferencias que dio en Buenos Aires hace muchos años. Como lectores, siempre vamos a tener con él una enorme deuda de gratitud.


REFERENCIAS

[1] Ver el apartado LOS INTENTOS PREVIOS DE REFORMA del presente trabajo y nuestro artículo EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS, Parte 1, que puede leerse en https://pablobedrossian.wordpress.com/2013/09/16/el-gran-reformador-checo-jan-hus-parte-1-por-pablo-r-bedrossian/

[2] González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, , 1994, p.21

[3] León X, Bula Exsurge Domine,1530. Traducción de Miguel Tenreiro. Edición digital en https://www.catolicosalerta.com.ar/magisterio-iglesia/leon10-bula-exsurge-domine.pdf, p.1

[4] León X, Op. cit. p.7

[5] González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, p.21,22


CRÉDITOS MULTIMEDIA

La primera imagen se conoce como “Lutero en la Dieta de Worms”; es un grabado en madera de 1556, cuyo autor permanece anónimo; su uso es de dominio público.

La segunda imagen se conoce como “Retrato de Martín Lutero”; fue pintada por Lucas Cranach El Joven en 1570. Se expone en Landesmuseum de Württemberg; su uso es de dominio público.

La tercera pintura se titula, como la primera, “Lutero en la Dieta de Worms”;  fue realizado por Anton von Werner en 1877 y su uso es de dominio público. Se encuentra actualmente en la Staatsgalerie de Stuttgart


BIBLIOGRAFÍA

Deiros, Pablo, “Historia del Cristianismo”, Tomo 3 “Las Reformas de la Iglesia”, Ediciones del Centro, Buenos Aires, Argentina, 2008

González, Justo L., “Historia del Cristianismo” Tomo 2, Unilit, Miami, Fl., Estados Unidos, Edición revisada, 1994

González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo III

Erikson, Erik H., “Young Man Luther, a Study in Psychoanalysis and History”, W. W. Norton & Company, New York – London, 1993

Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, Buenos Aires, Argentina, 1989

Lutero, Martín, “Obras de Martin Lutero – Tomo I”, Iglesia Evangélica Luterana Unida  auspicio de la Federación Luterana Mundial, 2016

DOCUMENTOS ANEXOS:

León X, Bula Exsurge Domine, 1520. Traducción de Miguel Tenreiro. Edición digital en https://www.catolicosalerta.com.ar/magisterio-iglesia/leon10-bula-exsurge-domine.pdf


MÁS ARTÍCULOS DE LA SERIE “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

 

LA COLONIA OBRERA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Traful al 3600

Muy cerca del Hospital Aeronáutico, y dentro del barrio de Nueva Pompeya (o simplemente Pompeya) se encuentra la Colonia Obrera. Ocupa íntegramente la manzana delimitada por las calles Traful, Cachi, Alfredo Gramajo Gutiérrez y Albert Einstein. Es un complejo de casas de habitación comunicadas entre sí y con el exterior a través de una curiosa red de pasajes peatonales. A pesar que su estado de conservación dista mucho de ser el ideal, es una perla oculta de Buenos Aires. 

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Vista de la entrada a la Colonia Obrera desde la calle Alfredo Gutiérrez Gramajo al 3600

La Colonia Obrera es una suerte de minibarrio formado por una sola manzana. Paradójicamente, sus pasajes no tienen nombre pero las casas sí tienen numeración.

Las viviendas son bajas (pocas tienen dos plantas) y sólo hay algunas torrecitas con techos a cuatro aguas. Para entender el diseño, hay que comenzar por su plaza central de forma cuadrada, donde se destaca la vieja torre con su reloj y campanario.

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Otra de las entradas a la torre del campanario

En realidad, son cuatro relojes, uno en cada cara de la torre, de los cuales ninguno funciona.

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En la foto se pueden observar dos de los cuatro relojes

Debajo de los relojes hay un amplio mirador. El diseño del herraje de su balcón parece una serie de corazones invertidos. El campanario está oculto por las sombras detrás del arco. Cuando uno contempla el deterioro general del sitio, la falta de mantenimiento y la miríada de cables que lo surcan, aunque percibe el misterioso encanto de la decadencia, espera que algún día recupere la gloria perdida. La Colonia Obrera, y en particular su torre, son dignas de una profunda restauración.

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Detrás de la torre, mirando hacia la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez encontramos un altar dedicado a la Virgen María, cuya imagen se ha instalado en una especie de gruta.

