LIBRERÍA “EL TÚNEL DE BUENOS AIRES”, UN JARDÍN ENCANTADO PARA LOS BIBLIÓFILOS (por Pablo R. Bedrossian)

Las librerías de Buenos Aires siguen siendo una referencia obligatoria para todos los lectores. A pesar de las innovaciones tecnológicas, los kíndles y los e-books, nada reemplaza la experiencia de visitarlas y pasar en ellas un tiempo placentero. ¿Quién no ha llegado tarde a una cita por andar mirando libros?

Si alguno duda de la importancia de las librerías porteñas, Umberto Eco (devenido a personaje narrador) en la introducción de “El Nombre de la Rosa” encuentra en una de ellas el manuscrito que le sirve como fuente: “curioseando las mesas de una pequeña librería de viejo de Corrientes, cerca del famoso Patio del Tango de esa gran arteria, tropecé con la versión castellana de un librito…”[1].

Uno de mis mayores placeres de adolescente era visitar a la salida del Colegio las librerías de usados de la Avenida de Mayo. Allí con algunos compañeros del Nacional Buenos Aires pasábamos horas buscando gangas. Pasó el tiempo, vinieron las crisis y también un cambio de concepto: del libro usado se pasó al libro antiguo. El valor de una primera edición incluso en estado regular puede costar una pequeña fortuna, cuando antes quizás se conseguían a bajo precio.

El amor por los libros que compartimos con mi hermano Alejandro, heredado sin duda de nuestro padre, me impulsó a armar una pequeña colección de manuscritos y libros antiguos. Cada vez que viajo inevitablemente recorro librerías para coleccionistas; entre ellas, hay una que trato de visitar en cada viaje a la Argentina, mi país de origen: La librería El Túnel de Buenos Aires.

LA LIBRERÍA EL TÚNEL DEL BUENOS AIRES

Ubicada muy cerca del histórico Café Tortoni, ocupa un local en la Avenida de Mayo 767, en la planta baja del Palacio Vera. Fue creada hace más de 30 años por Carlos Noli y está especializada en primeras ediciones, libros antiguos (anteriores a 1850) y de colección.

Al entrar uno se sumerge en un mundo de libros. Basta bajar unos pocos escalones para encontrar a la izquierda obras antiguas y ediciones especiales mientras que al fondo la variedad se multiplica. Allí hay un pequeño espacio con fotografías en las paredes y mesas, anaqueles y vitrinas pobladas de libros llenos de historia y de historias. Si tiene suerte y nadie se los ha llevado aún, puede encontrar libros de los siglos XVI y XVII.

En una entrevista realizada por el diario colombiano Vanguardia en 2014, Noli explicó “Mi oficio como librero data de hace unos treinta y cinco años, y la librería lleva veinticuatro años en este local. Fue declarada patrimonio cultural, y pertenece a un edificio que es patrimonio histórico” [2].

En el mismo reportaje, Noli afirmó sobre Borges “es nuestra especialidad, nuestra debilidad. Es una cosa muy rara, pero se dio con el tiempo, al conseguir primeras ediciones, entrevistas y cosas así”. Nosotros podemos confirmarlo. En nuestra última visita adquirimos una primera edición de “Atlas” firmada por el gran escritor argentino.

La librería sirve a dos mercados: el de la gente común, que va y compra ocasionalmente y el de los coleccionistas que son los clientes frecuentes. En aquella entrevista de 2014 la periodista le pidió que contara de alguna búsqueda por encargo que haya sido un desafío, a lo que Noli respondió: “Una guía de la empresa Varig[3] de aviación, hecha por Borges y Bioy Casares. Algo muy difícil de hallar, porque entra a formar parte del coleccionismo. Después de muchos años conseguí una; carísima”. Es más conocido que estos grandes autores coescribieron un folleto para la recordada empresa láctea “La Martona”, con la historia y las propiedades de la leche cuajada, pero solo los expertos conocen de aquel opúsculo que promocionaba el turismo en la Argentina, hecho para la desaparecida aerolínea brasilera en 1965.

ACERCA DEL PALACIO VERA DONDE SE ENCUENTRA LA LIBRERÍA

El Palacio Vera fue construido en 1910 por los arquitectos. Arturo Prins y Oscar Ranzenhöffer[4]. Fue levantado en el terreno que da a la Avenida de Mayo Av. de Mayo 769/77 cuyo contrafrente se encuentra sobre la calle Rivadavia. Se lo considera una de las expresiones más importantes del Jugendstil, variante austriaca del modernismo.

Cuenta con planta baja y cinco pisos Desde la calle, al contemplar su espléndido portón de herrería negra y la escalinata de mármol se puede intuir su refinado interior. La librería El Túnel de Buenos Aires ha hecho del Palacio Vera su casa.

Si busca libros que parecen difíciles de encontrar visite esta librería. Si no los halla seguramente se topará con otros que le parecían imposibles de conseguir.

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Eco, Umberto “El Nombre de la Rosa”, Editorial Lumen, Ediciones de la Flor, 9ª Edición argentina, 1987, p.11

[2] Mantilla Durán, Claudia P., “Un paseo por El Túnel”,  Diario Vanguardia,  Bucaramanga, Colombia, 1/2/2014, https://www.vanguardia.com/entretenimiento/cultura/un-paseo-por-el-tunel-EDVL244642

[3] En la entrevista original, la periodista escribe Bari, pero se trata de la aerolínea brasilera Varig.

[4] Dirección General Patrimonio e Instituto Histórico, “Guía Patrimonio Cultural de Buenos Aires 1 – Edificios, Sitios, Paisajes”, 2008, p.222


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadAs por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos

OTRAS 12 ANÉCDOTAS IMPERDIBLES DE JORGE LUIS BORGES (por Pablo R. Bedrossian)

En 2015 publiqué “12 Anécdotas Imperdibles de Jorge Luis Borges”, una nota magistralmente ilustrada por Luis Chávez. Se puede leer en https://pablobedrossian.com/2015/03/13/12-anecdotas-imperdibles-de-jorge-luis-borges-por-pablo-r-bedrossian-e-ilustrada-por-luis-chavez/

Allí mencionaba que Borges no sólo era un gran escritor sino también un gran conversador. A través de numerosos libros que recogen sus diálogos y experiencias se revela ese estilo de pensamiento, tan diferente a los comunes casos de toda suerte humana, a partir del cual Borges urdió su literatura. Ahora presento otras 12 anécdotas imperdibles del gran escritor argentino, esperando que las disfruten.

PARTIDARIO

Un periodista peruano a Jorge Luis Borges: “Usted ¿de quién es partidario? ¿De Pizarro o de Atahualpa?” –Borges: “¿Y usted?  ¿De Roma o de Cartago?”.

