EL EDIFICIO DE CHACABUCO 78, UNA DE LAS OBRAS MAESTRAS DE JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES

Uno de los edificios porteños que se mencionan con mayor frecuencia está ubicado en la calle Chacabuco 78. Aunque la estrechez de la calle no permite admirarlo con la debida perspectiva, desde cualquier ángulo se advierte que tiene una belleza diferente. Erigido a pasos de la Avenida de Mayo, es una de las obras maestras del arquitecto Julián García Núñez quien hizo el diseño y dirigió su construcción.

Fue inaugurado en 1911. Era la época donde el modernismo europeo estaba en su apogeo y su influencia se hacía palpable en el Río de la Plata, siguiendo la línea francesa, el art nouveau; sin embargo, García Núñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona, y adhería al modernismo catalán preconizado por Antoni Gaudí y Lluís Doménech i Montaner, entre otros. Desde su llegada a la Argentina en 1903 sus obras reflejaron la ideas de sus maestros, incluido el edificio de Chacabuco 78 (ya hemos hablado sobre este tema en nuestra publicación “Chacabuco 855: Una perla del modernismo catalán en Buenos Aires”, que se puede leer en https://pablobedrossian.com/2020/05/05/chacabuco-855-una-perla-del-modernismo-catalan-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/). En la fachada se observan también elementos de la vertiente vienesa del modernismo, la Sezession, estilo que este brillante arquitecto fusionó definitivamente con el modernismo catalán a partir de 1915.

Casa Majolica, edificio emblemático de la Sezession vienesa, de Otto Wagner

Chacabuco 78 es un edificio de oficinas -una novedad para ese tiempo – de cinco plantas rectangulares y simétricas, con amplios y luminosos espacios comunes. La planta baja cuenta con dos locales y una entrada con bello trabajo de herrería, un hall y una escalera. Cada piso superior cuenta con doce oficinas y un baño común.

Al llegar al segundo piso se observan importantes innovaciones pues posee un amplio espacio central alrededor del cual se levantan las plantas restantes; bordeando ese alto patio, que es el corazón inmaterial del edificio, se encuentran los pasillos que unen las oficinas formando balcones perimetrales, bañados de luz a través de una gran claraboya a dos aguas de vidrio y hierro.

Esa generosa fuente de iluminación natural crea una sensación única por las transparencias que proyecta y las interrelaciones que crea con el resto de los materiales, incluida la magnífica herrería, las losetas de vidrio y la madera. El ascensor tiene todo su mecanismo a la vista, lo que ha sido visto como un influjo del industrialismo[1].

La fachada posee una longitud de 21 metros y se encuentra dividida en cinco paños. Está poblada de líneas rectas acompañadas de diseños geométricos en las rejas de los balcones[2]; en los extremos de la última planta se elevan dos torrecillas. El color ha ido variando (incluso tuvo detalles pintados de un verde lamentable) pero preferimos el natural gris tiza.

Los elementos decorativos son interesantes: los balcones al frente cuentan con excelentes diseños metálicos de color negro, lo mismo que la puerta de entrada. Las molduras y texturas muestran el habitual cuidado del detalle por parte de García Núñez.

El edificio fue construido a pedido de Ignacio Atucha. La propiedad estuvo en manos de la familia Atucha Ocampo hasta que sus integrantes decidieron subdividirla en forma horizontal en 1963[3].

El arquitecto Julián Jaime García Núñez, firmó la obra, tal como era su acostumbre, como Julián García.

Oculto entre la calzada angosta y los edificios de la zona, muy cerca de calle Florida, del Palacio de la Legislatura de la Ciudad y del Café Tortoni, esta joya modernista amerita una visita.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


BONUS: PARA LOS INTERESADOS EN EL ARQ. JULIÁN GARCÍA NÚÑEZ

Para los interesados en conocer la obra y biografía del arquitecto Julián García Núñez comparto algunas de las fuentes bibilográficas:

“Julián García Núñez. Caminos de ida y vuelta” de Julio Cacciatore, Fundación Carolina – Cedodal, 2005 (no poseemos este libro, pero hemos conseguido separatas que han sido de gran utilidad)

“Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras”, blog por Alejandro Machado, http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2008/02/

“Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura” de Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109-111

“Introducción a la arquitectura del siglo XX en Buenos Aires” de Guillermo Luis Rodríguez, ediión de autor, 1996, p.26-29


REFERENCIAS

[1] Valentino, Julio, “Edificio Chacabuco 78 (1910)”, en http://arqi.com.ar/edificio/edificio-chacabuco-78/

[2] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.81

[3] Solsona, Justo y Hunter, Carlos, “La Avenida de Mayo Un Proyecto inconcluso”, Nobuko, 1990, p.135


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

CHACABUCO 855: UNA PERLA DEL MODERNISMO CATALÁN EN BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

A finales del siglo XIX y principios de siglo XX una nueva marea sacudió las artes. Se trató de un conjunto de innovadoras propuestas que recibió distintos nombres según su lugar de origen: Sezession en Austria, Jugendstil en Alemania, Art Nouveau en Francia, entre otros, englobados hoy bajo el término modernismo. Ese movimiento representaba una liberación de los patrones estéticos dominantes de la época. Proponía un nuevo ideal de belleza, asimétrico e impredecible, puesto al servicio de todos los hombres. Esta perspectiva social no debe ser ignorada porque puso al alcance de todas las personas el arte, que hasta ese entonces había sido un signo de refinamiento de las élites. Inspirado en el Art & Crafts impulsado por el inglés William Morris, el alcance del modernismo se extendió más allá de la arquitectura y la pintura para alcanzar el diseño de toda clase de objetos, en el propósito de darles valor estético a partir de la creación artesanal.

Emblemático edificio art nouveau de Jules Lavirotte, en la 29, avenue Rapp, París

Dentro de España, el movimiento se desarrolló con febril actividad en Barcelona, por lo que se lo conoce como modernismo catalán. De su vertiente arquitectónica surgió Antoni Gaudí que, como genio superador, desarrolló su propio lenguaje estético, una visión de la vida y las cosas que va más allá de todos los cánones conocidos hasta ese momento.

Casa Milà de Antoni Gaudí, Barcelona, España

EL EDIFICIO ANEXO AL CASAL DE CATALUNYA

Tiempo atrás publicamos en nuestro artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” presentando dos obras de inspiración gaudiana de Eduardo S. Rodríguez Ortega.

Palacio de Los Lirios, avenida Rivadavia 2031, Buenos Aires, por el ingeniero argentino Eduardo S. Rodríguez Ortega

Ahora presentamos otro edificio, cuya fachada también se encuentra influida por el modernismo catalán. Nos referimos al edificio anexo al Casal de Catalunya en Buenos Aires.

Casal de Cataluña en Buenos Aires, fachada neogótica catalana de 1936
El artículo “Gaudí en Buenos Aires: los edificios de la Avenida Rivadavia 2009 y 2031” puede leerse haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2015/11/21/gaudi-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

Los Casals son asociaciones comunitarias que congregan a los catalanes que residen fuera de Cataluña. Reciben apoyo oficial de la Generalitat de Cataluña desde su Secretaría de Asuntos Exteriores. El de Buenos Aires es el más antiguo en el mundo.

El 12 de junio de 1886 se fundó el Centre Català en Buenos Aires que posteriormente se convirtió en el Casal de Catalunya de Buenos Aires[1]. Su actual emplazamiento, en la calle Chacabuco 875/863 entre la avenida Independencia y la calle Estados Unidos, se debe a la generosidad de don Lluís Castells y su esposa Elisa Uriburu, quienes en 1889 compraron el terreno y lo cedieron por tiempo indefinido para que se construyera allí el edificio primitivo, donde comenzaron a funcionar instituciones comunitarias[2].

UN EDIFICIO DE DOS FACHADAS

En 1909 el matrimonio Castells adquirió un terreno lindante, de siete metros de frente y sesenta y tres metros de fondo, correspondiente a Chacabuco 855. Allí decidieron construir un edificio de dos plantas y cederlo a su colectividad. Aunque no nos interesa centrarnos en el primer edificio, que es el más grande y conocido, sino en este edificio anexo, necesitamos continuar la historia para entender las preguntas que nos plantea.

Fachada del edificio de Chacabuco 855

Según el Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo que declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional, un año después, en 1910, se unificaron los dos edificios, tirando abajo medianeras. También de acuerdo con el mencionado decreto, en 1920 se amplió la planta alta quedando la fachada del Casal como en la actualidad[3].

Sin embargo, según un artículo que Sergio Kierman publicó en el suplemento m2 del diario Página12, las reformas no tuvieron lugar en 1910 ni en 1920, como dice el decreto, sino en 1936, coincidiendo con el cincuentenario de la institución[4]. Además, incluyeron la remodelación total de la fachada del edificio principal y de los accesos. Resumiendo, ambos edificios fueron unidos por dentro, formando un único complejo interior con dos fachadas. Por lo que hemos podido averiguar, el proceso de transformación se había iniciado en 1828 y tomó varios años. Las obras pudieron completarse gracias al mecenazgo del Sr. Ferrán Fontana. 1936 es la fecha aceptada y reconocida de la reinauguración del edificio.

Nótese que el Casal cuenta con más de 5,000 m2 donde se distribuyen varias dependencias, como el Teatro Margarita Xirgu, el Salón Blanco, la Sala Gaudí (dedicada a exposiciones, conferencias y juegos de salón), otras salas, oficinas administrativas y hasta un restaurante. La escalera de honor es sencillamente espectacular.

EL EDIFICIO DE CHACABUCO 855: EL MODERNISMO CATALÁN DICE PRESENTE

Mientras el edificio original adoptó el estilo neogótico catalán, la fachada del anexo muestra la belleza propia del modernismo. En ella se percibe la innegable influencia del brillante arquitecto catalán Lluís Domènech i Montaner; sin embargo, numerosos detalles también evocan al genial Antoni Gaudí.

Le pedí al arquitecto catalán Antonio Lora Rubio, profundo estudioso del modernismo, que comentara sucintamente esta fachada: “Evidentemente Gaudí no estuvo en Buenos Aires, pero sí su legado, su estilo mediterráneo, lleno de luz, su geométrica y su religiosidad. En esa fachada el arquitecto remarca el balcón central, acentuando con cerámica de colores en la parte superior, muy típico del carácter religioso de Gaudí, y una simétrica escalonada de su coronación le da la solemnidad con el escudo. Aunque es una construcción pequeña, se ven elementos modernistas simples, pero prácticos y resolutivos, igual que el ideario de Gaudí; cuando le preguntaban por su estilo, él contestaba que sólo se dedicaba a imitar la geometría de la naturaleza: simple, práctica y resolutiva, pero sin perder la belleza”.

Aunque por dentro forma parte del complejo -aloja la Biblioteca Pompeu Fabra-, la fachada del edificio de Chacabuco 855 tiene una identidad propia que lo hace único.

LA RESTAURACIÓN DE LA FACHADA

Un detalle interesante lo extraemos de la misma nota de Sergio Kierman: además de documentar la cuidadosa restauración del edificio en 2005 a cargo de los arquitectos Fernando Mosquera y Pablo Ojeda, detalla en forma específica la de la fachada de Chacabuco 855. Su descripción es muy completa: menciona grietas en su coronamiento, daños en el balcón de tres ventanas y roturas en los ornamentos que obligaron a los restauradores Laura Basterrechea y Alberto González, una vez consolidado el muro con llaves empotradas, “a hacer moldes y reconstruir motivos, a la vez que limpiaban y lavaban”.

La nota también revela sorpresas: “sus muros laterales alguna vez fueron azules, con una base de cobalto que se destiñó con los años hasta desaparecer… sus mosaicos, que vistos desde la calle parecían simples azulejos o mayólicas, resultaron ser vidrios. Las superficies en oro estaban compuestas por teselas que eran un sandwich de vidrios y oro, imposibles de reproducir”. Gracias al minucioso trabajo de los restauradores el anexo recuperó el esplendor original de sus detalles.

ACERCA DE LOS CONSTRUCTORES

Los nombres de sus constructores, R. Pauli y J. Coll, aparecen grabados en el frente del edificio de Chacabuco 855.

Prácticamente no sabemos nada de ellos. Las únicas referencias a “R. Pauli y J. Coll” las encontramos en un Anuario Kraft de 1913 donde son mencionados como “empresa constructora de obras”[5]. Una de las citas se acompaña con la dirección Chacabuco 822, en la misma cuadra del Casal pero de la mano de enfrente. Inmediatamente debajo, se habla de “Paulik y J. Coll”, acaso un error tipográfico pues más adelante se menciona a “Paulik y J. Coll” como “constructor de obras” (sic)[6], junto a la dirección José Mármol 772[7]. Al momento de escribir este artículo hay allí un taller mecánico y la puerta de ingreso a una vivienda muy sencilla que parece construida varias décadas después.

En ningún momento aparece el primer nombre de R. Pauli, pero sí aparece el de Jaime Coll[8], constructor, con la misma dirección de Chacabuco 822[9]. En ese sitio hay actualmente un edificio de departamentos y en el 824/28 una casa antigua sin identificación de sus constructores.

El ENIGMA DE LA FACHADA

Aún más incierto es el nombre del arquitecto que diseñó el bellísimo frente del edificio de Chacabuco 855.

En la fachada del edificio principal remodelado en 1936 aparecen dos inscripciones: una que dice “Carrizo Rueda y Devito Constructores” y otra que indica que Julián García Núñez y Eugenio Campllonch fueron los arquitectos. Esto agrega confusión pues no determina el rol que cumplió cada uno.

La información en los libros suele ser confusa o carece de evidencias que la fundamenten. Por ejemplo, la “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes” atribuye la “remodelación 1928/1936” a Eugenio Campllonch y Julián García Núñez[10] sin establecer la contribución individual de los arquitectos.