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Al llegar a la plazoleta, el pasaje de ingreso, que comunica la calle Traful con la calle Alfredo Gramajo Gutiérrez, se divide en dos, uno norte y uno sur, rodeando la torre, para luego volver a unificarse. A pocos metros (y en ambas direcciones) se abren otros pasajes que, en realidad, conforman uno solo, de perímetro cuadrado, que es la vía de acceso al interior de la Colonia Obrera. Para su mejor comprensión, presentamos un croquis.

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Recorrer este circuito es una interesante experiencia. Comenzamos por el pasaje que conduce a la sección este.

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Las casas del lado este, de numeración impar, son las que más demuestran el paso del tiempo. Muchas han levantado muros que ocultan sus fachadas.

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Las casas del lado oeste, de numeración par, se ven mejor cuidadas, están pintadas con colores pasteles, y la mayoría simplemente tiene verjas de hierro delante de sus frentes.

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El piso de los pasajes es de baldosas; en algunos tramos se encuentra muy dañado. Se encuentra interrumpido por algunos árboles y postes metálicos de alumbrado público. Además, por encima hay un abundante cablerío.

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La superficie del terreno es 10,348 m2 y la superficie construida de 4,000 m2. En 1997 fue incluido dentro de las APH (Área de Protección Histórica de la Ciudad de Buenos Aires).

SU HISTORIA

Rolando Schere en su libro “Pasajes” cuenta el origen: proviene de la subdivisión de un lote de tres hectáreas; una de las parcelas resultantes fue cedida a la Sociedad San Vicente de Paul, una entidad de beneficencia de laicos católicos, por una ordenanza del 28 de septiembre de 1909, a fin de construir viviendas para trabajadores[1].  El arquitecto Schere, agrega este microbarrio fue levantado entre 1912 y 1926.

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En una nota el Diario Clarín, Eduardo Parise, Clarín explica que su verdadero nombre es Colonia Obrera de Nueva Pompeya / Pequeño Barrio San Vicente de Paul. Agrega además que “fue inaugurado el 17 de octubre de 1912 con la presencia del presidente Roque Sáenz Peña y el intendente Joaquín de Anchorena. El complejo, diseñado por el arquitecto Vicente Frigerio Alvarez, tiene 46 casas de un ambiente, 96 de dos y solo tres de tres”[2]. María Pagano, en su artículo en La Nación dice que las viviendas son 92[3].

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Parise añade un interesante detalle: “Además, estaba determinado que todas las viviendas tendrían sus frentes de un mismo color: ‘verde imperio’ o ‘verde inglés’, según la marca de pintura que se usara. Y si se colocaba algún toldo, debía ser siempre anaranjado”[4]. Hoy no queda el menor resabio de esa norma.

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Como las damas vicentinas son las propietarias, todos los habitantes son inquilinos que les pagan una módica cuota o alquiler mensual.

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CURIOSIDADES

María Pagano menciona en su artículo en La Nación que allí se han filmado publicidades y películas y menciona que legendaria diva argentina Isabel Sarli grabó una escena que en la gruta de Virgen. Esto resulta paradójico porque durante muchos años la Administración de la Colonia Obrera impuso un estricto reglamento de conducta que se colgaba en la entrada de las viviendas. Incluso las damas vicentinas tenían autoridad para entrar en las casas para verificar su cumplimiento. No es difícil imaginar que en esa singular comunidad de inmigrantes españoles e italianos existían las excepciones.

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Una señora me contó lo sucedido en una de las casas del lado este. Había una joven y bella vecina que repentinamente quedó viuda. No tenía hijos y vivía sola. Un día llegó un caballero muy bien vestido, portando un paquete. Golpeó a la puerta y doña Julieta -así se llamaba la mujer- lo hizo entrar. Una media hora después el hombre se retiró con una amplia sonrisa, algo que no pasó inadvertido para señoras de la Colonia. Una semana después llegó otro hombre con gran bolso a la puerta de la viuda, quien lo recibió del mismo modo. Un rato después el hombre se marchó tranquilamente. Las visitas comenzaron a ser la comidilla de los inquilinos, siempre atentos a las “novedades” sociales de la cuadra.