Del muro de Nicolás González Varela (citado en Borges todo el año, grupo de Facebook, por Patricia Damiano)

PERONISMO

¿Los peronistas? Son una maravilla. Tienen todo el pasado por delante”

(Atribuido a Borges por varias fuentes, pero aún no debidamente documentado)

GALTIERI

Néstor J. Montenegro dialoga con Borges y le comenta: “En el libro ‘Los Nombres de la Derrota’, (el General) Galtieri dice que tenemos más muertos por accidentes de tránsito que en el caso de la guerra por una causa nacional. Borges responde: “Creí que era una broma. No creo que sea cinismo; son mentes bastante rudimentarias… Equiparar las muertes de una guerra a las muertes de los accidentes de tránsito sería, en todo caso, un fuerte argumento contra los choferes”[1].

CEGUERA

En 1928 Borges publicó en La Prensa “Una pieza del 52”, un despiadado comentario sobre una obra teatral de Pedro Echagüe. Juan Pablo Echagüe, descendiente del dramaturgo y crítico literario se sintió ofendido, desatándose una intensa polémica. Echagüe envió desde París una carta al mencionado diario titulada “A propósito de una obra estrenada en 1860 y un artículo publicado por D. Jorge L. Borges”. Allí escribe “Las críticas del Sr. Borges adolecen de esa insuficiencia que los especialistas designan con el nombre de ‘amaurosis y que consiste en una falla de las relaciones del nervio óptico con el encéfalo[2]. Aunque Borges pudo demostrar lo absurdo de los argumentos de su oponente en una sección de la revista Criterio, no deja de ser llamativa la involuntaria alusión a la futura ceguera de Borges. Desde luego no hay dotes proféticas en su autor, pero sí nos permitimos preguntarnos quién era el ciego[3].

BORGES – SÁBATO

Pese a ser junto a Julio Cortázar las figuras literarias más importantes de la Argentina, pocos conocen que existe el libro “Diálogos Borges Sábato”, publicado por Emecé en 1976, que recoge conversaciones entre ambos escritores, compiladas y grabadas en diciembre de 1974 por Orlando Barone, promotor de la iniciativa. Menos conocido aún es el diálogo mantenido por el autor de “Ficciones” y el de “Sobre héroes y tumbas” publicado en 1975 por la Revista Gente, cuyo mentor, Alfredo Serra, recordó en una nota de InfoBAE el 16 de diciembre de 2018[4]. Hay dos sabrosos momentos que vale la pena compartir, donde surge el fino sentido del humor de Borges.

El primero es parte del intercambio:

Sábato: Imagínese un hombre que se pasara toda la vida afeitándose. O diciendo Buenos días.  Mucha gente supone que los hombres famosos nunca dicen buenos días o toman café con leche, como cualquiera. Si los ven tomar café con leche, ya no creen en su fama. La gente parece ignorar que el hombre no siempre escribe el Quijote. A veces paga impuestos…

Borges: Es cierto. Lo mismo que esos que dicen: “A fulano lo conocí siendo de este alto”. Bueno, ¿qué pretenden? ¿Que naciera siendo gigantesco?…

El segundo es un relato de Borges sobre la muerte del escritor Robert Louis Stevenson. Borges cuenta:

“Stevenson murió mientras preparaba una ensalada. El jamás había comido ensalada. Aborrecía las ensaladas. Cuando alguien le contó el episodio a Chesterton, éste respondió: ‘Ahora sí creo que Stevenson ha muerto. Era un hombre que siempre estaba haciendo cosas inesperadas’”.

BORGES CENSURADO

Es famoso el castigo político infligido al gran escritor argentino cuando la burocracia peronista decidió convertir en 1946 a su crítico de auxiliar bibliotecario -JLB trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané de Boedo desde 1937- en inspector de aves de corral (inspector de aves, conejos y huevos en las ferias municipales). Sin embargo, no está claro el verdadero título del nuevo puesto asignado. En “Borges, Vida y Literatura”, de Alejandro Vaccaro, publicado por Edhasa en 2006, se hace referencia a las heterogéneas denominaciones atribuidas al nuevo inspector: “de aves en el Mercado Central de Buenos Aires” (James Irby), “de feria” (Napoleón Murat), “para la venta de pollos en los mercados de Buenos Aires” (Victoria Ocampo), “de pollos, gallinas y conejos” (Alicia Jurado), “de aves y conejos en el mercado de la calle Córdoba” (Rodríguez Monegal), “del Mercado de Concentración Municipal de Aves, Huevos y Afines” (Jorge B. Rivera), etc.[5]. De hecho, en 2017 se lanzó una historieta ilustrada y escrita por Lucas Nine, titulada “Borges: inspector de aves” que originalmente había sido publicada en entregas en la revista Fierro[6].

Lo que pocos saben es que el intendente de la época era radical; se llamaba Emilio Siri, y fue obsecuente con el gobierno de turno. El número 142 de la Revista Sur reprodujo las palabras de Borges en la cena de desagravio que se organizó en un restaurante de Once: “Las dictaduras fomentan el servilismo, las dictaduras fomentan la crueldad; más abominable es el hecho de que fomentan la idiotez”.  

MENOS CONOCIDA QUE EL CASTIGO PÚBLICO ES LA CENSURA PRIVADA.

Matías Bauso en un interesante artículo sobre Jacobo Timerman[7] relata una curiosa anécdota que tiene a Borges como involuntario protagonista: “Tomás Eloy Martínez cuenta que… luego del asesinato de John Fitzgerald Kennedy, Primera Plana preparó un número homenaje. Le pidieron un texto a Jorge Luis Borges. Cuando lo recibió, la desilusión de Jacobo fue extrema; esperaba un poema y recibió un texto en prosa de 200 palabras. Gritó, pegó portazos y ordenó que no se publicara la colaboración. Borges no descartó su aporte y lo publicó en su libro El Hacedor. ‘Esta bala es antigua’ dice la primera línea”.

EL OTRO

Cuando Borges trabajaba en la Biblioteca Miguel Cané, otros bibliotecarios hallaron su nombre en un diccionario biográfico. Le dijeron:

“Mirá que casualidad. Este tipo se llama igual que vos y nació en tu cumpleaños”[8].

FE

Aunque Borges era ateo, y, pese a que su mamá, doña Leonor Acevedo, era católica, en su pensamiento se percibe la influencia protestante. Incluso tuvo un bisabuelo pastor metodista. Conocía muy bien la Biblia y sus versiones preferidas eran reformadas. En el cuento “El Libro de Arena” ofrece una lista (quizás autobiográfica) de traducciones de la Biblia “En esta casa hay algunas biblias inglesas, incluso la primera, la de John Wiclif. Tengo asimismo la de Cipriano de Valera, la de Lutero, que literariamente es la peor, y un ejemplar latino de la Vulgata. Como usted ve, no son precisamente biblias lo que me falta” dice el personaje relator (tres traducciones protestantes en inglés, español y alemán y una sola católica en latín). Una anécdota de Borges que recoge María Esther Vázquez, sucede en una pequeña iglesia sajona en Lichfield, Inglaterra “Entré y en la penumbra del templo cumplí un voto que yo había hecho muchos años antes en Buenos Aires, sin esperanza de poder realmente cumplirlo: dije el Padre Nuestro en inglés antiguo, en esa vieja iglesia sajona y logré al cabo de diez siglos, digamos, que volviera a resonar en esa iglesita olvidada el Faether ure, thu eart on heovenum, sie thin namá gehalgot…Creo que lo hice para darle una pequeña sorpresa a Dios”[9].