Otro ejemplo se encuentra en el magnífico libro visual “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story” de Anat Meidan que adjudica la fachada de Chacabuco 855 a Julián García Nuñez sin ninguna explicación[11].

Uno de los volúmenes del IPU (Inventario de Patrimonio Urbano) dedicado a San Telmo, solo dice “Remodelación: Eugenio Campelonch, arq. Pauli y Coll, empresa constructora”[12] sin mencionar a García Núñez.

Supuestamente El Decreto 1163/2014 del Poder Ejecutivo, citado anteriormente, debería ser una fuente fidedigna, pues declaró al Casal de Catalunya en Buenos Aires como Monumento Histórico Nacional. Allí se lee: “en el año 1910 se unifican ambos edificios estando la obra a cargo del arquitecto catalán Eugeni Campllonch y del arquitecto argentino Julián García Núñez… “

En vista del caos imperante, decidimos ir a la fuente. Elevamos la consulta al Casal de Catalunya en Buenos Aires cuya lacónica respuesta, enviada por don Javier López Granda a quien mucho agradecemos, comparte nuestra perplejidad “lamentablemente los datos que tenemos son aproximadamente los mismos que usted dispone”[13].

QUÉ PODEMOS SABER

En primer lugar, el arquitecto catalán Eugeni Campllonch i Parés había emigrado a la Argentina en 1910[14], así que definitivamente no podemos atribuirle el diseño sin caer en un anacronismo. Sí le corresponden la espléndida reforma al interior del edificio y la fachada neogótica que adquirió el edificio principal en 1936.

En segundo lugar, el arquitecto modernista argentino Julián García Nuñez se había formado en la Escuela Superior de Arquitectura de Barcelona bajo de dirección del arquitecto Lluís Doménech i Montaner quien influyó poderosamente en su estilo. Además, coincidió con el apogeo de Gaudí. García Nuñez regresó a la Argentina en 1903; desde ese año hasta 1915 produjo obras con la impronta del modernismo catalán, entre ellas el viejo edificio del Hospital Español de Buenos Aires (1906) y el famoso edificio de Chacabuco 78 (1910). Luego, la influencia de otra vertiente del modernismo, la Sezession vienesa, impactó en sus diseños[15]. Para nuestros fines, un dato relevante es que abandonó la profesión en 1931[16].

Finalmente, sabemos que Eugeni Campllonch y Julián García Núñez eran amigos. Cuenta Florencia Barcina en un trabajo de investigación dedicado a Eugeni Campllonch: “Sabemos por relatos de Julián Bosch, nieto de García Núñez, que el matrimonio Campllonch siempre estaba presente en las reuniones y fiestas de cumpleaños de su familia y que ambos arquitectos cultivaban una fuerte amistad”[17].

Por todo lo expuesto, aunque es imposible hacer afirmaciones definitivas, es probable que la fachada de Chacabuco 855 del año 1909 sea creación de Julián García Núñez y queEugenio Campllonch haya sido el responsable de la gran reforma de 1936. Además, es difícil que García Núñez haya participado en ella debido a la fecha de su temprano retiro.

Siempre en el plano de las conjeturas, adhiero a lo expresado por Florencia Barcina en su investigación: “podemos pensar que la firma conjunta fue una elección de los dos amigos para unificar sus obras y unir sus nombres en la fachada de una institución muy especial para ambos. Esta teoría parece estar abonada por el hecho de que la fachada de 1936 tiene muchas coincidencias con la obra de Campllonch de principios de siglo. El neogótico elegido, la composición simétrica con el alero central cubriendo la loggia y las dos torres laterales, recuerdan mucho a una de las fachadas de la Casa Vidal Folquet de Villafranca y a la Casa Franquesa de Girona, si bien con mucha más ornamentación de carácter alegórico y una presencia de mayor seriedad dado su carácter institucional”[18].

Permanece el misterio de la autoría, pero, mucho más importante, aún perdura la belleza de ese pedacito de Cataluña en el corazón de Buenos Aires.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


AGRADECIMIENTOS

Quiero agradecer a Alejandro Machado por la valiosa información que me compartió y las acertadas observaciones que, incluso, me llevaron a modificar el título del presente artículo. Recomiendo visitar su blog “Arq. Julián García Núñez: Catálogo on line de sus obras” que se encuentra en http://juliangarcianuniez.blogspot.com/2009/10/indepedencia-2442-50-casa-propia-de.html

También quiero hacer extensiva mi gratitud al joven y brillante arquitecto catalán Antonio Lora Rubio quien ha hecho una exhaustiva investigación de casas modernistas en su país (aún no publicada) y ha dado recientemente conferencias en la Universidad de Oviedo, España y en la Universidad de San Antonio Abad, Cusco, Perú sobre casas de indianos.


REFERENCIAS

[1] “Comunidades Catalanas en América Latina”, Agencia INCAT, 7/11/2013, https://web.archive.org/web/20141019203948/http://www.agenciaincat.la/?page_id=705

[2] “Institucional – Sobre el casal”, Casal de Catalunya, Buenos Aires, Argentina http://www.casal.org.ar/es/sobre-el-casal/institucional/

[3] Decreto 1163/2014 “Monumentos Históricos Nacionales y Bienes de Interés Histórico Artístico”, Poder Ejecutivo Nacional, República Argentina, 22/7/2014 https://web.archive.org/web/20141025220404/http://infoleg.mecon.gov.ar/infolegInternet/anexos/230000-234999/232823/norma.htm

[4] Kierman, Sergio, “La vuelta del casal”, m2, Diario Página12, 20/08/2005, https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/m2/10-761-2005-08-20.html

[5] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.770, 1667

[6] “Anuario Kraft”, 1913, p.1790

[7] “Anuario Kraft”, p.1137

[8] Hay un Ing. Jaime Coll, recordado por una calle en Bragado, fundador de la empresa Acerbrag, fallecido en 1986. Desconocemos si es descendiente del constructor, 

[9] “Anuario Kraft”, Guillermo Kraft Ltda., Volumen 1, 1º de enero de 1913, p.566

[10] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.82

[11] Meidan, Anat, “Art Nouveau in Buenos Aires – A Love Story”, Ediciones Polígrafa, 2016, p.8,9,124,125

[12] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela, Saiegh, Diana; Santaló, Alicia; “Buenos Aires: San Telmo 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Edición de Autor con patrocinios varios, 1992, p.66,67. El apellido Campllonch aparece tal cual transcribimos, Campelonch

[13] Mail recibido el 9 de marzo de 2020.

[14] Barcina, Florencia; Op. cit., p.17

[15] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo e/h, 2004, p.109,110

[16] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando, Op. cit., p.112

[17] Barcina, Florencia, “Eugeni Campllonch i Parés: el arquitecto que desaparece”, Cataluña y Argentina, vínculos en el arte y la arquitectura, Documentos de Trabajo, Facultad de Arquitectura y Urbanismo Grupo de Investigación de Arquitecturas Hispánicas (GIAH), Universidad de Belgrano, Nº 312, mayo 2016, p.19

[18] Barcina, Florencia, Op. cit.,p.19,20


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LA CASA DE LOS PAVOS REALES: LA PERLA OCULTA DEL ONCE (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES”

Es imposible pasar frente a la Casa de los Pavos Reales y no sorprenderse. Ubicada en la Avenida Rivadavia a la altura del 3216 al 3236, se encuentra formalmente en los límites del barrio de Balvanera, pero los vecinos dirán que se encuentra en Once, nombre que comúnmente recibe la zona y también la vecina Plaza Miserere, frente a la cual está la estación terminal del Ferrocarril Sarmiento.

EL EDIFICIO

La Casa de los Pavos Reales es un pequeño conjunto de edificios cuyo frente de ladrillos rojos lo vuelve único. Aunque posee una impronta modernista, su diseño es ecléctico. Incluso a primera vista parece un palazzo veneciano.

Para entender mejor la fachada de la Casa de los Pavos Reales conviene observar los detalles de cada nivel. En los amplios balcones del primer piso sobresalen ocho pavos reales en un entorno cargado de plantas al estilo art nouveau.

Entre ellos se admiran coloridos mosaicos entre columnas de piedra roja.

En el segundo piso llaman la atención unos leones “sosteniendo” los balcones de doble puerta, que, a su vez, conforman una espléndida unidad con los del primero.  Según una nota sin firma del Diario Clarín de 2005 por aquel entonces solo quedaban cuatro de los ocho leones originales[1].

Gracias a la restauración realizada en 2006 por el arquitecto José Barassi y el escultor Federico Poncerini[2] hoy luce la totalidad, recuperándose los primitivos leones[3].

Tanto balcones del primer piso como los del segundo están rodeados de ladrillos rojos con algunas tramas que decoran en frente. En cambio, el tercer piso, de color gris piedra, muestra un espectacular aspecto con pequeños balcones bajo arcos de medio punto y entre ellos arcos ojivales con columnas y mosaicos esmaltados intercalados.

Por encima, el remate superior de la fachada muestras sectores almenados con mascarones de leones por debajo.

LA CONSTRUCCIÓN

Tal como la Casa Calise, de la cual ya hemos escrito[4], la Casa de los Pavos es una de las obras más importantes del arquitecto Virginio Colombo en Buenos Aires. La construcción fue dirigida por Carlos S. Stroma, de quien no pude encontrar ninguna referencia.

Es un conjunto de dos edificios independientes e idénticos unidos por una misma fachada de unos 25 metros de largo. Fue inaugurado en 1912 para la empresa Rossi Hnos., dedicada al calzado femenino e infantil. En la planta baja operaba el negocio de la empresa mientras que los dueños obtenían una renta del alquiler de varios departamentos levantados en los pisos superiores destinados a vivienda.

Lamentablemente el descuido ha hecho que hoy no luzca en todo su esplendor. El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires incluye la Casa de los Pavos dentro de las Áreas de Protección Histórica con nivel Estructural[5], lo que significa que “resguarda el exterior del edificio, su tipología y los elementos básicos que definen su forma de ocupación del espacio, aunque permite realizar modificaciones que no alteren su volumen”[6].

EL ARQUITECTO

Virginio Colombo nació en Milán en 1885. Graduado de arquitecto en 1905, llegó a la Argentina un año después, contratado por el Ministerio de Obras Públicas junto a otros arquitectos para la decoración del Palacio de Justicia que se construía en Buenos Aires. Afincado en el país, poco después fue designado director del estudio de los ingenieros Maupas y Jáuregui, ganando una medalla de oro en la Exposición del Centenario de la Revolución [7].

En su corta vida diseñó y ejecutó más de 50 obras, todas dentro o cerca del centro de la ciudad. Su trayectoria se suele dividir en dos etapas: la primera, donde confluyen la vertiente lombarda del modernismo, conocida como Liberty, y una reinterpretación personal de la arquitectura medieval italiana y una segunda etapa, tras el ocaso del modernismo y el eclecticismo, donde se observa la influencia de los estilos borbónicos franceses[8].

A la primera etapa corresponden la Casa Calise y la Casa de los Pavos Reales. Entre sus obras más conocidas también se encuentran el edificio de la Societá Unione Operai Italiani, ubicada en la calle Sarmiento nº 1374/82  y el Edificio Grimoldi (Avenida Corrientes 2548/60).

Solo en los últimos años se le ha dado al arquitecto Colombo el reconocimiento que merece. Su obra tiene su sello personal y ha hecho una contribución maravillosa a arquitectura porteña.

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Puede seguir leyendo más sobre obras de Virginio Colombo en el artículo “LA CASA CALISE, EXQUISITO ART NOUVEAU EN BUENOS AIRES”, haciendo clic en https://pablobedrossian.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/

REFERENCIAS

[1] https://www.clarin.com/ediciones-anteriores/tesoros-ocultos-arquitectura-ciudad_0_Sk8KVOkRKl.html

[2] Espina Rawson, Enrique; Izrastzoff, Iuri;  https://www.fervorxbuenosaires.com/pavos-reales/

[3] Machado, Alejandro; http://virginiocolombo.blogspot.com/2007/03/arquitecto-virginio-colombo-caba-av.html

[4] https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/10/04/la-casa-calise-art-nouveau-en-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian

[5] http://ssplan.buenosaires.gov.ar/_aphweb/baseaph_list.php?a=search&value=1&SearchFor=Pavos&SearchOption=Contains&SearchField

[6] https://www.bcba.sba.com.ar/proteccion-del-patrimonio/

[7] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo c/d, 2004, p.102

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.103


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8 ESCULTURAS BIZARRAS DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie ESCULTURAS Y MONUMENTOS DE BUENOS AIRES

Aunque en el Diccionario de la Real Academia Española la palabra bizarro se asocia valentía y esplendor, el uso corriente lo asocia a rareza o extravagancia. Siguiendo la acepción popular definimos como bizarras a aquellas esculturas que despiertan nuestra curiosidad por su forma extraña o su tema inusual. Presentamos aquí una breve selección. Además, lo invitamos a proponer otras obras que puedan ser incluidas en un próximo artículo.

MONUMENTO A LA COIMA

El Monumento a la Coima hace alusión al pago que se realiza bajo la mesa con el objetivo de obtener un favor de parte de un funcionario o de una autoridad. En otros países se lo llama “mordida” y es una de las modalidades más conocidas del soborno.

Poco se sabe de su historia pues no aparece en el proyecto original del edificio del Ministerio de Obras Públicas, en uno de cuyos ángulos se encuentra, ni en los planos, ni en los archivos. Tampoco se sabe a ciencia cierta quien fue su creador. Sin embargo, corre una leyenda cuya veracidad aún nadie ha podido corroborar[1].

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. Con diseño del arquitecto Alberto Belgrano Blanco[2], las obras se iniciaron en 1934 en una manzana lindante con la Avenida 9 de Julio, bajo la dirección del ingeniero Marcelo Martínez. El edificio fue terminado recién en 1936.