028-dsc06427Unos días después ingresó a la casa de doña Julieta un varón de buen aspecto con una caja envuelta en papel madera y pocos días después otro con un enorme maletín. Un grupo de vecinas, aduciendo que no querían ser consideradas cómplices por su silencio, envió una nota a la Junta de la organización católica propietaria. Allí insinuaban que la viuda podría estar ejerciendo la profesión más antigua del mundo, una suprema vergüenza para la comunidad. La Administración decidió montar una discreta guardia sobre la casa. A la llegada de un joven con una gruesa bolsa, una directiva vicentina se apersonó al domicilio de doña Julieta. Llamó a la puerta y ella le abrió de inmediato. La visitante indicó que iba a revisar el lugar. Encontró al joven sentado en la mesa con un conejo entre sus manos. Miró alrededor y encontró jaulas con diversos animalitos que iban desde un gato a un par de ardillas.

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La viuda explicó que ante su soledad decidió buscar mascotas que le hicieran compañía. Como el reglamento era estricto en cuanto a la prohibición de tener animales, le pedía a sus proveedores que ocultaran la fauna del resto del vecindario, porque prefería correr el riesgo a ser descubierta que sentirse sola. La inspectora se sintió conmovida pues ella también era viuda y sin hijos, así que hizo un acuerdo con doña Julieta. No la iba a denunciar ni sancionar si retiraba todos las mascotas, pudiendo conservar solamente los canarios, los únicos admitidos en el reglamento. La joven mujer aceptó; con dolor puso todas las mascotas en una valija , y el joven, involuntario testigo de la escena, en ese mismo momento se las llevó. Doña Julieta, impulsada por la soledad, buscó pareja y la encontró en un polaco que vivía cerca. Se casaron y tuvieron hijos. La señora que me relató la historia resultó ser la nieta de ese matrimonio que se formó gracias o a pesar del reglamento.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.134

[2] Parise, Eduardo, “Marca obrera en Nueva Pompeya”, Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 30/05/2011, http://www.clarin.com/ciudades/Marca-obrera-Nueva-Pompeya_0_BkGbFnW6PXx.html

[3] Pagano, María, “Un barrio de sólo una manzana en el corazón de Nueva Pompeya”, Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 19/02/2015, http://www.lanacion.com.ar/1769525-un-barrio-de-solo-una-manzana-en-el-corazon-de-nueva-pompeya

[4] Parise, Eduardo, artículo citado


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EL GRAN REFORMADOR CHECO JAN HUS – Parte 2 LOS HUSITAS (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “HISTORIA DEL CRISTIANISMO”

Jan Hus había sido para mí un nombre más en la lista de reformadores fallidos: hombres que lucharon por ideas legítimas cuya voz fue suprimida por los poderosos de su tiempo, un héroe anónimo, cuyo fuego sólo se recuerda por sus cenizas. Pero al llegar a Praga me di cuenta que su legado sigue vivo de una doble manera: uno religioso y otro espiritual.

Monumento a Jan Hus y detrás la Iglesia de San Nicolás, devuelta a los husitas
Monumento a Jan Hus y detrás la Iglesia de San Nicolás, devuelta a los husitas

La actual República Checa es la nación con menos creyentes de Europa. Según los datos que allí me bridaron un 60% de la población es agnóstica, un 20% católico, 10% husita y 10% del resto de religiones. Al profundizar, observé que bajo el nombre de husitas incluyen a evangélicos y a otras confesiones reformadas. Sin embargo, en la actualidad hay husitas, y la Iglesia de San Nicolás, en una esquina de la Plaza, les pertenece. ¿Qué ha ocurrido desde la muerte de Jan Hus?

EN DIRECCIONES OPUESTAS

Los seguidores de Hus en Bohemia continuaron su obra, denominándose “husitas”, divididos en dos alas: una moderada (los “utraquistas”) y otra radical (los “taboritas”). En un primer momento, todos los husitas se pusieron bajo las órdenes del general Jan Zizka, y pelearon contra las tropas del emperador Segismundo. Se cuenta que Zizka, gravemente enfermo por la peste, pidió a sus soldados que a su muerte lo despellejaran “para acompañarlos a la batalla, con mi piel estirada en los tambores”.