REVISIONISMO HISTÓRICO

Consultado por María Esther Vázquez sobre su pensamiento acerca del revisionismo histórico, Borges expresó: “Si fuera realmente una revisión de la historia me parecería bien. Pero no lo es… ¿Por qué simulan el proceso de revisar la historia, cuando sabemos que empiezan con las conclusiones y luego inventan las premisas?[10].

UNA PERSONAL: FOTÓGRAFO SE BUSCA

Como algunos saben, el 10 de septiembre de 1984 tuve la oportunidad de compartir con Borges cerca de tres horas. Estuve en su departamento desde donde partimos para cumplir el mandato de su médico: caminar treinta cuadras por día, según me dijo. Anduvimos por la calle Florida camino a la Librería El Ateneo donde quería comprar un libro de soneto de Enrique Banchs que finalmente le obsequié. En la nota sobre aquel encuentro[11] conté algo sucedido en el camino: “Un joven fotógrafo comenzó a disparar su cámara insistentemente. Borges le preguntó a qué medio pertenecía. Cuando respondió ‘Editorial Atlántida’, el anciano comenzó a lanzar furibundos bastonazos ante el asombro del fotógrafo que huyó raudamente. No sin amargura declaró: ‘Son unos estafadores’”. Lo que no escribí es que justo antes de la reacción de Borges iba a preguntarle al fotógrafo el nombre y cómo encontrarlo para obtener las fotografías como recuerdo. Desde luego, al ver la violenta indignación del escritor preferí llamarme a silencio antes de convertirme en el nuevo objeto de sus bastonazos. Hasta el día de hoy sigo esperando que esas fotos aparezcan. Si alguno tiene alguna información, por favor, se paga recompensa.

EXISTENCIA TRANSITORIA

Al enterarse que el escritor daba clases en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires, una mujer decide ir a conocerlo y lo espera en el pasillo. Cuando termina la clase, salen los alumnos y tras ellos, Borges. La mujer, emocionada por la cercanía, le pregunta:

– ¿Ud. es Jorge Luis Borges?

Borges, tan sorprendido como ella, responde:

– Momentáneamente[12].

© Pablo R. Bedrossian, 2020. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Montenegro, Néstor J., “Diálogos”, Nemont Ediciones, 1983, p.19

[2] Diario La Prensa, lunes 6 de agosto de 1928.

[3] Diario Última Hora del 6 de agosto de 1928, reproducido en “Todo Borges y… la vida, la muerte, las mujeres, la madre, la política, los enemigos”, edición especial de la revista Gente y la Actualidad, 1977

[4] Serra, Alfredo, InfoBAE, 18/12/2018, https://www.infobae.com/america/cultura-america/2018/12/16/el-primer-y-ultimo-encuentro-de-borges-y-sabato-despues-de-veinte-anos-de-enemistad-e-indiferencia/

[5] Ríos, Rubén H., “Borges, inspector de aves y detective”, https://www.perfil.com/noticias/cultura/borges-inspector-de-aves-y-detective.phtml

[6] Ríos Rubén H., Op. cit.

[7] Bauso, Matías, “A 20 años de la muerte de Jacobo Timerman, un personaje apasionado, arbitrario y genial”, https://www.infobae.com/sociedad/2019/11/11/a-20-anos-de-la-muerte-de-jacobo-timerman-un-personaje-apasionado-arbitrario-y-genial/

[8] Ortiz Lemos, Andrés, “Cuando Jorge Luis Borges fue inspector de aves de corral”, https://www.planv.com.ec/ideas/ideas/cuando-jorge-luis-borges-fue-inspector-aves-corral

[9] Vázquez, María Esther, “Borges, sus días y su tiempo”, Javier Vergara, 1984, p.77

[10] Vázquez, María Esther, Op. cit., p.108.

[11] Nuestra conversación puede leerse en “Encuentro desconocido con Jorge Luis Borges”, https://pablobedrossian.com/2011/06/22/encuentro-desconocido-con-jorge-luis-borges/

[12] “Palabra de Borges”, en “A cien años de su nacimiento”, Revista Viva, Diario Clarín, 1999, p.28

“CRÍMENES IMPERCEPTIBLES”, EL POLICIAL MATEMÁTICO DE GUILLERMO MARTÍNEZ (por Pablo R. Bedrossian)

Crímenes imerceptibles 01Serie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Según Borges, cuando Edgar Allan Poe creó el género policial engendró al mismo tiempo un tipo de lector, que trata de encontrar en el texto señales que develan un misterio[1]. Este proceso deductivo es parte de una tácita complicidad entre el autor, que va dejando hilos sueltos, y ese lector, que debe unirlos.

Como ya hemos escrito, en este tipo de intrigas prima la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Por lo tanto, ningún detalle queda librado a la casualidad. Lo que parece una descripción banal termina siendo una mención calculada del escritor, cuyo verdadero significado se revela en otro momento de la historia.[2].

Dentro del género policial, los crímenes seriales han propiciado una vuelta de tuerca: se trata de descubrir el patrón que sigue el asesino. El desafío para el lector es identificar cómo se forma la cadena para atrapar al homicida justo antes que agregue su próximo eslabón. Esto excede la literatura y se ha vuelto común en el cine, como en el caso de Murder 101 (que a la vez parodia cómo se escribe una buena novela policial) o Seven (que en países de habla hispana se tituló Pecados capitales). Estos relatos se enfocan en la presunta psicología del criminal que lo lleva a actuar inexorablemente de un determinado modo.

Crímenes imerceptibles 02Precisamente, “Crímenes imperceptibles”, la novela del escritor argentino Guillermo Martínez plantea hechos que el protagonista con la ayuda de un experto intenta concatenar. Se trata de una sucesión de muertes que parecen naturales, pero son puestas bajo sospecha por un entorno plagado de rencor y vanidad.

Traducida a 35 idiomas y llevada al cine bajo el nombre de Los crímenes de Oxford, contiene elementos autobiográficos, pues el escritor, tal como el personaje principal, es un matemático argentino que ha viajado como becario a Inglaterra, donde transcurren los hechos. Ese sesgo matemático tan proclive a encontrar patrones, como el John Nash retratado en A beautiful mind (la película Una mente brillante), es el paradigma bajo el cual se construye el relato.