Se dice que el propio arquitecto Hortal, cansado de los atrasos en la construcción y de los “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó a Troiano Troiani, un artista italiano radicado en la Argentina, la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, una figura con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende su enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva. Aunque ambas aluden a los pagos informales, la segunda es conocida como el “Monumento a la Coima”.

EL MONUMENTO AL PERRO ABANDONADO

Ubicado dentro del predio del Instituto Bernasconi, el Monumento al Perro Abandonado es un canto a la desdicha del “mejor amigo del hombre” abandonado por sus dueños. Fue creado por la artista plástica Susana Casanovas en granito.

En su base hay una placa colocada por el M.A.P.A. (Movimiento Argentino de Protección al Animal) que dice 1997-29-4-1999 en recuerdo del Día del Animal que se celebra los 19 de abril. 1997 refiere al año de su emplazamiento y 1999 al año de colocación de la placa. Dice su autora “Cuando en el acto fue destapado, los chicos lanzaron una expresión que me emocionó. Me costó dejarlo, pero me tuve que despedir. Mi perrito iba a estar rodeado de chicos, y eso me gustó”[3].

Nos apena que esta obra se encuentre escondida. No conocemos otros monumentos similares, aunque sabemos que en la ciudad de México existe el Monumento al Perro Callejero desde 2008. En Argentina, hemos conocido personas dedicadas a rescatar perros abandonados y darlos en adopción.

EL CRISTO ANCIANO DE LA RECOLETA

La fe cristiana se fundamenta en la resurrección de Cristo. El Nuevo Testamento cuenta que Jesús, tras resucitar, pasó unos cuarenta días con sus discípulos tras los cuales ascendió a los cielos[4] prometiendo regresar. ¿Qué edad tendría? Dice el evangelio de Lucas que al empezar su actividad pública “era como de treinta años”[5]. Si, como según se cree, participó de tres pascuas, entonces, tendría unos 32 o 33 años cuando fue crucificado. De allí viene la famosa frase “Treinta y tres. La edad de Cristo”. Este apacible Cristo anciano rompe con la perspectiva tradicional: presenta a un Jesús resucitado prolongando su vida terrenal.

Su nombre original es “Redentor” y ocupa en el corazón del cementerio de la Recoleta, por eso se lo llama también “el Cristo Central”. Posee una larga barba, una gran entrada en la frente y una larga cabellera por detrás.  

Hecha en bronce e inaugurada en 1914, es obra del escultor argentino Pedro Zonza Briano[6], formado en Europa, cuya obra tuvo alcance internacional. Buenos Aires luce otras esculturas suyas como “Flor de juventud” en el Rosedal, el Monumento a Leandro N. Alem y un busto a Lucio Correa Morales[7].

EN LA LUCHA CONTRA EL CÁNCER DE MAMA

Cuenta Nicolás Gutiérrez que “en 2010 se llevó a cabo el Proyectos Mamas, que procuró por medio del arte escultórico concientizar a la población sobre la necesidad de adoptar todas las medidas preventivas en pro de la lucha del cáncer de mama[8]. 30 torsos femeninos fueron intervenidos artísticamente y vendidos para recaudar fondos para la lucha contra este doloroso mal. Una de las piezas, decorada por el famoso artista uruguayo Carlos Páez Vilaró, fue adquirida por la firma Vopak junto a la Embajada de los Países Bajos y colocada en su actual ubicación, la plaza Reina de Holanda.

Este tipo de intervenciones se han realizado en otras partes del mundo con distinto propósito. Nosotros hemos escrito acerca de una de estas iniciativas, Las Meninas en las calles de Madrid, impulsada por Antonio Azzato[9].

Paradójicamente lo que nos atrajo de esta obra es la sensación de desagrado al contemplarla. Como obviamente la lucha contra el cáncer de mama demanda prevención, quizás el artista se propuso alertarnos, aplicando pinturas colorinches sobre formas exageradas sobre la mitad superior del cuerpo. Si ese fue el caso, es probable que haya logrado su propósito. Los choques nos sacuden y nos enseñan.

GARDEL ALIENÍGENA

Muchos turistas al visitar San Telmo no resisten la tentación de tomarse una foto con esta estatua de Gardel color verde marciano con unas antenas rematadas por un par extra de ojos saltones sobre la cabeza.

El zorzal criollo extraterrestre en tamaño real se apoya sobre un buzón en la calle Defensa y Cochabamba, dando la bienvenida a la Galería del Asombro. Es obra del artista plástico Gerardo Bernstein, quien además maneja aquella galería. El creador del Gardelalien afirmó “puse a Gardel allí porque es un cantante de otro mundo”[10].

EL MONUMENTO AL TAXISTA

En Buenos Aires, hasta donde conocemos, no existe un Monumento al Ingeniero, al Científico o al Médico, pero curiosamente en Puerto Madero sí se encuentra el Monumento al Taxista, un infaltable personaje porteño que ahora se ve amenazado por los Uber. Está ubicado en la calle Macacha Güemes entre la Avenida de los Italianos y la Costanera, cuyo nombre oficial es Avenida Intendente Hernán M. Giralt.

Apoyado sobre un viejo Siam Di Tella un chófer luce canchero, orgulloso de su máquina en tamaño real. Aunque por su color cobrizo parece metálico, la obra (vehículo, conductor y piso) es de cemento patinado[11]. Al costado, en la base, hay una placa que explica que es una donación del Sindicato de Peones de Taxi a la Ciudad de Buenos Aires. Este original homenaje a sus afiliados fue inaugurado en 2012.

El Monumento al Taxista es obra del artista plástico y abogado Fernando Pugliese, quien ha recreado varios personajes de historietas y artistas populares en esculturas emplazadas en distintos sitios del Centro, incluyendo la de Minguito sobre la avenida Corrientes, la de Sandro en el Gran Rex y la de Don Nicola en Puerto Madero.

ESCULTURA EN 11 DE SEPTIEMBRE Y JOSÉ HERNÁNDEZ

Una escultura de gran tamaño sin nombre que la identifique (al menos, nosotros no lo encontramos) se encuentra frente a una torre en la esquina de José Hernández y 11 de Septiembre en el barrio de Belgrano. Es la representación de un cuello y la mitad inferior de su cabeza, fragmentada con un toque Minujín; la obra comunica movimiento pues se observa un hombre trajeado y con corbata tratando de ascender por el cuello como si fuera una escalera y a otro, pero sin brazos, sentado en la parte superior.

Cuando publicamos la nota en su versión original no sabíamos quién era su autor. Gracias a Gaby Pereyra nos enteramos que la obra se llama “Amores” y es obra del escultor Carlos Affranchino y el escultor y arquitecto Abel Trybiarz. Por su volumen y la calidad de su terminación vale la pena conocerla. Tal vez, por la expresión del hemirostro, y en particular de su boca, y también por la inclinación que le da el cuello, se trata de alguien que sufre. ¿Por qué sufre? Quizás por una lucha interior. Una parte de él, la figura que está arriba, es su pensamiento establecido, mientras que el hombrecito que sube es un pensamiento nuevo, que quiere desplazar o ayudar al otro. La paradoja es que ambos hombres son muy parecidos.

HITO DE FRONTERA, ¿UN MONUMENTO ECUESTRE A LA INVERSA?

Ubicado en la Plaza Intendente Seeber, enfrente del viejo Zoológico porteño, se encuentra un enorme mulita de un amarillo rutilante sobre un auto volcado cuyas ventanas están tapiadas con ladrillos. Esta curiosa obra de arte, creación de Carlos Huffman, fue presentada en abril de 2019 en ocasión la Semana del Arte de Buenos Aires.

La idea de un armadillo gigante -que parece más bien un tatú carreta– sobre un auto dado vuelta evoca distintas situaciones. Escuchemos al artista “podría ser una estatua ecuestre invertida, con el animal arriba y el humano abajo, representado en el auto. Hay inversiones de sentido, todo lugar es una frontera si lo podés definir… me interesa mucho la idea de mundos intermedios”[12].

Se ha dicho que el hito de la frontera se encuentra entre el realismo y surrealismo; para nosotros es una suerte de realismo mágico que nos recuerda que Buenos Aires nunca nos deja de sorprender.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[3] “Susana Casanova Arte”, http://susanacasanovas.blogspot.com/2010/06/1997-monumento-al-perro-abandonado_27.html

[4] Evangelio de Lucas 24:50-53; Hechos 1:3,6-11

[5] Evangelio de Lucas 3:23

[6] Zigiotto, Diego M., “Las Mil y Una Curiosidades del Cementerio de la Recoleta”, Ediciones B, Buenos Aires, Argentina, 2013, p.120

[7] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, “Mármol y Bronce, esculturas de la Ciudad de Buenos Aires”, Olmo Ediciones, Buenos Aires, Argentina, 2015, p.120, 853

[8] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p..506

[9] “Las Meninas salen a la Calle”, https://pablobedrossian.com/2018/05/13/las-meninas-salen-a-la-calle-por-pablo-r-bedrossian/

[10] https://issuu.com/eltangautatango/docs/eltangauta236/10

[11] Gutiérrez, Nicolás Gabriel, Op. cit., p.510

[12] Zacharías, María Paula, “Un circuito en cinco postas: dar la vuelta a la plaza, un paseo cultural con sorpresas”, https://www.lanacion.com.ar/cultura/un-circuito-en-cinco-postas-dar-la-vuelta-a-la-plaza-un-paseo-cultural-con-sorpresas-nid2236431


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos

EL EDIFICIO DEL MOP (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES 

Avanzando por la Avenida 9 de Julio de norte a sur uno encuentra una enorme mole hormigonada de líneas rectas y color blancuzco que obliga a desviar el camino. Los turistas se detienen a fotografiar allí un rostro de Evita a gran escala en acero, que de noche se ilumina; además hay una imagen en el mismo estilo del otro lado. El paso incesante de vehículos delata que es el único edificio sobre la “avenida más ancha del mundo”, ubicado en la manzana donde la Avenida Belgrano y la calle Moreno interceptan a la 9 de Julio y a su colectora oeste, la calle Lima. Fue construido como sede del Ministerio de Obras Públicas, por lo que se lo conoce por sus siglas, el “Edificio del MOP”.

Ubicado en el barrio de Monserrat, fue uno de los primeros rascacielos racionalistas de la ciudad, con 93 metros de altura[1].  

EL RACIONALISMO

Llegando muy poco después del Art Decó, que había nacido en 1925, y conviviendo por un largo tiempo con él, apareció el Racionalismo: una arquitectura basada en la razón, cuyos diseños se basaban en volúmenes geométricos simples despojados de ornamentos. No es aventurado decir que renunciaba a la estética para privilegiar la función; se servía para ello de materiales de última generación, como el hormigón y el acero. 

LA HISTORIA

En 1932 el arquitecto José Hortal, Director de Arquitectura del Ministerio de Obras Públicas, propuso al ministro Manuel Alvarado la construcción de un gran edificio para ese ministerio que hasta aquel momento funcionaba en oficinas desperdigadas por la ciudad. El proyecto fue aceptado. El 26 de noviembre de 1933 se promulgó la ley 11.714 que cedía el terreno ocupado por las calles Moreno, Lima, Aroma y la futura 9 de Julio para la construcción del edificio del Ministerio de Obras Públicas, que el Estado mismo financió[2]. La calle Aroma mencionada allí era un pasaje anteriormente conocido como la Calle del Pecado que corría entre las calles Moreno y Belgrano, que aún no había sido convertida en avenida.

Las obras de iniciaron el 15 de noviembre de 1934, con diseño del Arquitecto Alberto Belgrano Blanco[3] y fueron dirigidas por el ingeniero Marcelo Martínez con la supervisión del propio Arquitecto Hortal. La empresa constructora de José Scarpinelli levantó la estructura de hormigón en solo 138 días hábiles. Sigamos el relato de Leonel Contreras “La idea original de Hortal era levantar en la futura Av. 9 de Julio un centro cívico monumental que comenzaría con el Ministerio de Obras Públicas. Sin embargo, en 1936, en plena construcción del edificio, el Intendente Mariano de Vedia y Mitre dispuso que el ancho de la futura avenida debía tener 140 metros, con lo cual debían ser demolidas en su totalidad las manzanas existentes entre Bernardo de Irigoyen – Carlos Pellegrini y Lima – Cerrito. A pesar de que se intentó dar marcha atrás con la construcción, el edificio fue terminado, inaugurándose en septiembre de ese año” [4].

EL EDIFICIO

Articulado en forma de U con el espacio abierto hacia la calle Lima, el Edificio del MOP cuenta con planta baja, 22 pisos, una azotea (donde se construyó la vivienda para el intendente del edificio) y una terraza, además de dos sótanos. Cuando fue inaugurado el acceso principal quedó ubicado frente a la desaparecida plaza Moreno, donde luego pasaría la Avenida 9 de Julio, y se crearon dos entradas auxiliares sobre las calles Aroma y Moreno.

Aquellos que han visitado el edificio seguramente se detuvieron a observar el amplio hall de entrada con su gran escalera, cuya estética se encuentra alterada por los controles y dispositivos de seguridad. En años anteriores pude visitar algunos pisos, todos muy espaciosos, con techos altos y anchos pasillos, algo propio de los gobiernos de aquella época que querían comunicar el poderío y la solidez del Estado.

LA PLAZA MORENO

La plaza Moreno (originalmente llamada Montserrat y luego Belgrano hasta recibir su nombre definitivo) desapareció con la apertura de la Avenida 9 de Julio. Se ubicaba donde hoy se encuentra la entrada principal del Edificio del MOP.

Ocupaba un amplio terreno que en algún momento fue llamado “el hueco de Monserrat”. Allí funcionó la poco conocida Plaza de Toros porteña. A principios del siglo XX el predio había sido propuesto para una “casa modelo para ejercicios físicos” y luego para un “instituto del profesorado secundario y colegio nacional anexo”, iniciativas que, desde luego, no prosperaron.