Tras la muerte de Jan Zizka, las divisiones se hicieron insalvables pues los husitas radicales se convirtieron en una suerte de guerrilla que fue finalmente derrotada. Cuenta el historiador cubano-norteamericano Justo L. González que pese a ello “las doctrinas de Hus no desaparecieron. A mediados del siglo XV sus seguidores se unieron a algunos valdenses y formaron la Unión de los Hermanos Bohemios, que posteriormente adoptó las ideas de la Reforma Protestante”[1]. Lo que González llama “Hermanos Bohemios” nosotros lo conocemos como “Hermanos Moravos”, cuyas iglesias incluso existen fuera de Europa, principalmente en Estados Unidos. Entre sus predecesores se encuentra el educador Juan Amós Comenio, quien condujo a sus fieles al exilio debido a las grandes persecuciones padecidas. Pero el espíritu renovador se debe sobre todo al conde Graf von Zinzendorf, un cristiano pietista. Bajo su liderazgo se fundó la comunidad de Herrnhut y un despertar espiritual sacudió la iglesia allí en 1727, generando no sólo una fuerte acción social a favor de los necesitados, sino también una poderosa visión misionera, alcanzando países de África y América.

Los Hermanos Moravos llegaron hasta la costa norte de Honduras y Nicaragua, evangelizando la Mosquitia. Dice el premiado escritor hondureño Julio Escoto “como es sabido, Centroamérica fue hasta el siglo XVII predominantemente católica, pero a partir de ese período, cuando los agentes ingleses comienzan a intervenir en la vida regional, el credo moravo se impone en una amplia franja del istmo, la de los pueblos de La Mosquitia, y empieza a cambiar notablemente el peso de la concepción romana de la relación entre el hombre y la deidad”[2]. Hoy los miskitos en una alta proporción pertenecen a la Iglesia Morava.

LA IGLESIA HUSITA CHECOSLOVACA

Pero la historia también tiene otra vertiente dentro de la patria de Jan Hus. La Primera República Checoslovaca surgió tras la caída Imperio Austro-Húngaro en 1918, al final de la 1ª Guerra Mundial. Bohemia y Moravia fueron integradas con Eslovaquia bajo un mismo estado. Como la Iglesia Católica había sido utilizada por el emperador para frenar el llamado resurgimiento checo, sacerdotes católicos renovadores aprovecharon la coyuntura para separarse y crear la Iglesia Husita Checoslovaca en 1920, introduciendo, entre otros cambios, la abolición del celibato obligatorio y el uso de la lengua checa en los servicios religiosos, democratizando el ministerio eclesiástico a través de la participación directa de los laicos. La Iglesia Husita, que reconoce a Jan Hus como su predecesor e inspirador, participó valientemente de la resistencia a la ocupación nazi, pero durante el comunismo sufrió una gran fractura que la dañó severamente. Del 10% de la población que se identificaba con ella en 1950, hoy conserva menos del 2%.

EL LEGADO MÁS IMPORTANTE

Pero el legado de Jan Hus no es sólo religioso sino espiritual. El coraje demostrado al aceptar la muerte antes que renunciar a sus convicciones lo convirtió en un símbolo patrio. Más que un mártir, es visto como un héroe que amó su nación. Su integridad y su valentía están presentes en el recuerdo de cada checo. La fe en Jesucristo fue su inspiración, y no es improbable que su ejemplo vuelva a mover el corazón de su pueblo en dirección a Aquel por quien dio la vida.

LOS GRUPOS MILENARISTAS

Paul Johnson hace una observación interesante al respecto que ilumina mejor el comportamiento de grupos como los husitas radicales “La creencia de que el milenio era inminente era la señal para el ataque a los ricos: había que derribarlos en un apocalipsis terrenal antes de arrojarlos a las llamas eternas del otro mundo…Los igualitarios formaron el  ala radical de los husitas después de 1419; tenían fondos comunes y comunidades del tipo kibutz… Por supuesto,decía la argumentación, la sociedad cristiana ortodoxa en todos los aspectos ha traicionado sus orígenes y aceptado las normas del mundo; por consiguiente, era la sociedad, no de Cristo, sino del Anticristo, y su derrocamiento sería el preludio de la parousía…  Esta tendencia de los milenaristas anárquicos a dominar y por lo tanto arruinar los movimientos reformistas fue una de las razones por las que la Iglesia (Catolica) había permanecido tanto tiempo sin ser reformada. Lutero estaba decidido a evitar este destino”.[3]

© Pablo R. Bedrossian, 2013. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] González, Justo L, “Historia del Pensamiento Cristiano”, Ed.Caribe, 2002 Tomo II, p.348

[2] Escoto, Julio, “Downtown” paraíso: reflexiones sobre identidad en Centroamérica, “Encuentros”, Centro Cultural del Bid, Enero 2002, No 44

[3] Johnson, Paul, “La Historia del Cristianismo”, Javier Vergara Editor, 1989, p.299 y 321


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