Como leí en la introducción de la edición de Planeta, en un relato policial hay dos historias: la del crimen y la de la investigación; dicho de otro modo, la del asesino y la de su perseguidor. Sin embargo, aunque los indicios nos sugieren cómo sucedieron los hechos, tal como Kühn atribuye de los científicos[3], a veces vemos sólo lo que queremos ver. No quiero contarle más; paso a dejar el misterio en sus manos. Lea “Crímenes imperceptibles” y después me cuenta.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Borges, Jorge Luis, “Borges Oral”, Emecé Editores / Editorial de Belgrano, Buenos Aires, Argentina, 1979, p.66

[2] Bedrossian, Pablo, “Vemos lo que leemos – Breve ensayo acerca de la novela de intriga”, https://pablobedrossian.wordpress.com/2014/03/21/vemos-lo-que-leemos-breve-ensayo-acerca-de-la-novela-de-intriga-por-pablo-r-bedrossian/ 2014

[3] Kühn, Thomas S., “La estructura de las revoluciones científicas”, Primera edición en inglés, 1962, Primera edición en español (Fondo de Cultura Económica, México), 1971, Octava reimpresión (FCE, Argentina), 2004, p.26


PARA LOS AMANTES DEL GÉNERO POLICIAL Y LAS NOVELAS DE INTRIGA

Si desea leer más sobre el tema, lo invitamos a leer

SUEÑO, MEMORIA Y MISTERIO (por Pablo R. Bedrossian)

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Emilio Vidal, José “Lamparita” Dell’Arno y Raimundo Soto

Hace dos noches tuve un curioso sueño. Me encontraba en Buenos Aires, conversando con Emilio Vidal, un actor mayor que durante mi niñez formó parte de un programa cómico de TV llamado Telecataplum. Su imagen era la misma que en los ’60. En el sueño Vidal me contaba que tocaba el bandoneón y hablamos de dos tangos: Malena y María. Al despertarme, inmediatamente recordé a Raimundo Soto, otro actor del mismo programa. En esos dos sucesivos momentos aparecieron el par de imágenes de mi infancia, asociadas a sus respectivos nombres y voces. Lo curioso es que ambos actores nunca fueron relevantes para mí, y que hace al menos 30 o 40 años que no tenía memoria de ellos. Además, horas después quise acordarme de sus nombres y no pude. Tuve que asistirme con la ayuda de Google para recordarlos.

Buscando información, Soto murió en 1983; Vidal en 1994. También leí que Vidal participó en varias películas argentinas, algo que no tenía presente, pero seguramente lo vi en algunas de ellas. La cuestión es que, habiéndolos olvidado por tan prolongado tiempo, la memoria recuperó sus recuerdos y los puso de repente en la conciencia.

CEREBRO Y MEMORIA

memoria-humana-01Dicen que los recuerdos se guardan en forma de proteínas. A raíz de ese sueño estuve leyendo sobre el tema. Se dice que la memoria a largo plazo o memoria inactiva almacena recuerdos por un plazo de tiempo mayor a seis meses, sin límite alguno. Borges de algún modo lo contradice en ese ensayo en forma de cuento llamado “Funes el Memorioso” donde sostiene que la memoria está hecha de olvido. Si no, recordar un día entero nos tomaría todo otro día; resumiendo, la memoria es selectiva: recordamos fragmentos, no totalidades. Muy diferente es la memoria a corto plazo y de trabajo, que almacena datos que necesitamos durante un espacio de tiempo breve (de unos 20” a 30”), por ejemplo, un número. Según expertos, la memoria de corto plazo puede convertirse en memoria de largo plazo mediante la repetición y la asociación.

Más allá de eso, pensando en mi sueño, recuerdos que nunca estuvieron concientemente disponibles surgieron sin previo aviso y sin relación alguna con lo vivido el día anterior, la semana previa, ni los meses, años o décadas más recientes. Este hecho me plantea preguntas que para mí son una suerte de misterio: ¿cómo funciona la mente? ¿cómo trabaja la memoria? ¿qué es lo que hace que esos recuerdos olvidados regresen a la conciencia? Finalmente, ¿por qué son precisamente esos recuerdos, en este caso insignificantes, los que vuelven a nosotros y no otros? Si alguno tiene una respuesta, una idea o una hipótesis, por favor, que la plantee. Abrazo para todos.

© Pablo R. Bedrossian, 2017. Todos los derechos reservados.


BONUS: ACERCA DE TELECATAPLUM

telecataplum-01Para los más jóvenes y para los que no conocen del tema, Telecataplum estaba conformado por actores uruguayos. Nació en Canal 12 de Montevideo; si mal no recuerdo, luego llegó a Canal 11 de la Argentina. Muchos de sus actores son recordados por haber actuado luego en Hupumorpo, en los ’70. Quizás alguno recuerde a Ricardo Espalter protagonizando al incorregible Toto Paniagua frente a su maestro de buenos modales, interpretado por Enrique Almada (cuyo hijo Sebastián luego participó en Videomatch de Marcelo Tinelli), o haciendo una parodia de la serie Kung Fu. Otro actor del grupo -y músico- recordado por muchos es Berugo Carámbula. De los que recuerdo, menciono a Andrés Redondo (a quien alguna vez saludé en el Hospital Zubizarreta donde trabajé en los ’80), Eduardo D’Angelo, y las actrices Henny Trayles y Gabriela Acher. Para muchos, este elenco uruguayo inventó el humor del Río de la Plata.


CRÉDITOS MULTIMEDIA

Foto 1, con Emilio Vidal, Berugo Carámbula y Raimundo Soto, tomada de https://www.taringa.net/post/noticias/18208951/Fallecio-el-actor-Eduardo-D-Angelo-recordado-por-Hip.html

Foto 2, cerebro con fondo azul, tomada de http://cuadrocomparativo.org/cuadros-sinopticos-sobre-la-memoria-humana/

Foto 3, Telecataplum, tomada de http://www.magicasruinas.com.ar/publicidad/piepubli703.htm

Imagen destacada: “La Décalcomanie”, de René Magritte, tomada del sitio https://www.elespanol.com/cultura/arte/20160920/156984988_0.html

 

 

 

 

 

 

 

“ABRIL ROJO”, UN THRILLER CON SABOR A PERÚ (por Pablo R. Bedrossian)

Abril RojoSerie CONFIESO QUE HE LEÍDO

Ambientada en Ayacucho, en el corazón del Perú, esta novela de intriga ganadora del Premio Alfaguara 2006, puede leerse al menos en dos planos: el político y en el humano.

En el plano político, muestra las secuelas de la guerra entre el sanguinario movimiento maoísta Sendero Luminoso y las corruptas fuerzas militares y policiales que lo combatieron. Santiago Roncagliolo describe a unos y otros como emblemas del terrorismo, ejercido por cada cual a su manera. De algún modo, coincide con Borges, cuando en su famoso cuento “Deustches Requiem”, propone que el nazismo ha triunfado, no por su ideología sino por lograr que la fuerza impere sobre la razón. No es novedad que en Latinoamérica el terrorismo guerrillero fue combatido mediante el terrorismo de Estado, mostrando la incapacidad de gobernantes civiles y fuerzas armadas para terminar con esa violencia criminal mediante métodos legítimos.