LA CREACIÓN DE LA AVENIDA 9 DE JULIO

En 1899, cinco años después de la inauguración de la Avenida de Mayo se proyectó una avenida similar que corriera de sur a norte. Recién en la década del ‘30 la idea comenzó a materializarse. Era una excelente oportunidad para contar con una avenida única y distinguida.

Cuenta Leonel Contreras que: “El arquitecto Ernesto Vautier, por ejemplo, estableció los usos y perfiles edificables a ambos lados de la futura arteria, proponiendo incluso una serie rítmica de edificios de 100 metros de altura a cada lado de la misma”[5]. El primer tramo se inauguró en 1937 entre las calles Tucumán y Bartolomé Mitre, sin incluir en ese momento el área donde se había levantado el Edificio del MOP. Aunque originalmente se pensó darle un ancho similar a la Avenida de Mayo (33 metros) poco después terminó ganándose la fama de “la avenida más ancha del mundo” al ampliarse a 140 metros, por la mencionada decisión del Intendente.

Sin embargo, el ensanche tomó su tiempo para llegar al Edificio del MOP, pues la ampliación de la Avenida 9 de Julio entre las calles Bartolomé Mitre y la Avenida Belgrano se realizó recién entre 1944 y 1947 quedando la fachada del edificio frente a la flamante Avenida 9 de Julio.

LA CALLE AROMA

Hoy solo persiste su nombre en una callecita de dos cuadras en el Bajo Flores. Según Diego Zigiotto, el antiguo pasaje tenía forma de L y corría entre la calle Belgrano y la calle Lima[6]. El plano[7]  y las fuentes documentales[8] a los que hemos accedido coinciden en describirlo como un pasaje en línea recta entre la Avenida 9 de Julio y la calle Lima. No tenemos certeza absoluta.

Calle Aroma – Vista aérea de Buenos Aires 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

Su nombre no se debía a ningún olor pestilente sino a una mala ortografía de Arohuma[9], palabra que recuerda la victoria de los patriotas Esteban Arce y Bartolomé Guzmán en Bolivia, el 15 de noviembre de 1810, frente a las tropas realistas[10]. De un modo u otro, la vieja Calle del Pecado, llamada desde 1893 Aroma, fue demolida en la ampliación que convirtió a Belgrano en Avenida en 1950. La manzana que delimitaba junto a la 9 de Julio, la calle Lima y la calle Belgrano también desapareció y en la actualidad su superficie está ocupada por el estacionamiento anexo al Edificio del MOP y una plazoleta.

PROYECTOS ASOMBROSOS

Siendo niño, mi abuelo materno me contó que cuando se inició la ampliación de la Avenida de Mayo hubo una propuesta que en aquel momento no creí pero resultó cierta: Alguien sugirió mover con rodillos el Edificio del MOP y trasladarlo a un terreno cercano. Desconozco que tecnología se hubiera podido utilizar para mover semejante gigante de hormigón, pero tal como me dijo mi querido abuelo Manuel, la idea se descartó porque resultada más caro traer las máquinas para desarraigar el edificio y movilizarlo que derrumbarlo y volverlo a levantar.

Hubo otro proyecto más ambicioso y con mayor sentido, concebido por el Arquitecto José Álvarez; se trataba de construir sobre la 9 de Julio un edificio gemelo al del MOP y luego unirlo al original como una suerte de arco triunfal[11]. También quedó en el olvido.

 NUMERACIÓN

El Edificio del MOP es el único que se mantiene en pie en la Avenida de Julio. Curiosamente se le asignó la numeración 1925, y no algún número entre 301 y 399, como sus paralelas. La razón es sencilla: siendo la única vía vehicular que no cambia de nombre al cruzar la Avenida Rivadavia, la numeración sigue siendo la iniciada en la Avenida del Libertador[12].

CURIOSIDADES:

* EL MONUMENTO A LA COIMA

Se dice que el Arquitecto José Hortal, cansado de los atrasos en la construcción del edificio y de las “incentivos” pedidos por los proveedores para “acelerar” la construcción, encargó al artista italiano radicado en la Argentina Troiano Troiani la creación de dos esculturas, una con un cofre en las manos y la otra, el  “Monumento a la Coima”, con el brazo pegado al cuerpo y una mano que solapadamente extiende una enorme palma hacia afuera esperando recibir algo, mientras la mirada parece atenta a la recepción de la dádiva.

Las estatuas no aparecen ni en el proyecto, ni en los planos, ni archivos, así que nadie puede corroborar si esa versión es cierta[13].

* EL RENUNCIAMIENTO DE EVITA

El hecho histórico de mayor envergadura que tuvo lugar en el Edificio del MOP fue el famoso “discurso del renunciamiento”, dado por Eva Duarte de Perón, Evita, el 31 de agosto de 1951 ante una multitud estimada en dos millones de personas.

Anunció allí su “renuncia indeclinable” a ser compañera de fórmula, en carácter de vicepresidente, de su esposo Juan Domingo Perón. Fallecería al año siguiente, víctima de un cáncer de útero.

* EL ROSTRO DE ACERO

Considerados por algunos murales de acero y por otros gigantografías en el mismo material, dos enormes rostros de Evita se destacan sobre las caras del Edificio del MOP que miran a la calle Moreno y a la Avenida Belgrano.

Esta obra doble del escultor Alejandro Marmo está inspirada en la imagen del Che Guevara en la Plaza de la Revolución de La Habana; para su ejecución se basó en un diseño que él mismo y el artista plástico Daniel Santoro realizaron en forma conjunta.

* LA PRIMERA TRANSMISIÓN DE TV

Desde el Edificio del Ministerio de Obras Públicas (hoy Ministerios de Salud y Ambiente y Desarrollo Social) se realizó el 24 de septiembre de 1951 la primera transmisión televisiva de la Argentina. Para ello se instaló una antena en el techo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Por ejemplo, el Edificio Mihanovich de 20 pisos y 80 metros de altura fue terminado en 1928 (ver nuestro artículo “El Edificio Nicolás Mihanovich”, https://pablobedrossian.com/2017/11/19/el-edificio-nicolas-mihanovich-por-pablo-r-bedrossian/, 2017); el Edificio Comega de 88 metros de altura fue erigido en 1933, con tres sótanos, planta baja, 21 pisos altos y un mirador en la terraza. El Edificio Safico de 92.3 metros de altura fue inaugurado en 1934 con 3 subsuelos, planta baja, 10 pisos en bloque y 15 pisos en torre escalonada. El Edificio Kavanagh fue levantado en 1936 con 120 metros de alto.

[2] Contreras, Leonel, “Rascacielos porteños – Historia de la Edificación en altura en Buenos Aires (1580-2005)”, Temas de Patrimonio Cultural nº 15, Comisión para la Preservación del Patrimonio Histórico Cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, Argentina, 1ª Edición, 2005, p.109

[3] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.146

[4] Contreras, Leonel, Op. cit., p.109

[5] Contreras, Leonel, Op. cit., p.108

[6] Zigiotto, Diego, “Las Mil y Una Curiosidades del Buenos Aires”, Ediciones B, Buenos Aires, 2012, p. 243,244

[7] Mapa Interactivo de la Ciudad de Buenos Aires, Vista aérea, 1940

[8] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.36

[9] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.19

[10] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit.  p.36

[11] Contreras, Leonel, Op. cit., p.110

[12] Zigiotto, Diego, Op. cit., p.243

[13] Panero, Alicia, “La historia del desconocido ‘monumento a la coima’, único en el mundo y en plena 9 de Julio”, InfoBAE, 4 de julio de 2019, https://www.infobae.com/politica/2017/03/08/la-historia-del-desconocido-monumento-a-la-coima-unico-en-el-mundo-y-en-plena-9-de-julio/†


AGRADECIMIENTO

Gracias a Alejandro Daniel Machado, uno de los grandes especialistas en edificios porteños, por su ayuda en la búsqueda de información.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la fotografía de la vista aérea de la calle Aroma, Buenos Aires, 1940, tomado de Mapa Interactivo de Buenos Aires, https://mapa.buenosaires.gob.ar

EL PASAJE SANTAMARINA (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”  

Esta nota está dedicada a la memoria de Fabio Perlin, incansable investigador de Buenos Aires, sus detalles y arquitectura (1966-2018).

Ubicado en el barrio Monserrat, a pocas cuadras de la Casa Rosada y de San Telmo, el Pasaje Santamarina es uno de los más interesantes de Buenos Aires. Es una ancha vía peatonal privada que transcurre a cielo abierto durante la mayor parte de su trazado.

Sirve como pasillo central de un edificio en forma de L con salida a dos calles. El pasaje – al que se accede desde México 750 y Chacabuco 641– corre por dentro del cuadrante noreste de la manzana formada por las calles México, Chacabuco, Chile y Piedras.

Dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

La fachada sobre la calle México es más ancha que la que la ubicada sobre la calle Chacabuco. La construcción fue levantada entre 1914 y 1915 por el arquitecto alemán Carlos Nordmann. Posee tres plantas, ofreciendo 35 viviendas de alquiler, 17 en la planta baja y 18 en primer y segundo piso.

Un grupo de expertas explica que “el pasaje Santamarina responde a la tipología de casa de pasillo en planta baja y dos pisos altos, con viviendas en frente que alternan con patios abiertos. Su fachada afrancesada marca un eje central con la puerta de doble acceso al pasaje y dos ventanas apareadas en las plantas superiores”[1]. El arquitecto Rolando Schere agrega algo que comprobamos personalmente: “a algunas viviendas se accede directamente desde las calles exteriores, mientras que al resto se ingresa desde el pasaje, o bien a través del patio que posee cada una, o bien desde los núcleos de escaleras que llevan hasta las unidades de los pisos altos”[2]. La entrada por la calle México es la más suntuosa. Detrás del portón de hierro negro, aparecen intercalados sobre el camino al aire libre una serie de arcos en línea recta con finas molduras sobre los cuales asientan secciones del edificio.

Una palmera inclinada se ubica justo donde el pasaje gira 90º y comienza el tramo hacia la calle Chacabuco. Este brazo es más angosto, sin embargo, es un excelente espacio donde admirar las puertas y las ventanas con persianas pintadas de verde, incluyendo los balconcitos de los pisos superiores.

En esa sección hay algunos llamativos muros curvos. El Dr. Eduardo Luis Balbachán, pionero en el estudio de los pasajes porteños, nos provee un dato histórico: “al pie de la palmera se instalaba el ayudante del portero enfundado en su librea, en la década del ’20 controlando los dos accesos”[3]. El Pasaje Santamarina crea una atmósfera íntima, embellecida por macetas con diversas plantas a ambos lados y, a la vez, blindada por sus altas paredes.

La salida por la calle Chacabuco tiene algunos detalles elegantes en la fachada, como un balcón de doble puerta con persianas cubierto por un solo arco.

Con su piso de pequeñas baldosas rojas, su dulce quietud y su fragancia a barrio, el Pasaje Santamarina es uno de esos rincones de Buenos Aires que lo hacen único.

LOS DUEÑOS

El proyecto lleva el nombre del empresario orensano Ramón Santamarina (1827-1904), dedicado a la ganadería y a la administración de bienes raíces. Desde muy joven, estableció  su centro de operaciones la ciudad de Tandil, donde hoy una plaza, una avenida y un monumento llevan su nombre. En 1890 fundó la empresa “Santamarina e hijos”.

El pasaje era propiedad de la esposa, doña Ana Irazusta, debido a que su esposo se había quitado la vida. Sus hijos ocuparon cargos importantes, como la presidencia del Banco Nación, diputaciones y senadurías nacionales y la presidencia de la Sociedad Rural Argentina[4]. Incluso uno de ellos, Enrique, fue vicepresidente de la Nación en el gobierno de José Félix Uriburu que derrocó a Hipólito Yrigoyen en 1930.

EL ARQUITECTO

Carlos Nordmann (1858-1918) nació en Hannover, que en aquel momento era territorio prusiano, donde estudió arquitectura. Llegó a la Argentina en 1883 contratado por el Gobierno de la Provincia de Buenos Aires para dirigir las obras de palacio legislativo.

Luego trabajó con el reconocido arquitecto Juan A. Buschiazzo, hasta que finalmente puso su propio estudio. Fue un prolífico arquitecto “Entre sus obras se destacan el Hospital y Escuela Ramón Santamarina y la Iglesia Santa Ana de Tandil y varias sucursales del Banco Nación”[5], incluyendo la de San José de Flores[6].

Sucursal del Banco Nación en el barrio de Flores, diseñado por Carlos Nordmann. A la izquierda, la Iglesia de San José de Flores de la cual está separada por el pasaje peatonal Salala.

Además realizó muchos otros proyectos, como el Torreón del Monje de Mar del Plata y varios edificios en la Avenida de Mayo (en su mayoría demolidos). Fue considerado en su época el típico arquitecto de Barrio Norte, donde realizó una amplia variedad de edificios y casas, incluida la suya propia en Juncal 1442. Residió en la Argentina hasta sus últimos días. Hay un blog dedicado a su obra, creado por nuestro recordado amigo Fabio Perlin[7].

CURIOSIDADES

Hay un blog privado que se llama Pasaje Santamarina.

Aún sobrevive dentro del edificio un viejo cartel que habla de escupir en las saliveras.

En una de las puertas que da a la calle México y sirve de acceso directo a una de las viviendas, se encuentra la Casa del Veterano de Guerra.

También en el edificio tuvo su atelier -luego trasladado a Vicente López- el premiado arquitecto Claudio Vekstein, autor del diseño de varios monumentos porteños.  

Sin embargo, creo que la mayor curiosidad la constituye una vecina que vivía sola, doña Sara F., quien hace muy pocos años tuvo la osadía de montar en su departamento un pequeño restaurante. La señora había visitado La Habana y quedó fascinada con los míticos paladares, comedores caseros que permiten a los cubanos ganar buenos dólares con el turismo, en su ingeniosa lucha por la supervivencia.

Como es un pasaje privado, debía mantener el negocio en secreto: no podía poner anuncios ni divulgarlo entre vecinos. Hizo contacto con empleados de una empresa de la zona y comenzó a recibirlos, abriéndoles el portón de la calle México rigurosamente a las 12.10 del mediodía de lunes a viernes. Doña Sara F. cocinaba muy bien, y consecuentemente la clientela comenzó a crecer. Un día llegaron más comensales que espacios disponibles, ocurriendo algo inesperado: dos personas comenzaron a pelear en la puerta, pujando por entrar. Los gritos alertaron a los vecinos que de inmediato tomaron conocimiento de lo que sucedía.

El escándalo obligó a prohibir la entrada a los visitantes del restaurante clandestino. Sin embargo, el negocio no cerró: los mismos vecinos que protestaron, quedaron cautivados por el aroma de los platos de doña Sara F. que, como buena emprendedora, supo adaptar su negocio y comenzó a cocinar para los residentes del pasaje.

Aunque ella adujo el cobro de una herencia, muchos atribuyen a las extraordinarias ganancias generadas por sus comidas la posterior mudanza de la mujer a un edificio de la Avenida Alvear, donde ahora cocina para sus nuevos vecinos.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados. 


REFERENCIAS

[1] Aslan, Liliana; Joselevich, Irene; Novoa, Graciela; Saiegh, Diana; Santaló, Alicia, “Buenos Aires Monserrat 1580-1970”, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105

[2] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.38

[3] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.26

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Corregidor, Buenos Aires, Argentina, 2010, p.60

[5] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.200

[6] Schere, Rolando H., Op. cit., p.78

[7] Perlin, Fabio, “Arquitecto Carlos Nordmann: Catálogo on line de su obra y proyectos”, http://arquitecto-nordmann.blogspot.com/


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomados por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, salvo el dibujo por el Arq. Rolando Schere, tomado del libro “Buenos Aires Monserrat 1580-1970″, IPU (Inventario de Patrimonio Urbano), Buenos Aires, 1992, p.105, de Aslan, Joselevich, Novoa, Saiegh y Santaló

ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO: EL ÚNICO PASAJE EN S DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES” 

Uno de mis primeros lugares de trabajo estaba ubicado en un edificio de cúpula imponente levantado en Callao y Lavalle, al que se accedía por Lavalle 1790. Cruzando la avenida Callao, justo donde debía formarse la esquina sudoeste se abría una curiosa callecita. No era una diagonal, sino una calle en S que perforaba la manzana. Se llamaba Rauch y el tránsito vehicular en su única cuadra iba de Callao y Lavalle hasta Riobamba y Corrientes, donde desembocaba.

Me gustaba recorrerla y dos detalles cautivaban mi atención: una placa que recordaba el paso por esa calle de la primera locomotora que hubo en el país, La Porteña, y el Teatro del Picadero, donde en 1980 había asistido a un recital del legendario tecladista Carlos Cutaia, cuyos invitados especiales habían sido nada menos que Charlie García y León Gieco.

Hoy la calle se llama Enrique Santos Discépolo y se ha convertido en uno de los pasajes peatonales más anchos de Buenos Aires. Tiene una peculiaridad: debido a su serpenteante trayecto, si uno se sitúa en cualquiera de sus extremos no podrá ver el otro, a pesar de tener una sola cuadra. Además, es un lugar extraño donde conviven vagos con oficinistas, bohemios con estudiantes y comerciantes con vecinos.

LA EDAD DE HIERRO

En septiembre de 1853 un grupo de argentinos se unió para crear el primer ferrocarril local; una ley de enero de 1854 les otorgó la concesión para explotarlo. Tres años y medio después, el 29 de agosto de 1857 realizaron el viaje inaugural. El trayecto original comprendía diez kilómetros de líneas férreas, desde la Estación Parque, ubicada donde hoy se encuentra el Teatro Colón, hasta la Estación (La) Floresta.  

Cuenta el historiador ferroviario Jorge Tartarini “Al salir de la estación, las vías hacían una suave curva cruzando la Plaza del Parque, para luego seguir por calle Lavalle hasta Callao. Allí tomaba por la curva de los olivos u ‘hornos del señor Bayo’ para entrar en la calle Corrientes, desde donde se dirigía hasta Centroamérica (hoy Pueyrredón)”[1]. El 15 de octubre de 1856, don Rosendo Bayo había cedido estas tierras al Ferrocarril Oeste, habiendo constancia de la escritura[2]. A esa curva también se la conoció después como “curva de los Jesuitas”, por la cercanía con la Iglesia y el Colegio del Salvador, levantados en la década de 1860, o “curva de la muerte” por las dificultades que les generaba a los flamantes maquinistas.[3]

Recordemos que el recorrido del primer tren criollo, encabezado por la mítica locomotora “La Porteña” era más bien rural. El país recién acababa de salir del rosismo; Buenos Aires, que aún no había adherido a la reciente Constitución Nacional, todavía estaba dominada por la arquitectura colonial; su población, según el censo de 1855, era de alrededor de 92,000 habitantes, cuya mayoría no sabía leer[4].

La Calle del Parque (hoy Lavalle)[5] que atravesaba el tren en sus primeros kilómetros era una zona de quintas, tal como lo señala un plano de mensura de firma ilegible realizado en 1864, que además contiene la primera mención que encontramos sobre la breve sección sinuosa: “Se observa un tramo de vías de ferrocarril en forma de curva, expresado en línea punteada, sobre la calle Parque a la altura de Callao”[6].

NACE UNA ESTRELLA

Buenos Aires se sumó a la Confederación Argentina en 1860, mediante el Pacto de San José de Flores (de paso, la Provincia de Buenos Aires siguió emitiendo su propia moneda hasta 1861). A partir de allí el país se abrió camino hacia la modernidad a un ritmo vertiginoso. La ciudad creció “desde el núcleo del antiguo radio del municipio, hoy Casco Histórico, pasando por la expansión en las direcciones Norte y Oeste (desde 1870), hasta la incorporación e integración de los Municipios de Flores y Belgrano (1887)”[7].

El crecimiento del transporte ferroviario fue exponencial. En 1871 -debido también al éxodo masivo generado por la epidemia de fiebre amarilla que azotó la ciudad- se vendieron un millón de boletos. Cuentan Jorge Schvarzer y Teresita Gómez, director e investigadora respectivamente del CEEED (Centro de Estudios Económicos de la Empresa y el Desarrollo) de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Buenos Aires que “Diez años más tarde (1881), la empresa se vio obligada a construir vías dobles a partir del Once, para atender el intenso tráfico de la zona; la ampliación llegó a Liniers en 1883…. Ese mismo año se terminaba de desmontar el ramal que nacía en el Parque y llegaba al Once, debido a las demoras y accidentes que provocaba el servicio en dicho tramo, ya densamente poblado y donde la franja disponible para las vías era demasiado angosta para encarar mejoras de cualquier orden”[8].

El crecimiento urbano desde el Centro hasta el Once llevó, entonces, a levantar las vías entre las dos primeras estaciones, dejando libre el paso en la vieja Curva de los Olivos, dondemencionamos que antiguamente se hallaban los hornos de ladrillos de Bayo. Lo que había sido un camino de trenes se convirtió en una calle transitable. Diez años después, y mencionada como Curva del Ferrocarril en el texto, la Ordenanza Municipal del 27/11/1893 le impone el nombre de Rauch[9].

LOS AÑOS OSCUROS Y EL REGRESO DE LAS LUCES

Muy pocos datos hemos podido obtener de las décadas que siguieron, todos aportados por Vicente Cutolo en su libro sobre calles de Buenos Aires. Cuenta que a principios de siglo en su extremo que da la Avenida Callao había un bebedero para caballos, que luego hubo prostíbulos de cortinas rojas y que hacia 1930 existió también una feria al aire libre[10].

Sin embargo, pudimos hallar por nuestra cuenta algunos datos interesantes sobre cuatro edificios que aún sobreviven. El primero es que uno de los laterales de la Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento, cuya entrada principal se encuentra en la Avenida Callao 450, da a la ex calle Rauch. Este centro educativo fue inaugurado en 1886 como Escuela Primaria y en 1914 elevado a Escuela Normal (que en aquel entonces indicaba nivel Secundario con orientación a la docencia). El edificio con fuertes influencias del neorrenacimiento italiano fue creado por el arquitecto italiano Carlos Morra (1854-1926), especialista en edificios escolares[11] . Hoy está catalogado como APH (Área de Protección Histórica). De todos modos, su relevancia arquitectónica para la actual calle Enrique Santos Discépolo es baja.

Mucho más interesante es el edificio art deco de once plantas levantado en la esquina norte de Rauch y Callao; fue diseñado por el arquitecto croata de origen húngaro Andrés Kalnay[12] y construido por Lorenzo Bursese en 1935.

También en la esquina que une este pasaje con Corrientes y Riobamba se encuentra el edificio apodado “La Porteña”, ex sede del Banco Mercantil Argentino, hoy ocupada por Swiss Medical. Es un edificio de ocho pisos, planta baja y dos subsuelos, construido a mediados del siglo XX, cuyo diseño, casi triangular, obedece a las medidas del terreno. Ha sido reciclado en 2005[13].

Pero, sin duda el jugador distinto del pasaje es el Teatro del Picadero. Fue creado por el arquitecto Gastón Breyer en 1980, recuperando una fábrica de bujías levantada en la mano norte de la cuadra en 1926[14] bajo diseño del arquitecto italiano Benjamín Pedrotti. En 1981 se desarrolló allí Teatro Abierto, un proyecto cultural surgido como una reacción a la dictadura militar. En la madrugada del 6 de agosto de ese año estalló una bomba que dejó el edificio inutilizable. Años después fue reconstruido y utilizado con diversos fines, pero en 2007 se comenzó a demolerlo para unirlo a un terreno vecino y levantar allí unas torres comerciales. El intento logró frustrarse gracias a la reacción de la comunidad y organizaciones que defendían el patrimonio edilicio porteño. En mayo de 2012, fue reinaugurado bajo ideas del arquitecto Gustavo Keller; la sala del primer piso puede albergar casi 300 personas. Su dirección es Enrique Santos Discépolo 1849.

PRIMERO EL TREN, LUEGO LOS AUTOS, AHORA LOS PEATONES

Desde que se levantaron los rieles la curva en forma de S, la vía pasó a ser utilizada primero por carros y luego por autos. Sin embargo, en octubre de 2003 el legislador porteño Carlo Campolongo presentó un proyecto de ley proponiendo convertir el pasaje Enrique Santos Discépolo en peatonal. La Legislatura lo acompañó con una declaración para que “se arbitren las medidas necesarias a los efectos de convertir el tramo en un espacio de atracción histórico, cultural y turístico”[15]. La ley 1157 fue sancionada el 3 de noviembre de 2003[16] y publicada el 20 de noviembre de ese año[17].  Finalmente, dos años después, la ex Rauch se convirtió en peatonal[18], con una superficie embaldosada, con cestos y árboles.

En 2008 fue declarada Sitio de Interés Cultural por la Resolución 179/08. A fines de 2013, con la participación de la comunidad educativa de la vecina Escuela Domingo Faustino Sarmiento se inauguraron los trabajos de recuperación que incluyeron lugares de descanso para que los padres de los alumnos puedan esperar con mayor comodidad a sus hijos y la colocación de luces blancas para iluminar el piso de noche[19].

EL MURAL DE SANTA MARÍA

En 2007 Marino Santa María, cuyas intervenciones artísticas sobre la calle Lanín[20] de Barracas y el pasaje Hugo del Carril en la Estación Flores son ampliamente conocidas, creó el mural “Uno, Once y Nosotros”. Se trata de una composición de 120 m2 en mosaico veneciano y trencadís catalán (una suerte de picadillo hecho a base de piezas rotas de cerámica esmaltada) sobre el contrafrente del Escuela Normal Superior N°9 Domingo Faustino Sarmiento que da al pasaje y en los canteros de esa vereda.

El proyecto se llevó a cabo con el apoyo de la Cámara de Comerciantes del Once (CADMIRA) y la Fundación Armonía y alude al paso de la histórica locomotora La Porteña por esa vía, al tango Uno con letra de Discépolo y a Teatro Abierto, aquel proyecto escénico contestatario llevado a cabo en el Teatro del Picadero[21].

LA FERIA FRANCA

Recuperando la idea de aquel mercado que existió en los años ’30 del siglo XX, la Fundación Sabe la Tierra ha creado el Mercado Balvanera que funciona todos los miércoles en el pasaje, salvo que llueva. Consta de treinta puestos que ofrecen productos naturales, orgánicos y sustentables directamente del productor al consumidor[22].

EL BAR MORDISQUITO

En 2016 cerró el bar cultural Mordisquito, que funcionaba en el pasaje[23]. Era un lugar para la poesía, la música y las artes plásticas. Además, contaba con una biblioteca con clásicos y literatura de vanguardia. Nos da tristeza que se haya perdido un espacio donde los artistas podían mostrar lo que hacían y compartir sus creaciones. Funcionó durante más de cinco años; existía la Radio Mordisquito, la radio del bar.

EL PASAJE EN LA LITERATURA

Vicente Cutolo cita una breve cuarteta que atribuye a un poeta de Buenos Aires:

 “En viñeta caprichosa, / el Pasaje Rauch conserva / la curva que dibujó / el humo de “La Porteña”[24].

Baldomero Fernández Moreno el que le dedica un breve pero significativo poema:

CALLEJUELA RAUCH[25]

Callejuela apartada,
humilde callejuela
que ofreces a mi espíritu cansado
de tanta calle recta,
el sencillo misterio de tu curva…
Gracias, hermana callejuela.