Sin embargo, el plano político sólo sirve de escenografía para el drama humano. El protagonista, el fiscal Félix Chacaltana Saldívar, es un servil empleado del gobierno, cuya férrea adhesión a las leyes termina siendo el germen de su propia destrucción. Como si una cámara lo siguiera y filmara incluso sus sentimientos, Chacaltana se enfrenta a una serie de asesinatos, cuyo común denominador es la venganza. Su obstinación en cumplir los procedimientos y encontrar a los culpables se contrapone a la indolencia de las autoridades, para quienes son más importantes las estadísticas -no sea que los turistas se espanten- que esclarecer los delitos. Mientras tanto, una historia de amor, pasión y locura, hace de Abril Rojo una novela vibrante, cuya tensión se mantiene hasta el desenlace.

Santiago Roncagliolo, el joven autor peruano residente en España, utiliza un lenguaje simple y directo, carente de barroquismos inútiles; se centra en el diálogo y en la descripción de los hechos que nos permiten ver el texto, como si fuera una película. Tiene la extraordinaria habilidad de presentar una historia absurda como si fuera absolutamente verosímil. Ocurre que, como siempre, la realidad supera a la ficción.

Calificación: 

5 Estrellas

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EL PASAJE DE LA PIEDAD (por Pablo R. Bedrossian)

Serie PASAJES Y CALLES CURIOSAS DE BUENOS AIRES

El Pasaje de la Piedad es probablemente el más emblemático de los pasajes porteños. Escondido en la calle Bartolomé Mitre entre las calles Montevideo y Paraná, parece un pedacito de barrio injertado pleno Centro.

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Lo descubrí cursando el Secundario. Cierta tarde visité a Ernesto Leibovich, un compañero que vivía en la calle Rodolfo Rivarola, otra perla oculta de la Ciudad. Saliendo de allí subí por Bartolomé Mitre hacia la avenida Callao. De pronto me sorprendieron dos anchas bocas en la cuadra norte que franqueaban el acceso al pasaje. No pude resistir la tentación de entrar. Me sorprendió la curiosa escenografía, con plantas, verjas y edificios antiguos que tenían sabor arrabalero, ajenos al molesto ruido de la calle.

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Poco después, en 1980, conocí el Teatro de la Piedad, dentro del propio Pasaje, al asistir a un concierto del bandoneonista Rodolfo Mederos. Aunque no me resultaba fácil pasar por allí, visité el Pasaje de la Piedad todas las veces que pude.

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Cartel que anuncia el Teatro de la Piedad, que se encuentra sobre la entrada oeste, la primera bajando desde la Avenida Callao hacia la Avenida 9 de Julio

En el extranjero se añoran los lugares queridos de otro modo. Uno sabe que siguen allí, pero aun cuando permanezcan inmutables se vuelven inaccesibles. Por eso esperé la ocasión, y, luego de muchos años, volví a visitarlo. Sus entradas hoy están enmarcadas por sendas puertas de rejas.

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Entrada oeste, a la altura de Bartolomé Mitre 1525. Bajando desde Avenida Callao es la primera entrada.

A través de ellas podemos leer los inolvidables carteles azules que anuncian la entrada y salida de carruajes, que como diría Borges, tienen “el sabor de lo perdido, de lo perdido y lo recuperado”.

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 LA HISTORIA

La Calle de la Piedad, llamada así por la Iglesia de la Señora de la Piedad del Monte Calvario ubicada en la misma calle, a partir de 1901 se denominó Bartolomé Mitre; el pasaje, como hijo legítimo, heredó su nombre.

Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje
Vista de la Iglesia de la Piedad desde el acceso sur del pasaje

Ubicado entre los números 1525 y 1563 en el lado norte de la mencionada vía, a diferencia de la mayoría de los pasajes porteños tiene forma de U.

Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.
Esquema del pasaje realizado por el autor de la nota.

Dejemos que los expertos nos cuenten: “Fue construido por Arturo Gramajo, y por deseo de su esposa María Adela Saraza de Atucha, entre los años 1888-1900, en tierras heredadas por ella y que habían sido adquiridas por su padre, Jorge Atucha, en fracciones, durante los años 1853, 1854 y 1857. Hubo un largo proceso de construcción, comenzándose de atrás -fondo- hacia adelante -frente-; hasta el momento no se ha resuelto el problema de la autoría de este proyecto por falta de localización de los planos originales. Gramajo había actuado en diplomacia, y durante el gobierno de Victorino de la Plaza, se hizo cargo de la Intendencia de Buenos Aires, desde 1914 a 1916. Fue, además, presidente de la comisión administradora de fondos, constituida en 1893, para la terminación del templo de la Piedad… El Pasaje de la Piedad fue habilitado una parte en 1888 y el resto de la construcción hacia 1900, circunstancia que se nota en los estilos de su arquitectura. En el año 1997 fue incluido dentro de las Áreas de Protección Histórica de la ciudad de Buenos Aires”[1].

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Según Alejandro Grigoric, el autor del proyecto es el arquitecto Edwin Arthur Merry[2] , Rolando H. Schere en su obra “Pasajes” afirma que la obra fue “comenzada en 1866 por los arquitectos Nicolás y José Canales, y terminada en 1909 por el arquitecto Juan A. Buschiazzo”[3]. También dice que don Arturo Gramajo lo hizo construir para viviendas en alquiler y agrega en la misma página “Está conformado por dos familias de prototipos: los que se alinean a la fachada con locales comerciales en la planta baja, sobre la calle Bartolomé Mitre y en ambos accesos, y los que tienen retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana”.

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Vista de algunas de las puertas de madera de las entradas interiores sobre el pasaje que corresponden al bloque de locales comerciales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre.

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Edificio de tres cuerpos con retiro de fachada con antejardín que se ubican en el corazón de la manzana.


ESCENARIO CINEMATOGRÁFICO

En “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Eduardo Luis Balbachan comenta que el Pasaje de la Piedad sirvió de locación para filmar escenas de numerosas películas argentina. En su lista cita “Fiebre de primavera”, “La orquídea”, “Un guapo del 900”, “Pobre mi madre querida”, “Mi noche triste” y “El infierno tan temido”[4], y de mi parte agrego “Assassination Tango”, escrita, dirigida y actuada por Robert Duvall, quien está casado con la argentina Luciana Pedraza que tuvo un papel en ese film.

Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)
Vista el Pasaje desde la entrada este (altura Bartolomé Mitre 1563)

Cuenta también que entre 1924 y 1930 vivió allí el Vivo Caprioli, lugarteniente del legendario delincuente apodado El Pibe Cabezas. Menciona también que ha vivido allí glorias del tango como Juan D’Arienzo y Miguel Caló. A esa lista de famosos habitantes, Tatiana Souza Korolkov, agrega a el bailarín Jorge Donn, el actor Alberto Olmedo y el director cinematógráfico Enrique Carreras [5].

SU ARQUITECTURA

Todos coinciden en señalar las influencias italianas y francesas en el diseño del entorno del pasaje. Esa impronta europeizante, que va del art nouveau al renacentismo florentino, notoria en las arcadas del lado norte de La Piedad y sus amplios balcones, muestra las preferencias de la progresista generación del ’80 que convirtió a la Argentina en un poderoso país agroexportador.

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Frente con influencia de arquitectura italiana

Según Tatiana Souza Korolkov en su mismo artículo “hay 49 viviendas que tienen su frente al pasaje, y el resto, 65 viviendas, da sobre las tres calles que lo circundan”.

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Otra de las serias de tres puertas del cuerpo de locales cuya fachada da a la calle Bartolomé Mitre. Se observan escalones, arcos y el porteño farolito de hierro.

Todos los edificios poseen numeración propia.

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 ARTE

En el extremo este de la parte que corre paralela a Bartolomé Mitre hay un enorme mural de arte figurativo contemporáneo que cuelga de una pared cubierta parcialmente por una enredadera. Es un símbolo del arte de este pasaje cuyo encanto no ha menguado. Se organizan allí concursos de manchas y el Teatro de la Piedad sigue vivo.

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El empedrado que luce la calle, las puertas de madera del lado sur, los detalles de las verjas del lado norte, siguen retirando el pasaje de la predecible vorágine urbana y colocándolo en una dimensión única, donde la belleza y la tranquilidad se funden en un abrazo sin apuros ni urgencias.

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 © Pablo R. Bedrossian, 2015. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS:

[1] http://www.buenosairesantiguo.com.ar/pasajelapiedad/. Allí se cita como fuente a una obra inédita, “El Pasaje de la Piedad, Buenos Aires”, por arquitecta María Marta Lupano y arquitecta Susana Mesquida,  Consejo de Planificación Urbana y agradecen los aportes del Dr. José María Rodríguez y el Dr. Rogelio Carlos Rodríguez. Al actualizar la nota en 2018 al verificar el link aparece una respuesta automática informando que el dominio está a la venta.

[2] Grigoric, Alejandro, en  https://monumentos.cultura.gob.ar/inventario/pasaje-de-la-piedad/, Comisión Nacional de Monumentos, de Lugares y de Bienes Históricos, Secretaría de Cultura de la Nación, República Argentina

[3] Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, p. 52, Buenos Aires, Argentina, 1998

[4] Balbachan, Eduardo Luis, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, p. 87, Buenos Aires, Argentina, 1982

[5] Souza Korolkov, Tatiana, “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

GALERÍA FOTOGRÁFICA:

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CRÉDITOS MULTIMEDIA

Todas las fotografías fueron tomadas por el autor de esta nota y es el dueño de todos sus derechos.

BIBLIOGRAFÍA: 

Balbachan, Luis Eduardo, “Los ignorados pasajes de Buenos Aires”, Editorial Rodolfo Alonso, Buenos Aires, Argentina, 1982

Iusem, Miguel, “Diccionario de las calles de Buenos Aires”, Instituto Rioplatense de Ciencias, Letras y Artes (IRCLA S.A.), Buenos Aires, Argentina, 1971

Schere, Rolando H.,  “Pasajes”, Ediciones Colihue, Colección del Arco Iris, Buenos Aires, Argentina, 1998

Souza Korolkov, Tatiana, artículo “El espíritu recoleto del Pasaje de la Piedad”, http://elgranotro.com.ar/index.php/el-espiritu-recoleto-del-pasaje-de-la-piedad/

VEMOS LO QUE LEEMOS – BREVE ENSAYO ACERCA DE LA NOVELA DE INTRIGA (por Pablo R. Bedrossian)

Intriga 01El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia. Las novelas tienen hoy el lenguaje del cine: vemos lo que leemos, reconstruyendo en imágenes mentales lo que el texto presenta. Cuando esas palabras tejen una buena historia, ingresamos a un territorio desconocido donde el autor nos expone a nuevas experiencias, haciéndonos partícipes de las emociones de los protagonistas.

“El lenguaje que utilizamos es cada vez más visual, y la literatura -entendida como arte- no ha podido sustraerse a esa tendencia”.

En el siglo XX, y en especial en su segunda mitad, las novelas se caracterizaron por combinar buenos relatos y diálogos intensos, despojando a los personajes del ejercicio introspectivo al que los sometía el escritor del siglo XIX. Graham Green o Morris West, por mencionar a algunos, hicieron gala de esa técnica, que parece más propia del guión y del cómic.

Además, las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”. Ningún detalle queda librado a la casualidad. Lo que parece un cabo suelto termina siendo un movimiento calculado del escritor, que lo retoma inesperadamente, procurando la sorpresa del lector. Además va introduciendo repentinos cambios que, como golpes de timón, dan la sensación de dejar a los personajes (y al lector ingenuo) totalmente a la deriva. Desde luego, lo inesperado es lo esperable, ¿o, acaso, no es la lectura de esa prodigiosa mezcla de drama, acción y misterio que es la novela de intriga, la búsqueda de una experiencia inquietante  que desafíe nuestra imaginación?

“Las tramas se construyeron bajo un nuevo paradigma, el de la economía del relato, donde “nada sobra y nada falta”.

Intriga 02Un elemento que se agrega a la construcción del relato es la erudición, que incluso llega a desplazar a la imaginación. Ya no estamos en los ’70 donde Irving Wallace tiene grandes inconsistencias frente al saber académico cuando habla del documento Q en “La Palabra”, sino en el tiempo donde el conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción, como es este tipo de novela. “El Nombre de la Rosa” es un clásico ejemplo de novela erudita. Dan Brown, con sus best-sellers “El Código da Vinci” y “Ángeles y demonios”, que hicieron furor a principios del siglo XXI, sumó el vértigo (pues las historias transcurren en un lapso muy corto de tiempo), que impreso a la atractiva idea de la conspiración -subyacente en la mayoría de las novelas de intriga-, produce en el lector el efecto deseado.

“El conocimiento profundo otorga una mayor veracidad, que es lo que paradójicamente se exige a una buena obra de ficción”.

El resultado de la combinación de estos elementos es mucho más que la suma de ellos. Se fabrica una texto–un caso– que tiene elementos crípticos que mueven al lector a encontrar las claves secretas que develan el misterio. Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad. Al leer una novela policial todos somos detectives, pero no somos nosotros quienes manejan a los personajes, sino el narrador que, como un gran titiritero, maneja también nuestras emociones a través de las palabras.

“Es el pensamiento el que resuelve el enigma aunque son los sentimientos puestos en juego los que le dan intensidad”. 