También es mencionado como Pasaje Rauch dos veces en “Restos Humanos”[26],  novela de Álvaro Abós. No encontramos ninguna referencia literaria citando al pasaje como Enrique Santos Discépolo, salvo como dirección del Teatro del Picadero.

LOS NOMBRES DESPUÉS DE LAS CURVAS

Nuestro pasaje recibió el nombre de Rauch, como hemos escrito antes, por la Ordenanza Municipal del 27/11/1893. Sin embargo, en 1988 hubo un doble cambio de nombre: Por la Ordenanza Nº 43.388-1988[27],  la calle Rauch pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo y el pasaje Salónica, ubicado entre Medrano y Salguero, recibió el nuevo nombre de Rauch. En realidad, fue casi un trueque. Presentamos brevemente la historia.

El pasaje Salónica originalmente se consideraba parte de la calle Rocamora. Sin embargo, y razonablemente porque no constituía una verdadera continuación de aquella calle, en 1933 pasó a llamarse Salónica. En 1973 fue rebautizado como Enrique Santos Discépolo por la Ordenanza Nº 28.124/1973; en 1976, tras el golpe militar, recuperó el antiguo nombre de Salónica (Ordenanza Nº 1.665/1976)[28]. Por lo tanto, en 1988 el pasaje que alguna vez se llamó Enrique Santos Discépolo pasó a llamarse Rauch, y el pasaje Rauch donde pasaba La Porteña pasó a llamarse Enrique Santos Discépolo.

QUIÉNES FUERON

Federico Guillermo Rauch fue un militar nacido en 1790[29] en el Gran Ducado de Baden, territorio en la actual Alemania. Fue oficial de loe ejércitos napoleónicos. Llegó a la Argentina en 1819 donde se incorporó al ejército argentino. Intervino en las primeras campañas al desierto durante la década de 1820 al ‘30. Ascendido a coronel, fue confirmado como como jefe del Regimiento de Húsares que desde entonces fue el 5to. de Caballería. Desplazado de su cargo por el gobernador Dorrego, se volvió unitario. Peleó junto a Lavalle[30] y fue muerto en una emboscada por los indios. A Rauch lo recuerda también un Partido y su ciudad cabecera de la Provincia de Buenos Aires.

Perdura un encendido debate sobre los merecimientos de Rauch para que su nombre se recuerde en ciudades y calles. El escritor Osvaldo Bayer, autor de La Patagonia Rebelde, ya en 1963 había propuesto un plebiscito para cambiar el nombre de la ciudad bonaerense por el de Arbolito, el indio que decapitó a Rauch. “Ese coronel prusiano era de una crueldad terrible. A los indios les hacía el degüello corbatita para ahorrar en balas”[31]. El periodista Rolando Hanglin, en franca oposición a Bayer, cuenta el otro lado de la historia en un reciente artículo. Dice de Rauch: “fue derrotado en el combate de las Vizcacheras, el 28 de marzo de 1829, y en una emboscada le bolearon el caballo y luego lo lancearon y degollaron. El autor material de su muerte fue el ranquel Nicasio Maciel (ya muchos indios llevaban nombres cristianos), apodado Arbolito. Decapitaron a Rauch, abatido junto al coronel Nicolás Medina, y arrojaron su cabeza en la puerta de casa de la madre de su enemigo, Prudencio Arnold, como gesto cordial. Luego la pasearon por Buenos Aires hasta tirarla por ahí, en señal de desafío a los unitarios de la ciudad”[32].

Un detalle: Rauch es nombrado por Ernesto Sábato, en “Sobre héroes y tumbas”, a través de uno de sus personajes: “Soy el comandante Alejandro Danel… Y después cuando al fin, cuando Francia ya no era más la tierra de la Libertad y yo soñaba con combatir por los pueblos oprimidos, me embarqué hacia estas tierras, junto con Brauix, Viel, Bardel, Brandsen y Rauch, que habían combatido al lado de Napoleón”[33].

No hay discusión, en cambio, sobre la figura de Enrique Santos Discépolo (1901-1951). Discepolín, como se lo conocía, dejó en su corta vida letras esenciales en la Historia del Tango, tales como Cambalache, Cafetín de Buenos Aires, Yira-Yira y Uno. Además de poeta, fue actor y dramaturgo. También lleva su nombre la placita que está en el centro de la calle Butteler[34] en Boedo.

© Pablo R. Bedrossian, 2019. Todos los derechos reservados.


BONUS: VIDEO DEL PASAJE ENRIQUE SANTOS DISCÉPOLO


AGRADECIMIENTO:

Quiero agradecer muy especialmente a Beatriz Bursese, nieta de Lorenzo Bursese, constructor del edificio art deco de once plantas en la esquina norte de Rauch y Callao, quien tras leer la versión original de esta nota me proveyó el nombre correcto de su abuelo, tal como ahora aparece. Los constructores muchas veces pasan inadvertidos a pesar que tienen el enorme mérito de hacer realidad los sueños de los arquitectos.


REFERENCIAS:

[1] Tartarini, Jorge, “Arquitectura ferroviaria”, Ediciones Colihue, 2001, p.65,66

[2] “Memoria del Ministerio de Hacienda de la Provincia y de las diversas reparticiones que de él dependen correspondientes al año 1866 y presentadas a la Legislatura de 1867”, Imprenta Buenos Aires, Calle Moreno, Frente a la Casa de Gobierno, 1867, p.222

[3] García Costa, Víctor, “Los Ferrocarriles”, Centro Editor de América Latina, 1971, p.41

[4] “Antecedentes del Censo de la Ciudad de Buenos Aires de 1855”, Población de Buenos Aires, vol. 3, núm. 4, octubre, Dirección General de Estadística y Censos, Buenos Aires, Argentina, 2006, pp. 91-103

[5] Cutolo, Vicente Antonio, “Buenos Aires: historia de las calles y sus nombres”, Editorial Elche, Buenos Aires, 1988, p.691

[6] Barela, Liliana, “Guía de Cartografía Histórica de Buenos Aires (1854-1900)”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2003, p.29

[7] Barela, Liliana, Op. cit., p.14

[8] Schvarzer, Jorge y Gómez, Teresita, “El Ferrocarril del Oeste en la Argentina: entre las demandas de la ciudad y el campo (1854-1870)”, Revista TST (Transportes, Servicios y Telecomunicaciones), Dossier, p.204

[9] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.349

[10] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., p.1013

[11] Liemur, Jorge Francisco y Aliata, Fernando , Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo i/n, 2004, p.168

[12] Böhm. Mimi, Grementieri, Fabio y Verstraeten, Xavier, “Buenos Aires – Art Deco y Racionalismo”, Ediciones Xavier Verstraeten, 2008, p.117

[13] Diario La Nación, Buenos Aires, Arentina, 15 de agosto de 2005, https://www.lanacion.com.ar/729810-a-pasos-de-callao

[14] http://arqi.com.ar/edificio/teatro-del-picadero/

[15] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 28 de octubre de 2003. https://www.lanacion.com.ar/539943-convertiran-el-pasaje-santos-discepolo-en-una-calle-peatonal

[16] http://www.buenosaires.gob.ar/areas/cultura/cpphc/sitios/detalle.php?id=127

[17] http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/ambiente/calles/index4.html. El 9 de noviembre de 2006 la Legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires sancionó la ley 2.135 prohibiendo también el estacionamiento sobre el pasaje, ver http://www2.cedom.gob.ar/es/legislacion/normas/leyes/ley2135.html

[18] Diario La Nación, Buenos Aires, Argentina, 3 de noviembre de 2005 https://www.lanacion.com.ar/753063-el-pasaje-santos-discepolo-se-convirtio-en-un-paseo-peatonal

[19] Diario Clarín, Buenos Aires, Argentina, 27/12/2013  https://www.clarin.com/ciudades/escuela-recuperan-historico-pasaje-discepolo_0_H1IjJ-sP7x.html

[20] Puede leerse nuestro artículo “La pintoresca calle Lanín”, https://pablobedrossian.com/2018/02/20/la-pintoresca-calle-lanin-por-pablo-r-bedrossian/

[21] Santa María, Marino, “Intervenciones Urbanas”, Bisman Ediciones – Weber Saint-Gobain, 2015, p.26

[22] Fundación Sabe la Tierra, http://www.sabelatierra.com/balvanera/

[23] http://www.agenciapacourondo.com.ar/cultura/cierra-el-bar-mordisquito

[24] Cutolo, Vicente, Op. cit., p.1013

[25] Fernández Moreno, Baldomero, “Ciudad, 1915-1949”, Ediciones de la Municipalidad, 1949, p.30

[26] Abós, Álvaro, “Restos Humanos”, Puntosur Editores, 1990, pp.38-39

[27] Publicada en el Boletín Municipal n° 18.520

[28] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p

[29] Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, ” 1971, p.151. Es la fecha más aceptada. Cutolo dice 1794.

[30] Cutolo, Vicente Osvaldo, Op. cit., pp.1013-1014

[31] Vitale, Cristian, Diario Página 12 16/10/2003 https://www.pagina12.com.ar/diario/suplementos/no/12-903-2003-10-22.html

[32] Hanglin, Rolando, Diario InfoBAE 14/05/2017 https://www.infobae.com/opinion/2017/05/14/querer-cambiarle-el-nombre-a-rauch-por-arbolito-no-solo-es-absurdo-es-ofensivo/

[33] Sábato, Ernesto, “Sobre Heroes y Tumbas”, Colección Summa Literaria, Seix Barral,1961,1985, p.185

[34] Puede leerse nuestro artículo “Butteler: la única calle en X de Buenos Aires” donde hablamos y mostramos la placita Enrique Santos Discépolo  https://pablobedrossian.com/2018/06/03/butteler-la-unica-calle-en-x-de-buenos-aires-por-pablo-r-bedrossian/


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EL PASAJE ARRIBEÑOS O “LOS COLONIALES” DEL BAJO BELGRANO, (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Belgrano es uno de los barrios de Buenos Aires que ofrece mayor número de curiosidades. Allí, subiendo desde el Bajo por la Avenida Juramento, que en ese breve tramo es una vía angosta, se encuentra una serie de calles paralelas que llevan el nombre de los primitivos cuerpos del ejército argentino: Dragones, Húsares, Cazadores, Artilleros, Miñones, Migueletes, y del otro lado de la Avenida del Libertador -la única arteria que no sigue la secuencia-, Montañeses y Arribeños.

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Arribeños, la calle más larga de la serie, luego de ser interrumpida por las Barrancas de Belgrano resurge en la unión de Juramento con las vías del Ferrocarril General Mitre; allí, en sus primeros metros, un amplio arco de líneas rectas indica el inicio del China Town porteño. Dos cuadras y media más adelante, en Arribeños 2346/52, entre las calles Olazábal y Blanco Encalada, se encuentra un pasaje que forma parte de uno de los complejos de viviendas más interesantes de la ciudad. Algunos lo llaman Arribeños y otros Los Coloniales.

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Al ser un pasaje privado, se puede admirar desde la acera. Tapizado de baldosas rojas con detalles blancos, corre perpendicular a la calle. Tras ascender un par de pequeños escalones, a ambos lados se observan dos cuerpos de construcciones en estilo neocolonial, formados por viviendas bajas a las que se accede desde el pasaje, a excepción de las dos casas del frente, que tienen entrada por la calle Arribeños.

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LA OBRA

Los Coloniales cuenta con 19 casas de fachadas blancas con detalles ocres y un gran patio trasero ocupando una superficie de 2,260m2. Fue levantado en dos etapas entre 1927 y 1928, por ello predomina más madera en el lado derecho -que es el más antiguo- y el metal en el lado izquierdo[1].

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Quizás su mayor curiosidad es el patio andaluz, oculto a la vista desde la vereda, que se abre del lado izquierdo. Ese luminoso espacio al que dan las casas del fondo cuenta con el mismo tipo de piso del pasaje.

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Además, posee unos pocos canteros con forma de enjuta o albanega (figura geométrica de tres lados: dos líneas rectas y una curva) sobre los cuales crecen árboles, y una banca de cemento revestida con azulejos azules; sin embargo, no posee la típica fuente en el centro, que no sabemos si existió en el proyecto original.

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La parte posterior de Los Coloniales linda con las vías del tren; sin embargo, llama la atención el clima apacible del pasaje, decorado por bellas Santa Rita que cuelgan sobre las paredes, puertas y ventanas pintadas de verde, algunos farolitos y herrería negra.

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LOS CREADORES

El proyecto fue diseñado y construido por el Estudio Birabén – Lacalle Alonso. Los arquitectos porteños Jorge Eduardo Birabén (1895-1954) y Ernesto Lacalle Alonso (1893-1948) se graduaron prácticamente juntos: Lacalle Alonso en 1917 y Birabén en 1918; ambos participaban activamente en la Revista de Arquitectura. Tras graduarse, Birabén hizo un viaje por Europa donde se sintió atraído por la arquitectura hispánica y andaluza[2].

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Quizás por eso, tras fundar junto a Lacalle Alonso en 1920 el Estudio que los asociaba, sus primeras obras fueron de estilo neocolonial. Entre 1922 y 1931 construyeron más de veinte casas y complejos habitacionales cuyo epicentro fue el barrio de Belgrano[3], hasta que abrazaron la arquitectura moderna, donde se destacaron por sus edificios racionalistas.

ALGUNAS CURIOSIDADES DE “LOS COLONIALES”

– En 1989 obtuvo el Premio “Museo de la Ciudad” por haber conservado inalterable su fisonomía original.

– En ese mismo predio, décadas antes que se levantara Los Coloniales, vivió Marcos Sastre (1808-1887), el valiente educador y escritor argentino nacido en el Uruguay, quien formara parte de la famosa Generación del ’37, integrada, entre otros, por Esteban Echeverría, Juan Bautista Alberdi, Miguel Cané y Vicente Fidel López.