© Pablo R. Bedrossian, 2014. Todos los derechos reservados.


BONUS:

PALABRA DE BORGES

(Jorge Luis Borges y la novela de intriga)

“’No la explicación de lo inexplicable, sino de lo confuso es la tarea que se imponen, por lo común, los novelistas policiales’. Con estas palabras tomadas de una nota a su ensayo sobre Chesterton, Borges enuncia la esencia del enigma del género policial. Cuanto mayor sea la confusión del misterio criminal, tanto mayor será la exaltación del intelecto que consiga trocar lo confuso en claridad”[1].

Del diálogo con María Esther Vázquez “La novela policial” (1963)

Jorge Luis Borges (caricatura)Consultado por María Esther Vázquez sobre la novela policial, Borges fijó sus orígenes del género en el famoso cuento “Los crímenes de la calle Morgue” de Edgar Allan Poe, escrito en 1841. Pensamos que sus ideas acerca de la novela policial se hacen extensivas a toda la novela de intriga, de la cual la policial forma parte. Leamos una sabrosa parte del aquel diálogo.

JLB: Estos cuentos han creado un tipo especial de lector. Es decir: cuando leemos un libro cualquiera lo leemos sin la menor suspicacia. No pensamos que al autor está tratando de engañarnos.

MEV: Cuando Cervantes nos dice “En un lugar de la Mancha (…) vivía un hidalgo” creemos que verdaderamente un hidalgo vivía en un lugar de la Mancha.

JLB: Claro. En cambio, si esa observación estuviera al principio de un cuento policial, sería sometida a nuestra desconfianza, a nuestra vigilancia; pensaríamos que quizás el hidalgo no viviría en un lugar de la Mancha o que ese hidalgo no era realmente un hidalgo, sino alguien que se hacía pasar por tal y lo que fuere. De igual manera, los primeros cuentos de Poe fueron leídos con la inocencia y buena voluntad con que se lee cualquier relato, pero ahora esos cuentos han creado una manera especial de leerlos.

MEV: En última instancia nosotros mismos en cuanto lectores de cuentos policiales, somos personajes creados por Poe.

JLB: Claro. Esa es la idea.

….

MEV: ¿Qué influencia ha tenido la novela policial en sus poco más de cien años de vida?

JLB: Hablar de esta influencia es hablar de los defectos y de los méritos del género. Stevenson dijo que las ficciones policiales corrían el albur de ser meros artificios, de tener algo de mecánico. Por ejemplo, si en un libro cualquiera, un personaje sale después de almorzar, da una vuelta y luego vuelve a su casa, esto puede hacerlo simplemente porque tales cosas ocurren en la realidad o porque se nos quiere indicar el estado de ánimo de ese personaje. En cambio, si eso ocurre en una ficción policial, el lector sospecha que ha salido para que alguien pueda entrar en su casa; es decir, que los personajes están supeditados al argumento. Y ahí aparece el artificio ingenioso, pero mecánico, porque tiene que seguir un dibujo, la línea premeditada del argumento. En cuanto a los méritos del género policial, creo que podrían ser estos: en un libro policial pocas cosas pueden estar entregadas al azar: esas ficciones tienen que tener un principio, un medio y un fin… La novela policial tiene unidad, y ello es fundamentalmente importante en nuestro tiempo.

MEV: ¿Por qué?

JLB: Porque en nuestro tiempo la literatura es muchas veces un mro ejercicio de la vanidad de los autores, quienes se proponen sólo sorprender. Los relatos policiales, aunque despreciados por muchos, tienen la virtud de recordar a los autores que la obra de arte debe tener un principio, un medio y un fin… los autores de ficciones policiales, buenas o malas, han recordado a nuestro tiempo la belleza y la necesidad de un orden y de una regularidad en las obras literarias.

MEV: ¿Subsistirá la novela policial?

JLB: la profecía es el más peligroso de los géneros literarios. Sin embargo, me atrevo a profetizar qe cierto género policial clásico -digamos- está a punto de desaparecer. Esto se explica porque en el género policial hay mucho de artificio: interesa saber cómo entró el asesino entre un grupo de personas artificialmente limitado, interesan los medios mecánicos del crimen y estas variaciones pueden ser infinitas. Una vez agotadas todas las posibilidades, la novela policial tiene que volver al seno de todas las novelas. Fuera de lo mecánico, volveríamos a lo psicológico, lo cual no está mal, porque volveríamos a Macbeth, a los admirables asesinatos de las novelas de Dostoievsky, al crimen de Raskolnikoff… Pero aunque la novela policial desapareciera como género -todo género muy legislado tiende a desaparecer- siempre quedaría la saludable influencia que hemos mencionado.


REFERENCIAS

[1] Lema Hincapié, Andrés,  “Sangre y enigmas: Borges y la literatura policial”, ensayo de autor, 1999.

EXPRESIÓN Y FORMA – de CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 6)

“Cuando llega el momento, escribir como al dictado me es natural; por eso de cuando en cuando me impongo reglas estrictas a manera de variante de algo que terminaría por ser monótono. En este relato la ‘grilla’ consistió en ajustar una narración todavía inexistente al molde de la ‘Ofrenda Musical´ de Juan Sebastián Bach.”[1] Julio Cortázar, en “Nota sobre el tema de un rey y la venganza de un príncipe”, sobre su cuento “Clone”.

“El arte se define por la forma, no por el mensaje”.

Toda expresión tiene forma.  La forma según la primera acepción del diccionario es la “configuración externa de algo”. Si bien en nuestro interior las formas existen, en general son cambiantes o de límites imprecisos. Pensemos en la imaginación, o en los sueños, donde las cosas misteriosamente se transforman, como en “El perro andaluz”, el film de Luis Buñuel y Salvador Dalí. Otra de las definiciones dice “estilo o modo de expresar las ideas, a diferencia de lo que constituye el contenido de la obra literaria”.

Julio Cortázar retratado por Sara Facio

Toda obra de arte, y, por lo tanto toda canción, necesita una forma. La forma es lo que hace que sea percibida por los sentidos. Aún la improvisación poética con frases inconexas o la música con diferentes compases y sin definir cuál es la tónica, adquiere una forma.

Los patrones que se sigan, que son como moldes creativos, generalmente definen el género de una obra y permiten llegar a diferentes públicos. Por ejemplo, no es lo mismo una sinfonía, que es una obra para orquesta de tres o cuatro movimientos, cada uno de ellos con un tempo y estructura diferente, que una ópera, obra teatral en la que los personajes cantan en lugar de hablar, y que suele comenzar con una obertura y luego continuar con distintos “números” con solos, dúos, coros. Lo mismo en la poesía, no es lo mismo un soneto que una cuarteta.