– Actualmente funciona allí el Taller Bon Bua, famoso por su alta calidad en restauración y enmarcado de obras de arte[4].

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UNA ANÉCDOTA CON HISTORIA

Buscando anécdotas y a sus protagonistas, una mujer que vivió en el pasaje me contó una historia acaecida a principios de los ’70. Todas las mañanas, cerca de las 11, un mendigo aparecía por el pasaje. Era un hombre mayor de cabello negro y ojos azules, con la barba tupida y un aspecto sucio y descuidado. Minutos después, ella salía de una de las viviendas del fondo para darle un sándwich. El hombre, que seguramente padecía algún trastorno mental, antes de agradecerle y despedirse, siempre repetía con un marcado acento europeo:

– Señora, Hitler no ha muerto. Vive en la Argentina.

En Los Coloniales también había un vecino famoso por su malhumor. Era un hombre huraño, que vivía solo y se dejaba ver poco; cuando aparecía era para protestar en forma descortés. Delatando que no era criollo, arrastraba las erres, por lo que le dieron el mote de “el Errado”. Nunca faltaba alguien que, queriéndose mofar de él, decía que debían llamarlo “el Herrado”, porque decía que “Errar es humano, pero herrar es equino” y agregaba que el extranjero se comportaba como un animal.

En cierta ocasión, el vecino iracundo observó a la vecina dándole el sándwich al pordiosero. Enfadado, le gritó si estaba loca, que atender a un desconocido ponía en peligro a todos los habitantes del pasaje. Mientras se acercaba fuera de sí hacia ella, dirigió la mirada al mendigo. La mujer insistió que repentinamente aquel hombre enojado se congeló. Quedó rígido y desencajado. Un instante después se dio media vuelta y regresó a su casa de habitación. En tanto, el mendigo tomó el sándwich y sin decir nada se marchó.

Al día siguiente, cerca de las 11, el linyera apareció como siempre en la entrada del pasaje. La vecina aún sorprendida sobre lo qué había pasado el día anterior, fue a darle el sándwich y aprovechó para preguntarle si conocía al vecino agresivo.

– Señora, él era un oficial nazi. Todos le teníamos miedo.

Parece ser que al verse descubierto el intimidador se sintió intimidado. Dos semanas después alguien comentó que en los avisos clasificados había un anuncio ofreciendo su casa en alquiler.

Belgrano es un barrio que sorprende y enamora. El pasaje Arribeños o Los Coloniales es una de sus joyas.

© Pablo R. Bedrossian, 2018, 2020. Todos los derechos reservados


REFERENCIAS

[1] Savloff, Judith, “Cinco pasajes porteños que son máquinas del tiempo”, Diario Clarín 24/08/2017, https://www.clarin.com/ciudades/pasajes-porteno-maquinas-tiempo_0_rJumMrcd-.html

[2] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, “Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina”, Tomo a/b, 2004, p.162

[3] Barcina, Florencia, “Trozos de Andalucía en Buenos Aires: patios y jardines en las viviendas de los estudios Birabén-Lacalle Alonso y Peró-Torres Armengol”, en “Documentos de Trabajo”, Facultad de Arquitectura de la Universidad de Belgrano, Departamento de Investigaciones, agosto 2009, p.6-7

[4] Para más información del taller Bon Bua, puede leer la nota de Gonzalo Beccar Varela, “Una visita atemporal al taller Bon Bua, en el Barrio Chino” en su blog B.A.C.A (Blog de Arte Contemporáneo Argentino), http://malevamag.com/una-visita-atemporal-al-taller-bon-bua-en-el-barrio-chino/. El sitio web del taller se encuentra en https://bonbua.allyou.net/4993456


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EL PASAJE PABLO GIORELLO (por Pablo R. Bedrossian)

Serie “PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES”

Uno de los lugares más extraños de Buenos Aires es el Pasaje Pablo Giorello. Caminando desde la Plaza Constitución por la Avenida Brasil hacia el Bajo, al cruzar la calle Bernardo de Yrigoyen aparece a mano derecha, entre dos viejos edificios, una ancha entrada con puerta de rejas.

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Detrás de ella, un patio de baldosas cubierto por barras de hierro inclinadas, que recuerdan una zona de guerra. Es la entrada principal del pasaje Pablo Giorello.

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El acceso a este pasaje privado se encuentra entre los números 970 y 976 de la Avenida Brasil, entre las calles Bernardo de Yrigoyen y Tacuarí.

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Paradójicamente, allí la Avenida Brasil es angosta como una calle, y la calle Bernardo de Yrigoyen ancha como una avenida; poco después se convertirá en el brazo este de la Avenida 9 de Julio.

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A la izquierda, una antigua placa azul anuncia “Pasaje Pablo Giorello” y debajo otra blanca recuerda con tipografías diferentes “Este pasaje es para uso exclusivo de los inquilinos” en referencia al complejo habitacional que lo rodea.

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No se conoce mucho del pasaje Giorello. Originalmente era un pasaje en forma de T. Uno de los trayectos seguía una línea recta con salida a la Avenida Caseros (hoy interrumpido por un paredón).

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La otra vía tenía dirección transversal, con salida a la calle Bernardo de Yrigoyen. Está convertida en un jardín embaldosado; probablemente es el espacio mejor conservado de este breve pasaje.

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Esta salida ha quedado trunca, pues se ha construido sobre ella una suerte de vestíbulo y un local comercial. Sobre la calle Bernardo de Yrigoyen, donde antes estaba el acceso al pasaje, en la actualidad se levanta una fachada que altera la estética original del pasaje. En ella, arriba de la angosta puerta del vestíbulo, se lee “Edificio Pablo Giorello”, indicando la entrada reservada para los residentes y sus visitas.

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A través de los vidrios se puede observar una recepción, el jardín embaldosado y, más atrás, parte del pasaje que comunica la Avenida Brasil con el paredón vecino a la avenida Caseros.

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Dentro del Giorello hay algunos detalles interesantes que suelen pasar inadvertidos: por ejemplo, la existencia de rejas internas que delimitan diversas áreas.

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Incluso, el acceso a los cuerpos delanteros está separado del acceso al cuerpo posterior.

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EL EDIFICIO

A simple vista se advierten tres cuerpos, todos de cuatro plantas. Observado desde la Avenida Brasil, el más grande y antiguo, se extiende a lo largo de todo el lado izquierdo del pasaje, sin solución de continuidad.

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Su fachada está muy deteriorada y ya no quedan vestigios del tono amarillento que conservó por años como testimonio de su color original.

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Su aspecto evoca aquellos viejos edificios italianos ocupados por numerosas familias que luchaban por salir de la pobreza.

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Del lado derecho hay dos cuerpos en mejor estado, separados por la vía transversal del pasaje que conduce al local comercial y al vestíbulo y originalmente llegaba a la calle Bernardo de Yrigoyen.

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Sus paredes y ventanas internas se encuentran en un estado de conservación superior.

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No habíamos hallado referencias al edificio Pablo Giorello hasta que, visitando la página de Facebook de nuestros amigos de Patrimonio de Buenos Aires, a la que invitamos a sumarse[1], encontramos una imagen en su álbum de fotos llamado Pasaje Pablo Giorello donde aparecía la firma de sus creadores y la fecha. Aparentemente esta tomada en una de las fachadas (en nuestra visita, nosotros no la vimos) y dice en mayٞúsculas: Candiani y Bahía, ingenieros civiles, arquitectos, 1909. Si la foto fue tomada allí, la fecha contradice una inscripción que el Gobierno de la Ciudad puso en una placa de cerámica sobre la acera que dice “Edificio Pablo Giorello, circa 1890″.

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Prácticamente no encontramos referencias conjuntas a los ingenieros Candiani y Bahía. En la “Introducción a la Arquitectura Contemporánea”, de Luis J. Madia, hallamos una mención. En una cronología ubica en 1902 a los “Ings. Candiani y Bahía” y los vincula al inicio de la Escuela de Arquitectura dependiente de la Facultad de Ingeniería de la UBA[2]. No encontramos datos en el “Diccionario de Arquitectura en la Argentina”, de  Jorge Francisco Liemur y Fernando Aliata; suponemos que esto quizás se deba a que eran ingenieros; sin embargo, debajo la firma incluye expresión “arquitectos”.

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A riesgo de equivocarnos, entendemos que el Candiani del Pasaje Giorello es el ingeniero Emilio Candiani, un precursor de la ingeniería argentina y de los primeros docentes universitarios en su campo. No hemos podido encontrar otros datos del Ingeniero Bahía.

EL NOMBRE

Tanto Eduardo Luis Balbachán como Alberto Gabriel Piñeiro sostienen que el pasaje originalmente se conocía con el nombre de Buenos Aires, al menos en su primitiva salida hacia la calle Bernardo de Yrigoyen. Balbachán comenta que la “Guía Ilustrada de Buenos Aires”[3], publicada del año 1900, localiza el pasaje Buenos Aires a la altura de la calle Buen Orden 1616, siendo este el antiguo nombre de calle Bernardo de Yrigoyen[4]. Piñeiro se fundamenta en el Nuevo Plano Municipal de Buenos Aires de Jacobo Peuser, editado en 1896[5]. Además, da dos datos interesantes: el pasaje Buenos Aires aparece bajo el nombre pasaje Caja Internacional en el Plano de la Ciudad de Buenos Aires y sus alrededores, de Jacobo Peuser de 1912[6] y que el nombre pasaje Pablo Giorello lo recibió en 1927 (Boletín Municipal N° 1.287/8)[7].

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De paso, el Arq. Rolando H. Schere cuenta que el pasaje permitía la originalmente vehicular[8]. Una imagen del libro de Balbachán confirma la presencia de vehículos en su interior.

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QUIÉN FUE PABLO GIORELLO

Pablo Giorello fue un hacendado nacido en Buenos Aires en 1861; tuvo campos en San Luis y Trenque Lauquen y terrenos que se extendían desde lo que hoy es el barrio porteño de Villa Pueyrredón hasta parte de los actuales partidos bonaerenses de San Martín y 3 de Febrero. Allí, en la zona que hoy se conoce como Santos Lugares, cedió fracciones de tierra para la construcción de una estación ferroviaria y los talleres vecinos, que en aquel entonces pertenecían al Ferrocarril Pacífico[9]. Como benefactor, donó solares para escuelas y plazas, promovió entidades deportivas y fundó la biblioteca de Santos Lugares que lleva el nombre de su esposa, Etelvina Llorente de Giorello. En la actualidad también existe allí la Sociedad de Fomento Pablo Giorello y una calle con su nombre.

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Aunque fue un importante empresario inmobiliario, no hemos podido documentar si los edificios que rodean al pasaje fueron levantados por él. Solo sabemos que el pasaje recibió su nombre cuando aún estaba en vida, en 1827, por lo que presumimos que sí. Pablo Giorello falleció en 1933.

ALGO SOBRE LA ZONA

Recordemos que la fisonomía de la zona en la década de 1920 era muy diferente a la que tenemos casi un siglo después. Además, la llegada de la Autopista 25 de Mayo en 1978 generó cambios aún mayores, tanto edilicios como en la circulación vehicular.

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Sin embargo, hay algunos datos que pueden ayudarnos. El pasaje Giorello se encuentra a pocos pasos de la Estación Constitución, cabecera del Ferrocarril General Roca. Esta estación, una de las más grandes del mundo, había sido inaugurada en 1897 con el propósito de ser el punto de encuentro de todas las líneas férreas que proveían transporte al sur argentino. Obviamente, alrededor de ella se fue gestando una zona comercial, con hoteles de pasajeros, tiendas y restaurantes para acoger a los viajeros. Con el crecimiento del transporte automotor, décadas después, las líneas de microbuses u omnibus, como se los conoce en Argentina, encontraron allí una excelente oportunidad de negocios.

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En la avenida Caseros (a la cual se accedía originalmente por pasaje Buenos Aires, hoy Giorello) se habían instalado varias de estas empresas. A la altura del 1,000 había varios edificios, incluyendo garages desde donde partían algunos de estos micros de larga distancia. En Caseros 1068 se encontraba la empresa Micromar, que viajaba a Mar del Plata y zonas aledañas, y en el 1084, compartían ABLO y General Urquiza, con destino principal a Córdoba[10].

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CÓDIGOS POSTALES

Pese a ser un pasaje privado, el Correo Argentino le ha asignado códigos postales:

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EPÍLOGO

No solo por sus detalles bizarros sino por su estado decadente, donde se cruzan la melancolía y el abandono, recorrer el pasaje Pablo Giorello produce una sensación de misterio y extrañeza. Si le permiten entrar, podrá comprobarlo.

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] https://www.facebook.com/PATRIMONIOI/

[2] Madia, Luis J., “Introducción a la Arquitectura Contemporánea”, Nobuko, Buenos Aires, Argentina, 2003, p.227

[3] Editada por Agustín Etchepareborda, y dirigida por Arturo Pereyra y Fernández Gómez. El nombre completo de la obra es “la “Guía Ilustrada de Buenos Aires para el viajero en la República Argentina”. Año 1900.

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.97

[5] Piñeiro, Alberto Gabriel, “Las calles de Buenos Aires, sus nombres desde su fundación hasta nuestros días”, Instituto Histórico de la Ciudad de Buenos Aires, 2ª Edición, 2005, p.53

[6] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.55

[7] Piñeiro, Alberto Gabriel, Op. cit., p.125

[8] Schere, Rolando H., “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998, p.22

[9] Balbachan, Eduardo Luis, Op. cit. p.97

[10] Comentando por Faustino Velasco en http://forotransportes.com/showthread.php?1772-Nombres-de-calles/page14&p=77365&langid=1#post77365


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos, a excepción de la foto con vehículos en el pasaje, tomada de Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982, p.98

 

LA CATEDRAL ANGLICANA DE BUENOS AIRES (por Pablo R. Bedrossian)

Serie GRANDES EDIFICIOS DE BUENOS AIRES – Sección TEMPLOS E IGLESIAS

CATEDRAL ANGLICANA SAN JUAN BAUTISTA, 25 de Mayo 276, Barrio de San Nicolás, Ciudad Autónoma de Buenos Aires

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Inaugurado en 1831 bajo el nombre de Iglesia Episcopal Británica de San Juan Bautista es considerado el primer templo disidente (no católico) de Sudamérica. Su propósito era proveer servicios religiosos a la comunidad inglesa en la Argentina. El terreno, que fuera parte del vecino convento mercedario de San Román Nonato, fue cedido por el entonces gobernador de Buenos Aires, don Juan Manuel de Rosas.