Es la forma y no el mensaje el que define el arte en todo sentido. Las artes (en plural, refiriéndonos a las ramas del arte) se reconocen por su forma. Por ejemplo, la pintura, la música, el cine, la escultura. Pero avancemos más. Por ejemplo, la música, el teatro, el cine, la literatura, el cómic son artes secuenciales. Las artes secuenciales (también llamado temporales) utilizan, por ejemplo, un tren de imágenes donde la primera está unida a la siguiente, ésta a la próxima y así sucesivamente hasta la última. Lo mismo ocurre con los sonidos. “De todas y cada una de la combinaciones sonoras fluye un mensaje que se desarrolla en el tiempo, que no ocupa espacio, salvo en nuestras mentes”[2], como resume Samy Mielgo. A través de los sentidos percibimos la sucesión de las unidades como un todo.

En cambio, las artes espaciales, como la pintura, escultura, arquitectura, fotografía, ofrecen materialmente y en un solo momento su forma completa. Desde luego esta es una definición arbitraria, pues “sucede también en el arte más ‘estático’ que es portador de un discurso que inevitablemente se nos abre a medida que establecemos contacto con la obra”[3].

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] “Queremos tanto a Glenda”, Editorial Nueva Imagen, 1980, 4ª Ed. p..122

[2] “La Música: sus 4 elementos constitutivos y un paralelo con 4 aspectos fundamentales de la vida cristiana”, Samy Mielgo, Nuevos Aires (periódico de la Iglesia Bautista del Centro), 2011

[3] http://arquetiposenelcine.blogspot.com/2008/12/artes-espaciales-o-temporales.html, Enric Puig Punyet

EL PROCESO CREATIVO: IMAGINACIÓN E INVENCIÓN – de CÓMO COMPONER CANCIONES (Parte 5)

“Crear es aportar al mundo algo desconocido, una novedad que demuestra que sin ella el mundo estaba incompleto.”

“Donde no hay nada se puede hacer algo.”

Existen dos conceptos que para mí son las turbinas que le dan vuelo a la creatividad: La imaginación y la invención. La imaginación es la creación interior, aquella que el artista define en su mente. La invención es el paso siguiente, la creación exterior, la materialización de lo imaginado. Cada una de ellas tiene su propia naturaleza y sus propios desafíos.

Pensemos en “Las ruinas circulares”, un famoso cuento de Jorge Luis Borges de su libro “Ficciones”. Habla de un sacerdote que llega con un magnífico reto:

“El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad”[1].

De algún modo el artista es ese sacerdote. La única diferencia es que no sueña a un semejante (un hombre) con la intención de traerlo al mundo, sino una obra accesible y entendible a otros hombres. El cuento acierta al indicar que el proceso comienza dentro del creador (en nuestro caso, el compositor), imaginando:

“El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular… nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas…Buscaba un alma que mereciera participar en el universo”[2].

Jorge Luis Borges, el genial creador de “Las ruinas circulares”

Pero, tal como sucede con los sueños, es imposible retener una idea, porque su existencia está limitada al impredecible movimiento de la mente y a lo que la memoria conserve de ella. Hay que intentar darle forma concreta, haciéndola realidad.

“Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón… mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable[3]”.

La traducción de un concepto (algo meramente abstracto) en un objeto u obra de arte concreta es un proceso difícil. Requiere habilidades intelectuales, conocimientos técnicos y destreza en la ejecución. Es la primera estación de un viaje reiterado de ida y vuelta hasta obtener el producto esperado.

“Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces[4]”.

Al crear, difícilmente el primer “prototipo” que fabricamos responda a nuestro propósito. Lo revisamos y analizamos, y al confrontar nuestra idea o intención con lo producido, las naturales diferencias nos obligan a repensar el modelo, así como en el cuento se nos dice que:

“Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente”[5].

Entonces, emprendemos el camino de regreso: de afuera hacia adentro, donde usamos nuevamente nuestra imaginación apoyada por nuestro pensamiento: diseñamos mentalmente los cambios procurando proveer las soluciones adecuadas para alcanzar nuestra meta.

Viene el paso siguiente: Nuevamente cruzamos el puente que une nuestro interior con la realidad. Actuamos sobre el modelo que hemos construido implementando físicamente las decisiones que tomamos al pensar la mejora: corregimos, cambiamos, ajustamos. Si el resultado no nos satisface, regresamos a nuestra mente para volver a replantearnos el proyecto, y una vez redefinido, volvemos a probarlo convirtiendo la idea en experiencia. Este viaje lo realizamos cuantas veces sea necesario hasta encontrar concordancia entre lo que deseamos (interno) y lo que obtuvimos (externo). Es un proceso de gestación que permite mejorar lo producido todas las veces que sea necesario.

Práctica complementaria:

Por favor, lea el breve ensayo que está debajo. Lo escribí en 1984 y es el primero de una serie de tres sobre sobre la creatividad en el arte. Resuma en cinco renglones su contenido.

Primero sueño e imagino. En el mundo de mis pensamientos concibo una imagen cuyas características trato de definir con precisión. Voy dándole forma interior. La pienso, la corrijo, la nombro.

Por ello debo encontrar la manera de traducir el concepto que fabriqué en mi mente a una expresión que los sentidos puedan percibir. Necesito, pues, encontrar un camino para traer esa imagen desde el mundo ideal al mundo real. Primero creé algo dentro mío, ahora re-crearlo afuera.

Allí realizo el segundo acto creativo: Dirigido por mi intuición y también por mi inteligencia busco las piezas necesarias, y una vez que las obtengo comienzo a disponerlas como en un juego de ingenio, procurando hacer visible lo invisible y tangible lo intocable. Lo hago y lo deshago, lo recompongo.

Luego doy el paso siguiente. Como frente a un desafío conmigo mismo, en base a lo que los sentidos perciben del objeto real, me atrevo a recrear dentro de mí el objeto ideal.  Tomo lo que trabajé externamente y le di forma y lo vuelvo a pensar. Renuevo esa primera imagen mental que concebí para que en el laboratorio de mi conciencia resuelva los problemas prácticos que las dimensiones espacio y tiempo me hayan planteado.

Este proceso -me refiero al viaje bidireccional entre ambos mundos- se repite una y otra vez hasta que veo mi obra concluida. Cuando alcanzo mi objetivo doy mi creación por terminada. Pero, por supuesto, no se trata de sentirse reconfortado por haber hecho realidad un sueño que ningún otro ser humano antes había soñado, sino de la belleza inherente a todo acto creativo, que no depende de ninguna actividad intelectual, sino del amor puesto en cada paso dado.

Imaginar es crear porque uno crea una imagen en la conciencia. Inventar es crear porque uno aporta algo nuevo en un mundo regido por las leyes de la energía y la materia.

© Pablo R. Bedrossian, 2012. Todos los derechos reservados.


REFERENCIAS

[1] Tomado de “Obras Completas” (1923-1972); Jorge Luis Borges, Emecé Editores, 13ª impresión, p.451

[2] Op. cit., p.452

[3] Op. cit., p.452

[4] Op. cit., p.454

[5] Op. cit. p.454