UN POCO DE HISTORIA

Durante el periodo colonial, el único culto legalmente permitido en América del Sur era el católico romano. Dice el Dr. Pablo A. Deiros “La penetración del protestantismo en América Latina data de 1820-1850, y coincide con la liberalización subsiguiente a la independencia”[1].

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La llegada a Buenos Aires en 1818 del misionero y educador bautista escocés Diego Thompson fue el primer antecedente importante frente a la hegemonía católica. Thompson fundó numerosas escuelas públicas; el Cabildo de Buenos Aires lo nombró Director General de Escuelas en reconocimiento a esa labor[2]. Este joven maestro promovía el sistema lancasteriano, basado en la formación de los alumnos más avanzados para enseñar a leer y escribir al resto. El uso de la Biblia como libro de texto generó resistencia en el clero, que en aquel tiempo se atribuía el monopolio de su lectura.

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En diciembre de 1824 se reunió un congreso del que participaron representantes de todas las provincias argentinas. Al mes siguiente, tras largas deliberaciones, sancionó leyes que ratificaron la independencia de las Provincias Unidas y, a la vez, garantizaron las autonomías provinciales. Hasta la sanción de una constitución se resolvió que el gobierno de Buenos Aires se hiciera cargo del poder ejecutivo, en particular para el manejo de las relaciones exteriores.

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El Gobernador de Provincia de Buenos Aires quedó facultado para la firma en Buenos Aires del Tratado de Amistad, Comercio y Navegación, celebrado entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y Su Majestad Británica (S.M.B.) el 2 de febrero de 1825. En su artículo 12, abordaba la cuestión religiosa:

“Los súbditos de S. M. B. residentes en las Provincias Unidas del Rio de la Plata, no serán inquietados, perseguidos ni molestados por razón de su religión; más gozarán de una perfecta libertad de conciencia en ellas, celebrando el oficio divino dentro de sus casas, o en sus propias o particulares iglesias o capillas… también será permitido enterrar a los súbditos de S. M. B. que murieren en los territorios de las dichas Provincias Unidas, en sus propios cementerios”[3].

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EL PRIMER PASTOR ANGLICANO EN ARGENTINA

Luego de la firma Tratado de Amistad, Comercio y Navegación se promulgó en Londres la Ley de Capellanía Consular, que permitió ese mismo año la llegada a la Argentina de John Armstrong, procedente de las Honduras Británicas, enviado por la Sociedad Bíblica Británica y Extranjera.  Cumplió su ministerio religioso en Buenos Aires durante 20 años, tras los cuales fue sucedido por su hijo. “Los anglicanos gozaron de la simpatía del pueblo y las autoridades en razón de que no propusieron la evangelización de los católicos” [4].

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EL ARQUITECTO

El templo anglicano de la calle 25 de mayo fue construido por el arquitecto escocés Richard Adams, durante el pastorado de John Armstrong. Hasta ese momento, la comunidad anglicana se reunía en la sala de la Sociedad Filarmónica[5] de la calle Alsina, frente al paredón lateral de la Iglesia de San Ignacio.

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Richard Adams, arquitecto y pintor formado en la escuela del neoclacismo británico, había arribado a la Argentina en 1825 como parte de un contingente escocés[6], para participar de un proyecto colonizador acordado por convenio entre el entonces Ministro de Gobierno, Bernardino Rivadavia, y los hermanos John y William Parish Robertson. Según el historiador Dr. Pablo Deiros, Adams sería presbiteriano[7]. Como la idea no prosperó, los escoceses se establecieron en la zona de Lomas de Zamora y Monte Grande, organizando un establecimiento rural, para el cual, hacia 1828, Adams ya había levantado más de 30 edificios de mampostería con 145 habitaciones, 47 ranchos, la casa principal, y un detalle que no es menor: una capilla presbiteriana, de la cual, sin embargo, nada se conoce[8].

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En 1829 Adams se estableció en Buenos Aires donde se le encargó la construcción de la actual Catedral de San Juan Bautista. La obra se inició el 5 de mayo de 1830 y fue habilitada un año después, el 6 de mayo de 1831.

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Adams también participó en dos obras desaparecidas: en la fase inicial del primer templo presbiteriano de Buenos Aires, inaugurado en 1835 y demolido en 1893 debido a la ampliación de la Avenida de Mayo, y en el proyecto y dirección del Segundo Cementerio de Disidentes de Buenos Aires, sobre la actual plaza 1º de Mayo, limitada por las calles Alsina, Pasco, Hipólito Yrigoyen y edificios para vivienda que dan a la calle Pichincha. En el centro del camposanto ubicó la capilla, “diseñada según el lineamiento neogótico correspondiente al tipo de iglesia rural inglesa del siglo XVIII, con ábside central y naves laterales”[9].

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Este importante arquitecto escocés murió en 1835 a los 43 años en Buenos Aires. De su obra pictórica, subsisten tres óleos; el resto se ha perdido.

LA CATEDRAL

Se considera el primer edificio porteño integralmente concebido bajo el estilo neoclásico, pues el pórtico de la Catedral Metropolitana, que data de 1823, es un agregado que no responde a su diseño original[10].

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Está retirado de la calle y elevado, de modo que deben ascenderse escaleras. Cuenta con seis imponentes columnas de orden dórico sobre las cuales se apoya un frontón triangular. Las columnas centrales tienen una mayor separación entre sí que el resto. La puerta rectangular de madera es de hoja doble y está labrada con sencillez. La elevada fachada, de color gris tiza, infunde una austera dignidad.

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El interior sigue la tradicional planta de tres naves separadas por columnas que originalmente eran de orden jónico, pero fueron remodeladas y convertidas al orden corintio a fines del siglo XIX.

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La decoración es muy rica sin perder su sencillez. Se destacan los vitrales, dos placas de bronce que recuerdan a los 500 descendientes británicos enviados desde Argentina a pelear por Inglaterra en la Primera Guerra Mundial y a los 50 enviados a la Segunda, y una talla en madera en el altar que representa la resurrección de Jesucristo.

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Cuenta además con un bello órgano de tubos ubicado al frente de la nave derecha. Todos los bancos son de madera. El cielorraso plano presenta finas terminaciones que combina con el color crema y dorado de las columnas.

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LOS CAMBIOS

El edificio fue restaurado y modificado en 1894 y en 1911. Además, en 1919 el arquitecto inglés Walter Bassett-Smith proyectó el altar, el trono episcopal y los asientos para los canónigos[11]. En 1931 se le añadió el revestimiento de fina ebanistería en roble, diseñado por el arquitecto J. B. L. Tolhurst de Beckenham, y realizado por Sidney Follet.

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Nos cuenta Marcos Gabriel Vanzini: “En un principio la nave central terminaba en una pared donde se habían pintado el Credo, el Padrenuestro y los Mandamientos; junto a estos textos se encontraba la pintura que representa la ‘Adoración de los Magos’, que hoy se encuentra en la nave izquierda. En la decoración del templo, a lo largo de los años, participó activamente parte de la comunidad anglicana. Era costumbre que muchos de los elementos que lo adornaban, fueran regalados por los fieles. Como ejemplo, es destacable el caso de los vitrales que embellecen San Juan Bautista. De un modo especial hay que señalar que en los que se encuentran a la derecha de la Catedral, se recuerda a mujeres pertenecientes a tres generaciones del almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina[12].

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DE IGLESIA A CATEDRAL

La actividad pastoral de la Iglesia Anglicana de Buenos Aires dependió económicamente de la corona británica hasta 1869, cuando pasó a pertenecer a la diócesis de las Islas Malvinas que acababa de ser creada.

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Se consagró como primer obispo a Waite Hockin Stirling, quien había realizado labores misioneras en Tierra del Fuego[13]. Escriben, Juan Francisco Lutteral y Nicolás Hilding Ohlsson: “En 1910 la diócesis de las Islas Malvinas, que comprendía toda Sudamérica, se dividió en dos. Por un lado, la Diócesis de la Costa Oriental (Tierra del Fuego, Islas Malvinas, Chile y Perú) y, por el otro, la Diócesis Anglicana en Argentina y Este de Sudamérica (Argentina, Paraguay, Brasil, Uruguay y Bolivia). Pero los problemas financieros que frenaban la expansión de la obra, la construcción de nuevos edificios y el pago de sueldos a ministros laicos, hicieron que las dos diócesis se volvieran a unir y recién en 1963 se hizo una nueva división diferente”. Por ello, recién en 1964 al quedar fija la sede episcopal en Buenos Aires, la Iglesia Anglicana San Juan Bautista fue elevada a Catedral.

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MONUMENTO HISTÓRICO NACIONAL

El 29 de diciembre de 2000 fue declarada monumento histórico nacional. El decreto del Poder Ejecutivo Nacional dice: “…por su trascendencia histórica y religiosa, la Catedral Anglicana de San Juan Bautista constituye un testimonio temprano y valioso tanto de la arquitectura neoclásica, como de la apertura del país a diferentes pueblos y confesiones religiosas”[14].

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CURIOSIDADES

Vitrales de la familia Brown: En la pared derecha de la Catedral, hay vitrales en honor a tres generaciones de mujeres de la familia del  almirante Guillermo Brown, héroe de la armada argentina.

Educadora: Una calle de Puerto Madero recuerda a Juana Manso, “la mujer que más luchó en la Argentina del siglo XIX para promover la educación popular y la emancipación de la mujer. Se destacó como una gran educadora que combatió la instrucción verbalista y dogmática que dominaba en su época, y fomentó una enseñanza integral y mixta”[15]. A los 46 años en este templo decidió seguir la fe cristiana protestante. Trabajó junto a Domingo Faustino Sarmiento y Nicolás Avellaneda para transformar la educación argentina, fundando y dirigiendo escuelas públicas.

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Visitante ilustre: Para el primer centenario de la Iglesia Anglicana en Argentina se realizó en 1925 un culto al que asistió el Príncipe de Gales.

Mármol: En el exterior hay un mármol conmemorativo dedicado a Caesar Augustus. Rodney fue ministro plenipotenciario de los Estados Unidos de Norteamérica en Argentina, título que de hecho lo convirtió en el primer embajador norteamericano en el país. Fallecido en 1824, la piedra recordatoria fue colocada, según se lee en ella, el 28 de febrero de 1832. Esto obviamente sugiere que Rodney era anglicano. Su hija se casó en 1926 con un pastor presbiteriano, sirviendo como misioneros en a Argentina[16].

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Túnel: Existe un pasillo interno que conecta la Catedral Anglicana con la Iglesia de Nuestra Señora de la Merced, indudable símbolo de confraternidad[17].

© Pablo R. Bedrossian, 2018. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Deiros, Pablo Alberto, “Historia del Cristianismo en América Latina”, Fraternidad Teológica Latinoamericana, 1992, p.111

[2] Rodríguez E., Wilson en https://web.archive.org/web/20100721051634/http://diegothomson.edu.pe/mod/resource/view.php?id=29 , basado en “Diego Thompson”, libro escrito por nuestro querido y recordado amigo, el Dr. Arnoldo Canclini.  El nombre del educador en inglés era James Thompson. El autor agrega que Thompson extendió su labor misionera y educativa al Uruguay, Chile, Perú, Colombia y posteriormente hasta México, siendo recibido personalmente por los próceres Bernardo O’Higgins, José de San Martín y Simón Bolívar.

[3] Diario “El Nacional”, Nº 12. del 10 de marzo de 1825. El Diario El nacional circuló entre 1824 y 1826. El texto es reproducido parcialmente por Vanzini, Marcos Gabriel en “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires” y otros.

[4] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.625

[5] Vanzini, Marcos Gabriel, “Historias Curiosas de Templos de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2011, 2ª Ed., p.141

[6] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Diccionario de Arquitectura en la Argentina, Clarín – Arquitectura, Buenos Aires, Argentina, Tomo a/b, 2004, p.20

[7] Deiros, Pablo Alberto, Op. cit., p.628

[8] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[9] Liemur, Jorge Francisco y Fernando Aliata, Op. cit., p.20

[10] Giménez, Carlos, en http://arqi.com.ar/edificio/catedral-anglicana/

[11] Autores varios, “Patrimonio Arquitectónico Argentino”, Tomo I (capítulo Culto), Ministerio de Cultura de la Nación Argentina, 2011, p.104

[12] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.141

[13] Lutteral, Juan Francisco y Nicolás Hilding Ohlsson, monografía sin fecha, p.3-4

[14] Vanzini, Marcos Gabriel, Op. cit. p.143

[15] Deiros, Pablo A., “Juana Paula Manso”, incluido en “Personalidades religiosas de la Ciudad de Buenos Aires”, Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, 2012, p.136

[16] Scharenberg, Martín, “Pioneros presbiterianos”, Rama del Almendro, Buenos Aires, 2017, p.34

[17] Dergarabedian, César, en Catedral Anglicana San Juan Bautista, Templo no Católico más antiguo de América Latina, 2017, https://bahiacesar.com/2017/07/17/catedral-anglicana-san-juan-bautista-templo-no-catolico-mas-antiguo-de-america-latina/ 


CRÉDITOS MULTIMEDIA

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